sábado, 20 de enero de 2018

La “cosa” internet en Cuba

Nunca voy a olvidar a mi amigo F. tratando de persuadirme acerca de que comprara un mejor teléfono para tener correo nauta. “No seas bruta, muchacha, eso es una inversión, ahora es solo el correo, pero nadie sabe lo que viene”, me dijo. Así que me hice mi cuentecita @nauta.cu. Como a mí, a un montón de cubanos debe haberle cambiado un poco la vida esto de las bondades de las telecomunicaciones, no por gusto Internet es considerado un parámetro para la calidad de vida, y cuenta en la evaluación del bienestar social.
Hace unos años esta era una realidad muy ajena a Cuba. Solo empresas y centros de investigación y educación tenían tal acceso, y por allí llegaban los primeros correos electrónicos que un buen vecino hacía el favor de imprimirle a la madre de fulano para que supiera de él, que estaba de misión internacionalista en cualquiera de sus variantes y sobre todo la asumida personalmente en la decisión de emigrar. También se daban aquellos casos de los chats por intranet, y luego vinieron Badoo y otros sitios de citas para encontrar pareja. Al respecto hasta la literatura tuvo que hacerse eco, y no puedo dejar de mencionar un cuento fabuloso que publicó El cuentero por el 2006: “Llévame a navegar”.
Ahora estamos ya amarrados a nuestros propios medios de “navegar”. La UIT (Unión Internacional de Telecomunicaciones) es el organismo especializado de la ONU que se encarga de regular las telecomunicaciones entre las distintas administraciones y empresas operadoras. Por el 2014 la UIT lanzó su programa “Conectar 2020”, que propone la meta de llegar a ese año con un mayor por ciento de acceso libre a la internet en numerosos países con un costo relacionado al salario mensual promedio de cada lugar. Nuestro país es miembro de la UIT, y, según un ingeniero en telecomunicaciones que prefirió el anonimato, a raíz de tal programa comenzó el despliegue de informatización en Cuba como una política nacional.
Pero había que empezar con pasos cortos, y para ello era necesario implementar un modo de conectar a más con el menos que siempre hemos tenido. Parques y zonas públicas con wifi —hoy existen 508 puntos en todo el país— modificaron más evidentemente la vida del cubano, y a pesar de que el resplandor del día no machea con la luz de las pantallas, allí van cientos a arriesgar su sentido de la vista y el de la privacidad.
Ya en 2015 Luis Manuel Alcántara denunciaba el asunto con su performance Unidos por el wifi. El artista concibió un modo muy atemperado de celebrar su aniversario de bodas: con el mayor desenfado escogió la esquina de 23 y L para, desvistiéndose hasta quedarse solo en ropa interior y deslizándose por el tubo del semáforo, hacerle un striptease a su esposa. Ante las miles de preguntas, no dejó de aludir al que se paga las horas para seducir a un extranjero en función de abono económico, o a la madre llorando porque hace tiempo que no ve al hijo, o a la muchacha diciéndole mentiras al novio que se fue.
“Lo más terrible que he tenido que escuchar en la wifi fue a un muchacho rogándole a alguien del otro lado que le dijera la verdad, verdad que gritó luego y muy descompuesto cuando todos nos enteramos de que era gay y acababa de ser citado para hacerse el análisis del VIH”, me cuenta Ámbar, que ha tenido que hacer del parque del Mónaco su oficina. Y Yaque, que tiene marido e hijo en Miami, me cuenta del día que se escondió todo lo que pudo debajo del Habana Libre para enseñarle a la pantalla, con más terror que lascivia, sus senos. “Aquello fue patético”.
Y patético es también ver a la gente aglomerada porque ya no hay donde sentarse, y que haya quien “alquile” unos banquitos extras en el parque de San Rafael, y entre patético y gracioso se manifiesta quien no tiene cámara frontal y, mientras gira el teléfono, pone un espejito del otro lado para alcanzar a ver a aquel que le queda lejos pero sale en su pantalla, ese al que extraña, a quien necesita pedirle un dinerito porque a la niña ya se la rompieron los zapatos, o porque “la vieja está muy malita, mi hermano, y tú no sabes aquí la malanga a cómo está”.
A la wifi va el cubano porque la mitad de Cuba no está en Cuba, y es la posibilidad que tiene de comunicarse, de “ver” al otro, de hablarle, aunque la imagen se congele y le llegue dos minutos después. También es ya un modo de ocio, incluso una cuestión de demostrar cierto estatus como lo es tener un súper celular. Los menos, aunque también, lo usan para trabajar, aunque quizá por las propias condiciones y que es bastante caro, no llegan a explotar todas las posibilidades que se podrían aprovechar.
Y entonces llega Nauta Hogar, con esas tarifas exorbitantes que siguen cobrando tiempo en lugar de peso, en megabytes o gigas. No es igual comprar 30 horas de internet que 30 gigas: con 5 gigas se puede pasar hasta dos meses hablando por IMO, mientras que, si lo que quiere es bajarse una película, se gastan en un santiamén. Al ser la wifi una vía de poco alcance (200 o 300 metros), no le llega al tobillo a lo que se necesita para el desarrollo de la informatización. Tampoco alcanzan salas de navegación ni entidades estatales, y con Nauta Hogar no creo que lleguemos a esas cifras que el “Conectar 2020” se propone.
“Te imaginas levantarte, abrir tu correo y ver que tienes una cita para una reunión de trabajo y nada, te peinas y entras en video conferencia, y para almorzar ordenas una pizza y aprovechas y pagas todas las facturas sin salir a coger la guagua, el sol, hacer la cola. That´sCONECTIVIDAD, Yuyu”, me dice un amigo por el chat, y otro me habla de Conmutación de Circuito, que es lo que usa todo el canal y consume tiempo, en este caso la voz; y Conmutación de Paquetes, que es por donde debería cobrarse el internet, por el volumen de datos. Y me pregunto, si esto lo saben nuestros ingenieros —los dos llegaron hace solo unos meses en otros países—, ¿por qué es al revés en nuestro modo?
Ahora ETECSA acaba de asegurar que este 2018 ya habrá internet en los móviles cubanos. Esto será lo que venía, F., amigo mío, y habrás tenido razón, y empezaremos pagando las cuentas de teléfono y electricidad, luego quizá compraremos online medicamentos y víveres, y ropas y utensilios de cocina, y tendremos nuestro propio Amazon, y quién sabe si hasta se genere un sistema para que a través del nauta podamos coger las cosas de la libreta de abastecimiento.
Solo queda esperar a que para 2020 los precios de estas bondades no nos excluyan a los que no recibimos remesas u otros ingresos altos, que hay quien compara el impacto de la red de redes en la especie humana con el del descubrimiento del fuego, y uno tiene que evolucionar.

Yudarkis Veloz Sarduy
Progreso Semanal

jueves, 18 de enero de 2018

La economía cubana en 2018: otro camino empedrado

Cuba está abocada a muchos retos para superar su crisis económica

Desde modificar trabas institucionales, hasta profundizar en factores internos que no potencian el crecimiento y eliminar la dualidad monetaria y cambiaria, una de las medidas más necesarias y complejas de resolver.
La cubana es una economía pequeña, subdesarrollada y con fuertes desequilibrios internos y externos, por lo cual sufre una crisis estructural profunda; y los contextos internacionales no la favorecen en ningún sentido: sean altos o bajos los precios del petróleo, sean altos o bajos los precios de los productos primarios. Estos, si son bajos, la pueden beneficiar en las importaciones de productos agrícolas, pero la afectan en las ventas de otros renglones, como el azúcar.
En fin, la estructura importadora y exportadora cubana no favorece una tendencia al alza o la baja, como ayuda o afecta a otras economías.
Por lo tanto, para superar su crisis económica, Cuba tiene que asumir muchos retos no encarados hasta el momento y que pasan por cambios institucionales profundos.
El promedio de crecimiento económico del PIB a precios constantes entre 2008 y 2017 fue de dos por ciento, con un resultado económico positivo en 2017, al crecer la economía 1,6 por ciento, después de un decrecimiento de 0,9 por ciento en 2016.
Entre los principales factores que incidieron negativamente en 2017 destacan el ya habitual incumplimiento del plan de exportaciones de bienes, a lo cual se suman las disminuciones de los cobros por servicios exportados. Al igual que en 2016, la inestable disponibilidad de combustibles ha sido un factor estresante, tanto por la baja en la producción de los pozos nacionales como por la llegada tardía de importaciones de combustibles de Venezuela por dos años consecutivos. Otros factores recurrentes son los asociados a los problemas climáticos, incluidos los daños que provocó el huracán Irma.
Entre las actividades que contribuyeron al crecimiento de 2017 está, en primer lugar, el turismo, con un incremento del número de visitantes de 11,9 por ciento. Lo que habría que analizar es la eficiencia de esa industria turística, ya que Cuba, en el Caribe, no es el país que más recursos recibe por habitación hotelera existente. La dinámica de las comunicaciones y el transporte tuvo un incremento de tres por ciento; así igualmente la agricultura, pese a que la gente aún no siente la mejoría del crecimiento de algunas producciones agrícolas, ya que los precios de venta son muy elevados para una gran parte de la población.
Es incomprensible que, habiendo aún tierras ociosas, incluidas tierras entregadas en usufructo para la producción, en 2017 el país haya importado en alimentos unos 1.672 millones de dólares.
En las tiendas minoristas en divisas y en la economía en general se ha observado escasez de determinados productos de consumo importados o producidos en el país. Las importaciones menguaron por el incumplimiento de los pagos a proveedores, pese al largo período que se establece para ejecutarlos, que en algunos casos sobrepasa los dos años.
En la historia reciente de la economía cubana, el plan de inversiones que se planifica siempre se ha incumplido. En 2017 se logró 90 por ciento del plan previsto, lo cual atrasa la producción de determinados renglones necesarios para el país e inmoviliza recursos financieros por un periodo más largo del que se aprobó, entre otros elementos
Sí es justo reconocer que el país ha logrado ejecutar los acuerdos del proceso de reordenamiento de las deudas gubernamentales y realizó un esfuerzo para cumplir con los plazos de pago a proveedores, aunque ha habido atrasos con los antes mencionados.
Desde hace tres años el gobierno ha insistido en la necesidad de prestarle mayor atención a la inversión extranjera, contemplada entre sus prioridades; sin embargo, dadas las potencialidades que tiene Cuba para que exista una mayor presencia de capitales externos en la economía, esta no avanzó al ritmo que se necesita. No obstante, se aceleró el ritmo en 2017, con 2000 millones de dólares comprometidos; por ende, no es una inversión real en el año.

¿A dónde va la economía cubana o a dónde se pretende llegar en 2018?

Tras un análisis somero de los informes dados a conocer en la última Asamblea Nacional del Poder Popular, en diciembre de 2017, puede inferirse que estos están muy cargados de orientaciones, aspiraciones y cifras a alcanzar, pero no queda claro qué reglas será necesario cambiar para que se cumplan. Se deberían modificar las trabas institucionales que no hacen despegar a los actores nacionales, sean estatales o no; es decir, hace falta profundizar en los factores internos que no potencian el crecimiento económico del país, especialmente el exceso de control y la centralidad de las decisiones económicas.
El plan de 2018 prevé crecer en 2018 en dos por ciento, cifra baja para la ruta hacia el desarrollo a que se aspira. En ello le tocará jugar un rol importante a la construcción, el turismo y el comercio; sin embargo, no queda evidenciada la recuperación de la industria cubana ni de la agricultura. Está el ejemplo de la zafra azucarera, que no logra superar la barrera de los dos millones de toneladas de azúcar, que es más o menos el 50 por ciento del potencial existente, y se plantea para 2018 cifras de producción por debajo de 2017; es decir, 133 .00 toneladas menos.
Igual sucede con la agricultura, que no logra que la importación de alimentos disminuya. Por el contrario, en 2018 se importará más alimentos que en 2017, proyectándose cifras de unos 1.738 millones de dólares.
En el actual año se aspira a que la inversión con capitales extranjeros llegue a unos 600 millones de dólares. No obstante, el país debe de incrementar su formación bruta de capitales en al menos 25 por ciento en relación con el PIB y, para esto, sumado a la inversión nacional, tendrá que atraer una inversión extranjera superior a 2000 millones de dólares, anualmente, cifra que no ha de quedar comprometida, sino materializada. Las causas se repiten, unos años tras otros: burocracia excesiva, proyectos con deficiencias en los estudios de factibilidad, dificultades de infraestructura, etc.
El presupuesto cubano continuará en 2018 con elevado déficit fiscal, al plantearse 57.200 millones de pesos de ingresos, a la vez que ha establecido compromisos de gastos superiores a los 68.625 millones de pesos. Por lo cual, el Estado deberá gestionar la emisión de Bonos Soberanos en cifras superiores a los 15.749 millones de pesos, dado que hay que agregar la amortización de la deuda pública de años anteriores. De ahí que sea necesario ampliar los ingresos al presupuesto, para lo cual una reserva significativa puede estar en sobrepasar el 14,8 por ciento de los ingresos que aportan las fuentes no estatales, especialmente los trabajadores privados.
Ahí aparecen entonces los escollos políticos, al intentar organizar a los privados, estudiarles sus éxitos, entre otros elementos, a la vez que se paralizan las licencias nuevas, en vez de hacerlo en paralelo: potenciar y ampliar las actividades no estatales e ir creando mecanismos institucionales de control indirecto, como puede ser la utilización de los mismos instrumentos y mecanismos que en las empresas estatales.
Las menos de 300 cooperativas existentes ya aportan al presupuesto nacional 2,9 por ciento respecto al total de ingresos tributarios. Existen muchas potencialidades en esta forma de organización; sin embargo, están paralizadas las nuevas cooperativas.
Es comprensible que el Estado cubano intente apuntalar una vez más la empresa estatal cubana como la forma fundamental de propiedad de su proyecto socialista, pero hay que tener cuidado, a la vez, con la existencia de los monopolios, que conspiran contra la innovación y el aumento de la calidad a los clientes, entre otros aspectos. La competencia es necesaria y útil para tener productos novedosos, para la reducción de precios y para afianzar clientes.
En la Asamblea Nacional se volvió a retomar el tema de la dualidad monetaria y cambiaria y se insistió en que es necesaria su solución, ya que es una de las primeras prioridades de la Comisión de Implementación de los Lineamientos Económicos. Esto ya se ha planteado durante algunos años, constantemente, y ahora se ha expuesto un nuevo cronograma fijado para discutirse en un Pleno del Comité Central del Partido Comunista de Cuba (PCC), en el primer trimestre de 2018. Hay que tener conciencia de que esa es una de las medidas más complejas a realizar y se han explicado las consecuencias que podrá traer su implementación; sin embargo, es un asunto que no puede postergarse más.
Para la toma de cualquier decisión hay que tener en cuenta que los orígenes de la dualidad monetaria en la economía cubana se sitúan a inicios de la década del noventa del siglo pasado; es decir, a comienzos del Periodo Especial, cuando el poder adquisitivo del peso cuba­no experimentó un notable deterioro, derivado de la drástica caída de las importaciones provenientes del bloque socialista, que provocó una abrupta caída de los niveles de actividad económica, junto a una polí­tica social activa para amortiguar los efectos de la crisis sobre la población.
Todos estos factores generaron un exceso de liquidez e importantes desequilibrios macroeconómicos, ya que se mantuvieron los pagos de salarios, aunque las instituciones, especialmente la empresa cubana, estuvieran sin actividad económica.
A la vez, se estaba produciendo un incremento del flujo de dólares (turismo, remesas y empresas extranjeras), lo cual forzó un proceso de dolarización parcial de la economía, que finalmente se instituciona­lizó mediante el esquema monetario dual. Es decir, comenzó una doble circulación de monedas que permitió solucionar problemas a corto plazo, pues contribuyó a un crecimiento no inflacionario en la economía y otras medidas positivas. Desde el origen se pensó en medidas de corto plazo, no que duraran más de 25 años.
La complejidad vino dada no por la existencia de dos monedas (primero CUP y USD y posteriormente se cambió el USD por CUC), sino por las múltiples tasas de cambio. Las más recono­cidas son la tasa de CADECA, donde 24 CUP = 1 CUC para las transacciones de la población, y la denominada tasa de cambio oficial, donde 1 CUP = 1 CUC para las perso­nas jurídicas.
Como consecuencia de esa distorsión cambiaria, se desconectaron los flujos financieros en pesos cubanos y pesos convertibles, tanto para el sector empresarial y el financiero, como las finanzas públicas, y se han compro­metido seriamente los indicadores para analizar la situa­ción económico-financiera.
Queda claro que la eliminación de la circulación de los CUC –oficialmente se ha expresado que la moneda que quedará será el CUP– se acompañaría de la devaluación del tipo de cambio oficial, ya que es imposible pensar que un CUP sea igual a un USD o esté más fuerte que otras monedas extranjeras.
En particular, la devaluación tendrá efectos similares a los esperados en cualquier economía: debilitamiento de la situación económica-financiera en aquellas empresas con marcados descalces cambiarios (ingresos en CUP y gastos en CUC); incremento de la competitividad del sec­tor exportador y encarecimiento de las importaciones; incremento de precios –al encarecerse el componente importado o en CUC de numerosos productos–, que pu­diera llegar a traspasarse a los consumidores y deteriorar, por tanto, el salario real, si la medida no se acompaña de una reforma salarial; entre otros [1].
Lo complejo viene dado, además, porque hay tensiones acumuladas, a partir de las expectativas que se han generado en la población acerca de una mejora inmediata versus los efectos rea­les de la unificación. El bajo poder adquisitivo del peso cubano descansa en la baja capacidad productiva de una parte significativa del sistema empresarial estatal. Hasta tanto no se consiga un despegue de esas fuerzas productivas, no se podrá recuperar el salario real. Es difícil alcanzar las expectativas de la población con la alta centralidad existente, la caída de las importaciones y planes rigurosos para las empresas, el sector privado en ramas preferentes de servicios, entre otros elementos.
Y aunque es necesario alcanzar la unificación monetaria y tasas cambiarias justas, una buena parte de los efectos negativos de la unificación (devaluación, en particular) se expresarán muy rápida­mente en el corto plazo, en tanto los efectos positivos se trasladarán hacia el mediano y largo plazos. O sea, la población está ansiosa por resultados más inmediatos, pero estos se dilatan en el tiempo y no se sabe cuándo ocurrirán.
Cualquiera sea el rumbo que se siga, debe considerarse que el punto crítico de dicha ruta será, necesariamente, la eliminación de las causas que dieron origen a la dualidad. Hasta tanto no se restaure el poder adquisitivo del peso cubano y este vuelva a cumplir las funciones de unidad de cuenta, medio de cambio y reserva de valor, no se podrá concluir la reforma monetaria [2].
El plan económico hasta 2030 define claramente las líneas estratégicas a seguir y es un documento serio y bien elaborado, por lo que necesita de indicadores de estricto cumplimiento y análisis sobre si realmente estamos avanzando al desarrollo.
A lo largo del amplio periodo después del primer Congreso del PCC han sido numerosos los documentos, plataformas programáticas y planes elaborados; aun así el país sufre de distorsiones estructurales muy fuertes, muy conocidas y que fueron críticamente analizadas desde esa cita efectuada en 1975.
No podemos olvidar que el bloqueo persiste y que, con la presente administración estadounidense, se arreciará aún más. Ese componente estará presente un tiempo más, por lo que el país tiene que utilizar al máximo sus potencialidades internas y aún está distante de hacerlo.
Por último, se avizoran cambios políticos a partir de constituirse un nuevo Parlamento cubano, en abril de 2018. Este elegirá por primera vez un presidente que siga las riendas del camino escogido, sin ser una de las figuras históricas, con el reto de mantener lo alcanzado en lo social y definir un rumbo económico que conlleve crecimiento y desarrollo, así como mayor bienestar individual de la población cubana.

Omar Everleny Pérez Villanueva
IPS

Notas:

[1] Jessica Leon Mundul: “El largo camino hacia la unificación monetaria y cambiaria: ¿Avanzamos? Artículo en proceso de publicación por el Centro de Estudios de la Economía Cubana.
[2] Idem.

Omar Everleny Pérez Villanueva, economista e investigador cubano

miércoles, 17 de enero de 2018

Palabras para inaugurar el Premio Casa de las Américas 2018.




Jorge Fornet, Roberto Fernández Retamar, Silvio Rodríguez, Abel Prieto, Marcia Leiseca

La Habana, 15 de enero de 2018.

Hermanos que convoca esta Casa:

Si a un siglo de su nacimiento José Martí fue identificado como responsable de los hechos revolucionarios que inauguraron nuestra etapa libertaria de 1953, también pudiera decirse que esta Casa de las Américas fue fundada por nuestro Apóstol, por su compromiso con los próceres que empezaron las guerras de emancipación continental contra el colonialismo. Para colmo, una joven de la generación del centenario del nacimiento de Martí, protagonista de aquella jornada terrible y simbólicamente hermosa fue, a su vez, quien fundó y animó a esta institución, que ha reunido escritores como haciendo un ensayo hogareño de aquel ideal llamado Nuestra América.
Otro imprescindible de esta Casa, mi amigo poeta y pensador Roberto Fernández Retamar, el año pasado me pidió estas palabras de inauguración al Premio número nº 59. Y es que Roberto sabe que, aunque este entrañable evento aún no ha incluido la modalidad de canción, es incuestionable que aquí se ha cantado mucho, tanto con lírica como con guitárrica.
Por ejemplo, el mes que viene hará medio siglo de que varios trovadores de mi generación estuvimos por primera vez en este mismo salón. Aún no se llamaba Che Guevara, aunque ese fue un nombre que nos sobrevoló aquella noche. Lo que era yo, estaba bastante azorado, casi no me lo creía, porque en febrero de 1968 Casa de las Américas era ya un lugar honroso y querido, liderado por una heroína y respaldado por brillantes artistas y escritores.
Faltaban por llegar muchas novelas, narraciones, piezas de teatro; faltaban inolvidables libros de poesía. Y faltaban por ausentarse, o por sernos arrebatados, varios hermanos queridos. Porque esta Casa y este Premio siempre tuvieron la virtud de reunir a mujeres y a hombres más interesados en la suerte de sus pueblos que en la de sus palabras; gente entregada en el ingenio, pero mucho también en carne y hueso. Así que faltaban por ocurrir sorpresas en muchos escenarios, noticias esperadas o inconcebibles, esperanzas y angustias de diversas honduras.
También faltaban iluminaciones, torpezas, aprendizajes; faltaba tiempo, partícula a partícula, haciendo lo que la brisa y el agua cuando corren. Faltaba, después de la espuma, el sedimento revelador que nos hace reconocer y desafiar, entre las miserias del mundo, lo triste de nuestra propia naturaleza.
A algunos incluso nos faltaba más de la mitad de nuestras vidas, aunque no lo sabíamos. Y todos éramos aprendices de todo: de la historia escrita, de la que pensábamos que faltaba por hacer y escribir y, por supuesto, la de la hormiga cotidiana: la historia real que, entre acorralado y desafiante, ha escrito este pequeño país, capaz de proyectar las enormes luces de sus sueños.
Algunos sueños acaso no los llegaremos a tocar, al menos del todo, porque el acoso constante sin dudas nos limita. Estamos donde una larga, compleja y desigual batalla nos permite. Esto nos ha hecho desarrollar un arte de defensa que nos sostiene. Y aunque el que se defiende bien a veces logra sobrevivir, verse obligado a basar la existencia bajo esa premisa no es lo más saludable.
Quienes hemos sido parte de esta Casa de las Américas durante 59 años tenemos pruebas, en primer lugar, de que el bien es posible, y de que el arte y la cultura son parte de su sustancia. También sabemos que algunas inconveniencias pueden durar más de lo proclamado y que el bien es aún perfectible.
Por esas razones aquí estamos, con la voluntad de ser mejores, de avanzar. Por eso aquí seguimos. Por supuesto que no eternamente y mucho menos por costumbre, sino porque aún somos capaces de estremecernos cuando llegamos a un lugar como esta Casa.
Es como si de pronto se fuera abrir una puerta y entrara una señora con una sonrisa entre pícara y materna, con una mirada entre nostálgica y escrutadora, con una voz de flauta y unos brazos menudos que te rodean, te sostienen y hasta te enderezan, y te hacen pensar que estas a salvo, que realmente puedes decir todo lo que te parece —y hasta lo que imaginas—; extraordinario abrazo que te hace sentir que estás creciendo, o que te hace creer que cuando dices es que creces, y que sólo por eso vale la pena estar vivo.
Gracias a esa y a otras nítidas presencias ahora mismo en esta sala, es que logro decir bienvenidos, hermanos, al Premio Casa de las Américas de 2018.

Muchas gracias.

Silvio Rodríguez

Así votan los mercados.

Cuando siendo adolescente leí la novela de Bertolt Brecht Los negocios del señor Julio César, una de las cosas que más llamó mi atención, y recuerdo aún, fue cómo Brecht relata que ya en la Roma preimperial la economía, a través del abastecimiento y precio del trigo, era utilizada como arma política.
Los últimos cien años han sido testigos del empleo numeroso de ese recurso contra gobiernos que no han sido del agrado de los mercaderes de la nueva Roma, pero lo que nadie imaginaría es que incluso en el Chile actual, donde no hay hoy la menor posibilidad de que un proyecto con una agenda antiimperialista gane el poder ejecutivo esa intervención fuera posible.
La información, revelada a nada menos que a ese órgano oficial del capitalismo global que es The Wall Street Journal por el economista jefe del Banco Mundial, Paul Romer, de que se alteraron con fines políticos los indicadores de competitividad que publica esa institución y provocaron que durante el mandato de la Presidenta chilena Michel Bachelet esa “competitividad” se desplomara del lugar 33 en 2015 al 120 en el 2016 sin nada que ver con las medidas adoptadas por el gobierno chileno sino por la manera políticamente motivada de medirla hizo que la inversión extranjera en Chile cayera un 40% durante el 2017, lo que fue una de las principales banderas en la campaña electoral del ahora Presidente electo Sebastián Piñera.
Si eso es contra el Chile de Bachelet, cabe preguntarse cómo habrán operado y operan estos organismos en el caso de la Venezuela de Nicolás Maduro, la Bolivia de Evo, la Argentina de los Kirchner, o peor la “Cuba de los Castro”, y cuánto ha servido ese voto de la “mano invisible del mercado” para que llegue al poder alguien como Maricio Marci, o Enrique Peña Nieto.
Lo asombroso es que hace muy poco se debatiera en la prensa privada surgida en Cuba durante la época en que Barack Obama volaba a bordo del Air Force One la conveniencia para la Isla de adherirse a mecanismos como los del Banco Mundial y sobre todo a su pariente de peor reputación: El Fondo Monetario Internacional. El ahora coyunturalmente visible “archipiélago de despotismos” (Boaventura de Sousa), en el que las organizaciones globales de la economía y la comunicación no cesan de votar en elecciones nacionales y locales desnuda aquellas ¿ingenuas? ilusiones.
En pleno auge del encantamiento obamista hacia Cuba, uno los teóricos de del “aterrizaje suave” de la Isla en el capitalismo planteaba que el mayor conocimiento de los cubanos sobre los procesos electorales en América Latina, produciría el abandono de la forma en que se eligen las autoridades cubanas para asumir el modelo de democracia liberal que los Estados Unidos han impuesto en la región.
Pero la impunidad de los golpes parlamentarios que hemos visto suceder en los últimos años en Paraguay y Brasil, el fraude escandaloso en Honduras, como también los que reiteradamente han ocurrido en México, el pacto en Perú entre gobierno y oposición a favor de intercambiar la protección mutua de un Presidente acusado de corrupción y un ex Presidente convicto, el transfuguismo de un gobernante que en Ecuador abandona el programa que lo llevó al poder ejecutivo, entre otros muchos otros ejemplos que se pudieran citar, parecen no ser muy adecuados para convencer a los cubanos, mientras gobiernos respaldados por el voto popular como los de Venezuela y Bolivia apenas han logrado sobrevivir los ataques de una oligarquía que utiliza dinero extranjero en las redes sociales de internet y el poder de los grandes los medios de comunicación para una guerra sin cuartel que, aunque no los ha podido sacar de la dirección de sus países, no respeta las propias reglas del modelo que sus partidarios dicen defender.
La altísima abstención, las promesas de campaña que rara vez se cumplen, la aplicación de la violencia policial contra la ciudadanía y ahora el reconocido uso politizado de la economía, ya no solo contra gobiernos de izquierda sino no contra aquellos que no son suficientemente neoliberales, como acaba de conocerse en Chile, muestran un panorama que dista de ser muy seductor a pesar del dinero empleado en hacerlo aparecer como tal.
El sistema electoral cubano no es perfecto y por supuesto que necesita seguir cambiando pero precisamente en la misma dirección que ha marcado hasta hoy: lo más lejos de abrir las urnas a la mano cada vez más visible del mercado.

Iroel Sánchez
Al Mayadeen

lunes, 15 de enero de 2018

Faustino Pérez: Ser revolucionario, razón de su vida



El Che lo calificaba de compañero honesto a carta cabal y arriesgado hasta el extremo, mientras que para Fidel era la conducta de la Revolución

En el año de su muerte (1992), unos periodistas colombianos de visita en Cuba quisieron entrevistarlo. No lo hallaron en una oficina de La Habana con aire acondicionado y todas las demás comodidades, sino en un paraje agreste de la Ciénaga de Zapata, en plena labor rodeado de lugareños y vistiendo como ellos.
Ante la extrañeza de los visitantes, Faustino respondió: “Ciertamente, yo podría estar en La Habana, pero me siento más cómodo en este medio donde puedo hacer más de manera más directa, aunque sea modestamente, algo por los que necesitan que se haga algo. Esa es la razón… Esta no es de una responsabilidad tan alta, pero nos sentimos bien; es útil y con eso basta. Lo importante es que seguimos teniendo el espíritu de pelea de cuando vinimos en el Granma, aunque por cuestiones de edad no las mismas fuerzas ni las mismas energías”.
Esa conducta, aclaraba a los periodistas, se identificaba con los principios que predicaba el Che. “Yo diría que nosotros nos sentimos felices y reconciliados con el ser humano, cuando constatamos que estamos siguiendo el camino de hombres como el Che, Martí, Bolívar. Es decir, sabemos que estamos en el buen camino cuando nos vemos transitando en esa dirección”.
No es de extrañar que a Faustino el Guerrillero Heroico lo calificara de “compañero honesto a carta cabal y arriesgado hasta el extremo. De su arrojo tengo pruebas presenciales”; y solía contar cómo en la Sierra, bajo la metralla, “quemó un avión que nos había traído armas desde Miami, descubierto por la aviación enemiga… para evitar que cayera en manos del Ejército (batistiano)”.
Entretanto, su compañero de luchas en la clandestinidad, Arnol Rodríguez, gustaba hablar de su integridad, firmeza, mucha honestidad y confianza en el futuro. Era extraordinariamente responsable ante cada una de las tareas que tenía por delante, agrega; y prefería entonces citar una afirmación de Fidel: “Faustino Pérez encarna la conducta de la Revolución”.
Para Pedro Miret, descolló “como trabajador y cuadro ejemplar, disciplinado y creador, austero y exigente, sobre todo consigo mismo […] ser útil a la Patria y a la Revolución fue en todo minuto la razón de su vida”.
Faustino Pérez Hernández nació el 15 de febrero de 1920 en un hogar numeroso de campesinos consagrados a la tierra, en la actual provincia de Sancti Spíritus. Conoció de pequeño la explotación. Siempre tuvo la pasión de instruirse. Matriculó por la libre el bachillerato y alternaba el estudio con las labores de la escogida de tabaco. Se fue a La Habana en 1943, a hacerse médico y para pagar la carrera, trabajaba como aprendiz ayudante en un laboratorio de la calle Salud. Su sueño era dedicarse a la Pediatría. Pero Cuba estaba desgobernada entonces por la tiranía batistiana y tuvo que convertirse en combatiente (terminó de graduarse en 1959).
Integrante del Movimiento Nacional Revolucionario (MNR) de García Bárcenas, cayó preso con una sanción de más de tres años. Salió de la cárcel con la amnistía de 1955; ese año Fidel creó el Movimiento 26 de Julio y Faustino estuvo entre sus fundadores. Expedicionario del Granma, permaneció junto con Fidel en la dispersión de Alegría de Pío. Después del reagrupamiento de Cinco Palmas, el Comandante en Jefe lo seleccionó como delegado del M-26-7 en La Habana.
Una vez le preguntaron qué significaba para él la figura de Fidel: “La posibilidad de haber conocido a un prócer, a un líder extraordinario… Tiene la capacidad de hacerse sentir compañero y al mismo tiempo maestro, jefe, líder; porque esa es una de las características de Fidel: se siente hermano, se siente compañero. Eso es para nosotros. Los cubanos tenemos el privilegio de tener a Fidel como guía, como líder de esta Revolución y como forjador de una nueva generación de revolucionarios. Es decir, significa tanto para nosotros, él es la Revolución”.
Faustino reorganizó el Movimiento en la capital. Según Arnol Rodríguez, “con él alcanzan un gran desarrollo e impulso integral todos los frentes (de la clandestinidad) y la Resistencia Cívica. No hay un solo mes que no ocurra una acción importante en La Habana”, y para fundamentarlo, menciona la Huelga del 5 de agosto (1957), la noche de las 100 bombas, el secuestro de Fangio…
Tras el revés de la huelga del 9 de abril, Fidel ordenó a Faustino marchar a la Sierra. A propuesta del Jefe de la Revolución, instituyó la administración civil del territorio libre, creó escuelas y hospitales en intrincados parajes, fomentó organizaciones campesinas, organizó la recaudación de fondos para la Revolución.
Después del triunfo, fungió como titular del Ministerio de Recuperación de Bienes Malversados y luego se fue de nuevo a la Sierra Maestra, al frente del Servicio Médico Social, un viejo sueño que compartía con el también comandante René Vallejo desde la etapa insurreccional, como puede verse en la correspondencia de la época entre ellos.
Se le vio siempre dispuesto a asumir la tarea que le encomendaran Fidel y la Revolución. Así, organizó el Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos, dirigió el Partido en su Sancti Spíritus natal, trabajó con el Poder Popular, representó diplomáticamente a Cuba en Bulgaria, puso todo su corazón y energía en el desarrollo integral de la Ciénaga de Zapata. En esta tarea le sorprendió la muerte, el 24 de diciembre de 1992
En el encuentro con periodistas venezolanos anteriormente mencionado, el cual se publicó en forma de entrevista en la revista venezolana Superguía Dominical, Faustino expresó: “Para muchos ya desapareció el socialismo, para nosotros los cubanos no. Creemos que todavía el futuro tiene mucho que ver con el socialismo y el socialismo con el futuro y me parece que Cuba está demostrándolo y lo va a demostrar mucho más hacia delante”.

Pedro Antonio García
Bohemia

Fuentes consultadas

Testimonios y datos ofrecidos en el año 2000 al autor de este trabajo por la familia de Faustino Pérez, Arnol Rodríguez y Pepe Díaz. Los textos periodísticos La última entrevista del comandante Faustino (Superguía Dominical, marzo de 1993) y Siempre soldado de primera línea, de Pedro A. García (Granma. 15 de febrero de 2000).

Nanotecnología en Cuba para “soberanía tecnológica”

El gobierno cubano comenzará en 2018 a desarrollar el Programa Nacional de Nanociencia y Nanotecnologías para modernizar su industria, sobre todo la farmacéutica y la biotecnológica, en busca de “plena soberanía tecnológica”.
El proyecto cuenta con once líneas de investigación y será gestionado por la Agencia de Energía Nuclear y Tecnologías Avanzadas del ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (Citma) de la isla.
Su aplicación comenzará “de manera gradual” durante 2018, dentro del Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social del país caribeño hasta el 2030, especifica el diario estatal Granma.
“Ningún sector de la economía cubana podrá sustraerse del impacto de ambas disciplinas debido a su naturaleza horizontal y abarcadora, y las enormes potencialidades (…) para modernizar la industria y los servicios en las próximas décadas”, dijo el coordinador del grupo líder del proyecto, Luis Felipe Desdín.
Desdín reconoció que se trata de una “práctica científica de primer mundo en extremo cara”, por el elevado costo del equipamiento requerido, pero aseguró que si el país no invierte en ella, corre el riesgo de “quedar atrás en la aspiración de contar con productos nacionales de alto valor agregado”.
Insistió en que este programa no parte de cero y recordó las investigaciones que realizan las instituciones científicas cubanas desde hace más de 20 años, para asimilar y desarrollar la nanotecnología en la isla.
Dentro del Programa Nacional los científicos cubanos diseñarán métodos de simulación matemática de las propiedades y el comportamiento de nanoestructuras y generarán nanosensores para la detección de biomoléculas de aplicaciones médicas, la detección de contaminantes y el control de la calidad del agua.
También tratarán de crear nanoestructuras que puedan servir como principios activos y agentes terapéuticos en el tratamiento de enfermedades como el cáncer, el alzheimer, el parkinson y otros males relacionados con el envejecimiento.
El programa gubernamental busca impulsar la creación de nanomateriales capaces de propiciar el almacenamiento eficiente de energía eléctrica e hidrógeno, y de nanoestructuras para el diseño de celdas fotovoltaicas.
El Programa Nacional de Nanociencia y Nanotecnologías es el número 32 del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente del país caribeño.

OnCuba