martes, 25 de abril de 2017

Sistema social de Cuba protege frente a trata de personas, dijo Relatora ONU: ¿dónde lo han leído?




La experta independiente del Consejo de Derechos Humanos de la ONU pulverizaba las acusaciones del Gobierno de EEUU que, en su informe de 2015, seguía asegurando que Cuba no cumple completamente “con los estándares mínimos para la eliminación del tráfico de personas”. La prensa internacional lo ha silenciado.
Edición: Esther Jávega.

lunes, 24 de abril de 2017

Girón: Roa y la batalla en la ONU




El canciller cubano Raúl Roa y el embajador norteamericano Stevenson en el debate en la ONU Abril de 1961

El destacado combatiente e historiador revolucionario Quintín Pino Machado, en su libro “La Batalla de Girón, razones de una victoria”, destaca en su primer capítulo la ardua lucha librada en el campo diplomático y el destacado papel que desempeñó el Canciller de la Dignidad en sus contundentes denuncias ante la ONU. En ocasión del aniversario 56 de la Victoria de Girón y el 110 del nacimiento de Raúl Roa García reproducimos fragmentos de ese texto

Cuando la noticia del sorpresivo bombardeo sufrido por Cuba fue esparcida por el mundo, en las primeras horas del día 15 de abril, los miembros del Comité Justo Trato para Cuba de Nueva York, grupo creado por norteamericanos que estaban en desacuerdo con las agresiones a Cuba, comenzaron a congregarse frente al edificio de las Naciones Unidas, en Primera Ave. y 47, e iniciaron un desfile que duró todo el día. Una consigna se repetía en sus voces y en las pancartas improvisadas: “Cuba sí, yankis no”; otros lemas llamaban a detener la agresión.
Alrededor de las diez de la mañana pasaba cerca de ellos —de hecho algunos lo reconocieron— el delgado Ministro de Relaciones Exteriores de Cuba. Después de abandonar su automóvil oficial entró, con su paso presuroso de siempre, en el Magno Fórum Internacional, construido en el terreno donado por Rockefeller cuando planificaba iniciar la transformación urbanística del East-Side de Nueva York, hasta ese entonces un cascarón de edificios malolientes, agobiados en su vejez por las proximidades de pantanos y mosquitos.
Esta era la primera salida de su casa en varios días, después de una ligera indisposición que lo había obligado a solicitar el aplazamiento del debate sobre la Reclamación del Gobierno Revolucionario de Cuba por los actos intervencionistas del Gobierno de Estados Unidos.
Las instrucciones que llevaba eran claras y precisas: tenía que informar en la plenaria de la Asamblea General —Decimoquinto periodo de Sesiones— del ataque aéreo que apenas unas horas antes había sufrido su patria en tres puntos distintos, y acusar ante el mundo a Estados Unidos como el estado agresor.
Un obstáculo procesal y formal se le interponía. Ese día había un solo punto en el orden del día: la situación de la República del Congo.
La radio y los cables de las agencias internacionales transmitían la noticia del bombardeo y las declaraciones del presunto desertor de las Fuerzas Aéreas Revolucionarias, que había aterrizado en Miami.
Cuando la representación norteamericana se enteró de la presencia del doctor Raúl Roa, hubo una ligera sorpresa. ¿A qué se debía la presencia de un hombre al que se consideraba enfermo y que se sabía era un polemista agresivo y brillante? La confusión fue disipada de inmediato: no podría referirse al bombardeo, pues la organización de la reunión se lo prohibía, y alguien señaló que como se discutiría la situación del Congo —hacía solo unas semanas del asesinato de Patricio Lumumba— él buscaría la fórmula de atacar a Estados Unidos, y probablemente, hacer una alusión a su país.
Cuando a las 10:30 horas se inició la Sesión y su presidente —el irlandés Frederick H. Boland— anunció, antes que todo, que daba la palabra al representante de Cuba para una cuestión de orden, la representación de Estados Unidos no pudo evitar una aprensiva corazonada, mientras avanzaba hacia la tribuna el Ministro de Relaciones Exteriores cubano.
Roa sabía que solo como una cuestión de orden podía solicitar la palabra y así lo hizo.
Después de aclarar brevemente que no era una cuestión formal, sino vital, lo que señalaría ante ese órgano “encargado de conocer todas las cuestiones que afectan la paz y la seguridad internacional”, denunció los bombardeos a las ciudades de La Habana, San Antonio de los Baños y Santiago de Cuba, por aviones de fabricación norteamericana y procedentes de Estados Unidos o de países centroamericanos satélites del mismo. Y cuando con voz vibrante añadía: “La delegación de Cuba acusa…”, el Presidente de la Asamblea golpeó la mesa y exclamó: “¡Orden!”, y a continuación advirtió al Ministro cubano que el punto que tocaba era de fondo y no de orden y, por tanto, no podía hacerlo de esa forma, aunque reconocía la importancia del mismo.
El doctor Raúl Roa, con voz tranquila, le dio las gracias “por su observación y ruego”, pero le señaló que no le era posible retirarse de ese alto foro sin acusar, de manera formal y solemne, al gobierno imperialista de Estados Unidos de esos hechos “que ponían en gravísimo riesgo la paz y seguridad internacionales”.
El Presidente volvió a interrumpirlo y lo exhortó a regresar a su escaño.
El Ministro de Relaciones Exteriores de Cuba abandonó la tribuna después de expresar, de forma audible para todos: “Ya lo he dicho y me retiro”.
La delegación norteamericana se movía inquieta en sus asientos. Hablaron en voz baja entre sí. La situación se les iba de las manos; se planteaba cuarenta y ocho horas antes de lo esperado, pues estaba previsto que el debate sobre la reclamación de Cuba se realizara el lunes 17.
Cuando Roa volvió a su escaño, el señor Valerian Zorín, representante de la Unión Soviética, pidió y obtuvo la palabra por una cuestión de orden.
Planteó que llamaba la atención a la Asamblea sobre lo comunicado a la misma por el doctor Roa y que era necesario entrar a discutir de inmediato el tema de la agresión contra Cuba.
El señor Frederick H. Boland señaló que en la Primera Comisión —Política y Seguridad— había un punto relacionado con lo informado por el Ministro cubano, dado lo cual consideraba que no debía entrar a examinarse ese punto, y esperar a la reunión de la Comisión que sería el lunes próximo.
El representante de la Unión Soviética retomó la palabra para aceptar las dificultades procesales que señalaba el Presidente. Luego propuso una reunión urgente de la Primera Comisión en la tarde de ese día para debatir el problema, rogándole al Presidente hacer los trámites correspondientes.
El señor Boland aclaró que para ello era necesario consultar el parecer del Presidente de la Primera Comisión y, después, someterlo a votación, pues era imprescindible tener las dos terceras partes de los presentes a favor de la propuesta para que fuese aprobada.
El Presidente de la Primera Comisión —Jiri Kurka, de Checoslovaquia— dio rápidamente su aprobación y la representación norteamericana, perpleja ante el desarrollo de los acontecimientos, no pudo evitar que más de las dos terceras partes de la Asamblea votaran por la proposición soviética. La reunión tendría lugar a las 3:00 p.m. de ese mismo día.
El señor Stevenson no perdió su ecuanimidad; ordenó a su secretaria que le cancelara algunos asuntos personales relacionados con el inicio de su weekend, y dio instrucciones a sus ayudantes principales referentes al discurso que debía pronunciar por la tarde, para replicar a Roa.
La representación de Cuba en la ONU había cumplido la misión encomendada. La dirección de la Revolución estaba satisfecha. La segunda contraofensiva contra el ataque norteamericano ya se había puesto en marcha. La primera, por supuesto, había quedado en manos de los artilleros antiaéreos cubanos.
Cerca de las 14:00 h, Roa estaba de vuelta en el edificio de la ONU. Estaba inquieto.
A las 3:00 p.m. comenzó la reunión extraordinaria de la Primera Comisión y su presidente, el señor Jiri Kurka, dio la palabra al primer orador inscrito en la lista, que era el doctor Raúl Roa.
Este, en un discurso breve y conciso, señaló en primer lugar los artículos de la Carta de las Naciones Unidas que Estados Unidos había violado al ordenar los bombardeos contra Cuba. Más adelante dijo:
“Este es, sin duda, el prólogo de la invasión en gran escala, urdida, organizada, avituallada, armada y financiada por el gobierno de Estados Unidos de Norteamérica, con la complicidad de las dictaduras satélites del hemisferio occidental y el concurso de cubanos traidores y mercenarios de toda laya, entrenados en territorio norteamericano y en Guatemala por técnicos del Pentágono y de la Agencia Central de Inteligencia.
“El Gobierno Revolucionario de Cuba acusa solemnemente al gobierno de Estados Unidos de Norteamérica, ante la Comisión Política y de Seguridad y la opinión pública mundial, de haber recurrido al uso de la fuerza para dirimir sus diferencias con un Estado Miembro de la Organización.
“Llamo la atención de los representantes sobre los cínicos esfuerzos de la propaganda oficial norteamericana para presentar una versión distorsionada de los sucesos…”
Terminó su alegato, diciendo:
“Además, está el hecho de que los pilotos criminales se han venido a refugiar en el Estado de la Florida. Queremos advertir a los representantes que los mercenarios alquilados por el gobierno de los Estados Unidos han anunciado que esta noche a las 10 volverán a bombardear las ciudades cubanas.
“Sin perjuicio de ejercitar el derecho inmanente de la legítima defensa, el Gobierno Revolucionario de Cuba se reserva el uso oportuno de las atribuciones y facultades que le otorgan la Carta de las Naciones Unidas.”
Cuando Roa volvió a su escaño y se dispuso a fumar un cigarrillo —con ese gesto tan característico que detuvo en el tiempo e inmortalizó el caricaturista cubano Juan David—, el señor Adlai Stevenson se dirigía a la tribuna con gestos pausados y ademanes de Harvard, para replicar al representante cubano.
Inició su discurso con el estilo irónico e impecable que lo caracterizó en sus dos arduas y frustradas campañas en pos de la Primera Magistratura de su país.
“Mucho me satisface que el doctor Roa se haya recuperado súbitamente de su enfermedad. Esta es la primera oportunidad que tengo de escuchar al doctor Roa sobre los pecados de los Estados Unidos y las virtudes de la Cuba de Fidel Castro, y debo decir que es una experiencia notable.”
Más adelante se lanzó a fondo:
“En primer término, como dijo el Presidente de los Estados Unidos hace algunos días, en ninguna condición habrá intervención alguna de parte de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos.
“En segundo término, los Estados Unidos harán todo lo que les sea posible para asegurar que ningún americano participe en ninguna acción contra Cuba.
“En tercer término, con respecto a los acontecimientos que se alega ocurrieron esta mañana, los Estados Unidos los considerarán de acuerdo con las prácticas corrientes en las solicitudes de asilo político.
“Yo tengo aquí una fotografía de uno de esos aviones. En la cola tiene las marcas de la Fuerza Aérea de Castro, y ustedes podrán verlos por sí mismos. La estrella cubana y las iniciales F.A.R. (Fuerza Aérea Revolucionaria) están claramente visibles. Tendré mucha satisfacción en exhibir estas fotos a los miembros de la Comisión después de estas manifestaciones.
“Como es bien sabido, los Estados Unidos hace tiempo que tienen bajo vigilancia los aeropuertos de la parte sudeste del país, con el fin de evitar estos alegados despegues hacia Cuba. Continuaremos manteniendo estos aeropuertos bajo permanente vigilancia.”
En ese momento consideró oportuno leer las declaraciones del piloto que había aterrizado en Miami y que recién había transmitido el cable de la AP:
“Yo soy uno de los 12 pilotos de B-26 que permanecieron en la Fuerza Aérea de Castro después de la defección de Díaz Lanz, y de las purgas que siguieron. Tres de mis compañeros pilotos, y yo veníamos planeando desde hace tiempo cómo escapar de la Cuba de Castro. Antes de ayer yo escuché que uno de los tres, el teniente Álvaro Galo que es piloto del B-26 No. F.A.R. 915 había sido visto conversando con un agente de Ramiro Valdés, el jefe del G-2. Yo alerté a los otros dos y decidimos que probablemente Álvaro Galo, que siempre había actuado algo así como un cobarde, nos había traicionado. Decidimos tomar acción inmediatamente. Ayer de mañana yo estaba asignado a una patrulla de rutina desde mi base en San Antonio de los Baños sobre una sección de Pinar del Río y alrededor de Isla de Pinos. Se lo dije a mis amigos de Ciudad Libertad, y ellos estuvieron de acuerdo en que debíamos actuar. Uno de ellos iba a volar a Santiago. El otro presentó la excusa de que deseaba verificar su altímetro y ellos despegaron de Ciudad Libertad a las seis de la mañana. Yo despegué a las seis y cinco. Debido a la traición de Álvaro Galo, decidimos darle una lección, y entonces volé a San Antonio donde su avión estaba estacionado e hice dos descargas de metralla a su avión así como a otros tres estacionados en las cercanías. A la salida fui tocado por algunas pequeñas descargas y traté de irme. Mis compañeros habían partido más temprano para atacar los aeropuertos que habíamos acordado atacar. Como me quedaba poco combustible tuve que ir a Miami, ya que no podía llegar al destino convenido. Es posible que hayan ido a ametrallar otro aeropuerto antes de irse, tal como Playa Baracoa, donde Fidel guarda su helicóptero.
“Desearía —continuó Stevenson— que los miembros de esta Comisión tomen nota de que se han dado los pasos necesarios para embargar los aviones cubanos que aterrizaron en la Florida, y que no se les permitirá despegar para volver a Cuba.
“Deseo hacer una observación, a título de conclusión, de carácter general y antes de entrar en una discusión más extensa sobre este asunto el lunes. Como dijo el presidente Kennedy hace unos días, la cuestión fundamental no es entre los Estados Unidos y Cuba, sino entre los cubanos mismos…”
Y calificó de tiránico “el gobierno del Sr. Castro” antes de finalizar su réplica.
Después, tomó la palabra el representante de Guatemala para declarar de forma categórica que era falso que su país se hubiese prestado para entrenar fuerzas dispuestas a atacar al Gobierno cubano, y dejaba constancia “de la más enérgica protesta”.
Raúl Roa retornó a la tribuna expresando que por ser una persona bien educada “debo agradecer al representante de Estados Unidos su complacencia, por la ‘súbita’ recuperación de mi salud”. Añadió que era también la primera vez que oía a Stevenson en la ONU; que había leído con anterioridad sus libros y que ahora le constaba que existían dos Stevenson: antes y después de ser parte del gobierno del presidente Kennedy.
Señaló que cualquiera podía pintar un avión con los colores de Cuba, y que eso era un truco habitual en la piratería internacional; y recordó que con anterioridad, en la Asamblea General, había declarado que en el aeropuerto de Retalhuleu, en Guatemala, existían numerosos aviones B-26 que exhibían el emblema de los aviones de la Fuerza Área de Cuba.
Más adelante afirmó enfáticamente que la declaración del presidente Kennedy asegurando que las Fuerzas Armadas de Estados no intervendrían en los asuntos internos de Cuba, no ofrecía garantía de ninguna clase. “Esas declaraciones las formulan usualmente los altos dirigentes de las potencias imperialistas y colonialistas”.
Terminó diciendo:
“El Sr. Stevenson se ha permitido de calificar de ‘tiránico’ al Gobierno de Cuba, a sabiendas que falsea los hechos. Permítaseme que yo, ajustándome a los hechos, califique al gobierno de Estados Unidos de régimen totalitario, angelicalmente disfrazado de ‘democracia representativa’.”
Luego intervinieron otros representantes, la mayoría en solidaridad con Cuba.
Este ataque a fondo en el frente diplomático —por lo a tiempo y seguro del mismo— desempeñó un importante papel en la psicología de la Dirección norteamericana. Basta leer los diversos escritos de norteamericanos al respecto, en los que se trasluce la indignación de Kennedy por la propaganda negativa —para el proyecto—que se desató en la prensa internacional el domingo 16 de abril. Cuentan que los oficiales de la CIA que dirigían la operación llegaron a temer su suspensión, y que respiraron con alivio cuando los barcos que transportaban a los invasores traspasaron la hora cero, a partir de la cual ya no era posible retroceder.
Además, los vacilantes de siempre en el orden internacional, comprendieron, sin ningún género de dudas, que el Gobierno revolucionario de Cuba estaba dispuesto a combatir en cualquier terreno hasta el final. Y que las consecuencias, por empecinamiento de Washington o dejadez de otros, no serían nunca responsabilidad de Cuba, que estaba demostrando que sabía defender su soberanía con la razón y con las armas.
El 17 de abril comenzó en Washington con las declaraciones del Departamento de Estado, del Pentágono y de la Casa Blanca. El primero en hablar fue un vocero del Departamento de Estado. “El Departamento de Estado no tiene noticias de invasión alguna”. El Pentágano dijo que no sabía nada y la Casa Blanca, por boca de su Secretario de Prensa, afirmó: “Todo lo que sabemos sobre Cuba es lo que leemos en los partes de las agencias de noticias”.
Así las cosas, a las 10:30 h —casi a la misma hora en que las Milicias Revolucionarias, con la toma de Pálpite, garantizaban una entrada a la playa— se dio inicio a la Sesión prevista de la Comisión Política y de Seguridad para el 17 de abril.
Había tres puntos en la agenda, pero Roa pidió inmediatamente la palabra por una cuestión de orden y solicitó que como primer punto se discutiera el presentado por Cuba debido a la urgencia que provocaban los hechos.
No hubo objeción por parte de los integrantes de la Comisión y le fue concedida la palabra.
Comenzó haciendo un recuento de las veces que Cuba había acudido a los Organismos Internacionales con idénticos propósitos.
Enfatizó que Cuba no obtuvo garantía ni justicia de los Organismos Internacionales en su batalla contra el Gobierno de Washington.
Después, hizo un largo y laborioso resumen de las actividades norteamericanas contra Cuba, señalando de forma concreta y con abundancia de pruebas, cada una de sus acusaciones.
Apuntó que el advenimiento de la Administración demócrata había alentado ciertas esperanzas en el Gobierno Revolucionario cubano de que cambiarían los rumbos de la política externa norteamericana con respecto a Cuba. Recordó que el mismo día en que Kennedy tomó posesión de su cargo, el Primer Ministro Fidel Castro en un discurso había dicho: “Hoy ha hablado el nuevo Presidente. Su discurso tuvo algunos aspectos positivos. Nosotros, los cubanos, no queremos prejuzgar, ni queremos juzgar… sabremos esperar con calma. A nosotros no nos invadió nunca el odio, a nosotros no nos invadió nunca la histeria, ni cuando sobre nosotros se cernía el tremendo peligro que implicaba el golpe de un enemigo poderoso. ¿Qué decir ante la perspectiva de hallar paz para nuestro país y para el mundo? Bienvenida sea esa oportunidad y bienvenida sea esa paz. Nosotros sabemos lo que tiene por delante el nuevo Presidente de los Estados Unidos. Si emprende un sendero honesto en bien del mundo y su propio país, le deseamos éxito. Mientras, esperaremos por los hechos que son más elocuentes que sus palabras”.
Pero, aclaró el Ministro cubano, la esperanza se evaporó: “La política de fuerza de la administración republicana fue sobrepujada por la administración demócrata”. Refiriéndose al Libro blanco, publicado como documento oficial por el Departamento de Estado y escrito por Arthur Schelinger Jr., dijo que en él se formalizaba la guerra política, económica, diplomática y militar de Estados Unidos contra Cuba.
Y como respuesta clara a la referencia del Libro blanco, del Departamento de Estado, de que la Revolución, después de derrocar a Batista, había planteado nuevas metas, recordó que la revolución norteamericana no se había detenido cuando consiguió la derogación del impuesto del té, el papel timbrado y la melaza. Si los norteamericanos se hubieran contraído a esos únicos puntos y no hubieran continuado la lucha para liberar las fuerzas sociales y económicas, reprimidas por el monopolio británico, entonces será correcto calificarlos de traidores a la revolución. Refresca algunos detalles: “que la tercera parte de la población de las trece colonias permaneció fiel a Su Majestad Jorge III; que se expatriaron 100 000 habitantes confiscándoles sus bienes y prohibiéndoles el regreso, exceptuando los que fueron ahorcados. Las primeras elecciones generales tuvieron lugar trece años más tarde y con un solo candidato a Presidente. Y no tuvieron derecho al voto las mujeres ni mucho menos los esclavos que ascendían a 1 000 000 en una población que no llegaba a los 4 000 000. (…) La revolución no es un acto —explicó el antiguo Profesor de la Universidad de la Habana al antiguo Profesor de la Universidad de Harvard— sino un proceso”.
Recordó que el presidente Kennedy durante su campaña electoral había enarbolado la siguiente consigna: “Hagamos con Cuba lo que hicimos en Guatemala, pero diciéndolo”.
En un momento apuntó que el presidente Kennedy había dicho que evitaría la presencia del norteamericano en cualquier acción contra Cuba, pero que no había negado que ayudaría, como es notorio que lo había estado haciendo. “Y tampoco negó que ayudaría a las invasiones indirectas o desde territoríos extranjeros”.
Expone que los planes de la CIA se han filtrado, y se sabe que en las campos de Guatemala se construyó una pista de 4 500 pies donde han concentrado paracaidistas, aviones de transporte y bombarderos B-26.
Expresa que informaciones parecidas a estas las dio el New York Times de los días 8 y 14 de abril. Y señala otros ejemplos concretos publicados en la prensa norteamericana.
Los sólidos argumentos de Cuba golpeaban, como obuses de 122 mm, en los oídos atónitos de los miembros de la Comisión: ¡Nunca antes se había presentado una acusación tan sustentada contra Estados Unidos en la ONU!
Raúl Roa terminó diciendo: “Un clamor unánime estremece hoy a toda Cuba, resuena en nuestra América y repercute en Asia, África y Europa. Mi pequeña y heroica Patria está reeditando la clásica pugna entre David y Goliat. Soldado de esa noble causa en el frente de batalla de las relaciones internacionales, permitidme que yo difunda ese clamor en el severo areópago de las Naciones Unidas: ¡Patria o Muerte! ¡Venceremos!”

Quintín Pino Machado

Un nombre imprescindible en la batalla cultural de la nación: Armando Hart Dávalos




Con qué satisfacción hemos sido testigos de un acto de justicia intelectual y de elevada cultura. En tiempos donde el pensamiento lucha por no fenecer y vencer la terrible crisis que intenta destruir el más completo de los ejercicios humanos: el del pensar -y así rasgar el tejido espiritual de los seres humanos hasta abrirlo despiadadamente- se nos presenta una oportunidad única de seguir creciendo, de continuar naciendo en lo autóctono y universal de quien es grande por esencia, de perpetuar su obra (profundamente ética y descolonizadora). Descubrir los entramados de un pensamiento integrador y radical, o de una vida movida por el amor que hace y nutre de fe y fuerza natural a un revolucionario; no es tarea fácil; sí deber generacional de quienes apuestan por el socialismo en Cuba y promueven, desde el debate y la reflexión permanentes, la defensa de la patria. Es esta una batalla cultural y un nombre imprescindible se inscribe todos los días en ella: Armando Hart Dávalos.
A Hart se ha dedicado uno de los sucesos culturales más importantes en Cuba con frecuencia anual: la Feria Internacional del Libro. Para quien ha sido artífice de la obra educacional cubana, de la construcción social de utopías en Cuba, de convertir en realidades, al decir del maestro pensante Fernando Martínez Heredia, imposibles que mueven a los revolucionarios y devienen necesidad para fundar; este acto de justicia intelectual y elevada cultura; supone, desde su sencillez y humildad, un compromiso mayor con su patria: continuar abriendo las puertas de la cultura en toda obra humana, propagar el pensamiento y trabajar con él para el bien de los demás, para hacer valer la elección martiana, de la que ha sido fiel continuador, de echar su suerte con los pobres de la Tierra. Donde no está la cultura, ha dicho Hart, está el camino a la barbarie; y esencialmente, desde esa defensa reflexiva y radical; que su nombre, y más aún, su obra (perfecta conjunción entre el decir y el hacer sin manchas); estén en la portada, prólogo, cuerpo, epílogo y contraportada de la feria del libro, es un antídoto salvador en medio de tanta inmundicia intelectual.
Hay que salvar la cultura, y hemos de asirnos a lo mejor del pensamiento crítico, descolonizador y revolucionario que ha formado la humanidad. Es imprescindible cultivarnos, no como meros asimiladores acríticos de la obra antecedida, sino como partícipes activos en el proceso de diálogo con la propia cultura, en la construcción de saberes e interpretación de la realidad. Un exponente principal de ese permanente diálogo es Armando Hart; pensador de su tiempo, profuso conocedor de la tradición de la que somos hijos – ética, filosófica y cultural, de resistencia patriótica y alternativa emancipadora. Como bien conoce su tiempo, está a su nivel, y trasmite con la fuerza de sus años importantes lecciones, las del maestro paradigma, sabio penetrante en la razón y los sentimientos de sus discípulos.
Es Hart un legítimo hijo de Ariel; personaje shakesperiano de la obra La tempestad, figurado de manera magistral por el uruguayo José Enrique Rodó, en su representación del “nuevo humano”, del hombre que se conoce a sí mismo, que busca en su interior las motivaciones de su vida, su lucha, que crece y crea, que es de firme orientación moral, que es joven de espíritu, pensamiento y acción; no es más que un pretexto para dialogar con los jóvenes, para llegar a sus vidas y construir juntos la sociedad nueva que queremos, más socialista, justa y humana. Forma parte Hart de una línea de pensamiento y acción, que transversaliza la moral, y salva el pensamiento de profunda raíz antimperialista y de resistencia cultural que tiene en la historia de lucha de nuestra América, osamenta medular.
En prólogo a un texto fundamental de Hart, una especie de manifiesto martiano y comunista: “Marx, Engels y la condición humana. Una visión desde Cuba”; el intelectual Néstor Kohan escribió, sobre la base de criterios – que compartimos – desde una visión nuestroamericana y con clara comprensión de la altura ética, política e intelectual de Hart; y de los anhelos históricos de la juventud, que son también los de hoy, de alcanzar un mundo mejor, que es posible y necesario para frenar el avasallante orden capitalista: “Es el libro de un joven por la frescura y la amplitud de sus ideas, por la pasión y el entusiasmo con que aborda los problemas, por la ausencia de reverencias que pone en práctica frente a “las autoridades” otrora tradicionales de la teoría y frente a los dogmas cristalizados que obstaculizaron el sueño revolucionario de las generaciones precedentes”.
Por eso es legítimo hijo de Ariel, porque incomoda los cánones trillados y los lugares comunes que tanto han retrasado al pensamiento de la rebelión, a la teoría de la revolución, a la práctica política de la transformación radical y al proyecto socialista en América Latina y en el mundo. Por eso pertenece a esa pléyade de pensadores transgresores del dogmatismo y la contemplación vacía e infértil, a esa corriente que siempre se ha opuesto al imperialismo, como nos recuerda Kohan: “…no solo en el terreno económico –denunciando la explotación del hombre por el hombre y el saqueo de nuestro continente- sino también en el ámbito de la cultura –criticando la enajenación que subordina los valores éticos y espirituales al mercado”. El nombre de Hart, su pensamiento vital, da continuidad al de Mella, Villena, Ponce, Mariátegui, Roa, Vasconcelos, Sandino, el Che y Fidel; y se eleva firme a lo más alto de la condición humana. Su visión tiene su iris en Cuba, en la cultura de hacer política aprendida de José Martí y Fidel Castro, en lo mejor de la tradición bolivariana y en las tesis humanísticas que lo formaron y consagraron como el gran pensador y teórico de la revolución que es.
Marxista original, su lucha tiene cuatro dimensiones porque su batalla es jurídica. Logra una sinergia armoniosa entre la teoría y la práctica revolucionarias; la cuestión moral es el origen, la revolución social, y el papel de la cultura es destino creador de una cosmovisión filosófica capaz de plantearse los mayores problemas y encontrar las soluciones más sencillas; porque va a la raíz, porque vuelve, en constante renovación crítica, al proyecto original; porque tiene cultura de hacer política. Es este un concepto del que no sólo ha hablado y teorizado, sino que ha practicado y movido por resortes extraordinarios. Hay en Hart una suerte de misterio que estimula el ejercicio del pensar, pero desde un espíritu muy joven, con una mente abierta vital en tiempos donde las mentes son colonizadas y sometidas a imperios carceleros de la creatividad, originalidad, autenticidad; prisiones de la razón y el sentido común en la transformación revolucionaria. El misterio que en sí misma es Cuba, con sus matices diversos y complejidades propias de su historia y la realidad que la acompaña; que la hace resistir como piedra en el zapato capitalista, que sirve de luz orientadora o llama eterna de la martiana revolución, a nuestros pueblos de América.
El misterio de Hart, a mi modesto juicio, radica en que desde muy temprano supo descifrar el misterio Cuba, apropiarse de esa rica tradición humanista y ética del pensamiento cubano; asimilar críticamente, como elección que aprende de Martí, la cultura universal; sin olvidar, porque lo defiende y preserva, que el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas. Su honda es la de David; no teme al pensamiento, no milita en el bando de los cansados, sietemesinos, adolescentes de valor; es un hombre a imitar, hay que conocerlo profundamente y, sobre todo, leerlo. A Hart se accede muy fácil, es de esos hombres que, aún tengan una condición social, como la ha tenido en todos estos años de construcción socialista, de gobernante; y con orgullo patrio y honor lo digo, porque además lo distingue la dignidad del gobernante, la ética y el decoro con que debe siempre actuar; no es Hart una quimera para los gobernados, no es inalcanzable, es un amigo. Muchas veces se ha visto esa distancia entre gobernantes y gobernados, la historia universal nos lo muestra. Pero en Hart, que es destacar lo más noble y puro de la Revolución, con el ejemplo de Fidel, no se ve.
Permítanme entonces traer a este homenaje las palabras de un padre martiano: Cintio Vitier, sobre este legítimo hijo de la patria; precisamente hablándonos de esa distancia aludida: “En Armando Hart esa distancia no sólo se atenúa al máximo, sino que, por obra y gracia de su humanidad misma, cambia de signo, se convierte nada más, y nada menos, que en una diferencia de función dentro del ámbito social. Y todo lo que dentro de este ámbito se contenta y nos contenta con llenar una función necesaria, no importa cuán insigne o humilde sea, pertenece a la más noble categoría que puede definir al ser humano: su vocación de servicio. He aquí la palabra clave que nos dibuja la presencia espiritual de Armando Hart, y cuando decimos espiritual no queremos decir, en este caso, inmaterial, pues muy pocos hombres hemos conocido tan atravesados físicamente por su propio rayo de luz interior, luz que incesante y ansiosamente se proyecta hacia lo que pudiéramos llamar el horizonte de los problemas. De ese horizonte le viene a Hart su mayor inspiración intelectual y política, su más lúcido entusiasmo, y es así como se manifiesta en él la fusión de gobierno y servicio, de poder y servicio…”. Hart sirve a los demás, esa es su vocación, de ahí su condición de hombre bueno, con la sensibilidad necesaria para sanar heridas y la autoridad indiscutible para pedir, en nombre de la patria, cualquier sacrificio. Pocos hombres en la historia han crecido tanto. La idea del bien se manifiesta en Hart de forma práctica y constante; es un defensor de la humanidad.

Yusuam Palacios Ortega

(Palabras de homenaje a Hart en la Feria del libro, en el panel que le dedicaron los jóvenes)

¿Cosmopolitismo o huellas de colonización?




La cultura cubana —llamada, como parte que es de la especie, a ser humanoascendente— tiene más de una raíz: de entrada, es hispano y afrodescendiente a la vez, y en distintos grados también la han enriquecido aportaciones como las llegadas de China y, en lo más cercano, de otros pueblos del Caribe. En tal fusión se fraguó lo que Fernando Ortiz, quien empezó su carrera hablando de lo afrocubano asociado a lo hampesco o marginal, terminó definiendo centralmente como fusión cubana de blancos y de negros. Aunque más presente —incluso en lo material: en la genética— de lo que suele reconocerse, el elemento aborigen no dejó aquí una huella tan relevante como la que ha conservado en otros pueblos de nuestra América. Pero ignorar su presencia les haría un favor a las fuerzas que en gran medida asolaron a los habitantes originarios de las Antillas.
Todo ello es válido para la sociedad cubana en el plano colectivo y, de distintos modos y con diversas gradaciones, en el individual. Desde la formación que la puso en camino de ser la Cuba que es, y por su posición geográfica, esta tierra se relacionó intensamente con el resto del mundo. Tal realidad la ha marcado de diversas formas, y ha sido y es natural el cultivo en ella de expresiones artísticas de otras comarcas, por lejanas que sean o parezcan. En especial afines le resultan el conjunto de nuestra América, su familia natural, y particularmente España y África, fuentes básicas de su forja como nación.
En general, y sobre todo con respecto al cultivo de las expresiones de esas dos áreas, lo más sensato sería lograr el mayor equilibrio posible en la atención a unas y a otras, superando las parcialidades que históricamente se hayan dado en el afán de revertir o imponer privilegios o silenciamientos. Hoy no se deben pasar por alto las desproporciones que pueda imponer el mercado, apreciables hasta en el uso de un idioma dominante, el inglés.
La maquinaria cultural del imperio que procura mantener su hegemonía planetaria inunda los medios de comunicación en el mundo, incluso en un país asediado, agredido y bloqueado por la potencia imperial. Eso no ha impedido que los símbolos de esa nación, empezando por su bandera —que merecería ser rescatada por un pueblo que a veces ya ni la reconoce como suya, de tan manipulado y burlado que ha sido—, se esparcen de una manera que acusa, cuando menos, insuficiente prevención por parte del territorio inundado.
Ejemplos de semejante inundación abundan. El autor de este artículo ha resumido en otros textos algunas muestras representativas de tal realidad, frente a la cual artistas, promotores culturales y guías de política cultural —de política— tienen una alta responsabilidad que cumplir. Los convocan su relación profesional y es presumible que también afectiva con lo simbólico, con los valores históricos y éticos, y su posibilidad de trasmitir o abonar los mejores de estos en el seno de la sociedad. Se trata de un terreno donde las prohibiciones suelen ser contraproducentes o no resultar lo más aconsejable. Pero la resignación, la inercia, un acrítico dejar hacer —en lo cual acaso influyan temores y prejuicios nutridos por las consecuencias de haber aplicado en otros momentos interdicciones desmedidas— pueden de igual modo conducir a despropósitos y males mayores.
En un espacio de la Televisión Cubana se puede premiar un programa de una emisora radial también cubana denominado Cuba Tonight , que parece llamado a propiciar más anchos cauces a búsquedas institucionales de animación que en la capital del país llevaron a lanzar un itinerario recreativo bautizado como Havana Tonight . Se diría que fue concebido para atraer turistas, en medio de una confusión globalizadora que ha hecho suponer que el mundo entero habla la lingua franca imperial, o que resulta poco menos que forzoso hablarla.
A pesar de la expansión del inglés —no debida precisamente a grandezas como las de William Shakespeare y Walt Whitman, sino al poderío del mercado, el dólar, la tecnología y la OTAN, y a su distintivo pragmatismo intrínseco—, no es ni remotamente cierto que todo el mundo domine ese idioma, ni se debe propiciar que esa lengua someta al mundo. Y, en cualquier caso, ¿no deben los turistas que lleguen a Cuba tener ocasión de percatarse de que se encuentran en ella, no en un apéndice de “cubanidad” como el que pudieran hallar en la calle 8 de una ciudad cuyo nombre, si del español se trata, se pronuncia Miami , no Mayami ? A bordo de un ómnibus para turistas, ¿se debe desterrar la música cubana, en el entendido —sin la menor demostración— de que les interesa no digamos ya la música de otros países, sino la peor de las que circulan en sitios comerciales del mundo, cuando si en algo es Cuba una potencia es en la riqueza de su música?
Todavía al menos, la radiodifusión —televisoras incluidas— y los ómnibus del sector turístico son medios de propiedad social y administrados estatalmente, no bienes poseídos y controlados por particulares, déseles el nombre que se les dé, entre ellos el eufemismo de cuentapropistas . ¿Deben por alguna razón las instituciones culturales del país renunciar a los deberes que están llamadas a cumplir incluso en el sector no estatal? Para fomentar el conocimiento internacional de la música cubana, ¿es indispensable crear una institución llamada Bis Music? Para organizar un festival de música —internacional, sí, pero en Cuba— ¿es necesario llamarlo Havana World Music?
Mientras el país demora en darse su propia ley lingüística —otras naciones, como Francia, tienen la suya, y con ella defienden su idioma, aunque la Coca Cola insulte con un anuncio insolente el Molino Rojo, uno de los emblemas de París, y su gobierno se pliegue al imperio—, pueden seguir haciéndose algunas reflexiones. Tal vez aquellos nombres citados en el párrafo anterior apunten a una conjunción de entuertos: de un lado, la ya señalada tendencia a suponer que el inglés es la lengua del mundo; de otro, considerar que los hispanohablantes están obligados a entender qué significa music , mientras a los anglohablantes se les debe rendir pleitesía hasta el punto de evitarles invertir tiempo y neuronas en inferir el significado de música .
No cabe confiar acríticamente en que tal fenómeno solo opera entre lenguas diferentes. Una leve observación sugiere que en el propio uso del español remite a herencias del colonialismo: quienes vienen de España a Cuba hacen valer su aparcar y su coche , porque entienden que la población cubana debe saber qué significan esas palabras, o arreglárselas para saberlo. No se les ha de repudiar por ello. La mala señal estriba en las personas de Cuba que, no más llegar a España, renuncian a su parquear y a su carro , que —como aparcar y coche — son también extranjerismos adoptados y adaptados en español.
Cuba tiene sus raíces, sus caminos y su alma cultural, que no la desgajan del mundo, pero le han dado su identidad propia, con la que debe seguir insertada en él. En la atención a esa verdad le corresponde un sitio relevante al conocimiento de los nutrientes que ha recibido de África y de España, los cuales deben y merecen ser tratados con la mayor lucidez. No es cuestión de impostar el ceceo o el melisma andaluz, ni de zarandear nombres de orishas.
Por fortuna, para el cultivo del legado de origen africano que vive en la cultura cubana no ha asomado un desatino como llamar Tambores Batá Cuban Rhythm a una agrupación determinada. Acaso el acierto se base en la noción, o conciencia, de que se abraza y se defiende un elemento que, siendo de primer orden, resultó avasallado. En el plano del idioma —soporte del pensamiento— ese saber puede prevenir contra aberraciones como la antes imaginada a manera de muestra.
Quizás no ocurra exactamente igual en cuanto a la vinculación con la cultura española: esta, por haber sido dominante, durante un largo tiempo y con distintos recursos opresivos se asoció a lo impuesto, aunque tuviera base igualmente en los diversos sectores populares de la metrópoli. Pero, practicado individualmente o por colectivos, es tan legítimo cultivar el legado de los ancestros españoles como el de los africanos. En ese camino, y citando un ejemplo real, existe una compañía danzaria cuyo cometido lo define la denominación Ballet Español , completada con una expresión de raigalidad: de Cuba .
El baile español de España se hace en aquella nación peninsular; el interpretado en Cuba, y a lo cubano, tendrá en ritmo y movimiento, y en espíritu, matices aportados por la nación que lo acoge. Lo aberrante sería que esa agrupación, con vida y sede en Cuba , se denominara Cuba Spanish Ballet, lo que rendiría tributo al “cosmopolitismo” que, curiosamente, se expresa en inglés, como si el español no lo hablara también una de las mayores comunidades de pueblos del planeta. A otros pueblos se les impuso por “legítimo” derecho de conquista el inglés. A Cuba le tocó el español, que hizo suyo: ha enriquecido esa lengua en el medio milenio más importante de su evolución, marcada en 1492 por la edición de su primera gramática y por el encuentro de dos mundos.
Puesto que en lo concerniente al cultivo hoy en suelo cubano del arte de España se ha usado como ejemplo una agrupación real, el Ballet Español de Cuba, también da gusto añadir que su gestor y director no ha incurrido en la incongruencia de colgarle un nombre anglosajón. Pero, si lo hiciera, y las instituciones encargadas de orientar la cultura en Cuba y trazar, establecer y aplicar la correspondiente política cultural, se lo permitieran o fueran insensibles a ese hecho, habría que respetar el derecho de cada quien a enjuiciar tal decisión. Por lo pronto, ¿no habría motivos para poner en duda el tino de semejante bautizo? La duda recaería no solo sobre el guía la agrupación: afectaría de paso a las instituciones mencionadas.
No habría que descartar la influencia de intereses mercantiles en una decisión de ese carácter. No todo el mundo está obligado a tener idéntica formación intelectual que un músico de la talla de Leo Brouwer, ni a compartir plenamente sus criterios sobre la cultura, como el que ha mostrado con respecto a los premios Grammy, de los Estados Unidos. Sin desconocer la altura académica de las autoridades que los dirimen, ha rehusado ir a ese país para recibir el galardón cuando, más de una vez, se le ha conferido. Estima que en el otorgamiento y en la promoción de use lauro —que tan codiciado se percibe— operan no solo razones artísticas, sino también, o sustancialmente, intereses mercantiles. ¿No define un diccionario de lengua inglesa el rótulo Grammy como la marca comercial ( trademark ) de un premio conferido cada año por logros en la industria de la música grabada?
Los demás artistas cubanos que residen en Cuba, y aquí tienen la base fundamental o la raíz de su labor, ¿no deben abrazar la idea de que, triunfen donde triunfen, y vayan adonde vayan, son cubanos ? Es seguro que por lo menos la mayoría lo hace. En sus circunstancias y para moverse principalmente fuera del territorio cubano, fundó en 1931 Ernesto Lecuona —quien, según apunta Radamés Giro en su Diccionario , “nunca actuó con ella”, y pronto la dejó en otras manos— la orquesta Lecuona Cuban Boys. Pero esa estrategia comercial no dio margen para dudar de la nada aldeana cubanía del autor de La comparsa , Siboney , Suite española y la música de María la O , por solo citar algunos ejemplos.
Por su parte, Benny Moré asumió para su orquesta el formato de la jazz band , y la guio y la nombró con un sabor cubano que sigue honrando y alegrando a la nación. Para actuar en Cuba ¿no sería impertinente algo que, gestado en el país y emplazado en él aunque aspirase a hacerlo también en el exterior, se llamara Peter The Lame and His Cuban Drums? Allá quienes consideren ese bautizo más elegante y a la moda que Pedro el Cojo y sus Tambores Cubanos.
Ojalá que lo indeseable expuesto hasta aquí no pasara de enumerar engendros imaginados, sin equivalencia alguna con la realidad. Pero no hay que sentirse tan seguro de que así sea, y este artículo no pretende agotar el tema ni sentar cátedra de ningún tipo. El asunto es complejo y demanda meditación a fondo, de largo alcance. Demanda cultura.
Añádase que la convicción, abonada por la experiencia, de que las prohibiciones pueden ser contraproducentes, no autoriza a rehuir la responsabilidad de aplicar guías culturales lúcidas. Si hay desorden en un área de la sociedad, es probable que lo haya también en otras, y pertenecer laboralmente al sector cultural, e incluso gozar de prestigio artístico, no basta para garantizar que se tenga una acertada preparación cultural y una perspectiva conceptual bien orientada en ese terreno.

Luis Toledo Sande
La Jiribilla

sábado, 22 de abril de 2017

Playa Girón y el carácter socialista de la Revolución cubana




Milicianos al frente. Abril de 1961

En la madrugada del 15 de Abril de 1961 aviones de combate camuflados como si fueran cubanos bombardearon los principales aeropuertos militares de Cuba. Las agencias noticiosas del imperio informaban que se había producido una sublevación de la fuerza aérea “de Castro” y el embajador de Estados Unidos ante la ONU, Adlai Stevenson -expresión del ala más “progresista” del partido Demócrata, ¡menos mal!- trató que el Consejo de Seguridad de ese organismo emitiera una resolución autorizando la intervención de Estados Unidos para “normalizar” la situación en la isla. No tuvo respaldo, pero el plan ya estaba en marcha.
Aquel bombardeo fue la voz de orden para que una brigada mercenaria que con absoluto descaro la CIA y el Pentágono habían venido preparando durante más de un año desembarcara en Bahía de Cochinos, con el declarado propósito de precipitar lo que en nuestros días los melifluos voceros de los intereses imperiales denominarían eufemísticamente como “cambio de régimen.” En Marzo de 1960 -apenas transcurrido poco más de un año del triunfo de la Revolución Cubana- el presidente Eisenhower había firmado una orden ejecutiva dando vía libre para desencadenar una campaña terrorista en contra de Cuba y su revolución. Bajo el amparo oficial de este programa se organizó el reclutamiento de unos mil quinientos hombres (un buen número de los cuales no eran otra cosa que aventureros, bandidos o lúmpenes que la CIA utilizaba, y utiliza, para sus acciones desestabilizadoras) dispuestos a participar de la inminente invasión, se colocó a las organizaciones contrarrevolucionarias bajo el mando de la CIA (es decir, la Casa Blanca) y se crearon varias “unidades operativas”, eufemismo para no llamar por su nombre a bandas de terroristas, escuadrones de la muerte y paramilitares expertos en atentados, demoliciones y sabotajes de todo tipo. Más de tres mil personas murieron en Cuba, desde los inicios de la Revolución, a causa del accionar de estos delincuentes apañados por la el gobierno de un país cuyos presidentes, invariablemente, nos dicen que Dios los puso sobre esta tierra para llevar por todo el mundo la antorcha de la libertad (de mercados), la justicia (racista, clasista y sexista y la democracia (en realidad, la plutocracia). Lo creían antes, y lo creen todavía hoy. Lo creía el católico John Kennedy y el metodista George W. Bush. La única excepción conocida de alguien no infectado por el virus mesiánico es la de John Quincy Adams, sexto presidente de los Estados Unidos, hombre práctico si los hay, quien dijo, en memorable frase, que “Estados Unidos no tiene amistades permanentes sino intereses permanentes,” algo que los gobiernos “pitiyankees” de nuestros países deberían memorizar. (Recordar que este Adams, hijo del segundo presidente de Estados Unidos, John Adams, fue también Secretario de Estado del presidente James Monroe, y colaboró activamente en la formulación de la doctrina que lleva su nombre).
Delincuentes, retomando el hilo de nuestra argumentación, como Luis Posada Carriles -uno de los más conspicuos criminales al servicio del imperio, terrorista probado y confeso, autor intelectual, entre muchos otros crímenes, de la voladura del avión de Cubana en 1976, con 73 personas a bordo- quien hace apenas unos días fue absuelto de todos sus cargos y disfruta de la más completa libertad en los Estados Unidos. Como si eso fuera poco Washington tampoco lo extradita para que pueda ser juzgado en Venezuela, país cuya nacionalidad había adoptado durante el transcurso de sus fechorías. Barack Obama, indigno Premio Nóbel de la Paz, protege a los verdugos de nuestros pueblos hasta el final de sus vidas mientras mantiene en prisión, en condiciones que ni siquiera se aplican a un asesino serial, a los cinco luchadores antiterroristas cubanos. Gesto ignominioso el de Obama, pero que tiene un lejano antecedente: en 1962, luego de la derrota sufrida por el ejército invasor reclutado, organizado, entrenado, armado y financiado por los Estados Unidos los prisioneros que habían sido capturados por las milicias revolucionarias cubanas fueron devueltos a los Estados Unidos ¡para ser recibidos y homenajeados -sí, homenajeados- por otro “progresista”, el presidente John F. Kennedy! El fiscal general de los Estados Unidos, Robert Kennedy, para no ser menos que su hermano mayor, invitó a esa verdadera “Armada Brancaleone” de matones y bandidos a integrarse al ejército norteamericano, cosa que fue aceptada por gran parte de ellos. No sorprende, por lo tanto, que periódicamente aparezcan tenebrosas historias de atrocidades y vejaciones perpetradas por soldados estadounidenses en diversas latitudes, las últimas conocidas hace apenas un par de días en Afganistán y antes en Abu Ghraib; o que durante la Administración Reagan-uno de los peores criminales de guerra de los Estados Unidos, según Noam Chomsky- un coronel del Marine Corps y asesor del Consejo de Seguridad Nacional, Oliver North, hubiera organizado una red de narcotraficantes y vendedores de armas desde su despacho situado a pocos metros de la Oficina Oval de la Casa Blanca para financiar a la “contra” nicaragüense. No le fue tan mal a North después de estallado el escándalo: libró de ir a la cárcel y en la actualidad se desempeña en varios programas de la ultraconservadora cadena Fox News Channel. Estos episodios revelan con elocuencia el clima moral que prevalece en las legiones imperiales.
La derrota de la invasión mercenaria lejos de aplacar al imperio exacerbó aún más sus instintos asesinos: la respuesta fue la preparación de un nuevo plan, Operación Mangosta, que contemplaba la realización de numerosos atentados y sabotajes tendientes a desarticular la producción, destruir cosechas, incendiar cañaverales, obstaculizar el transporte marítimo y el abastecimiento de la isla y amedrentar a los eventuales compradores de productos cubanos, especialmente el níquel. En pocas palabras: preparar lo que luego sería el infame bloqueo integral que sufre Cuba desde los comienzos mismos de la Revolución. Huelga decirlo pero el pueblo cubano -patriótico, consciente y organizado, fiel heredero de las enseñanzas de José Martí- frustró una vez más los miserables designios de la Operación Mangosta. Al día siguiente del bombardeo aéreo del 15 de Abril, en el homenaje que el pueblo de Cuba rendía a sus víctimas, Fidel proclamaría el carácter socialista de la Revolución Cubana con las siguientes palabras: “Compañeros obreros y campesinos: esta es la revolución socialista y democrática de los humildes, con los humildes y para los humildes”. Y el 19 de Abril, en Playa Girón, se libraría el combate decisivo que culminaría con la primera derrota militar del imperialismo en tierras americanas. Latinoamérica, su respiración contenida ante esta reedición del clásico enfrentamiento entre David y Goliat, recibió con inmensa alegría la noticia de la derrota de las fuerzas del imperio, y nuestros pueblos terminaron por convencerse que el socialismo no era una ilusión sino una alternativa real. Otra historia empezaba a escribirse en esta parte del mundo. Durante aquellas históricas jornadas la camarilla contrarrevolucionaria estaba a la espera en Miami, presta para trasladarse a Cuba una vez que los invasores controlasen por 72 horas una “zona liberada” que les permitiera constituirse como “gobierno provisional” y, desde allí, solicitar el reconocimiento de la Casa Blanca y la OEA, y la ayuda militar de Estados Unidos para derrotar a la Revolución. Pero Fidel también lo sabía, y por eso su voz de mando fue la de aplastar a la invasión sin perder un minuto, cosa que efectivamente ocurrió. Parece que en Miami todavía siguen esperando.

Atilio Borón

Playa Girón, los alfabetizadores




Tanque de las fuerzas revolucionarias avanza hacia Playa Girón.

Un hecho significativo en Playa Girón, Bahía de Cochinos, fue cómo ocurrió el primer herido que causaron los invasores, el alfabetizador Valeriano Rodríguez, un adolescente de trece años que educaba en la antes precaria Ciénaga de Zapata.
Cuenta Ángel Fernández Vila, entonces jefe de la Zona de Desarrollo Agrario LV-17, en Aguada de Pasajeros, que los disparos iniciales de la invasión los produjo el 17 de abril a la 1:30 de la madrugada un hombre rana contra la posta de recorrido del puesto de milicias en Playa Girón.
A 56 años del hecho, el entonces jefe de la Reforma Agraria en Aguada, de los primeros en asumir la resistencia, explica que el brigadista, incorporado a la campaña de alfabetización al inicio, se encontraba en el lugar con Mariano Mustelier, jefe del puesto de las milicias en Playa Girón.
Ambos recorrían las postas defensivas del litoral cuando detectaron las señales luminosas de un barco en la distancia, a las cuales respondieron con las luces del Jeep (yipi) en que ellos viajaban, debido a lo cual fueron víctimas de los disparos del hombre rana Grayston Lynch, de identidad estadounidense.
Las descargas del invasor, añade Fernández Vila, destrozaron los faroles y el parabrisas del vehículo e hirieron al adolescente alfabetizador. Luego de responder el fuego del atacante, Mustelier se digirió al puesto de la milicia, para dejar al alfabetizador herido y retornar luego a combatir en la playa con algunos de sus compañeros.
A la misma hora de la madrugada, se inició la resistencia en Playa Larga, gracias a la previsión de Ramón Gonzales Suco, jefe de los defensores de aquella otra ensenada hacia la cual también se dirigieron los invasores.
Él les había dicho a sus compañeros: “Vamos a reforzar la guardia esta noche y a hacerla en dúos, porque la cosa no esta buena”.
En cada pareja integrada por sus cuatro milicianos, más dos alfabetizadores, uno vigilaría y otro estaría preparado con la microonda, ‘no fuera a ser que pasara algo’, capacidad de previsión que los atacantes y sus organizadores no calcularon.
Al respecto son ilustrativas las confesiones al Comandante en Jefe Fidel Castro hechas por Erneido Oliva, segundo jefe de la invasión y exoficial de la dictadura de Fulgencio Batista, quien admitió que el fracaso se debía a la desinformación que había logrado la propaganda enemiga entre los sectores más agresivos de la emigración.
Aclara Fernández Vila, participante en el hecho, que el prisionero admitió haber creído que el pueblo los esperaba y los recibiría como a ‘libertadores’, por lo que también dedicó buena parte de su confesión a acusar al presidente John F. Kennedy, debido a que no brindó el apoyo aéreo prometido a la brigada invasora ni envió al ejército de Estados Unidos.
La pequeña fuerza del Puesto de Observación de Playa Larga, que integraban asimismo Israel Hernández, Antonio Quintana, Rafael Jaramillo y Ricardo García, contó sin embargo con la precaución de que la situara allí el capitán Ramón Cordero Reyes, jefe del Batallón 339.
Junto con ellos, al anochecer se incorporaron, al puesto de los milicianos, los alfabetizadores Ezequiel González Días y José Orlando Ruiz, quienes educaban en los lugares inmediatos conocidos como playa La Máquina y Los Hondones.
Sobre la agresión, también cometida contra educandos y jóvenes educadores, el testimonio del alfabetizador Jorge Suárez García resulta crucial en las vidas del comandante Evelio Saborit, Fernández Vila y sus acompañantes y evidencia la capacidad de aquellos adolescentes cubanos para asumir los riesgos necesarios.
Cuenta Jorge que el 17 de abril impartió por la noche sus clases y se fue a dormir, pero Francisco Ricarde, en cuya vivienda se albergaba, le sacudió la hamaca en la madrugada, prácticamente en el horario en que ambos acostumbraban iniciar sus labores en campos de la ciénaga.
Pancho, como se identificaba al campesino, lo sacó de su confusión cuando le replicó: “Hay un barco cañoneando en la costa, en Girón”. Ambos se dirigieron al batey conocido como La Ceiba, donde se encontraron con un grupo de hombres reunidos. Entre todos acordaron hacer guardia y marchar al amanecer hacia San Blas, pequeño poblado próximo, para obtener armas.
En el año 2017 recuerda que al llegar el vehículo que debía transportarlos alguien dijo: “El brigadista que no vaya; es un niño”, a lo que él replicó mostrándole a “Pollo, el jefe de la milicia en La Ceiba”, el carné de miliciano que aún conserva. A lo que añade: “Sin hablar más me subí al camión”.
Por el camino observaron cómo uno de los paracaidistas lanzados, que inicialmente consideraron propio, descendió en caída libre, hecho que lamentaron, sin saber que aquel era uno de los invasores -“un sacerdote”, explica ahora-, que salvó la vida herido y luego resultó prisionero.
Recuerda que al llegar al lugar de destino, cuando tenía ya un pie en la goma del camión para descender, “comenzó un tiroteo súbito de ráfagas de ametralladoras”. Confiesa que por primera vez vio a los mercenarios, a lo que añade: “Tres personas corrimos hacia la carretera y, en ella, nos tendimos sobre la cuneta, debido a un nuevo número de ráfagas”.
Los disparos fueron reiterados, al extremo de que, “al pararnos para cruzar la carretera, los proyectiles dieron tan cerca de mí, que sentí en mi pierna derecha, sobre todo, los impactos de pedazos de esta, desprendidos al chocar las balas sobre ella”.
Jorge y dos más, uno de ellos nombrado Caín, aunque “mejor debió llamarse Abel”, armado con un revólver calibre 38, se desplazaban por la maleza paralela a la vía de San Blas a Bermeja cuando escucharon voces próximas, sobre las cuales se propusieron indagar.
“Sin previa consulta”, añade hoy, “me arrastré cautelosamente hacia donde terminaba la maleza y comenzaba la cuneta para observar quiénes venían. ¡Qué alivio! Vi algunos con nuestros uniformes, otros vestidos de civil, con picos y palas y algunos fusiles”.
Sobre lo cual agrega: “Con el ímpetu de mi edad, me quité la camisa azul de milicia y salí agitándola al aire hacia el centro de la carretera. Sentí que rastrillaron armas, pero de ahí no pasó. De repente comprendieron de qué bando estaba yo. Caín, poblador de la ciénaga, y mi otro compañero salieron también al encuentro”.
Les explicaron a quienes arribaban que no podían continuar hacia San Blas, tomado por los invasores. Al frente del grupo, añade, se encontraban el comandante del Ejército Rebelde Evelio Saborit y el entonces responsable del INRA en la Ciénaga de Zapata, Ángel Fernández Vila, junto con varios combatientes, civiles y alfabetizadores que se les habían unido en Cayo Ramona.

Ernesto Montero Acuña

Fidel y la Victoria de Playa Girón




Video con fotografías de Fidel Castro en Playa Girón.

Sin / Con Fidel




Lo que sigue se plantea como un ensayo en la noche —en el desconocimiento de lo que queda por venir—, una simple tentativa, pues, de analizar con alguna consecuencia un exordio como el siguiente: “Quisiera aprender a vivir. Por fin”.

Jacques Derrida, Espectros de Marx

Bueno, pues, finalmente, no está más Fidel. Alguna vez leí que medía 1,86 metros. Según la postura política de cada quien, lo mismo podía parecer un hombre alto que un gigante descomunal; en todo caso, la cuestión de la estatura debe ser entendida como metáfora de algo más esencial, radical, profundo. Tal y como propuso Derrida a propósito de Marx, la muerte de Fidel nos libera de Fidel, de modo que, al fin, podemos leerlo.
Desde los momentos posteriores a la noticia, la propaganda oficial cubana invadió los medios con imágenes y textos del líder o sobre él: decenas de documentos audiovisuales en la televisión, no pocos de ellos escasamente conocidos; fragmentos de intervenciones públicas; testimonios de compañeros cercanos, de otros que compartieron con él apenas una vez, más las opiniones de muchos que sólo alcanzaron a escucharlo en alguno de aquellos largos discursos que pronunció. Una operación semiótica que enlazó persona, ideario, nación, Tercer Mundo, continuidad y eternidad en un enorme collage de sentimientos.
El lamento por la muerte quedó distribuido en tres grandes bloques: tres días de homenaje popular ante las cenizas en la Plaza de la Revolución, seguidos de un acto político masivo en el lugar, en horario nocturno; el viaje, a todo lo largo del país, de una caravana militar con las cenizas del líder (ocasión para repetir el homenaje en decenas de pueblos y ciudades); y, finalmente, el recibimiento y entierro de las cenizas en la ciudad de Santiago de Cuba.
El escepticismo crítico nos enseña que un sentimiento (esto lo entiende a perfección la ideología) es susceptible de, y casi que desea que así ocurra, ser “retumbado”, multiplicado, amplificado, y la pantalla televisiva nos regaló de esas imágenes en sobre-abundancia. En el extremo opuesto, la experiencia personal de la mayor parte de mis conocidos permite hablar de dolor, recogimiento, respeto, reverencia e incluso amor por el fallecido. Alguien me dijo: “Es increíble… ¡hasta murió en el momento justo!”. El caso es que, en un momento sin demasiadas ilusiones, se repitió el milagro de entendimiento con el líder en el cual centenares de miles de personas, de una a otra punta del país, transmitieron una imagen de unidad y fidelidad.
Mientras esto iba ocurriendo en Cuba, en una suerte de reverso especular, en Miami hubo alegría y celebraciones. Nada de esto fue transmitido por la televisión de la Isla, que continuó alimentando su propio relato, pero la Cuba de ahora mismo es otra: se multiplican los accesos a Internet, las conexiones internacionales mediante celular y la piratería de señales televisivas en la cual son blanco favorito los canales en español de la Florida; dicho de otro modo, todos sabíamos que los comportamientos marcaban diferencias. Al llegar a la casa de mi madre, al día siguiente del acto político en la Plaza de la Revolución, supe que un pariente había llamado “de allá” para decirnos que no creyéramos en las imágenes de la televisión, que esos reportajes eran falsos (ella había seguido la transmisión de CNN), que había llorado mucho al ver a “su pueblo” tan delgado. Mi hermana, que había permanecido en el acto político hasta bien entrada la noche, respondió que era verdad que todas esas personas habían estado en la Plaza y que sí se notaba un aire de tristeza en las personas reunidas allí y hasta en su trabajo y en el barrio. La pariente, según creo, no ha llamado más. Una vecina de mi suegra, de larga trayectoria en la disidencia política, fue entrevistada por alguna agencia de prensa extranjera para que hablase acerca de lo que estaba sucediendo en Cuba y respondió que, aunque no compartía las ideas de Fidel, respetaba el dolor popular y prefería no emitir juicios en ese momento. En esos mismos días escuché de numerosos casos de personas que, disgustadas con la forma e intensidad del odio anti-castrista expresado en las cuentas personales de Facebook, habían roto relaciones con familiares o amigos. Al mismo tiempo, otros muchos manifestaban en privado su rechazo o vergüenza frente a esa alegría en la que hubo momentos de vulgaridad.
Facebook es un espacio de emoción personal, íntima. Nací en 1960 y cuando algún familiar, amigo de infancia o vecino abandonaba el país –la mayoría de las veces hacia Estados Unidos– era como si hubiesen muerto; en no pocos casos pasaban largos años hasta que llegaba cualquier aislada noticia sobre aquellos a quienes recordábamos, o también –tal y como ocurrió en muchísimos casos–, ni siquiera había cartas. Esta manifestación a sotto voce de la tragedia regresa como espectáculo en la dialéctica entre la celebración miamense (el afuera) y el duelo en Cuba (el adentro). El Facebook de la amistad y de la recuperación de antiguos vínculos, ahora separa. La vieja aseveración de Jesús en Mateo 10, 34 (“no he venido a traer paz, sino espada”), parece haber renacido.
Hace unos meses un amigo, profesor de una universidad estadounidense, estuvo en La Habana, junto con un grupo de estudiantes, para desarrollar un proyecto que le obsesiona: la investigación de lo que él llama “los legados de la Revolución”. En su opinión el legado es algo (una configuración equivalente a un modelo de mundo) que –luego de definir su forma según vaya siendo radical y duradero el tipo de cambio que una transformación socio-política, económica y cultural nos propone– “se deja y se recibe”. Se explica esto porque, sin importar el tipo de variación que nos proponga, todo proceso social que implique toma de poder y cambio instituido (mediante decisiones formales y regularizadas del poder político) genera conjuntos de leyes, cambios en las prácticas y conductas, en el saber y su transmisión, los límites de lo que puede ser expresado, las memorias de éxito o fracaso, etc.
Desde el punto de vista anterior, el legado parece emanar con mayor fuerza de las estructuras cerradas, que tocaron ya su término, como algo que sólo puede ser leído en una clara posterioridad a su causa. Parte de lo impresionante que rodea la muerte de Fidel es que tanto sus enemigos como sus seguidores han extraído del suceso impulsos para –alrededor del hecho del fin– reafirmar sus propias posturas irreconciliables. Según unos ocurre algo que deseaban y soñaron, preludio a una reparación de la realidad en el sentido de la extinción del régimen socialista en Cuba; para los otros, la desaparición del líder es percibida como un desafío orientado hacia la continuidad del ideario que desarrolló. Eso a lo que mi amigo llama “el legado”, además de manifestar condición de vida, es un campo de batalla donde se dirimen los sentidos del pasado, el presente y el futuro cubano.
“¿Cómo aprender a vivir? Por fin.” Prestemos atención al hecho de que, a la pregunta fundamental, radical, el filósofo agrega (y esto, quizás, sea lo básico) la valoración sobre el tiempo: “por fin”. Como si después de una larga cadena de pruebas y errores fuese posible arribar a un instante, “el instante”, en el que lo irreversible cristaliza. Así recuerdo que, en la gigantesca batalla de símbolos, el Comandante tenía reservada una sorpresa: la expresión de última voluntad en la cual pidió –además de la incineración–, ser enterrado en una tumba sin destaque alguno, así como que su nombre no sea empleado para dar nombre a escuelas, fábricas, calles u otro lugar público, ni sus fotografías colocadas en estos, ni construidas estatuas ni otro tipo de monumento para homenajearlo. Cómo dijera José Martí, el gran héroe cubano, “sé desaparecer” o a la manera de una salida borgeana, desaparecer detrás de la obra. Pero si así el líder elige esconder su presencias detrás o debajo de sus ideas y su obra, la decisión de la directiva de la Revolución cubana de grabar –en una pirámide de piedra justo a un lado de la tumba de Fidel–, las oraciones del concepto “Revolución” según este lo definiera en el año 2002, no deja de ser una reverencia al monumento, con todos los peligros de actitud formal que lo acompaña.
Disipación, desvanecimiento, evaporación, son palabras con las que describir el proceso durante el cual una forma –a la que estábamos habituados– se esfuma ante nuestros ojos. La última voluntad de Castro, acaso el más esperanzado de todos sus gestos (en el sentido cristiano de la virtud de esperanza), es este de entregar el cuerpo perecedero para que resplandezca la idea. En este punto, Derrida nos responde: “Y ese ser-con los espectros sería también, no solamente pero sí también, una política de la memoria, de la herencia y de las generaciones.”
Tan desmesurada es la figura de Fidel Castro que ahora no queda sino preguntar si acaso llegó el momento (“por fin”) de “aprender a vivir”… para la memoria, la herencia y las generaciones. O, para expresarlo de otro modo, en una interminable cadena de interrogaciones: ¿quién fue; qué hizo; qué circunstancias permitieron al líder y pueblo de una pequeña Isla enfrentar al poder militar, económico y cultural más grande que la humanidad haya conocido; cómo pudo ocurrir esto a lo largo de casi seis décadas? ¿Hay manera de atravesar la telaraña y el estorbo de las retóricas ideológicas, llegar a algún sitio y desde allí preguntar? ¿Qué preguntar? ¿Vivir?
Mientras veíamos (todavía hoy mismo) decenas de testimonios de personas que aseguran deber a la Revolución lo que pudieron hacer con sus vidas… ¿qué hay de verdad en eso? ¿Qué es y qué alcances tiene una Revolución socialista en un pequeño país subdesarrollado, a sólo 90 millas de Estados Unidos? ¿Qué es Estados Unidos y cuál es su relación con Cuba? ¿Por qué, para hablar de “futuros cubanos”, necesito hablar de otro país? ¿Es sensato, loco, manipulador, revelador? ¿Qué transformaciones tienen lugar en las mentalidades de un país subdesarrollado y socialista, qué se acepta y qué se rechaza, a qué se aspira y qué se desprecia, qué memorias pasan entre las generaciones y alimentan o llevan al colapso la idea de Revolución? ¿Qué es un fracaso y qué un logro, además de… para quiénes? ¿Cuál es el mundo sin Fidel ya que, por mucho que la maquinaria de propaganda oficial cubana utilice toda la energía del mundo, el caso es que el gran líder –al menos como presencia física– no está más? ¿Cuáles van a ser ahora las preguntas? ¿Podemos, al fin, sentirnos libres de Fidel y “leerlo”? ¿Cómo entender el dueto Castro-Cuba sin el tipo de desmesura que provoca el efecto Castro? ¿Puedo hablar de Castro-Cuba sin mencionar el subdesarrollo? ¿Acaso no es manipulador olvidar o disminuir la angustia del subdesarrollo al hablar de Cuba? ¿Y la cuestión de la soberanía e independencia nacional, es importante, cómo se manifiesta, hay alguna amenaza, por parte de quién, cómo y con qué consecuencias?
Democracia, Soberanía, Desarrollo y Justicia son mis peores preguntas, mis pesadillas, metas, desafíos, impulsos, el aire y la sangre. Ahora, cuando Fidel ya no está, caigo en la cuenta de que son los temas que me he pasado la vida (tengo casi el mismo tiempo exacto que la Revolución cubana) discutiendo con él, a su favor o en su contra, intentando entender el por qué de las decisiones que no entendí, balanceando su opinión con la de sus enemigos, haciéndome mi propio juicio.
Y claro que quiero un país mejor, no soy un estúpido.
Y es así como aparece, para seguir la discusión, ese mismo Fidel Castro al que acaban de enterrar.
¡Qué obstinación, qué eternidad, qué desmesura!

Víctor Fowler Calzada
Cuba Posible

Bibliografía
1. Jacques Derrida. Specters of Marx. The State of the Debt, the Work of Mourning and the New International. Routledge: New York/London, 1994.

El presente texto fue publicado originalmente en idioma inglés en el Reino Unido. Cuba Posible lo publica en castellano con la autorización de su autor.

viernes, 21 de abril de 2017

Insiste la CIA en cambiar el sistema político en Cuba




Sin darse por vencida, a pesar de 58 años de fracaso en sus planes y operaciones encubiertas para derrocar la Revolución cubana, con intentos de asesinatos incluidos, la Agencia Central de Inteligencia, CIA, pretende fomentar un plebiscito para cambiar el sistema eleccionario cubano, en su viejo anhelo por imponer nuevamente el sistema capitalista.
Para lograrlo ahora emplean a Rosa María Paya Acevedo, hija de Oswaldo Payá Sardiñas, personaje que jamás contó con respaldo popular, ni tampoco de los demás grupos “disidentes” fabricados por la CIA en la Isla.
Rosa María Payá emigró a los Estados Unidos con un visado de “refugiada política”, sin ser perseguida por ninguna autoridad policial, ni haber participado nunca en algún grupúsculo contrarrevolucionario; prueba de ello es que pudo estudiar y graduarse en la Universidad de la Habana, lo mismo que sus dos hermanos, sin dificultad; ahora regresa a Cuba periódicamente con plena libertad de movimientos.
Ante la carencia de contrarrevolucionarios jóvenes, la CIA aspira a que ella pueda ser la imagen pública de una añorada oposición juvenil, para ganar simpatía entre funcionarios extranjeros, pues en la Isla no tiene seguidores, ni siquiera el respaldo de los históricos “disidentes”, que por el contrario la acusan de farsante y mentirosa, como la califica Guillermo Fariñas.
Sin tener en cuenta los gastos de cientos de miles de dólares en que incurren, Rosa María fue enviada nuevamente a una gira por varios países en busca de apoyo internacional, como si los problemas de una nación pudieran resolver en el extranjero.
La fórmula parece ser una copia de lo que han ejecutado contra Ucrania, Siria, Irán y Venezuela, pretendiendo asentar una matriz de opinión para que varios gobiernos aliados de Estados Unidos, le den respaldo a un seudo movimiento opositor que solo tiene nombre y dirigente radicada en Miami, como es Cuba Decide, construido especialmente para darle reconocimiento internacional a Rosa María como opositora, así como el cargo como presidenta de la Red Latinoamericana por la Democracia
La primera escala del tour internacional es Chile, donde fue recibida por el expresidente Sebastián Piñera, con posiciones totalmente coincidente con Estados Unidos, quien, siguiendo indicaciones de la embajada yanqui en Santiago, reiteró su apoyo al plan de la iniciativa CIA que pretende aprovechar el anunciado fin de la presidencia de Raúl Castro, el 24 de febrero del 2018, para que se realice un plebiscito vinculante que pregunte a los cubanos si están de acuerdo con realizar elecciones libres.
El plan está más que claro, la nueva línea de trabajo de la CIA es deformar la realidad cubana con apoyo de sus aliados externos, para crear la imagen de que los cubanos no tienen derechos políticos, algo que declaró abiertamente el presidente Barack Obama en diciembre del 2014, cuando aseguró:
“los ciudadanos deben tener la libertad de participar en los procesos políticos […] insistiremos en que la sociedad civil se nos una para que sean los ciudadanos, y no solo los líderes, los que conformen nuestro futuro”
Se engañan ellos mismos al no querer aceptar la realidad, porque los cubanos no aceptarán ser más dependientes de los dictados de la Casa Blanca, perder su soberanía y el derecho a decidir el camino que desean sin imposiciones norteamericanas, como sucedió hasta 1958.
Esos que cacarean de que Cuba debe tener pluripartidismo, son los mismo que no admiten que exista un partido comunista, pues en la diversidad de partidos políticos que poseen en su llamada “democracia”, todos tienen el mismo objetivo: reforzar el sistema capitalista, y quien intente oponerse a ese diseño sabe que será sometido a una guerra total, como sucedió en Brasil, Argentina, Venezuela, y los intentos de desestabilización en Bolivia y Ecuador.
No es fácil engañar a los cubanos, incluidos a los jóvenes, pues estos conocen perfectamente los planes de acción encubierta de la CIA, que por décadas intentaron destruir a la Revolución hecha por el pueblo para eliminar el sistema capitalista que no resolvió el hambre, el analfabetismo, la discriminación racial y de género, la desigualdad social, el desempleo y la ausencia de un sistema de salud gratuito para todos, no obstante contar con más de 20 partidos políticos durante medio siglo.
El pueblo estadounidense debería estar mejor informado de los gastos en que incurre su gobierno, en sufragar los viajes por el mundo de esa seudo “refugiada política” y los cientos de miles de dólares que emplean en los de otros “disidentes” cubanos, que como se sabe no han obtenido el más mínimo resultado en casi 60 años y al final la mitad de ellos se han declarado agentes de la Seguridad Cubana, organismo que sin dudas es el que más resultados acumula.
Ante tanta maldad de los Estados Unidos no queda otra cosa que recordar a José Martí cuando aseguró: “…de esa tierra no espero nada más que males”.

Arthur González, especialista en relaciones Cuba-EE.UU., editor del Blog El Heraldo Cubano.

miércoles, 19 de abril de 2017

Conversando con García Márquez sobre su amigo Fidel




Grabado de la televisión cubana: Gabriel García Márquez habla de Fidel Castro en 1996. Un filme de Estela Bravo.

EE.UU: Guerras, Proteccionismo y Leyes Antinmigrantes.


martes, 18 de abril de 2017

Socialismo en la calle, con la gente

Proyecto Nuestra América realiza acción pública por la proclamación del Socialismo en Cuba

“Pero debo decir que me tocó nacer en el pasado que no volveré, es por eso que un día me vi en el presente con un pie allá donde vive la muerte, y otro pie suspendido en el aire, buscando lugar, reclamando tierra del futuro para descansar.
Ahora quiero hablar de poetas, de poetas muertos y poetas vivos, de tantos muchachos hijos de esta fiesta y de la tortura de ser ellos mismos, porque hay que decir que hay quien muere sobre su papel, pues vivirle a la vida su talla tiene que doler…”

Recordábamos canciones de Silvio, Oda a mi generación, por ejemplo, o Testamento y su profundo verso (le debo una canción a una bala, a un proyectil que debió esperarme en una selva). O quizás En busca de un sueño, o Eva. Tantas canciones sentidas, revolucionarias, alas que nos remontaron a un 16 de abril de 1961.
En esa esquina prodigiosa (23 y 12, Vedado, La Habana) estuvimos un grupo de jóvenes, un colectivo llamado Nuestra América, un 15 de abril, un día antes de que Cuba, hace 66 años, en la voz de su líder Fidel Castro, asumiera no solo una posición ideológica definida, sino el precepto más humano: que la ley primera de nuestra república sea el culto a la dignidad plena del hombre y la mujer.
Y eso es el socialismo: la dignidad plena…
Un crucigrama hizo que la gente se involucrara, a partir de estos conceptos (valores socialistas): comunidad en la que vivimos/tener voz, tomar partido y trabajar por un asunto comunitario o social/aquello que nos hace a tod@s tener los mismos derechos/acción por el bienestar de otras personas/palabra que usa Ruperto (personaje del programa humorístico Vivir del cuento) cuando algo abunda mucho/actitud de lucha ante la dominación/todas las personas que habitan en la tierra/sentimiento universal que permite la felicidad humana.
Barrio, participación, igualdad (y equidad), solidaridad, rebeldía, humanidad y amor son manifestaciones claras de socialismo. ¿No es todo lo que se desea para ser feliz? ¿No es triunfo de nuestro país el incluir a cada una de su gente? ¿Y quién construye el socialismo? ¿Es el Estado o la gente?, ¿Necesario el socialismo hoy en Cuba? ¿Y en el mundo? ¿Cuál es nuestro futuro si la semana pasada (miércoles, 12 de abril) se arrojó sobre Afganistán por Estados Unidos la bomba no nuclear más poderosa del planeta?
Fueron algunas de las reflexiones e interrogantes que el Proyecto Nuestra América puso en escena. Quizás las personas que se acercaron en su mayoría no fueron jóvenes, pero los que participaron declararon algunas palabras; una muchacha recitó un poema sobre Fidel, otra preguntó por el contacto del colectivo, otras ayudaron a pegar, como parte de la acción, stickers con la figura de Elpidio Valdés, que enarbolaban frases como “¡El sueño se hace a mano y sin permiso!”; “¡Con Fidel hasta que se seque el malecón!”; “¿Es democrática una revolución donde los humildes tiene las armas?”
Como parte del ejercicio se realizaron entrevistas: las posiciones y opiniones de los entrevistados sobre la construcción del socialismo en Cuba fueron diversas, pero no contradictorias.
Un muchacho subrayó que ha sido la primera vez que ve este tipo de actividad en la calle. Y recordando la figura de Fidel y la fecha en que declara el carácter socialista precisó que Fidel lo era todo. Agregó que no quiere irse del país y tiene lo que necesita para ser feliz (su hijo) y gracias al socialismo estudia y trabaja…
Un hombre (que no quiso decir su nombre y el anonimato es permitido) nos regaló la historia de su tío, un combatiente de la columna del Che que se emborrachó e incumplió una tarea, y aunque se lo dijo al Che y este reconoció su honestidad, lo mando para Guanahacabibes porque las violaciones no pueden quedar sin castigos. Eso hoy en día no se ve, dijo.
Comentó que el Che llevaba a prisa a su tío, pero Guevara tenia moral porque era el último en comer, el primero en criticarse. Los temas de disciplina son extremadamente difíciles, apuntó. Tengo 67 años y sigo trabajando y no me pesa (me ha servido el ejemplo de mi tío).
“El legado de Fidel y del socialismo en Cuba es su paradigma, lo que hicieron, la honestidad, pero eso hay que interiorizarlo. No mentir jamás ni violar principios éticos, define también al socialismo”, pronunció.
La declaración del carácter socialista fue la salvación, dijo una señora y al valorar la acción compartió su agradecimiento por la participación de la juventud. El socialismo es lo más grande que tenemos en Cuba, y debemos echar esto “p’alante” sobre los principios de amor, felicidad, patriotismo, precisó.
Aunque todos los participantes no puedan definir teóricamente que es el socialismo, las palabras señaladas en el crucigrama apuntaron un consenso. Otras pudieran ser educación liberadora, diálogo sin jerarquía, pensamiento crítico, actuar coherente, transformación permanente, construcción colectiva, posicionamiento, mirada común de trabajo, respeto a la naturaleza, responsabilidad social y poder popular.
Recuerdo una entrevista que hice a una estudiante colombiana de la carrera de Historia y ella mencionaba que hay muchas personas que se quedan en la protesta contra la institucionalidad, en el debate sobre los problemas y no generan propuestas ni formas alternativas de participación política. Es por ello que en Cuba hay que hacer el socialismo con acciones concretas.
Sensibilizar a la gente de que el socialismo es la vía para ser feliz fue objetivo de esta acción pública, por un colectivo que impulsa el socialismo desde el territorio, la calle, la gente.
Hace un año rodaron por la televisión cubana una película sobre la dictadura en Argentina, en otro canal un documental sobre la pintora mexicana Frida Kahlo y yo sentada en el sofá me sentía inquieta, paralizada, sin respuestas sobre mi realidad. Hoy se que no soy la desintegración, como decía Frida, y que ya no estoy sentada.
“Yo no reniego de lo que me toca, yo no me arrepiento pues no tengo culpa pero hubiera querido poderme jugar toda la muerte allá en el pasado o toda la vida en el porvenir, que no puedo alcanzar. Y con esto no quiero decir que me pongo a llorar. Sé que hay que seguir navegando, síganme exigiéndome cada vez más hasta poder seguir, hasta poder seguir o reventar.”

¡Por el socialismo!

Lissy Villar Muñoz

Declaración del Proyecto Nuestra América por el 66 aniversario de la proclamación del socialismo en Cuba

16-04-2017

¿Por qué apostamos por el Socialismo hoy? ¿De qué socialismo hablamos?

Cuando todo avanza rápidamente tras la rueda sin fin del mercado, cuando suena el reggaetón de los desencantos y no el reggaetón de los sortilegios, tiempos en los que se promueve la desesperanza y se destruyen las utopías, por las derechas y por las izquierdas chatas y torpes, por la falta de creatividad y la burocracia de los sin afectos, venimos las compañeras y compañeros del Proyecto Nuestra América a reivindicar la apuesta por un Socialismo nuestro, creativo, popular y democrático, como aquel por el cual salimos a morir un día miles de cubanas y cubanos en Girón.
El 15 de abril de 1961 fue bombardeado nuestro país en tres puntos, Ciudad de la Habana, San Antonio de los Baños y Santiago de Cuba. Tales bombardeos fueron planificados desde los Estados Unidos con la dirección de la CIA.
Ese día fue la demostración del desprecio que practican los Estados Unidos frente a países que quieren labrar su propio destino. En el caso de Cuba la joven Revolución ya había firmado la Ley de Reforma Agraria y comenzaba a transformar para siempre las vidas de miles de seres humanos. Tal ejemplo era imperdonable y de mantenerse en el tiempo podría movilizar a todo un continente. La respuesta del pueblo cubano fue contundente.
Hoy hacen falta muchos Girón, porque al retorno conservador y destructivo de las derechas en el continente se le une la introducción paulatina en nuestra sociedad de relaciones de tipo capitalistas que empiezan a construir y socializar valores ajenos a nuestra historia de hace más de 50 años, que es la historia de la solidaridad, el escuchar al otro, el interés por necesidades básicas de otras personas, el apoyo a las luchas sociales de otros países que hicimos nuestras.
¡Es mucho lo que tenemos que salvar, y es mucho lo nuevo que tenemos por hacer!

Desconocimiento sobre trata pone en riesgo a la población cubana

La escasa percepción de riesgo entre la población cubana figura entre los desafíos para enfrentar la trata humana, trascendió durante la visita de Maria Grazia Giammarinaro, relatora especial sobre los derechos humanos de las víctimas de este fenómeno global.
“No hay percepción de riesgo porque este lamentable fenómeno que ocurre en el mundo entero, en Cuba se comienza a abordar en algunos espacios públicos desde 2013”, dijo a IPS la documentalista Lizette Vila, una de los 30 representantes de organizaciones no gubernamentales con estatus legal, reunidas el lunes 10 de este mes con Giammarinaro.
Vila y otros activistas consultados por IPS identifican al diálogo abierto y directo sobre el tema como el principal saldo de la primera visita en la última década realizada por una experta independiente del Consejo de Derechos Humanos de la Organización de Naciones Unidas (ONU) a esta isla caribeña.
Invitada por el gobierno cubano, Giammarinaro desplegó del 10 al 14 de este mes una amplia agenda en la capital y en las provincias de Artemisa y Matanzas, en reuniones además con funcionarios, parlamentarios, representantes de ONU y el estatal Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex), que realiza un simposio al respecto.
“Espero que esta visita sea un punto de partida para sostener un diálogo provechoso e intenso con todo el sistema de derechos humanos”, dijo la relatora en la única conferencia de prensa, ofrecida el 14 de abril, donde habló de las fortalezas y debilidades observadas en el país caribeño.
Giammarinaro resaltó el acceso universal y gratuito a la educación y servicios de salud, seguridad social y participación femenina. También elogió el primer Plan de Acción Nacional para la Prevención y Enfrentamiento a la Trata de Personas y la protección a las víctimas (2017-2020), que aún no es público.
Valoró de adecuado el enfoque del plan y su carácter multidisciplinario, aunque precisó que el mayor reto vendrá con la implementación, cuando las autoridades deberán establecer protocolos claros y de fácil aplicación para identificar y proteger a las víctimas.
También instó a separar los delitos de trata de personas y proxenetismo, que están juntos en el Código Penal vigente; especificar el crimen de explotación laboral y proteger en el derecho penal a niños, niños y adolescentes hasta los 18 años de edad y no hasta los 16 como en la actualidad, además de “superar el estigma social hacia la prostitución”.
Otras inquietudes y propuestas de sectores de la sociedad civil salieron a flote gracias a la estancia de la relatora.
“Tenemos casos de los dos tipos de trata: transfronteriza e interna”, valoró Vila, que dirige el Proyecto Palomas, una productora de audiovisuales para el activismo social.
A partir de su trabajo cercano a las comunidades, la documentalista observa que en Cuba “hay grupos vulnerados por una serie de determinantes sociales, que pueden ser víctimas de esta cruel expresión de la violencia con dimensiones de pandemia mundial”.
En ese sentido, propuso, “incluir a los niños varones en las campañas mundiales preventivas de este y otros fenómenos, que solo se enfocan a las mujeres y las niñas”, algo que aseguró haberle comunicado a Giammarinaro en su momento.
Décadas de silencio sobre el problema en Cuba provocaron que hoy muchas personas desconozcan hasta el término más usado para referirse al comercio ilegal de personas con fines de esclavitud reproductiva, explotación sexual, trabajos forzados, extracción de órganos u otras formas modernas de esclavitud.
IPS preguntó a varios vecinos de la capital si conocían sobre trata humana en esta isla de 11,2 millones de habitantes.
“Nosotros no tenemos ese problema en Cuba”, aseguró de inmediato una contadora de 47 años. “He escuchado algo en las noticias, pero no sé mucho”, respondió un mecánico, de 50 años. Y un joven profesor universitario, que dice leer los periódicos estatales todos los días, solo conoce del negocio del tráfico de personas.
Los informes nacionales publicados hasta el momento observaron conductas propias de la trata de personas en 46 casos de todos los procesados entre 2012 y 2015 por los delitos de proxenetismo y corrupción de menores. Además, en 2015 las autoridades cubanas cooperaron con las de otros países en 37 casos de trata.
Resaltaron que, a diferencia de otros países, en el orden interno no resulta frecuente el empleo de amenazas, coacción u otras formas de intimidación para realizar el delito, ni tampoco la explotación sexual de adultos, niñas y niños se asocia a redes criminales organizadas.
Pero suceden casos de captación de víctimas, principalmente mujeres jóvenes, a través de organizadores nacionales residentes en el exterior o extranjeros, con falsas ofertas laborales. Fuera de Cuba, los delincuentes las obligan a prostituirse, amenazan, privan de libertad y retiran sus documentos identificativos.
“La percepción de riesgo entre la población cubana es mínima”, dijo Gabriel Coderch, el coordinador del no gubernamental y de inspiración cristiana Centro Oscar Arnulfo Romero (OAR), que organiza una campaña nacional contra la violencia de género, al ser consultado por IPS.
“Si se habla de trata de personas, la mayoría de las y los participantes en un taller desconocen que exista esta figura, incluso hay quienes llegan a afirmar que este delito no se da en Cuba”, abundó.
OAR, que ha impartido talleres sobre abuso sexual infantil a docentes a pedido de la educación pública, propuso “que se aborde el tema desde el nivel de escolaridad primaria para que las niñas y los niños sean capaces tener una visión clara del fenómeno”.
En 2015, se reportaron en el país presuntos hechos que implicaron a 2.174 niñas y niños víctimas de algún tipo de abuso sexual, una cifra presentada por las autoridades como muestra de la baja incidencia de estos delitos en este sector de la población.
Coderch consideró que la relatora “hizo meditar sobre varios asuntos como la edad penal, además de permitirnos ver con más objetividad el problema y cómo enfrentarlo”.
“Debemos trabajar con la población para elevar la percepción de riesgo, sobre todo con las personas que van a viajar al exterior”, dijo Yoandrys González, jefe de Cooperación Operacional Internacional de la Dirección General de la Policía Nacional Revolucionaria, en el último simposio organizado por Cenesex en enero último.
“Algunas víctimas y familiares no muestran disposición a la cooperación debido a que no se identifican como tales. Falta experticia en todos los actores que se vinculan a las acciones de prevención, enfrentamiento y protección a las víctimas, porque es un fenómeno que antes no nos impactaba con la magnitud actual”, abundó.
González detalló que las víctimas suelen ser mujeres aunque también se registran hombres, y la mayoría de los casos son de trata transfronteriza vinculada a la explotación sexual. Sin embargo, precisó que se debe “profundizar más en investigar el impacto de la trata hacia lo interno”.

Trata humana y relaciones Cuba-Estados Unidos

Estados Unidos retiró en 2015 a Cuba de su lista de países que no hacen lo suficiente para combatir el tráfico de personas, donde se encontraba desde 2003.
Ahora está en la categoría de “observación especial”, junto con Bolivia, Costa Rica, Haití, Jamaica y China, entre otros países que según Estados Unidos no cumplen con los estándares de lucha contra el tráfico de personas establecidos en una ley estadounidense de 2000, pero hacen “esfuerzos significativos”.
Por su parte, Cuba señaló como causa de casos de trata humana y tráfico ilícito de migrantes cubanos con destino a Estados Unidos u otros países de la región, a las facilidades que brinda la Ley de Ajuste Cubano y la política “pies secos-pies mojados”, esta última derogada el 12 de enero de 2017.

Ivet González
IPS

lunes, 17 de abril de 2017

La economía cubana: cambios y retos




La Revolución heredó un país pobre por más de medio siglo, víctima de la corrupción y el desgobierno, atenazado por la dependencia externa y la explotación capitalista e imperialista. En esas difíciles circunstancias eligió como vía para resolver los males que lo asolaban, el único camino que encontró posible: el Socialismo, en nuestro caso, frente a las mismas costas de Estados Unidos. Sus profundas transformaciones tuvieron que vencer constantes y crecientes agresiones de la reacción interna y externa, a tal punto que nuestro pueblo fue condenado al más largo y despiadado bloqueo económico, comercial y financiero que recuerde la historia de la humanidad por parte de la potencia imperial más poderosa del mundo. Estas realidades impactaron en nuestro desarrollo, en el mundo empresarial cubano y en la evolución de sus sistemas de dirección y gestión.
Lo expuesto puede ayudarnos a comprender muchos de los hechos que expondré a continuación. Por supuesto, ello no debe interpretarse como una justificación a errores cometidos que la dirección de la Revolución reconoció y luchó por rectificar.
Después de 1959 surgieron las llamadas “empresas consolidadas”. Estas estaban integradas por pequeñas y, ocasionalmente, medianas unidades productivas de similar actividad o sector, distribuidas por todo el país y, por lo general, con muy bajo nivel tecnológico. Sus ingresos los recibía el presupuesto del Estado y después éste les asignaba los fondos necesarios para su funcionamiento. Por aquellos tiempos sus directivos solían ser compañeros de probada confiabilidad política, pero estrenados en ese nuevo rol. En el desempeño de estas entidades era importante el registro contable, pues su eficiencia se determinaba a partir de los costos. En su funcionamiento se conocieron problemas asociados a la planificación y al sistema presupuestario y afrontaron los lógicos inconvenientes de dirigir desde la capital a infinidad de unidades diseminadas a todo lo largo y ancho de nuestro territorio. Estas empresas nacionales existieron hasta comienzos de 1970, aunque, antes, en 1965, se operaron cambios en el sistema de dirección al eliminarse la contabilidad y casi toda la relación mercantil y medirse la eficiencia teniendo en cuenta, en lo fundamental, indicadores físicos y no económicos. Fue un gran error cuyas consecuencias aún padecemos. Representó un retraso en la gestión empresarial, que repercutió negativamente en nuestra economía.
En 1975 se aplicó el Sistema de Dirección y Planificación de la Economía (SDPE). Se concedieron determinadas facultades a las Empresas, quienes debían autofinanciarse y con la ganancia realizar aportes, formar fondos, etcétera. Este sistema nunca funcionó completamente, pues las empresas no lograron articularse con los Organismos Globales, dio paso al “homologuismo” en las diferentes instancias de dirección, inmovilizó recursos por deficiencias en la planificación, presentó dificultades en la contratación, aplicó incorrectamente el pago por resultados y el sistema de primas, se llegó a alterar precios para ofrecer la imagen de una rentabilidad inexistente y otros males. Al mismo tiempo, alimentó la tendencia a creer que los mecanismos económicos resolverían todos los problemas en detrimento del necesario e ineludible trabajo político.
Para enfrentar esta situación, en el año 1986 se declara el proceso de rectificación de errores y tendencias negativas. Surgen nuevas formas de organización como los contingentes, se introducen iniciativas vinculadas al desarrollo del Polo Científico y se comienzan a dar pasos para expandir el turismo; pero, poco después, en los años 90, el país entra en una profunda crisis al caer el campo socialista, lo cual representó la pérdida de nuestros principales clientes y suministradores. Cuba no tuvo otra alternativa que acceder a una estrategia de sobrevivencia.
Había que salir de la crisis. Era necesario acrecentar nuestros bienes exportables y sustituir importaciones. Se adoptaron un conjunto de medidas que adquirieron un carácter emergente. Entre ellas, como factor desencadenante, se realizó un esfuerzo notable en el desarrollo del turismo y, además, se crearon las tiendas comercializadoras en divisas así como empresas mixtas que operaban con capital extranjero o como sociedades anónimas 100 por ciento cubanas.
En 1996 el país logró detener el brusco descenso que, a partir del año 1990, registró el Producto Interno Bruto (PIB). Se resistió heroicamente a contrapelo de los cantos de sirena de los enemigos y las preocupaciones de muchos amigos. Aquellos años del “Período Especial” fueron muy duros, cargados de sacrificios y privaciones, donde tuvimos que acudir a males necesarios que restañaron valores y nos dejaron secuelas indeseables, como la doble moneda, aún sin poder erradicarse.
En 1998 se comenzó a introducir el Perfeccionamiento Empresarial (PE). Fue un buen momento. Era una valiosa idea experimentada en la actividad civil del Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (MINFAR), que se extendió a más de 1,000 empresas del sector estatal de la economía. El PE contribuyó a mejorar la contabilidad y alcanzó logros económicos cuantificables y tangibles, las empresas alcanzaron ciertas facultades, no todas las necesarias, y algunas de las concedidas no fueron ejercidas correctamente. Sin embargo, por primera vez, en tal dimensión, directivos y trabajadores se comenzaron a identificar con conceptos y técnicas de dirección y gestión empresarial frutos de la experiencia internacional: Misión, Visión, Estrategias, Objetivos, Liderazgo, Sistemas, Subsistemas, Manuales, Procedimientos, Diagnósticos, Trabajo Grupal, Tormenta de Ideas… Fue una etapa en la cual sentí satisfacción. En la consultoría, con mi grupo de trabajo, participé directamente en las entidades asesorando la elaboración de decenas de proyectos de “Expedientes”. El PE no dejaría todo el saldo esperado; sin embargo, fue una gran iniciativa implementada con un alto nivel de organización y rigor, cuyos resultados, además de ser satisfactorios, constituyeron una premisa que nos indicó un rumbo, un derrotero, una meta que debemos firmemente proponernos, alcanzar “La cultura necesaria en el proceso de dirección y gestión empresarial”.
Las repetidas re-estructuraciones en los organismos centrales obligaron a las empresas a cambios constantes. Estas se vieron sujetas a diversos sistemas de dirección y sufrieron de gigantismo, verticalismo, “homologuismo”, burocratismo, la operación con diferentes monedas, el “copismo”, la ausencia de carácter sistémico y otros desajustes y males que les impidieron desempeñar su verdadero papel.
Por otra parte, en los últimos años, dentro del contexto de la actualización de nuestro modelo económico y social, se han adoptado algunas medidas tendentes a favorecer la autonomía de las empresas; sin embargo, paralelamente han surgido otras que contradicen ese objetivo.
Cuando conocí la decisión de conceder más facultades a las empresas lo asocié a la necesidad de descentralizar la dirección de la actividad económica, pero, de hecho, los resultados fueron inversos. Al disminuir la cantidad de empresas existentes y convertirlas en Unidades Empresariales de Base (UEB), las facultades aprobadas las recibieron otras instancias intermedias (territoriales, provinciales o nacionales) denominadas ahora Empresas o las Organizaciones Superiores de Dirección Empresarial (OSDE), cuyos directivos, al estar físicamente desvinculados de los colectivos laborales, carecen de influencia directa en el cumplimiento de los planes económicos; no están allí donde se gana o se pierde la batalla. Estas últimas –antes empresas, ahora UEB– vieron disminuidas sus pocas prerrogativas disponibles, perdieron su muy limitada autonomía y hasta se quedaron sin personalidad jurídica. Un jefe que carezca de la posibilidad de transformar los acontecimientos, pues casi todo debe consultarlo y no puede ser creativo, y no pueda adoptar decisiones y asumir riesgos no es jefe, y nunca se desarrollará como tal ni podrá ejercer un liderazgo.
El auge sin precedentes alcanzado por la ciencia y la técnica durante el pasado siglo dio paso a la llamada globalización, y ella, a un impresionante crecimiento de la competitividad. En tales condiciones las técnicas de dirección y gestión empresarial en el mundo cambiaron radicalmente buscando adaptarse a las exigencias de los nuevos tiempos. Hoy predominan otros conceptos e ideas.
Las empresas, para sobrevivir y obtener progresos en el mercado actual –altamente competitivo– están obligadas a innovar constantemente. Ello no puede dilatarse un solo instante, de lo contrario, corren el riesgo de quedar rezagadas ante la celeridad y complejidad con que acontecen los descubrimientos científico-técnicos en casi todas las ramas de la economía, lo cual también incide en las diferentes tendencias prevalecientes en el mercado.
En esas circunstancias la excesiva centralización que se deriva de las estructuras empresariales verticales, resultan obsoletas, contraproducentes. Casi todos los países las han desechado por ineficaces, pues entorpecen la coordinación y toma de decisiones, son lentas, pesadas y tampoco responden a la dinámica que reclama el flujo de la comunicación. Esas viejas estructuras piramidales son herencia de otros momentos y situaciones.
Por otro lado, pasaron los tiempos de Ford y de Taylor (cuando la persona era una prolongación de la máquina); ahora constituye un ser pensante. Asistimos (y cada día lo será con más fuerza) a la era del conocimiento y la información (algunos analistas pronostican que en este siglo los avances científico-técnicos crecerán 20 veces en relación con lo alcanzado en la anterior centuria).
En el mundo moderno no es posible una continua mejora tecnológica y aumento de la competitividad, sin promover la participación y preparación de los trabajadores, pues es indispensable desatar toda su energía creadora. En eso los japoneses tienen mucho que enseñar. Muchos capitalistas aprendieron esa lección, por eso no solo aspiran a contar con directivos, sino con líderes: dirigentes capaces, proactivos, carismáticos, consagrados; no solo motivados, sino con posibilidades de motivar también a los demás.
Algunos empresarios de éxito en el mundo, al escribir sus memorias o ser entrevistados, entre los factores apuntados como causa de sus resultados han destacado la atención a las personas; pero no solo, ni principalmente, se han detenido en los salarios, primas, condiciones de vida y trabajo y esos temas que comúnmente enumeramos al respecto. No, le han otorgado mucha importancia a todo lo asociado a estimular y propiciar sus posibilidades de realización, es decir, a contar con ellas, a tener en cuenta sus opiniones, a darles acceso a todo lo que pueda elevar sus conocimientos y competencias, y hasta señalan reconocer públicamente los resultados de su trabajo. Sí, nadie se confunda, los tiempos han cambiado, hoy los capitalistas también hablan de estímulos morales y algunos los utilizan mejor que nosotros. Desde luego, puede que muchos de ellos se inspiren en una motivación que se incline a los intereses económicos, incluso individuales, y nosotros preferimos destacar el necesario carácter social que garantice el beneficio de todo el pueblo; pero no podremos lograr este objetivo si no aseguramos también la motivación económica.
No creo que cuando al exponer mi opinión en torno a las medidas centralizadoras adoptadas doy una noticia a los compañeros que tienen la alta y compleja responsabilidad de estudiar estos temas y emitir las propuestas correspondientes. Desde luego no es igual estar en el centro del rodeo capoteando al toro, que ver el espectáculo desde las gradas. Soy un convencido de que en la conducción de la economía, para tener éxito, es un imperativo insoslayable la descentralización; es decir, que los jefes posean facultades. Sin embargo, también soy un convencido de que descentralizar exige un riguroso control y es ahí donde está una de nuestras debilidades, esa es todavía una situación a preocuparnos y ocuparnos mucho más, es una cuenta todavía pendiente. Esto no me lo ha dicho nadie, ni lo he leído en ningún artículo, lo he constatado personalmente, pues llevo 17 años inmersos en estos andares. Y es ahí a donde quiero llegar.
En Matanzas, en el escenario donde actúo, todo indica que los controles, supervisiones y otras medidas adoptadas para detectar, prevenir y contrarrestar los delitos económicos no han sido efectivas. Estos, en vez de disminuir, han crecido y extendido a actividades fundamentales como la agricultura, la alimentación y el combustible. Se ha puesto de relieve, además, señales de superficialidad en la selección, control y preparación de los cuadros y también de los funcionarios administrativos.
Hay casos que resultan incomprensibles. En la contabilidad e implementación del control interno se detectan insuficiencias que provocan señalamientos; los hay por desactualización, falta de orientación o mala interpretación, que pueden ser tolerados por primera vez; no hay que ser extremistas, podemos hacer las aclaraciones y organizar las acciones de rectificación indispensables, eso es correcto; pero hay señalamientos que, en algunas entidades, por su naturaleza, los originan deficiencias que no se conciben en que incurran especialistas a quienes se les paga por esa responsabilidad y se deduce que deban saber lo que hacen. Hay falta de interés y voluntad para hacer bien su trabajo. ¿Por qué admitimos que esos señalamientos se reiteren a las mismas personas de inspección en inspección? No me estoy refiriendo aquí a infracciones ocasionadas por quienes caen en hechos delictivos o los favorecen y toleran. Esto constituye otro asunto, y ante esto siempre habrá que actuar de forma radical e inmediata.
Hay empresas donde, con reiteración, se informa que se ha “chequeado” el Control Interno por la administración o sus instancias inmediatas superiores, así como por sus organizaciones políticas y sindicales, sin detectar problema alguno; y después, al ser inspeccionadas por organismos u organizaciones externas, han aparecido insuficiencias, a veces muy graves. ¿Qué sucedió? Que los controles realizados a nivel de empresa fueron superficiales, se realizaron para cumplir una meta y no proyectaron acciones de control preventivo con el objetivo de evitar que esos hechos lamentables tuvieran lugar. Donde predomine esta práctica nunca habrá control económico y lo mal hecho pasará inadvertido.
No quiere decir que no existan también controles externos cosméticos; es decir, que proceden a la ligera y se dejan impresionar por los papeles, sin ir al fondo de los problemas. Esos controladores no se hicieron sentir, estuvieron como el “pescado en nevera”: asistieron al lugar de los hechos con los ojos abiertos sin ver lo que les rodeaba. Ese método formal, burocrático, debe cesar; quienes así actúan no pueden ejercer esa responsabilidad.
No es menos cierto que hay jefes que para encubrir su menosprecio e insensibilidad ante sus responsabilidades en relación con el control interno, se nos presentan como abanderados de la lucha contra el burocratismo y no podemos aceptar esos argumentos.
Es verdad, a nombre de un control que nunca llegan a alcanzar, hay quienes son muy pródigos inventando modelos, papeles, planillas, procedimientos, etcétera. Resulta un barraje insoportable que hace perder tiempo y esfuerzo a quienes quieren trabajar. Esto es consecuencia del exceso de personal, funcionarios y especialistas en los intermedios y altos niveles que, por lo general, pugnan por tener sus homólogos en las instancias inferiores. Ellos se sienten obligados a inventarse un contenido de trabajo y pretenden hacerlo inundándose en papeles, que en ocasiones nunca leen. Ese mal algún día debe ser extirpado de raíz.
No necesariamente tenemos que esperar restablecer el control económico en todos los centros de trabajo para conceder facultades a sus directivos, a los que están ahí, luchando “en la concreta.” Esta puede ser una decisión selectiva, un reconocimiento a quienes se lo merecen porque su contabilidad y control es veraz y un claro reflejo del comportamiento de los hechos. Por supuesto, eso hay que probarlo, debe certificarse con regularidad y por organizaciones o entidades externas subordinadas al Estado, que respondan a sus intereses y estén integradas por profesionales competentes, íntegros, probados y comprometidos. La orientación y observancia de las normas y regulaciones que dicte el Estado sólo debe ser competencia del propio Estado.
Podemos ser flexibles, pero no tontos –y esto no es una prevención infundada. No faltan quienes tienden estimular un “Frankestein” que comience a despertar vicios, por supuesto que dañinos. Hace muchos años, antes del triunfo de la Revolución, cuando me inicié en los “ditirambos” sindicales y discutía los Convenios de Trabajo con los patronos y sus abogados, ellos para disuadirme de la imposibilidad de acceder a los reclamos de los trabajadores, me sacaban un librito que contenía los ingresos y gastos (debe y haber). Yo era muy joven, tenía aún poca “carretera”, pero era estudiante nocturno de la Escuela Profesional de Comercio de Matanzas (tercer año); en esos casos les respondía: “guarden ese librito que reservan para cuando vienen los inspectores, tráiganme el bueno, el que esconden, el que dice la verdad”.
Cuba ha de insertarse en la economía global y el mercado mundial capitalista, y será mucho mejor si lo hace integrada a la fuerza capaz de desatar la unidad de la patria grande. Ello supone apoyarse en tecnologías de punta y en un desarrollo intensivo; es decir, a partir de la eficiencia, ofertando productos y servicios competitivos por su calidad y precios.
Lo expuesto no es posible accediendo solo a capital y tecnología. Será necesario, además, garantizar una autonomía empresarial, capaz de desencadenar una dinámica que facilite la innovación constante, motive a los trabajadores, y promueva su participación real y efectiva en la gestión económica.
Esto, como es lógico, no será viable repitiendo, directa o indirectamente, las viejas estructuras verticales, la excesiva centralización, la rigidez de un plan, el formalismo y el burocratismo. Todo esto, influidos por las gastadas y copiadas prácticas aplicadas en un gran país y vendidas como verdades absolutas y universales, como expresión genuina de la pureza de una doctrina -de la que su fundador Carlos Marx, nunca hizo alguna referencia al respecto.
Si importante es que la economía estatal predomine y sea competitiva en el mercado externo, lo es también que lo sea en el interno; mucho más en circunstancias en que abrimos espacio, en diferentes formas, a la gestión no estatal, sin que ello signifique una merced o concesión, sino, un complemento necesario.
Puede ser –y de hecho puntualmente ya lo es– que determinados servicios en un territorio dado, sean ofertados por la actividad no estatal con carácter dominante o importante, porque las entidades estatales están aún imposibilitadas de prestarlos o han decidido trasladárselos y, aprovechando esa eventualidad, fijen precios exagerados a la población y, para evitarlo, tengamos que establecer topes a los precios; una decisión siempre indeseable y complicada. Por consiguiente resulta aconsejable, de cara al futuro, que el Estado se prepare para estar en condiciones de irrumpir en esos escenarios con idéntica oferta a precios razonables para lograr un justo equilibrio.
En esa relación mercantil de compra–venta no puede obviarse el impacto de la ley del valor. Por lo tanto, lo importante es tenerla en cuenta y estar en condiciones de contrarrestar los efectos negativos que puedan generarse.
Por eso, lo más importante en nuestro desempeño tiene que ser los resultados. El éxito no es sólo hacer mucho sino lograr mucho; no debemos dejar de reconocer los esfuerzos, pero sólo premiar los resultados. Esos son los que al final determinan. Por supuesto que es indispensable identificar muy bien cuáles son los resultados, pero cuidando con esmero los costos y tomando muy en cuenta la productividad y la calidad. Es oportuno puntualizar, además, que los logros nunca se justificarán transgrediendo el objeto social, las normas jurídicas y nuestros valores y principios éticos; es decir, sin dejarnos tentar por la idea maquiavélica de que el fin justifica los medios.
En este proceso de reformas tienen lugar medidas inteligentes y racionales, aunque algunas, a mi juicio, deben ser objeto de una profunda reflexión. Conocemos los problemas naturales y esperados por la inevitable vigencia de la doble moneda y sus disímiles tasas de cambio. Esto genera un conjunto de distorsiones que, indistintamente, benefician o perjudican a las diferentes formas de propiedad. En cuanto a los salarios debo hacer el siguiente señalamiento. La tasa de cambio del CUC en las entidades estatales es del 1 X 1; pero en las cooperativas no agropecuarias es del 1 X 25. Ello posibilita una situación financiera que concede una ventaja competitiva, en cuanto a la retribución por el trabajo, a una forma de propiedad y gestión sobre otra. Hace pocos meses el director de una importante agrupación estatal constructiva me señaló: “Muchos de mis especialistas más calificados y experimentados fueron captados por las cooperativas de construcción; imagínate, les pagan hasta 10 veces más de lo que yo puedo ofrecer”.
Esto no sólo afecta la estabilidad de los recursos humanos de un sector decisivo y estratégico de la economía estatal, sino también a otros, aunque, quizás, por el momento, en menor medida. Algunos me criticarán por usar la expresión “recursos humanos” y no “potencial o capital humano”, como ahora suele decirse, al alegar que las personas no son recursos y, por lo tanto, no se administran. Estoy de acuerdo con ellos, pero cuando uso la palabra “recursos” no me refiero a las personas, sino a sus conocimientos, competencias, talentos, habilidades, experiencias y eso sí lo debemos potenciar, aprovechar y administrar. Sin embargo, lamentablemente, muchas veces eso lo subestimamos, somos tan estrechos de mente que no comprendemos que pueden constituir nuestra principal ventaja competitiva.
La vida me enseñó que constituye un gran error acudir a posiciones igualitaristas, y que la mejor forma de hacer prevalecer la igualdad es brindar un tratamiento desigual a las cosas desiguales. En la situación y momentos que vive el país es inevitable aceptar el incurrir en determinadas desproporciones y desigualdades; pero, por supuesto, una cosa es lo bueno y otra lo demasiado.
La actualización del modelo económico y social cubano, como se conoce, ha creado condiciones para alentar la inversión externa, aunque aún sus resultados distan de nuestras necesidades. El Presidente, General de Ejército Raúl Castro, ha instado a romper prejuicios y esquemas mentales que entorpezcan el avance de esta opción, indispensable para alcanzar el esperado desarrollo y crecimiento de la economía. Aspirar a este objetivo es un gran desafío, pues atravesamos una difícil situación económica, en medio de la globalización y las nefastas consecuencias de un injusto y agudo bloqueo económico, comercial y financiero; sin embargo, en este mundo incierto, convulso, violento, amenazado por tantos peligros, Cuba posee condiciones excepcionales para lograrlo. Contamos con estabilidad y unidad interna y, en especial, con un pueblo instruido, preparado y calificado, fruto de la inmensa obra cultural promovida e impulsada por la Revolución.
En el país se introducen nuevas formas de propiedad y gestión. Se negocian y crean empresas mixtas con capital extranjero, se incrementan los trabajadores por cuenta propia, se fortalecen las cooperativas agropecuarias y se fomentan las no agropecuarias. Son iniciativas novedosas no concebidas como males necesarios, sino como importantes y oportunos complementos a la actividad económica estatal.
Los pasos emprendidos abren espacio en nuestra sociedad a la propiedad privada, al mercado y como algo consustancial, a la competencia. Ninguna de ellas puede quitarnos el sueño, porque no tienen necesariamente que estar reñidas con nuestros objetivos. Lo estarían –como no debería ocurrir nunca en nuestro caso– si alimentaran el liberalismo, si se subordinaran al capital y respondieran al insaciable afán de lucro de unos pocos.
Algunos hablan mucho de “libre mercado” y “libre competencia”, y presentan ambos elementos con un carácter absoluto. Esto último es pura fanfarria e hipocresía; pues en diferentes momentos históricos, al considerarlo necesario, todo tipo de gobierno ha recurrido a medidas económicas y extra-económicas, para regular el mercado y la competencia. Nada nos impide a nosotros hacerlo también. Desde luego, para ello siempre debemos inspirarnos en la búsqueda de relaciones económicas que beneficien al país y a todo el pueblo.
La propiedad social sobre los medios fundamentales de producción siempre deberá ser preeminente. La salud, la educación y la cultura, deben continuar siendo universales y hemos de asegurar el desarrollo de su calidad, incluso en medio de situaciones adversas. De igual modo debe garantizarse la seguridad social. Las conquistas históricas de la Revolución deberán ser imperecederas.
Las transformaciones emprendidas no resultan concesiones, ni son el resultado de presiones externas de ningún tipo. Ellas resultan decisiones libres y soberanas, determinadas por apremiantes necesidades internas.
Muchos enemigos de los fundamentos de la Revolución han apreciado estos cambios como una oportunidad, además dentro de los marcos del proceso de normalización de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos. Ellos alegan que estas novedades van a potenciar, en nuestro país, la influencia de actores y condiciones que servirán de sostén y de aliados a quienes desean derrotar a la Revolución. No obstante, estoy seguro de que los cubanos, con su proverbial inteligencia y la preparación, adquirida sobre todo en estos años de Revolución, no se dejarán seducir en contra de sus principios y convicciones.
La dirección de la Revolución aceptó el reto. El hecho de que sea un gran desafío explica que las medidas adoptadas tengan que ser muy pensadas y consensuadas. Debemos avanzar de forma sostenida aunque sin precipitaciones, ni improvisaciones. Los impacientes deben comprender que transitamos por un camino preñado de riesgos y peligros y, por ello, debemos resguardarnos de cometer errores cuya rectificación, no podría ser posible en nuestras condiciones.

Roberto Veiga Menéndez
Cuba Posible