sábado, 13 de julio de 2024

Por lo menos 186.000 palestinos han sido asesinados en la Franja de Gaza desde octubre a la fecha


Según la revista The Lancet, fue exterminado el 8 % de la población gazatí. 

La terrible cifra la brinda el semanario médico The Lancet, tal vez el más prestigioso del mundo, publicado desde hace un siglo en Gran Bretaña, en su edición del 5 de julio pasado. 
 Este cálculo significa que aproximadamente el 8 por ciento de la población de la Franja ha sido asesinada por bombardeos aéreos, inanición o enfermedades y problemas de salud crónicos debidos a la falta de servicios básicos de salud. El sionismo ha sido y es implacable en la ejecución de la limpieza étnica de Palestina. 
 The Lancet explica que todas las guerras tienen consecuencias sanitarias indirectas más allá de quienes mueren por efecto de la violencia, pero que en el caso de Palestina esas muertes se multiplican por la destrucción masiva de las infraestructuras sanitarias; la grave privación de alimentos, agua y refugio; la incapacidad de la población para huir a lugares seguros y la pérdida de financiamiento de la RAWA, la Oficina de Naciones Unidas para los refugiados palestinos, una de las pocas organizaciones humanitarias que aún están en el territorio.
 En este contexto, advierten, “seguirá habiendo muchas muertes indirectas en los próximos meses y años por causas como las enfermedades reproductivas, transmisibles y no transmisibles”.
 La escalofriante cifra a la que llega la revista surge de un cálculo que ella misma califica como “conservador”. The Lancet explica que hay acuerdo en que en los conflictos recientes por cada víctima detectada se produjeron entre 4 y 15 muertos más. Llega así a los 186.000 palestinos asesinados cuadruplicando, o sea, con la más baja de las opciones. 
 Si se utiliza un indicador más alto, el número de víctimas podría alcanzar a decenas y cientos de miles. Una proporción de diez muertes indirectas por cada muerte directa, aún dentro del rango de “conflictos recientes” citado por The Lancet, produciría una estimación de más de 400.000 muertes. 
 Y señala que “es esencial un alto el fuego inmediato y urgente en la Franja de Gaza, acompañado de medidas que permitan la distribución de suministros médicos, alimentos, agua potable y otros recursos para las necesidades humanas básicas”.
 Para encontrar ejemplos comparables al genocidio palestino, hay que remontarse a la invasión nazi a la Unión Soviética, que exterminó 500.000 personas en seis meses.
 La masacre perpetrada por el Estado sionista solo es posible por la provisión constante de armas desde Estados Unidos, Alemania y otros países. El 69 % de las importaciones armamentistas israelíes provienen de EE.UU., y eso incluye “unas 14.000 bombas de 2.000 libras, que pueden aplanar varios edificios a la vez”. El otro 30 % proviene de Alemania. 
 A las armas de destrucción masiva que han arrasado con por lo menos la mitad de las viviendas y aniquilado la infraestructura sanitaria y educativa, hay que sumarle el uso de la hambruna como elemento bélico. La prohibición del ingreso de alimentos y la destrucción deliberada de los campos de cultivo y el ganado ha llevado a que uno de cada cinco gazatíes “pase días enteros sin comer nada”. Nada. Más de la mitad de la población no tiene alimentos para comer en casa y el 96 % se enfrenta a la inseguridad alimentaria a niveles de “crisis”, que es la fase tres en la escala de cinco fases del IPC, dice la ONU. 
 La utilización del hambre como arma de guerra, prohibida por la legislación internacional, ha contado con el beneplácito de los aliados de Netanhayu. El portal de WSWS recuerda que el recién elegido primer ministro británico Keir Starmer hizo la infame declaración en una entrevista de radio el año pasado de que Israel tiene el “derecho” de cortar la electricidad, el agua, el combustible, los suministros médicos y alimentarios a Gaza en nombre de la “autodefensa”.
 El 24 de julio, Netanhayu, el carnicero de Tel Aviv, visitará Washington para proporcionar un informe a los demócratas y republicanos que lo invitaron sobre cómo progresa la “solución final” de la cuestión palestina en Gaza. Hoy, ordenó la evacuación de la ciudad de Gaza, entre cuyos escombros viven todavía 250.000 palestinos. En los últimos días han bombardeado escuelas-refugio. 
 Solo la clase obrera puede frenar esta barbarie. 

Olga Cristóbal 
 11/07/2024

Estados Unidos: Boeing se declara culpable para evitar un juicio oral


Rechazo de las familias de las víctimas.

 La empresa de aeronaves Boeing, la más grande del mundo, ha llegado a un acuerdo con el Departamento de Justicia estadounidense (DOJ, por sus siglas en inglés) por el cual se declara culpable por dos accidentes fatales protagonizados por su modelo 737 Max, ocurridos en 2018 y 2019, en los que murieron 346 personas. El acuerdo incluye el pago de una multa por 482 millones de dólares -el tope legal- y una inversión durante los próximos 3 años de 500 millones de dólares en seguridad y otros protocolos. La supervisión estará a cargo de un observador externo independiente que presentará informes anuales a la justicia de Texas, donde se procesa la denuncia, y a la Administración Federal de Aviación (FAA).
 El acuerdo, bien mirado, es una tentativa de rescate de la compañía. Aquellas catástrofes hicieron que la empresa ingrese en una espiral de contratos caídos o cancelados relacionados al modelo Boeing 737 MAX 8. La denuncia principal, realizada por los fiscales en 2021, incluye el cargo de conspiración por la presentación de información incompleta sobre fallas presentadas por el sistema de vuelo MCAS, implicado en ambos accidentes. Ahora, la firma del acuerdo de culpabilidad la exime de enfrentar juicios orales a la empresa, aunque no inhibe causas particulares contra los directivos y CEO de la compañía. 
 Durante los últimos años de la gestión Trump, Boeing había alcanzado otro acuerdo con la FAA para evitar ser judicializada. Debía evitar cumplir con diversos protocolos y contemplaciones de seguridad así como estándares en cualquier avión dependiente de la empresa. Este convenio se vino a pique cuando, en enero, un avión de la empresa Boeing sufrió un accidente a los pocos minutos de despegar que casi ocasiona otro caso fatal. El avión, con bandera de Alaska Airlines, había despegado del aeropuerto de Oregon cuando explotó parte de la puerta del mismo. 
 Las familias han rechazado el acuerdo, sosteniendo que no fueron consultadas sobre su redacción, ni siquiera sobre las negociaciones entabladas. Paul Cassell, abogado de más de una decena de familias, señala que el acuerdo alcanzado no responsabiliza a la empresa sobre las 346 muertes. “A través de la astuta abogacía entre Boeing y el Departamento de Justicia, se están ocultando las consecuencias mortales del crimen de Boeing” (The New York Times, 8/7). En un documento presentado al juzgado, familiares anticiparon su intención de “argumentar que el acuerdo con Boeing hace concesiones injustas a Boeing que otros acusados criminales nunca recibirían y no responsabiliza a Boeing por la muerte de 346 personas”. Cassell pidió al juez que evalúa el acuerdo que "rechace esta declaración de culpabilidad inapropiada y simplemente convoque un juicio público, para que todos los hechos que rodean el caso se expongan en un foro justo y abierto ante un jurado" (BBC, 8/7). En el pasado mes de junio, le exigió a la administración Biden que imponga a la compañía sanciones por 24.000 millones de dólares en reconocimiento de lo que describió como "el delito empresarial más mortífero de la historia de Estados Unidos". 
 Boeing se encuentra íntimamente ligada a la Defensa estadounidense. Sólo en 2022 firmó contratos por 14.000 millones de dólares. El 40 % de sus contratos e ingresos se encontraron, en 2023, ligados al aparato militar estadounidense. Un senador republicano, Ron Johnson, expuso su preocupación en una audiencia pública sobre sanciones tan bruscas a una empresa vital para la economía y la defensa del país: "No queremos pensar que hay condiciones en estos aviones que realmente deberían obligar a los entes reguladores a dejarlos en tierra, con lo que eso haría a nuestra economía, lo que eso haría a la vida de las personas" (idem).
 Las causas e irregularidades de Boeing no se terminan en este juicio. La FAA decretó en los últimos días que 2.600 unidades de la empresa deben ser revisadas inmediatamente por fallas en las máscaras de oxígeno. Otro de los abogados de las familias, Robert A. Clifford, asegura que en “los últimos cinco años se ha presentado mucha más evidencia que demuestra que la cultura de Boeing de poner el lucro por encima de la seguridad no ha cambiado. Este acuerdo de culpabilidad no hace sino fomentar ese objetivo corporativo” (Clarín, 9/7). 
 La profunda relación entre Boeing y el Estado norteamericano quedó expuesto en cada paso de la investigación. Un juicio público y oral hubiera expuesto hasta qué punto el responsable directo de todas las irregularidades han sido las diversas administraciones republicanas y demócratas. Las apelaciones a la centralidad de Boeing en la economía norteamericana debe entenderse como un punto neurálgico de la estructura aeroespacial de los Estados Unidos, en momentos en que se intensifican los escenarios bélicos en diversos puntos del globo. Boeing ha sido de las empresas más predispuestas en ponerse al servicio de la provisión de aviones a Ucrania en su combate contra Rusia.
 En el país de la libertad, florece la impunidad del capital contra los trabajadores. 

 Joaquín Antúnez 
 10/07/2024

jueves, 11 de julio de 2024

La OTAN contra el sur global


La OTAN celebró su 75 aniversario con el objetivo de impedir que el orden global continúe su transformación y se consolide un modelo multilateral alternativo, con centro económico en el sudeste asiático y geopolítico en el denominado Sur Global. La Alianza Atlántica busca blindar el unilateralismo y el derecho de Occidente a instituir bloqueos y sanciones a quienes no se someten a sus prerrogativas geopolíticas. En 1949, una docena de países se asoció para enfrentarse al Pacto de Varsovia y especialmente a la Unión Soviética. El comunismo dejó de existir en Europa Oriental en la década de los´90 del siglo pasado y, sin embargo, la OTAN no disminuyó su presencia. Por el contrario, la incrementó. Al inicio del presente siglo el propio Vladimir Putin solicitó el ingreso de la Federación Rusa a la OTAN. La respuesta fue negativa. A esa altura, todos los actores dedujeron que el enemigo a ser desintegrado era el gigante euroasiático. Hoy son 32 los socios de la alianza militar occidental.
 Vladimir Putin y los militares rusos decidieron romper el cerco para evitar la repetición de aquella traición sufrida en 1941, cuando la invasión nazi dejó 28 millones de muertos a la URSS. Esta es la tercera vez que Occidente busca debilitar y/o desmembrar al país más extenso del mundo, poseedor de recursos naturales incalculables. La primera de ellas fue comandada por Napoleón Bonaparte. La segunda fue la ordenada por Adolf Hitler: los rusos parecen saber de asedios, ataques y cercos.
 La guerra en Ucrania se inició con el golpe de Estado de 2014, que proscribió a los partidos políticos rusohablantes. Se ahondó con la masacre de la Casa de los Sindicatos, en Odesa, donde fueron quemados vivos medio centenar de manifestantes que recordaban la victoria del Ejército Rojo. Se reforzó con las persecuciones en el Donbas y con las amenazas de Kiev de emplazar baterías de misiles de la OTAN a 600 kilómetros de Moscú. En 2018 el gobierno golpista de Kiev decidió designar al ex integrante de las SS, Joseph Bandera como héroe nacional ucraniano. El emplazamiento de su monumento fue considerado por quienes recuerdan la Batalla de Stalingrado como como una declaración de guerra.
 Hace tres años se inició la denominada Operación Militar Especial, decidida por Moscú para romper el cerco desplegado por la OTAN. El actual secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg (foto, der., junto a Zelenski)–que concluirá su mandato el próximo primero de octubre–, se sinceró en el primer día de la cumbre, al advertir que la posible victoria de Moscú en el campo de batalla supondría un cambio integral del escenario global: “El resultado de esta guerra –asumió– dará forma a la seguridad global durante décadas.” 
 Lo que el titular de la Alianza Atlántica ocultó es que los BRICS, sobre todo China y Rusia, se atrevieron a desafiar el globalismo unilateralista controlado por la Tríada del Poder Real: las transnacionales, los centros financieros internacionales y el Complejo Militar Industrial. Y que las organizaciones que le brindan cobertura (la OTAN, el G7, el FMI y el Banco Mundial) empieza a perder capacidad relativa de injerencia en el Sur Global. Por eso la contienda bélica en Europa Oriental enfrenta a Moscú contra Ucrania más los 32 países que integran la OTAN. Eso explica la presencia de 12 mil oficiales y reclutas de 84 países alistados en los regimientos de Kiev, contratados para combatir contra las tropas rusas.
 Los miembros de la Alianza llegan a su 75 aniversario con fragilidades y apatías en el mismo lapso en el que Moscú continúa su avance paciente y meticuloso en el campo de batalla. La reunión que se desarrolla en el auditorio Andrew W. Mellon, el mismo lugar donde Harry Truman organizó la primera Cumbre en 1949, lo hace bajo cuatro condicionamientos, identificados como debilidades:
 (a) El anfitrión Joe Biden exhibe claras señales de deterioro cognitivo mientras su oponente Donald Trump se muestra desconfiado de la OTAN y crítico de Volodimir Zelensky. 
 (b) El mandatario húngaro y líder de la derecha europea Victor Orban se desvinculó del énfasis guerrerista de Washington y Bruselas. Orban viajó a Moscú para entrevistarse con el presidente ruso mientras las usinas de propaganda otantistas buscan difundir la imagen de un Putin aislado.
 (c) La crisis económica que viven los europeos –producto del encarecimiento de la energía y los alimentos–, ha deteriorado el vínculo de las ciudanías. Desde el inicio de la guerra en febrero de 2022 los aliados han invertido un total de 120 mil millones de dólares en asistencia a Kiev. 
 (d) El Nuevo Frente Popular de Jean-Luc Mélenchon y la ultraderecha francesa de Marine Le Pen se han diferenciado de forma explícita del énfasis guerrerista de Emmanuel Macron. Siete de cada diez franceses se ubica en las antípodas de las pretensiones de la OTAN. 
 En el ágape brindado a los periodistas que cubrieron la Cumbre en el Mellon Auditorium, a escasos 200 metros de la Casa Blanca, un periodista nacido en San Petersburgo –entonces Leningrado– comentó: “Sucede que la Federación Rusa no tiene día de la independencia. Es que nunca fue sometida y nunca dependió de nadie”. 

 Jorge Elbaum
 11 de julio de 2024

Cumbre de la Otan: expansionismo “Nato”


La cumbre se realiza en Washington

 “Amplié la Otan, fortalecí la Otan. Me aseguré de que estemos en una posición en la que tengamos una coalición de naciones alrededor del mundo para lidiar con China, con Rusia, con todo lo que está sucediendo en el mundo”, dijo en una entrevista televisiva el presidente norteamericano Joe Biden, en el marco de la cumbre de la alianza atlántica en Washington que celebra en estos días los 75 años del organismo. Biden tiene sus razones para el autobombo: con su candidatura desafiada desde sectores del establishment (como New York Times y The Economist) y del propio Partido Demócrata, que no solo ponen en duda su capacidad para derrotar a Donald Trump en noviembre sino sobre todo para gobernar cuatro años más, busca dar una señal de vigor para relanzar su carrera reeleccionista. En otra entrevista, el mandatario pidió expresamente que se lo juzgue por su desempeño en esta cumbre que se encuentra en desarrollo, en vez de por su tropiezo en el debate con el magnate. 
 La frase de Biden resume los objetivos y temores de la Otan (Rusia y China) y su expansionismo “nato”, si uno se permite jugar con las palabras (Nato son las iniciales en inglés de la alianza). La alianza militar es una pieza fundamental en los propósitos del capital imperialista de proceder a una colonización económica en gran escala de los ex Estados obreros. 
 Tras el estallido de la guerra en Ucrania, la Otan sumó a Finlandia y Suecia como socios, lo cual brinda al club imperialista una plataforma sobre el Báltico (la isla de Gotland) clave en un potencial enfrentamiento directo con el Kremlin. Biden se jacta de esta ampliación y del incremento del gasto militar: en los últimos dos años, se duplicó el número de miembros de la Otan que cumplen o superan el piso fijado por los estatutos (el equivalente al 2 por ciento del PBI). Además, se fueron desplazando más tropas a Europa del Este, en la frontera con Rusia.
 La Otan nació en 1949, agrupando a 12 Estados (Estados Unidos, Bélgica, Canadá, Dinamarca, Francia, Islandia, Italia, Luxemburgo, Noruega, los actuales Países Bajos, Portugal y Reino Unido), y hoy cuenta con 32 miembros. En 1952 sumó a Grecia y Turquía (rivales entre sí), en 1955 a Alemania Occidental, y en 1982 a España. Pero el gran salto en el número de integrantes se dio tras la caída del Muro de Berlín, cuando plegó a algunos ex Estados obreros que antes habían sido parte del Pacto de Varsovia. En 1999, precisamente, se incorporaron Hungría, Polonia y la República Checa. En una oleada sucesiva, la de 2004, se integraron los países bálticos (Estonia, Letonia, Lituania), Eslovaquia, Eslovenia, Bulgaria y Rumania. En 2009 fue el turno de Croacia y Albania. En 2017, de Montenegro. Y en 2020, de Macedonia del Norte. 
 La Otan bombardeó la ex Yugoslavia y participó de las invasiones de Afganistán e Irak. Las propuestas de integrar a Ucrania y Georgia al club, terminando de configurar un cerco sobre Rusia, fueron uno de los detonantes de la actual guerra de Ucrania, donde Putin, no está de más aclararlo, pone en evidencia sus propios apetitos de dominio sobre el este europeo. 
 Aunque una membresía de Ucrania está descartada en el cónclave de Washington, ya que podría desencadenar una guerra abierta con el Kremlin (el artículo 5 de la Otan habilita a los Estados miembros a recurrir al auxilio del resto del club en caso de agresión, lo que podría ser invocado por Kiev), no se cierra la puerta a dar pasos en esa dirección y entregar mayor armamento. La semana pasada, el secretario general de la alianza, Jens Stoltenberg (que pronto será reemplazado en el cargo por el exprimer ministro holandés Rutte), dijo que la Otan proporcionó 43 mil millones de dólares anuales al régimen de Zelensky desde que empezó la guerra (El País, 9/7). El gobierno de Zelensky, quien se reunirá en forma bilateral con Biden esta semana, es un títere de la Otan. Además de los socios plenos, la cumbre tiene como invitados a Japón, Corea del Sur, Australia y Nueva Zelanda, claves en la disputa con China. En paralelo, Beijing y Bielorrusia iniciaron ejercicios militares conjuntos. 
 La cumbre de la alianza atlántica es un eslabón más de las tendencias a una nueva guerra mundial. La reciente reunión internacionalista realizada en Buenos Aires con delegaciones de diez países discutió un plan de acción frente al horror de la guerra imperialista y los gobiernos del hambre.

 Gustavo Montenegro

miércoles, 10 de julio de 2024

Fidel: En los tiempos difíciles es cuando realmente se prueban los hombres y las mujeres


La Milei francesa fue derrotada, la izquierda salta al primer lugar


La importancia de movilizar con una agenda de los trabajadores.

 En un nuevo giro en la situación de Francia, el frente de la izquierda institucional -Nuevo Frente Popular- se alza como primera minoría tras el balotaje legislativo, quedándose con cerca de 200 de los 577 escaños. 
 La ultraderecha de Marine Le Pen y su delfín Jordan Bardella, que habían sido la fuerza más votada la semana pasada, reciben un golpe y solo logran unos 130 o 140 diputados, retrocediendo al tercer lugar. 
 Las fuerzas que responden al actual presidente Emmanuel Macron quedan segundas con sus 160 representantes. Casi cien menos que en el periodo anterior. 
 El Nuevo Frente Popular (un acuerdo entre La Francia Insumisa de Jean-Luc Mélenchon, el Partido Socialista, el Partido Comunista, los Verdes y otros) operó como el recurso electoral que tuvieron a manos millones de trabajadores y activistas para sacarse de encima a la ultraderecha más rancia. 
 Pocos días atrás, el Nuevo Frente Popular había llegado a un acuerdo por un Frente Democrático, retirando sus candidaturas de aquellas circunscripciones donde eran terceros en favor de Macron. Pero debe decirse que el rendimiento de la izquierda fue superior a la de los macronistas, ganando la mayoría de sus duelos, especialmente en su versión más radical con los seguidores de Mélenchon. Su fuerza, La Francia Insumisa, contará con la mayoría de los escaños del bloque.
 El discurso triunfal de Jean-Luc Mélenchon fue una convocatoria explícita a movilizarse en defensa del lugar obtenido. Afirmó que los resultados dictaminan que su fuerza debe colocar primer ministro. Y que, una vez en el cargo, gobernaran por decreto para hacer efectivos los ejes de su programa. Aumento del salario mínimo, retiro de la reforma jubilatoria, convocatoria a paritarias por rama (una virtual vuelta atrás de la reforma laboral). En política exterior, reconocimiento del Estado palestino.
 El evento cerró cantando la Internacional. Poco después de finalizar el acto, la policía de Macron reprimió con bestialidad a los manifestantes que aún continuaban en la plaza. La carátula mediática fue “disturbios”. 
 Hacia adelante, el punto nodal será la elección del primer ministro. La nueva Asamblea Nacional sesionará el 18 de julio. Pero, sin mayorías claras, están abiertas múltiples combinaciones. 
 Un primer recuento de los escaños, en base a los acuerdos previos, debería dar lugar a un primer ministro de La Francia Insumisa de Jean-Luc Mélenchon, la fuerza mayoritaria del Nuevo Frente Popular, con el voto positivo del macronismo. Pero no es claro aún que la burguesía esté dispuesta a permitir ese paso –al menos no sin garantías muy firmes. 
 Durante los próximos días asistiremos a todo tipo de chantajes para que, en nombre de la concordia, se acepte una candidatura de conceso. Si fracasa, queda en el aire el planteo de un gobierno técnico, como ocurrió en Italia. 
 Debe notarse que fue el intenso nivel de presión popular contra la ultraderecha lo que llevó a sectores enrolados en la fuerza política de Macron, a último momento, a virar de su posición original de ambigüedades y desistir de sus candidaturas donde había salido tercero. 
 El resultado electoral ahonda la crisis política. Se trata de lo contrario a su objetivo original. Macron, en una jugada temeraria, había convocado elecciones anticipadas para forzar un realineamiento en torno suyo contra la ultraderecha de Le Pen. Pero el escenario se dio vuelta y es ahora la izquierda la que capitalizó la pelea contra la ultraderecha. Es un fracaso de la campaña del presidente francés “contra los extremos”.
 El Nuevo Frente Popular, a pesar de tener en la agrupación de Mélenchon planteos más radicales que muchos de sus pares europeos, no es una fuerza revolucionaria ni de independencia de clase. Su programa no toca en forma decisiva al gran capital. Tampoco se propone un combate en regla contra los fachos. En torno a Ucrania, defiende el envío de tropas, al igual que los puntos nodales de la política colonial francesa.
 La derrota de Le Pen en las elecciones francesas se suma a la de los conservadores en Reino Unido -dos ídolos de Javier Milei. Esta última dio lugar, por su parte, a un triunfo arrollador de los laboristas. Estamos frente a un escenario volátil, con giros a derecha y también a izquierda. La crisis en Francia, sin mayorías claras y con una victoria frentepopulista, podría generar un cuadro de movilizaciones, tal como ya vimos con la lucha contra la reforma jubilatoria. 
 El desafío para los revolucionarios en Francia pasa por intervenir en este nuevo escenario con una agenda de la clase obrera. Entran en primer plano las reivindicaciones de los trabajadores. Para ser satisfechas, no basta con promesas, sino que será necesario rebalsar el marco electoral en el cual hoy están comprimidas y golpear al capital a través de la acción directa y pavimentando el camino de la huelga general.

 Luciano Arienti