miércoles, 27 de agosto de 2014

Google Chrome, Cuba y la “historia”




“Google hace historia inaugurando su navegador Chrome en Cuba”, se podía leer en el portal de noticias Terra, uno de los más importantes de Internet, el pasado jueves.
“Estamos felices al decir que los usuarios de Internet en Cuba pueden ahora también usar Chrome y navegar por la red más rápida y seguramente que antes”, dijo Pedro Less Andrade, director para América Latina de Asuntos de Gobierno y Política Pública de la empresa.
Después de una bizarra visita a La Habana y de una reunión previa en Washington, demasiado involucradas en la estrategia de “cambio de régimen” de Estados Unidos contra Cuba, Google da para la Isla un paso que ya dio hacia Irán y Siria -quienes nos acompañan en la lista de promotores del terrorismo que elabora el Departamento de Estado de EE.UU. anualmente- y nos permite contar con ellos para hacer lo que ya hacíamos antes de mil maneras: utilizar su navegador Chrome. De hecho, no he visto a nadie en Cuba que quisiera utilizar Google Chrome en su computadora y no lo hiciera, pues siempre había alguien que te lo facilitaba porque lo obtuvo a través de un proxy anónimo, o lo descargó en un viaje al exterior.
Google se inclina así ante lo inevitable y de paso puede informar a la National Security Agency con más facilidad lo que buscamos los cubanos en nuestra extraña promoción del terrorismo internacional que envía médicos y alfabetizadores a donde EE.UU. suele mandar soldados y misiles.
Pero la felicidad nunca es completa, ya lo sabemos. Google Earth, Google Toolbar, Google Code Search o Google Analytics siguen bloquedos para Cuba. Y así veremos en la “historia” nuevas noticias en que Google libere alguna de sus herramientas más inocuas y mantenga aquellas que pueden contribuir al desarrollo cubano, como Analytics y Googe Code, fuera del alcance de los desarrolladores de la Isla tal como prescribe la política de Estados Unidos: hacer de buenos ante los medios y los individuos y limitar el acceso a recursos financieros y tecnológicos del país y sus instituciones para culpar al gobierno de la Isla de atrasado y enemigo de Internet ¿Es esa la “historia”?
¡Qué poco influyente es Google que, a pesar de gastar más dinero en cabilderos pagados en Washington que el contratista militar más grande del mundo, Lockheed Martin, sólo ha podido conseguir darnos lo que antes ya teníamos sin su permiso!
¿O es que, como demuestra Julian Assange al relatar sus relaciones con los ejecutivos del gigante de Internet en un artículo que debería ser más leído, “la agenda de Google es inseparable de la del Departamento de Estado de EE.UU.” y “cuando Google se encontró con el gran mundo malo, el propio Google se hizo grande y malo”, a pesar de lo bueno que es su navegador Google Chrome?

Iroel Sánchez

PD: A las 4:00pm de este 26 de agosto, Google Chrome sigue bloqueado para Cuba. Este es el resultado al intentar deescargar el navegador Google Chrome:
This product is not available in your country
Thanks for your interest, but the product that you’re trying to download is not available in your country.

sábado, 23 de agosto de 2014

A propósito de la “rebelión interna” en Cuba




La revista española One Magazine vuelve sobre la “Operación Northwoods” desclasificada entre 1997 y 2001, y que consistía en la ejecución de actos terroristas por los Estados Unidos contra su territorio y sus ciudadanos de los que se culparía a Cuba.
A la luz de la actualidad resulta interesante la expresión de los jerarcas militares de EE.UU.: “la constatación de que una rebelión interna -en Cuba- es imposible de conseguir de aquí a nueve o diez meses, requiere una decisión de los EE.UU. para crear una ‘provocación’ por parte de Cuba, como justificación de una acción militar”.
A juzgar por las más recientes revelaciones del trabajo de USAID contra Cuba todavía el gobierno estadounidense anda buscando la “rebelión interna”. Es de desear que al constatar su enésimo fracaso ni Washington, y sobre todo los miamenses que en 2003 pidieron a Bush Jr. “Iraq now, Cuba after”, inventen otra “Operación Northwoods” sobre todo ahora que las voces que piden dentro y fuera de EE.UU. una normalización con La Habana son crecientes y cada vez hablan más alto.
No es una ficción, José Manuel Collera, que fuera reclutado por la CIA pero que en realidad trabajaba para la Seguridad del Estado cubana, reveló recientemente en el programa Mesa Redonda de la Televisión cubana que del Miami Medical Team le habían preguntado por la posibilidad que existía, desde Cuba, de desactivar los sistemas electrónicos de aeropuertos de EEUU. con el fin de justificar una intervención militar contra la Isla. Los aeropuertos eran el de Atlanta y el de Miami.
Tampoco los terroristas capturados semanas atrás cuando, procedentes del Sur de la Florida, pretendían actuar en instituciones militares cubanas andan muy lejos del mismo objetivo.

Northwoods: el plan de EE.UU. para secuestrar aviones y culpar a Cuba

En 1962, la agencia de inteligencia americana -CIA-, ideó un plan para simular un ataque cubano a EE.UU. y convencer a la población estadounidense de la necesidad de invadir la isla, y así derrocar a Cuba -un régimen alineado con la URSS-. El documento, titulado ‘Justificación para una intervención militar estadounidense en Cuba’, revela cómo el Estado Mayor Conjunto -Joint Chiefs of Staff- estadounidense propuso simular un sabotaje cubano contra la base de Guantánamo, hundir un barco junto a la base e, incluso, atentar en suelo estadounidense y atribuir la autoría de todos estos hechos al régimen cubano de Fidel Castro. El documento desclasificado describe los planes para realizar en Miami “una campaña de terror comunista cubano”. Aparentemente, ésta iría dirigida contra los exiliados cubanos que llegaban a Florida. También barajaba atribuir a Cuba el secuestro de aviones estadounidenses y ataques a países vecinos.
Los oficiales de las Fuerzas Armadas americanas reconocían en los archivos, ahora desclasificados, que “la constatación de que una rebelión interna -en Cuba- es imposible de conseguir de aquí a nueve o diez meses, requiere una decisión de los EE.UU. para crear una ‘provocación’ por parte de Cuba, como justificación de una acción militar”. De acuerdo a los documentos, fue el presidente Kennedy quien rechazó estas ideas.

¿Por qué se clasificó?

La operación perseguía que la opinión pública apoyara una intervención en Cuba. Los americanos debían creer que estaban siendo atacados por Fidel Castro, no por su propio país.

¿Tuvo consecuencias la desclasificación?

Muchas de las teorías de la conspiración del 11S hacen alusión a la Operación Northwoods para demostrar que Estados Unidos podría haber sido capaz de atacarse a sí mismo… con el fin de justificar una posterior intervención militar contra el ‘supuesto’ agresor.

Lo más sorprendente

Los ataques que iban a ser atribuidos a Cuba se englobaron en la ‘Operación Northwoods’, bajo el nombre ‘Remember the Maine’ -‘Recuerda el Maine’-. Maine fue el barco americano que se hundió en la bahía de Santiago de Cuba, un suceso del que Estados Unidos atribuyó la culpa a España. El episodio desencadenó la guerra de 1898 por la que España perdió las últimas colonias en los territorios de ultramar. Para simular un ataque de Cuba, a los oficiales implicados en la Operación Northwoods se les ocurrió usar un ‘drone’ acuático: un vehículo no tripulado que tendría que explotar en el agua, cerca de un buque americano, para culpar del suceso a la Armada cubana.

Los perjudicados por su desclasificación

A la persona que firmó el documento y, por lo tanto, responsable última de las ideas que contiene: el general Lemnitzer, presidente del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos en 1962 -aunque ya había fallecido cuando la desclasificación se completó en 2001.

David Noriega / J.M.Vera / Sergio Álvarez / Fernando Aguas / Sara G. Pacho

Cretino televisivo Eduardo Inda desmiente informes de UNICEF y la FAO: asegura que en Cuba la infancia está desnutrida


Los últimos informes de UNICEF confirman que Cuba es la única nación de América Latina sin desnutrición infantil severa (1). Juan José Ortiz Brú, representante durante años de esta organización, ha reconocido en numerosas ocasiones la situación de privilegio de la infancia cubana en el contexto de los países de América Latina. “Es increíble. Aquí (en Cuba) no hay redes de maltrato, de prostitución, de exclusión. No hay niños teniendo que ganarse la vida en la calle vendiendo chucherías, o limpiando los parabrisas de los carros. Tampoco hay ningún niño que esté trabajando. Es decir, la calidad de vida –la calidad de vida, no el nivel de vida- de la infancia cubana es un logro único, único”, decía el español Juan José Ortiz Brú a la prensa cubana (2).
Pero los reconocimientos a Cuba por parte de UNICEF no llegan a la opinión pública internacional, permeable, sin embargo, a los disparates sobre este tema que son vertidos en algunas tertulias televisivas. Eduardo Inda (3), periodista del diario El Mundo y habitual tertuliano de varias cadenas de televisión españolas, se atrevía a contradecir a UNICEF y aseguraba –sin que nadie le rebatiera- lo siguiente: “Yo conozco Cuba, y en Cuba (las niñas y los niños) están desnutridos, malnutridos” (4).
Ninguno de los grandes diarios, radios o canales televisivos españoles han publicado una línea sobre el reconocimiento que recibió el Gobierno cubano, en marzo de 2014, de parte de la FAO, la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, por sus logros contra el hambre (5). Tampoco informaron de la carta que el Director General de la FAO, José Da Silva, envió un año antes al expresidente cubano Fidel Castro, felicitando a su país por el mismo motivo (6).
Por el contrario, cientos de miles de personas han podido escuchar las explicaciones tan “científicas” del tertuliano Eduardo Inda sobre cómo se detecta la desnutrición infantil en Cuba: “Los niños en Cuba, en general, son niños muy delgados, a los cuales se les marcan las costillas. ¿Por qué? Porque no se les da de comer”.
Los informes, los reconocimientos y las declaraciones de representantes de UNICEF o de la FAO no dejan lugar a dudas sobre este tema. Tampoco ocultan los problemas y dificultades a superar en Cuba en materia de alimentación: la aún escasa producción agrícola nacional, los altos precios en los mercados agropecuarios, o la poca variedad de la dieta alimenticia (7).
Pero el valor de estos informes reside, fundamentalmente, en que comparan la situación de Cuba con la de otros países con niveles similares de desarrollo económico, pero con un sistema de economía capitalista, y en los que el hambre y la desnutrición infantil sí son una realidad documentada y verificable (8). Aunque esta no nos la cuenten cretinos televisivos como Eduardo Inda.
“Las políticas públicas en favor de la infancia han sido una prioridad (en Cuba) desde hace muchos años, lo que ha conseguido algo verdaderamente inaudito en el mundo en desarrollo: que de los cientos de millones de niños y niñas que sufren gravísimas vulneraciones de sus derechos –muchos mueren diariamente por causas absolutamente evitables- ninguno sea cubano”. Juan José Ortiz Brú, exrepresentante de UNICEF para Cuba (9).

José Manzaneda
Cubainformación

(1) http://www.eldiario.com.ar/diario/internacionales/78484-cuba-sin-desnutricion-infantil.htm
(2) https://www.youtube.com/watch?v=NvWnvOeDbdY
(3) http://es.wikipedia.org/wiki/Eduardo_Inda
(4) http://www.lasexta.com/programas/al-rojo-vivo/noticias/inda-contesta-iglesias-cuba-ninos-estan-malnutridos-porque-les-dan-comer_2014071800159.html
(5) http://www.rlc.fao.org/es/paises/cuba/noticias/cuba-recibio-reconocimiento-de-la-fao-por-haber-erradicado-el-hambre/
(6) https://www.youtube.com/watch?v=84GviPmmnHw
(7) http://www.cubadebate.cu/opinion/2014/03/10/agricultura-encuba-donde-esta-la-papa/
(8) http://www.oxfamintermon.org/es/campanas-educacion/entrevista/entrevista-hambre-cronica-en-guatemala-no-es-solo-un-problema-de-justi
(9) https://www.youtube.com/watch?v=5r6lg6n2mjE

domingo, 17 de agosto de 2014

Fidel Castro ya no es un pibe y cumplió felices 88 años




El fidelismo del siglo XXI

La revolución cubana triunfante en enero de 1959 tuvo un conductor indiscutible, jefe del Movimiento 26 de Julio, Fidel Castro Ruz, nacido en Birán, el 13 de agosto de 1926. Salta a la vista que la victoria de los barbudos bajados de Sierra Maestra tuvo un comandante que no había cumplido los 33 años.
Lo vivido por ese rebelde con causa, en la lucha guerrillera desde diciembre de 1956 hasta quebrarle el espinazo a la dictadura de Fulgencio Batista. Y antes en el intento de tomar el Cuartel Moncada y el Carlos M. de Céspedes (1953), con la derrota parcial, el juicio y la prisión seguidas del exilio, etc, todo eso le había dejado grandes enseñanzas políticas y de las otras, con olor a pólvora.
En esos años que equivalían a décadas también hay que mensurar la militancia universitaria de Fidel en la Federación de Estudiantes Universitarios, FEU. De ese tiempo se destacan dos incursiones con sentido internacionalista. Viajó a un congreso de estudiantes en Bogotá, que coincidió con el Bogotazo tras el asesinato del líder Jorge E. Gaitán. Producida la revuelta, el caribeño fue parte activa. La otra operación donde estuvo involucrado fue un errático armado de milicias que irían a combatir a la dictadura de Trujillo en República Dominicana.
Esa mezcla de ideales martianos e internacionalistas, de militancia en las aulas y la montaña, del tríptico libro-trabajo-fusil, en la cárcel y el exilio; el orador brillante, abogado y guerrillero de excelente puntería, etc, fue moldeando su personalidad. La suya no era una cualquiera. Fue llamado a citas con la Historia y tan seguro estaba que la tuteó en uno de los juicios más famosos. Sentado en el banquillo, les espetó a los jueces-verdugos: “condenadme, no importa, la historia me absolverá”.
Y tenía razón. El 16 de octubre pasado se cumplieron 60 años del alegato tan famoso, cuando fue su propio abogado. Más que absuelto parece que la historia le dio la razón y varios premios. A Batista sólo se lo recuerda porque es el tirano que derrocó Fidel; de no ser así nadie retendría su nombre.

Líder excepcional

Castro se ganó a pulso, por sus propios esfuerzos, el alto lugar de consideración en que lo puso su población. Siendo un niño debió vivir lejos de su casa para ir a la primaria y luego, también en soledad, fue alumno de los jesuitas. Su militancia en la Universidad lo puso en trance de perder la vida frente a patotas y policías de gobiernos conservadores y de Batista. Tras el fracaso militar del Moncada salvó la vida gracias a un militar que no lo fusiló ni lo entregó a otros para que lo hicieran. Más de 70 moncadistas fueron asesinados luego de haberse rendido, fraguándose “enfrentamientos” (la dictadura argentina en 1976 utilizó ese libreto). De esos días de templanza salió fortalecido, embebido más del pensamiento de José Martí, el “autor intelectual” del asalto.
De Granma en diciembre de 1956 desembarcaron 82 guerrilleros pero de la primera emboscada sólo sobrevivió una decena. ¿Cómo hizo para tomar el poder cinco años, cinco meses y cinco días después del Moncada?
Y sobre todo, ¿cómo hizo para pilotear la construcción del socialismo a 90 millas de Estados Unidos, la principal potencia mundial?
La suya ha sido la pelea de David contra Goliat, sobre todo desde febrero de 1962, cuando el mal vecino decretó un bloqueo total. No le compró ni una libra de azúcar ni de níquel, ni envió un barril de crudo para refinar, ni vendió medicinas ni equipos médicos ni inversiones. Nada. Con la expulsión de La Habana de la OEA, tramitada por Washington en Punta del Este y otras citas de cancilleres, y sólo resistida por México, se dio por hecho que la fruta caribeña no tardaría en caer.
Como ese fruto se mantenía firme en el árbol, la CIA agitó la rama brutalmente para que cayera. Armó la incursión contrarrevolucionaria en abril de 1961, que desembarcó en Bahía Cochinos. Y allí estuvo el barbudo, ahora recibido de comandante en jefe, disparando con un tanque a los barcos y aviones enemigos.
De resultas de esa agresión y en vísperas de la victoria cubana de Playa Girón, el fortalecido dirigente proclamó el carácter socialista de la revolución.
Un país relativamente pobre, ahora con 11.5 millones de habitantes, le sigue diciendo al imperio, de una población de 316 millones de personas y un PBI de 15 billones (millones de millones) de dólares: “Patria o muerte, venceremos”.

644 intentos

La seguridad del Estado cubano es muy eficiente y se adelanta a los planes de terrorismo e infiltración de la CIA, el Pentágono y el Departamento de Estado.
Por ejemplo, detectó en 2009 la infiltración del espía estadounidense Alan Gross y condenado a 15 años de prisión luego de un juicio con todas las garantías. La USAID, o sea la CIA, armó una red Twitter ilegal llamada ZunZuneo, pero ese pajarraco entró en la jaula. Formaron jóvenes latinoamericanos para infiltrar a la juventud cubana y cosecharon otro fracaso. Armaron redes de periodistas “democráticos” y la seguridad cubana los descubrió cobrando salarios en la sede de la SINA en el Malecón, lo mismo que a las damiselas de Blanco, que nunca tuvieron virginidad política.
Fidel ha sido un blanco esquivo a los planes para matarlo que concibieron en el cuartel general de la inteligencia en Langley, Virginia. La estadística cuenta 644 intentos de asesinato de aquella procedencia. Está bien que la CIA ha tenido algunos jefes bastante imbéciles, caso de George Hebert Bush, luego presidente. De cualquier modo es una maquinaria temible, pero con Fidel y los cubanos han mordido el polvo, como algunos de sus grandes equipos de béisbol de las Ligas profesionales, frente a peloteros cubanos que se jugaban por la patria, no por los dólares.

¿Que tiene Fidel?

Una consigna muy cantada en los encuentros de solidaridad con Cuba, es “¿Qué tiene Fidel, que los imperialistas no pueden con él?”.
Y lo que tiene es que ha hecho respetar el nombre de Cuba en el mundo, por sus logros científicos, médicos, educacionales, culturales y deportivos. El país andaba a los tumbos en el pelotón de retaguardia hasta 1959 y ahora califica entre los mejores.
Que el índice de mortalidad infantil sea del 4.2 por mil nacidos vivos es uno de esos logros, reconocidos por la Organización Mundial de la Salud y la OPS. Y lo que es tanto o más importante, Cuba no se contenta con salvar vidas suyas y colabora con otros países. Un amigo haitiano, Henry Boisrolin, volvió a Puerto Príncipe tres días después del terremoto de 2010. Sus compatriotas, conmovidos por el trabajo de esos profesionales, le decían: “después de Dios, los médicos cubanos”.
Debe ser por eso que Fidel Castro, cubano de pura cepa, es un estadista que otros pueblos y países sienten como paisano suyo o íntimo pariente. Hugo Chávez lo llamaba “padre” y Evo Morales se siente parte de su familia, aunque no nacieron en Birán.
Más allá de diferentes árboles genealógicos, los programas educacionales anticipados genialmente en “La historia me absolverá”, y llevados a cabo en 30 países en forma de alfabetización con “Yo sí puedo”, con el que aprendieron a leer y escribir más de cinco millones de personas, han aumentado sensiblemente el padrón de la familia Castro Ruz.
Es el fidelismo del siglo XXI.

Hombre de fortuna

La revista norteamericana Forbes publicó en 2004 una mentira monumental: el presidente cubano estaba en la lista de multimillonarios. Sin una sola prueba, dos años más tarde lo ubicó séptimo en el ranking con un patrimonio personal de 900 millones de dólares.
Era el tiempo de George W. Bush. Fidel desafió a Forbes y a la CIA que promovía esas calumnias: si demuestran que yo tengo ese dinero, renuncio ya. Eran mentiras y el supuesto millonario siguió gobernando en forma sencilla hasta 2008, cuando por razones de salud debió ser reemplazado por el segundo secretario, Raúl Castro.
El cubano pudo ser un hombre de dinero, toda vez que en el libro “Fidel, Guerrillero del tiempo”, de Katiuska Blanco, cuenta que sus padres tenían en Birán 800 hectáreas de excelentes terrenos y además otras tierras arrendadas por 11.700 hectáreas. Era un patrimonio más que interesante, pero la revolución encabezada por él hizo la reforma agraria para los campesinos sin tierras. Y la fortuna familiar se terminó, conciente y alegremente, algo que Forbes ni Bush ni muchos podrán entender y muchísimo menos imitar. A ver si los Bush van a renunciar a una sola acción petrolera en Texas...
Fidel está ligado a Argentina, no sólo por su profunda amistad con Che Guevara. Realizó visitas en 1959, en 1995 a la Cumbre de Bariloche, en mayo de 2003 a la asunción de Néstor Kirchner en Buenos Aires y en julio de 2006, a la cumbre del Mercosur en Córdoba.
Por eso también en Argentina se le cantó el cumpleaños feliz, a la distancia. Como el tiempo pasa, inexorable, Diego Maradona ya está jubilado. De lo contrario es posible que le hubiera dedicado su inolvidable gol a los ingleses. Habría sido un lindo regalo para quien en Bogotá (1948), en 1982 y hasta hoy es de los aliados más firmes de Argentina en su reclamo por Malvinas.

Emilio Marín
La Arena

Cuba denuncia en la ONU planes subversivos de Estados Unidos




La representación cubana en las Naciones Unidas (ONU), solicitó al secretario general, Ban Ki-Moon, la publicación como documentos oficiales de la Organización las denuncias sobre nuevas acciones subversivas estadounidenses contra la isla.

Según una nota de la Misión Permanente cubana ante la ONU, la solicitud incluye una declaración de la directora general de Estados Unidos de la Can­cillería, Jo­sefina Vidal, y un comunicado especial de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA).
Recientemente, medios norteamericanos revelaron otro plan fi­nanciado por la Agencia de Es­tados Unidos pa­ra el Desarrollo Internacional (USAID) para promover la desestabilización interna, planes reconocidos por las autoridades norteamericanas.
El programa consistía en el empleo de latinoamericanos reclutados des­de 2009 para incitar a sectores de la juventud cubana a actuar contra el orden constitucional.

sábado, 16 de agosto de 2014

Fidel 88, mucho para festejar




Comandante, iba a escribir otro artículo sobre tu digna existencia. En varias ocasiones he “emborronado cuartillas" a lo largo de mi militancia periodística y de la otra, de esa en la que muchos nos zambullimos con las armas en la mano en los 70, hasta dejar la piel en la embestida, al calor de tu grito de guerra allá en Sierra Maestra. Pero me di cuenta que las palabras y la admiración que te profesamos ya las había escrito hace tres años, cuando cumplías tus 85. Lo que te dije en aquel entonces está intacto en mi corazón y en el de quienes hoy te homenajeamos en todos los rincones del mundo donde los pueblos se siguen levantando, como en Palestina heroica, a la que tú le has dedicado una reflexión de urgencia. Por eso, repito el texto, sin tocar una coma, y te vuelvo a decir: seguimos en pie, Comandante, con tus ideas y tu coraje.
¿Cuántos Fideles hay en este Fidel que en estos días cumple 88 años de muy vivida existencia? Seguramente que muchos. Tantos que no alcanza la memoria para evocarlo. Hay un Fidel -menos conocido-, que desde muy joven se puso en marcha para, en los claustros universitarios, comenzar un intenso camino de agitación que lo llevó pocos años después a militar activamente – haciendo honor a un internacionalismo al que luego abrazaría con pasión- contra el dictador dominicano Leónidas Trujillo.
Hay otro Fidel que se dio cuenta enseguida que todas las teorías del mundo no son suficientes si no se ejerce una práctica audaz e inteligente contra el autoritarismo, y junto con un puñado de valientes asaltó el Moncada, abriendo así un sendero que no se detendría más hasta la toma del poder, una meta imprescindible si se quiere hacer una Revolución con mayúsculas.Pero qué decir de ese Fidel, que con Raúl, el Che y otros tantos patriotas desembarcó del Granma, y cuando todo parecía venirse abajo, entre cadáveres de sus mejores hermanos y las balas del enemigo, contó los fusiles y se repitió varias veces, como para que lo oyeran los esbirros de la dictadura batistiana, que con esa decena de hombres que quedaban en pie, ganarían la batalla.
Del Fidel de Sierra Maestra habría mucho para contar. Él mismo lo ha hecho recientemente, con su estilo locuaz y sumamente descriptivo, en dos libros de lectura imprescindible para entender de qué se trató esa epopeya :”La contraofensiva estratégica” y “La victoria estratégica”.
Allí, en aquellas montañas victoriosas, apareció con toda claridad el Fidel combatiente, el estratega militar capaz de convertir en triunfo aplastante lo que minutos antes iba camino a convertirse en derrota, el Fidel compañero de sus compañeros, severo cuando se trataba de hacer que se cumplan sus órdenes, sabedor de que cualquier duda en un combate tan desigual como el que libraban, podía hacer capotar el proyecto revolucionario.
Pero también supimos en esos pocos años de batalla directa contra la soldadesca de Batista, de ese Fidel que respetaba la vida de sus enemigos una vez que eran capturados en combate, marcando de esa forma un territorio de humanidad, que en varias ocasiones provocó deserciones masivas entre los uniformados del régimen, y generó las bases para que pocos miles de rebeldes vencieran a un ejército regular y bien equipado de cien mil soldados, que contaban con tanques, aviones bombarderos, y la ayuda internacional de los imperios yanqui e inglés.
Después, cuando los barbudos felizmente marcharon victoriosos hacia La Habana, en aquellos días memorables del 59, comenzó a desarrollarse la vida de un Fidel que terminó asombrando al mundo. Revolucionario hasta la médula, liberó a su pueblo de la opresión y de la cultura gringa que lo asfixiaba, expropió y nacionalizó todo lo que antes era de cuatro magnates subordinados a la mafia norteamericana, y ejerció el internacionalismo con la misma potencia que antes había desarrollado para derrotar al tirano.
Codo a codo con el Che, no dudó de emprender una prolongada marcha para conquistar la por ahora pendiente segunda Independencia latinoamericana. Venció al Apartheid sudafricano, ayudó a liberar Angola, abrazó a Salvador Allende y apretó los puños de rabia, como pocos, cuando se enteró que su hermano Guevara caía en combate en Ñancahuazu.
Cuántos rebeldes del continente se siente enormemente agradecidos por lo que hizo Cuba por ellos, cuántos luchadores por el socialismo no hubieran podido gestar múltiples hazañas en sus países sin la decisión solidaria y comprometida de Fidel y sus compañeros. La lista es extensa y a través de ella, Cuba y su Revolución fueron escribiendo páginas de dignidad imposibles de olvidar.
En esos años y en los venideros, Fidel debió multiplicarse, para que la Isla no se hundiera tras la caída del bloque socialista, para intervenir con clarividencia en temas de deuda externa, anunciando antes que ninguno, que la misma era impagable por ilegítima. También propuso soluciones para cuidar y defender el medio ambiente, o encarar gigantescas iniciativas en temas de educación y salud para su pueblo, que luego fueron y son derivadas de manera solidaria hacia el resto del mundo.
Sin embargo, la madre de toda las batallas fue la que libró Fidel, abrazado con su pueblo, contra el criminal bloqueo imperialista.
Medio siglo de obligadas carencias, que fueron derrotadas a punta de digno coraje y la convicción de que a las revoluciones verdaderas se le oponen miles de escollos. Para que semejante agresión no pueda salir airosa, Fidel lo repitió siempre, la medicina es tener conciencia revolucionaria y convicción de que se libra una batalla justa, forjar una inmensa unidad de los de abajo, y sacrificarse hasta las lágrimas.
“Después de Dios, Fidel”, dijo emocionado un agradecido ciudadano de Haití, al defender las misiones médicas y alfabetizadoras que el gobierno cubano derramó por todo el mundo, llegando allí donde nadie se atrevía. Eso es lo que en estos días todos los que agradecemos su necesaria vigencia tenemos la obligación de recordar cuando nombramos a Fidel. Nunca, pero nunca, nos falló.
Lo decimos desde la constatación de saber en que clase de mundo vivimos, donde la felonía, la corruptela, el transfuguismo y la claudicación se han convertido en moneda corriente. Frente a esas lacras, Fidel, Cuba, su pueblo, la vieja guardia y las jóvenes generaciones revolucionarias, siempre han mostrado que se puede. Que con voluntad política y conciencia revolucionaria no hay enemigo invencible.
Ahora, que el Comandante, ese mismo al que su pueblo llama cariñosamente “el caballo”, sigue galopando con tantas ansias de futuro, ahora que ese enemigo al que le soportó la mirada, a pesar de tenerlo a sólo 90 millas, comienza a derrumbarse, tal cual anunciara el propio Fidel en aquel acto memorable junto con Hugo Chávez en la provincia de Córdoba, ahora que combina sabias reflexiones con gestos imborrables de ternura hacia quien considera su hijo político venezolano -como tal, también hacedor de revoluciones- y le anima para batallar contra su sorpresiva dolencia, ahora, cuando sus palabras en defensa de la vida contra la muerte que sigue derrochando el Imperio allí donde se asienta, ahora, precisamente, es tiempo de homenajear a Fidel.
Es hora de decirle, sin rubores de ningún tipo, que lo queremos por todo lo hecho, y por todo lo que seguramente seguirá haciendo. No es cursilería, ni obsecuencia decir esto, no somos ni una cosa ni la otra y sabemos de ambas por vivir en países donde se practican con desmesura, sólo se trata de hacer justicia con alguien al que desde que nos apareció la conciencia, siempre tuvimos de nuestro lado. Por muchos años más, Fidel. Para que nuestros enemigos sigan rabiando, y los de abajo y a la izquierda (como diría el Subcomandante Marcos) festejen con ganas tu noble y vital existencia.

Carlos Aznárez
Director de Resumen Latinoamericano

"La vigencia de Fidel y la religión es incuestionable"




Entrevista al sociólogo cubano Aurelio Alonso a propósito de la primera edición ebook del libro "Fidel y la religión", de Frei Betto.

En1985 veía la luz el volumen Fidel y la religión, resultado de las veintitrés horas de diálogo entre el líder de la Revolución Cubana Fidel Castro y el escritor y periodista brasileño Frei Betto. Se iniciaba un proceso de reconciliación entre las ideas religiosas y revolucionarias; desaparecía así, a decir del fraile dominico, el prejuicio de los comunistas y el miedo de los cristianos.
Casi treinta años después, a propósito de su primera edición ebook como parte de la colección de ebooks de/sobre el líder cubano a cargo de Ruth Casa Editorial, el destacado sociólogo, docente, investigador y ensayista, Premio Nacional de Ciencias Sociales, Aurelio Alonso, habla sobre la vigencia del texto.
Releo la entrevista y me parece escucharlo; su prosa tiene voz propia. A medio camino entre el tono anecdótico y el reflexivo, el autor de Iglesia y política en Cuba revolucionaria (1998) hilvana un discurso coherente y lúcido salpicado por confesiones exclusivas.
Tiene la impresión de que no ha respondido como yo hubiera esperado; se equivoca y se lo hago saber. Aurelio, como cariñosamente le conocemos los que casi a diario tenemos el privilegio de verlo en su oficina de la Casa de las Américas, me regala su tiempo. Me guardo otros temas. Sus respuestas me han provocado otras preguntas. Pendiente queda un próximo encuentro.
-Dentro de sus estudios e investigaciones en el campo de las ciencias políticas, la llamada transición socialista y la sociología de la religión, ¿cuáles han sido sus principales intereses, temas, acercamientos?
-Creo que lo primero a señalar es que me eduqué en un colegio católico, pertenecí allí a la cruzada eucarística, y hacía una vida de compromiso religioso. Pero el paso por los cuestionamientos propios de la adolescencia me hacía dudar del dogma de fe. Desde el comienzo del bachillerato decidí cambiar hacia la enseñanza laica –lo decidí yo mismo, mis padres no intervinieron-- y mi alejamiento de la fe religiosa se consumó en esos años de estudiante. Pero debo reconocer que tuve una formación cristiana. Al final del bachillerato me impactó la lectura de Jean Paul Sartre, de su narrativa de intensa carga filosófica, y algo de su periodismo político, también en sintonía con mi irreligiosidad. Fue mi primera inclinación filosófica, la cual pienso que dejó huella en mí; me atrevería a decir incluso que estuvo en mi camino hacia el marxismo. Entonces lo percibía como el método para descubrir y conciliar las posibilidades que se abrieran a nuestra existencia personal, a nuestras circunstancias, a la inserción del individuo en el pedazo de historia que le haya tocado vivir.
Desde temprano el estudiante que ya experimentaba la transformación revolucionaria y buscaba respuestas a sus cuestionamientos, se introdujo en las lecturas marxistas, que se convirtieron en el componente definitivo de su vocación intelectual. Entraba en una perenne confrontación entre la reflexión que recibía del legado teórico y la realidad vivida en el proceso mismo de transición socialista iniciado. Así fueron aflorando mis aprendizajes, mis influencias, mis irreverencias, mis lealtades, conformando la convicción de que la coherencia no podía sostenerse en la renuncia a la necesidad de pensarlo todo con cabeza propia, de no rechazar la tentación de la duda ante una convicción confortable. Por el contrario, la coherencia deseable debía ser buscada sorteando caminos difíciles.
Para ser sincero, creo que nunca he escogido con mucho rigor especialidades profesionales, y si lo hice en algún momento, no puse obstáculo a las circunstancias que enrumbaron mis pasos dentro del proyecto revolucionario. Y en aquello en que me involucré lo acometí siempre con pleno sentido del compromiso. Quienes me conocen saben que mis circunstancias me hicieron dedicarme un par de años, a finales de los sesenta, a la ganadería lechera, y mientras cumplía las tareas que me tocaba, y sin abandonar del todo mis lecturas filosóficas, estudié sobre los suelos, los cultivos de pastos y forrajes, la alimentación del ganado, los controles y el manejo de la masa ganadera, etc., y no se me ocurriría decir, ni por asomo, que fue para mi formación tiempo perdido.
De hecho, también dentro del vasto campo de los estudios religiosos, con el cual se me suele identificar, mis intereses se movieron principalmente en torno a las perspectivas institucionales, la proyección y la doctrina social de la Iglesia, sus relaciones con el Estado y con la sociedad civil, las corrientes sociológicas y eclesiológicas vigentes. Una inclinación articulada al deseo de profundizar en las complejidades del proceso de transformación social, política y económica que me tocó vivir. Por eso evito la vaga calificación de especialista en temas religiosos que podría defraudar a quien busque mis trabajos. El contenido de las casi doscientas publicaciones que registra ya mi currículo es expresivo de esta diversidad temática, y de mi hoja de ruta en el período por el cual he andado.
Tengo la impresión de que no he respondido a tu pregunta como hubieras esperado pero esta es la respuesta que me inspiró.
-¿Cómo influyó en su obra el libro Fidel y la religión? ¿Cómo valora el aporte de ese texto en la comprensión de las relaciones entre la religión y la sociedad en Cuba? ¿Cree que el libro mantiene su vigencia después de 30 años?
-Ya había conocido yo a Frei Betto en 1980 en Nicaragua, y había leído algunos artículos suyos que lo mostraban como una de las figuras más atractivas en la línea de pensamiento abierta con la teología de la liberación, por la claridad del discurso y por su capacidad de comunicación. Cuando apareció Fidel y la religión, en 1985, yo me encontraba en misión diplomática en el exterior y recuerdo el impacto en la prensa, por lo novedosas que resultaban las revelaciones de Fidel en sus respuestas a las preguntas de Betto. Una anécdota simpática es que la primera edición en francés salía con una foto de Ramón Castro, como sabes el hermano mayor de Fidel, en la portada. Se habían confundido en la editorial, pero afortunadamente enviaron un ejemplar a la embajada cubana antes de ponerlo en circulación y pudieron desfacer el entuerto a tiempo.
Desde que lo leí me percaté de la importancia del libro. Por varias razones, pero principalmente por una. A mi juicio, la proyección abierta al entendimiento entre la fe religiosa y la ideología revolucionaria que Fidel había propugnado en su encuentro con los “cristianos por el socialismo” durante su visita al Chile de Allende en 1971, donde habló de “alianza estratégica” entre cristianos y marxistas, y de nuevo en Jamaica, en 1977, en un importante encuentro con líderes religiosos del Caribe, había padecido de una lectura equívoca durante muchos años. Incluso en el seno del propio partido cubano se interpretaba que existía una doble política en el reconocimiento del factor religioso: una de apertura y alianza hacia el exterior, explícita en dichos encuentros, y otra hacia el interior, orientada hacia el ateísmo y al debilitamiento de las iglesias, la cual se reflejaba incluso en los documentos rectores del primer congreso del PCC.
El propio Fidel daba a conocer en ese momento, a través de la edición de esas veintitrés horas de conversación concedidas a Frei Betto, que la superación completa de la discriminación por motivos religiosos era una tarea pendiente en el proyecto socialista cubano. El giro ideológico que requería la superación de lo que había sido reconocido hasta entonces como una cuestión de principio se produjo en el IV Congreso del PCC en 1991 y en la Reforma Constitucional de 1992, pero fue en Fidel y la Religión que el líder de la Revolución cubana lo dio a conocer, en el contexto de una larga reflexión sobre el espacio del hecho religioso en un proceso de transición socialista. Constituye, por lo tanto, un acontecimiento editorial sin precedente en la tradición socialista del siglo veinte, y yo me atrevería a afirmar que su vigencia no admite ya cuestionamiento.
-¿Considera usted que las relaciones entre el estado y la iglesia en Cuba han mostrados signos de cambio? ¿Dónde radican entonces esos cambios y que representan dentro de un panorama que ha venido experimentando la transición socialista desde la década de los noventa?
-Creo que mi respuesta a tu pregunta anterior provee una importante muestra de movilidad. Pero habría que decir que también fue muestra de movilidad, en el plano de las proyecciones de la Iglesia católica, la prolongada reflexión que culminó en el Documento Final e Instrucción Pastoral de los Obispos, como resultados del Encuentro Nacional Eclesial Cubano de 1986. Del clima de avance en las relaciones que se produjo en los 80 surgió la iniciativa compartida de la jefatura de la Iglesia y la del Estado de invitar al papa Juan Pablo II a realizar una visita pastoral a Cuba. Ya el papa, que introdujo un estilo viajero en la conducción pastoral de la Iglesia, había estado en toda la América Latina, varias veces en algunos países, como México y Brasil. Sendas invitaciones –la estatal y la eclesiástica– se llegaron a entregar en el Vaticano y la visita se había previsto que sería programada para 1991 o 1992.
De manera inesperada, el sistema socialista soviético, que Gorbachov se había propuesto reformar, se desintegró entre sus manos y Cuba, carente de sostén económico internacional, entró en lo que llamamos “período especial”. Sobrevino entonces un aplazamiento sine die en la fijación de fecha para el viaje papal y, con la demora, el argumento de la conveniencia de “maduración de condiciones” para la visita. Me atrevería a decir las dos partes, Estado e Iglesia, necesitaban ahora del aplazamiento. La pastoral de los obispos cubanos fechada el 8 de septiembre de 1993, titulada El amor todo lo espera, con un reclamo de reformas de liberalización, en el momento más grave de la caída de los indicadores macroeconómicos en Cuba, provocó de nuevo una tensión que enfrío las relaciones hasta que la decisión de la visita pontificia volvió a cobrar forma hacia 1996 y se realizó en 1998 con un éxito incuestionable. Si aquí no se ve movilidad, habrá que cambiar de espejuelos.
Solo quiero ilustrar en algo la presencia de avances, desaceleración, vuelta a avanzar, acercamientos, distanciamientos, reacercamientos. En la última década se produjeron numerosos signos de fluidez en las relaciones entre la institución religiosa y la estatal, desatacándose la aceptación por parte del gobierno de la mediación de la Iglesia para la liberación de presos políticos y otras acciones, lo cual ha dado lugar a críticas al arzobispo de La Habana desde sectores hostiles al Estado cubano. Esto te puede indicar, a grandes trazos, los altibajos a través de los cuales se realiza un curso cuyo saldo de entendimiento y cooperación se muestra hoy favorable.
De modo que la normalidad en estas relaciones, diría yo, no puede concebirse como la resultante de una continuidad sin obstáculos. Sería del todo imposible explicársela desde una perspectiva inmovilista. Y con esta misma prevención habría que asomarse igualmente a su futuro, por optimistas que debamos ser.
-Partiendo del supuesto que las ideas de justicia social no necesariamente tienen por qué chocar con las creencias religiosas y acercándonos a la teología de la liberación, ¿cómo conciliar el proceso de reinvención del Socialismo o un socialismo del siglo XXI (si está de acuerdo con el tan discutido y polémico término)?
-Permíteme comenzar por el final de tu pregunta. No ignoro que entramos (los marxistas) en este siglo con varios dilemas teóricos colgando. Uno, tal vez escolástico, es el de definir si se utiliza la preposición “de” o la preposición “en” para conectar el concepto de socialismo, que el pensamiento neoliberal considera acabado como ideal en el siglo pasado, con los cambios estructurales que nos impone el presente siglo. No es un debate inocente si notamos que un extremo apunta a rescatar el modelo que fracasó, y el otro, a desecharlo del todo en la búsqueda del paradigma. Lo he tildado de debate escolástico porque parte de la colocación a priori de la verdad en uno u otro extremo.
Te voy a confesar –y nunca lo he dicho por pudor-- que fui uno de los primeros en usar el término, en una entrevista que me hiciera Carlos Torres sobre la situación de Cuba, que se publicó en el No. 641 del semanario Punto final, de abril de 2003, en Chile, con el título de “Hay que reinventar el socialismo del siglo XXI”, tomado literalmente de una de mis respuestas. Expresaba una cuestión que, como se dice, ya se caía de la mata. Después supe que en el año 2000 el sociólogo chileno Tomás Moulián había dado el título de Socialismo del siglo XXI: la quinta vía, a un libro suyo. Lo interesante es que yo utilizaba allí el término pensando en la profundidad del cambio que teníamos que realizar en Cuba, en tanto su uso por Hugo Chávez, y creo que por todos a quienes he visto usarlo, alude al paradigma relacionado con los procesos latinoamericanos emergentes que proclaman y procuran el socialismo en su propuesta de cambio. Si hacemos abstracción por un momento de lo histórico concreto, es decir, de los puntos de partida actuales del cambio, lo entiendo como un concepto expresivo de un denominador común en los objetivos de las transiciones deseables en Cuba y en el resto de nuestra América. Termino este aspecto de tu pregunta de una manera que algunos podrían estimar conciliatoria, pero te aseguro que no lo es: para mí el concepto puede considerarse válido con una preposición o con la otra, aunque conllevaría una connotación diferente en uno y otro caso.
Para entrar de lleno ahora en el resto de tu pregunta, es evidente que los propósitos de justicia social y equidad, centrales en los ideales del socialismo, incluso desde antes de Marx, son perfectamente compatibles con el ideal cristiano. En buena medida derivan de valores cristianos. En nuestra América, cuyos pueblos son tributarios de una marcada religiosidad católica, incluso a través de expresiones sincréticas se hace inconcebible verlo de otro modo. Lo cual no significa que todos los casos vayan a encontrar una correspondencia fácil con los intereses creados por la institución eclesiástica. Es imposible predecir las dificultades que pueda presentar este entendimiento. Pero es cierto que el derrumbe del proyecto estalinista aporta también la superación de la identificación del marxismo con un ateísmo. Ni como institución, lo que me parece algo universalmente aceptado ya, ni en el plano doctrinal, menos reconocido, pero que debe acabar por identificar al mal llamado “ateísmo marxista” con lo que es: un componente de la asunción dogmática del materialismo, incompatible con el ideal socialista. Estamos ante uno de los extremos del doctrinalismo que caracterizó al socialismo del siglo pasado, el cual sería un contrasentido, un verdadero disparate, tratar de revivir en la América Latina.
La teología de la liberación es, más que una teología, una corriente de pensamiento religioso cristiano nacida en la marea de apertura que propició el Concilio Vaticano II y la segunda conferencia del episcopado latinoamericano, celebrada en Medellín en 1968. La teología de la liberación centró la atención en la compatibilidad del pensamiento marxista con una proyección cristiana auténtica. En rigor quien primero se pronunció en esta dirección fue el teólogo presbiteriano Rubem Alves, que acaba de fallecer, aunque el acierto de Gustavo Gutiérrez al tocar los principales puntos de contacto teóricos con la comprensión marxista en un ensayo orgánico, hizo de su obra una referencia fundamental para el diseño de las comunidades eclesiales de base, para el desarrollo del sistema de educación popular y para muchas otras iniciativas, convirtiéndola en un clásico. También hay que recordar que el papado de Juan Pablo II la proscribió alegando su incompatibilidad con el rechazo eclesial del marxismo como ateísmo. Marx termina resultando la víctima de no pocas incomprensiones y condenas injustas. Puede que esto sea emblemático del costo de un descubrimiento tan relevante en el campo del conocimiento social: tanta verdad no podía ser revelada impunemente.
-Frei Betto expresó en Fidel y la religión: “Lo que falta a los obispos cubanos es una teología que les permita entender el socialismo como una etapa imprescindible en el camino hacia el Reino de Dios”. ¿Está de acuerdo? ¿Cree que han ocurrido cambios en este sentido y que los sacerdotes cubanos han incorporado las teorías del socialismo para practicar el cristianismo en las condiciones de un país como Cuba?
-Tiene razón Frei Betto en las dos afirmaciones que contiene este juicio. Esa teología ha faltado a los obispos y sacerdotes cubanos, que tampoco han sido capaces de generarla. Pero me pregunto si no falta también hoy esa teología a los obispos latinoamericanos. En sentido general, quiero decir, para no ser injustos con las excepciones.
No hay que olvidar que en su largo pontificado Juan Pablo II se cuidó mucho de ordenar obispos que pudieran ser afines, o incluso tolerantes, con posiciones políticas de izquierda en el clero de sus diócesis. Hace poco conversaba yo con un prelado amigo, de claro compromiso con los humildes, de posiciones teóricas abiertas al diálogo, y le preguntaba cómo se le pudo escapar al rasero papal al escogerlo. Él me comentó que en realidad se le escapó al nuncio, que lo propuso sin percatarse de cuáles eran sus posiciones. No se puede perder de vista que no estamos en los tiempos de Hélder Cámara, Marcos Mac Grath, Sergio Méndez Arceo, Leónidas Proaño, Enrique Angelelli, Eduardo Pironio, Alberto Devoto, Antonio Brasca, Pedro Casaldáliga, Samuel Ruiz, Luis Luna Tobar, y Francisco Oves, que fue arzobispo de La Habana por pocos años antes de Jaime Ortega. Y seguramente otros que no conocí. Son los identificados como los obispos de Medellín y del papado de Pablo VI. La llegada de la restauración al Vaticano, con el largo pontificado de Karol Wojtila, cambió otra vez los tonos que habían comenzado a caracterizar al episcopado de nuestro continente bajo el reclamo de la “opción por los pobres”.
Fíjate como Carlos Manuel de Céspedes García Menocal, una figura tan prominente del catolicismo cubano de la segunda mitad del siglo XX, que contribuyó como el que más al entendimiento que hoy se tiene entre Estado e Iglesia,nunca fue elevado a la jerarquía episcopal.
Con la otra afirmación, que entiende el socialismo como el camino al Reino de Dios, podría coincidir igualmente, pero si poco conozco del socialismo, menos puedo decir del Reino de Dios. Pienso que Betto lanza a los creyentes y a la institución la provocación legítima del modelo cristiano plausible.
Faltaría a la verdad si dijera que pienso que el clero cubano ha arribado al presente curado de la incomprensión eclesial del ideal socialista. Ha vivido la experiencia cubana, sin embargo, con sus virtudes y sus defectos, se ha formado probablemente con una mayor capacidad de análisis que sus antecesores. Hay hoy una mayor disposición al diálogo, y han aparecido incluso escenarios de cooperación, pero creo sinceramente que son menos que los que podían esperarse.
Ese progreso se ha hecho más evidente dentro de las posiciones del laicado comprometido, cuya revista insignia, Espacio Laical, se logró colocar entre las más importantes publicaciones cubanas en los años recientes. Pero no puede saberse aún si el cambio reciente en la redacción de la misma será capaz de valorizar el caudal acumulado por sus antecesores y el prestigio logrado. Tampoco es posible pronosticar si a la salida del cardenal Jaime Ortega del Arzobispado de La Habana, cuando se haga efectivo su retiro, prevalecerá en nivel de entendimiento logrado por él con las instituciones del Estado socialista.
-En el mundo actual, globalizado, con relaciones políticas mediatizadas y frecuentemente manipuladas o afectadas por factores económicos, ¿cómo cree que puedan integrarse la religión (entendiendo por religión tanto a los creyentes como a las instituciones) y el cambio social?
-Es una verdadera decepción para el entrevistado llegar a la última pregunta y tener que confesar que no tiene idea de cómo responderte. Son muchos los factores que tienen que incidir en el curso futuro de esta articulación. A falta de respuesta intentaré asomarme de algún modo, con alguna pista efectiva, a la complejidad del problema.
Al proceso de globalización neoliberal capitalista correspondió un retroceso con relación al proyecto reformador al cual la Iglesia Católica había llegado en el Concilio Vaticano II, y el papado de de Pablo VI que le siguió y trató de hacer avanzar la aplicación de esa renovación que siempre citamos con el término italiano: el aggiornamiento. Pasado este nuevo Medioevo de aliento polaco, y puesta a flote en toda su magnitud la crisis institucional, al punto que Benedicto XVI decidió dimitir, la elección de Jorge Mario Bergoglio al pontificado parece traer al catolicismo un rescate del proyecto del Concilio. El éxito de esta propuesta sería clave para que se consume la conexión por la que te preguntas. Pero es demasiado temprano, de todos modos, para pronosticar si se logrará una transformación en el marco de su pontificado. La verdad es que no me atrevo a decirte más.

Susel Gutiérrez Torres