lunes, 11 de diciembre de 2017

¡Gracias, Desiderio!




No estoy seguro de que en Cuba se tenga la exacta dimensión de lo que ha representado en nuestro tiempo Desiderio Navarro, fallecido este pasado jueves 7 de diciembre. Vivimos tan de prisa e inmersos en los apremios de lo cotidiano que en no pocos casos se nos escapa poder apreciar lo que en verdad es esencial. Pensé en ello en varias de las cinco emisiones de entrega de los Mil y un textos, al comprobar la relativa baja asistencia de interesados en acceder de manera absolutamente libre a tan impresionante compendio del mejor saber humanístico contemporáneo. ¡Y después hay que oír a algunos que se quejan de no tener la indispensable bibliografía en el ámbito de las ciencias sociales para poder acometer determinada investigación académica!
Por supuesto que para sumergirse en las profundidades conceptuales del rico universo de la culturología, hay que tener ganas y voluntad pues si se hace en serio, ello implica una buena cantidad de horas nalgas en un asiento. Yo lo he intentado en la medida que está a mi alcance y en ello, para mí ha sido fundamental la ayuda recibida de parte de Desiderio Navarro y de lo que es su prolongación, o sea Criterios, que ha sido mucho más que una revista o un centro teórico-cultural.
En no pocas ocasiones, durante mis estancias como profesor invitado en distintas universidades fuera de Cuba, me han preguntado cómo hago para estar relativamente al día en materia de lecturas teóricas, teniendo en cuenta lo difícil que es acceder a tal clase de materiales desde nuestro país, a lo que habría que agregar mi condición de persona ciega. Entre los argumentos que he manejado para responder semejantes interrogantes, siempre he aludido a la ayuda que para mí ha sido contar con la amistad de una figura como Desiderio Navarro, porque además de todos los materiales que él ha puesto a la disposición de los interesados en poseerlos, tengo que decir particularmente que él me facilitó numerosos libros en formato digital y que cada vez que apelé a su persona para conseguir este o aquel material, Navarro se mostró solidario conmigo y tarde o temprano me lo hacía llegar. Es algo que siempre le agradeceré.
Quien nunca se haya acercado a la revista Criterios, debe saber que los autores escogidos por la publicación a lo largo de su historia —la mayoría de ellos presentados por primera vez en nuestra lengua— han estado entre las personalidades de mayor destaque en su momento en las líneas académicas representadas por ellos, tanto en sus países de origen como a escala internacional, y han pertenecido a las más diversas tendencias de la humanística contemporánea.
Criterios surge en febrero de 1972, con un número especial (el 100) de La Gaceta de Cuba, órgano de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba. Aquel fue un número monográfico, dedicado a los problemas de la teoría y la crítica literarias. Entre los materiales que incluía (además de textos de autores locales sobre el pensamiento francés y checo), aparecía lo que a la postre resultó la especificidad de la publicación ideada por Navarro: traducciones de artículos de destacados teóricos extranjeros, de otro modo inaccesibles por entonces para la gran mayoría o la totalidad de nuestros estudiosos (en esa primera entrega: un formalista ruso, dos estructuralistas checos y un neoestructuralista ruso casi desconocidos en el mundo de habla hispana, a saber, Tyniánov, Mukařovský, Vodička y Meletinski).
Como expresaba Desiderio Navarro –el gestor, alma y hacedor del proyecto—, Criterios ha respondido a la urgente necesidad de que a críticos, investigadores, profesores y estudiantes universitarios, escritores y artistas de Cuba y de lengua española en general —o sea, de la América Latina y, también, de la europea España— se les ofrezca la posibilidad de sostener un contacto directo, amplio, continuo y sistemático con lo mejor del pensamiento mundial sobre la literatura, el arte y la cultura y en relación con la metodología de la investigación y crítica de éstos.
Desiderio siempre argumentó que ese contacto, en muchos casos durante lustros y décadas, se ve muy demorado por razones lingüísticas (la escasez o ausencia total de traductores especializados en estas ciencias o de investigadores culturales que dominen ciertas lenguas, en particular las de Europa oriental y Asia), por causas ideológicas y políticas, pero también, sobre todo en la América Latina de nuestros días, por motivos económico-comerciales (la no-importación de libros y revistas especializados de ciertos países o los elevadísimos precios de las publicaciones científicas importadas y de los derechos de reproducción, la disminución de los títulos teóricos en las editoriales locales por su orientación hacia ganancias más rápidas y masivas, entre otras limitaciones que impone el subdesarrollo económico al aprovechamiento de la información científica foránea).
En semejante infausto panorama, Criterios ha tenido como especificidad el ofrecernos traducciones de artículos sobre los más diversos problemas de la literatura, las artes plásticas, el teatro, la música, el cine y el arte y la cultura en general, textos redactados por eminentes teóricos extranjeros, de otro modo inaccesibles a la gran mayoría o la totalidad de nuestros estudiosos del tema.
Vale también resaltar que esta publicación se ha caracterizado a lo largo de sus 45 años de vida, por lo que puede catalogarse como una “actividad divulgativa” independiente de las coyunturas político-culturales nacionales y de las valoraciones oficiales sobre tendencias teóricas o autores en Cuba y en los respectivos países de origen.
Fiel a dicho postulado, Navarro consiguió lo que no dudo en catalogar de proeza; es decir, que su revista nunca se haya vinculado de manera exclusiva a alguna escuela, moda o tendencia teórica y en sus páginas ha habido espacio para autores de múltiples orientaciones metodológicas y disímiles países. Así, hemos podido leer materiales que van desde un enfoque en el que prevalece el marxismo “ortodoxo” y “heterodoxo”, hasta otros en los que se apuesta por el estructuralismo, la teoría de la recepción y el postestructuralismo postmoderno.
Si seguimos la trayectoria de Criterios a lo largo de sus 45 años de existencia, como ha expresado la escritora y profesora Maggie Mateo: «es posible apreciar cómo los trabajos que divulga vibran en profunda consonancia con lasinquietudes y puntos más candentes del debate cultural y artístico de cada etapa del contexto insular.»
Gracias a la visión ecuménica que todo el tiempo animó el accionar en vida de Desiderio, en las páginas de Criterios hemos podido leer a autores como Bajtín, Todorov, Eco, Moles, Genette, Uspenski, Bürger, Kristeva, Tarasti, De Marinis, Dubois, Huyssen, Markiewicz, Eagleton, Morawski, Clifford, Sławiński, Foster, Popovič, Bourdieu, Flaker, Fischer-Lichte, Hutcheon, Ďurišin, Lachmann, Even-Zohar, Barilli, Marin y Vattimo, entre muchos otros representantes de los estudios literarios, la estética, la culturología, la teoría de las artes plásticas, el teatro, el cine, la televisión, la música, la antropología y la sociología de la cultura; o escuchar en directo conferencias de personalidades como Loman, Jameson, Culler, Prince, Pavis, Ivanov y Pfister, llegadas a Cuba solo por la amistad y el respeto que profesaban por la figura de Navarro.
Si en el plano cultural y pese a la voluntad de los castradores de sueños y reticentes a todo tipo de transformación hemos sido testigos de un fuerte proceso de desautomatización, de superación de muchos tabúes (aún quedan unos cuantos pendientes), de erradicación de absurdos dogmas y formas unívocas de pensar, como expresión de un cambio de mentalidad, hay que decir que a ello ha contribuido el accionar de Desiderio y Criterios al poner a artistas, intelectuales y funcionarios en contacto con lo mejor del pensamiento mundial acerca de la cultura, en su sentido más abarcador, y así propiciar que todos los interesados (siempre que lo deseemos) estemos menos desinformados.
A partir de este 7 de diciembre de 2017, el hombre que fue él solo un organismo cultural, como lo definiese Gerardo Mosquera, ya no está físicamente entre nosotros. Nos queda su legado a favor de la comprensión del rol de los intelectuales y artistas en una sociedad como la cubana. En mi caso, no lo recordaré únicamente como el autor de artículos y libros críticos y polémicos, como eminente lingüista, como un erudito y políglota descomunal, sino como un amigo pensador, un marxista no adocenado ni dogmático, con el que sostuve intensas charlas telefónicas o instructivas conversaciones en sus oficinas en el edificio del ICAIC en 23 entre 10 y 12, fluidos intercambios de correos electrónicos y que siempre me ayudó en cuanto estuvo a su alcance.
Por último, quiero concluir esta evocación de Desiderio Navarro con unas palabras suyas que me parecen definitorias para comprender su quehacer en pro de la reflexión y el debate imprescindibles en Cuba y que ojalá llegase el día en que muchos de los llamados entre nosotros «decisores» hicieran suyas:
“…he dedicado más de 35 años de vida a abrirles horizontes del pensamiento teórico mundial a mis compatriotas, porque, en mi concepción del socialismo, creo que tienen derecho a conocer por lo menos lo mejor, lo más importante o lo más influyente de lo que pasa en el pensamiento cultural más allá de las costas de nuestra isla; derecho a ser revolucionarios o socialistas o marxistas no por ignorancia, por forzoso desconocimiento de todo lo demás, sino, como yo, justamente por el máximo conocimiento personalmente posible de lo que ocurre en el pensamiento en escala mundial.”

Joaquín Borges-Triana
El Caimán Barbudo

domingo, 10 de diciembre de 2017

Asociación de Combatientes




Cubadebate conversa con Víctor Dreke y Orestes Román.

sábado, 9 de diciembre de 2017

Historias de vida: Un médico y un profesor excepcionales




Dos personalidades villaclareñas, el prestigioso intensivista y maestro de generaciones de médicos doctor Armando Caballero López y el excelente profesor universitario y Doctor Honoris Causa en Pedagogía Juan Virgilio López Palacio cuentan sus Historias de vida este viernes en la Mesa Redonda

Necesidades urgentes

Por supuesto, la primera es eliminar el bloqueo estadounidense que ya le costó a Cuba casi 150 mil millones de dólares y obtener la indemnización correspondiente, pero eso con el neonazi Trump por el momento es imposible. La segunda es una ayuda económica inmediata e importante para restañar las heridas causada por el huracán Irma que inundó, destruyó y deshizo los servicios en toda la isla y eso es también muy difícil pues los países imperialistas son, por definición, nacionalistas e insensibles ante los sufrimientos de los pueblos y quienes deberían ser los primeros en la solidaridad, como Brasil y Argentina, tienen gobiernos de derecha y agentes de Washington mientras Venezuela, que sigue sosteniendo la economía cubana y la de otros países de la región, tiene graves problemas económicos que le impiden ser aún más generosa.
Vienen después, como prioridades elementales e inmediatas, la autosuficiencia alimentaria, la reducción del desempleo oculto, el aumento urgente de los ingresos y del poder adquisitivo de los trabajadores, la satisfacción de la necesidad de vivienda digna y con servicios modernos.
Todo eso es imposible sin democracia, sin plena participación creativa del pueblo al nivel de la definición de las necesidades y las prioridades y de la distribución de los recursos disponibles. Eso implica la eliminación del paternalismo y del decisionismo vertical del Partido-Estado y, en consecuencia, la reducción de la burocracia al nivel estrictamente necesario desde el punto de vista técnico (para los servicios, la protección civil, la defensa nacional y un aparato estatal ágil y, por lo tanto, sólido y eficaz). Lo primero requiere voluntad y capacidad políticas; lo segundo exigirá más tiempo porque habrá que desaprender lo que impusieron los mal llamados “países socialistas” y aprender, en cambio, a formar gente en una economía autogestionaria.
El partido comunista debe conquistar la libertad y la democracia en su vida interna y reconocer el derecho a disentir y debe controlar al Estado y marchar separado de éste. No puede ser un apéndice del capitalismo de Estado pues, por el contrario, debe ser promotor de la solidaridad, de la lucha por la igualdad, de la democracia -entendida como gobierno de hecho del pueblo y no como delegación de derechos políticos-, todo lo cual es indispensable para empezar a construir el socialismo.
La juventud cubana actual es inteligente y está más preparada que en 1959. Pero –salvo en pequeños sectores aislados y hostilizados- no tiene objetivos ni ideal, no está motivada, está políticamente desmovilizada, no se siente responsable de su vida y su futuro, no discute, no critica ni propone y reclama como hacían los jóvenes que se alzaron contra Batista.
Esto no se debe sólo al consenso que la inmensa mayoría de los jóvenes y del pueblo en general brindan a la defensa de Cuba frente al imperialismo. Se debe también a que la palabra “socialismo” no les dice nada a los jóvenes que vieron esa etiqueta aplicada a los países controlados por una burocracia contrarrevolucionaria que, como la Unión Soviética, desconfiaba de Fidel Castro y sus compañeros y reconoció por eso la revolución cubana recién dos años después del triunfo de ésta, y además ven que, en Cuba misma, se les presentan como “socialistas” medidas y hasta políticas que ni siquiera son democráticas.
Para que los jóvenes sean políticamente activos hay que presentarles objetivos y metas generosos, es indispensable un clima de libertad para escoger trabajo, líneas de estudio e investigación, caminos artísticos y hay que decirles, antes que nada, la verdad.
¿Cómo pueden confiar en una prensa que no estudia los problemas, no señala contradicciones ni critica, no hace trabajo cultural ni analiza los problemas políticos nacionales e internacionales y sólo sirve para publicar comunicados oficiales e informar sobre visitas de gobernantes que, muchas veces, son impresentables (como lo era Mugabe o lo es Obiang, para dar sólo dos ejemplos)?
Granma, por ejemplo, entrevistó a Salinas de Gortari, presidente de México gracias a un fraude masivo, para preguntarle qué pensaba sobre el levantamiento zapatista en 1994 lo cual equivale a preguntarles a los nazis qué pensaban sobre la resistencia en los territorios europeos ocupados. Recientemente el Comité Central del PCC cubano acaba de “liberar” de su cargo “por sus errores” a Pelayo Tierry Cuervo, director de Granma, sin decir qué nuevo puesto va a tener el bruscamente defenestrado ni cuáles son esos errores. Por supuesto, el CC tiene el derecho de elegir quién dirige su órgano, que es el diario principal del país, pero no debería considerar que los lectores de Granma son analfabetas o deficientes mentales a los que no vale la pena informar ni debería tampoco afectar la dignidad de un despedido por “errores” que no se especifican y que permiten cualquier sospecha.
Por el contrario, para educar a los jóvenes hay que ventilar los errores y decir la verdad, que es siempre revolucionaria, y a las eventuales críticas se debe responder con argumentos, no con medidas punitivas. Los jóvenes sólo aprenderán a ser socialistas –o sea, a tener un pensamiento crítico y a buscar siempre la verdad a cualquier costo- analizando los errores propios pero también los ajenos…
¿Cómo identificar los problemas y solucionarlos sin la participación popular en su detección y en el esfuerzo creativo para suprimirlos? ¿Cómo desencadenar compromiso y entusiasmo sin dar rienda libre al pensamiento crítico? ¿Por ejemplo, por qué impedir burocráticamente una serie de profesiones y oficios en vez de hacer una lista de unos pocos campos reservados al Estado y de orientar hacia algunos campos ofreciendo beneficios? ¿Cómo frenar la inevitable influencia negativa del turismo y de las inversiones extranjeras y el ejemplo consumista y hedonista si el Partido no combate y en cambio estimula la burocratización y no da un ejemplo permanente de ética, de austeridad, de respeto por la verdad?

Guillermo Almeyra

Un gran revolucionario cubano

Falleció Armando Hart Dávalos

Ha muerto en La Habana Armando Hart Dávalos, uno de los más notables integrantes de la Generación del Centenario encabezada por Fidel Castro. Lo conocí cuando era ministro de educación, en una pequeña reunión en la ciudad de Ciego de Ávila a la que citó a un grupo de estudiantes revolucionarios de preuniversitario. Acababa de producirse la traición de Hubert Matos, jefe militar de la entonces provincia de Camagüey, y Hart centró sus planteamientos en el imperativo de la unidad del movimiento estudiantil y de todos los revolucionarios ante los embates de la contrarrevolución y el imperialismo, así como en la importancia de trabajar con y respetar a los profesores que no hubiesen tenido complicidad probada con el régimen batistiano. No imaginaba que pocos años después tendría el privilegio de colaborar de cerca con el dirigente revolucionario que me había impresionado tanto por su agudeza y lucidez en aquel primer encuentro. Su defensa de la necesidad de la unidad de los revolucionarios cubanos y latino-caribeños sería una constante a lo largo de su actividad política y teórica. Hart insistía en que al clásico proverbio de “divide y vencerás” había que oponer el martiano y fidelista “unir para vencer”.
Desde sus años universitarios combatió infatigablemente contra el golpe de Estado proimperialista de Fulgencio Batista y el corrupto y sanguinario régimen dictatorial que instauró. Posteriormente a conocer a Fidel, fue fundador y miembro de la Dirección Nacional del Movimiento 26 de Julio y uno de los organizadores junto a Frank País y Vilma Espín del heroico alzamiento del 30 de noviembre en Santiago de Cuba en apoyo al desembarco del Granma. Más tarde ascendería a la Sierra Maestra para coordinar con Fidel el apoyo de la organización desde el llano a la joven y hostigada guerrilla al tiempo que conducía al periodista Herbert Mathews a realizar una entrevista al jefe de la Revolución, que echó por tierra la mentira de que había muerto, difundida por la dictadura. Siempre dijo que su vida se dividía en dos partes: antes y después de conocer a Fidel.
Brillante pensador marxista de profundas raíces en el pensamiento de Martí, ajeno a los dogmas y al sectarismo, hizo importantes contribuciones a la teoría y la práctica revolucionarias en los campos de la educación, la cultura y la lucha de ideas. Como primer ministro de educación de la Revolución(1959-1965) y artífice de la Campaña Nacional de Alfabetización, sentó junto a Fidel las bases filosóficas, pedagógicas y organizativas del sistema de educación sustentado en la amplia participación popular organizada, que tanto prestigio ha dado a Cuba. Dirigente del Partido Comunista de Cuba desde su fundación y de las organizaciones unitarias que lo precedieron, a su construcción y labor ideológica realizó importantes aportes. Capítulo aparte merecen sus relaciones con los jóvenes, las organizaciones estudiantiles y la Unión de Jóvenes Comunistas, a los que siempre escuchó y hacia quienes ejerció un fecundo magisterio.
También primer ministro de cultura de la Revolución (1976-1997), restableció el diálogo y la transparencia en la relación con los creadores, rectificó errores, curó cicatrices y supo mantener alejado al llamado realismo socialista, del cual siempre afirmó que no era una corriente artística sino un error político. Fomentó un clima abierto, de confianza y de creación en el movimiento intelectual y artístico, fundó el sistema nacional de instituciones culturales y el sistema de enseñanza artística, que propiciaron un creciente acceso y participación del pueblo en el disfrute y extensión de la cultura. Latinoamericanista convencido, creó e impulsó el mecanismo de las reuniones de ministros de cultura de América Latina y el Caribe.
Hart investigó y desentraño las raíces éticas del arte fidelista de hacer política inspirado en Marx y en el impresindible legado del padre Félix Varela y de José Martí, de cuyo pensamiento fue siempre uno de los más apasionados intérpretes y difusores. En los últimos años desde el Programa Nacional Martiano y la Sociedad Cultural José Martí fomentó una articulación internacional inspirada en las ideas martianas y fidelistas. Sus discursos, ensayos y papelería contienen ideas muy originales sobre la educación, la cultura, la identidad nacional y de nuestra América, así como la esencia del pensamiento de Fidel. Hombre noble, modesto y carismático, a él debo parte de mi formación revolucionaria.

Ángel Guerra Cabrera

Sobre Desiderio Navarro

Palabras del autor pronunciadas el 5 de julio de 2017 en la Universidad de las Artes, con motivo del otorgamiento del Doctorado Honoris Causa a Desiderio Navarro y publicadas en La Jiribilla.

A pesar de estar sobrecargado de trabajos, he recibido como un honor y una alegría la solicitud de decir estas palabras, que serán pocas pero sinceras, con motivo del merecidísimo otorgamiento por la Universidad de las Artes del Doctorado Honoris Causa al compañero Desiderio Navarro, quien desde hace muchos años es uno de los mayores y más admirados protagonistas de nuestra vida intelectual.
El conocimiento del casi millonario currículo de Desiderio me provocó dos comentarios. Uno lo haré de inmediato, y otro más tarde. El primero es que me recordó la petición que hizo James Joyce de un ser humano dedicado de por vida a leerlo. No menos haría falta para devorar y asimilar como Dios manda todos lo extraordinarios materiales propios traducidos que Desiderio ha estado dando a conocer durante cerca de medio siglo, así como asistir a los casi incontables coloquios que ha organizado en Cuba, adonde ha traído a una pléyade de intelectuales extranjeros de primer orden, y las varias reuniones fuera del país en que ha participado, e incluso auspiciado, brillantemente.
Accediendo a una cariñosa conspiración de mi hija Laidi a propósito de un inminente arribo mío a una numerosa edad Desiderio me escribió unas cálidas, generosas y sonrientes líneas con el título “¿Así que yo, a pesar de tanto ‘coger lucha?’, llegaría, bastante sano y salvo, a verlo a usted cumplir sus 85 años”. En esas líneas me dijo: “todavía en Camagüey, en los años sesenta, recorría yo ávidamente las páginas de su Idea de la estilística”. Y más adelante: “ya en La Habana, en 1970, lograba entrar de oyente a sus clases de Teoría literaria en la Escuela de Letras –a las que pronto (ya a tercera) me impediría el acceso la Decana- “Curiosamente, que este hecho azaroso significó algo en la vida de Desiderio lo prueba que pasado el tiempo me dedicara un ejemplar de Criterios así: “Para Roberto, 25 años después de aquel furtivo oyente de sus clases. Con un abrazo. Desiderio”
Se sabe que he disfrutado del privilegio de tener en mis aulas a no pocas criaturas que serían (o acaso eran ya) notables escritores y escritoras, quienes estoy seguro de que no tomarán a mal que diga que aquel joven procedente de lo que en La Habana llaman el interior, a quien solo se le permitió entrar de oyente dos o tres veces a mis clases, llegaría a saber más de Teoría literaria no solo que ellos y ellas, sino que yo y cuantos en nuestra América tienen que ver con esa disciplina.
Volviendo a aquellas palabras suyas, Desiderio evocó “cuando ambos, animados por aquellos círculos de Praga y Moscú, soñamos fugazmente con un circulo teórico-literario de La Habana –que solo el temor setentesco de algunos a lo sospechoso de las reuniones intelectuales extrainstitucionales no dejó siquiera nacer- “a lo cual debo añadir dos cosas: que también compartió aquel sueño la argentino-cubana Basilia Papasmatiú, quien había sido en París alumna de Roland Barthes, que ella me presentó en esa ciudad, y que, a pesar de todo, como he explicado en otra ocasión tal circulo llegó a existir, y se llama Desiderio Navarro.
Por ultimo mencionaré palabras de Desiderio “cuando compartimos textos y referencias a propósito del eurocentrismo y de su frontal lucha teórica contra este, a la que dediqué mi texto de homenaje en ocasión de su 50 aniversario”
Se trata de “Un ejemplo de lucha contra el esquematismo eurocentrista en la ciencia literaria de América Latina y Europa”, que publicó en 1980 en la revista Casa de las Américas, la cual se ha enriquecido en varias ocasiones con textos de Desiderio.
A propósito del importante ensayo de Desiderio “Eurocentrismo y antieurocentrismo en la teoría literaria de la América Latina y de Europa”, de 1982, Luis Álvarez Álvarez, después de citar palabras suyas, añadió “Por eso el ensayista aborda en su texto una problemática principal: la urgencia de una reflexión teórica cabal generada desde nuestro continente. Navarro comentando algunas ideas de Fernández Retamar, enfatiza una cuestión de gran relieve intelectual”. A continuación, Álvarez transcribe juicios atinados de Desiderio, ratifica su coincidencia con líneas fundamentales del pensamiento martiano (sobre lo que volveré), señala como aquellos juicios desembocarían en la necesidad de una teoría de la cultura latinoamericana, lamenta que el ensayo de Desiderio no haya sido suficientemente aquilatado en Cuba, y contrasta este hecho con la resonancia que ha tenido en otras latitudes. Como ejemplo de lo último, aporta esta cita del teórico eslovaco Dionýz Durisin, a quien Desiderio considera “la principal figura mundial de la comparatística marxista”:
En el estudio de Desiderio Navarro vemos una de las primeras tentativas de analizar de manera totalmente consecuente la problemática de los centrismos y resolver así, entre otras, la mencionada tarea de la actual teoría del proceso interliterario. //En este sentido, es preciso valorar altamente su intento de distinguir el eurocentrismo en el plano metodológico y el eurocentrismo en el plano teórico, si bien en estos aspectos en muchos casos se interprenetran y a veces se funden. Desde el punto de vista historiográfico es muy valioso el señalamiento de la necesidad de conocer y analizar el material literario de muchas comunidades interliterarias no europeas, como es, por ejemplo, la comunidad de las literaturas latinoamericanas, que se recibe una atención especial en su trabajo. Esta exigencia, ciertamente, no puede ser cumplida sin una investigación colectiva más ampliamente concebida. Es valiosa sobre todo porque, por su carácter es activa y estimula a salvar, mediante una actividad histórico-literaria concreta, un obstáculo que a menudo era concebido como un dilema insoluble del estudio histórico-literario. Así, es preciso subrayar de nuevo la necesidad de la reprocidad del estudio, tanto de parte de la ciencia literaria “centrista” (en nuestro caso la europea o la euroccidental) como también —y hasta tal vez, ante todo- desde la posición de las llamadas comunidades periféricas—.
Pero me he adelantado en el tiempo, y debo remitirme de inmediato a una época anterior. Luis Álvarez Álvarez ha recordado también con razón, a propósito de Desiderio, que:
su extensa obra crítica empieza a gestarse […] en sus juveniles indagaciones sobre literatura y teatro en su ciudad natal. Es revelador que, en unos años en que la vida cultural cubana empezaba a orientarse en una dirección más bien unilateral y restrictiva, aquel muchacho, a pesar de ello, se interesara particularmente en una apertura esencial al pensamiento estético y critico internacional, en consonancia plena con esa actitud cultural que José Martí consignó en términos de injertar el mundo en el tronco de [la] América Latina, precisamente para logar lo que solo un injerto consigue: la apertura fundamental de la creación y el pensamiento. Navarro se atuvo, desde su primera juventud, a este principio y a la advertencia martiana acerca de que el tronco esencial había de ser el de nuestra propia cultura. Creo que pocos tuvieron una perspectiva tan clara del problema que había formulado Martí como aquel jovencísimo aprendiz de critico que, desde las páginas del periódico de su provincia, alentaba sobre la necesidad de una perspectiva ancha sobre la creación artística.
El propio Desiderio ratificaba más tarde aquella filiación al escribir: “Martí, el latinoamericano que en su ‘voraz asimilación del mundo’ incorporó a nuestra cultura mayor caudal de creencias foráneas que ningún otro, afirmó: ‘Conocer diversas literaturas es el modo mejor de librarse de la tiranía de algunas de ellas’.”
Desde muy temprano, y prácticamente hasta hoy, Desiderio ha venido difundiendo notables artículos y ensayos suyos en muchas revistas culturales de Cuba y en algunos de sus periódicos, y también, a menudo traducidos, en numerosas revistas extranjeras: al menos una entrega de tales revistas le fue dedicada por entero. Pero fue sobre todo al publicarse el número 100 de La Gaceta de Cubaen febrero de 1972, elaborado por él, cuando su vida daría un vuelco fundamental. Apareció allí su artículo introductorio “Coordenadas actuales de la crítica” seguido de textos y traducciones, algunas suyas, que inauguraron la sección Criterios, la cual está cumpliendo ahora cuarenta y cinco años de fértil existencia, y por la imbatible tenacidad de Desiderio conocería varias encarnaciones hasta asumir, al principio de los años ochenta del siglo pasado, su forma y su título definitivos: Criterios, Revista Internacional de Teoría de la Literatura y las Artes, Estética y Cultorología. En su estela se crearían más tarde la Colección editorial Criterios, que da a conocer antologías representativas de un autor, país, problemática o enfoque, y el Centro Teórico-Cultural Criterios. Todos son hechura personal de Desiderio, de quien se ha dicho (yo también lo he dicho) que vale por si solo lo que una gran institución que se respete.
En los inicios, la meta principal de Desiderio en Criterios era publicar estudios, procedentes de países europeos que eran o se decían socialistas, seleccionados y traducidos por él. Siendo Cuba un país socialista, era lógico el propósito de difundir creaciones de otros países al parecer de similar orientación, con el marxismo como pensamiento común. Y Desiderio asumiría y desarrollaría ese pensamiento con los caracteres que Margarita Mateo, quien ha estudiado con acierto en más de una ocasión, incluso risueñamente, su labor, explicó: “Coordenada medular de Criterios es la perspectiva marxista, pero no la de un marxista adocenado y dogmático, sino la que proviene de una asimilación crítica y original de esta herencia, y contribuye a su actualización.”
Por otra parte, Desiderio desbordó los límites del comienzo, y no paró hasta que su faena alcanzara la dimensión internacional que con toda justicia proclama el título de su revista. La propia Margarita Mateo citó palabras de una carta que hace tiempo envió a ella y a otros colegas Desiderio y mantienen plena vigencia:
he dedicado más de 35 años de mi vida a abrirles horizontes del pensamiento teórico mundial a mis compatriotas, porque en mi concepción del socialismo creo que tienen derecho a conocer por lo menos lo mejor, lo más importante o lo más influyente de lo que pasa en el pensamiento cultural más allá de las costas de nuestra isla, derecho a ser revolucionarios o socialistas o marxistas no por ignorancia, por forzoso desconocimiento de todo lo demás, sino como yo, justamente por el máximo conocimiento personalmente posible de lo que ocurre en el pensamiento a escala mundial.
Poco antes, al presentar un número de Criterios, había mencionado Desiderio
la posibilidad de dedicar más de un año a la lectura, selección, correspondencia internacional, traducción, revisión y demás trabajos que la publicación de un volumen teórico monográfico internacional implica, y la aparición del primer fruto de esa labor no en España o México, sino en Cuba, mi país de nacimiento y elección, cuyo pensamiento socio-cultural tan necesitado está de una apertura al conocimiento y diálogo con lo mejor del pensamiento realmente mundial, esto es, del “Norte” y del “Sur”, del “Occidente” y del “Oriente”.
En su revista, Desiderio hace gala de una amplísima y renovada in formación en muchas disciplinas, y aborda los más variados temas, por lo general de viva actualidad, trátese de la globalización, la repolitización del arte, el racismo o las homofobias. Creo, para poner un solo ejemplo, que es el introductor en nuestra lengua de los estudios semióticos. Y en su pasmoso crecimiento llegó a traducir al español, por el momento, trabajos escritos en veinte lenguas, lo que hace un émulo criollo de Mitridates Eupator, quien según Jorge Luis Borges “administraba justicia en los 22, idiomas de su imperio”. Gracias a lo cual Desiderio ha podido hacer publicar en Criterios, en español, medio millar de estudios debidos a una multitud de relevantes autores pertenecientes, como ha dicho él mismo, al Norte, el Sur, el Occidente y el Oriente, quienes lo han autorizado a traducir dichos estudios. Es imposible nombrarlos a todos, y sería injusto hacerlo con solo unos pocos. La revista de Desiderio no tiene parigual en nuestra lengua, y quizá (los modestos cinco idiomas que leo no me autorizan a absolutizar) en ninguna otra lengua.
Los ingentes trabajos que implica la edición de una revista como la suya, y a los que él ha eludido según cita reciente, no le han obstaculizado encontrar tiempo para presentar, en antologías aparecidas en Cuba y en otros países, textos relativos a muy variados asuntos y autores, a los cuales con frecuencia ha dado a conocer en español; y tampoco le han impedido producir libros propios como Cultura y marxismo. Problemas y polémicas, Ejercicios del criterio, ideología y sociedad, las causas de las cosas, A pe(en)sar de todo.
No quiero dejar de mencionar el papel de Desiderio cuando en 2007 aparecieron en la televisión cubana imágenes edulcoradas de quienes habían sido responsables directos de medidas que implicaron, entre otras cosas infelices, el torpísimo estrechamiento de nuestra vida intelectual en la década del setenta del siglo pasado, que el compañero Ambrosio Fornet, el gran nombrador, llamó el Quinquenio Gris, y algunos han considerado más dilatado y más oscuro. Muchos de los afectados por dichas medidas, u hostiles a ellas, protestamos por diversas vías, especialmente a través de e-mails. Había la sospecha de que aquellas apariciones inesperadas fueran el preludio del regreso de las medidas de marras. En ese ambiente polémico, Desiderio le propuso al Ministro de Cultura, el compañero Abel Prieto, también disgustado por dichas extrañas apariciones, la organización de un ciclo de conferencias sobre el tema, y Abel asintió. Con habitual humor, le escuchamos decir que lo acusarían por encomendar la extinción de un incendio a un pirómano. La verdad es que quizá nadie en Cuba estaba tan autorizado para la labor como Desiderio, quien, entre otros materiales, había escrito su memorable ponencia “In medias res publicas”, que apareció en español en 2001 y sería republicada después en muchos países e idiomas. Allí Desiderio abordo la presencia de los intelectuales en la Cuba revolucionaria. Con ese y muchos otros avales organizó el ciclo de conferencias, de sano espíritu crítico, la mayoría de las cuales se recogió en 2008 en el libro La política cultural del período revolucionario: memoria y reflexión, que editaron Eduardo Heras León y Desiderio y publicó el Centro Teórico-Cultural Criterios con prólogo de este último titulado “¿Cuántos años de qué color? Para una introducción al Ciclo”.
Cuando Criterios cumplió treinta años, La Gaceta de Cuba, en cierta forma su buque madre, le dedicó un valioso dosier con colaboraciones de un grupo de intelectuales cubanos entonces jóvenes. En aquella ocasión, Víctor Fowler llamó a Desiderio “uno de los animadores culturales más grandes que jamás haya tenido el país”. Y al cumplir la revista de Desiderio cuarenta y cinco años, es decir en nuestros días, Fowler escribió el artículo “La alegría de tener Criterios”, donde saludó el carácter descomunal de la tarea que desempeña su director y alma, sintetizó la historia de la revista, recordó que ella fue en 2007 una de las publicaciones culturales escogidas a nivel mundial por Documenta Magazines, parte de Documenta 12, en Kassel, Alemania, se refirió a otras creaciones que también llevan el sello de Criterios, y añadió:
De estas, mis favoritas son esa obra única de generosidad y perseverancia que son las cinco entregas de 1.001 textos (de estética y teorías del arte y la literatura) en las ya populares “Noches de Criterios” y el envío por e-mail de los artículos de la serie Denken Pensée, uno de los más grandes ejemplos entre nosotros de teoría transformada en herramienta de lucha ideológica y en activismo social urgente.
Fowler concluye así su artículo:
Y es que Desiderio–Criterios son el trabajo de un obrero minucioso, y su obra en construcción permanente el edificio de la ciencia y el conocimiento, pero también una fiesta del saber universal, de defensa de la cultura nacional y un arma firme en las batallas que organizan y definen el campo simbólico //Gracias, amigo promotor, traductor, crítico, organizador cultural, polemista. //Es un privilegio estar en tu época […]
Quiero aprovechar estas últimas palabras para llamar la atención sobre hecho de que, al involucrarse Desiderio con mucha frecuencia en discusiones, importantes o no, de varia naturaleza, algunas personas hayan tenido a desconocer, o no han sabido nunca, que contar con Desiderio entre nosotros es un verdadero privilegio, como ha dicho Fowler, y como saben bien las numerosas hornadas de intelectuales jóvenes y no tan jóvenes que aprecian altamente cuando él ha estado ofreciendo de manera ejemplar.
Dije al principio que el conocimiento del currículo de Desiderio me había provocado dos comentarios. Expuse el primero y anuncié que abordaría más tarde el segundo Helo aquí: sorprendentemente, en dicho currículo, a pesar de su vasta riqueza, no se menciona que él haya concluido estudios universitarios. Desiderio Navarro, el sabio insondable y poliglota, es pues lo que Giambattista Vico llamara un autodidascalo, el prodigioso maestro de sí mismo. Y el título de Doctor Honoris Causa que la Universidad de las Artes, con total acierto, le ha otorgado teniendo en cuenta sus gigantescos aportes es, por increíble que parezca, el primero de esa clase que recibe en su vida admirable.

Roberto Fernández Retamar
Cubadebate