viernes, 20 de enero de 2017

La oposición de la “izquierda” cubana y los anexionistas: dos alas de una misma águila

Uno de los conceptos que generó la mayor controversia en el artículo precedente, “¿El final de la ideología en Cuba?”, fue el de que “siempre he aseverado que la más peligrosa oposición a la Revolución cubana proviene de la llamada izquierda, y no de la derecha abiertamente plattista o anexionista”. La mayoría de los lectores elogiaron el artículo, muchos otros participaron en serios debates, mientras tan sólo un par de personas lo objetaron fuertemente, señalando particularmente esta frase.
Quisiera entonces analizar esta percepción. En ella se menciona la “ abiertamente derecha plattista o anexionista.” Esto significa que en Cuba existen tanto una oposición abiertamente pro Estados Unidos, así como los anexionistas solapados . Estos últimos son los llamados izquierdistas. Su discurso incluye una crítica (moderada) al sistema social, económico y político estadounidense. Éstos no aceptan abiertamente el capitalismo como alternativa, como los anexionistas, quienes apoyan más francamente el modelo estadounidense como su modelo. Un estadounidense que ha vivido en Cuba como su país adoptivo durante cierto número de años, escribió algunos comentarios positivos cuidadosos acerca del artículo y del tema del socialismo versus el capitalismo:
“En el Norte, en su más simple forma, esto podría reducirse a la aceptación del 'mal menor'. Ambos sistemas son deficientes pero, convenientemente, el socialismo lo es más, así que, simplemente, ignoremos esta opción. Pero, cualquier cambio del capitalismo es puramente cosmético con el sólo objetivo de evitar el socialismo. Aquí [en Cuba], dado que ya hemos llegado al socialismo, el argumento presentado es que el capitalismo presenta algunos aspectos buenos, así que sumémoslos simplemente al socialismo. Dado que el enfoque es adicionar en lugar de sustraer al capitalismo —esto hace que el objetivo aquí sea opuesto al del Norte. En lugar de mejorar el socialismo con el objetivo de evitar el capitalismo, su idea es adoptar las mejores características del capitalismo, como si ambos sistemas fuesen compatibles, con partes intercambiables, las que, por supuesto, no lo son.”
Se trata de un punto muy acertado. Un cubano comparó esto a “la utilización de piezas de repuestos de un reloj Timex para arreglar un Rolex.” En esta analogía, por supuesto que el Rolex es el socialismo mientras que el Timex es el capitalismo. Sin embargo, el punto central es que las piezas que constituyen las dos marcas no son compatibles. Algunos de la llamada “izquierda” pueden argumentar que Cuba está introduciendo algunas medidas de economía de mercado propias del capitalismo. Sin embargo, la economía de mercado ha existido desde mucho tiempo antes que el capitalismo, inclusive en los sistemas más “primitivos”. No se trata de una característica exclusiva de ningún sistema. No se trata de un invento del capitalismo. Por el contrario, los cambios realizados en Cuba contribuyen a mejorar el Rolex, pero con partes rejuvenecidas y no con partes usadas de un marca totalmente diferente e incompatible.
La oposición de la “izquierda” contribuye objetivamente al “American Dream” de instaurar el capitalismo en Cuba, aún cuando, por supuesto, ellos lo niegan de forma vehemente. Para describir su imagen anticapitalista, algunos inclusive se definen a sí mismos como “socialistas-demócratas”, en tanto que opositores al supuestamente autoritario socialismo cubano. El punto de vista del pensamiento único estadounidense del sistema está especializado en etiquetar con guiones conceptos tales como los socialistas- demócratas . La “democracia” es quizás el concepto más manipulado en política, análisis que va más allá de este corto artículo. Es suficiente mencionar por el momento que, con base en el punto de vista del pensamiento único estadounidense, el término democracia sirve de palabra clave para contradecir al socialismo. En Cuba, cuando se agrega la etiqueta “democracia” como por arte de magia, aquellos en el Norte interesados en subvertir la revolución cubana saben que los individuos partidarios del socialismo etiquetado con guiones están en su campo ideológico.
Esta y otras tendencias similares al interior de la oposición “izquierdista”, aún cuando en aparente contradicción entre ellas, tienen al menos una característica en común. Desde diferentes ángulos, todas convergen en un modo de pensar: el sistema cubano y el gobierno son “autoritarios”; el Partido Comunista de Cuba y el Ejército están omnipresentes; el sistema es centralizado, por lo cual el Estado juega dos funciones principales (aun cuando Cuba fue descentralizada a partir del año 2008, pero en sus propios términos, al interior del socialismo). Esta posición se presenta ostensiblemente a favor del socialismo, pero de un “socialismo” muy, muy, democrático. Con el fin de fomentar esta imagen, cada incidente en el sistema cubano es señalado con la finalidad de presentar a Cuba como autoritaria. Contando principalmente con algunos intelectuales, el objetivo es atomizar y dividir la sociedad cubana, buscando destruir su unidad, construida desde 1959.
Por el contrario, aquellos comentaristas en Cuba de una tendencia de derecha abiertamente anexionista, critican al gobierno cubano por no ir lo suficientemente lejos ni rápidamente en la adopción de lo que ellos llaman “medidas capitalistas”. Los anexionistas defienden abiertamente el capitalismo para Cuba bajo la tutela de Estados Unidos. Esta tendencia también acusa al gobierno “autoritario” de restringir lo que ellos esperan como el inevitable deslizamiento de Cuba hacia el capitalismo. De esta manera, el término “democracia” es manipulado por los llamados izquierdistas y abiertamente pro estadounidenses y pro capitalistas de derecha.
Existe otro común denominador asociado a los dos extremos aparentemente opuestos. No hay duda que actualmente en Cuba tiene lugar una viva discusión y un debate acerca del mejoramiento del socialismo y del sistema político cubanos. La actitud hacia Estados Unidos en el nuevo y complicado contexto del post 17D, está por supuesto atada a estas controversias. Estas deliberaciones están tomando lugar a muchos niveles e instancias de la sociedad cubana y del sistema político. Estos debates constituyen una característica de la cultura política cubana que conlleva esta tradición de larga data. Si en este momento se toman los medios cubanos como ejemplo, diferentes artículos de opinión vienen siendo publicados en la prensa oficial, tales como el Granma y Juventud Rebelde. Algunos de ellos han sido escritos por los llamados periodistas y escritores alternativos tales como Iroel Sánchez, Elier Ramírez, Enrique Ubieta, Luis Toledo Sande y Esteban Morales, para nombrar tan sólo a unos pocos. Estos intelectuales y muchos otros tienen sus propios blogs activos e igualmente participan a diario en los medios sociales (como Facebook y Twitter) en la resistencia contra la guerra cultural liderada por Estados Unidos.
Sin embargo, cuando la oposición de “izquierda” o de derecha describe a Cuba para el beneficio del consumo extranjero y parte del doméstico (sin equivocación acerca de ello, sus puntos de vista se centran en la hostil prensa extranjera contra Cuba), invariablemente aplauden y destacan lo que llaman el periodismo de “oposición” o “alternativo.” La oposición de “izquierda” coacciona, supuestamente, el epítome del pluralismo, tan sólo se citan entre ellos mismos y a oponentes de ideas semejantes, dentro de un enfoque bastante monolítico. Es así como también los medios del establecimiento estadounidense manejan cualquier debate. Éstos citan tan sólo su propio pensamiento: una consanguinidad perversa. Por el contrario, los intelectuales cubanos verdaderamente alternativos (algunos de ellos mencionados anteriormente), que trabajan por el mejoramiento del sistema, se encuentran en la lista negra e inclusive son vilipendiados por los “izquierdistas.” Los medios del “establishment” reconocen entonces estas credenciales tan sólo a aquellos que consideran “alternativas de buena fe”, generando invariablemente una avalancha de invitaciones tanto a los de “izquierda” como a los de derecha para viajar a Estados Unidos o para ser publicados en medios extranjeros en Cuba, a manera de intercambio contra la entrega de los bienes esperados: afirmar que el sistema cubano es autoritario o dictador. Amén. Este intercambio es flagrante hasta el punto que, el hecho de que un cubano reciba de su parte estas credenciales, podría considerarse el peso del dólar o el beso de la muerte.
Así, tanto la oposición de la “izquierda” como de la derecha abiertamente anexionista, son dos alas de la misma águila estadounidense. No se debe subestimar su influencia en algunos sectores intelectuales de la sociedad cubana. Sería ingenuo hacerlo. También sería equivocado sobreestimar su influencia en la sociedad cubana, puesto que el socialismo cubano se caracteriza por un alto nivel de conciencia política ampliamente acumulado a lo largo de muchas décadas. Esto permite a los revolucionarios y a los patriotas cubanos comprender sus manipulaciones y así, en el proceso, enriquecer aún más la herencia ideológica de la Revolución cubana.

Arnold August
Prensa Latina

Impone Estados Unidos nuevas multas por violaciones del bloqueo a Cuba

El 12 y 13 de enero de 2017, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos impuso sendas multas a la organización no lucrativa Alianza para una Política Responsable hacia Cuba (ARCPF, en inglés) y al banco canadiense Toronto Dominion (TD), por montos de 10 000 y 955 750 dólares, respectivamente, por violar las regulaciones del bloqueo a Cuba.
Según el informe de la Oficina para el Control de Activos Extranjeros (OFAC), entre agosto de 2010 y septiembre de 2011, la ARCPF coordinó viajes a Cuba de ciudadanos estadounidenses, en violación de las regulaciones establecidas por el Departamento del Tesoro. Según arguye la OFAC, esa organización brindó servicios de viaje a dos grupos de viajeros, a sabiendas de que no eran actividades autorizadas. En el caso del banco canadiense Toronto Dominion (TD), alegó la realización de transacciones a través del sistema financiero de Estados Unidos en beneficio de una compañía canadiense, de la que es propietaria una empresa cubana. La OFAC señaló que entre 2003 y 2011, el banco realizó esas operaciones, incluyendo el financiamiento de actividades comerciales, también prohibidas por el bloqueo.
Estas nuevas sanciones, apenas una semana antes de que finalice el mandato del actual gobierno de Estados Unidos, demuestran la persistencia del bloqueo económico, comercial y financiero, y su alcance extraterritorial, con las consiguientes consecuencias negativas que esto tiene para el desarrollo de la economía y de las relaciones económicas externas de Cuba
Desde los anuncios del 17 de diciembre de 2014, el gobierno de Estados Unidos ha multado a 11 entidades (7 estadounidenses y 4 extranjeras) por valor acumulado de 2 mil 843 millones 623 mil 359 USD.
Hasta la fecha suman 52 las multas impuestas durante el gobierno de Obama (2009-2016) por violaciones de los regímenes de sanciones contra Cuba y otros países. El valor acumulado de las penalidades asciende a 14 mil 404 millones 358 mil 605 USD.

Minrex

jueves, 19 de enero de 2017

Premio Literario Casa de las Américas defiende su vitalidad




Los organizadores del Premio Literario Casa de las Américas apuestan por defender la vitalidad del lauro en sus casi 60 años, lo cual lo convierte en uno de los certámenes más longevos de la región.

Así destacó hoy el coordinador del evento, el ensayista cubano Jorge Fornet, quien recordó cómo en las 58 ediciones anteriores han desfilado por el jurado prestigiosos intelectuales y escritores.
Por su parte, el investigador dominicano Silvio Torres-Saillant, aseguró en sus palabras inaugurales que la creación de Casa de las Américas en La Habana ha sido una iniciativa sin parangón en la historia del continente.
Este centro cultural es un antídoto contra la fragmentación que ha impedido a los pueblos reconocerse entre sí, apuntó.
También recordó el liderazgo de Haydée Santamaría en los años fundacionales de Casa de las Américas.
Al pueblo cubano hay que agradecerle la gesta revolucionaria que permitió a América Latina soñar la utopía de una sociedad igualitaria como meta posible, señaló.
En ese sentido, rememoró la historia común entre su país natal República Dominicana y Cuba que se remonta a las luchas de resistencia de la población aborigen contra los colonizadores españoles.
Pese a las campañas difamatorias contra esta isla, muchos dominicanos mantuvieron sus simpatías con la Revolución, recalcó Torres-Saillant, uno de los integrantes del jurado del Premio de estudios sobre la presencia negra en la América y el Caribe contemporáneos.
Debido a la gran cantidad de obras provenientes de Brasil este año, por primera vez el apartado del Premio Casa dedicado al gigante suramericano fue dividido en ficción y no ficción. En total, se recibieron unas 400 obras de distintos países.
A partir de este lunes y hasta el próximo 26 de enero se extenderán las actividades del evento literario. Como ya es tradición, buena parte de las deliberaciones del jurado ocurrirá en la surcentral ciudad de Cienfuegos.
Mientras, Casa de las Américas mantendrá un programa de conversatorios, paneles de discusión y presentaciones de libros y revistas.

PL

Fidel Castro, la revolución cubana y sus lecciones para América Latina

Los nueve días de duelo nacional en Cuba por el ex líder y fundador de la Revolución cubana, Fidel Castro Ruz, terminaron recientemente. Como era de esperar, alrededor del mundo se sintieron los aplausos al conocerse la noticita de la muerte de Castro a los 90 años. En Miami, Florida, salió a las calles la vieja guardia de los cubanos derechistas cuyos padres, en muchos casos, trabajaron para Fulgencio Batista, el dictador que fue respaldado por los Estados Unidos y a quien Castro derrocó en 1959.
En Australia, Julie Bishop, Ministra de Relaciones Exteriores, declaró que mientras aplaudía el reciente acercamiento entre Cuba y los EE.UU., “el antagonismo de Castro hacia el Occidente y los Estados Unidos en particular causó miserias al pueblo de Cuba durante décadas”. El ex-primer ministro Tony Abbott fue aún más categórico al afirmar que “Castro era un dictador brutal. Mató a miles de personas.”
Tales declaraciones fueron lanzadas con facilidad después de la muerte del cubano. Después de todo, la isla caribeña que Castro dirigió tiene sólo un partido político, lo cual significa que más evidencia de su brutalidad no es necesaria. Para los que realmente están interesados en la historia política del país, la evidencia disponible presenta un retrato más complejo.
Mientras algunas secciones de los medios de comunicación estadounidenses hicieron mucha bulla por las ejecuciones de los secuaces de Batista después del triunfo de la revolución, alrededor de 550 según el mismo Castro, el periodista liberal John Lee Anderson ha escrito que la mayoría de los condenados a muerte fueron: “condenados en condiciones ... transparentes, tal vez apresuradas pero con abogados de defensa, testigos, fiscales y un público asistente”. Tad Szulc, que escribió para el New York Times por casi veinte años, en su biografía de Castro comentó que “los juicios revolucionarios cubanos ... no se parecían a los verdaderos baños de sangre que siguieron a las revoluciones sociales mexicanas, rusas y chinas en el siglo XX”.
Antes de esos juicios, por supuesto, el récord de Batista pocas veces se discute. En un reconocimiento poco usual de culpa, en 1960 en una cena del Partido Demócrata, John F. Kennedy como Senador observó que en 1953, el ingreso promedio de una familia era de US $ 6 al día mientras que el país, cuya economía estaba controlada desproporcionadamente por corporaciones estadounidenses, tenía quince a veinte por ciento de su fuerza laboral “crónicamente desempleada”. Observando cómo Washington suministró armas al dictador a través de su gobierno, Kennedy declaró que “Fulgencio Batista asesinó a 20.000 cubanos en 7 años”.
Décadas más tarde, académicos conservadores cubano-estadounidenses han tratado de mejorar el récord de Batista. Lillian Guerra, en su libro Visiones de Poder en Cuba (2013), afirma que la dictadura fue realmente responsable del asesinato de “tres a cuatro mil” personas. Si aceptamos estas cifras, y tomamos en cuenta los reales abusos que ocurrieron contra algunos disidentes y la comunidad homosexual y lesbiana en los años sesenta y setenta, los problemas de derechos humanos de la revolución se disminuyen enormemente en comparación con los crímenes de Batista, o las de las juntas psicópatas respaldadas por los EE.UU. en América Latina durante la Guerra Fría.
De manera similar al récord de Batista, el nivel de agresión de los Estados Unidos contra Cuba después de la revolución de 1959 rara vez se discute seriamente, a pesar de que ayude a explicar por qué el liderazgo de la isla desarrolló una mentalidad de asedio y por qué el país se alineó con el bloque soviético durante la guerra fría. De hecho, incluso antes de la revolución, el líder rebelde Ernesto Che Guevara había estado en Guatemala. Allí fue testigo del derrocamiento en 1954 del gobierno reformista moderado de Jacobo Árbenz, gracias a la ayuda de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y una prensa local cuyos relatos de una “amenaza roja” no tenían base en la realidad.
Volviendo a Cuba, una vez que Batista y sus lacayos huyeron de la capital, la tesorería nacional de la República quedó casi en bancarrota con sólo US $424 millones. Sin querer devolver los fondos robados, Roy Rubboton, Secretario de Estado Auxiliar del Departamento de Estado para Asuntos Interamericanos, en una reunión del Consejo de Seguridad Nacional en enero de 1960, señaló que a mediados de 1959, la administración Eisenhower concluyó que trabajar con los nuevos líderes en La Habana era insostenible: por lo tanto Castro tenía que irse.
La CIA, los exiliados cubanos, e incluso miembros descontentos de la mafia hicieron todo lo posible para asesinar a El Comandante a través de 634 complots, algunos de los cuales rayan en lo cómico, con ex amantes, bolígrafos venenosos, puros con explosivos y una concha marina. Menos humorísticas por supuesto fueron las acciones de mercenarios cubanos entrenados en Miami que aterrorizaron la isla a través de la quema de cañaverales, bombardeando fábricas, centros turísticos, puertos y (dentro de una larga lista) asesinando a maestros que participaron en la campaña de alfabetización de la revolución. En 1976, una bomba terrorista mató a 73 pasajeros a bordo del vuelo Cubano 455, mientras que, en mayo de 1981, las autoridades cubanas acusaron a los Estados Unidos de introducir a la isla un tipo de virus dengue que afectó a 350.000 civiles y mató a 158 personas (incluyendo 101 niños).
En mayo de 1999, después de 40 años de acciones encubiertas por parte de los EE.UU., el pueblo de Cuba puso una demanda en un tribunal en La Habana contra el Gobierno de los Estados Unidos, acusando que sus actos de subversión y terrorismo habían dejado 3.478 civiles muertos y 2.099 heridos. Un año más tarde, en Panamá, un viejo grupo de Miami volvió a intentar asesinar a Fidel Castro. Sin embargo, para ese entonces las agencias de inteligencia de Cuba tenían décadas de experiencia mientras que en la isla cada barrio había establecido Comités de Defensa de la Revolución (CDR).
En términos del bloqueo económico estadounidense impuesto sobre la isla desde el comienzo de la década de 1960, a pesar de un mejoramiento en las relaciones, en septiembre de este año la administración de Obama renovó una vez más las restricciones comerciales hasta septiembre de 2017. Al presentar un informe a la Asamblea General de las Naciones Unidas, La Habana afirmó que el bloqueo le ha costado a Cuba “US $4.700 millones en el último año y US $753.700 millones en las últimas seis décadas”.
En el multitudinario acto con motivo de las honras fúnebres de Fidel Castro en La Habana, gran parte de la historia planteada en este artículo fue recordada por numerosos líderes progresistas de América Latina y el Caribe. Rafael Correa, Presidente de Ecuador, señaló que para evaluar Cuba hay que entender que ha vivido una “guerra permanente”.
En su opinión: “Evaluar el éxito o el fracaso del modelo económico cubano, haciendo abstracción de un bloqueo criminal de más de 50 años, es pura hipocresía. Cualquier país capitalista de América Latina colapsaría a los pocos meses de un bloqueo similar.”
Correa también señaló que: “[e]n el continente más desigual del planeta” el dirigente cubano de todos modos nos dejó “el único país con cero desnutrición infantil, con la esperanza de vida más alta, con una escolarización del ciento por ciento, sin ningún niño viviendo en la calle.”
A medida que América Latina vuelve a ver el retorno de la derecha política debido a una serie de elecciones fraudulentas, presión económica, guerras mediáticas y golpes de estado suaves, y sí, la narrativa común de la caída de los precios de las materias primas (commodities), las generaciones actuales y futuras analizarán por mucho tiempo el legado de Fidel Castro y de la revolución cubana. Una pregunta persistente en sus mentes será: ¿cómo se negocia con las élites recalcitrantes locales y su patrón norteño que han bloqueado durante mucho tiempo la mayor parte de acciones políticas para establecer sociedades más equitativas y con una auténtica soberanía nacional? El cubano barbudo, les guste o no, podrá tener algunas respuestas.

Rodrigo Acuña

miércoles, 18 de enero de 2017

Indulta Obama al preso político puertorriqueño Oscar López Rivera. ¡Victoria del pueblo boricua!




El Gobierno de Estados Unidos anunció este martes la liberación Oscar López Rivera, encarcelado en el país norteamericano desde hace 36 años por su lucha por la independencia de Puerto Rico.

El presidente saliente de EE.UU., Barack Obama, concedió el perdón a López Rivera y conmutó su condena a prisión, que expirará el próximo 17 de mayo, según una fuente de la Casa Blanca, consultada por la agencia EFE.
López Rivera, nacido en 1943 en Puerto Rico, es un líder independentista de su país natal. Es veterano de la Guerra de Vietnam, en la que fue condecorado por su valor en combate.
Al regresar a Chicago, se integró a la lucha por los derechos del pueblo puertorriqueño y participó en actos de desobediencia civil y militancia pacífica.
En 1976 se integró a la lucha clandestina en favor de la independencia de Puerto Rico como miembro de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional. En 1981 fue capturado por el Buró Federal de Investigaciones (FBI) acusado de “conspiración” y por su militancia en las FALN.
Al momento de su captura, reclamó para sí la condición de “Prisionero de Guerra”, amparado en el protocolo primero de la convención de ginebra de 1949. El protocolo de Ginebra ampara a Oscar López por ser una persona detenida en conflicto y lucha contra la ocupación colonial.
EE.UU. no reconoció la exigencia de López Rivera y lo condenó a 55 años de prisión, tras un supuesto intento de fuga, la sentencia aumentó a 70 años de cárcel, 12 de los cuales los purgó ya en aislamiento total.
El expresidente estadounidense Bill Clinton, en 1999, le ofreció un indulto condicional. La oferta fue ofrecida a 13 miembros que aceptaron, pero López Rivera la rechazó.
Para él la oferta presidencial incluía la condición de cumplir 10 años más en la cárcel con buen comportamiento.
Líderes de todo el mundo, así como organizaciones de derechos humanos, han exigido la liberación de Oscar López Rivera. El 18 de junio de 2012, el Comité de Descolonización de la ONU aprobó una resolución, promovida por Cuba, en la que pedía reconocer el derecho a la independencia y autodeterminación de Puerto Rico e instaba a la liberación de los independentistas prisioneros en Estados Unidos.

Cubadebate

lunes, 16 de enero de 2017

Claves del anticapitalismo y el antimperialismo hoy




El primer homenaje que recibió Fidel al morir fue una consigna de hoy, una invención de jóvenes que hizo suya todo el pueblo de Cuba: “yo soy Fidel”. Así se demostró que Fidel es del siglo XXI, y que cuando el pueblo entero se moviliza con conciencia revolucionaria es invencible.

En esos días del duelo Fidel libró su primera batalla póstuma, y volvió a mostrarle a todos, como en 1953, el camino verdadero.
Hoy, cuando vamos a compartir acerca de los caminos de las luchas –porque lo verdadero son las luchas–, es natural comenzar con la ayuda de Fidel, y emular con sus ideas y sus actos para sacarles provecho, no imitándolos, sino traduciéndolos a nuestras necesidades, situaciones y acciones.
Para sacarle provecho a Fidel, tenemos que evitar repetir una y otra vez lugares comunes y consignas. Conocer más las creaciones y las razones que lo condujeron a sus victorias, las dificultades y los reveses que Fidel enfrentó, lo que pensó sobre los problemas, sus acciones concretas, puede aportarnos mucho, y de esa manera será más grande su legado.
En el tiempo de su vida pueden distinguirse tres aspectos: Fidel, joven revolucionario; el líder de la Revolución cubana y el líder latinoamericano, del Tercer Mundo y mundial Fidel brinda un gran número de enseñanzas, tanto para el individuo como para las luchas políticas y sociales. Quisiera enumerar muy brevemente algunas de las características de su legado que me parecen importantes para nuestros objetivos:
1-Partir de lo imposible y de lo impensable, para convertirlos en posibilidades mediante la práctica consciente y organizada y el pensamiento crítico, conducir esas posibilidades actuantes hacia la victoria al mismo tiempo que se forman y educan factores humanos y sociales para poder enfrentar situaciones futuras, y mediante las luchas, los triunfos y las consolidaciones convertir las posibilidades en nuevas realidades.
2- No aceptar jamás la derrota. Fidel nunca se quedó conviviendo con la derrota, sino que peleó sin cesar contra ella. Me detengo en cinco casos importantes en su vida en que esto sucedió: 1953, 1956, 1970, el proceso de rectificación y la batalla de ideas. En 1953 respondió a la derrota del Moncada con un análisis acertado de la situación para guiar la acción. Cuando todos creían que era un iluso, se reveló como un verdadero visionario. En 1956, cuando el desastre del Granma, respondió con una formidable determinación personal y una fe inextinguible en mantener siempre la lucha elegida, por saber que era la acertada.
En 1970, comprobó que lograr el despegue económico del país era extremadamente difícil, pero entonces apeló a los protagonistas, mediante una consigna revolucionaria: “el poder del pueblo, ese sí es poder”. En1985, fue prácticamente el primero que se dio cuenta de lo que iba a hacer la URSS, que le traería a Cuba soledad, desastre económico y más grave peligro de ser víctima del imperialismo, pero su respuesta fue ratificar que el socialismo es la única solución para los pueblos, la única vía eficaz y la única bandera popular, que lo necesario es asumirlo bien y profundizarlo. Entonces movilizó al pueblo y acendró su conciencia, y sostuvo firmemente el poder revolucionario. En el 2000, ante la ofensiva mundial capitalista y los retrocesos internos de la Revolución cubana en la lucha para sobrevivir, lanzó y protagonizó la batalla de ideas, con sus acciones en defensa de la justicia social, su movilización popular permanente y su exaltación del papel de la conciencia.
No me va a dar tiempo a exponer cada punto, aunque fuera brevemente, así es que me limitaré a mencionarlos, con la intención de estimular el interés en el estudio de Fidel.
3- La determinación de luchar en todas las situaciones. Sería muy conveniente considerar como concepto a la determinación personal, en el estudio de los que se lanzan a lograr transformaciones sociales. La praxis es decisiva.
4- Organizar, fue una constante, una fiebre de Fidel. Ojalá que este sea uno de los temas principales de este taller.
5- La comunicación siempre, con cada ser humano y con las masas, en lo cotidiano y en lo trascendente, es una de las dimensiones fundamentales de su grandeza y es uno de los requisitos básicos del liderazgo.
6- Utilizar tácticas muy creativas, y estrategias impensables, y sin embargo factibles.
7- Luchar por el poder y conquistarlo. Mantener, defender y expandir el poder. Se puede discutir casi eternamente acerca el poder en términos abstractos, pero solo las prácticas revolucionarias logran convertir al poder en un problema que pueda resolverse.
8- Crear los instrumentos y los protagonistas. Tomar las instituciones para ponerlas a nuestro servicio, no para ponernos al servicio de ellas.
9- Ser más decidido, más consciente y organizado, y más agresivo que los enemigos.
10- Enseñar y aprender al mismo tiempo con los sectores del pueblo que participan o que simpatizan, y después con todo el pueblo. Avanzar hacia formas de poder popular.
11- El gran logro cubano, unir la liberación nacional a la revolución socialista.
12- Ser siempre un educador. Hacer educación a escala del pueblo. Que el pueblo se levante espiritualmente y moralmente, para que se vuelva participante consciente y capaz de todo, complejice sus ideas y sus sentimientos y enriquezca sus vidas.
13- Que la concientización esté en el centro del trabajo político, no solo para avanzar y ser mejores, sino para que la política llegue a convertirse en una propiedad de todos.
Siento que la mayor lección que le brinda Fidel a los luchadores de América Latina actual es lo que pensó y lo que hizo entre 1953 y 1962.
Puede ser muy valioso ponernos de acuerdo para estudiar, discutir y socializar ese período.
Desde hace un año estamos oyendo decir que la situación en nuestro continente se ha vuelto cada vez más difícil, por que acontecen hechos adversos a los pueblos, y por la ofensiva del imperialismo y sus cómplices de clases que son a la vez dominadas por él y dominantes en sus países. Aunque parezca que empiezo por el final, quisiera comenzar con un comentario acerca de las relaciones que existen entre dificultades y revolución.
Para los revolucionarios, y durante los procesos de revolución, hay momentos felices y procesos felices, pero en las revoluciones verdaderas no hay coyunturas fáciles. Cuando puedan parecernos fáciles es solamente porque no nos hemos dado cuenta de sus dificultades. Y es así porque estas revoluciones, a las que amamos y por las que estamos dispuestos a todo, son las iniciativas más audaces y arriesgadas de los seres humanos, que emprenden transformaciones prodigiosas liberadoras de las personas y de las relaciones sociales, a tal grado que nunca más quieran, ni puedan, volver a vivir en vidas y sociedades de dominación y de violencias y daños de unos contra otros, de individualismo y afán de lucro. Son revoluciones que pretenden ir creando personas cada vez más plenas y capaces, y realidades que contengan cada vez más libertad y justicia, donde entre todos se logre cambiar el mundo y la vida. Es decir, crear personas y realidades nuevas.
Si lo que acabo de decir le parece imposible al mundo existente y las creencias vigentes en la prehistoria de la humanidad, al sentido común y al consenso con lo esencial que mantiene a las sociedades sujetas al capitalismo, ¿cómo no va a ser sumamente difícil todo lo que hagamos y proyectemos? Si jamás las clases dominantes estarán dispuestas a admitir que se levante el pueblo y adquiera dignidad, orgullo de sí mismo y dominio de la situación, conciencia y organizaciones suyas, a su servicio y eficaces, que esté en el poder y que lo convierta en un poder popular, entonces hay que convenir en que en esas épocas todo se vuelve muy difícil para la causa del pueblo. El joven Carlos Marx avizoraba bien cuando escribió que solamente mediante la revolución podrán los dominados salir del fango en que viven metidos toda su vida, porque los cambios y la creación de nuevas sociedades exigen también liberaciones colosales de los enemigos íntimos que todos albergamos dentro. ¿Cómo no van ser tan difíciles las revoluciones de liberación?
Pero, si miramos bien y no nos dejamos desanimar, constataremos que el campo popular ya tiene mucho a su favor. Entremos con esas armas en un problema inmediato, que no es pequeño. La coyuntura actual expresa de manera escandalosa una carencia del campo popular que se ha ido acumulando en las últimas décadas, al mismo tiempo que esa carencia dejaba de ser percibida como una grave debilidad: la de un pensamiento verdaderamente propio, capaz de fundamentar su identidad en relación con su conflicto irremediable con la dominación del capitalismo, y capaz de servir para comprender las cuestiones esenciales de la época, las coyunturas, los campos sociales implicados y las fuerzas en pugna.
Un pensamiento, por consiguiente, fuerte, convincente y atractivo, al mismo tiempo que útil como instrumento movilizador y unificante de lo diverso, y como herramienta eficaz para guiar análisis y políticas acertadas que contribuyan a la actuación y a la formulación de proyectos.
Esa ausencia del desarrollo de un pensamiento poderoso del campo popular, crítico y creador, puede constatarse ante el estupor y la falta de explicaciones válidas que han abundado frente a los acontecimientos en curso en varios países latinoamericanos, que han registrado diferentes quebrantos, derrotas o retrocesos de procesos que han sido favorables a sus poblaciones y a su autonomía frente al imperialismo en lo que va de este siglo. En lugar de análisis coherentes, profundos y orientadores hemos escuchado o leído más de una vez comentarios superficiales revestidos con palabras que quisieran ser conceptos, o dogmas que quisieran cumplir funciones de interpretación.
Nada se avanza cuando se tilda de malagradecidos a sectores pobres o paupérrimos que mejoraron su alimentación y sus ingresos, y tuvieron más oportunidades de ascender uno o dos peldaños desde el fondo del terrible orden social, porque no han sido activos en defender a gobiernos que los han favorecido, o hasta les han vuelto la espalda en determinados eventos que les aportan triunfos a los reaccionarios. Y hasta se intenta explicar esos sucesos con retazos de una supuesta teoría de las clases sociales, como cuando se repite la proposición absurda de que “se convirtieron en clase media, y ahora actúan como tales”. Es preferible comenzar por ser precisos ante los hechos y partir siempre de ellos, como cuando el dirigente del Movimiento de los Sin Tierra de Brasil, Joao Pedro Stedile, dice: “Tenemos muchos retos de corto plazo para poder enfrentar a los golpistas. La clase trabajadora sigue en casa, no se movilizó. Se movilizaron los militantes, los sectores más organizados. Pero el 85 por ciento de la clase sigue viendo novelas en la televisión”.
Tampoco se va lejos cuando se elaboran y discuten explicaciones de los eventos y las situaciones políticas e ideológicas candentes de la coyuntura a base de menciones acerca del fin de ciclos de altos precios de las materias primas, ni siquiera cuando economistas capaces ofrecen datos serios y añaden el descenso de la dinámica de la economía mundial y otros factores y procesos adversos.
Simplificando un poco más, habríamos tenido unos quince años de victorias electorales, gobiernos llamados progresistas y notables logros por medidas sociales, una fuerte autonomización de gran parte del continente respecto a los dictados de Estados Unidos y avances en las relaciones bilaterales y las coordinaciones de los países de la región hacia una futura integración, solamente porque tuvimos un largo ciclo de altos precios de exportación de las materias primas, algo que es explicable por los avatares de la economía mundial. Y como ahora esta se mueve en otro sentido y bajan los precios, debe terminar el ciclo político y social, y “la derecha” debe avanzar y recuperar sin remedio la posición dominante que había perdido.
Una persona con buena memoria y escasa credulidad se preguntaría enseguida cómo fue posible que a inicios de los años setenta del siglo pasado no sucediera en la región lo mismo que a inicios de este siglo, en cuanto a elecciones victoriosas, buenas políticas sociales y más autonomía de los Estados y horizontes integracionistas. Porque en aquella coyuntura subieron mucho los precios de las materias primas y, además, en buena parte de la región se vivían aumentos más o menos grandes del sector industrial, con ayuda de aquellos redesplazamientos jubilosos del gran capital en busca de maximización de ganancias que hoy tanto disgustan a Donald Trump.
Lo que sucedió entonces fue totalmente diferente: dictaduras, represiones que llegaron hasta el genocidio, conservatización de las sociedades y otros males, que no deben ser olvidados. Por consiguiente, hay que concluir, no es verdad que a determinada situación económica le “correspondan” necesariamente ciertos hechos políticos y sociales, y no otros.
En este caso estamos ante una de las deformaciones y reduccionismos principales que ha sufrido el pensamiento revolucionario, quizás la más extendida y persistente de todas: la de atribuir una supuesta causa “económica” a todos los procesos sociales. Detrás de su aparente lógica está la cosificación de la vida espiritual y de las ideas sociales que produjo el triunfo del capitalismo, que es aceptada por aquellos que pretenden oponerse al sistema sin lograr salir de la prisión de su cultura, y la consiguiente incapacidad de comprender que son los seres humanos los protagonistas de todos los hechos sociales.
Tres procesos sucedidos dentro las últimas cuatro décadas han tenido un gran impacto y muy duraderas consecuencias para nuestro continente.
El estrepitoso final del sistema que llamaban del socialismo real y sus constelaciones políticas en el mundo, con consecuencias tan negativas en numerosos terrenos. El de la imposibilidad para la mayoría de los países del planeta de lograr el desarrollo económico autónomo de un país sin que necesariamente saliera del sistema del capitalismo. La terrible realidad fue la continuación de regímenes de explotación, opresiones y neocolonialismo, sin que fuera posible desplegar economías nacionales autónomas y capaces de crecer en beneficio del pleno empleo, más producción y productividad, servicios sociales suficientes para todos y una riqueza propia que repartir. El tercer proceso fue el de la consumación del dominio de Estados Unidos sobre casi todo nuestro continente. El capitalismo en América Latina transitó un largo camino de evoluciones neocolonializadas, sobredeterminadas por el poder de Estados Unidos, que lo dejó mucho más débil y subalterno.
Las lecciones que nos brindan esos tres procesos están claras y son sumamente valiosas. Una, todos los avances de las sociedades son reversibles, aun los que se proclamaban eternos; es imprescindible conocer qué es realmente socialismo y qué no lo es. Hay que comprender y organizar la lucha por el socialismo desde las complejidades, dificultades e insuficiencias reales, sin hacer concesiones, como procesos de liberaciones y de creaciones culturales que se vayan unificando. Dos, el capitalismo es un sistema mundial, actualmente hipercentralizado, financiarizado, parasitario y depredador, que solo puede vivir si sigue siéndolo, por lo que no va a cambiar. Las clases dominantes de la mayoría de los países necesitan subordinarse y ser cómplices de los centros imperialistas, porque no existe espacio ni tienen suficiente poder para pretender ser autónomos. La actividad consciente y organizada del pueblo, conducida por proyectos liberadores, es la única fuerza suficiente y eficaz para cambiar la situación. Para la mayoría de los países del planeta, serán los poderes y los procesos socialistas la condición necesaria para plantearse el desarrollo, y no el desarrollo la condición para plantearse el socialismo, como dijo Fidel en 1969.
Tres, Estados Unidos hace víctima a este continente tanto de su poderío como de sus debilidades, como una sobredeterminación en contra de la autonomía de los Estados, el crecimiento sano de las economías nacionales y los intentos de liberación de los pueblos. La explotación y el dominio sobre América Latina es un aspecto necesario de su sistema imperialista, y siempre actúa para impedir que esa situación cambie. Por tanto, es imprescindible que el antimperialismo forme parte inalienable de todas las políticas del campo popular y de todos los procesos sociales de cambio.
Como era de esperar, el capitalismo pasó a una ofensiva general para sacarle todo el provecho posible a aquellos eventos y procesos, y establecer el predominio planetario e incontrastado de su régimen y su cultura. El objetivo era, más allá de las represiones y las políticas antisubversivas, consolidar una nueva hegemonía que desmontara las enormes conquistas del siglo XX, manipulara las disidencias y protestas inevitables, y las identidades, impusiera el olvido de la historia de resistencias y rebeldías, y lograra generalizar el consumo de sus productos culturales y el consenso con su sistema de dominación.
Esa ofensiva no terminó, sino que se consolidó como una actividad sistemática, que sigue siéndolo hasta hoy. Es dentro de ese marco general que en cierto número de países de América Latina y el Caribe, que es la región del mundo con mayor potencial de contradicciones que pueden convertirse en acciones contra el sistema, movimientos populares combativos y victorias electorales produjeron cambios muy importantes de la situación general, a favor de sectores muy amplios de la población y de la capacidad de actuación independiente de una parte de los Estados.
La institucionalidad y las reglas políticas del juego cívico no fueron violadas para acceder y mantenerse en el gobierno, pero dentro de ese orden se han logrado reales avances, que sintetizo en seis aspectos: políticas sociales que benefician a amplios sectores necesitados; ejercicios de la ciudadanía mucho más amplios y mejores; cambios muy positivos en la institucionalidad en algunos de esos países; un rango apreciable de autonomía en el accionar internacional; más relaciones bilaterales latinoamericanas; y adelantos en las relaciones y coordinaciones de los países de la región, bajo la advocación de la necesidad de una integración continental.
No me detengo en esas nuevas realidades, que han alentado muchas motivaciones y esperanzas de avanzar hacia cambios más profundos, y han recuperado la noción del socialismo como el horizonte a conquistar, pocos años después de aquel colapso europeo que el capitalismo pretendió que fuera definitivo a escala mundial. Pero si quiero enfatizar dos cuestiones que el militante social y político debe analizar, conocer y manejar en sus prácticas. Primera, cada país tiene características, dificultades, acumulaciones históricas y condicionamientos que son específicos de él y resultan decisivos, al mismo tiempo que existen rasgos y necesidades comunes a la región que pueden ser fuente de aumento de la fuerza y el potencial de cada país, si somos capaces de desarrollar la cooperación y el internacionalismo.
Segunda, los poderes establecidos en estos países confrontan enormes limitaciones, porque tienen muy poco control de la actividad económica, y padecen la hostilidad de una parte de los propios poderes del Estado y de los medios de comunicación.
Al hacer un balance de 2016, podemos constatar lo específico de cada país. La gran victoria electoral legislativa de la reacción venezolana no consiguió deponer a Maduro, y ahora se encuentra sin fuerza, unidad ni líderes suficientes para intentarlo. Pero en Brasil una pandilla de delincuentes logró todo lo que quiso, sin que haya fuerzas populares organizadas para resistir con alguna eficacia. Los procesos de Bolivia y Ecuador se mantienen fuertes y estables ante sus situaciones específicas, y en Nicaragua el FSLN acaba de ganar otra vez las elecciones muy holgadamente. En México no es probable un triunfo de partidos opositores en 2 018, aunque el prestigio del equipo gobernante está muy deteriorado y existen manifestaciones de protesta y resistencia no articuladas.
Estas especificidades, y muchas otras de tamaño y sentido diferentes, podrían irse enumerando, pero seguiría en pie un problema de gran envergadura: Estados Unidos continúa su ofensiva general dirigida a recuperar todo el control neocolonial sobre América Latina –incluida una “ofensiva de paz” contra Cuba–, y el bloque que forma con los sectores reaccionarios y entreguistas de cada país continúa tratando de cancelar o ir debilitando los procesos de los últimos quince años de la región.
¿Será suficiente el voto, la voluntad popular expresada en las urnas, al menos para defender con éxito las políticas sociales, los funcionarios electos y la legalidad existente, y que ellos no sean burlados, quebrantados o eliminados por la reacción? ¿Podrán seguir existiendo los procesos basados en una institucionalidad sin cambios en el suelo social y político para lograr transformaciones que beneficien a la población y abran paso a sociedades más justas y mejor gobernadas? ¿O, en unos casos, esa vía solo franqueará una forma intermedia de reconstitución a mediano plazo del poder del capitalismo en la región, en apariencia más avanzada que las formas previas, pero que en realidad habría sido solamente su puesta al día, sin afectar a lo esencial del sistema de dominación? Mientras que en otros países del continente se ha permanecido bajo el control del sistema y de camarillas que detentan o administran el poder.
Nada está decidido, ni nuestros enemigos ni nosotros tenemos la victoria al alcance de la mano. Pero albergo la certeza de que las batallas ideológicas y políticas serán las que determinarán la decisión en el enfrentamiento general. Destaco tres direcciones principales para el trabajo de análisis: a) buscar con rigor y sin omisiones todos los datos y todas las percepciones y formulaciones ideológicas que tengan alguna importancia –porque tanto unos como las otras constituyen las realidades que existen–, analizarlas por partes e integralmente, encontrar y formular lo esencial y describir al menos lo secundario; b) examinar y valorar los condicionamientos que sean relevantes para nuestra actuación, institucionales, económicos, ideológicos, políticos o de otro tipo; c) analizar y conocer las identidades, motivaciones, demandas, capacidad movilizativa y grado de organización con que contamos, y lo que está a favor de nuestros adversarios en esos mismos campos, es decir, la correlación de fuerzas. E insisto en que son las actuaciones de los seres humanos la materia principal de los eventos que mañana serán históricos.
La reacción no está proponiendo ideas, está produciendo acciones. No maneja fundamentaciones acerca de la centralidad que debe tener el mercado, la reducción de las funciones del Estado, la apología de la empresa privada y la conveniencia de subordinarse a Estados Unidos. No es a través del debate de ideas que pretende fortalecer y generalizar su dominio ideológico y cultural. El anticomunismo y la defensa de los viejos valores tradicionales ya no son sus caballos de batalla, ni los viejos organismos políticos son sus instrumentos principales.
Desde hace veinte años vengo planteando que el esfuerzo principal del capitalismo actual está puesto en la guerra cultural por el dominio de la vida cotidiana, lograr que todos acepten que la única cultura posible en esa vida cotidiana es la del capitalismo, y que el sistema controle una vida cívica despojada de trascendencia y organicidad.
Lamento decir que todavía no hemos logrado derrotar esa guerra cultural.
Obvio aquí la mayor parte de lo que he expuesto acerca de sus rasgos, los factores a su favor y en contra suya, y sus condicionamientos, y comento solo lo más cercano a nuestro tema. El consumo amplio y sofisticado, que está presente en todas las áreas urbanas del mundo, pero al alcance solamente de minorías, es complementado por un complejo espiritual “democratizado” que es consumido por amplísimos sectores de población. Se tiende así a unificar en su identidad a un número de personas muy superior al de las que consumen materialmente, y lograr que acepten la hegemonía capitalista. La mayoría de los “incorporados” al modo de vida mercantil capitalista son más virtuales que reales. Pero, ¿formarán ellos parte de la base social del bloque de la contrarrevolución preventiva actual? El capitalismo alcanzaría ese objetivo si consigue que la línea divisoria principal en las sociedades se tienda entre los incorporados y los excluidos. Los primeros – los reales y los potenciales, los dueños y los servidores, los vividores y los ilusos– se alejarían de los segundos y los despreciarían, y harían causa común contra ellos cada vez que fuera necesario.
La reproducción cultural universal de su dominio le es básica al capitalismo para suplir los grados crecientes –y contradictorios– en que se ha desentendido de la reproducción de la vida de miles de millones de personas a escala mundial, y se apodera de los recursos naturales y los valores creados, a esa misma escala. Para ganar su guerra cultural, le es preciso eliminar la rebeldía y prevenir las rebeliones, homogeneizar los sentimientos y las ideas, igualar los sueños. Si las mayorías del mundo, oprimidas, explotadas o supeditadas a su dominación, no elaboran su alternativa diferente y opuesta a él, llegaremos a un consenso suicida, porque el capitalismo no dispone de un lugar futuro para nosotros.
Les he aclarado a compañeros que aprecio mucho que el capitalismo no intenta imponer un pensamiento único, como ellos afirman, sino inducir que no haya ningún pensamiento. Está en marcha un colosal proceso de desarmar los instrumentos de pensar y la costumbre humana de hacerlo, de ir erradicando las inferencias mediatas, hasta alcanzar una especie de idiotización de masas.
La situación está exigiendo revisar y analizar con profundidad y con espíritu autocrítico todos los aspectos relevantes de los procesos en curso, todas las políticas y todas las opciones. Esa actitud y las actuaciones consecuentes con ella son factibles, porque el campo popular latinoamericano posee ideales, convicciones, fuerzas reales organizadas y una cultura acumulada. Una enseñanza está muy clara: distribuir mejor la renta, aumentar la calidad de la vida de las mayorías, repartir servicios y prestaciones a los inermes es indispensable, pero no es suficiente. Alcanzar victorias electorales populares dentro del sistema capitalista, administrar mejor que sus pandillas de gobernantes, e incluso gobernar a favor del pueblo a contracorriente de su orden explotador y despiadado, es un gran avance, pero es insuficiente. Vuelve a demostrar su acierto una proposición fundamental de Carlos Marx: la centralidad de una nueva política en la actividad del movimiento de los oprimidos, para lograr vencer y para consolidar la victoria.
Estamos abocándonos a una nueva etapa de acontecimientos que pueden ser decisivos, de grandes retos y enfrentamientos, y de posibilidades de cambios sociales radicales. Es decir, una etapa en la que predominarán la praxis y el movimiento histórico, en la que los actores podrían imponerse a las circunstancias y modificarlas a fondo, una etapa en la que habrá victorias o derrotas.
Comprender las deficiencias de cada proceso es realmente importante.
Pero más aún lo es actuar. Concientizar, organizar, movilizar, utilizar las fuerzas con que se cuenta, son las palabras de orden. No se pueden aceptar expresiones de aceptación resignada o de protesta timorata: hay que revisar las vías y los medios utilizados y su alcance, sus límites y sus condicionamientos. Y hacer todo lo que sea preciso para que no sea derrotado el campo popular. La eficiencia para garantizar los derechos del pueblo y defender y guiar su camino de liberaciones debe ser la única legitimidad que se les exija a las vías y a los instrumentos. Las instituciones y las actuaciones tendrán su razón de ser en servir a las necesidades y los intereses supremos de los pueblos, a la obligación de defender lo logrado y la confianza y la esperanza de tantos millones de personas. Esa debe ser la brújula de los pueblos y de sus activistas, representantes y conductores.
En la época que comienza se está levantando una concurrencia de fuerzas muy diferentes e incluso divergentes, a quienes unirán necesidades, enemigos comunes y factores estratégicos que van más allá de sus identidades, sus demandas y sus proyectos. Y solamente tendrá probabilidades de triunfar una praxis intencionada, organizada, capaz de manejar los datos fundamentales, las valoraciones, las opciones, la pluralidad de situaciones, posiciones y objetivos, las condicionantes y las políticas que están en juego.
La radicalización de los procesos deberá ser la tendencia imprescindible para su propia sobrevivencia. Serían suicidas los retrocesos y las concesiones desarmantes frente a un enemigo que sabe ser implacable, pero lo principal es que –dado el nivel que han alcanzado la cultura política de los pueblos y las esperanzas de libertad, justicia social y bienestar para todos– los movimientos, los poderes y los líderes prestigiosos y audaces solo podrán multiplicar las fuerzas populares y tener opción de vencer si ponen la liberación efectiva de los yugos del capitalismo en la balanza de sus convocatorias a luchar.
La política revolucionaria no puede conformarse con ser alternativa.
La naturaleza del sistema lo ha situado en un callejón sin salida en general, pero su poder y sus recursos actuales le permiten un amplio arco de respuestas contra los procesos en curso, y también puede dejarle un nicho de tolerancia a algunas alternativas mientras combina la inducción y la espera hasta que se desgasten. En la medida en que vayamos obteniendo triunfos y cambios de nosotros mismos, convertiremos las alternativas en procesos de emancipación humana y social.
Mientras exista la opresión, la explotación y la dominación capitalista, no habrá soluciones ni regímenes políticos y sociales satisfactorios para las mayorías, ni serán duraderos. La liberación de los seres humanos y las sociedades es lo que abrirá las puertas a la creación de un mundo nuevo. ¿Parece demasiada ambición? Sí, naturalmente. Pero es lo único factible.

Fernando Martínez Heredia

Destacan en América Latina el fin de la política de pies secos-pies mojados

Los Gobiernos de países involucrados en el trasiego irregular de cubanos hacia Estados Unidos, reaccionaron de manera positiva al acuerdo entre ambos estados

Ante la derogación del Programa de Parole para profesionales médicos cubanos, y de la política de pies secos-pies mojados —implementada hace 20 años por la administración de Bill Clinton— los Gobiernos de países involucrados en el trasiego irregular de cubanos hacia Estados Unidos, reaccionaron de manera positiva al acuerdo entre ambos estados, que pro­cura una migración legal, organizada y segura.
En Panamá, el jefe del Servicio Nacional de Migración, Javier Carrillo, expresó que esta decisión desmotivará el ingreso irregular de cubanos a Panamá en su tránsito por Ecuador hacia ee.uu., porque ya no tienen el «privilegio» de permanecer legalmente en el país norteamericano, aseveró Carrillo.
Agregó que el Gobierno panameño tratará a los cubanos que se encuentran cruzando el país, de la misma manera que al resto de los migrantes indocumentados.
El Gobierno de Costa Rica anunció su satisfacción por el cambio en la política estadounidense de «pies secos, pies mojados», al considerar que esta promovía el tráfico ilegal de personas en la región.
Esa nación centroamericana fue una de las afectadas por la migración irregular de cubanos que buscaban alcanzar territorio estadounidense por vía terrestre, estimulados por las condiciones preferenciales que recibían en ese país hasta el pasado 12 de enero.
Por su parte, Fred Mitchell, ministro de Relaciones Exteriores de Bahamas, valoró que los privilegios mi­­gratorios para los nacionales de Cu­ba impulsó durante años el aumento de los desembarcos ilegales en las costas bahamesas. El Gobierno bahamés espera que el acuerdo tenga continuidad tras la llegada a la Casa Blanca de Donald Trump, in­dicó el Canciller, citado por el diario Jamaica Observer.
Ecuador, otro país de trán­sito, igualmente aplaudió la eliminación de aquella po­lítica iniciada en 1995. Guillaume Long, ministro de Re­laciones Exteriores de ese país sudamericano, dio a conocer a través de las redes sociales su satisfacción, en nombre del país que representa, por la decisión de poner fin a «pies secos, pies mojados», algo que Ecuador y otros países «pedimos en agosto del 2016».
Los cancilleres de Ecuador, Colombia, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Mé­xico, Panamá, Perú y Ni­caragua, afectados por el flujo irregular de cubanos a ee.uu., pidieron a Washington revisar su política migratoria hacia la Isla el pasado año.
Entonces, la misión de E­cua­dor en Washington en­­tregó al secretario de Estado de ee.uu., John Kerry, una carta en la que solicitaron una reunión de alto nivel pa­ra analizar la migración de ciudadanos cubanos hacia puntos fronterizos es­tadounidenses. Los can­ci­­lle­res exponían que la Ley de Ajuste Cubano y la política pies secos, pies mojados constituían un estímulo al flujo desordenado, irregular e inseguro de ciudadanos cubanos que, arriesgando sus vidas, transitan por nuestros países con el propósito de llegar a cualquiera de los puntos fronterizos estadounidenses.
En una declaración a la que accedió Prensa Latina, James Williams, líder de la coalición Engage Cuba, promotora de mejores vínculos entre los dos países, calificó el anuncio de la Casa Blanca de «un paso lógico, responsable e importante hacia la normalización de las relaciones bilaterales».

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