jueves, 31 de marzo de 2016

Marzo de 1961: un mes colmado de agresiones y provocaciones




A pesar de la ocurrencia de atentados y provocaciones, la Revolución continuó adelante

Abocado el país a una inminente agresión mi­litar por fuerzas que se entrenaban en el exterior, en marzo de 1961 los sabotajes y agresiones del gobierno de Estados Unidos contra Cuba se in­cre­mentaron y las provocaciones aé­reas se multiplicaron. Por lo general, cada día, dos o tres aviones a chorro, procedentes de la ilegal Ba­se Na­val en Guantánamo, sobrevolaban nuestro territorio a una altura de 500 pies y en un rumbo de este a oeste. Más de 160 violaciones fueron registradas, incluyéndose entre ellas los helicópteros que s­a­lían de esa base, descendían unos minutos hasta posarse en territorio cubano y luego volvían a su lugar de origen.
Eran las semanas cercanas a los días de la in­vasión mercenaria por Playa Larga y Playa Gi­rón. Las intenciones enemigas iban dirigidas a debilitar nacional e internacionalmente a la Re­vo­lu­ción Cubana y crear las condiciones para materializar los objetivos que se habían propuesto.

LAS PRIMERAS AGRESIONES DEL MES

El primero de marzo, la prensa dio a conocer la noticia de que manos enemigas, al servicio del imperialismo yanqui, habían hecho estallar un petardo en los baños del plantel Nobel Academy —sito en 10 de Octubre No. 202, esquina a San Mariano—, con el trágico saldo de nueve heridos, entre los cuales estaba una niña que perdió la visión.
También ese día fue el sepelio del miliciano Máximo Gómez González, vilmente asesinado en Marianao por varios elementos contrarrevolucionarios.
El 2 de marzo, el presidente ecuatoriano José María Velazco Ibarra, reveló que el gobierno de Estados Unidos había condicionado la concesión de unos préstamos que Ecuador necesitaba para resolver apremiantes problemas, a que su país rompiera las relaciones diplomáticas con Cuba.
Los cubanos conocimos esa noticia mientras aviones piratas procedentes del norte, lanzaban propaganda contrarrevolucionaria en varios lu­ga­res del país. Acción que repetirían varias veces durante el mes.
Al siguiente día, elementos contrarrevolucionarios, hicieron estallar una bomba frente al edificio “SUMESA”, en el reparto Altahabana, causando la muerte al joven estudiante de Co­mer­cio José María Méndez Marrero.
Como consecuencia de un nuevo acto terrorista, el 8 de marzo, se dio sepultura al miliciano Carlos Rodríguez Borbolla, asesinado cuando custodiaba el almacén de papel de bobina sito en Franco, entre Lindero y Santa Marta. Dos días después, el 10 de marzo, también fue sepultado el miliciano Raúl Silvio Vega, quien murió a consecuencia de las heridas que había recibido, va­rios días antes, por criminales al servicio de la con­trarrevolución.
El 11 de marzo la sesión inaugural del Comité de Libertad de Prensa de la Sociedad Intera­me­ricana de Prensa (SIP) tuvo como tema central atacar a la Revolución Cubana y a la agencia Prensa Latina. Manejada por los dueños de los grandes rotativos del hemisferio, la SIP no halló otra fórmula para secundar las presiones nor­teamericanas que embestir contra Prensa Latina para restarle valor como agencia de noticias.
En la madrugada del 13 de marzo, en típico acto de piratería, un barco procedente de la base norteamericana, atacó con un cañón y ametralladoras de grueso calibre las instalaciones de la re­finería de petróleo de Punta Gorda, en San­tiago de Cuba. En el ataque murió el marinero cubano René Rodríguez Hernández.

LAS VACUNAS ESTABAN VENCIDAS

Ese día, 13 de marzo de 1961, en la escalinata de la Universidad de La Habana, el Coman­dante en Jefe Fidel Castro Ruz ofreció detalles acerca de las cínicas declaraciones de Kennedy respecto a un lote de 165 vacunas antipoliomielíticas suministradas a un funcionario cubano por representantes de la Cruz Roja norteamericana en la Base Naval de Guantánamo.
El hecho ocurrió cuando, al producirse un bro­te de poliomielitis en la ciudad, un fun­cio­nario de la Cruz Roja guantanamera, en vez de solicitar vacunas a la Cruz Roja Nacional —y sin consultarlo previamente— solicitó algunas va­cunas a la Cruz Roja de la Base Naval. En el momento de la entrega acudió allí una plaga de reporteros y de fotógrafos, y con mucha ceremonia y solemnidad levantaron acta e hicieron una gran algarabía en torno a la va­cuna.
Apenas habían pasado 48 horas cuando, en una conferencia de prensa, John F. Kennedy —haciendo un uso indigno y politiquero de aquel hecho—, con voz almibarada declaró que él tenía “una gran simpatía por el pueblo de Cu­ba, como lo demostraban esas vacunas que ha­bía mandado allí. […] lo más ridículo de todo eso —según contara Fidel a los estudiantes reunidos frente al Alma Mater— fue que entretenidos en politiquear con aquellas vacunas, no se dieron cuenta, o no quisieron darse cuenta de que ha­bían mandado unas vacunas que estaban vencidas desde hace tres meses”.[1]

CONTINÚAN LAS AGRESIONES

Las bandas de alzados —que habían proliferado en las zonas el Escambray en espera de la invasión, organizadas por el imperialismo y llevando luto a las familias campesinas con múltiples crímenes—, fueron desarticuladas por la acción revolucionaria de las Milicias y el Ejército Rebelde. El 14 de marzo, el Ministerio de las Fuerzas Revolucionarias publicó un comunicado por el cual dio a conocer que, “de los quinientos hombres aproximadamente que a principio de enero integraban los grupos contrarrevolucionarios divididos en diez bandas, han sido puestos fuera de combate 420, de la siguiente forma: 39 muertos y 381 prisioneros”.[2]
También el 14 de marzo, elementos contrarrevolucionarios de forma sincronizada incendiaron los Ten Cents de las calles Monte y Suárez y Obispo y Habana, ocasionando varios heridos y grandes pérdidas.
El 15, en Trinidad, el miliciano Miguel Rodrí­guez Rodríguez fue atacado y herido por elementos contrarrevolucionarios.
En su edición del 17 de marzo, el New York He­rald Tribune anunció que, en las próximas semanas, se producirían invasiones a Cuba por diferentes puntos de la Isla de manera simultánea. Y, el 18, se dio a conocer otro brutal asesinato en el Escambray, esta vez la víctima fue el cam­pesino Manuel Rodríguez Pozo.
El 21 de marzo, con la explosión de una po­tente bomba en un auto que estaba estacionado en calle 15 entre 2 y 4, en el Vedado, murieron dos personas, ignorándose si las víctimas estaban dentro o fuera del vehículo, ya que sus cuerpos fueron lanzados a ambos extremos de la acera. Frente al lugar de la explosión radicaba la Unión Sindical de los Viajantes de Medicina, donde se ha­bía efectuado un acto de la Federación de Mu­je­res Cu­ba­nas. En el momento de la explosión se hallaban todavía en el lugar numerosas asistentes al acto. Ese día también explotó un pe­tardo en San Ni­colás entre San Lázaro y Ma­le­cón y otro en el Cerro, en calle Cocos entre Au­ditor y San Pablo.
En el hotel Biltmore de Nueva York, el 23 de marzo, quedó constituido el “Gobierno Pro­vi­sional Contrarrevolucionario”, presidido por José Miró Cardona, quien expresó que aspiraba a derogar todas las leyes revolucionarias a fin de devolver a los monopolios extranjeros, a los latifundistas y a los grandes propietarios de fincas cubanas, las propiedades confiscadas por el Go­bierno Revolucionario. Era el Gobierno Pro­vi­sio­nal que Estados Unidos había concebido pa­ra tan pronto la brigada invasora de mercenarios ocupase una cabeza de playa, solicitara su apo­yo para ocupar el resto del territorio na­cional.
También ese 23 de marzo un crucero nor­tea­me­ricano atacó, con fuego de artillería an­tiaérea, a un avión cubano que volaba a la al­tura de Imías, en la zona de Guantánamo.
El 29 de marzo se conoció que —en la calle 32 No. 210, en El Vedado—, había sido ocupada una fábrica de bombas y gran cantidad de ar­mas. Asimismo, en el inmueble sito en San Ra­fael No. 966 entre Espada y Hospital, fueron de­te­nidos varios jefes de grupos terroristas, mientras desarrollaban una reunión para acordar la unificación de las pandillas terroristas.

ARRECIAN LAS AGRESIONES EL ÚLTIMO DÍA DE MARZO

Ninguna de las violaciones y agresiones pueden ser consideradas como hechos aislados. Todas tenían como denominador común destruir la Revolución Cubana, bien provocando el miedo o buscando un pretexto que justificara la agresión ante la opinión pública internacional.
Una de las acciones de más impacto ocurridas el 31 de marzo, fue la criminal provocación perpetrada por elementos contrarrevolucionarios en el parque de Güines, donde las instituciones católicas y los creyentes participaban en la tradicional representación de la Pasión y Muerte de Jesucristo. En plena actividad religiosa, un grupo de contrarrevolucionarios llegó dando gritos y atacando a varios espectadores; otro hizo numerosos disparos desde un automóvil y, para hacer más dramática la situación, lanzaron fósforo vivo cerca del escenario. La rápida ac­ción del pueblo evitó que se produjera un incendio, pero no pudo evitar que se produjeran heridos, algunos de ellos muy graves.
También, ese último día de marzo, a las 13:30 horas, un guardacostas de la Marina de Guerra Revolucionaria interceptó una goleta de Estados Unidos en aguas jurisdiccionales de Cuba y le pidió que le siguiera hasta el puerto de Baracoa con el propósito de aclarar su situación. Poco después llegaron al lugar dos aviones a chorro, los cuales descendieron continuamente sobre el guardacostas. Luego, dos aviones de guerra cu­yas maniobras tan cercanas causaron intoxicación de algunos marineros miembros de la tripulación. Media hora más tarde, llegaron otros dos aviones tipo Catalina y, después aparecieron dos destructores norteamericanos que prosiguieron en su intento por amedrentar a la embarcación cubana. La situación alcanzó tal nivel de tensión que —según escribiera el ministro de Relaciones Exteriores Interino, doctor Carlos Olivares en una nota de protesta entregada al embajador de Suiza en Cuba—, “las autoridades cubanas que estaban conociendo del hecho, percatadas del ine­quívoco propósito provocador de las unidades de guerra norteamericanas, ordenaron al guardacostas cubano que permitiera a la goleta en cuestión proseguir libremente su rumbo”[3] frustrando de este modo un grave incidente de consecuencias imprevisibles.
Gracias que en Palm Beach, Florida, dos altos jefes policiales desbarataron una nueva conjura al desmentir la información de la agencia de noticias norteamericana UPI, en el sentido de que cuatro cubanos tramaban el secuestro de la hija del presidente John F. Kennedy.
A todos estos acontecimientos del 31 de mar­zo se suma que, coincidentemente, ese día vencía el plazo de la Ley Azucarera contra Cu­ba, aprobada por el Gobierno norteamericano, la cual concedía poderes extraordinarios al presidente de Estados Unidos para redistribuir las cuotas de azúcar en el mercado estadounidense. John F. Kennedy decidió aprobar una prórroga de la Ley por otros 15 meses y eliminar definitivamente a Cuba como proveedor de azúcar a ese país.

A PESAR DE TANTAS AGRESIONES, LA REVOLUCIÓN NO SE DETUVO

Esos atentados y provocaciones que ocu­rrían continuamente, no impidieron que avanzara la Revolución. Mientras hombres y mujeres se preparaban para enfrentar militarmente la in­minente amenaza de invasión, la primera za­fra del pueblo se desarrollaba con la participación de decenas de miles de macheteros vo­luntarios.
Y la Campaña de Alfabetización, a cuya or­ganización e implementación se dedicaban los mayores esfuerzos, fue priorizada de modo tal que, cuando Armando Hart, entonces ministro de Educación, tuvo que viajar al frente de una de­legación cultural por varios países de Europa, Fidel Castro asumió el cargo de ministro de Edu­cación para dirigir personalmente la batalla contra el analfabetismo.
Producción, defensa y alfabetización no se de­tuvieron a pesar de que en la segunda quincena de abril el pueblo cubano tendría que en­frentar y derrotar a un ejército de mercenarios invasores.

Eugenio Suárez Pérez | internet@granma.cu
Acela Caner Román | internet@granma.cu

[1] Revolución. 14 de marzo 1961. p. 3.
[2] Revolución. 14 de marzo 1961. p. 1.
[3] Revolución, 5 de abril de 1961, p. 8.

Wall Street en La Habana: tres tesis no bien ponderadas




Con la intención de aportar valor operacional, para nuestras luchas liberadoras, a los análisis que se han hecho alrededor de la vista del presidente norteamericano a Nuestra América y en especial a la capital cubana, propongo al debate tres tesis que considero no han sido bien ponderadas por todos los analistas. Dado el imperativo, para los revolucionarios caribeños y latinoamericanos, frente al hecho concreto y recientemente alertado por líder histórico de la Patria Grande Fidel Castro, de que “no estamos suficientemente informados”, ni “con los conocimientos y las conciencias que debiéramos tener para enfrentar las realidades que nos desafían.”[1]
1) El supuesto aislamiento regional de los EE. UU. en la región como variable determinante en el cambio táctico del ejecutivo norteamericano con relación a Cuba, y anunciado por el propio presidente Obama en su discurso del 17D [2], no es más que una cortina de humo, para ocultar la verdadera intención hegemónica y contraofensiva de las élites de poder imperialistas para con su “traspatio”: la subversión del sistema político cubano, de la revolución bolivariana y la “conducción” hacia una macri-argentina de todos los “desviados” proyectos progresistas, integracionistas y antiimperialistas del Bravo a la Patagonia.
2) El enviado o representante de Wall Street a La Habana, dada la imposibilidad inmediata de adelantar sus intereses de clase mediante la diplomacia con la dirigencia política y las instituciones legítimas de la isla, vino a negociar con la sociedad civil cubana, componente del sistema político cubano con mayor posibilidad de recepción política a su discurso de “cambio”, según el background teórico del presidente y las consideraciones de sus asesores, la Academia y los tanques pensantes a su servicio.
3) La propuesta de “cambio” del presidente Obama para la sociedad civil cubana, no es un simple cambio sicológico o comportamental con relación a la historia o conceptos como libertad política y derechos civiles, sino una estrategia de transición pacifica a la democrática diseñada para Cuba, con precedentes y referentes teóricos como Transiciones desde un gobierno autoritario (1986) [3] y de De la Dictadura a la Democracia (1993) [4], y otros engendros más pragmáticos y ofensivos [5], en especial el titulado Apoyo para una transición democrática en Cuba (1997) [6]. Tan solo que ahora Wall Street enriquece los recursos políticos y metodológicos.

J. A. Téllez Villalón

Notas:

1. http://www.telesurtv.net/opinion/Articulo-de-Fidel-Castro-El-hermano-Obama-20160328-0005.html
2. https://www.youtube.com/watch?v=CEDzfIy_K1s
3. Ver de Guillermo O'DonelI, PhiIippe C. Schmitter y Laurence Whitehead (comps.). Transiciones desde un gobierno autoritario. Buenos Aires. Ed. Paidós, 1988 (cuatros tomos).
4. Ver de Gene Sharp, De la Dictadura a la Democracia. Un Sistema Conceptual para la Liberación. East Boston. The Albert Einstein Institution, 2011. (Este texto se publicó primero en Bangkok en 1993 por el Comité para la Restauración de la Democracia en Birmania).
5. Ley para la democracia en Cuba, Torricelli (1992) y Ley para la Libertad y la Solidaridad Democrática en Cubana, Helms-Bulton (1996).
6. http://pdf.usaid.gov/pdf_docs/pcaaa711.pdf

Rock y socialismo, ¿todo gratuito?


“me vienen a convidar a tanta mierda”.
El Necio, Silvio Rodríguez

Los Stones tocaron gratis en Cuba. Bien por el medio millón de cubanas y cubanos que tuvieron la oportunidad de verlos y escucharlos. Cuando estuvieron en Chile o en Argentina o en Perú en días pasados, muchos de los admiradores y seguidores de su música no lo pudieron hacer. Los precios de las entradas eran prohibitivos, estos iban desde los 60 a los 750 dólares, para la gran mayoría de la ciudadanía, especialmente de los sectores trabajadores y populares, estos no tenían ninguna posibilidad de adquirirlas. Solo las y los chilenos ABC1, tuvieron la oportunidad de escucharlos. Lo mismo ocurrió en Argentina y en el Perú. Sin embargo las y los cubanos que apenas los conocen, por la estúpida e incomprensible prohibición de escucharlos por parte del Partido, pudieron asistir a un concierto de una de las bandas más costosas del circuito rockero mundial y de manera gratuita, es sin lugar a dudas, sospechoso.
Por eso, independientemente de lo positivo que tiene la presencia de los Stones en Cuba, deberíamos preguntarnos: ¿quién pago a los Stones para tocaran gratis en La Habana?
Cabe señalar que los Stones no es la primera ni la única vez que tocan en una sociedad "socialista". A lo largo de su historia musical tocaron en su decadente música, como fue declarada por el comunismo soviético, en los países del Este europeo o de la órbita soviética. Tocaron, por ejemplo, en Varsovia, Polonia, en 1967. Por cierto no lo hicieron gratis. En aquella ocasión hubo disturbios y protestas de las y los jóvenes que no pudieron ingresar a sus conciertos. Según Mick Jagger: "la gente que no pudo conseguir boletos era la que protestaba. En cambio, todos los hijos de los miembros del partido y la alta burocracia sí que los tenían".i
O sea, los Stones no hacen caridad musical. Alguien debió pagar el concierto de La Habana, lo más seguro que no fue el Gobierno cubano, por su pobreza endémica de divisas. Entonces, ¿quién fue y a cambio de qué?
Lo más seguro que lo hizo el Gobierno de B. Obama. El gobierno de EE.UU. igual que ayer, o sea antes de la revolución, comienza a comprar a las y los cubanos.
Habrá que esperar que el medio millón de ciudadanos cubanos socialistas que asistieron al concierto tengan consciencia de que el rock es y ha sido una manifestación artística musical extraordinaria. Pero a pesar de todos los aspectos de rebeldía libertaria que lo componen es una gigantesca industria capitalista que mueve millones y millones de dólares en todo el mundo.
Lo más probable que la presencia de los Stones en La Habana no se explique por otras razones que no sean los "negocios" no solo financieros del capitalismo sino también los ideológicos. Una dimensión más de la nueva ofensiva estadounidense para recuperar Cuba para el sistema capitalista regional.
Hasta ahora el restablecimiento de relaciones diplomáticas entre ambos países ha estado dominadas por las simetrías simbólicas y sobre todo de un cuidado equilibrio político y de poder, por cierto ficticio, entre los dos gobiernos. Pues, lo verdadero es que el “poder” lo tiene EE.UU. y no Cuba. Hasta ahora no hemos visto a ciudadanos estadounidense vistiendo poleras con la bandera cubana como hemos visto a los cubanos portándola en La Habana.
Por lo tanto si se trata de mantener los equilibrios simbólicos, estaré esperando, por ejemplo, que el gran cantautor cubano Silvio Rodríguez sea recibido ya sea en el Madison Square Garden de Manhattan, Nueva York, o que sea debidamente homenajeado por su contribución a las artes musicales en el Centro John F. Kennedy para las Artes Escénicas en Washington DC. Y que B. Obama y su gente, más invitados selectos, aplaudan a Silvio interpretando, por ejemplo, “El Necio”.

Juan Carlos Gómez Leyton

Nota:
i Archivo personal de la Historia del Rock. Capitulo IV, Los Rolling Stones. Tomado de la Revista Ritmo. Los Rolling Stones no conocen las fronteras. Reportaje de la extensa gira realizada en Rusia.

Juan Carlos Gómez Leyton. Académico Universitario.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor medi

miércoles, 30 de marzo de 2016

La diplomacia del símbolo




Cuentan que más de un fotorreportero se quedó con las ganas de atrapar para la historia la imagen de Barack Obama luciendo guayabera blanca, al descender por la escalerilla del avión presidencial el 20 de marzo pasado. No hubiera sido recomendable, porque si de algo no carece el mandatario es de asesores, menos aún de expertos en publicidad, marketing. Ver aparecer a Obama por la puerta delantera del AIR FORCE ONE con la cubanísima prenda hubiera sido una pifia de lesa comunicación, una burda manipulación que ellos, maestros en construir y reconstruir la imagen de políticos, no se hubieran perdonado.
Porque, a no dudar, desde la perspectiva comunicológica la histórica visita a Cuba del primer jefe de la Casa Blanca en los últimos 88 años corrobora cómo delinearse la imagen de un supuesto nuevo Mesías para Cuba y la región latinoamericana, a la usanza de la llamada guerra de cuarta generación, definida así por el especialista en inteligencia y comunicación estratégica, el argentino Manuel Freytas.
“Ya no se trata de una guerra por conquista de territorios —alega—; sino de una guerra por conquista de cerebros (…). El objetivo ya no es matar, sino controlar. Las balas ya no apuntan a su cuerpo, sino a sus contradicciones y vulnerabilidades psicológicas”.
En tal contexto, Obama optó por hacer las maletas y visitar Cuba. La determinación, más allá de los intereses explícitos o subrepticios que lo animaron a venir como dueño y señor de la Casa Blanca, no deja de constituir un episodio osado y riesgoso, incluso para su vida, gesto personal que debemos reconocer en un acto elemental de justicia política.
Sin embargo, ello no debe desmarcarnos de otra realidad, como acertadamente reflexiona el catedrático cubano Darío Machado, si Obama “resultara infuncional a los poderes fácticos que rigen el Estado norteamericano difícilmente habría sido elegido presidente en 2008, ni reelegido en 2011, ni habría iniciado el cambio de política hacia Cuba”.
En la antípoda del poder duro, a lo George W. Bush (2001-2009), el primer presidente afroamericano de EE.UU. ha hecho gala del SoftPower (poder blando), a través de la dinastía de lo simbólico, de la imagen, de la palabra no impuesta; sino seductora. Habría que coincidir con el Premio Nacional de Ciencias Sociales Fernando Martínez Heredia, quien define esa contienda como una “guerra cultural”, cuyo “maestro” es, claro, el gobierno de Estados Unidos.
Por ello, hay quienes —sin dejar de ponderar el impacto y la excepcionalidad del suceso— no se sienten rehenes de la sorpresa ante la conversación telefónica entre el personaje de Pánfilo —concebido e interpretado por el actor Luis Silva en el programa humorístico Vivir del cuento— y Obama. Dotado de cualidades histriónicas, al jefe de Estado se le vio dialogar distendidamente desde el mismísimo despacho oval, símbolo de la presidencia de EE.UU. y lugar donde Kennedy dio la noticia de la Crisis de Octubre.
Transmitir el video, ideado por la Casa Blanca, a pocas horas de aterrizar en La Habana la aeronave antimisil que trasladó al dignatario, constituyó un golpe magistral para conectar la figura gobernante con la audiencia cubana, si se parte de una certidumbre: Pánfilo es el personaje humorístico más popular en el archipiélago en este minuto y expresión de cubanidad.
“Truco viejo el de mis coterráneos”, hubiera manifestado con rancio inglés el sociólogo estadounidense Vance Packard (1914-1996), autor de Las formas ocultas de la propaganda, donde, al resumir las cualidades del presidente perfecto, especifica, entre otras, que debe poseer “un genuino sentido del humor” durante la búsqueda del éxito y del prestigio social.
Truco viejo, pero efectivo. El video de marras, publicado por www.cubadebate.cu, tuvo récord de descargas en Youtube y en Facebook: más de 60 000 vistas en la web de videos en menos de 12 horas de insertado en Internet, y más de 40 000 en FB.
La publicación de otro audiovisual este jueves donde Obama juega dominó con parte del equipo de actores de Vivir del cuento y se alude a la política arcaica del bloqueo económico, comercial y financiero de modo inteligente y distante del panfleto nos devuelve a un mandatario carismático y natural.
Porque a diferencia de gobernantes estadounidenses anteriores, de caras adustas, este hijo de padre keniano y madre norteamericana es pródigo en afabilidad, expresivo, evita engolar al dirigirse al auditorio. Transmite seguridad y confianza; en fin, ¿quién pondría en entredicho su capacidad de comunicador? Amplio es su repertorio para cautivar, que en ocasiones desdibuja las fronteras entre su sinceridad y las segundas intenciones. Estudiosos se han detenido, igualmente, en la actuación relevante de su esposa Michelle en la campaña electoral que lo catapultó al sillón presidencial en el 2008.
El imperio norteamericano se ha convertido en el señor de los símbolos, apunta el catedrático y periodista Ignacio Ramonet. Y en esa línea de pensamiento, Obama se vendió en Cuba como el ícono de lo posible en los dominios de EE.UU.: un niño afroamericano, criado por una madre soltera, sin mucho dinero en el bolsillo, conquistó el cargo más alto de la nación.
Ni corto ni perezoso lo recalcó quien decidió súbitamente retratarse en la Plaza de la Revolución con la figura del Che —símbolo del antiimperialismo y del hombre nuevo— a sus espaldas. ¿Cómo interpretar ese acto inesperado del dignatario que en la jornada siguiente pidió hacerle la sepultura de por vida a las casi seis décadas de conflicto entre ambos países, en su discurso en el Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso, ejercicio clásico del denominado poder blando?
¿Estaremos viendo fantasmas donde no los hay? En su despliegue de oratoria ese día, ¿su apelación a otro ícono como José Martí, rosa blanca de por medio, resultó un simple componente retórico u otro ardid manipulador? ¿Tendrá doble lectura la exaltación al peluquero Papito Valladares, del barrio habanero Santo Ángel, como referente de cuentapropista de éxito? Para mí, Obama no pudo ser más literal en sus intenciones de persuadirnos.
Por supuesto, en su discurso no omitió las “aguas azuladas” del Estrecho de la Florida, como elemento simbólico de unión y separación —vaya paradoja—; pero su alusión no fue tan manipuladora como los casos, con nombres y apellidos, de familias divididas entre una y otra orilla, en gran medida hoy por la carencia económica existente aquí, hija legítima del bloqueo estadounidense.
A pocos minutos de abrirse la puerta delantera del Boeing 747-200, el gobernante publicó en Twitter: “¿Que bolá Cuba?…”, una de las tantas expresiones populares a las cuales recurrió no fortuitamente. Demasiados tanques pensantes rodean al mandatario, cuyo mérito de haber revolucionado los nexos entre La Habana y Washington no me atrevería a cuestionar, incluidos los beneficios prácticos para las dos partes que emergerán. Sin embargo, al menos yo, no pecaría de candoroso.
Los miembros de su gabinete lo han dicho y redicho; también el propio Obama, quien en el 2013 lo subrayó en Miami: “Y tenemos que ser creativos (…), más cuidadosos. No tiene sentido la idea de que las mismas políticas puestas en marcha en el año 1961 serían de alguna manera todavía eficaces hoy (…), reconocemos que los objetivos siempre van a ser los mismos”.
Me asiste la certeza de que el inteligente Barack Obama no se aventuraría a exclamar a su retorno a tierra norteña: “Vine, vi y vencí”, como se vanaglorió Julio César ante el Senado, luego de su rápida victoria en Ponto, reino del Asia Menor. La de ahora es una guerra marcadamente simbólico-cultural. Por ello, recuerdo —salvando contextos y distancias— el antológico grafiti argentino: “Nos están meando y hay quienes piensan que está lloviendo”.

Enrique Ojito

martes, 29 de marzo de 2016

¿Ayudó la visita de Obama a cambiar a Cuba?




Algunos entusiastas, casual pero sistemáticamente contables entre los invitados de las embajadas occidentales en La Habana, han escrito en redes sociales que después de esta semana que comenzó con la llegada de Barack Obama a Cuba y terminó con el multitudinario concierto de The Rolling Stones en la Ciudad Deportiva de La Habana ya nada será igual en la Isla.
Y ciertamente, esa parece haber sido la intención de quienes previeron la visita a menos de un mes de que se efectúe el VII Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC). Semanas antes de la llegada de Obama, durante el viaje del Ministro cubano de Comercio Exterior a Washington, Rodrigo Malmierca, la multimillonaria Penny Pritzker, Secretaria de Comercio de EEUU, “se interesó en especial en los cambios que se pueden considerar en el próximo congreso del Partido“. El discurso de Barack Obama al pueblo cubano desde el Gran Teatro de La Habana también se explayó en el horizonte de cambios que el gobierno norteamericano desea ver en la Isla pero esta vez buscando desatar presiones de abajo hacia arriba.
Si tomamos en cuenta lo que afirmó Obama dos días después del anuncio del 17 de diciembre de 2014 al argumentar el cambio de política hacia Cuba
“…el sentido que tiene normalizar las relaciones es que nos brinda más oportunidad de ejercer influencia sobre ese gobierno que si no lo hiciéramos.”(…)
“Pero lo cierto es que vamos a estar en mejores condiciones, creo, de realmente ejercer alguna influencia, y quizás entonces utilizar tanto zanahorias como palos”
pareciera que Washington espera el mismo efecto de esta visita a Cuba a del viaja a Berlín de Gorbahov en octubre de 1989 y el de Obama a El Cairo en 2009, sucedidos respectivamente de la caída del muro de Berlín y la “Primavera árabe”, estimulando las expectativas entre aquellos cubanos que creen su vida mejorará con reformas de corte capitalista y a la vez presionando al gobierno de La Habana, sugiriendo que sólo modificará las restricciones del bloqueo que son prerrogativa presidencial e inciden sobre el sector estatal mayoritario de la economía cubana si el VII Congreso del PCC marca la ruta en la dirección deseada por EEUU.
Es un hecho que la coreografía de encantamiento por la democracia a la norteamericana que ejecutó Obama en el escenario habanero ha sido contradecida por sus actos inmediatamente posteriores:
No hubo derecho a réplica ni a preguntas para los asistentes al Gran Teatro.
Se ha mantenido en secreto el contenido de la reunión que sostuvo Obama en la embajada de EEUU en La Habana con “opositores” financiados desde Washington, según el diario chileno La Tercera “la más complicada” que tuvo Obama en Cuba. Una versión publicada por El Nuevo Herald de Miami relata que “en un momento dado los opositores empezaron a discutir tanto entre ellos que Obama quiso ser moderador, pero como nadie le hacía caso, le dijo desconcertado a Susan Rice que estaba muy cerquita: “¡Esto no es fácil!””
Obama respondió a la prensa argentina sobre el apoyo estadounidense a las dictaduras del Cono Sur latinoamericano que “en los años ’70, el reconocimiento de los derechos humanos era tan importante como luchar contra el comunismo”,
A tres días de su salida de La Habana, negando la afirmación de Obama de que “Estados Unidos no tiene ni la capacidad ni la intención de imponer cambios en Cuba, los cambios dependen del pueblo cubano”, el Departamento de Estado anunció un programa por $ 753.989 para “jóvenes líderes emergentes de la sociedad civil cubana” con claros objetivos injerencistas.
A dos días de la partida de Obama de Argentina, el gobierno de Macri dio a conocer la salida de su país de TeleSUR, la única alternativa informativa a los monopolios informativos de la derecha a nivel del hemisferio occidental. Obama había dicho a los cubanos poco antes “si no se pueden exponer a diferentes puntos de vista ustedes no van a lograr su potencial completo”.
Pero la prensa que siguió atenta e intencionadamente la gira del pasajero de “la bestia” y el Air Force One no se detuvo en analizar estas paradojas evidentes sino que pasó inmediatamente al concierto de The Rolling Stones en la capital cubana como otra supuesta fuerza de cambio en la dirección que ellos y Obama desean. Por supuesto, contaron con la sinergia en Facebook y los foros de Internet de los entusiastas del obamismo tropical. Y si la guía durante la visita del Commander in Chief fueron las palabras de Obama “es hora ya de olvidarnos del pasado, dejemos el pasado”, en la cobertura del concierto de la banda británica la prensa global insistió precisamente en… ¡el pasado!, apoyándose en la frase de Mick Jagger referida a más de treinta años antes: “Sabemos que años atrás era difícil escuchar nuestra música”.
De nada sirvió que para un lector mínimamente informado la misma frase del presidente sobre la derrota de la CIA en Playa Girón pudiera aplicarse a la fundación de la mítica banda de rock: “Ocurrió en el mismo año en que yo nací” (1961). Si para los medios, con justicia, los Rolling no son, como dice Obama sobre Girón, “cosa del pasado” porque han sabido renovarse para mantenerse vigentes sin perder su esencia ¿por qué la primera derrota militar de Washington en América Latina tiene que serlo, si el proceso que logró ese resultado también ha hecho posible -mediante renovaciones continuadas y adaptaciones a un mundo cambiante- que por primera vez EEUU acepte tratar en pie de igualdad a un país que supera treinta veces en población y doscientas veces en poder económico?
Sin embargo, cuando la gran prensa tuvo que conformarse con la ausencia de incidentes y la alegría de los jóvenes cubanos en el concierto de los Stone, congregados por cientos de miles sin violencia ni represión, y no pocos de ellos con banderas cubanas e imágenes del Che, entonces se aparecieron con que que el alto costo del concierto (7 millones de dólares) lo había financiado una Fundación asentada en un paraíso fiscal que no tiene relaciones con Cuba pero sí con los Rolling.
Y si Obama pronunció catorce veces en su discurso en el Gran Teatro de La Habana la palabra “cambio”, el diario español El País, para muchos órgano oficial de la Casa Blanca en la lengua de Cervantes, tituló su artículo sobre el concierto con una frase de Jagger “Las cosas están cambiando, ¿no?” que lo mismo puede referirse a la política de EEUU hacia Cuba que a la presencia de importantes bandas de rock en la Isla.
Y sí, hay cambios en Cuba que agradecerle a Obama. Durante, y más aun después de su visita, ha existido un crecimiento notable de la presencia de intelectuales en los principales medios de comunicación del país, indignados con el modo en que el Presidente norteamericano subestimó la inteligencia de los cubanos y los creyó manipulables. Desde profesores universitarios, politólogos, filósofos, periodistas, científicos, poetas, economistas… hasta el Cardenal de La Habana, quien en su misa por Viernes santo discrepó públicamente del llamado obamista a olvidar el pasado. Ellos han reaccionado espontáneamente al elegante pero obvio injerencismo y las páginas de los diarios o la frecuencia de actualización de los sitios en la web no pueden dar cabida a todo el contenido y los brillantes argumentos que se están generando. Y como si no fuera suficiente, pasó lo que muchos esperaban, el puntillazo lo ha dado Fidel el lunes 28 de marzo con un artículo titulado irónicamente “El hermano Obama”, donde le hace una “modesta sugerencia”:
“reflexione y no trate ahora de elaborar teorías sobre la política cubana.”
Si el gobierno norteamericano y la prensa que les sirve quieren cambios en Cuba, ahí tienen uno: han desatado una movilización en el pensamiento revolucionario que ojalá perdure para bien de la sociedad cubana que mucho lo necesita. Hay otros que también necesitamos pero de esos nos ocupamos los cubanos, no la Secretaria de Comercio de EEUU que con una fortuna de 1500 millones de dólares no tiene que explicar mucho qué intereses representa.
Solo les pedimos que nos dejen hacerlos en paz, para ello lo primero que hace falta es que termine a fondo el bloqueo, no solo contra el sector privado –que es resultado de los cambios que acordamos los cubanos- sino contra el Estado cubano que es el que garantiza el acceso de los cubanos a la salud y la educación que Obama elogió por su calidad, el Estado cuyas políticas permiten no haya desnutridos entre nuestros niños y que el 99% de los hogares tengan electricidad. Nosotros, como se rumora dijo Obama para defenderse ante los ataques de sus mejores amigos en Cuba, los “opositores” que recibió en su embajada, tampoco aceptamos presiones. El gobierno que en Cuba acepte presiones se cae, no porque lo tumbe EEUU sino porque pierde el apoyo popular.
Pienso es útil hacerse algunas preguntas: ¿El gobierno y el pueblo cubano son más propensos a cambiar en la dirección que desea Obama ahora que antes de su visita?¿Ha ganado o perdido credibilidad el Presidente estadounidense ante ellos después de su viaje a Cuba?¿La dirección cubana y los sectores que los apoyan, especialmente los militantes del PCC electos como delegados al VII Congreso, serían menos reacios a impulsar los cambios que EEUU vería con agrado ahora que antes de su visita?¿O han visto ahora con más claridad la estrategia obamista de favorecer un “aterrizaje suave” de Cuba en el capitalismo?
¿Ayudó la visita de Obama a cambiar a Cuba? Creo que sí pero no precisamente en la dirección que él y su gobierno proyectaron. Ah, y no dejen de enviarnos gratis importantes músicos y agrupaciones artísticas, que las seguiremos disfrutando y nos ayudarán a que se conozca mucho mejor el país que somos, por más que mientan y manipulen los medios. Y tal vez hasta los cambiamos un poquito, para mejor, por supuesto.

Iroel Sánchez

Las verdades de Agamenón, o cómo Obama tuvo el valor de decir mentiras.

El poeta español Antonio Machado, en Juan de Mairena propone a sus alumnos el examen y discusión de esta frase:
La verdad es la verdad, dígala Agamenón o su porquero.
Agamenón:”Conforme”.
Porquero: “No me convence”.
La guerra declarada por Obama en su reciente visita a Cuba, la guerra cultural, de los símbolos, los valores y las ideas, bajo el manto de una oratoria que se pretendió hipnotizante, su grotesco intento de superficial cubaneo, su sonrisa hollywoodense, su intento de apropiarse de una faceta sesgada del pensamiento martiano, etc., sus omisiones sobre el estado de los valores en su propio país, esos que dijo desear para Cuba, sus promesas de ayuda y redención, todo ello es el arsenal de la misma guerra pero en una nueva fase. Porque siempre ha existido. Sólo que ahora se hizo mediante un espectáculo inaudito de injerencia directa, en la figura y la voz de su mismo presidente, y con audiencia nacional e internacional.
Si las banderas norteamericanas que algunos cubanos han mostrado en sus vestimentas significara que sus portadores han creído ingenua y acríticamente en el propósito del visitante de ayudar sinceramente al pueblo cubano, o se han tragado la mayoría de las mentiras, omisiones o manipulaciones (que, por demás, están siendo sagazmente desnudadas por brillantes análisis), por supuesto que debe aceptarse que esa sería una escaramuza perdida en el terreno cultural y simbólico. Y a veces en una escaramuza se decide un destino. Si hoy hubiera una elección de gobernante en Cuba, a la usanza del ejercicio falaz de los procesos electorales que el visitante propuso como verdaderamente democráticos, hay una alta probabilidad de que algunas de esas personas votaran por el candidato obamiano, o incluso por él mismo. Con la multiplicación de esos símbolos en el imaginario popular, no es otro es el objetivo que se ha propuesto.
Pero así como la cultura imperialista asimila y banaliza su contracultura, despojándola mediante la vitrina del consumo acrítico de su médula subversiva, carnavalizando y mellando su contenido antisistémico, Cuba desde hace mucho tiempo, quizás mediante un proceso inconsciente en algunas personas, ha venido deglutiendo, asimilando y desarmando los símbolos imperiales, si no siempre en todos mediante un estudio consciente, sí, a no dudarlo, por el ejemplo mismo de la voracidad guerrera y el genocidio que aquel gobierno muestra en todo el mundo. Y por otro lado porque, al decir de Silvio Rodríguez, todavía hay muchas razones para seguir creyendo en la Revolución.
Obama puede “parecer” una persona distinta; en efecto, es visiblemente más inteligente y carismático que todos los presidentes anteriores, es incluso un presidente mulato en un país salvajemente racista, que muestra su propio ascenso como ejemplo del manipulador sueño americano facilitador de oportunidades, pero como recordaba Marx al estudiar el capital, no es la persona lo que importa, sino la médula de lo que representa. Obama es esencialmente un imperialista convencido de la excepcionalidad de su país y ha proclamado, desembozadamente, un derecho natural a doblar el brazo de los que no obedecen el rumbo de las verdades que imponen. Que el presidente de una nación se atreva a ese ejercicio de brutal agresividad verbal adornada con suaves maneras, es una imagen de la desastrosa condición amoral de la actual civilización capitalista y de la precariedad y orfandad en que vive la mayor parte de la humanidad. Es un ejemplo de la banalidad del mal.
Las verdades que Obama haya dicho en Cuba, dejan de serlo apenas salen de su boca. Las verdades son funcionales. Sólo hay un puñado de imperativos invariables para la humanidad, y por cierto, todos han sido violados por la historia del vecino. No es ni puede ser la verdad de Agamenón, la verdad de su porquero.
Pueden ser verdades para los cubanos que una mayor y más efectiva participación en la conducción del país es una necesidad del socialismo democrático. Pero sólo si son capaces los cubanos de seguir cambiando, o mejorando, o perfeccionando el sistema que ya Cuba tiene. Y sólo si lo hace con verdadera autodeterminación y autogestión. Y ese no es el propósito del visitante que habló de la pasión martiana por la libertad y la autodeterminación, y luego ratificó la ayuda externa a un grupo de personas que ellos mismos saben, y han calificado, no tienen representación social en Cuba y que sólo se proponen como programa recibir los 20 millones anuales que ahora ratificó. Ahora mismo el Departamento de Estado destina 800 000 dólares para “educar” a jóvenes “líderes” de la sociedad civil cubana. ¿Qué bolá, Obama? ¿No deben ser los mismos jóvenes cubanos quienes labren su futuro?
Puede ser una verdad para Cuba que eliminar de cuajo la pequeña y quizás hasta la mediana gestión económica no estatal en 1968, constituyó, en la perspectiva de los tiempos que vendrían, un error. Sin embargo, desde mucho antes de estos días, en Cuba se ha querido incorporar a la economía la gestión no estatal. Y aunque es cierto que algunos han desconfiado del fomento de la pequeña propiedad privada, en gran medida no ha sido posible hacerla florecer pacíficamente, entre otras razones, por la dificultad, que hoy mismo se tiene, de garantizar un mercado mayorista para esas iniciativas. Y por el duro gravamen que causa el bloqueo.
Pero la verdad de Obama se limita ahora a crear una clase media dirigiendo su apoyo sólo a ese sector, a la vez que sigue limitándolo al estado, para crear un abismo entre los intereses individuales y los intereses comunes y públicos. En la abrumadora mayoría de los países de hoy, ese ha sido el camino más directo hacia múltiples desastres sociales y humanitarios.
Quizás el culto Obama haya leído a Bertolt Brecht, aunque me permito dudar que haya prestado atención a Las venas abiertas de América Latina, el regalo de Chávez. Aunque quizás sí, nadie sabe. Después del grotesco intento de congraciarse con el “qué bolá”, y después de tomarse para sí la afirmación de “sí se puede”, que es la expropiación simbólica y vergonzosa de una frase cubana de resistencia, cuando fueron 60 años tratando de que no se pudiera, qué se puede esperar…La tapa de la pócima que Obama destina a todos los gobiernos que deseen hacer algo distinto por sus pueblos de lo que él considera lo correcto, ha sido declarar en Argentina, cuando se le preguntó qué hizo el gobierno norteamericano durante los tiempos de la dictadura en aquel país, que entonces era mucho más importante combatir el comunismo.
Pero en caso de conocer a Brecht, Obama no hubiera podido salvar las 5 dificultades para decir la verdad, porque la verdad no es lo que se propuso decir. El discurso de Obama al pueblo cubano viró de revés las 5 dificultades para decir la verdad, es decir, se propuso vencer las dificultades que hacen difícil pasar las mentiras como verdades. Y según algunos, lo ha conseguido. Pero ya numerosos intelectuales y gente simple está desmontando las falacias.
Glosemos brevemente sólo 3 de las dificultades brechtianas para decir la verdad.

El valor de escribir la verdad.

En el caso de Obama fue el inusitado valor para decir mentiras.
Como ya están siendo bien examinadas, no hay que repetir las muchas verdades que no tuvo el valor de reconocer. Sólo subrayemos una de ellas a partir de esta indudable verdad: que un representante de las élites del sistema norteamericano no puede legítimamente apropiarse de Martí mediante el halago dirigido a un pueblo, sin que inmediatamente se note la impostación y la diplomática hipocresía. La verdad que ocultó por omisión es que fue Martí el primero en estudiar y denunciar las miserias y falsedades del sistema que le tocó conocer en EEUU desde 1881, apenas cuando entraba aquel país en la fase de su capitalismo monopolista de estado, la que Lenin sistematizó como la fase superior del imperialismo, pero que Martí a su modo y sus herramientas, adelantó, un capitalismo invasivo y, por tanto, advirtió a toda Latinoamérica del peligro inminente a través de sus magníficas crónicas norteamericanas, esos bramidos de angustia a que se refiriera el poeta Rubén Darío. La pasión por la autodeterminación y la libertad de Cuba que legara Martí, es lo que han tratado de impedir sistemáticamente, y lo que al día siguiente ratificó el presidente con la reiteración de ayuda a personas que no son representativas de esa pasión. Pero más que eso, porque si hubiera sido sólo una batalla de ideas, se aceptaría en buena lid: fue el intento genocida de ahogar a un pueblo por el hambre y la desesperación. Martí en boca de Obama fue el chiste de humor negro más macabro imaginar.
Obama (y no importa aquí el personaje simpático para algunos, que juega dominó con los humoristas, se repite) tuvo, en cambio, el valor de decir mentiras.

La inteligencia necesaria para descubrir la verdad.

Obama tuvo la inteligencia necesaria para encubrir, trabajosamente, la verdad. Quizás sí la tuvo para comprender que sólo lograría engañar a quien ya quería ser engañado, o quizás sembraría algunas ilusiones honestas. Pero el tiempo confirmará que Cuba tiene la masa crítica suficiente y necesaria de gente pensante e informada para situar sus palabras en el justo sentido de lo que significan.

El arte de hacer la verdad manejable como arma.

Con respecto a esta dificultad B. Brech apunta:
“Los demócratas burgueses condenan con énfasis los métodos bárbaros de sus vecinos, y sus acusaciones impresionan tanto a sus auditorios que éstos olvidan que tales métodos se practican también en sus propios países.”
Resulta evidente que las supuestas armas de las verdades obamianas llegaban bien melladas a muchos de los oídos receptores. Olvidar, ante un auditorio informado, que los gobiernos de su país, ni el suyo mismo, jamás han sido ejemplo de lo que decía profesar y desear para los cubanos, se convirtió en un arma, sí, pero tipo boomerang: a cada momento se tenía delante el espectáculo de la violación constante de los derechos humanos más esenciales a que somete el sistema norteamericano a su propio pueblo y a tantos otros del planeta: la protección de los intereses de los mercaderes de armamentos, es solo un ejemplo, que tantos crímenes provocan en las escuelas de aquel país.
Muchos han calificado de histórica esta visita. Y en algunos aspectos lo es. Pero yo tengo mi elección personal: esta visita ha sido el mayor mentís y el más claro descrédito que un gobierno ha podido infligirse contra sí mismo. La historia nos absolverá.

Carlos Luque Zayas Bazán

Yo también cultivo una rosa blanca.

Sí, señor Obama, yo también cultivo una rosa blanca.
Por eso me permito recordarle una frase pronunciada por nuestro José Martí dentro de los EE. UU.: Para Cuba que sufre, la primera palabra.
Para Cuba que sufre un genocida bloqueo global, en violación de sus más elementales derechos humanos.
Para Cuba que sufre la usurpación, ilegal, inmoral, injusta, y que su gobierno pretende infinita, de una parte de su territorio en la bahía de Guantánamo, donde ustedes mantienen una base naval que han reconocido inoperante en términos militares estratégicos y que seguramente por eso utilizan como centro de torturas.
Para Cuba que sufre el dolor de haber visto muertos o mutilados a miles de sus hijos en virtud de los actos terroristas que se han cometido contra nosotros, al amparo de su país.
Para Cuba que sufre la carencia de medicinas y equipos especializados para los más débiles de sus hijos: niños con cáncer, por ejemplo.
Para Cuba que sufre la permanente agresión mediática de una emisora radiotelevisiva, financiada por el Estado Norteamericano, es decir, por su población contributente; y para colmo, a ese engendro perverso, han tenido el ignominioso desparpajo de darle el nombre de nuestro Apóstol.
Sí, señor Obama; para Cuba que sufre, la primera palabra.

Daniel Chavarría
marzo 28 de 2016

“Las sanciones económicas son crueles pues afectan a las categorías más vulnerables de la población cubana”


Entrevista al profesor Salim Lamrani

Voice of America, que empezó sus programas en 1942, es un servicio multimedia financiado por el Gobierno de Estados Unidos a través del Broadcasting Board of Governors. VOA difunde alrededor de 1.500 horas de noticias, informaciones, programas culturales y educativos cada semana, para más de 125 millones de auditores, telespectadores y lectores.
Voice of America: Remontemos un poco en la historia. Más de medio siglo de ruptura diplomática. ¿Puede recordarnos las fechas claves de este conflicto entre los dos países?
Salim Lamrani: Conviene recordar que el diferendo que opone Estados Unidos a Cuba se remonta al siglo XIX pues la isla fue el primer objetivo de la política exterior de Washington. Los Padres Fundadores siempre vieron a Cuba como el apéndice natural a agregar a la Unión Americana. Thomas Jefferson habló de ello en 1805. Conocemos también la teoría de la “fruta madura” de John Quincy Adams.
En el siglo XX, durante el periodo republicano, Estados Unidos apoyó a la dictadura militar de Fulgencio Batista y se opuso a la llegada al poder de Fidel Castro mucho antes que 1959. Permítame citar a Allen Dulles, entonces director de la CIA, en diciembre de 1958: “Tenemos que impedir la victoria de Castro”.
Cuando Fidel Castro llegó al poder en 1959 se enfrentó inmediatamente a la hostilidad de Estados Unidos, que acogió en un primer tiempo a todos los dignitarios del antiguo régimen y que impuso enseguida sanciones económicas contra Cuba. Permítame recordar la constatación lúcida del antiguo presidente John F. Kennedy quien declaró lo siguiente: “Debíamos haber dado a Fidel Castro una más calurosa bienvenida. Ello nos hubiera evitado muchos problemas”.
VOA: Avancemos un poco. Rápidamente se impuso el embargo. ¿Cuál era la situación en aquel momento?
SL: Estados Unidos impuso sanciones económicas a Cuba a partir de 1960. Es importante recordar que la retórica diplomática de Washington para justificar la hostilidad hacia Cuba evolucionó según las épocas. En 1960, Cuando Eisenhower impuso las primeras medidas de retorsión económica, evocó el proceso de expropiación y nacionalización de las empresas estadounidense. Luego Kennedy evocó la alianza con la Unión Soviética para justificar la imposición de sanciones económicas totales en 1962. En los años 1970 y 1980 Washington aludió al intervencionismo de Cuba en África en apoyo a los movimientos independentistas. Desde 1991 y el desmoronamiento de la Unión Soviética, Estados Unidos justifica el mantenimiento de una política hostil hacia Cuba evocando la democracia y los derechos humanos.
Es importante entonces recordar que esta retórica fluctuó según las épocas.
Hoy el presidente Obama ha hecho una constatación muy lúcida sobre la política de Estados Unidos. Se ha dado cuenta de que era ineficiente. Es obsoleta pues se remonta a la época de la Guerra Fría.
VOA: ¿Es Cuba todavía ese bastión comunista de la Guerra Fría?
SL: América Latina ha cambiado desde hace medio siglo. Desde luego Cuba es una sociedad diferente con un sistema político y un modelo social distintos de los de Estados Unidos. Hay evidentemente dos concepciones completamente diferentes de la democracia. Los dos presidentes lo subrayaron durante la conferencia de prensa.
Creo que Washington ha comprendido que es necesario basar las relaciones con La Habana en un principio de reciprocidad, de entendimiento cordial y de diálogo. La política de hostilidad ha fracasado.
Hoy día hay una mayoría en la opinión pública de Estados Unidos que está a favor de una normalización de las relaciones con Cuba. Ello supera la oposición demócratas/republicanos. Muchos estados con mayoría republicana, particularmente en el Midwest, desean tener relaciones normales con Cuba por razones económicas evidentes.
VOA: Todavía está el embargo y, desde un punto de vista económico, puede que se demore en levantarse. ¿Cuáles serían las consecuencias para la isla si el proceso que ha impulsado Barack Obama no llegase a su término?
SL: Las sanciones económicas constituyen el principal obstáculo al desarrollo del país. La inmensa mayoría de la comunidad internacional las condena de modo unánime. En octubre de 2015, por vigesimocuarto año consecutivo, 191 sobre 193, incluso los más fieles aliados de Estados Unidos, exigieron a Washington un cambio de su política y un levantamiento de esas sanciones.
Las razones son evidentes. Esas sanciones son anacrónicas pues se remontan a la Guerra Fría. Son crueles porque afectan a las categorías más vulnerables de la población cubana y no a los dirigentes. Finalmente son ineficientes en la medida en que el objetivo inicial de derrocar la Revolución Cubana fue un fracaso.
La constatación actual es edificante: en vez de aislar a Cuba en la escena internacional estas sanciones han aislado a Estados Unidos.
El presidente Obama ha adoptado medidas constructivas relativas al levantamiento de algunas restricciones. Pero lamentablemente las sanciones siguen vigentes. Es verdad que está el obstáculo del Congreso pero creo que es marginal. El presidente de Estados Unidos, como jefe del poder ejecutivo, dispone de todas las prerrogativas para desmantelar el 90 % de estas sanciones. Hay muy pocos sectores que él no pueda tocar.
VOA: ¿Está de acuerdo en que Barack Obama tomó una decisión histórica aunque el futuro de Cuba suscite todavía muchas interrogantes?
SL: Sin duda. El presidente Obama ha puesto fin a una anomalía histórica. Ha establecido el lazo con el pueblo cubano. Ha reconstruido el punto roto en 1959 y creo que marcará la historia siendo el presidente que habrá adoptado el enfoque más constructivo para resolver un diferendo que se remonta a más de medio siglo. Si hay algo que debemos recordar de la presidencia de Barack Obama es el proceso de normalización de las relaciones con Cuba.

Voice of America

lunes, 28 de marzo de 2016

El hermano Obama




No necesitamos que el imperio nos regale nada. Nuestros esfuerzos serán legales y pacíficos, porque es nuestro compromiso con la paz y la fraternidad de todos los seres humanos que vivimos en este planeta

Los reyes de España nos trajeron a los conquistadores y dueños, cuyas huellas quedaron en los hatos circulares de tierra asignados a los buscadores de oro en las arenas de los ríos, una forma abusiva y bochornosa de explotación cuyos vestigios se pueden divisar desde el aire en muchos lugares del país.
El turismo hoy, en gran parte, consiste en mostrar las delicias de los paisajes y saborear las exquisiteces alimentarias de nuestros mares, y siempre que se comparta con el capital privado de las grandes corporaciones extranjeras, cuyas ganancias si no alcanzan los miles de millones de dólares per cápita no son dignas de atención alguna.
Ya que me vi obligado a mencionar el tema, debo añadir, principalmente para los jóvenes, que pocas personas se percatan de la importancia de tal condición en este momento singular de la historia humana. No diré que el tiempo se ha perdido, pero no vacilo en afirmar que no estamos suficientemente informados, ni ustedes ni nosotros, de los conocimientos y las conciencias que debiéramos tener para enfrentar las realidades que nos desafían. Lo primero a tomar en cuenta es que nuestras vidas son una fracción histórica de segundo, que hay que compartir además con las necesidades vitales de todo ser humano. Una de las características de este es la tendencia a la sobrevaloración de su papel, lo cual contrasta por otro lado con el número extraordinario de personas que encarnan los sueños más elevados.
Nadie, sin embargo, es bueno o es malo por sí mismo. Ninguno de nosotros está diseñado para el papel que debe asumir en la sociedad revolucionaria. En parte, los cubanos tuvimos el privilegio de contar con el ejemplo de José Martí. Me pregunto incluso si tenía que caer o no en Dos Ríos, cuando dijo “para mí es hora”, y cargó contra las fuerzas españolas atrincheradas en una sólida línea de fuego. No quería regresar a Estados Unidos y no había quién lo hiciera regresar. Alguien arrancó algunas hojas de su diario. ¿Quién cargó con esa pérfida culpa, que fue sin duda obra de algún intrigante inescrupuloso? Se conocen diferencias entre los Jefes, pero jamás indisciplinas. “Quien intente apropiarse de Cuba recogerá el polvo de su suelo anegado en sangre, si no perece en la lucha”, declaró el glorioso líder negro Antonio Maceo. Se reconoce igualmente en Máximo Gómez, el jefe militar más disciplinado y discreto de nuestra historia.
Mirándolo desde otro ángulo, cómo no admirarse de la indignación de Bonifacio Byrne cuando, desde la distante embarcación que lo traía de regreso a Cuba, al divisar otra bandera junto a la de la estrella solitaria, declaró: “Mi bandera es aquella que no ha sido jamás mercenaria…”, para añadir de inmediato una de las más bellas frases que escuché nunca: “Si deshecha en menudos pedazos llega a ser mi bandera algún día… ¡nuestros muertos alzando los brazos la sabrán defender todavía!...”. Tampoco olvidaré las encendidas palabras de Camilo Cienfuegos aquella noche, cuando a varias decenas de metros bazucas y ametralladoras de origen norteamericano, en manos contrarrevolucionarias, apuntaban hacia la terraza donde estábamos parados. Obama había nacido en agosto de 1961, como él mismo explicó. Más de medio siglo transcurriría desde aquel momento.
Veamos sin embargo cómo piensa hoy nuestro ilustre visitante:
“Vine aquí para dejar atrás los últimos vestigios de la guerra fría en las Américas. Vine aquí extendiendo la mano de amistad al pueblo cubano”.
De inmediato un diluvio de conceptos, enteramente novedosos para la mayoría de nosotros:
“Ambos vivimos en un nuevo mundo colonizado por europeos”. Prosiguió el Presidente norteamericano. “Cuba, al igual que Estados Unidos, fue constituida por esclavos traídos de África; al igual que Estados Unidos, el pueblo cubano tiene herencias en esclavos y esclavistas”.
Las poblaciones nativas no existen para nada en la mente de Obama. Tampoco dice que la discriminación racial fue barrida por la Revolución; que el retiro y el salario de todos los cubanos fueron decretados por esta antes de que el señor Barack Obama cumpliera 10 años. La odiosa costumbre burguesa y racista de contratar esbirros para que los ciudadanos negros fuesen expulsados de centros de recreación fue barrida por la Revolución Cubana. Esta pasaría a la historia por la batalla que libró en Angola contra el apartheid, poniendo fin a la presencia de armas nucleares en un continente de más de mil millones de habitantes. No era ese el objetivo de nuestra solidaridad, sino ayudar a los pueblos de Angola, Mozambique, Guinea Bissau y otros del dominio colonial fascista de Portugal.
En 1961, apenas dos años y tres meses después del Triunfo de la Revolución, una fuerza mercenaria con cañones e infantería blindada, equipada con aviones, fue entrenada y acompañada por buques de guerra y portaviones de Estados Unidos, atacando por sorpresa a nuestro país. Nada podrá justificar aquel alevoso ataque que costó a nuestro país cientos de bajas entre muertos y heridos. De la brigada de asalto proyanki, en ninguna parte consta que se hubiese podido evacuar un solo mercenario. Aviones yankis de combate fueron presentados ante Naciones Unidas como equipos cubanos sublevados.
Es de sobra conocida la experiencia militar y el poderío de ese país. En África creyeron igualmente que la Cuba revolucionaria sería puesta fácilmente fuera de combate. El ataque por el Sur de Angola por parte de las brigadas motorizadas de Sudáfrica racista los lleva hasta las proximidades de Luanda, la capital de este país. Ahí se inicia una lucha que se prolongó no menos de 15 años. No hablaría siquiera de esto, a menos que tuviera el deber elemental de responder al discurso de Obama en el Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso.
No intentaré tampoco dar detalles, solo enfatizar que allí se escribió una página honrosa de la lucha por la liberación del ser humano. De cierta forma yo deseaba que la conducta de Obama fuese correcta. Su origen humilde y su inteligencia natural eran evidentes. Mandela estaba preso de por vida y se había convertido en un gigante de la lucha por la dignidad humana. Un día llegó a mis manos una copia del libro en que se narra parte de la vida de Mandela y ¡oh, sorpresa!: estaba prologado por Barack Obama. Lo ojeé rápidamente. Era increíble el tamaño de la minúscula letra de Mandela precisando datos. Vale la pena haber conocido hombres como aquel.
Sobre el episodio de Sudáfrica debo señalar otra experiencia. Yo estaba realmente interesado en conocer más detalles sobre la forma en que los sudafricanos habían adquirido las armas nucleares. Solo tenía la información muy precisa de que no pasaban de 10 o 12 bombas. Una fuente segura sería el profesor e investigador Piero Gleijeses, quien había redactado el texto de “Misiones en conflicto: La Habana, Washington y África 1959-1976”; un trabajo excelente. Yo sabía que él era la fuente más segura de lo ocurrido y así se lo comuniqué; me respondió que él no había hablado más del asunto, porque en el texto había respondido a las preguntas del compañero Jorge Risquet, quien había sido embajador o colaborador cubano en Angola, muy amigo suyo. Localicé a Risquet; ya en otras importantes ocupaciones estaba terminando un curso del que le faltaban varias semanas. Esa tarea coincidió con un viaje bastante reciente de Piero a nuestro país; le había advertido a este que Risquet tenía ya algunos años y su salud no era óptima. A los pocos días ocurrió lo que yo temía. Risquet empeoró y falleció. Cuando Piero llegó no había nada que hacer excepto promesas, pero ya yo había logrado información sobre lo que se relacionaba con esa arma y la ayuda que Sudáfrica racista había recibido de Reagan e Israel.
No sé qué tendrá que decir ahora Obama sobre esta historia. Ignoro qué sabía o no, aunque es muy dudoso que no supiera absolutamente nada. Mi modesta sugerencia es que reflexione y no trate ahora de elaborar teorías sobre la política cubana.
Hay una cuestión importante:
Obama pronunció un discurso en el que utiliza las palabras más almibaradas para expresar: “Es hora ya de olvidarnos del pasado, dejemos el pasado, miremos el futuro, mirémoslo juntos, un futuro de esperanza. Y no va a ser fácil, va a haber retos, y a esos vamos a darle tiempo; pero mi estadía aquí me da más esperanzas de lo que podemos hacer juntos como amigos, como familia, como vecinos, juntos”.
Se supone que cada uno de nosotros corría el riesgo de un infarto al escuchar estas palabras del Presidente de Estados Unidos. Tras un bloqueo despiadado que ha durado ya casi 60 años, ¿y los que han muerto en los ataques mercenarios a barcos y puertos cubanos, un avión de línea repleto de pasajeros hecho estallar en pleno vuelo, invasiones mercenarias, múltiples actos de violencia y de fuerza?
Nadie se haga la ilusión de que el pueblo de este noble y abnegado país renunciará a la gloria y los derechos, y a la riqueza espiritual que ha ganado con el desarrollo de la educación, la ciencia y la cultura.
Advierto además que somos capaces de producir los alimentos y las riquezas materiales que necesitamos con el esfuerzo y la inteligencia de nuestro pueblo. No necesitamos que el imperio nos regale nada. Nuestros esfuerzos serán legales y pacíficos, porque es nuestro compromiso con la paz y la fraternidad de todos los seres humanos que vivimos en este planeta.

Fidel Castro Ruz
Marzo 27 de 2016
10 y 25 p.m.

Fidel Castro: “No necesitamos que el imperio nos regale nada”




A una semana de la visita de Obama a Cuba el expresidente Fidel Castro responde desde una columna del diario oficial Granma al discurso que el presidente de EE.UU. dio en el Gran Teatro de La Habana.

El expresidente cubano Fidel Castro rompió hoy su silencio tras la visita de Barack Obama a la isla con una de sus “reflexiones” en el diario oficial Granma titulada “El hermano Obama”. En la misma Castro afirma que Cuba no necesita regalos del “imperio” y critica partes del discurso que Obama dio en el Gran Teatro de La Habana el martes pasado.
En el artículo Castro retoma las palabras de Obama cuando dijo que “Cuba, al igual que Estados Unidos, fue constituida por esclavos traídos de África; al igual que Estados Unidos, el pueblo cubano tiene herencias en esclavos y esclavistas”, para criticarle al presidente estadounidense que “Las poblaciones nativas no existen para nada en la mente de Obama. Tampoco dice que la discriminación racial fue barrida por la Revolución; que el retiro y el salario de todos los cubanos fueron decretados por esta antes de que el señor Barack Obama cumpliera 10 años. La odiosa costumbre burguesa y racista de contratar esbirros para que los ciudadanos negros fuesen expulsados de centros de recreación fue barrida por la Revolución Cubana.”
Castro aprovecha también para señalar los olvidos de Obama sobre la invasión estadounidense a Bahía de Cochinos en 1961 “apenas un año y tres meses después del Triunfo de la Revolución, una fuerza mercenaria con cañones e infantería blindada, equipada con aviones, fue entrenada y acompañada por buques de guerra y portaviones de Estados Unidos”, y también recuerda la participación cubana en la guerra en Angola para cuestionar "la ayuda que Sudáfrica racista había recibido de Reagan e Israel". Sobre todos estos temas Castro se pregunta si Obama conoce "sobre esta historia" y afirma que "es muy dudoso que no supiera absolutamente nada".
Más adelante Castro afirma que Obama utilizó palabras "almibaradas" cuando dijo: "Es hora ya de olvidarnos del pasado, dejemos el pasado, miremos el futuro (…) mi estadía aquí me da más esperanzas de lo que podemos hacer juntos como amigos, como familia, como vecinos".
Sobre estas afirmaciones Castro ironiza "Se supone que cada uno de nosotros corría el riesgo de un infarto", y le recuerda a Obama que Estados Unidos es responsable por el "bloqueo despiadado que ha durado ya casi 60 años" y se pregunta cómo olvidar a “los que han muerto en los ataques mercenarios a barcos y puertos cubanos, un avión de línea repleto de pasajeros hecho estallar en pleno vuelo, invasiones mercenarias, múltiples actos de violencia y de fuerza”.
Hacia el final de la carta Fidel castro sintetiza “Nadie se haga la ilusión de que el pueblo de este noble y abnegado país renunciará a la gloria y los derechos, y a la riqueza espiritual que ha ganado con el desarrollo de la educación, la ciencia y la cultura.”
Fidel Castro, de 89 años, se alejó de los cargos políticos en 2006, momento en el que asumió la presidencia su hermano Raúl. Sin embargo ha mantenido sus columnas de “reflexiones” en los medios oficiales, desde donde eventualmente aparece como la “voz moral” de la Revolución, sobre todo frente a los aspectos de los giros políticos de los últimos años que resultan más indigeribles entre sectores de la base del Partido Comunista. Un rol similar cumplió en los días previos a la visita de Obama al recibir al presidente de Venezuela, Nicolas Maduro, país que fue el principal socio político y comercial de la Isla durante los primeros años del siglo XXI. La visita de Maduro trató de ser un contrapeso a la de Obama, aunque con poco éxito. De hecho el día que llegó el presidente de Estados Unidos, la tapa del diario Granma trató de "ningunearlo" de manera un tanto infantil poniendo dos fotos de la visita de Maduro y solo un recuadro anunciando la llegada de Obama.
Pero la visita de Obama era difícil de contrapesar con gestos. Se trataba de una visita histórica con un objetivo claro de avanzar en la restauración capitalista en la isla y devolverla a la órbita del imperialismo estadounidense, barriendo de paso con las conquistas que aún quedan de la revolución. La reunión con los “emprendedores” (los sectores más prósperos de entre los 500.000 cuentapropistas que tiene la isla), estuvo destinada a ganar una base de apoyo abiertamente procapitalista, al igual que la reunión con la “disidencia” de derecha, que es profundamente restauracionista. Junto a estas acciones estuvo el discurso en el teatro de La Habana, donde Obama llamó una y otra vez a que sea el “pueblo cubano” quién decida el futuro de la isla, en un llamado (indirecto) hacia una mayor apertura política de parte del gobierno del PC.
Raúl Castro está a la cabeza del proceso de “transformaciones”. Las políticas impulsadas por el gobierno cubano en los últimos años van en un sentido de apertura capitalista en la isla. Las diferencias con el gobierno de Estados Unidos tienen que ver con los tiempos y con asegurarse ser el Partido Comunista el vehículo y garante de la restauración.
Pero la visita de Obama fue políticamente ofensiva y no trajo siquiera una propuesta seria sobre el levantamiento del bloqueo criminal que EEUU mantiene sobre la isla hace más de medio siglo. Su discurso en el teatro de La Habana ha circulado intensamente en redes alternativas de distribución como el conocido paquete de contenidos audiovisuales, que esta semana incluye una copia del discurso de Obama en texto y video.
La reaparición de Fidel Castro con su columna de reflexiones viene a intentar dar respuesta al “huracán” político que provocó en la isla la visita de Obama, y la falta de una “crítica” oficial. Las columnas de Fidel, que juegan un rol de contención y “balance” frente a la política oficial de mayor apertura, no son nuevas, y se han vuelto compatibles, permitiendo ser una vía de descompresión para los sectores descontentos con los ritmos y condiciones del acercamiento a Estados Unidos. Sin embargo, los símbolos parecen tener cada vez menos efectividad, para hacer las veces de contención, frente a la política de estado que ya hace tiempo ha puesto el norte en el camino de un proceso de restauración capitalista en la isla.

Juan Andrés Gallardo
@juanagallardo1

Por el desbloqueo norteamericano al pueblo de Cuba

Que el presidente Obama haya visitado Cuba no es suficiente para dar una respuesta positiva y poner fin al embargo, que es bloqueo, que los Estados Unidos de América del norte mantiene contra Cuba desde 1960. No han sido suficientes las resoluciones de Naciones Unidas ni los llamamientos humanitarios ni el fin de la Guerra Fría. Parece que no ha pasado el tiempo. Se observan movimientos y cierta apertura, pero no es suficiente. La visita de Obama ha sido a un show con barras y estrellas. El bloqueo es una coacción y agresión económica, que entraña una conducta genocida y significa el aislamiento, la asfixia y la inmovilidad de Cuba, todo para doblegar al pueblo cubano.
Las acciones ejercidas contra Cuba por los EEUU no se enmarcan en la definición de «embargo». Cuba no es deudora de EEUU y no ha cometido delito alguno que autorice el secuestro y liquidación de sus bienes a favor de Norteamérica. Cuba no ha sido ni es una amenaza para la seguridad, por lo que la pretensión de aplicarle medidas de legítima defensa, resulta contraria a la ley internacional. EEUU emplea la figura del «embargo» para no reconocer que aplica a Cuba medidas de guerra en tiempo de paz. El aislamiento, la asfixia y la inmovilidad a la que someten a Cuba, son acciones típicas de un «bloqueo»: cortar, cerrar, incomunicar con el exterior, para lograr la rendición del país por la fuerza o por el hambre. No lo han conseguido del todo.
La visita de Barack Obama se ha enmarcado en el proceso de acercamiento, iniciado el 17 de diciembre de 2014, momento en el que el Jefe de Estado norteamericano reconoció en diferentes oportunidades el fracaso de la política hostil de la Casa Blanca contra el pueblo cubano: «el aislamiento no ha funcionado». Celebré ese momento histórico, porque era el ejemplo más claro, de que la resistencia del gobierno y pueblo cubano fueron y siguen siendo fundamentales en la lucha contra el imperialismo y la imposición de modelos de gobierno que no respetan la soberanía de los pueblos. Pero los Halcones de Washington siguen presionando para que nada sea fácil.
La «Ley Helms-Burton», que legalizó el bloqueo económico, comercial y financiero a la isla, solo puede ser derogada por el Congreso estadounidense. Esta normativa contempla duras sanciones contra los países que intenten emprender relaciones comerciales con Cuba. Donald Trump es el único aspirante republicano que se ha mostrado a favor de mantener las relaciones diplomáticas con Cuba si llega a la Presidencia y apoya la política de Obama hacia Cuba. El senador cubanoamericano por Texas, Ted Cruz, ha prometido romper las relaciones con Cuba si llegan al poder, mientras el gobernador de Ohio, John Kasich, se limitó a indicar que acabará con la política de «tratar mejor a los enemigos que a los amigos». Trump, hace unos años, declaraba que Fidel Castro era un «asesino» y un «criminal». Ahora más tibio, ha declarado que ve potencial en la isla y estaría dispuesto a realizar inversiones en un hotel. Por el contrario, la tónica general entre los conservadores, sigue siendo rechazar el acercamiento a la isla mientras no haya cambios políticos sustanciales.
Las relaciones entre EEUU y Cuba, por intransigencias ideológicas del vecino del norte han sido malas y a muerte. Recordemos la invasión de la Bahía de Cochinos en 1961, operación que acabó en el fracaso de los invasores en menos de 65 horas y aplastados por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba. Más de un centenar de soldados invasores murieron y otros 1200 fueron capturaron. Obama, para defender el fin del bloqueo, apuntaba que: si las relaciones con China o Vietnam, también comunistas, se habían retomado décadas atrás, era tiempo de hacerlo con Cuba. «No podemos continuar haciendo lo mismo que durante 50 años y esperar un resultado diferente». A pesar de los intentos de EEUU por desestabilizar al Gobierno cubano, Cuba ha resistido. Wikileaks en noviembre de 2006 desveló algunos proyectos ejecutados contra Cuba.
El presidente Raúl Castro, ha mostrado la disposición de su Gobierno de avanzar en la normalización de relaciones con Estados Unidos, insistiendo en que el bloqueo sigue siendo el principal obstáculo para el desarrollo de su país. Demandó poner en práctica el arte de la convivencia civilizada, que implica respetar y aceptar las diferencias y no hacer de ellas el centro de la relación. También recordó que han pasado quince meses desde el anuncio del restablecimiento de relaciones y que, pese a que se ha avanzado en algunos temas, «mucho más pudiera hacerse si se levantara el bloqueo». No olvidó reclamar la devolución de los terrenos de la Base Naval de Guantánamo, que junto al embargo, son los principales obstáculos para tener relaciones bilaterales plenas. El embargo sigue, EEUU ni se plantea la exigencia de La Habana de devolver Guantánamo y, en materia política, permanece un abismo entre ambos países.
Según informe del Gobierno cubano, se calcula que desde el bloqueo, en el sector salud pública se han perdido unos 104 mil millones de dólares y generado la escasez de medicamentos destinados al tratamiento de enfermedades como el cáncer, que perjudican directamente a la población. En materia de educación, afecta en la compra de material escolar, el mantenimiento de la red y en el intercambio de información científica, cultural y deportiva. Por otro lado, la aeronáutica civil cubana ha perdido un promedio, en los últimos cuatro años, cerca de 300 mil dólares. Mientras que el transporte terrestre se encuentra totalmente desactualizado. Las multas impuestas por EEUU ascienden a más de 11 mil 500 millones de dólares, mientras que el total de pérdidas monetarias por el bloqueo llega a 116 mil 800 millones de dólares. Además, los daños humanos que ha producido el bloqueo son incontables y su duración en el tiempo ha hecho del mismo insostenible.
Desde 1992, son 23 las resoluciones aprobadas por la Asamblea General a favor del levantamiento del bloqueo. En 2014 fue la 68/8 por la «Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por EEUU contra Cuba», aprobada por una aplastante mayoría: 188 votos a favor, 2 en contra (Estados Unidos e Israel). Cuba no puede utilizar en sus transacciones internacionales el dólar americano, ni tiene acceso a créditos de bancos en los EEUU ni de sus filiales ni de las instituciones financieras internacionales. Las resoluciones aprobadas son una señal inequívoca de que la comunidad internacional está a favor de la independencia, la soberanía y la libertad del pueblo cubano. Mas de cincuenta años han pasado y EEUU mantiene el castigo «inmoral e injustificado», violando la propia Carta de la ONU, la legislación internacional y los derechos humanos.
Mientras los líderes proclaman sus grandes declaraciones, la realidad del pueblo cubano es descorazonadora. Me cuentan cubanos de aquí y de allí, que el día a día de la gente es desesperado. El embargo quizás este cediendo en algo (por el interés económico de Norteamérica), pero el autobloqueo se mantiene. La enseñanza ha perdido el alto grado de calidad de antaño, porque los maestros se cansaron, aunque siempre quedan algunos dignos de reverenciar, y los de la nueva oleada carecen de la cultura general necesaria y con graves problemas didácticos para enseñar. Los mejores médicos se jubilan o están en otros países, como vía de escape para cubrir las necesidades vitales familiares. Lo peor, la influencia de los nuevos ricos que manejan dólares y exhiben lo mas mediocre y casposo del Miami cubano. Difíciles condiciones de vida, sin recursos económicos y con escasos productos, de todo tipo, que comprar.
Más del 70% de la población cubana ha nacido bajo el bloqueo y el atraso generado, en todas las áreas de la vida, no es más que la consecuencia de un bloqueo arbitrario que viola totalmente los derechos humanos y además el legítimo derecho a la autodeterminación económica y política del pueblo cubano.
Y el futuro a la puerta. El 24 de febrero del 2018, Raúl Castro se retirará y parece que Miguel Mario Díaz-Canel Bermúdez, discreto pero influyente (Primer Vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros de Cuba; miembro del Buró Político del Partido Comunista de Cuba desde 1997), es el llamado a sustituirle. La pregunta es: ¿mantendrá el viejo orden?; «es la punta de un iceberg de líderes completamente nuevos, cuyo origen y experiencia no tienen nada que vez con la vieja guardia».
Ya es tiempo de que los Estados Unidos de la América del Norte, den un giro a su política y se alejen definitivamente de la guerra fría que dividía y mantenga relaciones de amistad con la totalidad de la comunidad internacional. Dialogue y no haga la guerra en ninguna parte del planeta, respetando las diferencias en igualdad, soberanía e independencia. Soy solidario con el pueblo cubano y respeto su derecho a decidir; también apoyo el rumbo hacia la democracia participativa, como el mejor modelo para la convivencia en bienestar y progreso.
Cuenta la historia de las anécdotas protagonizadas por Fidel Castro, que en un encuentro con reporteros, en el año 1973, el periodista Brian Davis, de una agencia inglesa, preguntó al dirigente cubano: «¿Cuándo cree usted que se podrán restablecer las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, dos países tan lejanos a pesar de la cercanía geográfica?». Castro le miró fijamente y respondió bien alto: «Estados Unidos vendrá a dialogar con nosotros cuando tenga un Presidente negro y haya en el mundo un Papa latinoamericano». Algunos periodistas se rieron. Otros, incrédulos, hicieron una mueca irónica y ninguno de los que estaba en la habitación creyeron la predicción del Castro Nostradamus. Sea o no sea cierta la frase, lo cierto es que se ha cumplido.
Más del 70% de la población cubana ha nacido bajo el bloqueo y el atraso generado en todas las áreas de la vida, no es más que la consecuencia de una acción arbitraria que viola los derechos humanos y el legítimo derecho a la autodeterminación económica y política del pueblo. Solo los cubanos que viven en la isla y que disfrutan o sufren cada día, deben ser los llamados a reclamar cambios radicales o modestos. Al día de hoy, parece que la mayoría no está por los grandes cambios, pero como sabios que son, «prefieren lo bueno del socialismo y los productos del capitalismo».
Poner fin al bloqueo es poner fin a la crueldad, porque es injusto y viola los derechos humanos. El bloqueo contraviene el principio de igualdad soberana, principio de no intervención, principio de independencia y el derecho a la nacionalización. Además es inmoral porque lo sufre el pueblo cubano en Cuba.

Víctor Arrogante
@caval100

Tormenta tropical contra Cuba proveniente de la Florida, EEUU

Pasada la visita del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, una tormenta tropical proveniente de la Florida tratará de asechar a Cuba con el evidente objetivo de dividir a los revolucionarios y al pueblo de la mayor de las Antillas.
El calentamiento de las aguas que bañan la Florida, y la ciudad de Miami, enclave histórico de contrarrevolucionarios y terroristas anticubanos, lo propició Obama con su intencional contaminación “democrática” en el venenoso discurso que le prepararon muy bien sus asesores, y leyó en el Teatro Alicia Alonso de La Habana durante su reciente estancia oficial en la Isla caribeña.
A la intervención del actual inquilino de la Casa Blanca no me voy a referir porque bastante se ha escrito y hablado al respecto, aunque no estaría mal que todos los cubanos la estudiaran a fondo para contrarrestar con más efectividad el eventual ciclón en que desean transformar la ahora incipiente tormenta.
Es bien sabido que el verdadero propósito de las administraciones de Washington y los adversarios de la Revolución del 1 de enero de 1959 en Cuba ha sido siempre destruirla de disimiles maneras, y a cualquier precio, utilizando desde el bloqueo, atentados a sus principales dirigentes, acciones terroristas y agresiones, hasta la subversión interna.
Listo, más que inteligente, Obama cambió el método de sus predecesores, al restablecer las relaciones de Estados Unidos con el decano archipiélago antillano, abrir varios puentes en las esferas económicas y comerciales bilaterales, sin todavía levantar el bloqueo, y visitar La Habana, un hecho que acaparó la atención de todo el mundo y ha suscitado, como era de esperar, diversas reacciones.
El primer mandatario negro norteamericano y sus cercanos colaboradores se percataron que el sendero de la fuerza no los conduciría a nada con una Cuba que ha resistido y vencido todos los planes en su contra preparados por el Pentágono, y contado a la vez con una inmensa solidaridad internacional.
Entonces, el camino escogido por el jefe de Washington y sus asesores ha sido utilizar el repetitivo dialogo hipócrita y vacío de contenido sobre “democracia”, “derechos humanos”, “libertad de expresión”, y el progreso económico a la horma capitalista, que no dejan de confundir, y alimentar sobre todo divergencias.
Eso traducido al buen castellano significa fomentar el divisionismo, entre los revolucionarios y en general en el pueblo cubano, crear discrepancias entre las generaciones históricas, las actuales, y las que vienen, y alentar “cambios” que promuevan el individualismo, por encima de los intereses de una sociedad incluyente.
Esos “cambios”, una palabra ahora muy de moda en el lenguaje de la derecha, pero que le fue robada impunemente a la izquierda y la utilizan cotidianamente en Latinoamérica y el mundo, no excluyen hacer ver falsas contradicciones entre dirigentes y dignatarios progresistas en cuanto a cómo se debe gobernar un país y tener relaciones con Estados Unidos.
Para nadie es un secreto que han pretendido hacerlo entre el líder histórico de la Revolución cubana, Fidel Castro, y el presidente Raúl Castro, con la macabra intención de sembrar dudas y tratar de fraccionar a los cubanos.
Washington conoce perfectamente que el mayor éxito de Cuba desde el 1 de enero de 1959 ha sido haber mantenido la unidad de su pueblo en cualquier circunstancia, y lógicamente su plan en lo adelante será erosionarla.
Seguros estamos la mayoría que la nación antillana está siempre alerta, como acostumbra a hacer desde que las tormentas tropicales se forman en el Océano Atlántico, y por el sur del Mar Caribe se desplazan hacia el norte convirtiéndose en reiteradas ocasiones en peligrosos huracanes de categoría 5.
Por ello es recomendable que la Florida, y claro Estados Unidos, sin subestimar ni sobrestimar su poderío, esté preparado ante un huracán que pueda significar Cuba en lo adelante tras el acercamiento entre ambos países.
La influencia, aunque Washington trate de impedirla, será bidireccional porque los cubanos tienen mucho que enseñar y mostrar a sus vecinos del Norte, quienes cuando viajan a la Isla quedan impactados por su gente, su desarrollo científico, su cultura, educación, salud, y sobre todas las cosas por su dignidad, y su apego a la independencia y la soberanía.

Patricio Montesinos

domingo, 27 de marzo de 2016

“Cuba no tiene ningún gesto que hacer frente a EE.UU”




Entrevista al catedrático frances Salim Lamrani

Desde la isla francesa de Reunión, donde ofrece cátedra y sigue a la Revolución cubana, el doctor Salim Lamrani, experto en estudios iberoamericanos, asegura que Cuba no tiene ningún gesto que hacer frente a Estados Unidos en este proceso de normalización de sus relaciones bilaterales, interrumpidas por 54 años, y que ahora reimpulsan con la visita a la isla del presidente Barack Obama, la primera en casi 90 años.
“Cuba no tiene ningún gesto que hacer porque en definitiva conviene recordar su unilateralidad, se trata de un conflicto asimétrico, la agresión es unilateral en este diferendo histórico”, aseguró en entrevista con la agencia Andes.

Andes: ¿Qué podemos avizorar que puede significar esta visita de Obama a La Habana?
Salim Lamrani (SL): La visita de Barack Obama a Cuba es importante porque está inscrita en este proceso de diálogo binacional que empezó el 17 de diciembre de 2014 y mediante este viaje el presidente Obama expresa de modo formal el reconocimiento a la República de Cuba, a la Revolución cubana y obviamente al gobierno de Raúl Castro; también ratifica su voluntad de solucionar el histórico diferendo entre ambos países mediante el diálogo y el intercambio cordial.
Andes: ¿Es el bloqueo un obstáculo al desarrollo de Cuba o un obstáculo al desarrollo de las relaciones normales con Estados Unidos, o ambas inclusive?
SL:Yo diría que las sanciones económicas que impone Estados Unidos a Cuba desde hace más de medio siglo, desde 1960, constituye el principal obstáculo al desarrollo de la sociedad cubana. Afecta a todos los sectores y sobre todo a las categorías más vulnerables de la población cubana.
Conviene recordar que suscita el rechazo unánime de la comunidad internacional ya que Estados más fieles aliados de Estados Unidos en el continente y en el resto del mundo exigen el levantamiento de este estado de sitio que afecta a la población cubana.
El pasado octubre de 2015, por el año número 24 consecutivo, las naciones del mundo, 191 países, votaron en contra de las sanciones contra Cuba, o sea que estas sanciones que constituyen el obstáculo al desarrollo del país, también constituyen un obstáculo fundamental a la normalización de las relaciones bilaterales. Es imposible poder hablar de relaciones normales si no se levantan estas sanciones.
Andes: Cuba ha dicho que está dispuesta a normalizar sus relaciones con Washington y de hecho se ha instalado una mesa de negociaciones que evalúa en qué sectores se puede ir avanzando; usted ha escrito que la hostilidad es unilateral, de parte de Estados Unidos, que ha anunciado varias medidas en esa dirección. ?Qué gestos pudiéramos esperar de Cuba en este acercamiento?
SL: Cuba no tiene ningún gesto que hacer porque en definitiva conviene recordar su unilateralidad (de la hostilidad), se trata de un conflicto asimétrico, la agresión es unilateral; en este diferendo histórico hay un agresor que es Estados Unidos que aplica una política hostil contra la población cubana, y de otro lado hay una víctima: Cuba, su pueblo que sufre de esa situación, porque Cuba no exige un cambio régimen en Estados Unidos. Estados Unidos exige un cambio de régimen en Cuba; Cuba no financia una oposición interna en Estados Unidos. Estados Unidos dedica cada año 20 millones de dólares para subvertir el orden establecido; Cuba no ocupa una parte del territorio de Estados Unidos contra la voluntad del pueblo de Estados Unidos, que ocupa de modo ilegal e ilegítimo la Base Naval de Guantánamo; Cuba no financia programas televisivos y radiales para incitar a la población norteamericana a que exija la salud gratuita, la educación gratuita, el acceso a la cultura para todos; sin embargo, Estados Unidos, mediante programas de radio y TV Martí, financian programas subversivos que son ilegales según el derecho internacional.
Ahora, si Estados Unidos pretende exigir un cambio del sistema político y del modelo social en Cuba, creo que comete un error porque el modelo social y el sistema político en Cuba son competencias exclusivas del pueblo soberano de Cuba, y un principio fundamental del derecho internacional estipula que las relaciones entre países deben basarse en la no injerencia en los asuntos internos de Cuba. Si Estados Unidos quiere hablar de derechos humanos en Cuba, creo que el gobierno cubano y las autoridades cubanas han expresado su disposición a hablar de ese tema con tal de que se haga a partir de un principio de reciprocidad; si Estados Unidos quiere hablar de derechos humanos en Cuba, Estados Unidos también responder a preocupaciones de Cuba sobre la situación de los derechos humanos en Estados Unidos.
Andes: ¿No será Cuba una ficha en la estrategia de Estados Unidos en América Latina, ya que por un lado tiende una mano a Estados Unidos y por otro se enfrenta con Venezuela?
SL: Ese es el gran debate: saber si la nueva política de Washington es una estrategia distinta un cambio esta o si se trata de una modificación de orden táctico, o sea, cuál es el objetivo de Estados Unidos; Estados Unidos acepta por fin que Cuba es un país soberano, e independiente y que su política de extrema brutalidad que ha ido aplicando hace más de 50 años constituyó un error y hay que cambiarla porque no es una política moral y políticamente correcta, o sea se trata meramente de un cambio táctico para poder mediante la seducción, el lenguaje cordial, la penetración económica, conseguir con la zanahoria lo que no se pudo con el garrote.
Si escuchamos las declaraciones de Barak Obama y de las autoridades, nos damos cuenta que se trata de un cambio táctico, porque Barack Obama dijo que no había renunciado a los objetivos de la política exterior hacia Cuba. También lo vemos porque resulta incoherente extender, aceptar mejor dicho, la mano tendida de Cuba desde 1959 porque es una realidad que hay que enfatizar: Cuba siempre ha expresado su disposición a establecer relaciones cordiales y pacíficas con el vecino del norte, con tal que se respeten tres principios: la igualdad soberana, la reciprocidad y la no injerencia en los asuntos internos. Fidel Castro, Raúl Castro han expresado reiteradas veces su disposición a normalizar las relaciones con Estados Unidos.
Obama aceptó el 17 de diciembre la mano extendida por Cuba y elaboró una nueva política, pero esta nueva política del diálogo, de acercamiento es contradictoria con la política sumamente agresiva contra un país como Venezuela, pues por segundo año Barack Obama declaró que Venezuela representa una amena extraordinaria para la seguridad nacional de Estados Unidos; Venezuela, un país que nunca ha agredido a Estados Unidos en su historia, que siempre ha expresado su disposición a negociar los diferendos con Estados Unidos con tal que se respete la soberanía del país, o sea que el modelo social en Venezuela, el sistema político, no son competencias de la Casa Blanca, sino del pueblo venezolano, y es contradictorio ver como Estados Unidos acepta la realidad de una política fracasada para con Cuba y aplica esta misma política con Venezuela; ellos nos lleva a pensar que se trata de un cambio táctico con Cuba y no de un cambio estratégico.
Vemos que se multiplican los ataques procedentes del Norte contra todos los gobiernos progresistas de la región, socavando la soberanía de esos países, negando, rechazando la voluntad de sus pueblos que han llevado al poder a gobiernos preocupados por el bienestar general, y que quieren emprender una nueva política a la que preconiza el Fondo Monetario Internacional.
Andes: ¿Por qué estos ataques a los gobiernos progresistas?
SL: Yo creo que Estados Unidos se da cuenta de que hay una nueva América Latina progresista que ha llevado al poder a gobiernos que han establecido un proceso de emancipación y de inclusión de las categorías más vulnerables de la sociedad, porque antes de la llegada -y empezamos con el inicio de este proceso emancipador con la llegada de Hugo Chávez en Venezuela, en 1999- ello fue el inicio pero fue un inicio de la América Latina que siempre se apoyó en el ejemplo de Cuba, porque eso hay que enfatizarlo; muchas veces se subestima la importancia de la existencia de la Revolución cubana (…).
Hugo Chávez en Venezuela, y ahora Nicolás Maduro, han realizado una revolución social y económica que ha sacado a millones de ciudadanos de la pobreza y les ha devuelto la dignidad, antes eran ignorados, eran condenados a la indiferencia y llegó al poder un líder en Venezuela, pero también en Ecuador con (Rafael) Correa; en Bolivia con Evo Morales; (Luiz Inácio) Lula (Da Silva) en Brasil, muy importante, hay un ataque muy fuerte contra Lula porque simboliza la voz de los de abajo y la derecha nunca ha aceptado que los que antes no tenían voz ni voto ahora son protagonistas de los procesos de desarrollo nacional. Ese es el gran temor de la derecha apoyada por Estados Unidos, que las masas, que los pueblos se apoderen ellos mismos de su destino, como lo hizo Cuba y por eso no hay que subestimar la fuerza de la agresión contra todos esos gobiernos. Va a seguir, lo vemos ahora en Brasil, vimos una derrota electoral en Argentina con (Mauricio) Macri, el pueblo que creyó en el discurso y en las promesas electorales de Macri y cuando llegó al poder aplicó las recetas del Fondo Monetario Internacional (FMI).
También en Venezuela hay que sacar las lecciones de la victoria en las legislativas de la derecha, hay que sacar las lecciones de todo esto no hay, ni subestimar ni el impacto de la economía mundial, conviene recordar que el 50 % de los ingresos de Venezuela vienen del petróleo.

Andes

Centrismo, nacionalismo de derecha y anexionismo simbólico

Respuesta del intelectual cubano Fernando Martínez Heredia a una pregunta de la periodista Rosa Miriam Elizalde durante la conversación que sostuvieron en Cubadebate junto a Jesús Arboleya ante la llegada a Cuba del Presidente de EEUU Barack Obama.

Rosa Miriam Elizalde: Fernando, usted mismo ha alertado de la existencia en Cuba de un nacionalismo de derecha, que está en contra del bloqueo pero también implícita o explícitamente en contra de la Revolución, invocando posturas centristas.
Fernando Martínez Heredia: Y un nacionalismo de derecha incluso que tiene una acumulación cultural a la cual referirse. Si el día de mañana tuviéramos problemas graves entre nosotros, algunos de los que se sienten nacionalistas de esta manera probablemente terminarán frustrados y dirán: “Y yo que quería que Cuba tuviera una buena democracia, que con el pluripartidismo salieran los mejores siempre y la administración fuera una maravilla y miren las desgracias que nos han caído por lo que yo me creí.”
¿Qué tienen que hacer los pueblos cuando tienen experiencia histórica?: No volverse a equivocar. Cuando yo era niño la democracia burguesa en Cuba regía muy bien y mejor que en muchísimos países, y además se trataba de que el presupuesto nacional fuera aprobado por el Congreso. El Presidente de la República tenía un Primer Ministro, se transmitían por radio los debates, la televisión nueva también se metió en la política, la libertad de expresión cubana en la República burguesa neocolonial -no es una pseudorepública.
Allí la libertad de expresión era bastante alta y ¿por qué?, porque era funcional a la dominación capitalista en Cuba. Que todo el mundo pudiera opinar lo que quisiera, pero que las cosas continuaran en lo esencial sin cambios; por eso todos los partidos políticos cubanos en un momento dado estuvieron a favor de la Reforma Agraria, pero solo el triunfo militar-político de los revolucionarios pudo hacer la Reforma Agraria. Esa es una experiencia histórica.
Recuerdo a Frei Betto, que es tan sagaz y hace un par de meses dijo en Cuba: lo americanos saben que no pueden anexionarse a Cuba, ellos lo saben muy bien, pero pueden tener la aspiración de una anexión simbólica de Cuba. Es decir, pueden tener la aspiración de que por la guerra de los símbolos los cubanos se confundan suficientemente o se dividan suficientemente, para que se equivoquen con sus propios símbolos. Por ejemplo, que uno tenga la bandera norteamericana en la ropa, en un automóvil, y diga: “No, si eso no tiene importancia, pero si es de lo más bonita, no pero si venden muchísimas”. También podrían poner la bandera irlandesa o austriaca, y no es así. De modo que no es casualidad, sino un proceso. Cito a Betto porque en estas cosas a veces de las frases felices son importantes.
La anexión simbólica no significa que a uno le vaya a parecer mejor la bandera, sino que uno pueda pensar que, porque Obama viene a Cuba, la situación material de una parte grande de los cubanos va a mejorar. Esa es una creencia que pudiera existir. Supone una tremendísima confusión, pero pudiera existir. Cuando hablamos de anexión simbólica estamos pensando de la creencia de que son los grandes poderes que existen en el mundo los que le pueden resolver los problemas a Cuba. Por eso hablé no solo del dominio neocolonial norteamericano, sino del dominio de la burguesía de Cuba, que mantuvo a casi la mitad de los cubanos sin saber leer y escribir -100 mil cubanos en La Habana no sabían ni leer ni escribir cuando triunfó la Revolución-, 100 mil que mantuvo a la gente sin atención médica, donde morirse de diarrea de niño era lo más normal y tener tuberculosis de adulto era de lo más normal. Entonces, pensar que hoy en el siglo XXI uno puede resolver todo si los Estados Unidos nos ayudan a resolverlo es anexionarse simbólicamente, y es peligrosísimo porque es volverse ciego, es perder la visión del presente y del futuro.

Fernando Martínez Heredia
La pupila insomne