sábado, 29 de marzo de 2014

Ernesto Guevara y la República Democrática Popular de Corea




Ernesto Guevara y Kim Il Sung

Ernesto Guevara tenía un especial admiración la República Democrática Popular de Corea. Veía en esta revolución un modelo singular de socialismo. Después de más de 50 años la vía coreana al socialismo de Kim Il Sung sigue vigente.

Desde su juventud Ernesto Guevara tuvo una importante curiosidad histórica por conocer la República Popular China y también Corea del Norte. Como buen autodidacta marxista, desde la adolescencia le fue interesando todos los procesos revolucionarios, por supuesto empezando por la revolución Rusa. Aunque para aquel joven -que recorría América latina-, tenía serios proyectos para que su periplo terminara en China. Así se lo hizo saber a su primera compañera sentimental Hilda Gadea con quien hizo planes de viajes. Ella confiesa en sus memorias las intenciones de ambos de conocer aquellos países comunistas. El soñado viaje al oriente asiático se frustra con el embarazo de Hilda y la posterior integración en el grupo revolucionario del Movimiento 26 de Julio.
Con el triunfo de la revolución Cubana y la proyección internacional que tiene el Che, es encomendado por Fidel Castro para ser el divulgador de la naciente revolución cubana en el exterior. A los pocos meses empiezas las distintas giras, por los países socialistas y amigos de Cuba.
La fama internacional del comandante Ernesto Guevara, hace que todas las delegaciones diplomáticas que se instalan en Cuba, requieran en sus distintos actos protocolares, la presencia del Che y de Fidel. No siempre le era fácil cumplir con todas la invitaciones, aunque hacia los esfuerzos necesarios, cuando se trataba de países donde la revolución tenía especial interés político o económico. Es así que desde el inicio mismo de la revolución y con el nombramiento del embajador norcoreano Jon Don Che, Guevara mantendrá una estrecha y fraternal relación con las autoridades de este país.
Una de las tantas deferencias del Che con las autoridades diplomáticas coreanas, fue durante la inauguración de las obras donde se construía el astillero Chullima, en Cuba. El 15 agosto de 1962, como parte de la estrategia de diversificación industrial, el Che asiste a la inauguración de las obras del astillero Chullima, en las márgenes de la desembocadura del río Almendares en La Habana. El embajador de Corea en Cuba, Jon Don Chel, también participa del acontecimiento que fue fijado en la fecha de conmemoración de la liberación de ese país. El nombre del astillero es también una remembranza a la cultura de ese pueblo, a la leyenda del caballo alado que recorría cientos de kilómetros en una jornada. El Che lo utilizó como símbolo para el trabajo.
Quizás este acontecimiento demuestra el gran interés del Che por la cultura de este país, y su especial admiración a su revolución.
A fines de 1960 Ernesto Guevara inicia una larga gira por varios países del campo socialista, el objetivo es firmar convenios de cooperación económica, especialmente poner en ese mercado el azúcar cubano.
Durante los primeros días de diciembre Ernesto Guevara y su comitiva compuesta por Héctor Rodríguez Llompart, Alberto Mora y Raúl Maldonado llegan de China a la capital de la Republica Democrática Popular de Corea del Norte, Pyongyang. Allí es aclamado por miles de personas. El 3 de diciembre se entrevista con el líder coreano Kin II Sung. El día 6 suscribe un acuerdo comercial con este país. En la corta estancia se reunió con los líderes del Partido del Trabajo quienes de forma recurrente les hablaban de la guerra de corea que aun estaba muy vigente en la memoria colectiva de la sociedad coreana. Después de la contienda militar de las dos coreas, el país había quedado destruido. Tuvieron que construir desde cero la economía y la nueva sociedad. En esos pocos días Guevara visito lugares de producción y monumentos históricos. También pudo informarse de primera mano lo que significaba la idea Juche que es la ideología nacional de la República Popular de Corea. Esta idea filosófica fue desarrollada por Kim Il Sung y se centra sobre el concepto de autodependencia.
Esta filosofía fue por primera vez mencionada en 1955 y en 1965 Kim Il Sung hizo un discurso en Indonesia en donde presentó la idea a la comunidad internacional como una solución a los problemas de países en vías de desarrollo. La idea Juche vas más allá de la autodependencia y fue descrita por Kim Il Sung como "la independencia política, autosuficiencia económica y autodefensa militar."
También declaró que "la revolución y su construcción vienen de las actividades concientes del hombre y para establecer la idea Juche hay que ser consciente de que uno es el dueño de la revolución y de su desarrollo, pensando y haciéndolo todo, centrando la revolución en el país de uno mismo y solucionando todos los problemas que éste pueda tener mediante la iniciativa y el talento individual de uno" concluyendo que "el partido y el pueblo son los dueños de la revolución de su país."
El 7 de diciembre Guevara y la delegación parten de la capital de la Republica Popular de Corea rumbo a Moscú donde continúa las negociaciones económicas.
Guevara regresa a Cuba el 22 de diciembre, el balance es muy positivo tanto desde lo político como lo económico, en su maletín llevaba varios contratos de venta de azúcar.
“La Unión Soviética –declara Guevara- se compromete a comprar 2 millones 700 mil toneladas, en el caso de que los Estados Unidos no nos compren –lo que parece muy probable-, China comprara un millón de toneladas de azúcar y los demás países socialistas, que desgraciadamente son productores, se comprometen a comprar adicionales, la Republica Democrática Popular de Corea compra veinte mil toneladas; la Republica Democrática Popular de Vietnam cinco mil toneladas; y como una compra simbólica para expresar el apoyo monolítico de todo el bloque socialista a nuestro gobierno, la Republica Popular de Mongolia compra mil toneladas”
Al poco de retornar a Cuba, en una entrevista que le realiza la televisión cubana, el 6 de enero de 1961, cuenta los aspectos del largo viaje, relatando su paso por Corea.
“De los países socialistas que visitamos personalmente, Corea es uno de los más extraordinarios. Quizás es el que nos impresionara más de todos ellos. Tiene solamente diez millones de habitantes y tiene el tamaño de Cuba, poquito menos, unos ciento diez mil kilómetros cuadrados. La misma extensión territorial que la parte sur de Corea, pero la mitad de habitantes, fue asolado por una guerra tan fantásticamente destructiva que de sus ciudades no quedó nada, y cuando uno dice nada, es nada. Es como los pequeños poblados de guano que Merob Sosa y Sánchez Mosquera y esa gente quemaba aquí, y de los cuales no quedaban nada más que cenizas. Así quedó, por ejemplo, Pyonyang, que es una ciudad de un millón de habitantes. Hoy no se ve un solo resto de toda aquella destrucción, todo es nuevo. El único recuerdo que queda es, en todos los caminos, en todas las carreteras, y en todas las vías férreas, los huecos de las bombas que caían unas al lado de otras.
Ellos me mostraron muchas de las fábricas, todas ellas reconstruidas y otras hechas nuevas, y cada fábrica de esas había soportado entre 30 y 50 mil bombas. Si nosotros nos hacemos una idea de lo que eran 10 ó 12 bombas tiradas alrededor nuestro en la Sierra, que significaba un bombardeo terrible, y había que tener su dosis de valor para aguantar esas bombas, ¡lo que significaban 30 mil bombas tiradas en un espacio de tierra, a veces menor que una caballería!
Corea del Norte salió de la guerra sin una industria en pie, sin una casa en pie, hasta sin animales. En una época en que la superioridad aérea de los norteamericanos era tan grande, y ya no tenía qué cosa destruir, los aviadores se divertían matando bueyes, matando lo que encontraban. Era, pues, una verdadera orgía de muerte lo que se cernió sobre Corea del Norte durante dos años solamente. En el tercer año aparecieron los Mig-15 y ya la cosa cambió. Pero esos dos años de guerra significaron, quizás, la destrucción sistemática más bárbara que se ha hecho.
Todo lo que se pueda contar de Corea parece mentira. Por ejemplo, en las fotografías se ven gentes con el odio, ese odio de los pueblos cuando llega a la parte más profunda del ser, que se ve en las fotos de cuevas donde se meten 200, 300 y 400 niños, de una edad de 3 ó 4 años, se asesinan allí con fuego y otras veces con gas. Los descuartizamientos de las gentes, matar a mujeres embarazadas a bayonetazos para hacerle salir el hijo de las entrañas, quemar heridos con lanzallamas… Las cosas más inhumanas que pueda imaginar la mente fueron realizadas por el ejército norteamericano de ocupación. Y llegó casi hasta el confín de Corea con China, y ocupó, en un momento dado, casi todo el país. Sumado a eso que en la retirada lo destruían todo, podemos decir que Corea del Norte es un país que se hizo de muertes. Naturalmente, recibió la ayuda de los países socialistas, sobre todo la ayuda de la Unión Soviética, en una forma generosa y amplísima.
Pero lo que más impresiona es el espíritu de ese pueblo. Es un pueblo que salió de todo esto tras una dominación japonesa de treinta años, de una lucha violenta contra la dominación japonesa, sin tener siquiera un alfabeto. Es decir, que era de los pueblos más atrasados del mundo en ese sentido. Hoy tiene una literatura y una cultura nacionales, y un orden nacional y un desarrollo ilimitado, prácticamente, de la cultura. Tienen enseñanza secundaria, que allá es hasta el noveno grado, obligatoria para todo el mundo.
Tiene en toda la industria el problema que ojalá nosotros tuviéramos hoy -que tendremos dentro de 2 o 3 años-, que es el problema de la falta de mano de obra. Corea está mecanizando aceleradamente toda la agricultura para lograr mano de obra y poder realizar sus planes, y también está preparándose para llevar a los hermanos de Corea del Sur el producto de fábricas de tejidos y otras, para ayudarlos a sobrellevar el peso de la dominación colonial norteamericana.
Es, realmente, el ejemplo de un país que gracias a un sistema y a dirigentes extraordinarios, como es el mariscal Kim II-Sung, ha podido salir de las desgracias más grandes para ser hoy un país industrializado. Corea del Norte podría ser para cualquiera aquí en Cuba, el símbolo de uno de los tantos países atrasados del Asia. Sin embargo, nosotros le vendemos un azúcar semielaborado como es el azúcar crudo, y otros productos aún sin elaborar, como es el henequén, y ellos nos venden tornos fresadores, toda clase de maquinaria, maquinaria de minas, es decir, productos que necesitan una alta capacidad técnica para producirlos. Por eso es uno de los países que nos entusiasma más“.
Después de aquella visita a la Republica Popular de Corea del Norte las relaciones entre ambos países se estrecharon aun más. Es así que Guevara participara de todas aquellas actividades y recepciones que dicha embajada organizaba en La Habana. Entre ellas, la que se realiza el 10 de septiembre de 1963. En esta, como en las otras de las cuales participa el Che y Fidel, estos se convierten en el centro de la actividad diplomática.
Con el embajador coreano Jon Don Chel, mantiene una estrecha relación, teniendo siempre el Che un tiempo para dedicarle, para hablar de los temas relacionados con su país. El 8 de septiembre de 1964 Guevara participa de su última visita protocolar, a la Embajada Coreana, meses después partiría para su misión internacionalista en el Congo.

Lois Pérez Leira
Historiador y documentalista