domingo, 15 de febrero de 2026

James Petras (1937–2026): una voz de clase contra el imperio


James Petras falleció pacíficamente el 17 de enero de 2026 en Seattle, Washington, rodeado de su familia. Prolífico académico y activista, dedicó su vida a desafiar el poder, el imperialismo y la desigualdad. Su muerte irrumpe en un momento en que América Latina vuelve a estremecerse bajo el peso de reformas antiobreras, militarización interna y ofensivas abiertas del capital financiero. No es un dato menor: Petras dedicó su vida a demostrar que el imperialismo no es una metáfora ni una consigna, sino una estructura concreta de dominación que articula capital transnacional, Estados subordinados y élites locales asociadas. Nacido en Boston en 1937, formado en la Universidad de Boston y doctorado en Berkeley, profesor en Binghamton University, fue más que un académico prolífico; fue un intelectual militante que eligió intervenir en la lucha de clases latinoamericana con nombre y apellido.
 Su obra sobre el imperialismo en el siglo XXI, la recolonización financiera y el papel de las burguesías compradoras anticipó procesos que hoy se despliegan con brutalidad. Mientras el progresismo administraba la transición al neoliberalismo y la derecha perfeccionaba su aparato represivo, Petras insistía en que el modelo no era un error técnico sino el resultado de una derrota histórica de la clase trabajadora. Denunció que el neoliberalismo no avanzó solo por decretos del FMI o del Banco Mundial, sino también por la construcción de una red capilar de mediaciones “sociales” que desactivaron la confrontación directa. 
 En Chile esa advertencia tuvo un rostro preciso. Durante la transición pactada, las ONG proliferaron al calor del financiamiento extranjero y del discurso de la “sociedad civil” como sustituto del poder popular. Muchas de ellas, que en los años de dictadura cumplieron tareas humanitarias valiosas, fueron progresivamente reconvertidas en engranajes de una arquitectura política destinada a administrar la pobreza, fragmentar la organización obrera y reemplazar la lucha de clases por proyectos, talleres y microemprendimientos. La desmovilización social que acompañó la consolidación del modelo neoliberal no puede comprenderse sin ese dispositivo que, bajo lenguaje progresista, operó como correa de transmisión del plan imperialista: contener, canalizar y neutralizar el conflicto para garantizar la estabilidad del mercado y el pago disciplinado de la deuda.
 Petras fue implacable en esa crítica. Señaló cómo la financiación condiciona agenda, método y horizonte político; cómo el énfasis en la autoayuda desplaza la responsabilidad estatal; cómo la cooperación internacional se convierte en subordinación estructural. Su denuncia no fue una diatriba moral sino un análisis material: cuando el movimiento obrero es reemplazado por gestores de proyectos, cuando la solidaridad de clase es sustituida por la competencia por fondos, el capital gana sin necesidad de tanques. La experiencia chilena de los noventa y dos mil confirmó esa tesis con creces. 
 Al mismo tiempo, su defensa del análisis de clase frente al culturalismo fragmentario mantiene plena vigencia. La precarización masiva, la informalidad y el desarraigo no disolvieron la explotación; la reconfiguraron. La tecnología no abolió la clase trabajadora; la sometió a nuevas formas de control y autoexplotación. El antiimperialismo no se volvió obsoleto con el fin de la Guerra Fría; se profundizó con la financiarización global y el extractivismo intensificado. En ese sentido, la figura de Petras reaparece hoy cuando se anuncia una nueva vuelta de tuerca autoritaria en Chile bajo la figura de José Antonio Kast, expresión descarnada de un proyecto que combina liberalización económica, disciplinamiento social y alineamiento geopolítico sin matices. 
 Pero honrar a Petras no significa canonizarlo. Su obra debe leerse críticamente, discutirse, tensionarse allí donde simplificó o donde su polémica fue más amplia que rigurosa. Justamente porque fue un intelectual de combate, su legado exige el mismo tratamiento que él reclamaba para el marxismo: análisis concreto de la situación concreta, sin dogmas ni concesiones. Leer a Petras hoy implica volver sobre sus textos sobre imperialismo, ONG y clase, confrontarlos con la experiencia acumulada y utilizarlos como herramientas para reorganizar una oposición de clase frente a la ofensiva que se despliega. 
 En un momento en que la derecha radicalizada pretende convertir la regresión social en programa de gobierno y en que amplios sectores del régimen se disponen a colaborar en nombre de la gobernabilidad, la mejor despedida para James Petras no es el homenaje ritual, sino la acción consciente. Leerlo, criticarlo, actualizarlo y superarlo allí donde sea necesario es parte de la tarea de recomponer una estrategia antiimperialista y obrera capaz de enfrentar el proyecto que hoy personifica Kast. Porque si algo sostuvo Petras hasta el final fue que sin organización independiente de los explotados no hay soberanía, no hay democracia real y no hay futuro para los pueblos. 

Fernando López MacKenzie

sábado, 14 de febrero de 2026

Cuba: sin perdón al colaboracionismo


Bad Bunny en el Super Bowl: un potente espejo de la rebelión que cruza a los Estados Unidos


La reciente actuación del cantante de origen puertorriqueño Benito Martínez Ocasio, conocido popularmente como “Bad Bunny”, ha generado un revuelo internacional. De origen obrero, Martínez Ocasio trabajaba a tiempo completo empaquetando comida en un supermercado, hasta que logró su inserción al gran circuito musical. Los ambientes que transita el cantante durante los casi 14 minutos de espectáculo muestran las zonas de cultivo de azúcar en el norte de Puerto Rico; los comercios callejeros de las zonas urbanas de la isla y la ya famosa “Casita” que imita a un típico hogar de trabajadores. Es muy conocida por ser una parte esencial de las escenografías de sus conciertos. 
 Las canciones del autor fueron acompañadas por una amplia gama de otras estrellas destacadas en Estados Unidos y del mundo, de origen latino. Desde dos púgiles, Xander Zayas, puertorriqueño de 23 años, campeón unificado del peso superwelter y considerado la mayor figura actual del boxeo en la isla, y el pugilista mexicano estadounidense Emiliano Vargas, hasta destacados cantantes y estrellas de Hollywood como el actor chileno Pedro Pascal, la actriz Jessica Alba, la cantante colombiana Karol G, la rapera estadounidense Cardi B, la rapera puertorriqueña Young Miko y la personalidad televisiva estadounidense Alix Earle. 
 Otras apariciones de alto nivel incluyeron a Lady Gaga, de amistad muy reconocida con el cantante, que interpretó la canción “Die with a smile”, para luego compartir un baile sobre el escenario con Bad Bunny. Otro destacado cantante puertorriqueño, Ricky Martin, interpretó partes de la canción “Lo que le pasó a Hawái”, que denuncia el proceso de gentrificación de la isla, así como el desplazamiento del poder de la población nativa de origen polinesio hacia fines del siglo XIX, cuando fue anexada por los Estados Unidos. Hawái ocupa un lugar especial en la historia estadounidense puesto que en 1993 el Congreso norteamericano dictaminó a la anexión de la isla como ilegal y “reconoció que antes de ser incorporado a Estados Unidos, "el pueblo nativo hawaiano vivía en un sistema social altamente organizado y autosuficiente basado en la tenencia comunal de la tierra" (BBC, 15/03/2025). 
 En otros pasajes del show, Benito Martínez Ocasio repasó varios sitios típicos de la comunidad puertorriqueña en Nueva York a la cual ha dedicado la canción “Nuevayol”. Una de las escenas más vibrantes estuvo marcada por el gesto de Bunny de entregar su Grammy, ganado hace una semana, a un pequeño niño de cinco años, acompañado por sus padres migrantes. El público, que se deshizo en aplausos y ovaciones en el estadio, inicialmente creyó que sobre el escenario estaba el pequeño Liam Ramos, detenido por el ICE (agentes migratorios) en Minnesota junto a su familia. Más tarde, la prensa confirmó que se trataba de un pequeño actor con madre argentina-estadounidense y padre inmigrante egipcio. El gesto se ha interpretado como una continuidad del mensaje en la gala de premiación en los propios Grammy, cuando el cantante denunció el accionar del ICE y del presidente Donald Trump.
 Para el cierre del show incluyó una de las canciones de su último disco “Debí tirar más fotos” -que reivindica de principio a fin la independencia de Puerto Rico, así como sus raíces proletarias. “El apagón”, por ejemplo, denuncia el corte de suministro eléctrico que sufrió la isla tras el huracán María, golpeando fuertemente a la población trabajadora en 2017. Los bailarines escenificaron la situación bailando sobre postes chispeantes y Bunny levantando una bandera del movimiento independentista de Puerto Rico. El cierre culminante fue una manifestación de los artistas, bordeando el estadio, portando banderas de los diferentes países del continente, con Bad Bunny nombrando a todas las naciones sin excepción y un “touchdown” que reivindicaba la unidad continental. 

 Resonancia

 Mundialmente, pero con mayor fuerza aún en Estados Unidos, la actuación de Bunny ha sido considerada como una “bofetada” a Donald Trump y su política fascista contra los migrantes. El propio magnate reaccionó en vivo contra el espectáculo, señalando que era una ofensa a la cultura norteamericana. Señaló que el show en español era una ofensa al pueblo estadounidense “que no entiende ni una palabra”. Incluso, llegó a definir a los bailes sobre el escenario como una “acción indecente” para las familias y niños que miraban el show. En su ataque a Bunny, Trump no dejó de filtrar su defensa de la “pureza racial y cultural” yanqui, con la que alimenta su persecución a los trabajadores migrantes. 
 Antes de que tuviera lugar, el presidente ya se había manifestado en oposición rotunda al show de Bunny. Sus seguidores del “MAGA” organizaron un “contra medio tiempo” (All American Halftime Show) a miles de kilómetros de California. Allí se observaron bandas folk y seguidores del movimiento iniciado por el asesinado Charlie Kirk, Turning Point USA, que se transmitió de manera paralela al show oficial de la NFL (la organizadora del Super Bowl). El mismo no reunió la cantidad de espectadores presenciales que había prometido y sus visualizaciones fueron 100 veces inferiores al de Bad Bunny. 
 El arte y los artistas suelen ser un reflejo de los procesos políticos latentes en las masas o del desarrollo de los mismos. Sin decirlo, la presentación de Bad Bunny ha sido una celebración de las movilizaciones, huelgas y rebeliones que tienen lugar en Estados Unidos contra Trump y sus persecuciones fascistas. Bunny fue acompañado por un número elevado de cantantes y bailarines de origen latino, que se jugaron por esa misma perspectiva.

 Patio trasero 

El combativo show del latino Bunny contrasta con la genuflexión de los imperialistas o nacionales y populares que, a escala mundial, se acomodan a las exigencias de Trump. El show del superbowl trasmitió la temperatura política interior de los Estados Unidos. En el terreno electoral, el Partido Republicano ha mordido el polvo en más de 14 elecciones locales de vital importancia, incluida la aplastante victoria de Zohran Mamdani como alcalde de Nueva York. Trump se ha embarcado en el desarrollo de métodos de guerra civil contra su propia población. Estados Unidos es un epicentro de la crisis mundial en desarrollo. 

 Joaquín Antúnez 
 10/02/2026

miércoles, 11 de febrero de 2026

CON FILO | El cuartico está igualito



¿Como garantizar las Comunicaciones en tiempos de desafío energético?


Cuba amenazada de inanición y de invasión


El gusanaje de Miami en acción. 

 La prensa de Estados Unidos ha aportado cierta claridad acerca de las intenciones de la camarilla de Trump para Cuba. Mientras Trump reitera que su gobierno se encuentra en conversaciones con las autoridades políticas de la Isla con el propósito de imponer el remate del territorio al capital financiero norteamericano y en especial a sus grupos inmobiliarios, nada de esto está ocurriendo efectivamente. Díaz-Canel, el presidente de Cuba, ha manifestado en forma pública la disposición de su gobierno para atender a los planteos de Trump, aunque sin pre-condiciones ni violaciones de su soberanía. Todo este dimes y tirites es, sin embargo, insustancial, porque el gobierno norteamericano ha puesto en cuarentena a toda la Isla: el ‘resto del mundo’ ha aceptado integralmente interrumpir la provisión de petróleo a Cuba para evitar las sanciones económicas que Trump estableció mediante una orden ejecutiva. Cuba ha adoptado cortes de energía para evitar un colapso inminente o al menos dilatarlo. Cuba se encuentra sometida en la actualidad a un bloqueo económico mundial, respaldado la armada norteamericana en el Caribe que fuera desplegada contra Venezuela e indirectamente contra Colombia. 
 De acuerdo a algunos medios estadounidenses, Marco Rubio, descendiente de exiliados cubanos, habría bloqueado toda negociación con el gobierno de Cuba, operando incluso a espaldas de Trump. Este boicot sólo deja como alternativas la promoción de un golpe de estado desde el interior de Cuba o la invasión del territorio bajo la dirección del Pentágono. Para llevar la agresión a esos extremos, Rubio cuenta con el cese completo de la producción de energía, el colapso económico y la inanición. Cuba se ha visto obligada a interrumpir la vinculación aérea con el exterior debido a la carencia de fuel oil. Ha reducido, por los mismos motivos, los días laborables y el transporte de personas. El progreso que habría logrado en el desarrollo de energías renovables es cuestionado por algunas fuentes que aseguran que es inferior a Corea del Norte y hasta Haití y Afganistán. De cualquier modo, no podría lograr un autoabastecimiento por esas vías hasta dentro de cuatro años. 
 Rubio estaría repitiendo contra Cuba lo que logró en Venezuela, cuando el emisario de Trump (Richard Gillespie) logró de parte de Nicolás Maduro la aceptación de todas las condiciones exigidas de Trump, que Rubio objetó porque no incluían el apartamiento del gobierno y del país de Maduro mismo. En el caso de Cuba, sería algo similar: excluir, por caso a Díaz-Canel o a altos dirigentes de las empresas industriales y turismo, para diseñar un gobierno a dedo. No estaría en discusión la cesión del turismo y las actividades conexas (hoteles, playas, desarrollos inmobiliarios), sino la conversión de Cuba en un protectorado de facto o directamente en una colonia. Como una mayoría de observadores excluye la posibilidad de fragmentar al aparato castrista por medio de infiltraciones, lo que queda sería una invasión justificada en el estallido de una catástrofe humanitaria. Trump se autoconvence de su omnipotencia internacional al ver la facilidad con que México o Rusia han cedido a sus atropellos – en el caso de Rusia por el interés de mantener a Trump de su lado en el descuartizamiento de Ucrania. La guerra contra la OTAN en Ucrania ha desangrado políticamente a Rusia en el plano mundial. En el caso de China, que ha provisto a Cuba de activos de energía alternativa a la fósil, carece de la posibilidad de un despliegue militar a tanta distancia, cuando enfrenta, simultáneamente, una crisis severa en la cúpula de sus Fuerzas Armadas. 
 No se puede excluir en forma absoluta que Trump no se acomode esta vez a los propósitos de la gusanería de Miami, para evitar precisamente un envío de tropas al suelo cubano. Al final, un cántaro que es llevado numerosas veces a la fuente acaba por romperse. Pero sólo sería un acomodamiento temporal. 
 Es necesaria una movilización internacional de masas en defensa de Cuba y de la independencia política de Venezuela y de América Latina. En cierto estadio de su desarrollo, cuando la presente ofensiva imperialista enfrente una crisis sin salida, esta movilización habrá contribuido para liquidarla en forma revolucionaria. Ahora mismo, un escenario similar al cubano tiene lugar en Irán, donde Trump ha advertido de la inminencia de un ataque militar ante el impasse de las negociaciones para imponer un protectorado al régimen de los ayatollahs. El estado sionista, por su lado, ha exigido que se lo mantenga fuera de una represalia iraní, lo cual ha sido rechazado. No es claro aún si Trump quiere mantener separados los escenarios de Irán y Cuba o, si por el contrario, ha decidido activar el primero para que opere como una cortina de humo para el segundo. Trump se vale de esta política de guerra para proceder a una extorsión chovinista al electorado norteamericano y para desmantelar la resistencia hacia las redadas militares contra los inmigrantes y los trabajadores de Estados Unidos.

 Redacción Política obrera
 10/02/2026

martes, 10 de febrero de 2026