sábado, 20 de agosto de 2016
El Necio: Video de la OSPAAL al cumpleaños 90 de Fidel Castro
Canción antológica del cantautor cubano Silvio Rodríguez, con 90 fotos históricas de Fidel Castro.
Realizador: Santiago Rony Feliú
viernes, 19 de agosto de 2016
Fidel es una cultura

Desde que tengo uso de razón política estuve oyendo hablar sobre qué pasaría el día que Fidel no estuviera al frente de Cuba. Recuerdo un documental de la Escuela de Cine de San Antonio que vi hace años en una de las Ferias del libro que se hacían en Pabexpo: Un hombre habla por un teléfono público y le disparan a boca de jarro la pregunta de marras, “la debacle”, respondía el interrogado con una expresión facial acorde con esas dos palabras.
Tampoco hubo vez en que saliera de Cuba antes de 2006, cuando Fidel enfermó gravemente y delegó sus responsabilidades al frente del país, en que no me hicieran la consabida pregunta que la realidad se ha encargado de responder. Pero… ¿por qué se asocia tanto el destino de un país al de una persona, se sea amigo o enemigo del signo que esta, indiscutiblemente, ha impuesto al destino de Cuba y más allá?¿por qué ostenta el récord de ser el líder contra el que más intentos de asesinato se han fraguado?¿cómo es posible que a pesar de haber sido tratado de modo hostil por los principales medios de comunicación del planeta donde quiera que viajó fue acogido fervorosamente por las multitudes?
Cuba fue la última nación americana en liberarse del colonialismo español. España concentró contra los patriotas cubanos toda su fuerza en tres guerras en las que el genio militar y político de los más capaces hijos de la Isla, aunque arrinconó a uno de los imperios más poderosos de la historia, fue golpeado en los momentos críticos por la división. Los norteamericanos aprovecharon la muerte de los más prestigiosos líderes independentistas -Antonio Maceo y José Martí- para escamotear la independencia, dividiendo y corrompiendo a muchos cubanos con trayectoria insurreccional. Tuvieron que pasar más de dos décadas para que una nueva generación retomara a Martí, rescatara su ideario antiimperialista y lo proyectara junto al pensamiento marxista como solución para los males de una república dependiente y corrupta.
El pueblo cubano entonces parió hombres como Julio Antonio Mella, Rubén Martínez Villena y Antonio Guiteras, que juntaron el pensamiento martiano y el ideario socialista con la acción revolucionaria pero que no sobrevivieron al proceso llamado Revolución del 30 que de manera importante ellos contribuyeron a gestar desde inicios de la década de los años veinte del siglo pasado pero que nuevamente fue golpeada por divisiones entre las fuerzas revolucionarias. La embajada de Estados Unidos conspiró con el que sería su hombre fuerte a partir de entonces, Fulgencio Batista, y con el discurso del “Buen Vecino” logró restablecer el control de la situación. Se generaron entonces nuevos engaños y frustraciones.
Aunque una Constitución proclamó en 1940 derechos muy avanzados para la época, en periodos electorales sucesivos las fuerzas políticas que se proclamaron herederas de la Revolución del 30, una vez llegadas al poder, se revelaron como corruptas y serviles a la dominación norteamericana. El Partido Comunista se había desangrado políticamente, obedeciendo la orden de Moscú de crear Frentes Populares, y acudiendo a las primeras elecciones regidas por la nueva Constitución en alianza con el mismo Batista que al servicio del imperialismo había dado el tiro de gracia a la Revolución del 30. Un nuevo Partido político con el nombre de Ortodoxo, en cuyas filas militaba el joven abogado Fidel Castro, capitalizó el descontento popular bajo el lema “Verguenza contra dinero”, su líder atrapado en una denuncia que no pudo probar se suicidó, y a las puertas de las elecciones donde ese Partido tenía la victoria segura, un golpe de estado encabezado por Batista cambiaría radicalmente la situación.
Ante la inacción del Partido al que pertenecía y agotadas las vías políticas, Fidel Castro abraza la vía armada, organiza en secreto un selecto grupo de jóvenes y sorprende al país el 26 de julio de 1953 asaltando la segunda fortaleza militar del país, con la demostración palpable de que él y el Movimiento que encabeza están dispuestos a jugarse la vida por realizar los sueños con que tantas veces habían engañado a los cubanos. Su discurso de autodefensa, difundido clandestinamente desde la prisión, fue el programa revolucionario que le ganó el apoyo popular, avalado porque esta vez la palabra y los hechos se encontraban sin demagogia. Habían regresado Martí, Maceo, Guiteras, Mella y Rubén en una sola persona. Fidel era el organizador y el hombre de acción, el intelectual y el político con ética, el líder dispuesto a jugarse el pellejo para probar sus ideas. El pueblo mil veces engañado vio en él todo eso y decidió lanzarse otra vez a la Revolución.
El resto es conocido. Se podía hacer una revolución sin el ejército o con el ejército pero no contra éste, y Fidel rompió el dogma. Fresco aun el crimen de la CIA contra la Revolución guatemalteca de 1954, tampoco un gobierno latinoamericano podía desafiar a Estados Unidos y menos hacer una Reforma agraria que afectara intereses norteamericanos, Fidel volvió a romper el dogma y desde entonces saltaron por los aires los imposibles en Cuba. Pero no fue suficiente, en África eran invencibles los mercenarios blancos y el ejército racista sudafricano hasta que negros y mestizos dirigidos por Fidel demostraron lo contrario. Como ha escrito el historiador Piero Gleijeses, en África Cuba humilló a una potencia de la Guerra fría –EEUU- y desafió a la otra –la Unión Soviética-, actuando por motivaciones propias a favor de los pueblos africanos.
Imposible era también que la Revolución se mantuviera en el poder en Cuba tras la desaparición de la URSS, que un país del Tercer Mundo compitiera en productos biotecnológicos con los del primero y viviera de exportar servicios profesionales pero los cubanos guiados por Fidel lo posibilitaron.
Había que matarlo porque Fidel es la posibilidad de que los postergados, los de abajo, hagan posible lo que siempre les han negado. Y no bastaba con matarlo, había que desacreditarlo. “Revolución es no mentir jamás”, ha dicho el hombre sobre el que quizás más se haya mentido.
Hace diez años que Fidel no gobierna en Cuba y cada día vivido desde entonces ha sido un día de derrota para sus poderosos enemigos. Un día en que se recuerda que no pudieron vencerlo ni con la guerra, ni con el asesinato; ni con el bloqueo económico, recrudecido después de la caída de la Unión Soviética.
Esa victoria no tendría sentido si la Revolución no continúa. Fidel no hubiera trabajado intensamente todos estos años, no hubiera consagrado su vida a la educación de su pueblo, si no es para que la Revolución lo sobreviva.
Pero con excepción de Cuba, solo países de geografía numerosa, lejanos de EEUU, con masa crítica demográfica, cultura milenaria y lengua propia han resistido de manera prolongada la hegemonía norteamericana.
“Fidel es un país” escribió Juan Gelman pero eso era a inicios de la Revolución. Hoy Fidel es una cultura, una geografía de la justicia y la soberanía, un lenguaje de la solidaridad que une a muchas personas más allá de las fronteras de Cuba. La Revolución sobrevivirá si mantiene viva esa cultura.
Iroel Sánchez
Al Mayadeen
Intelectual francés destaca entrega de Fidel Castro a los pueblos

Fidel Castro siempre ubicó la suerte y el destino de los desheredados en el centro de su reflexión y de su acción, destacó hoy el intelectual francés Salim Lamrani, a propósito del cumpleaños 90 del líder revolucionario.
En declaraciones a Prensa Latina, el ensayista recordó las políticas impulsadas por Fidel "a favor de un mundo menos injusto, una repartición más equitativa de las riquezas, una resolución pacífica de los diferendos y una preservación de la naturaleza".
Para definir al líder cubano, quien celebró ayer sus nueve décadas de vida, Lamrani resaltó tres aspectos esenciales y lo calificó inicialmente como el arquitecto de la soberanía nacional que hizo realidad el sueño de José Martí de una Patria libre.
Como un segundo elemento, lo consideró el reformador social que siempre ha defendido el derecho de los humildes a una vida digna, y por último: "el internacionalista que siempre ha extendido una mano generosa a los pueblos necesitados del planeta".
En síntesis, estimó, su principal combate ha sido la edificación de una Cuba soberana e independiente que no negocia sus principios, su sistema político, ni su modelo de sociedad.
El escritor francés, autor de libros como "Fidel Castro, Cuba y los Estados Unidos" y "Cuba frente al Imperio", estimó que para dar continuidad a su obra es vital luchar por la preservación del medioambiente, pues la especie humana corre el peligro de autodestruirse.
"Es la gran preocupación de Fidel Castro, quien dedica muchos esfuerzos para despertar consciencias sobre la inminencia y el carácter casi irreversible de ese proceso", aseveró.
El intelectual opinó que la mejor forma de celebrar el cumpleaños es que Cuba y sus futuras generaciones sigan la lucha para preservar la independencia nacional y fortalecer el socialismo en la isla caribeña.
"Cuba debe seguir siendo la isla de la generosidad y de la solidaridad que le abre los brazos a los oprimidos del mundo", sostuvo.
Luisa María González
Prensa Latina
lunes, 15 de agosto de 2016
La Revolución Cubana y la izquierda revolucionaria en la década de sesenta

La Revolución Cubana ha contribuido significativamente a la formación y desarrollo de diversas organizaciones guerrilleras en América Latina. Sin embargo, ella no fue la causa del surgimiento de los movimientos revolucionarios en los años sesenta.
Al final de los años cincuenta una ola de resistencia “azotó” a América Latina, provocada por el estrangulamiento de las nuevas fuerzas de producción en un sistema que no solo fue diseñado para los intereses de la burguesía urbana, sino que también fue basado en una subestructura de una economía agraria arcaica. El auge de los movimientos sociales, producido por un intenso proceso de industrialización en una región atrasada y la necesidad de sustituir mecanismos de gobierno anticuados, por los que al nivel político expresarían los cambios en el terreno económico, era tierra fértil para una práctica revolucionaria.
La ausencia de una verdadera vanguardia antiimperialista hizo imposible la toma del poder por el proletariado y sus aliados en América Latina. Los partidos comunistas, por ejemplo, mostraron una desastrosa falta de imaginación política y una ignorancia asombrosa en relación con su participación en la dirección de las masas trabajadoras. En 1965, la CIA escribió en su Survey of communism in Latin America que en el corto plazo ningún partido comunista latinoamericano es una verdadera amenaza para los gobiernos existentes.
El papel de líder de las masas fue tomado a finales de los años cuarenta por un grupo de partidos populistas jóvenes que rápidamente ganaron seguidores en el Perú (Alianza Popular Revolucionaria Americana; APRA), Bolivia (Movimiento Nacionalista Revolucionario; MNR), Guatemala (Partido Revolucionario de Guatemala; PRG), Venezuela (Acción Democrática; AD), etcétera. Estos partidos lograron ganar las capas bajas de la sociedad ofreciéndoles programas de reforma. Sin embargo, una vez en el poder, se mostraron incapaces de ir más allá de tímidas reformas, o fueron depuestos por los militares. Esta inmovilidad revolucionaria terminó con la Revolución Cubana.
En este artículo narramos los efectos que tenía la Revolución Cubana sobre la izquierda revolucionaria latinoamericana en la década de sesenta, y en especial sobre la izquierda revolucionaria peruana, y discutimos el internacionalismo de la Revolución Cubana. En la última sección de este artículo argumentamos que la Revolución Cubana no fue “exportada” como dicen algunos autores como Ricardo Napuri, sino que los revolucionarios de cada país tomaron las lecciones de la Revolución Cubana y trataron de aplicarlas en su propio país.
Este artículo está organizado en cuatro secciones. En la sección 1 hablamos sobre el efecto que tenía la Revolución Cubana sobre la izquierda revolucionaria latinoamericana. Sección 2 está dedicada a la izquierda revolucionaria peruana y la Revolución Cubana. En la sección 3 se revisa el internacionalismo de la Revolución Cubana en la década sesenta, y en la sección 4 discutimos la supuesta exportación de la Revolución Cubana.
1. La Revolución Cubana y la izquierda revolucionaria latinoamericana
El éxito de la Revolución Cubana inspiró los pueblos de América Latina a reforzar la lucha contra sus enemigos de clase. Proporcionó muchas lecciones que fueron tomadas rápidamente y que provocaron revoluciones dentro de la izquierda. Algunos ejemplos lo ilustran. El excomandante guerrillero Venezolano Alfredo Maneiro de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN) decía en el libro La lucha armada: Hablan 6 comandantes. Magoya, Luben Petkoff, Anselmo Natale, Luis Correa, Juan Vincente Cabezas, Alfredo Maneiro: “La Revolución Cubana justificó una cierta sana impaciencia revolucionaria, liquidó una vieja discusión sobre el fatalismo geográfico y el hecho de que al ser nosotros la retaguardia física del imperialismo de esta parte del planeta, ello parecía excluir las revoluciones latinoamericanas del mundo de las posibilidades. La Revolución Cubana liquidó ese fantasma de un solo plumazo. Actualizó la acción directa, puso en el banquillo de los acusados al militante tradicional y a la forma tradicional de hacer política de izquierda. Es decir, dejó de ser, como creo dijo Guevara en una ocasión, una política que solo podía producir mártires pero cuya factibilidad era para el museo de la revolución. Una política que no tenía significación social, que no cambiaba las cosas, que no tenía eficacia.” Milton Hernández, comandante del Ejército de Liberación Nacional (ELN) colombiano, escribió lo siguiente en su Aproximación a la historia del ELN: “El impacto de la Revolución Cubana estremeció al continente latinoamericano y llenó la juventud de ideas y razones para emprender el camino justo de luchar contra la opresión y por la independencia. En Colombia la Revolución Cubana da inicio a un profundo viraje histórico, y obliga a replantear las estrategias y tácticas que hasta la época desarrollaban las organizaciones revolucionarias, principalmente los partidos comunistas: del solo acumulado político y de masas, hecho posible para ganar la libertad se comprendió que sin el desarrollo de lo militar, ligado a un proyecto político con arraigo popular, era imposible la conquista de las metas propuestas.”
En el período 1959-1962 había un rápido incremento de movimientos guerrilleros en una gran cantidad de países. En noviembre de 1959, guerrilleros paraguayos del Movimiento 14 de Mayo trataron de iniciar la guerra revolucionaria, que, sin embargo, fracasó. La mayoría de los guerrilleros murieron. En diciembre del mismo año empezaban, en la Argentina, los Uturuncos, una guerrilla de origen peronista. En el verano de 1960, el Movimiento 14 de Julio Dominicano no logró desembarcar sus cuadros sanos y salvos en el país. Más de un centenar de revolucionarios murieron en la costa norte del país. En 1960, dos exmilitares, Marco Antonio Yon Sosa y Luis Augusto Turcios, fundaron en Guatemala el Movimiento Revolucionario 13 de Noviembre (MR-13); en abril de 1962, un grupo de estudiantes creó el Movimiento 12 de Abril y, luego, en el mismo año, apareció el Movimiento 20 de Octubre del Partido Guatemalteco del Trabajo (PGT). En diciembre de 1962, todos estos movimientos se unieron en las Fuerzas Armadas Rebeldes (FAR).
En 1959 se formó en Nicaragua el grupo Juventud Patriótica (JP) que se dirigió claramente hacia el desarrollo de la lucha armada. El grupo se dividió y luego algunos exmiembros crearon el Movimiento Nueva Izquierda JP (MNI). El 23 de julio de 1961, se fundó el Frente de Liberación Nacional (FLN) que en 1962 cambió su nombre por Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN). En marzo de 1962, el intento guerrillero de jóvenes de la Unión Revolucionaria de Juventudes del Ecuador (URJE) fue desbaratado al comienzo. En el mismo mes se fundó en el Perú el Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR) y en el mes de septiembre se creó en Cuba el Ejército de Liberación Nacional (ELN).
La mejor expresión del estado de ánimo y el impulso de estos días era La Segunda Declaración de La Habana, el manifiesto de la revolución latinoamericana: “Con lo grande que fue la epopeya de la independencia de América Latina, con lo heroica que fue aquella lucha, a la generación de latinoamericanos de hoy les ha tocado una epopeya mayor y más decisiva todavía para la humanidad. Porque aquella lucha fue para librarse del poder colonial español, de una España decadente, invadida por los ejércitos de Napoleón. Hoy les toca la lucha de liberación frente a la metrópoli imperial más poderosa del mundo, frente a la fuerza más importante del sistema imperialista mundial, y para prestarle a la humanidad un servicio todavía más grande del que le prestaron nuestros antepasados. Pero esta lucha, más que aquella, la harán las masas, la harán los pueblos; los pueblos van a jugar un papel mucho más importante que entonces; los hombres, los dirigentes, importan e importarán en esta lucha menos de lo que importaron en aquella. Esta epopeya que tenemos delante la van a escribir las masas hambrientas de indios, de campesinos sin tierra, de obreros explotados; la van a escribir las masas progresistas, los intelectuales honestos y brillantes que tanto abundan en nuestras sufridas tierras de América Latina. Lucha de masas y de ideas; epopeya que llevarán adelante nuestros pueblos maltratados y despreciados por el imperialismo, nuestros pueblos desconocidos hasta hoy, que ya empiezan a quitarle el sueño. Nos consideraba rebaño impotente y sumiso, y ya se empieza a asustar de ese rebaño; rebaño gigante de 200 millones de latinoamericanos en los que advierte ya a sus sepultureros el capital monopolista yanqui.”
2. La Revolución Cubana y la izquierda revolucionaria peruana
El impulso revolucionario que significó la Revolución Cubana para los revolucionarios peruanos fue expresado por Héctor Béjar en su libro, Perú 1965: una experiencia guerrillera (1969), de la siguiente manera: “En general, el socialismo cubano planteaba los problemas de la revolución para la orden del día y no para un mañana más o menos lejano, daba una finalidad precisa a todos los revolucionarios de Latinoamérica y otorgaba cierto respaldo a las “herejías” en germen. Aún sin proclamarlo, todos comprendíamos por esos años que una nueva etapa revolucionaria había empezado y que, de realizarse, la revolución no se desarrollaría necesariamente de acuerdo a los patrones que teníamos en mente.” También decía: “A todos los unía la admiración por la Revolución Cubana y sus líderes y el anhelo de seguir su ejemplo.”
Alain Elías, exdirigente del ELN también tiene una opinión muy clara respecto al efecto de la Revolución Cubana. En una entrevista con el autor de estas notas decía: “La Revolución Cubana es la que pone sobre el tapete la lucha armada por la lucha electoral. Hasta antes de la Revolución Cubana no se consideraría la lucha armada sino la lucha electoral, la famosa acumulación de fuerzas. Hasta ahora están acumulando fuerzas.” Citando un documento del ELN de 1965, dice además: “El advenimiento de la Revolución Cubana quebró para siempre el mito geopolítico de la impotencia revolucionaria en América Latina. […] La Revolución Cubana señaló además que el único camino a seguir para la conquista y la liberación nacional es la lucha armada porque las clases explotadores no abandonarán jamás el poder de manera pacífica. […] La Revolución Cubana demostró finalmente que las condiciones subjetivas toman impulso y se desarrollarán graciosamente en favor la lucha guerrillera.” El exdirigente del ELN, Julio Dagnino, decía en una entrevista con la poeta Rosina Valcárcel lo siguiente: “ Creo que la línea de la Revolución Cubana, el contenido innovador, el operativo de la organización de la Revolución Cubana, del Movimiento de 26 de Julio, colma muchas de las expectativas de esa generación. Por primera vez se ve una revolución de carácter latinoamericano; quienes habíamos pensado antes del triunfo cubano en el proceso revolucionario, teníamos que pensar en la URSS, en China. Pero cuando se da la Revolución Cubana, ya podemos pensar en algo más cercano a nosotros, una revolución que habla en castellano. […] En esa época estar fuera del Partido Comunista no era como ahora que podemos estar en otra organización. O estabas dentro del PC o militabas dentro la organización trotskista. O eras del PC o estabas en contra del PC. Entonces la Revolución Cubana en ese proceso tiene la virtud de ver que muchas veces la realidad es mucho más grande que determinados dogmas. El movimiento, que no necesariamente se declaraba marxista-leninista, podía iniciar un proceso de cambio en Cuba, donde justamente se encontraban los más grandes de la teoría marxista-leninista latinoamericana; la Roca, Escalante, muy conocidos y a los que había que recurrir para comprender el cambio, la revolución; el problema de la construcción de la sociedad socialista. Es lo más avanzado que ha habido, mucho más allá de la gente del PCR (Partido Comunista Revolucionario) de Argentina o Brasil o Cuba. Sin embargo, ahí con esos cuadros la realidad les mostraba nuevos caminos de tareas que se presentan para gentes como nosotros, como una de las puertas de ingreso para una militancia revolucionaria. No necesariamente, pensábamos en esa época, formar un Movimiento 26 de Julio, que no lo llegamos a formar nunca, en cambio formamos el ELN.”
Las personas que construyeron el ELN no eran los únicos peruanos influenciados por la Revolución Cubana. También los revolucionarios del MIR por ejemplo, fueron impactados por esta revolución. Ricardo Gadea, un exdirigente del MIR peruano en los años sesenta y setenta, describe en su artículo Regis Debray y la nueva izquierda la importancia de la Revolución Cubana por la izquierda en América Latina: “Durante décadas ha predominado en el pensamiento y, por supuesto, en la práctica revolucionaria latinoamericana, una concepción caracterizada por el sometimiento al fatalismo de las vías electorales y pacíficas, las burguesías nacionales progresistas, la revolución democrática-nacional, el fetichismo respecto al proletariado y a las experiencias y modelos clásicos provenientes de otras realidades. Sobre esta concepción se ha escrito y teorizado infinitamente y aún estaríamos sometidos a ella si la Revolución Cubana no hubiera roto de un solo golpe todos los presupuestos del dogma y no hubiera impulsado el ascenso de las nuevas vanguardias, que comienzan a escribir con su sangre su auténtica ideología.” En otro artículo señaló que “la revolución y la construcción del socialismo en Cuba, han roto innumerables esquemas tradicionales de pensamiento y acción. Muchos dogmas han sido superados. Se ha desencadenado un gran movimiento renovador, teórico y práctico, dentro del cual actuamos los que hoy nos esforzamos por hacer la revolución en nuestro país y en el continente.”
3. El internacionalismo de la Revolución Cubana
El apoyo que recibieron los revolucionarios latinoamericanos de las autoridades cubanas y la intensa cooperación que existió entre los cubanos y el ELN peruano, llevó a Héctor Béjar a la conclusión de que los guerrilleros del ELN “en la práctica estábamos involucrados en la estrategia cubana para América Latina”. Julio Dagnino tenía otra opinión al respecto: “No lo creo tan matemático. Plantearlo de esa manera, me parece como si se estaba digitalizando: grupo acá, grupo acá, grupo acá. Pero al plantearlo así, se plantea como si fundamentalmente estaba dirigido por los cubanos. Entonces, allí es la diferencia que yo te digo. ¿Por qué? Porque había razones internas de los grupos. El grupo de Masetti, el grupo nuestro y el grupo del MIR obedecían a razones internas, es decir, la actuación de ellos. Por ejemplo, el MIR no desarrolló inmediatamente las guerrillas, en el momento de la guerrilla de Argentina de Masetti, o en el momento que estábamos nosotros en Bolivia.” Ulises Estrada, un internacionalista cubano, tiene la misma posición. En una entrevista realizada en el 2005 decía: “Los fracasos o reveses del movimiento revolucionario en América Latina son propios del movimiento Latinoamericano. No son culpa de Cuba. Y además, una segunda cosa que quería señalar: ¡Nunca intentamos exportar la revolución! Sencillamente nos limitamos a apoyar a aquellos revolucionarios que venían a beber de la experiencia cubana y a buscar el apoyo de la experiencia cubana a partir de la condición internacionalista del compañero Fidel Castro que fue quien nos enseñó realmente a ser internacionalistas.” En su libro Tania la guerrillera y la epopeya suramericana del Che, escribe: “Por tanto, sus principales dirigentes de la nueva izquierda acudieron a La Habana en busca de ayuda política, económica o militar para lograr sus propósitos revolucionarios. La dirección política cubana fue receptiva a sus demandas; pero sin pretender en momento alguno exportar su revolución, a no ser su ejemplo de dignidad, resistencia y combate.” En un documento para el Consejo de Seguridad Nacional del 4 de mayo de 1961, elaborado por un Grupo de Tareas de Interagencia acerca de Cuba que estaba compuesto de representantes del Departamento del Estado, de Defensa, de Justicia, de la CIA y la Agencia de Información de Estados Unidos, dice que “la exportación de ayuda física a los movimientos revolucionarios, aunque importante, es mucho menos importante que la amenaza planteada por el ejemplo de Castro y el estímulo general a estos movimientos”.
A principios de los años sesenta, el Che Guevara y Fidel Castro han dicho en repetidas ocasiones que Cuba no puede exportar revoluciones. Agregaron, sin embargo, que tampoco pudieron evitar que la Revolución Cubana fuera copiada. En septiembre de 1963 el Che dijo, no obstante, que las tareas de la Revolución Cubana “están más lejos que las fronteras de Cuba: el deber de expandir la llama ideológica de la revolución por todos los rincones del mundo donde se nos escuche”. En una entrevista con el New York Times en 1964, Fidel Castro dio a entender que Cuba estaba dispuesta a frenar el apoyo a diversos movimientos revolucionarios latinoamericanos cuando los Estados Unidos también cesarían sus hostilidades contra Cuba. En un estudio de la CIA del año 1965, se dice que “varios cientos de peruanos pertenecientes a diversos grupos extremistas de izquierda, también han recibido entrenamiento en la guerra de guerrillas u otros tipos de formación en los países comunistas, sobre todo en Cuba, pero también en la China comunista y Corea del Norte”.
El apoyo que los cubanos prestaron a diversos grupos guerrilleros latinoamericanos fue organizado por un departamento especial del Ministerio del Interior, la Sección Operaciones Especiales (MOE). Ulises Estrada: “Según Piñeiro me dijo en esa ocasión, a diferencia de otras Secciones y Departamentos de ese naciente órgano de la inteligencia estratégica cubana, el MOE tendría como única responsabilidad la conducción de diversas operaciones clandestinas vinculadas a la solidaridad de nuestro país con las diferentes organizaciones y movimientos revolucionarios que continuaban surgiendo en varios países de América Latina, bajo el impulso de la victoria insurreccional cubana y en respuesta a las políticas pro imperialistas, antidemocráticas y antipopulares de sus correspondientes gobiernos. [...] Este (Manuel Piñeiro) me comunicó que debíamos articular las diversas operaciones de solidaridad de la Revolución Cubana con el movimiento popular y revolucionario de América del Sur que por entonces estábamos realizando; ya que, a su decir, dadas las condiciones del continente y la intensificación de las acciones enemigas sobre nuestro país y sobre el propio movimiento latinoamericano, esas operaciones había que realizarlas “como los fantasmas”. Las actividades de este departamento no solo debían de ser mantenidas en el absoluto secreto por el campo imperialista, sino también para los partidos comunistas latinoamericanos y los antiguos países socialistas.
Las actividades de la MOE fueron dirigidas por Orlando Pantoja. Ulises Estrada señala en el libro Che in Afrika. Che Guevara’s Congo Diary que “este departamento comenzó a crear escuelas de formación y hacer trabajos operativos. Che a menudo dirigía nuestro trabajo. Todo lo relacionado con los movimientos guerrilleros y los movimientos clandestinos tuvo que ser sometido a él, y discutido con él, a pesar de que Fidel era el jefe de más alto rango”. En el caso del ELN peruano, la tarea del MOE era asegurar que los guerrilleros pudieran entrar sanos y salvos en Bolivia.
4. Palabras finales: la “exportación” de la Revolución Cubana
Caracterizar la ayuda de los cubanos a diversas organizaciones latinoamericanas como la “exportación” de la Revolución Cubana, es una descripción incorrecta del apoyo que los cubanos dieron a varios proyectos revolucionarios. Aunque había una variedad de tipos de apoyo, desde el financiamiento de actividades revolucionarias hasta el envío de internacionalistas cubanos, tipificar esta ayuda como la exportación de la revolución significa negar el desarrollo político de los propios guerrilleros antes de la Revolución Cubana. Además, implica que la toma de lecciones de una revolución exitosa "el aprendizaje revolucionario" tal como se hizo con las revoluciones rusa y china, estaba considerado como un proceso completamente ajeno de las condiciones políticas, económicas y sociales de cada país individual.
Jan Lust
domingo, 14 de agosto de 2016
Fidel Castro: Absuelto por la Historia
Los reconocidos historiadores Eduardo Torres Cuevas, Eusebio Leal, Rolando Rodríguez, Alberto Prieto y Elier Ramírez valoran la dimensión histórica y el legado de Fidel para Cuba y el mundo en esta Mesa Redonda.
Fidel en La pupila
Un Fidel jugando béisbol con los campesinos, desayunando arroz ensopado y explicando por qué prefiere pasar el 90% del tiempo fuera de las oficinas llega a La pupila asombrada dedicada a sus 90 años. Por él cantan Silvio Rodríguez, Santiago Feliú y Sara González. También el testimonio de quienes fracasaron en el intento de asesinarlo y una visita virtual al lugar donde nació.
sábado, 13 de agosto de 2016
Fidel Castro, el líder de la revolución cubana, cumple 90 años.

Y llega el día en que Fidel cumple 90 años. 90 años del hombre que sobrevivió a mil atentados pergeñados por el imperialismo, pero, sobre todo, a las profecías de los “expertos”, a los anuncios fatalistas de la gran prensa monopólica que periódicamente le ponía fecha de vencimiento a su causa, a su protagonismo y a su vida misma.
El influjo de su palabra se mantuvo siempre vivo, aún en los tiempos más oscuros en que era despectivamente calificada de anacrónica, “ideológica”, anclada en un pasado definitivamente superado. Y sin embargo, su voz y su presencia irrumpían nuevamente, una y otra vez, persistentes, obstinadas, entregadas con pasión e inteligencia a la gran obra revolucionaria de construir una Patria Grande justa y libre.
Cuando nos visitó, allá por el 2002, con ocasión de la inauguración de la Capilla del Hombre, los ecuatorianos vivíamos los años finales de hegemonía neoliberal. La palabra de Fidel fue, entonces, como un rayo en cielo sereno: una voz que insistía, sin concesiones de ningún tipo, en denunciar las insultantes desigualdades de nuestra realidad social.
En esa visita, Fidel recordaba la entrañable amistad que lo había unido al maestro Guayasamín, así como la común preocupación por la dignidad humana y la justicia social. Y es que el lazo de Fidel con Ecuador le debe mucho a su encuentro con nuestro gran pintor, cuando “un hombre de rostro indígena, tenaz e inquieto, ya conocido y admirado por muchos de nuestros intelectuales, quiso hacerme un retrato”. “No era yo -decía Fidel en ese discurso-. Era lo que él deseaba que fuera, tal como quería verme: una mezcla de Quijote con rasgos de personajes famosos de las guerras independentistas de Bolívar”.
Y esa figura quijotesca que vio el maestro Guayasamín en Fidel Castro ha sido y es de una potencia y de un magnetismo poco comunes, digna de quienes encarnan los valores más altos de la humanidad y capaz de sublevar pueblos y movilizarlos hacia la libertad y la justicia.
En los años que siguieron a esa visita, tuvimos la suerte de seguir contando con la palabra y el liderazgo del Comandante Fidel Castro en el nuevo despertar del continente, cuando la batalla de ideas a la que él tan fervientemente había convocado comenzaba a rendir frutos y en diferentes rincones de la Patria Grande volvía a levantarse la bandera de la justicia social y la unidad latinoamericana.
Esa palabra y ese liderazgo han sido fuente extraordinaria de inspiración para el proceso que ha vivido el Ecuador en la última década, signada por la tarea de desmontar el andamiaje neoliberal y neocolonial que nos tenía cautivos y sentar las bases para construir la Patria nueva, un país de equidad y justicia social. De ese mismo espíritu humanista, de esa misma vocación soberana, es hija nuestra Revolución Ciudadana, el proceso de cambio más audaz y más ambicioso de nuestra historia liderado por otro gran patriota latinoamericano, que ha transformado millones de vidas y se ha inspirado en un modelo de desarrollo integral que tiene al ser humano, y no al capital, como el centro de todas las decisiones.
Con salud y educación gratuitas, con leyes hechas desde el pueblo y para el pueblo, con políticas de Estado que velan por la ciudadanía y la expansión de derechos, con soberanía y conciencia integracionista, desde el Ecuador nos hemos propuesto la superación de un modelo neoliberal, empobrecedor y excluyente. En esa tarea, Cuba siempre estuvo ahí presente como ejemplo de dignidad y de lucha.
Hace 10 años Fidel se retiró de las tareas de gobierno, pero no ha dejado de ser protagonista de la historia de su pueblo y de toda la Patria Grande, escribiendo, pensando, estimulando reflexiones y propiciando debates. La suya es una vida no sólo impregnada de los acontecimientos más relevantes del siglo XX y sus debates, sino que ha tenido la lucidez y la valentía de abordar los nuevos desafíos que enfrenta la humanidad y las amenazas de un orden civilizatorio cada vez más insostenible.
Celebramos con el hermano pueblo de Cuba, con el victorioso y solidario pueblo de Martí y del Che, y junto a los pueblos de Nuestra América, estos 90 años de vida fecunda de Fidel ¡Feliz 90 años a Fidel!
Gabriela Rivadeneira
Presidenta de la Asamblea Nacional del Ecuador
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