martes, 29 de abril de 2014

55 años de Casa de las Américas




“Una contribución modesta pero constante a la integración cultural de Nuestra América”

Para enlazar culturalmente al país con el resto del continente y brindarles a sus pueblos un espacio inexistente de intercambio surgió, a instancias del Gobierno Revolucionario cubano, la Casa de las Américas, institución fundada un 28 de abril de 1959 por la heroína revolucionaria Haydée Santamaría, hace hoy 55 años.
Para bien de los intelectuales latinoamericanos, la Casa tuvo desde el primer día las puertas abiertas para recibir en sus predios, de la mano de sus creadores, la faena cultural de Nuestra América. Difundir la obra de la Revolución, publicar y premiar a escritores, artistas de la plástica, músicos, teatristas y estudiosos de estos temas, y a su vez crear espacios para la investigación, fueron desde sus inicios prioridades del centro.
El poeta y ensayista Roberto Fernández Retamar, presidente de Casa de las Américas desde 1986, y director de la revista Casa desde 1965, accedió a responder a Granma, vía correo electrónico, estas preguntas sobre la prestigiosa Institución.
—La Casa se fundó con el propósito central de contribuir a la integración cultural de la América Latina. ¿Puede esbozarnos, a su juicio, las principales conquistas en ese camino a lo largo de estos 55 años?
—Creo que a lo largo de estos 55 años la Casa ha hecho una contribución modesta, pero constante a la integración cultural de Nuestra América. Durante sus años de existencia la literatura del área alcanzó reconocimiento internacional. Eso fue debido a dos elementos imprescindibles: la atracción que ejerció la Revolución Cubana triunfante en 1959 y el alto nivel que ya había alcanzado nuestra literatura. Creo que puede decirse que en algo la Casa contribuyó también a ese hecho.
—Con su especial sensibilidad, Haydée Santamaría fue columna espiritual de esta institución desde su fundación. ¿Cómo la recuerda y cómo ve su legado a través del tiempo?
—La Casa tuvo el extraordinario privilegio de haber sido fundada y dirigida hasta su muerte por el excepcional ser humano que fue Haydée Santamaría. Ella era ya una leyenda viva cuando asumió la nueva tarea que se le encomendó. Y llevó a ella su intensa personalidad, su lealtad de siempre a Fidel y a la Revolución. Estoy seguro de que las orientaciones y el estilo de trabajo que aportó a la Casa siguen siendo tan válidos como el primer día. No hay ocasión en que no piense en ella con admiración, gratitud y dolor.
—La institución ha logrado imbricarse en los nuevos mecanismos culturales de la región nacidos a la luz de la avalancha integracionista liderada por Fidel, Chávez y otros líderes de nuestra América actual. ¿Podría referirse a este particular?
—La institución ha visto con inmensa satisfacción cómo se va cumpliendo el proceso integracionista liderado por Fidel, Chávez y otros grandes de nuestra América actual. Tal proceso es la razón misma de existencia de la Casa, concretamente en el área cultural. Durante muchos años hemos estado acompañados por grandes creadores de nuestra América, y ahora lo estamos también por Gobiernos progresistas del área.
—El centro ha tenido moradores imprescindibles, que han dejado en él una impronta esencial y viceversa. Pienso en Roque, Benedetti, Cortázar... ¿Cómo valora esta influencia mutua?
—La primera gran figura cultural de nuestra América que se vinculó con la Casa fue Ezequiel Martínez Estrada. Luego lo haría Manuel Galich y casi de inmediato, entre muchos más, los compañeros que usted menciona. Ellos han contribuido vitalmente a darle a la Casa su rostro actual, mientras la Casa, por su parte, contribuía a difundir sus obras. Como usted dice, se trata de influencias mutuas.
—¿Continúa el Premio Casa con su poder de convocatoria atrayendo a una parte considerable de los más importantes escritores del continente?
—A juzgar por los centenares de libros que cada año son enviados para optar por su Premio Literario, no cabe duda de que la Casa sigue teniendo un amplio poder de convocatoria. Y a más de medio siglo del comienzo ello implica, por necesidad, que los escritores importantes del continente van siendo otros, los cuales continúan alimentando a la institución.
—Desde su decisivo abrigo al Movimiento de la Nueva Trova cubano, la Casa ha estado abierta a la promoción y el enriquecimiento de otras manifestaciones artísticas. ¿Está satisfecho con lo logrado?
—Siempre se puede hacer más, de modo que es necesario estar insatisfecho, lo que nos garantiza un porvenir fértil. Además de sus direcciones, que miran a la literatura, la música, la plástica, el teatro, la Casa ha ido creando programas para abarcar nuevas áreas de trabajo: tales son los casos de los programas de estudios de la mujer, los latinos en los Estados Unidos o las culturas originarias de América. Y avizoramos nuevos programas. No se trata solo de abordar manifestaciones artísticas, sino culturales en general.
—¿Cómo se le antoja el futuro de la Casa?
—Borges escribió que nada sabemos del futuro, salvo que diferirá del presente. En el caso particular de la Casa, confío en que conservará lo mejor de lo logrado hasta ahora, pero a la vez se enriquecerá con los aportes con que contribuirán las nuevas promociones.
—¿Qué es la Casa para Retamar?
—Me vinculé a la Casa desde el propio año 1959. Pero a partir de 1960 fui a cumplir misión diplomática en Francia. En 1965, nombrado por la compañera Haydée, comencé a dirigir la revista que es órgano de la institución. Y a partir de 1986 pasé a presidirla. De modo que he estado vinculado a la Casa durante la mayor parte de mi vida. Haydée solía decir que la Casa era su casa. Creo que puedo decir lo mismo. Así lo considero y creo que así pueden ratificarlo otros.

Madeleine Sautié | madeleine@granma.cu