sábado, 22 de agosto de 2015

Cuba-Estados Unidos: alta en el cielo




La ceremonia de izamiento de banderas, en ocasión de la reapertura de embajadas de Cuba y Estados Unidos, fue resaltada como una manifestación de conciliación internacional en línea con el pacto nuclear con Irán y hasta con el acuerdo leonino impuesto a Grecia, que habría frenado una precipitada crisis en la Unión Europea. Pocos la caracterizaron como un final-final de la guerra fría, en primer lugar porque Cuba dejó de ser una plataforma estratégica contra Estados Unidos hace ya un cuarto de siglo. En segundo lugar porque la crisis en Ucrania es cada vez más grave, esto con independencia de que Rusia no represente hoy el contenido social de la Unión Soviética.

OEA

Desde el punto de vista internacional, la reanudación de relaciones diplomáticas después de más de medio siglo, y sólo después de un cuarto de siglo de supervivencia de la Isla sin apoyos exteriores, se produce cuando América Latina atraviesa una crisis de un alcance enorme luego de la borrachera de los precios elevados de las materias primas. El terreno de ensayo de esta recomposición política ha sido, por supuesto, la mediación de Cuba para el desarme de las Farc. Ahora puede jugar un papel en la transición que enfrenta el chavismo en Venezuela, cuya crisis es final. Dada la autoridad política que goza Cuba aún hoy, su papel podría ser relevante para asegurar el tránsito pacífico en varios otros países que han vivido la corta experiencia bolivariana. Existe una negociación a todo vapor para que Cuba se reintegre a la OEA, lo cual no sería moco de pavo a la luz de los intentos de rebajar su rol mediante la creación de infinidad de organismos exclusivamente latinoamericanos. En esto está empeñado el nuevo secretario general de la OEA, el uruguayo frenteamplista, Almagro.

El bloqueo sigue

El ondeo de las banderas de unos y otros ha dejado relegado el hecho que el bloqueo de Estados Unidos sigue en pie. El Congreso no lo ha levantado; las medidas de acercamiento diplomático se limitan a las prerrogativas ejecutivas de Obama. Es decir que las negociaciones proceden en un marco de extorsión: el levantamiento del bloqueo, que nunca sería tampoco completo, está condicionado a las concesiones que el imperialismo arranque a Cuba. Entre los ítems que se conocen de la agenda de discusión figuran reclamos de indemnizaciones por los capitales expropiados en los años ’60, por parte de la Revolución, y una apertura de Cuba al comercio y a las finanzas norteamericanas. De acuerdo a las informaciones conocidas, Obama reclama la libre instalación de bancos norteamericanos en la Isla. Cuba reclama también una indemnización, esto por los daños causados por el bloqueo, así como la devolución de la provincia de Guantánamo. Sobre este punto, es insistente la versión de que habría, al menos en una primera etapa, una soberanía compartida -una expresión intrínsecamente contradictoria.

Lucha de clases

Es claro que Cuba recurre al capital internacional como una salida al estancamiento de sus fuerzas productivas, aunque el PBI se encuentre creciendo cuando en América Latina retrocede. En Cuba, la diferenciación social que se ha desarrollado con el sistema burocrático y los diversos privilegios que fueron acrecentando esa diferenciación social, son el factor histórico fundamental del convite al capital extranjero. La apertura es la salida social ascendente para esta minoría. Como estado que ha expropiado al capital, Cuba reivindica un gran sistema de salud y de educación, pero su régimen laboral se asemeja al de los sistemas de mayor explotación social en lo que tiene que ver con la falta de derechos. Esto lo percibe cualquier visitante, pero es más manifiesto en las zonas francas (Mariel) donde opera el capital brasileño afectado por la operación anti-corrupción ‘lava jato’. Se trata de un marco apetecible para el capital internacional.
El capital extranjero se convierte en una expresión abstracta en Cuba si no se hace referencia al exilio de Miami, que tiene sus propias apetencias sobre la Isla Mayor. Estados Unidos deberá hacerse cargo de una función de arbitraje sobre este sector capitalista, si pretende llevar a buen término su penetración en Cuba. No importa que los conciliadores estén prevaleciendo sobre los gusanos, lo que importa es que con su dinero exportan a la Isla una clase social entera.

Programa

Desconocemos con qué expectativa siguen los acontecimientos los trabajadores en Cuba. Sería comprensible que las ilusiones sean muchas en amplios sectores. Pensamos que se deba abordar el aspecto progresivo de ellas, lo que significa que el levantamiento del bloqueo sea incondicional, que los derechos de los trabajadores sean defendidos por sindicatos independientes libremente elegidos, que la defensa de la salud y la educación gratuitas sea garantizada por una gestión directa de los trabajadores -planteos de ese orden. La defensa, asimismo, de una economía que aún es planificada, implica el monopolio del comercio exterior y de los bancos.
Muchos en la izquierda descuidan el aspecto contradictorio del proceso en marcha, lo ven como un retroceso histórico fatal. No hay un signo igual entre el levantamiento del bloqueo y la privatización de la economía; al revés, para imponer esta privatización el imperialismo necesita usar el bloqueo como arma de presión. Una perspectiva revolucionaria haría del levantamiento incondicional del bloqueo un arma de agitación en los Estados Unidos.

Crisis mundial

Lo que distingue al periodo actual del que presidió la restauración capitalista en la ex URSS, es la crisis mundial, que esa restauración ha potenciado. Cuba ya no se puede mirar en una China con fisonomía de tigre, porque en este momento las contradicciones en China se están desarrollando hacia un climax. A Cuba le pasaría lo mismo mucho antes de que vea los beneficios momentáneos de una afluencia de capitales, que tampoco se ve que quieren arriesgar en Cuba, en el marco internacional de fuga de esos capitales hacia sus refugios y cuevas.
Cuando la lucha de clases vuelve a arreciar en Estados Unidos y despliega sus variadísimas manifestaciones, es necesario intervenir en estos acontecimientos con un programa revolucionario ajustado a una buena caracterización.

Jorge Altamira