sábado, 22 de noviembre de 2008

La claridad de Eva


Fue así : Mi amigo y camarada Manolo Espinar, (ese loco de ojos enormes y limpios que le puso a su asociación el nombre irreverente de mi madre, Haydée Santamaría) me dijo hace un par de años muy calladito, como si Franco estuviera vivo: “Quiero que conozcas a Eva” Para mí no sabía si era la bíblica Eva...en todo caso hubiese preferido conocer a Adán y no a Eva y de seguro con serpientes y frutas, hubiésemos adelantado algo más en el comienzo del mundo.
Pero esa mañanita conocería a Eva Forest.
Nada me habló mi buen Manolo del compañero de cama de la Eva...que no era precisamente Adán...y si el maravilloso , aventurero y hermoso Alfonso Sastre ”Loco el Manolo Espinar” ¿Cómo decirme que conocería a Eva si conocería a uno de los hombres más amados por mí en toda la historia del mundo? De esos hombres que ya son difícil de encontrar ..por los cuales, las mujeres daríamos los veranos por una sola de sus miradas? Esos que no dejan de escribir con oficio, sin dejar de hacer oficio, de esos, para los cuales la revolución es la única lucrativa empresa.
Bastó la primera sonrisa , para saber que Alfonso no era mucho más que la Eva ...que de evangélica ¡ni un cabello! Algo de anarco debe lindar por mis adentros trocándose con placer con mi trotskería...porque Eva y yo nos pusimos en sintonía con la primera palabra.
Luego supe que era editora de la Editorial Hiru, que había sido una luchadora catalana, líder de Batasuna ,y que estuvo presa, y torturada y maldecida. Y mil y una cosa más ...de esas cosas más...para desalentarnos. Mas yo me la imagino igual: pálida , feliz, pensando y haciendo de este mundo, lo que quiso de seguro aquella “Eva” de la Biblia y que no logró.
Pero de Eva, nuestra Eva, sólo recuerdo su envolvente palidez. Como los ángeles. Era pálida su piel , su cabello, sus ojos celestes y su sonrisa....Era como si siempre habría algo novedoso qué hacer o decir. Eso sí siempre tenue , blanco , dulce, como si la revolución necesitara manos de nube.¿Será?
Eva movía los dedos como las hada. :A veces pensé que me transformaría mis zapatos viejos (y sobre todo mis pies) en las zapatillas de cristal.... con en esa claridad cuando uno pensaba al escucharla que el mundo no es tan complicado ..que bastaba con entenderlo un poco.
Fueron años definitorios para mí cuando conocí a Eva , años donde me regañaban por trotska. Pero Eva en aquella tardecita primera, me sonrió. No me sin culpó por trotskista, ni darme un solo consejo para abandonar las cosas en que yo creía... sin asombrarse siquiera. Su sonrisa fue pálida
...y recordé a mi madre en aquella sonrisa.
Por ahí tengo la servilleta ...igual como si estuviésemos en la clandestinidad me escribió con caligrafía impecable...”Lee a Peter Weiss”
Mucho después volví a verla y seguía con esa claridad que encandilaba. Por alguna razón mi amadísimo y leidísimo Alfonso Sastre no pudo competir con la claridad de su Eva.
Cuando Eva hablaba parecía que el mundo estaba compuesto.
¡No Eva!...no descanses en paz porque estamos necesitando de los muertos para empuñar el fusil y la palabra. Si ves a mi madre por esos lares (que espero que sean bien alejados de los angelitos obesos que apenas se les divisa el pene) le cuentes que conociste a su hijita y que guarda aquella servilleta con el nombre Peter Weiss.
Y que ella, la niña de Haydée, con diez veces más defectos que virtudes trata reseguir esa claridad misteriosa tuya y de ella..Porque Haydée también era así, de pálida, así de clandestina...de igual manera le gustaban las servilletas de papel.
Para el amadísimo Alfonso no tengo condolencias que darle...no encontrará, ni en las pinturas más caras del mundo... la frágil y resistente claridad de su Eva.....es imposible de pintar .El color de Eva no puede pintarse.

Celia Hart
Rebelión

02-06-2007

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