sábado, 16 de agosto de 2014

"La vigencia de Fidel y la religión es incuestionable"




Entrevista al sociólogo cubano Aurelio Alonso a propósito de la primera edición ebook del libro "Fidel y la religión", de Frei Betto.

En1985 veía la luz el volumen Fidel y la religión, resultado de las veintitrés horas de diálogo entre el líder de la Revolución Cubana Fidel Castro y el escritor y periodista brasileño Frei Betto. Se iniciaba un proceso de reconciliación entre las ideas religiosas y revolucionarias; desaparecía así, a decir del fraile dominico, el prejuicio de los comunistas y el miedo de los cristianos.
Casi treinta años después, a propósito de su primera edición ebook como parte de la colección de ebooks de/sobre el líder cubano a cargo de Ruth Casa Editorial, el destacado sociólogo, docente, investigador y ensayista, Premio Nacional de Ciencias Sociales, Aurelio Alonso, habla sobre la vigencia del texto.
Releo la entrevista y me parece escucharlo; su prosa tiene voz propia. A medio camino entre el tono anecdótico y el reflexivo, el autor de Iglesia y política en Cuba revolucionaria (1998) hilvana un discurso coherente y lúcido salpicado por confesiones exclusivas.
Tiene la impresión de que no ha respondido como yo hubiera esperado; se equivoca y se lo hago saber. Aurelio, como cariñosamente le conocemos los que casi a diario tenemos el privilegio de verlo en su oficina de la Casa de las Américas, me regala su tiempo. Me guardo otros temas. Sus respuestas me han provocado otras preguntas. Pendiente queda un próximo encuentro.
-Dentro de sus estudios e investigaciones en el campo de las ciencias políticas, la llamada transición socialista y la sociología de la religión, ¿cuáles han sido sus principales intereses, temas, acercamientos?
-Creo que lo primero a señalar es que me eduqué en un colegio católico, pertenecí allí a la cruzada eucarística, y hacía una vida de compromiso religioso. Pero el paso por los cuestionamientos propios de la adolescencia me hacía dudar del dogma de fe. Desde el comienzo del bachillerato decidí cambiar hacia la enseñanza laica –lo decidí yo mismo, mis padres no intervinieron-- y mi alejamiento de la fe religiosa se consumó en esos años de estudiante. Pero debo reconocer que tuve una formación cristiana. Al final del bachillerato me impactó la lectura de Jean Paul Sartre, de su narrativa de intensa carga filosófica, y algo de su periodismo político, también en sintonía con mi irreligiosidad. Fue mi primera inclinación filosófica, la cual pienso que dejó huella en mí; me atrevería a decir incluso que estuvo en mi camino hacia el marxismo. Entonces lo percibía como el método para descubrir y conciliar las posibilidades que se abrieran a nuestra existencia personal, a nuestras circunstancias, a la inserción del individuo en el pedazo de historia que le haya tocado vivir.
Desde temprano el estudiante que ya experimentaba la transformación revolucionaria y buscaba respuestas a sus cuestionamientos, se introdujo en las lecturas marxistas, que se convirtieron en el componente definitivo de su vocación intelectual. Entraba en una perenne confrontación entre la reflexión que recibía del legado teórico y la realidad vivida en el proceso mismo de transición socialista iniciado. Así fueron aflorando mis aprendizajes, mis influencias, mis irreverencias, mis lealtades, conformando la convicción de que la coherencia no podía sostenerse en la renuncia a la necesidad de pensarlo todo con cabeza propia, de no rechazar la tentación de la duda ante una convicción confortable. Por el contrario, la coherencia deseable debía ser buscada sorteando caminos difíciles.
Para ser sincero, creo que nunca he escogido con mucho rigor especialidades profesionales, y si lo hice en algún momento, no puse obstáculo a las circunstancias que enrumbaron mis pasos dentro del proyecto revolucionario. Y en aquello en que me involucré lo acometí siempre con pleno sentido del compromiso. Quienes me conocen saben que mis circunstancias me hicieron dedicarme un par de años, a finales de los sesenta, a la ganadería lechera, y mientras cumplía las tareas que me tocaba, y sin abandonar del todo mis lecturas filosóficas, estudié sobre los suelos, los cultivos de pastos y forrajes, la alimentación del ganado, los controles y el manejo de la masa ganadera, etc., y no se me ocurriría decir, ni por asomo, que fue para mi formación tiempo perdido.
De hecho, también dentro del vasto campo de los estudios religiosos, con el cual se me suele identificar, mis intereses se movieron principalmente en torno a las perspectivas institucionales, la proyección y la doctrina social de la Iglesia, sus relaciones con el Estado y con la sociedad civil, las corrientes sociológicas y eclesiológicas vigentes. Una inclinación articulada al deseo de profundizar en las complejidades del proceso de transformación social, política y económica que me tocó vivir. Por eso evito la vaga calificación de especialista en temas religiosos que podría defraudar a quien busque mis trabajos. El contenido de las casi doscientas publicaciones que registra ya mi currículo es expresivo de esta diversidad temática, y de mi hoja de ruta en el período por el cual he andado.
Tengo la impresión de que no he respondido a tu pregunta como hubieras esperado pero esta es la respuesta que me inspiró.
-¿Cómo influyó en su obra el libro Fidel y la religión? ¿Cómo valora el aporte de ese texto en la comprensión de las relaciones entre la religión y la sociedad en Cuba? ¿Cree que el libro mantiene su vigencia después de 30 años?
-Ya había conocido yo a Frei Betto en 1980 en Nicaragua, y había leído algunos artículos suyos que lo mostraban como una de las figuras más atractivas en la línea de pensamiento abierta con la teología de la liberación, por la claridad del discurso y por su capacidad de comunicación. Cuando apareció Fidel y la religión, en 1985, yo me encontraba en misión diplomática en el exterior y recuerdo el impacto en la prensa, por lo novedosas que resultaban las revelaciones de Fidel en sus respuestas a las preguntas de Betto. Una anécdota simpática es que la primera edición en francés salía con una foto de Ramón Castro, como sabes el hermano mayor de Fidel, en la portada. Se habían confundido en la editorial, pero afortunadamente enviaron un ejemplar a la embajada cubana antes de ponerlo en circulación y pudieron desfacer el entuerto a tiempo.
Desde que lo leí me percaté de la importancia del libro. Por varias razones, pero principalmente por una. A mi juicio, la proyección abierta al entendimiento entre la fe religiosa y la ideología revolucionaria que Fidel había propugnado en su encuentro con los “cristianos por el socialismo” durante su visita al Chile de Allende en 1971, donde habló de “alianza estratégica” entre cristianos y marxistas, y de nuevo en Jamaica, en 1977, en un importante encuentro con líderes religiosos del Caribe, había padecido de una lectura equívoca durante muchos años. Incluso en el seno del propio partido cubano se interpretaba que existía una doble política en el reconocimiento del factor religioso: una de apertura y alianza hacia el exterior, explícita en dichos encuentros, y otra hacia el interior, orientada hacia el ateísmo y al debilitamiento de las iglesias, la cual se reflejaba incluso en los documentos rectores del primer congreso del PCC.
El propio Fidel daba a conocer en ese momento, a través de la edición de esas veintitrés horas de conversación concedidas a Frei Betto, que la superación completa de la discriminación por motivos religiosos era una tarea pendiente en el proyecto socialista cubano. El giro ideológico que requería la superación de lo que había sido reconocido hasta entonces como una cuestión de principio se produjo en el IV Congreso del PCC en 1991 y en la Reforma Constitucional de 1992, pero fue en Fidel y la Religión que el líder de la Revolución cubana lo dio a conocer, en el contexto de una larga reflexión sobre el espacio del hecho religioso en un proceso de transición socialista. Constituye, por lo tanto, un acontecimiento editorial sin precedente en la tradición socialista del siglo veinte, y yo me atrevería a afirmar que su vigencia no admite ya cuestionamiento.
-¿Considera usted que las relaciones entre el estado y la iglesia en Cuba han mostrados signos de cambio? ¿Dónde radican entonces esos cambios y que representan dentro de un panorama que ha venido experimentando la transición socialista desde la década de los noventa?
-Creo que mi respuesta a tu pregunta anterior provee una importante muestra de movilidad. Pero habría que decir que también fue muestra de movilidad, en el plano de las proyecciones de la Iglesia católica, la prolongada reflexión que culminó en el Documento Final e Instrucción Pastoral de los Obispos, como resultados del Encuentro Nacional Eclesial Cubano de 1986. Del clima de avance en las relaciones que se produjo en los 80 surgió la iniciativa compartida de la jefatura de la Iglesia y la del Estado de invitar al papa Juan Pablo II a realizar una visita pastoral a Cuba. Ya el papa, que introdujo un estilo viajero en la conducción pastoral de la Iglesia, había estado en toda la América Latina, varias veces en algunos países, como México y Brasil. Sendas invitaciones –la estatal y la eclesiástica– se llegaron a entregar en el Vaticano y la visita se había previsto que sería programada para 1991 o 1992.
De manera inesperada, el sistema socialista soviético, que Gorbachov se había propuesto reformar, se desintegró entre sus manos y Cuba, carente de sostén económico internacional, entró en lo que llamamos “período especial”. Sobrevino entonces un aplazamiento sine die en la fijación de fecha para el viaje papal y, con la demora, el argumento de la conveniencia de “maduración de condiciones” para la visita. Me atrevería a decir las dos partes, Estado e Iglesia, necesitaban ahora del aplazamiento. La pastoral de los obispos cubanos fechada el 8 de septiembre de 1993, titulada El amor todo lo espera, con un reclamo de reformas de liberalización, en el momento más grave de la caída de los indicadores macroeconómicos en Cuba, provocó de nuevo una tensión que enfrío las relaciones hasta que la decisión de la visita pontificia volvió a cobrar forma hacia 1996 y se realizó en 1998 con un éxito incuestionable. Si aquí no se ve movilidad, habrá que cambiar de espejuelos.
Solo quiero ilustrar en algo la presencia de avances, desaceleración, vuelta a avanzar, acercamientos, distanciamientos, reacercamientos. En la última década se produjeron numerosos signos de fluidez en las relaciones entre la institución religiosa y la estatal, desatacándose la aceptación por parte del gobierno de la mediación de la Iglesia para la liberación de presos políticos y otras acciones, lo cual ha dado lugar a críticas al arzobispo de La Habana desde sectores hostiles al Estado cubano. Esto te puede indicar, a grandes trazos, los altibajos a través de los cuales se realiza un curso cuyo saldo de entendimiento y cooperación se muestra hoy favorable.
De modo que la normalidad en estas relaciones, diría yo, no puede concebirse como la resultante de una continuidad sin obstáculos. Sería del todo imposible explicársela desde una perspectiva inmovilista. Y con esta misma prevención habría que asomarse igualmente a su futuro, por optimistas que debamos ser.
-Partiendo del supuesto que las ideas de justicia social no necesariamente tienen por qué chocar con las creencias religiosas y acercándonos a la teología de la liberación, ¿cómo conciliar el proceso de reinvención del Socialismo o un socialismo del siglo XXI (si está de acuerdo con el tan discutido y polémico término)?
-Permíteme comenzar por el final de tu pregunta. No ignoro que entramos (los marxistas) en este siglo con varios dilemas teóricos colgando. Uno, tal vez escolástico, es el de definir si se utiliza la preposición “de” o la preposición “en” para conectar el concepto de socialismo, que el pensamiento neoliberal considera acabado como ideal en el siglo pasado, con los cambios estructurales que nos impone el presente siglo. No es un debate inocente si notamos que un extremo apunta a rescatar el modelo que fracasó, y el otro, a desecharlo del todo en la búsqueda del paradigma. Lo he tildado de debate escolástico porque parte de la colocación a priori de la verdad en uno u otro extremo.
Te voy a confesar –y nunca lo he dicho por pudor-- que fui uno de los primeros en usar el término, en una entrevista que me hiciera Carlos Torres sobre la situación de Cuba, que se publicó en el No. 641 del semanario Punto final, de abril de 2003, en Chile, con el título de “Hay que reinventar el socialismo del siglo XXI”, tomado literalmente de una de mis respuestas. Expresaba una cuestión que, como se dice, ya se caía de la mata. Después supe que en el año 2000 el sociólogo chileno Tomás Moulián había dado el título de Socialismo del siglo XXI: la quinta vía, a un libro suyo. Lo interesante es que yo utilizaba allí el término pensando en la profundidad del cambio que teníamos que realizar en Cuba, en tanto su uso por Hugo Chávez, y creo que por todos a quienes he visto usarlo, alude al paradigma relacionado con los procesos latinoamericanos emergentes que proclaman y procuran el socialismo en su propuesta de cambio. Si hacemos abstracción por un momento de lo histórico concreto, es decir, de los puntos de partida actuales del cambio, lo entiendo como un concepto expresivo de un denominador común en los objetivos de las transiciones deseables en Cuba y en el resto de nuestra América. Termino este aspecto de tu pregunta de una manera que algunos podrían estimar conciliatoria, pero te aseguro que no lo es: para mí el concepto puede considerarse válido con una preposición o con la otra, aunque conllevaría una connotación diferente en uno y otro caso.
Para entrar de lleno ahora en el resto de tu pregunta, es evidente que los propósitos de justicia social y equidad, centrales en los ideales del socialismo, incluso desde antes de Marx, son perfectamente compatibles con el ideal cristiano. En buena medida derivan de valores cristianos. En nuestra América, cuyos pueblos son tributarios de una marcada religiosidad católica, incluso a través de expresiones sincréticas se hace inconcebible verlo de otro modo. Lo cual no significa que todos los casos vayan a encontrar una correspondencia fácil con los intereses creados por la institución eclesiástica. Es imposible predecir las dificultades que pueda presentar este entendimiento. Pero es cierto que el derrumbe del proyecto estalinista aporta también la superación de la identificación del marxismo con un ateísmo. Ni como institución, lo que me parece algo universalmente aceptado ya, ni en el plano doctrinal, menos reconocido, pero que debe acabar por identificar al mal llamado “ateísmo marxista” con lo que es: un componente de la asunción dogmática del materialismo, incompatible con el ideal socialista. Estamos ante uno de los extremos del doctrinalismo que caracterizó al socialismo del siglo pasado, el cual sería un contrasentido, un verdadero disparate, tratar de revivir en la América Latina.
La teología de la liberación es, más que una teología, una corriente de pensamiento religioso cristiano nacida en la marea de apertura que propició el Concilio Vaticano II y la segunda conferencia del episcopado latinoamericano, celebrada en Medellín en 1968. La teología de la liberación centró la atención en la compatibilidad del pensamiento marxista con una proyección cristiana auténtica. En rigor quien primero se pronunció en esta dirección fue el teólogo presbiteriano Rubem Alves, que acaba de fallecer, aunque el acierto de Gustavo Gutiérrez al tocar los principales puntos de contacto teóricos con la comprensión marxista en un ensayo orgánico, hizo de su obra una referencia fundamental para el diseño de las comunidades eclesiales de base, para el desarrollo del sistema de educación popular y para muchas otras iniciativas, convirtiéndola en un clásico. También hay que recordar que el papado de Juan Pablo II la proscribió alegando su incompatibilidad con el rechazo eclesial del marxismo como ateísmo. Marx termina resultando la víctima de no pocas incomprensiones y condenas injustas. Puede que esto sea emblemático del costo de un descubrimiento tan relevante en el campo del conocimiento social: tanta verdad no podía ser revelada impunemente.
-Frei Betto expresó en Fidel y la religión: “Lo que falta a los obispos cubanos es una teología que les permita entender el socialismo como una etapa imprescindible en el camino hacia el Reino de Dios”. ¿Está de acuerdo? ¿Cree que han ocurrido cambios en este sentido y que los sacerdotes cubanos han incorporado las teorías del socialismo para practicar el cristianismo en las condiciones de un país como Cuba?
-Tiene razón Frei Betto en las dos afirmaciones que contiene este juicio. Esa teología ha faltado a los obispos y sacerdotes cubanos, que tampoco han sido capaces de generarla. Pero me pregunto si no falta también hoy esa teología a los obispos latinoamericanos. En sentido general, quiero decir, para no ser injustos con las excepciones.
No hay que olvidar que en su largo pontificado Juan Pablo II se cuidó mucho de ordenar obispos que pudieran ser afines, o incluso tolerantes, con posiciones políticas de izquierda en el clero de sus diócesis. Hace poco conversaba yo con un prelado amigo, de claro compromiso con los humildes, de posiciones teóricas abiertas al diálogo, y le preguntaba cómo se le pudo escapar al rasero papal al escogerlo. Él me comentó que en realidad se le escapó al nuncio, que lo propuso sin percatarse de cuáles eran sus posiciones. No se puede perder de vista que no estamos en los tiempos de Hélder Cámara, Marcos Mac Grath, Sergio Méndez Arceo, Leónidas Proaño, Enrique Angelelli, Eduardo Pironio, Alberto Devoto, Antonio Brasca, Pedro Casaldáliga, Samuel Ruiz, Luis Luna Tobar, y Francisco Oves, que fue arzobispo de La Habana por pocos años antes de Jaime Ortega. Y seguramente otros que no conocí. Son los identificados como los obispos de Medellín y del papado de Pablo VI. La llegada de la restauración al Vaticano, con el largo pontificado de Karol Wojtila, cambió otra vez los tonos que habían comenzado a caracterizar al episcopado de nuestro continente bajo el reclamo de la “opción por los pobres”.
Fíjate como Carlos Manuel de Céspedes García Menocal, una figura tan prominente del catolicismo cubano de la segunda mitad del siglo XX, que contribuyó como el que más al entendimiento que hoy se tiene entre Estado e Iglesia,nunca fue elevado a la jerarquía episcopal.
Con la otra afirmación, que entiende el socialismo como el camino al Reino de Dios, podría coincidir igualmente, pero si poco conozco del socialismo, menos puedo decir del Reino de Dios. Pienso que Betto lanza a los creyentes y a la institución la provocación legítima del modelo cristiano plausible.
Faltaría a la verdad si dijera que pienso que el clero cubano ha arribado al presente curado de la incomprensión eclesial del ideal socialista. Ha vivido la experiencia cubana, sin embargo, con sus virtudes y sus defectos, se ha formado probablemente con una mayor capacidad de análisis que sus antecesores. Hay hoy una mayor disposición al diálogo, y han aparecido incluso escenarios de cooperación, pero creo sinceramente que son menos que los que podían esperarse.
Ese progreso se ha hecho más evidente dentro de las posiciones del laicado comprometido, cuya revista insignia, Espacio Laical, se logró colocar entre las más importantes publicaciones cubanas en los años recientes. Pero no puede saberse aún si el cambio reciente en la redacción de la misma será capaz de valorizar el caudal acumulado por sus antecesores y el prestigio logrado. Tampoco es posible pronosticar si a la salida del cardenal Jaime Ortega del Arzobispado de La Habana, cuando se haga efectivo su retiro, prevalecerá en nivel de entendimiento logrado por él con las instituciones del Estado socialista.
-En el mundo actual, globalizado, con relaciones políticas mediatizadas y frecuentemente manipuladas o afectadas por factores económicos, ¿cómo cree que puedan integrarse la religión (entendiendo por religión tanto a los creyentes como a las instituciones) y el cambio social?
-Es una verdadera decepción para el entrevistado llegar a la última pregunta y tener que confesar que no tiene idea de cómo responderte. Son muchos los factores que tienen que incidir en el curso futuro de esta articulación. A falta de respuesta intentaré asomarme de algún modo, con alguna pista efectiva, a la complejidad del problema.
Al proceso de globalización neoliberal capitalista correspondió un retroceso con relación al proyecto reformador al cual la Iglesia Católica había llegado en el Concilio Vaticano II, y el papado de de Pablo VI que le siguió y trató de hacer avanzar la aplicación de esa renovación que siempre citamos con el término italiano: el aggiornamiento. Pasado este nuevo Medioevo de aliento polaco, y puesta a flote en toda su magnitud la crisis institucional, al punto que Benedicto XVI decidió dimitir, la elección de Jorge Mario Bergoglio al pontificado parece traer al catolicismo un rescate del proyecto del Concilio. El éxito de esta propuesta sería clave para que se consume la conexión por la que te preguntas. Pero es demasiado temprano, de todos modos, para pronosticar si se logrará una transformación en el marco de su pontificado. La verdad es que no me atrevo a decirte más.

Susel Gutiérrez Torres

jueves, 14 de agosto de 2014

Gracias, Fidel




Hace pocos días fue de los primeros en denunciar lo que podía esconderse con el derribo del avión malayo al sobrevolar Ucrania. Algunos pensaron se había precipitado pero los hechos, una vez más, parecen darle la razón.
“El viejo zorro caribeño Fidel Castro nunca se fue con la finta y sin titubeos señaló la culpabilidad de Ucrania en el derribo del avión, en coincidencia con el inicio del infanticidio de palestinos por la potencia nuclear Israel”, escribió el periodista mexicano Alfredo Jalife-Rahme.
Quién duda que hay mucha sabiduría y experiencia política en Fidel. “Oye la hierba crecer y ve lo que está pasando al doblar la esquina”, decía Raúl Roa en frase memorable que mi padre no se cansaba de repetir.
“Viaja al futuro, regresa y lo explica” se suele citar lo que ha dicho sobre él el presidente argelino Abdelaziz Bouteflika, luego de referirse a su lealtad a los principios: “Hemos tenido el inmenso privilegio de tener como amigo al compañero Fidel, que nunca nos ha fallado”.
Admirado por gente tan disímil como Nelson Mandela, Gabriel García Márquez, Gore Vidal, el Che Guevara o Diego Armando Maradona, Fidel no nos pertenece sólo a los cubanos. América Latina y África no serían las mismas si su impronta de soberanía y justicia no hubiera marcado toda una época desde el llamado Tercer Mundo.
Es que en Fidel hay cultura, enorme inteligencia pero también valentía, ética y principios, por eso es que nunca le ha fallado a los agredidos de este mundo, de Viet Nam a Namibia; a los pescadores cubanos secuestrados por piratas y al padre del niño Elián que reclamaba a su hijo retenido tramposamente en Miami.
Los cubanos, que hemos tenido el privilegio de ser sus compatriotas y contemporáneos, lo hemos visto ir delante en cada batalla, enfrentando a la policía del dictador Batista, cortando caña, disparándole a los buques yanquis en Playa Girón, encabezando el reclamo porque regresen los Cinco antiterroristas prisioneros en Estados Unidos, o donando sangre para un pueblo herido.
Solemos aprender de nuestros seres queridos la bondad, pero como ha dicho Silvio Rodríguez, Fidel nos “enseñó qué hacer con ella”. Si no que lo digan los millones de alfabetizados en recónditos rincones del planeta, los que por primera vez conocieron un médico o pudieron ver de nuevo la luz del sol a través de la Operación Milagro, por la solidaridad que él convirtió en parte esencial de la cultura de los cubanos.
Gracias, Fidel, por dedicar cada día de tu existencia a los humildes de nuestra tierra y el mundo. Que tengamos la sabiduría y firmeza para no traicionar jamás tu ejemplo y tu legado.

Iroel Sánchez
La pupila insomne

lunes, 11 de agosto de 2014

El festín de los ineptos




Cuando en abril pasado la agencia Associated Press reveló el ya mítico “Twitter cubano”, conocido como ZunZuneo, con el que el gobierno de Estados Unidos pretendía impulsar -a través de la telefonía móvil- el cambio de régimen en Cuba, uno de los titulares más reveladores con que la prensa estadounidense trató el tema fue “Bay of tweets”.
La alusión, nada indirecta, al fracaso de de la invasión organizada por la CIA en 1961 a través de Bahía de Cochinos (Bay of pigs) marcaba la pertenencia de ZunZuneo a la larga saga de planes para derrocar el gobierno cubano en que Washington ha despilfarrado dinero y prestigio por más de cinco décadas.
Este lunes resonó en la prensa estadounidense y mundial otra revelación: EE.UU . contrató -a través de la Agencia de Estados Unidos para la Ayuda al Desarrollo (USAID)- el envío a Cuba de jóvenes latinoamericanos para fomentar con ellos agrupamientos en función de una rebelión política. USAID negó se tratara de “acciones encubiertas” pero los enviados recibieron indicaciones para enmascarar sus acciones a través de programas vinculados a la promoción de salud y codificar sus comunicaciones, además de mantener a los cubanos involucrados al margen de los objetivos del plan.
Otra vez, procedimientos típicos de organizaciones represivas fueron utilizados en nombre de la democracia: Los cubanos contactados -como sucedió con el ZunZuneo- fueron emplantillados y se les realizaron perfiles de acuerdo con sus características personales y políticas sin su conocimiento.
En Estados Unidos, tres cosas han llamado particularmente la atención: El comienzo de las acciones de este plan encubierto para organizar una rebelión juvenil cuando acaba de ser apresado en Cuba el “contratista” de la USAID Alan Gross por participar en la implementación de una red de telecomunicaciones que servía a los mismos objetivos de cambio de régimen; el descrédito provocado a las acciones que hace USAID en otras partes del mundo; y la poca preparación de los enviados que llevó a Fox News a describir la operación como “our kids in Havana” mientras el senador Patrick Leahy -quien fue muy duro con el director de USAID en la audiencia que analizó ZunZuneo- reclamaba que la próxima vez “envíen un adulto”.
En la política estadounidense hay una ley no escrita que ilumina desde Bahía de Cochinos hasta estas acciones de la USAID, pasando por el Watergate, el Irán-Contras y los cientos de atentados fallidos contra Fidel Castro: cada vez que Washington se asocia al llamado exilio cubano termina pagando un alto costo que ha llegado hasta provocar la renuncia del presidente de la nación. No por gusto, tanto ahora como con ZunZuneo, las únicas voces que se han alzado para defender esos proyectos -además de las explicaciones contradictorias y defensivas de la propia USAID y el Departamento de Estado- han sido las de los congresistas vinculados a la mafia obsesionada con el fin de la Revolución cubana.
¿Aprenderá el gobierno de Estados Unidos de estos nuevos fracasos o su política hacia Cuba seguirá siendo el festín de los ineptos? La historia indica que lo más probable es lo segundo. Este mismo mes se conoció de la asignación de 400 000 dólares adicionales para Piramideo, una versión de ZunZuneo operada directamente por la gubernamental Oficina de Transmisiones hacia Cuba, la misma que durante casi treinta años fracasó en las emisiones de radio y televisión Martí para derrocar al gobierno cubano.

Iroel Sánchez
La pupila Insomne

La “nueva Cuba”: el capital simbólico de la revolución

La legitimidad de una revolución se asocia a la promesa de un origen, a un nuevo nacimiento. Promete el advenimiento de una nueva vida. La promesa de la vida futura adquiere los matices de una religión secular: convoca a la fraternidad, al “compañerismo” para conseguirla. Así, la proclamación de una “nueva Cuba” está en el centro de las promesas políticas revolucionarias en la historia de la Isla, con los términos propios de su universo: renovación, refundación, mañana, “ahora sí”.
Problemas de la nueva Cuba se titula el estudio que realizó la Foreing Policy Association (1934) sobre el escenario cubano, dirigido a contrarrestar los efectos de la Revolución de 1930 a través de una plataforma reformista. “Joven Cuba” fue la organización fundada por Antonio Guiteras para luchar por lo contrario: la revolución social. Uno de los manifiestos (1934) del ABC, una de las organizaciones políticas antimachadistas confluyentes en la Revolución de 1930, se titula: “Hacia la Cuba nueva”. En esa historicidad, Cuba no acaba jamás de ser nueva.
La valoración de dicha “novedad” se observa en todos los discursos. Las oficinas cubanas en 1959 colgaron letreros en sus puertas que exigían: “Sea breve, hemos perdido cincuenta años”. Se aprecia por igual en las disputas: una investigación de 1700 páginas publicada por la Universidad de Miami (1963) le negó cualquier adjetivo a la nueva realidad cubana: fue titulada a secas Un estudio sobre Cuba.
En los 1950, la nueva Cuba necesitaba libertad económica y justicia social y un régimen libre de trabas con naciones extranjeras y libre de apetitos de políticos y personajes propios. Ese programa era expuesto por el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), de Rafael García Bárcena, con estas palabras: (El MNR) “se enfrenta en lo económico al comunismo, y se dirige a superar el capitalismo. Se opone, en lo social, a las exclusiones sociales o clasistas y a toda forma de totalitarismo” y concretaba su pensamiento doctrinal en: “Nacionalismo, Democracia, Socialismo”.
Sobre esos pilares, la libertad política (democracia), la justicia social (socialismo) y la recuperación de los bienes del país (nacionalismo), todo ello también bajo las influencias de la Revolución mexicana, la república española y el new deal, se asentaba la cultura política cubana de los años 50.
Ese campo aportó entonces un cambio radical al programa tradicional que aseguraba que “sin azúcar no hay país”. La nueva Cuba repudiaba ser un “presidio de cañas amargas”. El líder sindical comunista Jesús Menéndez afirmó: “sin obreros no hay azúcar”, o sea, sin obreros no hay país. El MR-26-7 radicalizó esa trayectoria: llamó a quemar más caña en medio de la insurrección. En ello, enarboló una consigna más generosa: “Sin libertad no hay país”.
En tal horizonte, las soluciones nacionales se situarían en el camino de los proyectos colectivos. De esa evolución no escapaba la percepción sobre el papel que los Estados Unidos habrían de jugar ante un triunfo revolucionario.
El golpe de estado de 1952 sepultó el gran triunfo del espacio posrevolucionario: la Constitución de 1940. Con los años, el contenido antidictatorial de la cultura política cubana de los años 40 y 50 —la cara “política” de su otra vocación democrática, la democrático social— se ha difuminado. La explicación de la Revolución según la cual su origen se encuentra en “causas económicas”, impide recordar cómo se localiza también en contenidos específicamente políticos.
Muchos jóvenes, entre ellos Fidel Castro, fueron a Cayo Confites (1947) para combatir contra Trujillo. José Antonio Echeverría, Fructuoso Rodríguez y Juan Pedro Carbó Serviá, entre otros líderes estudiantiles, integraron una expedición a Costa Rica (1955) para defender el régimen constitucional de José Figueres. Dentro de Cuba, se contaba con la memoria del “aceite de ricino” y del “palmacristi” —provistos por Machado, y por Batista en su primera era— y se sabían los motivos de sus convicciones: amasar fortunas individuales, entregar el país a la embajada norteamericana y soltar las manos a la oligarquía cubana.
La preocupación no se reducía al pasado cubano, sino a la realidad de América Latina. «No es de ahora, ciertamente, la crisis del régimen democrático en nuestra América —decía Raúl Roa—. Su razón última hay que buscarla en las supervivencias de la estructura colonial, en la concentración de la propiedad rural, en el desarrollo económico dependiente, en el predominio político de las oligarquías, en la concepción patrimonial de la administración pública, en el avaro atesoramiento de la cultura, en la pugna interimperialista por el control de materias primas esenciales y en la etapa de tránsito social que atraviesa el mundo.”
Fidel Castro, al denunciar la venta de armas por los Estados Unidos a Somoza y a Trujillo, y de estos a su vez a Batista, afirmó en la época: “Si los dictadores se ayudan entre sí, ¿por qué los pueblos no han de darse las manos? […] ¿No se comprende que en Cuba se está librando una batalla por el ideal democrático de nuestro continente?”.
El programa de la nueva Cuba de 1959 alcanzó un consenso extraordinario al ser capaz de fusionar demandas diversas: “pan con libertad y pan sin terror”. Mostró el hambre como el resultado de la injusticia, y no de la ignorancia del trabajador, y la libertad como conquista popular. Expropió así el concepto de “revolución” del campo de la “politiquería” y restituyó su sentido. El capital simbólico de la revolución se materializó sobre la tierra firme de la justicia: haría justicia histórica al pueblo de Cuba contra los desmanes de la dictadura, y proveería la justicia del futuro con el reordenamiento de la estructura política y económica del país. En resumen, prometía una nueva Cuba.

Julio César Guanche
Progreso Semanal

viernes, 8 de agosto de 2014

Ernesto “Che” Guevara en Punta del Este.




Se cumple 53 años del histórico viaje de Ernesto Guevara a Punta del Este, donde denuncio al imperialismo yanqui.
A los pocos meses del triunfo del Movimiento 26 de julio, Fidel le indica al Che la necesidad de realizar distintas giras internacionales con dos fines: dar a conocer el proceso revolucionario y abrir nuevos mercados económicos. Entre los más importantes viajes que realiza Guevara está el que hace al Uruguay. En su condición de Ministro de Industria preside la comitiva cubana que se traslada hasta Montevideo para participar desde el 5 de agosto de 1961, delConsejo Interamericano Económico y Social (CIES) de la Organización de Estados Americanos, celebrado en Punta del Este.
La comitiva llegó el día 4 de agosto al mediodía. Miles de personas los esperaban en el Aeropuerto de Carrasco. Los gritos de ¡Cuba Si! ¡Yanquis No! eran coreados por los simpatizantes de la revolución. El Partido Comunista Uruguayo como así también la Central de Trabajadores del Uruguay y otros partidos de izquierda se movilizaron para demostrar su solidaridad. El líder de los comunistas uruguayos Rodney Arismendi, era por aquellos años uno de los dirigentes comunistas latinoamericanos mas compenetrados con la revolución cubana.
Desde el aeropuerto fueron acompañados por una multitud de coches y autobuses a lo largo de la carretera, hasta Punta del Este. Desde las veredas del recorrido, el público saludaba a la delegación cubana. Hubo un grupo de jóvenes que incluso hizo el trayecto a pie.
El sábado 5 se realiza la sesión inaugural del Consejo Interamericano Económico y Social que fue presidida por el mandatario uruguayo Eduardo Víctor Haedo. Las miradas de los delegados y la prensa internacional se dirigían a los lugares donde se encontraban Ernesto Guevara y Douglas Dillon el representante de los EEUU. Ambos dirigentes políticos eran el centro de todos los comentarios.
El amigo del Che Ricardo Rojo, se trasladó a Uruguay para estar con él. Cuenta en su libro Mi amigo el Che: “Encontré a Guevara en el recinto de las sesiones, un salón amplio aunque insuficiente para la masa de delegados y funcionarios que se agitaban y hablaban ante un foro embanderado con los pabellones del hemisferio.
Guevara estaba, desde el mismo momento de su llegada, seriamente afectado por su crónica dolencia asmática. La estación de invierno, junto al mar, es rigurosa en el atlántico sur, y Guevara volvía a comprobarlo en carne propia. La noche del día de nuestro encuentro, Guevara se vio forzado a descansar varias horas a causa del ataque de asma. Subí a su cuarto, en el segundo piso del Hotel Playa, un château deteriorado cuya única ventaja visible era su aislamiento, pues está separado de la masa de edificación del balneario.”
Al otro día por la mañana Ernesto se trasladó hasta la posada Lobers de Bougna donde estaban hospedados los padres del Che y sus hermanos. Desde Buenos Aires se habían trasladado familiares y amigos para poder acompañar al Che. Entre ellos Julio “Gaucho” Castro, Beto Ahumada, Pepe Aguilar, Carlos “gordo” Figueroa, Rodríguez Algañaraz, Alfredo Gabela y Ricardo Rojo entre otros.
El lunes 7, en la tercera reunión plenaria, hizo su intervención el jefe de la delegación norteamericana Douglas Dillon, con la propuesta de crear la “Alianza para el Progreso”. Los EEUU necesitaban lavar su cara en todo el continente, después de la derrota sufrida en la invasión a Playa Girón. Ya por ese entonces Cuba comenzaba a estar aislada, varios países habían roto sus relaciones diplomáticas y otros las tenían congeladas. Kennedy había quedado muy mal parado en la intervención militar en Cuba, su imagen de presidente “progresista” se había deteriorado y necesitaba apoyarse en los dos más grandes países de América del sur: Brasil y Argentina. Ese mismo día Guevara se reúne con Eduardo Víctor Haedo, en la “azotea”, su casa residencial en Punta del Este. Mientras hablan durante una hora y media, ambos políticos, de forma campechana, toman unos mates ante la presencia de la prensa y otros miembros de la delegación. Entretanto las representaciones oficiales debatían la propuesta norteamericana, se realizaba en paralelo la Conferencia Popular Antiimperialista, bajo el lema: "Con Cuba, por la dignificación de Latinoamérica, contra la colonización económica del continente". Participaron en esta Conferencia el periodista argentino Gregorio Selser, el presidente del Senado de Chile Salvador Allende, y un comité de intelectuales uruguayos encabezado por Luis Gil Salguero. Este último se entrevista con el Che en compañía de Jesualdo Sosa, Guillermo Bernhard, Juan José López Silveira, Armando González, Casto Canel, Julio E. Suárez (Peloduro), Felipe Novoa. Se hacen presentes tambien los comités de solidaridad con Cuba, de Maldonado (presidido por José Frade, titular de la Junta Departamental), Rocha, Minas y Treinta y Tres. El 8 de agosto se realizó en el Cine Majestic un acto en que participaron los diputados Enrique Rodríguez, Germán D'Elía, Collazo y Elichirigoity, Omar Sosa en nombre del Comité Coordinador del Apoyo a la Revolución Cubana y el actor Roberto Barry. El día 8 Ernesto Che Guevara habla por primera vez en la Conferencia. Su primer discurso ante la Asamblea se extendió por dos horas. Comienza sus palabras saludando al presidente uruguayo:

Señor Presidente,

Señores Delegados:

Como todas las Delegaciones, tenemos que empezar agradeciendo al Gobierno y al pueblo de Uruguay la cordial acogida que nos ha dispensado en esta visita.
Quisiera también agradecer personalmente al señor Presidente de la Asamblea el obsequio que nos hiciera de las obras completas de Rodó y explicarle que no iniciamos esta alocución con una cita de ese grande americano por dos circunstancias. La primera es que volvimos a Ariel después de muchos años, para buscar algún pasaje que representara, en el momento actual, las ideas de alguien que, más que uruguayo, es americano nuestro, americano del Río Bravo hacia el Sur, pero Rodó manifiesta en todo su Ariel la lucha violenta y las contradicciones de los pueblos latinoamericanos contra la nación que hace cincuenta años ya, también estaba interfiriendo nuestra economía y nuestra libertad política, lo que era impropio citar tratándose de un dueño de la casa.”
Cuando el Che finaliza su alocución, Leonel Brizola -segundo jefe de la delegación brasileña- cruza toda la sala para felicitarlo efusivamente. Brizola quedará impactado con la personalidad del Che, ambos políticos se reunirán durante la Conferencia para hablar del Brasil y de la situación latinoamericana.
Otro que quedará impresionado por el discurso del Che fue le prestigioso economista argentino Raúl Prebisch, que era el Secretario General de la Comisión Económica para América Latina de las Naciones Unidas. Luego del discurso contactó con Ricardo Rojo para solicitarle una entrevista con Guevara, que se concretó de forma inmediata.
Un día después de su primera intervención convoca una rueda de prensa en el Hotel Playa para responder a las tergiversaciones que los diarios argentinos y uruguayos hicieron de su discurso. El Che comienza haciendo algunas aclaraciones:
“Lo único que quería para empezar, para expresarlo en lenguaje del presidente Kennedy, es decirles que con todos ustedes tenemos un desafío. El presidente Kennedy siempre habla del desafío del destino; yo hablo del desafío a esta magnífica prensa que está aquí y a que pregunten lo que quieran, pero después escriban lo que se conteste, porque he visto mi intervención reproducida en los periódicos de aquí y de Buenos Aires y, sinceramente, creo que ninguno de los periodistas que informó puede considerar que es digno de un periodismo libre, como se llama, veraz y difusor de las ideas y de la libre expresión de las ideas, malinterpretar, mentir, tergiversar, cambiar y sobre todo ocultar lo que se dice, y ocultarlo de una forma tan absurda que en algunos casos llega a ser, sencillamente suicida. Porque se puede estar contra la Revolución Cubana y contra todas las cosas de la Revolución Cubana, pero las oligarquías vacunas deben saber que si no venden sus vacas se van a morir de hambre, y que para vender vacas hay que abrir mercados, y que la acción de Cuba está ofreciendo la oportunidad de abrir mercados que ellos mismos se cierran, y eso se llama suicidio. Ahora está abierto el desafío. Vamos a ver si procedemos en alguna forma, si se anota con algún secretario que nombremos por aquí, para que se pueda contestar a todas las preguntas. Les ruego que me dispensen, si me hacen preguntas técnicas, que no he traído nada para contestar; datos solamente puedo ofrecer de memoria y, más o menos, informar aproximadamente.”
Según las reseñas publicadas en los periódicos uruguayos, asistieron cerca de trescientas personas. El escritor Eduardo Galeano, por entonces en funciones de reportero, sintetizó el clima del intercambio de aquel encuentro con la prensa: “El Che Guevara se las arregló para responder a mil preguntas: un enjambre de periodistas lo acribilló sin piedad, y el Che tuvo ocasión de demostrar su habilidad política. Sin etapas tuvo que saltar de los problemas del desarrollo económico a la admisión de Canadá dentro de la OEA; de ahí a las relaciones de Cuba con los países del Este y al asunto ese del aeroplano de la Pan American que había sido secuestrado ese mismo día. No sólo eso; también tuvo que soportar impertinencias, estupideces; se las ingenió para tomar el toro por los cuernos cuando era preciso hacerlo, ejerció su ironía a costa de más de un periodista. Un hombre con acento inglés dijo: “Yo soy periodista británico, ¿estamos en guerra o no estamos en guerra?”. “No parece británico”, le respondió el Che. Después, con indignación visible, explicó a Milton Fontaina, de Saeta TV: “Yo no tengo ex patrias. Sepa, señor, que mi patria es mucho más grande que la suya. América es mi patria”. Los aplausos resonaban a menudo en la sala del Hotel Playa.”
En aquellos días, diplomáticos brasileros y argentinos entraron en contacto con Guevara para acordar un encuentro con los presidentes de la Argentina y del Brasil. El presidente John F. Kennedy utilizó a estos dos mandatarios como mensajeros de los EEUU.
El día 11 un emisario de Frondizi viajó a Buenos Aires para ultimar los detalles de la entrevista con Guevara. Aquel día se produjo un pronunciamiento militar contra el presidente argentino. Ricardo Rojo nos relata la repercusión de aquella noticia: “Cuando una parte de la delegación cubana se disponía a comer, alguien aviso que las radios estatales de Buenos Aires irradiaban marchas militares y el texto de una proclama rebelde. Yo comía junto a Guevara esa noche, y después de cruzarnos una mirada, salimos disparados del salón. En la gran concentración de diplomáticos y economistas de la pequeña Punta del Este, la noticia cayó como una bomba. Pocos durmieron esa noche, hasta que las radioemisoras de Buenos Aires recobraron, a la madrugada, su ritmo corriente, y se supo que el putsch había fracasado por completo”.
La Conferencia quedó clausurada el día 16. Aquel día Guevara realizó su última intervención. En representación de Cuba se abstuvo en la votación del documento, que creaba la “Alianza para el Progreso”. En su exposición explicó las razones de la abstención: “La delegación de Cuba explicó que venía dispuesta a trabajar en armonía, a discutir de acuerdo con principios que son rectores de nuestra Revolución, y a tratar de coordinar con todos los países una acción conjunta, para llegar a documentos que expresaran no sólo la realidad sino las aspiraciones comunes de todos los pueblos”.
El jefe de la custodia del Che Leonardo Tamayo Núñez, más conocido como Urbano nos relata sus vivencias con Guevara en este viaje: “Allí comprobé, una vez más, la enorme capacidad de trabajo del Che, quien intervino en todas las comisiones. Me llamó la atención que, mientras los representantes de varios países en la sesión final de la conferencia leían sus discursos, el Che improvisó el suyo durante hora y media, y le dijo unas cuantas verdades al imperialismo norteamericano y a sus servidores.”
Finalizada la Conferencia el día 17 se trasladó a Montevideo, donde fue invitado por la Casa de la Cultura Artigas-Martí, el Comité Nacional Coordinador de Apoyo a la Revolución Cubana, la Central de Trabajadores de Uruguay (CTU) y la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU), a un acto en el Paraninfo de la Universidad de la República. El Che, pronunció un brillante discurso, siendo ovacionado en varios pasajes de su intervención. En esa ocasión, entre otros conceptos, afirmó: “Cuba puede avanzar ahora a ritmos desconocidos en América, prepararse para ese nuevo futuro que todos queremos, un futuro donde la ciencia y la técnica sean puestas totalmente al servicio del hombre, donde todos los adelantos técnicos, todas las nuevas máquinas que se inventen, sirvan para aumentar el bienestar del hombre y no para aumentar su sumisión, para aumentar su hambre, para provocar desempleo”. Con relación al Uruguay, manifestó: “Ustedes tienen algo que hay que cuidar que es, precisamente, la posibilidad de expresar sus ideas; la posibilidad de avanzar por cauces democráticos hasta donde se pueda ir; la posibilidad, en fin, de ir creando esas condiciones que todos esperamos algún día se logren en América, para que podamos ser todos hermanos, para que no haya la explotación del hombre por el hombre ni siga la explotación del hombre por el hombre”.
Finalizado el acto y cuando el Che se retiraba por una puerta lateral por la calle Eduardo Acevedo, un disparo de bala segó la vida de Arbelio Ramírez, profesor de historia de la Facultad de Humanidades. Los testigos oculares señalaron que aquella bala estaba destinada al Che. Esa misma noche fue invitado a una fiesta que daba un diplomático brasileiro para festejar su cumpleaños. En ella estaría también el joven asesor especial para asuntos latinoamericanos del presidente Kennedy, Richard Goodwin. La diplomacia argentina y brasilera habían propiciado que Guevara pudiera tener una reunión informal con el asesor de Kennedy, en el marco de esa fiesta.
Según el informe de Goodwin a Kennedy a su regreso a los EEUU:
“La conversación tuvo lugar en la noche del 17 de agosto a las 2:00am. Varios miembros de las delegaciones de Brasil y Argentina hicieron esfuerzos -a través de la Conferencia de Punta del Este- para concertar una reunión entre el Che y yo. Esto se hizo obviamente con la aprobación y quizá a instancias de éste. Yo había evitado tal reunión durante la Conferencia. El jueves nosotros llegamos a Montevideo y se me invitó para una fiesta de cumpleaños para el delegado local brasileño asignado al área de Libre Comercio. Luego de haber arribado y de estar allí alrededor de una hora, uno de los argentinos presentes (que había estado en la delegación argentina) me informó que ellos habían invitado al Che a la fiesta. Él llegó sobre las 2:00 am y le dijo a Edmundo Barbosa da Silva de Brasil y a Horacio Laretta de Argentina que él tenía algo que decirme. Los cuatro entramos en una habitación… (El brasileño y el argentino se alternaron como intérpretes)”.
Asimismo, según el mismo informe preparado por Goodwin, “el Che, después de expresar que Cuba aspiraba a un modus vivendi -no a un imposible entendimiento-, agregó entre otras cosas que la Isla estaba dispuesta a pagar a través del comercio por las propiedades estadounidenses expropiadas; que se podía llegar al acuerdo de no hacer ninguna alianza política con el Este -aunque ello no afectara la afinidad natural existente- y analizar las actividades de la Revolución cubana en otros países, pero que no se podía discutir ninguna fórmula que significara desistir de construir el tipo de sociedad que aspiraban para Cuba. “Guevara dijo que sabía que era difícil negociar estas cosas pero que nosotros podíamos abrir la discusión de estos temas empezando por los secundarios”.
A pesar de haberse acostado el día anterior muy tarde, Guevara debe madrugar para trasladarse hasta Buenos Aires donde se entrevistará casi secretamente con el Presidente Arturo Frondizi. La reunión se realizó en la Quinta Residencial de Olivos, donde ambos políticos analizaron la situación del continente y la política internacional de Cuba. Frondizi intentó convencer al Che de los aspectos negativos de la alineación de la isla con los países del campo socialista. Al terminar el encuentro se acercó a visitar a su tía María Luisa Guevara, que estaba muy enferma. Esa misma tarde regresó al Uruguay donde lo estaban esperando para trasladarlo hasta Brasilia. Allí se entrevistaría con el presidente Janio Cuadros. En el Aeropuerto de Carrasco se concentraron varias miles de personas para despedir al líder revolucionario.

Regreso a Cuba

Días después de su llegada a La Habana en una comparecencia televisada acerca de la Conferencia de Punta del Este dirá lo siguiente:
“Empezaremos por explicar que es la Conferencia del CIES. El CIES es un organismo colateral de la Organización de Estados Americanos que se ocupa de las cuestiones económicas de la América, organismo tradicionalmente dominado por la influencia imperialista norteamericana, que se suponía hasta ese momento respondía totalmente a esa influencia. Estaba destinada a establecer una “Alianza para el Progreso” anunciada por Kennedy y naturalmente a encadenar más a los países latinoamericanos a las organizaciones financieras de Wall Street a aislar a Cuba y si se pudiera organizar el ataque armado ulterior contra Cuba”. “Nosotros teníamos entonces tareas muy importantes y algo diferentes. Teníamos la tarea de ir a trabajar con las hermanas Repúblicas de Latinoamérica, ir a tratar de movilizar la Conferencia hacia planes más acordes con el interés de los pueblos, a desenmascarar al imperialismo y a tratar de contraponer sus intereses de aislarnos a nosotros y aislarlos a ellos.
En primer lugar quedó demostrada la naturaleza falsa de la “Alianza Para el Progreso”, la intención imperialista que tiene, quedó demostrado para los gobiernos en todos los trajines, en todos los pequeños comités que se hacían fuera de la Conferencia, las intenciones norteamericanas de aislarnos; y quedó también, para los gobiernos, bien clara la impresión de que no es por el camino de Wall Street, como los pueblos y los gobiernos pueden ir adelante. Incluso los países que han salido más beneficiados de esta “Alianza para el progreso” presumiblemente aunque naturalmente, todavía no se puede saber los resultados exactos de la “Alianza para el Progreso”, pues se basa en un armazón de suposiciones y falsedades que en el mejor de los casos debe ser todavía sancionado por la realidad y, lo más probablemente, la realidad demostrará que se estaba frente a una gran estafa que se hace a los pueblos de América”.
La presencia de Ernesto Guevara en la Conferencia de Punta del Este se ha convertido con el tiempo en un hito histórico, sus palabras aún siguen vigentes en la realidad latinoamericana. Sus sueños revolucionarios comenzaron a cumplirse en un continente que ha despertado.

Lois Pérez Leira

Bibliografía consultada:

Informe preparado por Richard Goodwin al Presidente J. F. Kennedy.
Barcelona Eduardo, Detengan al Che. Editorial Caras y Caretas. Buenos Aires, 2009.
Anderson, Jon Lee (1997). Che Guevara. Una vida revolucionaria. Barcelona: Anagrama.
Castañeda, Jorge G. (1997). Compañero: vida y muerte del Che Guevara. Buenos Aires. Espasa.
Constenla, Julia (2006). Che Guevara. La vida en juego. Buenos Aires: Edhesa.
Guevara Lynch, Ernesto (1988). Mi hijo el "Che". La Habana: Ed. Arte y Literatura.
Taibo II, Paco Ignacio (1996). Ernesto Guevara, también conocido como el Che. México: Planeta/Joaquín Mortiz.
Guevara Linch, Ernesto. Mi Hijo el Che. Editorial Arte y Literatura, La Habana 1988.
Rojo Ricardo, Mi amigo el Che. Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1996.

sábado, 2 de agosto de 2014

¿Veinte años no es nada?




Cuando en 1994 un Hugo Chávez recién salido de la cárcel visitó Cuba invitado por Fidel ni los analistas de los medios de comunicación internacionales ni los gobernantes de Estados Unidos y Europa informados por sus embajadas en La Habana, entretenidos contando los minutos de sobrevida a la Revolución cubana, pudieron comprender lo que sucedía.
El mismo Chávez relató su sorpresa al arribar a Cuba entre los viajeros de un vuelo comercial y encontrarse a Fidel esperándolo en la pista del aeropuerto de La Habana.
Quien cambiaría el destino de su pueblo y de muchos otros habló entonces, atentamente escuchado por Fidel, en el Aula Magna de la Universidad de La Habana. Chávez disertó sobre la actualidad de Bolívar, del futuro de América Latina y de su integración como único destino viable. El venezolano presentó allí “un proyecto estratégico de largo plazo, en el cual los cubanos tienen y tendrían mucho que aportar, mucho con discutir con nosotros, es un proyecto de un horizonte de 20 a 40 años, un modelo económico soberano, no queremos seguir siendo una economía colonial, un modelo económico complementario”.
Pero para los medios el proyecto de Chávez era un discurso viejo, superado por la historia, que sólo tenía sentido para el líder cubano, anclado -según ellos- en el pasado.
Veinte años después, buena parte de la historia presente y futura de América Latina tiene que ver con Chávez, y en un escenario político, económico y cultural absolutamente nuevo en la región los medios de comunicación siguen sin comprender nada.
Hace pocos días concluyó la cumbre de los BRICS en la ciudad brasileña de Fortaleza. BRICS quiere decir Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, o sea la mitad de la población del planeta.
Lamentando la ausencia de una mirada de los medios a lo esencial de lo que allí ocurrió – “Pensaba que en los días subsiguientes habría un poco más de análisis serio sobre la importancia de la Cumbre de los BRICS“, escribió- Fidel reseñó los resultados de la reunión en Fortaleza:
“Los BRICS proponen una mayor coordinación macroeconómica entre las principales economías, en particular en el G-20, como un factor fundamental para el fortalecimiento de las perspectivas de una recuperación efectiva y sostenible en todo el mundo.
“Anunciaron la firma del Acuerdo constitutivo del Nuevo Banco de Desarrollo, con el fin de movilizar recursos para proyectos de infraestructura y de desarrollo sostenible de los países BRICS y otras economías emergentes y en desarrollo.
“El Banco tendrá un capital inicial autorizado de 100 mil millones de dólares. El capital inicial suscrito será de 50 mil millones de dólares, a partes iguales entre los miembros fundadores. El primer presidente de la Junta de Go­ber­nadores será de Rusia. El primer presidente del Consejo de Administración será de Brasil. El primer Presidente del Banco será de la India. La sede del Banco será en Shanghai.
“Anunciaron también la firma de un Tratado para el establecimiento de un Fondo Común de Reservas de Divisas para situaciones de contingencia, con un tamaño inicial de 100 mil millones de dólares.
“Reafirma el apoyo a un sistema multilateral de comercio abierto, transparente, inclusivo y no discriminatorio; así como a la conclusión exitosa de la Ronda de Doha de la Organización Mundial del Comercio (OMC).
“Reconocen el importante papel que las empresas estatales desempeñan en la economía; así como el de las pequeñas y medianas empresas como creadores de empleo y riqueza.
“Reafirman la necesidad de una reforma integral de las Naciones Unidas, incluido su Consejo de Seguridad, con el fin de hacerlo más representativo, eficaz y eficiente, de manera que pueda responder adecuadamente a los desa­fíos globales.
“Reiteraron su condena del terrorismo en todas sus formas y manifestaciones, dondequiera que ocurra; y expresaron preocupación por la continua amenaza del terrorismo y el extremismo en Siria, a la vez que llamaron a todas las partes sirias a que se comprometan a poner fin a los actos terroristas perpetrados por Al-Qaeda, sus afiliados y otras organizaciones terroristas.
“Condenaron enérgicamente el uso de armas químicas en cualquier circunstancia; y dieron la bienvenida a la decisión de la República Árabe Siria de adherirse a la Convención sobre Armas Químicas.
“Reafirmaron el compromiso de contribuir a una justa y duradera solución global del conflicto árabe-israelí sobre la base del marco legal internacional universalmente reconocido, incluyendo las resoluciones pertinentes de las Naciones Unidas, los Principios de Madrid y la Iniciativa de Paz Árabe; y expresaron apoyo a la convocatoria, en la fecha más temprana posible, de la Conferencia sobre el establecimiento de una zona de Oriente Medio libre de armas nucleares y otras armas de destrucción masiva.
“Reafirmaron la voluntad de que la exploración y utilización del espacio ultraterrestre deberán ser para fines pacíficos.
“Reiteraron que no hay alternativa a una solución negociada a la cuestión nuclear iraní, y reafirmaron apoyo a su solución a través de medios políticos y diplomáticos.
“Expresaron preocupación por la si­tua­ción en Irak y apoyaron al gobierno iraquí en sus esfuerzos por superar la crisis, defender la soberanía nacional y la integridad territorial.
“Expresaron preocupación por la si­tuación en Ucrania e hicieron un llamamiento para un diálogo amplio, la disminución del conflicto y la moderación de todos los actores involucrados, con el fin de encontrar una solución política pacífica.
“Reiteraron la firme condena al terrorismo en todas sus formas y manifestaciones. Señalaron que las Naciones Unidas tienen un papel central en la coordinación de la acción internacional contra el terrorismo, que debe llevarse a cabo de conformidad con el derecho internacional, incluida la Carta de las Naciones Unidas, y con respeto a los derechos humanos y las libertades fundamentales.
“Reconocieron que el cambio climático es uno de los mayores desafíos que enfrenta la humanidad, e hicieron un llamamiento a todos los países a construir sobre las decisiones adoptadas en la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), con miras a llegar a una conclusión exitosa para el año 2015, de las negociaciones en el desarrollo de un protocolo, otro instrumento legal o un resultado acordado con fuerza legal bajo la Convención es aplicable a todas las Partes, de conformidad con los principios y disposiciones de la CMNUCC, en particular el principio de las responsabilidades comunes pero diferenciadas y sus respectivas capacidades.
“Expresaron la importancia estratégica de la educación para el desarrollo sostenible y el crecimiento económico inclusivo; así como destacaron el vínculo entre la cultura y el desarrollo sostenible.”
Casi nada, sólo una visión del mundo diametralmente opuesta a la que los grandes medios de comunicación, siempre coincidentes en los temas esenciales con los gobiernos de EE.UU . y Europa, suelen transmitir.
Por el contrario, alrededor de la reunión de los BRICS los medios de comunicación inventaron un relanzamiento de la Guerra Fría, reabrieron una base de espionaje rusa en Cuba, que el propio presidente Vladimir Putin desmintió en Brasil, y leyeron los encuentros de los líderes de Rusia y China con Fidel como una escena de Café Nostalgia.
El líder histórico de la Revolución cubana vio las giras de los presidentes de Rusia y China por América Latina en ocasión de la Cumbre de los BRICS como “una de las proezas más grandes de la historia humana” y calificó “el aporte que Rusia y China pueden hacer en la ciencia, la tecnología y el desarrollo económico de Suramérica y el Caribe” como “decisivo”.
Para el discurso dominante, Fidel y los que compartan su visión son conservadores. Lo novedoso, que va a cambiar a este país y tal vez al mundo, estaría en la visita a Cuba de los directivos de Google en un jet ejecutivo, y su reunión con una asalariada de Washington para traernos la libertad y el progreso tal y como se entiende en la Casa Blanca, no en los BRICS.
Como sucedió en 1994 con la visita de Chávez a La Habana es posible que algo nuevo y trascendental esté naciendo. Pero los medios, por supuesto, le harán caso a cualquier cosa menos a lo que el hombre que supo adelantarse y ver hace veinte años en el modesto viajero llegado a Cuba en un vuelo comercial el germen de una América nueva, les dice.

Iroel Sánchez
La pupila insomne

No seamos siervos de las tecnologías: trabajemos con ellas




Sin dudas, en un tiempo muy corto se ha producido un crecimiento muy brusco en la cantidad y la diversidad de imágenes y textos que están al alcance de una parte de los jóvenes, o que pueden representárselos –aunque no los tengan efectivamente– los demás jóvenes del país. Y, lo que podría llegar un día a ser más importante, combinar la recepción de ellos con la interlocución y con la producción y circulación masiva de imágenes y textos por muchos de los que hoy son solo receptores. Pero, francamente, no puedo sumarme a la idea de esta revolución de la comunicación haya producido un cambio generalizado en los estilos de vida, y aún menos en las maneras de pensar.
Reducir este tema a expresiones abstractas –como “nuevas tecnologías”– es creer en nuevos fetiches e incapacitarse para comprenderlo. Uno de sus aspectos principales es el de sus condicionamientos. Entiendo que hay que inscribir esta cuestión, entre otras, en un proceso mucho más impactante y abarcador, y encontrar allí uno de sus sentidos: un formidable entrelazamiento entre la introducción y generalización mercantil muy acelerada de medios materiales de comunicación en cantidades asombrosas y a precios democratizables, y el control cultural e ideológico por parte del sistema capitalista mundial del lugar social ideal que ocupan, la mayoría de los contenidos que trasmiten, la actitud hacia cuestiones principales del consenso a la dominación que difunden y la dependencia que generan a esos medios, su funcionamiento y el deseo de consumirlos.
Siempre ha habido un nexo fuerte e íntimo entre los medios de comunicación y su control ideológico y cultural por el sistema dominante. Lo que sucede hoy es que ese nexo se ha vuelto decisivo para el capitalismo, porque su naturaleza actual, hipercentralizada, parasitaria, excluyente y depredadora, le impide ser revolucionario consigo mismo –una cualidad que siempre le sirvió tanto–, y al mismo tiempo existe en cientos de millones de personas conciencia de la naturaleza social de los males que afligen a las mayorías y al planeta, y gran parte de ellos identifican de un modo u otro a los responsables. Esto se debe a una acumulación cultural revolucionaria que llegó a su apogeo durante el siglo XX. Por consiguiente, el control totalitario de la información, la formación de opinión y las creencias cívicas es una necesidad antisubversiva, preventiva de rebeldías: es vital para el capitalismo.
En medio de la sucesión vertiginosa de las tecnologías y el caos aparente de la masa inabarcable de productos comunicables, existe una voluntad de gobernar rigurosamente los contenidos, las expresiones y el sentido que se les atribuya. Desvanecer todas las fronteras entre las certezas y las invenciones, las palabras y la nada, los hechos y los engaños, es un requisito de esta guerra cultural. Datos y mentiras, hechos y prejuicios, exigencias de la moda, repetidos sin descanso, marcan las rutas de un viaje inducido hacia la idiotez. El lenguaje y el pensamiento han entrado en crisis, juntos. La premura inexplicada exige desaparición de vocales y un esperanto de signos internacionales; pero la brevedad y el apuro que ellos fomentan no permiten reflexionar ni conducen a la síntesis o al conocimiento.
Más que un cambio en la manera de pensar, lo que está en juego es si lograrán disuadir a las mayorías de realizar el acto de pensar. En vez de un pensamiento único, intentan convertir en algo normal que no se piense.
En un plano más general, la acumulación cultural referida ha producido cambios colosales en las capacidades y los valores a escala mundial. Sus características y las exigencias que conllevan eran inconcebibles hace setenta años. No puedo referirme aquí a ese gran avance de la condición humana, pero es imprescindible tenerlo en cuenta ante toda cuestión y para todo proyecto. En el caso de Cuba, una gran revolución liberó al país del capitalismo neocolonizado y transformó a fondo las relaciones sociales, la vida de las mayorías, las instituciones y la sociedad en su conjunto. El pueblo cubano ejerció la justicia social, la libertad, la solidaridad, el pensar con su propia cabeza, y se acostumbró a hacerlo. A pesar de los enemigos, las insuficiencias y los errores, nos volvimos más capaces de satisfacer las exigencias provenientes de aquellas capacidades y valores que los pueblos de la mayor parte del mundo.
Pero la situación cubana actual es la de una abierta batalla cultural entre el socialismo y el capitalismo. A favor del último, entre otros factores, estaría la sujeción progresiva a su cultura, la única que ha logrado universalizarse, y que hoy conserva un formidable poderío y numerosos atractivos. Los procesos como el que abordamos constituyen, por consiguiente, uno de los escenarios de esa lucha. Lo primero es que las nuevas formas de comunicación, sus medios y su mundo ideal existen y se desarrollan, a partir de las actuaciones y la voluntad de nuestra gente, y de que vivimos en este mundo. Esto es de Perogrullo, por lo que es absurdo que todavía haya quienes le temen a esa realidad y se oponen a ella. Esos suicidas pretenden, en nombre de un autoritarismo trasnochado que pierde suelo por días, impedir u obstaculizar la presencia y la utilización de los nuevos medios, en nombre de la supuesta defensa de un socialismo que en realidad es solo un sinónimo de la parcela de poder que ejercen.
Mientras, los indiferentes en política, que no son pocos, y los que se suman al creciente conservatismo social, creen posible vivir “en digital”, modernizarse por imitación de los modelos que propone la avalancha que padecemos de productos audiovisuales, usos, conductas y opiniones esperables, en apariencia ajenas a cualquier sistema social. Tienden a ser apéndices de los objetos y las imágenes, a dejar de ser pueblo para convertirse en público, sin darse cuenta de que al final de esa neutralidad imposible nos espera a todos la hora en que habrá que resolver el dilema crucial.
Mi aproximación en este texto ha sido a uno de los sentidos del proceso, como dije al inicio. Pero no es el único. El complejo material-ideal que se ha desplegado tan velozmente constituye, al mismo tiempo, un maravilloso potencial de multiplicación de las capacidades humanas. Leer innumerables informaciones y asomarse mediante imágenes a millones de hechos, situaciones y paisajes, puede desatar cualidades extraordinarias y ayudar a multiplicar las capacidades de un pueblo que posee un inmenso caudal de experiencias de verdadero desarrollo humano y social, una conciencia política descomunal y muy altos niveles de preparación general y técnica. Estos nuevos medios brindan, por cierto, un suelo técnico al ideal comunista que pretendió en Europa hace noventa años que la obra de arte estuviera presente en la vida cotidiana y cayera el muro aristocrático de la alta cultura, una bandera de democratización cultural que en la segunda mitad del siglo quedó bajo el control del gran capital y se ha venido ejecutando del modo más perverso hasta hoy.
A Soy Cuba y a sus hermanos de todo el país les corresponde la misión, difícil y fundamental, de actuar, de hacer y crear con los nuevos medios y desde sus procederes y lenguajes, no para someterse al sentido que pueden portar al servicio de la dominación, sino para utilizarlos como instrumentos atractivos, proveedores de información, de criterios, de belleza y de canales realmente democráticos de participación: convertirlos en instrumentos de liberación.
Las verdaderas preguntas deberán ser nuestra guía. ¿Esta nueva revolución beneficiará a la dominación o a las liberaciones sociales y humanas? ¿Traerá la abolición progresiva de toda trascendencia, la trivialización y una indiferencia pletórica de informaciones e imágenes? ¿O será un instrumento para desarrollar las capacidades y las cualidades de las personas y la sociedad cubanas muy por encima de sus condiciones materiales de existencia? ¿Se conformará con ser un pequeño teatro de escándalos sin importancia y vueltas a la noria, de tolerancia y autoritarismo? ¿Serán capaces los jóvenes cubanos de convertirla en un lugar efectivo de de creaciones, de actuación social y política, de lucha y de placer liberadores?

Fernando Martínez Heredia