viernes, 27 de enero de 2017

Obama, Trump y los emigrantes cubanos

Justo al final de su mandato, Barack Obama derogó la política de “pies secos, pies mojados” que facilitaba la regularización de los cubanos que llegaban ilegalmente a territorio estadounidense.
La disposición fue celebrada por el gobierno de la Isla y considerada en una declaración conjunta como “un importante paso en el avance de las relaciones bilaterales”. Sin embargo, dentro y fuera de Cuba muchos condenaron a Obama por razones políticas o personales, mientras cientos de cubanos fueron sorprendidos por la noticia en su tránsito hacia los Estados Unidos.
El mandatario saliente se convirtió así en el héroe o el villano, según el punto de vista de quien valorara la medida.
Hay, no obstante, un hecho irrefutable: cifras que confirman que durante la presidencia de Obama emigraron o intentaron llegar a suelo norteamericano más personas naturales de Cuba que en cualquier otro momento de la historia reciente de la Isla.
Un cálculo del canal Telemundo 51, basado en estadísticas del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) y el Departamento de Estado, revela que más de 366 mil cubanos salieron del país con destino a la nación estadounidense entre 2009 y 2016.
Este número, sin dudas significativo, incluye unos 185 mil emigrantes que lograron entrar a los Estados Unidos de manera irregular tanto por mar como por la frontera mexicana, y a los más de 20 mil que fueron interceptados antes de llegar a las costas norteamericanas.
A ellos habría que agregar los cubanos que emigraron legalmente, como parte de los programas de 20 mil visas anuales y de reunificación familiar que otorga a Cuba el gobierno estadounidense.
De esta forma, la oleada migratoria en los dos períodos presidenciales de Obama superó otros momentos climáticos en esta dirección, como la primera década de la Revolución Cubana, el éxodo del Mariel en 1980 y los años noventa.
Un dato sumamente ilustrativo apunta que solo por la estación migratoria de Laredo, Texas, en 2016 llegaron cerca de 36 mil cubanos, una cifra similar a los que arribaron a los Estados Unidos durante la llamada crisis de los balseros de 1994.
Otra estadística reveladora confirma que el punto climático de la ola migratoria tuvo lugar desde 2013, año en que el gobierno de La Habana flexibilizó su política migratoria. En solo cuatro años fiscales (2013-2016), la entrada irregular de cubanos por la frontera mexicana y por el mar superó los 141 mil, el 76 por ciento del total de los que llegaron desde 2009.
La reforma migratoria posibilitó que los cubanos no necesiten permiso de salida ni carta de invitación para viajar al extranjero y puedan estar hasta dos años fuera del país sin perder su residencia en Cuba.
El abogado y analista Sergio Comas, citado por Telemundo 51, considera que la reforma “fue “un operativo estratégico desde La Habana, permitiendo que la gente pudiera venir a los Estados Unidos buscando beneficios y mejoras económicas, sin mentalidad de asentarse, con la idea de retornar pronto dinero hacia la Isla”.
Esta interpretación es apoyada por el dato de que de los 617 mil cubanos que viajaron al exterior por los últimos cuatro años, el 55 por ciento se encuentra aún dentro del plazo de 24 meses que permite el retorno regular al país. Buena parte de ellos tomaron rumbo a los Estados Unidos.
Ello ha sido posible por el otorgamiento de visas de turismo o negocios y el incremento de los intercambios académicos y culturales durante la administración pasada, así como por la ampliación de las opciones para visitas familiares, con visados de cinco años de validez.
Solo hasta 2015 el gobierno de Obama concedió más de 175 mil visas de no inmigrante a cubanos, muchos de los cuales no regresaron a la Isla y se acogieron a la Ley de Ajuste para solicitar su residencia permanente.
Y aunque la ley sigue vigente, la eliminación de la política de “pies secos, pies mojados” supone un cambio importante en el panorama migratorio. Los inmigrantes cubanos han perdido ahora gran parte de los beneficios (legales, financieros) que tenían a su llegada a los Estados Unidos y que los privilegiaban sobre los emigrados de otros países.
En los últimos años, estas concesiones, unidas al temor de que desaparecieran por el restablecimiento de las relaciones entre ambas naciones, fueron el detonante para crisis migratorias de cubanos en varios países de la región, en especial de Centroamérica.
Todavía hoy cientos de cubanos se aglomeran en la frontera entre México y los Estados Unidos, o pretenden seguir su camino hacia ella, con la esperanza que el gobierno de Donald Trump restablezca la política derogada o, al menos, haga una excepción con ellos.
Cumpliendo acuerdos bilaterales con Cuba, México comenzó la deportación de inmigrantes de la Isla, y al grupo de 91 personas repatriadas el pasado fin se semana se unió este miércoles un segundo grupo de 70 cubanos.
Se trata de 22 mujeres y 48 hombres devueltos a Cuba desde Tapachula, Chiapas, en un avión de la Policía Federal, como sucedió con el grupo anterior.
Ello sucede a la par de la firma por Donald Trump de una orden ejecutiva para iniciar la construcción del muro fronterizo con México que prometió durante su campaña electoral. La orden dispone, además, la creación de nuevos centros para detener inmigrantes no autorizados en la frontera sur y la reactivación de un programa federal para agilizar deportaciones.
“Una nación sin fronteras no es una nación”, señaló el mandatario, quien prometió lograr “el control absoluto” de los límites estadounidenses y discutir con México la mejor forma para “hacer frente a la inmigración desde Centroamérica”.
Sobre los cubanos, en cambio, no dijo este miércoles ni una sola palabra. El muro, al menos hasta ahora, es también para ellos.

OnCuba