sábado, 28 de febrero de 2026

Razones de Cuba: programa especial sobre intento de infiltración desde EE. UU.


¡Abajo la agresión militar de Estados Unidos e Israel contra Irán!


Nuevo ataque imperialista a Irán 

Estados Unidos e Israel iniciaron en las últimas horas un ataque militar conjunto contra Irán que ya dejó decenas de muertos, gran parte de ellos civiles, según agencias de prensa iraníes. El presidente estadounidense, Donald Trump, habló de terminar con la “amenaza” del régimen iraní y llamó al pueblo de ese país a derrocarlo, y lo mismo hizo el primer ministro israelí, el genocida Benjamin Netanyahu. Uno de los ataques golpeó cerca del lugar donde se hallaba el ayatollah supremo, Ali Khamenei.
 Por su parte, Irán respondió con ataques a bases estadounidenses en Qatar, Emiratos Árabes, Kuwait y Bahréin, y también lanzó misiles contra Israel. 
 Repudiamos la agresión imperialista y sionista contra Irán, que se desarrolla en medio de agresiones constantes contra el pueblo palestino (más de 500 muertos desde la entrada en vigor del “cese al fuego”), a dos meses de la invasión contra Venezuela, y en pleno ahogo contra Cuba. Derrotemos la ofensiva imperialista con la movilización de los trabajadores y los pueblos en todo el mundo.
 El gobierno estadounidense venía desenvolviendo en las últimas semanas su mayor despliegue militar en Medio Oriente desde la invasión de Irak, en 2003, como parte de una nueva serie de amenazas contra Irán. A los más de 40 mil soldados que la Casa Blanca ya tiene desplegados en la región, se sumaron dos enormes portaviones (incluyendo el Gerald Ford, que es el mayor del mundo) y una flota de F-22 que arribó a Israel. 
 El 19 de febrero, Trump amenazó con un ataque militar si Teherán no se sometía a sus exigencias en un plazo de entre diez y quince días. Insistió en esa tónica en sus redes sociales y en el discurso sobre el estado de la Unión, el 24 de febrero. “No me complace que no estén dispuestos a darnos lo que necesitamos”, abundó el magnate este viernes 27. 

 Ultimátum 

 Estados Unidos exigía tres cosas: 1) Que Irán detenga su programa de enriquecimiento de uranio y se deshaga de las reservas con las que cuenta; 2) El desmantelamiento del programa de misiles balísticos, que tienen un alcance de dos mil kilómetros; 3) Cese del apoyo a Hezbollah y otros grupos de la región. 
 Las negociaciones entre los dos gobiernos se llevaban adelante con la mediación de Omán. La última reunión, antes del ataque, se llevó a cabo en Ginebra, Suiza, el jueves 26. Teherán, según lo que afirmó públicamente, se mostró dispuesto a pausar su programa de enriquecimiento de uranio y a ponerle un límite, pero no a cancelarlo. Según El País, en la reunión del jueves Irán habría presentado una propuesta al respecto. En cuanto al programa de misiles balísticos, lo consideró fundamental para su defensa, por lo que no lo puso a discusión. 
 Irán buscaba, a cambio de sus concesiones en el programa nuclear, que Estados levantara las sanciones económicas, pero la Casa Blanca no habría prometido más que no imponer sanciones nuevas. Este panorama revela que Estados Unidos estaba sometiendo a Irán a un ultimátum, sin intenciones de una negociación seria. 

 Yanquis, go home 

 La situación dentro de Irán es crítica desde el punto de vista económico y social. Las masivas movilizaciones populares que estallaron en diciembre mostraron el deterioro de las condiciones de vida en los últimos diez años, como resultado de la devaluación de la moneda y una elevada inflación. 
 Rechazar las agresiones militares contra Irán no implica un aval al régimen iraní, que montó una represión feroz contra las recientes protestas populares –con alrededor de dos mil muertos- y se asienta en el dominio de una burguesía enriquecida con el petróleo y la súper-explotación de la clase obrera. 
 Pero sí significa un repudio total a cualquier intervención imperialista, que solo puede agravar las penurias de las masas de Irán y del Medio Oriente -como lo revela la situación del pueblo palestino, que es víctima de un genocidio por parte del Estado de Israel, con apoyo político y militar de la Casa Blanca- y asegurar una dominación del imperialismo en la nación persa.
 A la par que amenazaba a Irán, Trump puso en funcionamiento una “Junta de Paz” para la Franja de Gaza (avalada por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y las burguesías árabes) que es, en realidad, un protectorado colonial que somete a los gazatíes y apunta a desarrollar un enorme negociado alrededor de la reconstrucción del territorio costero.
 Retomemos, en todo el mundo, las grandes movilizaciones que se desarrollaron contra la agresión sionista-imperialista en Gaza, ahora con las consignas centrales de: 
 ¡No a la agresión militar yanqui y sionista contra Irán! Fuera el imperialismo de Medio Oriente. No al genocidio del pueblo palestino y a la junta colonial de Trump. Por una federación socialista de pueblos de la región. 

 Gustavo Montenegro

viernes, 27 de febrero de 2026

Reino Unido, un peón de los Estados Unidos


De Teherán a las Islas Malvinas.

 El ex director de BAE Systems, segundo mayor contratista militar del mundo y constructora de aeronáutica comercial, Mike Turner, recientemente declaró en medios británicos que el Reino Unido mantiene una dependencia operativa en términos de defensa con los Estados Unidos. Turner señaló que en un conflicto de alta intensidad como el de las Islas Malvinas, en 1982, el Reino Unido se encontraría en una “total dependencia” de EE. UU., en “relación a componentes críticos y marcos regulatorios que condicionan el uso, modificación y sostenimiento de parte de su material aéreo” (Escenario Mundial, 18/2). 
 Turner, que no es un improvisado en la materia, señaló que la defensa británica mantiene una problemática de base, ya que gran parte de las aeronaves de la Real Fuerza Aérea funcionan con componentes, software, armamento o certificaciones que dependen de las normas de control que se encuentran bajo la égida estadounidense, y que en un cuadro de conflicto “podría traducirse en restricciones operativas si Washington decide no acompañar" (ídem).
 El telón de fondo de la dependencia tecnológica del Reino Unido son los controles de exportación de armamentos digitado por los EE. UU. desde 1976, a través del Reglamento sobre el Tráfico Internacional de Armas (ITAR, por sus siglas en ingles), ente encargado de suministrar licencias o imponer restricciones para la comercialización y el uso de materiales destinados a defensa. El cumplimiento del ITAR consiste en salvaguardar la tecnología de defensa y la propiedad intelectual de Estados Unidos. Según la Lista de Municiones de los Estados Unidos (USML), los artículos de defensa y los datos militares restringidos incluyen algunos de los siguientes: vehículos de lanzamiento, misiles balísticos, torpedos, armamento en general, aviones y naves espaciales. Para proteger esta información, cualquier empresa o gobierno que quiera hacer negocios con los EE. UU., o con contratistas del gobierno, debe adherirse al ITAR, y su incumplimiento puede dar lugar a fuertes multas, pérdida de privilegios de exportación e incluso a cargos penales. El ITAR, a través de las décadas, se ha convertido en una poderosa herramienta que cercena la autonomía industrial y la operatividad en materia de defensa a “socios o enemigos” de los EE. UU.
 La gestión Biden, durante 2021, comenzó a flexibilizar las reglas impuesta por el ITAR para alguno de sus socios, y en esta línea de acción rubricó un acuerdo con el Reino Unido y Australia -conocido como AUKUS- una nueva alianza estratégica militar, autónoma de la OTAN, que tiene como objetivo final por un lado contrarestar el avance chino en el área geográfica del Indopacífico, y por el otro, el control de las rutas marítimas árticas, el control del Atlántico Sur, que sirvan como puente para el ingreso a la Antártida. Siguiendo los pasos de Biden, Trump introdujo en la Declaración de Seguridad Nacional, aprobada a finales del 2025, la lógica de “disuación por negación” en el Indopacífico para coartar el despliegue chino en la zona, mediante la combinación de superioridad militar, alianzas regionales y el control del entorno operativo. Así las cosas, la AUKUS se presenta como una alianza militar a medida de los intereses geoestratégicos de los EE. UU. y mantiene bajo su órbita la operatividad y dependencia en materia de defensa a sus socios. En lo que concierne al Atlántico Sur, el Reino Unido mantiene con base en el archipiélago de las lslas Malvinas, una presencia militar permamente con un despliegue de 1.200 efectivos constantes, que realizan permanentes ejercicios aéreos, marítimos y terrestres, reforzando su presencia y su capacidad de respuesta en la zona, con una lógica de “dispositivo sostenido” más que de despliegue ocasional (ïdem). Dando cuenta del lugar estratégico que tiene la zona para el Reino Unido, a comienzos de febrero, las Fuerzas Británicas de las Islas del Atlántico Sur (BFSAI) recibieron la visita de la contralmirante Jude Terry, Secretaria Naval y Directora de Personal y Entrenamiento de la Real Armada Británica, en las Islas Malvinas. La funcionaria mantuvo reuniones con personal desplegado y recorrió instalaciones militares, incluido el complejo de Mount Pleasant, principal base operativa en el archipiélago (Escenario Mundial, 10/2).
 En su dependencia tecnológica y operativa, el Reino Unido se ha convertido en un peón norteamericano en el Atlántico Sur en su tablero guerrerista, ya que su capacidad militar se encuentra atada a los devaneos de Trump. Pero como los movimientos y reacomodamientos en una época de guerras no son lineales, en los últimos días se conoció que el primer ministro británico Keir Stamer no autorizó a los EE. UU. para que utilice bases militares de Fairford, en Gloucestershire -que alberga bombarderos pesados estadounidenses- y la base conjunta en Diego García, en el océano Índico, para que sean utilizados en una posible embestida norteamericana sobre Teherán. Por los acuerdos bilaterales entre ambos países, cualquier operación militar lanzada desde estas bases militares necesita el permiso previo del Reino Unido. Ante el revés británico, “Trump anunció la retirada del respaldo estadounidense al acuerdo impulsado por Starmer para transferir la soberanía del archipiélago de Chagos a Mauricio. El mandatario calificó la cesión como un “gran error” y sostuvo que Diego García constituye un activo estratégico irremplazable para la proyección militar estadounidense” (Escenario Mundial, 19/2), lo que traducirá en un resquebrajamiento de las relaciones diplomáticas entre los “aliados”, con implicancias sobre la Islas Malvinas. 
 El largo brazo guerrerista del trumpismo no solo busca un cambio de régimen en Medio Oriente que le permita hacerse de los recursos petroleros y energéticos de la región, sino que, a su vez, busca establecer “un cerco político y económico contra todos sus rivales internacionales, en primer lugar, China y Rusia, pero también contra sus ‘aliados’ de la Unión Europea”. Si bien los esfuerzos militares de los EE. UU. se encuentran concentrados en una avanzada sobre Irán, en la trumpista Declaración de Seguridad Nacional, en lo que concierne a América Latina, redefine el concepto de “America First” (América Primero) y, en este sentido, legitima el uso de instrumentos militares, económicos y coercitivos para impedir la presencia o influencia de potencias rivales, en especial China y Rusia, en zonas consideradas vitales para la seguridad estadounidense, como Groenlandia, el Canal de Panamá o las principales rutas marítimas del continente americano, como el paso bioceánico del Estrecho de Magallanes, sin descartar enfrentamientos con naciones “aliadas”. Desde esta perspectiva se plantea una militarización en regla de la seguridad hemisférica, y tiene en el gobierno de Milei un activo político estratégico, para convertir a la Argentina no solo en un protectorado económico-financiero de facto, sino en una base militar que le permita avanzar sobre el Atlánco Sur y la Antártida.

 Lucas Giannetti 
 26/02/2026

miércoles, 25 de febrero de 2026

Radio Rebelde: un símbolo de resistencia y libertad


Radio Rebelde, emisora nacida en el calor de la lucha por la liberación de Cuba, dejó una huella indeleble en la historia del país y en la memoria del pueblo cubano. Fundada el 24 de febrero de 1958 por Ernesto Che Guevara, no solo se convirtió en un medio de comunicación crucial para el Ejército Rebelde, sino que también se consolidó como un símbolo de resistencia y libertad. 

 Para comprender la importancia de Radio Rebelde, es fundamental situarla en la circunstancia histórica de la Cuba de finales de la década de 1950, periodo de intensa agitación política y social, marcado por la dictadura de Fulgencio Batista, quien había derrocado al gobierno constitucional de Carlos Prío Socarrás en 1952. A esta situación se sumaba la influencia del imperialismo estadounidense, que había sostenido al régimen batistiano a través de un entramado de intereses económicos y políticos. 
 Ante esta realidad, la revolución encabezada por Fidel Castro Ruz, el Che Guevara y otros líderes del Movimiento 26 de Julio emergió como una respuesta a la opresión y a la corrupción que caracterizaban al gobierno de Batista. En este escenario, la comunicación se tornó un aspecto vital, tanto para la movilización de las masas como para la difusión de la ideología revolucionaria. Así, el surgimiento de Radio Rebelde se consideró una respuesta estratégica ante un panorama informativo dominado por medios alineados con los intereses del régimen opresor. 

 Fundación de Radio Rebelde 

El 24 de febrero de 1958, desde la casa de Conrado, un campesino asociado al Partido Socialista Popular y colaborador del Ejército Rebelde, se realizó la primera transmisión oficial de Radio Rebelde. Esta casa, situada en la Sierra Maestra, a un lado de un montículo conocido como El Alto de Conrado, se convirtió en el epicentro de una nueva era informativa. Luis Orlando Rodríguez fue nombrado director, mientras que Orestes Valera y Ricardo Martínez asumieron roles como locutores; en un equipo igualmente conformado por Guillermo Pérez, Jorge Enrique Mendoza y Violeta Casal, un símbolo de la mujer locutora, cuya voz de elevados matices y fuerza saltó desde las lomas para que el “Aquí Radio Rebelde desde el Territorio libre de Cuba” anunciara el nuevo amanecer de la Patria. 
 Desde sus inicios, aquel medio insurgente definió su línea editorial con claridad y en una de sus primeras salidas al aire proclamaría su misión: «Radio Rebelde surge para contribuir a la orientación necesaria y útil del pueblo en esta hora decisiva de la patria, para dar a conocer la intención verdadera de esta lucha y fomentar y practicar la virtud donde quiera que se le encuentre. Y para juntar y amar y vivir en la pasión de la verdad, como dijera José Martí». Esta declaración reflejaba no solo el compromiso de la emisora con la verdad, sino también su deseo de unir a los cubanos en torno a un ideal común de justicia y libertad.

 Importancia de la emisora

 La trascendencia histórica de Radio Rebelde radica, precisamente, en su capacidad para transmitir el mensaje de la Revolución Cubana a las masas. En una era en la que los medios de comunicación tradicionales estaban controlados por una élite que se beneficiaba del statu quo, la planta ofreció un canal alternativo que permitió visibilizar la lucha del ejército rebelde e informar sobre los acontecimientos en la Sierra Maestra.
 A través de sus transmisiones diarias, no solo logró propagar la ideología revolucionaria, sino que también se convirtió en un medio de comunicación vital entre los diferentes frentes guerrilleros. La emisora permitía coordinar acciones y compartir información crucial en condiciones extremadamente difíciles, donde la represión y el control informativo eran la norma. Al mismo tiempo, vale mencionar su impacto sobre la población civil. El sentimiento de pertenencia y la participación activa que fomentó entre los oyentes contribuyeron a consolidar el apoyo popular hacia el movimiento revolucionario, lo cual se manifestó no solo en la captación de simpatizantes, sino también en la organización de actividades en diferentes regiones de la isla, donde los mensajes de la emisora resonaron con fuerza.

 Desafíos y resiliencia en medio de la represión 

La creación de La Voz de la Revolución Cubana no estuvo exenta de desafíos. El ambiente hostil y la represión impuestos por Batista representó una amenaza constante, debido a lo cual la planta operó desde la clandestinidad en sus primeros meses, transmitiendo desde ubicaciones ocultas y enfrentando ataques sistemáticos. Las fuerzas del gobierno intentaron acallar su voz; sin embargo, cada intento de represión solo sirvió para fortalecer el compromiso de quienes trabajaban y escuchaban Radio Rebelde. La valentía y determinación de sus locutores y colaboradores se tradujo en un mensaje poderoso que caló hondo en la conciencia del pueblo cubano. A pesar de los peligros, la emisora logró convertirse en un símbolo de dignidad y resistencia, encarnando la lucha de aquellos que anhelaban un futuro diferente para Cuba.

 Actualidad de Radio Rebelde 

Hoy en día, Radio Rebelde continúa siendo un referente en la radiodifusión cubana. Su señal opera las 24 horas al día, tanto en AM como en FM, y ofrece programación variada que abarca desde noticias hasta eventos culturales y deportivos, con una cobertura que se extiende a lo largo de toda la isla, Centroamérica, el Caribe y parte de América del Sur, ante lo cual ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos sin perder su esencia. 
 En un mundo tan mediático y globalizado, emisora ha mantenido su perfil informativo, respondiendo a las necesidades de un público que busca no solo entretenimiento, sino también información veraz y análisis sobre la realidad nacional e internacional. Asimismo, su papel en el ámbito deportivo, a través de sus coberturas de eventos nacionales e internacionales, refleja la diversidad de intereses de su audiencia. La música y la cultura general también ocupan un lugar prominente en su programación, convirtiéndose en un puente que une a generaciones de cubanos a través de la historia compartida y el patrimonio cultural. 

 Más que un simple medio de comunicación 

Radio Rebelde se fundó justamente el día en que se conmemoraba el aniversario 63 del reinició en Cuba de la lucha contra el colonialismo español, una guerra necesaria para la isla caribeña cuya victoria fue arrebatada por la intervención de Estados Unidos. La incursión en el éter de esta planta representó un punto de inflexión en nuestra historia, pues más allá de ser un simple medio de comunicación, se erigió como un bastión de la verdad en tiempos de oscuridad, uniendo a un pueblo en su búsqueda de libertad y justicia. Su legado permanece vigente, recordándonos la importancia del acceso a información veraz y de la voz del pueblo en la construcción de una sociedad más justa.
 Hoy, con 68 años de historia, Radio Rebelde continúa siendo un faro para los cubanos y un ejemplo de la fortaleza de la comunicación en el proceso de cambio social. Su trayectoria es reflejo de la lucha diaria de un pueblo que, a pesar de los desafíos, sigue soñando y trabajando por un futuro mejor.

 Jorge Rivas Rodríguez

«Cuba resiste y resistirá esta agresión inhumana»


Estar con Cuba hoy es defender la paz y el derecho de todos los pueblos, por pequeños que sean, al ejercicio pleno de su soberanía, afirma el llamamiento de la Uneac a intelectuales y creadores del mundo

 La Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), ha llamado a todos los intelectuales y creadores del mundo a movilizarse en defensa de la causa cubana.
 «Como lo definió Martí en 1895, al escribir sobre nuestro deber en América: “Quien se levanta hoy por Cuba, se levanta para todos los tiempos”», reza el texto, que ha sido compartido este lunes por el influyente diario mexicano la Jornada, y el cual se puede suscribir escribiendo al correo electrónico oficina.presidencia@uneac.co.cu, con el asunto: Cuba no es una amenaza 
 La Isla «resiste y resistirá esta agresión inhumana, pero cuenta con la solidaridad activa de todos los hombres y mujeres honestos, humanistas y de buena voluntad del mundo. Se trata de impedir un acto genocida y salvar a un pueblo heroico cuyo único “delito y amenaza” ha sido defender su soberanía», asegura el documento.
 «Cuba nunca ha agredido a nación alguna. Cuba ejerce la solidaridad internacional aún en condiciones de bloqueo extremo. Estar con Cuba hoy es defender la paz y el derecho de todos los pueblos, por pequeños que sean, al ejercicio pleno de su soberanía». 
 El llamamiento explica que el país ha luchado durante siglos, primero por conquistar su independencia y luego por defenderla a ultranza. Tamaña resistencia ante el imperio más poderoso y depredador de la historia humana, ha sido a fuerza del alto sacrificio de su pueblo. La resistencia consciente de quienes vivimos en el archipiélago, se debe a convicciones y razones aprendidas hace mucho tiempo. 
 «José Martí, el gran poeta y patriota, definió en 1894 nuestro noble destino: “En el fiel de América están las Antillas, que serían, si esclavas, mero pontón de la guerra de una república imperial”.
 «La mayor riqueza de Cuba está en su gente. No poseemos reservas petroleras ni otros recursos naturales altamente codiciados, pero hemos desarrollado un capital humano capaz de moldear la resiliencia desde la creatividad y el conocimiento. 
 «Cuba no fomenta el terrorismo aunque hemos sido víctimas de él. Amamos la paz indisolublemente anudada a nuestra independencia. Siempre hemos deseado edificar una sociedad justa y solidaria. Eliminamos el analfabetismo y redujimos la mortalidad infantil y la materna a niveles similares a los del primer mundo. Enviamos a otras naciones médicos y maestros cuando otros solo lanzan bombas.
 «Creamos vacunas que se distribuyen gratuitamente. Fomentamos el deporte como derecho del pueblo y somos el país hispanohablante que ha conquistado el mayor número de medallas en la historia de los Juegos Olímpicos. 
 «Contamos con un amplio sistema gratuito de escuelas de arte, donde se han formado bailarines, actores, pintores, cineastas, músicos… muchos de origen humilde; quienes han generado un movimiento artístico poderoso, reconocido internacionalmente.
«Desde el triunfo revolucionario de 1959, aspiramos a lograr el más elevado nivel cultural para nuestro pueblo. Fidel nos probó que se podía eliminar el analfabetismo y que debíamos luchar por erradicar, con un entramado de leyes y activa vigilancia, el racismo y la discriminación en todas sus manifestaciones. Avanzamos en la integración y defensa de los derechos de nuestras mujeres, que ya son parlamentarias, directivas, profesionales en igualdad de condiciones que los hombres.
 «Aprobamos un avanzado Código de las familias que protege el amor en sus diversas maneras de existir.
 «A pesar del bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos desde 1962, recrudecido de manera sucesiva, hasta la asfixia implementada por el actual gobierno estadounidense, no renunciamos a nuestros sueños de prosperidad, justicia y paz. 
 «La resistencia nos cuesta e impone grandes sacrificios a nuestra gente cada día y supone enfrentar con estoicismo la crueldad de las medidas extraterritoriales del gobierno estadounidense.
 «El imperio dice que Cuba representa una amenaza para su seguridad nacional, lo cual resulta ridículo e inverosímil. Ha decretado un bloqueo petrolero, con la consecuente parálisis de hospitales, escuelas, industrias, el transporte. Intentan privar a nuestros médicos de salvar vidas; tratan de paralizar nuestro sistema de enseñanza gratuito y universal, de sumirnos en la hambruna, en la falta de energía para garantizar el acceso al agua potable, a la cocción de los alimentos; en fin, se proponen apagar de modo lento y cruento a un país».

 Redacción Cultural | cultura@granma.cu 
 16 de febrero de 2026 11:02:24

lunes, 23 de febrero de 2026

Un fallo de la corte derechista de Estados Unidos golpea el orden imperialista internacional


Cómo se forma un período de guerras y revoluciones. 

 Desde el inicio de su segundo gobierno, Donald Trump ha convertido a los aranceles de importación en un arma de la guerra imperialista mundial. Estados Unidos no es solamente el mayor mercado internacional para las mercancías extranjeras, sino que registra también el mayor déficit de comercio exterior. La absorción de los excedentes de la producción extranjera lo ha convertido en un pulmotor de la economía mundial. El balance de estas cuentas contradictorias ha sido establecido por el incremento de la deuda pública norteamericana, que supera los 38 billones de dólares y paga intereses anuales de 1 billón. Los países con superávit comercial con Estados Unidos han financiado la salida de sus excedentes mediante la compra de la deuda estadounidense. El mecanismo de la deuda pública ha inundado a los mercados internacionales de un creciente capital ficticio, que está compuesto por las deudas públicas, por las deudas privadas que se pueden obtener ofreciendo un bono del estado, por la capitalización de los intereses de esas deudas y por las deudas generadas en cada uno de los mercados nacionales. El capital ficticio, a ojos de buen cubero, es veinte veces superior al PBI internacional, que supera los 120 mil billones de dólares. 
 Dicho esto, el viernes pasado la Corte Suprema de Estados Unidos declaró inconstitucionales los decretos de Trump que han impuesto aranceles extraordinarios al resto del mundo en los últimos casi diez meses. A la Bolsa de Nueva York le llevó solamente un día hacer algo parecido el 4 de abril del año pasado, al derribar una suba de aranceles fuera de toda proporción, con un derrumbe de acciones y títulos públicos, conjuntamente. Trump se vio forzado a rebobinar y bajar considerablemente las tarifas, con algunas excepciones relevantes (China, Vietnam, Brasil). El propósito de esa suba estrafalaria aranceles era reequilibrar el comercio exterior de EEUU (en especial en cuanto a manufacturas) y recaudar un dinero suficiente para reducir la deuda pública mediante el pago en efectivo de los intereses. De acuerdo a cálculos oficiales, habría obtenido un adicional de 180 mil millones de dólares en estos meses –un 80 % del aumento de la recaudación en el período-. El financiamiento del estado mediante derechos de exportación era una práctica corriente en el siglo XIX, cuando los sistema financieros e impositivos internos aun tenían escaso desarrollo. Como lo acaba de hacer valer la Corte norteamericana, sólo el Congreso tiene la facultad de legislar sobre esos derechos. Lo singular del caso no es esto, sino que esta misma Corte, con amplia mayoría de derecha y ultraderecha, no ha hecho respetar el mismo precepto constitucional cuando se trata de la guerra o de la deportación sin proceso de personas, y es responsable de la derogación del derecho al aborto, que en Estados Unidos es de jurisdicción de los estados federales. Tampoco ha intervenido para juzgar a Trump por el intento de golpe del 6 de enero de 2021, como lo ha hecho la Corte brasileña con Bolsonaro o lo acaba de hacer, a cadena perpetua, la Corte de Corea del Sur con el destituido presidente, culpable de organizar un golpe militar. En cualquier caso, la declaración de inconstitucionalidad de los aranceles de Trump habría sorprendido a la camarilla de gobierno, porque las audiencias judiciales del caso parecían indicar una tendencia a reconocer esa facultad al poder ejecutivo. 
 La sentencia de la Corte, obviamente, ha sido saludada por aquellos que quieren creer que Trump es una pesadilla nocturna, que se disiparía en las elecciones parlamentarias de fin de año y en las presidenciales de 2028. Frente al ‘autoritarismo’ y el estado de excepción, incluso con jueces de derecha, triunfa el estado de derecho y la división de poderes; los moros fascistas por la costa son un espejismo de políticos catastrofistas. Pero dimes y diretes aparte, la cuestión es si el imperialismo norteamericano se encuentra en declinación o no, en el marco de una decadencia histórica del capitalismo y en un período de guerra mundial. La conversión de Estados Unidos en una nación en guerra no se va a transitar en línea recta; los tropiezos, reversiones y rebeliones están claramente inscriptos en una crisis de naturaleza histórica. Trump ha sufrido un duro revés en Minnesota, y se ha visto obligado a reacomodar el juego. Es muy probable que el fallo de la Corte constituya una respuesta preventiva al intento declarado de Trump de copar la Reserva Federal. Que la oligarquía financiera norteamericana apoye el ajuste fiscal, el despido masivo de funcionarios estatales y los subsidios a las compañías de Inteligencia Artificial (algo que había empezado Biden), no significa que esté dispuesta a entregarle las llaves del Banco Central, el sistema cardíaco del capitalismo. Ni Hitler pudo lo que quiere Trump; Hjalmar Schacht, un ‘liberal’, mantuvo el control de Banco Central de Alemania (1934-39) para financiar el veloz rearme alemán con una política monetaria ‘creativa’ pero ‘ordenada”. Las contradicciones del trumpismo norteamericano son tan explosivas como infinitas.
 El fallo de la Corte ha creado contradicciones insolubles en la práctica. Habilita el reclamo de la devolución de los aranceles pagados por los importadores, lo que lleva a cuestionamientos judiciales sin términos. Por otro lado, los importadores trasladaron el impuesto a sus clientes, que se cuentan por millones. La legislación arancelaria norteamericana es tan diversificada que autoriza el establecimiento de tarifas por parte del Poder Ejecutivo, por distintas razones y emergencias; los altísimos gravámenes al acero, aluminio, medicinas y otros rubros siguen en pie. Mediante la invocación a una ley de 1974, Trump ha respondido con la imposición de una tarifa generalizada del 15 %, por al menos cinco meses. Esta decisión ha desatado una crisis político comercial internacional verdaderamente inusitada y por demás explosiva. 
 Ocurre que esta tarifa del 15 % altera acuerdos ya firmados con una gran mayoría de países. Trump ha advertido que cualquier revisión de esos acuerdos sería declarada hostil por parte de Estados Unidos. Argentina, por caso, ha firmado un acuerdo leonino a favor de EEUU, pero que incluye el nuevo arancel general del 15 por ciento, que ahora deberá pagar. China y Brasil, dos adversarios comerciales de Trump, salen beneficiados, porque los aranceles que ahora se derogan son más costosos para ellos que ese 15 por ciento. Lo contrario ocurre con los ‘aliados’ europeos; Gran Bretaña acordó con Trump tarifas bajas, que integran el paquete derogado por la Corte, y pasará a tener que pagar el nuevo arancel general. La encrucijada política del resto del mundo es sencillamente brutal: o reclaman la vigencia de lo establecido por la Corte, que beneficia a una mayoría de otros países, o se someten a una orden inconstitucional de Trump, lo cual los convierte en semicolonias. Peor aún, debería desatar una crisis constitucional en cada país entre los poderes legislativos y ejecutivos. El Congreso de Argentina no podría aprobar el acuerdo que Milei firmó con Trump, porque sencillamente ha dejado de estar vigente. Scott Bessent, el secretario del Tesoro de Trump, ha declarado que el nuevo 15 % recaudaría la misma suma que lo que aportaron los aranceles derogados. 
 De las numerosas enseñanzas que se desprenden de esta crisis, hay una que prevalece: la crisis irreversible de la dominación imperialista internacional pone en crisis a los regímenes políticos de cada uno de los estados y representa un obituario para el estado de derecho que reivindica el orden capitalista. El antagonismo entre el desarrollo de las fuerzas productivas, por un lado, que solamente puede ser internacional, y los estados nacionales y las relaciones de producción capitalistas, del otro lado, ha llegado a un paroxismo histórico. 
 Acorralado por la crisis política norteamericana, Trump se apresta a lanzar una guerra contra Irán y el Medio Oriente. 

 Jorge Altamira
 22/02/2026

domingo, 22 de febrero de 2026

Cascos Blancos argentinos a Gaza, el compromiso de Milei en la Junta de Paz


Javier Milei viajó a Washington para asistir el jueves a la primera reunión de la llamada “Junta por la Paz para el gobierno y la reconstrucción de Gaza”, un organismo creado por Donald Trump con el objetivo declarado de apropiarse de la Franja de Gaza e intervenir -a modo de unas Naciones Unidas de uso personal- en cualquier conflicto del planeta. 
 Este decimocuarto viaje es una nueva muestra de la subordinación incondicional de Milei a Trump y al criminal de guerra Benjamín Netanyahu. El mandatario argentino busca alinear a la Argentina con la política belicista y crecientemente fascistizante del presidente yanqui, pidiendo pista para integrarse activamente a su agenda internacional.
 La reunión de la Junta por la “Paz”, que supuestamente trazará la hoja de ruta para la reconstrucción de Gaza, coincide con un despliegue militar estadounidense descomunal en Medio Oriente y con promesas de un ataque inminente contra Irán, una exigencia persistente del sionismo. 
 El formato del encuentro fue, en sí mismo, una demostración de vasallaje: Trump y sus socios se dirigieron largamente a los presentes, quienes contaron con apenas dos minutos “estrictos” (sic) para saludar y detallar cómo colaborarían con la Junta. Ni los feroces jeques árabes —expertos en eliminar opositores— ni el presidente turco Erdoğan, con miles de presos políticos en sus cárceles, se apartaron del libreto.
 Sin límite de tiempo hubo presentaciones de Marco Rubio -secretario de Estado- Jared Kushner - yerno de Trump-, Steve Witkoff -enviado especial de la Casa Blanca a Medio Oriente-; del embajador estadounidense ante la ONU, Mike Waltz; del ex primer ministro británico, Tony Blair; y del Alto Representante de la Junta para la Paz en Gaza, Nickolay Miadenov. 
 “La costa de Gaza tiene 42 kilómetros de longitud y podemos convertirla en una nueva Riviera mediterránea con 200 hoteles turísticos”, se ufanó el multimillonario sionista Yakir Gabay, uno de los integrantes del gobierno colonial que Trump proyecta para Gaza. La propuesta es hacer negocios con el genocidio: construir hoteles sobre los cadáveres palestinos y convertir a los sobrevivientes en mano de obra esclava. 
 Durante el discurso de apertura, Trump elogió reiteradamente a Milei y lo buscó entre los presentes. “¿Dónde está el presidente Milei?”, preguntó con una sonrisa antes de destacar su desempeño electoral. Y se felicitó a sí mismo por el apoyo brindado a Milei en las elecciones legislativas de octubre. 
 “No se supone que deba apoyar a nadie, pero lo hago cuando me gusta…”, se explayó Trump, y agregó: “Tengo muy buenos antecedentes apoyando candidatos en Estados Unidos, pero ahora respaldo líderes extranjeros. Apoyé a Orban y a este caballero, Milei, que estaba un poco atrás en las encuestas y terminó ganando de manera aplastante”. (El fascista Viktor Orbán busca su reelección en abril). 
 Cuando volvió a dirigirse a Orbán, Trump reiteró los elogios a Milei y destaco que Estados Unidos desembolsó unos 20.000 millones de dólares del Tesoro para “contener las turbulencias financieras” en Argentina y rescatar al gobierno de una posible derrota electoral. 
 Milei viajó acompañado por el canciller Pablo Quirno, mientras su hermana Karina Milei permaneció en Buenos Aires siguiendo de cerca el debate por la contrarreforma laboral en la Cámara de Diputados. 

 Ausencias elocuentes 

A pesar de la música de los Village Voice y de Elvis, y el repugnante aire festivo de los genocidas y sus cómplices, a la fiesta de Trump faltaron muchos invitados. 
 Washington esperaba por lo menos que acudieran 45 jefes de estado de los 60 países invitados. Fueron 27. Se ausentaron los aliados atlánticos de Estados Unidos en la OTAN y también Japón. De Europa, solo participaron Hungría y Bulgaria, mientras que Italia se limitó a enviar un observador. 
 Netanyahu, que se encontraba en el congreso del AIPAC, prefirió regresar a Israel y envió a su canciller en señal de protesta por la presencia de Turquía y Marruecos, países que considera aliados de Hamas. 
 Por América, solo asistieron Paraguay, El Salvador y Argentina. México envió un observador. 
 China y Rusia no fueron invitadas, una señal inequívoca de que la Junta por la Paz funciona como un ensayo general de un nuevo bloque bélico. 
 Trump debió conformarse con aliados asiáticos como Arabia Saudita, Turquía, Emiratos Árabes Unidos, Indonesia, Pakistán y Qatar, pero minimizó el desaire: “En términos de poder y prestigio, nunca hubo nada igual, porque estos son los líderes más destacados”, afirmó. 

 Una alianza imperial

 La Junta de Paz fue creada por Trump, quien se autonombró presidente vitalicio. Es el único con potestad para designar miembros y ejercer poder de veto. Aunque al principio la presentó como creada para supervisar su plan de paz en Gaza, luego amplió su alcance a otros conflictos internacionales, en un intento explícito de reemplazar a las Naciones Unidas.
 Ahora dio un paso más: anunció que la Junta “va a supervisar a las Naciones Unidas y asegurarse de que funcionen correctamente” y prometió un aporte estadounidense de 10.000 millones de dólares, sin precisar su origen. También afirmó haber reunido otros 7.000 millones de dólares de países árabes y asiáticos.
 Argentina fue eximida de pagar el aporte obligatorio de 1.000 millones de dólares para integrar el organismo. 
 Al tomar la palabra, Milei se declaró “listo” para contribuir en la etapa inicial de “estabilización” en Medio Oriente. Destacó la experiencia argentina en misiones de paz y destacó el liderazgo internacional de Trump. 
 Afirmó que la paz solo puede construirse sobre “derechos innegociables” como la vida, la libertad, la propiedad privada y la libertad de expresión, principios que definió como “base de la nueva política exterior argentina”. 
 Aunque no ofreció aportes económicos, Milei anunció el envío de Cascos Blancos -una fuerza civil humanitaria dependiente de Cancillería- y dejó abierta la posibilidad de una participación con Cascos Azules, aunque eso requeriría autorización del Congreso Nacional. 
 El gobierno dio un paso más de integración a la política genocida de Trump y el sionismo. 

 Olga Cristóbal 
 20/02/2026

sábado, 21 de febrero de 2026

Trump se apresta al asalto militar de Irán


Va por “el cambio de régimen’. El bandido Donald Trump ha reunido una fuerza militar colosal en el Asia oriental para desatar una guerra largamente preparada contra Irán junto a su compinche, el genocida Benjamín Netanyahu. En el mar Arábigo operan dos de los mayores portaviones del mundo, una flota enorme de destructores, un vasto sistema de radares y espionaje electrónico y renovado el personal y el armamento de las decenas de bases que Estados Unidos tiene instaladas en la región. Para un número considerable de medios informativos, que exhiben consultas a funcionarios de Washington, el asalto contra Irán no pasará de este fin de semana. 
 La reanudación de la guerra contra Irán a una escala no vista en el pasado reciente está inscripta en los términos mismos de las llamadas ‘negociaciones’ con el gobierno iraní, que son desde cualquier punto de vista un ultimátum. Irán debería abandonar por completo su programa de enriquecimiento de uranio, desmantelar su sistema de misiles balísticos, destruir su fuerza antiaérea, sin recibir a cambio ni siquiera el fin de las sanciones contra su comercio internacional ni el abandono, por parte de Estados Unidos, del cerco militar que ha establecido. Irán es invitada a abrir las puertas a una ocupación militar de su territorio. El gobierno de Irán había ofrecido negociar el grado de enriquecimiento de uranio dentro de las posibilidades para su uso civil y hasta, como último recurso, proceder a ese enriquecimiento en un tercer país para su reingreso controlado a su territorio. El régimen clerical de los Ayatollahs ha advertido todo el tiempo adónde llevaban las concesiones draconianas que se le pretendían imponer, y se prepara para una resistencia militar. En la agenda de guerra de Trump se encuentra también la liquidación física de las mayores autoridades civiles y militares del gobierno. La agenda de Trump contra el enriquecimiento nuclear y la eliminación de los misiles balísticos constituyen un reconocimiento de que los bombardeos norteamericanos contra los centros atómicos de Irán y contra su fuerza antiaérea, en junio pasado, han fracasado.
 El fascista Trump va por la imposición de la dominación política del imperialismo norteamericano en el Medio Oriente y la apropiación de los recursos petroleros y energéticos de la región. Establecería un cerco político y económico contra todos sus rivales internacionales, en primer lugar, China y Rusia, pero también contra sus ‘aliados’ de la Unión Europea. Las capacidades defensivas de Irán, infinitamente menores a las de sus enemigos, no son sin embargo despreciables. Ya demostró, en 2024, en la guerra de “doce días”, que podía penetrar la “cúpula de hierro” del régimen sionista en Israel. Lo mismo vale para las bases norteamericanas en Irak, por ejemplo. Los propósitos ‘secundarios’ de la guerra, el debilitamiento de Turquía frente a Israel o el avenimiento de Putin a “un cese del fuego” en Ucrania, sólo sumarían a una convulsión política que podría incendiar a toda la región. El genocidio contra la población de Gaza y la expulsión de palestinos en los territorios ocupados de Cisjordania, siempre estuvieron inscriptos en esta perspectiva de demoler políticamente a Irán. El asesinato selectivo de sus mayores líderes políticos y de la comunidad científica, por parte Estados Unidos e Israel, se han venido desarrollando durante años. 
 Trump encara este nuevo crimen de guerra cuando la ‘comunidad internacional’ ha avalado la escalada de agresiones contra Venezuela y contra Cuba, e impuesto esta política al resto de las grandes y medianas potencias. En la reciente Conferencia de Seguridad que tuvo lugar en Munich, con una platea de 63 dirigentes de Estado, se escucharon sesudas admoniciones sobre el “desorden del mundo”, pero ninguna advertencia contra el asalto contra Irán. Trump pretende comparecer a la reunión programada con Xi Jinping, en abril próximo, como Hitler lo hizo en Munich, con Francia y Gran Bretaña en 1938. La decisión de la Corte de Panamá que anuló el contrato con una empresa china a cargo del manejo de los dos puertos del Canal, naturalmente por órdenes de Trump, apenas ha sido respondida por China con la amenaza de una apelación judicial internacional. 
 Entre el 60 y el 70 % de la población de Estados Unidos se ha manifestado en contra del asalto militar a Irán, en los sondeos de opinión. Trump y su camarilla quieren salirse con ‘una victoria’ para doblegar a la oposición popular que se desarrolla en Estados Unidos contra su gobierno. Trump no ha requerido el aval del Congreso para esta guerra y, de un modo, general, choca con todas las instituciones del país en una manifiesta intención de instaurar un régimen de excepción y una dictadura en Estados Unidos. Trump, sin embargo, podría sufrir una derrota político militar en Medio Oriente, si el asalto a Irán desata movilizaciones de masas y rebeliones e insurrecciones en la región y en el resto del mundo. 
 Javier Milei es un protagonista activo en esta guerra. Se ha hecho inscribir en la Junta de Paz encargada de convertir a Gaza en un paraíso turístico inmobiliario internacional y respaldar la expansión imperialista en el Medio Oriente y Asia. Argentina es, extraoficialmente, un país en guerra, una aberración jurídica y política que cuenta con la complicidad del ‘honorable Congreso’. La camarilla de Milei y el conjunto de la burguesía local está agarrados al “swap” de Scott Bessent para evitar el default y la caída del gobierno. Pero toda la guerra mundial en desarrollo obedece a razones semejantes, porque su propósito es contener un derrumbe financiero internacional o descargarlo sobre los trabajadores del mundo entero. La humanidad no atraviesa una crisis ‘geopolítica’ sino el estallido histórico de todas las contradicciones capitalistas. 

 Jorge Altamira
 20/02/2026

Lorca en La Habana


viernes, 20 de febrero de 2026

¿Cómo parar al Monstruo?


Millonarios del algoritmo


No se trata solo de regular pantallas, sino de discutir un modelo económico que convierte la vida cotidiana en mercancía 

 La semana pasada, en un tribunal de Los Ángeles, un dato atravesó el debate sobre el llamado «diseño adictivo» de las redes sociales. El director de Instagram, Adam Mosseri, reconoció bajo juramento que cobra alrededor de 900 000 dólares anuales, más bonificaciones ligadas al desempeño, y paquetes de acciones que algunos años han alcanzado «decenas de millones de dólares». La cifra surgió durante el juicio colectivo por daños a menores contra su empresa matriz, Meta Platforms. 
 El momento fue revelador porque puso sobre la mesa algo que suele quedar fuera del debate público. Las grandes plataformas digitales no son servicios neutrales, sino negocios privados cuya lógica central es maximizar tiempo de uso, datos y segmentación publicitaria. Cada minuto que una persona pasa deslizando el dedo se traduce, directa o indirectamente, en valor bursátil. Y ese valor acaba concentrándose en salarios ejecutivos, acciones y patrimonios personales. 
 Mosseri negó que Instagram sea «adictivo» en sentido clínico, y defendió una distinción entre adicción médica y uso problemático. También aseguró que proteger a los menores es «bueno para el negocio a largo plazo». Sin embargo, los documentos internos exhibidos por la acusación mostraron que la propia empresa conocía los efectos nocivos de ciertos filtros sobre la autoestima de jóvenes, y que eliminarlos podía restar competitividad en mercados claves. Es decir, el conflicto entre bienestar social y rentabilidad no es abstracto: aparece en correos corporativos y decisiones de producto. 
 Su testimonio sirve como antesala de la comparecencia del fundador y CEO de Meta, Mark Zuckerberg, cuyo patrimonio personal se cuenta en decenas de miles de millones de dólares. El modelo de plataformas ha producido una nueva élite económica basada en la captura de atención a escala planetaria. A diferencia de la industria clásica, aquí el «recurso» principal no es una materia prima física, sino el tiempo y la conducta de millones de usuarios.
 La concentración es aún más visible si se amplía el foco. Google, propietaria de YouTube, ha construido uno de los imperios publicitarios más grandes del mundo apoyándose en datos de navegación y consumo audiovisual. X (antes Twitter), ahora en manos de Elon Musk, ilustra cómo incluso plataformas deficitarias pueden convertirse en herramientas de poder político y mediático, además de activos financieros estratégicos. 
 Lo que está en juego en los tribunales estadounidenses es un precedente legal. Las demandas ya no se centran únicamente en contenidos publicados por terceros, sino en el diseño mismo del producto. Eso que motiva el scroll infinito, la reproducción automática, las notificaciones constantes, los sistemas de recomendación. Es un intento de señalar que el daño no proviene solo de lo que se ve, sino de cómo se induce a mirar sin parar. 
 Las plataformas privadas operan con un incentivo estructural: cuanto más tiempo pasamos dentro, más ganan. Lo que hacemos allí se traduce en fortunas personales que crecen mientras se externalizan los costos sociales, desde la ansiedad juvenil hasta la polarización política. El juicio de Los Ángeles abre una grieta en ese relato de éxito tecnológico. Obliga a preguntar quién se beneficia realmente del ecosistema digital y quién paga sus efectos. 
 Entender esta relación entre algoritmo y riqueza es un primer paso para un debate más amplio. No se trata solo de regular pantallas, sino de discutir un modelo económico que convierte la vida cotidiana en mercancía. Detrás de cada experiencia en las grandes plataformas globales hay accionistas, ejecutivos y patrimonios colosales, y del otro lado millones de personas cuya atención sostiene ese edificio financiero. 

 Emilia Reed, especial para Granma | internet@granma.cu 
 19 de febrero de 2026 22:02:28

Argentina: La contundencia del paro y algunas lecciones para Adorni


El paro nacional se hizo sentir fuerte en el transporte y la industria, los puertos y los bancos, escuelas y ministerios, en las calles vacías, y más aún en el golpe que acusó el gobierno. Aún con una CGT que sembró intrigas hasta último momento y se dedicó meses a negociar sus cajas en lugar de deliberar con los trabajadores, el acatamiento masivo muestra la presión desde abajo y que en los lugares de trabajo crece el rechazo a la reforma laboral. Cuando el cierre de Fate sintetiza la pulseada por llevarnos a una Argentina donde la clase obrera sea descartable, el paro vuelve a demostrar que son los trabajadores los que mueven la economía, y que sin sus músculos y sus nervios el capital no es nada. 
 La contundencia de la medida de fuerza fue destacada hasta en los medios de comunicación más embanderados con la reforma laboral, pero desde el gobierno trataron de mostrarse indemnes. Con Milei otra vez haciendo de lustrabotas de Trump en Washington, el que tuvo que salir a decir algo fue el jefe de gabinete, Manuel Adorni, quien como no pudo desestimar el impacto adujo que “el paro es perverso porque, si te cortan el medio de transporte, por más ganas que tengas de trabajar no podés hacerlo”. Lección 1: si todos los días la gente va a laburar es porque hay un conjunto de trabajadores que hace funcionar el transporte; sin esa fuerza de trabajo, nada sería como es. 
 Según sus estimaciones, “hoy probablemente tengamos una pérdida de $600 millones de dólares”. Es cierto que las cifras que tira Adorni no sirven mucho para tener en cuenta, pero más allá del número nos lleva a la lección 2: otra vez, la riqueza del país solo se produce si la clase obrera está dispuesta a poner su fuerza de trabajo; sin ese trabajo, las máquinas, rieles, puertos, barcos, energía y computadoras no podrían valorizar ni un centavo el capital invertido.
 También afirmó que van a demandar a los sindicatos del transporte por la medida de fuerza (un derecho consagrado que precisamente se busca liquidar con esta reforma laboral esclavista), y lo fundamentó diciendo que los gremios “nos contestaron que el paro no se hacía por un reclamo salarial sino por la oposición a la reforma. Están reconociendo que es un paro político”. Lógicamente, la ley que quieren sancionar afecta el salario, además de una larga lista de derechos laborales colectivos que los trabajadores están defendiendo con esta acción. Pero además los "paros políticos" del movimiento obrero modelaron la historia de este país, empezando por las huelgas del Centenario que antecedieron a los derechos políticos, el 17 de octubre, el Cordobazo, contra el Rodrigazo en el '75, o el Argentinazo de 2001. En menor medida, pero más fresco, las movilizaciones de aquel diciembre de 2017 enterraron la reforma laboral de Macri, a pesar de la sanción del robo jubilatorio. Lección 3: la huelga política de masas es la perspectiva que tenemos que desarrollar para aplastar la reforma esclavista y a este gobierno antiobrero. 
 El paro, que la CGT se resistió a convocar hasta que la indignación era generalizada y se rehusó a darle un carácter activo, vuelve a poner sobre la mesa quiénes hacemos funcionar al país todos los días. Con este intento de legalizar la superexplotación laboral buscan que el capital se apropie de una porción mayor del valor que producimos con nuestro tiempo y nuestro esfuerzo. Y eso no para un crecimiento económico, sino para seguir fugando capitales y hundiendo al país en la decadencia. Como quedó al descubierto con las críticas de Caputo a la centrales empresarias por la falta de entusiasmo y con el cierre de Fate, esto solo mejora las condiciones para que descarguen la crisis sobre los trabajadores. Los parásitos son los capitalistas. 
 La conclusión del paro nacional es que para derrotar al gobierno antiobrero de Milei y la destrucción masiva de puestos de trabajo necesitamos un plan de lucha hasta la huelga general. Es el camino que planteó una vez más el sindicalismo combativo frente al Congreso, y que el Sutna pone en práctica junto a los mil obreros del neumático que se plantan en Fate.

 Ivan Hirsch

miércoles, 18 de febrero de 2026

CON FILO | ¿Cuál es la Cuba que queremos?


Trump redobla las amenazas sobre Haití


La catástrofe humanitaria crece con cada intervención internacional.

 Haití entró en una nueva crisis de poder cuando venció oficialmente el mandato del Consejo Presidencial de Transición. Este órgano colegiado había asumido el poder en 2024 con la misión de estabilizar el país, reorganizar el Estado y convocar elecciones tras años de crisis agravada por el asesinato del presidente del país, Jovenel Moïse, en 2021. 
 Antes de disolverse, el Consejo intentó destituir al primer ministro Alix Didier Fils-Aimé, pero Donald Trump lo “persuadió” con el arribo de tres buques de su armada que se encuentran desplegados en el Caribe. Fue una clara declaración de respaldo a Alix Didier Fils-Aimé y a su continuación en el poder. Así, el Consejo se disolvió sin haber logrado elecciones ni un acuerdo político para reemplazarse a sí mismo.
 El Poder Ejecutivo quedó concentrado de facto en el primer ministro, quien continúa ejerciendo funciones sin que exista presidente ni Parlamento activo; su capacidad real de control es muy limitada. 
Las pandillas dominan el 90 % de Puerto Príncipe y de otras grandes zonas, ya que en los últimos seis meses se han expandido con una velocidad inusitada hacia el centro y el norte del país. Alix Didier Fils-Aimé sigue ahí por la sola voluntad de Trump. Las pandillas se dividen los territorios y conviven organizadas bajo una coalición. La cara visible de esta asociación de pandillas es Jimmy Chérizier, conocido como Barbecue. Todas compran en forma unificada las armas que vienen desde Estados Unidos.
 La crisis humanitaria en Haití ha alcanzado niveles extremadamente graves, con implicaciones en seguridad alimentaria, desplazamientos, educación, salud y protección. 5,7 millones de personas —más de la mitad de la población— enfrentan altos niveles de inseguridad alimentaria aguda. La violencia armada y la inseguridad han causado desplazamientos internos masivos: aproximadamente 1,4 millones de personas han huido de sus hogares, lo que representa cerca del 12 % de la población total. Más de la mitad de estos desplazados son niños. En muchos casos viven en condiciones precarias en escuelas, edificios públicos o albergues improvisados, con acceso limitado a alimentos, agua potable y servicios sanitarios. La venta de los niños, por parte de familias que están en estado de inanición, es alarmante. La mitad de los miembros de las pandillas son menores de edad.
 Más de 1.600 escuelas cerraron durante el ciclo escolar 2024-2025, dejando sin acceso a la escuela a más de 240.000 estudiantes. Solo el 11 % de las instalaciones hospitalarias con capacidad de internación está funcionando plenamente y ha habido reaparición de brotes de cólera.
 La situación caótica de Haití es responsabilidad de la intervención internacional permanente bajo la batuta de Estados Unidos. 
 Junto con los gobiernos de Canadá y Francia, George W. Bush organizó en 2004 el golpe de Estado contra el primer presidente electo democráticamente en Haití, Jean-Bertrand Aristide. El Consejo de Seguridad de la ONU fue cómplice de la operación al hacerse cargo del país a través de la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití (MINUSTAH). Fue la operación internacional más prolongada del siglo XXI en el país. Muchos países enviaron efectivos —que cometieron vejámenes y oprimieron a los haitianos— para relevar al ejército yanqui ocupado en otras invasiones. 
 En 2017, la Misión de las Naciones Unidas de Apoyo a la Justicia en Haití (MINUJUSTH) —formada solo por civiles y policías— reemplazó a MINUSTAH debido al desastre que habían hecho todos los efectivos militares. Después de eso, hubo diversas “misiones de seguridad”, todas con intervención extranjera, que fracasaron una tras otra. 
 El año pasado, las autoridades de Haití contrataron a una empresa paramilitar de Erik Prince —cofundador de Blackwater— para hacerse cargo de la seguridad del país. Prince está acusado de crímenes de guerra y su trayectoria ha demostrado que solo sabe atacar a población civil desarmada. El contrato con estos mercenarios se ha mantenido en secreto, sin publicarse ni el monto de la paga, ni el reglamento, ni la cantidad de efectivos, ni el prontuario de cada uno. Según la Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, los operativos de la empresa privada mataron a más de 970 personas de marzo a diciembre del año pasado, incluidos 39 civiles, 16 de ellos niños. Luego de eso, Estados Unidos, con el apoyo de Panamá, impuso una resolución para autorizar una fuerza internacional mucho más grande, de 5.550 miembros, conocida como la “Fuerza de Supresión de Pandillas”, con derecho a detener y encarcelar a haitianos. 
 En todos los casos, lo que Estados Unidos busca es mantener una intervención en la cual los costos estén socializados entre varios países. La importancia de Haití no radica en la relevancia de sus recursos -como sería el caso de Venezuela-, sino en su ubicación en el Caribe, tan próxima a Estados Unidos, y en la necesidad de mantener un castigo histórico que, por carácter transitivo, el imperialismo yanqui le asesta a Haití en nombre del imperialismo francés. El castigo no solo por haber declarado la primera independencia de América, sino por haber realizado la primera revolución de esclavos del continente. El crimen de Aristide —que le valió el golpe en 2004— había sido reclamarle a Francia que devolviera la “indemnización” que Haití había sido obligada a pagar en 1825 por haber declarado su independencia, cuyo monto actualizado calculó en 20 000 millones de dólares. 
 El otro problema que representa Haití para la gestión Trump es la inmigración. 
 Estados Unidos requiere el control del país para frenar el flujo migratorio, al tiempo que busca repatriar a todos los exiliados haitianos que en Estados Unidos viven en carácter de refugiados. 
 Trump ha revocado el Estatus de Protección Temporal (TPS) para ciudadanos de Haití, pero esto fue revertido por un fallo judicial de una magistrada de origen latino. 
 Ana Reyes rechazó por segunda vez el recurso del Gobierno para forzar la eliminación de las protecciones migratorias de más de 300.000 haitianos y denunció montones de amenazas de muerte que le llegaron a través de las redes sociales. 

 Aldana González 
 16/02/2026

martes, 17 de febrero de 2026

La Conferencia de Seguridad de Múnich dio el OK a la guerra contra Irán


Este último domingo finalizaron los tres días de debates de la 62ª Conferencia de Seguridad, con la presencia de unos 60 dirigentes de Estado. No fueron invitados, sin embargo, dos países relevantes sobre la llamada “seguridad internacional”, como Rusia y China. Ninguna de las mesas o entrevistas abordó la situación en el golfo Pérsico, adonde Trump ha enviado una Armada con dos poderosísimos portaaviones (el Abraham Lincoln y el Gerald Ford), ni la catástrofe humanitaria que amenaza a Cuba debido al bloqueo de sus importaciones de petróleo, ni tampoco el sistema internacional de sanciones y piratería en aguas internacionales establecido por Donald Trump. Los disertantes dieron indigna sepultura al ‘viejo orden internacional basado en reglas’, mientras que el canciller alemán Friedrich Merz sentenció que el mundo ha ingresado en una “época de poder y de política de grandes potencias”. En definitiva, no se habló de “seguridad”, sino de guerra. Para uno de los editorialistas principales del Financial Times, la Conferencia “no calmó el choque transatlántico, sino que lo amplió y profundizó”. Sin una alusión concreta, no se refirió sólo a la guerra comercial, sino al reclamo de Tump para que la Unión Europea capitule en la guerra contra Rusia en Ucrania y se avenga a concesiones territoriales a Moscú, que podría incluir un cambio de régimen en Kiev. En Múnich, aunque en sesiones al margen de la Conferencia, se habilitó la presencia activa del hijo del fallecido exmonarca de Irán, Reza Pahlevi, quien exhortó a un bombardeo masivo de su propio país. En ausencia de un liderazgo opositor al régimen clerical de los ayatolás, el imperialismo mundial ha sacado del cloroformo, como un globo de ensayo, a una dinastía sin raíces en las masas iraníes. 
 Marco Rubio, el secretario de Estado y del Consejo de Seguridad Nacional de Trump, pronunció un discurso de características imperiales. Como si el mandato de su gobierno no estuviera limitado a cuatro años, puso como condición para una ‘normalización’ de las relaciones entre Estados Unidos y Europa una ‘limpieza étnica’ de la población inmigrante, incluidos los descendientes con ciudadanía. Descendiente de cubanos emigrados, Rubio convocó a un retorno al “cristianismo”, con un colosal desprecio por las raíces indígenas y africanas de los pueblos del Caribe y América del Sur y, por supuesto, de América del Norte. El discurso de Rubio es un puente tendido a Putin, quien se destaca por la reivindicación de esos mismos “valores civilizatorios’. La diatriba recibió réplicas menores, pero no la denuncia de un imperialismo genocida.
 El abismo abierto entre los imperialismos europeos y el norteamericano ofreció espacio para que los jefes de gobierno europeos ventilaran la necesidad de una “disuasión nuclear común”, independiente de Estados Unidos. El planteo abriría el ingreso de Alemania al “club nuclear” (lo mismo que Japón), dando entierro completo a la prohibición de un rearme de dos de las tres expotencias del Eje nazi-fascista. Como quiera que el inglés Starmer y el francés Macrón son virtuales ‘patos rengos’ en sus países, el “club nuclear’ podría quedar presidido por el Reencuentro Nacional y el partido Reforma, ambos fascistas, si una movilización de masas no los destruye, e incluso en Alemania por la ‘neonazi’ AFD, vista la crisis del gobierno de coalición que encabeza el democristiano Friedrich Merz. Rubio, llamado ahora ‘el pequeño Marcos’, lanzó un llamado abierto a favor del voto por el ultraderechista húngaro, Orban, que ha perdido el primer lugar para las elecciones que tendrán lugar en abril próximo.
 La Conferencia de Seguridad de Múnich ha formalizado la prevalencia de la guerra en la política mundial. El discurso imperial, sin embargo, es incompatible con la democracia política; los “cambios de civilización” no pueden ponerse a votación cada cuatro años y las elecciones intermedias. Más allá de los discursos, no obstante, la Conferencia aprobó de facto una guerra de larga duración en el Medio Oriente, para barrer con Irán, Yemen y lo que queda de Palestina. Esta guerra hará ingresar a otras fuerzas al escenario, como Turquía y Arabia Saudita; la geografía de la guerra mundial se acrecienta a grandes pasos. Lo mismo ocurre con las amenazas a Cuba en América Latina. Esta guerra ya conmociona políticamente a la mayor parte del mundo; es necesario que la clase obrera internacional la convierta, por medio de la lucha, en la tumba del imperialismo. 

Política Obrera 
 Redacción
 16/02/2026

lunes, 16 de febrero de 2026

Mesa Redonda: Cuba frente a las drogas


El caso Epstein ¿Otro escamoteo de la verdad?


Hay muchos secretos terribles enterrados en los archivos, lo más probable es que nunca conozcamos la verdad
 Las misivas descubiertas sugieren que Epstein utilizaba los «secretos» para obtener poder y controlar a la élite mundial.

 Los secretos develados por el expediente del traficante de personas y pedófilo, Jeffrey Epstein, sobrepasan cualquier antecedente por horroroso que sea. Las terribles revelaciones no solo son perturbadoras, describen mejor que todo la decadencia moral y espiritual del occidente capitalista.
 Tráfico sexual, violaciones de menores, torturas, canibalismo, rituales satánicos, no dejaron ningún horror por probar. Pero una de las cosas más terribles de este caso es conocer cómo un depravado sexual se hizo atractivo para quienes estaban convencidos de que la ley, las normas y las reglas no se aplicaban a ellos. 
 En Europa la publicación de los documentos ha implicado a grandes personalidades de la política, la economía y la sociedad en general del «viejo Continente». 
 Sin embargo, muchos analistas opinan que, al otro lado del Atlántico, en EE. UU., donde Epstein cometió varios de sus crímenes, los problemas de los políticos europeos contrastan con la élite estadounidense. 
 «Realmente es hora de que el país pase a otra cosa», dijo el presidente Donald Trump la semana pasada, cuando un periodista le volvió a preguntar sobre sus nexos con Epstein. 
 Rosa Monckton, exdirectora ejecutiva de Tiffany & Co., declaró a Vanity Fair en un artículo de 2003: «Crees que lo conoces y luego quitas otra capa de la cebolla y hay algo extraordinario debajo», dijo, refiriéndose al criminal. 
 Sin dudas lo que escondía bajo sus capas «la cebolla Epstein» era infernal, diabólico en grado sumo. Las misivas descubiertas sugieren que utilizaba los «secretos» para obtener poder y controlar a la élite mundial. 
 Tras la publicación realizada por el departamento de Justicia recientemente, entre las relaciones el pedófilo con varias figuras destacadas, aparecen Elon Musk, Bill Gates y el secretario de Comercio, Howard Lutnick. 
 La estrecha relación de Jeffrey Epstein con Ehud Barak, quién fue ministro de Israel, desde 1999 hasta 2001 y desempeñó, entre otros, los cargos de Ministro del Interior (1995), apunta a que Epstein trabajara para Israel. Recientemente Barak corroboró que había asistido a comidas y cenas en la casa del traficante, en Manhattan. 
 Este lazo explicaría el poder que el régimen sionista ejerce sobre no pocos políticos estadounidenses y europeos. Parece que Epstein logró recopilar muchos «trapos sucios».
 Ahora resulta que la pesquisa realizada por el FBI no logró confirmar la existencia una «lista de clientes», reza el comunicado de un agente especial de supervisión del FBI, publicado por AP. 
 En esa misma línea, la entonces fiscal federal adjunta, Maurene Comey, en un correo electrónico dirigido a funcionarios del FBI el año pasado, escribió que ninguno contenía evidencia que implicara a alguien más que a Epstein y su expareja y cómplice, Ghislaine Maxwell.
 Nada mejor para distraer a la humanidad de lo que están haciendo. Como los prestidigitadores, escamotean ante nuestros ojos la verdad, nos hacen mirar a otro lado, mientras saquean, bombardean, invaden, secuestran y destruyen.
 Hay muchos secretos terribles enterrados en los archivos, lo más probable es que nunca conozcamos la verdad, la profundidad de la depravación que acompaña a la élite mundial. 

 Raúl Antonio Capote | internacionales@granma.cu 
 13 de febrero de 2026 22:02:18

El pensamiento de la barbarie


Me da pudor repetirme, pero luego de treinta años, siempre escucho y leo los mismos argumentos, más cargados de obviedad que de confirmación histórica, como si el mundo hubiese sido creado ayer. Por supuesto que nadie es dueño de la verdad y hasta los físicos cuánticos del MIT se equivocan con los quarks, pero es penoso tener que escuchar, con respeto, teorías de borrachos de bar (por recordar a Umberto Eco) como si estuviesen descubriendo la pólvora o, peor, la piedra filosofal; y como si sus desvaríos o, peor, sus clichés de siempre tuviesen el mismo valor que la Teoría de la evolución o la Teoría de la Relatividad. 
 Hoy, a los borrachos de bar, se les han sumado mercenarios académicos, o algo parecido, dispuestos a sostener que “la Tierra es el centro del Universo” con tal de que alguna gran editorial (a juzgar por la historia, promovidas por la CIA y por pequeñas donaciones de grandes corporaciones) los lance a la fama y a ingresos de ventas que, de otra forma, por el solo peso de sus ideas, seguirían siendo solo borrachos de bar―con algún título universitario, claro. El mercado y la cultura consumista saben lo que hacen: explotan nuestras emociones cavernícolas, en instituciones medievales, con una tecnología de los dioses―por parafrasear a Edward Wilson. 
 Desde hace muchos años, cada vez que en alguna de mis clases dibujo tres rombos contiguos en la pizarra y pregunto qué es, siempre, y sin excepciones, los estudiantes me responden que “es un cubo”. 
 No son niños, son universitarios. 
 “¿Un objeto de 3D?”, insisto, para que no queden dudas. La respuesta es siempre obvia: 
 “Sí, ¡claro!” Un objeto de tres dimensiones. No recuerdo una excepción en ninguna de mis clases, pero sí sabemos que algunos pueblos de Polinesia, antes de la colonización, solían ver una figura en 2D, en lugar de un cubo; en cambio, no veían una historia en una secuencia de una historieta. 
 Cuando estoy un poco aburrido, arrimo la cara a la pizarra y miro la figura del supuesto cubo desde la superficie: 
 “Pues, yo no veo ningún objeto”, les digo. “Desde aquí, más bien se ve una línea, como si desde sus butacas se viese sólo una figura en de dos dimensiones…” 
 “El cubo es real porque lo puedo ver”, me dijo un estudiante.
 Le proyecté una pantalla amarilla. 
 “Es este color que ven aquí real?” 
 Respuesta unánime: 
 “Obvio, es el amarillo. It’s the color yellow. Lo vemos todos. Es real”. 
 “Entiendo. Es real” les contesté. “Sin embargo, es una realidad que no existe. Al menos, no es más real que los sueños.”
 Hubo una risa unánime. 
 Este amarillo no existe fuera de nuestros cerebros. El proyector, como cualquier pantalla digital, sólo proyecta verde, rojo y azul. Ni siquiera nuestra retina tiene conos sensibles al amarillo. Es una ilusión, una ilusión consistente que nos evita chocar en un cruce con semáforos. Exactamente igual a la inexistencia del olor de una rosa, que solo existe cuando alguien la acerca a su nariz. Antes y después, el olor no existe. O Nocturnos de Chopin. Esa belleza de piano es una “complicidad humana”, pero sin una persona que la escuche, es simple vibración del aire, como el olor es simple química antes de convertirse en olor en un cerebro animal. 
 Tengo un gran respeto por los jóvenes, porque sé que, aún de viejos, seguimos aprendiendo, cambiando o ajustando nuestra comprensión del mundo. Para peor (¿por qué para peor?), nunca podemos decir que alcanzamos la verdad, al menos que seamos algún tipo de fanático, uno de esos que sobran en la historia de la Humanidad. 
 Lo que me queda claro es que, sin la ahora maldita educación (“los profesores son los enemigos”, JD Vance, JG Milei) deberíamos empezar como los sumerios antes de sus complejas tablets de arcilla y su Silicon Valley, hace 5.200 años; o como los cavernícolas, casi un millón de años atrás, dominando el fuego para, así, de viejos, descubrir que el 73 es el número más misteriosos o que menstruar no significa estar enferma, sino todo lo contrario. 
 Esta proyección de lo que entendemos (el cubo) sobre lo que vemos (los rombos) es universal. También creo que ya analizamos y repetimos hasta el cansancio que hay palabras que son ideoléxicos (¿cubos?) y, por lo tanto, su significado es un producto histórico, el resultado de múltiples luchas filosóficas, políticas y sociales (La narración de lo invisible: Una teoría política sobre los campos semánticos, 2004). 
 Así también, por ejemplo, cuando hablamos de Europa y África en el siglo XIII, o más tarde, proyectamos en esas dos palabras nuestro limitado conocimiento y vemos un continente desarrollado y otro pobre, el exacto contrario de la realidad. 
Lo mismo con los siglos que duró el Imperio árabe y la Europa de entonces. Una era el centro desarrollado del mundo y otra una periferia llena de fanáticos talibanes―y no era precisamente el mundo islámico. 
 Lo mismo podemos decir con palabras como “estadounidense”: los más fanáticos chauvinistas ni siquiera consideran que el pasado es un país extranjero, y que el estereotipo de “americano”, el cowboy (ese mexicano blanco) tipo Clint Eastwood (esa invención de un italiano) hubiese sido irreconocible para la generación fundadora, más británica en sus formas―no en su fanatismo de la propiedad privada a través de la violencia del despojo ajeno. 
 Esta tesis que publicamos en la Universidad de Georgia en 2004, aunque ponía el acento en una guerra cultural (sin negar el valor históricamente probado de la lógica marxista del materialismo dialectico, aunque en apariencia se le oponga) pretendía exactamente lo contrario a los productos sucesivos de la actual guerra cultural. 
 Cuando leímos afirmaciones como que “el nazismo era de izquierda” porque su nombre completo era “Nacional Socialismo”, lo tomamos como cuando un niño nos dice que en la Antártida los pingüinos caminan patas arriba, porque el Sur está abajo. O que la Tierra es plana, para no irnos tan lejos. Naturalmente que el comercio del odio, la crueldad y la tontería siempre será muy rentable para las grandes editoriales y los grandes medios. 
 Si seguimos esta línea de análisis pseudo-etimológico, habrá que decir, sin ningún lugar a dudas, que “los libertarios son comunistas anarquistas”. Ese es el origen de la palabra y de la bandera libertaria. Es decir, o sea, Ron deSantis, los MAGA, los libertos de Milei, de Bolsonaro, de Kast (los neofascistas, los miembros ultraconservadores del CPAC que fundó esta corriente orgullosa de su mediocridad) son anarco-sindicalistas y comunistas anarquistas. Digo, para entendernos con el nivel cloaca que domina hoy el pensamiento (si se puede llamar así) antiilustrado y anti cultura. 
 El pensamiento de la barbarie. Claro, para disimular, hay que acusar a los demás de nuestras dolencias. Un personaje de El mar estaba sereno (2016), whisky mediante, reconocía que “había fracasado repetidas veces en el vulgar intento de ser amado por los demás. En compensación, había logrado la admiración y el temor ajeno, como un dios antiguo, aunque en la medida justa y necesaria. Pero no el cariño y mucho menos el amor de nadie… Con el tiempo había desarrollado su propia teoría psicológica, a pesar de sus rudimentos intelectuales: todo individuo que se ama por lo que hace, se detesta por lo que es”. 

 Jorge Majfud | 21/01/2026

domingo, 15 de febrero de 2026

James Petras (1937–2026): una voz de clase contra el imperio


James Petras falleció pacíficamente el 17 de enero de 2026 en Seattle, Washington, rodeado de su familia. Prolífico académico y activista, dedicó su vida a desafiar el poder, el imperialismo y la desigualdad. Su muerte irrumpe en un momento en que América Latina vuelve a estremecerse bajo el peso de reformas antiobreras, militarización interna y ofensivas abiertas del capital financiero. No es un dato menor: Petras dedicó su vida a demostrar que el imperialismo no es una metáfora ni una consigna, sino una estructura concreta de dominación que articula capital transnacional, Estados subordinados y élites locales asociadas. Nacido en Boston en 1937, formado en la Universidad de Boston y doctorado en Berkeley, profesor en Binghamton University, fue más que un académico prolífico; fue un intelectual militante que eligió intervenir en la lucha de clases latinoamericana con nombre y apellido.
 Su obra sobre el imperialismo en el siglo XXI, la recolonización financiera y el papel de las burguesías compradoras anticipó procesos que hoy se despliegan con brutalidad. Mientras el progresismo administraba la transición al neoliberalismo y la derecha perfeccionaba su aparato represivo, Petras insistía en que el modelo no era un error técnico sino el resultado de una derrota histórica de la clase trabajadora. Denunció que el neoliberalismo no avanzó solo por decretos del FMI o del Banco Mundial, sino también por la construcción de una red capilar de mediaciones “sociales” que desactivaron la confrontación directa. 
 En Chile esa advertencia tuvo un rostro preciso. Durante la transición pactada, las ONG proliferaron al calor del financiamiento extranjero y del discurso de la “sociedad civil” como sustituto del poder popular. Muchas de ellas, que en los años de dictadura cumplieron tareas humanitarias valiosas, fueron progresivamente reconvertidas en engranajes de una arquitectura política destinada a administrar la pobreza, fragmentar la organización obrera y reemplazar la lucha de clases por proyectos, talleres y microemprendimientos. La desmovilización social que acompañó la consolidación del modelo neoliberal no puede comprenderse sin ese dispositivo que, bajo lenguaje progresista, operó como correa de transmisión del plan imperialista: contener, canalizar y neutralizar el conflicto para garantizar la estabilidad del mercado y el pago disciplinado de la deuda.
 Petras fue implacable en esa crítica. Señaló cómo la financiación condiciona agenda, método y horizonte político; cómo el énfasis en la autoayuda desplaza la responsabilidad estatal; cómo la cooperación internacional se convierte en subordinación estructural. Su denuncia no fue una diatriba moral sino un análisis material: cuando el movimiento obrero es reemplazado por gestores de proyectos, cuando la solidaridad de clase es sustituida por la competencia por fondos, el capital gana sin necesidad de tanques. La experiencia chilena de los noventa y dos mil confirmó esa tesis con creces. 
 Al mismo tiempo, su defensa del análisis de clase frente al culturalismo fragmentario mantiene plena vigencia. La precarización masiva, la informalidad y el desarraigo no disolvieron la explotación; la reconfiguraron. La tecnología no abolió la clase trabajadora; la sometió a nuevas formas de control y autoexplotación. El antiimperialismo no se volvió obsoleto con el fin de la Guerra Fría; se profundizó con la financiarización global y el extractivismo intensificado. En ese sentido, la figura de Petras reaparece hoy cuando se anuncia una nueva vuelta de tuerca autoritaria en Chile bajo la figura de José Antonio Kast, expresión descarnada de un proyecto que combina liberalización económica, disciplinamiento social y alineamiento geopolítico sin matices. 
 Pero honrar a Petras no significa canonizarlo. Su obra debe leerse críticamente, discutirse, tensionarse allí donde simplificó o donde su polémica fue más amplia que rigurosa. Justamente porque fue un intelectual de combate, su legado exige el mismo tratamiento que él reclamaba para el marxismo: análisis concreto de la situación concreta, sin dogmas ni concesiones. Leer a Petras hoy implica volver sobre sus textos sobre imperialismo, ONG y clase, confrontarlos con la experiencia acumulada y utilizarlos como herramientas para reorganizar una oposición de clase frente a la ofensiva que se despliega. 
 En un momento en que la derecha radicalizada pretende convertir la regresión social en programa de gobierno y en que amplios sectores del régimen se disponen a colaborar en nombre de la gobernabilidad, la mejor despedida para James Petras no es el homenaje ritual, sino la acción consciente. Leerlo, criticarlo, actualizarlo y superarlo allí donde sea necesario es parte de la tarea de recomponer una estrategia antiimperialista y obrera capaz de enfrentar el proyecto que hoy personifica Kast. Porque si algo sostuvo Petras hasta el final fue que sin organización independiente de los explotados no hay soberanía, no hay democracia real y no hay futuro para los pueblos. 

Fernando López MacKenzie

sábado, 14 de febrero de 2026

Cuba: sin perdón al colaboracionismo


Bad Bunny en el Super Bowl: un potente espejo de la rebelión que cruza a los Estados Unidos


La reciente actuación del cantante de origen puertorriqueño Benito Martínez Ocasio, conocido popularmente como “Bad Bunny”, ha generado un revuelo internacional. De origen obrero, Martínez Ocasio trabajaba a tiempo completo empaquetando comida en un supermercado, hasta que logró su inserción al gran circuito musical. Los ambientes que transita el cantante durante los casi 14 minutos de espectáculo muestran las zonas de cultivo de azúcar en el norte de Puerto Rico; los comercios callejeros de las zonas urbanas de la isla y la ya famosa “Casita” que imita a un típico hogar de trabajadores. Es muy conocida por ser una parte esencial de las escenografías de sus conciertos. 
 Las canciones del autor fueron acompañadas por una amplia gama de otras estrellas destacadas en Estados Unidos y del mundo, de origen latino. Desde dos púgiles, Xander Zayas, puertorriqueño de 23 años, campeón unificado del peso superwelter y considerado la mayor figura actual del boxeo en la isla, y el pugilista mexicano estadounidense Emiliano Vargas, hasta destacados cantantes y estrellas de Hollywood como el actor chileno Pedro Pascal, la actriz Jessica Alba, la cantante colombiana Karol G, la rapera estadounidense Cardi B, la rapera puertorriqueña Young Miko y la personalidad televisiva estadounidense Alix Earle. 
 Otras apariciones de alto nivel incluyeron a Lady Gaga, de amistad muy reconocida con el cantante, que interpretó la canción “Die with a smile”, para luego compartir un baile sobre el escenario con Bad Bunny. Otro destacado cantante puertorriqueño, Ricky Martin, interpretó partes de la canción “Lo que le pasó a Hawái”, que denuncia el proceso de gentrificación de la isla, así como el desplazamiento del poder de la población nativa de origen polinesio hacia fines del siglo XIX, cuando fue anexada por los Estados Unidos. Hawái ocupa un lugar especial en la historia estadounidense puesto que en 1993 el Congreso norteamericano dictaminó a la anexión de la isla como ilegal y “reconoció que antes de ser incorporado a Estados Unidos, "el pueblo nativo hawaiano vivía en un sistema social altamente organizado y autosuficiente basado en la tenencia comunal de la tierra" (BBC, 15/03/2025). 
 En otros pasajes del show, Benito Martínez Ocasio repasó varios sitios típicos de la comunidad puertorriqueña en Nueva York a la cual ha dedicado la canción “Nuevayol”. Una de las escenas más vibrantes estuvo marcada por el gesto de Bunny de entregar su Grammy, ganado hace una semana, a un pequeño niño de cinco años, acompañado por sus padres migrantes. El público, que se deshizo en aplausos y ovaciones en el estadio, inicialmente creyó que sobre el escenario estaba el pequeño Liam Ramos, detenido por el ICE (agentes migratorios) en Minnesota junto a su familia. Más tarde, la prensa confirmó que se trataba de un pequeño actor con madre argentina-estadounidense y padre inmigrante egipcio. El gesto se ha interpretado como una continuidad del mensaje en la gala de premiación en los propios Grammy, cuando el cantante denunció el accionar del ICE y del presidente Donald Trump.
 Para el cierre del show incluyó una de las canciones de su último disco “Debí tirar más fotos” -que reivindica de principio a fin la independencia de Puerto Rico, así como sus raíces proletarias. “El apagón”, por ejemplo, denuncia el corte de suministro eléctrico que sufrió la isla tras el huracán María, golpeando fuertemente a la población trabajadora en 2017. Los bailarines escenificaron la situación bailando sobre postes chispeantes y Bunny levantando una bandera del movimiento independentista de Puerto Rico. El cierre culminante fue una manifestación de los artistas, bordeando el estadio, portando banderas de los diferentes países del continente, con Bad Bunny nombrando a todas las naciones sin excepción y un “touchdown” que reivindicaba la unidad continental. 

 Resonancia

 Mundialmente, pero con mayor fuerza aún en Estados Unidos, la actuación de Bunny ha sido considerada como una “bofetada” a Donald Trump y su política fascista contra los migrantes. El propio magnate reaccionó en vivo contra el espectáculo, señalando que era una ofensa a la cultura norteamericana. Señaló que el show en español era una ofensa al pueblo estadounidense “que no entiende ni una palabra”. Incluso, llegó a definir a los bailes sobre el escenario como una “acción indecente” para las familias y niños que miraban el show. En su ataque a Bunny, Trump no dejó de filtrar su defensa de la “pureza racial y cultural” yanqui, con la que alimenta su persecución a los trabajadores migrantes. 
 Antes de que tuviera lugar, el presidente ya se había manifestado en oposición rotunda al show de Bunny. Sus seguidores del “MAGA” organizaron un “contra medio tiempo” (All American Halftime Show) a miles de kilómetros de California. Allí se observaron bandas folk y seguidores del movimiento iniciado por el asesinado Charlie Kirk, Turning Point USA, que se transmitió de manera paralela al show oficial de la NFL (la organizadora del Super Bowl). El mismo no reunió la cantidad de espectadores presenciales que había prometido y sus visualizaciones fueron 100 veces inferiores al de Bad Bunny. 
 El arte y los artistas suelen ser un reflejo de los procesos políticos latentes en las masas o del desarrollo de los mismos. Sin decirlo, la presentación de Bad Bunny ha sido una celebración de las movilizaciones, huelgas y rebeliones que tienen lugar en Estados Unidos contra Trump y sus persecuciones fascistas. Bunny fue acompañado por un número elevado de cantantes y bailarines de origen latino, que se jugaron por esa misma perspectiva.

 Patio trasero 

El combativo show del latino Bunny contrasta con la genuflexión de los imperialistas o nacionales y populares que, a escala mundial, se acomodan a las exigencias de Trump. El show del superbowl trasmitió la temperatura política interior de los Estados Unidos. En el terreno electoral, el Partido Republicano ha mordido el polvo en más de 14 elecciones locales de vital importancia, incluida la aplastante victoria de Zohran Mamdani como alcalde de Nueva York. Trump se ha embarcado en el desarrollo de métodos de guerra civil contra su propia población. Estados Unidos es un epicentro de la crisis mundial en desarrollo. 

 Joaquín Antúnez 
 10/02/2026