jueves, 19 de octubre de 2017

Fraude en Venezuela: ¿en las elecciones... o en los titulares?




¿Hemos leído en la prensa internacional que el chavismo arrasó en las elecciones regionales del domingo? ¿Qué obtuvo el 75% de las gobernaciones y ganó por más de 9 puntos? No. Los titulares han sido otros: “Comicios con sombra de fraude”, “Graves sospechas de la oposición por resultados en Venezuela”… Es el espacio "Contratuit" de Cubainformación TV.

miércoles, 18 de octubre de 2017

Turismo y vivienda en Cuba: las invenciones desubicadas de Deutsche Welle




Deutsche Welle, canal oficial del Gobierno alemán, publicaba un trabajo titulado “Cuba: el turismo de masas desplaza a cubanos de sus casas”. Un verdadero esperpento informativo que trataba de vincular el grave problema de la vivienda en Cuba con el auge del turismo. El texto hacía una comparación desubicada con el fenómeno especulativo que ocurre en otros países turísticos de economía capitalista.

The Dangerous case of Donald Trump




El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, tiene un nuevo frente abierto relacionado con el criterio de algunos siquiatras respecto al mandatario. El licenciado Reinaldo Taladrid Herrero, periodista de la Mesa Redonda, conversó este este lunes 16 de octubre en su habitual sección La Esquina sobre un libro que apenas tiene un mes en el mercado, The Dangerous case of Donald Trump, en el que 27 psiquiatras y profesionales de la salud mental evalúan a un presidente.

lunes, 16 de octubre de 2017

Los orígenes de la mafia cubana de Miami

La ciudad estadounidense de Miami, en el estado de Florida, es reputada en medios políticos de todo el mundo como sede de lo peor de la comunidad cubana en Norteamérica. Como santuario seguro para algunos de los terroristas más peligrosos del país y el mundo, en ese pedazo de la nación norteña, han radicado muchas jefaturas de pandillas que controlan negocios ilícitos relacionados con el contrabando de armas, drogas y seres humanos.
Pero esto no siempre ha sido así. La historia que relata Mario Puzzo en sus libros y filmes acerca de los métodos violentos de las primeras familias mafiosas italianas de inmigrantes que fueron modificando sus procederes para adaptarse a la American Way of Life, incluso al nivel de la alta política de Estados Unidos, se puede comparar con la historia de la mafia cubana del Sur de la Florida.
Cuando en 1959 comenzaron a llegar a Miami centenares de corruptos políticos y servidores de la derrotada tiranía de Batista con sus maletas cargadas de dólares robados al tesoro público cubano, iban con ellos cientos de policías torturadores y asesinos. Ellos fueron reclutados y organizados por la CIA y otras agencias del gobierno de Estados Unidos para ser utilizados en actos militares y terroristas contra la revolución cubana y en otras fechorías de la extrema derecha estadounidense en el mundo.
Estos temibles “refugiados” constituyeron el germen de lo que llegó a ser la poderosa mafia cubana de Miami cuando a ellos se unieron otros factores de la posterior emigración cubana.
Entretanto, la extrema derecha estadounidense, valiéndose de sus organizaciones de inteligencia y subversión organizaba diversos grupos terroristas de cubanos reclutados en la emigración y en la isla con el propósito de subvertir el orden en Cuba y crear las condiciones para a invasión militar y ocupación de la isla.
Tras el estruendoso fracaso de la invasión de Playa Girón en la Bahía de Cochinos, la extrema derecha estadounidense intensificó cientos de otros proyectos terroristas que también naufragaron.
Optaron entonces por un cambio táctico que gradualmente convirtió a los terroristas cubanos, hábilmente maquillados, en políticos que llegaron a controlar la política exterior de Estados Unidos respecto a Cuba durante casi medio siglo y la administración de doce presidentes distintos. El proceso de legitimación de los representantes de la mafia cubana en el establishment político de Estados Unidos fue rápido y efectivo. Aprendieron el juego de la politiquería, el oportunismo, los fraudes y pronto tuvieron varios congresistas, altos funcionarios del poder ejecutivo y embajadores, así como un número de miembros del poder judicial en la Florida. Incorporaron a este aprendizaje sus experiencias metodológicas adquiridas durante la cruenta dictadura de Batista en Cuba.
Una parte de esos grupos fueron imponiendo desde 1959 métodos de presión comparables con los de los gangsters de Chicago en los años 30 o 40 del pasado siglo para manipular a la población de inmigrantes cubanos en Estados Unidos.
La mafia cubana del Sur de la Florida, ha realizado numerosos actos terroristas y ha participado en crímenes políticos financiados por la extrema derecha política estadounidense tanto en Cuba y Estados Unidos como en otros países de América Latina y Europa.
Han intervenido en trampas electorales y escándalos políticos en varios países latinoamericanos y, en los propios Estados Unidos, se les sabe protagonistas de los hechos de Watergate y del fraude comicial en Florida que dio la presidencia a George W. Bush en el año 2000. Se sabe que estuvieron involucrados en el asesinato del presidente John F. Kennedy.
No es que fueran políticos y funcionarios de origen cubano, no son sólo eso. Eran “cubanoamericanos” claramente alineados con la extrema derecha del país, recién desmarcados de las filas de connotados elementos terroristas con referentes en Miami.
Ha habido intentos por hacer que los cubanoamericanos lideren a los hispanos en el establishment político pero los intereses y ambiciones de ambos grupos se han mostrado incompatibles.
Los políticos cubanoamericanos, con honrosas excepciones, resultan un grupo más homogéneo y manejable que los de otros inmigrantes hispanos porque, como regla, responden de manera uniforme en su actuación a los intereses de quienes los promueven, porque son algo así como políticos de laboratorio, clonados y amamantados por las fuerzas neoconservadoras a las que deben sus ascensos.
Sin embargo, en la actualidad, hay que tener en cuenta que tres cuartas partes de los cubanos que emigraron a EE.UU. después de 1980 lo hicieron por motivos económicos. Por ello, son portadores de muchos valores éticos, morales y patrióticos de la revolución y acabarán por imponer, más temprano que tarde, la coexistencia con La Habana haciendo obsoleto el negocio de la contrarrevolución con que la mafia cubana hizo su fortuna.

Manuel E. Yepe
Diario ¡Por esto! (Mérida)

Huracanes: la peor parte para Oriente

Un poco en broma, y algo en serio, más allá de la capital se bromea que solo cuando un huracán pasa por La Habana o el occidente del país, retransmiten los capítulos de las telenovelas. En 2000 y 2004 los ciclones Michelle y Charly, respectivamente, cortaron en dos al sistema electroenergético nacional y los televidentes del oriente cubano pasaron días contemplando los severos estragos que ambos meteoros provocaron a sus compatriotas más al oeste.
Esa pose contemplativa terminó a partir de 2005. De ese año a la fecha no menos de siete fenómenos ciclónicos de mediana o gran intensidad afectaron al Oriente de Cuba, un ritmo nunca visto en la historia conocida de la región.
Después que Dennis rozara en 2005 Cabo Cruz y provocara daños en la parte más meridional de la provincia de Granma, en 2007 la tormenta tropical Noel literalmente inundó varios poblados del norte de las provincias de Las Tunas y Holguín. Sus lluvias se compararon con los récords de precipitaciones del tristemente huracán Flora de 1963.
Ike, en 2008, definitivamente colocó al oriente cubano de vuelta al mapa de los huracanes de gran intensidad. Las Tunas y Holguín vieron afectarse sus viviendas en porcentajes que llegaron a ser de hasta 90 puntos en algunas localidades. No habían pasado dos meses y Paloma, antes de disolverse frente a la costa sur de Camagüey devastó los poblados Santa Cruz del Sur, camagüeyano, y Guayabal, en Las Tunas, con pérdidas totales estimadas en 299,5 millones dólares.
Serían Sandy en 2012 y Mathew (2016) los que harían notar, y de la peor manera, las endebleces materiales y psicológicas de esta zona del país. El primero golpeó directamente a la ciudad de Santiago de Cuba, y las pérdidas que causó en cuatro provincias orientales totalizaron seis mil 966 millones de dólares, casi el doble que el daño conjunto de cuatro huracanes (Michelle, Isidore, Lily y Charley) sobre el centro y occidente a inicios del siglo.
Aunque los embates de Mathew se sintieron con fuerza en la porción más al este de Guantánamo, las pérdidas materiales ascendieron hasta los dos mil 430, 8 millones de dólares y una cifra récord de 263 mil 250 viviendas dañadas, mucho más que un fenómeno análogo, Michelle, que 2002 golpeó al occidente en un área mucho mayor.

“Eso no pasará por aquí”

En el oriente los cubanos habían vivido demasiado tiempo bajo la idea placentera de que los huracanes no eran cosa suya. Incluyendo la actual temporada ciclónica, desde 1960, el territorio nacional ha sido afectado por un total de 187 huracanes, de los cuales solo 53, lo hicieron en la zona oriental. Esto tuvo un efecto acumulativo nefasto en la percepción del riesgo de su población.
Las advertencias de la Defensa Civil cuando Sandy se acercaba a Santiago de Cuba se estrellaron con quienes nunca había vivido un huracán de gran intensidad. Varios de los habitantes de los poblados de los alrededores le dirían a la prensa más tarde confiar en que con alarmas anteriores solo habían sentido un poco de viento y algunas olas.
“El comportamiento de las percepciones por peligros hidrometeorológicos (extremos) en Cuba está directamente relacionado con la frecuencia de ocurrencia de estos eventos a lo largo de la historia, con mayor repercusión hacia las regiones occidental y central”, dice Pablo Bayón Martínez, profesor del Instituto de Filosofía.
Entre 2009 y 2011 la Agencia de Medio Ambiente (AMA), adscrita al Ministerio de Ciencia Tecnología y Medio Ambiente (CITMA) encuestó a 16 mil 626 personas de todas las provincias del país, excepto La Habana. El investigador del Grupo de Estudios Medio Ambiente y Sociedad de la mencionada institución cubana analizó desde el punto de vista territorial ese sondeo y concluyó que las tres provincias más occidentales encuestadas tienen los mejores índices de percepción del peligro y la mayor cultura informativa y preventiva frente a los huracanes.
Hacia el oriente del país, explica Bayón Martínez, ocurre lo contrario y consecuentemente disminuyen las medidas adoptadas por la gente para protegerse. Incluso, subraya, en áreas rurales o de precarias condiciones de vida en Las Tunas, Granma, Santiago de Cuba y Guantánamo fue reiterado atribuirle un origen sobrenatural a la magnitud de los daños.

Cambiar la situación

Desde 2005 el gobierno cubano se movía en el sentido de transformar una situación que se haría mucho más nítida con las investigaciones ya citadas. Ese mismo año el vicepresidente del Consejo de Defensa Nacional emitió su Orden Número Uno, indicando estudios que hicieran más efectivos los mecanismos existentes de disminución del impacto de los desastres naturales. La severidad de la temporada ciclónica de 2008 demostró que la intensión era sensata.
La actualización en 2010 de la referida Orden trajo el cambio importante de integrar a los planes económicos del país los gastos por concepto de reducción de los desastres. Paralelamente se hicieron estudios globales, por las diferentes demarcaciones territoriales sobre la vulnerabilidad concreta frente a fuertes vientos, inundaciones por intensas lluvias y/o penetraciones del mar.
De ahí salieron no solo los planes de cada una de las instituciones y el sistema empresarial estatal que evaluaron sus propios riesgos y debilidades; también las estimaciones precisaron los sitios y poblaciones más expuestas y nutrieron instrumentos educativos para la ciudadanía tales como las guías familiares que orientan las principales medidas a cumplir en las diferentes fases de la respuesta ante el eventual azote de un huracán.
Otras experiencias surgieron después de Sandy y Mathew en la forma de engranajes más ágiles de evaluación de los daños concretos de cada familia y luego de producción local de materiales de la construcción. También el Estado dio luz verde al traspaso para su terminación por esfuerzo propio de viviendas en diversas fases de reconstrucción tras haber sido afectadas por eventos climatológicos. La medida ciertamente fue una buena noticia para familias residentes en las provincias de Artemisa, Villa Clara y Cienfuegos, pero la mayoría de las beneficiarias vive en Granma, Guantánamo, Camagüey, Las Tunas, Holguín y Santiago de Cuba, lo cual da una idea de los daños que los meteoros habían provocado en el fondo habitacional de esos territorios mucho más deteriorado desde antes.
De acuerdo con las cifras más recientes, Cuba carece de por lo menos de 880 mil viviendas y en la lista de los territorios más necesitados, después de La Habana (206 mil) está Holguín que requiere de 147 mil y Santiago de Cuba, cuyo déficit se eleva hasta los 103 mil hogares.
Según el profesor Bayón Martínez durante 2015 y 2016 la AMA realizaría una nueva encuesta sobre la percepción del riesgo ante huracanes que sí incluiría a La Habana, e indagaría particularmente en la dimensión geográfica del asunto.
No debemos negar la relevancia que reviste para el este del país, donde casi siempre los daños que causan estos eventos meteorológicos son mayores, tener una población más preparada y también estrategias más eficaces frente a los huracanes que vengan en el futuro.

István Ojeda Bello
Progreso Semanal

sábado, 14 de octubre de 2017

La era détox




El fenómeno se está extendiendo. En nuestras sociedades desarrolladas, un número cada vez mayor de ciudadanos se plantea modificar sus modos de consumo. No sólo de los hábitos alimentarios, individualizados ya hasta tal punto que resulta prácticamente imposible reunir a ocho personas en torno a una mesa para comer un mismo menú. Sino del consumo en general: la vestimenta, la decoración, el aseo, los electrodomésticos, los fetiches culturales (libros, devedés, cedés), etc. Todas aquellas cosas que hasta hace poco se acumulaban en nuestros hogares como señales más o menos mediocres de éxito social y de opulencia (y hasta cierta medida, de identidad), ahora sentimos que nos asfixian. La nueva tendencia es a la reducción, al desprendimiento, al despojo, a la supresión, a la eliminación… En suma, a la desintoxicación. Al detox pues. Como si comenzara el ocaso de la sociedad de consumo -establecida en torno a los años 1960 y 1970-, y entráramos en lo que se empieza a llamar la «sociedad del desconsumo».

Se podría objetar que las necesidades vitales de consumo siguen siendo inmensas en muchos países en vías de desarrollo o en las áreas de pobreza del mundo desarrollado. Pero esa realidad indiscutible no debe impedirnos ver este movimiento de «desconsumo» que se expande con ímpetu cada vez más intenso. Por otra parte, un estudio reciente[i], realizado en el Reino Unido, indica que desde el principio de la revolución industrial, las familias iban acumulando bienes materiales en sus hogares a medida que sus recursos aumentaban. El número de objetos poseídos traducía su nivel de vida y su estatus social. Así fue hasta 2011. Ese año se alcanzó lo que podríamos llamar el « pico de los objetos » (peak stuff). Desde entonces, el número de objetos poseídos no cesa de reducirse. Y esa curva, en forma de ‘campana de Gauss’ (con aumento exponencial mientras sube el nivel de vida, y que luego, después de un período de estabilización, desciende en las mismas proporciones), sería una ley general. Hoy se estaría verificando en los países desarrollados (y en muchas zonas opulentas de Estados del Sur) pero mañana también reflejaría la inevitable evolución en los países en desarrollo (China, India, Brasil).
La toma de conciencia ecológica, la preocupación general por el medio ambiente, el temor al cambio climático y en particular la crisis económica del 2008 que con tanta violencia golpeó a los Estados ricos, influenciaron sin duda esta nueva austeridad zen. Desde entonces, se divulgaron mediante las redes sociales muchos casos espectaculares de detox anticonsumista. Por ejemplo, el de Joshua Becker, un estadounidense que decidió hace nueve años, con su esposa, reducir drásticamente el número de bienes materiales que poseían, para vivir mejor y lograr la calma mental. En sus libros (« Living with Less», « The more of Less ») y en su blog « Becoming minimalist » (www.becomingminimalist.com/), Becker cuenta : «Limpiamos el desorden de nuestra casa y de nuestra vida. Fue un viaje en el que descubrimos que la abundancia consiste en tener menos.» Y afirma que « las mejores cosas de la vida no son cosas».
Aunque no resulta fácil desintoxicarse del consumo y convertirse al minimalismo : «Comience poco a poco –aconseja Joshua Fields Millburn, que escribe en el blog TheMinimalists.com- intente desprenderse de una sola cosa durante 30 días, comenzando por los objetos más sencillos de suprimir. Deshágase de las cosas obvias. Empezando por las que claramente no necesita: las tazas que nunca usa, ese regalo horrendo que recibió, etc.”
Otro caso célebre de despojo voluntario es el de Rob Greenfield [ii], un norteamericano de 30 años, protagonista de la serie documental «Viajero sin dinero» (Discovery Channel) quien, bajo el lema “menos es más”, se deshizo de todas sus pertenencias, incluso de su casa. Y anda por el mundo con sólo 111 posesiones (incluyendo el cepillo de dientes)… O el de la diseñadora canadiense Sarah Lazarovic, que pasó un año sin comprarse ninguna ropa y cada vez que tenía ganas de hacerlo, dibujaba la prenda en cuestión. Resultado: un bonito libro de bocetos titulado: «Un montón de cosas lindas que no me compré»[iii]. También está el ejemplo de Courtney Carver, que propone en su página web Project 333 (https://bemorewithless.com/project-333/), un desafío de bajo presupuesto invitando a sus lectores a vestirse con sólo 33 prendas durante tres meses.
En la misma línea está el caso de la bloguera y youtuber francesa Laeticia Birbes, 33 años, que se hizo célebre por su desafío de nunca más volver a comprarse ropa : «Yo era una consumidora compulsiva. Víctima de las promociones, de las tendencias y de la tiranía de la moda- dice- Había días en que llegaba a gastarme quinientos euros en prendas… En cuanto tenía problemas con mi pareja o con los exámenes, compraba ropa. Llegué a integrar perfectamente el discurso de los publicitarios: confundía sentimientos y productos…[iv]» Hasta que un día decidió vaciar sus armarios y regalarlo todo. Se sintió libre y ligera; liberada de una carga mental insospechada: « Ahora vivo con dos vestidos, tres bragas y un par de calcetines». Y da conferencias por toda Francia para enseñar la disciplina del «cero basura» y del consumo minimalista.
El consumismo es consumir consumo. Es una conducta impulsiva donde ya no importa lo que se compra, importa comprar. En realidad, vivimos en la sociedad del desperdicio, desperdiciamos abundantemente. Frente a esa aberración, el minimalismo de consumo es un movimiento mundial que propone comprar sólo lo necesario. El ejercicio es simple: hay que mirar las cosas que tenemos en casa y determinar cuáles realmente usamos. El resto es acumulación, veneno.
Dos periodistas argentinas, Evangelina Himitian y Soledad Vallejos, pasaron de la teoría a la práctica. Después de haber vivido como millones de consumidores acumulando sin ningún criterio, decidieron cuestionar su propia conducta. Estaba claro que compraban por otros motivos, no por necesidad. Y se impusieron estar un año sin consumir nada que no fuese absolutamente indispensable y contar con gran talento su experiencia[v].
No solo se trataba de no consumir sino de desintoxicarse, de liberarse del consumo acumulado. Las dos periodistas empezaron imponiéndose una disciplina detox: cada una tenía que sacar diez objetos por día de su casa durante cuatro meses: 1.200 en total. Tuvieron que descartar, donar, desprenderse, despojarse… Como una suerte de purga, para pasar a ser desconsumistas: « En los últimos cinco años- cuentan Evangelina y Soledad- se encendió en el mundo una luz de conciencia colectiva sobre la manera de consumir. Que es una manera de controlar los abusos del mercado. Porque es también una estrategia para dejar al descubierto los puntos ciegos del sistema económico capitalista. Aunque suene pretencioso es exactamente eso: el capitalismo se apoya en la necesidad de fabricar necesidades. Y para cada necesidad fabrica un producto… Esto es especialmente cierto en los países con economías desarrolladas donde los índices oficiales miden la calidad de vida en sintonía con la capacidad de consumo… ».
Este hastío cada vez más universal del consumo también alcanza al universo digital. Está surgiendo lo que podríamos llamar un digital detox, que consiste en abandonar las redes sociales por un tiempo y por diferentes motivos. Se va extendiendo el movimiento de los « ex conectados » o « desconectados », una nueva tribu urbana compuesta por personas que han decidido darle la espalda a Internet, y vivir off-line, fuera de línea. No tienen WhatsApp, no quieren oír hablar de Twitter, no usan Telegram, odian Facebook, no sienten simpatía por Instagram, y no hay casi ningún rastro de ellos por Internet. Algunos no poseen ni siquiera una cuenta de correo electrónico y, los que la tienen, la abren sólo muy de vez en cuando… Enric Puig Punyet (36 años) doctor en Filosofía, profesor, escritor, es uno de los nuevos « ex-conectados ». Ha escrito un libro[vi] en el que recopila casos reales de personas que, deseosas de recuperar el contacto directo con los demás y consigo mismas, han decidido desconectarse. « La Internet participativa que, mayoritariamente, es la modalidad en la que estamos viviendo, busca nuestra dependencia –explica Enric Puig Punyet- Al tratarse, casi en su totalidad, de plataformas vacías que se nutren de nuestro contenido, interesa que estemos a todas horas conectados. Esta dinámica la facilitan los teléfonos “inteligentes” que han provocado que estemos constantemente disponibles y nutriendo a la Red. Este estado de hiperconexión conlleva sus problemas que estamos empezando a ver: nos resta la capacidad de atención, de proceso en profundidad e incluso de socialización. Gran parte del atractivo de las tecnologías digitales está diseñado por compañías que desean nuestro consumo y nuestra continua conexión, como sucede con tantos otros ámbitos porque es la base del consumismo. Cualquier acto de desconexión, ya sea total o parcial, debería entenderse como una medida de resistencia que desea compensar una situación que se encuentra descompensada[vii]. »
El derecho a la desconexión digital ya existe en Francia. En parte como respuesta a los múltiples casos de burnout (agotamiento por exceso de trabajo) que se produjeron en los últimos años como consecuencia de la presión laboral[viii]. Ahora los trabajadores franceses pueden dejar de responder a mensajes digitales cuando termina su jornada laboral. Francia se convirtió así en pionera de este tipo de leyes, pero todavía quedan incógnitas sobre cómo se aplicará esa ley. La nueva norma obliga a las compañías con más de 50 empleados a abrir negociaciones sobre el derecho a estar off-line, es decir no contestar emails o mensajes digitales profesionales en sus horas libres. Sin embargo, el texto no obliga a llegar a un acuerdo ni tampoco fija ningún plazo para las negociaciones. Las empresas podrían limitarse a redactar una guía orientativa, sin la participación de los trabajadores. Pero la necesidad del detox digital, de estar fuera de las redes y darse un descanso de Internet queda planteada.
La sociedad de consumo, en todos sus aspectos, ha dejado de seducir. Intuitivamente sabemos ahora que ese modelo, asociado al capitalismo depredador, es sinónimo de despilfarro irresponsable. Los objetos innecesarios nos asfixian. Y asfixian al planeta. Algo que la Tierra ya no puede consentir. Porque se agotan los recursos. Y se contaminan. Hasta los más abundantes (agua dulce, aire, mares…). Y ante la ceguera de muchos gobiernos, llega la hora de la acción colectiva de los ciudadanos. En favor de un desconsumo radical.

Ignacio Ramonet

Notas:

[i] Chris Goodall, « ‘Peak Stuff’. Did the UK reach a maximum use of material resources in the early part of the last decade? »
http://static.squarespace.com/static/545e40d0e4b054a6f8622bc9/t/54720c6ae4b06f326a8502f9/1416760426697/Peak_Stuff_17.10.11.pdf
[ii]https://mrmondialisation.org/rob-greenfield-le-forest-gump-de-lecologie/
[iii]http://www.dailymail.co.uk/femail/article-2178944/Sarah-Lazarovic-How-woman-saved-2-000-PAINTING-clothes-wants-instead-buying-them.html
[iv]http://www.lemonde.fr/m-perso/article/2017/09/15/consommation-trop-c-est-trop_5186310_4497916.html
[v] Léase Evangelina Himitian y Soledad Vallejos, « Deseo consumido », Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 2017.
[vi] Enric Puig Punyet, «La gran adicción. Cómo sobrevivir sin Internet y no aislarse del mundo », Arpa editores, Barcelona, 2017.
[vii]http://www.bbc.com/mundo/noticias-39216905
[viii] En 2008 y 2009 hubo 35 suicidios en una compañía como France Telecom (ahora Orange). También los hubo en Renault. Desde el 1° de enero de 2017, la ley permite al asalariado de una empresa de más de 50 empleados no contestar e-mails fuera del horario de trabajo.

Mercedes Sosa y Violeta Parra en #LaPupilaTv




Un recorrido por la trayectoria y la creación de dos de las voces fundamentales de la cultura popular latinoamericana: Mercedes Sosa y Violeta Parra.