martes, 22 de febrero de 2011

Amor y Revolución



Anolan Lopez

"Déjenme decirles, a riesgo de parecer ridículo, que el revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor. Es imposible pensar en un revolucionario auténtico sin esta cualidad". Ernesto Che Guevara

Hace poco, el 14 de febrero, se celebró el día del amor, así que para celebrarlo quiero contar una historia de amor que no es muy conocida, una llama encendida entre la prisión y las luces de la Revolución cubana que acababa de nacer, con el entusiasmo de dos jóvenes, él de 20 años y ella de 15, con una fe ilimitada en común por "el hombre de Cuba", Fidel Castro Ruz.
"Desde que decidimos casarnos, Alfonso Guillén Zelaya y yo, Anolan López, hemos tenido que desafiar la fuerza enemiga; parecía hecho a propósito, un incidente tras otro, hasta el gran día, el 29 de julio de 1961".
"¿Tú quieres saber el secreto de haber vivido felices hasta el 1994 (año de la muerte de Alfonso)? Él siempre me trató como si yo fuera su novia , no hubo nunca aburrimiento entre nosotros y yo siempre era el centro de su vida. Tuve la suerte de casarme con un extranjero, casi un desconocido, y descubrir que tenía a mi lado a un gran revolucionario, poseedor de sentimientos solidarios sin fin".
Esta mujer tan fuerte y dulce al mismo tiempo, que me está contando los detalles de una historia de amor hermosa y llena de ternura; pero que fue también colmada de dificultades, es la cubana que se enamoró de un joven mexicano (nacido en México por casualidad, proveniente de una familia hondureña muy revolucionaria, cuyo tío, de quien asumió el nombre, fue un gran poeta, conocido como el fundador, en Honduras, del post-modernismo) que desembarcó en Cuba por seguir el pensamiento de José Martí ... "todo hombre de honor y justicia pelea por la libertad dondequiera que la vea ofendida".
Además, el compromiso revolucionario de su familia también tuvo una víctima, un hermano de Alfonso murió en los años sesenta, mientras combatía en el Frente Sandinista, con sólo 18 años, Héctor Alejandro Zelaya, un lindo joven internacionalista que se inmoló en una tierra extranjera.
Alfonso Guillén Zelaya es el mexicano del Granma, uno de los cuatro extranjeros (Ernesto Che Guevara, argentino; Gino Done, italiano y Ramón Mejías, dominicano) que acompañaron a Fidel Castro y a los expedicionarios del yate que llegó en diciembre de 1956 a Cuba para realizar las acciones que condujeron al triunfo de la Revolución Cubana.
Por desgracias, después de la batalla de Alegría de Pío, Alfonso fue hecho prisionero y durante el proceso judicial declaró su lealtad a la doctrina de José Martí y fue condenado a seis años; de la pena cumpliría sólo un año entre las prisiones de Boniato, en Santiago de Cuba (con Frank País); el Presidio Modelo en la Isla de la Juventud y el Castillo del Príncipe en La Habana, donde fue declarado indeseable y fue expulsado de la isla en diciembre de 1957, por orden del gobierno de Batista, después de que Alfonso rechazara un indulto.
Precisamente en la prisión de La Habana conoce a Anolan, en ese momento la cubana militaba en el Frente Cívico de Mujeres Martiana, un grupo de revolucionarias que se dedicaban al apoyo social de los presos políticos: los visitaban en la cárcel, les llevaban comida y ropa, también eran utilizadas como contactos con las familias de los detenidos.
Al principio Anolan no le prestó mucha atención a este joven mexicano, considerado muy atractivo entre las otras compañeras; pero se dio cuenta de que Alfonso "le había echado el ojo" cuando la abrazó, dejándola sin aliento, antes de abandonar la isla caribeña.
Anolan admiraba a Alfonso por el hecho de que había venido de otro país para combatir en Cuba; porque había sido muy generoso con los compañeros de lucha; porque no había venido como aventurero, sino por su profundo amor hacia la humanidad.
"Me complace decir y creo que ahora es el momento adecuado, que aquella generación nació con una ola de energía que va a ser muy difícil repetirla, una conjunción de valores muy nobles y profundos en toda la nación ... .. y yo tuve la suerte de vivirla", me confiesa Anolan, conmovida.
Hasta el 2 de enero del 1959 no se verían más: Anolan, conspirando con sus amigas martianas y Alfonso, creando espectáculos de magia para recaudar fondos en América Central, principalmente en el liceo de Tegucigalpa. Allí había un grupo de refugiados cubanos, con quien regresó a la isla, el 2 de enero del 1959, en un avión que les prestó el Gobierno de Honduras, encabezado por Ramón Villena Morales, que simpatizaba con la Revolución Cubana.
Anolan y Alfonso se reunieron de nuevo en la Novena Estación de policía de La Habana, tomada por los revolucionarios y que se había transformado en el centro que emitía salvoconductos para moverse por el país: el lindo mexicano, inmediatamente, se dio cuenta del nuevo peinado de la joven cubana, en la que había fijado su atención.
Desde entonces, Alfonso no perdió la oportunidad de reunirse con Anolan, visitó su casa, prometió, muy convencido, casarse con ella, aun en contra de la voluntad de la joven. Este juego amoroso parece molestar a la orgullosa y hermosa cubana, que no quería mostrar, abiertamente, su cariño por el audaz mexicano.
Alfonso, por su parte, fue nombrado segundo jefe del departamento de investigación del Ejército Rebelde, el primer organismo de investigación creado después del triunfo de la Revolución: el jefe de investigación fue Abelardo Colomé Ibarra, actual ministro del interior.
Con el nuevo trabajo, las visitas de Alfonso a casa de Anolan fueron menos frecuentes; pero fue la misma Anolan quien le comunicó a él, la triste noticia de que Camilo Cienfuegos estába desaparecido.
Todos los momentos importantes en la vida de los dos amantes, coinciden con las fechas de hechos claves de la Revolución Cubana, como si una estrella hubiera marcado para siempre en el tiempo a estas dos jóvenes vidas.
Durante la conmemoración del fusilamiento de los estudiantes de medicina, el 27 de noviembre de 1959, el patio de la Alma Mater de la Universidad, conocido como el "Patio de los Laureles", fue el lugar cómplice y mágico del primer beso, un beso robado: Anolan quedó sorprendida y feliz; sin embargo, le aclaró al joven mexicano que no había ningún compromiso entre ellos; que no podía seguir diciéndoles a todos que ellos estaban comprometidos. Incluso él le había hecho una escena de celos a un compañero de trabajo de Anolan.
Alfonso se echó a reír y estaba muy seguro de su éxito: Anolan se dio cuenta de que no podía seguir viviendo sin él, el día de un desfile de las milicias universitarias en la Plaza de la Revolución, cuando de momento, creyó haberlo visto entre la gente. La conmovieron latidos rápido del corazón, emoción, alegría... con una sonrisa se acercó al compañero que estaba de espalda y quedó totalmente desilusionada al darse cuenta de que no era Alfonso.
Por eso, cuando se reunieron de nuevo, Anolan aceptó la invitación a sentarse en el muro del Malecón, bajó su "escudo de defensa" y permitió que el hermoso "barbudo" la enamorara: se intercambiaron notas de amor, como cualesquiera jóvenes tímidos, ansiosos de conocerse y amarse.
Desde ese día comenzaron las invitaciones al restaurante italiano "La Piccola Italia" y otras "amenazas" de amor..... y un hermoso día de abril, Alfonso le declaró, formalmente, su amor a Anolan, conminándola a que si no se ponían de acuerdo para casarse, la iba a secuestrar en un caballo blanco, como en los días de los caballeros de la Edad Media.
Y a partir de ese momento, el enemigo extranjero conspiró contra la pareja: la primera vez que Alfonso invitó a Anolan al cine, fue el día cuando quemaron la tienda "El Encanto", el inicio del ataque de los Estados Unidos a la isla caribeña en el 1961.
Cuando se desencadenó el ataque a Playa Girón, se alteraron los planes de casamiento de la pareja: Alfonso y Anolan fueron movilizado para defender la patria.
Así que la ceremonia se pospuso para el mes de julio: una primera cita debía ser el 26 de julio, pero la llegada de Yuri Gagarin a La Habana, ocupó a todos sus amigos y amigas, e incluso los futuros novios se sumaron a la caravana de coches que acompañó al cosmonauta y Fidel Castro hacia Plaza de la Revolución.
Nuestra pareja de jóvenes no renunció a su sueño, que se coronó el 29 de julio.
Aunque Alfonso tenía un coche nuevo, el día de la boda y durante la luna de miel utilizó un jeep militar, que para él tenía un gran valor sentimental, y Anolan se vio obligada a empujar esta reliquia revolucionaria, más de una vez.
"Alfonso era muy honesto y muy estricto, no hacía alarde de lo que tenía", me dice Anolan.
"Las complicaciones nos siguen, incluso en la luna de miel: tuvimos que pasar un día entero en una cola para cambiar dinero, porque en Cuba en esos días hubo un cambio de moneda", y mientras Anolan me cuenta esta historia, se sonríe y los ojos se le llenan de lágrimas. ... sigue recordando los primeros tiempos difíciles ... .. la joven pareja no tenía una mesa para comer, no tenía un juego de cama, el primer refrigerador lo compraron después de siete años de matrimonio .... pero eran muy felices y estaban llenos de fuerza para construir un nuevo país.
Anolan me muestra una foto de su juventud, tal vez la primera de la pareja ya comprometida, cuando se movilizaron durante el ataque a Playa Girón. ... Permanece en silencio, parece perdida en los recuerdos y en mi cabeza oigo las palabras de la canción de Silvio Rodríguez, "Canción del Elegido" (que sé que es dedicada a Abel Santamaría, el ángel de la Revolución Cubana, como lo llamaba su sobrina, lamentablemente desaparecida, Celia Hart Santamaría), que podría hablar perfectamente de Alfonso ..."Supo la historia de un golpe, sintió en su cabeza cristales molidos y comprendió que la guerra era la paz del futuro: lo más terrible se aprende enseguida y lo hermoso nos cuesta la vida".

Ida Garberi