jueves, 23 de junio de 2016

Francisco Vicente Aguilera: el caballero intachable




Aunque no vivió lo suficiente para ver la independencia de la Patria, con él nació el pensamiento antillano en la historia de Cuba

En una familia fiel a la dominación colonial española nace en Bayamo el 23 de junio de 1821, Francisco Vicente Aguilera Tamayo. Ya para la década del 50 del siglo XIX ha roto la tradición familiar y es un convencido independentista, ilustrado que dona un teatro a la ciudad y ferviente antiesclavista.
En 1851 se une a la conspiración de Joaquín de Agüero y en 1855 participa en un proyecto que pretende tomar las ciudades de Bayamo y Manzanillo.
Se incorpora, en junio de 1857, al grupo que proyecta la construcción del ferrocarril que conectaría a Bayamo y Manzanillo. Era consciente que sin esa vía poco podría avanzarse en la modernización del Valle del Cauto. Trabaja para establecer una línea ferroviaria que, al en­troncarla con la que se construía de Saba­nilla a Moroto, en Palma Soriano, terminara en la ciudad de Bayamo.
El fracaso de esa labor, indujo a Francisco Vicente Aguilera a reorientar sus inversiones. A partir de 1860, con idea de fomentar la industria azucarera, los mayores volúmenes de capital los va a destinar a adquirir propiedades en la jurisdicción de Manzanillo.
Retoma los proyectos independentistas en 1866 y 1867; junto a Francisco Maceo Osorio y Pedro Figueredo, funda el Comité Revo­lu­cio­na­rio de Bayamo. Es Aguilera precursor del pen­sa­mien­to unitario entre los cubanos. Envía emisarios a diferentes regiones para que se integren y solo encuentra apoyo de la región centro oriental de Cuba.
Dispone su fortuna a la causa independentista, valorada en más de dos millones de escudos oro. Es partidario de iniciar la guerra después de concluida la zafra azucarera, porque permitiría contar con suficiente dinero para adquirir armas y facilitaría su acrecentamiento con la venta de sus propiedades.
La actividad conspirativa de Aguilera, se ha querido atribuir a una supuesta ruina económica, pues tenía adeudos. Estos, sin embargo, eran créditos solicitados para sus empresas; revelaban un espíritu de avanzada, en acuerdo con la creencia capitalista de que el financiamiento en base a la obtención de préstamos tiende a agilizar la circulación monetaria. Un análisis del valor de venta de las fincas e industrias indica que hubiera podido saldar la cuenta sin gran dificultad.
Aguilera tenía la oportunidad de alzarse an­tes del 10 de octubre, fecha prevista por Cés­pedes y aceptada por muchos, sin embargo optó por apoyar al líder de los manzanilleros. Su incorporación influye en los alzamientos masivos que se sucedieron. Con una frase lapidaria acalló los ánimos de aquellos que llamaban a la desunión y la sedición cuando les dijo: “Aca­temos a Céspedes si queremos que la Re­vo­lución no fracase”.
Luego de la quema de Bayamo, en enero de 1869, algunos de sus amigos se quejan de las consecuencias del hecho para sus propiedades y responde: “Nada tengo mientras no tenga pa­tria”.
Los combates que desarrolla durante la gue­rra de 1868 denotan que domina el arte militar. El 8 de mayo de 1869 es nombrado Ge­neral en Jefe del Ejército en Oriente. En 1870 la Cámara de Representantes lo designa Vice-Presidente de la República y en desempeño de estas funciones Céspedes lo distingue como representante en la emigración, la cual se en­contraba profundamente dividida, lo que incidía en el arribo de expediciones con logística.
En 1871 parte a cumplir la misión. La emigración contribuirá definitivamente a radicalizar su pensamiento político, porque entra en contacto con una realidad diferente a la que se vivía en los campos de Cuba Libre. Muchos cubanos soñaban con la ayuda de los Estados Unidos.
Como resultado de las relaciones que estableció con políticos de aquella nación y ser víctima de promesas incumplidas, evasivas y de obs­táculos que hacen fracasar expediciones, lle­ga a la conclusión de que: “Ayudarán a Cuba cuando Cuba se haya ayudado a sí misma. Es­perar más que eso es una vaga ilusión”.
En esa etapa se define el perfil que conocemos de Aguilera. Las dificultades por las que atraviesa, la miseria en que vive junto a su familia, dejan estupefactos a quienes lo conocen, pero jamás renuncia a su pensamiento independentista, ni toma para beneficio propio un centavo del dinero entregado por los inmigrantes para financiar las cuatro expediciones que prepara.
Con él nace el pensamiento antillano en la historia de Cuba, plantea la creación de una Confederación, comparte una profunda amistad con el puertorriqueño Eugenio María de Hostos y le escribe: “Nosotros no podremos llamarnos verdaderamente libres, mientras la bandera española flote dominadora, sobre un pedazo de tierra americana”.
Recorre Europa y diversas ciudades de Esta­dos Unidos en busca de auxilios, pero poco puede lograr. En esta persistencia lo sorprende la muerte en Nueva York el 22 de febrero de 1877.
No vive Aguilera lo suficiente para ver consumada la independencia de su amada patria; tampoco la conclusión de la Revolución que inició, con la capitulación del Zanjón, la intervención norteamericana, y los gobiernos co­rrup­tos de la república neocolonial.
Aguilera trasciende como esposo y padre ejemplar, educa a su familia en la honradez y el pa­triotismo, ninguno milita en las filas del anexionismo, ni del reformismo; también por su sa­crificio y altruismo en favor de la independencia nacional.
José Martí emite la valoración más justa del patricio bayamés, lo califica como: “¡el millonario heroico, el caballero intachable, el padre de la república, Francisco Vicente Aguilera!”.

MsC. Ludín B. Fonseca García* | internet@granma.cu
Historiador de Bayamo