Cualquiera sea la forma en que Estados Unidos intente disimular el acuerdo de alto al fuego, lo cierto es que estamos frente a un gran recule del magnate republicano.
Luego de sus diatribas y amenazas de un ataque devastador que implicaría la “muerte de una civilización”, Estados Unidos se avino a un alto al fuego de dos semanas, menos de dos horas antes de que venciera el ultimátum que había lanzado Trump para que Teherán reabriera el estrecho de Ormuz.
Además de anunciar el fin de las hostilidades de forma “bilateral”, Trump también afirmó haber recibido una propuesta de 10 puntos de Irán para la paz que describió como “una base viable para la negociación”.
Muchos de los aspectos del acuerdo de alto el fuego son todavía controvertidos y las versiones que se van difundiendo no son siempre coincidentes. Pero, aún con estas prevenciones, el acuerdo constituye una victoria incontrovertible de Irán al admitir Trump que las condiciones planteadas por Teherán, que la Casa Blanca venía rechazando y consideraba inaceptables, son “viables” para empezar a negociar.
¿Qué exige el plan de 10 puntos de Irán?
Las condiciones difundidas por el Consejo Supremo de Seguridad Nacional iraní incluyen garantizar la no agresión contra Irán, el levantamiento de todas las sanciones primarias y secundarias, el control iraní sobre el estrecho de Ormuz, la retirada militar estadounidense de Oriente Medio, el fin de los ataques contra Irán y sus aliados, la liberación de los activos iraníes congelados, detener la guerra en todos los frentes de resistencia (incluido el Líbano), pagar las reparaciones de guerra a Irán y una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que haga vinculante cualquier acuerdo” (The Guardian, 8/4).
En la versión publicada en persa y difundida por los medios iraníes, Irán también incluye como condición la “aceptación del enriquecimiento” de uranio para su programa nuclear. Sin embargo, esta frase no figuraba en las versiones en inglés que la diplomacia iraní ha compartido con la ONU.
Teherán ha dicho que solo aceptará el fin de la guerra si se aceptan las 10 exigencias que ha hecho llegar a la Casa Blanca a través de los mediadores pakistaníes (ídem).
Era de esperar que, luego de este desenlace, franjas importantes de la población iraní hayan salido a celebrar el acuerdo en las calles. No se nos puede escapar, de todos modos, que esto no clausura el conflicto. Estamos frente a una tregua precaria que no asegura el fin de la guerra. Varias de las condiciones han sido rechazadas en el pasado de modo tal que pueden terminar empantanando las negociaciones que van a realizarse -a la espera de la confirmación de las partes- el próximo viernes en Islamabad, capital de Pakistán.
¿Qué implica el alto el fuego para Ormuz?
Irán mantiene el control militar sobre el estrecho de Ormuz. Esta era la condición que ponía sobre la mesa Teherán para aceptar el alto el fuego y Washington ha aceptado según Irán. De acuerdo a algunas informaciones, el plan permite a Irán y Omán cobrar una tasa de hasta 2 millones de dólares (unos 1.710.000 euros) por buque a las embarcaciones que transiten por el estrecho. Estados Unidos también tendrá su papel en el estrecho y “ayudará a mejorar el tráfico” de embarcaciones, según anunció Trump, sin dar más detalles. Trump augura que ganará mucho dinero en la región, pero es Irán el que cobrará el peaje de Ormuz (Infobae, 8/4).
Las incógnitas son muchas. Desde Washington, distintas fuentes han salido a desmentir el alcance y el contenido de lo acordado y a plantear que se trata de “fake news” que está propagando el régimen iraní.
No olvidemos que hay condiciones en la propuesta de Irán que se han considerado líneas rojas en anteriores negociaciones. Una de ellas es el levantamiento de todas las sanciones impuestas a Irán desde la administración de George W. Bush; es poco probable que el presidente acepte pues ya abandonó el acuerdo nuclear promovido por Obama, en el que Irán renunciaba a su programa nuclear a cambio del levantamiento de sanciones. El plan que ha recibido Trump incluye la condición de que Teherán continúe enriqueciendo uranio -en caso de que se confirme que la propuesta forma parte del plan de 10 puntos de Irán. Sin embargo, parece evidente que la Casa Blanca también rechazará este punto, pues el principal argumento que ha dado para la guerra es eliminar la ambición nuclear iraní. El estrecho de Ormuz es un punto estratégico, de manera tal que es poco probable que admita el control total de ese enclave.
Por otra parte, Pakistán asegura que Líbano está incluido, pero Israel lo niega y sigue bombardeando su país vecino. Aun admitiendo el cese del fuego en el Líbano, es muy improbable que el régimen sionista se retire del territorio ocupado al sur del río Litani. De un modo general, los ataques por parte de Estados Unidos e Israel, aún después de anunciado el alto el fuego, han continuado, lo cual ya han hecho en otras oportunidades en el pasado. La violación de los acuerdos es una constante en la política yanqui, sin ir más lejos en el marco del llamado “plan de paz” en Gaza. Habrá que seguir con atención los próximos pasos de Estados Unidos e Israel pero no hay que descartar que las tensiones entre ambos -que se han evidenciado a lo largo del conflicto- se acentúen. Netanyahu sería partidario de prolongar la guerra, lo cual no se compadece con los planes de Washington, al menos en lo inmediato.
¿Cómo se ha consumado el pacto?
Hay diversos factores que hay que tener en cuenta en este alto al fuego. Uno ellos es que Estados Unidos e Israel han tropezado con una resistencia que ha sorprendido a los observadores.
Trump ha afirmado que la capacidad militar iraní estaba destruida. Pero Irán ha respondido con misiles y drones que alcanzan a Tel Aviv y objetivos israelíes en todo el territorio ocupado y a 8 países de la región, infligiendo golpes a infraestructura militar yanqui y de los países árabes y poniendo en jaque sus economías. Ha derribado aviones y helicópteros, demostrando que sus defensas antiaéreas funcionan. En Líbano chocó contra las milicias de Hezbollah que siguen lanzando misiles y golpeando al ejercito israelí, aunque Netanyahu había sostenido que estaban destruidas. Los hutíes en Yemen volvieron a retomar sus represalias en el Mar Rojo.
Mientras tanto, el cierre del Estrecho de Ormuz disparó el precio del crudo y se ha convertido en una bomba de tiempo. La disparada del petróleo acelera las tendencias inflacionarias y un incremento de las tasas de interés y amenaza con convertir el actual impasse económico capitalista en una recesión mundial.
Trump se metió en un laberinto del cual se le ha vuelto cada vez más difícil salir. Necesita terminar la guerra pronto, pero de una forma que no sea humillante. Su esfuerzo por tratar de mostrar una victoria ha resultado infructuoso. La alternativa frente a esta situación sería apelar a una invasión terrestre. Pero una aventura militar de este calibre tiene un desenlace incierto y grandes chances de terminar en un fracaso como ya ocurrió con las ocupaciones de Irak y Afganistán y, antes de ello, en la guerra de Vietnam.
Este atolladero es expresión de la decadencia de Estados Unidos como potencia imperialista hegemónica. La escalada militar en la que está embarcado Trump apunta a revertir ese declive pero tropieza con obstáculos que se multiplican y se interponen en su camino.
Es necesario no perder de vista que las presiones vienen también desde dentro. La mayoría de los estadounidenses se opone a la guerra y están disconformes por el aumento del precio de la gasolina. Los índices de popularidad de Trump están cayendo, y todo esto podría costarle una derrota en las elecciones de medio término. El descontento ha ido acompañado de movilizaciones multitudinarias, que se vienen replicando en los últimos meses: ocho millones de estadounidenses vienen de ganar las calles con la consigna “No Kings”.
En la mediación a contrarreloj de Pakistán, que culminó con el acuerdo, han jugado también actores internacionales. En la retaguardia, China movió los hilos para alentar a Pakistán, socio comercial privilegiado de Pekín, a que encontrara una vía para el alto el fuego. Esto coincide con declaraciones de Trump, quien comentó que creía que Pekín había contribuido a que Teherán se aviniera a negociar buscando salir fortalecida en esta coyuntura. Moscú, a su vez, habría jugado un rol para arribar a un arreglo. Putin pretende utilizar sus buenos oficios en el conflicto de Medio Oriente como prenda de negociación con Washington en torno a la guerra de Ucrania. Por lo pronto, Washington tuvo que recurrir al petróleo y gas rusos, para intentar contrarrestar la sideral disparada de ambos como consecuencia de la guerra.
En paralelo, la guerra precipitó una división mayor que la que ya existe en la Otan. Que varios de sus socios (Francia, España, Gran Bretaña) le hayan denegado el uso de sus bases o de su espacio aéreo a Estados Unidos revela hasta qué punto están llegando las tensiones.
Del panorama aquí expuesto está claro que estamos ante un acuerdo endeble. Las tendencias bélicas responden a una crisis profunda y vertebral del capitalismo, que está alimentando las tendencias a una guerra mundial. La putrefacción capitalista que enfrentamos es un caldo de cultivo de grandes crisis nacionales e internacionales, y, en paralelo, de convulsiones sociales y rebeliones populares.
Más que nunca, es necesario redoblar la movilización internacional por la derrota del imperialismo yanqui y del sionismo en la guerra imperialista.
Pablo Heller


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