viernes, 24 de marzo de 2017

Julio Antonio Mella y Tina Modotti




#LaPupilaTv está dedicada a Julio Antonio Mella y Tina Modotti.

Conversando con Ignacio Ramonet


jueves, 23 de marzo de 2017

Hypermedia: la guerra cultural de la CIA contra Cuba con nueva sede en M...


Pie seco/pie mojado: cambiar la mentalidad

Apenas 72 horas antes de finalizar sus ocho años de mandato, el expresidente Barack Obama decidió eliminar la política de pie seco/pie mojado y firmó un acuerdo migratorio con el gobierno cubano en este sentido.
Adoptada en 1999 durante el gobierno de Bill Clinton, esta política establecía el contrasentido de autorizar la permanencia de los migrantes indocumentados cubanos en Estados Unidos, si estos lograban acceder físicamente al territorio de ese país, aunque eran devueltos a Cuba si resultaban capturados en el mar.
En realidad no era nada nuevo, quizás una versión más limitada de la práctica establecida desde 1959, que Estados Unidos se había comprometido a modificar a partir de la firma de los acuerdos migratorios de 1994.
Gracias a la política de pie seco/pie mojado, se calcula que en la última década ingresaron alrededor de 135 000 migrantes indocumentados cubanos a Estados Unidos. Unos 110 000 a través de las fronteras con México y Canadá (básicamente la primera), otros 15 000 mediante embarcaciones que lograron arribar al territorio norteamericano y la cifra se completa con unos 10 000 que llegaron con visa de migrante temporal y optaron por permanecer en el país.
Según datos del Departamento de Aduanas y Protección de las Fronteras de Estados Unidos, desde el 14 de enero de este año, cuando se anunció el nuevo acuerdo, se negó la entrada a Estados Unidos a 426 cubanos y otros 172 fueron detenidos en la frontera, de los cuales 2 han sido devueltos a Cuba. Solo se han producido 8 intercepciones en el mar.
Resulta evidente que el nuevo gobierno norteamericano está cumpliendo lo establecido en los acuerdos firmados con su antecesor y que existe algún tipo de coordinación bilateral para poner en marcha los procedimientos que esto implica.
Aunque es muy pronto para llegar a conclusiones, un efecto inmediato ha sido la reducción significativa de este flujo de migrantes, con implicaciones muy positivas en lo que se refiere al enfrentamiento al tráfico ilegal de personas y otros delitos conexos.
Cientos de migrantes cubanos quedaron varados en diversos países de América Latina a partir del momento en que se les negó el ingreso automático en Estados Unidos. Algunos han sido devueltos a Cuba y otros esperan que se defina su estatus en esos países. Para regularizar estos procesos, Cuba ha firmado acuerdos migratorios con México, Bahamas, Islas Caimán, República Dominicana, Ecuador y Jamaica, Panamá, así como mantiene negociaciones con otros países de América Latina.
Esto no quiere decir que se elimina totalmente la posibilidad de que, a falta de una visa norteamericana, migrantes cubanos tratarán de asentarse de todas formas en ese país, como ocurre con personas de todo el mundo. La figura del “inmigrante ilegal”, prácticamente desconocida para los cubanos hasta el momento, y su posible deportación al país, ya constituye una realidad con la que tiene que lidiar la política migratoria cubana, con inevitables impactos sociales domésticos.
En el volumen que tendrá este fenómeno influirá la situación interna de Cuba, así como el tratamiento que Estados Unidos otorgue a estas personas. Aún no está clara la actitud que asumirán los tribunales norteamericanos respecto a los cubanos que soliciten asilo una vez en territorio norteamericano, ni si los cubanos que arriben a ese país con visas transitorias y decidan permanecer después del vencimiento de las mismas, podrán acogerse a la Ley de Ajuste Cubano cuando cumplan el año establecido, aunque esto incluya algunos meses de estancia ilegal.
De todas formas, la eliminación de la política de pie seco/pie mojado constituye un paso relevante, quizás decisivo, en la normalización de las relaciones migratorias de Cuba con Estados Unidos, con un impacto en toda la región y seguramente en el resto del mundo. Lo que influye a favor de las relaciones internacionales del país.
Para algunos, ello constituye el cierre de una válvula de escape a las tensiones económicas que vive la sociedad cubana y auguran que esto se traducirá en conflictos políticos internos. No obstante, la posibilidad de emigrar no queda eliminada con esta medida, sino que asegura que esto se realice de una manera legal, ordenada y segura, lo que contribuye al orden del país y facilita el tratamiento a los migrantes.
Estamos en presencia de un nuevo escenario para el fenómeno migratorio cubano, la principal lección es que no sirven las viejas premisas para comprenderlo, ni las viejas medidas para enfrentarlo. De nuevo, el asunto se resume en “cambiar la mentalidad”. Ese es el principal desafío de la sociedad cubana actual.

Jesús Arboleya
Progreso semanal

Los “disidentes” frustrados

Triste papel el de aquellos que le vendieron su alma al diablo y al final se han quedado sin barco ni espigón donde amarrarlo.
Así le sucede a Antonio González-Rodiles, quien pasó de un fugaz estrellato a un olvidado acompañante de las “Damas” de Blanco, presididas por la inculta y corrupta Berta Soler.
González-Rodiles quien recibió buena educación en su seno familiar y posteriormente en escuelas cubanas, fue a residir a México con su esposa mexicana rodeado de un ambiente de clase media, pero su ambición por el dinero lo hizo caer en manos de oficiales de los servicios de inteligencia estadounidenses, quienes le vendieron un proyecto subversivo que no pudo llevar a cabo.
Creyéndose que lograría ser un líder de la “opinión” interna, regresó a La Habana dejando atrás a hijos y esposa mexicanos, para iniciar el frustrado proyecto Estado de Sats, el cual no tuvo la menor incidencia en la sociedad cubana, por lo que terminó caminando los domingos por una avenida de la capital cubana, rodeado de mujeres de baja catadura moral que dicen ser “opositoras”, a cambio de cobrar 25 pesos cubanos enviados desde Estados Unidos.
En el actual panorama político de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, González Rodiles confesó a la prensa de Miami “sentirse frustrado ante la supuesta indolencia de la administración del presidente Barack Obama, y el total desconocimiento que ha hecho la actual, encabezada por el presidente Donald Trump”.
Tanto Rodiles como los demás servidores de los yanquis, entre ellos los integrantes de la mafia terrorista anticubana de Miami, pretenden presionar al Presidente Trump a cambiar la dirección política hacia la Habana, para lo cual llevan meses desarrollando una cruzada mediática sobre el inventado “aumento de la represión” en la Isla, algo que no comprueban los cientos de miles de norteamericanos que la visitan.
Lo primero que descalifica esa ficticia represión, es la constante presencia de los principales contrarrevolucionarios en los Estados Unidos, disfrutando gracias al dinero de los contribuyentes norteamericanos, los que sin saberlo pagan con sus impuestos viajes, hoteles, alimentación y salarios de los “disidentes” cubanos.
Tanto González-Rodiles como José Daniel Ferrer, Berta Soler, Guillermo Fariñas y otros más, son presentados ante los medios de prensa norteamericanos vistiendo costosos trajes comprados con el presupuesto que asigna anualmente la Casa Blanca, pues en Cuba no los usan.
A pesar de pasearlos por Miami, otras ciudades estadounidenses, e incluso en Europa para participar en Foros internacionales con el fin de desprestigiar la obra de la Revolución cubana, no han logrado que la actual administración se pronuncie contra Cuba.
En primer lugar, porque no es prioridad en la actual política de los Estados Unidos; segundo, los integrantes de la mafia anticubana en el Congreso no apoyaron la elección de Trump y tercero, porque los problemas que confronta el nuevo Presidente son tantos que no puede darse el lujo de perder tiempo en esos “disidentes” que dan más pérdida que beneficios.
En un desesperado intento por llamar la atención, el Nuevo Herald publica entrevistas de esos “disidentes” a su paso por Miami, en las que sin el menor sonrojo Rodiles se califica como “actores legítimos del escenario cubano”, algo que las agencias de inteligencias estadounidenses y el Departamento de Estados saben que es totalmente falso.
Para comprobar el motivo por el cual no son tomados en serio por los funcionarios de Estados Unidos en su política hacia Cuba, basta leer los informes enviados por sus diplomáticos designados en La Habana, divulgados en el sitio WikiLeaks, donde afirman:
[…] Pese a sus afirmaciones de que representan a “miles de cubanos”, nosotros vemos muy pocas evidencias de ese apoyo…no vemos plataformas diseñadas para llegar a amplios sectores de la sociedad cubana, más bien dirigen sus mayores esfuerzos a obtener recursos suficientes para solventar las necesidades del día a día de los principales organizadores y sus seguidores…”
Informaciones comprobadas por la misión diplomática yanqui en La Habana descalifican a esa llamada “oposición” como actores legítimos del pueblo cubano, en casi 60 años no han obtenido un solo resultado de unidad, y menos aún lograron una disidencia entre la juventud cubana; han envejecido viviendo una dulce vida con los cientos de miles de dólares enviados desde Miami y a partir del 2012 disfrutan de la posibilidad de viajar por el mundo con los gastos pagados.
Si algo tiene la actual Administración de Estados Unidos es conocimientos suficientes en finanzas y costos; por tanto, nadie dude que uno de los próximos recortes sea precisamente parte de los 20 millones anuales que asignaba Obama para el trabajo subversivo contra Cuba, si obtener resultados.
Rodiles declaró al Nuevo Herald: “hemos sido marginados e invisibilizados por las delegaciones de funcionarios estadounidenses y diplomáticos europeos, por no aplaudir la normalización”.
Esa posición de los altos funcionarios de Estados Unidos es la mejor prueba de que ellos no representan nada en la sociedad cubana y que sus contactos tienen que ser con altos funcionarios de Cuba, tal y como propuso Jonathan Farrar cuando estuvo al frente de la misión diplomática de Washington en La Habana, al asegurar:
[…] “es preciso que busquemos en otra parte, incluso dentro del propio gobierno, para identificar a los más probables sucesores del régimen de Castro…”
Otra prueba de que la “disidencia” no tiene ni presente ni futuro, es su ausencia de unidad, reafirmado por Gonzales-Rodiles ante a la prensa de Miami al criticar las estrategias de otros “opositores”, entre ellos a la “refugiada política” Rosa María Payá Acevedo, al calificar de fantasía su campaña por un plebiscito en Cuba, y al proyecto “Otro 18”, por intentar postular candidatos opositores en las próximas elecciones del Poder Popular en Cuba.
Rodiles asegura que ahora son marginados e invisibilizados y la respuesta a ese trato de Senadores y Representantes, la dio José Martí cuando afirmó: “Se respeta lo que se ve unido y lo que no se ve unido no se le respeta”.

Arthur González
Martianos

miércoles, 22 de marzo de 2017

Periodismo y blogosfera en Cuba

Renovando los espacios de participación, aceptación y responsabilidad ciudadana

La gradual inserción de Cuba en un nuevo marco de relaciones económicas ha dado pie a la emergencia, en todas las zonas del espectro social, de sujetos cada vez con mayor capacidad de autogestión, con todos los riesgos y complejidades que esto trae aparejado. Parte de los retos que acompañan a estas nuevas subjetividades, es la posibilidad de expandir y repensar sus competencias discursivo-informativas dentro de horizontes comunicacionales asociados a una visión menos centralizada de la información.
Se trata, en realidad, de un fenómeno que rebasa el espectro de “lo cubano”: hablamos de la irrupción, a gran escala, de nuevos agentes de la información, quienes circunvalan las limitaciones de un periodismo secuestrado por agendas de variada índole. Gracias a los discursos digitales que ensayan, el mensaje es menos unívoco. En su función de explorar otros enfoques y de develar contenidos obviados, deliberadamente o no, por los medios conectados al mainstream, blogueros y comunicadores digitales negocian espacios para que esto ocurra. Y aunque la capacidad, seriedad y profesionalismo con que comunican puede, en efecto, ser variable, no significa que por ello su función sea menos legítima.
Cuba no está exenta de estas dinámicas. Con similares objetivos, emergen hoy en la Isla, ocupando lugares de enunciación estatales y no estatales, sujetos que se sienten con derecho y capacidad de ser parte del nuevo hacer informacional.
Se trata de un movimiento que no solo implica a los llamados actores “alternativos”. Parte de esto es lo que viene ocurriendo con la prensa en las provincias, que ha estado promoviendo, ya sea en espacios digitales o impresos, un periodismo no tan enfocado en la promoción de agendas, sino volcado en sus funciones informativas, investigativas y críticas. Reportajes sobre temas acuciantes de la realidad nacional, como el recientemente publicado por el periódico villaclareño Vanguardia sobre los derechos laborales en el contexto del cuentapropismo, o por Escambray, sobre temas incómodos como el de los balseros, dan muestra de ello. Igualmente, debe reconocerse el esfuerzo de zonas de la prensa nacional por abarcar, con similar amplitud, temas que antes eran de interés menor.
La institución del periodismo no está ajena a la necesidad de una revitalización. Voces receptivas y sensibles, desde la institucionalidad, claman por ello. Cada vez con más diligencia y lucidez, abogan por la adopción de nuevos tonos, de mayor acceso a las fuentes e incluso, por una Ley de Prensa. Fue en este tenor que se concibieron las Propuestas del II Encuentro de Jóvenes Periodistas celebrado a principios de febrero del presente año en la capital.
Contenidos de similar complejidad y alcance fueron abordados en el encuentro “Hacia una Ley de Comunicación en Cuba”, convocado por el Foro de Estudios Críticos y la revista La letra corta, realizado en la Universidad de La Habana el pasado 14 de marzo.
Las propuestas sintetizadas a raíz de la discusión incluyen: “la institución de mecanismos que potencien y garanticen la protección de todos los sujetos, tanto emisores como receptores públicos y privados”, y de otros que aseguren “la pluralidad y la diversidad, los cuales puedan ser accionados por el Estado y la población alternativamente, evitando ante todo la concentración y monopolización de los medios de comunicación.” Abogan también las propuestas por “crear una instancia administrativa descentralizada, en la gestión del servicio público de difusión y comunicación.” Al respecto, una estudiante de periodismo comentó: “¿Por qué no pueden existir medios que no tengan que subordinarse al Partido? Si la prensa es el cuarto poder, ¿cuál es el poder real que tiene? Espero que si un día se aprueba la Ley de Prensa, los medios tengan realmente el poder que deberían.”
La necesidad de repensar los conceptos de lo estatal, lo no estatal, y lo público en el contexto de los nuevos medios digitales cubanos y de un posible marco de legalidad, otro de los temas abordados en el Foro, ha sido centro de interés recurrente, sobre todo en el marco de las celebraciones del Día de la Prensa en Cuba. Comenta al respecto Raúl Garcés, Decano de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana:
“El periodismo está en una encrucijada, la de ganar credibilidad entre sus públicos, la de hacer un periodismo que se parezca a la gente, y que los medios de comunicación tradicionales tengan un papel complementario a los medios sociales, los blogs, los ciudadanos. Si no entendemos que hay un desplazamiento de ese modelo mediocéntrico de los años 80, donde todo dependía del noticiero de televisión, o de un periódico, o de una radio, una prensa estatal, —lo que no quiere decir que renunciemos al concepto de prensa estatal y pública que forma parte del diseño de nuestra sociedad—; lo que quiero decir es que hay que incorporar a nuevos actores en el ejercicio de la comunicación.”
Concuerda con esta perspectiva Francisco Rodríguez Cruz, del periódico Trabajadores, quien incluye la siguiente reflexión en su blog personal:
“El escenario para el desarrollo de la prensa cubana en los próximos años implica que tendremos que aprender a lidiar en el ámbito de la comunicación pública con nuevos actores, mejores o no tan buenos en sus estándares profesionales y éticos, con intenciones más o menos concordantes con los valores socialistas que queremos hacer predominar, y debemos hacerlo a partir de la calidad, oportunidad y diversidad de nuestras propuestas.”
Este dossier, en seguimiento a otro publicado por Cuba Posible en noviembre de 2016 (Para un debate sobre la prensa en Cuba: “La esencia de la prensa libre es la esencia de la libertad, firme de carácter, racional y moral”), continúa explorando estos temas en resonancia con todas las voces que hoy buscan aportar constructivamente al debate sobre un mejor periodismo y, en general, mejores dinámicas informacionales en la Isla.
Los textos que irán apareciendo consecutivamente –una encuesta en la que participan el reconocido periodista Joaquín Borges-Triana, recientemente galardonado con el premio de Periodismo Cultural José Antonio Fernández de Castro, así como Amílcar Pérez Riverol y Enzo Basile, ambos colaboradores de espacios digitales, más una entrevista al periodista uruguayo radicado en Cuba, Fernando Ravsberg- pretenden abordar estos temas con la visión integradora que los mismos ameritan. El presente dossier tendrá continuidad en el futuro.
En el contexto de las recientes celebraciones del día la Prensa en Cuba, Antonio Moltó Martorell, Presidente de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) expresó: “Tenemos por delante la urgente tarea de cambiar el modelo de prensa para responder a reclamos históricos de los profesionales y de la sociedad y, a la vez, dar respuesta a los profundos cambios culturales y tecnológicos que vive hoy la comunicación en la era de Internet y las plataformas sociales”.
Considérense pues, las reflexiones que siguen, como nuestro pequeño aporte a tan loable proyecto.

María Isabel Alfonso
Cuba Posible

lunes, 20 de marzo de 2017

El percutor de una época: Pensamiento Crítico




Ponencia presentada en el Coloquio a propósito de los cincuenta años de la revista Pensamiento Crítico.

Era febrero de 1963 y quedaba constituido el Departamento Central de Filosofía de la Universidad de La Habana. La fosilizada Cátedra de antes de 1959, de tan vetusta disciplina de la academia, no volvió más. El grupo de muchachos jóvenes que enseñaría filosofía marxista a las diferentes carreras universitarias iría no solo a un nuevo espacio en la calle K, sino constituiría un nuevo modo de investigar, leer y enseñar. Con ellos llegaba el color del uniforme vede olivo, el olor de la cuartilla alfabetizadora y de la carabina de la Sierra, de Girón, de los milicianos que desde el compromiso práctico pretendían llegar a la teoría y poner otros sentidos a los libros y a los modos de educar. El manual se hizo indócil, el dogma impugnado y se comenzó a abogar por modos in-disciplinados (diríamos hoy) de filosofar. La revolución con sus cuatro años de vida ya había conocido en su interior embestidas sectarias.
Se imprimieron textos urgentes para las clases. Llegaron ideas de otras latitudes amparadas por actos revolucionarios en África y en el continente americano. Los talleres de la antigua rotativa Omega, donde se imprimían las revistas norteamericanas Selecciones y Life en español, vieron salir con el sello “Ediciones Venceremos”, El Capital de Karl Marx (en tres tomos), los primeros textos de Althusser que se dieron a conocer en Cuba, Los condenados de la Tierra de Frantz Fanon, entre muchos otros títulos. En la decisión de estos nuevos planes editoriales participaban, entre otros, Fidel, Raúl, el Che, Osvaldo Dorticós, Blas Roca y Emilio Aragonés [1].
Fidel comenzó a visitar a los jóvenes profesores de filosofía, retándoles –y tal vez buscando en el pensamiento disruptor–, otros modos de avalar las ideas de una revolución más alta que las palmas. Las disconformidades surgidas con la URSS desde la Crisis de Octubre, sostenidas en estos años con la regeneración de la tendencia sectarita en el partido con la micro fracción, liderada por Aníbal Escalante, la creación del Comité Central de Partido Comunista de Cuba, fueron entre muchas otras razones, estímulo para pensar y volverse a otros referentes de la teoría. Era “la hora de los hornos”, como citara el Che a Martí y no debía verse “más que la luz”. El 7 de diciembre de 1965 se creó Ediciones Revolucionarias y en 1966 el Instituto Cubano del Libro. En 1966, a partir de los profesores de filosofía nació también El Caimán Barbudo y en 1967 salió de imprenta el primer número de la revista cuyos 50 años conmemoramos hoy.
Como dijera José Martí, si “de pensamiento es la guerra mayor que se nos hace, ganémosla a pensamiento”; y a ello venían los jóvenes creadores del nuevo proyecto editorial de constituir una revista bajo un rótulo tan sugestivo en aquel entonces, como gastado hoy. No era solo carencia de textos en la universidad y Fidel Castro lo sabía. El pensamiento vivo que se correspondiera con nuestro estar-siendo, el texto fustigante, que como escalpelo segaba las verdades instaladas como evangelio eran auxilio y urgencia premonitoria. La descolonización africana, el así denominado Tercer Mundo, la Revolución con mayúscula, el antimperialismo, la lucha armada, la guerra de guerrillas, el anti-occidentalismo partícipe, la desmentida del racismo, el nuevo lugar de Cuba para todo el Sur, hacían notar que el sujeto del cambio ya no estaba en el Norte, como reconociera Jean Paul Sartre en 1961 en el prefacio a Los condenados de la tierra de Frantz Fanon.
Por aquellos años se desarrolló en La Habana la Primera Reunión Tricontinental de Solidaridad Revolucionaria, entre el 3 y el 15 de enero de 1966. Se escucharon voces diversas y, entre ellas, las de Salvador Allende de Chile, Amílcar Cabral de Cabo Verde, Luis Augusto Turcios Lima de Guatemala, de Rodney Arismendi de Uruguay. El encuentro dejaba claro que “el principal reducto de la opresión colonial y de la reacción internacional es el imperialismo yanqui, enemigo implacable de los pueblos del mundo” y por tanto, enfrentaba críticamente “todas las formas de dominación imperialista, colonial y neocolonial, acaudilladas por el imperialismo yanqui”. Entre sus reclamos se afirmaba la necesidad de expulsar de la vida cultural de sus países las manifestaciones del espíritu imperialista, se reclamaba solidaridad y radicalidad en la lucha de amancipación del Sur. Un año después, en agosto de 1967, se realizó el encuentro de la Asociación Latinoamericana de Solidaridad (OLAS) que colocaba el debate en la lucha armada y la guerra de guerrillas, sobre todo.
En estos dos encuentros los jóvenes profesores de filosofía, redactores de la revista creada, ocuparon un espacio participativo. Con ellos, la atención se ponía en la riqueza teórica de las nuevas prácticas. Las coordenadas quedaban en Cuba y en el Tercer Mundo. Esta fue coyuntura favorable para compartir y discutir con representantes de los movimientos revolucionarios y reconocer la necesidad de aprehender teóricamente una praxis revolucionaria.
Mientras ello sucedía, la batalla de pensamiento se apresuraba a desplegarse contra el auge rebelde en Nuestra América y también frente al boom en la literatura. Para la CIA y Occidente, con los EUA por medio, la guerra cultural estaba clara. El ya gastado proyecto de la revista Cuadernos, del Congreso por la Libertad de la Cultura creado en 1950, abría una nueva empresa: la revista Mundo Nuevo con la participación de escritores y poetas latinoamericanos. Este, en apariencias un noble propósito contaba detrás con fondos de Langley, manejados por la Fundación Ford, dato revelado por el New York Times en su tiempo. El nuevo proyecto se hacía antagonista de otra revista que ganaba prestigio en cada salida: Casa de las Américas. (La revista Mundo Nuevo de Emir Rodríguez Monegal, por curiosa e inconexa coincidencia vivió los mismos tiempos que la revista habanera Pensamiento Crítico).
1968 fue un año sobrecargado, para el mundo y para Pensamiento Crítico. Si el tiempo no lo contáramos por meses y días, se nos antojaría empezar el nuevo lapso con la muerte del Che en Bolivia en octubre de 1967; más que una fecha fue un suceso que marcó un tiempo. Los primeros días de enero vieron reunirse el Congreso Cultural de La Habana y una vez más se debatió sobre el papel del intelectual revolucionario y el lugar de la cultura en los procesos revolucionarios y de liberación nacional. Aquí se reivindicó la lucha armada, la defensa de Cuba, de Vietnam y se aclamó la figura y el ejemplo del Che Guevara, asesinado en las selvas de Ñancahuazú.
En el número del 12 de Pensamiento Crítico de enero de 1968 en sus primeras páginas sus redactores advertían del peligro del imperialismo norteamericano en la guerra de recolonización cultural y decían “llamamos a los escritores y hombres de ciencia, a los artistas, a los profesionales de la enseñanza, y a los estudiantes, a emprender y a intensificar la lucha contra el imperialismo, a tomar la parte que les corresponde en el combate por la liberación de los pueblos.” A continuación se reproducía el discurso de Fidel en la clausura del Congreso el 2 de enero, donde refirió la trascendencia del encuentro, habló de Viet Nam, de Regis Debray, del Che Guevara y de la muerte del sacerdote guerrillero Camilo Torres Restrepo. Allí Fidel afirmaba: “…No puede haber nada más antimarxista que el dogma, no puede haber nada más antimarxista que la petrificación de las ideas. Y hay ideas que incluso se esgrimen en nombre del marxismo que parecen verdaderos fósiles”. Y con seguridad reconocía que el marxismo “necesita desarrollarse, salir de cierto anquilosamiento, interpretar con sentido objetivo y científico las realidades de hoy, comportarse como una fuerza revolucionaria y no como una iglesia seudorrevolucionaria.” Fidel se preguntaba por las paradojas de la historia. Si con Camilo Torres veíamos a sectores del clero devenir en fuerzas revolucionarias “¿vamos a resignarnos a ver sectores del marxismo deviniendo en fuerzas eclesiásticas?” Y al mismo tiempo admitía “Esperamos, desde luego, que por afirmar estas cosas no se nos aplique el procedimiento de la “Excomunión” (RISAS) y, desde luego, tampoco el de la “Santa Inquisición”; pero ciertamente debemos meditar, debemos actuar con un sentido más dialéctico, es decir, con un sentido más revolucionario”.
Pero 1968 fue también el año de publicación de El hombre unidimensional, Eros y civilización, de Herbert Marcuse, de Piel negra, máscaras blancas, el primer libro de Fanon, escrito en 1952; el diario del Che, entre tanta otra novedad de importancia filosófica. Fue el año del Mayo francés y del asesinato de los jóvenes en la plaza de Tlatelolco en México, de conmociones que llegaron hasta la pequeña isla caribeña de Guadalupe, y la entrada para siempre en la iconografía revolucionaria de la foto del Che (de Korda) presidiendo las manifestaciones populares. Fue tiempo de auge en el movimiento feminista, de luchas por los derechos civiles en los Estados Unidos; y se cerraría el año con la entrada –en la noche del 20 al 21 de agosto de 1968– de las tropas del Pacto de Varsovia, con la URSS al frente, en toda Checoslovaquia.
1969 fue año de esfuerzos decisivos, de crisis económica, de preparación de una gran contienda: la zafra del setenta. También de esperanzas electorales en Chile con el gobierno de la Unidad Popular que se eclipsara con el golpe de Pinochet y la puesta en marcha del Plan Cóndor. El comunismo y la influencia de Cuba debían quedar extirpados del hemisferio. Tanto Duvalier en Haití como Pinochet en Chile culpaban al marxismo por la represión que llamaban “necesaria”.
1970 se hace arduo. Se avecina un giro. Una nueva década. Razones de estado, realidad económica, guerra fría, coexistencia pacífica por medio, y la mano de la Unión Soviética como garantía de supervivencia para la joven Revolución.
Contradictorio se hizo nuestro acontecer y por ello la actual necesidad de volver al legado, desde la capacidad de hacer vivir esa memoria que nos conforma y que nos conmina a buscar nuestras propias maneras de entendernos y decirnos, pero con la urgencia de desalambrar el pensamiento de dogmas y absolutos.
Nuevamente las circunstancias volvieron a cercar los propósitos y lo consagrado se desvaneció. Cuando en los finales de los 80 volvíamos a preguntarnos por la necesidad de un pensamiento propio que acompañara nuestras maneras de buscar la solución a nuestras contradicciones, el socialismo este-europeo se defenestraba y nosotros nos agarrábamos al marco de la ventana para no ceder al abismo desde donde, por supuesto, siempre asechaban los enemigos invariables de la Revolución invicta del 59. Volvían a aparecer publicaciones que de alguna manera retomaron lo hecho, no para imitar, pero si la inconfesa necesidad de dar continuidad a un acumulado cultural de ejercicio intelectual, no baldío, infértil y vanidoso, sino guerrillero, herético e insomne.
Y en estas andamos. Por eso ellos y ellas que de una manera u otra formaron parte de un elenco virtuoso de la contienda por un pensar cubano, crítico, revolucionario siguen inspirando, aun cuando ellos y ellas todos y todas altercaron, pero lo hicieron por el significado dado al oficio de pensar.
Si ponemos en coordenadas todos esos acontecimientos en la línea del tiempo se revelan muchas circunstancias. Si tomamos este concepto en el más estricto sentido orteguiano: el hombre es él y su circunstancia, la revista fue ella y sus circunstancias.
Reescribiendo a Virgilio Piñera no es el agua por todas partes, sino la maldita circunstancia de la ortodoxia dogmática y vulgar del marxismo por todas partes, en el sentido que se unen la virtud y el vicio, es decir las realidades por las que pasaba la joven revolución, la sociedad cubana en un proyecto que trataba de saltar las barreras de una lógica cultural, de un modo de ser sociedad, seres humanos, comunidad humana, una forma de encontrarse en su identidad.
Es esa fuerza del principio de realidad ¿cómo íbamos a seguir haciendo viable, factible, posible la felicidad soñada y de alguna manera ya comenzada a vivir por los cubanos y las cubanas si se habían agotado todos los recursos, éramos plaza sitiada condenada a la hambruna, la escasez, la violencia y el odio del enemigo más feroz el imperialismo norteamericano?. Solo una alianza posible podía ayudarnos a seguir manteniendo la dignidad sin un costo mayor que el de recortar la autonomía de un ejercicio teórico de pensamiento a un dogma, marcado y pautado por una geopolítica, interna y externa, del socialismo realmente existente en la década del 60 del siglo pasado.
Como diría alguna vez Aurelio Alonso, el compromiso intelectual es precisamente mantener su compromiso cuando siente que este es rechazado. Por eso para él su generación es de la lealtad y de esos jóvenes con su entusiasmo en la época que les correspondió vivirlo, hoy siguen teniéndolo. Hace unos días Fernando le hablaba a los y las participantes del 12 taller internacional sobre paradigmas emancipatorios; Aurelio presentaba libros y revistas con esa gracia y sabiduría que lo caracteriza, Bell Lara empuja un proyecto de publicación de textos y documentos del proceso revolucionario para que quede en la memoria recopilado, ubicado y salvado todo lo dicho por ellos.
El acontecer de todo ese proceso de la revista Pensamiento Crítico y el Departamento de Filosofía tiene que ver en alguna manera con la conformación de un régimen de verdad, y la disputa por él. Un régimen de verdad es lo que clasifica, decide lo que debe ser o no el campo de una disciplina, dentro de una ciencia, sus postulados, es un proceso de construcción de poder desde el saber. Hoy todas esas clasificaciones de antimarxista, anti leninista y antisoviético no serían acusaciones dirigidas a demarcar una violación de límites inadmisibles, sino solo pasarían al debate histórico social del devenir del pensamiento marxista, hoy no causan nada más que curiosidad intelectual e histórica porque el mundo soviético desapareció en un desmerengazo. Pero en aquella época si era de hecho una acusación política con fuertes implicaciones, y acarreaba por ello sanciones, es decir marcaba los límites posibles a esas discrepancias, y así fue. Por tanto algunas verdades perdieron su historicidad y se volvieron absolutas: el marxismo es uno solo, hay una unicidad lineal entre los clásicos, no es posible separar a Lenin del resto, la dialéctica es el método único de la ciencia, el marxismo es determinismo materialista, la conciencia es reflejo de la realidad, existen leyes objetivas inviolables, el marxismo es una ciencia irrebatible como tal.
En realidad se enfrentaron dos maneras de vivir y entender el fenómeno de la ideología en un proceso revolucionario, de la función ideológica que tiene el conocimiento social, la función eminentemente ideológica que tiene la filosofía, el sentido ideológico y el énfasis puesto en la cientificidad de determinados contenidos teóricos. La lógica en la discusión se estableció entre una manera de ubicar esa función en su historicidad concreta, clasista y otra en la historicidad abstracta a posteriori del propio acontecer histórico del pensamiento, entre una búsqueda analítica para pensar el presente y el futuro, y una manera de santificar un pasado para encerrar un presente o justificar solo un presente inamovible y automático, no dañable. El marxismo se sellaba en esta contienda con la función de demostrar su verdad a posteriori con respecto al pasado, con las implicaciones ya conocidas de esta consideración en el mundo soviético. El marxismo era entonces un conjunto de tesis que se consideraban como una verdad objetiva independientemente a la misma práctica y de esa forma se estableció como régimen de verdad en manos de quienes la esgrimieron. Esto terminaba con la necesidad de diálogo y debate en torno a los sentidos históricos dados al marxismo y sus consecuencias ideológicas, hasta desde la misma experiencia de la revolución cubana en curso.
Se enfrentaron dos maneras de asumir el debate: una por la crítica argumentativa, explicativa y reflexiva de los contenidos y otra por la forma reiterativa y tendenciosa de selección de citas.
Los debates antes de la decisión de cerrar la publicación (no por voluntad de sus creadores) fueron largos, extensos en argumentos, horas y angustia para los involucrados, no llegando siempre a decisiones finales. Estos pudieron posiblemente haber pasado a la historia no por severos cierres de puertas a la diversidad de pensamiento creativo marxista cubano, sino por acopios colectores de esa diversidad; pero los tiempos, las circunstancias todas, malditas o no, apremiaban y cercaban el sueño dignificante de miles de cubanos y cubanas. La Revolución cubana de 1959, esa que nos devolvía la virtud y la patria, era más que un proyecto inscrito en un manual de economía política.
Somos deudores de esos tiempos como de otros, y los artículos de Pensamiento crítico son patrimonio intelectual. Se hace necesario indagar no solo las intríngulis de una pesquisa de crónica social de acontecimientos, sino estudiar las obras que se escribieron por aquellos, leer y estudiar los contenidos de los números de la revista, sus paralelos con lo que acontecía en el ámbito nacional e internacional, ver y señalar sus límites, porque ahí es donde está la genialidad de una obra, ya sea personal o colectiva.
Es entonces necesario reconocer esos límites que los propios actores de la contienda tenían, más allá de lo que estos pudieran desear hacer en términos de actores políticos. Lo que se ha llamado herejía del pensamiento marxista cubano siguió presente de alguna manera, porque seguimos ejerciendo un pensamiento revolucionario solidario y cómplice con los procesos revolucionarios en la región y para todo el movimiento anticolonialista y anticapitalista. Seguimos formando a muchos actores y líderes de los procesos insurgentes, de los partidos comunistas y de los movimientos revolucionarios y de liberación principalmente de América Latina, en las escuelas políticas, cursos y asesorías.
Aun así, sin dudas significó una mutilación a florestas comenzadas a surgir y formarse de un marxismo con letra y vida propia. Este enfrentó sus propias encrucijadas y contradicciones, y se leyó en servicio a una práctica revolucionaria desafiante en lo interno y lo externo, llevada a cabo en la cotidianidad por masas populares cada vez más dispuestas a arrebatar el hegemonismo cultural de un sistema voraz de la espiritualidad y la cultura; el capitalismo circundante a la isla de Cuba por todas partes.
La gestión de PC fue una manera de continuar la revolución pero desde un desafío epistémico, como un proceso cultural, acumulativo y necesario. Reinvertir los cánones en los que se pensaba, y desarrollaba el marxismo en esos años era una revolución en la episteme del pensamiento revolucionario, para hacer valer el instrumento crítico de la teoría revolucionaria en el contexto cubano. No se buscaba construir un particular marxismo cubano, sino hacer percutir una vocación participativa en el campo popular donde los cambios se gestaban diariamente en la vida de los cubanos y las cubanas.
Pensamiento crítico tuvo entre sus muchos contextos el propio campo del saber sociopolítico y cultural al que se enfrentaba para ofrecer alternativas y significados específicos emergentes de las luchas, rebeliones del campo popular, insurgente, de la región latinoamericana y caribeña. Ahí están las luchas revolucionarias de América Latina, África, Asia, el Caribe esencialmente. La revista en su hacer no recurrió al contexto para justificarse como publicación sino se contextualizó para brindar los instrumentos analíticos, la rebelión epistémica ya produciéndose en la región.
En América Latina y el Caribe hoy se va tejiendo una plataforma y sentido compartido sobre desafíos y puntos de partida necesarios al movimiento social popular y a sus objetivos del cambio revolucionario emancipatorio. Muchos esfuerzos diversos con alto costo de organización, resistencias a la criminalización de la lucha popular y urgencias en las correlaciones de fuerzas se realizan para poder crear desde diversas propuestas una formación política capaz de impulsar el percutor de los cambios deseados y de las revoluciones.

Epílogo

Fernando en el recién 12 taller de Paradigmas emancipatorios refiriéndose al legado de Fidel, entre otras enseñanzas de la vida del líder cubano señalaba el no aceptar jamás la derrota y pelear sin cesar contra ella. Fernando indica como uno de los momentos de derrota el año 1970 y dice que fue donde Fidel “comprobó que lograr el despegue económico del país era extremadamente difícil, pero entonces apeló a los protagonistas, mediante una consigna revolucionaria: “el poder del pueblo, ese sí es poder”.” Hacer la revista era hacer la revolución en ese frente cultural y fue un proceso feliz pero como Fernando advierte en esta misma presentación en enero de 2017 “Para los revolucionarios, y durante los procesos de revolución, hay momentos felices y procesos felices, pero en las revoluciones verdaderas no hay coyunturas fáciles. Cuando puedan parecernos fáciles es solamente porque no nos hemos dado cuenta de sus dificultades”.
Desde esa visión de mirar en dónde estamos y en qué relación con los procesos, contextos y circunstancias nos encontramos y cuánto es posible mover los límites; se gestó, desplegó y permanece Pensamiento crítico.
El primer número de PC en la gráfica de su portada, expone las partes de un arma, y señala el percutor. Dentro de la revista explica en imágenes cómo hacer un coctel molotov, algo que ya había hecho antes la Tricontinental. Este era un número sobre la lucha armada, desde una concepción teórica, defendiendo las posiciones de los revolucionarios que se levantaban en armas en América Latina y marcando la postura marxista de la Revolución cubana lograda por una lucha armada, movilizada en un pueblo armado, en resistencia permanente ante la agresión del imperio norteamericano. Con esto se expresaban en la revista la posición de la revolución en contraposición a la política soviética.
Sin embargo al cierre de la revista, con 53 números en su haber, lo antecedió una polémica sobre cuán materialista científico era el marxismo que se defendía. Es curioso, porque no hay nada más materialista que un percutor de un arma, donde se prepara el disparo, violento sí, que reclame la vida que no permite espera.
Las circunstancias del 71 hicieron cerrar la revista y el Departamento, pero no la capacidad inveterada de pensar en función de la emancipación humana, de la ruptura de cadenas de opresión. En esos mismos días, de sobresaltos, de escaso sueño y sostén, de “noches febriles”, nacía otro texto en un amanecer habanero. Tan crítico como conceptual, Roberto Fernández Retamar ponía punto final a su ensayo Caliban publicado justamente en septiembre para reinterpretar “nuestro mundo”, a la luz exigente de la revolución y Cintio Vitier urdía su ensayo poético-histórico Ese sol del mundo moral. Sea ello una muestra de la inflexible capacidad crítica cubana.

Yohanka León y Félix Valdés
La Tiza

Nota:

[1] Ver R. López del Amo: “El libro cubano en la etapa revolucionaria”, Cubarte, 20 de noviembre de 2012.