jueves, 25 de agosto de 2016

García Lupo: Un escrutador de su época




Fue un testigo activo de su tiempo. Estuvo en la reunión de la OEA en Punta del Este, en 1961, acreditado por la agencia Prensa Latina que él fundó con Jorge Masetti, Rodolfo Walsh y Gabriel García Márquez. Y no sólo hizo allí una cobertura que debería estudiarse en las escuelas de periodismo (las que no existen), fue además un protagonista de aquella historia. Rogelio había trabajado en el semanario desarrollista Qué, dirigido por Rogelio Frigerio y en el que escribía también Raúl Scalabrini Ortiz. Esos contactos con el desarrollismo le permitieron ser un gestor de la entrevista al comandante Ernesto Guevara, representante de Cuba en aquel encuentro, con el entonces presidente argentino, Arturo Frondizi.
Muchos años después, García Lupo escribió sobre esa entrevista con una pluma de exquisitez, con ese ritmo de novela policial que sabía, como pocos, darle a sus relatos periodísticos.
La agencia Prensa Latina fue uno de los grandes (e inaugurales) medios de prensa que hoy se llamarían “alternativos”. Con una calidad literaria superlativa difundía las ideas, los logros, las dificultades y los propósitos de la Revolución Cubana, manteniendo un rigor informativo de altísima profesionalidad. No duró mucho: el devenir de la revolución hizo que surgieran internamente fuertes corrientes contra “los argentinos”, denominación que incluía al colombiano García Márquez y tal vez, por lo que ocurrió con él rápidamente, también al Che Guevara. García Lupo volvió a la Argentina.
Sobre aquella experiencia el gran periodista dijo en una entrevista con Clarín (21/04/14): “El trabajo de Gabo (por Gabriel García Márquez), nuestro trabajo, todo el periodismo de los años 59 y 60 fue destruido cuando salimos de Prensa Latina, bajo sospecha ideológica. Quienes pasaron a dirigir la agencia eran del más cerrado estalinismo. Muchos años después, Gabo reunió sus escritos de prensa y no hay entre ellos un solo despacho de la agencia. Fueron destruidos”.
García Lupo fue un maestro de periodistas de investigación. Él y Walsh hicieron época en ese renglón y son, tal vez, irrepetibles; al menos por el momento, porque la precarización y la súper-explotación de los trabajadores de prensa, junto con la definitiva transformación de los grandes medios en enormes pulpos oligopólicos que defienden sus propios intereses de grupo (antes incluso que los intereses generales de la burguesía), hacen que la investigación periodística tienda a extinguirse.
García Lupo era un buscador de pistas y las encontraba hasta en los clasificados de los diarios o en los avisos fúnebres y desarrollaba, a partir de ellas, investigaciones filosas, muchas veces demoledoras. Vaya como ejemplo su hallazgo de los vínculos entre el banquero Gaith Pharaon -socio de Carlos Menem en mafioserías profundas- y el narcotráfico y el tráfico de armas a escala internacional. Escribió libros que son y serán material de consulta, no sólo acerca de los temas puntuales que tocan, sino sobre los métodos de la investigación periodística.
Rogelio, además, gustaba de que lo llamáramos, que le hiciéramos consultas, y las respondía con una pedagogía penetrante. Fue un extraordinario cronista, un escrutador de un tiempo que es también el nuestro.
Hasta siempre, maestro.

Alejandro Guerrero