domingo, 15 de enero de 2012

Celia Sánchez: eterna flor autóctona.



Su vida estuvo tan imbricada con la Historia de la Revolución Cubana y de su Líder Fidel Castro, que resulta imposible separar una de otra —certificó el ya fallecido historiador y su biógrafo, Pedro Álvarez Tabío.
“Querida madrinita”, era el encabezado con el que iban muchas de las misivas enviadas a Celia en una parte importante de su estancia en la Sierra Maestra del Oriente de la Mayor de las Antillas durante los largos meses que duró la lucha del Ejército Rebelde contra la dictadura de Fulgencio Batista entre 1956 y 1958. Quizás tal apelativo adelantaba como ningún otro la estampa revolucionario-angelical que acompañó en vida a una de las mujeres más extraordinarias de toda la Historia de Cuba, nacida el 9 de Mayo de 1920.
Fue el escenario / centro de la labor inicial que lideró Fidel Castro tras el desembarco del Granma el 2 de diciembre de 1956, el que catapultó a esta genuina heredera de Mariana Grajales —Madre de los Maceos y, por extensión, del combativo pueblo cubano—, llegada al mundo por aquello orientales predios, en Pueblo Nuevo, barrio de Media Luna donde radicaron en las primeras décadas del pasado siglo sus progenitores: Manuel Sánchez Silveira y Acacia Manduley Alsina.
Consta en el Registro Civil en que resultó inscripta, que su nombre completo es Celia Esther de los Desamparados, el último de ellos en alusión a que vino al mundo al día siguiente de la fiesta religiosa dedicada a la Señora de los Desamparados. Atestiguan quienes la conocieron en la infancia que la pequeña se enojaba grandemente cuando sus hermanos la llamaban por esa alusión. Reza en su trayectoria, sin embargo, que ella estaba destinada a convertirse en sierva de las personas menos agraciadas que estuvieran a su alcance.
Así, puede comprenderse mejor el porqué con apenas seis años se resistía a ser alejada de su mamá en ocasión de sufrir el paludismo que le costó la vida el 19 de diciembre de 1926 —a contrapelo de que su papá había dedicado gran parte de su existencia en combatir la terrible enfermedad, en su condición de respetable médico. Cuentan que Celia se obstinaba en permanecer sentada en un taburetico al lado de la cama de la madre, mientras esta fenecía.
No obstante, su desvelo por la causa de los humildes quedó evidenciado después del cuartelazo del 10 de marzo de 1952 protagonizado por Batista.
Hacia mediados de 1955, está Celia Sánchez en los trajines propios del Movimiento 26 de Julio. Con su nombre de guerra, Norma, asumió trascendentales tareas ante los preparativos de la expedición del Granma y del inicio de la lucha guerrillera en la Sierra Maestra; al tiempo que desarrolló una red de colaboradores campesinos que resultó insoslayable para la continuidad de la insurrección que entonces comenzaba.
Una vez en la Sierra Maestra, devino primera mujer combatiente del Ejército Rebelde y tuvo el mérito de haberlo hecho bien —al decir del ya fallecido historiador y su biógrafo, Pedro Álvarez Tabío. Careció de casualidad, pues, que en una carta colectiva de la época, apareciera: En cuanto a la Sierra, cuando se escriba la historia de esta etapa revolucionaria, en la portada tendrán que aparecer dos nombres: David [Frank País] y Norma.
Con estos presupuestos, no debe extrañar que el mismo Álvarez Tabío considerara que la vida de Celia estuvo tan imbricada con la Historia de la Revolución Cubana, que resulta imposible separar una de otra. Es obvio, entretanto, que el 11 de enero de 1980 se convirtiera definitivamente en una eterna Flor Autóctona.

Noel Manzanares Blanco