jueves, 30 de abril de 2026
El «viejo mundo» que muere: la metáfora del interregno
Desde los años 80, el capitalismo global consolidó un «bloque histórico» bajo hegemonía neoliberal: globalización de mercados, desregulación financiera, debilitamiento de los sindicatos...
A pesar de las promesas de desarrollo y aumento de la riqueza, el neoliberalismo produjo varias tendencias que llevaron a su propio agotamiento: crisis de representación de los partidos tradicionales, aumento de la desigualdad, y precarización de amplios sectores.
En ese orden de cosas, el sistema desplazó la ganancia de la producción a la especulación, esto generó crisis cada vez más violentas.
Así, el capitalismo neoliberal no solo no logró estabilizarse, sino que transfirió riqueza de los trabajadores a los rentistas, las reformas laborales flexibilizaron el despido, se debilitaron los sindicatos, y crearon una masa de trabajadores precarizada.
Las corporaciones transnacionales dividieron el mundo en zonas de explotación máxima. Pero esta fase entró en crisis cuando la sobreacumulación financiera ya no pudo sostenerse sin rescates estatales masivos (2008). Como Lenin diría: el capitalismo agotó su capacidad de expandirse geográficamente; ahora solo se devora a sí mismo.
La localización productiva hacia China, México o el Sudeste Asiático multiplicó la oferta mundial de fuerza de trabajo, pero el desempleo estructural se reafirmó como una característica funcional.
El neoliberalismo acentuó la explotación irracional de la naturaleza: la privatización del agua, el agronegocio transgénico, la extracción minera a cielo abierto, los acuerdos de «libre comercio» que anulan regulaciones ambientales.
Recortaron los servicios públicos, las guarderías, la atención a ancianos, la sanidad, mientras las privatizaciones del agua, la electricidad, los ferrocarriles y correos en los 80 y 90 provocaron aumentos de tarifas, mala calidad y corrupción.
Para rescatar al sistema financiero en 2008, los Estados endeudaron a las generaciones futuras, impusieron políticas de austeridad que no pagaron los bancos, sino los trabajadores; los países llamados «periféricos» quedaron sometidos al Fondo Monetario Internacional (FMI) y a los fondos buitres.
Estos elementos muestran que la crisis del neoliberalismo no es coyuntural, sino orgánica en el sentido gramsciano. El capital no puede ofrecer estabilidad, empleo digno, cuidados ni futuro ecológico.
De ese modo, la precarización alcanzó incluso a sectores antes privilegiados de técnicos e ingenieros y parte de la clase obrera golpeada por la situación tendió hacia posiciones de extrema derecha.
Como señaló Lenin, esta no es una «radicalización» genuina, sino un reflejo desesperado de capas que pierden sus privilegios relativos sin adquirir conciencia de clase internacionalista.
LAS SOMBRAS DEL INTERREGNO
El «viejo mundo» se muere en cada nueva crisis, pero el «nuevo» aún no nace y en ese claroscuro aparecen los monstruos que canalizan el miedo y la rabia hacia soluciones regresivas. Entender todos los componentes de la crisis es la precondición para construir una salida socialista, para comenzar a edificar el futuro comunista.
El neoliberalismo pos-Guerra Fría soñó con un capitalismo global bajo la hegemonía de EE. UU.; no previó el ascenso de China como potencia económico-militar, que desafía el dominio tecnológico y la dictadura del dólar.
La guerra comercial y tecnológica entre EE. UU. y China, la política de sanciones, el rearme europeo, la guerra de la OTAN y Ucrania contra Rusia, la agresión a Irán por parte de la entidad sionista de Israel y Estados Unidos, son reflejos de lo que Lenin enfatizó en reiteradas oportunidades, que el reparto desigual del mundo genera guerras imperialistas periódicas.
Para Lenin, estas contradicciones anuncian que el sistema ya no puede gestionarse mediante consenso: la guerra se convierte en un instrumento ordinario para reconfigurar la dominación.
De esta suerte, el preclaro líder de la Revolución Bolchevique analizó cómo la burguesía, cuando su dominación corre peligro por la lucha de clases, recurre a métodos abiertamente dictatoriales y demagógicos.
Las respuestas fueron, son y serán el bonapartismo y el fascismo, la disolución de los canales democrático-burgueses tradicionales, apelan a la pequeña burguesía y a sectores obreros desclasados con un discurso antiélite, mientras imponen ajustes antipopulares y preparan el terreno para una represión más abierta contra los movimientos populares.
Marx describió el bonapartismo como un poder ejecutivo que se sitúa por encima de las clases en lucha, equilibrando sus fuerzas al servicio del capital.
El «líder» se presenta como «el defensor del pueblo trabajador» contra las élites, pero gobierna para los más ricos, transforma la crisis orgánica en chivo expiatorio: los culpables no son el capital ni el sistema, sino los inmigrantes, chinos o los «globalistas».
De este modo, desplaza la lucha de clases hacia el terreno étnico-nacionalista. Es una forma de lo que Gramsci llamaría «revolución pasiva»: incorporan demandas, pero vaciándolas de contenido anticapitalista, reorientándolas hacia el odio al diferente.
Los nuevos guías antiélites se apoyan principalmente en los pequeños empresarios y propietarios rurales –que ven amenazada su posición por las grandes cadenas y la competencia global–, los trabajadores de industrias en declive –que han perdido su organización sindical y su conciencia de clase–, y las capas medias empobrecidas –que temen caer en el proletariado.
A todos ellos, les ofrecen un «capitalismo con rostro nacional», no cuestionar la propiedad privada ni la explotación, sino ponerla al servicio de «los nuestros».
A diferencia del keynesianismo o la socialdemocracia, el marxismo-leninismo sostiene que la crisis del neoliberalismo es terminal para el capitalismo en su conjunto, no solo para una variante de él.
Frente a los monstruos, la tentación reformista es pedir «volver a la normalidad», la tentación es fuerte. ¿Para qué fomentar el caos?, es mejor esperar que la crisis genere automáticamente conciencia revolucionaria.
Mientras tanto, la burguesía seguirá ofreciendo monstruos, guerras y barbarie. La tarea de los comunistas es transformar la tribulación de las grandes masas en conciencia revolucionaria, aprovechando cada grieta del sistema para avanzar hacia la única alternativa: el socialismo.
Raúl Antonio Capote | internacionales@granma.cu
30 de abril de 2026 07:04:54
World Liberty Financial: El cajero automático del comandante de la guerra
Los Trump son herederos de una acumulación basada en la explotación de obreros de la construcción y los servicios que ahora mutó en una existencia parasitaria. El esquema funciona de manera criminal mediante la emisión del token WLFI para recaudar 715 millones de dólares de pequeños inversores y pedir luego préstamos usando esos mismos activos, que carecen de sustento real, como garantía. Genera deuda contra la nada misma mientras el presidente declaró ingresos personales millonarios por este concepto (Financial Times, 18/04/2026). Los ricos son ricos porque explotan la fuerza de trabajo, y en el caso del clan Trump, esa riqueza se multiplica mediante la rapiña de la propia arquitectura financiera que ayudaron a desregular.
Este aprovechamiento oportunista no constituye un fenómeno aislado sino el método mismo de la política económica oficial a escala internacional, cuya expresión local es la causa $Libra. En Argentina, el clan Milei ha llevado la cotización moral del régimen por debajo del subsuelo al utilizar los mismos esquemas de estafa piramidal para pulverizar salarios y jubilaciones en favor del enriquecimiento ilícito. Lo que une a la camarilla gobernante con personajes como Novelli demuestra que el país ha sido encomendado a una banda de lúmpenes que se estafan mutuamente mediante delitos financieros.
El colapso de la empresa de los Trump está soldado a la política exterior de la Casa Blanca y a la movilización militar global. El informe revela que días antes de su inauguración, Trump vendió la mitad del capital de su firma a inversores de Abu Dhabi por 500 millones de dólares y poco después los Emiratos Árabes Unidos -país alineado al ataque a Irán y la exigencia de apertura del Estrecho de Ormuz (Infobae, 01/04/2026)- recibieron acceso privilegiado a tecnología estratégica de Estados Unidos (Financial Times, 18/04/2026). Este es el comandante de la guerra en acción que utiliza el poder militar para valorizar su patrimonio personal mientras prepara el terreno para nuevos choques. El destino de los jóvenes enviados como carne de cañón a los frentes internacionales se negocia en cenas pagadas por magnates del mundo cripto como Justin Sun. La guerra es la premisa necesaria para estas operaciones de legalización de capitales sucios y para el saqueo mundial.
La caída del precio del token y la rebelión de sus propios patrocinadores denuncian la completa descomposición del régimen en sus más altas esferas. Como dice el magnate Sun, el equipo del proyecto trata a la comunidad como “un cajero automático personal” (Financial Times, 18/04/2026). El capital ha abandonado la inversión fija para volcarse a estos instrumentos de rendimiento ficticio que funcionan como correas de transmisión de la plusvalía hacia las entidades privadas de la familia presidencial. El parasitismo financiero es la demostración definitiva de la debacle capitalista y el preludio de una catástrofe mayor. Esta es la vanguardia de la clase dominante que no es más que una lumpen burguesía, una banda de especuladores y genocidas con acceso a armas nucleares. Un sistema que solo sobrevive mediante el engaño piramidal y el exterminio bélico ha perdido todo derecho a existir. Solo la organización de la clase obrera podrá poner fin a este festín para planificar la economía en función de la humanidad y no del beneficio de los explotadores. Por el derrocamiento de los gobiernos de la guerra. Socialismo o barbarie.
Iara Bogado
28/04/2026
miércoles, 29 de abril de 2026
El Primero de Mayo vence el falso ‘cese del fuego’ de la guerra imperialista
En pocos días más -el próximo viernes más precisamente- expira el plazo de la falsa tregua, no acordada, entre Estados Unidos e Irán, establecida unilateralmente por Donald Trump. Luego de un comienzo, también falso, que duró 24 horas, las partes no han vuelto a reunirse. El Estado sionista nunca adhirió a este peculiar cese del fuego y siguió bombardeando Líbano en forma feroz, anexando ciudades y franjas de territorio en el país del cedro. Trump sacó de la manga una negociación entre el gobierno libanés -no Hizbollah- en Washington, que acordó una tregua más falsa que las anteriores.
El llamado ‘cese del fuego’ ha servido para que Estados Unidos bloqueara los puertos de Irán y, adicionalmente, todos los mares del planeta. La Marina de Guerra norteamericana ha secuestrado navíos iraníes en el Océano Índico y sancionado numerosas empresas navieras que cargaban petróleo y gas a refinerías de China, el principal mercado de exportación de Irán. Al mismo tiempo, el transportador George W. Bush, acompañado por varios destructores ha trasladado miles de tropas hacia el mar Arábigo, en lo que el Financial Times ha calificado como “el mayor agrupamiento militar de Estados Unidos desde 2004”. Dan Cane, el jefe del Estado Mayor de Estados Unidos, ha declarado que cualquier resistencia a cumplir con el bloqueo sería respondida por medio de las armas.
La guerra contra Irán, además de extender la dominación militar sionista en sus fronteras inmediatas, ha puesto de manifiesto el propósito fundamental del conflicto, que es asfixiar a China en cuanto a la energía fósil. La guerra no es local sino internacional. De acuerdo a la prensa china de Hong Kong, el punto decisivo de la agenda de Xi Jinping, en su prevista reunión con Trump, a mediados de mayo próximo, será la expulsión de las compañías chinas que administraban los puertos del canal de Panamá, en el entendimiento en que Trump podría convertirlo en un punto e bloqueo contra China. Estados Unidos, además del bloqueo militar contra Venezuela y Cuba, tiene a su Marina de Guerra desplegada por el mundo para ejercer las mismas funciones. Ningún Estado del planeta ha confrontado este bloqueo. Después del fracasado bloqueo continental de Napoleón, una suerte de guerra mundial a principios del siglo XIX, no se ha visto nada parecido. Estados Unidos, un antiguo importador masivo de petróleo, se ha convertido en el principal proveedor internacional junto al gas licuado. Los emiratos del Golfo y Arabia Saudita han sido relativamente excluidos de los mercados de exportación como consecuencia de los ataques sufridos por sus yacimientos y refinerías. Las autoridades de China han respondido con mayores inversiones en la producción local.
Los especialistas informados en asuntos militares aseguran que las pérdidas militares de Estados Unidos, en cuanto a misiles de intercepción, ha sido enorme en el tiempo transcurrido; los arsenales se han reducido peligrosamente. Este llamado ‘error de cálculo’ ha forzado al Pentágono a ordenar un acelerado reequipamiento que ha desatado una furiosa pelea en materia de contrataciones. El secretario de Guerra, Hegshet, ha desplazado al secretario del Ejército, Dan Driscoll, un amigo íntimo del vicepresidente JD Vance; lo mismo está por ocurrir con el secretario naval. Las purgas en el Pentágono han sido numerosas, en función de incrementar la guerra para plegar al gobierno de Irán a los objetivos internacionales de Trump, por medio de una centralización de las decisiones.
Trump ha sancionado también a los países de la OTAN que se han negado a colaborar con Estados Unidos en despejar el estrecho de Ormuz. Ha excluido a Francia de la colaboración en materia de Inteligencia y ha anulado los ejercicios militares previstos con Alemania; ha amenazado a Gran Bretaña con dejar de apoyarla en la cuestión de Malvinas. Friedrich Merz ha respondido con la denuncia de que la guerra contra Irán es perjudicial para la economía mundial, o sea, para Alemania, debido al aumento que ha provocado en los costos de producción en Europa. Es el mismo Merz que apoyó los bombardeos sionistas norteamericanos contra Irán hace dos meses. Merz le reprocha ahora a Trump que no tiene un plan de salida, cuando la Unión Europea lo tiene menos aún en Ucrania, contra Rusia, después de aprobar fondos de guerra por 90.000 millones de euros. La semana pasada, un ataque de Zelenski destruyó una refinería Rusia e incendió otra en el Mar Negro. Solamente una guerra de alcance mundial ha podido llevar la guerra a territorio ruso y ha podido quebrar a la OTAN a tal punto. Merz y toda la UE se han lanzado a un furioso rearme, con el propósito de anexar a Ucrania y disputar con los imperialismos rivales los ex estados soviéticos en Asia Central. La UE acaba de iniciar negociaciones oficiales para incorporar a Ucrania al bloque europeo, sin mandato popular, en calidad de semicolonia.
A horas de finalización de la falsa ‘tregua’, la camarilla de Trump parece retomar la línea de producir un “cambio de régimen”, alegando que el liderazgo iraní se encuentra dividido. Un sector reprocha haber admitido la discusión nuclear con Trump, y no haber limitado las negociaciones al tema del estrecho de Ormuz. La implicancia de la divergencia sería que un ala del gobierno podría aceptar el congelamiento por tiempo indefinido del enriquecimiento de uranio. Pero Trump reclama mucho más –la cesión del uranio enriquecido acumulado. El asunto ha sido muy probablemente discutido con Putin, en la reciente visita que el ministro Abbas Araqchi realizó a Moscú; en el pasado, Rusia se había ofrecido a resguardar ese stock. Junto con la terminación de la ‘tregua’, también se encuentra a punto de vencer la licencia constitucional que faculta al Ejecutivo norteamericano a entrar en una guerra. Sólo una guerra internacional o mundial podría haber desatado crisis políticas y sociales de semejante envergadura en las potencias imperialistas y en el sistema imperialista como un todo. El mismo Xi Jinping ha lanzado purgas militares de mayor alcance que las que tienen lugar en Estados Unidos y, hace dos años, en Rusia. El ministro de Defensa de Israel, Israel Katz, ya se ha adelantado en anunciar que el Estado sionista saludará el fin de la ‘tregua’ con un ataque apocalíptico contra Líbano e Irán.
Una frase muy remanida asegura que iniciar una guerra es muy fácil, lo difícil es terminarla. Esto significa que los protagonistas no controlan el estallido histórico de las contradicciones sociales que los ha llevado a ella. La guerra viene asociada con las crisis económicas, enormes sufrimientos sociales, masacres, y también con el fascismo o la revolución. Esta caracterización es de primer orden para quienes luchan contra la explotación y la miseria social, y lo hacen contra las guerras imperialistas. Quienes no lo hacen están condenados a la pasividad o el pacifismo.
Jorge Altamira
28/04/2026
martes, 28 de abril de 2026
Artemis II: las fotos que revelan el fin de los glaciares a pesar del “negacionismo” climático de Trump y Milei
Este negacionismo es la excusa necesaria para avanzar en negociados millonarios. Al decir que el cambio climático no existe, el gobierno de Milei justifica el desmantelamiento de la protección de nuestros recursos. El ejemplo más claro es la reforma de la Ley de Glaciares en Argentina: bajo la presión de la cámara de comercio norteamericana (AmCham) y las multinacionales, el Gobierno cambió las reglas para que las mineras puedan dinamitar las zonas donde nace el agua dulce (https://politicaobrera.com/15540-patagonia-en-llamas-la-trama-detras-del-incendio-forestal-en-chubut). Para lograr este remate del país, el oficialismo recurrió a una "coima minera", repartiendo 67.000 millones de pesos entre gobernadores radicales y peronistas para que sus diputados voten a favor de las multinacionales (https://politicaobrera.com/16040-el-gobierno-avanza-en-imponer-una-ley-de-destruccion-de-los-glaciares-al-servicio-de-las-multinacionales-mineras). Con este cambio, casi toda el agua del noroeste argentino (97 %) queda regalada a las empresas para que la usen en sus minas. El negacionismo es el "permiso legal" que se dan a sí mismos para convertir el agua de todos en la ganancia de unos pocos pulpos extranjeros, como el grupo Benetton o la empresa israelí Mekorot.
Como explicó la jefa del Comando Sur de EE. UU., Laura Richardson, ellos ven a nuestros glaciares y tierras no como naturaleza, sino como un botín de guerra (recursos estratégicos) para sus industrias y ejércitos. Para que este robo pase desapercibido, el Gobierno desfinancia a los científicos del CONICET y a los organismos que controlaban el impacto en el ambiente. El sistema capitalista prefiere destruir las condiciones de vida de la humanidad antes que frenar la acumulación de ganancias y la extensión del dominio planetario. Es imprescindible defender el agua de la humanidad contra los que rematan el país para financiar la guerra y sus propios bolsillos. Por el derrocamiento de los gobiernos de la guerra. Socialismo o barbarie.
Iara Bogado
27/04/2026
lunes, 27 de abril de 2026
Mark Zuckerberg: un tecnobro siniestro sentado a la diestra de Trump
Puede que, llegados a este punto, escribir sobre Mark Zuckerberg sea aburrido, pero hasta hace muy poco se decía lo mismo de la democracia y ya empezamos a echarla en falta. Vázquez Montalbán puso, irónicamente, en circulación aquello de “contra Franco vivíamos mejor”. Volaremos, entonces, cómo lo estamos pasando ahora, mientras España es uno de los contados países democráticos que se enfrentan a Trump. Con lo cual, no es un ejercicio monótono revisitar a Zuckerberg, el espabilado de Harvard.
El personaje que se dibuja en la película La red social de David Fincher que cuenta la historia de Facebook, está construido desde la ficción y no mucho de lo que se narra allí se puede tomar como apunte de la realidad, salvo los datos constatables. Un ejemplo es el timo a los gemelos Tyler y Cameron Winklevoss a los que Zuckerberg les arrebata en la universidad el germen de Facebook. Otro dato veraz es el temprano aporte financiero de Peter Thiel a Facebook. Hay más pero de todos modos, la matriz psicológica que construye el actor Jesse Eisenberg, si bien es totalmente subjetiva, responde a un modelo que la peripecia vital de Zuckerberg no desmiente: un sociópata centrado en unos fines sin freno alguno, ni moral ni emocional.
La semana pasada se conocieron dos sentencias adversas contra el imperio de Zuckerberg. En Los Ángeles, una niña que comenzó a utilizar YouTube, empresa de Google, a los seis años, e Instagram a los nueve, confesó, una década después, no poder superar la adicción generada por las redes. El jurado declaró culpables a las dos empresas. En otro tribunal de Nuevo México, Meta, propietaria de Instagram y Facebook, fue condenada a pagar 350 millones de euros por engañar a los usuarios con respecto a la seguridad de sus plataformas. Las redes, según el Departamento de Justicia, “permitían a pedófilos y depredadores llevar a cabo explotación sexual infantil y fueron diseñadas intencionadamente para generar adicción en los jóvenes”.
A partir de estos procesos, sobre todo el de Los Ángeles, se habla de un “momento tabaco”, el equivalente al juicio contra las tabacaleras de la industria tecnológica. Pero Zuckerberg no parece muy preocupado ni por las sentencias ni por los comentarios.
El periodista y escritor Séamas O’Reilly observa que, en el caso de la acusación de Nuevo México, se hizo hincapié en la insuficiente solidez de las medidas de protección contra la depredación infantil en las aplicaciones de mensajería de Meta. La pregunta que se hace O’Reilly es que si se va a limitar la edad de los menores para acceder a las redes, ¿cómo, exactamente, se supone que esa traba va a impedir que los adultos envíen fotos de niños, sin su consentimiento, a otros adultos?
Hay otra cuestión no menos llamativa. Todos los grupos que reciben apoyo de la administración Trump con la misión oficial de proteger a los niños de los movimientos trans apoyan el fallo contra Meta ya que la restricción de acceso a los menores forma parte de sus reclamos. El punto está en que si bien festejan la sentencia contra Meta, es precisamente esta empresa quien les financia a todos. ¿Hay contradicción? No la hay porque, como explica Taylor Lorenz, periodista especializada en tecnología, el negocio de Meta ya no está en la interacción sino en la recopilación de datos.
Hace un año, en abril de 2025, en la fase inicial del juicio antimonopolio de la Comisión Federal de Comercio (FTC, por sus siglas en inglés) contra Meta, Zuckerberg declaró que la empresa se había centrado en los últimos tiempos en «la idea general del entretenimiento, el aprendizaje sobre el mundo y el descubrimiento de lo que está sucediendo». Más claro: Meta se aleja de la comunicación interpersonal ya que la tendencia es que disminuye el interés por ver el contenido publicado por amigos y aumenta la curiosidad por el material audiovisual. En definitiva, las restricciones de menores no modifican el negocio. Con lo cual, a Mark Zuckerberg solo le falta decir al “movimiento tabaco”: fumando espero.
Elon Musk, Jeff Bezos, Sam Altman de OpenAI, e incluso Frank Sinatra hasta el día en el que sacó a bailar a Nancy Sinatra en el Ballroom de la Casa Blanca (el mismo que Trump tiene ahora en obras), alguna vez fueron progresistas. Zuckerberg también, hasta el punto de bloquear a Donald Trump en sus plataformas.
“Los impactantes acontecimientos de las últimas 24 horas demuestran claramente que el presidente Donald Trump pretende utilizar el tiempo que le queda en el cargo para socavar la transición pacífica y legal del poder a su sucesor electo, Joe Biden”, escribió en su cuenta de Facebook el 7 de enero de 2021. Cuatro años después lo borró. Se recuperó a tiempo del trance financiando la última campaña electoral y acompañando al resto de conversos del Silicon Valley en la ceremonia de toma de posesión de Trump en enero de 2025.
Desde entonces, Zuckerberg hace lo posible por ganarse el favor del mandatario. En ese sentido, el giro de Meta ha sido copernicano: hoy está en contra de la diversidad, la equidad, la inclusión y se ha suprimido la verificación de datos. Meta ha pasado de cancelar a Trump en 2021 a dar barra libre a cualquier publicación por falsa que sea. Gracias a esta buena predisposición, es usual verle sentado a la diestra del presidente en algunas de las cenas que ofrece en la Casa Blanca.
Una vez fuera del armario, tiró las camisetas espartanas y se puso otras con inscripciones en latín: Carthago delenda est (Cartago debe ser destruida) y Aut Zuck aut nihil (O Zuck o nada). No lo sugieren: son declaraciones de guerra de alguien que practica artes marciales mixtas (MMA por sus siglas en inglés), halterofilia y sigue las indicaciones de la IA de Meta para perfilar su look que, además del físico musculoso, incluye cadenas de oro y ropa de creadores. El historiador cultural Benjamin Wild lo entiende como “parte del cambio para rehabilitar su posición dentro de Meta y del contexto corporativo de Estados Unidos, mediante la alineación con las tendencias dominantes que priorizan el carisma sobre la contemplación y el machismo sobre la moderación”.
En este marco suceden hechos como el reto que le propuso Elon Musk para enfrentarse en una lucha pública de jiu-jitsu. Ambos estuvieron varios días cambiando mensajes públicos, como si se tratara de las pullas histriónicas de Muhammad Ali y George Foreman en su histórico combate de la República Democrática del Congo en 1974. Pero Musk y Zuckerberg no son púgiles; se les supone empresarios de élite, de la generación del Silicon Valley que colaboran con la Casa Blanca. Aunque más allá de revolcarse en el mismo lodo de Trump e insultarse públicamente como adolescentes, no se dejan solos el uno al otro en los momentos críticos. Cuando Musk pretendía desmontar el Estado y dormía por las noches al pie de su escritorio en las dependencias del Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE por sus siglas en inglés), contó con el apoyo de Zuckerberg. Como dos villanos inseparables del universo Marvel.
Como no podía ser de otro modo, por todos los atributos enumerados, Donald Trump ha elegido a Zuckerberg para que forme parte del nuevo Consejo Asesor en Ciencia y Tecnología del Presidente (PCAST por sus siglas en inglés). No está solo, muchos de sus tecno bros del Silicon Valley le acompañan. El que sí probablemente se sienta perdido en esta tribu es el único científico del grupo: John Martini, un experto en computación cuántica de la Universidad de California en Santa Cruz y premio Nobel de Física en 2025, según cuenta el científico y periodista Javier Sampedro.
Como ya ha sucedido con otros personajes, ha sido Southpark quien ha sabido dar un perfil exacto de Mark Zuckerberg. En un capítulo, los adolescentes de la serie se desmadran infectando las redes con insultos y falsedades extremas. Los padres deciden invitar al propietario de Meta para que les oriente. El resultado de la visita es que se tienen que enfrentar a dos problemas: la deriva de sus hijos y un enajenado que les amenaza con “bloquearlos” a golpes exhibiendo sus habilidades de luchador.
Dijo Brecht en su día: “Qué tiempos estos en los que hay que luchar por lo que es evidente”. Aquel mundo de ayer se parece al de hoy.
Miguel Roig | 07/04/2026
Miguel Roig. @miguelroig
domingo, 26 de abril de 2026
En el marco del Escudo de las Américas, el fascista Peter Thiel llega a la Argentina para fortalecer al estado policial
Thiel es un fascista liberticida. Palantir -codesarrollado por la CIA- elabora softwares que integran, ordenan y analizan enormes cantidades de datos para tomar decisiones y definir blancos. Produce información al servicio de las agencias de defensa e inteligencia de Estados Unidos e Israel, principalmente. También presta servicios a otros estados y a empresas privadas. Sus softwares han sido usados para asesinar personas en Gaza, el Líbano e Irán y para detener inmigrantes en Estados Unidos y activistas propalestinos en toda Europa.
La guerra en Gaza le ha servido como una gigantesca vidriera para vender sus productos y le ha permitido multiplicar sus contratos en todo el mundo.
Peter Thiel, nacido en Alemania y criado en la Sudáfrica del apartheid, es un supremacista blanco que ha declarado públicamente que no tiene problema con que sus productos sirvan para asesinar a población civil. Esta semana publicó el manifiesto de Palantir, que plasma sus ideas fascistas y militaristas.
Se supone que es un liberticida como Milei. Sin embargo, Thiel no aboga por la destrucción del Estado; sus planteos delinean un Estado totalitario tomado por las corporaciones. Más aún, por su penetración real en los comandos de Defensa de diferentes estados, se puede hablar de una pretensión de funcionar como un supraestado.
Palantir en el mundo
Ucrania firmó un acuerdo con Palantir para construir un sistema de defensa aérea autónomo llamado "Brave1 Dataroom". Esta plataforma utiliza millones de datos e imágenes reales de la guerra recopilados por militares ucranianos para entrenar modelos de Inteligencia Artificial. La manera en que los ejecutivos de Palantir supervisan en el terreno, implica que integran en los hechos el Ministerio de Defensa de Ucrania, supervisando todas las acciones. La pérdida de soberanía que implica entregarle a una empresa privada todos esos datos y permitirle ese grado de “supervisión” es algo que Ucrania, de todos modos, ya puso en juego hace mucho y con muchas otras empresas estadounidenses. Dos tercios de sus tierras fértiles le pertenecen a BlackRock, por ejemplo, la empresa para la que trabajaba –qué chico es el mundo– el marido de Peter Thiel.
En el ejército de los Estados Unidos también hay empleados de Palantir, que ocupan cargos de carrera, pero que han sido puestos a dedo. El caso más destacado es el de Shyam Sankar, director de Tecnología de Palantir, quien fue comisionado como teniente coronel en la Reserva del Ejército en junio de 2025, sin haber hecho ninguno de los 17 años de carrera que requiere el cargo.
También, con el cargo de teniente coronel, se nombró a otros tres ejecutivos de la empresa para que lo acompañen en las tareas. Todos a dedo. El mismo vicepresidente, J. D. Vance, ha sido financiado por Palantir.
Peter Thiel le dio a Vance uno de sus primeros trabajos y más tarde financió con 15 millones de dólares su exitosa candidatura al Senado, en Ohio, en 2022. Por eso resulta curioso que J. D. Vance –siendo Peter Thiel su mentor– sea vendido en la opinión pública como la facción del gobierno menos partidaria de la guerra.
Desde que Trump asumió su segundo mandato, la empresa ha sido contratada por el Departamento de Seguridad Nacional para investigar estafas relacionadas con bodas, por el Departamento de Asuntos de Veteranos, para recopilar estadísticas, por el Servicio de Impuestos Internos, y por el Departamento de Estado, para identificar amenazas contra ciudadanos estadounidenses y diplomáticos estadounidenses en el extranjero, según datos de contratación federal. Las decenas de contratos adjudicados a Palantir desde que Trump asumió la presidencia se cuentan por miles de millones de dólares, incluyendo un acuerdo de diez años con el Ejército de los Estados Unidos por un valor de hasta 10 mil millones de dólares. El precio de las acciones de Palantir casi se ha triplicado desde la elección de Trump.
En Reino Unido hay una puerta giratoria de funcionarios del Ministerio de Defensa que renuncian para ser contratados por Palantir. Inmediatamente le consiguen a la empresa contratos con el gobierno.
También se sabe que la exministra de Defensa alemana, Ursula von der Leyen (CDU), actual presidenta de la Comisión Europea, se reunió con el otro director ejecutivo de Palantir, Alex Karp, en la Conferencia de Seguridad de Múnich en 2018 y en el Foro Económico Mundial de Davos en 2020. Alemania tiene, tanto a nivel nacional como de los estados federados, varios contratos con la empresa, algunos de los cuales fueron declarados inconstitucionales por la alevosía de la injerencia.
Con el Mossad, Palantir tiene una relación desde hace más de 10 años y, desde el 7 de septiembre, forjó una alianza estratégica con todo el Ministerio de Defensa de Israel.
La empresa tiene a un ejecutivo global encargado de todas estas relaciones, Noam Perski. Su trabajo consiste específicamente en dirigir las relaciones con agencias gubernamentales de inteligencia, defensa y policía en todo el mundo, lo que demuestra que existe una estrategia corporativa centralizada para penetrar en diferentes gobiernos.
En Argentina
Peter Thiel no ha dado a conocer los objetivos de su estadía en Buenos Aires. Sin embargo, nos podemos dar una idea de sus pretensiones de lograr contratos, obtener paquetes de datos y penetrar en el gobierno.
En marzo pasado, Patricia Bullrich intentó un contrato con la empresa de Thiel vinculado con el propósito de poner en pie el ICE argentino. Como el proyecto de impulsar la Agencia de Seguridad Migratoria fue abortado por la oposición de Karina Milei, el contrato con Palantir no vio la luz, al menos públicamente.
Ahora Thiel se reunió directamente con Santiago Caputo –el enemigo interno de Karina y que tiene bajo su órbita a la SIDE– antes de ver a Javier Milei. En enero, Karina trasladó la subsecretaría de Ciberseguridad -que dependía de la SIDE- a la jefatura de gabinete para mantenerla bajo su control, pero dejando a un hombre de Caputo en el control técnico, Darío Genua, dando cuenta de una negociación. La visita de Thiel llega justo cuando la guerra de carpetazos está dejando gravemente lesionado a Adorni, peón de Karina.
El marco interno de estos posibles acuerdos sería el DNU 941/25, que dotó de facultades extraordinarias y represivas a la SIDE para llevar adelante una persecución contra los sectores en lucha contra el gobierno. Además, el decreto establece la concentración de todos los datos del Estado, el combustible con el que funcionan los softwares de Palantir.
El contexto externo de la llegada de Thiel a Buenos Aires es la adhesión de la Argentina al Escudo de las Américas promovido por Donald Trump. Este plan Cóndor 2.0 enmarca la iniciativa para habilitar, no sólo los contratos con Palantir y la entrega masiva de los datos del Estado, sino la intervención de la empresa en diferentes niveles de gobierno, como ya ha hecho en Estados Unidos y en Ucrania.
La penetración de Palantir actúa en dos aspectos. Por un lado, refuerza el estado policial que se propone Javier Milei para implementar un régimen de excepción. Por otro, aceita la vinculación de la Argentina con la guerra mundial.
La llegada de un embajador del fascismo y la guerra con pretensiones imperiales debe inspirar una gran agitación política para que se retire de inmediato de Argentina y para denunciar la infiltración en la SIDE de las agencias extranjeras que quieren alinear a al país con la guerra imperialista mundial.
Aldana González
25/04/2026
sábado, 25 de abril de 2026
El progresismo mundial, rendido ante la guerra imperialista de Trump
La Global Progressive Mobilisation reunió al progresismo mundial en Barcelona para “defender la democracia ante el avance de la ultraderecha”, según rezaba el lema de la convocatoria. Estuvieron presentes el mandatario local Pedro Sánchez y los presidentes de México, Claudia Sheinbaum; Colombia, Gustavo Petro; Brasil, Lula da Silva; Uruguay, Yamandú Orsi; y Sudáfrica, Cyril Ramphosa; entre otros. También estuvieron presentes el gobernador de Minnesota, Tim Waltz; el expresidente chileno, Gabriel Boric, y el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof. Mandaron mensajes, además, el alcalde de Nueva York, Zohran Mandami, y el senador norteamericano Bernie Sanders.
Ante la consulta de los medios sobre si la cumbre era una convocatoria “anti Trump”, todos los participantes se esforzaron en negarle ese carácter. Momentos antes de ingresar a la reunión, Petro afirmó que la cumbre “no es contra” Trump (Infobae, 18/4). Sin embargo, todos los medios entendieron que, si no directamente, al menos por elevación, la cumbre debatía cómo enfrentar la política de Trump.
ONU
Predispuestos a no debatir de manera directa cómo enfrentar la política de guerra militar, comercial y arancelaria de Trump, el progresismo planteó, en la voz de Lula: “la ONU es un instrumento muy valioso si funciona bien”, para luego agregar: “no puede permanecer en silencio y ver lo que está pasando en el mundo” (CNN, 18/4). Al mismo tiempo el progresismo atacó a los países miembros del Consejo de Seguridad de la ONU por tomar decisiones “unilaterales” al margen de otras naciones.
El pedido unánime del progresismo fue el de "un cambio radical" en la ONU para frenar la política imperialista de Trump. Un camino que nadie de los presentes supo trazar. Salvo el pedido simbólico de Sánchez de que la ONU sea liderada por una mujer, no hubo propuesta alguna de cómo ejecutar este reclamo, mostrando su inviabilidad.
Cuba, asistencialismo contra la amenaza militar
El bloqueo de Trump a Cuba también fue un tema tocado en la cumbre del progresismo. La mexicana Sheinbaum propuso "una declaración en contra de la intervención militar en Cuba. Que el diálogo y la paz prevalezcan” (CNN, 18/4). Luego, junto a sus pares de Brasil y España, firmaron un comunicado conjunto sobre Cuba en el que llaman a la ONU a asegurar una "solución duradera en el marco del respeto de los derechos internacionales y los derechos humanos", comprometiéndose a incrementar la ayuda humanitaria para aliviar el sufrimiento del pueblo cubano.
Ni una palabra contra el bloqueo militar a la Isla ni sobre la intención de Trump de instaurar un protectorado de facto en Cuba, tomando como ejemplo el caso venezolano. Ni una palabra sobre el Escudo de las Américas, que busca implantar un respaldo a los planes imperialistas de Trump y sus aliados en “el patio trasero”.
La oposición progresista de EE, UU., presente
En un mensaje que envió especialmente a la reunión, Mamdani convocó a "acabar con las desigualdades de ingresos”, mientras que Bernie Sanders planteó que el progresismo debía servir “a la clase trabajadora”, citando a las grandes manifestaciones del “No kings” augurando derrotas de Trump en las próximas elecciones y la pérdida del control del Senado por parte del partido Republicano.
Sanders enunció de manera directa que la cumbre progresista no es un intento por preparar a los trabajadores y a las masas para enfrentar a la ultraderecha organizada y movilizada en las calles para frenar la guerra y el avance imperialista, sino que buscará hacerlo exclusivamente en las urnas. Este año hay elecciones en Colombia, Brasil y el propio Estados Unidos.
Conclusiones sobre el Encuentro
Luego de conocerse las resoluciones de la cumbre progresista, queda claro que los trabajadores de todo el mundo no podrán encontrar allí ninguna salida a la guerra imperialista llevada adelante por Trump bajo la tutela de la ONU. A contramano del progresismo mundial, la ONU es el organismo internacional creado por el imperialismo estadounidense que lleva décadas, no solo de silencio, sino de acompañamiento incondicional a la política imperialista de guerras de dominación.
Para frenar al imperialismo y su guerra internacional bajo la tutela de Trump y Netanyahu (y las ultraderechas que apoyan su política en distintos países del mundo) es necesaria la movilización directa de las masas en todo el planeta, como ha venido sucediendo en Europa y en Estados Unidos contra el genocidio de Gaza.
Con esta metodología se debe enfrentar también a los peones ultraderechistas en cada país donde gobiernan o se preparan para hacerlo.
Diego Carrazán
24/04/2026
Palantir y el fin de la democracia tal como la conocemos
El manifiesto de Palantir es claro en sus intenciones, ya que plantea que no deben ser ya los Estados quienes se ocupen de elementos cruciales de la guerra, sino las empresas tecnológicas. Hoy en día, la tecnología de la empresa ya se encuentra detrás de la decisión automatizada de identificar enemigos, enviar drones, asesinar a los objetivos y volver a la base
El historiador económico Karl Polanyi explicó magistralmente en La Gran Transformación que el dilema mercado-Estado, según el cual hay que elegir entre alguno para asignar bien los recursos, es falso. En realidad, los mercados nunca existieron al margen del Estado y, de hecho, fueron creados deliberadamente por su mano; la mayor parte de las veces mediante una violencia sin cuartel contra las clases populares —como ocurrió con los cercamientos de tierras— y las poblaciones aborígenes —ya que las instituciones occidentales se abrieron paso en el mundo empujadas por los sables y pólvora de los ejércitos imperiales—. El mercado no es, como dicen los liberales, una institución natural.
Tirando de ese hilo, el historiador Quinn Slobodian describió en Hayek’s Bastards una historia muy distinta a la habitual respecto a los orígenes del neoliberalismo. Frente a la narrativa convencional que asegura que el neoliberalismo fue principalmente un proyecto ideológico que quería desregular el mercado —porque, supuestamente, era mejor opción a que el Estado dirigiera la economía—, Slobodian recuerda que los mercados siempre están regulados. El verdadero motivo del neoliberalismo era aislar las decisiones económicas de la voluntad popular, independizarlas a fin de que las pasiones propias de la democracia no interfirieran en la asignación óptima de recursos que facilitarían los mercados.
La Unión Europea actual es producto de ese tiempo histórico neoliberal, lo que se expresa con mayor claridad en el carácter antidemocrático del Banco Central Europeo. A pesar de que esta institución es la encargada de gestionar la política monetaria —y, por ejemplo, puede influir en el “precio” de nuestras hipotecas—, en el ejercicio de sus funciones es independiente del poder político y, de hecho, tiene prohibida por ley la financiación directa de los Estados —una opción que era habitual entre los bancos centrales anteriores—. La lógica de fondo es obvia: la gestión de la política monetaria es demasiado importante como para dejarla a merced de los deseos de la ciudadanía; mucho mejor que sean unos tecnócratas los que estén al mando. Esa idea de externalizar la responsabilidad hacia una entidad independiente, aunque pública, estaba en el corazón de las tesis neoliberales y del espíritu de Friedrich Hayek. El resultado no era un superestado, sino, como afirmó Perry Anderson, un infraestado: uno en el que las instituciones evitan la interferencia popular en los mercados.
Esta tensión entre los deseos de las mayorías y los límites impuestos desde arriba ha sido consustancial a la evolución misma de la democracia. Ya en la antigua Grecia, la disputa entre las facciones radicales —Solón, Efialtes, Pericles— y las conservadoras —Aristóteles, Platón— giraba en torno al alcance del “demos” y a los asuntos sobre los que podía legítimamente decidir; instituciones como el Senado nacieron precisamente del interés aristocrático por frenar las pulsiones populares. El Estado de Derecho moderno es heredero directo de esa tensión: un constructo histórico que canaliza mediante reglas —habitualmente constitucionales— lo que las mayorías pueden o no decidir. Pero no todos los Estados de Derecho son iguales. Autores progresistas como Luigi Ferrajoli defienden la existencia de una esfera de lo indecidible que blinde las libertades personales y los derechos sociales, entendidos como condición necesaria de la democracia misma. Los neoliberales, en cambio, prefieren sustraer del ámbito democrático las decisiones económicas. Lo indecidible, según quién lo defina, protege al ciudadano o lo desarma.
Sin embargo, el neoliberalismo tal y como lo conocimos desde los años ochenta del siglo pasado hasta la crisis financiera de 2008, ha muerto. Lo que le está sustituyendo es, como el propio Slobodian ha venido señalando en sus trabajos más recientes, un populismo autoritario con raíces neoliberales. Se trata de una formación política inédita que articula cuatro elementos: un ejecutivo fuerte dispuesto a intervenir en la economía, un proteccionismo selectivo de corte neomercantilista, una concepción muy restrictiva de los derechos humanos y una oligarquía tecnológica que aspira a fundirse con el aparato del Estado. Conserva el desprecio neoliberal por la soberanía popular, pero abandona su fachada liberal. Y ningún lugar mejor para verlo que en Estados Unidos, donde el neomercantilismo exterior de Donald Trump se ha casado con el liberalismo autoritario de los tecno-oligarcas.
Hace unos días la empresa Palantir, fundada por el multimillonario reaccionario Peter Thiel y ahora dirigida por su igual Alex Karp, publicó un manifiesto terrorífico (1), si bien meridiano, exponiendo su punto de vista. Palantir es una empresa tecnológica y una fábrica de armas para las guerras contemporáneas —drones, espionaje digital, inteligencia artificial, etc.— que lleva varios años obteniendo suculentos contratos, sobre todo por parte del gobierno de Estados Unidos. Amnistía Internacional ha acusado a la empresa de colaborar en los crímenes de guerra del ejército de Israel, mientras que está acreditada su participación en la guerra en Irán.
No obstante, no se trata de un fenómeno circunscrito a Estados Unidos. Palantir ha firmado contratos con los ministerios de defensa de Alemania, Francia y Reino Unido, opera incluso en la infraestructura de datos del servicio de salud británico (NHS) y aspira a integrarse en la infraestructura digital de la propia Unión Europea. A ello se suma una dependencia estructural respecto a un puñado más amplio de corporaciones estadounidenses cada vez más alineadas con el proyecto político de Trump y sus aliados tecno-oligárquicos —Peter Thiel, fundador de Palantir, financió con 15 millones de dólares la campaña de J.D. Vance al Senado—. La dependencia tecnológica se convierte así, inevitablemente, en dependencia política.
El manifiesto de Palantir es claro en sus intenciones, ya que plantea que no deben ser ya los Estados quienes se ocupen de elementos cruciales de la guerra, sino las empresas tecnológicas. Hoy en día, la tecnología de la empresa ya se encuentra detrás de la decisión automatizada de identificar enemigos, enviar drones, asesinar a los objetivos y volver a la base. Pero lo que estos tecno-oligarcas quieren es ir más allá, pues su cosmovisión implica también un fuerte rechazo del pluralismo, de la diversidad cultural y de aquellos valores que amenacen el estilo de vida americano. En este sentido, los intereses de estas corporaciones gigantes están perfectamente alineados con los de Donald Trump y su gobierno. Y comparten, asimismo, la idea de que la democracia contemporánea no es compatible con tales aspiraciones; o, como ellos dicen, que la “democracia” solo puede salvarse si se transforma a partir de la integración de estas grandes empresas tecnológicas en el corazón del Estado, y se emplea una intervención militar más activa tanto en el exterior como en el interior —estas tecnologías también se están aplicando en la identificación de migrantes indocumentados en el contexto de la política anti-inmigración de Estados Unidos—.
El desafío es enorme, y sin embargo apenas forma parte de la conversación política cotidiana. Desde luego, podemos decir que está en juego la soberanía europea, debido a la dependencia tecnológica respecto a una élite tecno-oligárquica asentada al otro lado del Atlántico y cada vez más entrelazada con el aparato de poder estadounidense. Pero también está amenazada la democracia tal y como la hemos conocido. Si Europa no articula una respuesta estratégica que recupere capacidad soberana en los sectores críticos —energía, defensa, datos, infraestructura digital, inteligencia artificial— y que, al mismo tiempo, reafirme ese núcleo indecidible de derechos que Ferrajoli identificaba como condición de posibilidad de la democracia, el riesgo es evidente: una deriva sostenida hacia regímenes autoritarios de nuevo cuño, ya no basados en el terror en clave fascista sino en una vigilancia algorítmica omnipresente, en la identificación automatizada de disidentes y migrantes, y en una arquitectura de control ciudadano operada por corporaciones privadas cuyos dueños desprecian abiertamente el pluralismo.
Conviene insistir en una cosa central: esto no pertenece a una distopía lejana. En efecto, los sistemas ya están funcionando en Gaza, en Irán, en el Canal de la Mancha y en los hospitales británicos. La tensión que describieron Polanyi y Slobodian —entre mercado y democracia, entre soberanía popular y aislamiento tecnocrático— entra así en una fase nueva y cualitativamente más peligrosa. El neoliberalismo sustraía la economía al juicio de la ciudadanía. Lo que viene pretende sustraer al ciudadano mismo.
Alberto Garzón Espinosa | 25/04/2026
@agarzon
Fuente: https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/palantir-democracia-conocemos_129_13164309.html
(1)
Nota de la editora: El «manifiesto Palantir»
La Unión Europea mantiene su asociación estratégica con Israel
En la reunión del Consejo de Asuntos Exteriores de la Unión Europea (UE) que tuvo lugar el martes pasado, Alemania e Italia se opusieron a la propuesta de algunos países de suspender temporalmente el Acuerdo de Asociación de la UE con Israel, por el incumplimiento del Estado sionista con sus “obligaciones en materia de derechos humanos” —a la luz del genocidio en Gaza, la aprobación de la pena de muerte contra los palestinos, su ofensiva en el sur de Líbano y la continuada violencia de los colonos sionistas en Cisjordania.
Hay que tener presente que la Unión Europea es el principal socio comercial de Israel. El Acuerdo de Asociación que pretendía ser suspendido es el marco jurídico principal que regula las relaciones políticas, económicas y comerciales entre la UE y el Estado sionista, vigente desde junio de 2000. Mientras una ruptura de ese acuerdo requiere el apoyo de todos los miembros de UE, para la suspensión es necesario el apoyo de 15 de los 27 gobiernos del bloque. Pero el rechazo cerrado de dos pesos pesados de la UE, Alemania e Italia, cortó de cuajo el tratamiento de la iniciativa.
Luego de que la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, anunciara la suspensión de la renovación automática del Acuerdo de Defensa que Italia mantiene con Israel —por los disparos de fuerzas israelíes a un convoy de cascos azules italianos en el sur del Líbano— había tomado impulso la idea de que Meloni podía llegar a adherir a la suspensión parcial del Acuerdo de Asociación UE-Israel. Pero Meloni, como se sabe, carece de convicciones humanitarias.
Lo que por sobre todas las cosas determinó las declaraciones de Italia contra Israel, en torno al acuerdo de Defensa, fue el creciente rechazo de la opinión pública italiana a la política genocida del sionismo. Es evidente que Meloni pretende disimular su sostenimiento de lo que es una asociación estratégica en términos comerciales entre la burguesía italiana e Israel. Pero, al mismo tiempo, Meloni mira con recelo el proceso electoral del año próximo. Sucede que el referéndum judicial que tuvo lugar en Italia en marzo pasado se convirtió en un referéndum sobre toda la agenda del gobierno, incluida su complicidad con la guerra y el genocidio, la intensificación del militarismo y el recrudecimiento de los ataques contra la clase obrera. En definitiva, en el revés electoral que sufrió la fuerza de Meloni, pesó el alineamiento de la mandataria con Netanyahu y Trump.
Por eso Meloni intenta administrar su alineamiento: rechaza enviar buques italianos para abrir el estrecho de Ormuz, tal cual reclamaba Trump; pone en duda el acuerdo de Defensa con Israel; pero se mantiene firme en la defensa del Acuerdo de Asociación de la UE con el sionismo.
Hay que tener en cuenta también que, después de Estados Unidos, Alemania e Italia son los mayores proveedores de armas a Israel. Ese es el otro gran factor que lleva a ambos países a defender el acuerdo comercial con el sionismo, por más que Meloni hable de la “no renovación automática” del acuerdo en materia de Defensa. En la última semana el ministro de Economía alemán debió reconocer, por un pedido de informes hecho por Die Linke, que en las primeras semanas de la agresión de Estados Unidos e Israel contra Irán Alemania vendió armas al Estado sionista por un monto de 7,8 millones de dólares, y que desde el 28 de febrero hasta el 27 de marzo se extendieron las autorizaciones. El Estado alemán está a la cabeza de la persecución de los movimientos de lucha en solidaridad con Palestina.
Francia y Suecia, para disimular su colaboracionismo con el sionismo genocida, han propuesto que la UE restrinja el comercio con los asentamientos ilegales de los colonos en Cisjordania, obviando que esos asentamientos son promovidos y sostenidos por el propio Estado de Israel. Es obvio que, de no romperse el comercio con Israel, los asentamientos seguirán siendo sostenidos indirectamente por los Estados europeos.
Quien protagonizó el reclamo de la suspensión del Acuerdo UE-Israel fue el gobierno de Pedro Sánchez. Indudablemente, condicionado por la enorme adhesión que tiene la causa del pueblo palestino entre las nacionalidades ibéricas. Pero el doble discurso de Sánchez quedó en evidencia cuando dijo “No a la guerra” el 4 de marzo, como posición oficial del gobierno de España ante la agresión de EEUU-Israel contra Irán, para terminar enviando a Chipre la fragata Cristóbal Colón, uno de los buques de combate más avanzados de la Armada española, tras el impacto de un dron atribuido a Hezbolá en la base británica de Akrotiri. En definitiva, los gobiernos de la Europa imperialista, con sus diferencias y matices, son todos guerreristas, pues es la única salida que encuentra el capital a su propia crisis.
La clave para derrotar al sionismo colonialista y al imperialismo, pasa por la movilización de los trabajadores y los pueblos de Europa y el mundo. Es necesario alcanzar y superar los niveles de movilización y huelgas logrados en septiembre y octubre de 2025. Es el objetivo fundamental que persigue la Flotilla Global Sumud con su marcha marítima hacia Gaza y el convoy terrestre. La interceptación del buque carguero de la empresa MSC, que transportaba insumos y materiales críticos hacia Palestina ocupada para sostener al Estado sionista, buscó despertar la conciencia en torno a la necesidad de multiplicar los bloqueos, las huelgas y los piquetes en boicot a Israel, y en solidaridad con la resistencia palestina, del Líbano e Irán. La parada que tendremos en Sicilia, desde el 22 al 25 de abril, será un factor clave de agitación y denuncia contra la complicidad de Meloni y los gobiernos europeos con el sionismo genocida.
Pablo Giachello
Escrito a bordo del velero Kafr Bir'im (La Romántica) de la Flotilla Global Sumud
viernes, 24 de abril de 2026
Archivos Epstein, una película de terror hecha realidad en el capitalismo actual
Imaginemos el guion de una terrorífica película de ciencia ficción. Es la historia de un supermillonario sionista al servicio de varios servicios de inteligencia de Estados poderosos (el Mossad de Israel, la CIA de Estados Unidos, el M-16 de Gran Bretaña) es un negociante de éxito, que tiene actividades en las finanzas, el sector inmobiliario y acumulaba al final de su vida la suma de miles de millones de dólares. Ese personaje es además un depredador sexual, que tiene predilección sádica por niñas y jóvenes. Para realizar sus orgias y bacanales cuentan con propiedades suntuosas que ha adaptado para tal propósito: una isla privada, que está en territorio de los Estados Unidos (en Islas Vírgenes, y el nombre no parece casual por lo de vírgenes), varias mansiones en ciudades de Estados Unidos (Miami, Nueva York) y de otros países (Paris), un “rancho de los horrores” en Nuevo México, aislado y acondicionado para torturar, violar y matar mujeres jóvenes… Para trasladarse libremente, sin las restricciones, demoras y cortapisas de aeropuertos y vuelos comerciales, tiene su propio avión, al que denomina Lolita Express, por aquello de la niña que protagoniza la novela Lolita de Vladimir Nabokov. En el film aparecen centenares de niñas y jóvenes abusadas, asesinadas y desaparecidas, se ven desgarradoras escenas de torturas y conversión de las mujeres en vulgares mercancías y objetos sexuales intercambiables y desechables. Entre sombras aparecen imágenes de cultos satánicos en las que hombres multimillonarios matan a niños y bebes, mutilan sus cuerpos y consumen su sangre y algunos de sus órganos.
El personaje de la película no es un sicópata solitario, sino que forma parte de un engranaje global en el que sirve de intermediario de una red transnacional de tráfico sexual, negocios diversos, violencia y sadismo, academia e investigación científica y sofisticado desarrollo tecnológico. De ese engranaje forman parte presidentes y expresidentes de varios países (incluyendo a uno de Colombia), miembros de monarquías de Europa (de Gran Bretaña y Noruega), científicos expertos en biología, genética con tendencias eugenésicas y racistas, multimillonarios dueños o accionistas principales de grandes empresas tecnológicas del mundo informático y de la Inteligencia Artificial. También desfilan en la película cantantes, actores, gentes del jet set y de la farándula, que cuentan con millones de dólares en sus arcas.
Como el protagonista central de la película forma parte de tenebrosos servicios secretos tiene la misión, que asume con una impresionante meticulosidad, rigor y disciplina, de registrar cualquier movimiento de los miles de multimillonarios y hombres de éxito que participan en sus fiestas y orgías y vuelan periódicamente en el Lolita Express. También registra cualquier charla, por informal que fuera, con investigadores o científicos que no participan en esas fiestas de sexo y sangre, pero reciben sus favores, porque, además de todo, el protagonista de este film de terror, se presenta como un filántropo que patrocina proyectos, aparentemente desinteresados, en el campo de la genética, la biología, la IA y el transhumanismo. E impulsa esos conocimientos porque el protagonista tiene una manía esquizofrénica de alcanzar la eternidad. Como resultado de su culto a la información sobre sus tropelías y, sobre todo, la de “sus invitados”, archiva millones de correos electrónicos, miles de llamadas telefónicas, toma miles de fotografías y graba cientos de horas de videos, en los que aparecen escenas horripilantes de vejación y degradación de la condición humana de mujeres jóvenes.
El protagonista quiere que, por su potencia sexual y por la inteligencia que dice poseer, se conserven su pene y su cabeza para la eternidad, como una contribución personal a su visión de un mundo de supermillonarios egoístas y brutales que creen una realidad distópica en donde exista solamente ellos, junto con unos pocos miles de esclavos que sean sometidos por engranajes de tipo tecnológico.
El personaje cree que es de una raza superior y por eso pretende inocular con su semen a muchas mujeres para que estas queden embarazadas y traigan hijos superdotados al mundo.
El personaje se mueve en un mundo de supermillonarios y poderosos que son racistas, machistas, depredadores sexuales, que desprecian a los pobres y humildes. Ellos no tienen límites morales que les impidan bestializar a mujeres jóvenes con tal ejercer su poder y conseguir con ello todo tipo de placer corporal. Las mujeres pobres son simples objetos de placer, a las que puede violarse, torturarse y matarse si es necesario.
Todos estos vicios paganos no se realizan de forma completamente secreta, sino más bien reservada, porque periodistas, autoridades, senadores y presidentes saben de su existencia, pero como son protagonistas de los crímenes del pedófilo visible, guardan un silencio absoluto y aparecen en el escenario público como honestos hombres de la política y el espectáculo que cuentan con un amigo especial, al que idolatran por su audacia y capacidad de agenciar emprendimientos de fiesta, diversión y jolgorio en privado. En público presumen de su honestidad y transparencia, en privado ponen en funcionamiento todas sus perversiones y capacidad de hacer daño, sin ningún tipo de piedad ni arrepentimiento.
Todo es posible en estos “islotes de fantasía” porque quienes dictan e imponen el derecho son los poderosos, los mismos que participan en los crímenes y violaciones. Por eso, nada ni nadie los puede tocar, gozan de inmunidad e impunidad absolutas. E incluso, esos mismos superpoderosos son los que le dictan las normas y formas adecuadas y obedientes de comportamiento a los súbditos de sus propios países y a los del mundo entero.
Al final de la película, cuando es evidente que ya no pueden ocultarse por más tiempo estos paraísos del crimen, del sadismo y la sevicia, el protagonista de la película es juzgado y condenado. Termina en la cárcel, pero allí dura poco tiempo, porque sabe demasiado para vivir mucho tiempo. Un día aparece muerto y los medios de desinformación dicen que se ha suicidado, aunque la película muestra en directo que lo han matado.
Allí parece terminar todo, pero al final la película, anuncia una segunda parte en la que se dan a conocer los archivos secretos del pedófilo sionista. Y anticipa que son millones de documentos y se dice que su revelación hará temblar a los poderosos de la red internacional de sexo, negocios, academia y poder científico, porque en esos archivos están registradas todas sus acciones criminales.
Esto que se acaba de contar, por desgracia no es una película. Es la vida real. El personaje se llamaba Jefrey Epstein, las escenas escabrosas transcurren en los Estados Unidos y los personajes famosos que aparecen son Bill Clinton, Donald Trump, Bill Gates, el príncipe Andrés, Michael Jackson, Andres Pastran y miles de nombres más, de famosos, que forman parte de ese entramado criminal del capitalismo realmente existente.
Lo que muestran los Archivos Epstein es la quiebra moral del capitalismo y del imperialismo en su fase terminal. Es como si estuviéramos regresando a la decadencia del imperio romano, en donde reinaba Calígula (por eso a Donald Trump se le podría calificare de neo-Calígula).
No es la quiebra moral de un individuo, Jefrey Epstein, sino de una civilización, la occidental y cristiana, que naufraga en su propia podredumbre de mercantilización, consumo, lujo, derroche, sevicia, violencia, tráfico sexual y sangre.
Finalmente, películas como Salo, los 120 días de Sodoma de Pierre Paolo Passolini o la de Stanley Kubrick Ojos bien cerrados, han pasado de los estudios cinematográficos, a la vida real, por obra y gracia del capitalismo en su fase de putrefacción total. Y el mayor indicador de esa podredumbre tiene nombre propio, como personificación individual del capitalismo: Donald Trump, empresario inmobiliario, violador sexual, pedófilo redomado, evasor de la justicia y en la actualidad presidente de los Estados Unidos, con tanto poder que su vanidad y su espíritu de maldad congénita ponen en peligro al mundo.
Renán Vega Cantor | 14/03/2026
Publicado en papel en El Colectivo (Medellín), No. 115, marzo de 2026.
jueves, 23 de abril de 2026
La difícil situación del país es consecuencia directa del recrudecimiento del bloqueo
«La difícil situación del país es consecuencia directa del recrudecimiento del bloqueo y del cerco energético decretado por el gobierno estadounidense. Quienes culpan al Gobierno de Cuba de ello, son los mismos que pretenden ocultar y manipulan esos crueles efectos».
Así declaró en su cuenta en x el Ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez Parrilla, denunciando una vez más el efecto terrible del bloqueo y la manera burda en la que sus culpables, lo niegan.
Como prueba de nuestras razones, el ministro expresó también que «basta con ver cómo se aprecia una mejoría de la situación del Sistema Electroenergético Nacional con la entrada de un petrolero ruso, fruto de la solidaridad de esa nación y de nuestras gestiones», destacó».
«Entonces, ¿el bloqueo es real o no?», fue su pregunta conclusiva, cuya respuesta es, a estas alturas, incuestionable no solo para los cubanos, sino para el mundo entero: sí, el bloqueo, es real y genocida.
Redacción Internacional | internacionales@granma.cu
23 de abril de 2026 09:04:46
Guerra cognitiva, o hackear a los seres humanos
Las operaciones de la guerra cognitiva promueven y estimulan emociones, pensamientos y estados anímicos de tipo aversivos, que pueden escalar a niveles de alta intensidad
La naturaleza de la guerra ha cambiado de forma radical. Puede parecer una afirmación demasiado categórica, pero se trata de una realidad definida por la naturaleza de los conflictos actuales, marcados por el desarrollo vertiginoso de la revolución tecnológica.
Las Operaciones Militares de Apoyo a la Información (miso), dirigidas a influir en las audiencias «enemigas», en sus emociones, conductas y motivaciones, forman parte de esta manera de operar los conflictos. El término, definido por el Pentágono, sustituyó en 2010 a Psyop (Psychological Operation), utilizado desde la Segunda Guerra Mundial.
Según el documento Warfighting 2040, la Guerra Cognitiva (CW) «se basa en el uso de técnicas de desinformación y propaganda dirigidas a agotar sicológicamente a los receptores de información».
Sin embargo, las posibilidades de esta forma de hacer la guerra se amplían cada día, con el avance de las técnicas de información y desinformación; pero, sobre todo, con los progresos de las NBIC (Nanotecnología, Biotecnología, Tecnología de la Información y Ciencia Cognitiva).
Ya no se trata de dominar los cinco escenarios principales de la guerra convencional o no convencional (aire, tierra, mar, espacio y ambiente cibernético); ahora el enfrentamiento tiene lugar, además, en el dominio humano; por lo que la victoria dependerá de la capacidad que se tenga para imponer, a una audiencia elegida, un comportamiento deseado.
El ambiente digital posibilita coordinar gente dispersa y organizar enjambres de ataque con la misión de sembrar la incertidumbre, la desesperación, el miedo, la zozobra y el caos.
Con el dominio de la Inteligencia Artificial (IA), los analistas pueden construir modelos capaces de predecir atributos ocultos, entre ellos preferencias políticas, orientación sexual, etc.
Las redes sociales y las aplicaciones que utilizamos dejan cientos de miles de huellas que son utilizadas por las empresas de Big Data para construir perfiles de los usuarios y organizar grupos de interés.
Ocurre con frecuencia que la guerra de información (iw), por su estrecha relación con la CW, se confunde muchas veces con esta; pero la iw tiene como objetivo controlar el flujo de información, mientras que la cognitiva abarca todas las ciencias que se ocupan del conocimiento y sus procesos, la Sicología, la Lingüística, la Neurobiología, la Lógica, etc.
Cada plataforma de redes sociales, cada sitio web está diseñado para ser adictivo y desencadenar estallidos emocionales.
Según la cia, la naturaleza viral de internet dispone de potencial para afectar, e incluso cambiar el carácter de una persona en cuestión de segundos, y también su futuro a largo plazo, independientemente de quién sea o de su experiencia vital.
La subordinación de los medios en las tareas de manipular la información, construir estados de opinión y, en virtud de esto, modelar modos de actuación, se ha convertido en parte esencial de la estrategia del imperio estadounidense para lograr la hegemonía en un mundo que se le vuelve cada vez más difícil de manejar.
Trabajan para convocar al odio y fabricar percepciones negativas; obran sobre debilidades y deficiencias, sobre automatismos, miedos y estereotipos identificados. Dominar los estereotipos le permite al manipulador adueñarse del auditorio, a partir de resortes subjetivos.
Pero la CW va mucho más allá, cumple la tarea de degradar la capacidad de producir el conocimiento. Se dirige a la totalidad del capital humano para erosionar la confianza que sustenta a toda una sociedad. Su objetivo es hackear al individuo.
Las operaciones de CW apuntan a generar en las personas un estilo de pensamiento rígido que provoque resistencia a cualquier argumento, información, e incluso prueba de realidad que contradiga sus propias percepciones y opiniones.
Por otro lado, promueven y estimulan emociones, pensamientos y estados anímicos de tipo aversivos, que pueden escalar a niveles de alta intensidad, muy difíciles de manejar y sostener.
Empero, no se trata de algo totalmente nuevo. La labor de los servicios especiales estadounidenses para controlar la mente humana comenzó con proyectos como mk-Ultra.
Conocido también como Alcachofa, este proyecto fue una realidad dantesca, escalofriante: experimentos en el campo del inconsciente humano, pruebas de fármacos, drogas, implantes en el cerebro, cirugía, lobotomía… todo un almacén de horrores.
La tarea de llevar adelante mk-Ultra, en 1953, correspondió al Office of Scientific Intelligence (OSI), entidad fundada en 1948, y llegó a involucrar a más de 30 universidades y centros científicos del país.
Entre los campos de interés en las investigaciones estaba desarrollar paranoias, producir amnesia, provocar, mediante el uso de drogas, pensamientos ilógicos, manipular la violencia, estudiar el efecto de los ultrasonidos en conglomerados humanos, además de estudios sobre el cáncer y la leucemia.
En los tiempos que corren, la revolución ocurrida en las nbic (Nanotecnología, Biotecnología, Tecnología de la Información y Ciencia Cognitiva) es utilizada para controlar a los seres humanos, convertirlos en un arma contra sí mismos.
Las técnicas tradicionales de condicionamiento han sido reforzadas y llevadas a un estado casi de perfección, gracias a las posibilidades que ofrecen las neuroarmas.
Se trata de una contienda por apropiarse de nuestros sentidos, de nuestra forma de ver el mundo, por convertirnos en marionetas en manos de una élite selecta que procura eternizar sus privilegios sin gastar una bala.
Raúl Antonio Capote | internacionales@granma.cu
22 de abril de 2026 07:04:53
Fuente: Cognitive Warfare. La Guerra No Convencional
miércoles, 22 de abril de 2026
¿Estado fallido?
Este deterioro expreso es la erosión, sino desplome de la credibilidad y confianza en las instituciones y procesos democráticos. Los sondeos más recientes registran la continuación de una tendencia de desaprobación y desencanto con el sistema democrático estadunidense.
Siete de cada 10 estadunidenses están insatisfechos con la manera en que funciona su democracia, reporta Pew Research Center, que también informa que la mayoría opina que antes su país era un buen ejemplo a seguir para otros en el mundo, pero ese ya no es el caso.
Varias evaluaciones de la “salud” de las democracias registran un deterioro marcado de Estados Unidos durante la última década. La anual de Freedom House muestra que la calificación de la democracia estadunidense se desplomó más que cualquier otro país que esa organización define como “libre”, con excepción de Bulgaria y Nauru. El Índice de Democracia del Economist Intelligence Unit registra la peor calificación de Estados Unidos desde que empezó esta estimación anual en 2006 y, de hecho, define a ésta como una “democracia defectuosa”.
Sólo 16 por ciento del público estadunidense aprueba la gestión del Congreso federal; 79 por ciento lo reprueba, según el sondeo más reciente de Gallup, realizado en marzo. El ocupante de la Casa Blanca registró su peor nivel de aprobación desde que empezó su segundo mandato, con 38 por ciento, y 56 por ciento reprueba su labor.
De hecho, nada más 17 por ciento de estadunidenses confían en que su gobierno hará lo correcto siempre o la mayoría de veces, entre los niveles más bajos en unos 70 años de sondear este tema, reporta Pew.
Queda claro que al liderazgo político del país le importan poco estas calificaciones. Saben que sólo necesitan el voto de una minoría para ganar (Trump ganó con sólo 30 por ciento del electorado; los legisladores de ambos partidos hacen algo parecido). Y apuestan a que aproximadamente una mitad de las personas con derecho al voto no lo ejercen. A fin de cuentas, múltiples encuestas registran que las mayorías opinan que el gobierno no los representa y que más bien está al servicio de los ricos y poderosos.
Ahora, con iniciativas derechistas a nivel federal y en varios estados para obstaculizar y manipular el voto -–con tácticas de supresión del voto o rediseñando mapas electorales– se está sembrando aún mayor desconfianza de que cada voto cuenta y que el sistema funciona para las mayorías.
Casi todos, según los sondeos, saben que este sistema no funciona para expresar la voluntad y los intereses de las mayorías. Pero el juego continúa. Hasta con cada vez más arrogancia, como cuando Washington sigue juzgando los sistemas políticos de otros países e insiste que les guste o no, Estados Unidos es el ejemplo a seguir.
Eso, con un presidente que, a diferencia de sus antecesores que cumplen con la tradición de construir una biblioteca presidencial pública a sus nombres cuando dejan el puesto, éste declaró que su monumento probablemente sería un hotel de lujo en Miami, señalando que “yo no creo en construir bibliotecas o museos”. La maqueta incluye una torre de 47 pisos, con una estatua gigante del presidente con su puño en alto, todo de oro, of course.
(Es un alivio que también acaba de aprobar la aceleración de esfuerzos para el uso de drogas sicodélicas para fines médicos –ayudará a los periodistas y otros que tienen que reportar sobre todo esto–).
Tal vez antes de ofrecer recomendaciones, recetas o calificaciones a cualquier otro país, los estadunidenses –dentro y fuera del gobierno– deberían verse en su propio espejo y preguntarse si están por volverse un Estado fallido.
David Brooks | 22/04/2026
La Jornada
martes, 21 de abril de 2026
Filosofía de la tregua, no se suspende la guerra cognitiva
Entendemos que la guerra cognitiva no tiene límites debido a que no se guía por los ritmos perceptibles del conflicto bélico, sino por la persistencia estructural de la contienda ideología. Aunque una tregua militar podría conllevar la suspensión temporal de bombardeos o incursiones, la ofensiva mediática —que comprende operaciones de desinformación, manipulación semántica, saturación simbólica y fabricación de consensos— se intensifica precisamente en esos intervalos, donde la apariencia de “paz” abre las condiciones idóneas para la reconfiguración del relato predominante.
En ese sentido, la tregua no es un paréntesis, sino un dispositivo. Funciona como signo político que reorganiza percepciones, reordena jerarquías de credibilidad y legitima actores. Bajo la lógica de la guerra cognitiva, todo anuncio de distensión puede convertirse en una operación de reposicionamiento discursivo: quién aparece como pacificador, quién como obstáculo, quién como amenaza latente. No se trata de hechos aislados, sino de una arquitectura semiótica donde cada gesto diplomático es simultáneamente un mensaje dirigido a audiencias múltiples.
En este punto se encuentra una contradicción esencial: mientras se declara la suspensión de hostilidades materiales, se intensifica la generación de narrativas beligerantes. La tregua, lejos de neutralizar la confrontación, la desplaza al terreno simbólico, donde los costos son menos visibles pero no menos decisivos. La guerra cognitiva no destruye infraestructuras físicas, pero desarticula tejidos sociales, erosiona la capacidad crítica y naturaliza relaciones de dominación.
Esta continuidad ofensiva se sostiene en aparatos mediáticos transnacionales que operan como verdaderas fábricas de sentido. No se limitan a informar, construyen realidades. Seleccionan qué acontecimientos existen públicamente, cómo deben interpretarse y qué emociones deben suscitar. En ese marco, la tregua puede ser narrada como victoria, como concesión o como engaño, dependiendo del posicionamiento ideológico de quien controla los dispositivos de emisión.
Desde el punto de vista materialista de la semiosis, la guerra cognitiva no se considera un fenómeno secundario, sino que es un elemento constitutivo del modo de producción actual. La acumulación capitalista no sólo requiere plusvalor económico, sino también plusvalorsimbólico, adhesión, consentimiento, obediencia internalizada. La tregua, entonces, puede ser funcional a la reproducción de ese orden, al ofrecer una ilusión de racionalidad y control en medio de una estructura que sigue generando violencia sistémica.
No debe subestimarse el carácter disciplinador de estas operaciones. La tregua, presentada como gesto magnánimo, puede actuar como mecanismo de neutralización de la crítica. Quien cuestiona su autenticidad corre el riesgo de ser etiquetado como extremista o desestabilizador. Así, la guerra cognitiva no sólo produce relatos, sino que delimita los márgenes de lo decible.
Afirmar que la tregua no incluye la guerra cognitiva no es una denuncia coyuntural, sino una constatación estructural. Mientras exista una lucha por la hegemonía del sentido, mientras la producción simbólica esté concentrada en manos de poderes que responden a intereses de clase, la ofensiva mediática no sólo no se detendrá, se sofisticará.
Porque la verdadera interrupción de la guerra cognitiva no puede decretarse desde arriba, ni firmarse en acuerdos bilaterales. Exige una transformación radical de las condiciones de producción del sentido, una democratización real de los medios y una praxis crítica capaz de disputar la semiosis dominante. Sin ello, toda tregua será apenas una pausa en el ruido de las armas, pero no en el murmullo persistente de la dominación.
Una “tregua” no tiene precio fijo porque no es una mercancía homogénea, sino una relación de fuerzas en movimiento. Aun así, se puede construir una aproximación hipotética multidimensional que permita dimensionar órdenes de magnitud. Un gasto militar directo (lo que se deja de gastar o se redistribuye) puede fluctuar entre 100 y 500 millones de dólares diarios, en términos de combustible, logística, municiones, despliegues, inteligencia. Una tregua de 30 días implicaría, en apariencia, una “pausa” de entre 3.000 y 15.000 millones USD. Sin embargo, esto es engañoso: gran parte de ese gasto no desaparece, se reprograma (mantenimiento, rearme, reposicionamiento). También hay un costo de reposicionamiento estratégico (lo que se invierte durante la tregua). Las treguas suelen representar periodos de reestructuración intensiva. Entrenamiento, reabastecimiento, guerra electrónica, ciberoperaciones. Ese costo puede representar entre un 30 % y un 70 % del gasto bélico activo, es decir, miles de millones adicionales. La tregua no abarata necesariamente la guerra: la optimiza. Eso tiene impacto en mercados globales (energía, finanzas, seguros). Una tregua impulsada o capitalizada políticamente —como las asociadas a figuras como Donald Trump— puede mover mercados en cuestión de horas. Variaciones en petróleo y gas: 1 %–5 % diario, lo que implica decenas de miles de millones en capitalización; reducción temporal de primas de riesgo: beneficios financieros concentrados en grandes fondos.
Y la tregua puede incluso incrementar la inversión. Campañas mediáticas, operaciones psicológicas, manipulación de redes, producción narrativa. Grandes potencias destinan a este frente cifras que, indirectamente, pueden estimarse en cientos de millones o miles de millones USD anuales. Durante una tregua, ese gasto no se detiene: se intensifica, porque es el momento de disputar el relato de la “paz”. Si se forzara una cifra agregada —con todas las reservas del caso—, una tregua de corto plazo en un conflicto de alta intensidad podría implicar: Entre 5.000 y 20.000 millones USD en dinámicas económicas directas e indirectas (no ahorro real, sino redistribución). Impactos financieros globales que pueden superar decenas de miles de millones en valorización o pérdida de activos. Un costo humano y simbólico incalculable, que es donde realmente se juega su sentido histórico. La conclusión es incómoda pero necesaria: la tregua no tiene un “precio” en el sentido clásico; tiene una función dentro del metabolismo del conflicto. Más que cuánto cuesta, la pregunta decisiva es quién paga, quién cobra y quién redefine el sentido de lo ocurrido. Porque ahí, en esa contabilidad no declarada, es donde la tregua revela su verdadera economía. Hay que transparentar el financiamiento de las guerras.
Fernando Buen Abad Domínguez | 14/04/2026
Frankenstein quiere resucitar a Batista
Fulgencio Batista es una nostalgia criminal condensada en las fuerzas que anhelan subordinar la soberanía cubana a los designios del imperialismo en Estados Unidos y sus mafias. Bajo su régimen, la modernidad tuvo forma de casino, de burdel con luz neón, de latifundio obediente y policía política eficiente en la pedagogía del terror. Ese pasado no murió por desgaste natural, sino por acción revolucionaria. Y lo que fue derrotado no fue simplemente un gobierno, sino una matriz de poder. Resucitar a Batista es, en rigor, reconstituir esa matriz con prótesis contemporáneas, privatizaciones presentadas como libertad, precarización laboral maquillada como emprendimiento, desigualdad descrita como incentivo.
Este Frankenstein que hoy trabaja en el laboratorio mediático no improvisa. Recolecta órganos en los cementerios ideológicos de las burguesías: un pulmón liberal del siglo XIX que habla de república abstracta mientras olvida la exclusión material; un brazo neoliberal de finales del XX que promete eficiencia mientras concentra riqueza; un ojo tecnocrático que mide todo en términos de rentabilidad; una lengua posmoderna que relativiza la memoria y convierte la historia en narrativa intercambiable. Cada pieza es cuidadosamente suturada para que el cadáver camine con apariencia de novedad. Pero la coherencia vital no se logra con costuras; la dialéctica no se engaña con maquillaje.
Su operación es transparente: vaciar de contenido los signos y rellenarlos con conveniencia de clase. “Democracia” deja de significar participación popular sustantiva y pasa a equivaler a alternancia administrada por élites económicas. “Libertad” deja de nombrar condiciones materiales de existencia digna y se reduce a libertad de mercado. “Derechos humanos” se transforman en herramienta selectiva que condena adversarios y absuelve aliados. La criatura habla, sí, pero su voz es ventrílocua. La electricidad que la anima es propaganda.
No es casual que el laboratorio se active cuando las oligarquías se desesperan. Toda contradicción real es explotada como oportunidad simbólica. La mesa de disección mediática selecciona tejidos convenientes y descarta contextos incómodos. Así se fabrica el relato de que el pasado oligárquico podría ofrecer soluciones “modernas” a problemas contemporáneos. Humor negro: La dependencia se ofrece como terapia; la enfermedad se disfraza de medicamento.
Frankenstein no crea vida; reorganiza materia muerta. La burguesía, cuando visita sus cementerios ideológicos, no lo hace con nostalgia inocente, sino con cálculo estratégico. Sabe que la memoria es campo de batalla. Por eso intenta reescribir el pasado como si fuese un archivo editable. El régimen batistiano aparece entonces como etapa de “crecimiento”, omitiendo la concentración obscena de riqueza y la represión sistemática. Se habla de glamour y se silencia la tortura; se exhiben hoteles y se ocultan barrios marginales; se evoca estabilidad y se borra la censura. La criatura necesita un rostro presentable. Y los maquilladores trabajan con diligencia.
Sin embargo, la dialéctica histórica introduce un problema insoluble para el laboratorio: los sujetos. Los pueblos no son cadáveres pasivos. La memoria popular no es un depósito inerte. Cada intento de resurrección encuentra resistencias, recuerdos organizados, conciencia crítica. La electricidad propagandística puede animar temas del momento, pero no sustituye la experiencia histórica. La legitimidad no se injerta como órgano; se construye en práctica social. Y la práctica revolucionaria dejó huellas que no se desvanecen con campañas de marketing.
Este Frankenstein restaurador opera bajo la ilusión positivista de que la sociedad es un ensamblaje mecánico de piezas intercambiables. Cree que basta con sustituir la planificación por mercado, la propiedad social por privatización, la soberanía por alineamiento geopolítico, para que el cuerpo social funcione con mayor eficiencia. Pero la sociedad no es máquina, sino totalidad contradictoria. Las relaciones de producción no son tornillos que se cambian sin alterar la estructura. Cada órgano ideológico que se injerta trae consigo relaciones de poder. Y esas relaciones reconfiguran el conjunto.
Frankenstein quiere resucitar a Batista porque el pasado oligárquico ofrece una estructura familiar para el capital transnacional: apertura irrestricta, mano de obra disciplinada, recursos estratégicos disponibles. La criatura sería funcional al orden global. Pero toda funcionalidad tiene costo social. La desigualdad no es efecto colateral, sino condición estructural. Y la soberanía no es compatible con subordinación. De ahí que la resurrección no pueda ser parcial: requiere amputar conquistas, desactivar derechos, fragmentar tejido comunitario. Cada órgano injertado exige una renuncia colectiva. El restauracionismo no es ingenuo. Sabe lo que hace. No busca reconocimiento afectivo, sino rentabilidad política. Su ética es instrumental. Si habla de derechos es para mercantilizarlos; si invoca pluralismo es para despolitizar la economía; si promete inversión es para repatriar ganancias. No hay inocencia trágica, sino cálculo de clase.
Frankenstein seguirá buscando órganos en los cementerios ideológicos de las burguesías mientras exista interés en reinstalar la lógica del lucro como árbitro supremo. Pero la historia no es sala de anatomía estática. Es conflicto vivo. Cada intento de resurrección revela, paradójicamente, la persistencia de aquello que se pretende enterrar: la voluntad popular de decidir su destino. Y frente al rayo propagandístico que pretende animar cadáveres, la conciencia organizada es tormenta propia. No eléctrica ni prestada, sino histórica.
Fernando Buen Abad Domínguez | 02/03/2026
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