lunes, 24 de marzo de 2025

BlackRock llega a un acuerdo preliminar para controlar decenas de puertos estratégicos


Trump apunta al dominio del comercio mundial como un escalón hacia lo militar 
Entre los puertos en juego están los de Panamá

 Está absolutamente clara la política de ofensiva sin pausa que impulsa el presidente de Estados Unidos con la mira en China, pero que incluye también una mayor subordinación de la Unión Europea y de otros estados de menor peso en la economía mundial. Los aranceles anunciados a Canadá y México, como a diversas mercancías como acero, cobre, etc., son apenas uno de los aspectos de esa guerra comercial sin medias tintas que pretende imponer. 
 Pero la ofensiva, con amenaza militar incluida, para el dominio de EEUU sobre el Canal de Panamá, podría derivar en un cambio sustancial a escala planetaria, y no sólo de la vía interoceánica en Centroamérica. 
 El fondo de inversión yanqui BlackRock llegó a comienzos de mes a un principio de acuerdo (en sociedad con Terminal Investment Limited –TIL-, filial de Mediterranean Shipping Company –MSC-, firma de la familia italiana Aponte) para quedarse con el 80% del paquete accionario de la división puertos y servicios (Hutchison Ports) de Hutchison Holdings Limited (CK Hutchison) con sede en Hong Kong, lo cual incluye el dominio de 43 puertos en los cinco continentes que antes dependían en su operación o pertenecían a la multinacional radicada en Hong Kong. Esta última solo conservaría los 10 puertos que tiene en China. 
 Pasarían a manos del capital especulativo de Black Rock y asociados, nada menos que 11 puertos en el oriente de Asia (Indonesia, Malasia, Corea del Sur, Tailandia, Myanmar, etc.) y Australia, trece puertos en Europa y varios en América, incluidos los puertos de Balboa y Cristóbal ubicados en cada extremo del Canal de Panamá. Esto último requiere aún el aval del gobierno panameño, según algunos medios. 
 La operación involucra la friolera de 22.700 millones de dólares y surge luego de una visita a Panamá del secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, ni bien asumió Donald Trump. 
 El gigante gestor de activos, que administra fondos por el equivalente del 40% del PBI de EEUU, se apresta a obtener, con el apoyo político y la presión militar de Trump, no solo el control sobre el tráfico portuario en el Canal de Panamá, sino de gran parte del comercio mundial.
 Lo cual incluye puertos como el de Rotterdam y Amsterdam, verdaderas puertas de entrada a Europa y otros puertos claves en Corea del Sur, Indonesia, Malasia, etc. Lugares por donde fluye gran parte del comercio mundial, y algunos de ellos ubicados estratégicamente sobre el mar del sur de China, un terreno en disputa militar y zona “caliente” del planeta, donde casi a diario se registran incidentes con barcos o aviones de los ejércitos de la zona. 
 Como la guerra comercial y la guerra militar están profundamente entrelazadas, si Black Rock y todos los inversores institucionales que lo conforman, pretenden utilizar su injerencia recientemente alcanzada en el comercio mundial para un favoritismo de EEUU, la competencia comercial mundial se va a incrementar y la tendencia a un dislocamiento es muy probable. Lo que cambiaría de manos, de una multinacional con sede en Hong Kong, a una multinacional con sede en EEUU, tiene gigantescas implicancias en todo el planeta, en un momento donde éste último país nunca pudo recuperarse de la crisis del 2008, es dirigido por un gobierno de tendencias agresivas y expansionistas, y que no dejará de utilizar a Black Rock como un elemento de presión, esencialmente contra China. 
 Pero entre las cinco grandes multinacionales que manejan las operatorias portuarias del mundo, China tiene sus propios gigantes como la estatal Cosco (naviera y operadora más de 100 puertos en todo el mundo). La misma que acaba de construir el megapuerto de Chancay en Perú, inaugurado a fines del año pasado con la visita de Xi Jinping.
 Así, de la ofensiva contra la supuesta injerencia china en el Canal de Panamá, que ahora sería injerencia de EEUU, se está saltando a una guerra por el manejo de las rutas, puertos y logística por los que se canaliza el 80% del comercio mundial. Es casi una acción de guerra con todas las letras. 
 Por todo esto, no es de extrañar que la decisión de Hutchison de desprenderse de muchos de sus puertos haya desatado un fuerte malestar en Pekín, según detalla un artículo de la agencia AP reproducido por el diario argentino La Nación (21/3). La pérdida del dominio de los mares ha sido un gran factor de desmoronamiento de imperios europeos y en Oriente. Y si una cuarta parte del comercio mundial pasa por el mar de China, epicentro de los roces militares explícitos, podemos decir que la operación de Black Rock con la banca de Trump es apenas una somera idea de las veleidades expansionistas y guerreristas del gobierno de EEUU y el prolegómeno de acciones de abierto carácter militar. 
 Guerra a la guerra debe ser un estandarte global de toda la clase obrera y la izquierda revolucionaria. 

Norberto E. Calducci

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