domingo, 21 de abril de 2013

Enrique Hart, mártir de la Patria




El 21 de abril de 1958, hace 55 años, sin cumplir los 30 años de edad, cayó el mártir de la Revolución Enrique Hart Dávalos.
A partir de una huelga de hambre, llevada a cabo en febrero de 1958 por los presos políticos, fue puesto en libertad provisional entre otros revolucionarios; había sido acusado por la policía de dirigir una fábrica de bombas, situada en 5ta. y A, en El Vedado; en cuatro ocasiones había conocido las cárceles y las torturas del régimen batistiano aquel joven lleno de vitalidad y alegría, poseedor de un profundo pensamiento revolucionario con una gran aversión a la sociedad burguesa y a la clase política que dominaba el país. Al salir de la cárcel, por sus méritos fue designado Jefe de Acción del Movimiento 26 de Julio de la provincia de Matanzas.
Siempre recordaremos su reacción y actitud en las más adversas situaciones: al conocer del golpe de estado el 10 de marzo de 1952, le dice a su hermano Armando: "El cuartelazo le abre al país el camino a la Revolución".
Después del desembarco del Granma el 2 de diciembre de 1956, cuando las dudas y el pesimismo se apoderaban de muchos, ante las sombrías noticias de la prensa proclamaba: "Si Fidel y sus compañeros cayeron, debemos continuar la lucha; si están con vida, nuestras acciones les servirán de apoyo".
Participó en los hechos del 9 de abril en Matanzas, convocando a la huelga revolucionaria. El fracaso de la huelga no restó un ápice a sus convicciones revolucionarias.
A partir de la derrota de la huelga, su actividad revolucionaria se multiplica, prestando especial atención a darles apoyo a grupos alzados en la provincia, los que estaban compuestos por compañeros pobremente armados.
Al referirse a su ejecutoria, el coordinador del M-26-7 en Matanzas en esos momentos, Ricardo González Tejo "El Maestro", refiere que "Enrique logró con su inteligencia, audacia y dinamismo darle un vuelco a la situación que en esos momentos tenía la provincia".
El 21 de abril en la casa que habitaba con su familia en Villa Gloria, en la Cumbre, barrio de Versalles, se dispuso a recuperar un artefacto explosivo defectuoso, no sin antes pedir a su esposa, que tenía en brazos a uno de sus hijos, que se mantuviera distante del cuarto en el que realizaba dicha tarea.
Repentinamente ocurrió una explosión en la que, junto a él, mueren los combatientes Juan Alberto Morales "Kent" y Carlos García Gil "Yayo", quien al oír la explosión había entrado a la casa para auxiliar a sus compañeros.
Su hermano Armando, desde la prisión en la Isla de Pinos, al conocer de su muerte, en una carta llena de amor lo describe:
"Era infatigable. Salía de una cosa para entrar en otra. Era un vértigo de acción, de trabajo. Cuando los hombres encuentran el modo de hacerse eficaces, se hacen incansables. Él lo encontró y halló así su glorioso e inmenso destino"

Hector Rodriguez Llompart