martes, 1 de febrero de 2022

Los acuerdos con el FMI en el mundo y sus consecuencias


El expte. ucraniano Petro Porochenko, junto a la exdirectora del FMI, Christine Lagarde. 

Ucrania, Ecuador y Colombia, tres casos emblemáticos. 

 Los acuerdos con el Fondo Monetario Internacional tienen dos características bien visibles. Una es que están atados a toda clase de condicionamientos económicos. La otra es que no resuelven los problemas de los países, a punto tal que éstos -como la Argentina- terminan muchas veces recayendo en las redes del organismo financiero. La deuda externa se vuelve así, en definitiva, un mecanismo de opresión por parte del capital imperialista. Veamos algunos últimos ejemplos. 

 Ucrania

 La nación del este europeo que hoy está en la mira por el conflicto entre la Otan y Rusia, es una de las que más ha sufrido las políticas del Fondo. En 2014, tras la caída del gobierno de Viktor Yanukovich, afín a Moscú, y el establecimiento de un gobierno “pro-occidental”, el organismo otorgó un préstamo por 17 mil millones de dólares. De estos, sin embargo, solo 12 mil millones quedaban en neto, dado que otros 5 mil eran para devolver a la institución por créditos anteriores. A cambio de la ayuda, Ucrania procedió al despido inmediato de 24 mil empleados públicos, aumentó impuestos al consumo (alcohol, cigarrillos) y se comprometió a una reforma energética (aumento de los precios) y la libre fluctuación de la grivna, la moneda nacional, o sea, su devaluación. De ese acuerdo, solo se desembolsaron 4.600 millones. Se rediscutió en 2015, añadiéndose préstamos más pequeños por parte de Estados Unidos, la Unión Europea y el Banco Mundial. En ese momento, el FMI saludó el ajuste fiscal realizado (hubo un déficit del 4,6% en 2014, frente al 5,8% previsto), la suba del gas y de los combustibles. Pero el organismo es insaciable: exigió al gobierno avanzar en un mayor control de las empresas públicas, en una reforma judicial, tributaria y jubilatoria. En abril de 2020, el parlamento votaba, a instancias de un reclamo del FMI, una ley de tierras que permite la venta de hasta 10 mil hectáreas. En el medio de la duración del acuerdo, Ucrania reestructuró su deuda con los acreedores privados (excepto los rusos), pero al día de hoy ésta todavía ronda el 60% del PBI. 
 Las políticas del Fondo terminaron por consagrar a Ucrania como el país más pobre de Europa. Y en junio de 2020, Kiev volvió a suscribir un acuerdo stand-by con el organismo, esta vez por 5 mil millones de dólares, a asignar en distintos tramos, condicionados al cumplimiento de ciertas metas. Se desembolsaron entonces algo más de 2 mil millones, y en noviembre del año pasado unos 700 millones más. Claro que para destrabar el último envío Ucrania debió presentar un memorándum con metas de déficit fiscal en el presupuesto 2022 (3,5% del PBI), y el compromiso de privatización parcial o total de los bancos PrivatBank y Oschadbank. En pocas palabras, la deuda y los acuerdos con el FMI son la avanzada de una colonización económica por parte del imperialismo. 

 Ecuador 

Poco antes de finalizar su mandato, el gobierno de Lenín Moreno suscribió en noviembre de 2020 un acuerdo con el FMI por 6.500 millones de dólares. El gobierno se comprometió a aumentar el IVA, a despidos y rebajas salariales en el sector público, y a aplicar “reformas estructurales”. El actual gobierno del banquero Guillermo Lasso está tratando de imponer esa agenda, lo que ya ha desatado movilizaciones de rechazo. Busca aprobar una reforma laboral que habilite la contratación a tiempo parcial y temporal; ya entró en vigor una reforma tributaria que aumenta la recaudación para asegurar el repago del préstamo; y además dispuso un aumento de los combustibles en octubre. Este es un punto sensible: en 2019, la supresión de los subsidios por parte de Lenín Moreno desató un levantamiento popular cuya sombra aún perturba al poder político. 

 Colombia 

A fines de marzo de 2021, siguiendo las recetas del FMI, el gobierno de Iván Duque implementó una reforma tributaria regresiva que imponía o aumentaba el IVA en productos básicos (café, azúcar, chocolate) y sumaba cientos de miles de trabajadores al pago del impuesto a la renta. El 90% de los ingresos a recaudar recaían sobre la clase trabajadora, y solo el 10% restante sobre los capitalistas.
 Aquella reforma, que se intentó aplicar en uno de los peores momentos de la pandemia, en medio de un aumento de la pobreza, desató también un levantamiento popular, que obligó al gobierno a retirarla, lo mismo que a un proyecto de reforma de salud.
 Las reformas fondomonetaristas son un instrumento de sometimiento de naciones enteras y acarrean grandes penurias para la población trabajadora. Por eso mismo, también, pueden desatar la respuesta de las masas. La movilización del pueblo ecuatoriano y del pueblo colombiano muestra que es posible enfrentar los planes del FMI. Cuando el gobierno de Alberto Fernández afirma falsamente que el acuerdo que anudó no contempla un ajuste, se está previniendo de esta situación. 

 Gustavo Montenegro

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