domingo, 25 de septiembre de 2022

Italia: la derecha fascistizante prepara un gobierno subordinado a la Unión Europea


La lista que alcanzaría la primera minoría es la de Hermanos de Italia (FdI), encabezada por Giorgia Meloni. 

 Todos los sondeos sobre las elecciones en Italia indican un triunfo de las listas de las derechas, que estarían en condiciones de formar gobierno. Son grupos que, con matices, coinciden en tres aspectos: una propuesta de ofensiva directa contra las masas y sus conquistas, el alineamiento –a regañadientes- con los dictados de la Comisión Europea y la política de reacción contra los movimientos de derechos democráticos (diversidades, migrantes, ecológicos, entre otros) que tienen un peso cada vez mayor en el activismo popular italiano. 
 La lista que alcanzaría la primera minoría con el 25% de los sufragios es la de Hermanos de Italia (FdI), encabezada por Giorgia Meloni. Se trata de la variante más extremista, que reivindica y procede de la línea política de los partidos fascistas italianos. 
 Este grupo ha pasado de apoyos reducidos a capitalizar el espacio mayoritario de la derecha italiana. En gran medida, esto se debe a su decisión de rechazar el ingreso a los diferentes gobiernos y coaliciones de los últimos años, lo cual le permite aún jugar la carta contra el sistema. A pesar de las poses, Meloni formó parte del gobierno del expremier Silvio Berlusconi, lo mismo que otros referentes. Hermanos de Italia es un partido de lazos firmes con la burguesía. 
 Meloni ha hecho uso y abuso de discursos de odio. Su reivindicación de la familia, la religión y la patria enciende las alarmas sobre una oleada de oscurantismo. Aunque aseguró que, de ganar, no quitaría el derecho al aborto, se esperan nuevos limitantes a su aplicación, camino emprendido recientemente por Hungría. 
 La coalición la completaría La Liga (15%), liderada por Matteo Salvini, y Fuerza Italia (7%), de Silvio Berlusconi. La Liga quedó golpeada tras su participación gubernamental y actúa hoy como la expresión de los nacionalistas conservadores y católicos. 
 El sistema electoral de la Segunda República, orquestado para favorecer a las mayorías, permitiría que esta coalición se alce con cerca del 70% de los escaños. 

 Los dictados de Bruselas 

Las diferentes voces del imperialismo “democrático” están lejos de poner el grito en el cielo ante la amenaza de un gobierno fascistizante en Italia, la tercera economía de la Unión Europea. Por el contrario, se han dedicado a asegurar que no habrá modificaciones significativas en el régimen político.
 Meloni se ha avenido a restringir sus planteos contra la Unión Europea. La mirada que prevalece en el establishment es que gobierne quien gobierne no le quedará más remedio que seguir la ortodoxia marcada por Bruselas. 
En última instancia, serán las políticas de Draghi las que seguirán marcando los designios de Italia. De todos modos, la presidenta de la Comisión Europea dejó picando una amenaza velada en caso de que la situación salga de control, que podría derivar en sanciones como las que se aplicaron contra Polonia o Hungría.
 El eje del debate pasa por la renegociación de la deuda, que representa el 150% del PBI. Lo que inquieta a los banqueros de Bruselas no es tanto las tibias medidas sociales prometidas, sino la mayor tajada de beneficios fiscales que pretende la burguesía italiana. Es probable que ambos tengan que ceder. 
 Con respecto a la guerra en Ucrania, también asistimos a una moderación. Salvini y Berlusconi, con fuertes vínculos con Vladimir Putin, han hecho gestos simbólicos por distanciarse. Meloni se declaró en favor de la Otan y de un refuerzo belicista, sosteniendo los lazos con Estados Unidos. 

 Otras variantes políticas

 El Partido Democrático (PD), el Movimiento 5 Estrellas y otras variantes de rescate del régimen están en retroceso. Si la derecha fascistizante puede avanzar es porque la burguesía europeísta “democrática” ha consumado ajustes sin par.
 A las elecciones también se presenta Unión Popular (UP), la coalición liderada por el exalcalde de Nápoles Luigi de Magistris, que ha ganado simpatías con algunas medidas sociales y un discurso contra la corrupción. Este espacio está alineado con el francés Jean-Luc Mélenchon y con el Podemos español, entre otros.
 Las fuerzas de la izquierda italiana, como el Partido Comunista (PCI) y Refundación Comunista (RC), se han sumado a Unión Popular como salvataje a su propia crisis. También se adhiere Poder al Pueblo, una organización que capitalizó parte del descontento por abajo y se manifestó contra la Otan y la guerra en Ucrania. En ningún caso se presentan delimitaciones con de Magistris ni un programa de reivindicaciones obreras. 
 Otras formaciones, como el Partido Comunista de los Trabajadores (PCL), no lograron una presentación nacional, aunque existe alguna lista local independiente.

 Luciano Arienti

Alemania: ¿se apaga la locomotora?


Entre la crisis energética y las huelgas. 
 Aeronáuticos de Frankfurt en lucha Alemania viene siendo sacudida por una ola de huelgas. 

El mes de septiembre arrancó con un paro de los pilotos de Lufthansa. La aerolínea alemana se vio obligada a suspender 800 vuelos desde y hacia los aeropuertos de Frankfurt y Munich lo cual afectó a 130.000 pasajeros que involucra los viajes previstos en sus principales centros de operación. 
 Esto venía precedido por medidas de fuerzas del personal de tierra de la compañía. Los pilotos están pidiendo 5,5% de aumento hasta fin de año y una compensación automática por inflación a partir de 2023. 
 Las tratativas están estancadas, con lo cual se viene un agravamiento del conflicto, con más razón luego del anuncio del gobierno alemán de que retira la mitad del apoyo financiero que le había dado a Lufthansa durante la pandemia. Entonces compró el 20% del paquete accionario. Ahora, plantea vender hasta quedarse con menos del 10%. El rescate en su momento tuvo un precio muy alto pues implicó la pérdida del 20% de los puestos de trabajo. El nuevo recorte prenuncia, junto a una desvalorización de los salarios, la perspectiva de nuevos despidos.
 Esto empalma con las huelgas de los portuarios, que están protagonizando su mayor acción de lucha en 40 años. Unos 12.000 trabajadores de Bremerhaven, Bremen, Emden, Wilhelmshaven, Brake y Hamburgo, donde se ubican los principales puertos del norte de Alemania, vienen protagonizando medidas de fuerza. Plantean una suba del 14% para los próximos 12 meses. En Hamburgo tuvieron lugar marchas callejeras que enfrentaron la represión policial. Importa destacar que el sindicato ha discutido, tal como lo hicieron los portuarios de Génova (Italia), no participar de la exportación de armas a Ucrania.
 Los maquinistas ferroviarios protagonizaron paros por exigencias laborales. Las protestas provocaron la suspensión de gran parte de los servicios de larga distancia. Cuando hay una huelga con paros en los servicios en Alemania es que se ha llegado muy lejos. El conflicto entre la empresa de trenes alemanes y el sindicato de los conductores de trenes es viejo: los conductores se quejan que su sueldo es bajo comparado con su responsabilidad y alegan que en Francia, por ejemplo, un conductor de trenes gana en promedio un 40% más. 
 Las tensiones salariales son muy fuertes también entre los metalúrgicos. El poderoso sindicato metalúrgico IG Metall está envuelto en un conflicto desde el mes de junio por un aumento del 8,2 por ciento a alcanzar en 12 meses frente la pretensión de las patronales del 4,7 por ciento a alcanzar en un periodo de 21 meses. 

 Inflación récord 

La inflación imparable que podría alcanzar los dos dígitos, la más elevada desde 1949, ha actuado como un combustible de las huelgas y protestas. 
 El canciller de Alemania, Olaf Scholz, anunció un tercer paquete de ayuda frente a las consecuencias de la crisis energética que también se siente en los alimentos que han experimentado un alza a nivel global.
 El anuncio apunta a aliviar el impacto de la inflación en los bolsillos de los ciudadanos y las afectaciones a las empresas, e incluye aumentos en los beneficios y un subsidio al transporte público, así como 1.700 millones de euros en exenciones fiscales para 9.000 empresas que requieren de un gran uso de energía eléctrica.
 Las medidas preventivas hasta la fecha, entre ellas un intento por reducir el consumo, sin embargo, han hecho poco para detener un fuerte aumento en las facturas de los hogares. 
 Y tampoco han impedido la retracción de la actividad económica. La escasez de energía ha alterado la capacidad de producción de las empresas que enfrentan un aumento de sus costos industriales y una reducción de la demanda tanto del consumo interno como a escala internacional. Como resultado de todos estos factores combinados, la principal economía de Europa transita hacia una recesión. 

 Fin de ciclo 

Este escenario no sólo da cuenta de una crisis coyuntural. Alemania, por primer vez en mucho tiempo, ha pasado a registrar una balanza negativa.Ya hay quienes advierten que esto es un indicio de que la locomotora europea, famosa por su potente industria exportadora, podría estar entrando en “un posible fin de un ciclo que ha condicionado sobremanera la construcción europea en las últimas tres décadas” (Economista, 4/7). O sea, las bases mismas de la UE están en riesgo teniendo en cuenta el lugar central de la economía germana. Las tendencias a la desintegración de la UE, ya presentes, tenderán a agravarse. 
 No se puede escapar que una de la claves del éxito alemán se ha debido a los años de energía barata (a partir del suministro del gas ruso) que han permitido a la industria alemana ser competitiva en un mundo globalizado. Esa ventaja energética está desapareciendo y con ella Alemania se podría enfrentar a un éxodo de empresas cuya viabilidad está en el aire si los costes energéticos se mantienen altos por mucho tiempo. 
 Diversos analistas han advertido sobre la amenaza de una desindustrialización (ídem, 14/8). 
 Por lo pronto, el país se está preparando para un invierno duro. A la par de la conflictividad laboral, han empezado las protestas de la población usuaria de los servicios, más en general. Leipzig ha sido el foco de las mismas, aunque se replica en otras localidades bajo la consigna: “Abajo los precios. La energía y la comida se deben poder pagar”. La idea es comenzar con manifestaciones regulares todos los lunes, que vienen siendo impulsadas por la bancada parlamentaria de izquierda representada por Die Linke.
 La ayuda gubernamental no alcanza, pese a lo cual eso no ha sido un impedimento para que esté en marcha un rearme alemán. El Parlamento votó un presupuesto militar de de 100.000 millones de dólares, que fue aprobado tanto por el oficialismo como por la oposición conservadora. Se trata de un giro histórico por referencia a la posición adoptada por la nación germana desde el final de la segunda guerra -opuesta a un rearme. 
 Los males de la economía alemana no acaban allí: la sequía estival no solo perjudicó cosechas con menores rindes, sino que influyó sobre las vías de comunicación fluviales. El Elba, pero sobre todo el Rin con escaso calado, motivó que la navegación fuese restringida y la carga limitada a un promedio del 30% de la capacidad de transporte. 

 Los ruidos en la política 

Quien debe pilotear esta mayúscula crisis es una coalición de gobierno extremadamente endeble. Recordemos que tras cumplir 16 años en el gobierno, la canciller federal Angela Merkel dio un paso al costado. No se presentó a elecciones y su partido conservador perdió a manos de una socialdemocracia que retorna sin una figura excluyente, pero con el nuevo canciller federal (Olaf Scholz, 64 años) como cabeza del Ejecutivo. 
 Y encima con un ajustado triunfo socialdemócrata que terminó en primer lugar con 206 diputados contra 197 de los partidos conservadores. Lejos para cualquiera de los dos de alcanzar una mayoría directa -368 diputados- a fin de formar gobierno sin compañía. Comenzó entonces un largo período de negociación para sumar a los 118 escaños conquistados por los verdes, tercera fuerza, y los 92 liberales, con el cuarto bloque legislativo.
 El resto de los contendientes quedaron relegados al quinto lugar para Alternativa para Alemania -extrema derecha- con 83 escaños y 39 para la izquierda populista Die Linke. Uno de los datos de la elección fue el retroceso de este última fuerza que pasó del casi el 12% a menos del 5%. 
 La coalición gobernante ha ido surfeando el agitado panorama descripto pero empieza a sentir sus efectos. En mayo pasado, el gobierno sufrió su primer revés al perder el primer lugar frente a los conservadores en Renania del Norte-Westfalia, poblada por 18 millones de habitantes. Los verdes concretaron allí una gran elección. De todos modos, la crisis potencia las contradicciones que pondrán a prueba la cohesión de la coalición gobernante. Los planes de reapertura de centrales nucleares y la explotación del carbón en sustitución del suministro ruso entra en choque con los la defensa de la energía limpia postulada por el partido verde, que hasta ahora ha acompañado la política oficial. El rearme alemán es otro frente de tormenta, ante el sentimiento democrático que reina en una parte sensible de la población en la que la memoria de lo acecido en la Segunda Guerra sigue latente. Ni qué hablar de la inquietud y efervescencia que reinan en el pueblo que están en la base de las protestas en curso y de las tendencias huelguísticas. 

 Los desafíos de la izquierda

 La izquierda alemana entra a esta nueva fase en total retroceso. Die Linke viene de una debacle electoral, que ha acentuado la división y el enfrentamiento interno. Al igual que Podemos o Syriza, Die Linke se ha caracterizado por su adaptación al orden social imperante. Ha integrado diversos gobiernos regionales y la línea hoy dominante al interior del partido es una participación en el gobierno federal. Incluso se han dejado de lado “los límites rojos”, según se los denomina en la jerga partidaria (o sea, fronteras que no deben ser traspasadas), tales como el despliegue de fuerzas alemanas en el extranjero. La presencia de tropas en Afganistán fue apoyada por una parte de la bancada de Die Linke. 
 Por otra parte, existe un choque entre los partidarios de “fronteras abiertas para todos” y quienes abogan por una regulación política de la migración. Las controversias giran también en torno a la política exterior y militar y las relaciones con la Otan, Rusia y China y la actitud hacia la Unión Europea. Como se ve no se trata de tópicos marginales. De todos modos, el ala izquierda (que incluye a tendencias que vienen del trotskismo) no saca los pie del plato y la dirección de la organización tiene férreamente en sus manos los hilos del partido. 
 La situación en Alemania coloca a la orden del día el desafío de la izquierda y tendencias combativas por poner en pie una fuerza política revolucionaria basada en la independencia de clase que debe apuntar a que los trabajadores irrumpan en la crisis, que está llamada a agravarse, como un factor independiente. El escenario creado por la crisis y el clima de agitación popular que crece abre un terreno favorable para desenvolver esta perspectiva. 

 Pablo Heller

sábado, 24 de septiembre de 2022

Adónde va la guerra imperialista


Biden y Putin amenazan usar armas nucleares 

 La guerra imperialista se ha agravado considerablemente luego de la operación relámpago que condujo a la recuperación de un extenso territorio en el noreste del país por parte del ejército de Ucrania. La llamada “guerra de desgaste” emprendida por Rusia sufrió un revés estratégico que expuso el límite infranqueable de una guerra de anexión. El operativo fue planificado, organizado y dirigido por la OTAN o, más precisamente, el Pentágono norteamericano. El revés sufrido en el terreno desató la primera gran crisis política en Rusia, que se manifestó en la oposición pública de numerosos parlamentarios, en el pedido de renuncia de Putin y en las críticas feroces de los sectores más chovinistas del establishment ruso.
 En las últimas horas, Putin ordenó la convocatoria de 300 mil soldados de la reserva y dejó abierta la posibilidad de una movilización general. En respuesta a la envergadura de la intervención militar en la guerra, lanzó advertencias explícitas de represalias nucleares. Convocó, asimismo, a referendos de anexión en las zonas ocupadas, que la prensa califica de “ruso-parlantes”. Se trata, en verdad, de una imposición del propio Putin, porque la población de esas regiones ha manifestado el deseo de establecer un régimen político federal, que asegure las autonomías dentro de Ucrania. 
 El presidente de Ucrania, Volodimir Zelensky, fue quien indudablemente elevó las apuestas más que nadie, al plantear que Estados Unidos debía desactivar las bases de lanzamiento nuclear de Rusia por medio de un bombardeo nuclear preventivo. Biden apenas le fue a la zaga: en el discurso en la Asamblea de la ONU advirtió a Putin de que podía recibir una respuesta nunca vista después de la segunda guerra mundial, en alusión a las bombas atómicas descargadas por Estados Unidos en Hiroshima y Nagasaki. El escenario estratégico es contundente: no hay retorno al status quo previo a la invasión rusa. La eliminación de la influencia geopolítica de Rusia requiere un cambio de régimen político en Moscú. No basta con el retiro del ejército ruso de los territorios ocupados en el este: también debe desocupar Crimea y, eventualmente, la base naval de Sebastopol, en el Mar Negro. En la cuenta hay otros rubros –la devolución de las regiones separatistas de Georgia y el corte de toda influencia en el Cáucaso sur. Armenia y Azerbaiján entrarían en la zona de influencia de la OTAN, con una cuota eventual para Turquía. Estaría en juego también la base rusa en Siria, donde la intervención militar de Putin puso fin a la guerra impulsada por las llamadas fuerzas “islamistas”. Este esquema de situación, con obvias variantes o modificaciones, deja al desnudo las limitaciones de los planteos de China e India a Putin, en la reciente reunión de la Organización de Cooperación de Shanghai. El señalamiento del Primer Ministro de India al presidente de Rusia -“esta no es época de guerras”- o el distanciamiento de Xi Jing Pin de la “alianza sin límites” con Rusia, han sido movimientos prematuros. La pelota está en el campo de la OTAN que, hasta nuevo aviso, reclama una rendición sin anestesia de parte de Putin. 
 De todos modos, Ucrania y Europa del Este ocupan una sola parte de la pantalla. La ofensiva norteamericana contra China no ha perdido ímpetu: el boicot a la industria tecnológica de Pekín y a la producción de semiconductores -el insumo vital de la Inteligencia Artificial- gana fuerza todos los días. La flota norteamericana sigue operando en el estrecho de Taiwán, para respaldar la decisión de retirar el reconocimiento de la isla como parte de la República Popular. Por las dimensiones de las fuerzas en juego, la guerra en el Indo-Pacífico supera en mucho lo que se ha puesto en juego en Ucrania. Si Xi Jinping no quiere ir más lejos en la aventura del Kremlin, todavía le queda calcular las consecuencias que tendrá para China un cambio de régimen en Moscú. La Unión Europea no ha avanzado siquiera un esbozo de plan para alcanzar un cese de hostilidades o una paz siquiera precaria. De nuevo, no hay posibilidad de retorno a la situación previa a la invasión. 
 Es que, bien mirado, la OTAN ha organizado esta guerra con todos sus detalles desde hace largo tiempo. Ha armado y entrenado al ejército ucraniano, por lo menos durante una década. Ha puesto en la agenda la incorporación de Ucrania a la OTAN, luego de haber rechazado la misma solicitud de parte de Putin. Ha desarrollado un estado de guerra permanente contra las llamadas regiones separatistas; en marzo de 2021, Zelensky reclamó a la OTAN iniciar una ofensiva de reocupación de esos territorios. Por último, y quizás lo más importante, Biden hizo cancelar la entrada en operaciones del gasoducto NordStream 2, definitivamente construido, bloqueando la alianza económica e industrial entre Alemania y Rusia, tejida laboriosamente por Ángela Merkel. La Unión Europea y Alemania se quejan ahora por el cierre de los grifos del NordStream 1, cuando son los responsables únicos y exclusivos de la falta de gas en el próximo invierno, que deberán comprar a precios veinte veces superiores a las gasificadoras de gas licuado transportado por barco. Putin entró por un aro en esta provocación, alentado por el éxito de sus operaciones anteriores: el ingreso a Siria, la derrota infligida a Georgia, la ocupación de Crimea sin resistencia extranjera y la necesidad de poner fin a las provocaciones de la OTAN contra las regiones separatistas. Todo esto es la expresión más completa del callejón sin salida al que la restauración capitalista ha llevado a Rusia y del carácter reaccionario y contrarrevolucionario de la nueva oligarquía rusa que emergió del partido comunista de la Unión Soviética.
 La etapa otoño-invierno de la guerra está llamada, en estas condiciones, a desarrollar una cadena de crisis a repetición. De un lado, el período de frío y lluvias empeorará la situación de las tropas en el terreno, pero dará preeminencia a los misiles de largo alcance y precisión. En el plano político, la crisis de gobierno en Rusia se verá acompañada con las crisis en la Unión Europea por el desabastecimiento de energía, una carestía insoportable, movilizaciones y huelgas –como ya ocurre en Gran Bretaña, Francia y España. Muchos “otanistas” advierten que la crisis europea podría desbordar a los regímenes existentes y alterar la “unidad” de la que se jacta la OTAN. Todo esto en un marco internacional que apunta a la recesión y al aumento de las guerras comerciales, a partir de las subas drásticas de los tipos de interés por parte de la Reserva Federal. Japón ha comenzado a revaluar el yen, con alzas de tasas, para cortar la salida de capitales, pero es una amenaza fenomenal a una economía que cuenta con la tasa de deuda pública más alta del mundo –un 350% del PBI. 
 La crisis política en Rusia requiere una atención especial, porque no apunta, por ahora, a desatar una situación revolucionaria, dado que el protagonista fundamental es la derecha, incluso fascista, del régimen. El desarrollo de la guerra ha mostrado la impostura de quienes reivindican la independencia de Ucrania, contra Rusia, que no es más que un apoyo a la guerra de la OTAN, que sostiene la guerra con un paquete de 100 mil millones de dólares; la de la izquierda rusófila que ha presentado a Putin como un baluarte contra el imperialismo mundial; y del pacifismo en general, que no entenderá nunca que las guerras son inevitables en tanto exista el imperialismo capitalista. 
 No existe una campaña internacional contra la guerra imperialista en nombre del internacionalismo de la clase obrera. En Argentina tampoco, donde los parlamentaristas usan el parlamento para cualquier ocurrencia que les dé visibilidad, pero para nada contra esta guerra de manifiesto carácter mundial. Esta campaña es más urgente que nunca, cuando todos los bandos en disputa coinciden en hacer uso de la guerra nuclear.

 Jorge Altamira 
 22/09/2022

América - Silvio Rodríguez


jueves, 22 de septiembre de 2022

Escala la guerra imperialista


Después de calificar como “chantaje nuclear” a las advertencias militares de la OTAN, Putin afirmó que Rusia estaba dispuesta a responder “con la misma moneda”.
 Estas amenazas ponen de manifiesto que asistimos a una guerra de destrucción recíproca, sin intermedios de ‘paz’. 
 La OTAN quiere llegar a Moscú, o sea dictar a Rusia una salida política a partir de una redoblada ofensiva militar. El territorio de Rusia se convertirá en el escenario de una guerra mayor, con la participación de un mayor número de protagonistas. 
 Putin ha decidido anexar una parte de Ucrania, como si esto le pudiera servir de escudo político. La oligarquía restauradora del capitalismo en Rusia es una banda reaccionaria y opresora. 
 Una victoria militar de la OTAN daría paso también a otra guerra, o sea con China, cuyos preparativos están en marcha. 
 La guerra ha sido siempre el recurso último del imperialismo frente a su definitivo impasse histórico. Luego de haber celebrado como el final de la historia la restauración del capitalismo y la disolución de la Unión Soviética, el imperialismo se ha enfrentado a crisis económicas internacionales enormes, a pandemias auto-inducidas, a crisis climáticas más y más severas, y a una feroz crisis social en las mismas metrópolis. Hace un año y medio, una tropa fascista conducida por Trump estuvo a punto de consumar el primer golpe de estado en Estados Unidos. 
 ¡A movilizarse contra la guerra imperialista y sus estados y gobiernos! 

 Política Obrera N°53

miércoles, 21 de septiembre de 2022

Estalla Haití ante el alza en los combustibles


Estalla Haití ante el alza en los combustibles 

 El anuncio oficial de una duplicación en los precios de los combustibles desató una nueva ola de piquetes y movilizaciones en Haití. Desde el discurso del primer ministro Ariel Henry, el domingo 12, la población enfurecida ganó las calles en Puerto Príncipe, Gonaïves y Jérémie, entre otras ciudades. Este domingo, el dirigente haitiano hizo una nueva alocución en la que no dio marcha atrás con el tarifazo y prometió que se despejarán todos los bloqueos. Pero después de esas palabras, la lucha se reactivó en muchos lugares. 
 Hace apenas un mes, las protestas habían ganado la isla ante el aumento de los precios, la escasez de los combustibles y el accionar de las bandas criminales que controlan buena parte del país, lo que redunda en asesinatos y secuestros que afectan a los barrios más humildes y a la población trabajadora.
 Al igual que el mes pasado, el combustible volvió a escasear en los últimos días. El gobierno argumenta que ya no puede sostener la factura de subsidios y sostiene que esos desembolsos impiden financiar programas de ayuda social. Pero no dice nada de la recurrente evasión fiscal de la clase capitalista que desfinancia al fisco ni de los enormes negociados del imperialismo que son los que en verdad empobrecen al país. 
 Duplicar los combustibles en una nación como Haití, donde más del 40% de la población sufre inseguridad alimentaria, no podía tener otra consecuencia que la actual ola de protestas. Los manifestantes afirman que la situación social es desesperante y reclaman la salida de Henry del poder.
 Entre tanto, se han producido también ataques a comercios, bancos y oficinas de gobierno. 
 El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, justificó el aumento en los combustibles y propuso un plan para reforzar la Policía Nacional Haitiana. Estados Unidos condenó las manifestaciones, con el pretexto de la violencia, y uno de sus funcionarios, Juan González, le dijo al Miami Herald que son financiadas por “actores económicos”, sin explayarse en el punto. 

 El cuadro político

 Henry asumió su cargo el año pasado, tras el asesinato del presidente Jovenel Moïse. Pertenece al mismo partido, el PHTK (Tet Kale, los cabezas rapadas). Con los acuerdos del 11 de septiembre del 2021, forjó una alianza con otras fuerzas políticas (como el Sector Democrático y Popular -SDP- y Fusión de los Socialdemócratas) para ampliar su base de sustentación. Sin embargo, no ha podido avanzar en su proyecto de una asamblea constituyente para reforzar sus atribuciones de mando. En agosto de este año, una fracción del SDP y la Agrupación para Salvar a Haití (Rasambleman pou Sove Haiti) abandonaron la coalición, según la agencia Telesur (16/8). 
 En rechazo a Henry, numerosas fuerzas opositoras impulsaron los acuerdos de Montana (por el hotel en que se suscribieron) que llevarían a comienzos de este año a la designación de un presidente alternativo, Fritz Jean (un viejo funcionario del área económica que pertenece a la derechista Unión Patriótica –Unité), y un primer ministro paralelo, Steven Benoit (Liga Alternativa por el Progreso y la Emancipación Haitiana, LAPEH, del excandidato presidencial Jude Célestin). 
 Pero este ensayo no prosperó, ya que no logró concentrar el poder real. Las partes (que se disputan el aval de las potencias) han llevado a cabo negociaciones, pero al momento se encuentran rotas. Según el diario dominicano Listín (19/9), el presidente del Senado, Joseph Lambert, planteó este fin de semana que Henry debe renunciar, a la vez que ratificó la línea de un “consejo de transición”. 
 Para reposicionarse en la interna opositora, en junio los seguidores del expresidente Jean Bertrand Aristide (del partido Fanmi Lavalas) se manifestaron en Puerto Príncipe en una especie de operativo clamor por el regreso a la isla del mandatario, reclamándolo como cabeza de un gobierno transicional.
 Frente a la actual ola de protestas, la Oficina de Monitoreo de los acuerdos de Montana calificó como una “provocación” el aumento en los combustibles por parte del gobierno de Henry. En tanto, algunas fuerzas opositoras, como la plataforma Pitit Dessalines (liderada por el exsenador Jean-Charles Moïse), venían realizando manifestaciones en las últimas semanas. 
 Por boca de Juan González, Washington volvió a alentar un diálogo entre las distintas fuerzas políticas para tratar de encarrilar la situación. 
 El alza en los combustibles, que guarda relación con la guerra en Ucrania, es un factor explosivo a nivel global. Ha provocado rebeliones en Sri Lanka y Ecuador, y protestas en Albania, Sudán, Bangladesh y Panamá, entre otros países. En algunas ciudades italianas, hubo quemas públicas de boletas. Y en el Reino Unido, el nuevo gobierno de la conservadora Liz Truss debió desistir del megatarifazo que entraba en vigor en octubre, por temor a la reacción popular. 

 Gustavo Montenegro