domingo, 20 de agosto de 2017

Historia del Museo del Ministerio del Interior, hoy convertido en Memorial de la Denuncia




Acá podrá acercarse a la historia de un recinto que, a partir de hoy, será el Memorial de la Denuncia, un espacio donde el público puede interactuar, mediante la tecnología y otros recursos, con gran parte de la historia nacional posterior a 1959.

Silvio Rodríguez - Concierto en Casa de las Américas 1996


viernes, 18 de agosto de 2017

Fidel y su aporte a las ciencias agrícolas cubanas




Directores de reconocidos centros científicos cubanos evocan los aportes diversos del líder de la Revolución Cubana al desarrollo de las ciencias agrícolas en nuestro país.

El Departamento, Fernando y Aurelio (en nosotros)

I

Allá por 1975, sentado en uno de los famosos bancos de madera a la entrada de la Escuela de Letras y Arte, ya entonces convertida en la Facultad de Filología por decisión de los expertos de Vecino, un amigo y compañero de estudios, hoy un escritor establecido, me entregó un ejemplar de la revista Pensamiento Crítico convenientemente forrado con la cubierta de una revista Bohemia. “Que no te la cojan; te veo luego en la clase” --me susurró al oído y salió corriendo en dirección a la cafetería. Se trataba de un número que, entre otras cosas, contenía las notas dictadas por Lenin en 1923, prácticamente en su lecho de muerte, en las que advertía los peligros, las ansias de poder y la amenazadora sombra de Stalin en la perspectiva del XII Congreso del Partido Bolchevique:
Stalin es demasiado brusco, y este defecto, plenamente tolerable en nuestro medio y en las relaciones entre nosotros, los comunistas, se hace intolerable en el cargo de Secretario General. Por eso propongo a los camaradas que piensen la forma de pasar a Stalin a otro puesto y de nombrar para este cargo a otro hombre que se diferencie del camarada Stalin en todos los demás aspectos sólo por una ventaja, a saber: que sea más tolerante, más leal, más correcto y más atento con los camaradas, menos caprichoso, etc. Esta circunstancia puede parecer una fútil pequeñez. Pero yo creo que, desde el punto de vista de prevenir la escisión y desde el punto de vista de lo que he escrito antes acerca de las relaciones entre Stalin y Trotsky, no es una pequeñez, o se trata de una pequeñez que puede adquirir importancia decisiva.
A ello se fue sumando el conocimiento progresivo de las prácticas del stalinismo y sus implicaciones, una discusión candente dentro de la izquierda mundial que llega hasta hoy. Era lo más terrible que ojos humanos hubieran visto en el caso de dos jóvenes de una generación sin acceso a una historia dolorosamente real, pero silenciada debido a los imperativos de una política de sintonía con la URSS, que había abortado el proceso de desestalinización --iniciado por Nikita Jruschov durante el famoso XX Congreso del PCUS-- para dar paso a la época brezhnevista, el largo preámbulo de la disolución del país en diciembre de 1991.
Un par de días después, nos dedicamos a buscar por las librerías de viejo, tanto en la de 25 e I como en la de la calle Reina, ejemplares adicionales de aquella revista sin dudas herética para los tiempos entonces corrientes, pero que al cabo de varios ejemplares sueltos nos permitía conocer a quienes teníamos propensión a la disquisición teórica y al pensamiento muchos textos de autores ignorados en los programas de estudio universitarios como Louis Althusser, Herbert Marcuse, André G. Frank, K. S. Karol, Nicos Poulantzas, Roger Garaudy, Jean Paul Sartre y una larga lista de pensadores europeos y tercermundistas que no es el caso agotar aquí, calificados --siguiendo la rima-- de “revisionistas”.
La contribución de Pensamiento Crítico a la cultura intelectual y política revolucionaria cubana ya ha sido estudiada, y lo seguirá siendo en el futuro, tanto en sus seguras luces como en sus posibles omisiones. La dirigía Fernando Martínez, y entre los miembros de su Consejo de Dirección figuraban Aurelio Alonso y Jesús Díaz, todos profesores del Departamento de Filosofía de la Universidad de La Habana, algo que nos remitía a una casa en el hueco de K entre 25 y 27, finalmente demolida. El compañero me dijo durante un receso, pegado a la baranda del tercer piso: “Los dos tuvieron problemas. Me dijeron que a uno lo mandaron para la agricultura, y a otro para la industria azucarera. Igual que al Chino, pero para la fábrica de acero”.
No recuerdo cómo nos las arreglamos para conseguir después un ejemplar de Lecturas de Filosofía.1 Allí había un texto sobre la filosofía medieval de Paz Espejo, una chilena a quien hasta entonces solo conocíamos de nombre a partir de En Cuba, de Ernesto Cardenal, por razones distintas otro libro forrado con Bohemia, a pesar de constituir un rotundo Sí a la Revolución en medio de creyentes marginados y otras grisuras de aquel período. Pero fue en el mismo momento en que transitábamos por los Fundamentos de filosofía marxista-leninista de F. V. Konstantinov, parte de un sistema memorístico-escolástico que anulaba desde el conocimiento hasta la imaginación y levantaba íncubos y súcubos entre los estudiantes, lo mismo que otro llamado Manual de Economía Política, de P. I. Nikitin, pero incorporado por esos mismos expertos a nuestros planes de estudio. Si de memorizar se trataba, eran mil veces preferibles y potables las clases de Latín I y II, en gran medida por la labor de la Dra. Elena Calduch --quien sonreía mucho en clases, pero tenía la cuchilla bastante bajita-- y después por la de un uruguayo que había desviado un avión a Cuba y nos hablaba de Marco Aurelio y Cicerón como si fueran sus socios del barrio.
A la altura del segundo año, en las clases de Historia de la Filosofía mi amigo y yo nos empatamos con dos textos que estudiábamos y discutíamos fuera del aula: “El ejercicio de pensar”, de Fernando Martínez, y “Manual o no manual”, de Aurelio Alonso, breves pero enjundiosas caracterizaciones de la naturaleza de la actividad intelectual --de su especificidad, una palabra de aquella época-- y una toma de posesión respecto al deber ser de un marxismo que ya a esas alturas de la carrera entendíamos violentado, simplificado, caricaturizado, y lo que es peor, ajeno a nuestras tradiciones culturales cubanas y latinoamericanas. Del texto de Fernando, al que al cabo de los años ahora vuelvo, ahora que él se nos fue, reteníamos un aserto de la mayor importancia: la necesaria correlación entre teoría, contexto y circunstancias, deslizada en un acápite (”Marxismo y revolución en América Latina”) que nos subyugaba por nuestra condición misma de futuros especialistas en literatura y cultura latinoamericanas. Aquel ex estudiante de Derecho que esa tarde me había abordado de manera un poco intempestiva en el banco de madera, pero que había decidido cambiar la toga por la poesía trasladándose de carrera al cabo del primer año, también había logrado agenciarse un ejemplar del viejo Caimán Barbudo, que en sucesivas sesiones en su casa de 25 entre Paseo y 2 llenábamos de marcas con lápiz rojo poniéndole a veces dobles (o triples) signos de admiración al lado de ciertos párrafos.
Bajo la idea central de que “el marxismo debe ser un instrumento teórico útil para cualquier situación concreta”, Fernando allí abogaba por su tercermundización a partir de las condiciones latinoamericanas y ante el hecho de que su cuerpo teórico-doctrinal primigenio se había fraguado en Europa. Y lo hacía en tesitura con la Segunda Declaración de La Habana y con la idea de la conversión de los Andes en la Sierra Maestra de América del Sur, concepciones propias de la herejía cubana de los sesenta, terminada luego del fracaso de la Gran Zafra, de la que aquellos jóvenes profesores del Departamento fueron portavoces orgánicos. Ello significaba romper lanzas contra un pensamiento reformista y una práctica política marcada por la lucha de masas, propia de los partidos comunistas bajo el impacto de la Internacional, con dramáticas repercusiones en la historia cubana y aun latinoamericana posterior. Para él, y por eso mismo, la historia de la Revolución Cubana ofrecía “numerosos ejemplos de soluciones prácticas opuestas a presupuestos teóricos o, en otros casos, al margen de ellos”, lo cual no significaba ni podía significar despreciar o anular la teoría en un medio donde, por lo demás, los prejuicios anti-intelectuales andaban como a flor de piel. Había entonces que crearla siguiendo la manera como Mariátegui concebía el socialismo: ni calco ni copia, sino lo opuesto. Y deslizaba entonces otra idea que casi nos hacía saltar de nuestros asientos, lápiz en mano, porque la sentíamos también como nuestra:
La versión deformada y teologizante del marxismo que contenía gran parte de la literatura a nuestro alcance resultó ineficaz para contribuir a formar revolucionarios capaces de analizar y resolver nuestras situaciones concretas. Al contrario, amenazó agudizar la pereza y la “manquedad” mental típicas del individuo colonizado, en una etapa en que el atraso económico y las dificultades de todo orden exigen el desarrollo rápido del espíritu creador. En realidad esto ha sido, parcialmente, una forma de pervivencia del “marxismo” subdesarrollado, que une la pretensión de ortodoxia a un abstractismo totalmente ajeno a Marx y a Lenin.2
El de Aurelio yo lo había conseguido en la librería de la calle Reina, publicada por un Cuaderno del Ruedo Ibérico dedicado a Cuba.3 Agudo, polémico y chispeante como él mismo, allí había un posicionamiento ante un cuerpo teórico cerrado --la Vulgata como lo llamó alguna vez Jorge Luis Acanda--, es decir, ante esos manuales de filosofía que se utilizaban en aquellas clases de las que casi todo el mundo quería escaparse --y muchos así lo hicimos varias veces, a pesar del famoso “por ciento” de asistencia-- para colarnos en cambio en las de la Dra. Beatriz Maggi. Estas “no nos tocaban” en el programa de estudios, pero eran problematizadoras, participativas y apelaban al análisis individual como pocas, precisamente lo contrario de aquellas, impartidas por dos profesores de la entonces recién creada Facultad de Filosofía e Historia. Y era eso mismo lo que pretendíamos aquellos muchachos, guevaristas sin saberlo mucho: pensar con cabeza propia, aun cuando resultara políticamente incorrecto.
En aquella polémica, una de las más ilustrativas de los sesenta, cocaban dos trenes: por una parte, la perspectiva manualista y ortodoxa y, por otra, una que rechazaba a la primera por su dogmatismo, carencia de contextualización y cubanización, aprendizaje que sus miembros adquirieron sobre la marcha como resultado de su experiencia docente misma y de su acercamiento crítico al problema; no por azar sus planes de estudio/superación contemplaron pensadores cubanos como Varona, Martí y el Che, entre otros, desde luego ausentes de aquella perspectiva, en última instancia eurocéntrica, que quisieron desterrar de la formación universitaria, pero no por mecanicismo ni reacción politizante, sino con el espíritu de insertar a la República en el mundo manteniendo a la vez el tronco de lo propio; el mismo problema de Aníbal Ponce, José Carlos Mariátegui y otros marxistas fundacionales latinoamericanos. Y ese posicionamiento, como ya lo he sugerido, se montaba también sobre el espíritu de la época: la joven revolución, de la cual eran parte sustantiva, había transitado por varios cursos de colisión con los soviéticos, una espiral que inaugura la retirada unilateral de los cohetes durante la Crisis de Octubre, continúa con la microfacción, pasa por el foco guerrillero, y se cierra con el discurso de Fidel Castro a raíz de la invasión a Checoslovaquia de los países del Pacto de Varsovia, encabezados por la URSS, en el contexto de la Primavera de Praga y de toda la discusión sobre un socialismo con rostro humano.4
Era cuestión de articular, en suma, como lo resumía el propio Fernando, una filosofía para la Revolución Cubana, aspecto también de la mayor importancia a la hora de entender la proyección intelectual y social del Departamento: la filosofía y el ejercicio de pensar como vocación de servicio a un cambio radical en marcha.5 Se trataba, en el fondo, de dos visiones dentro de un mismo proceso, resultado de la construcción de la unidad revolucionaria de principios de los sesenta, y que tuvo manifestaciones en otros dominios de la conciencia social, señaladamente en la literatura y el arte, como el cruce de espadas entre Blas Roca y Alfredo Guevara6 y el conocido posicionamiento del Che sobre el realismo socialista en “El socialismo y el hombre en Cuba”.
El mismo espíritu que llevaría Fidel Castro a afirmar en la clausura del Congreso Cultural de La Habana (1968): “Porque no puede haber nada más antimarxista que el dogma, no puede haber nada más antimarxista que la petrificación de las ideas. Y hay ideas que incluso se esgrimen en nombre del marxismo que parecen verdaderos fósiles”.7

II

En 1981, casi un año después de graduado, en espera de un proceso administrativo y de la plaza correspondiente, la vida me dio la oportunidad de coincidir con algunos miembros del Departamento en una institución académica llamada el Centro de Estudios sobre América (CEA). Primero como editor del Centro, después como Jefe de Redacción de la revista semestral Cuadernos de Nuestra América, fundada en el segundo semestre de1983 al cabo de un largo proceso de gestación, y más tarde como investigador del Departamento de América del Norte, luego de Relaciones Interamericanas.
Pero el CEA no fue en modo alguno una clonación del Departamento de Filosofía, como llegaron a decir ciertos anti-centristas de entonces. No lo era ni por sus objetivos, tareas, proyectos ni misiones. Era un Centro de investigaciones cuya función básica consistía en proveer a la dirección de insumos académicos y de estudio que sirvieran/ayudaran al trazado de la política hacia América Latina y los Estados Unidos. Y también lo que algunos llamaban, medio en serio, medio en broma, un Centro para la “ciencia positiva”, no para la teoría --aunque desde luego esta última constituyera un componente muy importante de todas sus investigaciones. El dato de que varios de sus ex integrantes confluyeran allí se explica por un sector dentro del liderazgo revolucionario, que una vez levantada la prohibición de que ejercieran en sus respectivos dominios, procedió a integrarlos a la institución a partir de dos verdades claras y evidentes: su calificación profesional y su militancia fuera de toda duda.
Cuando llegué, ahí ya estaba Rafael Hernández, uno de los más nuevos del Departamento y fundador del CEA, creado a fines de los años setenta bajo la égida de Oscar Pino Santos (Rafael estuvo al frente del Departamento de América del Norte después de regresar de una maestría en el Colegio de México, asesorada por John Saxe-Fernández). También Ilya Villar, al frente del Área del Caribe, y Juan Valdés Paz como jefe del Departamento de América Latina, todos dirigidos por Santiago Díaz Paz, un viejo cuadro del Departamento América y personaje de grata recordación para muchos de los más jóvenes: a su oficina del primer piso entrábamos prácticamente sin pedir permiso, y él nos llenaba casi siempre de anécdotas chispeantes, tabaco en mano, en un amplio abanico de temas que iban desde la economía y la deuda hasta los chismes más sonados e incluso íntimos de la clase política argentina.8 Luego, y con Luis Suárez como director, se sumarían Fernando, quien había trabajado en el Centro de Estudios de Europa Occidental (CEEO) hasta que el Comandante Manuel Piñeiro lo envió a cumplir una misión en la Embajada de Cuba en Nicaragua, de donde regresó en 1984, año en que lo conocí personalmente en su casa de El Vedado, llevado de la mano por Rafael. Aurelio entró algo después, también procedente del CEEO. Hugo Azcuy, hombre de cultura y humanidad excepcionales, a pesar de los palos que le dio la vida, fue el último. También ahí laboraron, en distintos momentos y más o menos brevemente, otras dos compañeras del Departamento: María del Carmen Ariet y Ana Julia Faya.
Con los más jóvenes, egresados de distintas especialidades universitarias a principios de los años ochenta, Rafael, Juan e Ilya, y luego Fernando y Aurelio, ejercieron su ministerio formativo desde sus respectivos dominios, y en muchos casos se crearon entre nosotros vínculos que trascendieron la existencia misma de la institución y que perduran hasta hoy, proceso desde luego no exento de ciertas afinidades electivas. Pero lo que más nos impresionaba entonces era su conocimiento y manejo de problemáticas complejas desde sus campos del saber y la manera de compartir ese conocimiento no solo en jornadas laborales, reuniones de Departamento y las sesiones científicas del CEA, sino también en conversaciones off the record en las que el sentido del humor --cáustico y casi quevedesco en Aurelio, más criollo y jodedor en Valdés Paz-- apelaba, invariablemente, a la inteligencia.
Esta es una de las razones, entre otras muchas, por las cuales a menudo hoy se escucha entre nosotros, los más nuevos de entonces, la idea de que el CEA fue nuestra segunda universidad, mucho más importante incluso que la primera. Ellos confiaron en los más verdes sin paternalismo alguno, a condición de ver en ellos potencial y talento, si bien hubo algunos que terminaron no dando la talla y yéndose o sacados de ahí ante el nivel de exigencia que la institución demandaba, una de las claves para no abandonar el edificio de 3ra. no. 1805 entre 18 y 20, Miramar, y después de 18 entre 3ª y 5ª, al margen de la edad que se tuviera. Y colocaban a sus muchachos en situaciones tan tensas como necesarias al ponerlos a leer durante un año sobre un tema de investigación; después debían hacer un ejercicio que llamaban, a lo clásico, el “estado de la cuestión” dando cuenta de los pro/cons en la literatura disponible antes de lanzarse a fundamentar un proyecto con hipótesis/ideas propias a partir de los problemas y carencias advertidas en un campo específico de la politología, la economía, la sociología y otros dominios de las ciencias sociales. Esos resultados podían o no formar parte de las publicaciones del Centro, en particular de la serie Avances de Investigación, una práctica editorial al mismo nivel de cualquier institución americana de su momento.
A esa primera clave en nuestro proceso de formación se añade lo que, a falta de mejor nombre, denomino el rol de los “actores externos”, es decir, la presencia en el CEA de una amplia gama de intelectuales latinoamericanos con los que varios miembros del Departamento habían tenido algún tipo de contacto previo y/o conocimiento de su obra. El Centro emprendió así una tarea contenida en su propio mandato: la conexión con Nuestra América en un momento en que las instituciones académicas nacionales estaban abrumadoramente volcadas hacia la URSS y los países socialistas, con un número de implicaciones. La lista sería bastante larga, pero no puedo dejar de evocar aquí al inefable Tomás Amadeo Vasconi, uno de los teóricos de la Dependencia, y a su esposa Inés Reca, dos argentinos por entonces establecidos en Cuba en la época de las dictaduras militares y viviendo en Alamar; a Eduardo Ruiz, Beatriz Stolowicz, Luis Maira, Rui Mauro Marini, John Saxe-Fernández y otros que contribuyeron de muchas maneras a actualizar nuestro conocimiento y a entrenarnos para tratar de estructurar un discurso competitivo que no estuviera a la zaga del de otras plazas académicas.
Visto en retrospectiva, tal vez la principal enseñanza que nos legaron fue la anti-ortodoxia y el hecho de retomar, a su modo, un principio inscrito en piedra en el pensamiento fundacional cubano, como nos lo ha recordado Cintio Vitier en Ese sol del mundo moral: el eclecticismo, bien entendido, y no la filiación a un solo cuerpo doctrinario o sistema filosófico, que arranca en Caballero y culmina en José Martí. Y también nos enseñaron a rescatar la duda metódica antes de abrazar cualquier certeza, un paso imprescindible para el conocimiento y la vida misma. Aquel exergo de Enrique José Varona con que el Fernan iniciaba su texto de 1966 sigue teniendo para nosotros un sentido profundo y actual: “Saber dudar… nada más contrario al ejercicio normal de nuestras actividades mentales; gustamos de lo categórico y nada nos enamora como un dogma”.

Alfredo Prieto

Notas:

1 Lecturas de Filosofía, Departamento de Filosofía, Universidad de La Habana, 1966.
2 Fernando Martínez Heredia, “El ejercicio de pensar”, El ejercicio de pensar, Ruth Casa Editorial, La Habana, 2008, p. 154.
3 Aurelio Alonso, “Manual o no manual”, Cuba: una revolución en marcha, Cuadernos El Ruedo Ibérico, Madrid, 1967.
4 Sobre la relación con los soviéticos, entre la copiosa literatura acumulada, véase Jorge Domínguez, To Make a World Safe for Revolution. Cuba´s Foreign Policy, Harvard University Press, Cambridge, MA, 1989, y el comentario crítico de Juan Valdés Paz a este libro, “Un mundo más seguro para la Revolución: Cuba y su política exterior”, Cuadernos de Nuestra América, vol. VII, no. 14, La Habana, enero-junio de 1990, pp. 174-179. Para una re-visitación de la invasión soviética a Checoslovaquia, y de la posición cubana, véase Manuel Yepe, “La postura cubana ante la invasión soviética a Checoslovaquia en 1968. Un reexamen crítico”, Temas, no. 55, La Habana, julio-septiembre de 2008, pp. 82-90.
5 Véase Fernando Martínez, “Una filosofía para la Revolución Cubana. La formación del Grupo de la calle K”, ponencia al evento 50 Aniversario del Departamento de Filosofía de la Universidad de La Habana, Biblioteca Nacional José Martí, La Habana, 17 y 18 de septiembre de 2013.
6 Véase Graziella Pogolotti, “Los polémicos sesenta”, Polémicas culturales de los 60 (selección y prólogo de Graziella Pogolotti), Editorial Letras Cubanas, La Habana, 2006, pp.v-xxii.
7 Fidel Castro, www.cuba.cu/gobierno/discursos/1968/esp/f120168e.html.
8 Santiago Díaz Paz, Rafael Hernández, Juan Valdés e Ilya Villar fueron los primeros integrantes del Consejo de Dirección de Cuadernos de Nuestra América, al que después se incorporarían, entre otros, Luis Suárez, Fernando Martínez, Aurelio Alonso e intelectuales más jóvenes como Julio Carranza, Haroldo Dilla y Pedro Monreal.

martes, 15 de agosto de 2017

Financian desde Alemania desinformación sobre Cuba

El Gobierno Federal de Alemania financia desde hace tres años con el presupuesto nacional un proyecto, para influir en los medios de comunicación en Cuba. Como el secretario del gobierno, Dr. Marcus Ederer, ha declarado oficialmente el 25 de julio del 2017 (Drucksache 18/13202, pagina 4), el Ministerio de Asuntos Exteriores de Alemania ha pagado desde 2015 un total de 60.000 euros para un taller de «TAZ-Panter-Stiftung» para jóvenes periodistas cubanos (1).
El secretario del gobierno respondió este día a una pregunta de la diputada Heike Hänsel por el partido «Die Linke» (La Izquierda) que el objetivo de este taller es «la intensificación de los intercambios culturales y educativos con Cuba». Ederer, quien desde 2002 hasta 2005 ha trabajado para el Servicio Federal de Inteligencia (2), tiene la función de uno de los viceministros de Asuntos Exteriores de la RFA. Pero el político, dijo, sin embargo, sólo la mitad de la verdad. En realidad, el Gobierno alemán se propone influir en forma sutil en el desarrollo de los medios de comunicación de Cuba y para inmiscuirse en sus asuntos internos. Solo cuatro meses antes de la declaración de Markus Ederer el gobierno lo ha reconocido abiertamente.
Según el informe número 20 del Gobierno Federal para el Trabajo Político Cultural en el Exterior con fecha 16 de marzo del 2017 (Drucksache 18/11550), en su inciso (C) bajo el título: «Abrir espacios para el trabajo político», en su página 14 dice: «El Ministerio de Relaciones Exteriores a través de la intensificación de las relaciones culturales contribuye a lograr una apertura progresiva en Cuba. En este sentido el desarrollo de proyectos ayuda a preparar el terreno: por ejemplo estan apoyando en conjunto con el Cuban-European Youth Academy de la Fundación Neueman la realización de exposiciones de artistas cubanos en Alemania. Un Workshop organizado por la Fundación Panter y financiado por nuestro Ministerio de Relaciones Exteriores contribuye también a lograr una apertura en los medios de información, un sector estrictamente reglamentado en Cuba». El real objetivo del gobierno detrás del citado taller de periodismo para los jóvenes cubanos es, según este documento, «la progresiva apertura de Cuba» y en especial «la apertura del estrictamente reglamentado sector de información» en la isla socialista (3). Está claro que para lograr sus objetivos están utilizando al periódico TAZ y a su Fundación Panter.
Después de la salida del grupo para Cuba publicó el TAZ con fecha 4 de agosto del 2017 algunos artículos de los participantes del Workshop, quienes según el TAZ todos trabajan «para medios de comunicación cubanos». Pero en la misma edición el TAZ ha publicado un artículo por Maykel González Vivero, quien se presentó como corresponsal del «Diario de Cuba» en Santa Clara (4). Todo el mundo sabe que el «Diario de Cuba» no es ningun medio de comunicación cubano. Sino el portal Online «Diario de Cuba» fue fundada en Madrid en el año 2009 de un grupo contrarevolucionarios con el apoyo financiero de la «Fundación Nacional para la Democracia» (en inglés: NED) del gobierno de los Estados Unidos. El periodista estadounidense Tracey Eaton declaró el 27 de septiembre del 2016 en su Blog «Along the Malecón», que «Diario de Cuba» recibió sólo en el año 2015 un total de 283.869 dólares (241.000 euros) de la NED (5). ¿Por qué oculta el periodico TAZ esta información? – ¿Y por qué silencia este periodico que el mismo autor también colabora con el medio de comunicación estatal de EE.UU. «Martí Noticias», un arma propagandistica del gobierno de Estados Unidos contra la Revolución Cubana? (6) Al final, el Gobierno alemán ha pagado también por la formación de un autor, quien no se ha presentado como colaborador de los medios de comunicación cubano, sino como colaborador de unos medios de comunicación en los Estados Unidos y España, quienes intentan suprimir la Constitución de la República de Cuba.

Volker Hermsdorf
Cubainformación

Notas:

(1): http://dipbt.bundestag.de/doc/btd/18/132/1813202.pdf
(2) El Servicio Federal de Inteligencia (en alemán: Bundesnachrichtendienst, abreviado BND) es la agencia de inteligencia extranjera del gobierno alemán.
(3) http://dipbt.bundestag.de/doc/btd/18/115/1811550.pdf
(4) https://www.taz.de/Archiv-Suche/!5437297&s=kuba&SuchRahmen=Print/
(5) http://alongthemalecon.blogspot.de/2016/09/neds-cuba-projects.html
(6) https://www.martinoticias.com/a/143972.html

Otra vez la política migratoria de Estados Unidos

Recientemente fue dado a conocer el respaldo del gobierno de Donald Trump a una propuesta tendiente a reducir el volumen de la inmigración legal aceptada en Estados Unidos, mediante la eliminación de las preferencias por vínculos familiares hoy existentes y otorgar prioridad solo a aquellas personas con un alto nivel de calificación y solvencia económica suficiente para vivir en el país.
La necesidad de regular el problema migratorio ha estado presente desde los orígenes de Estados Unidos, pasó por el debate de la esclavitud, y su explicación fundamental hay que buscarla en la economía, aunque repercute en aspectos tan abarcadores como la propia identidad nacional.
En 1798 se registra la que pudiera ser considerada la primera ley migratoria norteamericana y su objetivo fue frenar la influencia que, por vía de los inmigrantes europeos, podía generar la Revolución Francesa en su territorio. De todas formas, el siglo XIX estuvo caracterizado por una amplia apertura a los flujos migratorios, en correspondencia con las necesidades de la enorme expansión territorial y el crecimiento económico del país.
Aunque fue una política destinada a atraer a personas blancas procedentes de Europa, también incluyó la contratación de braceros chinos y mexicanos, reclamados o expulsados según la necesidad de mano de obra en cada momento. A los chinos incluso se les negó la posibilidad de obtener la ciudadanía norteamericana hasta la Segunda Guerra Mundial.
En 1921 fue aprobada la primera ley migratoria verdaderamente integral de Estados Unidos. Se estableció un límite a la cantidad de inmigrantes y su distribución por cuotas, según áreas y países. El objetivo era dar preferencia a los inmigrantes europeos, preferiblemente de los países occidentales, por lo que fueron eliminados asiáticos y africanos.
En 1952, como resultado del auge del macartismo, fue aprobada la Ley de Inmigración y Ciudadanía, conocida como McCarran-Walter, destinada a evitar que las “ideas sospechosas de comunismo” penetraran en el país. Decenas de figuras políticas y algunos de los artistas e intelectuales más renombrados del mundo fueron impedidos de ingresar en Estados Unidos en virtud de esta ley. Entre sus conceptos, reconocía como refugiados solo a aquellas personas procedentes de países socialistas, por lo que la excepcionalidad de la política migratoria hacia Cuba fue originalmente construida a partir de sus preceptos.
El cambio más relevante a la política migratoria norteamericana llegó en 1965, con la adopción de la ley Hart-Celler, la cual puso fin al sistema de cuotas por países y estableció la preferencia a partir de dos principios: el vínculo familiar con personas residentes en Estados Unidos y la calificación laboral de los solicitantes.
Esta ley eliminaba las normas discriminadoras precedentes y abría espacio a la inmigración procedente de África y Asia, lo que fue percibido como un paso de avance en el entorno de las transformaciones sociales de los años 60. Por otro lado, no parecía que alteraría de manera relevante el patrón migratorio tradicional norteamericano, toda vez que los familiares reclamantes eran generalmente de origen europeo. Precisamente la crítica de que era una política igualmente discriminatoria, condujo a la implantación de la famosa “lotería” de visados, a la que podía optar cualquier persona en cualquier parte, la cual ahora también pretende ser eliminada.
La modificación de dos variables alteró radicalmente este pronóstico. Debido al desarrollo económico de la posguerra, Europa Occidental dejó de ser una fuente importante de migrantes hacia Estados Unidos, mientras que América Latina y el Caribe se convirtieron en los países emisores por excelencia.
El sistema de cuotas no se aplicaba al resto de América, pero salvo mexicanos y canadienses no se registraban cifras significativas de migrantes hacia Estados Unido antes de 1960. Cuba había sido una excepción desde el siglo XIX, pero el volumen no era relevante hasta que triunfa la Revolución Cubana y estimular la emigración devino un componente de la política norteamericana hacia Cuba.
La emigración en masa de latinoamericanos y caribeños es un fenómeno de finales del siglo XX. Los mexicanos continúan siendo el componente esencial, pero los niveles que se registran en el resto de la región, particularmente en Centroamérica y el Caribe, han crecido exponencialmente, hasta el punto de alterar la composición demográfica de Estados Unidos y afectar las estructuras sociales y económicas de los países emisores.
Es por eso que las modificaciones que hoy día se discuten en la política migratoria norteamericana están fundamentalmente dirigidas contra los latinoamericanos y caribeños, pero no son nuevas en su esencia. Se trata de un fenómeno que ha acompañado la historia de Estados Unidos, porque está relacionada por las necesidades del sistema y las características culturales del país.
El inmigrante ha aportado la fuerza de trabajo que en cada momento ha requerido el crecimiento económico, pero además lo ha hecho en las condiciones más favorables para el capital, toda vez que tiende a reducir el valor del salario y debilitar la cohesión de los trabajadores.
Claro está que ello afecta a la clase trabajadora establecida, lo que explica el insano proceso mediante el cual los discriminados tienden a convertirse en discriminadores. Ello ha generado problemas sociales que buscan solución mediante un discurso antinmigrante que encuentra eco en determinados sectores de la población y sirve de base a las carreras de políticos más o menos xenófobos y racistas.
La emigración es una decisión condicionada por la realidad que ninguna ley, por sí misma, puede controlar. En la medida en que se reducen las posibilidades legales, aumenta el potencial migratorio ilegal. Así ha sido y así será. El muro no lo inventó Donald Trump, fue aprobado por la ley Simpson-Rodino en 1986, donde se plantea “construir una barrera inexpugnable” en la frontera con México y de esa fecha data el avance de su construcción.
Todo país establece normas a la migración, pero ninguno puede funcionar en condiciones ideales, mucho menos Estados Unidos, cuyas políticas son causa del estímulo de la emigración en otros países, su condición de gran receptor de inmigrantes ha determinado inmensas cadenas de atracción social y su mercado laboral es el destino más apetecido por los migrantes en el mundo.
Como sus antecesores, Trump no está en capacidad de escoger el mejor de los mundos y limitar la inmigración solo a los individuos más calificados. Esas personas nunca han estado limitadas por la política migratoria norteamericana y su impacto en el balance migratorio ha sido poco relevante. En parte, porque ese tipo de personas no es la que tiende a emigrar, incluso porque a las propias transnacionales no les interesa emplearlos donde el mercado laboral es más caro.
La otra verdad es que el inmigrante es todavía una necesidad para Estados Unidos, no solo porque la precariedad que conduce a muchos a trabajar en las peores condiciones forma parte de la lógica del sistema, sino porque aportan beneficios económicos, vínculos transnacionales, cultura, juventud y crecimiento demográfico a la dinámica social.
Está demostrado que aquellos países que mejor han podido lidiar con el problema migratorio, son aquellos que han llevado a cabo las políticas más humanas e inteligentes para la inserción de estas personas a la sociedad. En el caso de Estados Unidos, más allá de las razones que la impulsaron, la excepcional política llevada a cabo con los inmigrantes cubanos es una prueba de ello.
Pero eso está muy lejos del pensamiento de esta administración, lo más probable entonces es que la “nueva” iniciativa migratoria que se discute en Estados Unidos quede igual atrapada en las contradicciones de este complejo problema, que los inmigrantes sean las víctimas colaterales de la disputa y que Trump termine chocando con el muro de su propia testarudez.

Jesús Arboleya
Progreso Semanal

lunes, 14 de agosto de 2017

¿Operación de bandera falsa de la CIA contra embajada USA en La Habana?

En un artículo escrito por mí titulado “El terrorismo y los nuevos escenarios entre Cuba y EEUU” reflexionaba hace dos años sobre las amenazas que debían enfrentar ambas naciones en su empeño por mantener relaciones diplomáticas, las cuales procedían de quienes trataban de obstaculizarlas o de atacar a cualquiera de ambas naciones por medios violentos. Al respecto, sugería: 1) Los nuevos desafíos que presenta la amenaza terrorista para vulnerar el proceso de acercamiento diplomático entre Cuba y Estados Unidos requieren de ambas partes urgentes medidas a adoptar. Algunas de estas debe realizarla cada nación por separado para garantizar su seguridad nacional, a la par que otras han de hacerse conjuntamente, sobre la base de una acción coordinada y con total transparencia. 2) La condición esencial para lograr un enfrentamiento eficaz ante el reto terrorista es la apertura inmediata de canales de comunicación seguros, transparentes y en tiempo real entre los órganos de enfrentamiento entre ambos países. 3) Cada parte ha de garantizar a su par el envío de información oportuna y con inmediatez para salvaguardar que las acciones terroristas en marcha sean desarticuladas a tiempo. Cuba, particularmente, ha cumplido decorosamente con este precepto, informando a los EEUU sobre cualquier acción que ponga en peligro su institucionalidad y seguridad ciudadana. EEUU debe empezar a hacerlo con honestidad. 4) Corresponde a la parte cubana estudiar detalladamente los nuevos escenarios a los que se enfrenta ante la apertura de una embajada norteamericana en su territorio. En esta dirección, las autoridades cubanas deben prestar total atención al desempeño del terrorismo internacional, particularmente al yihadismo radical, así como evaluar en qué medida su territorio puede ser usado para un ataque contra EEUU y sus objetivos. 5) El perfeccionamiento de la labor de monitoreo permanente del terrorismo internacional pasa a ser una cuestión de primer orden –tal como lo será la nueva actividad de inteligencia que desarrollarán en suelo cubano las agencias norteamericanas, ya que ha sido demostrado que la CIA, la NSA y otros espías a sus propios amigos–. 6) Tal desafío impone un replanteo del trabajo de seguridad en las fronteras cubanas, el intercambio de las bases de datos sobre grupos terroristas, el adiestramiento de las fuerzas, el estudio concienzudo de las vulnerabilidades, el compromiso de las masas agrupadas en los CDR en la vigilancia en la retaguardia, el desarrollo de una agentura más a tono con los nuevos peligros potenciales, así como una concientización interna de la incidencia de este fenómeno en el nuevo contexto. 7) A Estados Unidos le corresponde hacer por primera vez en su historia un serio estudio de los grupos terroristas anticubanos asentados en su territorio. El mismo debe combatir y neutralizar el compadrazgo de estos grupos con influyentes sectores de la ultraderecha en el Congreso y las élites de poder político y económico. La propia historia demuestra que estos grupos carecen de respeto por EEUU y acuden a la violencia como arma de su política anticubana. 8) Ambas partes, con entera transparencia y sin dobles raseros deben estar dispuestos a combatir el terrorismo en todas sus manifestaciones.
En otro artículo reflexionaba igualmente: “No es casual que la ultraderecha norteamericana mantenga una posición opuesta al diálogo soberano entre ambas naciones y, aliado a ella, se encuentren aquellos grupos e individuos que han sostenido durante décadas el uso de la violencia como método para derrocar a la Revolución, así como atentar contra aquellos que han propugnado un discurso de diálogo entre la emigración cubana y el gobierno, así como el acercamiento entre ambos pueblos.”
Y me preguntaba: ¿En qué medida esas oscuras fuerzas de la reacción anticubana pueden ser peligrosas para Cuba y los Estados Unidos en este nuevo escenario?
La respuesta es obvia. Existen en los EEUU fuerzas que controlan los servicios de inteligencia vinculadas al deep state que se han visto involucradas en black ops no controladas ni por el Congreso ni por el propio Ejecutivo, encargadas de realizar operaciones negras, sobre todo aquellas que se manifiestas como operaciones de bandera falsa.
Advertía en este trabajo lo siguiente: “No tengo la menor de las dudas de que esas fuerzas tenebrosas de la derecha fascista en EEUU, aliada con sus peones terroristas de origen cubano y de otras nacionalidades, se preparan para realizar acciones violentas contra objetivos seleccionados para viciar y poner en peligro este acercamiento diplomático. De esta forma sembrarían recelos y frenarían deliberadamente este proceso.”
“¿Se ha pensado acaso que la embajada cubana en Washington y los consulados que se han de abrir en varias ciudades de EEUU pueden ser blancos de un reverdecimiento del terrorismo doméstico de los grupos terroristas de origen cubano, al estilo de Omega 7? Una acción contra los mismos pondría a EEUU sobre la palestra de un duro cuestionamiento por la parte cubana y viciaría las relaciones entre ambas naciones.”
“Por otro lado, las fuerzas de la ultraderecha bien podrían promover en suelo cubano acciones violentas contra la embajada norteamericana o empresas que en un futuro inmediato tengan representación oficial, haciendo uso de falsas banderas, con lo que se buscaría el mismo objetivo. En este sentido se debe pensar que el yihadismo radical pasa a ser un nuevo peligro para las fuerzas de enfrentamiento y prevención cubanas, ya que los objetivos norteamericanos están en su mira alrededor del mundo.”
Decía igualmente: “No es la primera vez que mediante el empleo de operaciones oscuras y falsas banderas Estados Unidos y otras naciones poderosas logran desestabilizar una nación y encuentran dudosos pretextos para planear invasiones a diferentes países. Usar manipuladamente las falsas banderas es un arte de la guerra silenciosa y una variante de planes desestabilizadores que debe ser estudiado en tiempo real.”
La actual investigación del Departamento de Estado y el FBI, conjuntamente con la que realizan las autoridades cubanas por su parte, sobre los ataques con dispositivos acústicos contra funcionarios diplomáticos norteamericanos en la Isla, parecen apuntar cada vez más hacia la total inocencia de Cuba y su repudio, al respecto quedó manifestado en la declaración realizada por el MINREX, dejando a los involucrados en la indagación por determinar quiénes fueron los autores de dicho ataque. El MINREX cubano expresó: “El Ministerio enfatiza categóricamente que Cuba jamás ha permitido ni permitirá que el territorio cubano sea utilizado para cualquier acción en contra de funcionarios diplomáticos acreditados ni sus familiares, sin excepción. Asimismo, reitera la disposición a cooperar para lograr el esclarecimiento de esta situación.”
Tampoco Cuba permitió a nación alguna u organización extremista actuar con impunidad en estos eventos. Es justo aclarar que hasta el momento, salvo la torpe expulsión de dos diplomáticos cubanos en EE UU, el gobierno norteamericano ha sido cauto y mesurado, quedando la burda manipulación en manos de medios tendenciosos y en vulgares acusadores como el senador Marco Rubio.
Hasta el momento se pueden manejar algunas hipótesis sobre los hechos que provocaron daños similares a los síntomas de una conmoción cerebral, con secuelas en el sistema auditivo. Muchos medios occidentales han tratado de desentrañar antiguos supuestos hechos que involucraban a la URSS por ataques con bajos niveles de microondas y otros ataques electromagnéticos contra sedes diplomáticas norteamericanas en Moscú, en un claro intento de inculpar a Rusia por este reciente ataque en La Habana, enardeciendo aún más la histeria anti rusa promovida por los grandes medios norteamericanos como Associated Press, CNN, Newsweek y The Washington Post. Otros medios especulan sobre la supuesta participación de algunos mandos cubanos en apoyo del ataque acústico por parte de especialistas rusos, lo que es absurdo totalmente. Lo mismo ocurre con la manipulación mediática de este hecho tratando de inculpar a naciones amigas como China e Irán.
Como consecuencia de estos hechos los EEUU adoptaron la irracional medida de expulsar a dos diplomáticos cubanos, ante el abandono de su misión –a consecuencia del ataque acústico– de dos funcionarios norteamericanos. Esto se hizo prematuramente bajo el burdo pretexto de que Cuba incumplió con su obligación de proteger a los diplomáticos acreditados bajo la Convención de Viena.
Las armas acústicas se han puesto en boga en los últimos tiempos como medio de represión de protestas, al emplear frecuencias de menor o mayor rango a las que percibe el oído humano –entre los 20 Khz hasta 300 Khz– y provocando en sus víctimas diversos daños que pueden causar mareos, cefaleas, perdida de orientación y audición, así como otras secuelas como la desestabilización del sistema nervioso. Entre ellas se destacan los llamados cañones acústicos LRAD, conocido como Dispositivo Acústico de Largo Alcance y fue desarrollado por la empresa LRAD Corporation, con sede en San Diego, California, enfrascada en este empeño desde 1996.
Según Wikipedia este dispositivo circular con un diámetro de 83 cm y un peso de 29 kg, puede generar un rayo relativamente direccional y con poca dispersión, sin afectar a su operador. Existen versiones más pequeñas del mismo identificadas como MRAD y LRAD500. La verdad es que su fabricación inicial corrió a cargo del Pentágono y ha sido usado abundantemente por las fuerzas policiales norteamericanas contra el movimiento Ocuppy Wall Street en ciudades como Chicago y Pittsburg, por las fuerzas sionistas en Gaza, por las fuerzas represivas yanquis en Irak y Afganistán, así como en naciones como Gran Bretaña, Francia, Colombia y otras.
A saber, Cuba no ha adquirido dispositivos de este tipo o los ha empleado públicamente en alguna oportunidad.
Por mi parte me inclino hacia la hipótesis de que este evento ha sido, a fin de cuentas, una operación de bandera falsa promovida por la CIA en contubernio con sectores de la extrema derecha norteamericana persiguiendo objetivos como mantener la histeria anti rusa, afectar las relaciones bilaterales entre Cuba y Estados Unidos. La CIA cuenta con amplia experiencia al respecto. Temo también que estas fuerzas estén tratando de vulnerar las directivas de la TSA y de intentar atentar contra aeronaves norteamericanas en las rutas entre Cuba y EEUU o crear falsas amenazas al respecto.

Percy Francisco Alvarado Godoy

sábado, 12 de agosto de 2017

¿Diferencias de género?




En el mundo las mujeres cobran al año aproximadamente un 22% menos que los hombres. Afortunadamente en Cuba eso no ocurre. Las mujeres cubanas ocupan cargos de dirección, tienen calificación científica y técnica, son investigadoras...y eso es un logro de la Revolución.

Fidel por siempre.




Un Fidel que desde niño tenía ese sentimiento de solidaridad se convirtió posteriormente en un hombre capaz de llevar a cabo un bienestar mayor. Hoy, aunque ya no está físicamente, su legado nos acompaña a los cubanos y a muchas otras personas en el mundo. Su retrato quedará construido en el tiempo a través de sus hazañas y su Revolución.

Alzados con Fidel




La pupila asombrada vuelve 60 años después sobre la primera entrevista de televisión brindada por Fidel Castro en la Sierra Maestra. En inglés, Fidel dialoga en el Pico Turquino -la elevación más alta de cuba- con el periodista Bob Taber de la televisora norteamericana CBS.

viernes, 11 de agosto de 2017

Retoma la Iglesia Católica cubana su actuar contra la Revolución

Con el paso a jubilación del cardenal Jaime Ortega Alamino, se percibe un retomar de la Iglesia Católica cubana a sus históricas posiciones en contra de la Revolución, algo que desde Miami los testaferros del dictador Fulgencio Batista pedían a gritos, con su frustrado sueño de 58 años, de reimplantar el sistema capitalista que tantas penurias dejó en el pueblo de la isla.
Ortega Alamino fue duramente acusado de complicidad con el gobierno y quienes lo hicieron olvidaron sus posiciones hostiles que dieron paso a varias pastorales pro yanquis, pues deseaban un enfrentamiento político que el Vaticano no aprobó, buscando una forma más hábil de actuar para alcanzar sus objetivos estratégicos.
Con la asunción del nuevo Arzobispo de La Habana, Juan de la Caridad García, hay cierto y cauteloso cambio en la línea seguida por su antecesor y muestra de ello fue el encuentro que sostuviera con algunas integrantes del grupúsculo “Damas” de Blanco, lo que fue interpretado como una señal de apoyo a la contrarrevolución asalariada de Estados Unidos.
El 16.07.2017 dos sacerdotes católicos, José Conrado Rodríguez Alegre y Castor Álvarez, acudieron a la vivienda de Berta Soler, donde oficiaron una misa ante una docena de contrarrevolucionarios, y la imagen publicada habla por sí sola de la calaña de los integrantes de los llamados “disidentes”.
De Conrado Rodríguez Alegre se conocen los antecedentes provocativos pagados por la mafia terrorista de Miami y sus frecuentes visitas a la capital de la mafia, lo que trajo como consecuencia que la jerarquía católica decidiera enviarlo a España por algunos años y después fuera trasladado de Santiago de Cuba para Cienfuegos para evitar males mayores, porque sus acciones transitan en la frontera del delito.
Orientado por esos que desean una confrontación de la Revolución con la Iglesia, José Conrado se entromete en los asuntos internos de la política del país, con actitudes provocativas como la mostrada en la propia misa, cuyo video se puede visionar en las redes sociales, en el cual estimula a los contrarrevolucionarios a seguir su enfrentamiento al gobierno, no decaer en sus propósitos, algo no acorde con la actitud de un religioso en una misa.
En demostración del desafío a las autoridades eclesiásticas y gubernamentales, ambos sacerdotes volvieron a reunirse el pasado sábado 5 de agosto con dirigentes contrarrevolucionarios, en la residencia del Antonio Enrique González-Rodiles, encontrándose presente Berta Soler, Ailer González, Ángel Moya , Claudio Fuentes y Raúl Borges, los que conforman el variopinto exponente de la mal trecha “oposición” cubana.
Esa reunión conspirativa forma parte del esfuerzo que hacen los yanquis por sacar del ostracismo y la inactividad a la contrarrevolución interna, la que pierde cada día más adeptos debido a su motivación por saltar a la emigración, después de acumular avales suficientes para clasificar a un visado como “refugiados políticos”, dentro del amplio y priorizado programa diseñado por el Departamento de Estados solo para Cuba.
Los propios participantes en dicha reunión divulgaron que el propósito era “intercambiar visiones sobre la situación actual y el papel que dentro de esta coyuntura deben jugar la Iglesia y la oposición en Cuba, la importancia del servicio en los temas sociales de la Iglesia católica cubana y del apoyo y solidaridad que necesita la oposición, llegando al acuerdo de ampliar y sostener de forma regular este tipo de intercambios”.
¿Qué buscan los dos sacerdotes con esa posición abiertamente violatoria de las normas de la Iglesia y de las leyes cubanas?
Evidente intentan convertirse en víctimas si fuera reprimidos, situación que serviría para amplificar las campañas anticubanas sufragadas por la Casa Blanca.
Esos conspiradores de 7ma categoría parecen olvidar que la Revolución jamás se dejó provocar por las múltiples acciones contrarrevolucionarias de algunos sacerdotes desde el mismo triunfo de 1959, a pesar de que usaron los templos para guarecer asesinos que intentaron secuestrar aviones civiles, guardar armas de fuego y reuniones totalmente conspirativas de decenas de agentes reclutados por la CIA.
Ante esos delitos, nunca fue cerrada un templo u orden religiosa, Cuba soportó que sacerdotes llevaran a cabo junto con la CIA, la despiadada e inhumana Operación Peter Pan, que separó de sus padres a 14 mil niños cubanos, enviados solos a Estados Unidos y recibidos por sacerdotes que los distribuyeron por orfanatos y casas de familias, donde muchos fueron abusados sexualmente.
En los últimos 20 años la relaciones Iglesia Católica- Estado cubano mejoraron notablemente, demostrado por la visita de tres Papas, algo único para Cuba a pesar de ser un país socialista, se construyó un nuevo seminario para la formación de sacerdotes, se repararon decenas de templos, se toleran varios centros de preparación docente, a pesar de que la educación es totalmente estatal, y muchos otros aspectos que hablan de una armonía positiva.
Si las presiones de Estados Unidos son tan fuertes que la iglesia acepta correr el riesgo de perder lo avanzado, se sabrá en los próximos meses.
Los que desean retomar la hostilidad contrarrevolucionaria de la Iglesia Católica, deberían conocer que esos llamados “opositores” no son respaldados por el pueblo, pues conoce perfectamente que trabajan siguiendo instrucciones del amo que les paga, carecen de ética, moral, prestigio y sin carisma alguno, y como aseguró el jefe de la misión diplomática estadounidense en La Habana:
“No vemos plataformas diseñadas para llegar a amplios sectores de la sociedad cubana, sino que más bien dirigen sus mayores esfuerzos a obtener recursos suficientes para solventar las necesidades del día a día de los principales organizadores y sus seguidores”.
Allá ellos con su condena, pero sería mucho más inteligente corregir la táctica para no perder lo avanzado en la estrategia.
No por gusto José Martí sentenció: “La obra de amor ha hallado siempre muchos enemigos”.

Arthur González, especialista en relaciones Cuba-EE.UU., editor del Blog El Heraldo Cubano.

Colgando del hilo de la dependencia externa

Los últimos habitantes de Cuba que lograron cultivar las cantidades que necesitaban para consumir fueron los aborígenes. Desde entonces hasta hoy, los cubanos han dependido en mayor o menor medida de las importaciones de alimentos para satisfacer una demanda que ha ido, lógicamente, in crescendo.
No lo digo yo, que apenas he sembrado caña y bejucos de boniato en las ya extintas escuelas al campo; lo dicen los expertos, que han analizado cuanta estadística se ha recogido en esta Isla desde los tiempos de la Colonia, solo para confirmar lo que todos hemos sabido siempre: ni en tiempos de vacas flacas, ni en tiempos de vacas gordas Cuba ha conseguido autoabastecerse.
En épocas de dominación extranjera el dato era irrelevante, sujeto como estaba el país a políticas macroeconómicas que la sobrepasaban; pero que en 58 años de soberanía política no se haya conseguido la tan ansiada soberanía alimentaria es ciertamente preocupante.
“Estar colgando de un hilo”, así ha calificado el fenómeno de la dependencia externa la doctora en Agroecología Leidy Casimiro Rodríguez, quien ha indagado no solo en la bibliografía, sino sobre todo en las prácticas cotidianas de una amplia muestra de campesinos cubanos con el propósito de establecer las bases metodológicas para la resiliencia socioecológica de fincas familiares. En otras palabras: cómo los guajiros pueden sobreponerse a la influencia, casi siempre nociva, de los factores externos.
“El desarrollo económico del país depende en alta medida de una mayor producción local de alimentos —sostiene la experta—. Las importaciones de alimentos ascienden anualmente a valores que rondan los 2 000 millones de dólares, una gran parte destinados a la asignación racionada que el Estado distribuye a la población y al consumo social en escuelas, hospitales, círculos infantiles y hogares de ancianos.
“Cada año se incurre en un gasto mayor para la misma cantidad de alimentos, debido al alza de los precios en el mercado internacional y al costo de los fletes, ambos relacionados directamente con el aumento del precio de los combustibles fósiles. Este crecimiento sistemático de importaciones ejerce resultados negativos en el balance de pagos debido a las deficiencias en la oferta doméstica”.
Una oferta doméstica de alimentos que, desde finales de la década de 1980, no ha levantado cabeza como se suponía. De hecho, el sector agropecuario cubano es el de más baja productividad, pues aporta menos del 10 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) y emplea a más del 20 por ciento de la población económicamente activa, según un artículo publicado en 2014 por el Centro de Estudios de la Educación Superior.
Todo ello se agrava si se tiene en cuenta una reciente investigación que prueba que, en la estructura de gastos de una familia cubana, entre el 70 y el 75 por ciento se destina a la adquisición de alimentos, una cifra que le pone a cualquiera los bolsillos de punta.
Cuba cuenta con un área de tierras agrícolas de 6 619 500 hectáreas, lo que representa más del 60 por ciento del total del área del país, si tomamos como ciertos los datos publicados por la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI) en 2015.
Sin embargo, la cultura agropecuaria nacional se ha caracterizado por una estructura social agraria en la que ha prevalecido como fuerza productiva el obrero agrícola y no el campesino, el monocultivo, la dependencia de mercados de exportación, la sobreexplotación de los recursos naturales y la importación de alimentos, al decir de Leidy Casimiro en su tesis de opción al grado de Doctora en Ciencias.
Baste para probarlo un ejemplo rotundo: en los llamados años de “mayor desarrollo” en la agricultura cubana, en las décadas del 70 y 80 del pasado siglo, cuando existía una infraestructura de primera en maquinaria agrícola y paquetes tecnológicos, sistemas de riego, disponibilidad y empleo anual de 17 000 toneladas de herbicidas y pesticidas y 1,3 millones de toneladas de fertilizantes químicos; cuando se importaba el 82 por ciento de los plaguicidas, el 48 por ciento de los fertilizantes y más de 600 000 toneladas de concentrados alimenticios para la ganadería; incluso con semejante inyección en vena de recursos para fomentar la agricultura, el 57 por ciento de los alimentos necesarios para el abastecimiento de la población eran importados. Hoy esta cifra ronda el 70 por ciento.
Desde entonces, se incrementó la dependencia externa de alimentos y se agudizaron los impactos negativos sobre los suelos, la biodiversidad, la deforestación extensiva, además de los altos costos de producción, bajos niveles de autosuficiencia, el desplazamiento y la pérdida de valores y tradiciones vinculadas a la vida en el campo y a la producción de alimentos, según ha señalado sistemáticamente el profesor Fernando Rafael Funes Monzote, doctor en Producción Ecológica y Conservación de los Recursos y Máster en Agroecología y Desarrollo Rural Sustentable.
Especialmente nociva para la sustentabilidad alimentaria resulta la degradación de los suelos, un mal que afecta a más del 75 por ciento de la tierra cultivable en Cuba.
A este panorama se suma el tan llevado y traído cambio climático, que ha provocado un aumento ostensible de la temperatura, disminución de las lluvias y, por ende, el aumento exponencial de ese fenómeno extremo que es la sequía.
El propio Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (Citma) ha alertado sobre la desertificación que aqueja al 14 por ciento del país y la salinización que viene minando aproximadamente un millón de hectáreas, ingredientes naturales que, unido a la frecuencia con que embisten a la Isla los huracanes, configura un escenario inestable en materia agropecuaria.
“Cosechamos con el credo en la boca”, comenta Eduardo Martínez, un campesino espirituano que no está muy enterado de investigaciones científicas ni de mapas probabilísticos, pero se sabe de memoria cada recodo de la finca que armó a finales de los 80 para garantizar su sustento y para mantenerse el vicio del tabaco.
Sobre su dependencia a los paquetes tecnológicos y al combustible que, por más que le den en tiempo y forma, nunca le alcanza, prefiere no hablar demasiado, sino de las perspectivas de la producción de alimentos en Cuba, un futuro que él no ve tan claro.
“Yo creo que hay que buscar una fórmula —sugiere— para que el Estado no pague mejor lo que importa que lo que compra a los campesinos de Cuba. ¿Cómo tú vas a beneficiar al productor de otro país, y además tienes que sufragar el precio del transporte, por encima del productor de aquí? Eso no es de una economía que proteja lo suyo”.
En semejante apreciación coinciden guajiros de monte adentro con renombrados agrónomos de academia: si el Estado viene implementando un paquete de medidas que pretenden estimular la soberanía alimentaria, si lo afirma y lo reafirma en una decena de lineamientos, ¿en qué quinquenio se dará por abolida de una buena vez todo tipo de dependencia?

Gisselle Morales Rodríguez
Progreso Semanal

miércoles, 9 de agosto de 2017

lunes, 7 de agosto de 2017

domingo, 6 de agosto de 2017

Nacionalización, Fidel y la justicia social




Hace 57 años, Fidel anunció la nacionalización de 26 compañías yanquis. Estas acciones tenían un marcado carácter antimperialista. En el anuncio el día 6 de agosto de 1960, Fidel estuvo afectado brevemente por una ligera disfonía pero Raúl, en ese mismo instante tomó la palabra y esta es hoy una de las frases que más se recuerda: “porque se ha ido una voz por un momento; ¡pero ahí está él y estará!”

Cantos de sirena a 90 millas




Transcurría el mes de agosto de 1994, y desde antes muchas embarcaciones rústicas abandonaban las costas cubanas en busca de un sueño que, para muchos resultó ser más idílico que real.

sábado, 5 de agosto de 2017

Una cifra impredecible: las remesas

Desde hace muchos años, el buen humor de los cubanos ha dejado por sentado que para no tener mayores dificultades en el día a día lo único que se necesita es tener fe. Una fe con letras mayúsculas, en correspondencia a la clasificación oficial de unas planillas ya inexistentes, donde sin ton ni son, las autoridades inquirían si tenían FE (Familiares en el Exterior).
¿Y quién en Cuba, desde los niveles más humildes hasta en los más notables cargos oficiales en el partido comunista y gobierno no los tiene? Que levanten la mano, por favor, las excepciones.
Un grupo consultor radicado en Miami, el Havana Consulting Group (THCG), acaba de anunciar que el pasado año fue establecida una cifra récord de remesas llegadas a la isla. Nada menos que 3, 448 millones de dólares. Ni uno más, ni uno menos. Tres mil cuatrocientos cuarenta y ocho millones. Casi mil más de lo que supone el gobierno en su propósito de cara a la inversión extranjera para levantar la economía.
Los expertos-alquimistas de números de THCG han basado su tesis, entre otras consideraciones, al aumento de cubanos residiendo en EE.UU, y el incremento de los vuelos entre ambos países. A ello, sumar que el pasado año se repatriaron unos 14 000 cubanos que no llegaron con las manos vacías.
Tal vez, y es lo más probable, las autoridades financieras cubanas no reconozcan tal cantidad. Es más, me atrevería a asegurar que el monto anunciado sería menor.
En buena ley, el cálculo es en extremo difícil. Al margen de lo que pudiera reportarse por la principal agencia que envía remesas, la Western Union, hay otras tantas vías muy turbias como para fijar un monto aunque sea aproximado. Se trata de los cubanoamericanos que visitan a sus familiares y aquellos que depositan tanto en Miami y más cuanto reciben a golpe de timbre en la puerta de su casa cubana.
Mucho dinero es el que ha entrado desde la apertura al trabajo por cuenta propia, Si antes se contaban las nuevas paladares y bares, ahora están por doquier a la par de la compra de viviendas y su correspondiente remodelación.
Hay dinero. Se nota hasta en los hoteles donde los cubanos ya se ubican en el medallero de plata Unos tienen; otros, no. Cuestión de FE. Espero con impaciencia qué dirán nuestros economistas…

Aurelio Pedroso
Progreso Semanal

Dos presos a rescatar por la América: Leonard Peltier y Ana Belén Montes

Quizás llegará un día cuando se sienta con más fuerza en Latino-América la voz del movimiento indígena a favor de su hermano de sangre prisionero en Estados Unidos: Leonard Peltier. Por el momento, no se siente esa cólera.
Sí, ha habido un noble respaldo por nuestra Rigoberta Menchú y otros. Pero el ensañamiento de los “cara-pálidas” contra ese descendiente espiritual de Caballo Loco y Gerónimo, aún espera la respuesta unificada y rebelde de la prole de Cuauhtémoc y Túpac Amaru.
A veces se olvida que el concepto independentista de lo “hispanoamericano” es relativamente reciente y novedoso. Pero ancestralmente, desde Canadá hasta Chile nuestra América era una única hermandad; milenaria y coherente… hasta que nos invadieron los europeos y se bifurcó nuestra historia.
Pero esa dicotomía basada en las lenguas (inglés y español) no es sino un accidente. Las esencias perduran. Una sola es la índole de los diversos invasores, donde los españoles son hermanos carnales y espirituales de los anglos; e igual valor tienen los aceros toledanos trucidando a los taínos en Caonao, que los cañones del 7th Cavalry Regiment despedazando a los Lakota en Wounded Knee.
Otra, y homogénea, es la naturaleza de América, una y única en su stock de los pueblos originarios, ésos, nuestros inmemoriales descubridores y colonizadores, llegados cuando aún ni soñaban los recontra-tatarabuelos del Rey Fernando y el King Jacobo con agredirnos.
Puesto que el Aimara y el Mapuche del Sur son consanguíneos y correligionarios esenciales del Cherokee y el Apache del Norte, Leonard Peltier le pertenece por igual a los aborígenes de la América Hispana y a los de la Inglesa. Pero también es propiedad y deber común de todos los que, nacidos de cepa colonialista, desafiaron sus orígenes para abrazar la causa del desvalido: los John Brown, los Miguel Hidalgo, los Henry Reeve, los Carlos Manuel de Céspedes... Americanos todos. ¡Y buenos!
Hay que liberar, pues, a Peltier, en nombre de nuestra innata unidad continental. Ésa que no pueden destruir las barreras artificiales diseñadas por el odio y la explotación. Vale ahora el combatir todos juntos por nuestro amigo entre rejas, cual ejército unificado de guerreros Caribes y Sioux.
Si lo logramos, ¿de quién será la victoria? Pues sólo de esa América Una, más que Latina y más que Anglo-sajona. Noble altar, donde reposan entremezcladas las cenizas de Toro Sentado y Caupolicán, de George Washington y Simón Bolívar; hermanados en uno solo.
Americanos.
¡Salvemos a Peltier, en el nombre de nuestras raíces!
Ahora bien, en el caso de Ana Belén Montes, la motivación de América debe ser nuestra deuda de paz.
En su carta a favor de la Montes, una famosa galardonada con el Nobel de la Paz, Mairead Maguire afirma: Ana creyó en que lo que ella hizo era necesario para evitar una intervención militar de los EUA contra Cuba basada en mentiras (…) Muchas vidas de estadounidenses y cubanos no fueron expuestas a los riesgos de una guerra innecesaria como resultado de las acciones de Ana.
Esta aserción no carece de relevancia.
Si en 1983 un exiguo millar de cubanos y granadinos causó 19 muertos al Ejército yanqui, ¿cuántas bajas tendría éste último durante una guerra en la propia Isla? Enfrentándose a tres millones de oponentes con armamento regular, más el incontable avispero de las Milicias de Tropas Territoriales, movilizadas en la Guerra de Todo el Pueblo, quizás habrían caído 10.000 norteamericanos, sin contar los heridos y mutilados. En cuanto a Cuba, desaparecería tal cantidad de pobladores que su supervivencia futura como nación peligraría. Máxime que el concepto defensivo cubano implicaba una llamada a las armas para toda la ciudadanía, donde discapacitados, enfermos, ancianos y mujeres terminarían combatiendo, lo cual conllevaría a una masacre igual o peor a la sufrida por las Volkssturm alemanas en 1945.
Por suerte, no ocurrió ese terrible drama. Para conjurarlo, una mujer se ofrendó en holocausto de sí misma: Ana Belén Montes.
Todos los americanos por igual, al norte y al sur, deberíamos reconocer que estamos en algún grado de deuda con esa presa, quien contribuyó abnegada y decisivamente a evitar la que pudo ser la peor guerra moderna en nuestro continente. Eso es suficiente para estarle agradecidos, más allá de cualquier rechazo político-ideológico. Ana fue una espía que actuó como el polaco R. J. Kuklinski: traicionando, sí, pero con efectos colaterales positivos sobre la paz.
Ella aún hoy paga las consecuencias de sus actos, pero, ¿hasta cuándo? Los tiempos han cambiado en la región, donde hoy la “Guerra Fría” fenece, y Cuba ya no se halla detrás de cada movimiento guerrillero, sino que alienta y promueve los diálogos de paz.
Llegada es la hora de apoyar la liberación de la ex espía encarcelada, ahora una simple anciana enferma de cáncer, la cual lleva demasiado tiempo entre rejas al lado de presas comunes y con trastornos psiquiátricos, sin ser Ana misma ni demente ni matona.
Por último: nótese que para defender la liberación de Peltier y Belén Montes no hay que ser ni socialista ni comunista, sino simplemente humanista. Por ejemplo: Ana es obviamente de izquierdas o progresista, pero en su juicio no cita nunca al marxismo. Incluso, afirma sobre Cuba que, una vez en buenas relaciones con EEEUU, podrá “experimentar libremente con los cambios”. Que un incremento de la interacción entre Washington y La Habana permita a esta última aprovechar la coyuntura del relajamiento en las sanciones para “cambiar” (¿cómo…?), no parece un alegato estalinista.
Tampoco al defender a Ana se promueve al Estado y sistema cubanos. En lo más mínimo, pues para la Cuba oficial, Ana Belén no existe (y es muy bueno que sea así, ya que una declaración oficial a favor de la ex espía puede llevar a muy trágicas consecuencias; y fue precisamente para evitarlas que la dama boricua sacrificó su libertad). En todo caso, apoyar esa excarcelación será promulgar sentimientos tales como el pacifismo, la convivencia armónica, el humanismo y la nobleza de espíritu. Y a nuestro entender, el americanismo más puro.
Sí: ¡ésta es una tarea para… americanos!
Quien así también lo entienda, ayude a exhortar a que todo el continente, sin distinciones ideológicas, reclame fraternal y firmemente a esos dos prisioneros hoy tan necesitados de nuestro ánimo.
Y que por fin sean libres Leonard Peltier y Ana Belén Montes, para que ambos, redimidos, caminen del brazo de los inmortales Lincoln y Betances, mientras les recibe una jubilosa comitiva de Navajos abrazados a guaraníes, los cuales bailan unánimes la “Danza de los Espíritus”, entretanto revolotea por los aires el Quetzal, silueteando mil corazones sangrantes, al son del banjo y la quena.

Douglas Calvo Gaínza. Escritor cubano residente en La Habana.

viernes, 4 de agosto de 2017

Internet en Cuba, una herramienta para el desarrollo




Las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC) pueden contribuir a brindar soluciones a los problemas del desarrollo, promoviendo no solo el crecimiento económico y la competitividad, sino también el acceso a la información. De igual manera, las TIC pueden perfilarse como estandartes de los conocimientos, la erradicación de la pobreza y la inclusión social.
En los últimos años, la evolución de las tecnologías se ha convertido en eje fundamental para la seguridad de los Estados; por lo que es imprescindible que su empleo esté en función del progreso humano, político, económico, social y cultural de nuestras naciones.
Sin embargo, progresivamente este territorio de intercambio de información y conocimientos va perdiendo su valor de acceso universal, para convertirse, rápidamente, en un espacio restringido y controlado por la proyección neoliberal de las grandes transnacionales que pretenden colonizar Internet. Temáticas abordadas durante la Conferencia Internacional “Nuevos Escenarios de la Comunicación Política en el Ámbito Digital”, realizada en La Habana este verano, confirman esta idea.
De acuerdo con la periodista Rosa Miriam Elizalde, quien fuera durante muchos años editora del portal Cubadebate –uno de los medios más relevantes de la web cubana-, la gobernanza o administración de los medios y las infraestructuras digitales es un asunto sobremanera importante en la región latinoamericana.
“Cuando todos los productos ‘inteligentes’ son de importación, es difícil saber si puede ser utilizado por otros, particularmente en América Latina con las redes de telecomunicaciones más dependientes del mundo. Más del 90% del tráfico de la región pasa por servidos norteamericanos, el 85% de los contenidos digitales de Latinoamérica, están alojados en servidores estadounidenses, según datos de la Unión Internacional de Telecomunicaciones”, refiere Elizalde.
Una de las preocupaciones centrales en la época actual, está relacionada con la manera como se maneja y controla Internet. Los partidarios del neoliberalismo están logrando imponer en el ciberespacio su visión de un mundo donde imperen los mercados sin ninguna restricción y donde los Estados y las instituciones intergubernamentales dejen de cumplir sus roles de garantes del interés público.
La red cada vez se distancia más de sus orígenes en cuanto a la democratización del acceso a la información, factor que sin dudas constituía una amenaza a los poderes hegemónicos. Por ello, los defensores del status quo se propusieron no sólo privatizar y comercializar a Internet, sino también banalizar sus aplicaciones y contenidos, como una forma de impedir el dominio de las mayorías.
Abel Prieto, asesor del Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, en una intervención realizada durante una Conferencia Internacional sobre Comunicación Política en Internet realizada en La Habana hace apenas dos años, refería que el mundo virtual de las TIC refleja hoy los principales problemas y contradicciones del mundo real del presente como la concentración de poder en manos de transnacionales; la desigualdad creciente y abismal entre pobres y ricos; la privatización del conocimiento y la cultura; la visión imperial y belicista que concibe la Web como un espacio militarizado; la injerencia, la violación de la soberanía de las naciones y de la privacidad más elemental de los individuos; la reducción del ciudadano al estatus de consumidor potencial y el manejo inescrupuloso de sus inclinaciones más íntimas para crearle falsas necesidades.
Es así que en la actualidad, universalizar el acceso y uso de la red se torna una cuestión de cultura necesaria, y de apropiación crítica de la realidad, por tanto, su gobernanza debería constituir un elemento esencial del orden del día en la Sociedad de la Información, para contribuir a la consecución de los objetivos de desarrollo y al ejercicio de los derechos humanos.
La gestión internacional de la tecnología debería ser multilateral, transparente y democrática, y hacerse con la plena participación de los Gobiernos, el sector privado, la sociedad civil y las organizaciones internacionales.
La importancia de desarrollar y dominar nuestras infraestructuras comunicacionales, contribuirá también a reafirmar un pensamiento descolonizador, generando una producción cultural propia en la red. En tanto, se deberá apostar por un uso que promueva la solidaridad social, así como los valores asociados a la sostenibilidad económica, cultural y política de nuestras naciones.
En Cuba, se considera de alta prioridad promover el uso pacífico y legítimo de las tecnologías de la información y las comunicaciones, así como las múltiples oportunidades que ofrece el ciberespacio para el desarrollo y bienestar de la humanidad. Igualmente, el gobierno se propone lograr que las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones se conviertan en un sector de desarrollo estratégico para la Nación.
Es por ello, que el país trabaja para integrar educación y capacitación, en aras de proyectar entre los usuarios una nueva cultura de participación en las redes, que tome en cuenta los riesgos reales que existen en el ciberespacio.
En la medida en que exista una gobernanza más democrática de la Internet, los usos sociales de las redes evidenciarán una recontextualización en cuanto a la comunicación política, fundamentalmente en el ámbito digital. Para ello, paralelamente deberá implementarse una cultura de ciberseguridad sólida, para que los usuarios concienticen la importancia de la protección de la información como un bien social, aspectos a los que el gobierno cubano presta especial atención, en su fuerte voluntad política para favorecer el acceso seguro a las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones.
En palabras de Abelardo Moreno, viceministro de Relaciones Exteriores de Cuba, en cuestiones de informatización de la sociedad, nuestra Nación no llega a deshora a la nueva época. “Aún bloqueados, no quedamos nunca al margen de la evolución de las tecnologías y las comunicaciones, ni de los cambios culturales que ellas entrañan para la Sociedad de la Información. Se trabaja al mismo tiempo para que la sociedad cubana continúe siendo una de las más tranquilas y seguras para sus ciudadanos, también en el ciberespacio (…) Constituye un desafío transitar por la au­topista de la información y el conocimiento de manera seria y ética. Debemos propiciar y defender una relación cada vez más responsable entre el ciudadano y el ciberespacio; un ciudadano más competente, pero también más responsable”.
El uso de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC) como herramientas para el desarrollo del conocimiento, la economía y la actividad político-ideológica, constituye una premisa ineludible en el proceso de informatización seguro y ordenado de la sociedad cubana, que actualmente potencia el Gobierno Revolucionario.
El país continuará trabajando por alcanzar una cultura digital característica del hombre nuevo, que aproveche el ciberespacio como un lugar de aprendizaje y desarrollo inclusivo, en aras de garantizar la defensa de nuestra cultura y el socialismo sostenible que construye nuestro pueblo, y con ello, la invulnerabilidad de la revolución.

Aymara Vigil
Razones de Cuba

En defensa de la cultura y contra el fascismo

¿Alguien sabe como se llaman o clasifican estas corrientes tan parecidas en sus propósitos y resultados a las fascistas y nazistas? ¿Por qué un juicio al estilo del de Nuremberg no ha funcionado para que la justicia condene a tantos genocidas posteriores y actuales?
La memoria histórica no se puede perder puesto que persiste una voluntad de los pueblos y de los individuos de retener todos los fragmentos de la vida o de las épocas de la historia para salvarlos del olvido, y, con ello, sentar los cimientos para edificar el futuro.
En julio se celebró en Cuba y en otros países el 80º Aniversario del II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura que tuvo lugar en 1937 en Valencia y con reuniones en Madrid, entre el 4 y 11 de julio. Allí se dio cita la intelectualidad militante contra el fascismo que ya mostraba sus garras en tierra española. Participaron en el cónclave cinco escritores cubanos, junto a escritores españoles, franceses, estadounidenses, latinoamericanos y de otros países. En una hora heroica y a la vez aciaga no podían faltar las palabras solidarias de aquellos intelectuales mientras millones de españoles y miles de milicianos arribados de todas partes del mundo se enfrentaban a la barbarie del fascismo liderado por el General Franco y la parte del ejército que traicionó a la República Española.
El II Congreso era continuación de la organización fundada por intelectuales antifascistas, en cuyo documento inicial se expresaba: “Se ha producido en toda España una explosión de barbarie... Este levantamiento criminal de militarismo, clericalismo y aristocratismo de casta contra la República democrática, contra el pueblo, representado por su Gobierno del Frente Popular, ha encontrado en los procedimientos fascistas la novedad de fortalecer todos aquellos elementos mortales de nuestra historia... Contra este monstruoso estallido del fascismo... nosotros, escritores, artistas, investigadores científicos, hombres de actividad intelectual... declaramos nuestra identificación plena y activa con el pueblo, que ahora lucha gloriosamente al lado del Gobierno del Frente Popular...”
Allí llegó, como lo había expresado: “me voy a España”, el periodista y escritor cubano Pablo de la Torriente Brau, uno de los jóvenes más preclaros de aquella hornada revolucionaria de la Cuba de entonces, que fue miliciano y comisario de las Brigadas Internacionales, y caído el 19 de diciembre de 1936 en Majadahonda, España.
En abril de 1937 uno de los escritores más descollantes de España se refirió a los acontecimientos que estaban presentes en aquella asonada y guerra fratricida desatada por los fascistas durante la guerra española. La República española combatía con sus fuerzas populares y los miles de milicianos que arribaron de todas partes para reforzar a la parte leal del ejército.
Expresaba Machado:
Pienso en España, vendida toda, de río a río, de monte a monte, de mar a mar.
Toda vendida a la codicia extranjera: el suelo y el cielo y el subsuelo. Vendida toda por lo que pudiéramos llamar –perdonadme lo paradójico de la expresión – la trágica frivolidad de nuestros reaccionarios. Y es que, en verdad, el precio de las grandes traiciones suele ser insignificante en proporción a cuanto se arriesga para realizarlas, y a los terribles males que se siguen de ellas, y sus motivos no son menos insignificantes y mezquinos, aunque siempre turbios e inconfesables. Si os preguntáis, ¿aparte de los treinta dineros, por qué vendió Judas a Cristo?, os veríais en grave aprieto para responderos. Yo no he encontrado la respuesta en los cuatro evangelios canónicos. Pero la hipótesis más plausible sería ésta: entre los doce apóstoles que acompañaban a Jesús, era Judas el único mentecato. En el análisis psicológico de las grandes traiciones, encontraréis siempre la trágica mentecatez del Iscariote. Si preguntáis ahora, ¿por qué esos militares rebeldes volvieron contra el pueblo las mismas armas que el pueblo había puesto en sus manos para la defensa de la nación? ¿Por qué, no contentos con esto, abrieron las fronteras y los puertos de España a los anhelos imperialistas de las potencias extranjeras? Yo os contestaría: en primer lugar, por los treinta dineros de Judas, quiero decir por las míseras ventajas que obtendrían ellos, los pobres traidores de España, en el caso de una plena victoria de las armas de Italia y Alemania en nuestro suelo. En segundo lugar, por la rencorosa frivolidad, no menos judaica, que no mide las consecuencias de sus actos. Ellos se rebelaron contra el gobierno de los hombres honrados, atentos a las aspiraciones más justas del pueblo, cuya voluntad legítimamente representaban. ¿Cuál era el gran delito de este gobierno lleno de respeto, de mesura y de tolerancia? Gobernar en un sentido del porvenir, que es el sentido esencial de la historia. Para derribar a este Gobierno, que ni había atropellado ningún derecho ni olvidado ninguno de sus deberes, decidieron vender a España entera a la reacción europea. Por fortuna, la venta se ha realizado en falso, como siempre que el vendedor no dispone de la mercadería que ofrece. Porque España, hoy como ayer, la defiende el pueblo, es el pueblo mismo algo muy difícil de enajenar. Porque por encima y por debajo y a través de la truhanería inagotable de la política internacional burguesa, vigila la conciencia universal de los trabajadores.”
Hermosas palabras que desnudan los móviles de los reaccionarios y traidores que estuvieron dispuestos a asesinar a miles y miles de españoles para alimentar las ideas y actos fascistas y entronizar un poder que se mantuvo por décadas y que aún hoy impregna el régimen político vigente en España, después de la restauración del Reinado y la prevalencia del legado que dejó el fascismo y el franquismo.
En el II Congreso Antonio Machado disertó sobre la defensa y difusión de la cultura, con unas palabras tituladas El Poeta y el pueblo , que siempre tendrán un valor patrimonial como ideas fundamentales y consecuentes de un verdadero intelectual de todos los tiempos. Vale la pena reproducir algunos fragmentos, porque también son válidas para hoy en que en muchas partes muestran sus orejas y sus barbaries los fascistas de nuevo cuño.
“Cuando alguien me preguntó, hace ya muchos años, ¿piensa usted que el poeta debe escribir para el pueblo, o permanecer encerrado en su torre de marfil –era el tópico al uso de aquellos días– consagrado a una actividad aristocrática en esferas de la cultura sólo accesibles a una minoría selecta?, yo contesté con estas palabras, que a muchos parecieron un tanto ingenuas: «Escribir para el pueblo –decía un maestro – ¡qué más quisiera yo! Deseoso de escribir para el pueblo, aprendí de él cuanto pude, mucho menos –claro está – de lo que él sabe. Escribir para el pueblo es, por de pronto, escribir para el hombre de nuestra raza, de nuestra tierra, de nuestra habla, tres cosas de inagotable contenido que no acabamos nunca de conocer. Y es mucho más, porque escribir para el pueblo nos obliga a rebasar las fronteras de nuestra patria, escribir para los hombres de otras razas, de otras tierras y de otras lenguas. Escribir para el pueblo es llamarse Cervantes, en España; Shakespeare, en Inglaterra; Tolstoi, en Rusia. Es el milagro de los genios de la palabra. Tal vez alguno de ellos lo realizó sin saberlo, sin haberlo deseado siquiera. Día llegará en que sea la suprema aspiración del poeta. En cuanto a mí, mero aprendiz de gay-saber, no creo haber pasado de folklorista, aprendiz, a mi modo, de saber popular.
Mi respuesta era la de un español consciente de su hispanidad, que sabe, que necesita saber cómo en España casi todo lo grande es obra del pueblo o para el pueblo, cómo en España lo esencialmente aristocrático, en cierto modo, es lo popular. En los primeros meses de la guerra que hoy ensangrienta a España, cuando la contienda no había aún perdido su aspecto de mera guerra civil, yo escribí estas palabras que pretenden justificar mi fe democrática, mi creencia en la superioridad del pueblo sobre las clases privilegiadas.”
Muchos escritores e intelectuales de todas partes, a veces equivocadamente infatuados y egocéntricos, debieran hacer suyas estas ideas para que se rediman de tantas torpes ínfulas. Y recordar las palabras, a veces reiteradas, del desaparecido presidente, –en ese cargo desde el 17 de julio de 1959 hasta el 3 de diciembre de 1976–, de la Cuba revolucionaria Osvaldo Dorticós Torrado, quien en su mensaje a los intelectuales de la época decía que “al pueblo no se baja” a la hora de concebir obras trascendentes para el pueblo; sino que, por el contrario, al pueblo “hay que subir”, al “pueblo se sube”, porque es el depositario y poseedor de toda la cultura acumulada en cada época y durante toda la historia de su existencia y la de su país..
Más de 80 años nos separan de la guerra fratricida desatada por el fascismo en España, que alcanzó posteriormente a sumir en la barbarie y la destrucción a toda Europa, con el saldo de más de 20 millones de habitantes. La humanidad derramó mares de sangre durante la segunda guerra mundial para después de varios años derrotar el fascismo.
La fundación de las Naciones Unidas, inspirada en ideales e ideas nobles para cambiar el curso violento de la historia, si bien fue un aporte al humanismo y al establecimiento de instrumentos y la aprobación de principios para las relaciones internacionales que protegieran al mundo de una conflagración en el futuro, no pudo frenar nuevas y variadas guerras. Desde entonces hasta ahora han vuelto a surgir nuevas fuerzas tan retrógradas y bárbaras como las fascistas, que han provocado millones de muertes. ¿Alguien sabe como se llaman o clasifican estas corrientes tan parecidas en sus propósitos y resultados con las fascistas y nazistas? ¿Por qué un juicio al estilo del de Nuremberg no ha funcionado hasta ahora para que la justicia condene a tantos genocidas?

Wilkie Delgado Correa

¿Es viable la supresión de “la libreta” de abastecimiento en Cuba?

Punto de partida

La eliminación de la libreta de abastecimiento parece haber sido un tema discutido durante un reciente evento dedicado a la economía cubana. No se trata de un tema nuevo. Vale recordar que la posible supresión de “la libreta” fue el asunto que provocó la mayor cantidad de intervenciones de los participantes en el debate de los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución, en 2010 y 2011. (Ver “Raúl Castro: Libreta de abastecimiento no se quitará de golpe”, Juventud Rebelde, 16 de abril de 2011, http://www.juventudrebelde.cu/cuba/2011-04-16/raul-castro-libreta-de-abastecimiento-no-se-quitara-de-golpe/).
La información detallada sobre lo debatido en la edición 27 de la Reunión Anual de la Asociación de Estudios de la Economía Cubana (Association for the Study of the Cuban Economy, ASCE), efectuada en Miami entre el 27 y el 29 de julio, todavía no está disponible, pero la prensa ha reportado las opiniones expresadas por varios especialistas. (Ver “Economistas aseguran que libreta cubana de abastecimiento ‘es un fósil’”, 29 de julio de 2017 http://cuba.eurodermspa.info/latest-news/economistas-aseguran-que-libreta-cubana-de-abastecimiento-es-un-fosil/).
Los criterios se resumieron en tres puntos: “la libreta” es un mecanismo “obsoleto”, es un subsidio resultante de la existencia de salarios estatales inadecuados, y no será suprimida en el corto plazo, principalmente porque sería una acción impopular.
La discusión no se limita al plano económico ni se restringe a los foros académicos. Es un problema político relevante. Fue un tema abordado en el VI Congreso del Partido Comunista de Cuba (abril de 2011), donde se caracterizó como “una de las principales medidas que se aplicarán con el objetivo de erradicar las profundas distorsiones existentes en el funcionamiento de la economía y la sociedad en su conjunto”, aclarándose que una medida de ese tipo no puede hacerse de golpe, sin crearse previamente una serie de condiciones. (Ver “Raúl Castro: Libreta de abastecimiento no se quitará de golpe”, Juventud Rebelde, 16 de abril de 2011, http://www.juventudrebelde.cu/cuba/2011-04-16/raul-castro-libreta-de-abastecimiento-no-se-quitara-de-golpe/).
Seis años después, “la libreta” sigue vigente, ofreciendo una canasta familiar normada que beneficia a la totalidad de los hogares cubanos mediante el aseguramiento de un conjunto de alimentos básicos a precios altamente subsidiados. A pesar de sus conocidas insuficiencias, “la libreta” continúa siendo un mecanismo crucial para la vida de millones de cubanos y funciona como un factor de estabilidad social y política del país, lo que a su vez le confiere una función positiva en la seguridad nacional.
Sin embargo, dos preguntas son pertinentes:
¿Representa “la libreta” de acceso universal el mecanismo más efectivo para la utilización de los casi 4 mil millones de pesos que el presupuesto nacional destina anualmente al subsidio de los precios de la canasta de alimentos normados?
¿Pudiera mejorarse la alimentación de las familias necesitadas con la misma cantidad de recursos que hoy se destinan a ese subsidio?
Abordar el tema desde una perspectiva económica estrecha pudiera convertir cualquier propuesta de “solución” en una caja de Pandora, con potenciales consecuencias imprevistas y desastrosas. Esto es algo que parece ser ampliamente reconocido. El problema entonces radica en poder avanzar hacia los detalles de propuestas que, abarcando múltiples dimensiones, permitiesen avanzar hacia una posible solución.
No obstante, antes de llegar a esa fase de la discusión es imprescindible tratar de identificar, con la mayor precisión posible, cuál es el punto de partida. A riesgo de omitir involuntariamente algunos aspectos, las principales circunstancias que deberían tomarse en cuenta para comenzar a pensar en una posible transformación pudieran ser las siguientes: los hogares cubanos, la nutrición, y el presupuesto nacional.

Los hogares cubanos

En Cuba existen 3,853,236 hogares que constituyen la unidad alrededor de la cual se estructura el subsidio de precios que reciben los ciudadanos mediante “la libreta”. No existe una coincidencia exacta entre esta cifra de hogares que proviene de un ejercicio censal y la cantidad de “núcleos” que cuentan con una “libreta”, que provienen de un proceso administrativo, pero se asume que la diferencia no es significativa.
Como no se dispone de información precisa acerca de los “núcleos”, se adopta entonces aquí la cifra de hogares. [Ver ONEI, “Proyección de Hogares según edad del jefe y tamaño del hogar. Cuba y provincias, 2015-2030 (ejercicio experimental)” http://www.one.cu/publicaciones/cepde/proyeccion_hogares_cubanos_2015_2030/0_PROYECCION_HOGARES_PUBLICACION.pdf]
Esos hogares reflejan familias cubanas que han experimentado cambios y que los continuarán teniendo. Entre ellos:
El aumento relativo de la llamada “jefatura femenina” en los hogares, con un salto desde el 22,8% registrado en 1981 hasta el 44,9% de 2012.
Apenas en uno de cada tres hogares hay un niño/a menor de 15 años.
En cuatro de cada diez hogares vive un adulto mayor.
El 17,7% de los jefes de hogares tiene un jefe mayor de 70 años de edad. Esa proporción crecerá a un 25,5% para 2030, y los hogares a cargo de personas entre 15 y 54 años disminuirán.
Los hogares son relativamente poco numerosos. El 88,1% de los hogares cubanos tienen entre uno y cuatro miembros.
Para 2030 aumentarán los hogares de uno y de dos miembros, y se reducirán los otros.
(Ver “¿Cuánto ha cambiado la familia cubana?”, Juventud Rebelde, 19 de febrero de 2017, http://www.juventudrebelde.cu/cuba/2017-02-19/cuanto-ha-cambiado-la-familia-cubana/).

La nutrición

El objetivo directo de la “libreta” es contribuir a asegurar un nivel adecuado de nutrición a la población. La “libreta” no garantiza completamente ese nivel nutricional, el cual requiere efectuar gastos adicionales por parte de las familias y de otros mecanismos del Estado (por ejemplo, subsidios adicionales para la alimentación de determinados grupos sociales), pero “la libreta” impide que exista un problema de desnutrición crónica en el país, tal y como ha sido reconocido reiteradamente por organismos como la FAO y la UNICEF.
Los datos más recientes de la FAO ubican la cifra media calórica de Cuba entre las más elevadas de América Latina, próxima a los niveles de naciones como Brasil, Argentina, y México, y con una tendencia creciente. (Ver FAO http://www.fao.org/​fileadmin/​templates/​ess/​documents/​food_security_statistics/​FoodConsumptionNutrients_es.xls).
A diferencia del énfasis en el dato calórico de los análisis utilizados hasta los años noventa, los análisis alimentarios contemporáneos tienen más en cuenta el equilibrio nutricional. Como se conoce, el cierre de comedores obreros y la disminución de los alimentos básicos subsidiados de “la libreta” han reducido la participación del Estado en la cobertura de la ingestión calórica de la población y esto ha afectado a los hogares de bajos ingresos que dependen en mayor medida de los subsidios de precios proporcionados por el Estado. Esta situación se refleja en desigualdades nutricionales.
Sin embargo, existen estudios que –sin ser concluyentes pues se basan en un número pequeño de observaciones- presentan resultados interesantes que deberían ser profundizados mediante análisis suplementarios, y que serían cruciales para poder informar adecuadamente la toma de decisiones en un tema como la posible modificación del sistema de “la libreta”. En ese sentido, los resultados más llamativos son:
A pesar de que se observaron discrepancias notables entre la cifra promedio de ingestión calórica (3 533 kcal en 2014-2016) y las cifras de familias de bajos ingresos (inferiores a 1500 kcal), sin embargo, en lo relativo a las proporciones de los macronutrientes, la composición alimentaria de las familias estudiadas es variada y está bien equilibrada. Esas proporciones se ubican dentro de los parámetros aceptables de macronutrientes recomendados internacionalmente (entre un 10-30% de proteínas, un 45-65% de glúcidos y entre un 20-35% de lípidos).
Se observó que una familia estudiada, con un poder de compra alimentario menor que otra, tenía un consumo energético mayor, y que, a pesar de existir una menor variabilidad de platos cocinados, no se registró un gran desequilibrio en las proporciones de macronutrientes.
Se observó “un aporte de glúcidos elevado, un aporte de lípidos más débil y un aporte proteínico en el nivel inferior de lo aceptable. Entre los glúcidos figura el azúcar, producto muy consumido en una isla productora, y los hidratos de carbono, que dan una mayor sensación de saciedad. Aunque estas cifras de equilibrio son importantes, hay que anotar que dejan una parte de incertidumbre en un equilibrio nutricional real como los que presentamos, ya que pueden diferir en una situación de fuerte déficit calórico, como es el caso de las familias estudiadas”.
Un dato interesante, relacionado con el punto anterior (cambios en la familia) es que la necesidad nutricional de hogares crecientemente expuestos al envejecimiento demográfico tiende a ser diferente al tipo de nutrición que necesita el hogar promedio para el cual fue originalmente diseñada “la libreta”.
(Ver Margalida Mulet Pascual, “Alimentación y análisis nutricional en La Habana bajo el prisma de la etnocontabilidad: el caso comparativo de las familias Vázquez y López”, Cahiers des Amériques latines, No. 84, 2017: Cuba: les temporalités et tensions du changement. https://cal.revues.org/4547#entries).

El presupuesto nacional

El plan del presupuesto nacional para 2017 incluye gastos en subsidios por 3 mil 740 millones de pesos para cubrir la diferencia del precio minorista de los productos de la canasta de alimentos normados. Esto equivale a un promedio de 970,6 pesos anuales por hogar. (Ver, “Servicios sociales concentran mayor parte del Presupuesto del Estado”, Cubadebate, 17 de febrero de 2017 http://mesaredonda.cubadebate.cu/mesa-redonda/2017/02/17/servicios-sociales-concentran-mayor-parte-del-presupuesto-del-estado/).
Está fuera de discusión el hecho de que no todos los hogares cubanos pueden ser catalogados como hogares con familias “necesitadas” (ese es el término formal que se utiliza para caracterizar a las familias que reciben otro tipo de subsidios en Cuba). Es decir, que la posible supresión de “la libreta” para los hogares que no clasificasen como familias “necesitadas” pudiera tener tres efectos posibles:
Reducción de los recursos totales del presupuesto que se dedican al subsidio, con posible destino a otros gastos o para reducir el déficit, a la vez que se pudiera mantener el actual nivel promedio de subsidio de 970,6 pesos anuales para los hogares con familias “necesitadas”.
Multiplicar el efecto social del gasto del subsidio, manteniendo su nivel total en el gasto presupuestario y aumentando la asignación para el subsidio de cada familia “necesitada”. Por ejemplo, si en vez de subsidiar a los más de los 3 millones 853 mil hogares actuales, se pasara a subsidiar 3 millones de hogares, el subsidio para cada hogar pudiera incrementarse en 28,5%. Si se subsidiasen 2,5 millones de hogares, el subsidio para cada hogar se incrementaría en 54%, y si se subsidiasen 2 millones de hogares, el subsidio para cada hogar aumentaría en un 92,6%. Permitiría colocar los recursos escasos con los que cuenta el país en los puntos donde verdaderamente se necesitan y donde el gasto estatal tendría un efecto social más positivo, incluyendo la atenuación de las desigualdades sociales por la vía de una redistribución presupuestaria más sagaz.
Combinación de una reducción del gasto total en subsidios con un incremento del subsidio para cada hogar con familia “necesitada”.
Obviamente, la posibilidad de lo anterior depende de la factibilidad de poder establecer un criterio de elegibilidad bien fundamentado que permita reducir el número de hogares que se beneficiarían de “la libreta”, sin que ello cause un malestar social extendido.
Sobre este punto volveremos en los próximos días.

Pedro Monreal González
El Estado como tal (Blog)