miércoles, 29 de junio de 2016

Censura de las miserias laborales en los guardianes de la libertad de prensa




Basado en un texto de Alberto Cebrián.- Rebelión.- Los grandes medios nos aseguran que, sin ellos, no hay libertad de información o de prensa. ¿De verdad? Entonces, ¿por qué no leemos noticias sobre la situación de precariedad laboral de quienes trabajan en los grandes diarios españoles, por ejemplo?
Edición: Ane Lópes y Ana Gil. Fuente

Viva la Revolución.




“Reivindico el espejismo
de intentar ser uno mismo”
Luis Eduardo Aute,

Para la reciclada mentalidad colonial criolla toda trascendencia es, no solo irrelevante, sino dañina. Al fin y al cabo para ellos, el planeta, en toda su diversidad y riqueza, se reduce a la hegemonía cultural norteamericana. Es la mentalidad de que “outside is America”. Cómo esperar entonces que puedan reconocer trascendencia en la cultura propia. Mucho menos reconocerle utilidad a la virtud y necesidad al ideal emancipatorio. Como bien señala Luis Britto en El imperio contracultural: del rock a la posmodernidad, “las bombas empiezan a caer cuando han fallado los símbolos” (Luis Britto, Editorial arte y literatura, 2005) . En el caso de Cuba, que ciertos sectores del poder imperial en EE.UU hayan decidido dejar de insistir en las bombas, aunque reconocimiento al fracaso de la violencia física para derrocar la Revolución, es también resultado de la certeza de que hoy pueden lograr el mismo propósito con la violencia cultural.
La mejor arma de dominación y conquista en la historia siempre ha sido la cultura. Originalmente llegada después, o junto, a la conquista de las armas, acompañó al conquistador español, con la cruz en la mano, a la larga mucho más efectiva para asegurar la hegemonía que el arcabuz.
Una república frustrada, resultado del encontronazo entre una nacionalidad cristalizada en la manigua cubana por décadas de lucha y la intervención recolonizante de la potencia imperial emergente de los EE.UU, no podía ser circunstancia social favorecedora del desarrollo armónico de una cultura nacional. Todo el siglo XVIII y XIX fue testimonio de un creciente sentido de cultura propia, pimero criolla y luego cubana, que fue gradualmente abarcando todas sus dimensiones: artística, literaria, científica. Más aún, ese sentido creciente de empeño intelectual propio se forjó sobre la certeza de que una Cuba independiente sería no sólo condición necesaria, sino suficiente, para el florecimiento de la cultura que sería base de una sociedad educada en la virtud. Todo ello se frustró con la intervención recolonizadora. Las consecuencias fueron terribles. Un complejo de inferioridad social, civil e intelectual, sobre todo a partir de la segunda intervención norteamericana, fue penetrando en todos los estamentos de la sociedad cubana.
La idea de que éramos incapaces de valernos por nosotros mismos fue la premisa ideológica esgrimida por los interventores y sus amanuenses locales, para justificar la colonización desde el norte. Ese “complejo” en lo político fue trasladado a los demás ámbitos sociales, incluyendo la cultura. La educación pública, cuando fue promovida por los invasores, en particular por Magoon en la segunda intervención, se hizo en buena medida como instrumento de penetración cultural norteamericanizante. No sólo se introdujo en las escuelas el mantra de que la independencia de Cuba era resultado del altruismo de los Estados Unidos de América, sino además, que el futuro de Cuba estaba indisolublemente ligado a su supeditación al vecino norteño. Lo peor no es la visión que de nosotros tenía el interventor, sino que esa perspectiva penetró en no poca medida en la sociedad insular, aupada por la medio burguesía nacional clientelar de las migajas que dejaba el capitalista transnacional. Apareció la idea de que la prosperidad entraba por el puerto o los aviones, desde los EE.UU, como la tierra mítica del cuerno de la abundancia. Junto a ello, la convicción de América como “continente vacío”, lo cual en la cultura afirmaba que siempre seríamos provincianos, imitativos, atrasados y hasta patéticos.
Todo ello vino acompañado del secuestro de los símbolos de la nacionalidad cubana, incubados dolorosamente durante más de un siglo, primero de desarrollo criollo y luego cubano e insurgente. La bandera era admirada como símbolo supremo y demostración de que éramos una nación independiente. Pero la pomposa formalidad oficial en su uso, era sólo un juego de máscaras. En un complejo, pero no menos claro, propósito de engaño, los sucesivos gobiernos genuflexos pretendieron hacer de la apropiación superficial de la simbología de lo nacional, una manera de canalizar el irreductible ímpetu patriótico hacia cauces de esterilidad no transformadora. La idea de que ya no había nada que hacer en términos emancipatorios, que todo estaba hecho, era parte del mensaje que se intentaba transmitir detrás del uso fatuo de la bandera. Luego, y de manera creciente, sobre todo en la corrupción y decadencia moral de los gobiernos auténticos hasta Batista, los símbolos patrios fueron tornándose cada vez más en mercancía o promotores de mercancía. La mercantilización de la vida en Cuba, especialmente en La Habana alcanzó nuevos niveles. Con la promoción del negocio del turismo dirigido al ocio más banal y degrandante, los símbolos nacionales no escaparon de la ola de relajo. La televisión que comenzaba y el anuncio publicitario agregaron el uso de los símbolos culturales de lo cubano como puro fetichismo promotor del consumo. Todo valía en función de la ganancia, en especial de esquilmar al turista norteamericano, ávido de engullir lo prohibido en su casa pero permitido en nuestra tierra, cercana y a la vez éxotica, vista como paraiso de pecado y excesos.
Sólo la Revolución, culminación de un largo y azaroso proceso de regeneración nacional desde el pueblo, puso fin a todo eso y recuperó como arma redentora de la nación los símbolos de la patria. Redifinió su función de síntesis de todo lo que nos hace distintos del otro, a la vez que nos une en función de un destino y propósito común basado en lo socialmente emancipador. En ese último sentido, se da, solo posible desde una revolución como la nuestra, que los símbolos de la nacionalidad propia se tornan para nosotros mismos en recordatorio de lo universalizador de nuestra gesta. La bandera no es plasmación simbólica de chovinismo o arrogancia imperial, superioridad cultural, fetichismo consumista, sino recordación de un deber de justicia social y humildad, que va más allá de la geografía nacional para estar en todo rincón del planeta donde haya un revolucionario cubano o no que lleve por dentro la enseña de la isla redentora.
La bandera ahora acompaña la firma de la reforma agraria, al alfabetizador lo mismo en el campo cubano que en el nicaraguense, en el angolano, en el venezolano; al pueblo soldado lo mismo en Girón que en Bolivia, Argelia, el Congo, Angola, Etiopía; al médico lo mismo en cualquier rincón del país que en Guatemala, Bolivia, Ecuador, Mozambique, Sudáfrica, Sierra Leona; al deportista lo mismo en el Pedro Marrero o el Latinoamericano que en San Juan, Montreal, Moscú, Madrid, Atenas, Londres.
Toda esa historia viene a la mente al ver la triste manera en que se usó la bandera sobre el cuerpo de bailarinas para recibir al primer crucero norteamericano llegado a Cuba desde hace mucho tiempo.
Pero más allá de lo anecdótico del hecho en sí, lo que debe llevarnos a reflexionar es, en que medida este suceso es reflejo de un mal más profundo, que silenciosamente hemos ido incubando desde adentro y hoy se siente con suficiente fuerza para mostrar la cara. Perfumes con nombres de Celia, Alejandro, Chávez o el Che; una proliferación en establecimientos de venta en divisas o del sector turístico, de modelos de publicidad que recuerdan esos empeños de asociar los símbolos de lo cubano con la mercantilización y la mercachiflería. Ninguno de esos ejemplos nacieron huérfanos, fueron diseñados, aprobados o aceptados por personas con poder de decisión empresarial, administrativa o política. Son reflejo de la emergencia de actores sociales con importantes lagunas culturales e históricas, que los conducen a no rebasar en la apropiación de la simbología nacional, su dimensión utilitaria mas pueril. La realidad demuestra que las carencias culturales en el plano de los valores que defiende la Revolución, no se quedan vacías, son llenadas consciente o inconscientemente por una simbología ajena y contrapuesta a esos mismos valores. Y en el contexto cubano, las lagunas no conquistadas por la cultura revolucionaria, son llenadas con aguas recicladas del neoautonomismo o el neoanexionismo.
Conceptualizado por el Che en “El hombre y el socialismo en Cuba” y desarrollado por otros como Alfredo Guevara, la Revolución necesita del revolucionario “difícil”, contestatario y a la vez, fiel en la médula y culto en la expresión más cabal del término, para que su rebeldía resulte cósmica y no la del aldeano ignorante del gigante de siete leguas. El peor enemigo de la Revolución es la entronización de la mediocridad en los espacios de decisión política, administrativa, económica. Personas sin sentido del titanaje universalizador que Fidel de manera permanente le confirió a la Revolución. Debemos negarnos a aceptar que el destino de la Revolución más grande del tercer mundo sea el naufragio en las costas de lo culturalmente estéril.
En demasiadas ocasiones se promueve a personas a espacios de decisión que desconfían de la mirada culta, de la necesidad de la reflexion pausada, del espacio para el pensamiento. A ello no escapa la seleccion de los que dirigen entidades económicas, políticas, educativas o culturales con casi nula cultura y poco sentido del diálogo, resultado de la incomprensión de la complejidad social actual. La busqueda del buen administrador capaz de atenerse a una disciplina, no niega la necesidad del dirigente capaz y culto que logra conducir procesos complejos y diseñar e implementar respuestas adecuadas, frutos de su pensamiento. Si promovemos la incultura, no podemos luego escandalizamos cuando se le ocurre diseñar o aprobar manifestaciones vulgares y sietemesinas de identidad nacional o de lo revolucionario.
Debemos entender además que la lucha contra la corrupción económica comienza en primer lugar por una batalla contra la corrupción cultural. Por la incultura entra la vanidad de creer que el “sacrificio” de dirigir te hace merecedor de privilegios. Por la incultura entra el afán desmedido de lucro, de poseer bienes materiales como fin primero de la actividad humana.
Tenemos un problema serio en la degradación de lo político, lo histórico y lo ideológico como símbolo cultural en todos los grupos etáreos de nuestra sociedad. El neoautonomismo y neoanexionismo que nunca murió, sino buscó refugio durante décadas fuera del país, hoy siente que comienza a llegar su hora. La hora de su ofensiva cultural, con la reescritura de la historia, la invocación de la nostalgia, con el desenterrar de la mentalidad de inutilidad nacional, del fatalismo frente a la hegemonía norteamericana. Y siente que las condiciones están dadas para que esa ofensiva se haga desde adentro de manera tal, que toda resistencia sea inútil. Hoy, los revolucionarios no estamos llevando la iniciativa, estamos cediendo terreno en el imaginario social, solo hay que salir a la calle para darnos cuenta. En esta guerra cultural, cada espacio que es tomado por la incultura colonizante, es una trinchera que abandonamos para ser ocupada por el enemigo. A ello contribuye, cada vez que la entronización del silencio es la respuesta pública a los cuestionamientos argumentados.

El silencio tiene extrañas maneras de aullar las ausencias.

Algunos decisores nuestros creen revolucionaria la práctica de imitar a Dorian Gray y creen necesario mostrar al público una falsa belleza, a sabiendas de que detrás de la puerta, un cuadro más real refleja las cicatrices necesarias o no, de la práctica de la autoridad. Frente a la pretensión enemiga de mostrar una imagen falsificada del ejercicio del poder revolucionario por más de cinco décadas, no hay mejor respuesta que no sentir angustia de enseñar el curtido rostro del veterano combatiente y estar dispuesto a debatir cada una de sus marcas, erradas o no, todas testigos de su entrega heroica. Al fin y al cabo, no serán esas las últimas huellas en su tesitura: la Revolución estará viva mientras su rostro siga reflejando el paso del tiempo.
En la etapa actual de la Revolución, la batalla por el triunfo se plantea contra tirios y troyanos: tanto hacia afuera contra las fuerzas imperialistas, como hacia dentro contra los representantes de la incultura estéril y colonizada. La primera se seguirá oponiendo a la trascendencia de la Revolución cubana con todas sus fuerzas, la segunda no entiende qué es trascender. Ambas batallas no pueden ni deben ser eludidas. No olvidemos las enseñazas de la historia, fue esa costra inculta la que traicionó a la Unión Soviética cuando esta se constituyó en freno a su desmedida ambición aldeana.
Hemos ido incubando durante años una pequeña protoburguesía propia, heredera de aquella clientelar con alma enana. Hoy ella siente menos verguenza en mostrarse públicamente posando para fotos en pasarelas de modas importadas y excluyentes, frecuentando espacios sociales hechos exclusivos a razón de su carácter económicamente inalcanzable para el resto. Rescatando para si y sus familias modos de vida consumistas y vacíos. Promoviendo su incultura elitista, su imagen de éxito, creando sus propias tribus sociales.
Viendo los procesos de desmerengamiento del socialismo europeo, la pregunta sobre cuándo la protoburguesía emergente toma conciencia de si misma como clase y busca aliarse con la burocracia no ha sido contestada. Preguntas como esa no sólo son importantes como curiosidad académica, son esenciales para abortar amenazas y conjurar peligros a tiempo. Hay que trascender lo descriptivo en los estudios sobre el fracaso del socialismo europeo, en particular el soviético, y ahondar para lograr periodizar, descubrir dinámicas, entender cómo se comporta el tiempo como variable social. Otras muchas preguntas de la misma índole y mirando hacia nosotros mismos esperan respuestas.
Estamos viendo en el país el paso de una forma participativa pero centralizada y verticalmente estructurada de democracia, a otras formas participativas desde lo individual y donde la centralizacion vertical se debilita necesariamente y en ciertas áreas pasa a ser irrelevante. El fenómeno, con todas sus aristas es sencillamente el resultado objetivo de un decursar social determinado.
Hay que entender que las consecuencias de ese proceso de paso a formas democráticas, igualmente participativas pero no verticales, de toma de decisiones, ha abierto la puerta a cambios importantes en las dinámicas políticas y sociales. La pretensión de imponer el silencio social a opiniones contrarias es hoy irrealista. No ya la opinión minoritaria, sino incluso la opinión éticamente rechazable (léase en ello, por ejemplo, puntos de vistas misóginos, machistas, racistas y hasta neofacistas) puede lograr y logran transmitirse por el carácter descentralizado de los mecanismos digitales de divulgación. Estos fenómenos conducen igualmente a la desjerarquización de la información y los medios. Si en la opinión pública, la veracidad y calidad de una información se daba no sólo por su presencia en los canales aprobados como la radio y la televisión, sino además por la ausencia social de la “otra” información, hoy, en buena medida, una información no se califica de calidad solo por su presencia en los medios oficiales (por el contrario, para ciertos sectores sociales, la presencia de una información en medios oficiales la hace de por sí sospechosa). Los medios de comunicación hasta ayer considerados marginales, cada vez se vuelven más centrales. Las consecuencias de todo esto aún no las apreciamos en todo su alcance.
El enemigo, en su guerra de símbolos, apuesta a nuestra lentitud en reaccionar frente a las nuevas dinámicas. Ellas, siendo irreversibles, le plantean a las ciencias sociales, como sustento de las decisiones políticas, retos en sus investigaciones básicas o fundamentales. Es evidente que la supervivencia de nuestro proyecto social pasa por encontrar formas de estructurar, dentro de las relaciones de producción socialista, una superstructura que asimile estas formas participativas no verticales, como formas también fundamentales de una democracia realmente desterradora de la enajenación humana. Alienación que aún se da en buena medida en nuestra sociedad por ser heredada en primer lugar de las prácticas del ejercicio del poder en el capitalismo, pero también fertilizadas desde nuestras propias carencias actuales.
Carencias culturales tenemos en muchos ámbitos esenciales de la sociedad. Estas carencias conducen, en ocasiones, por ejemplo, al mimetismo en nuestra televisión, radio y medios digitales de lo que vemos realizado por los centros de poder imperial capitalista y su industria de producción de símbolos. Si la televisión bombardea desde los productos televisivos norteamericanos, la imagen de la bandera imperial, por qué nos asombra que prolifere su uso en la población. No hay espacio televisivo norteamericano, sea seriado o fílmico, que no muestre en reiteradas ocasiones la bandera de las barras y las estrellas como símbolo poderoso de superioridad cultural. Ello, además, provoca la reacción errada de creer que la respuesta a esa invasión es usar las mismas armas culturales para promover la nuestra. No se dan batallas en el terreno escogido por el enemigo, es estratégico crear nuestros propios escenarios de guerra y obligarlos a pelear en ese espacio, así hemos llegado hasta aqui.

Todo mimetismo cultural por definición es colonial.

No hay revoluciones por revoluciones, como espejo del arte por el arte. La belleza en este caso no es fin en si misma, sino resultado de un propósito social emancipador. Las revoluciones, como el verdadero arte, no tienen que ser bonitas, tienen que ser liberadoras, en eso estriba su belleza. Si un Degas elitista podía preguntarse retóricamente, que el colmo sería que el arte se hiciera para ser mostrado, las revoluciones no pueden darse ese lujo. Las revoluciones se hacen con todos y para el bien de todos, son por tanto, bien público.
La Revolución vale más que todas nuestras vanidades y egos, que pueden llegar a ser muy grandes.
Más allá del análisis de nuestros errores pasados y recientes, o su falsa contraparte, en el halago empalagoso y el abuso de lo hagiográfico, ejercicios ambos que pueden tornarse en un regodeo enfermizo para unos y una agenda deliberada para otros, los cubanos debemos entender que esta es la Revolución que tenemos, no hay otra y no habrá otra. Si esta perece, nuestras generaciones y las que están por venir en un buen tiempo, no tendrán una segunda oportunidad de construir una utopía realizable. Es por ello que esta es la Revolución que debemos defender y que tenemos el deber de defender. Defenderla desde la cultura en todos los ámbitos. Pero debemos entender que defenderla, no es defender nuestras manquedades en nombre de ella, sino por el contrario, desterrar las manquedades que, secuestrando su nombre, se esconden a la vista de todos. Entender que es desde ese accionar permanente de emancipación, justicia social y carácter universalizador que tiene sentido un socialismo próspero y sostenible por el que siga valiendo la pena gritar: ¡Viva la Revolución !

Ernesto Estévez Rams
Miembro de la Academia de Ciencias de Cuba

lunes, 27 de junio de 2016

Analistas expertos e imparciales: pluralidad ficticia para un único mensaje sobre Cuba




El tema Cuba es el ejemplo claro de que la libertad de información y de prensa, en los grandes medios españoles, es pura retórica. Un solo mensaje se repite, en diferentes formas, grados y matices: Cuba tiene –nos dicen- un “régimen” político no democrático al que se debe exigir una “apertura”. Analicemos el caso de Televisión Española, donde resulta asfixiante la falta de pluralidad de opiniones no solo en informativos o tertulias. También en los segmentos más especializados.
Edición: Esther Jávega.

Inti Illimani clandestino en Cuba.




Inti Illimani, la legendaria banda musical chilena con casi cincuenta años de historia, una de las agrupaciones míticas de la música latinoamericana, vinculada a las luchas sociales y antiimperialistas del continente, y conocida en el mundo entero, vino a Cuba este mes de junio, grabó un disco en los Estudios Abdala y dio un concierto junto a Pancho Amat en la Fábrica de Arte Cubano pero no ocupó un solo titular en la prensa de esta Isla. Igual suerte que Inti Illimani han corrido antes entre nosotros conciertos de Lila Downs e Ismael Serrano.
El cambio en la política estadounidense hacia Cuba ha convertido lo que era herejía en moda y la visita a la Isla ha pasado de estar prohibida a ser un buen negocio para la gran industria cultural. Las instituciones cubanas se implican pero a juzgar por lo publicado no parecen llevar la ofensiva en una relación en la que ya han aflorado contradicciones entre el discurso y los hechos como las ocurridas con una pasarela de Chanel en el Paseo del Prado de La Habana, o la filmación de la octava parte de la saga de Fast and furious en el malecón habanero.
Si a la escasez de recursos para generar acciones de relación cultural con la producción artística de alta calidad no favorecida por la maquinaria hegemónica se suma el no promover las oportunidades que genera la presencia en el país de grandes artistas con estéticas alternativas al canon dominante, la hiper oferta de lo que viene del Norte -siempre favorecida con todo el respaldo mediático global- terminará deglutiendo lo que precisamente nos hace diferentes y, por ende, atractivos.
Basta ver las secciones “desde internet” de nuestros espacios informativos y culturales para percatarse de que en vez de buscar en la red de redes los contenidos excluidos de los grandes circuitos mediáticos, estos son la fuente para presentar acríticamente a las audiencias nacionales eventos como la exposición de autos utilizados por el Agente 007 en sus películas o un sinfín de “noticias” procedentes de las mismas fuentes que hegemonizan las informaciones fuera de la web.
Paradójicamante, en los mismos espacios, no se cansan de denunciar la “seudocultura” y reseñar reuniones donde se habla del tema y de las intenciones de la política norteamericana que “mantiene sus objetivos cambiando de métodos…” pero una vez más la clave está en lo que hagamos nosotros y, sobre todo, en lo que dejamos de hacer.

Iroel Sánchez

domingo, 26 de junio de 2016

"Como el Gallo de Morón"




El origen de la frase 'como el Gallo de Morón, sin plumas y cacareando', se debe al siguiente hecho histórico:

Durante el siglo XVI existîan serios problemas de orden público en Morón de la Frontera. Las rivalidades polîticas y el nombramiento de autoridades provocaban disturbios. Se cometîan innumerables abusos con los moronenses por parte de jueces y receptores que despojaban a muchos de sus haciendas, llevándolos presos y cobrándoles altas contribuciones.
Uno de esos funcionarios que llegó a Morón cuando las pasiones estaban más caldeadas, comenzó a tratar a muchos con groserías y a decir que allí no había más gallo que él. Por tanto repetir esa amenaza, la población le puso El Gallo de Morón.
Cansado ya de tantos abusos, un dîa los vecinos sacaron a este individuo a las afueras de la población, le quitaron la ropa, dejándole solamente la camisa, y con unas flexibles varas le propinaron una tremenda paliza. Esto dio motivo a que los cantadores andaluces perpetuaran el hecho en una simpática coplilla que decîa:

Anda, que te vas quedando
como el Gallo de Morón
sin plumas y cacareando
en la mejor ocasión.

Se supone que desde el siglo XVIII la tradición del gallo se trasladó a nuestro Morón, por llevar este el mismo nombre del pueblo donde se desarrollaron los acontecimientos referidos, y existir en este territorio un fuerte núcleo poblacional de origen español.
Es cierto que desde las primeras generaciones de moronenses, el gallo se convirtió en un sîmbolo de nuestro pueblo, aunque la tradición evolucionó porque este fue concebido siempre como un gallo con plumas, diferenciándose asî de su abuelo nostálgico de Andalucîa.
Esta tradición prendió rápidamente en el sentimiento popular, y Morón comenzó a conocerse, primero como la tierra del gallo y después como la ciudad del gallo. A mediados de la década del 50 surge la idea calorizada por los doctores Augusto Venegas Muîñas y Benito Llanes Recino, este último periodista, abogado, Profesor del Instituto de Segunda Enseñanza e Historiador de la Ciudad, de erigir un monumento al Gallo. Esta idea fue respaldada por algunas instituciones de las existentes en aquel momento y por el pueblo.
Aprovechando este sentimiento legîtimo de los moronenses hacia su sîmbolo, los politiqueros de la época se apropiaron de la idea y concibieron la construcción del monumento. Buscaron al escultor y al resto del personal técnico y acometieron la obra, la cual fue inaugurada el 11 de septiembre de 1955 por el propio Presidente de la República, Fulgencio Batista y Zaldîvar, convirtiéndose aquel acto en uno de los tantos que efectuaban los politiqueros para ganarse el voto popular.
La tradición se trasladó a la ciudad de Morón de Cuba, donde existía un fuerte asentamiento poblacional español, pero no fue hasta la década de 1950 que se enarboló el proyecto de erigir un monumento a un gallo criollo, aunque este si con todo su lindo plumaje
En los meses posteriores al triunfo de la Revolución, un oficial del Ejército Rebelde, destacado en esta ciudad, para desahogar sus frustraciones personales de poder, tomó como pretexto la participación que había tenido la tiranía la colocación del gallo y en la madrugada del 6 de febrero de 1960, acompañado de otras personas, arrancó el monumento, depositándolo en la vía pública frente al Ayuntamiento Municipal.
Al siguiente dîa un numerosos grupo de pobladores tomaron el sîmbolo y lo colocaron nuevamente en su pedestal, organizándose una enorme manifestación de protesta. Como consecuencia de lo ocurrido anteriormente, y debido a la inmadurez polîtica existente entonces, se identificó por algunos el sîmbolo del Gallo como representativo de la odiosa dictadura, por lo que un grupo de personas residentes en poblados aledaños e instados por algunos moronenses confundidos y resentidos, lo derribaron nuevamente, esta vez destruyéndolo para que el pueblo no lo pudiera volver a colocar en su sitio.
Alrededor del hecho se suscitaron intensas polémicas, las cuales llegaron, incluso, al conocimiento del Comandante en Jefe, Fidel Castro. Se comenzó a construir otro gallo, pero este no pasó de la intención, puesto que jamás llegó a concluirse.
A casi veinte años de los hechos referidos, el escritor e historiador moronense Larry Morales, complaciendo una solicitud personal de la inolvidable Celia Sánches Manduley, realizó una investigación profunda acerca del sîmbolo popular desde sus ancestros en España, la cual culminó en un libro. Esta investigación sacó a relucir nuevamente el tema del gallo, el que ya se había convertido en un imposible, en una especie de tabú.
En la Octava Sesión Ordinaria del Segundo Perîodo de Mandato de la Asamblea Municipal del Poder Popular, efectuada el 1 de marzo de 1981 y a propuesta del delegado José Manuel Hernández, se aprobó por unanimidad el acuerdo No.114, el que aprobaba la creación de una comisión para la reposición del Gallo de Morón.
El símbolo fue colocado nuevamente en su pedestal el 2 de mayo de 1982, pero esta vez materializado en una hermosa escultura de los autores Rita Longa y Armando Alonso (autor este último del primer gallo).

José Manuel Correa Armas

Inicia Julian Assange quinto año bajo aislamiento arbitrario




El fundador de WikiLeaks enfrenta una maniobra por parte de Suecia, quien lo acusa falsamente de violación con el fin de luego extraditarlo a Estados Unidos.

Cuatro años en el exilio cumplió este domingo el periodista y fundador de WikiLeaks, Julián Assange, quien se encuentra injustamente recluido en la embajada de Ecuador en londres desde el 2012. Es decir, hoy lunes, inicia su quinto año viviendo en el aislamiento total y bajo condiciones que son violatorias de sus derechos humanos.
Assange hizo un llamado a las autoridades suecas de ponerle fin a su exilio arbitrario.
Cientos de personas se manifestaron en varias capitales europeas en contra del exilio injustificado de Assange, quien a juicio del connotado lingüista y activista estadounidense, Noam Chomsky, ha realizado un enorme servicio a todas las personas que aprecian la libertad y la democracia, según publicó La Jornada.
Durante la semana, están previstos otros eventos en Nueva York, Estados Unidos; Quito, Ecuador; Buenos Aires, Argentina, y Montevideo, Uruguay.
Assange, se refugió el 19 de junio de 2012 en la legación ecuatoriana en Londres para evitar su extradición a Suecia para ser interrogado sobre delitos sexuales que él niega.
El fundador de WikiLeaks ha dicho que teme que las acusaciones suecas son una maniobra de las autoridades en colusión con Estados Unidos, a donde él teme ser extraditado de inmediato en represalia a que en 2010, a través de su portal, se filtraron 500 mil documentos confidenciales sobre Irak y Afganistán y 250 mil comunicaciones diplomáticas, que pusieron en aprietos a la diplomacia estadounidense
Sus abogados han dicho a medios noticiosos que Assange se encuentra enojado con los fiscales sueco porque mantienen vigente una orden de arresto en su contra, pese a una resolución de la ONU que en febrero concluyó que su detención era arbitraria y que debía ser permitido salir del asilo sin temor a ser arrestado y además ser compensado por violaciones a sus derechos humanos.
En exclusiva con teleSUR en febrero mismo, sus abogados dijeron que si la ONU dictaba en su contra, que él mismo se entregaría a las autoridades.
Pese a la decisión del organismo internacional, Assange hoy continúa en un exilio que él mismo ha equiparado a “estar en una estación en el espacio”.
“El aparato legal británico está siendo manipulado con el fin de mantener en aislamiento a un hombre valiente ... todos aquellos que crean en la libertad de informar deberían exigir que se retiren las amenazas en contra de Julian”.
El periodista internacional ha estado restringido a la vida en una habitación de cuatro metros por 4.6 metros. Él pasa la mayor parte de su día en la computadora.
Assange, quien fundó WikiLeaks en 2006, es considerado un héroe por simpatizantes y activistas de la libertad de expresión.
El gobierno ecuatoriano del presidente Rafael Correa ha hecho una férrea defensa de Assange, y ha pedido a las autoridades suecas que acudan a su embajada en Londres para tomar su declaración, mientras que el escritor y periodistas tiene programado presentar en los próximos días una apelación ante la justicia sueca, dijo uno de sus abogados, Per Samuelsson.
Las acusaciones en contra de Assange fueron presentadas en 2010 y expiran hasta el 2020.
Asimismo, Assange ha llamado a los británicos a votar a favor del Brexit o salida de del Reino Unido de la Unión Europea. El referendo sobre el tema es este jueves.
Pero pese a su importante victoria el pasado 5 de febrero cuando el grupo de la ONU sobre detenciones arbitrarias emitió una resolución a su favor, las autoridades de Suecia y Reino Unido hacen caso omiso de la misma, basándose en que la decisión de las Naciones Unidas no tiene validez judicial.
Por lo pronto, no hay fecha para que se resuelva su situación, y aunque sus abogados y el gobierno de Ecuador preparan una nueva ofensiva legal a favor de su liberación, el periodista australiano inicia este lunes su quinto año de exilio.

Telesur

Gema de Cuba




Una historia llena de enormes desafíos pero también de amor y sensibilidad humana. Gerardo Her­nán­dez y Adriana Pérez cuentan el proceso que llevó hasta el ansiado na­ci­miento de su hija en enero de 2015. Gema de Cuba, documental de la prestigiosa y multipremiada directora norteamericana Estela Bra­vo