jueves, 1 de octubre de 2026
Elecciones en Estados Unidos, entre el fraude y el golpe
A cinco semanas de las elecciones de mitad de mandato, los candidatos republicanos han entrado en pánico.
Las encuestas generales le dan a los demócratas una ventaja de más de 8 puntos, en tanto algunas como YouGov/The Economist indican un margen neto de 15 puntos. El dato más claro de la tendencia contra Trump lo dan los electores que se consideran “independientes” (no tienen adhesión a ningún partido), donde hay una ventaja de 25% a favor de los Demócratas (57% a 32%). En 2024, según Pew Research Center, hubo un virtual empate entre el candidato republicano y Kamala Harris entre los independientes. En la plataforma Polymarket las apuestas dan un control de un 62% de ambas cámaras por el partido opositor.
A mediados de setiembre, el presidente convocó a una Convención de mitad de mandato, algo inédito; no cumplía ninguna función, salvo ser el escenario de la agitación del trumpismo. Trump prometió ahí un “dividendo” de 5.000 dólares para cada ciudadano adulto si los republicanos ganaban la mayoría en ambas cámaras. La maniobra no ha tenido mayor impacto en la intención de voto.
En la Convención, entre discursos anticomunistas, el presidente convocó a su aparato a “hacer trampa como un demonio, tal como ellos lo hacen”. El presidente de la Cámara de Representantes Mike Johnson se sumó: “No podemos permitir, y no permitiremos, que ellos se queden con la mayoría en el Congreso”.
El impacto de la guerra
La guerra en Medio Oriente ha provocado un salto en el costo de la vida. En particular la nafta y el diesel, con un enorme impacto en los costos de sectores agrarios, industriales, el transporte y el traslado de las familias en general.
La guerra, inevitablemente, se ha convertido en tema de campaña; varios candidatos republicanos se vieron obligados a tomar distancia con Trump en este punto. En Michigan, Mike Rogers -candidato al Senado apoyado por el presidente- ha dicho, en un video, que “la guerra con Irán tiene que terminar, y terminar rápidamente”. “El momento de empezar a liquidar esto es ahora”. Rogers se enfrenta al candidato Demócrata Abdul El-Sayed (que le estaría ganando 50% a 44%). Apenas hace unos días, en la Convención trumpista, Rogers había apoyado la guerra.
Otros candidatos se han sumado a este reclamo. Tom Tiffany (candidato a gobernador de Wisconsin) declaró que “es hora de concluir el conflicto que ha estado ocurriendo en Irán. Necesitamos asegurarnos de encargarnos de las cosas aquí en casa”. Tiffany está cinco puntos por debajo del Demócrata David Crowley, en un Estado “péndulo” que Trump había ganado hace apenas dos años con casi el 50% de los votos. Ashley Hinson, candidata al Senado por Iowa, también hizo declaraciones pidiendo el fin de la guerra. Iowa es un Estado tradicionalmente republicano donde Trump se impuso con 56% de los votos en 2024, y Hinson estaría perdiendo por 8 puntos según las encuestas.
Texas y Florida
En estos Estados, bastiones republicanos por décadas, se modificaron los distritos para favorecer que sean electos más representantes oficialistas. Sin embargo, se está produciendo un viraje en el electorado, especialmente entre los latinos y los ciudadanos que se declaran independientes.
El cambio de humor en los ciudadanos de origen “hispano” ya se hizo notar el año pasado en Florida en varias elecciones especiales. Ahora. la derechista María Elvira Salazar (que busca la reelección) tomó distancia de Trump. La voltereta de Salazar refleja el ambiente entre sus electores, en alto porcentaje latinos. Las encuestas marcan un empate en la intención de voto.
En la disputa de la gobernación de Florida, donde Trump triunfó con más del 56%, el candidato trumpista Byron Donald está en riesgo de perder contra el Demócrata David Jolly. La candidata republicana al Senado (Ashley Moody) apenas tiene un punto de ventaja en las encuestas sobre la “Demócrata Socialista” Angie Nixon. Los republicanos controlan los dos cargos del Senado por ese Estado desde hace siete años; el cargo de gobernador está en sus manos desde 1999. Una derrota en Florida era algo impensado hasta hace muy poco.
En el caso de Texas, la situación es aún peor para el gobierno. Trump impuso allí a su candidato al Senado Ken Paxton, repudiado por buena parte del propio partido texano. El Demócrata James Talarico está seis puntos por encima de Paxton, en gran medida gracias al voto independiente y latino. Ningún Demócrata ha ganado un escaño en el Senado desde 1988. Hace apenas dos años, Trump obtuvo 56,2% de los votos.
Una situación similar se vive en otros Estados tradicionalmente republicanos, como Ohio, donde Trump había obtenido más del 55% en 2024, y ahora sus candidatos a la gobernación y el Senado están entre 8 y 9 puntos por debajo de los Demócratas.
El intento de Trump para evitar el voto por correspondencia hasta ahora ha fracasado. Trump había emitido un decretazo obligando a los Estados a enviar un listado al servicio de correos para que este controlara a quiénes se envían los sobres con las papeletas (y no enviándolas a quienes no cumplían determinados criterios), lo cual fue impugnado por los Estados y finalmente anulado por la Suprema Corte. El trumpismo rediseñó muchos distritos electorales para favorecer la elección de más representantes Republicanos. Los demócratas respondieron con una medida similar en California y otros Estados. Esta maniobra no evitaría una gran pérdida de escaños por el partido oficialista, a duras penas podría atenuar la catástrofe electoral. Se calcula que los republicanos perderían al menos 20 cargos en la Cámara baja.
“6 de enero 2.0”
En este escenario, los llamados a “hacer trampa” y el anuncio de que “no permitiremos” que los demócratas ganen la mayoría en el Congreso, adquieren toda su relevancia.
Distintos analistas vienen anticipando una crisis a nivel de los Estados y a nivel nacional, en torno a la certificación de los resultados y el otorgamiento de las bancas en el Congreso. Ya en el pasado “funcionarios locales afines a Trump han utilizado con frecuencia acusaciones falsas de fraude o de que votantes no ciudadanos sufragaron como justificación para negarse a certificar los resultados electorales. Desde 2020, más de 30 funcionarios locales en Arizona, Colorado, Georgia, Michigan, Nuevo México, Carolina del Norte y Pensilvania se han negado a certificar los resultados electorales, muchos con la esperanza de impedir victorias demócratas” NYT).
Otra posibilidad que está manejando la prensa, es que el “clerk” (secretario) de la Cámara baja no acepte incluir en la nómina de representantes electos a los que hayan sufrido alguna impugnación. La hipótesis del “clerk rebelde” no es una teoría conspirativa: sería una réplica a nivel de las elecciones legislativas de la intentona golpista del 6 de enero de 2021, cuando el trumpismo intentó desconocer los resultados de las elecciones. En aquella oportunidad, el vicepresidente Mike Pence se negó a participar del golpe de Estado y proclamó los resultados tal cual eran informados por cada Estado. Los mandos militares, por otra parte, no se alinearon con el golpismo. El rol que en aquella oportunidad tenía el vicepresidente, ahora la tendría el Secretario de la Cámara de Representantes, que es quien incluye a los legisladores electos e informados por los Estados en el listado de esa Cámara. Se considera una tarea puramente administrativa: no tiene capacidad de analizar si fueron electos en forma correcta o fraudulenta. El secretario actual, aunque es Republicano, se supone no se prestaría a esta maniobra. Mike Johnson (el presidente de la Cámara) podría remover al secretario y nombrar a un trumpista que se preste a generar una crisis institucional. Esta hipótesis ha sido manejada por diversos medios de prensa. Una crisis institucional provocada por el trumpismo, como mínimo, paralizaría al Congreso durante semanas o incluso meses, en el marco de contiendas judiciales. Las depuraciones realizadas por Hegseth en el Ejército y el nombramiento de generales “leales” al gobierno estarían al servicio del golpismo. Trump aprendió de su primer mandato, y se prepara para esta vez no reconocer la derrota.
Rafael Fernández - Partido de los Trabajadores (Uruguay)
01/10/2026
miércoles, 30 de septiembre de 2026
Trump deportó a más de 200.000 niños
El ICE, el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de EE.UU., alcanzó en julio la cifra record de 50 mil trabajadores expulsados, en su mayoría sin ningún antecedente penal. La Casa Blanca pretende una cifra aún mayor: 2 mil arrestos diarios, más de 60 mil mensuales. Stephen Miller, el subjefe de gabinete, “cerebro y ejecutor de la agenda antiinmigración de línea dura de Donald Trump tiene como objetivo, en particular, a la población vulnerable de niños indocumentados. Así, casi 200.000 niños han sido expulsados de Estados Unidos por jueces de inmigración desde que Trump regresó a la Casa Blanca (…) Hay pocas dudas que estas políticas contrarias a la infancia viene acompañada de prejuicios raciales” (The Guardian, 19/9). ¡Niños arrancados de sus familias!
Organizaciones de derechos humanos indican que las cifras son mayores: es que corresponden sólo “a los niños que comparecen ante los tribunales de inmigración. En consecuencia la cifra es inferior a la real” (ídem). El ICE actúa de hecho como una Gestapo, violando todas las garantías constitucionales. “Hay una verdadera animosidad hacia los jóvenes por parte de Miller y sus seguidores” declaran voceros de esas organizaciones y denuncian que “se busca eliminar la ciudadanía por derecho de nacimiento” (ídem). Trump va por la derogación de la décimo cuarta enmienda de la Constitución norteamericana vigente desde 1868.
“Las órdenes de expulsión de jóvenes pasaron de 7366 al mes en enero de 2025 a 16 200 en junio, 16 750 en julio y 14 744 en agosto, según una investigación de Mobile Pathways. De los más de 200.000 niños que fueron obligados a ser retirados de sus hogares durante la segunda administración de Trump, el 70 % eran menores de 13 años. El porcentaje de audiencias que terminaron con una orden de retirada también se duplicó con creces en los últimos 20 meses”. Instituciones que atendía a la población inmigrante para su asimilación en EE.UU. ahora “colaboran con agentes de inmigración y comparten expedientes confidenciales de los niños, en un desmantelamiento sin precedentes y legalmente cuestionable” (ídem).
Los arrestos son express (en domicilios o trabajos), se los confina durante semanas o meses en virtuales campos de concentración a cientos o miles de kilómetros, donde sufren todo tipo de vejaciones antes de ser expulsados.
Trump “firmó 35 acuerdos secretos de deportación con diferentes países”, la mayoría africanos. En América Latina con México, Paraguay, Ecuador, Paraná, Jamaica y República Domicana. Según un recuento de Refugees International y Human Rights First, unas 20.000 personas fueron trasladadas en autobús a México. Y más de 5.000 fueron subidas a vuelos con destino a países de África, Latinoamérica, el Caribe y Asia Central con los que los expulsados no tienen ninguna conexión, para luego, a menudo, ser devueltas a los países donde los jueces de inmigración estadounidenses habían dictaminado que sus vidas o su libertad corrían peligro” (ídem, 21/9). Ahora “un tribunal federal de apelaciones dictaminó el viernes que las deportaciones a terceros países son ilegales (pero) se espera que el gobierno apele la sentencia y continúe con su política. Entre las personas obligadas a subir a los aviones se encuentran quienes han pasado la mayor parte de su vida en Estados Unidos, padres detenidos de camino al colegio y los hijos adultos de familiares ancianos que dependen de ellos para su cuidado” (ídem).
El ICE en EE.UU. y agencias equivalentes de persecución a los inmigrantes en Europa, desde gobiernos de derecha (Alemania, Polonia, Italia, los bálticos, etc.), como socialdemócratas (España) están implementando políticas draconianas de expulsión de migrantes, como no se recuerda desde tiempos previos a la II guerra mundial. Si a esto se suman los ataques a los luchadores sociales y por los derechos civiles, en EE.UU. sin duda estamos ante una cruzada peor que la del macartismo. Trump ha dicho que los inmigrantes “están envenenando la sangre de nuestro país". The Guardian dice: es “una frase que ha suscitado comparaciones con el nazismo”. El matón parece ya salido del Ku Klux Klan, cuando EE.UU. tenía su propia versión de la ‘raza superior´: los White, Anglo, Sajon and Protestant. El canciller Merz está apenas un grado abajo y acompaña la campaña contra los migrantes de la fascista AfD: les atribuyó el estado ruinoso de las ciudades alemanas.
Los migrantes en todo el mundo ´desarrollado´ han pasado a ser la carne de cañón de la descomposición imperialista. Las ´grandes democracias´ y, en particular la yanki recuerda que su historia alimentó la barbarie hitleriana: las leyes Crow de segregación contra los negros -vigentes desde 1876 hasta 1965- inspiraron las leyes raciales de Nuremberg (1935); Mein Kampf se inspiró en el opúsculo antisemita, “El judío internacional”, del magnate Henry Ford (1935). El ataque a los migrantes no es inocuo a los derechos de la clase obrera de los países centrales. Al contrario, es una avanzada de un ataque en regla contra todos los derechos civiles y sindicales de los trabajadores y la ciudadanía democrática.
¡Desmantelamiento del ICE y de todas las agencias de persecución de los migrantes! ¡Apertura de todas las fronteras! ¡Libre circulación entre los países! ¡Acabemos con las mafias de traficantes de personas, con sus financistas y todas las fuerzas represivas! En Argentina, abajo toda la legislación represiva, en particular el andamiaje montado por Milei para servir a los yanquis en la guerra imperialista.
Norberto Malaj
27/09/2026
martes, 29 de septiembre de 2026
Enérgica respuesta desde Argentina en solidaridad con Cuba
El texto dice: «La única verdad que dijo es que “Cuba está bajo una fuerte presión”, de ello no quedan dudas, las amenazas a empresas y países para que no provean de petróleo a la Isla, son las causales de la falta de energía eléctrica en el país la mayor parte del día».
Expone también que en todo este año sólo ha entrado un barco con petróleo y que más de 7000 contenedores con insumos médicos, alimentos, paneles solares y otros productos, ya pagados se encuentran varados en diversos puertos del Caribe por temor a las sanciones estadounidenses.
«Cuba no es “un estado fallido”, Cuba es un país agredido bajo una real guerra económica, política y mediática que resiste porque el Pueblo está unido junto a su gobierno», puntualiza la Declaración de los grupos argentinos de solidaridad.
Movimiento Argentino de Solidaridad con Cuba
Concluye con la afirmación: «Trump y los conglomerados económicos que lo manejan como un títere, le temen a la dignidad del pueblo cubano, siempre solidario que resiste tamaña agresión, que produce daños irreversibles como el incremento de la mortalidad infantil, los apagones que empeoran las condiciones de vida de las familias, la falta de medicamentos e insumos hospitalarios, entre otras afectaciones, dignidad que despierta la solidaridad del mundo».
Con anterioridad, el centenario del natalicio de Fidel Castro, ha sido un motivo para los argentinos en el rescate el legado del líder cubano y poder enfrentar con mejor claridad la difícil situación política con medidas neoliberales impulsadas por el gobierno fascista de Javier Milei y que restringe las garantías sociales para ese pueblo.
Recientemente en Sarandí, municipio bonaerense de Avellaneda, realizaron una “Muraleada por Cuba y Fidel”, con fotos y carteles pintados como tapiz en una pared, bien visible desde la marcha de los autos.
El capitán de navío Oscar Verón dijo a RHC que con esta acción pretenden exigir el levantamiento del criminal bloqueo económico, comercial, financiero y energético que se le impone a Cuba por el gobierno de Estados Unidos y que causó daños en el último año superan los 8 083 300 dólares a precios corrientes.
El activista solidario grabó un video para las redes sociales y destacó la presencia en la jornada de estudiantes, miembros de gremios, del Movimiento Argentino de Solidaridad, del Movimiento Kultural y de los partidos Comunista, Intransigente y de la Liberación.
Además se adhirieron los cubanos residentes en Argentina, el Sindicato Unificado de Avellaneda y la Asociación de Docentes de la Universidad Nacional de Avellaneda.
La jornada incluyó varias actividades realizadas con anterioridad en Mendoza, Córdoba y la capital Buenos Aires como la hecha en el salón de la Asociación de Trabajadores del Estado en Córdoba con un acto público, al cual acudieron.
Miembros de la Central de Trabajadores de Argentina Autónoma, ALBA Movimiento y el grupo Solidarios con Cuba.
En un reporte de Prensa Latina, se destaca que bajo el lema: «Internacionalismo de los Trabajadores con Cuba», con un llamado a la solidaridad con el pueblo cubano y el repudio a la recrudecida hostilidad de la administración Trump y de su secretario de Estado, Marco Rubio.
Entre los oradores estuvo la doctora graduada en Cuba, Lucía Coronel, y los sindicalistas José Dunn (Canillitas) y Jorge Pisani (Subte). Participaron por Zoom solidarios de México y Brasil, y por esa vía intervino el encargado de Negocios de Cuba, Leonardo Baster.
Además, se realizó otra jornada político-cultural para recordar, debatir y encontrarnos sobre la vida y obra de Fidel Castro el viernes 11 de septiembre en el centro cultural Augusto Lynch, en la localidad de Avellaneda.
En la convocatoria dice que se trata de una actividad para recuperar parte de la historia de la Revolución Cubana y, al mismo tiempo, abrir una conversación sobre los desafíos del presente con temas como solidaridad, internacionalismo, soberanía, educación, salud y el papel de las nuevas generaciones en América Latina.
Allí hubo un panel integrado por protagonistas y referentes vinculados a hechos épicos ocurridos en Cuba y versará sobre la cooperación médica realizada por Cuba, el internacionalismo y la realidad latinoamericana.
Todos estos encuentros y conmemoraciones sirven para construir un pensamiento de unidad combativa para enfrentar la arremetida de la oligarquía internacional que en sus ansias de enriquecimiento someten a la colonización y al vasallaje a los pueblos del sur global.
Nuria Barbosa
septiembre 28, 2026
Irlanda le marcó la cancha al sionismo masacrador
A la par de jugarse la primera fecha de amistosos post Copa del Mundo, organizada por la Federación Internacional de Fútbol (Fifa), se disputa la Liga de las Naciones, desarrollada por la Unión de Asociaciones Europeas de Fútbol (Uefa). En uno de sus encuentros, se produjo un suceso que demuestra cómo los protagonistas del deporte del balompié se expresan, dentro y fuera de las canchas, contra las avanzadas armamentistas y criminales del sionismo y el imperialismo.
Antes de disputarse el partido entre Israel e Irlanda, Gavin Bazunu, arquero de la selección dublinesa, se negó a ser partícipe. “Matar a personas inocentes está mal”, esgrimió en sus redes sociales, para explicar por qué no se puso la camiseta número uno en el encuentro del pasado domingo 27 de septiembre. Su lugar lo tomó el portero suplente, Caoimhín Kelleher.
Bazunu, quien integra el club Bolton Wanderers, de la segunda categoría (la B) de Inglaterra, aclaró que su decisión “No va en contra el pueblo israelí ni de la comunidad judía”, sino que está vinculada con “…las atrocidades que se cometen en la región”.
“No estamos jugando con el genocidio, estamos jugando contra el genocidio”.
Irlanda venció 3-0 a Israel por la Liga de Naciones, pero el resultado quedó en segundo plano frente a los gestos de protesta de la selección irlandesa.
Una goleada en todos los sentidos
Como resultante, el seleccionado irlandés triunfó 3 a 0, como parte del partido de ida de los encuentros de la fase de grupos. El próximo domingo 4 de octubre deben disputar la vuelta. El guardameta avisó que “Sería un error participar en los próximos partidos contra Israel. Mi decisión se basa exclusivamente en mi convicción personal”.
Pese a decidir presentarse en el encuentro deportivo, los futbolistas de la verde, blanca y naranja expresaron su denuncia en el campo. Le negaron el saludo protocolar a sus rivales, ni siquiera se efectuó el sorteo entre capitanes, y al sonar el himno hebreo los once de Irlanda, quienes vestían camiseta, pantalones y medias blancas, acompañados con un brazalete negro, bajaron sus rostros en homenaje a las miles de víctimas palestinas asesinadas. Jack Moylan, autor de uno de los tantos, al festejarlo se quitó y besó el crespón, frente al público israelí.
“Nadie está como por jugar estos partidos por muchas razones. Estamos intentando afrontarlo de la mejor manera que podemos en estos momentos (…) Al jugar, no estamos aceptando lo que está ocurriendo en Gaza. Al jugar, los jugadores no están apoyando lo que está ocurriendo en Gaza”, expresó Heimir Hallgrimsson, director técnico irlandés, quien ya había informado, días atrás, que “no jugamos con el genocidio, jugamos contra el genocidio. Jugamos contra Israel, no con Israel”. Definiciones respondidas por la Asociación Israelí de Fútbol, con un ataque verbal, que es cotidiano, para quienes se oponen: “Desafortunadamente, todavía no hemos encontrado una cura para la estupidez, la ignorancia y la hipocresía que muestra el entrenador de la selección irlandesa (…) No estamos jugando con la ignorancia, la hipocresía y la estupidez, estamos jugando contra el entrenador que las personifica”.
Roce que también se vio durante los noventa minutos. Provocados y motivados por los once israelíes, resistido y respondido, física y verbalmente, por los irlandeses.
No es casual el apoyo del seleccionado. Irlanda posee una vasta historia de grandes luchas populares por su independencia, expulsando a la Corona británica a inicios de siglo XX (1922).
Nuevamente el fútbol ha sido escenario del reclamo contra el ataque sionista e imperialista al pueblo palestino. Se multiplican las expresiones de solidaridad, por parte de jugadores, entrenadores y aficionados, con banderas y banderones con los reconocidos colores negro, blanco, verde y rojo, y la proclama de Palestina Libre. En diversos idiomas, a nivel global. Acciones que superan los límites pintados con cal en el pasto y del propio estadio, copando avenidas, calles y plazas, en los centros políticos.
Parafraseando a Diego Armando Maradona, Trump, Herzog y Netanyahu vienen manchando con sangre y muerte la pelota y el mundo.
Fuera el imperialismo y sionismo barbáricos. Viva el fútbol comprometido con las causas que afectan a sus verdaderos e incondicionales hinchas, los pueblos trabajadores. ¡Desde el río y hasta el mar, Palestina vencerá!
Maxi Robes
lunes, 28 de septiembre de 2026
Trump y Xi: una tregua corta en una rivalidad que sigue escalando
El acuerdo posterga los conflictos por los aranceles, las tierras raras y los semiconductores, mientras la disputa tecnológica y militar continúa agudizándose. La negociación revela los límites de un desacople entre dos economías estrechamente vinculadas, pero también la tendencia de la rivalidad a extenderse al conjunto de la crisis mundial capitalista.
La segunda cumbre del año entre Donald Trump y Xi Jinping concluyó con un resultado tan limitado como revelador: la tregua comercial que vencía en noviembre fue prorrogada por apenas dos meses. Washington y Pekín procuran evitar una ruptura que tendría consecuencias inmediatas sobre el comercio, la producción y los precios mundiales, pero ninguno de los dos gobiernos está dispuesto a abandonar los instrumentos de presión acumulados durante los últimos años. Una tregua de solo dos meses, es revelador de una reunión que no logró avanzar, están estancados en sus posturas. El despliegue protocolar no pudo encubrir la modestia de los acuerdos. Trump recibió a Xi con desfiles militares, sobrevuelos de aviones de combate y una cena a la que asistieron los principales ejecutivos de la industria tecnológica norteamericana. No hubo, sin embargo, un tratado comercial duradero ni una declaración conjunta capaz de fijar un rumbo estable. Consultado sobre el contenido de las conversaciones, Trump se limitó a celebrar que había sido una “gran reunión”.
La prórroga deja para más adelante las decisiones sobre los aranceles, las exportaciones chinas de minerales críticos, las compras de productos norteamericanos y las restricciones tecnológicas de Estados Unidos. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, reconoció que China cumple el compromiso de adquirir 25 millones de toneladas de soja, pero no alcanzaría la compra adicional de 17.000 millones de dólares en otros productos agrícolas. Washington también denuncia demoras en las entregas de tierras raras (Reuters, 24/9/2026).
La cumbre no normalizó las relaciones. Administró una crisis que ninguno de los dos gobiernos puede resolver sin afectar intereses económicos propios.
Una guerra comercial que cambió de terreno
Trump había proclamado que los aranceles obligarían a China a capitular. La ofensiva redujo las importaciones norteamericanas procedentes directamente de ese país, pero no produjo el resultado anunciado. Una parte de la producción se trasladó hacia otras naciones asiáticas o continuó ingresando a Estados Unidos mediante cadenas trianguladas. Pekín, mientras tanto, amplió sus exportaciones hacia Europa, América Latina y otros mercados. Al punto que China ahora tiene más superávit comercial que antes de los aranceles de Trump, 2024 y 2025 tuvo record histórico, se diversificó y amplio los productos exportados con mayor valor agregado (automóviles, etc).
Este superávit comercial de China en el pasado era invertido en Bonos del Tesoro de Estados Unidos hasta llegar a ser el mayor inversor (1,3 billones de dólares). La guerra comercial y las sanciones produjeron un viraje de las autoridades chinas que redujeron esas inversiones (ahora son solo de 0,7 billones), esto ha reducido la demanda de deuda y es parte de las razones de la suba de las tasas de interés actuales. China conserva un enorme superávit comercial y ocupa posiciones decisivas en numerosas cadenas industriales. Controla alrededor del 70% de la extracción mundial de tierras raras y más del 85% de su procesamiento. Las restricciones impuestas por Pekín a la exportación de algunos de esos materiales obligaron a empresas automotrices norteamericanas, europeas y japonesas a reducir o paralizar temporalmente su producción. La medida puso de manifiesto que China también puede explotar puntos vulnerables de la economía estadounidense.
Washington conserva ventajas fundamentales. Domina segmentos cruciales de la producción de semiconductores avanzados, controla junto con sus aliados buena parte de los equipos necesarios para fabricarlos y mantiene una superioridad abrumadora en el terreno financiero y militar. Las restricciones sobre la venta de chips y maquinaria buscan retrasar el desarrollo tecnológico chino. La autorización parcial para exportar determinados procesadores de Nvidia no modifica esa orientación. Permite sostener los negocios del monopolio norteamericano, pero mantiene el cerco sobre las tecnologías consideradas estratégicas.La guerra arancelaria se ha desplazado hacia un terreno más amplio: semiconductores, inteligencia artificial, minerales críticos, telecomunicaciones, energía y rutas comerciales. Detrás de las invocaciones al “comercio justo”, cada Estado defiende a sus propios grupos capitalistas y procura mejorar las condiciones económicas y militares de su competencia internacional.
La Junta Comercial anunciada en mayo, durante la reunión de Pekín, apenas avanzó. Se discutió una reducción recíproca de aranceles sobre unos 30.000 millones de dólares en productos, una cifra reducida frente al volumen del intercambio bilateral. La proyectada Junta de Inversiones tropezó con obstáculos todavía mayores. El capital chino teme que sus adquisiciones sean bloqueadas por razones de seguridad nacional, mientras sectores del Congreso estadounidense rechazan su ingreso en ramas consideradas sensibles.
Estas dificultades no son simples malentendidos diplomáticos. Resultan de una contradicción de fondo. Estados Unidos intenta limitar el ascenso tecnológico de China, pero sus monopolios continúan obteniendo ganancias en el mercado chino y dependen de proveedores instalados allí. Pekín busca reducir esa dependencia sin perder el acceso a los mercados, capitales y tecnologías que impulsaron su crecimiento.
La disputa por la inteligencia artificial
La inteligencia artificial ocupó un lugar importante en las conversaciones, aunque tampoco hubo acuerdos sustanciales. Xi sostuvo que ambos países debían garantizar que la IA permaneciera “bajo control humano”. Trump rechazó nuevas regulaciones y planteó que los eventuales abusos fueran tratados por el Departamento de Justicia. En la cena oficial participaron Sam Altman, de OpenAI; Jensen Huang, de Nvidia, y Sundar Pichai, de Alphabet (Reuters, 24/9).
La presencia de estos ejecutivos revela los intereses que recorren el debate. Las compañías norteamericanas reclaman libertad para desarrollar modelos más poderosos y protección estatal frente a sus competidores chinos. Las empresas estadounidenses quieren mayores subsidios, recordemos que el gobierno de Biden otorgó subsidios a la fabricación de “chips” en Estados Unidos y reducir la dependencia de los fabricados en Taiwán. Fueron destinatarios, Intel, Micron, Samsung; TSMC un total de 39 mil millones, ahora con el crédito escaso y mayores tasas claman por mayor auxilio. Las grandes empresas de China reciben subsidios, crédito público y respaldo diplomático para disputar el mercado mundial. Los dos gobiernos presentan la carrera tecnológica como una empresa nacional, pero sus costos recaen sobre los trabajadores mediante la intensificación laboral, la eliminación de empleos, la vigilancia y una concentración económica cada vez mayor.
Un canal de consulta podría ayudar a contener una crisis provocada por un incidente tecnológico o militar. No detendría, sin embargo, la carrera por el dominio de la IA. Washington y Pekín consideran que su desarrollo tendrá una influencia decisiva sobre la productividad, el armamento, la ciberseguridad y el control de la información. La cooperación queda subordinada a esa disputa.
No estamos en presencia de una confrontación ente un capitalismo privado norteamericano y un modelo chino supuestamente orientado hacia fines sociales. El Estado chino controla el crédito y conserva sectores estratégicos, pero utiliza esos recursos para sostener la acumulación capitalista, disciplinar a la clase obrera y favorecer la expansión de empresas estatales y privadas. La restauración capitalista no fue anulada por la intervención de la burocracia: encontró en ella uno de sus principales vehículos.
China tampoco es inmune a la crisis capitalista mundial. El prolongado colapso inmobiliario, del que aún no ha logrado salir, se combina con el elevado endeudamiento de los gobiernos locales y las empresas, la desaceleración económica y una creciente sobrecapacidad industrial. Sus efectos alcanzan directamente a los trabajadores: aumenta el desempleo, con especial gravedad entre los jóvenes, mientras la inseguridad sobre los ingresos y el empleo retrae el consumo interno. Esta debilidad empuja a Pekín a sostener la actividad mediante el crédito, la inversión estatal y una expansión de las exportaciones que, a su vez, profundiza los choques comerciales con Estados Unidos y Europa.
Taiwán, el punto más explosivoXi reclamó que Estados Unidos actuara con “prudencia” frente a Taiwán y expresó su expectativa de que Washington se opusiera explícitamente a la independencia de la isla. La exigencia supera la fórmula tradicional norteamericana, que declara no “apoyar” esa independencia, pero evita pronunciarse abiertamente en su contra.Trump no aceptó públicamente el cambio. Tampoco destrabó el paquete de armamento para Taiwán, valuado en 14.000 millones de dólares. La Casa Blanca mantiene la operación en suspenso y convierte la seguridad de la población taiwanesa en una pieza de negociación: puede autorizar las ventas para presionar a Pekín o demorarlas a cambio de concesiones económicas.
El gobierno chino, por su parte, intensifica los ejercicios militares alrededor de la isla y no renuncia a una anexión por la fuerza. Invoca el principio de unidad nacional, pero lo subordina a los intereses de un Estado burocrático que ha restaurado el capitalismo y niega cualquier intervención independiente de los trabajadores chinos y taiwaneses.Xi volvió a mencionar la “trampa de Tucídides”, la tesis según la cual el choque entre una potencia dominante y otra ascendente tiende a desembocar en una guerra. Propuso sostener los contactos militares y reforzar los mecanismos de prevención. El peligro es real. El mar de China, Taiwán y la península coreana concentran fuerzas navales, aéreas y misilísticas capaces de convertir una provocación o un error de cálculo en una crisis de alcance internacional.
Esto no significa que China haya desplazado a Estados Unidos como potencia dominante. El imperialismo norteamericano conserva una superioridad militar global, el control de las principales instituciones financieras y una red de alianzas que Pekín no posee. China alcanzó un peso industrial y comercial extraordinario, pero su economía permanece vinculada al mercado mundial, a la inversión extranjera y a circuitos financieros dominados por el capital internacional.
Pero esa simetría no implica que el gigante asiatico se haya convertido en un polo antimperialista ni que el hundimiento del viejo orden imperialista haya derivado en un supuesto nuevo orden “multipolar” progresivo.
Una tregua bajo la presión de la guerra
La cumbre se celebró en medio de la guerra contra Irán, la continuidad del conflicto en Ucrania y la creciente militarización del Indo-Pacífico. Washington pretende que China utilice sus relaciones con Teherán para favorecer una salida compatible con los intereses norteamericanos y garantizar la circulación del petróleo. Pekín depende fuertemente de las importaciones energéticas y necesita evitar una interrupción prolongada de las rutas del golfo Pérsico. Pero actuar abiertamente como auxiliar de Estados Unidos debilitaría sus propios vínculos internacionales.
China cuestiona las sanciones norteamericanas y mantiene relaciones con gobiernos sometidos al bloqueo de Washington, pero no encabeza un campo de ruptura con el orden capitalista. Participa del Fondo Monetario Internacional, de la Organización Mundial del Comercio y de los principales circuitos financieros. Los BRICS tampoco constituyen un bloque alternativo: reúnen Estados con intereses contrapuestos que actúan dentro de las instituciones y relaciones del mercado mundial.Estados Unidos, a su vez, no puede completar un desacople sin provocar fuertes dislocaciones en sus propias empresas. Numerosos monopolios dependen de proveedores chinos, venden una parte importante de su producción en China o utilizan sus plantas industriales. La ofensiva por disminuir esa dependencia convive con la presión de los capitalistas que quieren preservar sus negocios. Esa contradicción atraviesa a la administración Trump y explica, en parte, el movimiento pendular entre las amenazas y las treguas.
La extensión por dos meses permite ganar tiempo. Trump necesita contener los precios y mostrar algún resultado antes de las elecciones legislativas. Xi procura sostener las exportaciones y evitar que la ofensiva norteamericana agrave la desaceleración económica, la crisis inmobiliaria y las dificultades del mercado interno. Ninguno obtuvo una solución; ambos consiguieron una pausa.
Pero una pausa no modifica el contenido de la rivalidad. La lucha por mercados, materias primas, tecnologías y zonas de influencia se desarrolla en una economía mundial atravesada por la sobreproducción, el endeudamiento y las guerras. Los acuerdos parciales pueden alterar el ritmo de la confrontación. No eliminan las condiciones que vuelven a reproducirla. De allí que la tregua de “dos meses” no altera el curso de la crisis capitalista global.
La clase obrera no tiene ningún interés en respaldar el proteccionismo de Trump ni en depositar expectativas en la diplomacia de Xi. La lucha contra la guerra comercial, el militarismo y la amenaza de una conflagración mundial exige una política independiente de todos los gobiernos capitalistas. Ante la competencia entre Estados y monopolios, la salida es unir mundialmente a los trabajadores contra quienes descargan sobre los pueblos el costo de la crisis y de las guerras.
Pablo Heller
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