domingo, 2 de noviembre de 2008

Celia Hart: solo digo compañera



Siempre sintió gran responsabilidad por ser cubana, revolucionaria e hija de Haydée Santamaría y Armando Hart. Muchas veces conversamos con ella sobre el significado que tiene para quienes actúan en política, tratar de mantener intacto el legado de las personas que le precedieron. Sólo leyendo alguno de sus brillantes artículos dedicados a su madre, puede entenderse cuánto y cómo colaboró el ejemplo intachable y la moral combatiente de Haydée en esta joven rebelde que se llama Celia. De ella, sin duda heredó la idea de que para militar se necesitaba comulgar con tres elementos insustituibles: una voluntad férrea, una ideología clara y una audacia sin límites.
Celia se fue formando en esta escuela de referencias tan marcadas, a las que agregó el compromiso martiano de su padre, ­otro dirigente histórico y fundacional, el ejemplo permanente del Che y la dirección estratégica (llena de responsabilidad y sentido común) de Fidel. De esa argamasa salió un bloque sólido que la parió dura como el hierro y tierna como la risa de un pionerito o una pionerita cubana.
Cuando pienso que ya no la tenemos físicamente prefiero detenerme en sus gestos característicos, en sus rabietas cargadas de audacia para expresar un pensamiento crítico, mezcla de correntada pasional y fanatismo maravilloso (no es malo ser fanáticos cuando creemos a rajatabla en que a esta sociedad hay que darla vuelta por completo). Nunca tuvo problemas (¿por qué los iba a tener en Cuba Socialista?) para reivindicarse trotskista, pero enseguida, para que nadie tuviera dudas, agregaba su adhesión incondicional a Fidel y la Revolución.
Escritora impenitente, lanzaba párrafos como el tableteo de una ametralladora y casi siempre daba en la clave de lo que cualquiera de los que no suelen tener espacio para "borronear cuartillas", podría expresar sobre la lucha de los de abajo y la construcción de un espacio revolucionario. Desde esas definiciones, abogaba por la unidad de los que luchan, y un día elogiaba el avance del proceso bolivariano, otro escribía loas a los combatientes de las FARC (desafiando abiertamente a quienes preferían ningunearlos por "inoportunos") o se sumaba a las lógicas críticas a los "progresistas" que sólo tienen el ojo puesto en sus propios bolsillos.
Quienes no tuvimos ninguna duda a la hora de invitarla a escribir en nuestros periódicos ­prestigió con sus artículos a Resumen Latinoamericano ni a que discurseara en los espacios que nos quedan, debemos confesar ahora que siempre aprendíamos algo más, a través de sus dichos, sobre la Revolución Cubana y otros procesos que ella abrazaba con igual simpatía.
No era partidaria de endiosar a líderes sino a sus ideas, pero vale también decir, que por la magnitud de su obra, y el gigantesco camino revolucionario
construido para toda la humanidad, Fidel fue dentro del pensamiento de Celia, una excepción que no dudó en poner en la cima de sus afectos de rebelde indoblegable.
Párrafo aparte ocupa en el compromiso de Celia, la lucha contra el sionismo y la solidaridad hacia Palestina ocupada. En muchas ocasiones la escuchamos indignarse hasta enrojecer por los muros que construyen los opresores para dividir a los pueblos, y despotricar contra los tibios que, en nombre de “no complicarse” con un tema tan espinoso, terminaron apuntalando a ese Estado criminal sostenido por Washington y un lobby económico muy poderoso.
Pero a la hora de hablar de los enemigos que impulsaron ­para denostarlos sus mejores trabajos periodísticos y literarios, Celia nunca tuvo dudas sobre en qué territorios pone sus pies el imperialismo yanqui. A ellos dirigió toda su andanada verbal y lo mejor de su praxis militante, por todo lo malo que le han hecho al pueblo cubano y por ­entre otras acciones criminales- mantener prisioneros y aislados a los 5 héroes cubanos de quienes en estos días recordamos el décimo aniversario de semejante atropello.
Cuando nos llegó la noticia de su muerte nos dimos cuenta al instante que indudablemente vamos a extrañar a Celia Hart, como se hace con una hermana muy querida y necesaria, con la que se habla francamente y sin ningún tipo de especulaciones ni gestos hipócritas. Ella era visceral en sus definiciones y eso hizo que muchos que nunca se preocuparon en entenderla la calificaran de "desprolija" o "excesivamente polémica". Sin embargo, dentro de su cortedad de mira, hasta sus propios enemigos y detractores, tuvieron que coincidir en más de una ocasión, que Celia iba de frente, sin dobleces ni falsedades. Y eso en una revolucionaria, como diría el Che, es un doble mérito que no se compra con dinero ni livianas prebendas.
Celia vivió como quiso, revolucionaria en la mejor de las Revoluciones, y murió como ni ella misma se lo hubiera imaginado jamás. En las paradoja de un destino marcado por reivindicar a los suyos, su cuerpo abrazó violentamente su suelo habanero y sus ideas siguen y seguirán desafiando bloqueos, atentados terroristas y hasta huracanes que el imperialismo intente seguir lanzando sobre su querida Cuba Socialista.

Carlos Aznárez / Foto: Bill Hackwell | 21-10-2008