domingo, 25 de enero de 2009

Resurrección


A cuatro años de la II Intifada

Sigo pensando que este mundo se desborda por mil agujeros. Todos provenientes de la misma fuente de dolor milenaria. El siglo XXI entra a nuestra historia con más calamidad, miseria e insensatez que cualquier siglo que me quiera usted nombrar. Los pueblos se agobian ante tanta indolencia y tanta inercia de las vanguardias políticas. Como por instinto de vida, empieza una resistencia fabricada a punta de desesperación. Los pobres a la larga parecen descubrir la verdad, sin que se hayan leído una letra sobre lucha social. Decía Martí que un pedazo de pan y un vaso de agua no engañan nunca.
Las Naciones Unidas lo han perdido todo. Es muy revelador. He dicho más de una vez que el socialismo en un solo país perdió de golpe ambos términos socialismo y país. Ando pensando que las Naciones Unidas... empiezan a padecer la misma maldición: No hay Naciones. Sólo hay fieras y víctimas. Pueblos entrecortados que han diseñado fronteras entre guerras, colonialismo y barbarie. Se fragmentan unos a otros... ¡Y que decir Unidas! No son capaces de unir a nadie con esa tolerancia para los poderosos y esas resoluciones que nadie respeta ni en las que nadie se cree. Ni Naciones y mucho menos Unidas. La guerra de Irak dejó al descubierto adónde fue a parar el respeto que se le tiene a la ONU.
El caso de Cuba es buen ejemplo para entender las contradicciones de los organismos internacionales. Pero hoy no quiero hablar de mi patria. Pues hay pueblos que sufren más, frente a nuestra vergüenza colectiva, la que al igual que tantas especies, está en serio peligro de extinción.
Quiero referirme al hermano pueblo palestino que celebra el 28 de septiembre el cuarto aniversario de su derecho de defenderse.
Muy bien. Las flamantes Naciones Unidas surgidas como una imperante necesidad después de la feroz guerra de los nazis, cuando se asesinaron millones de seres humanos, esgrimieron de manera feliz como una solución de Happy End la resolución 181 de 1947.La conocida resolución sobre la “Partición de Palestina” para ofrecer “la tierra prometida” a los judíos. Hermoso, la Tierra de miel y leche de Moisés. Los judíos fueron masacrados, pisoteados, ultrajados por Hitler y sus aberrantes teorías.... Ni una de esas teorías las esgrimió el pueblo palestino, que se mueve entre el cristianismo y el Islam. La Comunidad Internacional le hizo pagar a Palestina el precio absurdo de ser pisoteados por Israel. El cuál parece que merecía sin consulta, un territorio otorgado por Yahvé un milenio atrás, al considerar al pueblo hebreo, de manera bastante sectaria por cierto, el pueblo elegido.
Por primera vez se constituía una nación por el hecho último de profesar una determinada religión. Sería curioso ver a todos los católicos viviendo en Roma, pues allí están las tumbas de los apóstoles Pedro y Pablo... De igual manera hubiese sido más justo entregarle alguna región de Alemania, Italia o Japón.
A esta infame resolución se opuso de manera brillante el Delegado de Cuba Dr. Ernesto Dihio en la sesión plenaria de la asamblea General de las Naciones Unidas celebrada el 28 de Noviembre de 1947. Dijo el distinguido jurista en aquel remoto día:
“Cuba ha demostrado su simpatía hacia los hebreos...” “pues ha admitido en su territorio a miles de ellos, que hoy viven entre nosotros...”, “pero no podemos aquí votar conforme a sus deseos, porque consideramos que la partición de Palestina es contraria al derecho y a la justicia...” ”El proyecto es contrario a derecho, a nuestro juicio, porque va contra la libre determinación de los pueblos...” “Se está disponiendo de la suerte de una nación privándola de su suelo nacional, del suelo que ha tenido durante siglos, sin que se haya consultado para conocer su opinión...”
“No nos convence el argumento, dicho por algunos, de que Palestina no es Estado y, por tanto, no tiene carácter de sujeto de Derecho Internacional, pues, en todo caso, esos preceptos, no hablan de Estados, sino de Pueblos, y no cabe duda de que el palestino lo es...”
“¿Por qué no se ha procedido de modo democrático en este caso consultando la voluntad de todo el pueblo de Palestina? ¿Es que se ha temido que el resultado de la consulta fuera contrario lo que de todas maneras se quería hacer? Y si esto es así ¿Dónde están la democracia que continuamente invocamos?”
¡Dios! Esto se dijo hace mucho mas de medio siglo.
No creo que alguien piense que el representante cubano del gobierno de Grau San Martín, aquel presidente de la seudorepública, en cuya oficina se encontró misteriosamente el brillante del Capitolio que había sido robado, haya sido comunista.
El horror del nazismo y el dolor del pueblo judío, fue canjeado por el horror del sionismo y el dolor para el pueblo palestino. No se resolvió nada. No creo que las Naciones Unidas hayan sido malévolas. Lo hicieron tal vez por candidez, mas a estas alturas para los palestinos, el mundo árabe y cualquier ser humano con corazón.... viene dando lo mismo. El sionismo protagoniza los guetos, el abuso, la prepotencia y la supremacía racial o religiosa contra un pueblo que convivió con ellos siglos atrás. Allí donde se engendraron tres religiones, allí precisamente parece ausente Dios. Allí se han olvidado del Tratado Internacional sobre derechos políticos y civiles. Incomunican a los presos, los aíslan, los humillan, les prohíben la visita de sus familiares. OH! Hay cinco cárceles en los Estados Unidos donde cinco hermanos míos sufren las mismas torturas. Será que para estos menesteres colabora Israel con algún aliado occidental? Allí la convención del derecho del niño es letra muerta. Por lanzar una piedra los condenan de dos a seis meses, sometiéndolos a las mismas torturas de los adultos. Sería bueno saber si el pequeño David sería condenado en Israel por lanzar aquella piedra contra el gigante Goliat. Tal vez olvidaron las viejas escrituras. Cada cual lucha con las armas que están en sus manos. La horqueta de los niños palestinos... es la de David. Israel ha suscrito ambas convenciones. Todavía no alcanzo a entender de qué sirven tantas firmas.
Los hebreos sionistas no llegaron a esas tierras a convivir como hermanos con aquellos herederos de Canaán como sucedió de alguna manera milenios antes de Cristo. Llegaron a exterminarlos en pleno siglo XX.
Aun así en 1948 las Naciones Unidas tuvieron a bien aprobar la resolución 194 donde “gentilmente” se les permitía a los palestinos regresar a sus hogares. De nada sirvió. Nadie hizo caso de esa organización, pues la única razón que parece sostenerse se concentra en el papel moneda y en las balas.
El sionismo existe frente a una humanidad que padeció el nazismo y el apartheid. Y parece que andamos esperando que los niños muertos constituyan un número redondo con muchos ceros a la derecha, para prestar atención. Palestinos, israelitas, chinos y noruegos pueden convivir sin hostilidad. Tan sólo el sistema hostil que nos ahoga es responsable de tanto nacionalismo vulgar y extremismos religiosos.
Y es que esta raza que como dijera Martí es el hombre, al cual se le deben todos los derechos, es una sola. Deberíamos borrar de nuestra jerga superficial el Occidente o el Oriente... Curiosa división en una estructura esférica, ¿cuál es Oriente u Occidente? Además ¿dónde nació la engreída civilización “occidental”? No creo que hayamos nacido en París o New York. Vinimos todos del África, cuna del hombre hace unos pocos millones de años. Todos tenemos antepasados de la raza negra.
Los hombres andamos enfermos y esta enfermedad es del alma. Cuántas princesas encantadas asesinaron Estados Unidos, burlándose de la ONU en estas guerras en el Medio Oriente o Medio Occidente si se nos ocurre voltear la cabeza? Me pregunto si las nietas de estos occidentales no leyeron las Mil y Una noches que nos regaló el mundo árabe. Estamos requiriendo urgente la presencia de la encantadora Scheherazade para ver si Bush decide de noche en noche dejar de intentar la muerte y la mentira.
Y es ya mucho tiempo. Los niños crecen en un escenario de guerra. En lugar de bicicletas los sábados tienen tanques, en lugar de música de carrusel, disparos, en lugar de maestros y médicos, soldados, en lugar de horizontes... fríos muros que les cercan la esperanza. Nacen odiando los niños en Palestina y nacen odiando los niños en Israel. Es una epidemia de odio. No hay derecho entonces a que los israelitas vayan a las sinagogas y recen a su Dios, si ese Dios los invita a matar niños por algún vaticinio bíblico, entonces habría que correrlo del Cielo, donde habitan muchos dioses buenos. Es muy grande el Cielo, todos caben sin atropellarse. El Dios de los cristianos, Alá, Yemayá, Odín....Yavé. Ni un solo argumento de fe o racial justifica el crimen. Que Israel les pregunte a sus padres y abuelos a qué limites es capaz de llegar el hombre si perturba la doctrina dulce de la religión. Según Martí la religión es la poesía del mundo venidero. La mirada de los niños que nacen en los campos de los territorios ocupados no proyecta ningún mundo por venir.
Gaza es de apenas unos 360 kms2 donde han hacinado a más de un millón de almas. Desde 1948 hay cerca de cinco millones de palestinos con la llave en la mano tratando de regresar a sus casas. Y no pasa nada. Nos sentamos ante la tele a ver a dos payasos disputándose el trono de la Casa Blanca, bebiendo la asesina Coca Cola.
Entonces da vergüenza que haya Internet si no es capaz de convocar a nuestro corazón para el reclamo de paz justa, entonces de nada nos sirve la fantástica exploración a Marte en busca de vida si somos incapaces de defender la vida en el planeta azul del cual somos moradores, entonces de nada sirven las iglesias, ni las navidades , ni el año chino del mono, ni las pirámides ni nada cobra sentido si en nuestros helados monitores unas manitas morenas suplican a un señor con granadas que le permita vivir a su madre.
Por suerte tenemos todo lo que necesitamos para esta lucha. Por suerte están amigos que corren a conocerse, por suerte Internet, nuestros teclados pueden ser muy útiles para denunciar, para exigir, para argumentar. Por suerte tanta desdicha nos permite llorar de indignación.
Y por suerte, compañeros, tenemos las armas teóricas para entender cuál es la única solución que es capaz de eliminar el nacionalismo, el racismo y la corrupción. La única que compromete al pueblo de Israel con estos sufrimientos, pues serán siempre los revolucionarios del pueblo de Israel, los que entiendan las demandas del pueblo palestino, con el cual convivieron durante muchos siglos... tiempo atrás. Esa única solución es la que también nos quieren hacer olvidar, la unica que puede comprometer al pueblo árabe en una sola y hermosa nación. No la digo aquí. La he dicho ya muchas veces.
El sufrimiento de Palestina, la guerra, el terrorismo que asesinó las torres del Trade Center y la estación de trenes de Madrid, el día luctuoso de Moscú ante la muerte de centenas de hermanos... y sobre todas las cosas esta desaparición geográfica que un desastre natural ha condenado a mi vecino Haití, cuando los millones que puedan recogerse sólo alcanzará para su féretro, tienen la misma causa. Una sola. Y una sola solución, aunque me sigan gritando idealista... o inoportuna. Pero no es ahora mi propósito teorizar sobre estas ideas. No ahora que se comete una injusticia tan abismal con el pueblo palestino. El Che nos dijo que teníamos que ser capaces de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo.
El pueblo palestino decidió luchar y alcanzar victorias. Se cansó de esperar por la supuesta justicia internacional. Espero que nadie ose llamarles terroristas. Mas si es así no importa. Ya cansa el turbio manejo del diccionario. La lucha del pueblo palestino no es terrorista, son terroristas Sharon y sus aliados. La lucha del pueblo palestino es una lucha revolucionaria.
Ahora este 30 de Septiembre me sumo a mis hermanos palestinos en su INTIFADA. No se me escapa que la justicia se debe cumplir también a corto plazo. Aunque la solución definitiva de mi pueblo palestino es la que solucionará el problema del mundo, la batalla por lograr una pulgada cuadrada de su tierra es mi batalla, la sangre de un niño, es la sangre de mis hijos, y el al-hatta es este día mi mejor atuendo.
Mis hermanos palestinos pueden sumarme como una compañera más de lucha. Luchar a su lado con todas las armas que cuento, incluso la de mi propia vida me hará estar luchando por salvar el litoral azul de la hermosa isla de Cuba, y por salvar la luz y el aire de mi milagroso Planeta. Aspiro a ser comunista. Para los comunistas, dijo Julio Antonio Mella, la única patria es el Mundo.

28 de septiembre 2004

Celia Hart
Rebelión