martes, 4 de noviembre de 2008

El signo de los cambios…en Cuba

No he querido, con toda intención, hablar de forma explícita de ”los cambios” en Cuba Esto que llena de un lado a otro mi ordenador a todas horas; palabra que comenzó a sonar casualmente justo cuando mi comandante Fidel enfermó.
La palabra cambio dentro de la revolución cubana se viene convirtiendo en obsesión y bien valdría la pena entonces, que leyésemos un poco más al buen Hegel, si es que pretendemos entender su significado.
De más decir que no voy a teorizar sobre eso en primerísimo término, porque carezco de capacidad para hacerlo, aunque de veras daría mis dos próximas primaveras porque alguien me ilustre sobre esta palabra desde el punto de vista filosófico… Haré lo que hacen todos: tomar el vocablo y hacer uso del sentido común del lector…aunque insisto en qué siempre puede ser peligroso.
Pero de dinámica newtoniana, algo sí puedo decir: Y ahí va un ejemplo:
Un auto puede cambiar su velocidad de traslación en relación a la vía por donde circula: La puede incrementar, disminuir, puede detenerse, puede girar, ir para atrás… puede incluso... volcarse. Eso en general es un cambio.
¿Qué se cambia? ¿En relación a qué?, ¿en qué magnitud? … Y sobre todo ¿en qué sentido?
Y por supuesto como a todos ¡me encantan los cambios!
Todos los días quiero cambiar algo dentro de lo posible…
Por desgracia no existen las hadas madrinas, (a no ser en el alma de las niñas), porque yo quisiera ser una mujer hermosa, inteligente, más joven y mucho más revolucionaria y consecuente Pero eso NO lo puedo cambiar: Primera señal todo lo que quisiéramos cambiar no se puede, porque el sol sigue saliendo por el Oriente, aunque quisiéramos despertar todas las mañanas a la misma hora que en Asia.
Pero claro está que hay muchas cosas que sí podemos cambiar, pero para saberlo deberemos entender primero qué es lo que NO debemos cambiar… con hadas madrinas o sin ellas.
Por más que los critique, yo al menos no quiero cambiar a mis hijos por un par de muchachos más inteligentes y formales. Ellos me parecen la obra más terminada de Dios. ¡Ah sí! Quiero que sean mejores, más felices más revolucionarios…Pero no los quiero cambiar… a mi perro tampoco. No quiero cambiarlo por un buen perro, de buen linaje…no quiero cambiar mis libros usados, no quiero cambiar una sola letra de José Martí, no quiero cambiar este emoción al leer al Che. Y si me preguntan más….no quiero cambiar de Comandante en Jefe, ni quiero que nadie más sea el primer secretario de mi Partido Comunista.
Estamos en Cuba, donde habita el único proyecto socialista de este agonizante planeta. En el resto del mundo hay (en algunos casos) buenas intenciones. El mundo sí debiera contratar a todos los magos, hadas y brujas para ver si cambia un poco.
Pero en Cuba es donde único los medios de producción son del pueblo No voy enredarme en el asunto si no son los trabajadores, si son del estado burocratizado, si autogestión o trabajo asalariado versus trabajo autogestionario, trabajo de los ángeles o trabajo de demonios. Porque para hablar de Cuba y los salarios, habría que hablar de las condiciones de frontera que impone ser una isla en toda la extensión y uso de la palabra.
El comunista que no reconozca que el estado es por definición una institución represiva, no es comunista; pero el comunista que no entienda la necesidad transitoria del estado proletario…tampoco lo es. Puede que el estado en Cuba sea paternalista….en el resto del mundo, en su gran mayoría son estados al servicio de la oligarquía locales que día a día muestran más sus rostros.
Ver a Cuba , hablar de ella, sin hablar de la IV Flota al lado de nuestras costas, de los peligros que asechan a América Latina con esta epidemia del separatismo fascista; de las elecciones regionales de noviembre en varios de nuestros países; o del referendo en Bolivia de agosto….es equivalente al aldeanismo del que nos alertó José Martí , cuando en el ensayo de Nuestra América comenzó la primera línea diciendo “Cree el aldeano vanidoso que el mundo es su aldea” y concluía el párrafo alertándonos nuevamente de los gigantes de siete leguas y los cometas engullendo mundos.
Y como muchos citan a José Martí en relación a Spencer y” la nueva esclavitud”.no lo haré ¡por ahora! Como le gustaba decir a Hugo Chávez; porque para eso deberíamos leer más su carta a Fermín Valdés Domínguez , o su homenaje a Carlos Marx o de sus crónicas de Chicago y de muchas más donde hace las más precisas críticas a las ideas socialistas de aquellos años ¡pero comprometiéndose con ellas! Y diciendo qué explicar esas ideas sería NUESTRO trabajo.
Soy trotskista (aunque el término anda bien confundido por estos tiempos)…He leído y he sentido algo del poder de la burocracia. Creo en León Trotsky, aunque muchos por ahí, que se dicen comunistas, no lo mencionan Y es por eso que estoy convencida en la IMPOSIBILIDAD científica del socialismo en un solo país, tesis que ya sabemos quien la acuñó.
Dos hombres me convencieron de esa imposibilidad. Primero el Che Guevara y después León Trotsky. El primero dio la vida por ese convencimiento, al saber que “había llegado la hora de separarnos (en la carta a Fidel) y que la mayor defensa a la revolución cubana era entregar “sus modestos esfuerzos a otras tierras del mundo”… El segundo también la dio a la larga por las mismas causas.
Por eso quiero estar segura de lo que NO quiero cambiar…. Además de mis hijos y mi perro, ¿Qué no cambio en Cuba? Muchas cosas:
No cambio que en Cuba los niños anden por las calles con zapatos puestos.
Alfonso Sastre contó una vez que Haydee Santamaría al verse acosada por las preguntas de porqué en las tiendas cubanas no habían zapatos (mucho antes de todo esto de la doble moneda), respondió con la naturalidad asombrosa de esa mujer:” No hay zapatos en las tiendas….porque los zapatos están en los pies de los niños”
Con todos los defectos del mundo…eso es de lo que le pido a Dios (si es que existe) que nunca cambie.
No cambio que mi niño vaya a la escuela sin yo tener que financiar necesariamente sus cuadernos.
No cambio que aunque no nos alcance, todos los cubanos recibamos arroz todos los meses, un poco de azúcar y pollo alguna que otra vez.
No cambio que nuestros niños hasta los siete años lo quieran o no, puedan beber leche….hoy, cuando se muere de hambre la mitad del mundo.
No cambio este portentoso acceso a la cultura donde día por día nos asombramos de cuánta gente sabe de algo… Sólo en Cuba una muchacha negra puede acceder a ser bailarina clásica y puede hacer la Odette del Lago de los Cisnes, o de la Bella Durmiente con zapatillas y las más refinados pasos, o puedan interpretar a Shubert .Sólo en Cuba un niño, de una de las antes olvidadas provincias rurales, puede representarnos en Física o Matemáticas…en Concursos Internacionales.
No cambio, en nombre de alguna graciosa intención una sola de nuestras medallas olímpicas.
No cambio nuestro compromiso internacionalista, como si eso fuera lo más natural del mundo
No cambio pues el alma de este pueblo donde se aspira con rigor a que podamos vivir 120 años…casi más que le queda a la Tierra por la impiedad capitalista.
Muchas cosas (la mayoría) no andan bien. Pero les propongo, que nos aferremos a lo que queremos que no cambie. Ni para atrás, ni para adelante, ni para los costados.
Como en un huracán soltamos lo prescindible y, lo que de veras nos interesa lo sujetamos con fuerza. En ese abrazo están las zapatillas de ballet clásico para los negras, están los libros que inundan este país todos los días, está la anciana que sabe donde puede ir tomarse la presión….Y está que todo esto constituya un derecho, no en los códigos en los códigos, sino en el alma.
Todo lo demás podemos cambiarlo… Es más sólo en este proyecto podemos cambiar las cosas ..Los hoteles, los celulares y los viajes me importan un poco menos.
No quiero que cambie la posibilidad que ofrece nuestro sistema tenemos para cambiar
Cuando llegué horrorizada de Alemania del Este, porque me decían que aquel buen hacer era el futuro de Cuba…me animé con aquellas cosas de Gorvachov y compañía… “¡a qué bueno!” (Me decía) Definitivamente con estos aires de “cambio” podemos volver a ser socialistas. El desencanto vino más rápido que la carroza de Cenicienta convertida nuevamente en calabaza a las doce de la noche.
Allí cambiaron en la dirección opuesta.
Dos años antes pude leer, gracias a mi padre, a León Trotsky, que me llenó de luces por todas partes. Luego de la maravilla y de saber porqué no me gustaba aquella sociedad, me pregunté sorprendida ¿por qué no rescatan a León Trotsky en esta “renovada y cambiante URSS?” “¿Si él explicó revolucionariamente lo que está sucediendo?”
NO rescataron a Trotsky que para los que querían el capitalismo él era el peor aliado.
Y me pregunto ahora en Cuba: ¿porqué los audaces artículos que hablan de la necesidad de cambios no citan al Che Guevara?… ¡pero al Che! Al pensador, al Ministro de Industria, al Internacionalista por antonomasia, a ése que no quería la menor concesión al capitalismo y sus armas melladas al crítico de la NEP ¡A ése! Y no a la estatua de Rosario, o de Santa Clara.
Tal cual Trotsky, el Che dio muchas pistas (las mejores) de lo que nos sucede….Pero a veces temo que los articulistas que hablan sobre Cuba, tampoco les convenga citar el pensamiento económico del Che Guevara, a pesar que sea reconocido como el economista más creador de Cuba…eso al menos dicen los economistas.
¿Por qué no analizamos aquel discurso de Fidel de 1987 cuando de alguna forma (de la mejor forma) apelaba a los cambios? Y Fidel usó no más al Che Guevara. En el discurso de Noviembre del 2005, Fidel hizo lo mismo, aunque me parece que muchos lo usan de otra manera.
Entonces el signo de los cambios que proponen de los que llegan a mi computador no parecen ser precisamente mis cambios.
Quien quiera mejorar la revolución cubana y no traiga al Che…. no cuenta conmigo y empiezo a dudar de que el cambio sea para más socialismo como anuncian a gritos.
Ya me pasó cuando el derrumbe del socialismo real. Revindicaron a los zares, a la democracia, a la bandera espantosa de tres colores, a la madrecita Rusia…Como punto final Yeltsin que quería cambiar el mal hacer del socialismo y fue enterrado en la Iglesia Ortodoxa con incienso y cantitos litúrgicos.
Pero en Cuba no tenemos socialismo real…tenemos una revolución socialista. Cuyo andar lo comenzó Martí, lo enlazó Julio Antonio Mella , y siguió esa ruta conocida de Antonio Guiteras, Fidel y el Che…Por mencionar nombres no más , porque está claro que esos nombres por más gloriosos que sean, son apenas la punta del iceberg , cuya existencia son los trabajadores.
Y habremos de hablar, TODOS, y mucho más para cambiar, parafraseando a ese lindo y saludable conspirador que ahora escribe, “todo lo que deba ser cambiado” Pero para eso debemos saber primero qué es lo que NO debe ser cambiado.
La batalla de ideas fue un cambio en nuestra manera de concebir la estructura del poder. Los trabajadores sociales en millares, las escuelas renovadas, la revolución energética, las brigadas médicas….todo eso cambió la estructura burocrática, que de alguna manera detenía un tanto la velocidad del hipotético auto.
Pero ya habrá tiempo para hablar de lo qué sí puede, y debe ser cambiado…
Eso sí; no equivocamos de la dirección del cambio…porque el auto puede voltearse…Como se volcó de la peor manera en la Europa del Este….
Entonces por si acaso… ¡qué no cambie la Sierra Maestra de lugar y que no cambiemos nuestros uniformes de milicianos! Si los cambios que se proponen van en dirección opuesta.

Revolución o muerte

(Y ya saben si no es socialista, es apenas su vulgar caricatura)

Celia Hart
Fecha de publicación: 07/07/08