miércoles, 17 de agosto de 2022

Bomba de tiempo en Kosovo


La reciente crisis a finales de julio entre las autoridades separatistas de Kosovo y el gobierno de Serbia es otra muestra del alcance mundial de la guerra en curso. 
 La chispa fue la iniciativa de las autoridades kosovares de desconocer los documentos oficiales emitidos por las instituciones serbias, tales como documentos de identidad, autos privados, etc. y poner una fecha límite para su reemplazo por documentos de emisión kosovar. Esto fue entendido como una provocación y un pretexto para perseguir y acosar a la población serbia, que es minoría en la región de Kosovo, donde los albaneses constituyen una mayoría.
 La crisis se disparó finalmente en la noche del 31 de julio, cuando las Fuerzas de Seguridad de Kosovo, la formación militar (como en Ucrania, también entrenada y equipada por la OTAN) que responde al gobierno kosovar, y la policía de Kosovo comenzaron a detener y confiscar autos de serbios residentes que mantenían patentes serbias. Al mismo tiempo, cuando estas fuerzas también se aprestaban a ingresar a diferentes pueblos serbios, fue respondido por las poblaciones con barricadas y enfrentamientos que dejaron algunos heridos y muertos. Por su parte, las unidades del ejército serbio se posicionaron cerca de la ´frontera´ con Kosovo, lo que llevó a que las unidades de la OTAN allí apostadas desde hace décadas declararan que estaban preparadas para enfrentar a los serbios (TRT World, 31/7). En la misma noche, el presidente nacionalista serbio, Vucic, anunció una solución temporal de compromiso que consta de un aplazamiento por parte del gobierno kosovar de la fecha límite de la imposición de nuevos documentos para el próximo 1 de septiembre. Más allá de esto, no hay solución o negociaciones en progreso que se conozcan de manera pública. 
 La relación de este episodio con la guerra en Ucrania es absoluta: Serbia es de los pocos países europeos que no adhieren al régimen de sanciones económicas contra Rusia y tampoco ha condenado la invasión. No es de sorprender, por lo tanto, que la Federación Rusa sea el único apoyo militar de Serbia, completamente rodeada de países de la OTAN (y, en el pasado, bombardeada por ella). Al comenzar la invasión rusa, el parlamento de Kosovo mandató al gobierno a comenzar el proceso formal para su integración a la OTAN (Reuters, 3/3). A principios de junio, estos vecinos que rodean a Serbia bloquearon una visita oficial de Lavrov negándole el paso por su espacio aéreo a un avión diplomático (Al Jazeera, 6/6).
 Parece claro que la OTAN planea hacer un uso oportuno de la crisis desatada a partir de la guerra en Ucrania para zanjar la cuestión de Kosovo por la vía de los hechos, a sabiendas de que está jugando con fuego sobre piso cubierto de pólvora. Una nueva guerra de Serbia contra el separatismo kosovar inevitablemente tendrá ramificaciones en países vecinos, que a su vez tienen regiones enteras donde la población serbia es mayoría, como Montenegro o Bosnia, y en algunos casos las tendencias separatistas están muy extendidas. Todas las contradicciones heredadas del proceso de despedazamiento de la vieja Yugoslavia volverán a volar por los aires. 

 Leib Erlej 
 17/08/2022

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