martes, 26 de septiembre de 2017

América Latina y el Caribe : Huracanes , Terremotos Naturales y Políticos


Intervención del canciller cubano, Bruno Rodríguez, en 72 Asamblea General de Naciones Unidas




El ministro de Relaciones Exteriores cubano, Bruno Rodríguez, realiza su intervención en el debate General del 72 Periodo de Sesiones de las Naciones Unidas, donde se refirió a las relaciones entre nuestro país y Estados Unidos, y abordó los desastres naturales que han sacudido a la región latinoamericana y caribeña recientemente.

lunes, 25 de septiembre de 2017

“Orejagate” parece una operación estadounidense para deshacer la apertura de Obama a Cuba

Seguimos escuchando y leyendo acerca de los llamados ataques sónicos que supuestamente han hecho daño, hasta en este momento, a 21 diplomáticos estadounidenses en Cuba. Los veintiuno han sufrido pérdidas auditivas o conmociones cerebrales, mientras que otros sufrieron náuseas, dolores de cabeza y zumbidos en los oídos. Algunos se enfrentan a la falta de concentración o problemas para recordar palabras. Todas estas son denuncias reportadas por numerosos medios de prensa estadounidenses, incluyendo a Associated Press, Reuters, The Washington Post, Fox News, el Miami Herald y otros. Hasta la fecha, ninguna de las personas atacadas ha sido identificada, excepto el reportado como Jefe de Seguridad de la embajada norteamericana en La Habana. Seguramente sus síntomas y lesiones han sido reportados, pero todavía no hay un solo rostro identificado con el delito –al menos públicamente.
Desde el principio ha sido un caso extraño. Un “who done it” de proporciones internacionales –nada realmente insólito o nuevo en lo que se refiere a la relación entre Estados Unidos y Cuba.
Vietnam puede que no parezca estar relacionado con esta historia. Pero hay una pequeña joya en el excelente documental de Ken Burns que he visto acerca de Vietnam. Algo que se me queda en la mente, una declaración de un soldado que luchó por Estados Unidos en esa guerra, quien dice –y estoy parafraseando– que la década de los 60, cuando el presidente Kennedy todavía estaba vivo, fue la última vez que los estadounidenses creyeron realmente que su gobierno nunca les mentiría…
Así que busqué un poco en mis recuerdos después de ver el programa y encontré lo siguiente:
Una explosión en el acorazado USS Maine en el puerto de La Habana dio una razón a Estados Unidos para intervenir en una guerra que se había librado durante muchos años entre Cuba y la España colonialista. Curiosamente, fueron los editores de periódicos los que empujaron a Estados Unidos a intervenir en la Guerra de Independencia de Cuba. ¿Y quién voló el Maine? Quien lo haya hecho dio a Estados Unidos una razón para entrar en la guerra…
Vietnam y la teoría del dominó. Nos dijeron que el país, involucrado en una guerra de independencia (no muy diferente a lo que hizo Estados Unidos en 1776), estaba siendo invadido por comunistas, que como dominós que caían, terminarían tarde o temprano en nuestras costas…
Armas de Destrucción Masiva en Iraq. Una mentira demostrada que empujó a Estados Unidos a una guerra contra Saddam Hussein, por la cual hasta la fecha todavía estamos pagando, y que también condujo a una desestabilización aún mayor del Oriente Medio, partes del sudeste asiático y del mundo. ISIS y otros grupos terroristas no surgieron de la nada…
La terrible experiencia de Peter Pan en Cuba. Casi 15 000 niños fueron utilizados por la CIA y la Iglesia Católica en una operación para desestabilizar al recién formado gobierno revolucionario cubano. Muchos de los niños son ahora hombres y mujeres mayores que aún llevan las cicatrices de este plan grotesco. Y muchos en Estados Unidos todavía culpan al gobierno de Castro por ello…
La lista es mucho más larga, pero esta es suficiente para demostrar que el engaño y la mentira han sido utilizados por Estados Unidos para lograr su meta final como imperio.

Lo que nos lleva de nuevo a “Orejagate” y a los 21 diplomáticos estadounidenses.

En primer lugar, no olvidemos que cuando se informó inicialmente había canadienses también enumerados como víctimas de los ataques sónicos. Progreso reprodujo a finales de agosto un reporte de Reuters: “Canadá no asume automáticamente que Cuba estuvo detrás de un presunto ‘ataque acústico’ contra personal estadounidense y canadiense en La Habana y no tiene planes de expulsar a diplomáticos cubanos”.
Añádase a esto las declaraciones hechas por científicos que son expertos en el campo del sonido y sus efectos en el cuerpo humano. En un reportaje de Fox News por James Rogers, este escribe: “Se ha especulado que el infrasonido (un sonido de baja frecuencia por debajo del nivel auditivo humano) o el ultrasonido (por encima de los 20 KHz y que no puede ser escuchado por los humanos) pueden haber sido aprovechados en los ataques.
“‘En última instancia, los dispositivos que funcionan en cualquier espectro podrían causar daños auditivos, pero es poco probable que sea infrasónico, debido al tamaño del altavoz necesario para producir la frecuencia requerida y el nivel de decibeles’, explicó el Dr. Toby Heys, jefe de Future Technologies, un centro de investigaciones de la Universidad Metropolitana de Manchester, en un comunicado enviado por correo electrónico a Fox News. ‘El infrasonido también es muy difícil/casi imposible de dirigir, según los dictados tecnológicos actuales’.
“‘No hay una forma eficiente de enfocar el infrasonido para convertirlo en un arma utilizable’, dijo Mario Svirsky, experto en trastornos del oído y neurociencia en la Escuela de Medicina de la Universidad de Nueva York.
“Heys añadió que el ultrasonido podría dirigirse a la cabeza de un objetivo, pero requeriría una orientación extremadamente precisa dentro de la infraestructura de un edificio”.
Más adelante, en el mismo artículo, abordan la cuestión de las conmociones cerebrales y la descartan como causada por los ataques sónicos alegados por el gobierno de los Estados Unidos.
Sobre la base de esta información, ofrezco mis propias ideas sobre las posibilidades de este caso. Obviamente el Herald y el Post han llegado a conclusiones basadas en evidencia cero y continúan culpando a Cuba por estos incidentes. Yo tampoco tengo evidencia, pero usando la lógica, la historia y el sentido científico común, creo que mi conclusión es más realista que la de estos dos periódicos.
Si el “Orejagate” ocurrió como se informa, los culpables son los propios estadounidenses que trabajan para deshacer los avances en diplomacia logrados desde el 17 de diciembre de 2014 entre Estados Unidos y Cuba. No tengo ni idea de si es una operación de la CIA, un grupo de renegados dentro del gobierno de Estados Unidos bajo las órdenes de la administración Trump o quién sabe quién. Pero, sobre la base de lo que dicen los científicos, esto debió haber ocurrido en el seno de los hogares y oficinas de estos diplomáticos estadounidenses y dirigido de manera muy precisa por personas bajo ese mismo techo mientras los estadounidenses estaban allí.
Sin embargo, hay una última cosa a considerar. Vivimos en una época en la que el conocimiento científico es mal visto por nuestro actual presidente de Estados Unidos y un senador de Florida que lleva zapatos con tacones elevadores. Así que cuando se trata de Orejagate, especialmente para estos dos, el engaño les es mucho más útil que la ciencia.

Álvaro Fernández
Progreso Semanal

sábado, 23 de septiembre de 2017

Fidel habla sobre Operación Peter Pan




Entre la extensa lista de acciones reprobables de la CIA contra Cuba estuvo la Operación Peter Pan

Fidel viaja a EE.UU. para hablar en ONU




El domingo 18 de septiembre de 1960, Fidel Castro viajó a Estados Unidos para participar en el XV Período de Se¬siones de la ONU.

El juicio más trascendente de nuestra historia




El 21 de Septiembre de 1953, en la Sala del Pleno de la audiencia de Oriente, se daba inicio al juicio más trascendente de nuestra historia: la Causa 37 o Juicio del Moncada

Toda reforma económica debe continuar garantizando los derechos sociales conquistados por la Revolución

En varios análisis y opiniones vertidas en la esfera pública cubana transnacional muchos defienden la propuesta de una reforma económica más amplia, integral y rápida. Del mismo modo, resaltan que el modelo social cubano no debe renunciar al acceso universal a la educación y a la cultura, a la salud pública, a la seguridad social y al trabajo decente –para lo cual habrá que desarrollar una gran capacidad de generar empleo. ¿Cuáles deben ser las características de una factible reforma económica así considerada? ¿Cómo podría la sociedad cubana asegurar el acceso universal, con calidad, a esos derechos? ¿Cómo colocar en función de ellos los recursos financieros necesarios sin escatimar recursos para el desarrollo de otros ámbitos también medulares? Brindamos las opiniones del jurista Michel Fernández.
Al parecer existe un consenso generalizado de la necesidad de hacer cambios importantes en la forma en que está organizada la economía en la Cuba de hoy; ese consenso abarca a casi todos los sectores del pensamiento social cubano. Por lo que el gran tema de debate es hasta dónde debe avanzar esa reforma o “actualización” y a qué ritmo o velocidad debe hacerse.
En mi opinión toda reforma económica en Cuba debe continuar garantizando el goce efectivo de los derechos sociales conquistados por la Revolución y aquí me gustaría hacer énfasis en dos de estos derechos: la salud y la educación. En ambos casos estos deben continuar siendo función exclusiva del Estado y, bajo ninguna circunstancia, pueden dejar de ser gratuitos y universales. En el caso de los derechos sociales lo que debe hacer el Estado es otorgarle mucha más atención y presupuesto a estos sectores, principalmente a la educación, que es la que garantiza el futuro del país.
El Estado cubano es el gran responsable del ritmo y la profundidad de las reformas económicas en Cuba, ya que como titular, a nombre del pueblo, de los medios fundamentales de producción, es él quien decide el “cómo” y el “cuándo” de la reforma.
La función del Estado en la economía debe moverse más en el sentido de convertirse en un regulador, que en el de un actor directo, debe dejar el espacio de la creación de riquezas a una diversidad de formas empresariales, entre las que, por supuesto, estarán las empresas públicas, junto a otras formas de organización empresarial. Pero estas empresas públicas deben ser autónomas y tener total independencia en su funcionamiento de las instituciones del Estado y el Gobierno, los que actuarían como accionistas o titulares de estas empresas.
El Estado no puede, bajo ninguna circunstancia, limitar la iniciativa o capacidad de los sujetos para asociarse económicamente con fines lícitos, lo que debe hacer es crear el marco jurídico institucional para que esto funcione con orden. Considero que el Estado debe favorecer la creación de empresas (públicas, cooperativas, privadas, familiares u otra forma de organización) que potencien la mayor riqueza que tiene la nación cubana: su capital humano. No deben existir restricciones para que las personas más preparadas, con mayor nivel académico, puedan legalmente crear sus propias empresas; al contrario, el Estado debería favorecer esto. Así como favorecer el retorno de todos los cubanos que por distintas razones viven en el extranjero y tienen el deseo, la voluntad y el capital para desarrollarse desde Cuba.
Otro elemento esencial en la reforma sería la eliminación de los monopolios, o de las prácticas monopólicas. Se debe buscar la diversidad y la competencia.
Es imprescindible en este proceso de reformas, en el que los sujetos económicos no son solo públicos o estatales, cambiar el rol de los sindicatos y de las organizaciones de la sociedad civil, para que estos tengan la capacidad de actuar como balance en el nuevo escenario.
Es mi opinión que los cambios de la economía cubana, en el sentido que expuse anteriormente, deben realizarse de inmediato, ya que no hay ningún obstáculo objetivo que los impida, solo cuestiones de tipo subjetivo, o dicho de otra manera, decisiones de tipo político, que son las que finalmente marcan el ritmo de la reforma.
Pero los que toman las decisiones políticas en Cuba hoy deben tener claro que la inacción, la lentitud y la poca capacidad para aceptar lo nuevo, son los principales aliados de una futura pérdida de los derechos sociales conquistados. Se necesita valentía para asumir los riesgos que significa una verdadera reforma o “actualización” de la economía cubana; es mucho más “cómodo” y seguro seguir a ritmo de caracol, aunque así estén hipotecando el futuro de Cuba.

Michel Fernández
Cuba Posible

miércoles, 20 de septiembre de 2017

El más devastador huracán contra Cuba es el bloqueo de EE.UU.

Cuba volvió a ser azotada por un devastador ciclón categoría 5 en la escala de Saffir-Simpson, el “Irma”. Pero el peor y permanente huracán que daña a la mayor de las Antillas desde hace más de 55 años sigue siendo el injusto e ilegal bloqueo que aún le impone Estados Unidos.
La nación caribeña ha sufrido los efectos de numerosos de esos fenómenos naturales de diferentes intensidades que transitan por el Caribe, sin embargo el cerco económico, comercial y financiero que Washington mantiene, pese al rechazo unánime de la comunidad internacional, es el que más perjuicios ha causado al pueblo cubano.
Según cifras oficiales, el bloqueo norteamericano le ha ocasionado a la Isla pérdidas por más de 975.000 millones dólares, carencias de medicamentos, alimentos y de numerosos recursos en todas las esferas de la sociedad vitales para el desarrollo sostenido de ese digno país.
Esa política agresiva de las sucesivas administraciones de la Casa Blanca es un huracán perenne, que a pesar de tener las intenciones de rendir a la Revolución cubana por hambre y necesidades, no lo ha logrado.
Los habitantes del decano archipiélago caribeño se recuperan hoy a paso firme del demoledor “Irma” en medio del bloqueo que Washington insiste en aplicarle, lo que constituye, más que una transgresión de las leyes internacionales, una flagrante violación de los derechos humanos (DDHH).
Contrario a lo que un país autotitulado defensor de los DDHH debería hacer, Estados Unidos acaba de prolongar por un año más la llamada Ley de Comercio con el Enemigo, que ampara la guerra económica, comercial y financiera contra Cuba.
La decisión al respecto la adoptó el actual presidente norteamericano, Donald Trump, el pasado 9 de septiembre, precisamente cuando “Irma” inició su devastador recorrido por el norte de todo el territorio de la nación antillana.
Si esa conducta de Trump no es un crimen de lesa humanidad contra los cubanos, cómo podríamos llamarla entonces.
Pero los habitantes de los Isla siguen en pie de lucha a pesar de todas las adversidades. Un tuit del héroe antiterrorista cubano Gerardo Hernández deja bien clara la firmeza de sus compatriotas: ¡Si hemos resistido ese #huracán estacionario sobre #Cuba por más de 55 años, resistiremos cualquier cosa!

Patricio Montesinos

martes, 19 de septiembre de 2017

Ciclistas cubanas en clubs extranjeros: éxito y manipulación




El diario argentino “La Nación” indagaba, sin ningún motivo, en la opinión política de la ciclista Marlies Mejías, fichada por un club argentino, acerca del “régimen socialista” de Cuba, con preguntas que jamás realizaría a un deportista de otra nación. La respuesta de la cubana era clara: “estoy orgullosa de lo que me da mi país”; “en el exterior mucha gente habla del régimen (sistema cubano) sin conocerlo”, desde “una visión equivocada”. Una contestación inaceptable para el diario, a la que rápidamente buscó una explicación: esto lo “dice –leemos- quien tiene un pasaporte oficial y la posibilidad de salir y entrar (de Cuba) cuando quiere. Para Marlies el fichar con el Ladies Power (de Argentina) y ganar un sueldo le permite mantener a toda su familia, incluyendo a su abuela, hermana y sobrina”.

Cuba se recupera y sigue abierta al mundo

El diario USA Today informó el 17 de septiembre que el gobierno de Estados Unidos estaba dando ayuda humanitaria a numerosas islas del Caribe devastadas por el huracán Irma. Cuba, situada a tan solo 90 millas de las costas de la Florida- no estaba entre ellas.
Cuando el huracán Katrina golpeó a Nueva Orleans en 2005, Cuba fue la primera nación en ofrecer ayuda. La isla preparó miles de voluntarios y enormes cantidades de equipos y suministros de emergencia para ayudar a las víctimas en las regiones afectadas con todos los gastos sufragados por Cuba. Incluso en esa ocasión La Habana organizó una brigada permanente de ayuda a países afectados por desastres naturales que nombró Henry Reed (1850—1876), en honor a un ciudadano estadounidense que combatió de manera sobresaliente en las filas independentistas cubanas contra el colonialismo español, en las que alcanzó el grado de Brigadier General.
El gobierno estadounidense de George W. Bush rechazó la magnánima oferta cubana de ayuda, a pesar de la enorme catástrofe humanitaria que se desplegaba en el estado de Luisiana en aquel momento. Katrina causó daños a la ciudad de Nueva Orleáns, pero no la devastó.
Poco después, cuando los diques del lago Pontchartrain y varios canales se reventaron, un caldo tóxico de agua contaminada inundó las calles, así como miles de casas y hasta más allá del segundo piso de los edificios altos. Decenas de miles de personas, casi todas negras y pobres, debieron luchar por la supervivencia en las peores condiciones de abandono oficial. Se calcula que 300,000 familias quedaron sin techo. Tampoco fue aceptada entonces la oferta de ayuda cubana.
En estos momentos, pese a que Cuba se está recuperando de los graves perjuicios que le causara el huracán Irma, no ha vacilado en prestar ayuda a las islas vecinas que han sufrido una desgracia semejante a la propia. Cientos de profesionales, con sus asistentes y suministros médicos, han sido enviados por La Habana en apoyo a sus vecinos del Caribe.
Se conoce que en la base militar estadounidense que ilegalmente ocupa hace más de un siglo un espacio en la ribera de la bahía de Guantánamo, en territorio cubano, en la parte más oriental de Cuba (así como en el campo de concentración de sus prisioneros de guerra sin derecho a juicio que allí existen), hay actualmente alimentos, medicinas y materiales de construcción valorados en cientos de millones de dólares.
Pero se sabe, igualmente, que la base militar estadounidense no ha compartido ni una sola botella de agua potable con los cubanos residentes afectados por el huracán fuera del vallado perimetral de la base.
Entre otras naciones, están proporcionando ayuda a Cuba Argentina, Bolivia, Canadá, Colombia, Costa Rica, China, Ecuador, El Salvador, España, México, Nicaragua, Panamá, República Dominicana, Rusia, Uruguay, Venezuela y Vietnam, así como algunas dependencias de la ONU. En contraste, el Departamento de Estado ha dictado una advertencia contra los viajes a Cuba y asesora en ese sentido a los estadounidenses.
Mientras tanto, millones de voluntarios cubanos han limpiado las huellas que más evidencian el destructivo paso de huracán Irma. Turistas de los más diversos países están acudiendo masivamente ya a la isla.
Al negarle ayuda a los cubanos y desalentar los viajes a Cuba de sus ciudadanos, Washington está utilizando una vez más la ocurrencia de un desastre humanitario para castigar a los cubanos por negarse a aceptar la intromisión de Estados Unidos en sus asuntos internos.
Sin embargo, como manifiesta en mensaje a sus clientes el turoperador canadiense “Cuba Explorer”, basado hace años en La Habana, “los estadounidenses se preparan para visitar Cuba en gran número en los próximos meses, conscientes de que el turismo social es una forma humanitaria y económica de ayuda. Los viajeros quieren mantener vivo el nuevo espíritu de cooperación entre Estados Unidos y Cuba que se inició durante la Presidencia de Barack Obama”.
“Los cubanos están dando muestras de su disposición y sus deseos de dar la bienvenida y abrazar calurosamente a su llegada a la isla a sus invitados estadounidenses”, expresó el antes citado turoperador norteamericano, a partir de sus propias vivencias y expectativas.

Manuel E. Yepe

lunes, 18 de septiembre de 2017

Fidel y la cultura.




Del genio de Fidel extrañaremos bastante; quizá más que nada su especial sentido del momento histórico; esa extraordinaria capacidad de penetrar la esencia de las cosas, para emprender acciones de éxito donde otros las pospondrían escudándose en una supuesta falta de “condiciones objetivas”. Por ejemplo, ¿qué habría hecho por la cultura el común de los mortales, de haber dirigido un país como Cuba, en medio de la convulsa circunstancia de aquellos primeros años de la Revolución? Si nos atenemos a la conocida máxima del filósofo español José Ortega y Gasset: “Yo soy yo y mi circunstancia”, esa particular coyuntura histórica probablemente hubiese polarizado las acciones del líder —siempre que este no fuera Fidel— hacia aspectos muy alejados de la promoción cultural.
Repasemos los contextos, y veamos si aconsejaban otra cosa que no fuese dedicar el máximo esfuerzo al fusil y la trinchera. Solo entre 1959 y 1960, mediante aviones procedentes de los Estados Unidos, la contrarrevolución realizó más de 50 bombardeos con explosivos o fósforo vivo, a centrales azucareros o áreas urbanas. El más alevoso crimen de aquella época se registró en marzo 1960, cuando fue volado el vapor francés La Coubre: hecho que segó la vida a 101 trabajadores cubanos. Según documentos desclasificados, el gobierno de Dwight Eisenhower puso en manos de la subversión interna armamentos y explosivos que, en los seis meses anteriores a la invasión de Girón, provocaron 110 atentados dinamiteros, la detonación de 200 bombas, 950 incendios y seis descarrilamientos de trenes.
El 3 de enero de 1961, los Estados Unidos rompen relaciones diplomáticas con Cuba, y si bien el bloqueo económico y comercial se implanta oficialmente el 3 de febrero de 1962, ya desde octubre de 1960 se habían prohibido las exportaciones a Cuba, excepto medicinas y alimentos; mientras, en la práctica, también se hallaba suspendida la importación de azúcar cubano. Entretanto, en las montañas del Escambray, decenas de bandas armadas realizaban acciones subversivas, y asesinaban maestros y campesinos.
Ante la inminencia de una invasión, había que preparar al pueblo. El 26 de octubre de 1959, Fidel proclama la creación de las Milicias Nacionales Revolucionarias, y ya para marzo de 1960, apenas cinco meses después de creadas las MNR, medio millón de cubanos formaban parte de sus filas. El 15 de abril de 1961, aviones de combate bombardean la pista de Ciudad Libertad, y las bases aéreas de San Antonio de los Baños y Santiago de Cuba. Dos días más tarde, 1500 mercenarios cubanos, apoyados por aviones y buques de guerra, desembarcan por Playa Larga y Playa Girón, solo para ser vencidos en menos de 72 horas.
Tras ese fracaso, el gobierno norteamericano no cejó en su empeño de derrocar la Revolución naciente, y para ello puso en práctica el programa subversivo llamado Operación Mangosta. Durante su período de vigencia, en un lapso de diez meses, se registraron más de cinco mil acciones de sabotaje y actos terroristas contra objetivos económicos y sociales, mientras que, solo con interés de asesinar a Fidel, se emprendieron o planificaron 80 atentados (38 en el gobierno de Eisenhower y 42 en el de Kennedy).
En medio de este complejo momento histórico, ¿sería posible realizar transformaciones sustanciales en la cultura? Veamos cómo para Fidel el desgaste impuesto por el enemigo, y el valioso tiempo que debió dedicar a enfrentarlo, no fue impedimento. El 31 de marzo de 1959, por su orientación expresa, fue creada la imprenta Nacional de Cuba, entidad que, con el nombre de Editorial Nacional, a partir de 1962 estaría bajo la dirección de Alejo Carpentier. Al contrario de lo que podría suponerse, dadas las circunstancias, el primer libro publicado no fue un manual para milicianos, ni un folleto de adoctrinamiento político, sino El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes y Saavedra.
No fue casual la selección de esa obra, con la cual quedó inaugurada la Colección Biblioteca del Pueblo, destinada a los clásicos de la literatura universal. Al respecto, en 1979 Armando Hart Dávalos señaló: “Al símbolo del personaje inmortal que encarna los más puros ideales humanos, se unía la voluntad de reconocer como propio el patrimonio cultural de la humanidad y el homenaje a todo lo que de tesoro comunal unificador encierra nuestra lengua en la figura del más preclaro de sus escritores”.
Los cien mil ejemplares de aquella edición del Quijote fueron puestos a disposición del público lector a un precio simbólico, y luego —también en tiradas masivas y a precios muy bajos—, se publicaron otras obras relevantes de la literatura universal. Entre los primeros autores editados estuvieron César Vallejo, Rubén Darío y Pablo Neruda. ¡Sencillamente extraordinario!: el Estado cubano destinando recursos a la publicación de poesía, mientras el enemigo más letal de la historia bañaba en sangre a nuestro pequeño país y creaba condiciones para emprender una invasión a gran escala. Naturalmente, en dicha institución no solo se imprimieron textos literarios, sino también los millones de ejemplares de las cartillas y manuales que serían utilizados durante la exitosa Campaña Nacional de Alfabetización, en 1961.
Sin duda alguna, la Campaña Nacional de Alfabetización fue el más grande evento cultural emprendido por nuestra nación en cualquier época. En ella participaron 271 mil educadores, que alfabetizaron 707 mil personas, para, de este modo, convertir a Cuba en uno de los países con menor tasa de analfabetismo en el mundo. Las palabras de Fidel, expresadas el 22 de diciembre de 1961, resumen el gigantesco esfuerzo: “Ningún momento más solemne y emocionante, ningún instante de legítimo orgullo y de gloria, como este en que cuatro siglos y medio de ignorancia han sido derrumbados”.
En enero de 1961, fue creado el Consejo Nacional de Cultura. Su objetivo fundamental fue llevar a cabo una política cultural amplia y profunda, destinada a todas las capas sociales de la población y, de manera especial, a los sectores populares. Como concreción de tales propósitos, se fortalecen instituciones como el Ballet Nacional de Cuba, la Biblioteca Nacional y la Academia de Artes Plásticas de San Alejandro. Se retoma la construcción del Teatro Nacional y se fundan la Orquesta Sinfónica, la Casa de las Américas, el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), y el Instituto de Etnología y Folklore, entre otras instituciones.
Fruto de los intensos debates que durante tres jornadas nuestro Comandante en Jefe realizara con destacados artistas y escritores cubanos —los días 16, 23 y 30 de junio de 1961, en la Biblioteca Nacional— ha quedado para la historia el memorable discurso titulado Palabras a los Intelectuales. Este documento, más que reflexión puntual ante un público preocupado por sus derechos en la nueva realidad sociopolítica, constituyó sólida base de lo que es hoy la Política Cultural de la Nación. “La Revolución no puede pretender asfixiar el arte o la cultura —dijo Fidel entonces—, cuando una de las metas y uno de los propósitos fundamentales de la Revolución es desarrollar el arte y la cultura, precisamente para que el arte y la cultura lleguen a ser un verdadero patrimonio del pueblo”.
Apenas mes y medio más tarde, en el hotel Habana Libre, se celebró el Congreso de Escritores y Artistas, clausurado por Fidel, que dejó como resultado la creación de la Uneac. Los intelectuales se sumaban así, de manera organizada y consciente, a un turbión cultural cuyas olas creativas aún baten con fuerza. Como muestra del alto nivel artístico rápidamente alcanzado en la época, tan solo recordemos las novelas de Carpentier, especialmente El siglo de las luces; las películas de Titón (La muerte de un burócrata y Memorias del subdesarrollo), el Teatro Estudio encabezado por Raquel y Vicente Revuelta, el Ballet de Alicia y Fernando Alonso, la mejor poesía de Nicolás Guillén, la explosión creadora de René Portocarrero…
En 1962, tan solo un par de meses antes de que nuestro país viviese el peligro de ser barrido por un ataque nuclear, se funda la Escuela Nacional de Arte. Erigida en terrenos del antiguo Country Club de La Habana, por primera vez en Cuba una escuela de arte recibía alumnos procedentes de todas las capas sociales y regiones del país, previa rigurosa prueba de aptitudes artísticas. De este modo, se creaban las bases para que la enseñanza artística pudiera extenderse por toda la geografía nacional, lo cual posibilitó el extraordinario salto que en materia de cultura habría de ocurrir en las siguientes décadas.
Entre los años 70 y 80 del pasado siglo, Cuba logró convertirse en innegable potencia cultural. Fueron fundadas decenas de academias, conservatorios y escuelas de arte en los niveles elemental, medio y superior; algunas de la más alta cota profesional posible, tales son los casos del Instituto Superior de Arte y la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños. No hubo municipio del país que no contara con cines, museos, casas de cultura, galerías de arte, talleres literarios, bibliotecas, agrupaciones musicales, teatrales y danzarias de alto nivel. El arte penetró las fábricas, las unidades militares, los círculos infantiles, los asilos de ancianos… muchas de tales instituciones también fue posible tenerlas en pueblos y comunidades donde antes ni siquiera hubo escuelas. Allí, donde poco tiempo atrás los niños morían de enfermedades curables, donde imperaba el hambre, la explotación, el atraso y la absoluta falta de oportunidades, ahora llegaba el poder dignificante de la cultura.
A nivel central, en La Habana y otras ciudades del país, surgen decenas de importantes eventos culturales, entre los que se hayan las muy prestigiosas Ferias Internacionales del Libro; de la Música, “Cubadisco”; de Artes Plásticas, “Bienal de La Habana”; de Artesanía, “Fiart”; los Festivales Internacionales de Ballet; del Nuevo Cine Latinoamericano; de Cine Pobre, en Gibara; del Circo en Verano, “Circuba”; de Música Electroacústica, “Primavera”; de Jazz, “Jazz Plaza”; de la Canción en Varadero; de la Trova, “Pepe Sánchez”; de la cultura caribeña, “Fiesta del Fuego”; de Poesía de La Habana; de Humorismo Gráfico, “Bienal de San Antonio de los Baños”; de Teatro de La Habana; así como la Temporada Escénica Latinoamericana y Caribeña “Mayo Teatral”, entre otras muchas acciones artísticas y culturales de envergadura.
En 1991, producto del derrumbe de la Unión Soviética y el Campo Socialista, así como por el recrudecimiento del bloqueo comercial y financiero impuesto a Cuba por los Estados Unidos, el país se adentró en una larga y profunda crisis económica en la que el PIB se contrajo un 35 %. Particularmente severas fueron las carencias alimentarias y de portadores energéticos, al extremo de que se sufrieron apagones de entre 16 y 20 horas diarias. Otra vez el momento histórico hubiera aconsejado realizar reducciones en los presupuestos destinados a la cultura. ¡Si no había qué comer ni cómo cocinar, cómo íbamos a gastar nuestros muy limitados recursos en acciones culturales!
Entonces Fidel, evocando a Martí, alza su voz para recordarnos que trincheras de ideas valen más que trincheras de piedras. Lo primero a salvar es la cultura, porque “la cultura es espada y escudo de la nación”. Ninguna institución cultural fue cerrada, ningún evento dejó de realizarse, porque “ser culto es la única manera de ser libre”; y sin identidad, no hay libertad posible. De modo que apenas la situación económica ofreció respiro, se retomaron con fuerza proyectos culturales pendientes. En el año 2000, al calor de la Batalla Ideas, Fidel aprueba la construcción de las nuevas Escuelas de Instructores de Arte, con el objetivo de consolidar las escuelas y círculos infantiles como los centros culturales más importantes de la comunidad.
Ese mismo año se inaugura el programa de Universidad para Todos, donde los estudios socioculturales y de comunicación social tendrían un peso significativo; al tiempo que se crean dos canales educativos en la televisión, los cuales contarían con una programación marcadamente instructiva y cultural. Las Ferias Internacionales del Libro, que antes se celebraban cada dos años en La Habana, se extienden ahora por todas las provincias del país con un carácter anual, mientras se multiplica la edición de ejemplares.
Al respecto, quiero recordar aquella anécdota de Fidel, cuando en reunión efectuada con intelectuales y funcionarios de la cultura, tras culminar la Feria del Libro del año 2000, de pronto preguntó: ¿Dónde publica su primer libro un genio que, digamos, viva en el municipio de Colón? Le explicaron que el país contaba con decenas de editoriales, y que estas habían publicado decenas de miles de títulos en los años de Revolución; le explicaron procedimientos y mecanismos; y, en realidad, parecía suficiente el esfuerzo. Sin embargo, Fidel consideró que no lo era; aún faltaba mucho por hacer. Así surgió uno de los proyectos más inclusivos que en materia cultural podía soñarse: El Sistema de Ediciones Territoriales, popularmente conocido como Riso, el cual abarca 22 nuevas casas editoriales en todas las provincias del país. En sus 16 años de existencia, gracias a este sistema de impresión, han visto la luz más de cinco mil títulos, y cuatro millones de ejemplares, que de otro modo no hubieran dignificado ese principio revolucionario vigente desde el 1ro. de enero de 1959: “Al pueblo no le vamos a decir cree; le vamos a decir lee”.

Antonio Rodríguez Salvador
La Jiribilla

domingo, 17 de septiembre de 2017

#HuracánIrma: Antes y Después




Con increíbles instantáneas del fotógrafo Fernando Mediana (Cubahora), nuestro sitio les propone una mirada a algunos lugares de La Habana, antes y después del paso del Huracán Irma por la Isla

La balada de Elpidio Valdés

A finales de 1961 yo estaba de aprendiz de dibujante en la revista Mella. Había llegado allí cuando la enseñanza secundaria no se había reactivado del todo, tras la recién concluida Campaña de Alfabetización. Embullado por mi padre, me había presentado en la publicación con algunos dibujos bajo el brazo y resultó que mi ídolo, el gran Virgilio Martínez, hizo colocar una mesa al lado de la suya, para que desde aquella posición privilegiada aprendiera en qué consistía el arte de la historieta. Tiempo después, cuando las secundarias reabrieron puertas, decidí matricular en la sesión nocturna, porque durante el día, en los dos años siguientes, no hubo quien me sacara de mi rincón del Mella. Allí, en la calle Desagüe números 108 y 110, miliciano e imberbe, incluso viví la Crisis de Octubre del 62.
La revista, que después se convirtió en semanario tabloide, tenía una sección donde se publicaban cartas, artículos y dibujos de los lectores. Casi todas aquellas colaboraciones me pasaban por las manos y recuerdo que un día presté atención a unos dibujos humorísticos que, por su calidad, estaban siendo procesados para ser publicados. Se trataba de la colaboración de dos adolescentes hermanos, nativos de la ciudad de Cárdenas. Uno de aquellos chistes era un soldadito con casco alemán de la primera guerra, estilo Káiser, trepado a un cañón y presto a dispararlo hacia la punta de un tabaco que apretaba entre los dientes. Lo firmaba un tal Juan Padrón.
En 1964 me tocó el servicio militar y alguna vez que pasé por el Mella, ya con el uniforme, me encontré allí con Padroncito (que era Juan) y también con su ingenioso hermano Ernesto. Ya por entonces había dado yo con la guitarra, compañera que estaba cambiando radicalmente mi destino, aunque todavía no me daba cuenta. Pero aun cuando comenzaba a prestar más atención a mis cuerdas empatadas, continué siendo un rastreador y lector infatigable de dibujos e historietas, deleite que todavía conservo.
Así, primero porque lo había visto surgir y después atrapado por el magnetismo de su talento, le fui siguiendo el hilo a Padroncito, cada vez sorprendiéndome por la calidad creciente de sus dibujos y por la frescura de sus ideas. Y de hecho me convertí en uno más de los cientos de miles de admiradores de las venturas y desventuras de verdugos, vampiros y piojos. Por entonces me llamó la atención lo de los piojos, porque era un tema que le facilitó regresar al tipo de muñeco que hacía al principio: una cabezota redonda sobre un cuerpecito menudo. Como cualquier lector especulé sobre los posibles orígenes de aquellos bichos y exploré las variantes en las que la imaginación picarona del cubano los iba ubicando. Justo cuando ya comenábamos a llamarlos ladillas, maldecí y deploré, como muchos, el uso imbécil del Escabicín seudoideológico con el que pretendieron fumigarlas.
Tiempo después supe que Padroncito estaba en el ICAIC, haciendo dibujos animados. Era increíble: primero coincidir en el Mella y ahora en el ICAIC. Y un buen día, cuando solo habían salido unas pocas aventuras del coronel Valdés, se me apareció en la casa y me dijo que quería que le compusiera una balada para aquellas aventuras.
Nunca supe bien por qué lo de balada. Él le decía balada y yo pensaba todo el tiempo en un son originario, salvaje, tratándose de un mambí oriental como Elpidio. Con tal concepto en mente rastreé por Cayo Hueso a un negro viejo al que había escuchado tocar la marímbula y le pedí a Jesús Ortega una vihuela. Difícil me fue afinar la vihuela: seis cuerdas pareadas y para colmo viejas. Luego pensé que me iba a ser duro hacerle entender al marimbulista la idea de aquel son precario, pero en eso me equivoqué. Tan pronto me puse a sincopar el bajo, el golpe de los flejes se convirtió en su sombra. No había tiempo para retoques, los muñequitos esperaban, y de pronto habíamos terminado la grabación, creo que en la segunda toma. Si no recuerdo mal, Padroncito me ayudó en algo de la letra; cuando menos lo de “gaitos” lo tomé de lo que él decía: uno de los nombretes insurrectos contra las tropas de la corona.
Después de aquel día me quedé con la idea de mejorar el tema y creo que lo hablamos, pero nunca se hizo. La que suena es la misma versión de entonces y con el tiempo he llegado a tomarle cariño. Ahora hasta quizás sea un sacrilegio hacerla con otro músico que no sea aquel viejo incógnito, del que quisiera recordar el nombre y que posiblemente esté descansando ya con su marímbula, su sombrerito y su tabaco.
Muchos años después, una noche en la esquina de Gran Vía y Fuencarral, en Madrid, Juan Padrón estaba parado, conver- sando con alguien, cuando de pronto, en medio del estruendo de los carros que pasaban, se escuchó una voz gritar: “¡Viva el coronel Elpidio Valdés! ¡Viva Cuba libre!” Padrón empezó a mirar enloquecido a todas partes, buscando de dónde había salido aquello. Pero ya el taxi culpable se alejaba conmigo adentro, muerto de risa y de júbilo por haber podido hacerle semejante regalo en el mismísimo corazón de la antigua metrópoli.

Silvio Rodriguez
La Gaceta de Cuba

sábado, 16 de septiembre de 2017

Los huracanes y el bloqueo contra Cuba

Aunque el bloqueo a Cuba se inicio oficialmente el 7 de febrero de 1962, en la práctica comenzó en 1959, apenas triunfó la revolución popular contra la dictadura pro estadounidense de Fulgencio Batista.
La reciente tragedia que –para Cuba y varios otros países del Mar Caribe- ha significado el huracán Irma, me ha hecho recordar una discusión que tuve hace exactamente diez años con un amigo estadounidense de visita en Cuba quien sostenía que Fidel Castro debía estar agradecido al gobierno estadounidense por el bloqueo que le había impuesto durante medio siglo a la revolución cubana.
Según el criterio de ese amigo norteamericano, a los cubanos les habría resultado sumamente difícil, casi imposible, mantener la unidad de acción que han mostrado para el logro de sus grandes avances sociales, culturales, educativos, científicos y económicos, “si no hubiera existido la feroz y estúpida hostilidad contra la isla” de su poderoso vecino del norte.
Por ello, especulaba él, el gobierno de Cuba ha actuado de manera muy astuta al no hacer todo lo que ha estado a su alcance por lograr que Estados Unidos suspenda el bloqueo económico y normalice sus relaciones con la isla.
Argumenté contra tal especulación recordándole la vertical posición del gobierno cubano contra el bloqueo, la promoción que ha venido haciendo desde hace muchos años en pro de acuerdos internacionales de condena a éste y su permanente disposición de negociar equitativamente todas las disputas con Washington.
Es incuestionable –reconocí- que la posición de una docena de sucesivos gobiernos de Estados Unidos en aras de la persistencia del bloqueo contra Cuba ha contribuido, al igual que su política de amenazas y agresiones abiertas y encubiertas, a la promoción de una política de unidad popular de los cubanos que ha servido para estimular el apoyo entusiasta de la población al proyecto político.
Similarmente, hay que considerar que los ciclones aportan beneficios importantes mediante lluvias torrenciales que enriquecen el manto freático, llenan de agua los embalses y hasta renuevan los bosques derribando viejos árboles, pero sus secuelas perjudican en grado superlativo a la población mediante los daños que ocasionan sus vientos, las lluvias, las mareas y las olas del mar en aras de tales efectos presuntamente provechosos.
Cuba es azotada frecuentemente por los poderosísimos huracanes que caracterizan a la región geográfica donde está ubicada. A veces lo hacen con muy poco tiempo entre uno y otro para permitir una recuperación efectiva, pero, cada vez que esto ocurre, recuerdo este intercambio con mi amigo estadounidense.
Los cubanos se sienten orgullosos de pertenecer a un pueblo que ofrece demostraciones tan extraordinarias de unidad, disciplina, solidaridad y creatividad al enfrentar estos fenómenos naturales con evitación de víctimas fatales y con efectos materiales intangibles en comparación con otros países que no cuentan con una similar organización social basada en la solidaridad.
No puedo evitar la comparación de esta actuación de los cubanos con la que manifiesta este pueblo en el enfrentamiento a los efectos del bloqueo y frente a la hostilidad que hace casi 60 años practican los gobiernos de Estados Unidos contra Cuba.
Los ciclones traen aguas para las siembras y las represas; el bloqueo contribuye a la firmeza de la concertación de los cubanos para la defensa de la nación. Pero cuando se considera la magnitud de los perjuicios materiales, los sufrimientos y los flagelos que derivan de los ciclones y del bloqueo, cualquiera comprende por qué son tan indeseables.
Ojalá la ciencia meteorológica alcance algún día la capacidad de disolver o desviar los huracanes a lugares no habitados. Y que los científicos encuentren los medios y maneras de obtener por otros medios el agua que ellos aportan.
Hasta tanto ello no ocurra sería deseable que la sensatez mueva al gobierno de Estados Unidos a renunciar al bloqueo que ha venido ejerciendo contra Cuba.
Los cubanos sabrán encontrar y perfeccionar cada vez más las fuerzas centrípetas capaces de hacer irreversible, a partir de bases cada vez más democráticas y permanentes, la práctica y defensa del proyecto revolucionario nuestroamericano de Bolívar y Martí.
Lamentablemente, para los cubanos, volver a la normalización tras el devastador fenómeno atmosférico Irma, significa también volver a vivir en las condiciones del no menos demoledor fenómeno criminal que es el bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos a Cuba en inútil esfuerzo por hacer a la isla regresar al redil imperialista.

Manuel E. Yepe
Rebelión

viernes, 15 de septiembre de 2017

Conciencia de Cuba en palabras de Raúl Roa




Cuba es la palabra de orden. Lo es, porque hoy, como antes, se dirime en su espacio una pugna que parece impertérrita. En ese duelo, ocurren cambios que atañen a la mentalidad prevaleciente hasta hace algunos años; pero, del mismo modo, conciernen a los sentimientos, anhelos, virtudes o defectos de aquellos que —aunque habitan allende los mares—, siguen viviendo simbólicamente en ese lugar.
Cualquier avezado en la cotidianidad cubana más reciente podría llegar a afirmar que su razón es conciencia común. Sin importar de qué lado, a veces esas aserciones omiten que la nación es más ese sentimiento que junta, los rasgos que reúnen, la palabra que agolpa; y menos la segregación del factor humano en cualesquiera de las circunstancias que le resulte útil a algún docto occidental. De más está escribir que desde sus palabras, Nicolás Guillén chotearía poéticamente algunos de esos juicios crecidos sin conocer la historia y Jorge Mañach analizaría al poeta mestizo para evaluar esa particular psicología. La de esos “mercenarios de la oratoria”, que ni ante la muerte misma sienten el rubor de su “descoco”; “descoco punible”; “descoco inaudito”; “descoco sin rubor”.
Y es que los cambios paulatinos que se registran en Cuba crecen junto a razones esgrimidas, que conscientemente son convulsivas y que excluyen —en y fuera de—; dejando menos espacios para análisis basados en el conocimiento. Quizás el problema es que “ningún habitante de este inefable planeta es tan disconforme como el cubano. La protesta es su actitud permanente. Nunca está de acuerdo con nada. Ni siquiera consigo mismo. Todo le molesta y lo critica. Incluso se opone al disfrute del paraíso en la tierra”.
Precisamente en torno a esas brechas se entrevera el conflicto de nuestro tiempo. Este es un trance que parece dirimir quién tiene la razón sobre la consabida cuestión ideológica en el discurso. Ello por los fracasos en materia económica, por la frustración que estas decepciones han conllevado para generaciones distintas y en diferentes sentidos; y por la aquiescencia sobre las representaciones sociales de bienestar, basadas en el consumo de bienes tangibles y no tan simbólicos, que globalmente disminuye el alcance del conflicto social resultante del crecimiento y la reproducción de la vida humana en un ámbito de bienestar.
Aun cuando no hay crisis sin solución, a pesar de que no hay “Untergang sin Aufgang en la historia” se vuelve a dirimir en la Isla el drama social de nuestro tiempo: aquel que brota de “la paradójica coincidencia de la generalización progresiva de la miseria como condición específica de existencia de la mayoría de los hombres y del instrumental técnico apto para superarla definitivamente. Esta circunstancia objetiva —la reducción vertiginosa de las posibilidades del hombre en un mundo que él ha puesto socialmente en condiciones de garantizarle la vida y enriquecerle el almario totalizando su humanidad— lleva, forzosamente, a plantear el problema de las relaciones entre el individuo y la sociedad, a desentrañar el sentido de lo que la sociedad sea y el individuo sea en ella”.
Lo contrario es reducir la Nación a la sentencia circunstancial. Aquella que no logra percibir la contradicción latente entre un paisaje natural —imagen de paraíso perdido, descrito en Europa por utopistas en el siglo XVI, con una sensualidad mestiza, con cimbreante contorno y claro dintorno, ambos codiciados— y un paisaje social; resultante de una curiosa combinación de independencia política con una omnipresente dependencia económica y un evidente retraso productivo.
Evitar la pervivencia de esa contradicción latente parece ser también un problema que se dirime en estos tiempos. Hasta hace muy poco esta parecía ajena. No obstante, ya antes Cuba fue tierra de explotación y medro bajo condiciones de dependencia y heterogeneidad. Esa condición es latente aun —piénsese en el rol que hoy tiene la Inversión Extranjera Directa, su relación con la deuda externa, cambios operativos en los sistemas de propiedad y tipo de actores internacionales que participan— por la heterogeneidad productiva que la Isla comporta y por la no incorporación eficiente de los factores humanos de la cubanidad en la búsqueda de soluciones sólidas.
Así, el sentido de la sociedad en estos tiempos y su significado actual para los factores humanos de la cubanidad, conlleva el repaso consciente del pensamiento cubano. Un estudio consciente para entender los cambios, los problemas, las soluciones posibles. Un examen necesario, porque esos cambios son resultantes de cuestiones ya descritas y pensadas por una hornada de hombres y mujeres de pensamiento que entre los años 30 y 50 aportaron fecundas interpretaciones sobre los problemas de la Isla. También es imperativa esa revisión, porque algunos de los problemas ya son pretéritos: el de la economía, las relaciones Cuba-Estados Unidos, el de la raza, el de la exclusión política, el de la ciudadanía. Problemas pretéritos que adhieren nuevos significados claro está, como por ejemplo el de la emigración y los sujetos transnacionales.

Lo cubano del pensamiento de Raúl Roa

En términos históricos, el pensamiento cubano debería considerarse en relación a cómo este se desarrolla dentro de la conciencia de ser cubano y la voluntad de quererlo ser. Fernando Ortiz explicaba cómo la cubanidad “no consiste meramente en ser cubano por cualesquiera de las contingencias ambientales que han rodeado la personalidad individual y le han forjado sus condiciones; –sino que– son precisas también la conciencia de ser cubano y la voluntad de quererlo ser”. Esto podría considerarse bajo un prisma en el que la “conciencia de ser cubano y la voluntad de quererlo ser” validen lógicas de análisis y participación necesariamente incluyentes. La cubanidad se configuraría como un espacio de síntesis y reflexión.
Intelectualmente, ello no significa que la conciencia de ser cubano se interprete bajo una exclusión relativa aupada por una ideología —cualquiera que esta sea—, cuando esta pretenda o consienta el soslayo de factores humanos que disientan o recurran a otras maneras de concebir la vida en sociedad. El raciocinio humano ha configurado cierta normatividad sobre la organización social. En la misma, cuestiones como la solidaridad, la garantía de los derechos y los deberes que operan bajo la Nación, la satisfacción de necesidades, y otros, evitan el libre albedrío sobre las cuestiones relativas a las formas de reproducción socioeconómica de los seres humanos. En tal sentido, una necesaria interpretación del pensamiento cubano consiente visiones distintas —formas diferentes de concebir la reproducción social—, pero que tienen como común denominador el abordaje de los problemas que afectan la vida de esos factores humanos. De esa manera, las soluciones posibles pueden ser consideradas en relación a cómo afectan o favorecen la vida de esos factores mencionados. Ya sean los elementos que se consideren de índole político, social o económico.
En el caso de Raúl Roa, se podría afirmar que es un intelectual de izquierda que llega a sintetizar, de acuerdo a sus propias circunstancias, lo más relevante del pensamiento cubano de su época. Ello, porque reúne en su pensamiento cuestiones esenciales como la independencia política, la necesidad de transformación económica, los conflictos sociales y la relación con Estados Unidos. Llega a esa síntesis siendo martiano y alejándose del dogma marxista. Fue un intelectual que le gustaba escribir con cuchilla. Asimismo empinar su papalote en tiempos borrascosos. Dicen que se subía en la mesa del profesor para dar sus clases y que era fumador empedernido.
Al ser martiano se asumía como antimperialista. Revolucionario en sí mismo, llegó a reconocer como un problema central de Cuba la opresión que era justificada por «grupos nativos privilegiados»; los mismos que influyeron en el despertar político de las «masas sojuzgadas» en los treinta del siglo XX. En la radicalización de su pensamiento y en el de varios de su generación, influyó la frustración que opciones políticas nacionalistas como las de Mario García-Menocal y Miguel Mariano Gómez generaron al promover “reformas puramente adjetivas, dejando intacta (…) la estructura colonial del país, fuente de su servidumbre, atraso, ignorancia y miseria”.
Sin embargo, el juicio revolucionario de Roa no se determinaba por la necesidad abstracta de la insurrección per se, sino por la circunstancia concreta —Gerardo Machado, su gobierno y la frustración posterior de movimientos nacionalistas—, que exacerbaba la condición económica de la dependencia. Llegó en su vida a sintetizar esta cuestión como un problema fundamental, alcanzando una madurez evidente en sus escritos.
En 1948 subrayaba: “Cuba ha ganado una nueva conciencia política y un complejo más avanzado de relaciones sociales. Aún subsisten las raíces de la estructura económica de factoría; mas, está en parte cimbrada y totalmente puesta en cuestión. Se distribuyen más migajas de la riqueza, creada por el trabajo social. La clase obrera le ha arrancado al poder público algunas concesiones importantes. Y, asimismo, la clase campesina. Pero distan mucho de las que les corresponde por su posición creadora en el proceso productivo”.
Esta es una cuestión relevante entonces y en la coyuntura del presente cubano. Hoy, bajo otra concepción política, con la diferencia cualitativa de que los recursos humanos contenidos en la Isla tienen una capacidad de innovación que no se integra eficientemente al proceso productivo. En este aspecto Roa era preciso, para disminuir la dependencia a activos foráneos y para fomentar el progreso resultaba necesario provocar desde lo político la “posición creadora” de esos grupos económicos.
Dos cuestiones relacionadas con este aspecto y de singular trascendencia para la actualidad fueron: en primer lugar, la inoperatividad para el progreso en la Isla de lo que él denominaba “empréstitos rapaces”; de los que poco recibió el pueblo cubano. La inversión extranjera como hoy se conoce, se contempla por la Teoría de la Dependencia como una de las causas más importantes que impiden el ahorro o excedentes económicos útiles para el mejoramiento del bienestar en las naciones en América Latina. En segundo lugar, Roa criticó la tendencia de algunos sectores a manifestarse a favor de la economía libre y la abstención del Estado en el proceso de distribución de la riqueza.
Para él, la cuestión de la distribución de la riqueza a favor de clases en desventaja era una cuestión moral. Ello implicaba una labor consciente desde lo político para garantizar los medios necesarios de subsistencia a los seres humanos en sociedad. También, un tipo de transformación social en la que se liberase la tensión presente en el sistema de relaciones políticas, jurídicas, económicas y culturales, derivado de la organización dominante de la propiedad y de la distribución de la riqueza correlativa.
Sin embargo, esa distensión no implicaba una erradicación de toda forma de propiedad privada, en tanto la sociedad la entendía como un espacio dialéctico en el cual el propio estado de desarrollo de las fuerzas productivas alentaría o disminuiría la presencia de unidades operativas con lógicas propias a partir de los procesos de distribución de esa riqueza material. Cuando presentó sus oposiciones a la cátedra de Doctrinas Sociales, para Roa no era perentorio el análisis ético sobre si la propiedad privada es consustancial o no a la naturaleza humana. Lo apremiante para Roa era cambiar en Cuba la estructura semi-feudal y colonial en la que vivían insertadas formas industriales con evidentes separaciones entre una burguesía que se apropiaba de los beneficios que producía una masa “aborregada”. Para ello se necesitaba el concierto de diferentes grupos sociales que profundizarían en una “revolución democrática”. La alianza era obligación previa e ineludible.
En la visión teórica que respaldaba sus acciones, aceptaba el marxismo como un «instrumento de redención social y humana» en el período histórico que le tocó vivir, pero no renunciaba al libre examen. Entendía que el marxismo era una visión peculiar de la vida y de sus problemas y reconocía que en las experiencias históricas el principal inconveniente de esta ideología fue el dogmatismo que dudó del mundo previo a la instauración del comunismo en muchas naciones. En los 50 negó su afiliación al Partido Comunista de Cuba por sus arraigadas convicciones democráticas. La solución marxista en términos políticos no debía entenderse como la solución final.
Él mismo explicó qué quiso decir con eso en una misiva beligerante que envió a Jorge Mañach. Allí enfatizó que el problema cubano se resolvía “con datos cubanos y no con datos rusos”. “Si la salvación del mundo no está en manos cubanas, sí lo está la de Cuba”. Tampoco vendría de Estados Unidos —o de ninguna otra parte—, y en caso de esperarla desde allí, sería “aplazar la causa de Cuba para las calendas griegas”. Creía en el método revolucionario para minar las bases coloniales cubanas. Entendía que las causas de esa dependencia y pobreza provenían de esa suerte de fatalidad histórica en la que Cuba parece ser el espacio idóneo para cambiar de época: Colón descubrió de “chiripa” a América y España sentó las bases de dominación en la Isla —justo en la fase incipiente de la modernidad—; como después también lo hizo Estados Unidos —justo cuando la modernidad entraba en otra etapa en que necesitaba nuevos mercados, nuevas fuentes de bienes primarios y materias primas.
Le quedaba claro a Roa que si se explica la historia como resultante de la evolución de los medios de producción, se podría entender que existen grupos sociales que van a estar vinculados a esa forma global. Y, entonces, sus intereses allanarían el camino para que precisamente esos intereses globales determinaran el proceso de distribución de riqueza en la nación cubana. Además de estos, Roa reconocía otras lógicas que no necesariamente estaban relacionadas de forma directa con los medios de producción, pero que también abogaban por esa reconformación de las relaciones de poder globales. Según Roa, estos últimos “¡… entre el yugo que engorda y humilla y la estrella que ilumina y mata, se hubieran abrazado alegremente al yugo! No; no hubieran podido estar junto a Martí los que ahora, con la boca enjoyada de citas y las manos repletas de infolios, están contra él en la práctica política y en la conducta ciudadana”. Entonces, Roa le puso de ejemplos en Carta a Mañach, a Bernabé Sánchez y Narciso López. Hoy quizás otros encajarían en aquella descripción.
Una cuestión contenida en la misma carta era su valoración sobre la independencia de Cuba —y los contingentes esfuerzos para lograrla—, que en muchos sentidos era periférica, en lo cual influía su estructura económica más que la Enmienda Platt en sí. La ausencia de diversificación agrícola y la concentración del comercio internacional —en aquellos tiempos con Estados Unidos—, eran causas más profundas que lastraban la propia moneda y el carácter independiente. Esta era una explicación teórica que desconocían las masas de espaldas tumefactas y que esquivaban los comensales plumíferos del Grupo Orígenes según su siempre transgresora opinión. Su sentencia: soslayar esa elucidación era irse por la tangente.
También es teórica su explicación al considerar el capitalismo «la reproducción amplificada de la concurrencia capitalista» que orienta la política del Estado hacia la dominación; teniendo esta múltiples formas de expresión en términos de política exterior. Contra esa dominación, Roa reconoce que participan en conjunto diferentes sectores de la sociedad: la pequeña y mediana burguesía, empleados, obreros y estudiantes en el caso cubano. De forma agregada, estos sectores buscaban lo que entendía Roa era la solución definitiva del problema de Cuba: cambiar sustantivamente la estructura económica de la Isla.
En su labor como profesor en los años 40 intentó reproducir y enseñar las ideas comentadas anteriormente. Al asumir la cátedra de Historia de las Doctrinas Sociales en noviembre de 1940, su primera acción fue retomar el pensamiento martiano con un premio especial dirigido a los estudiantes. Entendía que la ciencia era el vehículo para enriquecer la misión fundamental del profesor: no defraudar a la sociedad en la cual está inmerso. Por su labor, es elegido en 1947 como decano de la Facultad de Ciencias Sociales y Derecho Público. Intentó bajo su labor mantener una actualización académica de los profesores y de los programas de estudio. Hacer ciencia para crear conciencia.
Supo del exilio, de la vida emigrada. Su conflicto personal con Fulgencio Batista le hizo tomar ese camino. En México fue director de la revista “Humanidades”. Al volver en 1956 inauguró el edificio José Martí que fue destinado a la facultad de la que fue decano. En el mismo año, junto a Mañach, participó en los decimoprimeros cursos de la Universidad del Aire, donde expuso el rol de la educación para ganar conciencia sobre los problemas de Cuba. La Universidad de la Habana era el espacio donde concebía la posibilidad de exclaustrar la cultura y derramarla, como lluvia fecundante, sobre el surco ávido de la conciencia nacional. Su labor académica fue reconocida en varias universidades internacionalmente.
Su manera de ser irreverente podría interpretarse a partir de nociones que compartía. Estaba seguro de que uno de los principales conflictos del hombre en sociedad era que “…cuando nacemos (…) nos encontramos insertos en un sistema de relaciones sociales, cuya profusa urdimbre nos ata y esclaviza a lo que nos viene dado”. Pensaba que todos estamos a merced de usos, costumbres y normas inventados por otros; siendo solamente actores de una pieza mil veces escenificada. Complicada filosofía para mantener el orden social y la conciencia humana regida, según su criterio por la estática y las dinámicas sociales. El dilema, que es universal, se constreñía a la disyuntiva: “… o se decide uno por el cómo reptar de la vida prefabricada o por el riesgoso imperativo de ser el que es…”.
¿En qué medida esa definición formaba parte de su vida? José R. Fernández Figueroa pensaba que sí, que era un hombre excepcional. Era “…de esa estirpe de hombres, tan escasa en estos [y aquellos] tiempos de mediocridad y de acomodamiento, que se agarra a un ideal y lo levanta como una bandera de fe y de esperanza. Si su palabra peregrina de la verdad, levanta ronchas aquí, agravios allá, vítores, más adelante, poco le importa, porque no escribe para agradar a unos ni lastimar a otros. Lo hace para cumplir con su conciencia de hombre…”.
En estos tiempos donde ocurre una reconfiguración global, donde los costos sociales crecen como resultado de la brecha entre: la anomia sistémica que simboliza la prevalencia de intereses de rentabilidad dentro de un marco institucional normativo —que internacionalmente, exacerba un tipo de solidaridad utilitaria—, y donde se constata el desvanecimiento de las alternativas políticas y económicas eficientes en generar soluciones que mitiguen los efectos de esa anomia particular; resulta ineludible retomar el pensamiento cubano y encontrar allí alternativas posibles para el progreso que demanda Cuba y sus factores humanos. La ciencia brindaría argumentos para solidificar la conciencia cubana. Raúl Roa nos persuadiría de volver a José Martí, para desarrollar un examen de aquella visión que ha sido siempre síntesis del pasado y reveladora de un futuro posible.

Edel José Fresneda Camacho. Licenciado en Historia y master en Sociología por la Universidad de La Habana. Posee un doctorado en Estudios del Desarrollo.

jueves, 14 de septiembre de 2017

Poderosos vientos de solidaridad humana sacuden a Cuba

Irma, la que es grande y poderosa. Eso significa el nombre y le quedó justo a la medida al monstruoso huracán que nos azoló este fin de semana buena parte de Cuba.
Pero si grandes fueron los zarpazos de Irma, tanto o más de lo han sido las cadenas de solidaridad humana tejidas en torno a los necesitados.
Así pueden dar fe los vecinos de El Yoyi, en La Lisa. Cuando ya Irma andaba arrasando por Varadero y la capital aguardaba cruzando los dedos, ellos cruzaban satisfechos los brazos sobre sus estómagos bien llenos.
El Yoyi tenía en el congelador un pernil de cerdo y al comprender que “lo de la luz sería para largo”, decidió asarlo en el jardincito, debajo de un techo improvisado.
El olor se encargó de avisar a todos y, antes que empezaran a sentirse las primeras rachas en la ciudad, casi la cuadra completa había cenado como en fin de año. Porque la de más allá aportó un caldero con frijoles para el congrí, “de todas formas se van a echar a perder”; el otro, trajo arroz y unos limones… y al final -aunque en verdad no había nada que celebrar, más bien que lamentar- compartieron todos una cena como no debe haber habido otra en ese momento.
Hoy, a unos kilómetros de los huesos del pernil y cuando ya parece haber pasado lo peor, el frízer de Norka, se apunta también dentro de las singularidades.
Nunca ha estado tan lleno, pero no es porque esta vecina de la Víbora se haya abastecido en extremo sino porque, solidaria, ofreció esta alternativa a cuanto vecino fuera donde ella quejándose de cómo iba a perder lo mucho o lo poco que tenía en el congelador.
Ahora, si uno se asoma al interior del frízer, tropieza con algo así como un peculiar árbol de navidad atestado de jabitas y paquetes, cada uno con una cintica de color diferente.
Esa fue la condición que puso la duela “para que cada cual luego pueda identificar lo suyo”.
En casa del doctor Tony, en San Miguel del Padrón, uno de los primeros lugares donde ya volvió la electricidad, se amontonan ahora mismo parientes, amigos y compañeros de trabajo venidos de los más diversos municipios capitalinos para cargar sus teléfonos, lámparas, radios… y llevarse, al menos, un pepino con agua.
Como todos los tomacorrientes están llenos, hasta el del baño, han armado una colita mientras disfrutan del café que Ada no para de colar, porque más de uno se ha aparecido con el paquetico de la cuota por aquello de “una mano lava la otra”.
En muchas otras latitudes de este planeta las situaciones aquí descritas pudieran resultar impensables o un tanto surrealistas. Pero si de surrealismo hablamos, entonces sí parece ganarse la corona el pregonero que, ya bajo los primeros vientos del ciclón, andaba por anunciando a voz en cuello por una barriada de Plaza: “Vaaaaya tu cebolla aquí, cómprala que se la lleva Irma”.
A esas alturas todas las ventanas estaban cerradas, las puertas aseguradas. Me pregunto si alguien se arriesgó a salir de su resguardo siguiendo la invitación del vendedor de cebollas.
Bueno, todas-todas las ventanas no estaban aseguradas porque en el mismo barrio podía verse una entreabierta desde la que dos niños lanzaban cohetes de papel para verlos ascender a alturas grandísimas, impulsados por los malos aires de Irma.
Me contó la madre de los dos muchachitos que ayer en la tarde, cuando las cosas empezaron poco a poco a acomodarse, fue a buscar la copia de su certificado de matrimonio que le había costado días de gestiones, colas y esperas.
Lo había dejado sobre la cómoda “porque era para un trámite que tenía que hacer en cuanto todo volviera a funcionar y quería tenerlo visible”.
Al ver que no estaba donde lo había dejado, preguntó a sus hijos, los lanzadores de cohetes de papel. Sí el resto ya se lo imaginan. Quién sabe sobre cuantas azoteas sobrevoló aquel documento. Al menos, tuvo un final más entretenido que la aburrida existencia que llevaba entre tomos y folios de alguna notaría.
Justo hace una hora fue testigo de otra escena, que podría ser también muy poco frecuente en otras latitudes:
Asela andaba casi llorando porque no había podido saber nada de su hija, ya una mujer, que vive en Ciego de Ávila. Una vecina, que es también mi vecina, al escucharla, se asomó a la puerta del apartamento para ofrecerle que la llamara por su teléfono celular “que todavía le queda una rayita de carga, aprovecha.”
Cuando finalmente Asela pudo hablar con la hija, respiró tranquila, y también lo hizo mi vecina. Se quedó sin saldo y sin carga, pero también sin la carga de haber sido una mala cubana; ahora, cuando todos tenemos que ser hermanos.

Vladia Rubio
Cubasí

miércoles, 13 de septiembre de 2017

Mensaje de Raúl Castro al pueblo de Cuba tras el paso del huracán Irma




El General de Ejército Raúl Castro Ruz, Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de Cuba, envía mensaje al pueblo cubano, sobre la etapa recuperativa en el país tras el paso del huracán Irma, haciendo un llamado a enfrentar la recuperación con el ejemplo del Comandante en Jefe.

Cuba: La capital borra las huellas del #HuracánIrma




Como habíamos anunciado, nuestro equipo realizó un recorrido por algunas áreas de la capital cubana en las que se trabaja ya intensamente para recuperarnos de los estragos causados por el #HuracánIrma. Personas de todas las edades en barrios, comunidades, centros de trabajo, calles, laboran para poder recuperar algunos servicios básicos en el menor tiempo posible, unidos y con mucho optimismo. Los dejamos con algunos detalles. Gracias a todos los amigos que han estado pendientes de nuestras publicaciones. Ya #CubaSeRecupera

El otro huracán, el que no puede llegar nunca

Como las personas, los Estados se conocen en situaciones extremas. Cuba se apresta a vivir circunstancias que en otros países ha costado vidas e inmensos destrozos. Es de esperar también sufra la Isla daños porque el huracán que se aproxima es sencillamente brutal. Sin embargo, también es de esperar, por las experiencias anteriores de huracanes y tormentas espantosas que han azotado la mayor de las Antillas, un muy reducido número de víctimas y los daños, tan solo esos que la suerte y el azar pueden disponer. En Cuba la ocupación serena y eficaz del Estado, su firmeza y sobre todo, ser un gobierno agrupado en torno a un partido no electoral, con el prestigio necesario para liderar la defensa y la protección civil, un gobierno y un partido cuyos únicos compromisos son con el pueblo asegura la vida como derecho máximo.
Eso que para una u otra persona en cualquier calle y en cualquier barrio es algo común, tanto que pareciera natural el derecho de la gente a ser evacuada, protegida, atendida, cuidada, sin embargo no lo es, no en este mundo de la globalización neoliberal en el que reina la ley del mercado, y las pujas por el poder convierte el ejercicio del servicio público en una tómbola política para obtener votos y en un mercado abierto en el que la vida de las personas se llevan a licitación. Las mismas personas en cualquier calle, en cualquier barrio confían que esos privilegios que hoy tienen y que son derechos elementales nunca cambien, pero hay ahora mismo algunas personas haciendo todo lo que pueden para impedir la continuidad de este Estado, donde la vida de la gente es realmente lo importante.
¿Por qué quieren eso? Es una buena pregunta que tiene tantas respuestas como personas trabajando para derribar el gobierno revolucionario. Los hay sujetos funestos que se sienten atados en una sociedad de valores humanistas. Los hay bitonguitos con títulos universitarios y promesas de pingües presupuestos para su futura vida de hombres ilustres en la democracia burguesa, pluripartidista. Los hay otros con el ego más grande que la conciencia cívica, otros, otros, en fin, la naturaleza humana es muy complicada.
Por estos días de alertas es cotidiano ver en la TV a los cuadros del Partido Comunista de Cuba, vestidos de verdeolivo junto a los representantes del gobierno y a los ministros actuando desde el lugar de los sucesos en función de reducir al mínimo los daños que amenza esa chapeadora atmosférica y gigante con nombre de abuela, que deja, a su paso, tierra arrasada. Supongamos en un doloroso ejercicio de imaginación que en la nación caribeña impera una sociedad “democrática de republicanismo robusto” pluripartidista, a la estilo de las repúblicas de los años 40 del pasado siglo, donde se juega el juego del poder al capital. Sí, es cierto, algunos de los emprendedores políticos miran a los países nórdicos como paradigmas perfectos y esperables de sociedad para Cuba.
Ellos saben, pero no lo dicen que este caimán rebelde nunca ha visto la nieve, y se asienta en las tórridas aguas de un mar tan caliente que los ciclones se alimentan como bestias míticas de un solo ojo, capaces de volver a una próspera isla turística a la edad de piedra. Saben pero no lo dicen que la idiosincrasia, la historia, la cultura de este pueblo, nada tiene que ver con la sueca, por ejemplo. -a no ser que ellos mismos, los animosos aspirantes a políticos de corbata y dinero saben ya hacerse el sueco- prometiendo una Cuba imposible.
Imagino al gobierno de turno, electo con el 30 % de los electores que fueron a votar (el 25% de todos los que podían hacerlo) decretando el estado de emergencia. No es difícil el ejercicio de imaginación, basta mirar al Norte. Imagino la presión del ejecutivo para conseguir un buen papel ante la dramática situación y evitar que los partidos de oposición se aprovechen de sus fallos para hacerles campaña negativa. Imagino a los representantes de la defensa civil de ese gobierno buscando dinero para contratar los transportes de la evacuación porque la gente es importante pero la propiedad privada lo es más y los medios tienen dueños. El presupuesto del gobierno apenas alcanza, hay que apretar la economía a costa luego de quitarle billetes a los servicios destinados a los más pobres, la educación popular y la salud pública. Bueno, les van a salvar su miserable vida, no esperemos que se la hagan digna también.
Imagino los súpermarker de las cadenas reinsertadas en Cuba pujando por vender los productos básicos a preciso de ganancias, para prosperidad de los negocios y de los hombres de bien en una nación con su gran burguesía estrenando sus limusinas. Imagino que no habrá nada en que evacuar a los pescadores que viven en la costa remota, aunque la verdad que importan. Las fuerzas armadas, profesionales, porque cobran salarios no por el ejercicio excelente de su deber, movilizadas para evitar saqueos y disturbios de revoltosos. La prensa libre tiene también mucho que hacer, la de la oposición criticando todo lo que el gobierno hace, con narraciones lacrimógenas de gentes abandonadas a la buena de Dios, y abundante crónica roja. La del gobierno, justificando que no se pueda hacer más y acusando a los de los otros partidos de hacer propaganda política con la miseria de la pobre gente.
Declararán catástrofe nacional para usar el dinero de las arcas sin que nadie les audite, pedirán ayuda al exterior y los gringos mandaran algunas limosnas, medicinas prohibidas en su territorio y asesoramiento militar. Las instituciones económicas al servicio del poder del dinero, el Banco Mundial y el FMI, se apresuraran a disponer de préstamos para reconstruir las ciudades arruinadas siempre y cuando les paguen las deudas y los intereses generosos que exigen, junto a los recortes de presupuesto a la educación y la salud. El gobierno animoso privatizará todo lo que pueda. Finalmente los partidos políticos se pondrán de acuerdo, que tan solo es cuestión de negocios y mañana le tocará a los otros su huracán. Las donaciones terminaran en los mercados cuyos dueños son empresas fantasmas con el dinero en paraísos fiscales a nombre de señores que casualmente se llaman igual que los senadores y representantes de esta civilizada y escandinava república bananera llamada Estado socialista democrático de la República de Cuba en la que la vida, que una vez fue derecho ahora es mercancía.

Rafael Cruz Ramos
Turquinauta

martes, 12 de septiembre de 2017

La Revolución jamás abandona a sus hijos


¿Maduro por petróleo? Cuba en el centro de la guerra psicológica desde Argentina




Poco importa que el diario argentino Clarín reconozca que, en el fondo, no sabe nada: “no está claro quiénes le hicieron la propuesta a Castro” –nos dice-, “si fueron diplomáticos de varios gobiernos”, “de organismos (...) como la OEA”, incluso “algún alto dignatario eclesiástico”. Porque el mensaje ya ha llegado a sus lectores: Raúl Castro habría sido frenado por “los sectores más duros de su partido” cuando se disponía a entregar la cabeza de Maduro a cambio de petróleo.

domingo, 10 de septiembre de 2017

Fidel y Raúl, comunión de ideas




El libro Raúl Castro y Nuestra América. 86 discursos, intervenciones y declaraciones es el fruto de una acuciosa investigación de Abel Enrique González Santamaría, que revisó 1 468 documentos públicos del estadista, dirigente político y jefe militar a fin de seleccionar los pronunciamientos relacionados con el tema.

Fragmentos del prólogo del libro Raúl Castro y Nuestra América. 86 discursos, intervenciones y declaraciones.

He leído con meditado detenimiento las páginas de este libro que contiene fragmentos de 86 discursos, intervenciones y declaraciones de Raúl Castro Ruz sobre distintos aspectos de la política internacional, la realidad de Cuba en ese contexto, el desarrollo económico y social del país y la trascendencia del pensamiento revolucionario.
En la introducción, el joven analista e investigador nos presenta una visión esencial de la ascendente fuerza y arraigadas convicciones de aquel a quien las circunstancias de una vida señalada desde su primera juventud por su vocación de rebelde, lo unieron a Fidel no solo por lazos fraternos sino por comunión de ideas.

***

A un año de que se celebrara el centenario del nacimiento del Apóstol José Martí, el golpe militar batistiano fue, como se diría en buen cubano, ponerle la tapa al pomo.
Un año antes, otra promesa honorable, Eduardo Chibás, llamado el Adalid, había consumado el suicidio un 16 de agosto de 1951, cerrando lo que podía ser una salida, una posible solución política, si bien caótica e
incoherente por la diversidad de elementos que nutrían su partido.
A estas alturas Fidel se hace más visible, luego de su forja como líder universitario y escritor cuyo pensamiento excede las páginas del manifiesto. Sus artículos en la prensa ganan popularidad al tiempo que se fragua una vanguardia selecta y aguerrida, punta de lanza de la Revolución. De la Colina universitaria descenderán los jóvenes en abril de 1952 para el simbólico entierro de la constitución democrática pisoteada por el usurpador. Y ahí aparecerá públicamente el joven abanderado, Raúl, que en marzo de 1953 viajará a Europa para participar en la Conferencia Internacional sobre los Derechos de la Juventud, a celebrarse en la ciudad de Viena.
Me parece escuchar hoy su narración de ese periplo que muchos años después supera con el calor de la palabra viva lo que hemos leído de sus testimonios. Su azaroso itinerario le lleva a Bucarest donde se preparaba el Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, y al regreso descubre la ciudad de París donde apenas 82 años antes, los comuneros habían intentado tocar el cielo con las manos. Las mismas calles por las cuales transitaron los belicosos rebeldes de la denominada Era de la Revolución, entre 1789 y 1848; la urbe también descrita por Martí en su opulento esplendor.
Raúl, junto a sus dos compañeros de viaje, guatemaltecos, pretendía abordar en su travesía trasatlántica inaugural el navío Ile de France, pero una huelga obrera los obligó a recorrer las costas de Italia y tomar en el puerto de Génova el buque de carga y pasajeros Andrea Gritti (…)
Raúl ha relatado que en el largo viaje de regreso a Cuba llegaron a La Guaira y con el último dinero que poseía, decidió tomar por el viejo camino de los españoles hasta Caracas, con el solo propósito de reverenciar como lo hiciera Martí ante su estatua en marzo de 1881, al libertador Simón Bolívar, mentor y artífice de la emancipación de cinco naciones y del ideario de unidad continental.
En La Habana una lápida colocada en la puerta del muelle de San Francisco, hoy Sierra Maestra, nos recuerda el regreso de Raúl a Cuba ese 6 de junio de 1953 a bordo del Andrea Gritti. Junto al Comandante de la Revolución Juan Almeida y por su iniciativa, señalamos el lugar donde lo detuvieron y luego lo apresaron al ser identificado por el Buró de Represión de Actividades Comunistas (BRAC).

***

La historia le ha llevado, por derecho propio, a suceder al más importante pensador político y al cubano que después del Apóstol José Martí conoció con más profundidad el contexto global y las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos.
Con Fidel ha compartido la insurgencia y la victoria. Fue, junto a él, fundador del Partido Comunista de Cuba, clave para el entendimiento de una sociedad que ha requerido, requiere y requerirá de la unidad monolítica para subsistir. Pero lo ha concebido como un partido de la nación abierto al diálogo, atento a la realidad que palpita en el corazón del pueblo.
No teme al futuro. Cada uno de sus cumpleaños, cada 3 de junio, planta un árbol en el jardín que suele recorrer en sus escasos momentos de ocio.
Al depositar en un monolito de piedra la urna contentiva de las cenizas de Vilma, las besó con devoción sincera. Un poco atrevidamente le comenté sobre lo que de modo inevitable sucedería después de ese instante: «General Presidente, usted será ahora más amado y menos temido».

Eusebio Leal

sábado, 9 de septiembre de 2017

«No dejaremos que la luz de la Revolución Cubana se apague para los pueblos hermanos de Nuestra América»




Raúl Castro Ruz en Casa de las Américas, el 11 de septiembre de 1959.

Han transcurrido casi 60 años del discurso del presidente cubano en Casa de las Américas. Las premonitorias palabras de Raúl se hicieron realidad, a pesar de las serias amenazas de retroceso que hoy experimenta la región

El 11 de septiembre se cumplen 58 años de una importante conferencia pronunciada por el entonces Comandante Raúl Castro Ruz en Casa de las Américas. Aquel día de 1959, con voz firme y enérgica transmitió un trascendental mensaje de la Revolución Cubana a los pueblos latinoamericanos y caribeños:
«El entusiasmo de las masas latinoamericanas por la Revolución Cubana se mantiene, se reafirma y extiende debido, principalmente, a su carácter, a su profundidad, a que es una Revolución radical del pueblo; una Revolución que, tanto en lo político como en lo económico y lo social, va a la raíz de los males de nuestros pueblos y produce transformaciones profundas, decisivas, históricas.
Si Fidel Castro es hoy el líder más popular, más conocido y que más entusiasmo y adhesiones despierta en toda la América Latina, se debe no solo a la lucha armada de dos años, sino también y principalmente a que el poder revolucionario instituido bajo su dirección reivindicara resuelta y firmemente la soberanía nacional, mediatizada o negada desde 1898 por la intervención norteamericana […]».
Impresiona la profundidad del ideario martiano y fidelista de Raúl, que desde la época de estudiante en la Universidad de La Habana, siguió el mismo camino transitado por Fidel, y se convirtió en un activista del movimiento estudiantil. Participó en la organización y realización del Congreso Nacional Martiano en Defensa de los Derechos de los Jóvenes Cubanos y en el Desfile de las Antorchas como homenaje al centenario del natalicio del apóstol de la independencia de Cuba, José Martí.
Con solo 21 años de edad, Raúl presidió la delegación cubana que asistió a la Conferencia Internacional sobre los Derechos de la Juventud, celebrada en Viena, Austria, y trabajó en el Comité Internacional Preparatorio del Cuarto Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes en Bucarest, Rumanía. En ambos eventos estableció relaciones con los delegados de los países latinoamericanos.
De regreso a La Habana en el barco Andrea Gritti y recién cumplidos sus 22 años de edad, Raúl invitó a dos amigos guatemaltecos, que representaron a su país en las citas estudiantiles, a bajarse en el puerto venezolano de La Guaira, y «sin sacudirse el polvo del camino» visitaron la estatua del libertador Simón Bolívar en Caracas, como mismo lo había hecho José Martí 72 años antes. A su llegada a Cuba se incorporó a la lucha política, ingresó en la Juventud Socialista y participó en el asalto al Cuartel Moncada, el Granma, la Sierra Maestra y la victoria.
Vestido con su uniforme militar llegó el segundo al mando de la Revolución Cubana a Casa de las Américas. Tenía Raúl 28 años de edad. Su excelente oratoria, el manejo de la historia, la sensibilidad humana y el antimperialismo, estuvo presente en aquellas palabras:
«El mal de males de la América Latina es, por una parte, la limitación de la soberanía nacional y la subordinación de la economía por poderosos intereses extranjeros que se organizan por los monopolios, y, por otra parte, el latifundismo, que constituye una barrera fatal para la independencia económica y el desarrollo económico.
«Cuando hablamos con un latinoamericano de cualquiera de nuestros países, sea de la clase social que sea, empresario u obrero, hombre de campo o de ciudad, líder político o líder social, encontramos a cada paso, en sus descripciones, casos y cosas que nos recuerdan nuestros propios problemas, nuestras propias dificultades, nuestros propios males pasados y presentes.
«Cuando Martí hablaba de Nuestra América, cuando no limitaba su patria a nuestras queridas islas, sino que se consideraba como hijo y servidor de toda «Nuestra América», tenía presente, seguramente, esta similitud de los males que nos azotan, de los enemigos que nos atacan, de los peligros que nos amenazan.
«Nuestro es Martí, como nuestros son el cura Hidalgo, y el indio Juárez, Bolívar y San Martín, Artigas y O’Higgins, Betances y Eloy Alfaro».
Ese día brilló también el estadista, el revolucionario, el mejor discípulo de Fidel. En la conferencia Raúl reconoció además el apoyo decisivo del pueblo cubano y la solidaridad internacional, incluyendo la estadounidense, para seguir avanzando en la consolidación de la independencia y la construcción de una sociedad más justa para Cuba y toda Nuestra América:
«Tenemos en el timón a un revolucionario que no se asusta de las tempestades, que se crece en las dificultades y que persigue con firmeza las metas de nuestra Revolución.
«Tenemos la confianza y la colaboración activa del pueblo de Cuba, especialmente de los trabajadores, de los campesinos, de las clases medias, de los estudiantes y de la juventud.
«Tenemos la simpatía y la comprensión del mundo, de los progresistas revolucionarios y demócratas verdaderos de todas partes, incluso de los propios Estados Unidos, donde no faltan voces que sostienen la justicia de la causa de Cuba y del Gobierno Revolucionario».
Aquel discurso del General de Ejército Raúl Castro Ruz, aún en los primeros meses del triunfo revolucionario, mantiene plena vigencia, su pensamiento estratégico trasciende épocas, porque siempre va a las esencias y asume la realidad con optimismo y fe en la victoria, como enseñó Fidel. Sus palabras finales en la conferencia tienen hoy un significado mayor para la región, que vive ahora los efectos de una fuerte y articulada contraofensiva imperialista y oligárquica:
«Somos un país pequeño con una gran responsabilidad. Estamos explorando los caminos de la historia de la nueva independencia latinoamericana. Nuestra Revolución, como un faro de esperanza, proyecta su luz sobre nuestros países hermanos. La Revolución Cubana —la Revolución de nuestro pequeño país—, ha sacudido a 200 millones de latinoamericanos, les ha dado una nueva conciencia de sus fuerzas y de su destino, ha elevado el sentimiento de solidaridad y de cooperación latinoamericana en pro de los altos ideales de liberación, de progreso y de libertad, ha puesto en movimiento nuevas fuerzas, ha mostrado nuevas experiencias y descubierto nuevas posibilidades.
«América Latina encontrará los medios de juntarse y cooperar para acelerar su desarrollo y garantizar su libertad. Cuba está en la vanguardia de ese empeño».
Han transcurrido casi 60 años del discurso del presidente cubano en Casa de las Américas. Las premonitorias palabras de Raúl se hicieron realidad, a pesar de las serias amenazas de retroceso que hoy experimenta la región. Varios de sus países lograron alcanzar la verdadera independencia y luego de un intenso batallar se logró crear por primera vez en la historia una organización puramente nuestramericana que agrupa a las 33 naciones libres al sur del Río Bravo: la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), que celebró en Caracas en diciembre del 2011 su Cumbre fundacional. Dos años después, en enero del 2014 en La Habana se declaró a América Latina y el Caribe como Zona de Paz.
Las semillas sembradas en la Mayor de las Antillas por nuestros mayores han germinado y recogido sus mejores frutos en el heroico pueblo cubano. Las presentes y futuras generaciones, guiados por la vanguardia política y cultural, mantendrán el compromiso expresado por Raúl y que junto a Fidel ha cumplido consecuentemente a lo largo de la historia: «no dejaremos que la luz de la Revolución Cubana se apague para los pueblos hermanos de Nuestra América».

Abel González Santamaría | internet@granma.cu

Fuente: Raúl Castro Ruz: «El mensaje de la Revolución Cubana», conferencia pronunciada en la Casa de las Américas, La Habana, Cuba, el 11 de septiembre de 1959 publicada en el periódico Hoy, 16 de septiembre de 1959.

Cuba frente al Huracan IRMA


jueves, 7 de septiembre de 2017

Rediseñar el sistema de ciencia e innovación

La importancia de la ciencia y la tecnología para el desarrollo económico y social fue promovida desde el triunfo revolucionario en 1959, y contó durante más de cinco décadas con la orientación, el apoyo y participación directa de su líder histórico Fidel Castro Ruz, quien el 15 de enero de 1960 expresó la ya antológica frase: “el futuro de nuestra Patria tiene que ser necesariamente un futuro de hombres de ciencia, de hombres de pensamiento”.
Desde entonces la estrategia en este campo evolucionó a través de tres fases principales. La primera de ellas extendida hasta mediados de la década del 70 del pasado siglo, hizo un énfasis extraordinario en la creación de instituciones científicas y la formación de investigadores, principalmente los dedicados a la atención de la salud, la educación y las ciencias básicas.
Muchos de los especialistas se prepararon en el exterior, aunque también hubo un importante aporte de científicos extranjeros que vinieron a trabajar a Cuba.
Una segunda fase basada en un modelo de gestión centralizada tuvo lugar entre 1976 y 1991. El objetivo de este periodo radicó en utilizar los resultados científico tecnológicos e introducirlos en la sociedad.
Dicho modelo identificaba los “problemas de la Investigación”, a partir de determinar las prioridades del uso de sus aportes, mientras la política tecnológica se distinguía por la importación generalizada de tecnologías, la mayor parte de ellas procedentes de países de Europa oriental.
La tendencia de asimilar, en lugar de producir tecnologías, y la frecuente falta de interés por la innovación por parte del segmento empresarial y otros agentes económicos, explica por qué el desarrollo científico y el potencial humano creados no dieron los resultados esperados.
Entre otras razones, ello condujo al país a introducir cambios en su política de ciencia y tecnología desde mediados de los años 80. Los más importantes incluyeron el relanzamiento de la investigación científica universitaria con un enfoque más aplicado, la definición de nuevas prioridades para el desarrollo, como la biotecnología e ingeniería genética, la electrónica e informática y la energía nuclear.Creados respectivamente junto a sus centros de producción.
Ya en 1994 y hasta la fecha puede hablarse de una tercera fase, donde es establecida una política científica y tecnológica destinada a lograr una mayor vinculación entre dichas actividades y los sectores productivos y de servicios. Así surge el Sistema de Ciencia e Innovación Tecnológica (SCIT), que pone a la producción en el centro del mismo y concibe la innovación tecnológica como un proceso socio-técnico, que demandaba un tipo especial de comunicación y solución de conflictos.
Por tanto la creación del SCIT se sustentó en la comprensión de que no bastaba generar conocimientos y tecnologías; también debían incorporarse a la práctica social. Actualmente lo integran las entidades estatales encabezadas por el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (Citma), las instituciones generadoras de nuevos conocimientos, entre ellas las universidades, y las denominadas de interfaces que contemplan por ejemplo a la Academia de Ciencias de Cuba, el Sindicato de la Ciencia, la Asociación Nacional de Innovadores y Racionalizadores (Anir) y las sociedades científicas.
También forman parte las instituciones de asimilación de tecnologías representadas por aquellas productoras de bienes y servicios.
Si bien en el 2015 el país tenía un total de un millón 165 002 graduados universitarios y en el sistema de ciencia por millón de habitantes había 943 doctores, 400 investigadores categorizados y 16 513 trabajadores, el crecimiento en el número de publicaciones científicas entre 1996 y el 2014 resultó pequeño en comparación con el experimentado por muchos países de América Latina.
Un reciente análisis de nuestra Academia de Ciencias constató que el índice relativamente bajo alcanzado en ese indicador se debe entre otras razones al debilitamiento del potencial científico, la insuficiente promoción y estímulo, y la escasa contribución de las revistas certificadas existentes en Cuba.
También hay una tendencia similar de disminución progresiva en lo referido a la aplicación de patentes durante la etapa 2009-2015, lo que pone de relieve la urgencia de aumentar el impacto de las invenciones en la economía.
Como resultado de las condiciones económicas adversas provocadas por el bloqueo e insuficiencias internas, en las últimas tres décadas se han acumulado problemas que generan hoy debilidades en el SNCTI cubano.
Según un pormenorizado estudio-diagnóstico hecho por la ACC, el sistema es hoy relativamente pequeño, está débilmente vinculado lo que incide en su gestión y se carece de una estrategia actualizada en ciencia, tecnología e innovación, que permita dar prioridad a los objetivos e indicadores para la evaluación.
De igual forma destaca la obsolescencia tecnológica y el deterioro de la infraestructura, la falta un sistema integral de financiamiento que promueva los proyectos, y los recursos humanos se ven afectados por la disminución del personal, con un éxodo creciente a otros destinos por salarios y condiciones inadecuadas.
A pesar de las debilidades citadas, en 58 años el país logró éxitos notables en el campo de la educación, la ciencia, la salud pública y el desarrollo de un elevado número de instituciones científicas y técnicas.
Para alcanzar un nuevo marco institucional que propicie dar un verdadero impulso a la innovación, incrementar la productividad científico-tecnológica, y el papel de los intangibles como patentes, marcas y la calidad en la gestión, se hace necesario continuar desarrollando la formación de un potencial científico altamente cualificado, y mejorar los métodos de planificación y financiación de la ciencia, la tecnología y la innovación, adaptándola a las nuevas realidades del modelo económico y a sus nuevos protagonistas.
Crucial será también fomentar y promover vínculos dinámicos entre el sector generador de conocimientos y el productor de bienes y servicios, haciendo uso de nuevos instrumentos esencialmente económicos y financieros.
El diseño de estas prácticas innovadoras que son ineludibles y posibles, permitirá la elevación de conocimientos y cualificación del conjunto de las actividades productivas de bienes y servicios, algo imprescindible para construir realmente las ventajas competitivas que Cuba requiere.
Por tanto el reto radica en vincular esas estrategias con las del país, para alcanzar la prosperidad y sostenibilidad del proyecto político y socioeconómico que nuestro pueblo merece.

Fidel Castro Díaz-Balart
Cubadebate

*Síntesis realizada por el periodista Orfilio Peláez de la conferencia del autor en el Foro Cuba-Francia de las Academias de Ciencias de ambos países.

martes, 5 de septiembre de 2017

El nuevo curso escolar en la Educación General


Miguel Hernández en #LaPupilaTv




Un recorrido por la Guerra Civil española de la mano de su poeta testimonio, Miguel Hernández, y los más de mil cubanos que en ella combatieron.

sábado, 2 de septiembre de 2017

La difícil lucha sindical

El propietario y el trabajador en Cuba

Sobre Cuba hay mucho silencio y sesgo en la “gran prensa”. No es el monolito que se presenta, donde todos piensan, opinan, viven de la misma forma. También va quedando atrás –aunque sus representantes persisten– una polarización que presenta el proyecto revolucionario que triunfó en enero de 1959, por un lado, como un remanso sin manchas ni errores y, por el otro, como otra experiencia fallida ante el capitalismo.
El actual proceso de reformas que se lleva a cabo en la isla desde 2010, divulgado como “actualización del modelo económico”, no puede mirarse separado de las transformaciones y contradicciones de la historia reciente del país, tomando como referencia el inicio de la década del 90 del pasado siglo, el llamado “período especial”, las reformas de 1992-1994 y la etapa conocida como “batalla de ideas” (1999-2005), que impulsó cambios en otros ámbitos como el social y el cultural.
Además, una “reforma económica”, como se ha presentado esencialmente lo que ocurre en Cuba, no puede separarse de sus correlatos políticos, sociales y culturales.
Desde sus planteamientos iniciales, una de las principales direcciones del proceso de reformas fue el fortalecimiento del sector no estatal de la economía. Ciertamente, se ha producido una diversificación ampliada de los espacios económicos que comienza a cuestionar –al menos discursivamente– la hegemonía de la empresa estatal y el sector presupuestado. Sin embargo, las instituciones que implementan las transformaciones han tenido hasta el momento una predisposición más favorable al denominado “trabajo por cuenta propia” que a la aprobación de cooperativas urbanas y de servicios profesionales.(1)

Un término, tres actores

Es necesario apuntar que, en rigor, el término “trabajador por cuenta propia” constituye un eufemismo, una “sombrilla” que se utiliza para definir y regular al menos a tres actores económicos de diferente naturaleza jurídica: 1) el trabajador por cuenta propia en sentido estricto (autoempleado); 2) el trabajador de empresas privadas (contratado); y 3) el empresario individual, propietario y gestor de las pequeñas y medianas empresas.(2) Para apreciar el crecimiento que ha tenido el llamado trabajo por cuenta propia basta decir que entre 2010 y 2017 los cuentapropistas pasaron de 157.300 a más de medio millón.
Las transformaciones económicas implican un correlato con otras problemáticas de carácter social, político y/o asociativo. En el caso particular del estímulo a nuevas formas de propiedad y gestión, éste influye por ejemplo en la recomposición de la estructura socioclasista, en la problemática del empleo y en la actividad de los sindicatos (el análisis se centrará en este último aspecto).
En Cuba existe una sola organización sindical reconocida oficialmente: la Central de Trabajadores de Cuba (Ctc), que proviene de una experiencia histórica en la que la agrupación de sindicatos de diferentes actividades, oficios y empresas, con el fin de constituir una fuerza nacional, se apreció como un paso de avance en la lucha.
Si reconocemos el peso que hoy tiene el empleo no estatal en el país, vemos que, con casi 80 años de existencia, la Ctc se enfrenta hoy a una coyuntura inédita –en magnitud– desde 1961, y especialmente después de 1968.
Varios factores dificultan la influencia de la organización de trabajadores en el sector privado. El primero tiene que ver con un problema estructural: el verticalismo que define la relación entre la central y los sindicatos nacionales. Esto se ve agravado por el hecho de que los sindicatos se organizan en función de los organismos e instituciones de la economía nacional. Esta funesta verticalidad se visibiliza en el contexto de las reformas, pues la consolidación del trabajador vinculado al sector privado y el surgimiento de las cooperativas no agropecuarias proponen nuevos temas a la agenda sindical y reclaman un grupo de acciones a corto plazo que no han sido asumidas aún por la Ctc.
Uno de los asuntos de interés se encuentra en la inexistencia de un sindicato que agrupe de manera particular a los trabajadores por cuenta propia. En medio de las actuales circunstancias del país y la vitalidad que alcanzan los negocios privados, crecen las contradicciones entre los propietarios y los trabajadores. La Ctc debe superar su pasividad y transitar a una práctica que reivindique disposiciones jurídicas aplicables a estos espacios, y volcarse a un intercambio permanente con los trabajadores.
Para ello debe comenzarse por construir la agenda constitutiva del sindicato nacional que agruparía a estos empleados. Esto no es un proceso sencillo, en primer lugar porque la Ctc carece de liderazgo y reconocimiento en estos escenarios “privados”; en segundo término, porque el nivel de los ingresos de los trabajadores del sector privado es muy superior al recibido por quienes laboran en instituciones del Estado, y ello puede difundir el criterio de que no es necesaria la mediación de la organización, además del temor al despido; y finalmente –no menos importante–, la resistencia de los propietarios a la organización sindical de “sus” trabajadores.

Dueños localizados

Otro asunto cobra fuerza en el sector privado: ¿qué hacer con los propietarios? La creación de una asociación (empresario individual, propietario y gestor de las pequeñas y medianas empresas) también pudiera asumirse como una necesidad. Ahora bien, es incomprensible que coexistan en la misma sección sindical –bajo el homogeneizador calificativo de “trabajador por cuenta propia”– el empleado y el propietario que contrata su fuerza de trabajo. En rigor, aunque pueda ser vista como una “necesidad del país”, la Ctc no cometería ningún agravio si se manifestara en contra de la sindicalización de los propietarios, o de la creación de una asociación de éstos.
Un terreno de conflictividad se encuentra en las formas de lucha sindical. Este es un asunto polémico en cualquier contexto, que alcanza una especial dimensión en Cuba. La Ctc renunció en 1961 a dos métodos tradicionales de lucha sindical: la ocupación de fábricas y las huelgas, con el argumento de que, en las nuevas condiciones, toda paralización de la producción dañaría a la revolución. La ocupación de fábricas fue criticada desde una nueva realidad: “la empresa nacionalizada es de todo el pueblo y no de una parte o sector de éste”.
Resulta sintomático que en los actuales estatutos no se hace alusión alguna a los métodos de lucha sindical, aunque en el informe central de su último congreso parece que se opta por la negociación colectiva.
El análisis de las formas de lucha debería ser fundamental para la Ctc y ajustarse a la actual coyuntura de Cuba, en medio de todo el proceso de reformas que se produce. Sería oportuno discutir, por ejemplo, si en sectores como las empresas extranjeras y las pequeñas y medianas empresas de propietarios (nominales o no) nacionales tienen cabida formas como el paro, la huelga y hasta la ocupación por los trabajadores. No se trata de si el Estado favorece estas formas de gestión, la Ctc podría ofrecer un punto de vista diferente. Un proceso así daría a la organización la oportunidad de llegar a un amplio número de trabajadores que hasta el momento permanecen ajenos a su influencia real; y al mismo tiempo contrarrestar la explotación del trabajo que se da en esos espacios, en el sentido que lo vieron los fundadores del marxismo.

Construir la clase para si

No es una tarea fácil. Muchos trabajadores del sector privado en Cuba han emergido con un “pecado original”: la complacencia con su condición. Ante la depresión que tiene el empleo estatal en materia de salarios y la distancia entre éstos y las necesidades de la población, no existe conciencia de cómo –en muchos casos– el propietario explota el trabajo ajeno para su enriquecimiento en su calidad de inversor; y si existe esa conciencia, ocupa un lugar subordinado estratégicamente a las urgencias materiales.
En el caso de los inversores extranjeros, la “paz social” que defiende la Ctc le otorga una oportunidad única a los empresarios capitalistas: preocuparse exclusivamente por los términos establecidos con el gobierno cubano. La tranquilidad y seguridad que ha defendido la revolución cubana como conquistas, también podrán disfrutarlas dentro de sus empresas si son capaces de “negociar” adecuadamente con los trabajadores.
Debe entenderse que los límites de este espacio dejan en el tintero otros asuntos: el vacío regulatorio en cuanto a las relaciones entre propietario y trabajador contratado; las insuficiencias del Código de Trabajo aprobado en 2014; el funcionamiento de las estructuras territoriales y de base de la Ctc, entre otros.
Limitar o encuadrar las alusiones a las reformas actuales dentro de lo estrictamente económico es ver la realidad de una manera simplista e incompleta. En el tema pueden apreciarse los grandes retos que enfrentan la sociedad civil y una institucionalidad que emergió –en sus rasgos actuales– como resultado de la transformación radical que sobrevino después de 1959. Es necesario que esas instituciones y organizaciones se piensen más con los espejuelos de la contemporaneidad: sería su mejor servicio a la revolución de la que emergieron.

Fernando Luis Rojas
Brecha

Notas

1) Este verano de 2017 el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social dio a conocer una resolución (la número 22/2017) con nuevas disposiciones sobre la actividad no estatal que generaron preocupaciones en este sector y la población cubana en general.
2.Véase Norma Tania Rivero y José Luis Fernández de Cossío, “¿Por qué no reconocer la existencia del empresario individual?”, en http://progresosemanal.us (15-VII-15).

Fernando Luis Rojas (Moscú, 1982). Especialista del Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello (La Habana, Cuba). Autor de Más que una isla (Sed de Belleza, 2015) y Ahora es tu turno, Miguel. Un homenaje cubano a Miguel Enríquez (Icic Juan Marinello, 2015).