lunes, 8 de febrero de 2016

La Revolución cubana y el proceso emancipador de América Latina




Simposio Internacional “Cuba en la Historia”, celebrado en Lima los días 4, 5 y 6 de febrero de 2016

El Partido Comunista de Cuba agradece profundamente la organización de este evento internacional dedicado a celebrar el 57 aniversario del triunfo de la Revolución Cubana y su contribución al logro de la segunda y definitiva independencia de Nuestra América, como la llamó José Martí. Saludamos especialmente a la organización solidaria SOLICUBA, a los congresistas Manuel Dammert y Sergio Tejada, principales impulsores de esta bella y necesaria iniciativa.
La realidad de la isla es sistemáticamente distorsionada, y en el mejor de los casos omitida por los grandes medios que dictan la opinión pública mundial. Hoy se trata también de despojar a los pueblos de su memoria histórica como parte de la estrategia imperialista de establecer un gobierno global.
En su trascendental Informe Central al Primer Congreso del PCC, el líder histórico de nuestra Revolución Fidel Castro señaló y cito: … “Cuba fue la última colonia de España en América Latina y hoy es el primer país socialista de este hemisferio. Para cumplir este singular destino nuestra patria hubo de salvar obstáculos que en un tiempo parecieron invencibles”…
Durante más de treinta años la naciente nación cubana combatió y venció militarmente al ejército colonial español, muy superior en armas y recursos para la guerra. En estas luchas jugaron un papel destacadísimo los combatientes llegados de otras tierras hermanas latinoamericanas y caribeñas, entre ellos, el coronel peruano Leoncio Prado.
Fue José Martí la figura más alta de aquella contienda, quien dejó varias enseñanzas fundamentales para las presentes y futuras generaciones de cubanos; la necesidad de la unidad en la lucha, la necesidad de conquistar toda la justicia y el peligro que para Cuba y América Latina representa el imperio del Norte.
Martí, se percató de que la única forma de garantizar la soberanía, no solo de Cuba sino del resto de América Latina y el Caribe, era y cito: …“impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América”… frase impresa en su última carta considerada con razón como su testamento político.
Cuando los cubanos estábamos en vísperas de alcanzar la independencia de la metrópoli española, con un elevado martirologio, el presidente norteamericano de la época obtuvo autorización de su Congreso para intervenir militarmente en nuestro país, frustrando las ansias de libertad e imponiendo mediante el chantaje militar la llamada Enmienda Platt, que legalizó en los hechos la pérdida de nuestra soberanía y se constituyó en fuente ilegitima de la existencia de la actual Base Naval de Guantánamo.
Se nos impuso una república mediatizada y un capitalismo subdesarrollado, mono productor y dependiente de la economía norteamericana. Por todas las vías inimaginables, el imperialismo y sus lacayos nacionales trataron sin éxito de aplastar el indomable espíritu de libertad de un pueblo.
Exactamente 60 años después que el ejército de intervención yanqui impidiera la entrada del Mayor General Calixto García y sus tropas mambisas en Santiago de Cuba, Fidel Castro y los barbudos entraron en esa ciudad el 1 de enero de 1959 para cambiar definitivamente la historia de Cuba y en buena medida la de Latinoamérica.
La Revolución transformó la vida de nuestro pueblo de manera radical. Cuba no sólo recuperó su soberanía, sino también logró en un breve tiempo, bajo las banderas del socialismo, impresionantes logros ecónomicos y sociales. El país alcanzó ubicarse entre aquellos con un alto índice de desarrollo humano, la esperanza de vida alcanzó más de 78 años, la mortalidad infantil se redujo a menos de 5 por cada mil niños nacidos vivos, son reconocidos internacionalmente los avances de la medicina y la ciencia cubana. La educación, el deporte y la cultura están al alcance de todos.
A pesar de nuestros limitados recursos, la Revolución siempre fue consecuente con su política solidaria e internacionalista. Miles de sus mejores hijos lucharon y murieron por la causa libertaria de otros pueblos de África y América Latina. Miles de colaboradores de la salud y la educación prestan sus servicios en más de 60 países en la actualidad.
Cuba y su heroico pueblo se sobrepusieron al terrible golpe que significó la caída de la Unión Soviética y el campo socialista europeo, lo cual significó la caída de su PIB en 35% y la pérdida en algunos meses del 70% de su comercio exterior.
Cuba no arrió sus banderas socialistas ni sus principios, cuando en ese escenario el imperialismo norteamericano de manera oportunista reforzó su criminal bloqueo económico, financiero y comercial con la aprobación de la Ley Torricelli y la Ley Helms- Burton.
Pero la resistencia de Cuba ha sido posible también por la solidaridad internacional. Su página más reciente y brillante fue la lucha por la liberación de nuestros Cinco Héroes luchadores antiterroristas. En esta sala se encuentran muchos compañeros peruanos que tuvieron una destacada participación en esta batalla.
El gobierno de los Estados Unidos aplicó su amplio arsenal en su obsesión por destruir la revolución cubana y su ejemplo. Mencionemos sólo, Girón, la imposición del bloqueo en 1962 que realmente comenzó antes, la amenaza del exterminio nuclear en la crisis de octubre de 1962, una guerra impuesta por bandas contrarrevolucionarias erradicadas tras diez años de duro batallar, el terrorismo auspiciado desde EEUU, que ha dejado 3 478 muertos y 2 099 discapacitados de por vida, sin mencionar cuantiosos daños materiales.
La historia es conocida. Cuba llegó hasta aquí de pie. Estados Unidos fracasó en su guerra contra Cuba y el propio Presidente Obama lo reconoció el 17 de diciembre de 2014 al comenzar el actual proceso entre ambos países.
El restablecimiento de relaciones diplomáticas, el punto en que estamos con la apertura de las respectivas embajadas, no supone la normalización de las relaciones
Dicha normalización es un proceso largo y complejo que conlleva entre otros factores, la eliminación del bloqueo económico, comercial y financiero; la devolución del territorio que ocupa la base naval de Guantánamo; la compensación por los diversos daños a la nación provocados tras sucesivas políticas agresivas; asimismo, la suspensión de las trasmisiones de radio y TV ilegales que realiza el gobierno norteamericano contra Cuba, en violación de los acuerdos internacionales y en un sentido más amplio, la erradicación de los programas subversivos organizados por dichas autoridades.
Estos aspectos, conocidos por muchos aquí, explican porque Cuba no tiene que hacer concesiones a un país al que nunca agredimos, ni intentamos modificar su régimen socio económico y político, mucho menos derribar a su gobierno.
Concurrimos en condiciones de igual a igual, en apego al derecho internacional. Hemos expresado nuestra determinación de avanzar en todo aquello que sea de interés mutuo, nos mueve un afán colaboracionista y trabajamos por lograr un relacionamiento civilizado entre ambos países.
Muchos amigos, con justa preocupación, nos han alertado sobre los riesgos que la Revolución enfrenta. A ellos les pedimos confianza, en última instancia, tenemos una vasta experiencia después de haber lidiado en los últimos 100 años con la hostilidad proveniente del norte, “revuelto y brutal que nos desprecia”, como dijera José Martí.
En tal sentido es oportuno reiterar que tenemos absoluta claridad que este “cambio” de Estados Unidos tiene como fin último, promover la reconstrucción del capitalismo en Cuba. Nosotros, huelga decirlo, vamos en dirección contraria.
La revolución cubana vive un momento crucial. Su característica esencial es la determinación de continuar construyendo el socialismo, bajo las condiciones y demandas que conforman la realidad del mundo en el que estamos inmersos, así como las propias exigencias que el desarrollo de nuestro proceso revolucionario imponen.
Todo lo que estamos haciendo en nuestro país es absolutamente coherente con el propósito estratégico de desarrollar un socialismo próspero y sostenible.
Como parte de lo que hemos denominado el proceso de actualización del modelo económico y social, concentramos nuestros esfuerzos en impulsar todas las potencialidades que pueda desplegar un país como Cuba, con escasos recursos naturales, por ejemplo, el desarrollo científico, educacional y cultural acumulado gracias a la Revolución y el aprovechamiento más eficiente de los recursos económicos.
En el VI Congreso del Partido Comunista de Cuba, celebrado en abril del 2011, aprobamos un documento que arroja meridiana claridad sobre los fundamentos de nuestra política económica. Denominado Lineamientos de la política económica y social del Partido y la Revolución, que fuera masivamente debatido con la población se afirma y cito: … “La política económica del Partido se corresponderá con el principio de que solo el socialismo es capaz de vencer las dificultades y preservar las conquistas de la Revolución, y que en la actualización del modelo económico primará la planificación, la cual tendrá en cuenta las tendencias del mercado”…
Los fundamentos de nuestro socialismo suponen de esta forma garantizar la igualdad de oportunidades, la mayor justicia social posible y el predominio de la democracia popular y participativa en el ordenamiento del sistema político.
En abril próximo tenemos previsto realizar el VII Congreso del Partido, ocasión en la que pasaremos revista a lo ya implementado. También trazaremos una estrategia de desarrollo hasta el 2030 y aprobaremos una conceptualización teórica del socialismo en Cuba.
Debe insistirse que las transformaciones de orden económico tienen en última instancia como fin lo que aún en tiempos difíciles supimos sostener, la salud pública y la educación, ambas gratuitas y universales, que constituyen derechos humanos inalienables, en definitiva principios de la Revolución.
El gobierno en Cuba fue y seguirá siendo de los trabajadores. Todo lo que se hizo y se haga será en función de las grandes mayorías.
En el contexto actual al Partido Comunista de Cuba le toca asumir la tarea de fortalecer el trabajo político e ideológico para esclarecer en el seno de nuestro pueblo lo que sea pertinente, de estar atento a tendencias negativas que puedan surgir en grupos sociales, como los jóvenes o en el sector donde opera la gestión no estatal en la economía, que parecen ser los blancos escogidos para la labor subversiva.
Los problemas por venir no nos tomarán desprevenidos. Contamos con una fortaleza que explica que hayamos llegado hasta aquí: la unidad del pueblo, aglutinado en sus organizaciones sociales, con nuestro partido y la cohesión política en su militancia.
Nuestra dignidad frente a la prepotencia del imperio, he ahí la cuestión; en lo primero esta nuestra capacidad para resistir como hicimos hasta ahora, junto a la convicción de que nos asiste la verdad y la razón.
Por otro lado no es negociable la amistad que la Revolución cubana generó en estos duros años de resistencia. Por ello los amigos históricos de Cuba podrán contar siempre con nuestra lealtad.
Mantendremos nuestro más decidido apoyo a las causas justas de la humanidad. Lo sabe la revolución bolivariana en Venezuela; no olvidamos el derecho de Puerto Rico a su plena independencia, ni al sufrido pueblo palestino en su titánica lucha, por solo citar algunos casos que ostensiblemente nos diferencian, insalvablemente, de la política exterior estadounidense.
La contraofensiva del imperialismo y las derechas locales adquieren una singular dimensión en Nuestra América. Con diferentes instrumentos de subversión se trata de revertir los procesos revolucionarios y progresistas en Venezuela, Brasil, Ecuador, Bolivia, entre otros.
Como ya se ha denunciado, consiste en un elaborado programa de desestabilización combinado con acciones de guerra económica y ataques mediáticos que victimiza en primer lugar a la verdad, todo dirigido a lo que llaman el cambio de régimen de forma expedita o en su lugar, una estrategia de desgaste de más largo plazo para imponer soluciones electorales afines, desconociendo en ambos casos la verdadera voluntad democrática de los pueblos.
Muchas veces nos hemos preguntado qué debemos hacer para enfrentar estos desafíos. Y justamente en nuestro acervo histórico podría estar la respuesta cuando desde los inicios mismos de la independencia americana, los próceres nos convocaron a la epopeya de la unidad y la integración.
Ya Bolívar lo había afirmado: …“La unidad de nuestros pueblos no es simple quimera de los hombres, sino inexorable decreto del destino. Unámonos y seremos invencibles”… Hoy sabemos de la urgente necesidad de trabajar por la plena integración como objetivo estratégico para garantizar un futuro cierto para los pueblos latinoamericanos y caribeños.
No partimos de cero. No es ocioso insistir que en nuestra región son sobrados los negativos efectos de los TLC, pero también acumulamos experiencias organizativas y de lucha, desde los movimientos sociales y agrupaciones políticas que en su momento han empujado a sus gobernantes a torcer los planes de dominación.
Podemos sentirnos orgullosos del surgimiento del ALBA, que como su nombre sugiere, procura ser el amanecer de una forma más elevada de integración basada en la cooperación; de CARICOM y de la UNASUR con una formidable trayectoria para coordinar voluntades y disipar conflictos entre suramericanos; el MERCOSUR, la plataforma de articulación comercial más veterana, con experiencia en aciertos y desafíos y como culminación y objetivo estratégico, la CELAC.
En la cumbre fundacional de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, CELAC, en diciembre del 2011, el Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba, compañero Raúl Castro expresó y cito: ... “Tenemos el privilegio de asistir a un acto fundacional de carácter trascendental… reivindicamos más de dos siglos de luchas y esperanzas. Llegar tan lejos nos ha costado esfuerzo, pero también sangre y sacrificio. Las metrópolis coloniales de antaño y las potencias imperiales de hoy han sido enemigas de este empeño. La Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños es nuestra obra más preciada. Simbólicamente, consolida el concepto de una región unida y soberana, comprometida con un destino común”.
Dado los vientos belicistas y desestabilizadores que soplan en el mundo, es necesario resaltar también en esta ocasión la Proclama de América Latina y el Caribe como Zona de Paz. En ella, además de sustentar el derecho de cada pueblo a asumir el sistema político, económico y social que estime, se refrenda la viabilidad de la unidad en la diversidad.
La unidad y la solidaridad serán decisivas para avanzar en el logro de la segunda y definitiva independencia de América Latina y el Caribe. Los recientes reveses electorales de la izquierda son temporales y no deben generar desmovilización o desmoralización en las fuerzas ni en los movimientos sociales progresistas. Retomemos la iniciativa con la convicción más profunda en la victoria de nuestras justas ideas.
Finalmente compañeros, Cuba seguirá su senda hacia el socialismo, con normalización de los vínculos con los EU, que indudablemente facilitaría mucho este proceso, pero aún sin ella, como ocurrió hasta ahora. Esto significa que marcharemos sin abandonar los principios que en última instancia nos permitieron hacer una revolución como la cubana. En particular la probada vocación solidaria hacia otros pueblos, valor intrínseco a la idea universal del socialismo.
El líder histórico de la Revolución Fidel Castro, en carta al Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro el 10 de diciembre pasado, ratificó la determinación inconmovible de nuestro pueblo, al decir y cito:…“Los revolucionarios cubanos, a pocas millas de Estados Unidos, que siempre soñó con apoderarse de Cuba para convertirla en un híbrido de casino con prostíbulo, como modo de vida para los hijos de José Martí, no renunciarán jamás a su plena independencia y al respeto total de su dignidad”…

Basilio Gutiérrez García

Un regalo a Fidel por su cumpleaños 90




Simposio Internacional “Cuba en la Historia”, celebrado en Lima los días 4, 5 y 6 de febrero de 2016


Buenas tardes, apreciados compañeros y compañeras. Desde la tierra de los lagos apacibles y los volcanes ardientes, les traigo el saludo del gobierno y el pueblo de Nicaragua, y de nuestro presidente el Comandante Daniel Ortega que me pidió expresamente que lo representara en este simposio, ya que el compañero Carlos Fonseca Terán, por motivos de salud, se vio obligado a suspender su programado viaje.
Y estamos aquí, una vez más, para expresar nuestra reconocimiento, nuestra gratitud, nuestra solidaridad con la Revolución Cubana, con su pueblo heroico, valiente y digno, que ha resistido 50 años de agresiones, de bloqueos, de guerra sucia, de insultos y patrañas. Ese pueblo saludable, culto y libre, como lo quería José Martí, que venció el analfabetismo y la ignorancia y se convirtió en un faro cultural de Nuestra América.
Mario Benedetti tiene un hermoso poema que dice “Con mi quiero y con tu puedo, vamos juntos, compañero…” Y ese verso me viene siempre a la memoria cuando recuerdo el fructífero encuentro entre Fidel y Chávez que habría de desafiar el pesimismo del supuesto “fin de la historia” y habría de cambiar el destino de mi país y de gran parte del continente.
El ALBA nace hace ya más diez años, gracias a la inspiración, la tenacidad y la audacia de estos dos gigantes; y sigue existiendo gracias a Cuba y a Venezuela. Los grandes programas sociales, energéticos y culturales que el ALBA ha permitido desarrollar en nuestras tierras y que ejercen un impacto directo en las economías de nuestros países, le deben su existencia a la cooperación incondicional de estas dos naciones: quienes, mediante la práctica solidaria, lograron romper con el “modelo único”, impuesto por la economía de mercado capitalista globalizada: el libre comercio y su ley del embudo: la parte amplia y rebosante de ventajas, para los países ricos; la parte angosta y difícil, para los países subalternizados.
Los latinoamericanos y caribeños descubrimos que a partir de un comercio justo, complementario y solidario, podíamos lograr que las economías de más pequeña escala, como son las nuestras, se desarrollaran. Estas nuevas condiciones de la región han ido modelando el camino hacia la Segunda y definitiva Independencia de Nuestra América. Una revolución regional, coordinada en sus proyectos y programas: unitaria. Una revolución que por primera vez se presenta en la historia como pacífica y democrática. Que se ha ido integrando acelerada pero sólidamente, hasta constituir la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, CELAC.
Una revolución que ha dotado a nuestra región de un peso geopolítico suficiente para gravitar frente al resto del Mundo, como lo plantearon los líderes de la primera independencia. Pero también un extraordinario peso geoestratégico. Aquí, en Nuestra América, se encuentran las mayores reservas de todas las riquezas naturales que demanda la pervivencia de la humanidad. Recursos que permiten el desarrollo y consolidación de la nueva revolución independentista, y que también están siendo orientados hacia la consecución de un Mundo mejor. Para superar las múltiples crisis que sufre la humanidad—integral y global, incluyendo la crisis de los valores humanos. Una revolución que, siendo la primera después de la caída del socialismo real, está reinventando la nueva forma de organizar la superestructura del Estado socialista. Que por lo mismo ha reabierto la esperanza de la humanidad, de los pueblos de todas las latitudes, incluso los del Norte, las víctimas más recientes del capitalismo.
Esta nueva revolución regional recoge el proyecto político de la revolución sandinista. Cinco objetivos estratégicos con vigencia plena en la actualidad: pluralismo político e ideológico, economía mixta, promoción y protección de los derechos humanos, democracia participativa, y no alineamiento internacional —que ahora se traduce en unidad de los países del Sur.
Esta revolución pacífica y democrática le ha permitido el Frente Sandinista retomar su proyecto originario. Semejanza que no es coincidencia, sino consecuencia directa de la orientación estructural de la historia de Nuestra América. No es pues un acierto solo de Nicaragua sino de todos los movimientos de liberación nacional habidos en la región desde la primera Independencia. Esta nueva revolución independentista es hija de de la Historia nuestramericana. Y tiene a Cuba como revolución inaugural de la nueva tendencia socialista del curso histórico de la humanidad.
Y termino citando un fragmento del discurso del comandante Tomás Borge, con motivo del cumpleaños de Fidel:
Cuando me asignaron unos minutos para hablar sobre Fidel Castro, quedé desconcertado. Me hubiera sido más fácil hablar del Quijote o del Cid Campeador. Le dije a Marcela, mi compañera: no tengo palabras para hablar de este caballero con botas de siete leguas. Ella me dijo: “No sea mentiroso. ¿Cómo no va a saber qué decir, si usted quiere a Fidel más que a mi?”.
La revolución cubana y su comandante en jefe inspiraron la lucha épica del pueblo de Nicaragua contra la dictadura de Somoza, y no han sido ajenas a la distribución de los optimismos de estas nuevas victorias sandinistas.
¿Quién puede dudar de la influencia de la revolución cubana y de Fidel en los éxitos sucesivos de Hugo Chávez y el pueblo bolivariano de Venezuela? Fidel es la inspiración de Evo Morales, quien lo considera un padre. ¿Quién me dice que otros lugares de América Latina, como Uruguay, Argentina, Brasil y Ecuador son extraños a la singular batalla de Cuba, con su ejemplo de coraje y fraternidad?
El destino de los pueblos pobres y aún de los países ricos tiene como punto de referencia obligatorio a la revolución cubana y a Fidel Castro.
¿Quién es Fidel? Lo saben sus hermanos entrañables. Lo sabe Raúl, el hombre que tiene la virtud de disimular su propia luz. Lo saben Juan, Ramiro, Guillermo y toda la constelación de hombres y mujeres que lo rodean. Lo saben los hambrientos de Haití, los alfabetizados de Nicaragua y Venezuela, los pueblos originarios, y hasta los niños especiales. Lo saben los enfermos de tristeza y de paludismo en tierras remotas, en barrios habitados por flacuchos, de esos que tienen frío y sed de palabras cordiales y dulces, pronunciadas por médicos alegres y abnegados. Lo saben los nicaragüenses, los sandinistas victoriosos que le dieron, sin duda, una gran alegría al hombre objeto de nuestros abrazos. Lo sabe Daniel, presidente de la tierra de Sandino, de Rubén Darío y de Carlos Fonseca.
Así que, después de estar mudo por largo tiempo, recordé a Fidel, cuando me dijo: “La lealtad es la virtud más importante de un revolucionario”.
Es que Fidel no sólo es leal a sus principios: es leal a todo. Es leal al canto de los jilgueros, es leal a quienes carecen del arroz hervido, es leal a los buenos vinos, es leal a la recuperación milagrosa de los paisajes, es leal a la gloria de un grano de maíz, es leal a sus amigos y, lo más curioso, hasta es leal a sus enemigos. Fidel es leal, sobre todo, a la verdad. Nunca miente. Mas bien, no miente jamás. Miente tan solo para ocultar los dolores de su cuerpo y, si acaso, para disimular las heridas del alma. Fidel es leal a su coraje. No le tuvo miedo al fuego de los fusiles ni a las explosiones ni a los huracanes ni a las invasiones. No les teme a los demonios ni a la ternura ni a esa solidaridad que le chorrea como manantial. Es un hombre que ama la vida, pero no le tiene miedo a la muerte ni está enamorado de la inmortalidad. Herencia inequívoca de José Martí.
Fidel es el hombre más amado de cuantos seres humanos existen. Y es respetado por todos, incluyendo a sus enemigos.
Esta es una fiesta de cumpleaños y, como es costumbre, se traen regalos. Los sandinistas le traemos un regalo a Fidel: la unidad de los revolucionarios nicaragüenses y el profundo compromiso de ser leales a los principios que dieron origen a la revolución sandinista.
Nicaragua tiene los brazos abiertos para la cordialidad y el afecto, pero exigirá con inquebrantable convicción el respeto a su dignidad, a su soberanía, a su lealtad con los pobres. Seremos fieles hasta la muerte a todas las causas justas del mundo, a la revolución cubana y a nuestro entrañable hermano. Ese, Fidel, es nuestro regalo de cumpleaños.

Marcela Pérez Silva. Embajadora de Nicaragua en Perú.

domingo, 7 de febrero de 2016

El Tratado de Relaciones de 1934 y la base naval norteamericana en Guantánamo. Nuevo rostro de una ilegalidad




Territorio ocupado por la ilegal Base Naval de Guantánamo.

1934 fue un año que marcó un punto de inflexión en la historia de la República Neocolonial Burguesa. El llamado Gobierno de los Cien Días –realmente fueron 127- por el hecho de haber intentado modificar los términos de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, adoptado posiciones antiinjerencistas y tomado medidas de beneficio social –bajo el impulso fundamental de su secretario de Gobernación, Guerra y Marina, Antonio Guiteras Holmes, el héroe antiimperialista más relevante de la Revolución del 30-, pasaría a la posteridad como el único gobierno del período que no fue reconocido por Washington y contra el cual conspiró hasta facilitar su caída, dando paso a un gobierno dócil a sus intereses, presidido por el coronel Carlos Mendieta.
No obstante, las riendas del país realmente las llevaría desde la jefatura del ejército, Fulgencio Batista, convertido ya a esas alturas, en el más fiel aliado de los norteamericanos en la Isla. Completaría la tríada de poder en la Mayor de las Antillas, el embajador estadounidense, Jefferson Caffery, quien había sustituido a Sumner Welles en diciembre de 1933.
Por su parte, la crisis del sistema neocolonial burgués instaurado por el gobierno de los Estados Unidos en la Isla en 1902 había entrado en una profunda crisis desde la década del 20. Agravada por la gran depresión económica mundial de 1929 a 1933.
En medio del impacto funesto de esa crisis en los Estados Unidos, el 4 de marzo de 1933 había llegado a la Casa Blanca por el partido demócrata, Franklin Delano Roosevelt, quien enfrentó la difícil situación heredada con reformas tanto a lo interno de la sociedad estadounidense –el llamado New Deal- como en la proyección internacional del país.
Su propuesta hacia América Latina y el Caribe, sería la llamada política del Buen Vecino. “Dedicaré esta nación a la política del Buen Vecino –el vecino que resueltamente se respeta a sí mismo y por ello respeta los derechos de los otros-, el vecino que respeta sus obligaciones y respeta la santidad de los acuerdos en y con un mundo de vecinos”, expresó en su discurso inaugural.
En diciembre de 1933, durante la celebración de la Séptima Conferencia de Estados Americanos, efectuada en Montevideo, Uruguay, la administración demócrata, representada por su secretario de Estado, Cordell Hull, se comprometió solemnemente a resolver “por medios pacíficos y procedimientos multilaterales” las diferencias que pudieran surgir entre gobiernos del hemisferio occidental y a que en el futuro no emprendería, de manera unilateral, ninguna nueva “intervención militar” en el continente.
Pero esto no significaba, que los Estados Unidos renunciaban a la utilización de otros recursos indirectos y directos de injerencia en los asuntos internos de los países de América Latina y el Caribe, así como a las “intervenciones colectivas” propugnadas por el presidente Roosevelt. De lo que se trataba era que las reglas del juego para ejercer la dominación serían otras, mucho más modernizadas.
Cuba, ubicada en el traspatio más inmediato de los Estados Unidos, sería pieza clave en el diseño estratégico de Washington hacia el resto de la región.
Las sucesivas intervenciones de los Estados Unidos en el hemisferio -Haití, República Dominicana, Honduras, Panamá, Nicaragua, Cuba, México- habían lastrado profundamente la imagen del país del norte y creado dificultades para el cumplimiento de sus objetivos hegemónicos ante las constantes rebeldías desatadas, en especial en Cuba, donde el antiinjerencismo y antiplattismo de las primeras décadas del siglo XX, había ido madurado cada vez más hacia el antiimperialismo.
Lo cierto es que la Revolución del 30 no se había ido del todo a bolina, al obligar al propio sistema neocolonial burgués instaurado, a recomponer su hegemonía a través de ciertas concesiones a los reclamos populares en la búsqueda de un mayor consenso, que garantizara la supervivencia del régimen y que no hubiera más revolución en Cuba.
A esas alturas, el imperialismo norteamericano tenía no pocas condiciones para llevar adelante ese proyecto de recomposición hegemónica y reformulación de la dominación burguesa neocolonial, luego de tres décadas de creación laboriosa de las bases y prácticas necesarias de dominación económica y política con el fin de afianzar sus intereses expoliadores en la Isla por largo tiempo.
El poder económico y financiero estaba prácticamente en sus manos, lo que les garantizaba en gran medida el poder político.
El nuevo tratado de reciprocidad comercial que firmarían ambos países en 1934 se encargaría de fijar aún más las cadenas de la dominación económica sobre la Isla. Bajo esas condiciones la administración Roosevelt no tenía necesidad de desembarcar los marines para subyugar a Cuba. La Enmienda Platt no era ya un recurso de dominación imprescindible y su abrogación más que posible, resultaba útil a la imagen de “Buen Vecino” que Washington quería vender al resto de los países latinoamericanos y caribeños, en un momento de crisis de su economía y disputa por los mercados internacionales -en especial en Asia-Pacífico- frente a otras potencias de la época como: Japón, Alemania e Inglaterra.
El célebre historiador cubano Ramiro Guerra, captaba con gran precisión el momento: “La Enmienda Platt de Cuba no responde ahora a ninguna necesidad internacional, puesto que en el mundo no hay una potencia que pueda ni que quiera crearle dificultades a los Estados Unidos dentro de su zona de influencia; cabe, en tal virtud, abandonar la Enmienda sin peligro alguno, como instrumento que cumplió su destino y ya es inútil, mientras que la propaganda destaca el hecho, a título de expresión de una política de buena vecindad y se obtiene un Tratado de comercio ventajoso”.
Fue en ese contexto que los Estados Unidos y el gobierno cubano, negociaron en silencio y con gran celeridad el Tratado de Relaciones de 1934, firmado en Washington el 29 de mayo de ese año, por el secretario de estado Cordell Hull y el subsecretario de estado Sumner Welles, en representación del gobierno de los Estados Unidos, mientras que del lado cubano lo haría el embajador en ese país, Manuel Márquez Sterling.
La firma del tratado se produjo cuando aun en la bahía de La Habana permanecían unidades navales norteamericanas, que amenazantemente les recordaban a los cubanos que debían portarse bien para evitar futuras intervenciones.
Esta infausta presencia de navíos norteamericanos en la rada habanera se extendería todavía durante varios meses del año 1934. Roosevelt no había desembarcado marines en Cuba, pero a través de otros instrumentos había intervenido en los asuntos internos de la Isla, sacado y puesto gobiernos de acuerdo a sus intereses.
El solo hecho de reconocer o no un gobierno se había convertido en un recurso que Estados Unidos utilizaba para torcer el curso de los acontecimientos en Cuba. Esto lo tenía bien claro el nuevo gobierno de la Isla que se inauguró en enero de 1934.

Las negociaciones

Desde su arribo a la Casa Blanca, Roosevelt había expresado su interés de negociar la abrogación de la Enmienda Platt, aunque aclarando que solo iba a ser posible el día en que en Cuba existiera un gobierno reconocido por los Estados Unidos. Ese gobierno sería el de Caffery-Batista-Mendieta, al cual el gobierno estadounidense de inmediato dio su beneplácito.
Las negociaciones comenzaron cuando el 17 de abril de 1934, el subsecretario de Estado, Sumner Welles, puso en manos del embajador de Cuba una copia del Proyecto de Tratado destinado a sustituir el Tratado Permanente de 1903 como base para iniciar las conversaciones.
El documento señalaba que el Tratado de Relaciones, concluido el 22 de mayo de 1903 dejaba de tener validez, a excepción de las cláusulas contenidas en el artículo IV, en relación con la ratificación y validación de todos los actos realizados por los Estados Unidos durante la ocupación militar.
También, que no implicaba cambio alguno en la obligación de la República de Cuba a venderle o arrendarle a los Estados Unidos tierras para carboneras o estaciones navales, ni se alteraban las estipulaciones en los Convenios existentes concluidos por los dos gobiernos en cumplimiento de dicha obligación, del 16-23 de febrero de 1903 y el complementario correspondiente a ese arrendamiento del 2 de julio de 1903.
Como se ve, la propuesta inicial del gobierno de los Estados Unidos en relación con el artículo VII de la Enmienda Platt era mantenerlo sin la más ligera modificación. Pero en este caso, a diferencia de 1901, los Estados Unidos se mostraron dispuestos -al menos en un inicio- a aceptar algunas enmiendas del lado cubano a la redacción del proyecto de tratado.
De haber sido aceptada sin modificaciones la propuesta inicial presentada por Washington, hubiera implicado para Cuba la posibilidad de verse impelida a la venta o arrendamiento no solo de Guantánamo, sino de otras tierras para carboneras y bases navales, como Bahía Honda, a la que los propios Estados Unidos anteriormente habían renunciado por un tratado firmado el 27 de diciembre de 1912 con el gobierno cubano a cambio de la ampliación de los límites de Guantánamo. Tratado que después no sería ratificado por ninguna de las partes.
Márquez Sterling consideró que el borrador recibido no era sincero al propósito de cancelar la Enmienda Platt. En nota enviada a la cancillería cubana expresaría:
“Si a este convenio que negociamos incorporan los Estados Unidos como condición expresa de nuestras relaciones con ellos el deber perpetuo de consentir en nuestro territorio sus carboneras o estaciones navales, no podremos nunca blasonar de haber librado a nuestra patria de la coyunda humillante de la Enmienda Platt. No debe aceptarse que la cláusula creadora de carboneras continúe significando una condición impuesta a nuestro país en sus relaciones de buen vecino con este poderoso imperio”.
Sin embargo, el criterio de Márquez Sterling era la aceptación del status quo ilegal e injerencista de la base en Guantánamo, incluso hasta la ampliación de sus límites como estaba dispuesto en el tratado no ratificado de 1912, a cambio de una modificación del lenguaje recogido en el artículo III del proyecto de nuevo tratado de relaciones.
Es decir, que no pareciera una imposición o condición obligatoria fijada a Cuba el arrendamiento o venta de bases navales o carboneras y que esa modificación dejara claro que solo se ratificaban los acuerdos de 1903 con relación a Guantánamo, para evitar otorgar derechos a Estados Unidos sobre otros territorios de la Isla.
¿Por qué Márquez Sterling transigió tan fácil en este asunto? ¿Por qué no intentó siquiera luchar también por que se eliminara la base naval norteamericana en Guantánamo?
Es evidente que el error de Márquez Sterling estuvo en utilizar ese aspecto relacionado con la soberanía territorial cubana, como una concesión, como una carta negociadora que le garantizaría la eliminación del resto de los artículos de la Enmienda Platt, en especial el III, que le dada el derecho a intervenir a los Estados Unidos en los asuntos internos de Cuba cuando lo estimaran conveniente.
Ni Cosme de la Torriente, secretario de Estado, ni el presidente cubano, Carlos Mendieta, tuvieron ninguna contradicción fundamental con los criterios de Márquez Sterling sobre el primer borrador del tratado recibido de los Estados Unidos. Estaban dispuestos a lograr librarse del menoscabo de la soberanía política que significaba el artículo III de la Enmienda, a cambio de la aceptación del VII modificado en relación con la permanencia de la base naval norteamericana en Guantánamo.
No tenían ni la menor idea de que esa base en el futuro no solo serviría para agredir a Cuba, sino a otros países de América Latina y el Caribe, y mucho menos, que se convertiría en una prisión ilegal norteamericana donde se pondrían en práctica las más horrendas torturas, en violación flagrante del derecho internacional.
Márquez Sterling se apresuró en comentar a su secretario personal después de firmar el tratado de relaciones: “Ya puedo morir tranquilo”. Olvidaba que si bien se había dado un paso importante, la Enmienda Platt subsistía en el nuevo tratado de relaciones al ratificar la situación de facto de la ilegal base naval norteamericana en Guantánamo, también establecida a la fuerza contra la voluntad del pueblo cubano en 1901.
“Y hiere tanto los sentimientos del país la pretensión de que se arriende o venda parte del territorio nacional –había expresado Juan Gualberto Gómez el 26 de marzo de 1901-, que de todas las cláusulas de la enmienda a la Ley del Presupuesto, la que más ha desagradado a nuestro pueblo es la que se refiere a las estaciones navales. El grito de Nada de carboneras es el que ha dominado en todas las manifestaciones populares celebradas contra la enmienda referida”.
Paradójicamente a la amnesia histórica y política de Márquez Sterling, Cosme de la Torriente y Mendieta, una comisión de la Foreing Policy Association, que visitaría la Isla en 1934, con la intención de realizar una propuesta mucho más elaborada desde las ciencias sociales para el reacomodo de las relaciones de dominación de los Estados Unidos en Cuba y la preservación del sistema, recomendaría a Washington en un informe titulado Problemas de la Nueva Cuba, dar consideración a la política de renunciar a sus derechos de la base naval en Guantánamo, porque numerosos cubanos encontraban difícil de conciliar la base naval en Guantánamo con la soberanía de la república cubana. “Su existencia en suelo cubano sigue siendo una anomalía”, recalcaban.
El 30 de mayo del propio año 1934, al conocerse la noticia de la abrogación del fatídico ins¬trumento, el olfato político del pueblo cubano lo llevó -según reportó el periódico Ahora- a recibir con desgano y escepticismo la noticia, a los discursos oficialmente patrióticos (más bien patrioteros) seguidos de iluminación y música, respondió el pueblo con una ausencia casi total de las plazas públicas.
Como destaca el historiador Rolando Rodríguez: “contra lo que se esperaba casi no hubo el regocijo popular. Se publicó la noticia en los periódicos de la tarde, fuertemente des¬tacadas, en las primeras planas pero el público lo leyó con sorpresa y nada más. Los comentarios en la calle, en los parques, en los hogares, más la de los extranjeros, era de sorpresa y nada más”.
Con una visión casi fotográfica del momento escribiría el destacado escritor estadounidense Waldo Frank:
“Franklin Delano Roosevelt canceló la Enmienda Platt, pero retuvo la base naval de Guantánamo. Si se vierte substancia blanda en un molde y se endurece, puede quitársele el molde y la substancia conservará su forma. La Enmienda Platt ya no era necesaria: la dependencia de Cuba de los Estados Unidos era una realidad estructural, que sólo un golpe contra la estructura misma podía destruir”.

La invalidación jurídica del artículo III del Tratado de Relaciones de 1934

En la conferencia de Montevideo en diciembre de 1933, el profesor Herminio Portell Vilá, en representación de Cuba, expuso argumentos que aun en nuestros días tienen total validez:
“Cuba nació con un vicio congénito de intervención pero esa intervención representada en la Enmienda Platt, ha sido el sustituto de la anexión de Cuba. Y declaro, Señor Presidente, que la Enmienda Platt y el Tratado Permanente tienen vicios de coacción, porque el pueblo de Cuba no aceptó libremente el Tratado ni la Enmienda Platt, ya que mi país estaba intervenido por las bayonetas americanas. // De acuerdo con eso, la intervención comenzada en Cuba ha seguido hasta hoy, con otro carácter pero la hay. El otro día, lo dijo el doctor Giraudy aquí y lo repito: hay intervención y la coacción de ejerce sobre ese pueblo tratando de obligarlo a aceptar situaciones que son intolerables. Cuba es y será contraria a la intervención. Cuba declara que la Enmienda Platt y el Tratado Permanente tienen vicios de ilegitimidad y fueron impuestos por la coacción ejercida sobre ella en momentos de los más críticos que en un pueblo puede afrontar”.
A pesar de que Estados Unidos trató de convertir el tratado de Relaciones de 1934 en un gran hecho propagandístico de limpieza de imagen hacia Cuba y el resto de la región y el propio gobierno cubano blasonó con el hecho de que se había logrado eliminar la “coyunda humillante”, lo cierto es que la abrogación de la Enmienda Platt, además de responder más al interés del propio gobierno de los Estados Unidos, que a las gestiones del cubano, fue solo parcial.
La IV cláusula de su articulado, en relación con la validación de “los actos realizados por los Estados Unidos en Cuba durante la ocupación militar” se mantuvo con ligeras modificaciones y la VII, que daba derechos a Estados Unidos de arrendar o comprar tierras en Cuba para estaciones navales y carboneras, quedó también reelaborada al expresar en el artículo III del nuevo tratado:
“En tanto las dos partes contratantes no se pongan de acuerdo para la modificación o abrogación de las estipulaciones del Convenio firmado por el Presidente de la República de Cuba el 16 de febrero de 1903, y por el Presidente de los Estados Unidos de América el 23 del mismo mes y año, en cuanto al arrendamiento a los Estados Unidos de América de terrenos en Cuba para estaciones carboneras o navales, seguirán en vigor las estipulaciones de ese Convenio en cuanto a la Estación Naval de Guantánamo. Respecto a esta estación naval seguirá también en vigor en las mismas formas y condiciones el arrendamiento suplementario referente a estaciones navales y carboneras terminado entre los dos Gobiernos el 2 de julio de 1903.
Mientras no se abandone por parte de los Estados Unidos de América la dicha Estación Naval de Guantánamo o mientras los dos Gobiernos no acuerden una modificación de sus límites actuales, seguirá teniendo la extensión territorial que ahora ocupa, con los límites que tiene en la fecha de la firma del presente Tratado”.
Este artículo reelaborado atentaba contra la propia política del “Buen Vecino” proclamada por Roosevelt y la Convención sobre los Derechos y Deberes de los Estados, que habían firmado los Estados Unidos en Montevideo meses antes, que en su artículo once estipulaba:
“Los Estados contratantes consagran en definitiva como norma de su conducta, la obligación precisa de no reconocer las adquisiciones territoriales o de ventajas especiales que se realicen por la fuerza, ya sea que esta consiste en el uso de las armas, en representaciones diplomáticas conminatorias o en cualquier otro medio de coacción efectiva. El territorio de un Estado es inviolable y no puede ser objeto de ocupación militar ni de otras medidas de fuerza impuesta por otro Estado, directa o indirectamente, aunque sea temporal”.
Se le dio un nuevo rostro a la ilegalidad y la afrenta a la soberanía territorial que significaba la presencia de la base militar yanqui en suelo cubano. Como expresara la doctora Olga Miranda en su obra Vecinos Indeseables. La base naval de Guantánamo:
“Es máxima aceptada en derecho que derogar una ley es disponer algo contra ella y abrogar una legislación es enteramente destruirla. La Enmienda Platt no fue abrogada, pervive en el Tratado de 1934 en cuanto a la Base Naval en Guantánamo”.
Los vicios de nulidad de origen están presentes en el Tratado de 1934 en tanto arrastra –con algunas modificaciones- el artículo VII de la Enmienda Platt, que como sabemos no contó con la libertad de consentimiento de Cuba al ser aprobada en 1901 bajo la coacción del gobierno interventor de los Estados Unidos, ejercida no solo contra los constituyentes cubanos, sino hacia toda la nación. En su discurso ante la asamblea de la ONU en septiembre de 1960, el líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro, profirió:
“Se le impuso a nuestra patria, por el órgano legislativo de un país extranjero, se le impuso por la fuerza el derecho a intervenir y el derecho a arrendar bases o estaciones navales”.
No hubo manifestación libre y espontánea de la voluntad del pueblo cubano a la hora de aprobarse la Enmienda Platt, ni los tratados de 1903 y el de relaciones de 1934. O había Constitución con el bochornoso apéndice o de lo contrario se mantendría la ocupación norteamericana de la Isla, esa fue la condición fijada por el gobierno de los Estados Unidos en 1901.
No hubo concierto de voluntades como es propio de un tratado bilateral, ni tampoco buena fe por parte de Washington antes, durante y después de la firma de los tratados. “Un tratado viciado de nulidad de origen, como el Convenio para las estaciones carboneras y navales de 16/23 de febrero de 1903 -explica también Olga Miranda- no puede convalidarse por el simple hecho del transcurso del tiempo, sino únicamente cuando cesa la causa del vicio…”.
El tratado de relaciones de 1934 al contener artículos modificados de la Enmienda Platt no cesó la causa del vicio.
Asimismo, el tratado de arrendamiento para la Base de Guantánamo está viciado en su origen de nulidad absoluta por incapacidad radical de los gobiernos de la época para ceder un pedazo de territorio nacional disfrazando esa cesión de arrendamiento a perpetuidad, en violación del derecho constitucional de la nación.
El convenio sobre la Base de Guantánamo de 1903, al otorgar durante el período en que los Estados Unidos ocuparan las áreas arrendadas, la jurisdicción y señorío completo sobre las mismas, convertían el acuerdo en un procedimiento engañoso para burlar el principio de integridad territorial consagrado en el artículo segundo de la Constitución Cubana de 1901.
Habría que añadir que ese espurio “arrendamiento” violentó no solo el articulado de la constitución de 1901, sino también años más tarde la de 1940 y continúa hoy violentando la constitución socialista cubana, refrendada por el 97,7 % de los votantes cubanos en 1976.
La Constitución del 40 establecía: “(…) el territorio de la República de Cuba está integrado por la Isla de Cuba, la Isla de Pinos y las demás islas y cayos adyacentes que con ella estuvieron bajo la soberanía de España hasta la ratificación del Tratado de Paris del 10 de diciembre de 1898. La República de Cuba no concertará ni ratificará pactos o tratados que en forma alguna limiten o menoscaben la soberanía nacional o la integridad del territorio”.
La Constitución del 24 de febrero de 1976, en su artículo once fue aun más enfática: “La República de Cuba repudia y considera nulos los tratados, pactos o concesiones concertados en condiciones de desigualdad o que desconocen o disminuyen su soberanía y su integridad territorial. Las relaciones económicas, diplomáticas y políticas con cualquier otro estado no podrán ser jamás negociadas bajo agresión, amenaza o coerción de una potencia extranjera”.
Por otro lado, jurídicamente no existe la posibilidad de un arrendamiento que pueda ser perpetuo. El tratado de relaciones de 1934 contenía algunas trampas alevosas como la de no fijar tiempo límite del arriendo de la base naval en Guantánamo y dejar solo a una de las partes, en este caso a los Estados Unidos, la potestad de terminación del contrato.
Como hemos explicado el tratado de relaciones de 1934 contenía vicios de nulidad de origen, pero a partir del triunfo de la Revolución Cubana en 1959 y hasta nuestros días, los tratados relacionados con la base naval norteamericana en Guantánamo son aun más insostenibles jurídicamente.
Universalmente se considera que los tratados sin término contienen una condición tácita, solo se sostienen en el tiempo mientras duren las circunstancias existentes en el momento de su celebración. Es contrario a la razón y la naturaleza, que los tratados sean perpetuos. Cuba hace mucho que no es una neocolonia yanqui, de ahí que ninguno de los tratados firmados en ese período pueda ser tomado como válido ante el profundo cambio de circunstancias. Mucho menos aquellos tratados espurios que fueron establecidos bajo amenazas y presiones, desde posiciones de fuerza.
Por otro lado, según el derecho internacional la permanencia de la base naval de Guantánamo contra la voluntad del pueblo cubano en quebranto de la integridad territorial de la isla, califica como un acto de colonialismo. Así lo recoge la resolución No.1514, conocida como “Declaración contra el colonialismo”, aprobada en la asamblea general de naciones unidas el 14 de diciembre de 1960. Ese enclave colonial ha obstaculizado el ejercicio pleno de Cuba de su soberanía y usado como punto de agresión contra nuestra Isla durante varias administraciones estadounidenses. Otros tratados internacionales han sido violados.
En la conferencia de las Naciones Unidas sobre el Derecho de Tratados, celebrada en Viena, en 1969, se aprobó el 20 de mayo, la Declaración sobre la Coacción Militar, Política o Económica en la Celebración de Tratados, texto que forma parte de su Acta Final, en la cual se condena: “(…) solemnemente el recurso a la amenaza o al uso de la presión en todas sus formas, ya sea militar, política o económica, por un Estado, con el fin de coaccionar a otro Estado para que realice un acto relativo a la celebración de un tratado en violación de los principios de igualdad soberana de los Estados y de la libertad de consentimiento”.
Al propio tiempo, la mencionada Declaración de Viena deploró:
“(…) El hecho de que en el pasado los Estados se hayan visto alguna veces forzados a celebrar tratados ante las presiones ejercidas en diversas formas por otros Estados”.
En caso de una negociación bilateral sobre la base naval de Guantánamo los Estados Unidos tomarían como base el tratado de relaciones de 1934, pero como ya hemos explicado eso es un error, en tanto ese tratado arrastró los vicios de nulidad del Convenio de 1903 que se sustentaba en la cláusula VII de la Enmienda Platt.
En 1962, el destacado jurista cubano Fernando Álvarez Tabío, en un ensayo publicado en la revista Cuba Socialista, donde se fundamenta ampliamente la ilegalidad de la base naval norteamericana en Guantánamo, concluyó:
“El contrato de arrendamiento a perpetuidad de los terrenos y mar territorial que integraban la Base de Caimanera carece de existencia legal y validez jurídica, está viciado en sus elementos esenciales: a) incapacidad radical del gobierno de Cuba para ceder a perpetuidad un pedazo del territorio nacional; b) por la misma razón el objeto y la causa son ilícitos; c) el consentimiento fue arrancado mediante violencia moral irresistible e injusta. (…) Un tratado inconstitucional y nulo de eficacia jurídica, no confiere derechos, no impone obligaciones, no proporciona protección, carece de impositividad inexorable; es desde el punto de vista legal, tan inoperante como si nunca se hubiese sancionado (…)”.

Breve Epílogo

Desde 1959 la devolución del territorio que hoy ocupa la Base Naval norteamericana en Guantánamo ha estado en la agenda de Cuba ante un posible proceso de normalización de las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos.
Cuba ha guardado los cheques de pago por el “arriendo” de la base desde 1960. Se guardan, como ha dicho el General de Ejército Raúl Castro, para exhibirlos el día que devuelta la tierra ocupada, se haga un museo de lo que fue y significó esa oprobiosa base naval yanqui. Esta actitud de Cuba es también una manera de ratificar su rechazo a la existencia de la base naval norteamericana en nuestro territorio.
Durante la crisis de octubre de 1962 la devolución de la base fue uno de los cinco puntos planteados por Cuba. Quizás, si la dirección soviética en ese momento, en lugar del retiro de los cohetes nucleares estadounidenses en Turquía e Italia, que nada tenía que ver con la soberanía de Cuba, hubiese exigido a la administración Kennedy la devolución del territorio ilegalmente ocupado en Guantánamo, no existiera hoy esa base ignominiosa.
No obstante, Cuba siempre ha apostado por una solución pacífica y negociada del tema y jamás ha convertido este punto tan sensible para los cubanos en un obstáculo para el avance de un proceso de negociaciones con los Estados Unidos. Lo que sí queda claro es que para Cuba, es imposible pensar en una normalización de las relaciones mientras exista la base, como una especie de puñal clavado en nuestras espaldas, en menoscabo de nuestra soberanía territorial. No solo debe cerrarse el centro ilegal y arbitrario de detención establecido por la administración Bush, donde se han cometido las más atroces torturas y violado sistemáticamente los derechos humanos, sino definitivamente devolver ese territorio a quienes pertenece: los cubanos y cubanas.

Elier Ramírez Cañedo

sábado, 6 de febrero de 2016

World Learning para Cuba, ¿nuevo programa de la CIA?




No resulta una sorpresa para nadie que en el nuevo contexto de las relaciones entre Cuba y EEUU comiencen a aparecer sospechosos programas encaminados a rebuscar entre los jóvenes cubanos para crear una cantera de potenciales nuevos líderes “para el cambio” según los estándares de la guerra subversiva. En apariencia estos proyectos resultan atractivos e inocentes, pero en su trasfondo existe la malsana intencionalidad de adiestrar a dichos jóvenes en torno a los valores del discurso político capitalista y contrarrevolucionario. De esta forma acaba de aparecer una convocatoria de la organización no gubernamental World Learning, con sede en Washington, la cual ha abierto la matrícula de su “Programa de verano para jóvenes cubanos”, el cual se llevará a cabo durante treinta días, entre julio y agosto de 2016, en los EEUU.
El sitio World Learning (http://www.worldlearning.org/what-we-do/programa-de-verano-para-jovenes-cubanos/) da a conocer esta convocatoria que se iniciará el 1 de marzo del presente año y está dirigida, específicamente, a jóvenes cubanos entre los 16 y los 18 años de edad, los cuales deben estar estudiando en el nivel secundario o preuniversitario. Las bases para la captación aparecen en este sitio mencionado y, particularmente, la intencionalidad del mismo: “el desarrollo de habilidades en áreas que incluyan hablar en público, trabajar en equipo, negociar, fomentar consenso, resolución de conflictos, defender los derechos propios, y solución de problemas.”
El citado sitio refiere lo siguiente: “Nuestros programas ayudan a la próxima generación de líderes mundiales para obtener un mayor sentido de responsabilidad ciudadana, establecer relaciones a través de líneas étnicas, religiosas y nacionales, y desarrollar las habilidades y conocimientos para transformar sus comunidades y países.” Y puntualiza, además: “Los programas se centran en temas específicos, que van desde la participación ciudadana y el voluntariado para el desarrollo de liderazgo a través del deporte y el activismo.”
Obviamente, según puede verse en la dirección web de la mencionada ONG en cuestión: https://www.regonline.com/Register/Checkin.aspx?EventID=1789287, la directiva de esta ONG se reserva el derecho de selección luego de un meticuloso análisis de los solicitantes. A saber, aparentemente, el rendimiento académico, la habilidad para desarrollar proyectos que beneficien a la escuela y/o comunidad del solicitante y la de trabajar en cooperación en diferentes grupos, y entender -pero no necesariamente aceptar- las opiniones de otros. Sin embargo, se piden dos cartas de recomendación escritas por dos adultos en Cuba, sin especificar quiénes sean los mismos o su orientación política, lo que presupone una explícita trampa.
La ONG World Learning tiene su sede en el 1015 15th St NW, Suite 700, 20005, en Washington, Distrito de Columbia, EEUU. El campus principal de World Learning está situado en el norte de Brattleboro, según se destaca en la página https://en.wikipedia.org/wiki/World_Learning
Sin embargo, detrás de las “inocentes intenciones” existen las sospechas muy serias sobre el carácter subversivo del mismo y cómo resulta parte de la acción a largo plazo de una tapadera de la CIA. Esta ONG está conectada en sus orígenes con los Cuerpos de Paz y es una nueva versión del Grupo Internacional de Delphi, involucrado en planes desestabilizadores por parte de la CIA y de sus tapaderas como la USAID y la NED. Se sabe que más de 40 programas de World Learning son financiados por la USAID.
El sitio www.topsecretwriters.com denuncia que esta ONG, antecesora del grupo Internacional Delphi, “no es nada más que una fábrica de propaganda de la CIA que se utiliza para que el gobierno federal puede lograr sus objetivos políticos generales en suelo extranjero.” Un ejemplo de esta implicación política, acentúa este sitio, fue durante la década de 1980, cuando el gobierno de Estados Unidos utilizó a Delphi International Group para "promover la democracia" en Nicaragua.
El 11 de junio de 2003 Philip Agee, ex agente de la CIA ya fallecido, desnudó cómo las tutoras de World Learning –entiéndase USAID, NED y la propia CIA– participaron en planes subversivos contra la Venezuela Bolivariana, en un artículo aparecido en Red Voltaire (http://www.voltairenet.org/article125754.html).
Sea como fuere, se ha de andar con ojo avizor ante esta propuesta para Cuba, no solo por los antecedentes de esta ONG y por el hecho de sus vínculos directos con la USAID y la NED, máscaras de la operaciones subversivas de la CIA.

Percy Francisco Alvarado Godoy

Sensible pérdida para la causa de la paz




Fallece Orlando Fundora, Presidente de Honor del Consejo Mundial por la Paz

Tras el fallecimiento del cubano Orlando Fundora López el reciente dos de febrero, a la edad de noventa años, la lucha mundial por la paz ha perdido a uno de sus más insignes combatientes.
Así lo anunció, con pesar, en Consejo Mundial por la Paz (CMP), del que Fundora era Presidente de Honor.
Orlando Fundora inició su accionar revolucionario en las luchas estudiantiles del Instituto de Segunda Enseñanza y la Escuela de Comercio de la ciudad de Santa Clara, el la región central de Cuba. A partir de 1945 trabajó en la sucursal del Royal Bank of Canada en La Habana, donde se formó como un destacado dirigente sindical en el sistema bancario. Por su participación en luchas obreras era objeto de sistemática persecución policial.
En 1954 se incorporó al movimiento revolucionario 26 de Julio encabezado por Fidel Castro, y participó en numerosas actividades revolucionarias por las que fue seis veces detenido, encarcelado y en varias ocasiones cruelmente torturado por las fuerzas represivas del régimen tiránico de Fulgencio Batista.
Entre 1957 y 1959, cuando se vio obligado a exiliarse, continuó su lucha patriótica en Venezuela. Por su colaboración con el movimiento revolucionario en ese país fue detenido por la policía política venezolana.
Después del triunfo de la revolución en Cuba participó en calidad de corresponsal de guerra en la defensa cubana contra la invasión mercenaria por la Bahía de Cochinos, en Playa Girón; asumió el cargo de director de la emisora internacional cubana Radio Habana Cuba, y, más tarde, se desempeñó por un breve período como director de la agencia de noticias Prensa Latina.
En 1966, Fundora fue promovido a la Comisión de Relaciones Exteriores del Comité Central del Partido Comunista de Cuba (PCC) y designado jefe de información de su Departamento Internacional. En 1973, se le nombró jefe del Departamento de Orientación Revolucionaria del Comité Central del PCC.
Orlando Fundora López asumió en 1985 la presidencia del Movimiento Cubano por la Paz y la Soberanía de los Pueblos (MOVPAZ) que desempeñó hasta 2006, cuando debió dejar el cargo por problemas de salud, fundamentalmente ortopédicos, derivados de las torturas policiales sufridas durante sus luchas revolucionarias contra la tiranía de Fulgencio Batista.
Con apoyo, estímulo y respaldo material de la URSS y los países socialistas y partidos comunistas alineados con la URSS, el Consejo Mundial por la Paz nació al término de la II Guerra Mundial como una formación abierta a la participación de otras fuerzas de diferente signo político.
Debido a esta inevitable dependencia, los conflictos y divisiones en el movimiento comunista internacional se reflejaban en el CMP de manera inmediata y el desplome del campo socialista europeo y especialmente la desintegración de la URSS, a inicios de la década de los 90, amenazaron seriamente su supervivencia.
Todas las organizaciones miembros de los que fueron países socialistas en Europa se disolvieron y solo la voluntad política de un grupo de formaciones, entre las que la cubana desempeñó un papel preponderante, logró mantener vivo al Consejo Mundial por la Paz.
Muchos y muy poderosos han sido, sin embargo, los obstáculos que el CMP tuvo que solventar para sobrevivir.
Tuvo que enfrentar tendencias claudicantes de orientación socialdemócrata que aún existen en algunas organizaciones de Europa y de otras partes del mundo que se resisten a que el CMP juegue un papel activo en el enfrentamiento al imperialismo. En la Asamblea del CMP que tuvo lugar en Atenas, Grecia, en el año 2000, Fundora desempeño una intensa actividad a favor de la unidad dentro de los principios que contribuyó decisivamente a la revitalización de la organización (que entonces cambió su sede para Atenas) y precisó los objetivos de la lucha del CMP contra el imperialismo.
Como reconocimiento al liderazgo del Movimiento Cubano por la Paz (MOVPAZ) en el proceso de lucha por la supervivencia del CMP, la Asamblea del CMP de mayo de 2004, en Atenas, Grecia, eligió por consenso, sin oposición alguna, el Presidente de MOVPAZ, Orlando Fundora López, como Presidente del CMP. En la siguiente, celebrada en Caracas en 2008, se le eligió Presidente de Honor de esa organización mundial, dignidad que conservó y a la que sirvió hasta su fallecimiento.
Al dar a conocer la triste noticia de su deceso, el CMP destacó que se había perdido un campeón incansable de la lucha por la paz y la justicia social que dedicó su vida a la lucha revolucionaria y antiimperialista, a la justa causa de los pobres y oprimidos de todo el mundo y que será recordado y servirá como ejemplo para las generaciones futuras.

Manuel E. Yepe

martes, 2 de febrero de 2016

Hatuey y la primera rebeldía en Cuba y América




Con Hatuey hemos de estar, y no con las llamas que lo quemaron… Este verso martiano bien puede tomarse como epitafio para aquel que muriera en rebeldía el 2 de febrero de 1512: “Hatuey murió, tremendas las semillas”.
Si Ud. visita Baracoa, la Ciudad Primada de Cuba, encontrará en el parque principal, “parque triangular", –única peculiaridad notable de esta ciudad”, según recalca el escritor cubano Alejo Carpentier en su novela La Consagración de la Primavera– un modesto monumento con el busto del Cacique Hatuey, cuya ubicación entraña un simbolismo particular. Se levanta a escasos metros de la puerta principal de la Iglesia parroquial. Y la tarja refleja la significación singular del personaje en la historia: HATUEY, PRIMER REBELDE DE AMÉRICA.
Si bien es justo tal reconocimiento porque Hatuey fue el primer rebelde de Cuba y América, tal vez en cada plaza importante debiera erigirse un monumento digno que se corresponda con la magnitud de su gesto rebelde en aquellos tiempos primigenios de nuestra historia común. Quien fue el primer refugiado indígena en Cuba procedente de la isla la Española al inicio de la época colonial, libró la lucha de resistencia contra la conquista y colonización española en nuestras tierras, convirtiéndose en el primer rebelde de América. Hecho prisionero por los españoles, rechazó, con hidalguía india, el cielo prometido a cambio de su arrepentimiento antes de cumplirse la pena de muerte en la hoguera.
Algunos años antes de que Hatuey pisara las tierras barocoanas, se produjo la llegada del Almirante Cristóbal Colón en su primera expedición. La existencia de los indios, su comportamiento y naturaleza fue narrada en aquel entonces.
Así que pensemos en aquel primer Almirante que puso los pies en tierra cubana procedente de la Española, y que un día 27 de octubre de 1492 empezó a encontrar la realidad de una geografía y de un grupo humano autóctono, los indios, desde Bariay a Baracoa. Llegó hasta aquí el martes 27 de noviembre, pues “…halló una grande población, la mayor que hasta hoy haya hallado y vido venir infinita gente a la ribera de la mar dando voces, todos desnudos, con sus azagayas en la mano.”
“Dice el Almirante aquí estas palabras: “cuánto será el beneficio que de aquí se puede haber…”, “…Y porque atrás tengo hablado del sitio de una villa o ciudad o fortaleza por el buen puerto de buenas aguas, buenas tierras, buenas comarcas y mucha leña.”
“Y digo que vuestras Altezas no deben consentir que aquí trate ni faga pie ningún extranjero, salvo católicos cristianos…”.
Otros aspectos significativos del relato de Colón son estos: “Hízolos dar el Almirante cascabeles y sortijas de latón y contezuelas de vidrio verdes y amarillas, con que fueron muy contentos… y certifica que diez hombres hagan huir a diez mil: tan cobardes y medrosos son que ni traen armas salvo unas varas…”.
“Ellos son gente como los otros que he hallado, y de la misma creencia, y creían que veníamos del cielo, y de lo que tienen luego lo dan por cualquier cosa que les den, sin decir ques poco, y creo que así harían de especiería y de oro si lo tuviesen”.
He ahí en síntesis todos los elementos esenciales recogidos en este encuentro entre las tropas comandadas por Colón y los indios que habitaban las tierras vírgenes de Baracoa, en la parte más oriental de Cuba. Observen la visión de apoderamiento de los territorios por parte de los españoles; la opinión sobre la naturaleza noble y la actitud temerosa de los indios ante la visita inesperada de los expedicionarios, que llegan a concebir como venidos del cielo; el engaño temprano en el intercambio de objetos; los planes de asentamientos futuros ante las riquezas posibles, para lo cual no se debía permitir que extranjeros de otros países pusieran sus plantas en los nuevos territorios “descubiertos”, “ni venir a estas partes ninguno que no sea buen cristiano”.
Pero el tiempo pasó, y el 6 de abril de 1511 los Reyes de España autorizaron a Diego Velázquez a iniciar la conquista y colonización de la Isla de Cuba, y después de desembarcar con 300 expedicionarios y con la cruz y la espada en Baracoa, fundó la villa el 15 de agosto de ese año. Y estas tropas fueron tan cruelmente eficaces para el exterminio, que Fray las Casas escribe que “la isla de Cuba…, está hoy (1555) cuasi toda despoblada."…“Aquí acaecieron cosas muy señaladas. Un cacique y señor principal, que por nombre tenía Hatuey, que se había pasado desde la isla Española a Cuba con mucha de su gente, por huir de las calamidades e inhumanas obras de los cristianos.”
Hatuey era el cacique en una región llamada Guahabá y era uno de los jefes entre quienes se distribuía el mando de su isla natal. Pronto enfrentó a los españoles en la Española (Santo Domingo y Haití), por la explotación y crímenes practicados en aquel territorio.
Al cabo su rebelión fue vencida, y decidió echarse a la mar hacia la isla de Cuba, acompañado de sus seguidores, algunos centenares según se afirma. Imaginémonos, cómo aquellos seres pudieron aventurarse para hacer la travesía en sus rústicas canoas hacia la región de Baracoa, en Cuba, para convertirse en los primeros refugiados a consecuencia de la invasión y persecución extranjeras.
Estando en Cuba, según cuenta el Padre las Casas en su obra Brevísima relación de la destrucción de las Indias, se enteró Hatuey del desembarco de los españoles y empezó a advertir a la población nativa de lo sucedido en la Española. Hubo de enseñarle una cestilla llena de oro en joya y dijo: “Véis aquí el Dios de los cristianos que ellos adoran y quieren mucho”. Luego de recomendarse hacerle aireitos (bailes y danzas mágicas), Hatuey recomendó una opción mejor. Mirad, como quiera que sea, si lo guardamos, para sacárnoslo al fin nos han de matar, echémoslo al río". Y dice las Casas “Todos votaron que así se hiciese, y así lo echaron en un río grande que allí estaba.”
“Este cacique y señor anduvo siempre huyendo de los cristianos desde que llegaron a aquella isla de Cuba, como quien los conocía, y defendíase cuando los topaba; y al fin lo prendieron, y sólo porque huía de gente tan inicua y cruel, y se defendía de quien lo quería matar y oprimir hasta la muerte, a sí y a toda su gente y generación, lo hubieron vivo de quemar.”
Se cuenta que su apresamiento fue debido a la delación de uno de sus seguidores. ¡Oh, traición! Siempre hay un traidor o muchos traidores detrás del martirio y las derrotas de los mejores hombres y de las causas buenas.
Velázquez decidió hacer un escarmiento ante la rebeldía que amenazaron tempranamente, durante meses, sus planes de asentamiento en Cuba. Le condenó por hereje y rebelde a la pena de muerte en la hoguera. Tremenda importancia debió darle a aquel personaje cuando en vez de sacrificarlo inmediatamente en Baracoa, sitio de su resistencia y aprensión, lo hiciese en un sitio a cientos de kilómetros como Yara, actual provincia de Granma.
Y sigue contando las Casas, que cuando un cura de la orden de San FranciscoTesín, trataba de convencerlo de la bondad de Dios y de la posibilidad de ir al cielo si se arrepentía y disfrutar de un eterno descanso porque si no iría al infierno a padecer perpetuo tormentos y penas, Hatuey preguntó al religioso si iban aquellos cristianos al cielo, y al responderle el religioso que sí, “dijo luego el cacique sin más pensar, que no quería él ir allá sino al infierno, por no estar donde estuviesen, y por no ver tan cruel gente.”
Así se expresó la rebeldía del cacique Hatuey, cuya resistencia fue proseguida en Baracoa por el cacique Guamá desde 1514 hasta 1534 en que fue asesinado por causa intestina. Muchos otros indígenes cubanos ofrecieron tenaces y heroicas resistencias a la barbarie española.
Esta no es toda la historia de la conquista y colonización de Cuba iniciada hace más de quinientos años, proceso comenzado poco antes en la Española, y proseguido después en los más vastos territorios del resto de América. ¿Cómo conmemorar estos hechos fundacionales? Es hora de abrir un espacio reivindicador para enaltecer las virtudes de nuestras poblaciones primitivas, para hacer justicia ante su holocausto, para destacar su rebeldía a pesar de sus impotencias por el poderío y fuerza comparativamente inferiores a la de sus opresores y asesinos, para ofrecer cátedras que agiganten las lecciones que dieron, a pesar de su atraso relativo en el desarrollo humano, para rendir homenaje a aquellos rebeldes como Hatuey y otros muchos jefes indios.
En homenaje al padre las Casas señaló José Martí que “ese es un nombre que se ha de llevar en el corazón, como el de un hermano.”
Sobre Hatuey y otros grandes indígenas de América, sentenció: “Con Guaicaipuro, Paramaconi, con Anacaona, con Hatuey hemos de estar, y no con las llamas que los quemaron, ni con las cuerdas que los ataron, ni con los aceros que los degollaron, ni con los perros que los mordieron”.
Finalmente, este verso martiano bien puede tomarse como epitafio para aquel que muriera en rebeldía el 2 de febrero de 1512: “Hatuey murió, tremendas las semillas”.

Wilkie Delgado Correa

lunes, 1 de febrero de 2016

Martí y nuestro tiempo




Llegó a su término la IIª Conferencia Internacional “Con todos y para el bien de todos” organizada en La Habana por la Oficina del Programa Martiano. Este aforismo ha sido a menudo mal interpretado, como si Martí fuese tributario de una concepción negacionista de las clases sociales y su conflicto. En realidad era un fino observador y analista de las sociedades de su tiempo, y sus fragmentaciones y asimetrías no pasaron desapercibidas a su aguda mirada.
Conocía como muy pocos pensadores independentistas la sociedad norteamericana, estaba familiarizado con España, donde pasó unos años, y conocía Cuba como la palma de su mano. También estuvo en varios países del Caribe, Centroamérica y México y su conocimiento de la región era, para las limitaciones de su época, realmente impresionante. Con aquella consigna –“Con todos y para el bien de todos”- Martí quería señalar la necesidad de dar cuenta de la complejidad de la formación nacional cubana, integrada por españoles, criollos, afrocubanos y gentes de otras etnias nativas, y que la república independiente por la cual él luchaba y por la cual ofrendó su vida tenía que incluir a todas esas comunidades –no por igual a los campesinos y los terratenientes, va de suyo- teniendo a la vista el bien común. En suma, proponía para la Cuba de su tiempo lo que en el lenguaje actual denominaríamos un “estado plurinacional” tal como, respondiendo a la inspiración martiana, existe hoy día en Bolivia.
Martí fue cónsul honorario de la Argentina en Nueva York y, por largos años, corresponsal de La Nación de Buenos Aires en Estados Unidos, desde donde envió penetrantes ensayos muchos de los cuales fueron luego recogidos, compilados y publicados bajo el título de Nuestra América. Creo, sin dudarlo, que este notable libro conforma junto con la Carta de Jamaica de Simón Bolívar, y La Historia me Absolverá, de Fidel, la trilogía fundacional, imprescindible, del pensamiento emancipatorio latinoamericano. Ajeno a sus enseñanzas, una variante del marxismo de estas latitudes se precipitó en la ciénaga de un estéril dogmatismo, incapaz de comprender el crucial problema de la dominación imperialista para, a partir de su adecuada intelección, desarrollar una estrategia política adecuada para combatirlo. No sólo eso: sin el auxilio de Bolívar, Martí y Fidel ese marxismo “doctrinarista y pedante” -como Gramsci calificaba a una distorsión semejante en los años de la primera posguerra en Europa- se degradó hasta convertirse en un tosco determinismo economicista huérfano de cualquier proyecto ético o, más recientemente, en una metafísica de la lucha de clases: sin historia, sin estructuras, sin sujetos, puro reino del discurso, la contingencia y el azar desenvolviéndose en un vacío internacional en donde el colonialismo y el imperialismo brillaban por su ausencia. Producto de esas alucinaciones Fidel, Chávez, Evo, Correa asoman en esos relatos como los villanos que frustran las ansias revolucionarias de las masas y que, con sus vacilaciones y remilgos pequeño burgueses, impiden el ascenso –siempre lineal e ininterrumpido, según esta peculiar visión- de nuestras sociedades desde el infierno del capitalismo hacia los cielos diáfanos del socialismo.
La Conferencia ha sido un éxito notable en la empresa impostergable de recuperar el legado teórico y político de Martí. Una concurrencia multitudinaria, mayoritariamente joven, de los países latinoamericanos y caribeños y numerosos contingentes llegados de África y Asia, amén de los países europeos, Estados Unidos y Canadá, siguió con atención las intervenciones de las distintas mesas redondas y conferencias. Los contactos de intelectuales y artistas, y de representantes de partidos y movimientos sociales se potenciaron; las discusiones de las distintas experiencias nacionales enriquecieron las perspectivas de análisis y, en consecuencia, las posibilidades de coordinar internacionalmente las luchas emancipatorias en Nuestra América salieron fortalecidas. Hubo excelentes intervenciones de Armando Hart, Frei Betto, “Pepe” Mujica, Ignacio Ramonet, François Houtart, Federico Mayor Zaragoza, Abel Prieto, Katiuska Blanco, Pablo González Casanova, Guillermo Castro Herrera, Fernando Martínez Heredia, Omar González Jiménez, entre otros. La sesión matutina del miércoles, dedicada a la solidaridad internacional, alcanzó el registro más emotivo de toda la conferencia al contar con la presencia de “Los 5” luchadores antiterroristas y sus familiares. Era la primera vez que estos se reunían con quienes en diferentes países habían participado en las campañas que culminaron con su liberación. Fueron cinco discursos breves, concretos y profundos, demostrando que son cuadros dueños de una impresionante formación, y que sus dieciséis años de cruel confinamiento carcelario lejos de mellar su voluntad revolucionaria les sirvieron para afinar las armas de sus críticas. La sesión culminó con los panelistas y el público entonando con fervor las estrofas de “La Internacional”.
Parece innecesario insistir en la asombrosa actualidad del pensamiento martiano. En una de mis presentaciones citaba algunos pasajes de Nuestra América cuando para desentrañar las raíces de la rapiña de la Roma Americana su autor decía que “los norteamericanos creen en la necesidad, en el derecho bárbaro como único derecho: esto es nuestro porque lo necesitamos.” Necesitamos petróleo y si este se encuentra en Irak o Venezuela allá iremos para apoderarnos de ese vital recurso, por las buenas o por las malas. Toda la doctrina estratégica estadounidense desde la Segunda Guerra Mundial hasta hoy, y sobre todo después del 11 de Septiembre del 2001, se asienta sobre esa premisa, el derecho bárbaro. Martí lo dijo hace más de un siglo. Y en relación a los cantos de sirena de proyectos tales como el ALCA y sus expresiones actuales: la Alianza del Pacífico o el Tratado Trans Pacífico Martí decía, refiriéndose a la Unión Monetaria Panamericana -una iniciativa predecesora de aquellas, propuesta por Washington en 1888-1889- que “quien dice unión económica, dice unión política… El influjo de un país en el comercio de otro se convierte en influjo político.” El corolario de esta política imperial, de anexar de facto a las naciones de la periferia por la vía del comercio exterior, es la política de combate a los procesos de integración que la Casa Blanca ha sostenido sin solución de continuidad desde el Congreso Anfictiónico -convocado por Simón Bolívar en Panamá en 1826- hasta nuestros días. El ataque estadounidense a la UNASUR y la CELAC movilizando para tales efectos sus lugartenientes regionales es inocultable, para ni hablar del ALBA. Ya Martí advertía sobre esta táctica imperial en las postrimerías del siglo diecinueve al decir que “lo primero que hace un pueblo para llegar a dominar a otro es separarlo de los demás pueblos.” La tentativa de debilitar a la UNASUR y la CELAC, por lo tanto, es el capítulo contemporáneo de la política de “divide e impera” que Washington ha venido aplicando desde 1826. La decisión de algunos gobiernos latinoamericanos en el sentido de adherir a la Alianza del Pacífico en desmedro del robustecimiento de la UNASUR o el MERCOSUR ampliado demuestra la eficacia de la estrategia de Washington para reafirmar su hegemonía en el hemisferio dispersando las fuerzas de sus díscolos vecinos del sur. En la coyuntura actual, cuando Estados Unidos lanza una fuerte ofensiva para recuperar su influencia en la región pocas advertencias pueden ser más apropiadas y actuales que las que Martí plasmara en su célebre carta inconclusa a su amigo mexicano Manuel Mercado, comenzada a redactar poco antes de su muerte en combate en Dos Ríos el 19 de Mayo de 1895. En ella Martí decía, proféticamente, que “ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país, y por mi deber –puesto que lo entiendo y tengo ánimos con que realizarlo- de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso.” Ayer como hoy las ambiciones de Washington en lo esencial son las mismas: controlar la cuenca del Gran Caribe, incluyendo el Norte de Sudamérica y, luego, culminar la campaña “cayendo con fuerza” sobre el resto de América Latina. El imperio no improvisa, y la continuidad de su política exterior en relación a nuestros países es impresionante.
Sería imposible resumir aquí los momentos más significativos de estos cuatro días de intensas actividades. Me quedo con unas pocas perlas que comparto con mis lectores. González Casanova recordando a Marc Bloch e invitándonos a cultivar la pasión por la esperanza, sin la cual reinan el conformismo y la resignación. Martínez Heredia diciendo que ninguna revolución triunfó o fue derrotada sólo por cuenta de los factores económicos, tal como lo demuestra la sobrevivencia de Cuba en el “período especial”. Fiel al aforismo martiano que reza que “los locos son cuerdos”, Houtart dijo que ante el retorno de la derecha (Macri en Argentina) o la neoliberalización de gobiernos progresistas (Rousseff, en Brasil) la única opción cuerda y razonable es la radicalización de las propuestas transformadoras con vistas a iniciar un tránsito hacia un poscapitalismo, entendiendo por esto, según mi parecer, la desmercantilización de la naturaleza y los servicios sociales básicos como la salud, la educación y la seguridad social. Frei Betto cerró su intervención en la sesión dedicada a Martí y Fidel (en la que tuve el honor de participar) diciéndole a los chicos de la Unión de Jóvenes Comunistas y de la Federación de Estudiantes Universitarios allí presentes: “¡Emborráchense de utopía, organicen la esperanza!” Sin utopía no hay futuro posible sino la eterna reiteración de un presente que es una afrenta a la especie humana y una amenaza mortal a la Madre Tierra.
Los “bienpensantes” de nuestro tiempo desprecian la utopía como un ejercicio inútil, como un pretexto para el escapismo y la incapacidad de hacer, supuesta confesión de una patológica ineptitud para encarar las exigencias de la vida práctica. Pero tal como lo escribiera Eduardo Galeano, “La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar.” De eso se trata: de caminar, de seguir marchando sin dejarnos arredrar por las dificultades de la época en que nos toca vivir y por la ferocidad de la contraofensiva del imperialismo y la derecha en todo el mundo, y muy especialmente en Latinoamérica y Europa. El “viejo topo” de la lucha de clases parece haber sido tragado por la tierra. Pero sigue allí, cavando incansablemente los túneles que debilitan las estructuras del capitalismo y en el momento menos pensado habrá de reaparecer para relanzar una nueva fase de ascenso de los movimientos populares. La dialéctica de la historia nunca se detiene.

Atilio A. Boron