lunes, 28 de septiembre de 2026
Trump y Xi: una tregua corta en una rivalidad que sigue escalando
El acuerdo posterga los conflictos por los aranceles, las tierras raras y los semiconductores, mientras la disputa tecnológica y militar continúa agudizándose. La negociación revela los límites de un desacople entre dos economías estrechamente vinculadas, pero también la tendencia de la rivalidad a extenderse al conjunto de la crisis mundial capitalista.
La segunda cumbre del año entre Donald Trump y Xi Jinping concluyó con un resultado tan limitado como revelador: la tregua comercial que vencía en noviembre fue prorrogada por apenas dos meses. Washington y Pekín procuran evitar una ruptura que tendría consecuencias inmediatas sobre el comercio, la producción y los precios mundiales, pero ninguno de los dos gobiernos está dispuesto a abandonar los instrumentos de presión acumulados durante los últimos años. Una tregua de solo dos meses, es revelador de una reunión que no logró avanzar, están estancados en sus posturas. El despliegue protocolar no pudo encubrir la modestia de los acuerdos. Trump recibió a Xi con desfiles militares, sobrevuelos de aviones de combate y una cena a la que asistieron los principales ejecutivos de la industria tecnológica norteamericana. No hubo, sin embargo, un tratado comercial duradero ni una declaración conjunta capaz de fijar un rumbo estable. Consultado sobre el contenido de las conversaciones, Trump se limitó a celebrar que había sido una “gran reunión”.
La prórroga deja para más adelante las decisiones sobre los aranceles, las exportaciones chinas de minerales críticos, las compras de productos norteamericanos y las restricciones tecnológicas de Estados Unidos. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, reconoció que China cumple el compromiso de adquirir 25 millones de toneladas de soja, pero no alcanzaría la compra adicional de 17.000 millones de dólares en otros productos agrícolas. Washington también denuncia demoras en las entregas de tierras raras (Reuters, 24/9/2026).
La cumbre no normalizó las relaciones. Administró una crisis que ninguno de los dos gobiernos puede resolver sin afectar intereses económicos propios.
Una guerra comercial que cambió de terreno
Trump había proclamado que los aranceles obligarían a China a capitular. La ofensiva redujo las importaciones norteamericanas procedentes directamente de ese país, pero no produjo el resultado anunciado. Una parte de la producción se trasladó hacia otras naciones asiáticas o continuó ingresando a Estados Unidos mediante cadenas trianguladas. Pekín, mientras tanto, amplió sus exportaciones hacia Europa, América Latina y otros mercados. Al punto que China ahora tiene más superávit comercial que antes de los aranceles de Trump, 2024 y 2025 tuvo record histórico, se diversificó y amplio los productos exportados con mayor valor agregado (automóviles, etc).
Este superávit comercial de China en el pasado era invertido en Bonos del Tesoro de Estados Unidos hasta llegar a ser el mayor inversor (1,3 billones de dólares). La guerra comercial y las sanciones produjeron un viraje de las autoridades chinas que redujeron esas inversiones (ahora son solo de 0,7 billones), esto ha reducido la demanda de deuda y es parte de las razones de la suba de las tasas de interés actuales. China conserva un enorme superávit comercial y ocupa posiciones decisivas en numerosas cadenas industriales. Controla alrededor del 70% de la extracción mundial de tierras raras y más del 85% de su procesamiento. Las restricciones impuestas por Pekín a la exportación de algunos de esos materiales obligaron a empresas automotrices norteamericanas, europeas y japonesas a reducir o paralizar temporalmente su producción. La medida puso de manifiesto que China también puede explotar puntos vulnerables de la economía estadounidense.
Washington conserva ventajas fundamentales. Domina segmentos cruciales de la producción de semiconductores avanzados, controla junto con sus aliados buena parte de los equipos necesarios para fabricarlos y mantiene una superioridad abrumadora en el terreno financiero y militar. Las restricciones sobre la venta de chips y maquinaria buscan retrasar el desarrollo tecnológico chino. La autorización parcial para exportar determinados procesadores de Nvidia no modifica esa orientación. Permite sostener los negocios del monopolio norteamericano, pero mantiene el cerco sobre las tecnologías consideradas estratégicas.La guerra arancelaria se ha desplazado hacia un terreno más amplio: semiconductores, inteligencia artificial, minerales críticos, telecomunicaciones, energía y rutas comerciales. Detrás de las invocaciones al “comercio justo”, cada Estado defiende a sus propios grupos capitalistas y procura mejorar las condiciones económicas y militares de su competencia internacional.
La Junta Comercial anunciada en mayo, durante la reunión de Pekín, apenas avanzó. Se discutió una reducción recíproca de aranceles sobre unos 30.000 millones de dólares en productos, una cifra reducida frente al volumen del intercambio bilateral. La proyectada Junta de Inversiones tropezó con obstáculos todavía mayores. El capital chino teme que sus adquisiciones sean bloqueadas por razones de seguridad nacional, mientras sectores del Congreso estadounidense rechazan su ingreso en ramas consideradas sensibles.
Estas dificultades no son simples malentendidos diplomáticos. Resultan de una contradicción de fondo. Estados Unidos intenta limitar el ascenso tecnológico de China, pero sus monopolios continúan obteniendo ganancias en el mercado chino y dependen de proveedores instalados allí. Pekín busca reducir esa dependencia sin perder el acceso a los mercados, capitales y tecnologías que impulsaron su crecimiento.
La disputa por la inteligencia artificial
La inteligencia artificial ocupó un lugar importante en las conversaciones, aunque tampoco hubo acuerdos sustanciales. Xi sostuvo que ambos países debían garantizar que la IA permaneciera “bajo control humano”. Trump rechazó nuevas regulaciones y planteó que los eventuales abusos fueran tratados por el Departamento de Justicia. En la cena oficial participaron Sam Altman, de OpenAI; Jensen Huang, de Nvidia, y Sundar Pichai, de Alphabet (Reuters, 24/9).
La presencia de estos ejecutivos revela los intereses que recorren el debate. Las compañías norteamericanas reclaman libertad para desarrollar modelos más poderosos y protección estatal frente a sus competidores chinos. Las empresas estadounidenses quieren mayores subsidios, recordemos que el gobierno de Biden otorgó subsidios a la fabricación de “chips” en Estados Unidos y reducir la dependencia de los fabricados en Taiwán. Fueron destinatarios, Intel, Micron, Samsung; TSMC un total de 39 mil millones, ahora con el crédito escaso y mayores tasas claman por mayor auxilio. Las grandes empresas de China reciben subsidios, crédito público y respaldo diplomático para disputar el mercado mundial. Los dos gobiernos presentan la carrera tecnológica como una empresa nacional, pero sus costos recaen sobre los trabajadores mediante la intensificación laboral, la eliminación de empleos, la vigilancia y una concentración económica cada vez mayor.
Un canal de consulta podría ayudar a contener una crisis provocada por un incidente tecnológico o militar. No detendría, sin embargo, la carrera por el dominio de la IA. Washington y Pekín consideran que su desarrollo tendrá una influencia decisiva sobre la productividad, el armamento, la ciberseguridad y el control de la información. La cooperación queda subordinada a esa disputa.
No estamos en presencia de una confrontación ente un capitalismo privado norteamericano y un modelo chino supuestamente orientado hacia fines sociales. El Estado chino controla el crédito y conserva sectores estratégicos, pero utiliza esos recursos para sostener la acumulación capitalista, disciplinar a la clase obrera y favorecer la expansión de empresas estatales y privadas. La restauración capitalista no fue anulada por la intervención de la burocracia: encontró en ella uno de sus principales vehículos.
China tampoco es inmune a la crisis capitalista mundial. El prolongado colapso inmobiliario, del que aún no ha logrado salir, se combina con el elevado endeudamiento de los gobiernos locales y las empresas, la desaceleración económica y una creciente sobrecapacidad industrial. Sus efectos alcanzan directamente a los trabajadores: aumenta el desempleo, con especial gravedad entre los jóvenes, mientras la inseguridad sobre los ingresos y el empleo retrae el consumo interno. Esta debilidad empuja a Pekín a sostener la actividad mediante el crédito, la inversión estatal y una expansión de las exportaciones que, a su vez, profundiza los choques comerciales con Estados Unidos y Europa.
Taiwán, el punto más explosivoXi reclamó que Estados Unidos actuara con “prudencia” frente a Taiwán y expresó su expectativa de que Washington se opusiera explícitamente a la independencia de la isla. La exigencia supera la fórmula tradicional norteamericana, que declara no “apoyar” esa independencia, pero evita pronunciarse abiertamente en su contra.Trump no aceptó públicamente el cambio. Tampoco destrabó el paquete de armamento para Taiwán, valuado en 14.000 millones de dólares. La Casa Blanca mantiene la operación en suspenso y convierte la seguridad de la población taiwanesa en una pieza de negociación: puede autorizar las ventas para presionar a Pekín o demorarlas a cambio de concesiones económicas.
El gobierno chino, por su parte, intensifica los ejercicios militares alrededor de la isla y no renuncia a una anexión por la fuerza. Invoca el principio de unidad nacional, pero lo subordina a los intereses de un Estado burocrático que ha restaurado el capitalismo y niega cualquier intervención independiente de los trabajadores chinos y taiwaneses.Xi volvió a mencionar la “trampa de Tucídides”, la tesis según la cual el choque entre una potencia dominante y otra ascendente tiende a desembocar en una guerra. Propuso sostener los contactos militares y reforzar los mecanismos de prevención. El peligro es real. El mar de China, Taiwán y la península coreana concentran fuerzas navales, aéreas y misilísticas capaces de convertir una provocación o un error de cálculo en una crisis de alcance internacional.
Esto no significa que China haya desplazado a Estados Unidos como potencia dominante. El imperialismo norteamericano conserva una superioridad militar global, el control de las principales instituciones financieras y una red de alianzas que Pekín no posee. China alcanzó un peso industrial y comercial extraordinario, pero su economía permanece vinculada al mercado mundial, a la inversión extranjera y a circuitos financieros dominados por el capital internacional.
Pero esa simetría no implica que el gigante asiatico se haya convertido en un polo antimperialista ni que el hundimiento del viejo orden imperialista haya derivado en un supuesto nuevo orden “multipolar” progresivo.
Una tregua bajo la presión de la guerra
La cumbre se celebró en medio de la guerra contra Irán, la continuidad del conflicto en Ucrania y la creciente militarización del Indo-Pacífico. Washington pretende que China utilice sus relaciones con Teherán para favorecer una salida compatible con los intereses norteamericanos y garantizar la circulación del petróleo. Pekín depende fuertemente de las importaciones energéticas y necesita evitar una interrupción prolongada de las rutas del golfo Pérsico. Pero actuar abiertamente como auxiliar de Estados Unidos debilitaría sus propios vínculos internacionales.
China cuestiona las sanciones norteamericanas y mantiene relaciones con gobiernos sometidos al bloqueo de Washington, pero no encabeza un campo de ruptura con el orden capitalista. Participa del Fondo Monetario Internacional, de la Organización Mundial del Comercio y de los principales circuitos financieros. Los BRICS tampoco constituyen un bloque alternativo: reúnen Estados con intereses contrapuestos que actúan dentro de las instituciones y relaciones del mercado mundial.Estados Unidos, a su vez, no puede completar un desacople sin provocar fuertes dislocaciones en sus propias empresas. Numerosos monopolios dependen de proveedores chinos, venden una parte importante de su producción en China o utilizan sus plantas industriales. La ofensiva por disminuir esa dependencia convive con la presión de los capitalistas que quieren preservar sus negocios. Esa contradicción atraviesa a la administración Trump y explica, en parte, el movimiento pendular entre las amenazas y las treguas.
La extensión por dos meses permite ganar tiempo. Trump necesita contener los precios y mostrar algún resultado antes de las elecciones legislativas. Xi procura sostener las exportaciones y evitar que la ofensiva norteamericana agrave la desaceleración económica, la crisis inmobiliaria y las dificultades del mercado interno. Ninguno obtuvo una solución; ambos consiguieron una pausa.
Pero una pausa no modifica el contenido de la rivalidad. La lucha por mercados, materias primas, tecnologías y zonas de influencia se desarrolla en una economía mundial atravesada por la sobreproducción, el endeudamiento y las guerras. Los acuerdos parciales pueden alterar el ritmo de la confrontación. No eliminan las condiciones que vuelven a reproducirla. De allí que la tregua de “dos meses” no altera el curso de la crisis capitalista global.
La clase obrera no tiene ningún interés en respaldar el proteccionismo de Trump ni en depositar expectativas en la diplomacia de Xi. La lucha contra la guerra comercial, el militarismo y la amenaza de una conflagración mundial exige una política independiente de todos los gobiernos capitalistas. Ante la competencia entre Estados y monopolios, la salida es unir mundialmente a los trabajadores contra quienes descargan sobre los pueblos el costo de la crisis y de las guerras.
Pablo Heller
domingo, 27 de septiembre de 2026
Judíos y palestinos repudian a Netanyahu en New York
Fortificada la sede de la ONU hasta los dientes para recibir al genocida Netanyahu, la ciudad con más judíos del mundo movilizó “varios miles de personas marchando desde el cercano Bryant Park hasta la ONU” (The Guardian, 25/9). La policía de Nueva York bajo la autoridad del jefe de gobierno Zohran Mamdani detuvo a cien personas por manifestación no autorizada. Sin embargo, “activistas israelíes antigubernamentales, sionistas liberales, antisionistas y organizadores palestinos realizaron manifestaciones en toda la ciudad” (Haaretz, 25/9). Un día antes varios cientos “se manifestaron en el aeropuerto internacional John F. Kennedy de la ciudad para protestar por el transporte de armas y materiales explosivos destinados al ejército israelí desde el aeropuerto en aviones comerciales” (TG, ídem).
El caballito de batalla del genocida —la acusación a todo aquel que critica al estado sionista de antisemita— se cayó por sí solo: “Lo que dejamos claro hoy es que los neoyorquinos, incluidos los judíos neoyorquinos, no queremos que criminales de guerra y artífices del genocidio vengan a nuestra ciudad”, declaró Beth Miller, directora política de Jewish Voice for Peace Action (ídem). Nueva York es la ciudad con mayor cantidad de judíos del mundo, por encima de Tel Aviv o Jerusalén.
Entre las figuras más destacadas de la movilización estuvo la multipremiada actriz judeo-norteamericana Hannah Einbinder, detenida y esposada junto a Susan Sarandon. La actriz declaró “siento la obligación moral de unirme a las protestas "como judía, como estadounidense y como ser humano”.
Mientras tanto, en Europa, por primera vez las máximas autoridades de una colectividad judía alzaron su voz contra el alineamiento internacional fascistoide del estado sionista. El partido de la Libertad de Austria, de extrema derecha, ante el cual el gobierno sionista cerró filas. Sin embargo, “la comunidad judía de Austria rechaza vehementemente al partido. El presidente de la comunidad judía de Viena declaró: «Quizás deberíamos empezar a hacer las maletas», advirtiendo que «hay muchos simpatizantes nazis entre la dirección y los funcionarios del partido»” (Haaretz, 22/9). El partido fue fundado por antiguos nazis en la década de 1950 y tiene un historial de líderes antisemitas que ahora respaldan al estado sionista y su genocidio contra el pueblo palestino.
El estado sionista no es la “tierra de los judíos” sino la encarnación de un movimiento nacionalista reaccionario enfeudado a fuerzas reaccionarias que han practicado el mayor genocidio contra el pueblo judío de la historia.
Norberto Malaj
26/09/2026
sábado, 26 de septiembre de 2026
La 81 asamblea de la ONU, un foro de bandolerismo imperialista
La Asamblea tradujo en la voz de sus principales dirigentes de Estado, la marcha desenfrenada de otra guerra mundial y un holocausto nuclear.
La Asamblea tuvo cinco sesiones plenas, pero también 'funcionaron los pasillos'. Trump había advertido, horas antes de la convención internacional, que tenía listo el acuerdo con Dinamarca (imposible sin el visto bueno y el apoyo de la Unión Europea y Canadá) para asumir el control político de facto, así como el económico y militar, de Groenlandia –la enorme isla del Ártico occidental-. Una publicación filo MAGA lo caracteriza como "un acuerdo de época centrado en Estados Unidos" Esta manifestación anticipada de bandidismo territorial no formó parte de la Asamblea, ella misma poblada de bandoleros. La Comisión Europea y el Parlamento Europeo han 'reculado en chancletas' una semana después de que la Presidenta del organismo invitara a Canadá a una "asociación" con la UE para frenar el vasallaje a Estados Unidos. Groenlandia es el terreno donde la oligarquía norteamericana pretende apropiarse de los recursos de petróleo, gas, tugsteno y los minerales raros en general, para desarrollar la guerra económica y geopolítica contra China. Es el terreno de la construcción de la Cúpula Dorada, con misiles, satélites e Inteligencia Artificial para la guerra imperialista en la Tierra. Con el dominio reforzado en el Atlántico Norte, Trump prepara una estocada contra Canadá y México.
El primer ministro británico, Andy Burnham, se comprometió a una escalada de guerra indefinida contra Rusia, bajo una intensa presión de la oligarquía inglesa, la ultraderecha fascista, el alto mando militar y de seguridad. En ausencia del canciller alemán Friedrich Merz, ocupado en atajar una crisis terminal de gobierno en Berlín, Burnham tomó el centro de la escena. Acaba de ejecutar un par de nacionalizaciones en la industria del acero, para reconvertirlas en 'bienes comunes' para la producción militar y la guerra imperialista. Como el anglófilo, sionista y MAGA, Javier Milei, dispuso un sistema de seguridad nacional contra el enemigo exterior, que apunta en esencia contra los derechos ciudadanos, como lo reconoció ante una periodista inquieta por las 'ambigüedades' del proyecto. Con una economía en ruinas, la City de Londres aboga por una reactivación armamentista. Burnham defendió sin reservas la dominación del Reino Unido en Malvinas, así como los planes militares, económicos y políticos en la plataforma marítima del Archipiélago circundante. Más tarde se reunió con Trump sin el menor inconveniente, luego de que el Pentágono y Trump anunciaran un cambio de política para Malvinas y reivindicara la unidad de Irlanda (con la mira puesta en el numeroso electorado de esa ascendencia en Estados Unidos). El propósito de la reunión habría sido dirimir la disputa acerca de la proporción en que el gasto militar del Reino Unido se reparte entre la industria norteamericana y la local, así como por el control de los yacimientos de petróleo del Mar del Norte – Escocia.
El presidente Macron, que se jubila en abril próximo ante la ultraderecha francesa, mostró que quiere dejar en pie un par de hechos estratégicos consumados. Además de impulsar desde la tribuna del foro la ampliación de la guerra contra Rusia, anunció la provisión de radares y misiles antiaéreos para Ucrania; la cancillería francesa comunicó, en forma simultánea, que enviaría tropas al Mar Rojo y asistencia militar a Arabia Saudita. para reprimir la ofensiva de los hutíes de Yemen. La 81 Asamblea fue el escenario de un violento ataque imperialista contra la colectividad humana. Aunque miembro de la Corte Penal Internacional, Francia autorizó el cruce de su territorio por parte del criminal de guerra Netanyahu.
"(Promovamos un invierno) doloroso para Rusia", fue el mensaje de Zelensky, el presidente de un gobierno corrupto en medio de una tragedia nacional. Luego se reunió con Trump en la Casa Blanca sin el menor inconveniente. El golpista norteamericano no respondió a una periodista que lo interrogó acerca de qué iba a hacer para "frenar una guerra en Europa". Zelensky se ufanó de la firma de un acuerdo para la fabricación de drones con Finlandia, y acuerdos similares con Canadá y Australia, dos extremos geográficos y geopolíticos. Zelensky no apunta sus drones sólo a Moscú, también a Crimea y al puente que une a esta península con territorio ruso, en una disputa 'a finish' por el Mar Negro.
Este escenario de bandolerismo y de bandoleros habilitó a Benjamín Netanyahu para hablar de su valentía "moral". Elogió la matanza indiscriminada de civiles (mujeres y especialmente niños) y el asesinato de líderes políticos, militares y religiosos enemigos. No produjo un genocidio sino que salvó a la humanidad del genocidio. Reafirmó el propósito de imponer un cambio de régimen en Irán por medio de nuevos asaltos militares. Atacó a la dictadura de Erdogan, un miembro de la OTAN, por la disputa del control de Líbano y Siria. Como una mafia, la disputa a tiros por el 'territorio' es una práctica común de estado. Se jactó de haber provisto un millón de vacunas para niños en Gaza, pero que según el diario sionista liberal Haaretz no entregó ninguna, sino que no atacó con fuego a las misiones humanitarias que las llevaron a Gaza. Lo que dijo, en definitiva, el carnicero de Israel, es que no aceptará ningún acuerdo de paz de Trump con Irán que contraríe su guerra de anexión contra Cisjordania y Gaza, y para convertir en protectorados a Líbano y Siria.
Putin no se hizo presente en el conclave, pero sí lo merodeó su canciller, Serguei Lavrov; le ofrecieron una reunión del Consejo de Seguridad de la ONU. Ratificó la intención de seguir la guerra hasta conquistar los objetivos planteados, que no son solamente el reconocimiento del Donbass y Járkov como parte de Rusia. A la altura que ha llegado la guerra, una 'paz' que será explosiva plantea un cambio de régimen de una de las partes o de las dos. Europa, por otra parte, se encuentra en "estado reservado", carcomida por una crisis estructural, la fragmentación de sus gobiernos, una onda de tentativas de gobierno de la ultraderecha y/o aliada a los partidos tradicionales del capital financiero, y un enorme descontento popular contra la miseria y la guerra, fundamentalmente en las nuevas generaciones. Los misiles de Rusia estuvieron a metros de alcanzar a un tren con casi un centenar de altos funcionarios de la OTAN. El Pentágono zafó por un pelo de dar la orden de un ataque militar en Europa, como consecuencia del 'desvío' de un agente de la Inteligencia Artificial. Los estados mayores, en especial de EE. UU., Rusia y China, se están viendo forzados a instalar los "teléfonos rojos" para evitar un estallido 'por accidente'. La camarilla de Putin sigue empeñada en una guerra de conquista en el entendimiento que su arsenal atómico y misilístico le da una protección política indefinida. Un espejismo. Lavrov, al final, se sentó en una reunión con Marco Rubio, cuyo contenido no se conoce, pero que habrá versado sobre el petróleo, la crisis del diesel, las sanciones económicas, el desplazamiento de las petroleras rusas de Venezuela y la penetración del capital norteamericano en la minería del níquel de Cuba y otras industrias, como un adelanto de la conversión pactada de la Isla en un protectorado. Trump, en su condición de 'patrón de estancia', ha invitado a Putin a la reunión del G-20, que tendrá lugar en el estado de Florida, en diciembre. Rubio juntó luego al Escudo de las Américas, 16 estados tutelados por el imperialismo, para avanzar con la militarización de América del Sur, América Central y el Caribe.
Este es el contexto en que ha tenido lugar "la visita de estado" de Xi Jing pin a Washington, para sustituir la anarquía imperialista mundial por una 'entente' con dos cabezas. Misión imposible; China pasó discretamente por la asamblea de los bandoleros, que ha perdido su brújula. El propósito real de las conversaciones es sólo prolongar, como ha pedido Trump, una tregua comercial hasta enero próximo, luego de las elecciones de medio término y el G-20. Mientras las delegaciones de la guerra discurseaban en el edificio a orillas del río Hudson, al otro lado de la Gran Manzana los títulos del Tesoro de Estados Unidos seguían de remate ("sell-off") y se asistía a un desplome ("meltdown"); lo mismo ocurría en Londres y Frankfurt. China ha importado mil toneladas de oro en los últimos ocho meses y ha reducido las tenencias del Tesoro norteamericano a la mitad. El dinero real es el combustible que mueve la guerra. Los Países Bajos revelaron el retiro de cerca de 400 toneladas de sus reservas de oro en la Reserva Federal, efectuada en forma clandestina. El oro de Venezuela en Londres volverá a una cuenta de Caracas en Nueva York o al Banco Central venezolano custodiado por 'un experto', Donald Trump. La realidad es una sola, pero entrelaza contradicciones explosivas de variada dimensión. El desarrollo de la humanidad a través de la explotación de la fuerza de trabajo ajena, muestra sus límites históricos insuperables.
Jorge Altamira
25/09/2026
jueves, 24 de septiembre de 2026
Estados Unidos: tasas más altas, bonos y dólar en caída y una deuda fuera de control
La Fed sube la tasa mientras el Tesoro procura sostener sus bonos.
La contradicción expone una economía atravesada por guerra y deuda.
Por primera vez en tres años, la Reserva Federal volvió a aumentar la tasa de interés. El 16 de septiembre resolvió elevarla un cuarto de punto, hasta una franja del 3,75 al 4%. La decisión revierte el ciclo de flexibilización iniciado cuando la inflación parecía encaminarse hacia la meta oficial del 2%. El encarecimiento de la energía y la desconfianza en la deuda norteamericana obligaron al banco central a cambiar de rumbo.
La Fed sostiene que la economía crece a un “ritmo sólido”, pero reconoce que la inflación continúa elevada. El índice de gastos de consumo personal registra una suba interanual del 3,7%, superior a la meta oficial. Dieciséis de los dieciocho integrantes del comité prevén otro aumento antes de fin de año (Reserva Federal, 16/9/2026).
La caracterización de un crecimiento “sólido” requiere una reserva. Las estimaciones para 2026 se ubican aproximadamente entre 1,5 y 2 %,”. La economía evita por ahora la recesión, pero su expansión es pobre y desigual. La producción industrial está estancada, la creación de empleo perdió dinamismo y una parte desproporcionada de la inversión y las ganancias se concentra en las empresas tecnológicas. El consumo descansa crecientemente en el crédito, mientras el gasto militar y el déficit sostienen la demanda. Estados Unidos exhibe un crecimiento “anémico”, concentrado y apoyado en deudas que las tasas más altas amenazan con volver insostenibles.
El giro está directamente vinculado con la escalada bélica en Medio Oriente. La interrupción de Ormuz, los ataques contra instalaciones energéticas y el avance hutí sobre Bab el-Mandeb afectaron el comercio petrolero. El Brent permanece por encima de los 100 dólares y el diésel en Estados Unidos superó los seis dólares por galón. La guerra agrava contradicciones acumuladas, a las que se suman los aranceles y la demanda de energía y chips provocada por la carrera de la inteligencia artificial.
Sería unilateral, sin embargo, atribuir toda la inflación al petróleo. Jeff Schmid, presidente de la Reserva Federal de Kansas City, señaló que los aumentos continúan aún si se excluye la energía. La escasez se extiende a productos claves como, gas licuado, fertilizantes, helio, lo cual ya se nota en las góndolas con el aumento de alimentos, insumos y productos industriales.La decisión de la FED no tiene la capacidad de revertir la retracción de la oferta de bienes y menos aún de poner fin a las guerras. Para contener una inflación alimentada por la oferta y el militarismo, la Fed encarece el crédito y enfría la inversión y apunta a disciplinar los precios debilitando la actividad y la posición de los trabajadores.
El dato más revelador es la caída simultánea que sufrieron, en distintos momentos, el dólar y los bonos del Tesoro, dos activos que históricamente actuaron como refugio. En crisis anteriores, los capitales se dirigían hacia la moneda y la deuda de Estados Unidos. Ahora apareció la venta conjunta de acciones, bonos y dólares, bautizada como Sell America.
El rendimiento del bono del Tesoro a diez años, que sube cuando cae su precio, llegó al 5%, el nivel más alto desde 2007. La guerra y la inflación, en lugar de provocar una huida hacia la deuda norteamericana, pusieron en cuestión su seguridad. China redujo sus tenencias declaradas a 618.000 millones de dólares, el menor nivel desde 2008, aunque parte podría estar registrada mediante custodios de otros países (Axios, 18/9).
El dólar no ha perdido su lugar como principal moneda internacional. Pero su retroceso, unido a la venta de títulos públicos y al desplazamiento de fondos hacia el oro, revela una erosión de la confianza en los pilares del dominio financiero norteamericano.
La deuda pública supera los 40 billones de dólares. Los déficits, el rearme y los vencimientos obligan al Tesoro a emitir cada vez más títulos. El privilegio de contar con la principal moneda de reserva permitió financiar guerras y rescates colocando deuda en todo el mundo. Pero para prolongar en el tiempo ese financiamiento necesita pagar tasas más altas. El privilegio no desaparece, pero se vuelve más costoso. La hegemonía monetaria entra en contradicción con el deterioro productivo y fiscal de la potencia que la sostiene.
Scott Bessent intentó estabilizar el mercado mediante recompras de títulos. Las operaciones aliviaron algunos segmentos, pero no detuvieron el aumento de los rendimientos. El Tesoro puede sostener transitoriamente el precio de un bono, pero debe financiar la compra con sus disponibilidades o con nueva deuda. La recompra no es una política keynesiana clásica, pues no consiste en gasto destinado a elevar la demanda y el empleo, aunque pertenece al arsenal intervencionista del Estado. Su fracaso relativo es revelador: el rendimiento a diez años rozó el 5% y la hipoteca a treinta años subió al 6,95%, frente al 6,26% de un año atrás.
El Tesoro compra bonos mientras la Fed eleva la tasa. Una dependencia estatal intenta sostener su precio y otra contribuye a reducirlo. No es un simple error de coordinación: expresa la incompatibilidad entre combatir la inflación, financiar una deuda gigantesca y evitar una recesión.
Las tasas más altas golpean a las empresas con baja rentabilidad, el mercado inmobiliario y el crédito privado. En una semana, los fondos de acciones norteamericanos perdieron 31.440 millones de dólares; también hubo retiros de los bonos de alto rendimiento y de los mercados emergentes (Reuters, 18/9).
La Fed no es un árbitro colocado por encima de las clases. Su función es preservar las condiciones de reproducción del capital, defender la moneda y evitar que la inflación erosione los patrimonios financieros. La inflación no puede explicarse principalmente por salarios excesivos. Sus raíces se encuentran en los problemas de oferta, la insuficiente inversión y la defensa de los márgenes empresariales. La tasa deprime la economía, pero no elimina esas causas. El crédito barato tampoco resolvió las dificultades de rentabilidad: sostuvo empresas endeudadas y estimuló la especulación. (Michael Roberts, "Inflación pospandemia", Sin Permiso, 25/8).
La Fed enfrenta una encerrona. Si mantiene bajas las tasas, puede alimentar la inflación y la fuga de los títulos del Tesoro. Si las aumenta, amenaza con precipitar quiebras, deprimir la inversión y provocar una recesión. No existe una tasa capaz de resolver simultáneamente la inflación de guerra, la deuda pública, la fragilidad financiera y los problemas de valorización del capital.
La caída de los bonos y del dólar muestra que la crisis alcanza a los instrumentos de la supremacía financiera norteamericana. Asistimos a una declinación del lugar de Estados Unidos en la economía mundial. El capital buscará descargar el costo mediante despidos, reducción salarial y recortes sociales. La respuesta de los trabajadores no puede consistir en elegir entre inflación y recesión. Ambos son expresiones de la crisis capitalista. Son recursos alternativos y complementarios a lo que apela al capital y ni siquiera son términos excluyentes Ambos pueden convivir en una misma coyuntura como ocurre en el escenario económico actual dominado por una “estanflación” (estancamiento con inflación). El desafío es enfrentar y poner fin a un orden social agotado y los gobiernos responsables de la guerra y de las penurias inauditas que está soportando gran parte de la humanidad y abrir paso a una reorganización integral del planeta sobre nuevas bases sociales.
Pablo Heller
La ONU fue usada como tribuna imperial para amenazar con el aniquilamiento de otras naciones
«Pocas veces se irrespetó tanto a la Asamblea General de la ONU. El organismo, fundado hace ocho décadas para que la diplomacia impidiera nuevas guerras, fue usado como tribuna imperial para amenazar con el aniquilamiento de otras naciones», afirmó este miércoles, por medio de X, el Primer Secretario del Comité Central del Partido y Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez.
El mandatario cubano se pronuncia en el contexto del 81 Periodo de Sesiones de Naciones Unidas, donde líderes internacionales han usado el podio de ese organismo multilateral creado para respaldar la paz mundial, como escenario para amenazar a otros países.
Este martes la delegación de la Isla abandonó, con dignidad, la sala, tras las declaraciones del presidente de Estados Unidos, quien reiteró las infames acusaciones que ubican a Cuba como una amenaza para la seguridad nacional de su país.
«Cuba no es una amenaza, el bloqueo sí», reiteró Díaz-Canel.
Redacción Internacional | internacionales@granma.cu
23 de septiembre de 2026 14:09:16
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