viernes, 23 de junio de 2017

Cuba, EE.UU. y España: entre esclavos y guerras




Los Estados Unidos y la Corona española se disputaban Cuba como un botín de guerra. El 23 de junio de 1898 desembarcaban los norteamericanos en el Caribe. Aquí reseñamos el inicio de su dominio.

Hija directa de la llegada de Colón a América, la isla estuvo marcada por los grilletes en los pies del esclavo, el látigo, la zafra, la caña de azúcar y el tabaco; pero también por las ideas insurgentes. Pues con los barcos españoles no solo anclaban años de saqueo, sino tambien hacia mediados del siglo XIX, desembarcaban los primeros anarquistas, que fundarían las primeras organizaciones del movimiento obrero.
La economía cubana estaba basada en el trabajo esclavo, literalmente hasta la muerte de los negros traídos como ganado, en los infectados barcos desde el Africa.
Este sistema comenzó a agotarse porque el régimen esclavista convivía con la comercialización y el avance de la tecnología capitalista. Si a este cuadro le sumamos la caída de los precios del azúcar; se fue gestando la crisis que posibilitaría la entrada del capital británico y norteamericano en la isla. De esta manera, los EEUU no solo tendría cada vez más participación en la industria azucarera sino que comenzaría una lenta y cada vez más agresiva intervención en la isla.
En su primera guerra de independencia del periodo 1868-1878, fueron los propios hacendados quienes dieron la libertad a sus esclavos para luchar contra los españoles, pero fracasaron antes la superioridad militar colonial.
Mientras tanto Cuba se afirmaba en el capitalismo mundial, especializando su industria azucarera y el tabaco.
Esta lucha tardía por su independencia, se explica por el temor de la burguesía azucarera y los terratenientes a impulsar las fuerzas revolucionarias que habían marcado a fuego al Caribe con la Revolución Negra Haitiana. Tales recuerdos, alejaban los ánimos independentistas de la oligarquía local.
En 1895, Cuba vuelve a la guerra de independencia contra España. El poeta José Martí, quien fuera el fundador del Partido Revolucionario Cubano, estará entre sus principales inspiradores y combatientes. La pequeña burguesía liberal encabeza el movimiento confluyendo con el movimiento obrero –influenciado por el anarquismo- que lucha junto al PRC, los afrocubanos, peones rurales, campesinos tabacaleros y la pequeñoburguesía urbana. La lucidez de José Martí lo lleva a comprender que el carácter de esta lucha es anti-imperialista, agudizando su visión y solidaridad de los pueblos oprimidos del continente como se ve reflejado en su obra. Sin embargo, su visión de la lucha que se libraba era policlasista y, luego de su temprana muerte en combate, el PRC subordinó al movimiento a la dirección de la burguesía y los terratenientes. Estos últimos actores son los que pedirán la intervención de los EEUU en la lucha contra los españoles.
El 15 de febrero de 1898, una explosión del acorazado “Maine” enviado a La Habana por los EEUU para custodiar sus propiedades, fue hundido con un saldo de más de 260 muertos (entre tripulantes y oficiales). La causa de la explosión sigue siendo una incógnita. Sucedió por la noche cuando todos dormían y nunca se supo si en verdad fue un ataque de los españoles (aunque la pericias de la época indicarían que no) o si en verdad la explosión había sido provocada -desde adentro del barco- por los propios norteamericanos para encontrar “la excusa” perfecta para declarar la guerra a España. Y así sucedió.
En un clima de ferviente patriotismo yankee, y en uno igual de reaccionario se inició la contienda bélica.
El 23 de junio de 1898 desembarcan en territorio cubano las tropas voluntarias de caballería norteamericanas llamadas Rough Riders (Jinetes Duros). Si bien por vía terrestre no eran muy fuertes, contaban con el apoyo de la población local que querían sacarse de encima a los españoles. Uno de los comandantes era Theodore Roosvelt, quien pocos años más tarde seria presidente de los EEUU. Su mision era apoderarse del bastión de los españoles en la ciudad de Santiago y ganan su primera batalla en San Juan, asestando un duro golpe al colonialismo.
Mientras aumentan las bajas españolas, el 3 de julio la flota intenta escapar del sitio del puerto de Santiago. Pero a la salida del mismo lo esperaba formando una media luna la poderosa armada norteamericana. La superioridad militar yankee fue notable.
En poco más de dos horas la derrota de la flota española estaba hundida. Es llamativo que el barco insignia de los españoles en ser derrotado, el mas importante, se llamaba “Cristóbal Colón”.
El 13 de agosto la bandera española es bajada del mástil de la ciudad. Pero en su lugar no se iza la bandera cubana, sino la de EEUU.
Así terminaban cuatro siglos del saqueo y colonialismo español. Sin embargo, comenzaba el dominio de los EEUU en la región. Bajo la tutela del naciente imperialismo yankee se declara la “independencia” formal de Cuba.
El 12 de junio de 1901 la Asamblea Constituyente cubana redacta su propia Constitución. Pero el senador de EEUU llamado Edward Platt le impone una cláusula, que pasará a conocerse con el nombre de la “enmienda Platt” que impone claramente el “precio” de la “libertad” y las nuevas condiciones: “Cuba reconoce el derecho de EE.UU. a intervenir en sus asuntos internos; siempre que este último país lo estime necesario para la conservación de la independencia cubana, y para el mantenimiento de un gobierno adecuado para la protección de la vida, propiedad y libertad individual (…) Para poner en condiciones a los EE.UU. de mantener la independencia de Cuba y proteger al pueblo de la misma, así como de su propia defensa, Cuba arrendará o venderá tierras a los EE.UU.; destinadas al establecimiento de bases carboneras y navales”.
Hasta el día de hoy el símbolo de aquélla injerencia es la base militar de Guantánamo, reconocida mundialmente por las torturas y crímenes de lesa humanidad y todo tipo de violaciones a los más elementales DDHH.
Toda la lucha de clases desatada en la isla en el siglo XX, incluso mediando la Revolución Cubana de 1959, tuvo como blanco de todo su odio y desprecio a esta imposición del imperialismo yankee. Desprecio que, al día de hoy, continúa incrementándose.

Daniel Lencina

Trump: truenos y trampas

Mucho se ha dicho y se dirá sobre el grotesco show que tuvo lugar en Miami el 16 de junio y las mentiras y amenazas contra Cuba allí proferidas. El discurso de Trump, incoherente y torpe como todos los suyos, dejó en claro al menos dos cosas: que hará todo lo que pueda para endurecer la política contra Cuba, anulando los tímidos pasos que había dado su predecesor y que el actual Presidente es un mentiroso irremediable.
Es costumbre allá en el Norte mezclar la política con el espectáculo, la información con el divertimiento, aunque sea, como en este caso, de pésimo gusto. Para quien lo observa desde fuera es recomendable una buena dosis de duda cartesiana y la prudencia necesaria para no dejarse confundir. Sobre todo si se trata de lo que diga alguien como el estrafalario ocupante de la Casa Blanca.
Con razón la congresista federal Barbara Lee, incansable luchadora por la justicia y los derechos civiles, al rechazar el discurso de Trump, subrayó la importancia de pelear por evitar que las regulaciones específicas para traducir en normas obligatorias la directiva presidencial sean aun más perjudiciales para los pueblos de los dos países. Allí mismo ese día se dio una prueba evidente de la justeza de su preocupación.
En su perorata Trump anunció que iba a emitir una nueva orden ejecutiva para reemplazar la ya derogada que había orientado la política de Obama en sus últimos dos años. Allí delante de todos, estampó su firma en el documento que aparece en el sitio oficial de la Casa Blanca pero que nadie leyó.
Lo que dijo no corresponde exactamente con lo que suscribió y esto último es lo que vale, lo que tiene fuerza legal y guiará la conducta de su Administración. El contraste es evidente, por ejemplo, en el caso de las remesas que reciben muchos cubanos en la isla de sus familiares residentes en Estados Unidos. Según el que habló en Miami tales remesas continuarían y no serían afectadas.
Pero allí mismo, en el mismo acto, sin esconderse, firmó una orden que dice exactamente lo contrario. A esta cuestión de las remesas dedica varios párrafos el documento titulado “Memorandum Presidencial para el Fortalecimiento de la Política de Estados Unidos hacia Cuba”, que firmado por Trump publicó la Casa Blanca y con todas las letras establece que serían millones los cubanos residentes en la isla a quienes no se les permitiría recibir remesas.
En la Sección III, inciso (D) la definición de “funcionarios prohibidos del gobierno de Cuba” se amplía ahora para abarcar más allá de los dirigentes del Estado y el Gobierno cubanos a sus funcionarios y empleados y a los miembros y empleados de las Fuerzas Armadas y el Ministerio del Interior, a los cuadros de la CTC y a los de los sindicatos y los Comités de Defensa de la Revolución locales. El profesor William M. Leogrande calcula que se trataría de más de un millón de familias.
Trump alardeó de que echaría abajo todas las medidas adoptadas por Obama y probablemente se propone hacerlo. Pero sabe que ello contradice los intereses y opiniones de algunos sectores empresariales vinculados al Partido Republicano y por eso se escudó tras su retórica agresiva y su jerga a menudo indescifrable. Respecto al tema de los cubanos y las remesas no le quedó otro remedio que emplear su arma favorita: la mentira.
Habrá que ver ahora como redactan y aplican esta nueva orden que pretende castigar al conjunto de la población cubana.

Ricardo Alarcón de Quesada

martes, 20 de junio de 2017

`Cuando un pueblo se une no hay imperialismo que lo pueda derrotar: el ejemplo de Cuba´: A. Guevara




En el XIV Encuentro Estatal de Solidaridad con Cuba (Bilbao, 9 al 11 de junio de 2017) Aleida Guevara March, medica pediatra, miembro del Centro de Estudios Che Guevara de La Habana e hija del Che, desarrolló el panel “El Che, la Revolución cubana y la lucha permanente frente a la desinformación”.

lunes, 19 de junio de 2017

Conferencia de Prensa Bruno Rodríguez, Canciller de Cuba




Transmisión íntegra de la Conferencia de Prensa ofrecida en Viena, Austria, por el Canciller cubano Bruno Rodríguez Parrilla donde responde a los pronunciamientos y medidas de Trump sobre Cuba

Hemingway está en La Habana




La certeza de que el autor de El viejo y el mar no ha muerto fue una tesis cabalmente defendida por el investigador cubano Walfrido López al exponerla en su ponencia con la que se inició la segunda jornada del 16 Coloquio Internacional Ernest Hemingway, acaecida ayer en el hotel Ambos Mundos de La Habana, centro donde se respira la presencia del escritor norteamericano.
Muchas razones ofreció el ponente para demostrar esa verdad de Perogrullo que es la supervivencia del escritor insigne que no pasa de tiempo, autor de diez novelas, 12 libros de cuentos, relatos excelentes y periodista excepcional.
Entre las claves sostenidas está su condición de héroe, el que participó en la Primera Guerra Mundial y que fue herido en ella; el héroe de su país; el galardonado; corresponsal en la Guerra Civil Española; el galán y el valiente; el cazador de búfalos; el pescador de los mares de Cuba, y del Caribe; el cazador africano capaz de enfrentarse a un elefante, el sobreviviente de accidentes aéreos, aunque a intervalos pequeños.
Otros referentes son su estancia durante tantos años en Cuba, donde creó un mundo hemingwayano; sus gestos generosos como el de «entregar» la medalla del Premio Nobel a la Virgen de la Caridad; y el carácter de santuarios, que adoptan sus viviendas, como la propia Finca Vigía y el Ambos Mundos.
El argentino Ricardo A. Koon, miembro de la Cátedra Ernest Hemingway del Instituto Internacional de Periodismo José Martí, es biógrafo del autor de Por quién doblan las campanas. «Lo estudio hace 40 años y ya presenté mi libro aquí –expresó a Granma–. Vengo al coloquio porque me encanta aportar sobre la vida de Hemingway. Mi ponencia tratará de la filmación de El viejo y el mar; para ello el escritor pidió a los productores de Hollywood que el rodaje se llevara a cabo en escenarios originales».
Desde su correspondencia el escritor revela múltiples aristas. La profesora norteamericana Sandra Spanier lleva la avanzada en esta zona de la escritura de Hemingway. «Vengo al coloquio desde que se fundó. En mi ponencia hablo sobre el tercer tomo, que está ya en muchas partes del mundo. Pero ya en meses sale el cuarto tomo. Las cartas son muy reveladoras. Dejan ver lo mismo su humor, su sensibilidad que su pasión por la escritura de turno, reveló a Granma.
Como este evento que concluirá mañana, se celebran muchos en el mundo. Cada vez son más los estudiosos de su vida y obra. La concurrencia de los llamados «similares» –seres con asombroso parecido al escritor–; competencias de pesca deportiva; actividades en bares donde bebió un trago o donde besó a una mujer son, entre otras patentes, muestra de la vida eterna de Hemingway, que por estos días revisita sus sitios predilectos en la Isla desde la voz y de la mano de los participantes del foro, que ya se preparan para su próxima edición prevista del 20 al 23 de junio del 2019.

Madeleine Sautié | madeleine@granma.cu

LCB: La otra guerra




Los actores Osvaldo Doimeadiós y Fernando Echeverría en los roles de Mongo Castillo y el teniente El Gallo.

La otra guerra, por tanto, es, de una parte, historia viva, pero, de otra a la vez, entrega artística. No es un relato documental ni testimonial aunque se tenga como punto de partida documentos y testimonios...

El último capítulo de La otra guerra se transmitió cuando todavía estaban frescos los ecos de la intervención del Presidente de los Estados Unidos en el teatro Manuel Artime –nombre de un traidor- donde anunció un patético y ridículo cambio de política de su gobierno hacia Cuba, que refrendó la hostilidad y el bloqueo como principios de la tradicional conducta de Washington hacia la Isla.
En el auditorio, aplaudiendo a rabiar, se hallaban los fracasados expedicionarios de la Brigada 2506, derrotada en las arenas de Playa Girón en abril de 1961. Para el caso que nos ocupa, la presencia de estos y la propia alocución del mandatario emiten dos señales: la persistencia de uno y los otros en anclarse en la decrepitud del pasado, y la pertinencia de recordar a quienes vivieron esa etapa, pero sobre todo transmitir a las nuevas generaciones, el costo en vidas y sacrificio de los hombres, mujeres y familias por librar la Patria de los impulsos criminales de los mismos que alentaron la invasión mercenaria por Bahía de Cochinos.
La otra guerra, por tanto, es, de una parte, historia viva, pero, de otra a la vez, entrega artística. No es un relato documental ni testimonial aunque se tenga como punto de partida documentos y testimonios. Sabemos que sus protagonistas se inspiran en personas reales pero a fin de cuentas el espectador se halla frente a una obra de ficción, con las reglas propias de esa manera de crear una realidad diversa a lo real.
La serie debe alentar, y de hecho lo ha logrado, la búsqueda de referencias históricas y la avidez por conocer quiénes fueron Puro Villalobos y Gustavo Castellón, el Caballo de Mayaguara, Obdulio Morales, Mongo Treto y Andrés Hurtado, el Capitán Descalzo, y esos jefes que no debemos olvidar, pienso en Tomasevich, Proenza, Pineo, Piti, Denis y en los agentes clandestinos que tipificamos en Alberto Delgado.
Pero a quienes nos enfrentamos es a Mongo Castillo (Osvaldo Doimeadiós) y Porfirio (Félix Beatón), al teniente que nombran El Gallo encarnado por Fernando Echevarría y esa madre tremenda, Fila, que asume Yailín Coppola. A gente de a pie, que intuyen por primera vez en su existencia que son dueños de sus destinos, guajiros de pura cepa, milicianos voluntarios, experimentados y bisoños combatientes, hermanos y novias, y en la acera opuesta, asesinos y cobardes, desclasados y confundidos, oportunistas y judas.
El espectador se ve atrapado por conflictos marcados por la violencia, en los que no hay término medio, aunque sí suficientes angustias, sentimientos encontrados y terribles decisiones, en medio de una geografía escarpada y agreste, de abruptos contrastes sociales, cacicazgos y clientelas políticas, poblada por muchas personas sujetas a cadenas de falsas lealtades y erróneas percepciones sobre lo que significaba el cambio revolucionario.
Eduardo Vázquez, el guionista de la serie, optó por contar y no teorizar, es decir, por darle protagonismo a la narración y no al discurso conclusivo. El director Alberto Luberta, en consecuencia, se inclinó por la sobriedad épica, la contención, el pulso dramático, sin dejarse ganar por los excesos. Sabía que tenía que lidiar con la huella dejada en el imaginario del espectador por una obra fílmica paradigmática, El hombre de Maisinicú, de Manolo Pérez, y, más que todo, por evitar la tentación del tono grandilocuente y el panfleto. Halló complicidad en las soluciones visuales del director de fotografía Alexander Escobar y en una banda sonora admirable por su economía expresiva.
Hay que lamentar, eso sí, su emisión una vez a la semana (con una repetición).
De sábado a sábado fue difícil reconstruir el hilo de los acontecimientos y guardar en la memoria los avatares que llevaban de uno a otro capítulo la continuidad narrativa.
Tal vez el mayor elogio a la eficacia de la serie provenga de quienes se molestaron con ella, los mismos que aplaudieron el discurso del presidente de Estados Unidos en Miami. Para uno de ellos resulta que La otra guerra «distorsiona» la historia del Escambray, puesto que aquello fue «una respuesta democrática». No es un invento mío, se puede leer en cierta prensa de ese país.

Pedro de la Hoz | pedro@granma.cu

domingo, 18 de junio de 2017

Declaración del Gobierno Revolucionario de Cuba




Declaración del Gobierno Revolucionario

El 16 de junio de 2017, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, en un discurso cargado de una retórica hostil, que rememoró los tiempos de la confrontación abierta con nuestro país, pronunciado en un teatro de Miami, anunció la política de su gobierno hacia Cuba que revierte avances alcanzados en los dos últimos años, después que el 17 de diciembre de 2014 los presidentes Raúl Castro Ruz y Barack Obama dieran a conocer la decisión de restablecer las relaciones diplomáticas e iniciar un proceso hacia la normalización de los vínculos bilaterales.
En lo que constituye un retroceso en las relaciones entre los dos países, Trump pronunció un discurso y firmó en el propio acto una directiva de política denominada “Memorando Presidencial de Seguridad Nacional sobre el Fortalecimiento de la Política de los Estados Unidos hacia Cuba” disponiendo la eliminación de los intercambios educacionales “pueblo a pueblo” a título individual y una mayor fiscalización de los viajeros estadounidenses a Cuba, así como la prohibición de las transacciones económicas, comerciales y financieras de compañías norteamericanas con empresas cubanas vinculadas con las Fuerzas Armadas Revolucionarias y los servicios de inteligencia y seguridad, todo ello con el pretendido objetivo de privarnos de ingresos. El mandatario estadounidense justificó esta política con supuestas preocupaciones sobre la situación de los derechos humanos en Cuba y la necesidad de aplicar rigurosamente las leyes del bloqueo, condicionando su levantamiento, así como cualquier mejoría en las relaciones bilaterales, a que nuestro país realice cambios inherentes a su ordenamiento constitucional.
Trump derogó asimismo la Directiva Presidencial de Política “Normalización de las relaciones entre los Estados Unidos y Cuba”, emitida por el presidente Obama el 14 de octubre de 2016, la cual aunque no ocultaba el carácter injerencista de la política estadounidense, ni el objetivo de hacer avanzar sus intereses en la consecución de cambios en el orden económico, político y social de nuestro país, había reconocido la independencia, la soberanía y la autodeterminación de Cuba y al gobierno cubano como un interlocutor legítimo e igual, así como los beneficios que reportaría a ambos países y pueblos una relación de convivencia civilizada dentro de las grandes diferencias que existen entre los dos gobiernos. También admitía que el bloqueo era una política obsoleta y que debía ser eliminado.
Nuevamente el Gobierno de los Estados Unidos recurre a métodos coercitivos del pasado, al adoptar medidas de recrudecimiento del bloqueo, en vigor desde febrero de 1962, que no solo provoca daños y privaciones al pueblo cubano y constituye un innegable obstáculo al desarrollo de nuestra economía, sino que afecta también la soberanía y los intereses de otros países, concitando el rechazo internacional.
Las medidas anunciadas imponen trabas adicionales a las muy restringidas oportunidades que el sector empresarial estadounidense tenía para comerciar e invertir en Cuba.
A su vez, restringen aún más el derecho de los ciudadanos estadounidenses de visitar nuestro país, ya limitado por la obligación de usar licencias discriminatorias, en momentos en que el Congreso de los Estados Unidos, como reflejo del sentir de amplios sectores de esa sociedad, reclama no solo que se ponga fin a la prohibición de viajar, sino también que se eliminen las restricciones al comercio con Cuba.
Los anuncios del presidente Trump contradicen el apoyo mayoritario de la opinión pública estadounidense, incluyendo el de la emigración cubana en ese país, al levantamiento total del bloqueo y a las relaciones normales entre Cuba y los Estados Unidos.
En su lugar, el Presidente estadounidense, otra vez mal asesorado, toma decisiones que favorecen los intereses políticos de una minoría extremista de origen cubano del estado de Florida, que por motivaciones mezquinas no desiste de su pretensión de castigar a Cuba y a su pueblo, por ejercer el derecho legítimo y soberano de ser libre y haber tomado las riendas de su propio destino.
Posteriormente haremos un análisis más profundo del alcance y las implicaciones de este anuncio.
El Gobierno de Cuba denuncia las nuevas medidas de endurecimiento del bloqueo, que están destinadas a fracasar como se ha demostrado repetidamente en el pasado, y que no lograrán su propósito de debilitar a la Revolución ni doblegar al pueblo cubano, cuya resistencia a las agresiones de cualquier tipo y origen ha sido probada a lo largo de casi seis décadas.
El Gobierno de Cuba rechaza la manipulación con fines políticos y el doble rasero en el tratamiento del tema de los derechos humanos. El pueblo cubano disfruta de derechos y libertades fundamentales, y exhibe logros de los que se siente orgulloso y que son una quimera para muchos países del mundo, incluyendo a los propios Estados Unidos, como el derecho a la salud, la educación, la seguridad social, el salario igual por trabajo igual, los derechos de los niños, y el derecho a la alimentación, la paz y al desarrollo. Con sus modestos recursos, Cuba ha contribuido también a la mejoría de los derechos humanos en muchos lugares del mundo, a pesar de las limitaciones que le impone su condición de país bloqueado.
Los Estados Unidos no están en condiciones de darnos lecciones. Tenemos serias preocupaciones por el respeto y las garantías de los derechos humanos en ese país, donde hay numerosos casos de asesinatos, brutalidad y abusos policiales, en particular contra la población afroamericana; se viola el derecho a la vida como resultado de las muertes por armas de fuego; se explota el trabajo infantil y existen graves manifestaciones de discriminación racial; se amenaza con imponer más restricciones a los servicios de salud, que dejarían a 23 millones de personas sin seguro médico; existe la desigualdad salarial entre hombres y mujeres; se margina a emigrantes y refugiados, en particular los procedentes de países islámicos; se pretende levantar muros que denigran a vecinos; y se abandonan los compromisos internacionales para preservar el medio ambiente y enfrentar el cambio climático.
Asimismo, son motivo de preocupación las violaciones de los derechos humanos cometidas por los Estados Unidos en otros países, como las detenciones arbitrarias de decenas de presos en el territorio ilegalmente ocupado por la Base Naval de Guantánamo en Cuba, donde incluso se ha torturado; las ejecuciones extrajudiciales y las muertes de civiles causadas por bombas y el empleo de drones; y las guerras desatadas contra diversos países como Irak, sustentadas en mentiras sobre la posesión de armas de exterminio masivo, con consecuencias nefastas para la paz, la seguridad y la estabilidad de la región del Medio Oriente.
Recordamos que Cuba es Estado Parte de 44 instrumentos internacionales sobre los derechos humanos, mientras que los Estados Unidos lo es solo de 18, por lo que tenemos mucho que mostrar, opinar, y defender.
Al confirmar la decisión de restablecer las relaciones diplomáticas, Cuba y los Estados Unidos ratificaron la intención de desarrollar vínculos respetuosos y de cooperación entre ambos pueblos y gobiernos, basados en los principios y propósitos consagrados en la Carta de las Naciones Unidas. En su Declaración, emitida el 1 de julio de 2015, el Gobierno Revolucionario de Cuba reafirmó que “estas relaciones deberán cimentarse en el respeto absoluto a nuestra independencia y soberanía; el derecho inalienable de todo Estado a elegir el sistema político, económico, social y cultural, sin injerencia de ninguna forma; y la igualdad soberana y la reciprocidad, que constituyen principios irrenunciables del Derecho Internacional”, tal como refrendó la Proclama de América Latina y el Caribe como Zona de Paz, firmada por los Jefes de Estado y Gobierno de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), en su II Cumbre, en La Habana. Cuba no ha renunciado a estos principios ni renunciará jamás.
El Gobierno de Cuba reitera su voluntad de continuar el diálogo respetuoso y la cooperación en temas de interés mutuo, así como la negociación de los asuntos bilaterales pendientes con el Gobierno de los Estados Unidos. En los dos últimos años se ha demostrado que los dos países, como ha expresado reiteradamente el Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, General de Ejército Raúl Castro Ruz, pueden cooperar y convivir civilizadamente, respetando las diferencias y promoviendo todo aquello que beneficie a ambas naciones y pueblos, pero no debe esperarse que para ello Cuba realice concesiones inherentes a su soberanía e independencia, ni acepte condicionamientos de ninguna índole.
Cualquier estrategia dirigida a cambiar el sistema político, económico y social en Cuba, ya sea la que pretenda lograrlo a través de presiones e imposiciones, o empleando métodos más sutiles, estará condenada al fracaso.
Los cambios que sean necesarios en Cuba, como los realizados desde 1959 y los que estamos acometiendo ahora como parte del proceso de actualización de nuestro modelo económico y social, los seguirá decidiendo soberanamente el pueblo cubano.
Como hemos hecho desde el triunfo del 1ro. de enero de 1959, asumiremos cualquier riesgo y continuaremos firmes y seguros en la construcción de una nación soberana, independiente, socialista, democrática, próspera y sostenible.

La Habana, 16 de junio de 2017.