martes, 2 de noviembre de 2021

G20: una reunión de impostores


Y un impuesto irrisorio a las tecnológicas. 

 Ninguno de los grandes problemas que recorren al mundo (pobreza, crisis energética, calentamiento global, desigualdad en los ritmos de vacunación contra el Covid, récord de refugiados y desplazados, guerras imperialistas en Siria y Yemen, etc.), encontró una solución en la reunión del G20 en Roma que se llevó a cabo este fin de semana. Y no podía ser de otro modo, porque en esa cumbre estaban los responsables de esa situación. 
 El foro que reúne a las grandes potencias y algunos de los llamados países “emergentes” encubrió su responsabilidad por medio de algunas declamaciones en el documento final. Se comprometió a cumplir con el planteo del acuerdo de París de que la temperatura no crezca más de 1,5 grados con respecto a los niveles preindustriales. Pero todas las promesas vienen siendo incumplidas, y el 2020, pese a la pandemia, marcó un nuevo récord en la emisión global de dióxido de carbono. Además, mientras se pontifica la meta de los 1,5 grados, la suma de los planes nacionales excede los niveles de emisión que permitirían lograr esos objetivos. 
 El cónclave acordó que se transferirán -de aquí a 2025- 100 mil millones de dólares anuales a los países menos desarrollados, para que puedan financiar la transición energética. Pero esa es una promesa incumplida desde los acuerdos de París, y ni siquiera se plantea que el desembolso de fondos tenga carácter retroactivo. Hubo un compromiso para dejar de financiar la puesta en pie de plantas de carbón, pero esto ni siquiera frena su construcción, sino apenas los incentivos estatales a las mismas. De las demás energías contaminantes, directamente no se dice nada. Por último, el G20 se propuso lograr la neutralidad en las emisiones de gases de efecto invernadero “a mediados de siglo o alrededor de esa fecha” (sic). Vaguedades y palabras al viento. 
 Mientras los jefes de Estado enunciaban estos pálidos compromisos, las organizaciones ambientalistas ganaban las calles de la capital italiana, en medio de un enorme despliegue represivo. Miles de personas participaron de la convocatoria impulsada por Fridays for Future. Manifestantes de Climate Camp que intentaban cortar la calle por donde pasarían las delegaciones internacionales fueron desalojados. A su vez, marcharon las organizaciones obreras combativas y trabajadores en lucha de Alitalia y Whirpool, que enfrentan los cierres y al gobierno ajustador de Mario Draghi.
 En cuanto a la vacuna contra el Covid-19, el compromiso fue “garantizar su producción y su distribución rápida y equitativa”, cuando se hace exactamente lo contrario. Según un informe de People’s Vaccine Aliance, un grupo de países ricos tendrán almacenadas 1.000 millones de dosis adicionales para febrero del año próximo.
 Mientras tanto, decenas de naciones apenas han comenzado sus procesos de vacunación. A los países más pobres apenas se les han entregado el 14% de las vacunas prometidas (Democracy Now, 22/10). De este modo, se prorroga la enfermedad y siguen apareciendo mutaciones. Además, el documento no dice nada de las medidas básicas que se necesitan para garantizar el aprovisionamiento de inmunizantes, como la abolición de patentes y la estatización de los pulpos farmacéuticos, que están haciendo ganancias siderales.
 El texto final del G20 introdujo, a propuesta del gobierno argentino, un pedido al FMI para que se pongan en debate las sobretasas que el organismo cobra por los préstamos que exceden la cuota que corresponde a la participación accionaria de cada país en el organismo. También plantea una redistribución de los Derechos Especiales de Giro (DEG). Pero se deja en pie todo el mecanismo de la deuda externa como arma de exacción y sometimiento de los países periféricos por parte del imperialismo. 
 La única medida tangible que adoptó el foro fue el establecimiento de una tasa mínima del 15% a las corporaciones, desde 2023. Es un reclamo de Estados Unidos, ya que sus compañías tecnológicas aprovechaban la disparidad de esas tasas a nivel global para asentarse fiscalmente en países donde la tributación es más baja (como Irlanda, donde hoy es del 12,5%). El 15% establecido es una cifra irrisoria, que contrasta con el ahogo impositivo que sufren las masas, que deben pagar impuestos como el IVA o ganancias, en el caso de los salarios. 
 La cuestión de la tasa impositiva era parte también de una pulseada de Estados Unidos con la Unión Europea. Por eso, Joe Biden dijo que el encuentro mostró “el poder de Estados Unidos”, por más que a renglón seguido matizara la afirmación, al aludir al trabajo “con nuestros socios aliados”. El mandatario estadounidense criticó, a su vez, a Xi Jinping y Vladimir Putin, los líderes de China y Rusia, que participaron del cónclave, pero en forma virtual, lo que fue interpretado por algunos medios como una distancia política. Biden les reprochó su falta de compromiso con el foro. En definitiva, las disputas entre las potencias, que se intensifican en el cuadro de guerra comercial y crisis capitalista global, se filtraron en el encuentro.
 Frente al agravamiento de las condiciones de vida y a la falta de perspectivas que plantea este régimen social, se plantea la organización independiente de los trabajadores en todo el mundo, para luchar contra el capital y sus gobiernos. 

 Gustavo Montenegro

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