domingo, 9 de agosto de 2015

Un trovador por descubrir




Se cumplieron este viernes diez años de la muerte de Noel Nicola, uno de los fundadores de la Nueva Trova.

Noel Nicola es un enigma por descifrar. Es uno de esos rompecabezas que debemos tratar de armar pero con la certeza de que, al final del camino, estaremos dando un salto al vacío sin agua en el fondo. Todo en él irradiaba un profundo simbolismo, un profundo misterio. Para entender su obra y su carrera no podemos recurrir al mismo rasero con que analizamos la trayectoria del resto de los músicos de su generación. Hay que tratar de observar la vida a través de la perspectiva de un trovador que fue parte de todo y al mismo tiempo tomó alguna vez cierta distancia, pero que realizó una obra cumbre en la trova cubana con la que, aparte de la épica revolucionaria en la que surgió, también eligió darle relumbre a las pequeñas cosas.
Conocí a Noel Nicola una tarde del 2001 en su apartamento del edificio de Infanta y Manglar, adonde llegué junto a uno de esos amigos que son para toda la vida y que por aquel entonces estudiaba Derecho en la Universidad de La Habana. Fuimos hasta su casa para compartir algunos discos con un familiar cercano del trovador, y Noel salió a saludar, con esa mirada noble, y extendió la mano con esos gestos de hombre bueno que siempre definieron su personalidad. Ha­blamos brevemente y nos prometió regalarnos algún disco que, por la rapidez huracanada de la vida, nunca pasamos a recoger.
El trovador no venció en la batalla contra el cáncer de pulmón y murió cuatro años des­pués, el 7 de agosto del 2005, y justamente este viernes se cumplieron diez años de su partida. Lo lamentable es que esa fecha tan simbólica haya pasado en silencio en los medios cubanos, ya que hablamos, sin temor a equivocarme, de uno de los nombres fundamentales de la Nueva Trova, en particular, y de la música cubana, en general.
Hijo de Isaac Nicola, maestro de Leo Brouwer y considerado el creador del mé­todo cubano para la enseñanza de la guitarra, Noel formó con Silvio y Pablo un importante triunvirato de la Nueva Trova. Fue fundador junto a sus colegas de oficio de este movimiento que cambió la faz de la música cubana y puso en pie canciones que también se transformaron en manifiestos ineludibles de una generación. Noel entendía la trova como una religión muy personal, como un acto de fe, y sus canciones nacieron con una armazón casi filosófica, como aquella cuyos versos dicen: “Séquese la vida antes de entrar, rómpase la risa antes de entrar, cuelgue su cerebro antes de entrar, reza el cartel allí”. No obstante, el significado de este tema, titulado precisamente Reza el cartel allí, está más que claro y “fustiga”, para decirlo en la voz de otro de sus compañeros de generación, a los “perseguidores de cualquier nacimiento”, esos que todavía a la luz de hoy reproducen los códigos más aberrantes de la burocracia y la mediocridad más feroz, para frenar de raíz las iniciativas de aquellos que pueden aportar realmente al desarrollo de la sociedad.
Noel participó en el concierto fundacional de la Nueva Trova del ya lejano 18 de febrero de 1968, en la Casa de las Américas, e integró el Grupo de Experimentación Sonora del Icaic, con el cual grabó discos que con el tiempo adquirieron valor de símbolo, como Cuba Va (junto a Silvio y Pablo) El hombre de Maisinicú —en el que aparece Canción para dormir y despertar a Nadia, uno de esos temas en que el trovador resuelve mostrar toda su sensibilidad creativa—, y los cuatro álbumes homónimos publicados bajo el nombre de esa icónica formación.
El músico, nacido en La Habana el 7 de octubre de 1946, pertenece a esa especie de creadores que se aferran a sus canciones como si se estuvieran agarrando al borde de un bote salvavidas. A pesar de tener una voz interior muy intensa y apasionada, su proyección hacia la sociedad era la de un tipo tranquilo, sosegado, como si estuviera en paz consigo mismo, algo que, huelga decirlo, prácticamente era imposible porque provenía de una generación y de una época que fue, digamos, un torbellino. Ni bien salió al ruedo con su guitarra, dio signos evidentes de que iba camino a trascender gracias a canciones escrutadoras y elaboradas con una trémula sensibilidad, entre ellas aparecen las esenciales Esa mujer es un dolor, Laura, milonga y lejanía, Qué hay delante, detrás, al lado, Pa­ra una imaginaria María del Carmen o Es más, te perdono.
Los que tuvieron la suerte de frecuentar su entorno, cuentan que Noel comenzó a componer desde los 12 años, pero lo cierto es que aunque apenas se conozca, sobre todo por las nuevas generaciones, dio cuerpo a un repertorio vasto y de obligada referencia en la escena cubana. A veces el trovador, por alguna extraña razón, decidía recogerse en su mundo interior y se alejaba muchos kilómetros de la realidad. Quizá porque elegía mirar las cosas sin la premura de los días, para escribir canciones lo más fieles posible a la vida que pasaba ante sus ojos. Así, con esos rasgos tan únicos y singulares grabó discos como Ánimo trovador, Dame mi voz, Co­mien­zo el día, Lejanías, Así como soy, o Noel Ni­cola canta a César Vallejo. Por cierto, el poeta peruano fue una influencia que mar­có para siempre el horizonte de aquellos jóvenes trovadores, pues Silvio, Pablo o Vicente Feliú, otro de los fundadores de la Nueva Trova, lo recuerdan asiduamente en sus conciertos o en sus discos más actuales, como seguro saben aquellos que todavía asisten a los conciertos aunque “no esté de moda en estos días”.
Noel mantuvo un abanico creativo bastante amplio. Se movió entre el son, el rock, la canción y la trova tradicional, y después de pasar la primera época de la Revolución mantuvo una carrera en la que cantó al amor en todo su significado, a la mujer y, como buen cronista de su tiempo, puso el dedo en la llaga de los lastres sociales que van desde el oportunismo, la doble moral hasta la mencionada burocracia.
Cuando se cumplen diez años de su muerte, es triste que su obra permanezca en silencio y que incluso muchos no conozcan de la existencia de un trovador que entregó al mundo canciones tan hermosas y llenas de sensibilidad, esas mismas que hoy deberían correr mejor suerte, para que los jóvenes puedan descubrirlas como quien realiza una auténtica conquista espiritual.

Michel Hernández | michel@granma.cu