sábado, 21 de octubre de 2017

Demócratas o Republicanos, el mismo juego




¿Hay un solo modelo de democracia? ¿Son los medios de comunicación neutrales en ella? Un recorrido desde el cine, la música y el periodismo por estos temas.

viernes, 20 de octubre de 2017

Puerto Rico, Puerto Pobre


Diez especias para sazonar el ajiaco

No hay que confundir la imprescindible unidad con la falsa unanimidad

1. Partir de la premisa de que el capitalismo lleva desde su formación a la fecha más de cinco siglos de ensayos, rectificaciones y errores, con una cadena de desastres, asimetrías y desequilibrios en todo el mundo, es cuestión evidente. Se trata de un sistema basado en el capital ─su nombre lo indica─ y no en el ser humano, por lo que no resolverá los problemas de una humanidad que en estos momentos está en peligro de extinción por la sobreexplotación del planeta, resultado de una cultura consumista generada por el propio sistema capitalista. El socialismo, que este año cumplirá su primer siglo ─con no pocas experiencias fallidas, ciertos avances para lograr una base material si aceptamos que no ha concluido su etapa de transición, porque es todavía «adolescente» y no le ha dado perfil definitivo a su sistema económico; pasos innegables en la garantía de derechos en materia de salud, educación, cultura, seguridad social... y logros en la difícil formación de una nueva conciencia─, resulta todavía una modelación, un espacio-tiempo que nadie conoce, por lo que cualquier criterio sensato de buena voluntad podría convertirse en un aporte atendible para su construcción.
En Cuba, en estas décadas de Revolución nunca nos hemos creído, ni siquiera en la época de mayor idealismo, que vivimos en una sociedad perfecta, sino perfectible y en transición; no hemos encontrado la solución económica para la satisfacción de condiciones de vida moderna para todos los ciudadanos, de acuerdo con las expectativas creadas por la propia Revolución, en lo que tienen un peso significativo, pero no único, las secuelas del bloqueo económico, comercial y financiero de Estados Unidos. Se han mantenido la salud y la educación gratuitas, un mínimo de seguridad social, el acceso a la cultura y el deporte y una reconocida tranquilidad en las calles, entre otras garantías, aun en épocas críticas, para todos los ciudadanos ─una hazaña, por cierto, cuya imagen no ha estado a su altura─, mas cualquiera sabe que eso no basta, según las exigencias y aspiraciones del cubano de hoy, nacido en su mayoría en el proceso revolucionario. Nos falta lograr, asimismo, una sociedad más participativa, inclusiva, democrática, menos verticalista, en la que junto al ejercicio de todos los derechos a que el socialismo aspira, se ejerzan cada vez más conscientemente el compromiso activo y sistemático con el prójimo y la fraternidad.

2. Teniendo en cuenta su natural perfectibilidad, el socialismo cubano ─y también los otros, pero no he de referirme a ellos─ no tiene otra opción que ser crítico y autocrítico. La crítica y la autocrítica, como análisis constructivo para discernir y proponer una acción positiva sobre la base de un criterio razonado, con el propósito de mejorar el sistema y no para destruirlo, es un ejercicio de obligado cumplimiento en una sociedad que aspira a la emancipación total del ser humano, pero especialmente indispensable para la formación de un sistema que no existe y se está construyendo. El pensamiento crítico no es solo exigencia de intelectuales ─error muy común en tecnócratas y burócratas, porque eso molesta a su mediocre gestión, que trasciende los límites de su área de influencia y se extiende a aspectos sociales, políticos y culturales─, sino necesaria práctica cotidiana dirigida a estimular la creatividad y participación consciente del pueblo. Todo socialismo tiene que estimular la crítica, de lo contrario, se autodestruye: eso ya es Historia.
El pensamiento crítico, si no se enseña sistemática y adecuadamente desde tempranas edades en las escuelas, nunca podrá establecerse en la sociedad de manera perdurable. Contribuir de manera efectiva a crear el real compromiso de los ciudadanos desde los sentimientos, aspecto pedagógico esencial, constituye posiblemente la primera tarea en la construcción del ser humano renovado que necesita el sistema socialista. La educación desempeña un papel fundamental en la formación del sujeto crítico, y si su calidad falla, todo se retrasa: esa construcción solo se logra con el constante ejercicio del criterio. En la base del legado patriótico cubano, desde Félix Varela, José de la Luz Caballero, José Martí, Julio Antonio Mella, Rubén Martínez Villena, Ernesto Che Guevara y Fidel Castro, por solo citar algunos paradigmas, siempre estuvo presente de manera continuada un ejercicio pedagógico crítico: en diferentes etapas y contextos, todos soñaban con un hombre diferente, un Hombre Nuevo.
No se trata de «tolerar» la crítica; es necesario promoverla y alentarla en la escuela y en la sociedad, y superarla dialécticamente desde las más altas esferas de dirección hasta el más obediente ciudadano. A todos nos exige una alta responsabilidad en su ejercicio y una gran humildad en su aceptación. Crear un sujeto acrítico pudiera parecer cómodo para quienes pretendan ejercer un poder sin sobresaltos, ya sea en la familia, la escuela o la sociedad, pero implica una consecuencia altamente peligrosa: la práctica cotidiana de la aceptación acrítica conduce a aceptarlo todo, aun lo que comporte prácticas e ideologías no solo ajenas, sino antagónicas con lo que aspiramos.

3. Para que la crítica sea constructiva y las acciones que se deriven de ella tengan un resultado positivo, no se puede perder de vista quiénes son los enemigos históricos de la nación y, por ende, del pueblo; por ello es decisivo el conocimiento de la Historia, sin evadir sus rincones incómodos y zonas embarazosas, que no pocos adversarios se han dedicado a promover. Los revolucionarios no le pueden tener miedo a la verdad: la mentira es contrarrevolucionaria. Todo pasado es presente y un esbozo de futuro; resulta esencial el aprendizaje razonado y ameno de toda la Historia de Cuba, sin dejar vacíos, y, además, la de Estados Unidos, España, África, América Latina y el resto del mundo, porque unas veces tiene una estrecha relación con la nuestra, y otras, resulta un importante punto de referencia. Áreas que dejemos con zonas oscuras, han sido, son y serán iluminadas intencionadamente por los que aspiran a destruir la tradición de independencia, soberanía, patriotismo y el legado revolucionario y antimperialista que conduce al socialismo en Cuba. La primera versión manipulada se queda y fija, y cuesta más trabajo esclarecerla, a lo que se suma ese incómodo parecer que estamos siempre a la defensiva.
Sería un error estratégico, y hoy ridículo, ocultar o manipular informaciones que son conocidas, casi siempre, desde la versión de los enemigos de la Revolución. La era digital permite burlar cualquier tipo de censura y no se puede continuar combatiendo con las armas melladas de un mal llamado socialismo, sepultado bajo la sombra del «padrecito» georgiano, que todavía algunos no han enterrado. Es lamentable la improductiva propaganda cubana para exhibir enormes éxitos y sostenidos logros, que esperan por una promoción eficaz; por lo general, además de dirigida a convencidos resulta aburrida, anticuada, repetitiva, poco creativa, y no pocas veces obtiene el efecto contrario al deseado. No solo se trata del contenido de la Historia, sino de la manera en que se divulga o se intenta promover, porque si no se aplican los recursos de la comunicación moderna, fracasan los resultados, especialmente entre los jóvenes.

4. Cualquier debate responsable hoy en Cuba, transita por un profundo sentido cultural en el análisis y adecuación de esa Historia aprendida y aplicada en el escenario actual; no se puede menospreciar la inteligencia de un pueblo que sabe catar al demagogo incapaz de «apagar el tabaco», o al que solo repite su «muela bizca». Debatir es comunicarse ─no vencer con «teque» o autoritarismo, sin convencer─, y la riqueza del intercambio depende de la calidad de los argumentos y la solidez de las ideas expuestas; su finalidad es la exposición y el despliegue de puntos de vista, que pueden conducir o no a coincidencias con el auditorio. Si el debate se deja a la total espontaneidad y no se fijan los límites, posiblemente dure hasta el infinito con la consiguiente pérdida del interés, o vaya saltando de tema en tema hasta el delirio, o dé pie a las catarsis y las invectivas; si se preestablece como partida de ajedrez, se hace demasiado formal y todos prefiguran, entre bostezos, el final, o sencillamente no se debate nada y la gente se retira. El papel del moderador es esencial, pues «modera», no manipula ni interviene mucho, pero no deja que otros manipulen o hagan su trabajo de moderación.
Lo común en cualquier debate cubano ─solo hace falta observar las discusiones sobre pelota─ es imponer un punto de vista y no escuchar antes de responder, porque ya se elaboró el discurso de antemano; resulta difícil ocupar la posición ajena; todavía más arduo, ser breve y concreto, o admitir que desacuerdo no significa incomprensión; repetir lo mismo es también típico; subir el tono de voz para imponer razones, recurrente; usar la crítica de modo equilibrado y la autocrítica de manera sincera y con propuestas concretas, puede ser casi un milagro; adecuarse al auditorio, una necesidad; saber escuchar, un don casi divino… En el debate actual se presenta una debilidad muy peligrosa: la ingenuidad; algunas causan risa o una sonrisa interior. Al otro extremo, está la paranoia, que constituye a veces una enfermedad ─contagiosa─, aunque en ocasiones invita a una carcajada.

5. Otro problema grave es la falta de rigor o la ligereza en las propuestas para ocupar determinados cargos. Hay quienes parecen creer que una biografía, generalmente autobiografía, o un currículo, resulta suficiente. Hay muchos ejemplos para demostrar que la llamada «política de cuadros», muchas veces violada por los propios jefes, en no pocos lugares ha sido una quimera. La llegada de personas con muy baja calificación profesional, técnica o cultural, y/o baja catadura moral a puestos importantes, puede empeñar el futuro de la nación: en ocasiones, no solo «no saben» y «no pueden», sino que «no quieren», porque sus intereses no son los públicos. Los más perjudiciales y peligrosos son los corruptos-simuladores-oportunistas: individuos que siempre se presentan con una impecable imagen política, entusiasta y combativa, pero cuyos verdaderos intereses hubieran podido preverse en un análisis riguroso de su historia laboral y personal.
La última gran preocupación de Fidel Castro como peligro verdadero para la estabilidad de la Revolución fue la corrupción, lo único que podía derrocarla, porque no solo ocasiona desastres por los daños y el mal uso de recursos y políticas públicas, mediante los cuales los corruptos consiguen una ventaja personal e ilegítima a espaldas del pueblo y de los controles ─en ocasiones de enormes proporciones y durante muchos años─, sino que desmoraliza y enrola a una gran cantidad de personas de diversas condiciones, que se van implicando por diversas causas y terminan siendo cómplices. El oportunismo responde a saber aprovechar las oportunidades; los oportunistas ponen por delante el interés privado al público y dejan atrás principios éticos sin escrúpulos; ellos se alimentan de los cambios, por ello crecen como el marabú en las acciones revolucionarias, siempre disputándose un premio de actuación. No existe otra solución a este problema que la total transparencia, pues no es cierto que el «secretismo» contribuya a mantener el «estado político-moral del pueblo», sino más bien ocurre lo contrario cuando todos descubrimos a los corruptos-simuladores-oportunistas, aunque terminen en la cárcel. La comunicación a tiempo al pueblo no debilita la Revolución, sino que la fortalece.

6. Resulta fundamental esclarecer y estimular el papel esencial de los «servidores públicos». Los empleados o funcionarios del Estado actúan con más comodidad que un dueño, pues tienen todas las ventajas de un propietario exitoso, pero ningún riesgo, al menos monetario, ante cualquier fracaso o problema. Algunos exhiben la prepotencia de un magnate, por el hecho concreto de manejar recursos públicos a los cuales todos hemos contribuido; su preocupación y ocupación es mantener el «orden» en su área de responsabilidad, sin que se cuestione absolutamente nada, y por esta razón abren una feroz guerra sin cuartel frente a quienes consideran rebeldes, a los que hacen preguntas incómodas aunque sean lógicas, a los que cuestionan las cápsulas de respuestas prefabricadas y a quienes tienen criterios sobre documentos «bajados» para levantar la mano y aprobarlos; de esta manera, funcionando con la mediocridad del formalismo cotidiano, esperan la felicitación del jefe, porque siempre están mirando hacia arriba. Se trata de un comportamiento inadmisible en el Estado socialista cubano, cuyas empresas e instituciones teóricamente se deben al «pueblo trabajador».
La estructura estatal empresarial que predomina en Cuba hoy mantiene una verticalidad asombrosa, a pesar de los esfuerzos por flexibilizarla con el llamado «perfeccionamiento»: todo, o casi todo, viene «de arriba» y siempre se está esperando una orden; los mecanismos horizontales de coordinación con homólogos se encuentran atrofiados, porque resulta inusual que un empresario tenga alguna iniciativa fuera de lo establecido. En el socialismo cubano un «servidor público» no debe confundirse solamente con un empleado o funcionario, pues además de emplearse y de funcionar, maneja recursos que no son de él ni de un patrón, sino de todos; él firmó un compromiso ético para cuidarlos y será controlado o chequeado por los representantes y defensores de la ciudadanía. A ese «servidor público» habrá que garantizarle condiciones de trabajo dignas, y también una remuneración adecuada, en correspondencia con su nivel de responsabilidad, aunque haya que aligerar plantillas que siguen infladas.

7. Si bien se han necesitado «Lineamientos» para ordenar y proyectar el futuro de la Revolución, en estos momentos se necesitan leyes. Es cierto que el desorden provocado por la crisis de los años 90, desmanteló parte de las estructuras concebidas para cuando había URSS y campo socialista europeo. Ahora, hay que refundarlas, pues resulta imposible intentar hacerlo sin tener en cuenta las circunstancias actuales, totalmente diferentes a los finales del pasado siglo, o para ser más exactos, de aquella era remota. Las repúblicas se gobiernan con leyes y para construirlas en un parlamento, este debe funcionar todos los días. No es posible tampoco que decretos de sectores, ministerios o territorios contradigan leyes; imposible que haya 16 Repúblicas Federativas Autónomas en Cuba porque cada lugar tiene una interpretación «sui generis» de las leyes, aunque cada formulación general legislativa tiene que complementarse con la adecuación de su aplicación ejecutiva en cada lugar, porque las realidades de cada zona del país son diferentes; todavía parece más descabellado que una ley contradiga el espíritu de algún aspecto de la Constitución, de la cual sabemos que se trabaja para su renovación parcial o total.
Construir la histórica falta de conciencia jurídica de la población cubana es una tarea que requiere tiempo y dedicación, pero también se necesita imagen y realidades para crear convicciones; aquello que aprendimos desde la colonia de que «las leyes se acatan, pero no se cumplen», constituye una de las principales rémoras para organizar el trabajo del órgano legislativo, sin que parezca una dependencia del ejecutivo. Si los diputados solo tienen contacto con sus futuros electores en el período previo a la votación, y si solo se hacen públicos «resúmenes» de sus intervenciones, como si fuéramos un pueblo sin preparación para asimilar como muestra de unidad en la diversidad el debate de criterios diferentes en el parlamento, poco o ningún compromiso «de corazón» podrá exigirse con lo que allí se acuerde o legisle.

8. Los debates o polémicas han de convertirse en análisis desde diversos puntos de vista, con argumentos sostenidos sobre diferentes criterios, y no en combates y luchas intestinas entre compañeros. Bajo el apotegma martiano de «con todos y para el bien de todos», habrá que erradicar los prejuicios, porque no todos los que critican son enemigos, ni todos los que elogian, ciegos defensores de un cargo o militancia. Una serie de malos hábitos se han adquirido en estos años de trincheras de piedras y de ideas, en que a veces ha prevalecido más la pedrada que el pensamiento. Adjetivaciones y descalificaciones para figurar como los más genuinos radicales del espíritu de la Revolución, y manías acusatorias con el fin de desacreditar, no contribuyen al buen espíritu de ningún debate o polémica.
La cordialidad, e incluso, la amistad, entre revolucionarios que mantienen posiciones diferentes, y hasta encontradas o divergentes, frente a un tema o asunto, no debe conducir a la desacreditación personal de una de las partes, un método espurio y mezquino, que tarde o temprano conduce a reproducir el error, a veces arraigado en el ambiente machista cubano, de hacer prevalecer nuestros criterios a toda costa.

9. Una Revolución no es más que un gran salto cuántico democrático, y el de Cuba, con el irrepetible Fidel, quien brincó varios niveles en muy pocas décadas para lograr un nuevo consenso de rebeldes, logró una acrobacia histórica, ayudada por su audacia y el factor sorpresa. No es cierto que la unidad nacional se debilita con el ejercicio de la democracia, sino todo lo contrario, pues resulta la única manera que existe hoy para consolidar el bloque patriótico, antimperialista y socialista en Cuba, especialmente si sabemos identificar los elementos indeseados por nuestros jóvenes rebeldes, que, con las facilidades de la mundialización, si no encuentran atractivos en su país de origen, emigran a otro, aunque quizás posteriormente se arrepientan.
Formular una definición de la democracia en el socialismo cubano, constituye una gran dificultad y requiere más tiempo para enunciarla; recordemos la queja de Virgilio Piñera en su poema «La Isla en peso»: «¡País mío, tan joven, no sabes definir!». La democracia socialista cubana se organiza de manera declarada sobre la base del poder popular; sin embargo, no siempre las demandas colectivas de la mayoría son escuchadas por las autoridades correspondientes del Estado, ni la convivencia social expresada en el libre ejercicio de los derechos de los ciudadanos ─que pagan impuestos y contribuyen a las arcas públicas─, se ejerce sin ser entorpecida o anulada por autoritarismos que nadie explica por parte de algunos funcionarios estatales. José Martí lo había advertido: «Nada es tan autocrático como la raza latina, ni nada es tan justo como la democracia puesta en acción» («La democracia práctica», en Obras completas, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975, t. 7). La tarea más urgente es la de lograr un nuevo consenso inclusivo y participativo para la democracia socialista práctica puesta en acción.

10. No hay que confundir la imprescindible unidad con la falsa unanimidad. Si la unanimidad se busca y es exigida, se convierte en dañina y perjudicial a la propia unidad. La unidad aquí puede ser tan diversa como el cosmos, pero tan única como el universo. En una familia cubana compuesta de abuela, abuelo, madre, padre, hijas, hijos, nietas y nietos, ninguno de ellos piensa igual sobre varios temas; cada uno tiene diferentes gustos estéticos, sexualidades, religiosidades, e incluso, criterios políticos distintos, aun cuando todos están educados en un mismo sistema familiar, y hasta a veces viven bajo el mismo techo; sin embargo, todos suelen defender a la familia con vehemencia y tendrán unidad de acción frente a cualquier tipo de agresión o ataque externo: de esa misma manera resulta el comportamiento de la comunidad nacional.
La única política que ha perdurado en Cuba es la que ha integrado a sus genuinos y diversos factores culturales bajo la bandera de la unidad, por lo que su política no puede constituirse bajo un único proceder verticalista y autoritario, aunque tengamos un único partido político. Los políticos cubanos no pueden ser simples intermediarios de un poder abstracto, están obligados a mediar entre diferentes posiciones, a convencer y a sumar, con la imprescindible necesidad de mantener unida a la patria bajo determinados principios, que son pocos, pero esenciales: la independencia, la soberanía, la dignidad, la justicia, la equidad, la democracia, la fraternidad, la solidaridad, la lucha contra la pobreza, la defensa del medio ambiente, la emancipación del ser humano, entre otros. Lo más importante es ir a la raíz de esa unidad con realismo, para conseguir cumplir en armonía la unidad de acción. No siempre «el que no es conmigo, es contra mí»: seguir construyendo consensos es el reto.

Juan Nicolás Padrón

Juan Nicolás Padrón ha sido Subdirector Fondo Editorial Casa de las Américas e investigador del Centro de Investigaciones Literarias Casa de las Américas

jueves, 19 de octubre de 2017

Fraude en Venezuela: ¿en las elecciones... o en los titulares?




¿Hemos leído en la prensa internacional que el chavismo arrasó en las elecciones regionales del domingo? ¿Qué obtuvo el 75% de las gobernaciones y ganó por más de 9 puntos? No. Los titulares han sido otros: “Comicios con sombra de fraude”, “Graves sospechas de la oposición por resultados en Venezuela”… Es el espacio "Contratuit" de Cubainformación TV.

miércoles, 18 de octubre de 2017

Turismo y vivienda en Cuba: las invenciones desubicadas de Deutsche Welle




Deutsche Welle, canal oficial del Gobierno alemán, publicaba un trabajo titulado “Cuba: el turismo de masas desplaza a cubanos de sus casas”. Un verdadero esperpento informativo que trataba de vincular el grave problema de la vivienda en Cuba con el auge del turismo. El texto hacía una comparación desubicada con el fenómeno especulativo que ocurre en otros países turísticos de economía capitalista.

The Dangerous case of Donald Trump




El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, tiene un nuevo frente abierto relacionado con el criterio de algunos siquiatras respecto al mandatario. El licenciado Reinaldo Taladrid Herrero, periodista de la Mesa Redonda, conversó este este lunes 16 de octubre en su habitual sección La Esquina sobre un libro que apenas tiene un mes en el mercado, The Dangerous case of Donald Trump, en el que 27 psiquiatras y profesionales de la salud mental evalúan a un presidente.

lunes, 16 de octubre de 2017

Los orígenes de la mafia cubana de Miami

La ciudad estadounidense de Miami, en el estado de Florida, es reputada en medios políticos de todo el mundo como sede de lo peor de la comunidad cubana en Norteamérica. Como santuario seguro para algunos de los terroristas más peligrosos del país y el mundo, en ese pedazo de la nación norteña, han radicado muchas jefaturas de pandillas que controlan negocios ilícitos relacionados con el contrabando de armas, drogas y seres humanos.
Pero esto no siempre ha sido así. La historia que relata Mario Puzzo en sus libros y filmes acerca de los métodos violentos de las primeras familias mafiosas italianas de inmigrantes que fueron modificando sus procederes para adaptarse a la American Way of Life, incluso al nivel de la alta política de Estados Unidos, se puede comparar con la historia de la mafia cubana del Sur de la Florida.
Cuando en 1959 comenzaron a llegar a Miami centenares de corruptos políticos y servidores de la derrotada tiranía de Batista con sus maletas cargadas de dólares robados al tesoro público cubano, iban con ellos cientos de policías torturadores y asesinos. Ellos fueron reclutados y organizados por la CIA y otras agencias del gobierno de Estados Unidos para ser utilizados en actos militares y terroristas contra la revolución cubana y en otras fechorías de la extrema derecha estadounidense en el mundo.
Estos temibles “refugiados” constituyeron el germen de lo que llegó a ser la poderosa mafia cubana de Miami cuando a ellos se unieron otros factores de la posterior emigración cubana.
Entretanto, la extrema derecha estadounidense, valiéndose de sus organizaciones de inteligencia y subversión organizaba diversos grupos terroristas de cubanos reclutados en la emigración y en la isla con el propósito de subvertir el orden en Cuba y crear las condiciones para a invasión militar y ocupación de la isla.
Tras el estruendoso fracaso de la invasión de Playa Girón en la Bahía de Cochinos, la extrema derecha estadounidense intensificó cientos de otros proyectos terroristas que también naufragaron.
Optaron entonces por un cambio táctico que gradualmente convirtió a los terroristas cubanos, hábilmente maquillados, en políticos que llegaron a controlar la política exterior de Estados Unidos respecto a Cuba durante casi medio siglo y la administración de doce presidentes distintos. El proceso de legitimación de los representantes de la mafia cubana en el establishment político de Estados Unidos fue rápido y efectivo. Aprendieron el juego de la politiquería, el oportunismo, los fraudes y pronto tuvieron varios congresistas, altos funcionarios del poder ejecutivo y embajadores, así como un número de miembros del poder judicial en la Florida. Incorporaron a este aprendizaje sus experiencias metodológicas adquiridas durante la cruenta dictadura de Batista en Cuba.
Una parte de esos grupos fueron imponiendo desde 1959 métodos de presión comparables con los de los gangsters de Chicago en los años 30 o 40 del pasado siglo para manipular a la población de inmigrantes cubanos en Estados Unidos.
La mafia cubana del Sur de la Florida, ha realizado numerosos actos terroristas y ha participado en crímenes políticos financiados por la extrema derecha política estadounidense tanto en Cuba y Estados Unidos como en otros países de América Latina y Europa.
Han intervenido en trampas electorales y escándalos políticos en varios países latinoamericanos y, en los propios Estados Unidos, se les sabe protagonistas de los hechos de Watergate y del fraude comicial en Florida que dio la presidencia a George W. Bush en el año 2000. Se sabe que estuvieron involucrados en el asesinato del presidente John F. Kennedy.
No es que fueran políticos y funcionarios de origen cubano, no son sólo eso. Eran “cubanoamericanos” claramente alineados con la extrema derecha del país, recién desmarcados de las filas de connotados elementos terroristas con referentes en Miami.
Ha habido intentos por hacer que los cubanoamericanos lideren a los hispanos en el establishment político pero los intereses y ambiciones de ambos grupos se han mostrado incompatibles.
Los políticos cubanoamericanos, con honrosas excepciones, resultan un grupo más homogéneo y manejable que los de otros inmigrantes hispanos porque, como regla, responden de manera uniforme en su actuación a los intereses de quienes los promueven, porque son algo así como políticos de laboratorio, clonados y amamantados por las fuerzas neoconservadoras a las que deben sus ascensos.
Sin embargo, en la actualidad, hay que tener en cuenta que tres cuartas partes de los cubanos que emigraron a EE.UU. después de 1980 lo hicieron por motivos económicos. Por ello, son portadores de muchos valores éticos, morales y patrióticos de la revolución y acabarán por imponer, más temprano que tarde, la coexistencia con La Habana haciendo obsoleto el negocio de la contrarrevolución con que la mafia cubana hizo su fortuna.

Manuel E. Yepe
Diario ¡Por esto! (Mérida)

Huracanes: la peor parte para Oriente

Un poco en broma, y algo en serio, más allá de la capital se bromea que solo cuando un huracán pasa por La Habana o el occidente del país, retransmiten los capítulos de las telenovelas. En 2000 y 2004 los ciclones Michelle y Charly, respectivamente, cortaron en dos al sistema electroenergético nacional y los televidentes del oriente cubano pasaron días contemplando los severos estragos que ambos meteoros provocaron a sus compatriotas más al oeste.
Esa pose contemplativa terminó a partir de 2005. De ese año a la fecha no menos de siete fenómenos ciclónicos de mediana o gran intensidad afectaron al Oriente de Cuba, un ritmo nunca visto en la historia conocida de la región.
Después que Dennis rozara en 2005 Cabo Cruz y provocara daños en la parte más meridional de la provincia de Granma, en 2007 la tormenta tropical Noel literalmente inundó varios poblados del norte de las provincias de Las Tunas y Holguín. Sus lluvias se compararon con los récords de precipitaciones del tristemente huracán Flora de 1963.
Ike, en 2008, definitivamente colocó al oriente cubano de vuelta al mapa de los huracanes de gran intensidad. Las Tunas y Holguín vieron afectarse sus viviendas en porcentajes que llegaron a ser de hasta 90 puntos en algunas localidades. No habían pasado dos meses y Paloma, antes de disolverse frente a la costa sur de Camagüey devastó los poblados Santa Cruz del Sur, camagüeyano, y Guayabal, en Las Tunas, con pérdidas totales estimadas en 299,5 millones dólares.
Serían Sandy en 2012 y Mathew (2016) los que harían notar, y de la peor manera, las endebleces materiales y psicológicas de esta zona del país. El primero golpeó directamente a la ciudad de Santiago de Cuba, y las pérdidas que causó en cuatro provincias orientales totalizaron seis mil 966 millones de dólares, casi el doble que el daño conjunto de cuatro huracanes (Michelle, Isidore, Lily y Charley) sobre el centro y occidente a inicios del siglo.
Aunque los embates de Mathew se sintieron con fuerza en la porción más al este de Guantánamo, las pérdidas materiales ascendieron hasta los dos mil 430, 8 millones de dólares y una cifra récord de 263 mil 250 viviendas dañadas, mucho más que un fenómeno análogo, Michelle, que 2002 golpeó al occidente en un área mucho mayor.

“Eso no pasará por aquí”

En el oriente los cubanos habían vivido demasiado tiempo bajo la idea placentera de que los huracanes no eran cosa suya. Incluyendo la actual temporada ciclónica, desde 1960, el territorio nacional ha sido afectado por un total de 187 huracanes, de los cuales solo 53, lo hicieron en la zona oriental. Esto tuvo un efecto acumulativo nefasto en la percepción del riesgo de su población.
Las advertencias de la Defensa Civil cuando Sandy se acercaba a Santiago de Cuba se estrellaron con quienes nunca había vivido un huracán de gran intensidad. Varios de los habitantes de los poblados de los alrededores le dirían a la prensa más tarde confiar en que con alarmas anteriores solo habían sentido un poco de viento y algunas olas.
“El comportamiento de las percepciones por peligros hidrometeorológicos (extremos) en Cuba está directamente relacionado con la frecuencia de ocurrencia de estos eventos a lo largo de la historia, con mayor repercusión hacia las regiones occidental y central”, dice Pablo Bayón Martínez, profesor del Instituto de Filosofía.
Entre 2009 y 2011 la Agencia de Medio Ambiente (AMA), adscrita al Ministerio de Ciencia Tecnología y Medio Ambiente (CITMA) encuestó a 16 mil 626 personas de todas las provincias del país, excepto La Habana. El investigador del Grupo de Estudios Medio Ambiente y Sociedad de la mencionada institución cubana analizó desde el punto de vista territorial ese sondeo y concluyó que las tres provincias más occidentales encuestadas tienen los mejores índices de percepción del peligro y la mayor cultura informativa y preventiva frente a los huracanes.
Hacia el oriente del país, explica Bayón Martínez, ocurre lo contrario y consecuentemente disminuyen las medidas adoptadas por la gente para protegerse. Incluso, subraya, en áreas rurales o de precarias condiciones de vida en Las Tunas, Granma, Santiago de Cuba y Guantánamo fue reiterado atribuirle un origen sobrenatural a la magnitud de los daños.

Cambiar la situación

Desde 2005 el gobierno cubano se movía en el sentido de transformar una situación que se haría mucho más nítida con las investigaciones ya citadas. Ese mismo año el vicepresidente del Consejo de Defensa Nacional emitió su Orden Número Uno, indicando estudios que hicieran más efectivos los mecanismos existentes de disminución del impacto de los desastres naturales. La severidad de la temporada ciclónica de 2008 demostró que la intensión era sensata.
La actualización en 2010 de la referida Orden trajo el cambio importante de integrar a los planes económicos del país los gastos por concepto de reducción de los desastres. Paralelamente se hicieron estudios globales, por las diferentes demarcaciones territoriales sobre la vulnerabilidad concreta frente a fuertes vientos, inundaciones por intensas lluvias y/o penetraciones del mar.
De ahí salieron no solo los planes de cada una de las instituciones y el sistema empresarial estatal que evaluaron sus propios riesgos y debilidades; también las estimaciones precisaron los sitios y poblaciones más expuestas y nutrieron instrumentos educativos para la ciudadanía tales como las guías familiares que orientan las principales medidas a cumplir en las diferentes fases de la respuesta ante el eventual azote de un huracán.
Otras experiencias surgieron después de Sandy y Mathew en la forma de engranajes más ágiles de evaluación de los daños concretos de cada familia y luego de producción local de materiales de la construcción. También el Estado dio luz verde al traspaso para su terminación por esfuerzo propio de viviendas en diversas fases de reconstrucción tras haber sido afectadas por eventos climatológicos. La medida ciertamente fue una buena noticia para familias residentes en las provincias de Artemisa, Villa Clara y Cienfuegos, pero la mayoría de las beneficiarias vive en Granma, Guantánamo, Camagüey, Las Tunas, Holguín y Santiago de Cuba, lo cual da una idea de los daños que los meteoros habían provocado en el fondo habitacional de esos territorios mucho más deteriorado desde antes.
De acuerdo con las cifras más recientes, Cuba carece de por lo menos de 880 mil viviendas y en la lista de los territorios más necesitados, después de La Habana (206 mil) está Holguín que requiere de 147 mil y Santiago de Cuba, cuyo déficit se eleva hasta los 103 mil hogares.
Según el profesor Bayón Martínez durante 2015 y 2016 la AMA realizaría una nueva encuesta sobre la percepción del riesgo ante huracanes que sí incluiría a La Habana, e indagaría particularmente en la dimensión geográfica del asunto.
No debemos negar la relevancia que reviste para el este del país, donde casi siempre los daños que causan estos eventos meteorológicos son mayores, tener una población más preparada y también estrategias más eficaces frente a los huracanes que vengan en el futuro.

István Ojeda Bello
Progreso Semanal

sábado, 14 de octubre de 2017

La era détox




El fenómeno se está extendiendo. En nuestras sociedades desarrolladas, un número cada vez mayor de ciudadanos se plantea modificar sus modos de consumo. No sólo de los hábitos alimentarios, individualizados ya hasta tal punto que resulta prácticamente imposible reunir a ocho personas en torno a una mesa para comer un mismo menú. Sino del consumo en general: la vestimenta, la decoración, el aseo, los electrodomésticos, los fetiches culturales (libros, devedés, cedés), etc. Todas aquellas cosas que hasta hace poco se acumulaban en nuestros hogares como señales más o menos mediocres de éxito social y de opulencia (y hasta cierta medida, de identidad), ahora sentimos que nos asfixian. La nueva tendencia es a la reducción, al desprendimiento, al despojo, a la supresión, a la eliminación… En suma, a la desintoxicación. Al detox pues. Como si comenzara el ocaso de la sociedad de consumo -establecida en torno a los años 1960 y 1970-, y entráramos en lo que se empieza a llamar la «sociedad del desconsumo».

Se podría objetar que las necesidades vitales de consumo siguen siendo inmensas en muchos países en vías de desarrollo o en las áreas de pobreza del mundo desarrollado. Pero esa realidad indiscutible no debe impedirnos ver este movimiento de «desconsumo» que se expande con ímpetu cada vez más intenso. Por otra parte, un estudio reciente[i], realizado en el Reino Unido, indica que desde el principio de la revolución industrial, las familias iban acumulando bienes materiales en sus hogares a medida que sus recursos aumentaban. El número de objetos poseídos traducía su nivel de vida y su estatus social. Así fue hasta 2011. Ese año se alcanzó lo que podríamos llamar el « pico de los objetos » (peak stuff). Desde entonces, el número de objetos poseídos no cesa de reducirse. Y esa curva, en forma de ‘campana de Gauss’ (con aumento exponencial mientras sube el nivel de vida, y que luego, después de un período de estabilización, desciende en las mismas proporciones), sería una ley general. Hoy se estaría verificando en los países desarrollados (y en muchas zonas opulentas de Estados del Sur) pero mañana también reflejaría la inevitable evolución en los países en desarrollo (China, India, Brasil).
La toma de conciencia ecológica, la preocupación general por el medio ambiente, el temor al cambio climático y en particular la crisis económica del 2008 que con tanta violencia golpeó a los Estados ricos, influenciaron sin duda esta nueva austeridad zen. Desde entonces, se divulgaron mediante las redes sociales muchos casos espectaculares de detox anticonsumista. Por ejemplo, el de Joshua Becker, un estadounidense que decidió hace nueve años, con su esposa, reducir drásticamente el número de bienes materiales que poseían, para vivir mejor y lograr la calma mental. En sus libros (« Living with Less», « The more of Less ») y en su blog « Becoming minimalist » (www.becomingminimalist.com/), Becker cuenta : «Limpiamos el desorden de nuestra casa y de nuestra vida. Fue un viaje en el que descubrimos que la abundancia consiste en tener menos.» Y afirma que « las mejores cosas de la vida no son cosas».
Aunque no resulta fácil desintoxicarse del consumo y convertirse al minimalismo : «Comience poco a poco –aconseja Joshua Fields Millburn, que escribe en el blog TheMinimalists.com- intente desprenderse de una sola cosa durante 30 días, comenzando por los objetos más sencillos de suprimir. Deshágase de las cosas obvias. Empezando por las que claramente no necesita: las tazas que nunca usa, ese regalo horrendo que recibió, etc.”
Otro caso célebre de despojo voluntario es el de Rob Greenfield [ii], un norteamericano de 30 años, protagonista de la serie documental «Viajero sin dinero» (Discovery Channel) quien, bajo el lema “menos es más”, se deshizo de todas sus pertenencias, incluso de su casa. Y anda por el mundo con sólo 111 posesiones (incluyendo el cepillo de dientes)… O el de la diseñadora canadiense Sarah Lazarovic, que pasó un año sin comprarse ninguna ropa y cada vez que tenía ganas de hacerlo, dibujaba la prenda en cuestión. Resultado: un bonito libro de bocetos titulado: «Un montón de cosas lindas que no me compré»[iii]. También está el ejemplo de Courtney Carver, que propone en su página web Project 333 (https://bemorewithless.com/project-333/), un desafío de bajo presupuesto invitando a sus lectores a vestirse con sólo 33 prendas durante tres meses.
En la misma línea está el caso de la bloguera y youtuber francesa Laeticia Birbes, 33 años, que se hizo célebre por su desafío de nunca más volver a comprarse ropa : «Yo era una consumidora compulsiva. Víctima de las promociones, de las tendencias y de la tiranía de la moda- dice- Había días en que llegaba a gastarme quinientos euros en prendas… En cuanto tenía problemas con mi pareja o con los exámenes, compraba ropa. Llegué a integrar perfectamente el discurso de los publicitarios: confundía sentimientos y productos…[iv]» Hasta que un día decidió vaciar sus armarios y regalarlo todo. Se sintió libre y ligera; liberada de una carga mental insospechada: « Ahora vivo con dos vestidos, tres bragas y un par de calcetines». Y da conferencias por toda Francia para enseñar la disciplina del «cero basura» y del consumo minimalista.
El consumismo es consumir consumo. Es una conducta impulsiva donde ya no importa lo que se compra, importa comprar. En realidad, vivimos en la sociedad del desperdicio, desperdiciamos abundantemente. Frente a esa aberración, el minimalismo de consumo es un movimiento mundial que propone comprar sólo lo necesario. El ejercicio es simple: hay que mirar las cosas que tenemos en casa y determinar cuáles realmente usamos. El resto es acumulación, veneno.
Dos periodistas argentinas, Evangelina Himitian y Soledad Vallejos, pasaron de la teoría a la práctica. Después de haber vivido como millones de consumidores acumulando sin ningún criterio, decidieron cuestionar su propia conducta. Estaba claro que compraban por otros motivos, no por necesidad. Y se impusieron estar un año sin consumir nada que no fuese absolutamente indispensable y contar con gran talento su experiencia[v].
No solo se trataba de no consumir sino de desintoxicarse, de liberarse del consumo acumulado. Las dos periodistas empezaron imponiéndose una disciplina detox: cada una tenía que sacar diez objetos por día de su casa durante cuatro meses: 1.200 en total. Tuvieron que descartar, donar, desprenderse, despojarse… Como una suerte de purga, para pasar a ser desconsumistas: « En los últimos cinco años- cuentan Evangelina y Soledad- se encendió en el mundo una luz de conciencia colectiva sobre la manera de consumir. Que es una manera de controlar los abusos del mercado. Porque es también una estrategia para dejar al descubierto los puntos ciegos del sistema económico capitalista. Aunque suene pretencioso es exactamente eso: el capitalismo se apoya en la necesidad de fabricar necesidades. Y para cada necesidad fabrica un producto… Esto es especialmente cierto en los países con economías desarrolladas donde los índices oficiales miden la calidad de vida en sintonía con la capacidad de consumo… ».
Este hastío cada vez más universal del consumo también alcanza al universo digital. Está surgiendo lo que podríamos llamar un digital detox, que consiste en abandonar las redes sociales por un tiempo y por diferentes motivos. Se va extendiendo el movimiento de los « ex conectados » o « desconectados », una nueva tribu urbana compuesta por personas que han decidido darle la espalda a Internet, y vivir off-line, fuera de línea. No tienen WhatsApp, no quieren oír hablar de Twitter, no usan Telegram, odian Facebook, no sienten simpatía por Instagram, y no hay casi ningún rastro de ellos por Internet. Algunos no poseen ni siquiera una cuenta de correo electrónico y, los que la tienen, la abren sólo muy de vez en cuando… Enric Puig Punyet (36 años) doctor en Filosofía, profesor, escritor, es uno de los nuevos « ex-conectados ». Ha escrito un libro[vi] en el que recopila casos reales de personas que, deseosas de recuperar el contacto directo con los demás y consigo mismas, han decidido desconectarse. « La Internet participativa que, mayoritariamente, es la modalidad en la que estamos viviendo, busca nuestra dependencia –explica Enric Puig Punyet- Al tratarse, casi en su totalidad, de plataformas vacías que se nutren de nuestro contenido, interesa que estemos a todas horas conectados. Esta dinámica la facilitan los teléfonos “inteligentes” que han provocado que estemos constantemente disponibles y nutriendo a la Red. Este estado de hiperconexión conlleva sus problemas que estamos empezando a ver: nos resta la capacidad de atención, de proceso en profundidad e incluso de socialización. Gran parte del atractivo de las tecnologías digitales está diseñado por compañías que desean nuestro consumo y nuestra continua conexión, como sucede con tantos otros ámbitos porque es la base del consumismo. Cualquier acto de desconexión, ya sea total o parcial, debería entenderse como una medida de resistencia que desea compensar una situación que se encuentra descompensada[vii]. »
El derecho a la desconexión digital ya existe en Francia. En parte como respuesta a los múltiples casos de burnout (agotamiento por exceso de trabajo) que se produjeron en los últimos años como consecuencia de la presión laboral[viii]. Ahora los trabajadores franceses pueden dejar de responder a mensajes digitales cuando termina su jornada laboral. Francia se convirtió así en pionera de este tipo de leyes, pero todavía quedan incógnitas sobre cómo se aplicará esa ley. La nueva norma obliga a las compañías con más de 50 empleados a abrir negociaciones sobre el derecho a estar off-line, es decir no contestar emails o mensajes digitales profesionales en sus horas libres. Sin embargo, el texto no obliga a llegar a un acuerdo ni tampoco fija ningún plazo para las negociaciones. Las empresas podrían limitarse a redactar una guía orientativa, sin la participación de los trabajadores. Pero la necesidad del detox digital, de estar fuera de las redes y darse un descanso de Internet queda planteada.
La sociedad de consumo, en todos sus aspectos, ha dejado de seducir. Intuitivamente sabemos ahora que ese modelo, asociado al capitalismo depredador, es sinónimo de despilfarro irresponsable. Los objetos innecesarios nos asfixian. Y asfixian al planeta. Algo que la Tierra ya no puede consentir. Porque se agotan los recursos. Y se contaminan. Hasta los más abundantes (agua dulce, aire, mares…). Y ante la ceguera de muchos gobiernos, llega la hora de la acción colectiva de los ciudadanos. En favor de un desconsumo radical.

Ignacio Ramonet

Notas:

[i] Chris Goodall, « ‘Peak Stuff’. Did the UK reach a maximum use of material resources in the early part of the last decade? »
http://static.squarespace.com/static/545e40d0e4b054a6f8622bc9/t/54720c6ae4b06f326a8502f9/1416760426697/Peak_Stuff_17.10.11.pdf
[ii]https://mrmondialisation.org/rob-greenfield-le-forest-gump-de-lecologie/
[iii]http://www.dailymail.co.uk/femail/article-2178944/Sarah-Lazarovic-How-woman-saved-2-000-PAINTING-clothes-wants-instead-buying-them.html
[iv]http://www.lemonde.fr/m-perso/article/2017/09/15/consommation-trop-c-est-trop_5186310_4497916.html
[v] Léase Evangelina Himitian y Soledad Vallejos, « Deseo consumido », Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 2017.
[vi] Enric Puig Punyet, «La gran adicción. Cómo sobrevivir sin Internet y no aislarse del mundo », Arpa editores, Barcelona, 2017.
[vii]http://www.bbc.com/mundo/noticias-39216905
[viii] En 2008 y 2009 hubo 35 suicidios en una compañía como France Telecom (ahora Orange). También los hubo en Renault. Desde el 1° de enero de 2017, la ley permite al asalariado de una empresa de más de 50 empleados no contestar e-mails fuera del horario de trabajo.

Mercedes Sosa y Violeta Parra en #LaPupilaTv




Un recorrido por la trayectoria y la creación de dos de las voces fundamentales de la cultura popular latinoamericana: Mercedes Sosa y Violeta Parra.

Che Guevara, apóstol de los oprimidos




El cincuentenario del asesinato del Che en Bolivia el 9 de octubre de 1967 ofrece la ocasión de evocar la trayectoria del revolucionario cubano-argentino que dedicó su vida a defender a los humillados.

I. El Che y la Revolución Cubana

¿Cuál fue el papel del Che Guevara en la Revolución Cubana?

El Che era uno de los principales dirigentes del Ejército Rebelde, después de Fidel Castro que era el líder indiscutible e indiscutido del Movimiento 26 de Julio y la figura más emblemática de la Revolución Cubana. Ocupaba el mismo rango que Raúl Castro, Camilo Cienfuegos, Ramiro Valdés y Juan Almeida, entre otros, pero era quien tenía la mayor afinidad intelectual con Fidel Castro.
Tenía una valentía extraordinario, al límite de la temeridad, y sentía un desprecio soberano por el peligro. Su prestigio se extendió rápidamente entre las tropas combatientes y los simpatizantes del Movimiento en la isla. Se sabía que un argentino, con un acento raro, estaba combatiendo al lado de Fidel y su compromiso suscitaba la admiración del pueblo cubano. No era tan conocido en el mundo como Fidel Castro pero su rostro ya había aparecido reiteradas veces en la prensa internacional, particularmente estadounidense.

¿En qué circunstancias nombró Fidel Castro comandante al Che?

Guevara fue el primero en ser nombrado Comandante, mucho antes que Raúl Castro, por sus cualidades excepcionales de combatiente, de estratega astuto y su don natural de liderazgo. El Che era argentino de nacimiento y decidió integrarse en el movimiento revolucionario cubano para liberar a Cuba de la dictadura militar de Fulgencio Batista, pero sobre todo de la tutela hegemónica de Estados Unidos. Tenía conciencia de que arriesgaba su vida cada instante, por los peligros de una guerra de guerrilla contra un enemigo numéricamente superior. Sobresalió rápidamente entre el grupo de 82 insurgentes demostrando una valentía a toda prueba. Cada vez que se presentaba una misión peligrosa era el primer voluntario. Naturalmente conquistó el corazón y el respeto de sus compañeros, admirados de ver a un extranjero arriesgar la vida por una patria que no era la suya.
Fidel Castro discernió las virtudes extraordinarias del Che y decidió promoverlo al grado de comandante. El argentino se enteró de su promoción del siguiente modo: el 21 de julio de 1957, Fidel Castro encargó a su hermano Raúl la redacción de una carta a Frank País, líder del Movimiento 26 de Julio en la provincia de Santiago de Cuba, en nombre del grupo. Cuando puso el nombre el Che entre los firmantes, Raúl le preguntó a su hermano qué grado poner para el Che. La respuesta fue la siguiente: “Ponle comandante”.

¿El Che era médico o guerrillero?

Hay una anécdota muy reveladora sobre el estado anímico del Che. La expedición desde México hasta Cuba duró siete días y no cinco. En vez de llegar a Cuba el 30 de noviembre, el barco Granma tocó las costas cubanas el 2 de diciembre de 1956. En Santiago, ciudad al este de Cuba, ocurrió un levantamiento para celebrar y apoyar el desembarco. No obstante, el ejército, al tanto de la inminente llegada de los revolucionarios, esperaba el desembarco de la expedición. Por otra parte, además de la extenuante travesía, los guerrilleros desembarcaron en la zona pantanosa de Las Coloradas y el recorrido desde el barco hasta tierra firme fue un calvario.
Además, apenas unos minutos después de su llegada, mientras se encontraban en un estado de agotamiento total, la aviación militar localizó a los insurrectos y los rodearon los soldados de la dictadura. La tropa tuvo que dispersarse. El Che, en esta vorágine, se encontró en posesión de dos mochilas, una con municiones y otra con medicamentos. Le era físicamente imposible cargar ambas mientras lo perseguía el ejército. Optó entonces por la mochila de municiones pues consideró que era revolucionario antes que médico.

¿Cómo se llamaba el batallón del Che?

La columna del Che se creó con su ascenso a comandante. El único batallón existente era el de Fidel Castro y llevaba el nombre de “Columna 1”. Lógicamente habría tenido que llevar el nombre de “Columna 2”, pero para engañar al enemigo sobre el tamaño de las fuerzas revolucionarias, Fidel Castro decidió llamarla “Columna 4”.
Luego el Che se encargó del “Pelotón Suicida”, que se componía de los combatientes más aguerridos y cuyo papel era llevar a cabo las misiones más peligrosas. Por la excesiva temeridad del Che, Fidel decidió confiarle la responsabilidad del grupo con la condición de que no participara en ese tipo de operaciones, concentrándose en las tareas estratégicas, tácticas y organizativas.
El líder de la Revolución Cubana sabía que el país necesitaría semejante cuadro y era vital preservarlo. En cada misión, uno o varios combatientes perdían la vida, de ahí el nombre de “Pelotón Suicida”. En su diario, el Che cuenta una situación insólita y recurrente: Cada vez que un miembro del Pelotón Suicida perdía la vida, se designaba a otro para sustituirlo. Y cada vez asistía a escenas en las que jóvenes combatientes lloraban, decepcionados por el hecho de no haber tenido el honor de integrarse al grupo y mostrar así su valentía.

¿Como trataba el Che a los prisioneros?

El Che era implacable con los violadores, los verdugos, los traidores y los asesinos, y la justicia revolucionaria era expeditiva. En cambio, era cuestión de honor para él preservar la vida de los prisioneros y curar a los heridos del campo enemigo. Había dos razones para ello. La primera era de orden moral y ético: la vida de un prisionero era sagrada y había que protegerla. La segunda era de orden político: mientras que el ejército batistiano llevaba una guerra sin cuartel, torturando y asesinando a los prisioneros de guerra, el Ejército Rebelde mostraba su diferencia con una conducta intachable.
Al inicio del proceso revolucionario ningún soldado se rendía pues todos estaban persuadidos de que serían ejecutados por los rebeldes. Al final de la guerra insurreccional los soldados de Batista, cuando se enteraron de la conducta noble de los alzados, se rendían en masa cuando se hallaban rodeados por los revolucionarios, pues sabían que salvarían la vida.
Una anécdota ilustra el comportamiento del Che al respecto: Después de un combate con el ejército, un rebelde remato a un soldado herido sin dejarle tiempo para que se rindiera. Ese rebelde había perdido a toda la familia tras un bombardeo. El Che se puso rojo de ira diciéndole que su conducta era indigna del Ejército Rebelde, que se debía preservar la vida de los soldados cuando era posible y que jamás se debía disparar sobre un herido. Al escuchar esas palabras, otro soldado, también herido, que se había escondido debajo de un árbol, se señaló gritando ¡“No disparen!”. Lo curaron los rebeldes y cada vez que aparecía un guerrillero, levantaba los brazos y gritaba «¡El Che dijo que no se mataba a los prisioneros!”

¿Cuál era la fama del Che?

El Che era un jefe con una autoridad natural y un gran prestigio, conquistado en el campo de batalla. Era muy exigente y tenía una firmeza a toda prueba, pero siempre predicaba con el ejemplo y no sólo con palabras. Era intransigente con los principios y odiaba el ventajismo y los privilegios. En las montañas de la Sierra Maestra, cuando un cocinero quiso buscarse los favores del Che llenándole el plato de comida más que el de los demás combatientes, suscitó la ira del Che, que le dijo de todo. Era igualitario y deseaba ser tratado como los demás compañeros. De esa actitud ejemplar nace su prestigio y la admiración del pueblo cubano por él. Era duro y seco, pero justo y recto.

¿Cuáles eran sus opiniones políticas cuando triunfó la Revolución el 1ro de enero de 1959?

El Che se definía como marxista-leninista. Ya tenía una formación teórica sólida antes de integrarse al movimiento revolucionario cubano. De su experiencia en Guatemala, descubrió hasta qué punto la hegemonía económica estadounidense estrangulaba a América Latina y constituía un obstáculo para todo proceso de transformación social. La situación cubana, donde los sectores estratégicos de la economía cubana se encontraban en manos de las multinacionales estadounidenses, le permitió tomar conciencia de que la lucha por la libertad, la igualdad y la justicia era también una lucha contra el imperialismo estadounidense. Estaba absolutamente convencido de que el Estado debía tomar el control de los recursos estratégicos del país, proceder a una amplia reforma agraria, diversificar la economía, multiplicar los socios comerciales para emanciparse de la dependencia del poderoso vecino, universalizar el acceso a la educación, la salud, la cultura, el deporte y brindar un apoyo indefectible a los pueblos en lucha por su dignidad.

Salim Lamrani
Doctor en Estudios Ibéricos y Latinoamericanos de la Universidad Paris Sorbonne-Paris IV, Salim Lamrani es profesor titular de la Universidad de La Reunión y periodista, especialista de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos. Su último libro se titula Cuba, ¡palabra a la defensa!, Hondarribia, Editorial Hiru, 2016. http://www.tiendaeditorialhiru.com/informe/336-cuba-palabra-a-la-defensa.html Facebook: https://www.facebook.com/SalimLamraniOfficiel

viernes, 13 de octubre de 2017

Che Guevara, la CIA… y los extraterrestres




En la última estafa editorial titulada “Tengo a papá. Las últimas horas del Che”, de Editorial Planeta, J. J. Benítez, un conocido farsante especializado en libros sobre OVNIs asegura que “hoy el Che Guevara sería un yihadista” y que sus restos no se encuentran en Cuba, sino en Bolivia. Su fuente: un supuesto “exagente” de la CIA. ¿Será el mismo agente que informó a dicho autor sobre una base alienígena que, según sostiene, encontró la nave Apollo XI en la Luna en 1969, y que el ejército de EEUU destruyó –asegura- mediante una bomba nuclear?

lunes, 9 de octubre de 2017

El Che de este tiempo




A 50 años de su asesinato

El 9 de octubre se cumplen 50 años del asesinato en Bolivia del comandante Ernesto Guevara de la Serna. Cuando el Che fue ejecutado en la escuela de La Higuera, tenía 39 años. Una vida breve e intensa. Lo profundo de sus ideas y el filoacerado de su acción, lo sitúan entre los grandes revolucionarios del siglo pasado. El Che está destinado a seguir inspirando a nuevas generaciones de luchadores por la justicia social y la hermandad entre los seres humanos.
En una época árida en valores éticos, el legado más importante del Che es su ejemplo. La coherencia entre lo que se dice y lo que se hace. Lo fundamental de su mensaje consiste en que un dirigente no puede llamar a luchar si no estádispuesto a correr los mismos riesgos que sus camaradas. El hombre nuevo es el dirigente que no aprovecha su cargo para disfrutar de privilegios o para hacer la vista gorda con la corrupción. El Che fue ejemplo de modestia y honestidad como ministro de Industrias y presidente del Banco Central de Cuba antes devolver a la lucha guerrillera. Los hombres y mujeres que se inspiran en el Che, en especial los jóvenes, sienten repugnancia por la corrupción, el acomodo y la ambivalencia de la política incrustada en el sistema.
No hay que confundir el ejemplo del Che con posiciones dogmáticas y sectarias. Su integridad moral y claridad política se basaban en una comprensión integral de la realidad de su época y en las características sociales del ser humano de su tiempo. Como fruto de un conocimiento directo de América Latina, el Che forjó el pensamiento socialista y antimperialista que lo llevó en México a incorporarse a la gloriosa aventura de los 82 expedicionarios del Granma encabezados por Fidel Castro.
En su práctica cotidiana el Che hizo suya la afirmación de Fidel: “Los revolucionarios han de proclamar sus ideas valientemente, definir sus principios y expresar sus intenciones para que nadie se engañe, ni amigo ni enemigo” La Historia me Absolverá , septiembre, 1953).
Su legado es un llamado a rebelarse contra la injusticia en todo tiempo y lugar. Sentir en carne propia la humillación que sufre cualquier ser humano sin importar su raza, nacionalidad ni creencias. Esto llevó al Che a combatir en Africa y a encabezar un proyecto de liberación continental a partir de la guerrilla en Bolivia.
Su derrota no demuestra que el Che estuviera equivocado en el horizonte estratégico de su proyecto. Es evidente que América Latina necesita liberarse de la dominación y explotación imperialista. La ruptura de esa dependencia es necesaria para despejar la vía a un desarrollo económico, social y cultural que permita al ser humano convertirse en protagonista de su propia historia.
El pensamiento del Che, que llamó a desconfiar siempre del imperialismo, muestra su vigencia al confrontarlo con las recientes amenazas de destruir la República Popular Democrática de Corea, estrangular la revolución bolivariana de Venezuela o hacer cada vez más duro el bloqueo de Cuba. Los casos de Irak, Afganistán, Libia y Siria demuestran que el imperio es capaz de cometer esas y peores atrocidades.
El desarrollo pleno de sus capacidades, gracias a las tareas que cumplió en la Revolución Cubana, llevaron al Che a descubrir las grietas que producirían el colapso de la Unión Soviética. La monumental obra del esfuerzo y heroísmo de millones de seres humanos de ese país, padecía el cáncer de la burocracia y la corrupción de su elite gobernante. No solo fue el derrumbe soviético de 1991. También desaparecieron -o quedaron reducidos a la insignificancia- casi todos los partidos comunistas cortados por la tijera stalinista.
El derrumbe del “socialismo real” produjo una profunda crisis ideológica, sumiendo a los trabajadores en la indiferencia como forma de rechazo pasivo a las prácticas corruptas de los partidos cooptados por el capitalismo. Esta crisis plantea la necesidad de construir nuevos instrumentos de lucha política y social. Es una batalla que se libra en el terreno de las ideas y en la esfera de la acción-ejemplo. Se trata de recuperar la relación dialéctica entre los movimientos sociales y los partidos, bloqueada por una burocracia oligárquica que aún persiste en muchos lugares. En este proceso de revolución cultural para reconquistar conciencias para el socialismo del siglo XXI queda aún mucho camino. Hay que barrer, por ejemplo, con el fetichismo de un Estado omnipotente e infalible que convirtió al socialismo -que significa poder popular y derechos humanos, políticos y sociales- en su opuesto: un estatismo vulgar y ramplón que minó la fortaleza de la ideología revolucionaria.
Los rebrotes de socialismo de esta época van recuperando la frescura y atractivo de su matriz original. La tarea consiste en sembrar conciencia y crear organización para construir el poder del pueblo. El socialismo de hoy se inspira en el Che y crece en el seno de los movimientos sociales. Su lucha debe madurar todavía en instrumentos políticos de mayoría democrática para cambiar el rumbo suicida y devastador que el capitalismo impone al mundo.

Manuel Cabieses Donoso
Editorial de “Punto Final”, edición Nº 885, Santiago de Chile. www.puntofinal.cl

domingo, 8 de octubre de 2017

De cómo el Che Guevara pasó a la inmortalidad




¿De dónde vino la orden de asesinarlo?¿Qué dijo Fidel a los cubanos cuando lo supo? Su impacto en la música, el cine y la poesía.

Acto por el 50 aniversario de la muerte del Che




En Santa Clara, Cuba, se ha llevado a cabo un acto conmemorativo en recuerdo del comandante guerrillero Ernesto Che Guevara, por el 50 aniversario de su muerte. El presidente Raúl Castro rindió homenaje al insurgente.

sábado, 7 de octubre de 2017

El Che, medio siglo después




“Por la noche di una pequeña charla sobre el significado del 26 de Julio; rebelión contra las oligarquías y contra los dogmas revolucionarios.”

“El socialismo económico sin moral comunista no me interesa. Luchamos contra la miseria, pero al mismo tiempo luchamos contra la alienación.”

Las dos citas del epígrafe que preceden este trabajo resumen admirablemente el pensamiento del Che. La primera está contenida en su célebre Diario redactado durante la campaña guerrillera en Bolivia. La segunda en una entrevista que le hiciera Jean Daniel en Argelia. Ambas delimitan los contornos de su proyecto político integral, irreductible a las estériles fórmulas del marxismo soviético imperante en aquellos tiempos y a la redefinición en clave economicista de la gigantesca empresa de construir un hombre y una mujer nuevos. Es necesario recordar estos planteamientos en vísperas del quincuagésimo aniversario del asesinato del Che en Bolivia. Las circunstancias del crimen son archiconocidas y no tiene sentido reiterar aquí lo que es por todos sabido. Nomás basta con recordar que caído en combate, el día anterior, las heridas del Che no ponían en riesgo su vida. Pero la orden emanada de la CIA fue terminante: “mátenlo y desaparézcanlo.” Que no haya un santuario donde descansen sus restos y se convierta en un lugar de peregrinación para sus seguidores de todo el mundo. “Que siga la suerte de Patrice Lumumba”, habrán pensado sus asesinos. El asesinato del comunista congoleño fue aún más vil y canallesco que el del Che. A éste lo mataron de un balazo, uno sólo, disparado a quemarropa. Al africano lo acribillaron a balazos, lo enterraron en un lugar secreto y, poco después, dos oficiales de la policía belga, expertos en esta clase de crímenes, exhumaron el cadáver, lo cortaron en trozos y lo sumergieron en ácido sulfúrico para disolver sus restos y eliminar cualquier posibilidad de encontrarlos. La obsesión del imperio y sus aliados, en el caso de Lumumba los británicos y los belgas, era no sólo matar sino hacer olvidar. La misma obcecación perturbaba el sueño de los estadounidenses cuando capturaron al guerrillero heroico. El plan funcionó con el congoleño, pero fracasó por completo con el Che. Aún desaparecido su presencia se tornó cada día más gravitante y el guerrillero heroico se convirtió en un ícono revolucionario mundial, una bandera de todas las luchas en cualquier lugar del planeta. Allí donde un explotado o un oprimido se levanta contra una injusticia la imagen del Che -inmortalizada en aquella fenomenal fotografía captada por Alberto Díaz (Korda)- se convierte de inmediato en el símbolo universal de la lucha, en bandera de combate contra toda forma de opresión. Treinta años después de su asesinato los restos del Che aparecieron en una fosa común en Valle Grande de donde fueron enviados de regreso a Cuba y hoy descansan para siempre en Santa Clara, la ciudad en donde libró y ganó la decisiva batalla que abriría de par en par las puertas para el triunfo de la Revolución Cubana.
Decíamos que los trazos principales de su biografía son de sobra conocidos. [1] Baste con decir que si bien el Che provenía de una familia y un ambiente social progresista, claramente identificado con los republicanos durante la Guerra Civil española y por ello netamente antifascista, su proceso de formación ideológica tuvo un vuelco decisivo con la constatación in situ de la lacerante situación de las clases populares durante sus dos viajes por América Latina en los cuales Bolivia fue una necesaria estación de su odisea continental. Dueño de una curiosidad inagotable y de una inmensa capacidad de trabajo, sus numerosas lecturas fueron dando forma a una cosmovisión revolucionaria que la asumiría íntegramente (y la profundizaría) el resto de su vida. [2]

El Che: teórico de la práctica, práctico de la teoría

Cabe preguntarse, en tiempos dominados por el eclecticismo posmoderno y la desilusión con la política y la democracia burguesas, ¿qué es lo que queda del mensaje del Che para las actuales generaciones? Muchas cosas, por supuesto. Por algo sigue siendo fuente de inspiración para los luchadores sociales de todo el mundo. Queda su inquebrantable coherencia, la inescindible unidad entre teoría, pensamiento y práctica que rigió toda su vida; su absoluta convicción de que este mundo es inviable y que sólo una revolución a escala planetaria podrá salvarlo de la némesis que lo lleva a su autodestrucción. Suficiente para comprobar la excepcional actualidad del Che y la vigencia de sus enseñanzas, de sus escritos, sus discursos, su ejemplo.
En esta ocasión quisiera adentrarme un poco más en su legado teórico forjado, como decíamos más arriba, por su práctica política que arranca con sus dos viajes por Latinoamérica donde establece su primer contacto orgánico con el marxismo a través de un médico sanitarista peruano, el doctor Hugo Pesce Pescetto, especialista en el tratamiento de la lepra. Pesce había sido, junto a José Carlos Mariátegui, co-fundador del Partido Socialista Peruano y a la sazón era uno de los máximos dirigentes del Partido Comunista del Perú. El Che lo conoce en su primer viaje cuando arriba a Lima, en Mayo de 1952, y es a partir de ese diálogo que se profundiza su conocimiento del marxismo. Esto lo reconoce el Che quien, años después, al enviarle de obsequio un ejemplar de “La Guerra de Guerrillas.” escribe en su dedicatoria lo siguiente:
«Al Doctor Hugo Pesce, que provocara, sin saberlo quizás, un gran cambio en mi actitud frente a la vida y la sociedad, con el entusiasmo aventurero de siempre pero encaminado a fines más armoniosos con la necesidades de América.»
Y firma, “Faternalmente, Che Guevara.”
Su vínculo con Hilda Gadea, peruana radicada por entonces (año 1953) en Guatemala profundiza su familiarización con los clásicos del marxismo. Los dramáticos acontecimientos que tienen lugar en 1954 en ese país: la invasión organizada por la CIA al mando del coronel Castillo Armas y el derrocamiento de Jacobo Arbenz habrían de completar con las duras lecciones de la praxis el proceso formativo del joven médico argentino. La continuación de su viaje hacia Ciudad de México, luego del afortunado encuentro en Guatemala con el “moncadista” cubano Antonio “Ñico” López (que sería quien rebautizaría a Guevara con el “Che” que lo haría célebre) lo pone en contacto primero con Raúl Castro Ruz y luego con su hermano, Fidel. Tal como lo cuenta el mismo Guevara, bastó una noche de conversación con el Comandante para que se convirtiera el médico de los expedicionarios del Granma y sin atisbarlo, iniciara el camino que lo transformaría en el más famoso guerrillero del mundo. En sus propias palabras, según una confesión que le hiciera a Jorge Masetti y que la reprodujera en una carta que enviara a sus padres desde México: “Charlé con Fidel toda una noche. Y al amanecer ya era el médico de la futura expedición”. La admiración que se prodigaban recíprocamente era extraordinaria, y se hizo patente en esa larga conversación de diez horas a mediados de Julio de 1955 en Ciudad de México. El Che percibió rápidamente que Castro era “un hombre extraordinario. … Tenía una fe excepcional en que una vez que saliera hacia Cuba, iba a llegar. Que una vez llegado iba a pelear. Y que peleando, iba a ganar. Compartí su optimismo. Había que hacer, que luchar, que concretar. Que dejar de llorar, y pelear”.
En las páginas que siguen echaremos un vistazo a una de las facetas menos conocidas -o, tal vez, la más olvidada- de este personaje extraordinario. Su condición de recreador del pensamiento marxista en clave latinoamericana. Desconocimiento u olvido explicable por la celebridad adquirida como “el guerrillero heroico”, por la productividad de su praxis histórica que, lógicamente, eclipsa todas las demás. Valiente hasta el punto de llegar a la temeridad, como lo reconocería Fidel, y a la vez noble y generoso como pocos con sus vencidos, el Che guerrillero ejerce tal fascinación que desplaza hacia las sombras al fecundo teórico marxista. Este extraño combatiente, este hombre de acción, luchaba con las armas en la mano mientras cargaba en su mochila las poesías de León Felipe y Pablo Neruda. En sus campamentos en la selva boliviana había más de un centenar de libros, muchos de los cuales eran verdaderas joyas del pensamiento social universal. No fue entonces casualidad su capacidad para recibir críticamente algunas de las categorías del marxismo soviético y para someter a implacable crítica la grotesca deformación que éste había sufrido a manos de la Academia de Ciencias de la URSS y sus insoportables manuales de “marxismo-leninismo”. [3] Hay un sugestivo paralelo entre Gramsci y el Che: ambos repudiaron las codificaciones “escolásticas” del marxismo, sean éstas de la Segunda o la Tercera Internacional. Gramsci, burlándose de la interpretación canónica de El Capital instaurada por la Segunda Internacional. Lo hace en su breve escrito a propósito del estallido de la Revolución Rusa, “La revolución contra El Capital”. El Che, haciendo lo propio con los manuales soviéticos que también decretaban la imposibilidad de la revolución en los países atrasados.
Tanto uno como el otro libraron una batalla sin cuartel contra el “economicismo” décadas antes de que algunos intelectuales, arrepentidos de sus pecados juveniles, renacieran como infecundos posmarxistas y “descubrieran” el determinismo economicista que, según ellos, condenaba irremisiblemente la teoría marxista al cementerio de las ideas. Carentes del talento y la audacia intelectual que les sobraban a Gramsci y el Che, se rindieron ante las caricaturas del marxismo y en lugar de repensarlo creativamente arriaron sus banderas, borraron su propia historia y su identidad y optaron por adherir a la ideología del nuevo bloque dominante o, en el mejor de los casos, por un estéril eclecticismo.
Heredero de una noble tradición, de la cual José Carlos Mariátegui fue el gran precursor, el Che concebía al marxismo en sintonía con la Tesis Onceava de Marx: en vez de interpretar el mundo, de lo que se trata es de cambiarlo. Como Lenin, creía que “el marxismo no era un dogma sino una guía para la acción”. Por eso, si la teoría se daba de bruces con la realidad aquélla debía ser meticulosamente revisada. Si el eurocentrismo del marxismo originario no le hacía lugar a la revolución socialista en la periferia había que liberarlo de esos condicionamientos y, sin tirar al niño junto con el agua sucia de la bañera, recrear la teoría para dar cuenta del inédito desafío práctico que no había sido previsto por los padres fundadores. Y si los “manuales” soviéticos postulaban una visión etapista y mecanicista según la cual no podía haber revolución socialista sin que antes hubiera una revolución democrático-burguesa liderada por la burguesía nacional, lo que había que hacer era arrojar esos textos por la borda y repensar todo de nuevo. En esta operación el Che demostró, al igual que los grandes clásicos del pensamiento marxista, que la teoría no es un edificio acabado sino una obra en construcción y, por lo tanto, en permanente revisión y reconstrucción. Demostró también que el abandono de ciertas proposiciones (y sus correlatos político-prácticos) y su reemplazo por otras puede hacerse sin necesariamente menoscabar el argumento central del marxismo; la teoría de la plusvalía como la viga maestra que revela el carácter insanablemente injusto, explotador y predatorio del capitalismo. Y que el proyecto socialista trasciende el marco económico o el productivismo: que de lo que se trata es de crear un hombre y una mujer nuevos, una nueva cultura, una democracia participativa integral, una nueva economía, un internacionalismo concreto y eficaz, basado en la solidaridad efectiva y el altruismo. Todo esto requiere de un sustento material; pero si en este todavía sobreviven los elementos constitutivos del capitalismo el proyecto socialista habrá muerto antes de nacer.
El legado teórico del Che es inmenso y la tarea de recuperarlo está lejos de haber sido realizada. Sus pesimistas apreciaciones sobre la escena internacional de su tiempo, dominada por la doctrina de la “coexistencia pacífica” proclamada por la URSS, fueron proféticas. La “guerra de las galaxias” de Reagan y la ofensiva final de George Bush (padre) terminaron destruyendo a la Unión Soviética y evidenciando el yerro de aquella doctrina; su visión de que no se puede construir el socialismo “con la ayuda de las armas melladas que nos legara el capitalismo” es irrebatible a la luz de la experiencia. Su premonición de que la URSS ya había iniciado el retorno hacia el capitalismo, formulada a mediados de los sesentas, revela el incisivo carácter de su mirada. Además, sus análisis sobre la naturaleza incorregible y brutal del imperialismo fueron corroborados sin solución de continuidad. Así lo prueban las atrocidades perpetradas en Hiroshima y Nagasaki pasando por los horrores perpetrados durante once años en la Guerra de Vietnam, los “bombardeos humanitarios” de Bill Clinton en los Balcanes, el criminal bloqueo primero y la destrucción después de Irak, el posterio saqueo y destrucción de Libia -con linchamiento de Muammar el Gadafi incluido- el brutal ataque a Siria, la “invención” del ISIS y, entre nosotros, su no menos criminal ofensiva lanzada contra la Revolución Cubana desde sus inicios y, posteriormente, contra cuanto gobierno haya tenido la pretensión de luchar por la autodeterminación nacional y la justicia social. La brutal escalada violenta lanzada contra la Revolución Bolivariana en Venezuela es apenas el último eslabón de una siniestra cadena de crímenes. Por esto, y por muchas otras razones, a cincuenta años de su asesinato el Che es nuestro contemporáneo y sigue siendo permanente fuente de inspiración.

Crítica de la Economía Política del capitalismo y del socialismo

El Che fue un implacable crítico del capitalismo como sistema, y de los diversos proyectos que en Nuestra América trataron de presentarlo con un rostro amable y progresista. En ese sentido sobresalen las reflexiones volcadas en el brillante discurso que pronunciara el 8 de Agosto de 1961 en la Conferencia del Consejo Interamericano Económico y Social de la OEA celebrada en Punta del Este. [4] La reunión había sido impulsada por la Administración Kennedy con dos objetivos: organizar el “cordón sanitario” para aislar a Cuba y lanzar con bombos y platillos la Alianza para el Progreso (ALPRO), como alternativa a los ya inocultables éxitos de la Revolución Cubana. En el tramposo marco de esa conferencia el Che no sólo refutó las calumnias lanzadas por el representante de Washington, Douglas Dillon y sus lenguaraces latinoamericanos, sino que también hizo gala de su notable ironía para dejar en ridículo a quienes proponían como panacea universal para América Latina a la ALPRO, la “mal nacida”, como la fulminara en su obra el inolvidable Gregorio Selser. [5] Anticipándose a una crítica que posteriormente adquiriría generalizada aceptación el Che dirigió sus dardos en contra de los proyectos de desarrollo pergeñados por la tecnocracia internacional del Banco Interamericano de Desarrollo, el Banco Mundial o el FMI, obra de “técnicos muy sesudos” -decía, mientras su rostro se iluminaba con una sarcástica sonrisa- para los cuales mejorar las condiciones sanitarias de la región no solo era un fin en sí mismo sino un requisito previo de cualquier programa de desarrollo. Guevara observó que, en línea con esa premisa, de 120 millones de dólares en préstamos desembolsados por el BID la tercera parte correspondía a acueductos y alcantarillados.
Y añadía que “Me da la impresión de que se está pensando en hacer de la letrina una cosa fundamental. Eso mejora las condiciones sociales del pobre indio, del pobre negro, del pobre individuo que yace en una condición subhumana; ‘vamos a hacerle letrinas y entonces, después que le hagamos letrinas, y después que su educación le haya permitido mantenerla limpia, entonces podrá gozar de los beneficios de la producción.’ Porque es de hacer notar, señores delegados, que el tema de la industrialización no figura en el análisis de los señores técnicos (entre los cuales figuraba con prominencia Felipe Pazos, economista cubano que había buscado “refugio” en Estados Unidos ni bien triunfara la revolución). Para los señores técnicos, planificar es planificar la letrina. Lo demás, ¡quién sabe cuándo se hará!” Y remataba su ironía diciendo que “lamentaré profundamente, en nombre de la delegación cubana, haber perdido los servicios de un técnico tan eficiente como el que dirigió este primer grupo, el doctor Felipe Pazos. Con su inteligencia y su capacidad de trabajo, y nuestra actividad revolucionaria, en dos años Cuba sería el paraíso de la letrina, aun cuando no tuviéramos ni una de las 250 fábricas que estamos empezando a construir, aun cuando no hubiéramos hecho Reforma Agraria.” [6]
Al exponer las falacias de la ALPRO, mismas que con diferentes imágenes hoy sostienen los ideólogos del neoliberalismo y del libre cambio, el Che atacó también la pretensión de los economistas que presentan sus planteamientos políticos como si fueran meras opciones técnicas. La economía y la política, decía, “siempre van juntas. Por eso no puede haber técnicos que hablen de técnicas, cuando está de por medio el destino de los pueblos.” Al insistir en la inherente politicidad de la vida económica el Che subrayaba una verdad que la ideología dominante ha ocultado desde siempre, haciendo que las opciones de política económica que deciden quién gana y quién pierde, quién se empobrece y quién se enriquece, aparezcan como meros resultados de inexorables ecuaciones matemáticas, “objetivas”, incontaminadas por el barro de la política. Si hoy en la Argentina o Brasil, como en Estados Unidos o Europa, crecientes sectores de la población son arrojados al desempleo o por debajo de la línea de la pobreza mientras que la rentabilidad de las grandes empresas y los salarios de sus máximos ejecutivos se miden en millones de dólares esto no puede ser adjudicado a ningún factor político sino que es el gélido corolario de un juicio estrictamente técnico. Si el ajuste neoliberal empobrece a los pobres y enriquece a los ricos no es porque se haya tomado una decisión política en contra de los primeros sino porque así lo dicta un argumento técnico, optimizador de los equilibrios macroeconómicos requeridos para el crecimiento de la economía. Sólo un espíritu estrecho podría pensar que una tal decisión refleja las prioridades de una clase dominante interesada en promover ese resultado y para la cual es preferible salvar a los bancos antes que salvar a los pobres. Guevara destruyó implacablemente estos argumentos, predecesores de los actuales que hoy resurgen con fuerza en la Argentina de Mauricio Macri y en el Brasil de Michel Temer en donde las ideas que el Che combatió con enjundia en Punta del Este reviven bajo nuevos ropajes pero con las mismas intenciones.
Pero más allá de su crítica a estos proyectos ensayados en Nuestra América el Che sometió al escalpelo de su incisiva inteligencia la burda codificación de la teoría económica de Marx realizada por la Academia de Ciencias de la Unión Soviética y que se plasmó en un “Manual” que, como observara el economista cubano Osvaldo Martínez, se convirtió en los años sesenta en una especie de “Biblia económica” que en la práctica, sustituía a El Capital . Ese “ladrillo soviético” planteaba lo que según sus autores era nada menos que la economía política de la transición al socialismo y perfilaba, en grandes rasgos, los contornos del socialismo desarrollado. [7] Huelga decir que dicho texto no era otra cosa que la exaltación del proceso único e irrepetible seguido por la experiencia de la Unión Soviética durante el estalinismo, elevado a la categoría de “modelo” de ineludible implementación por todos los países que iniciaran el escabroso sendero de la revolución socialista. El Che se impuso la tarea de examinar los problemas, falencias y desviaciones de la experiencia soviética –que pasaban inadvertidos para la mayoría de los observadores y militantes- con el “mayor rigor científico posible” y con “la máxima honestidad”. Agregaríamos que, también, con la máxima discreción. Sus críticas a la Unión Soviética, sobre todo a su modelo económico y a la teoría de la “coexistencia pacífica”, eran bien conocidas y compartidas in pectore por Fidel y buena parte de la dirigencia del Partido. Pero Fidel, en cuanto Jefe de Estado, no podía decir lo que, una vez desvinculado de sus cargos formales en Cuba –en el Partido, en las fuerzas armadas revolucionarias, en el aparato estatal- el Che podía ya decir sin impedimentos. La Cuba bloqueada y agredida, sometida a atentados permanentes y a una ofensiva diplomática, política y mediática brutal tenía demasiados enemigos y no podía darse el lujo de criticar abiertamente a los pocos amigos con los que contaba en este mundo. La URSS lo era, más por razones de conveniencia geopolítica para Moscú que por una genuina identificación con la Revolución Cubana, y hubiera sido un gesto de enorme irresponsabilidad que Fidel, como Jefe de Estado, diera a conocer públicamente su concordancia con las críticas del Che. [8]
Es preciso reconocer la coherencia de la actitud del Che y la responsabilidad con que manejó sus críticas porque para ese entonces la URSS era la aliada estratégica –casi diríamos que única- de Cuba y lo último que quería era deteriorar con sus críticas las relaciones de cooperación económica que existía entre ambos países. [9] Además, tampoco quería llevar agua al molino del imperialismo con sus críticas al modelo soviético, a diferencia de tantos “izquierdistas de cafetín”, como dice Álvaro García Linera, que en su afán de criticar los procesos emancipatorios en curso en América Latina no dudan un instante en asumir como propias las críticas del imperialismo a aquellas experiencias. Un ejemplo: la absoluta irresponsabilidad con que “infantoizquierdistas” como los trotskistas, autonomistas y anarquistas cantan a coro que “Maduro es una dictadura”, para beneplácito de “la embajada” y la prensa canalla de Argentina y toda América Latina.
Con certera mirada el Che dice algo que es válido, según mi parecer, al día de hoy, a saber: que “la investigación marxista en el campo de la economía está marchando por peligrosos derroteros. Al dogmatismo intransigente de la época de Stalin ha sucedido un pragmatismo inconsistente.” [10] En línea con esta capacidad de análisis el Che pronostica, precozmente, “que los cambios producidos a raíz de la Nueva Política Económica (NEP) han calado tan hondo en la vida de la URSS que han marcado con su signo toda esta etapa … (por lo cual) se está regresando al capitalismo”. Tal como ocurriera en otros ámbitos de la vida social y política de la URSS lo que al principió surgió como una imperiosa necesidad, la NEP, poco después se convirtió en virtud y en modelo a emular. Como observa con razón Osvaldo Martínez, de la reflexión guevariana “se desprende la falsedad del mito manualesco sobre la irreversibilidad del socialismo una vez establecido, y la suprema lección de que es en la conciencia y no en el estímulo material de los humanos donde el socialismo puede hacerse irreversible, si esa conciencia se educa y se alimenta con valores de solidaridad.” Tal como él lo estableciera en numerosas ocasiones, la divulgación de esta cosmovisión socialista choca contra cinco siglos en los cuales el capitalismo socializó a la población en sus propios valores individualistas, egoístas, consumistas, y cambiar esa conciencia no es tarea sencilla. “El capitalismo recurre a la fuerza” -dice el Che- pero además educa a la gente en el sistema” ¡y lo viene haciendo desde hace quinientos años!
Producto del economicismo que inficionaba al modelo soviético esa tarea refundacional en materia educativa y cultural, esa “batalla de ideas”, no se pudo hacer en la URSS y, más cercana a nuestra experiencia, tampoco se llevó a cabo en las experiencias emancipatorias o “progresistas” de América Latina a partir de finales del siglo pasado. Frei Betto lo sintetizó magistralmente cuando dijo que por más que aquellas hubieran obtenido significativos logros en la reducción de la pobreza y en otras materias –derechos humanos, democratización de los medios de comunicación, igualdad de género, etcétera- se fracasó en la tarea de crear una nueva cultura y construir ciudadanos. Lo que se construyó fueron consumistas, y ese es uno de los talones de Aquiles de todos estos procesos, sin excepción. Consumistas que, en el plano político, se fueron inclinando progresivamente hacia la derecha en las recientes elecciones. Porque, la historia lo enseña una y otra vez, la otra cara de la ideología del consumismo es el conservadurismo político.

El imperialismo y las contradicciones del sistema internacional

Medio siglo después, los análisis del Che lo pintan como un personaje dotado de una clarividencia fuera de lo común. Imposible enumerar en estas pocas líneas tanta sabiduría condensada. En su “Mensaje a los pueblos del mundo a través de la Tricontinental” el Che realiza un par de significativos aportes para la comprensión del mundo actual. [11] Entre otras brillantes iluminaciones esa que sostiene que en Nuestra América la sumisión de las clases dominantes a los dictados del imperialismo nos impide hablar de “burguesías nacionales”. En Latinoamérica, esas clases carecen por completo de capacidad (o voluntad) de oponerse a los designios de Estados Unidos y están resignadas a funcionar como “su furgón de cola” de los imperialistas. Por eso propone hablar más bien de “burguesías autóctonas” porque eso de “nacionales” les queda grande y no se ajusta a su insignificante capacidad de librar una lucha por la autodeterminación nacional.
Según su análisis “América constituye un conjunto más o menos homogéneo y en la casi totalidad de su territorio los capitales monopolistas norteamericanos mantienen una primacía absoluta. Los gobiernos títeres o, en el mejor de los casos, débiles y medrosos, no pueden imponerse a las órdenes del amo yanqui.” Es obvio que medio siglo más tarde esta caracterización debería matizarse porque otros capitales –europeos, chinos, japoneses, coreanos, canadienses, etcétera- han penetrado en algunos casos muy profundamente en las economías de la región. Pero pocas dudas caben de que la voz cantante la llevan los norteamericanos, y esto por una simple razón: porque cuentan detrás suyo con el respaldo del único “gendarme mundial” del capitalismo. Tal como lo demuestran Leo Panitch y Sam Gindin en numerosos trabajos, en el complejo entramado del condominio imperialista global hay un “primus inter pares” y este es precisamente Estados Unidos. [12] Su formidable capacidad militar (aproximadamente la mitad del total del gasto bélico mundial), sus mil y tantas bases militares establecidas en todos los rincones del planeta, sus múltiples instituciones “interamericanas” de carácter militar, político, económico o cultural que amarran con fuerza a los países de la región le otorgan un peso decisivo, sobre todo en Latinoamérica que, a ojos de Fidel y el Che, constituye la reserva estratégica del imperio.
Y es por eso que en esta parte del mundo el Che no ve demasiadas alternativas. En sus propias palabras: “No hay más cambios que hacer; o revolución socialista o caricatura de revolución.” El paso del tiempo permite apreciar con más elementos esta disyuntiva radical del guerrillero heroico. Por cierto que no hubo ninguna revolución socialista después de la cubana. Pero sería injusto caracterizar a los acontecimientos en curso en Venezuela, Bolivia y Ecuador como meras “caricaturas de revolución”. Son procesos que bregan contra un conjunto de fuerzas retardatarias de enorme poder, desde las oligarquías locales, las burguesías “autóctonas”, la canalla mediática que envenena el alma de nuestros pueblos y, por supuesto, detrás de todo ello, “la embajada” que trabaja incansablemente para desbarrancar esos procesos. El voluntarismo se estrella contra la dura realidad de una formidable constelación de fuerzas conservadoras que libran batalla en todos los frentes. A diferencia del caso cubano, donde el triunfo militar y político de la Revolución produjo el desplome del estado burgués, en los procesos en curso en Venezuela, Bolivia y Ecuador las fuerzas dirigentes tropiezan contra aquella muralla defensora del orden, inexistente cuando Fidel, el Che, Raúl y Camilo entraron a La Habana. Cuando lo hicieron el Ejército estaba derrotado y sus jefes habían huido al exterior, lo mismo que buena parte de los miembros del Poder Judicial, los grandes empresarios, la prensa reaccionaria, la clase política tradicional y, en general, la clase dominante en su conjunto. A medida que el Movimiento 26 de Julio avanzaba sobre La Habana los bastiones del viejo orden se derrumbaban, dispersaban y buscaban refugio en Miami; en el caso de los procesos que arrancan con el triunfo de Chávez en 1998 los enemigos de la revolución se atrincheraron y dispusieron a dar batalla, cosa que siguen haciendo hasta el día de hoy. Por eso sería injusto caracterizar a estos procesos como “caricaturas de revolución”, pues tuvieron que vérselas con una resistencia interna que en Cuba no existió, aunque luego vendría “desde afuera” una vez que el imperialismo reagrupara los fragmentos dispersos del viejo bloque neocolonial e intentara recapturar Cuba apelando al terrorismo, la guerra, las sanciones económicas y el bloqueo. Por otra parte, la revolución jamás estuvo en la agenda de las fuerzas dirigentes de procesos como los que se vivieron en Argentina, Brasil, Chile y Uruguay. En estos casos el objetivo era la inverosímil construcción de “un capitalismo serio”, supuestamente amigable con la equidad social que, como era de esperar, jamás llegó a consumarse.
Como decíamos más arriba, en este y otros escritos el Che fue muy crítico de la política de “coexistencia pacífica” propuesta por la Unión Soviética, a la que condenó duramente. En el trasfondo de esta actitud se encontraba la heroica lucha del pueblo de Vietnam que, según Guevara, se debatía en una “trágica soledad” en su lucha contra la mayor superpotencia de la historia. Hay una frase que sintetiza magistralmente su pensamiento: “La solidaridad del mundo progresista para con el pueblo de Vietnam semeja a la amarga ironía que significaba para los gladiadores del circo romano el estímulo de la plebe. No se trata de desear éxitos al agredido, sino de correr su misma suerte; acompañarlo a la muerte o la victoria.” Y los efectos perniciosos de la “coexistencia pacífica” se hacen sentir cuando la agresión del imperialismo no encuentra una solidaridad efectiva en otros países presuntamente socialistas que, “en el momento de definición vacilaron en hacer de Vietnam parte inviolable del territorio socialista.” Culpabilidad que principalmente les cabe a la Unión Soviética y China que mientras “mantienen una guerra de denuestos” permiten que el imperialismo yankee haga sus estragos en Vietnam. Concluye premonitoriamente Guevara que “el imperialismo se empantana” en Vietnam, pero que una derrota definitiva requiere de la solidaridad activa de los pueblos, comenzando por las naciones que se autoproclaman socialistas y sobre todo la URSS que gracias a la política de la “coexistencia pacífica” pergeñada para evitar una conflagración mundial y una guerra termonuclear con Estados Unidos deja al Vietnam indefenso. [13] Y los pueblos explotados del mundo, continúa el Che, deben aprender la lección que se escenifica en Vietnam y “atacar dura e ininterrumpidamente en cada punto de confrontación” al enemigo imperialista. Esa, dice Guevara, “debe ser la táctica general de los pueblos” resumida en la frase “ crear dos, tres... muchos Vietnam, es la consigna.”
La Carta finaliza con una reflexión final sobre nuestra región, en donde según su autor Washington tiene tropas “dispuestas a intervenir en cualquier lugar de América Latina” en donde sus intereses se vean amenazados. Y agrega, con palabras que conservan una vibrante actualidad, que esa política “cuenta con una impunidad casi absoluta; la OEA es una máscara cómoda, por desprestigiada que esté; la ONU es de una indiferencia rayana en lo ridículo o en lo trágico.” [14] Y traza una sugestiva comparación entre América Latina y Asia cuando dice que si en ésta Estados Unidos tiene poco que perder y mucho que ganar en Nuestra América la situación es exactamente la inversa. Aquí Washington tiene mucho que perder y poco que ganar, habida cuenta de su exitoso proceso de recolonización lanzado con fuerza desde fines de la Segunda Guerra Mundial.

Conclusión

Estas observaciones sobre los legados teóricos del Comandante Guevara pretenden estimular el estudio sobre su obra, honrar la integralidad de sus contribuciones a la construcción de una sociedad socialista teniendo en cuenta no sólo su heroico ejemplo como guerrillero sino también sus aportes al desarrollo del pensamiento marxista. En su carta dirigida a don Carlos Quijano, director de la revista uruguaya Marcha, el Che anotaba con razón que “la mercancía es la célula económica de la sociedad capitalista; mientras exista, sus efectos se harán sentir en la organización de la producción y, por ende, en la conciencia.” [15] La superación del capitalismo, una impostergable necesidad histórica, no podrá consumarse tan sólo como producto de sus contradicciones objetivas. Estas son un prerrequisito indispensable, pero para que fructifiquen en la construcción de una nueva sociedad se requiere “la acción consciente” de las masas. De ahí que la pretensión de “realizar el socialismo con la ayuda de las armas melladas” del capitalismo termina en un callejón sin salida. “Para construir el comunismo” –concluye con razón el Che- “simultáneamente con la base material hay que hacer al hombre nuevo”. Sin ello, sin esta gigantesca batalla cultural, la inalterada perpetuación de la mercancía y la consecuente mercantilización de la vida social harán que la empresa de construir una sociedad poscapitalista se vea acosada por innumerables obstáculos y termine en un callejón sin salida. La China y el Vietnam de hoy pueden ser los bancos de prueba en donde se verifique la certeza, o el error, de los diagnósticos y los pronósticos del Che. [16]
Elegimos, para terminar, una sentencia más válida hoy que cuando fuera originalmente expresada: “una nueva etapa comienza en las relaciones de los pueblos de América. Nada más que esa nueva etapa comienza bajo el signo de Cuba, Territorio Libre de América.” Y ante los cantos de sirena que hoy como ayer pregonan la armonía de intereses entre Washington y las naciones sometidas a su imperio nos advertía que “(E)l imperialismo necesita asegurar su retaguardia.” [17] Una retaguardia, recordemos, pletórica en recursos naturales (petróleo, gas, agua, energía, biodiversidad, minerales estratégicos, alimentos, selvas y bosques) que según informes de los estrategas norteamericanos constituyen insumos esenciales para el mantenimiento no sólo del “modo de vida americano” sino también de la seguridad nacional estadounidense. [18] Y, el Che ya lo advertía en Punta del Este, la preservación de esa retaguardia era (y es) un objetivo no negociable del imperio. Los hechos confirmaron plenamente sus pronósticos, y hoy estamos asistiendo a esta avasalladora contraofensiva (la “restauración conservadora” denunciada por el ex presidente Rafael Correa) tendiente a regresar a nuestros países a la condición existente en vísperas de la Revolución Cubana. “Golpes blandos” en Honduras, Paraguay y Brasil; acoso interminable contra los gobiernos de izquierda (Venezuela y El Salvador, principalmente, aunque este caso sea el menos conocido); articulación continental de la prensa (gráfica, TV, radio) para satanizar a dirigentes y procesos contestatarios; organización y financiamiento de la oposición en países “hostiles” a Washington, incluyendo tentativas de “invención” de líderes opositores; programas interamericanos de “buenas prácticas” para formatear el cerebro de jueces, fiscales, periodistas, legisladores, académicos y líderes políticos y sociales, actores fundamentales del “golpe blando” que reemplaza al anacrónico golpe militar de antaño; el ominoso rosario de bases militares con las cuales Estados Unidos ha cercado nuestra región (ochenta oficialmente reconocidas hasta ahora, más otras tres en ciernes negociadas en absoluto secreto por el gobierno de Mauricio Macri con la Casa Blanca), y la reactivación de la IVª Flota para patrullar nuestros mares y ríos interiores, confirman que, una vez más, el Che tenía razón. No olvidemos su consejo y actuemos en consecuencia. Y no olvidemos ni por un instante cuando decía que “al imperialismo no se le puede creer ni un tantito así, ¡nada!” Eso fue cierto en su tiempo y es aún más cierto en el nuestro.

Atilio A. Boron

Notas:

[1] Hay una enorme cantidad de obras sobre la vida del Che. A mi juicio la más completa y veraz es la de Paco Ignacio Taibo II, Ernesto Guevara. También conocido como el Che (Buenos Aires: Planeta 2016). Meritorio también es el estudio de Jon Lee Anderson, Che Guevara. Una vida revolucionaria (Madrid: Anagrama, 2006). Desde otro ángulo, el libro de Carlos “Calica” Ferrer, amigo de la infancia y compañero del segundo viaje del Che por América Latina aporta datos de muchísimo interés. Ver su De Ernesto al Che (Buenos Aires: Editorial Marea, edición revisada y actualizada: 2017). Una visión más teórica sobre el Che y sus enseñanzas se encuentran en el incisivo texto de Néstor Kohan, Ernesto Che Guevara: El sujeto y el poder (Buenos Aires, Editorial Nuestra América-La Rosa Blindada, 2003. Segunda edición corregida y aumentada que incluye un nuevo prólogo de Michael Löwy. Buenos Aires, Editorial Nuestra América, 2005); Che Guevara, un marxismo para el siglo XXI
(Caracas, Oficina de publicación del consejo de la presidencia, 2009); y En la selva (Los estudios desconocidos del Che Guevara. A propósito de sus «Cuadernos de lectura de Bolivia») ( Caracas (Venezuela), Misión Conciencia, 2011). Por supuesto, la extensa obra del recientemente fallecido Fernando Martínez Heredia no podría estar ausente en esta breve enumeración. Ver El Che y el socialismo (México: Editorial Nuestro Tiempo, 1989); Che, el argentino (Ediciones De Mano en Mano, 1997); El corrimiento hacia el rojo (La Habana: Letras Cubanas, 2001); y Las ideas y la batalla del Che (Ruth Casa Editorial 2010), aparte de los numerosos artículos y entrevistas dedicadas al tema.
[2] Dicho esto sin olvidar que el joven Guevara se había dado a la tarea de redactar un pequeño diccionario filosófico del que, lamentablemente, hasta ahora no ha podido hacerse ninguna publicación.
[3] Manuales que el Che apostrofaba llamándolos “ladrillos soviéticos.” Ver su Apuntes críticos de la Economía Política (La Habana, Cuba: Ocean Press, 2006)
[4] “Cuba no admite que se separe la economía de la política”, disponible en https://www.marxists.org/espanol/guevara/escritos/op/articulos/puntadeleste/discurso.htm En las páginas que siguen nos referiremos repetidamente a este texto.
[5] Ver su Alianza para el Progreso. La mal nacida (Buenos Aires: Ediciones Iguazú, 1964)
[6] Op. Cit., p. 16
[7] Cf. Osvaldo Martínez, “Presentación del libro Apuntes Críticos de Economía Política de Ernesto Che Guevara” (La Habana, Casa de las Américas: 14 de Junio de 2006)
[8] Por conversaciones sostenidas muchos años después con el Comandante no nos cabe la menor duda que el Che decía lo que Fidel pensaba. Este lo expresó, si bien oblicuamente, cuando la Crisis de los Misiles (Octubre de 1962) y, de manera transparente, mucho después, cuando se derrumbó la URSS ante la total indiferencia de la población soviética, lo que, a su juicio, fue el indicio definitivo de la derrota intelectual, moral y política, no sólo económica, que había sufrido la Revolución Rusa desde hacía mucho tiempo.
[9] Por eso estos “apuntes” recién vieron la luz pública en el 2006, si bien las críticas del Che a la economía soviética eran conocidas por la dirigencia de la Revolución Cubana.
[10] En sus Apuntes Críticos de Economía Política el Che incluye varios escritos ocasionales anteriores. Entre ellos el prólogo que, con el título de "La necesidad de este libro", escribiera para el libro de Orlando Borrego Che, El Camino del fuego (Buenos Aires: Editorial Hombre Nuevo, 2001). El pasaje al cual refiere esta nota está planteado en aquel prólogo y reproducido textualmente en sus Apuntes. Ver, http://www.rebelion.org/hemeroteca/cultura/che041101.htm
[11] “ Mensaje a los pueblos del mundo a través de la Tricontinental”, Ediciones Varias, 1967.
[12] Leo Panitch y Sam Gindin, “American Empire or Empire of Global Capitalism”, en Studies in Political Economy, Nº3, 2014
[13] No obstante, hay que decir que informaciones posteriores que salieron a la luz pública después que el Che escribiera este mensaje demuestran que la URSS no sólo se solidarizó retóricamente con Vietnam sino que también le brindó un importante apoyo militar y logístico.
[14] Medio siglo después los hechos ratificaron rotundamente sus pronósticos: EEUU “militarizó” su política exterior, y eso impactó fuertemente en América Latina y la OEA transitó cada vez más aceleradamente hacia la ignominia, como lo prueba la repugnante conducta de Luis Almagro, su actual Secretario General, convertido en un descarado lobista a sueldo de la Casa Blanca.
[15] Ver “El Socialismo y el Hombre en Cuba”, Carta dirigida a Carlos Quijano, Director de Marcha. Publicada en Montevideo, 12 de marzo de 1965, pg. 4.
[16] Muchos años después, en 1995, el recientemente fallecido Itsván Mészáros publicaría una obra monumental: Más allá del Capital. Hacia una teoría de la transición (edición en castellano: Caracas, Ministerio del Poder Popular para la Cultura, 2009) en donde desarrollaría una tesis fundamental de claras reminiscencias guevarianas. El problema, decía Mészáros, más que el capitalismo es el “metabolismo del capital”, que si bien es el que prevalece sin contrapesos en el capitalismo puede también sobrevivir, medrar -y, si no se lo neutraliza- controlar la lógica de funcionamiento de formaciones socioeconómicas híbridas, como las de China y Vietnam en donde el metabolismo del capital sigue vigente -si bien no en todos los sectores de la economía- y bajo condiciones en principio menos favorables que en las sociedades integralmente capitalistas. Pero su potencial de expansión es capaz de producir una verdadera metástasis de las “células económicas” del capitalismo, para usar la expresión del Che, e inficionar cualquier sistema económico, aún el que persiga la construcción de una sociedad pos-capitalista.
[17] La sirena entona ha ido ensayando distintas melodías pero siempre con la misma finalidad. Llámese la “política del buen vecino” de Franklin D. Roosevelt, la “Alianza para el Progreso” de John F. Kennedy; las “doctrinas de la seguridad nacional” con las dictaduras de los años setenta; el “Consenso de Washington” de los noventas o la fallida Alianza para el Libre Comercio de las Américas (ALCA). Ahora, con Donald Trump el imperio está a la búsqueda de una nueva melodía pero aún no la ha encontrado. La debacle económica que el neoliberalismo ha causado también al interior de la economía norteamericana explica esta indefinición.
[18] Hemos estudiado esta situación, en el contexto de la decadencia imperial, en nuestro América Latina en la Geopolítica del Imperialismo (Caracas: Ministerio del Poder Popular para la Cultura, 2013), libro reproducido en otros países de América Latina.

Atilio Boron: Profesor Titular Consulto, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires. Coordinador del Ciclo de Complementación Curricular en Historia Latinoamericana, Universidad Nacional de Avellaneda. Investigador Superior del Conicet y Director del Programa Latinoamericano de Educación a Distancia en Ciencias Sociales, PLED.