miércoles, 31 de enero de 2018

El lavadero de Miami




Miami es considerada una ciudad global, uno de los centros financieros y de comercio más importantes de Estados Unidos y el principal punto de conexión con América Latina y el Caribe. Sirve como sede de las operaciones latinoamericanas para más de 1.400 multinacionales y las aduanas de la ciudad procesan el 40% de las exportaciones del país hacia la región.
Alberga oficinas centrales y sedes de las empresas más influyentes del mundo; el centro de la ciudad tiene la mayor concentración de bancos internacionales del país (más de 100), y es precisamente donde, una y otra vez, se estremece a Estados Unidos por escándalos de lavado de activos.
El concepto de lavado de dinero se refiere a la actividad que se desarrolla para encubrir el origen de fondos que fueron obtenidos mediante actividades ilegales. El objetivo del también conocido como blanqueo de capitales es que ese dinero obtenido ilícitamente aparezca como el fruto de una actividad económica o financiera legal.
Por lo general se pretende legitimar fondos procedentes del narcotráfico, la corrupción, el fraude fiscal, el contrabando, la venta de armas o los secuestros, entre otros, para que dicho dinero pueda ingresar en el sistema financiero.
Uno de los últimos, que se afirma es el caso de lavado de dinero más grande de la historia en el sur de la Florida, tiene que ver con la comercialización de oro extraído ilegalmente en minas de Colombia y Perú por corredores asentados en la Ciudad de Miami, Florida, de la empresa NTR Metals, quienes forman parte de una confabulación para lavar alrededor de 3 600 millones de dólares.
Un juez cercano al proceso afirmó que el caso iba mucho más allá del lavado de dinero pues implica deforestación en las selvas amazónicas, el envenenamiento de trabajadores y otros males sociales provocados por la extracción ilegal de oro de Colombia y Perú, devastación ambiental y humana que recientemente ha sido denunciada por el Papa Francisco, en ocasión de su visita por Sudamérica.
El Pontífice se hizo portavoz de “la opresión” que viven los indígenas de la Amazonia por los intereses económicos y la corrupción que están destrozando su territorio durante el encuentro con los pueblos originarios y dijo que Perú debe luchar contra la corrupción.
“Cuánto mal les hace a nuestros pueblos latinoamericanos y a las democracias ese ‘virus’ social, un fenómeno que lo infecta todo (la corrupción)”, dijo el Papa.
Mencionó la fuerte presión de los intereses económicos “que dirigen su avidez sobre petróleo, gas, madera, oro, monocultivos agroindustriales”, citó todas las amenazas que están aniquilando el Amazonas y a los indígenas, en especial “la contaminación propiciada por la minería ilegal”.
Uno de los procesados legalmente era el jefe de operaciones de la citada firma y junto a otros implicados compró a narcotraficantes y grupos delictivos oro extraído ilegalmente; sobornó a funcionarios de gobierno, y falsificó documentos para la importación a Miami del metal precioso. Se señala que no se trata de un hecho aislado, sino parte de una serie de escándalos asociados a una gran operación de contrabando de oro y lavado de dinero entre América Latina y el sur de la Florida, calificado por el fiscal federal adjunto como “un problema muy extendido y de gran importancia”.
Contrabandistas peruanos, narcotraficantes colombianos, el mexicano Cartel de Sinaloa, conforman una mezcla letal que ha confluido en Miami para lavar dinero de la cocaína, del oro y de la muerte.
Según la prensa local, “el caso ha arrojado luz sobre el papel de Miami como punto de comercio internacional de oro”,
pues la mayor parte entra a EE.UU. por el Aeropuerto Internacional de Miami para ser refinado por NTR Metals y otras empresas del sur de la Florida.
Quizás no sea toda la luz necesaria ni la verdad imprescindible sobre esos hechos, pero sí se confirma que aunque el lavado de dinero no es nuevo en el Sur de la Florida, y se dice que las drogas no ingresan en Estados Unidos por esta parte del país en el volumen que lo hacían en la década de 1980, Miami se mantiene como el centro principal de lavado de beneficios ilícitos de la nación. Así lo reconocen entidades norteamericanas citadas por los medios de prensa y las historias que salen a la luz.
En el año 2015, varios centenares de empresas que exportaban artículos electrónicos desde Miami estaban bajo la lupa de las autoridades, que investigaron si organizaciones criminales realizaban transacciones comerciales allí para lavar su dinero.
La policía de Inmigración y Aduanas controlaba 7.000 negocios que deberían notificar a las autoridades a través de documentos escritos cada vez que realicen una transacción de 3,000 dólares o más.
En 2016, se conoció el resultado de la “Operación Neymar”, denominada así porque un sospechoso usaba como seudónimo el nombre del astro brasileño del fútbol, la cual recaudó más de un millón de dólares en efectivo en dinero confiscado de las drogas.
La amplia investigación confirmó que aún prospera en Miami un gran negocio de lavado de dinero de las drogas. El llamado “mercado negro del cambio del peso” –que involucró la supervisión de negocios en 17 países– fue la primera de su tipo que se presentó en la corte estatal de Miami-Dade y ofrece la ventana más reciente al sistema subterráneo de préstamos alimentado por las drogas, que las autoridades de aplicación y cumplimiento de la ley creen apoyaba a cientos de negocios en el sur de la Florida.
Son solo algunos ejemplos recientes de que no es algo nuevo, pues desde la segunda mitad del pasado siglo Miami ha sido testigo de lavado de miles de millones de dólares provenientes de los más disímiles negocios ilícitos y macabros resultantes de la políticas de Washington hacia el continente y el mundo. Ha servido de refugio para connotados malversadores y corruptos de ayer y de hoy, de distintas partes de mundo, que viven allí con total impunidad, incluso protegidos.
Aviones y yates repletos de dinero robado a las arcas de la nación llegaron a Miami procedentes de Cuba desde la madrugada del 1ro de enero de 1959 en manos de politiqueros y esbirros de la tiranía; le había precedido la entrada de drogas en aviones militares y civiles cubanos que despegaban del aeropuerto de Columbia en La Habana con droga o dinero del narcotráfico propiedad de pandillas cercanas al dictador Fulgencio Batista y las mafias norteamericanas y europeas que operaban libremente bajo su protección y complicidad.
Después se ha lavado dinero del bandidismo, de la invasión, del sabotaje, del terrorismo, de la guerra biológica, del mercenarismo, del flotipandillismo (provocaciones desde el mar), del tráfico de personas, del robo de cerebros y talentos, en fin del negocio de la guerra contra Cuba, del intento de genocidio de su pueblo por estrangulación económica; de las sangrientas dictaduras latinoamericanas hijas de la Operación Cóndor; de los denominados conflictos de baja intensidad, de las intervenciones preventivas; de los golpes de Estado; de la encrucijada no convencional contra la Revolución Bolivariana y las amenazas bélicas.
Mucho se habla de los “paraísos fiscales” en el mundo, que entre otras cosas se emplean para lavar dinero de ilícitos. EE.UU., que ha sido el destino principal de todas las rutas, por lo general no se menciona, pero en esa nación hay unos 17 estados, en cuyos bancos operan tales paraísos. En Florida, Miami es quizás el mejor ejemplo.
Desde los años 80 le dio la vuelta al mundo la serie televisiva “Corrupción en Miami”, que luego se llevó al cine, y en agosto pasado comenzó a filtrarse la realización de una nueva temporada para el 2018-2019. Los hechos reales que estallan en la ciudad superan los de ficción para alimentar guiones y Hollywood -como la prensa- vuelve su mirada al sur de la Florida.

Francisco Arias Fernández

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