domingo, 5 de junio de 2022

Mesa Redonda, la FEU en su centenario: Comienza el X Congreso


La guerra, luego de tres meses


Grietas en la Otan. 
 En Occidente emergen diferencias sobre los objetivos de la guerra

 La guerra está haciendo sentir sus efectos en todas las partes involucradas. Por el lado de Occidente, se empiezan a abrir grietas más pronunciadas. 
 En apenas poco más de una semana, Italia propuso un alto el fuego, mientras los funcionarios del gobierno de Estados Unidos volvieron a hablar de una “derrota estratégica” del presidente Vladimir Putin. 
 Después de tres meses de “unidad” en respuesta a la invasión a Rusia -gracias al envío constante de armas letales a los ucranianos y a los sucesivos paquetes de sanciones financieras que nadie se esperaba, y menos aún Putin-, ya son inocultables las diferencias sobre los próximos pasos a seguir.
 Y esa discusión de fondo se desarrolla mientras las ambiciones de Estados Unidos crecen. Para la Casa Blanca todo empezó como un intento de evitar que Rusia se devorara a Ucrania de la noche a la mañana, pero eso cambió no bien los militares rusos sufrieron un revés en sus planes originales y fracasaron en la toma de Kiev. Ahora el gobierno de Biden ha encontrado una oportunidad de debilitar a Putin, consolidar la alianza atlántica de la Otan, y también, por qué no, propinar un tiro por elevación contra China. 
 Las diferencias sobre los objetivos de la guerra salieron a la luz en el Foro Económico Mundial de Davos, cuando el ex secretario de Estado norteamericano Henry Kissinger planteó que Ucrania tal vez tenga que ceder parte de su territorio en un acuerdo negociado, aunque agregó que “idealmente, el punto de acuerdo debería ser un retorno al status quo” anterior a la invasión, incluida la anexión rusa de Crimea en 2014 y la toma de partes del Donbass. 
 “Más allá de ese punto, seguir con la guerra ya no tendría que ver con la libertad de Ucrania, sino que se convertiría en una nueva guerra contra la propia Rusia”, concluyó Kissinger. Las recomendaciones del veterano estratega apuntan a evitar el riesgo de que una escalada de mayor amplitud, como la que parece abrirse paso, pudiera empujar a Rusia a una alianza permanente con China. Una aproximación de este carácter implicaría un salto en la dependencia de Moscú respecto a Pekín. La guerra, paradójicamente podría terminar reforzando la influencia y el peso del gigante asiático que los círculos dirigentes norteamericanos exhiben como el ‘enemigo principal’ de EEUU. Habría que agregar que una caída de Putin, podría encumbrar a fuerzas políticas mucho más hostiles a Occidente que el actual mandatario. Los dos partidos más fuertes no son prooccidentales, sino de la extrema derecha encabezada por Vladimir Zhirinovsky, por un lado y los comunistas, por el otro” (Clarín, 4/6).
 Este planteo mereció el rechazo del presidente ucraniano, Volodimir Zelensky, quien acusó a Kissinger de “apaciguamiento” aunque el jefe de Estado ucraniano también ha expresado puntos de vista contradictorios sobre lo que se necesitaría para poner fin a la guerra, y hasta llegó a ofrecer la “neutralidad” de su país y olvidar sus aspiraciones de unirse a la Otan.
 Como advierte New York Times en un reciente artículo, “esas diferencias en cuanto a los objetivos hacen todavía más difícil imaginar cómo sería una victoria, o incluso una paz con matices, y también presagian la discusión que se desataría entre Zelensky y sus aliados de Occidente si las negociaciones para poner fin al conflicto se ponen finalmente en marcha. Si Zelensky estuviese dispuesto a hacer algunas concesiones, ¿Estados Unidos y sus aliados levantarían sus aplastantes sanciones, como las restricciones a las exportaciones que obligaron a Rusia a cerrar algunas de sus fábricas para construir tanques? ¿O eso frustraría la ambición de la Casa Blanca de truncar la capacidad bélica de Rusia a futuro?” (ídem, 2/6). 
 El secretario de Defensa norteamericano, Lloyd Austin, se acaba de expresar con una franqueza que sorprendió a sus colegas y reconoció que Washington aspiraba a más que una retirada rusa. Quería que sus fuerzas armadas sufrieran daños permanentes. “Nuestro objetivo es la derrota estratégica de Rusia”, dijo claramente la semana pasada desde Varsovia la embajadora de Estados Unidos ante la Otan, Julianne Smith. 
 Esto se combina con un refuerzo de la ayuda militar. La noticia de estos días es el envió de misiles de avanzada. Se trata de los poderosos Himars, un arma de última de generación y de gran precisión. Este armamento tiene un alcance de 80 kilómetros y podría estar en condiciones de hacer blanco en territorio ruso, fronterizo con Ucrania. Si bien Biden en un artículo publicado en New York Times salió al cruce de esa posibilidad (“no alentamos ni permitimos que Ucrania ataque más allá de su fronteras” -ídem), lo cierto es que la escalada se acelera con inusitada velocidad y en este contexto, los límites del accionar militar se hacen cada vez mas difíciles de fijar. Hay que tener presente que la intervención cada vez más beligerante de la Casa Blanca está dictada por la propia crisis política en EEUU. El presidente estadounidense está urgido de exhibir algún éxito en materia internacional que le permita compensar, aunque sea en parte, la marcada pérdida de capital político de su gobierno que está a los tumbos, acosado en el frente externo por la retirada humillante en Afganistán y el malestar en el plano interno de una economía que se va desinflando y una inflación récord y, encima, la pandemia que ha adquirido un nuevo impulso.
 Los funcionarios del gobierno son muy conscientes que un desenlace de la guerra favorable a Putin va a ser aprovechado por los republicanos para pasarle la factura, infligirle una derrota en las elecciones de medio término de fin de año y asestarle un golpe del cual será muy difícil poder levantarse. 

 Europa 

Mientras Washington aumenta la apuesta, Francia, Italia y Alemania, las principales potencias del viejo continente, pretenden poner un freno: no quieren una guerra larga o estancada en punto muerto. 
 A la par de las declaraciones del primer ministro italiano, Mario Draghi, a favor de un alto el fuego, el presidente Emmanuel Macron planteó que una futura paz en Europa del Este no debe implicar una humillación innecesaria de Rusia, y podría incluir concesiones territoriales a Moscú. 
 Esta postura ha provocado una fractura interna dentro de Europa pues distintos líderes de Europa central y oriental (Estonia, Polonia) han adoptado una posición más afín con la política norteamericana. El extremo opuesto es Hungría, cuyo mandatario, Víctor Obran, sigue manteniendo relaciones estrechas con Moscú. 
 Esta división ha obligado a la UE a revisar los planes originales e ir a un rimo más lento con el embargo, permitiendo incluso que Hungría siga aprovisionándose normalmente del gas ruso. Entretanto, los países líderes de la UE han abierto una línea de negociación por su cuenta al margen de Estados Unidos, con Rusia y que incluye a Ucrania pero que por el momento, no ha logrado avances.

 Crisis capitalista 

La actitud de las principales potencias de la UE es imposible de entender al margen del vínculo que une la guerra con la crisis capitalista. La dependencia energética de los países de la UE de Rusia es muy pronunciada y por más que se hable de su sustitución por fuentes alternativas de suministro, eso no se logra a corto plazo e incluso, tampoco, en un plazo más prolongado. Esto se une al drama de los alimentos que ha llevado al primer ministro de Italia a advertir de una catástrofe alimentaria sin antecedentes. 
 La ruptura de la cadena de suministros está llevando a una paralización y dislocación de la producción y, al mismo tiempo, a una disparada de los precios, empezando por los alimentos y la energía. La guerra ha acelerado las tendencias a un escenario de recesión con inflación, que ya estaba insinuándose previamente con el desarrollo de la bancarrota capitalista, potenciada también por el estallido de la pandemia. La guerra está haciendo estragos y afecta con especial virulencia a Europa con más razón, en la medida que el teatro de las operaciones bélicas se desarrolla en su territorio. En este cuadro cada vez más explosivo, asistimos a un creciente malestar y descontento por las penurias y privaciones que se registran en la población europea. A nadie se le puede escapar que una situación así es el caldo de cultivo para las reacciones populares y también los giros políticos. Un caso por cierto ilustrativo lo tenemos en Gran Bretaña a través de la sensible reducción del poder adquisitivo de la población, hasta el punto tal que hay sectores que se han visto forzados a saltear comidas y pasar a comer solo una vez por día. Este escenario amenaza llevarse puesto al gobierno conservador de Boris Johnson, seriamente salpicado, encima, por los escándalos durante en el transcurso de la pandemia. 
 Este cuadro de situación ha encendido luces de alarma en la burguesía europea cuyos negocios y márgenes de rentabilidad están siendo afectados. Son emblemáticas al respecto las declaraciones del CEO de Volkswagen quien exhortó a cesar la guerra y llegar a un entendimiento con Rusia. La automotriz alemana tiene una de sus filiales en Rusia pero además tiene temor por la onda expansiva de la guerra, especialmente por el precedente que introduce en materia de sanciones y que en el futuro podrían aplicarse especialmente contra China. La empresa alemana tiene allí su principal filial que produce la mitad de los automotores totales de la empresa y que es un mercado superior al de Alemania y la Unión Europea (UE) sumados.
 Por último, viene al caso destacar que ni siquiera está asegurada la unidad interna de la propia burguesía norteamericana. Once senadores republicanos y 57 congresistas estadounidenses votaron en contra del colosal paquete de ayuda de 40.000 millones de dólares para Ucrania. Una señal temprana de fragmentación de la cohesión en Washington. 

 Conclusiones

 Resumiendo, todo parece indicar que marchamos a un salto en la confrontación militar. Pero esta escalada, contradictoriamente, no ha logrado superar la impase capitalista y las tensiones y rivalidades nacionales que venían registrándose con anterioridad al estallido de la guerra. La expectativa de Biden de cohesionar a las demás potencias capitalistas bajo su alero amenaza convertirse en su contrario, acentuando los choques antiimperialistas y divisiones de la clase capitalista. La guerra está provocando un dislocamiento de la economía mundial que va de la mano de una catástrofe energética y alimentaria, sin precedentes. Ingresamos, en definitiva, en una fase convulsiva atravesada por un agravamiento de la crisis económica, crisis políticas nacionales e internacionales y la guerra, por un lado y una acentuación de las tendencias a una polarización social y política, por el otro.

 Pablo Heller

sábado, 4 de junio de 2022

Las fuerzas israelíes asesinan a otra periodista en Cisjordania


Ghofran Warasneh
 El segundo crimen en menos de un mes. 

 Tropas israelíes asesinaron este miércoles en Cisjordania a Ghofran Warasneh, una periodista palestina que cumplía su primer día de trabajo para una radio. Es el segundo crimen contra trabajadores de prensa en pocas semanas, ya que recientemente había sido abatida Shireen Abu Akleh, la corresponsal de la cadena Al Jazeera. 
 A Warasneh, un soldado le disparó durante un operativo en territorio ocupado cisjordano (Arroub, al norte de Hebrón), de esos que las fuerzas de seguridad hacen recurrentemente. Los efectivos impidieron que personal de salud asistiera a la víctima, que murió desangrada. El Ejército alega que la periodista portaba un cuchillo, algo que los testigos niegan. 
 El caso tiene muchas coincidencias con el de Shireen, que también fue baleada mientras cubría un operativo de las fuerzas de seguridad. En ambas ocasiones, las tropas israelíes atacaron los cortejos fúnebres. El último adiós a Warasneh se vio perturbado por la represión, que dejó un palestino herido por armas de fuego.
 La misma semana del crimen de Warasneh, otros dos palestinos fueron asesinados, elevando la cifra a más de 60 en lo que va del año. 
 Paralelamente, el gobierno continúa la usurpación territorial. A mediados de mayo, aprobó la construcción de 4.000 nuevas viviendas y la legalización de dos nuevos asentamientos en Cisjordania, donde ya viven medio millón de colonos. El reverso de la medalla es la expulsión de mil nuevos palestinos, por orden de la Corte israelí, de una región cisjordana declarada zona de fuego militar. 
 Las agresiones y provocaciones contra el pueblo palestino son incesantes. A fines de mayo, se realizó la marcha anual que organizan los grupos ultranacionalistas en Jerusalén Este, en conmemoración de la victoria israelí en la guerra de los seis días (1967), que culminó con la anexión de esa franja de la ciudad y de Cisjordania. Alrededor de 80 palestinos fueron atacados por las bandas derechistas en el curso de la procesión (veinte de ellos debieron ser hospitalizados), bajo cánticos antiárabes e inclusive de celebración de la muerte de la periodista de Al Jazeera. 
 Mientras tanto, la Knéset –parlamento israelí- discute si renueva una ley de emergencia que extiende el derecho penal israelí y algunas leyes civiles (referidas a cobro de impuestos y provisión de servicios de salud) para su aplicación a los colonos –excluyendo a los palestinos. La norma entró en crisis como fruto de la inestabilidad política israelí. El bloque de oposición que responde al exprimer ministro Benjamin Netanyahu amenaza con votar en contra, no por estar en contra de la misma, sino con la intención de golpear al oficialismo y abrir el camino de nuevas elecciones, en que algunas encuestas lo colocan en primer puesto. La actual coalición de gobierno es un ensamble de formaciones políticas de todo pelaje, desde la extrema derecha del primer ministro Naftali Bennett al Ra’am (partido árabe), con una mayoría sostenida con alfileres. 
 Repudiamos el crimen de Ghofran Warasneh y todos los crímenes contra el pueblo palestino. Abajo el Estado sionista. Por una Palestina única, laica y socialista. Por una federación de pueblos socialistas de Medio Oriente. 

 Gustavo Montenegro

viernes, 3 de junio de 2022

Australia: una elección que no altera el alineamiento con el imperialismo


Antonhy Albanese, nuevo primer ministro 

Las elecciones parlamentarias de Australia del 21 de mayo le dieron el triunfo a los laboristas, que lograron una mayoría absoluta de 77 escaños y consagraron a Antonhy Albanese como primer ministro. La coalición nacional-conservadora fue desplazada del gobierno y, debido a los malos resultados, crecen las versiones de una ruptura en ese conglomerado político. 
 En rigor, ambas formaciones retroceden en cantidad de votos, solo que es mucho más pronunciada la caída del oficialismo, golpeado por la creciente inflación (5% interanual, la mayor en 20 años), el deterioro del poder adquisitivo de los salarios, el agravamiento del problema de la vivienda y los desastres asociados al cambio climático (inundaciones, incendios, etc.).
 En este contexto, han crecido los verdes (pasarían de una a cuatro bancas), los grupos denominados independientes y la abstención. Algunas formaciones de extrema derecha también lograron representación parlamentaria. 
 La campaña estuvo recorrida por las crecientes tensiones con China. El ministro de defensa Peter Dutton llamó a “prepararse para la guerra”. En el cuadro de crecientes enfrentamientos a nivel internacional, Australia se encuentra alineada con Estados Unidos. Recientemente firmó un tratado militar con Washington y Londres (el Aukus) que comenzará con el desarrollo de submarinos nucleares para la isla.
 La tensión se expresa también en el plano económico. Aunque hay un fuerte vínculo comercial entre las partes (Beijing es uno de los principales destinos de las exportaciones australianas), China mantiene sanciones comerciales por 20 mil millones de dólares y Canberra impuso mayores aranceles. 
 Los laboristas comparten la orientación del saliente gobierno de Scott Morrison. El debut de Albanese fue -en el marco de la gira de Joe Biden por Asia– su participación en la reunión del Quad, un espacio que Australia integra junto a Estados Unidos, India y Japón, y que votó un documento lleno de amenazas contra Beijing. 
 El recalentamiento político incluye a las islas del Pacífico, que son la fuente de una disputa de influencia entre el imperialismo y Australia-Nueva Zelanda, de un lado, y China, del otro. Mientras Biden anudaba acuerdos con Corea del Sur y Japón, el gigante asiático avanzaba en un entendimiento de seguridad con las Islas Salomón y promovía un tratado similar con un conjunto de países de la región. Si bien éste se ha encontrado con la oposición vehemente de algunos de esos Estados (como Micronesia) y el gobierno de Fiji puso la iniciativa en el congelador, planteando que requiere el consenso de las naciones involucradas, Beijing sí ha avanzado en cuestiones puntuales. Según el Sidney Morning Herald (30/5), firmó un acuerdo de entrenamiento de la policía de Samoa, de recuperación del Covid-19 con Fiji, de radio y televisión con Niue (un territorio integrado a Nueva Zelanda pero que se autogobierna) y de protección frente al cambio climático con Kiribati. Este último territorio está siendo literalmente devorado por el ascenso del nivel del mar (un problema común a toda la zona), lo que lleva a emigraciones masivas. A su vez, Samoa, Kiribati y Niue participan del programa de inversiones de la ruta de la seda china. 

 Lo que viene

 Frente al alza inflacionaria, el gobierno saliente de Morrison adoptó la decisión de incrementar las tasas de interés. Esto agrava el problema del endeudamiento de los hogares, que de acuerdo a algunas estimaciones equivale al 120% del PBI del país (Sin Permiso, 29/5). A su vez, se hace más urticante la cuestión de las hipotecas de las viviendas. 
 Con respecto al cambio climático, el nuevo gobierno se limita a promesas genéricas. La economía australiana depende fuertemente de las exportaciones de carbón y de la minería y el gobierno laborista no parece dispuesto a afectar a estos grupos económicos. 
 Frente al agravamiento de las condiciones de vida de las masas australianas, y el desarrollo de las tendencias a la guerra, se vuelve imperioso el desarrollo de una salida política de los trabajadores. 

 Gustavo Montenegro

miércoles, 1 de junio de 2022

La guerra ante una escalada


Zelensky en el foro de Davos.

 A tres meses de la invasión de Rusia a Ucrania. 

 A tres meses de la invasión de Rusia a Ucrania, los tropas rusas han asegurado un corredor con salida al Mar de Azov y al Mar Negro, y ahora se combate en la zona del Donbass. 

 Negociaciones suspendidas y opiniones divididas 

Sin negociaciones de paz las subas del precio del gas, el petróleo y los granos continúan impulsando la inflación solo comparable a la ocurrida hace cuarenta años. Se suma una crisis alimentaria ante la imposibilidad de salida de los granos por el cierre de puertos en el Mar Negro.
 Ante este panorama sombrío, las opiniones sobre detener la guerra están divididas. El New York Times dijo que Ucrania deberá negociar finalizar el conflicto y tomar “dolorosas decisiones territoriales”. En otra nota dice que a las grandes naciones de Europa (Alemania, Italia y Francia) les “preocupa la prolongación del conflicto ucraniano y temen un posible daño en sus propias economías”.
 El jefe de Volkswagen ha pedido a la Unión Europa que busque una solución negociada a la guerra en Ucrania por el bien de la economía del continente. “En oposición a la postura adoptada por los líderes europeos. Creo que deberíamos hacer todo lo posible para detener realmente esta guerra y volver a las negociaciones y volver a tratar de abrir el mundo nuevamente”, dijo Herbert Diess. 
 El exsecretario de Estado Henry Kissinger dijo en Davos: “Las negociaciones deben comenzar en los próximos dos meses antes de que genere trastornos y tensiones que no se superarán fácilmente. Idealmente, la línea divisoria debería ser un regreso al statu quo anterior”, dijo Kissinger, de 98 años. Continuar la guerra más allá de ese punto no se trataría de la libertad de Ucrania, sino de una nueva guerra contra la propia Rusia”. La respuesta del presidente de Ucrania V. Zelensky no tardó en llegar. Rechazó las declaraciones de H. Kissinger, y dijo que Ucrania no está dispuesta a entregar territorios. 
 Los que se oponen a las negociaciones impulsan una escalada del conflicto hasta expulsar a los invasores y derrotar a Putin. El Washington Post dice en una nota editorial que “ahora no es momento de buscar un trato con Putin”. Y considera solo las negociaciones cuando “la situación militar finalmente llegue a tal punto muerto que un arreglo negociado se vuelva inevitable. Por ahora, sin embargo, la mejor manera de ayudar a los amigos de Ucrania es acelerar los envíos de armamento vital y dejar de negociar con ellos”. 

 Las sanciones no lograron “poner de rodillas” a Rusia 

Desde el inicio de la invasión, Europa y Estados Unidos, iniciaron una masiva provisión de pertrechos militares y ayuda económica a Ucrania e impusieron sanciones a Rusia. Pero aún las fuerzas de Ucrania no han logrado desalojar las tropas Putin. 
 Las sanciones tampoco han logrado su objetivo de “poner de rodillas a Putin” y hundir la economía y las finanzas de Rusia. Las sanciones incluyen la captura de sus reservas (unos 450 mil millones de dólares), retirar el rublo de Euroclear, expulsar a los bancos rusos del sistema de transferencias, prohibir a barcos rusos tocar puertos de Europa, embargaron el carbón, se frenó la construcción del gasoducto NordStrean2, etc. Estas medidas no han logrado colapsar la economía de Rusia ni impedir que siga exportando petróleo, carbón y gas.
 Las sanciones a los oligarcas y funcionarios de gobierno ruso, como captura de yates, depósitos bancarios y prohibición de circular por Europa, tampoco han producido un movimiento de desestabilización del gobierno de Putin. 
 Más aún, Rusia logró imponer el pago de sus exportaciones de energía en rublos. A los países que se negaron a aceptarlo les cortó el suministro de gas como a Rumania y Polonia, luego a Finlandia cuando anunció solicitud de inclusión en la Otan. 
 Mientras el euro y el yen japonés se devaluaron respecto al dólar desde el inicio de la invasión a Ucrania, el rublo se revalorizó y se convirtió en una de las monedas más fuertes. Antes de la invasión de Ucrania el dólar en Rusia cotizaba a 83 rublos, hoy cotiza a 65 a pesar de la captura de las reservas rusas en divisas (dólares y euros). 

 “La economía de Rusia ha vuelto a ponerse de pie” 

Titula un artículo de The Economist y comenta que desde “abril señalamos evidencia preliminar de que la economía rusa estaba desafiando las predicciones de colapso” , incluso luego que los países occidentales introdujeron sanciones sin precedentes . El “impacto en la economía ha sido menor”, el “consumo total de electricidad ha disminuido solo un poco. Después de una pausa en marzo, los rusos parecen estar gastando con bastante libertad en cafeterías, bares y restaurantes”. 
 Las especulaciones de Europa y Estados Unidos de debilitar a Putin y generar una crisis económica y financiera que le impida financiar la guerra no se han visto realizadas. Rusia es uno de los mayores productores de alimentos y energía y eso ha permitido mantener su economía a flote.
 Las “cifras de sus socios comerciales” sugieren que las importaciones caen y las exportaciones se mantienen. “Como resultado, los analistas esperan que el superávit comercial de Rusia alcance niveles récord en los próximos meses. El Instituto de Finanzas Internacionales estima que en 2022 el superávit de cuenta corriente, que incluye el comercio y algunos flujos financieros, podría llegar a $ 250 mil millones (15% del pib del año pasado), más del doble de los $ 120 mil millones registrados en 2021.” 
 Mientras, en Ucrania la guerra ha producido una destrucción masiva, “1.500 instalaciones educativas destruidas o dañadas, junto con 350 instalaciones médicas, 1.500 millas de carreteras y 300 puentes. En total, Zelensky estimó que hasta el momento se han visto afectados 32 millones de metros cuadrados de espacio habitable”. Ucrania sufre daños en infraestructura “por valor de unos 4500 millones de dólares (diarios), y las pérdidas económicas totales del país podrían ascender a unos 600 000 millones de dólares”. 
 Y aunque el presidente Zelensky dijo que “las condiciones en Donbas son indescriptiblemente difíciles”, no se ha informado de reuniones de negociaciones para un acuerdo de alto el fuego.

 Sobrevuelo de Rusia y China con bombarderos nucleares

 Henry Kissinger en una entrevista con Financial Times puso énfasis en evitar que China y Rusia actúen como un bloque y realizar un tratamiento diferenciado impedir que actúen como aliados: “En el período que tenemos por delante, no debemos agrupar a Rusia y China como un elemento integral”. Pero todo indica que no es el objetivo de Biden. 
 Biden visitó Tokio y se reunió con representantes de Australia, India y Japón. Miembros de una “alianza informal” llamada Quad, una agrupación regional que es ampliamente vista como un intento de “contener a China”. Como respuesta, “seis bombarderos estratégicos chinos y rusos volaron cerca del archipiélago japonés, un aparente intento de advertir contra la cumbre Quad”, en abierto desafío a la “cumbre” en Tokyo. 

 Una escalada militar es una catástrofe para la humanidad

 La guerra continúa y la posibilidad de una escalada crece. Ahora se suman sobrevuelos con bombarderos atómicos. La lucha contra la guerra que ya contribuye a generar una recesión, inflación, desocupación y una crisis alimentaria es el objetivo central para impedir una catástrofe de escala global. 
 La guerra ya ha demostrado que solo es capaz de generar muerte, recesión, inflación, desocupación y una crisis alimentaria global de dimensiones nunca vistas. Se impone organizar la lucha contra la guerra hermanando a los trabajadores de todo el mundo, único medio para frenar la destrucción masiva del capitalismo en estas horas. 

 Sergio Rivero

Alberto Fernández va a la cumbre de Biden


Fernández finalmente participará de la Cumbre 

La subordinación del gobierno al imperialismo. 

 Después de algunos amagues, el presidente Alberto Fernández confirmó su presencia en la Cumbre de las Américas que se desarrollará entre el 6 y el 10 de junio en Los Ángeles, y que tiene por anfitrión al gobierno de Joe Biden. El imperialismo excluyó unilateralmente del encuentro a Cuba, Nicaragua y Venezuela, alegando que se trata de gobiernos no democráticos. Una hipocresía mayúscula viniendo de la potencia que en los últimos años apoyó los golpes de Estado en Honduras y Bolivia, y que sostiene alianzas en el plano internacional con Estados como Arabia Saudita e Israel.

 Que no, que sí

 El gobierno argentino -al igual que otros gobiernos latinoamericanos- había puesto en duda su participación, debido a las exclusiones, pero tardó poco en retractarse. Es que se encuentra subordinado a Washington, en el marco del pacto con el FMI. Por eso, sus críticas tienen mucho más de puesta en escena que de desafío real (vale agregar que la vice Cristina Kirchner viene de reunirse con el embajador estadounidense y la jefa del Comando Sur para la región). 
 Frente a las objeciones en el subcontinente, Biden envió a la región a un funcionario -Christopher Dodd- como parte de un operativo de presión. Además de entrevistarse con Fernández en Buenos Aires, “convenció” a los mandatarios Gabriel Boric de Chile y Jair Bolsonaro de Brasil, cuya reticencia a asistir -al igual que la del presidente de Guatemala- no obedecía por supuesto a una solidaridad con los países vetados sino a otros motivos, que exceden el propósito de este artículo. 
 En el terreno del llamado Grupo de Puebla, no solo Fernández se contradijo. El presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador, que aún condiciona su participación personal en el cónclave, ya ha aclarado que en cualquier caso estará presente su canciller Marcelo Ebrard. Y se ha encargado de llenar de elogios a Biden. 
 Más aún, según una reconstrucción de Infobae (31/5), el propio mandatario azteca habría recomendado a Fernández que participe en la cumbre, como una especie de representante de la Celac (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, en la que Buenos Aires ocupa la presidencia pro tempore). AMLO, recordemos, sostiene un pacto con la administración norteamericana que convierte a México en un muro para la migración centroamericana hacia los Estados Unidos. 
 En el medio, los gobiernos de México y Argentina abortaron incluso la posibilidad de realizar una “contracumbre” simultánea de los países de la Celac, en la misma Los Ángeles. Para que sonara aún menos desafiante, la Cancillería argentina devaluó el planteo a un almuerzo o cena, según Clarín (29/5). Pero hasta esa variante se desestimó. 
 Así las cosas, todo quedaría reducido a una referencia crítica de Fernández en su discurso en la Cumbre de las Américas a la exclusión de los tres países. Será, en definitiva, como ha pronosticado ya el expresidente uruguayo “Pepe” Mujica, “más ruido que nueces” (Página 12, 28/5).
 Venezuela también alentó la participación de Fernández, porque quiere mantener un canal abierto con la Casa Blanca. Es que Caracas ha emprendido un severo ajuste y una reprivatización petrolera a la que ha invitado reiteradamente a Washington a participar.
 El desaguisado de la Cumbre de las Américas muestra así los límites del arco “nacional y popular”.

 “Patio trasero” 

Ahora, el imperialismo está ejerciendo una fuerte presión sobre el bloque llamado Caricom (comunidad del Caribe), según ha reconocido John Briceño, titular del mismo y primer ministro de Belice. Muchos de los Estados que integran dicha entidad tienen lazos con Caracas por el petróleo, y habían enviado una petición a Washington el mes pasado para que se aceptara a Cuba, Venezuela y Nicaragua. El espacio se encuentra dividido; algunos de sus gobiernos podrían no asistir o enviar referentes de segunda línea. 
 La Cumbre de las Américas está siendo usada por la Casa Blanca como una manera de disciplinar lo que considera su “patio trasero”, en momentos en que su dominio se encuentra más cuestionado a nivel global y crece la influencia en nuestro continente de China. A pocas semanas de su gira por Asia, en que ratificó su respaldo militar a Japón y Corea del Sur, Biden buscará también emblocar al subcontinente en su cruzada contra el gobierno ruso. 
 El nacionalismo burgués no puede llevar a cabo una lucha consecuente contra el imperialismo. Esa tarea corresponde a la clase trabajadora. 

 Gustavo Montenegro