domingo, 16 de junio de 2013

El Che hoy




Pensar al Che 46 años después de su asesinato es un reto y hay que asumirlo con modestia.

Habría que resaltar ante todo la impresionante sobrevida de su ejemplo. El tiempo transcurrido desde su muerte es mayor que el de su existencia interrumpida en plena juventud. Sucesivas generaciones lo han acompañado. Renació en hombres y mujeres que lo amaron sin haberlo conocido y por él dieron sus vidas una y otra vez.
Su vigencia ha sido permanente. Transformada en símbolo su imagen recorre el mundo. Se aferran a ella y la levantan quienes buscan cambiar la realidad. Es el rostro que anima la Revolución de nuestro tiempo.
Más allá de cualquier análisis científico es obvio que para muchos el Che vive, es inseparable de sus luchas, sacrificios y sueños.
El desafío para quienes piensan al Che es tratar de hacerlo a la manera guevariana, imaginando cómo lo haría él, con su modo de pensar siempre creador y libre de ataduras. Sólo pretendo aquí compartir con ustedes unas pocas reflexiones sobre un tema que exigiría un empeño sistemático y de mayor calado.
Debemos evadir las manquedades de quienes reducen al Che a su hazaña guerrillera o a sus criterios sobre la construcción del socialismo en Cuba y a la estrategia de lucha armada para la América Latina de hace medio siglo presentándolo sólo como una figura deslumbrante de un pasado glorioso. En todos esos campos entregó aportes de valor excepcional que fueron decisivos para el desarrollo posterior y hoy tienen plena actualidad en un Continente donde millones se afanan en la búsqueda de un socialismo nuestro, multicolor, que en su diversidad halla en el Che su punto de encuentro.
El Che fue asesinado en Bolivia y su vanguardia guerrillera militarmente derrotada pero en el Altiplano triunfó finalmente un movimiento del que forman parte continuadores de su heroico destacamento, que lo reivindica como paradigma y ha hecho de Vallegrande y la Higuera lugares sagrados de un nuevo socialismo.
El Imperio intentó en vano hacerlo desaparecer. Él regresó victorioso a la Venezuela bolivariana y chavista, al Ecuador, a Nicaragua, a la Argentina, a Brasil, a Uruguay, al Caribe, a los movimientos populares que en él tienen su mejor guía.
Su visión de un proyecto de emancipación social de alcance continental se convirtió en realidad que pugna por consolidarse ya en un número creciente de países y que habrá de desembocar en una América Latina y caribeña libre de la dominación extranjera y de toda forma de explotación.
Anticipándose a muchos descubrió las debilidades y contradicciones del sistema soviético que inevitablemente llevarían a su bancarrota. Supo además denunciar su falta de espíritu internacionalista, el abandono de la solidaridad efectiva con quienes luchaban por su liberación.
Frente al eurocentrismo que frenaba al movimiento revolucionario, la década del Sesenta vió surgir una nueva izquierda que cuestionó los esquemas del llamado “socialismo real” mientras del proceso descolonizador brotaba un Tercer Mundo que se empeñaba en buscar sus propias vías para superar al capitalismo. La Revolución cubana sería parte inseparable de ese proceso y Ernesto Guevara su pensador más relevante, quien más se esforzó por sintetizar la experiencia cubana y dotar de una elaboración teórica al tercermundismo y a la revitalización del ideal socialista al que aportaría frescura antidogmática, independencia creadora y auténtica militancia combativa.
Precisamente porque él estaba peleando con las armas en la mano, convirtiendo en práctica real sus convicciones, el Che no estuvo presente en la Conferencia Tricontinental ni en la creación de la Organización Latinoamericana de Solidaridad pero nadie duda que ambas a él debieron su existencia.
No fue por azar que C. Wright Mills dedicó al Che el capítulo final de su último libro donde quiso reunir los principales textos del pensamiento socialista.
Hace cinco años Frei Betto escribió: “Hoy, al resumir el legado del Che y celebrar sus ochenta años nos exige mantener el corazón y los ojos vueltos hacia la preocupante situación de nuestro planeta, donde impera la hegemonía del neoliberalismo. Multitudes, sobre todo jóvenes, son atraídas al individualismo y no al espíritu comunitario, a la competitividad y no a la solidaridad; a la ambición desmedida y no a la lucha en pro de la erradicación de la miseria”.
Y agregaba el dominico revolucionario: “¿cuál es la mejor manera de conmemorar los ochenta años del Che? Creo que el mejor regalo sería ver a las nuevas generaciones creyendo y luchando por otro mundo posible, donde la solidaridad sea hábito, no virtud; la práctica de la justicia una exigencia ética; el socialismo el nombre político del amor”.
Esas palabras sirven también para este aniversario ochenta y cinco. Ese regalo está en la conciencia y en los sentimientos de los jóvenes. A ellos hay que llegar pero como lo hacia el Che. Sin imposiciones escolásticas ni estereotipos burocráticos, sin hipocresía. Se trata de ayudarlos a pensar y a sentir por sí mismos con entera libertad. Educar, crear conciencia, era para él tarea clave, irremplazable, para avanzar hacia una nueva sociedad en lucha constante contra la herencia del egoísmo y el materialismo individualista.
Por eso calificó como “el tremendo crimen histórico de Stalin: el haber despreciado la educación comunista e instituido el culto irrestricto a la autoridad”.
Para el Che educar a los hombres, ayudarles a forjarse una nueva conciencia que asuma los valores de la sociedad que se quiere conquistar es misión principal de la vanguardia revolucionaria la cual, si de verdad lo es, no puede caer en la engañosa idea de que el socialismo puede implantarse por decreto ni que la ideología puede apresarse en un manual.
Nada educa tan eficazmente como el ejemplo y por eso él fue y será siempre nuestro mejor educador.
A él hay que regresar ahora cuando nos enfrascamos en el proceso necesario de cambiar todo lo que deba ser cambiado en nuestro proyecto económico y social. Para que ese proceso triunfe y haga mejor el socialismo posible ahora en Cuba es preciso fortalecer y profundizar nuestra cultura revolucionaria. Es imposible subrayar la importancia estratégica, decisiva, de esa batalla en el terreno de las ideas y de la conciencia, a cuyo frente seguirá quien hoy como ayer nos convoca a luchar hasta la victoria siempre.

Ricardo Alarcón de Quesada
La Habana, 14 de junio de 2013
Coloquio Che Guevara en la hora actual
a 85 años de su natalicio

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