sábado, 10 de julio de 2021

Protestas en Canadá: repudio al genocidio colonial

El “descubrimiento” de fosas con cientos - ¿miles? - de cadáveres de niños de pueblos originarios en internados católicos de Canadá, generó actos de repudio en todo el país. La reacción incluye la quema de iglesias y el derribamiento de las estatuas de Victoria (las escuelas se fundaron bajo su mandato) e Isabel de Inglaterra, símbolo del colonialismo británico, y de estatuas de curas y laicos vinculados a los internados. 
 "La política de nuestro gobierno era deshacerse de lo indígena en el niño", dijo Pierre Bellegarde, jefe nacional de la Asamblea de las Primeras Naciones. "Fue una ruptura de cada individuo, de la familia, de la comunidad y de la nación". 
 En un intento de aplacar los ánimos, numerosos municipios cancelaron los festejos del día nacional de Canadá, pero el gobierno del católico Justin Trudeau se negó a hacerlo. En Winnipeg, miles de personas marcharon por las calles para honrar a las víctimas de los internados y en apoyo a las comunidades indígenas. Lo mismo ocurrió en Manitoba, Calgary, Ontario, Alberta y otras ciudades. Con miles de escarpines y zapatitos de niños se formaron altares en honor a los muertos. 

 Los hechos 

Entre 1874 y 1998, ayer nomás, alrededor de 150.000 niños de “las primeras naciones” fueron arrancados de sus familias y enviados por la fuerza a 130 internados. Eran edificios lúgubres, sin calefacción ni instalaciones sanitarias. El 70 por ciento, gestionados por católicos y el resto por otras iglesias cristianas. La asistencia se volvió obligatoria en la década de 1920, y las familias que escondían a sus hijos pagaban con penas de prisión.
 El objetivo de lo que hoy se cataloga como un genocidio cultural fue “forzar la asimilación a la sociedad” de las criaturas. Ya en 2015 un primer informe de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación (CVR), basado en el testimonio de 7.000 sobrevivientes, relevó una serie interminable de abusos sexuales, torturas y asesinatos, donde no falta nada de la pedagogía criminal que caracteriza al clero desde la Patagonia a Irlanda, desde Canadá a Ruanda. 
 “El gobierno canadiense siguió esta política de genocidio cultural porque deseaba desprenderse de sus obligaciones legales y financieras con los aborígenes y hacerse con el control de sus tierras y recursos", dice el Informe. La Iglesia fue el brazo ejecutor. 
 A los chicos no se les permitía hablar su idioma (aunque no conocieran otro), debían expresarse en inglés o francés, y convertirse al cristianismo. Pasaban hambre y frío, eran humillados sistemáticamente, se los golpeaba y se les lavaba la boca con jabón u orines. Los obligaban a arrodillarse durante horas sobre el piso helado de un país lindero al Polo Norte. El abuso sexual y los abortos de las niñas violadas fueron corrientes.
 En 1945, la tasa de mortalidad infantil en los internados católicos era casi cinco veces mayor que en los demás. Las pésimas condiciones de salud, dice el informe, venían en parte de la decisión de reducir costos. Esto incluyó la discusión respecto de quién iba a pagar los funerales de los niños, si el gobierno o las administraciones escolares. 
 "Los sobrevivientes hablaron de niños que desaparecieron repentinamente. De bebés engendrados por sacerdotes, arrebatados a sus madres-niñas al nacer y arrojados a hornos”, describió un comunicado del presidente de la Comisión, el senador Murray Sinclair. Y advirtió: Canadá “se debe preparar para la aparición de muchas más fosas comunes” (CBC 1-6). 
 La red de complicidades perdura hasta el presente. Sinclair dijo que, ante el tenor de los testimonios, le pidieron al gobierno que ampliara los recursos y las atribuciones de la Comisión de Verdad para investigar los cementerios, pero les fue denegado. Trudeau en 2019 destinó recursos a la investigación, pero los fondos no llegaron. 
 Este mes, los antropólogos que colaboran con las naciones originarias en la búsqueda de fosas comunes solicitaron infructuosamente al gobierno que financie el uso de equipos GPR, indispensables para detectarlas.
 Hasta ahora, el Proyecto Niños Desaparecidos había documentado 6.000 chicos muertos. Sin embargo, desde junio el número crece geométricamente a partir de la aparición de cientos de cadáveres arrojados -escondidos- en fosas comunes.
 Las investigaciones corren exclusivamente por cuenta de las naciones indígenas, a pesar de las lágrimas de Trudeau, que le ha pedido al Papa que se disculpe. 
 El 3 de junio, la tribu Tk'emlúps te Secwépemc halló las tumbas de 215 niños, algunos de 3 años, en un internado de la ciudad de Kamloops. Otro pueblo, los Cowessess, descubrió días después una fosa con 751 tumbas en un internado de la provincia de Saskatchewan, que funcionó hasta 1997. Según testimonios de sobrevivientes, también hay mujeres enterradas allí. En Alberta, los enterrados son más de 800. 
 "La indignación y la sorpresa del público en general son bienvenidas -dijo Bellegarde-. Pero el informe no es sorprendente. Los sobrevivientes han estado diciendo esto durante años y años, pero nadie les creyó", dijo. Los pueblos indígenas, especialmente los que sobrevivieron a las escuelas, saben desde hace años que las tumbas anónimas de sus familiares salpican el país. Y Canadá, han dicho, está haciendo muy poco al respecto (The Guardian). 

 A la manera de Mengele 

Ian Mosby, historiador de la alimentación, salud indígena y política del colonialismo agregó otro descubrimiento espeluznante: entre 1942 y 1952 los nutricionistas más prominentes de Canadá experimentaron sobre unos 300 adultos y mil niños internados de las comunidades cree los resultados de la privación planificada de alimentos. 
 Una de las estrategias, aplicada en la escuela Alberni, fue darles durante dos años una cantidad de leche tan reducida que se les privara de las calorías y nutrientes necesarios para su crecimiento.
 Otros experimentos consistieron en no darles vitaminas y minerales esenciales.
 El interés en la investigación de la nutrición aumentó dramáticamente en la década de 1940, después de que el Consejo Canadiense de Nutrición declarara públicamente que más del 60% de las personas en Canadá tenían deficiencias nutricionales. Los niños eran “sujetos ideales” para la investigación porque “ya sufrían desnutrición debido a las políticas gubernamentales destructivas y las terribles condiciones de las escuelas”. 
 Frederick Tisdall, famoso por ser el creador de la comida infantil Pablum en el Hospital para Niños Enfermos de Toronto, junto con Percy Moore y Lionel Bradley Pett, fueron los principales arquitectos de los experimentos de nutrición. Ellos aseguraron que la educación y las intervenciones en la dieta harían que los pueblos indígenas fueran activos más rentables para Canadá, (BBC 2-7). 
 La mayoría de los experimentos hasta entonces se habían realizado en animales, pero investigadores como Pett, quien fue el autor principal de lo que luego se convertiría en la Guía de Alimentos de Canadá, aprovecharon la oportunidad de utilizar a los indígenas como ratas de laboratorio. 
 El Informe Final de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación indica que las principales causas de muerte de los niños en las escuelas residenciales fueron los daños físicos, la desnutrición, las enfermedades y el abandono (BBC 2-7).
 El gobierno liberal de Trudeau dice que esta “horrorizado y avergonzado con lo ocurrido” pero apeló un fallo del Tribunal Canadiense de Derechos Humanos de 2019 que le ordenaba pagar C $ 40,000 (US $ 32,500) a los niños de las Primeras Naciones sacados de sus hogares y comunidades.
 El miércoles, el arzobispo de Vancouver John Michael Miller dijo en Twitter que la Iglesia estaba “indiscutiblemente equivocada" y que su arquidiócesis sería transparente con sus archivos y registros relacionados con las escuelas residenciales. Pero que cada diócesis es independiente y responsable de sus propias acciones y que la Iglesia Católica en su conjunto no estaba asociada con las escuelas residenciales.
 La próxima bomba que estallará en Canadá son las denuncias de las organizaciones de mujeres por el secuestro y asesinato de mujeres originarias, que ya rondan las 12.000. 
 Marion Buller, comisionada en jefe de la Investigación Nacional sobre Mujeres y Niñas Indígenas Desaparecidas y Asesinadas, dijo hoy que quiere escuchar algo más que “pensamientos y oraciones” del Primer Ministro. Y exigió que el gobierno publique documentos y registros que algunas iglesias que administraban escuelas residenciales hasta ahora se han negado a dar a conocer. 

Olga Cristóbal 
 09/07/2021

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