domingo, 17 de mayo de 2009

Haydée Santamaría, una mujer revolucionaria



Nota introductoria de Néstor Kohan (Cátedra de Formación Política Ernesto Che Guevara) y cartas de Haydée Santamaría al Ché y desde la cárcel

Haydée Santamaría Cuadrado [1922-1980] es una de las mujeres que participaron el 26 de julio de 1953 en el asalto al cuartel Moncada, encabezado por Fidel Castro. Luego de ese asalto, muchos combatientes fueron capturados por el Ejército del dictador Batista. Como ya es una triste "costumbre"... -hoy empleada por los militares norteamericanos en Irak y en Guantánamo como ayer en Vietnam y en innumerables lugares del mundo, por el Ejército francés en Argelia, por los militares argentinos, chilenos, israelíes y sudafricanos y por todos los aparatos de represión que defienden al capitalismo- a esos combatientes los torturaron.
Abel Santamaría, hermano de Haydée, fue uno de los torturados. Ahí mismo, lo asesinaron. A los sobrevivientes los encarcelaron. Haydée escribe entonces esta carta a sus padres -que ahora reproducimos- luego del asesinato de Abel en la tortura. Allí hace referencia a los sueños rebeldes de su hermano y al significado de Fidel Castro para el movimiento revolucionario.
Haydée fue una de las encargadas de sacar de la cárcel en forma clandestina y de recomponer, por distintas vías, el célebre alegato de Fidel Castro en el juicio ante sus captores conocido popularmente como La historia me absolverá.
Más tarde, habiendo sido una de las cofundadoras del Movimiento 26 de julio, Haydée participa como combatiente guerrillera en la lucha que provocará la caída de Batista y el triunfo de la Revolución Cubana. No es la única mujer que participa en esa lucha, pero sí es una de las más destacadas junto a Celia Sánchez [1920-1980], a Melba Hernández y a muchas otras. Por ejemplo, el 4 de septiembre de 1958 se forma en la Sierra Maestra el pelotón "Mariana Grajales" del Ejército Rebelde, formado exclusivamente por mujeres combatientes.
Con el triunfo de la Revolución Cubana, Haydée -cuyo sobrenombre era Yeyé- funda en 1959 una institución cultural que será emblema entre los intelectuales críticos de todo el orbe: la Casa de las Américas. Allí recibirá a los intelectuales más importantes del mundo que han visitado Cuba y han descubierto el papel fundamental que la Revolución le ha brindado a la cultura. Muchos de ellos recuerdan a Haydée, entre otros nuestro querido Julio Cortázar.
Más tarde, será una de las cofundadoras y miembro del comité central del nuevo Partido Comunista cubano (fundado en 1965, a partir de la unidad de varias organizaciones lideradas por el Movimiento 26 de Julio) e integrará la presidencia de la Organización Latinoamericana de Solidaridad (OLAS), reunida en La Habana en 1967 para coordinar la lucha insurreccional en todo el continente.
En ese año se produce el asesinato del Che Guevara en Bolivia (otra vez, como siempre, realizado a sangre fría y por órdenes de la CIA y los rangers norteamericanos que asesoraban al Ejército boliviano). Luego de conocerse en Cuba su asesinato, Haydée le escribe al Che la carta que ahora reproducimos.
Ese mismo año, el 13 de julio de 1967, Haydée brinda una charla a los estudiantes de la Escuela de Ciencias Políticas de la Universidad de La Habana sobre el asalto al Cuartel Moncada. Allí relata gran parte de su experiencia como mujer revolucionaria y combatiente guerrillera.
En uno de sus pasajes, Haydée le dice a un estudiante: "Para mí ser comunista no es militar en un partido; para mí ser comunista es tener una actitud ante la vida". En otra parte, resumiendo lo que sienten muchas mujeres revolucionarias del mundo que han caído bajo la represión, afirma: "Iba presa, esposada, maniatada, y me sentía más fuerte y más libre que aquellos que con la toga de justicia me iban a juzgar". Más adelante, le confiesa a una joven estudiante: "Y así, compañera, puedo decirte que me impresionó hasta ver caer, hasta ver morir a un enemigo. Me impresionó tremendamente ver caer a aquel que veníamos a combatir [...] Soy enemiga ya no de matar por gusto, soy hasta enemiga de ser violenta por gusto. Creo que hay que hacer un gran esfuerzo para ser violenta, para ir a la guerra, pero hay que ser violenta e ir a la guerra si hay necesidad".
Esa extensa conversación fue editada posteriormente en el libro Haydée habla del Moncada [La Habana, Casa de las Américas, 1985]. Al año siguiente, en 1968, Haydée viaja a Vietnam como parte de una delegación solidaria de la Revolución Cubana con el pueblo indomable de Ho Chi Minh.
Hoy en día, ella se ha convertido en un símbolo de la mujer revolucionaria más allá de las fronteras de la Revolución Cubana. Por ejemplo, en Australia, Betsy Maclean acaba de publicar una antología -en inglés- que incluye, además de su introducción, escritos y cartas de Haydée y sobre Haydée [Véase: Haydée Santamaría editado por Betsy Maclean. Australia, Ocean Press, 2003. Colección: "Rebel lives" (Vidas rebeldes)].
Como mujer revolucionaria, como militante, como intelectual y como combatiente por el socialismo, Haydée Santamaría -junto con sus compañeras cubanas- forma parte de una extensísima y gloriosa tradición mundial que también integran las militantes francesas Flora Célestine Thérèse Tristan [1803-1844], Louise Michel, Madame Fautin y Hortense David, la inglesa Elisabeth Dmitrieff, las rusas Vera Ivánovna Zasúlich [1851-1919] y Alexandra Kollontai [1872-1952], la alemana Clara Eissner Zetkin [1857-1933], la judía polaca Rosa Luxemburg [1871-1919], la ucraniana-estadounidense Raya Dunayevskaya [1910-1987], la española Dolores Ibárruri Gómez [1895-1989], la vietnamita Nguyen Thi Binh, la argelina Djamila Boupacha, la nicaragüense Luisa Amanda Espinoza [1948-1970], la alemana Ulrike Marie Meinhof [1934-1976], la argentina-alemana Haydée Tamara Bunke Bider [1937- 1967], la italiana Margherita Cagol [¿?-1975] y las argentinas Alicia Eguren [1924- 1977] y Ana María Villareal de Santucho [1936-1972] entre muchísimas y muchísimas otras.
Una tradición heroica de pensamiento y acción -integrada por vertientes distintas y experiencias diversas- donde la lucha de las mujeres jamás se escinde de la lucha por la revolución y el combate por la causa mundial del socialismo.
La Cátedra de Formación Política Ernesto Che Guevara reproduce estas cartas de Haydée por tres razones. En primer lugar, porque constituyen documentos históricos muy importantes sobre la Revolución Cubana. En segundo lugar, porque ayudan a conocer la personalidad de Haydée Santamaría y a comprender el papel central jugado por ella y por otras mujeres en la lucha revolucionaria latinoamericana. En tercer lugar, como un pequeñísimo homenaje a todas las mujeres del mundo que en Irak, en Palestina, en Colombia, en el país vasco, en Brasil, en Chiapas, y en todos los rincones del mundo participan de la lucha revolucionaria, resistiendo las represiones, las torturas, las violaciones y todo la barbarie con que el imperialismo pretende domesticar la rebelión de nuestros pueblos.
(Agradecemos a la compañera Celia Hart, hija de Haydée Santamaría y Armando Hart, que nos haya permitido reproducir ambas cartas).

Néstor Kohan

Hasta la victoria siempre, Che querido

Carta de Haydée Santamaría al Che Guevara, escrita después del asesinato del Che en Bolivia

Che: ¿dónde te puedo escribir? Me dirás que a cualquier parte, a un minero boliviano, a una madre peruana, al guerrillero que está o no está pero estará. Todo esto lo sé, Che, tú mismo me lo enseñaste, y además esta carta no sería para ti. Cómo decirte que nunca había llorado tanto desde la noche en que mataron a Frank, y eso que esta vez no lo creía. Todos estaban seguros, y yo decía: no es posible, una bala no puede terminar el infinito, Fidel y tú tienen que vivir, si ustedes no viven, cómo vivir. Hace catorce años veo morir a seres tan inmensamente queridos, que hoy me siento cansada de vivir, creo que ya he vivido demasiado, el sol no lo veo tan bello, la palma, no siento placer en verla; a veces, como ahora, a pesar de gustarme tanto la vida, que por esas dos cosas vale la pena abrir los ojos cada mañana, siento deseos de tenerlos cerrados como ellos, como tú.
Cómo puede ser cierto, este continente no merece eso; con tus ojos abiertos, América Latina tenía su camino pronto. Che, lo único que pudo consolarme es haber ido, pero no fui, junto a Fidel estoy, he hecho siempre lo que él desee que yo haga. ¿Te acuerdas?, me lo prometiste en la Sierra, me dijiste: no extrañarás el café, tendremos mate. No tenías fronteras, pero me prometiste que me llamarías cuando fuera en tu Argentina, y cómo lo esperaba, sabía bien que lo cumplirías. Ya no puede ser, no pudiste, no pude. Fidel lo dijo, tiene que ser verdad, qué tristeza. No podía decir "Che", tomaba fuerzas y decía "Ernesto Guevara", así se lo comunicaba al pueblo, a tu pueblo. Qué tristeza tan profunda, lloraba por el pueblo, por Fidel, por ti, porque ya no puedo. Después, en la velada, este gran pueblo no sabía qué grados te pondría Fidel. Te los puso: artista. Yo pensaba que todos los grados eran pocos, chicos, y Fidel, como siempre, encontró los verdaderos: todo lo que creaste fue perfecto, pero hiciste una creación única, te hiciste a ti mismo, demostraste cómo es posible ese hombre nuevo, todos veríamos así que ese hombre nuevo es la realidad, porque existe, eres tú. Que más puedo decirte, Che. Si supiera, como tú, decir las cosas. De todas maneras, una vez me escribiste: "Veo que te has convertido en una literata con dominio de la síntesis, pero te confieso que como más me gustas es en un día de año nuevo, con todos los fusibles disparados y tirando cañonazos a la redonda.
Esa imagen y la de la Sierra (hasta nuestras peleas de aquellos días me son gratas en el recuerdo) son las que llevaré de ti para uso propio". Por eso no podré escribir nunca nada de ti y tendrás siempre ese recuerdo.

Hasta la victoria siempre, Che querido. Haydée

Carta enviada desde la prisión por Haydée Santamaría a sus padres

[escrita en 1953, después del asalto al cuartel Moncada, al llegar a la cárcel de mujeres de Guanajay]

Ya estoy en Guanajay. Desde que llegué, iba a escribirles, pero sé sabían de mi estancia aquí por Elena y Manuel y que sabían estaba muy bien.
Creo hace como 15 días estoy aquí y pensé era mejor esperar unos días para escribirles y contarles algo de esto y como son las cosas para venir [a visitarme], y si podían hacerlo y si dejaban entrar niños, para que me trajeran a Carín [Sobrina de Haydée. En ese entonces una bebita]. Pueden decirles que los pueden traer, y las visitas son los domingos de 2 de la tarde a 6.
Quiero que sepan que estoy muy bien, [por lo] que ustedes no se preocupen en venir. Todos los domingos vienen muchas personas y nos traen de todo, además, la comida es buena, así que no deben tener preocupaciones. Si creo que el domingo que vengan, que no debe ser más de una vez al mes, me lo comuniquen antes, para [que] ese domingo no vengan más visitas para así poder estar con ustedes y no tener que atender a más gente que sí vienen todos los domingos por ser de aquí. Por eso, deben avisar antes de venir; les repito, estoy de lo mejor, si no fuera por la preocupación de ustedes por mí, y por saber el dolor que tienen al pensar que no tendrán más a Abel [Abel Santamaría, hermano de Haydée, asaltante del cuartel Moncada junto a Fidel, capturado, torturado y asesinado por los torturadores de Batista] con ustedes, pudiera decirles que soy casi feliz. Si ustedes pensaran como yo sobre Abel, pudieran también, si no ser felices, no ser tan desgraciados como sé que son.
Mamá, Nino [sobrenombre cariñoso empleado por Haydée con su padre Benigno Santamaría], sé bien que nada que les diga les quitará esta terrible pena, tal vez cuando pasen los años me entenderán, cuando tengan de verdad la seguridad [de] que ustedes son padres privilegiados, que siempre tendrán a ese hijo, y lo tendrán tal como era, bueno, joven, hermoso, jamás ese hijo será como tendrán a los otros, estos otros se convertirán en viejos, feos, agrios. Abel fue, es y será ese hijo que no envejece, siempre seguirá con su cara tan linda, siempre seguirá para ustedes, para todos nosotros con su fuerza, con su infinita ternura, será quien nos haga ser de verdad buenos, será siempre el guía, y para ustedes, será el hijo más cercano. Piensen bien que ya ustedes han sufrido cambios, cambios tan grandes y bellos, que aunque fuera por eso sólo me conformo, soy casi feliz; Abel los ha hecho cubanos, Abel ha logrado que ustedes amen esta tierra, amen la hermosa tierra donde nació, y creo que es lo único que él amaba más que a ustedes.
Como ustedes pueden pensar, no tendrán más [a] Abel, [pero] si él desde Santa Ifigenia les ha dicho: quieran a Cuba, quieran a Fidel, y ustedes, aunque antes él se lo pidió, es hoy cuando han entendido esa verdad, y yo, si no los viera más a ustedes, sentiría la felicidad de tener siempre padres, porque han sabido ser padres de Abel.
Mamá, Nino, y tú sobre todo Mamá, si me dijiste tantas veces que yo nada más quería [a] Abel, que era el único que me importaba en la familia, y hoy vivo, no soy desgraciada; [¿]Porqué tú no vas a vivir, no ser desgraciada[?].
Van a vivir más que nunca para él, vas a amar lo que tanto amó; puedes dedicarte a defender lo que era la razón de su vida: los trabajadores de Constancia [Central azucarero Constancia. La Revolución Cubana lo bautizó, luego del triunfo, Abel Santamaría Cuadrado], no los Luzarragas [apellido de los terratenientes explotadores de la zona donde vivía la familia Santamaría Cuadrado]. Mamá, ahí tienes [a] Abel, [¿]No te das cuenta Mamá[?]. Abel no nos faltará jamás.
Mamá, piensa que Cuba existe y Fidel está vivo para hacer la Cuba que Abel quería. Mamá, piensa que Fidel también te quiere, y que para Abel, Cuba y Fidel eran la misma cosa, y Fidel te necesita mucho. No permitas a ninguna madre te hable mal de Fidel, piensa que eso sí Abel no te lo perdonaría.

Haydée