viernes, 18 de septiembre de 2026
Allende y el Che
En enero de 1959, Salvador Allende visitaba La Habana. Inicialmente, no entendió lo que ocurría y pensó que nada nuevo pasaba. En un contacto con Carlos Rafael Rodríguez le diría, brusco, «vine a ver esta revolución, pero como no hay tal Revolución, me voy».
A duras penas, su interlocutor lo convenció de quedarse un poco más. En la propia tarde, era citado por el Che a La Cabaña. Lo recibiría tirado en un catre y en medio de un ataque de asma. «Mire, Allende, yo sé perfectamente bien quién es usted. Yo le oí en la campaña presidencial del 52 dos discursos: uno muy bueno y uno muy malo. Así es que conversemos con confianza, porque yo tengo una opinión clara de quién es usted», dijo Guevara.
Después me di cuenta –contaría a Régis Debray, filósofo francés, ya siendo presidente– de la calidad intelectual, el sentido humano, la visión continental que tenía el Che y la concepción realista de la lucha de los pueblos. «Podría decirte que fui amigo del Che».
Se volverían a ver en Montevideo, en pugna común contra la Alianza para el progreso que proponía ee. uu. Al salir del Salón de Honor de la Universidad de esa ciudad, el Che le propuso ir separados para no dar un solo blanco en caso de atentado. Un profesor uruguayo sería asesinado ese día, en efecto, mediante atentado, contra la multitud que esperaba afuera a los líderes.
Horas después se juntaron nuevamente. Allende conoció a la madre del Che y este le confesó que viajaría de forma reservada a Buenos Aires a encontrarse con el presidente argentino Arturo Frondizi.
Durante esos años, Allende recibiría al menos dos regalos del comandante: Un retrato, dedicado a los familiares del compañero Salvador, y un ejemplar de La guerra de guerrillas que había descansado sobre su escritorio y que el chileno calculaba fuese el segundo o tercero de la tirada, porque el primero, meditó, de seguro habría llegado a manos de Fidel.
«A Salvador Allende, que por otros medios trata de obtener lo mismo. Afectuosamente, Che», se leía en la dedicatoria.
Salvador Allende presidía el Senado de su país cuando los sobrevivientes de la Guerrilla en Bolivia rompieron el cerco del ejército y llegaron a territorio de Chile. «Entonces yo estuve con ellos en Iquique y después volé a Pascua y Tahití con ellos. Ahí me firmaron Pombo, Benigno y Urbano en este libro, La guerra de guerrillas, que yo llevaba, y ellos pusieron lo siguiente: “Compañero, en el libro que le obsequió el Che, queremos que queden estas palabras como homenaje a él, de los que fuimos sus compañeros de la guerrilla boliviana”».
Régis Debray le insiste: «Cuando la trasmisión del mando, en el Estadio Nacional, donde usted pronunció su primer discurso político como presidente, estaba el retrato del comandante Guevara. Usted lo mencionó como ejemplo para la juventud chilena. Una pregunta: ¿por qué usted con posiciones políticamente distintas de las del Che sigue asumiendo la bandera del Che Guevara, de la Revolución Cubana, del internacionalismo latinoamericano?
«–Porque yo creo, indiscutiblemente, que en la vida de Latinoamérica pocas veces, o quizá nunca, ha habido un hombre que haya demostrado más consecuencia con sus ideas, más generosidad, más desprendimiento. El Che lo tenía todo, renunció a todo por hacer posible la lucha continental. Ahora, la respuesta del porqué está en la propia dedicatoria del libro del Che: “Para Allende, que por otros caminos trata de obtener lo mismo”. Había diferencias, indiscutiblemente, pero formales. En el fondo, las posiciones eran similares, iguales».
El 11 de septiembre de 1973, con un fusil y un casco militar, arengaría a su gente: «¡Yo no voy a renunciar! Colocado en un tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad del pueblo. Y les digo que tengo la certeza de que la semilla que hemos entregado a la conciencia digna de miles y miles de chilenos, no podrá ser segada definitivamente. Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos».
Nadie podría negar que, ese día, el Che también estuviera hablando mediante la voz de su compañero, quien, a seis años de distancia, era asesinado por el mismo odio.
Mario Ernesto Almeida Bacallao | internet@granma.cu
10 de septiembre de 2026 18:09:01
África Central: escenario sangriento de la guerra imperialista mundial
Yolande Mukagasana, poeta ruandesa, sobreviviente del genocidio de 1994.
El oriente de la República Democrática del Congo (RDC) es el escenario del brutal enfrentamiento armado entre las Fuerzas Armadas de la RDC y el M23 (Movimiento 23 de marzo). La guerra se desarrolla en la región de los Grandes Lagos, una frontera difusa que el Congo comparte con Ruanda y Uganda.
El M23 es un grupo armado que constituye un caso claro de “fuerza proxy”, una milicia local que, aunque compuesta por ciudadanos de la RDC, actúa con el respaldo militar, logístico y político del Estado ruandés. Esto le permite al gobierno de Ruanda intervenir en el conflicto, asegurar el control de enclaves mineros y proyectar su poder regional sin asumir abiertamente el costo político de una invasión estatal directa. Por su parte, Uganda despliega tropas bajo el pretexto de una lucha contra grupos terroristas islámicos, pero asegura sus propios corredores comerciales y concesiones informales de oro y madera.
La violencia de esta contienda actual tiene de por medio la riqueza de los yacimientos masivos de coltán (del que se extraen el tantalio y el niobio), cobalto, estaño, tungsteno y oro. Son materias primas indispensables para la industria digital (smartphones, computadoras, redes de telecomunicaciones, súper aleaciones) y para la industria militar de alta tecnología (sistemas de guía para misiles, turbinas para aviones de combate, blindajes avanzados y motores de cohetes). Una guerra para sostener la guerra. Particularmente en el caso del coltán y el cobalto, aunque existen en otros puntos del globo, ningún lugar se equipara a la concentración, volumen y bajo costo de extracción que posee la RDC.
La realidad en la mina, el costo humano y el circuito del contrabando
Para comprender el conflicto hay que considerar que en minas informales como la de Rubaya (Kivu Norte) -de donde sale una porción vital del coltán mundial- la extracción no la gestiona una corporación formal, sino una red administrada por el M23 y comerciantes locales que cobran impuestos y obtienen ingresos directos de la producción.
Los trabajadores subterráneos se internan en galerías precarias en condiciones inhumanas, expuestos a derrumbes, trabajo infantil, violencia endémica y riesgos sanitarios extremos, incluido el contacto con murciélagos reservorios de enfermedades. En una mina de oro del noreste del Congo, por ejemplo, un brote de virus de Marburgo mató a 128 de los 154 mineros infectados.
Joseph Busby, fundador y director de Reality-Based Analysis en su artículo “Los Grandes Lagos de África: La máquina de violencia perpetua” explica que estas condiciones facilitaron rebrotes masivos de Ébola.
El mineral así extraído cruza la frontera porosa hacia Ruanda o Uganda. Allí es blanqueado mediante etiquetados de origen falso y exportado legalmente hacia centros de comercialización internacional en Dubái, Tailandia y refinerías en Asia. El negocio se sostiene porque las compañías de las potencias demandan la materia prima a un costo reducido, conectando la economía informal de la guerra con las cadenas de producción.
Una guerra en la disputa imperialista mundial
Esta guerra es consentida y rentabilizada por las dos principales potencias, que intervienen en forma indirecta. Washington y Pekín tienen intereses contrapuestos en la región, pero ninguno de los dos controla directamente el conjunto del conflicto. Las disputas territoriales y los circuitos informales de extracción permiten que los minerales continúen alimentando las cadenas internacionales de abastecimiento. La falta de gobierno y la presencia de milicias locales crean una "tierra de oportunidades" donde el acceso no oficial a estos recursos críticos permanece garantizado.
China construyó una posición dominante en la RDC mediante el modelo de “infraestructura por recurso" (iniciado formalmente con el acuerdo Sicomines en 2007-2008). Las empresas estatales chinas controlan entre el 70% y el 80% de la producción de cobre y cobalto congoleños. Asimismo, China procesa más del 60% del litio y del cobalto a escala global, además de mantener una posición dominante en tierras raras y tantalio. No necesita controlar militarmente cada pozo minero; le basta con dominar la capacidad industrial que transforma el mineral bruto en insumo tecnológico.
Pekín pide abstractamente el respeto a la integridad territorial de la RDC en el Consejo de Seguridad de la ONU y respalda las iniciativas de paz regionales, pero su prioridad operativa es resguardar la continuidad de sus inversiones mineras e infraestructurales masivas, evitando enfrentarse directamente con Ruanda o la RDC.
La contraofensiva de Estados Unidos, que ve vulnerada su seguridad nacional e industria militar por la posición de China, es asegurar el acceso directo a las fuentes y desarrollar rutas alternativas.
El pilar de esta estrategia es el “Corredor de Lobito” una vía ferroviaria financiada por EE.UU. y la Unión Europea que conecta las zonas mineras del Congo y Zambia con el puerto de Lobito en Angola, sobre el Océano Atlántico. Su objetivo estratégico es abrir una vía hacia los mercados occidentales para los minerales de la RDC y Zambia, reduciendo la dependencia de las rutas y cadenas de suministro dominadas por China. Aunque el Departamento de Estado ha acusado a Ruanda de violar la soberanía de la RDC, apoyar militarmente al M23 y desplegar armamento avanzado en Kivu Norte, pacta acuerdos sobre minerales críticos directamente con el gobierno de Ruanda y financia la infraestructura del Corredor de Lobito.
La Unión Europea también condena los ataques del M23, pero firmó un memorando de entendimiento estratégico con Ruanda sobre "cadenas de valor sostenibles de materias primas". El gobierno congoleño acusa a Bruselas de validar el comercio de minerales saqueados.
Para completar el panorama del papel de las fuerzas imperialistas en esta guerra hay que mencionar a las Naciones Unidas, que, durante casi dos décadas, se mantuvo “liberando el territorio” para los genocidios, pero en 2013 intervino por primera vez desembozadamente como fuerza militar con 3.000 soldados contra el M23 porque ponía en riesgo la salida de minerales.
De 1994 a la "Gran Guerra de África"
La guerra actual no es un fenómeno aislado ni repentino; es la continuidad de un ciclo bélico ininterrumpido que entra en su cuarta década, agravado como expresión africana del desarrollo de la guerra internacional.
El inicio se encuentra en las matanzas de 1994, en las que cerca de un millón de personas (mayoritariamente tutsis una de las dos etnias principales) fueron exterminadas. Tras la derrota de los genocidas a manos del Frente Patriótico Ruandés (liderado por Paul Kagame, actual presidente de Ruanda), cientos de miles de refugiados y milicianos hutus huyeron al territorio del entonces Zaire (hoy RDC). Desde allí, las milicias hutus (la otra etnia) reorganizadas lanzaron ataques e incursiones transfronterizas contra el nuevo gobierno de Ruanda.
En 1996, Ruanda y Uganda invadieron militarmente Zaire en alianza con fuerzas rebeldes locales, durante la Primera Guerra del Congo.
Luego entre 1998 y 2003 transcurrió la Segunda Guerra del Congo, un conflicto de escala continental en el que Ruanda y Uganda volvieron a invadir la RDC para apoyar a milicias rebeldes, mientras que Angola, Zimbabue y Namibia intervinieron militarmente para defender al gobierno congoleño. La contienda cobró más de cinco millones de vidas -la inmensa mayoría debido al hambre, las epidemias y el colapso social- y formalizó la fragmentación del territorio oriental, transformando los minerales en la principal fuente de financiamiento para ejércitos y grupos armados.
Aunque las guerras terminaron formalmente con los acuerdos de paz de 2003 las tensiones estructurales, el tráfico transfronterizo y la presencia de milicias nunca se resolvieron. El M23 nació precisamente como heredero directo de las organizaciones armadas tutsis consolidadas durante aquellas dos guerras regionales.
El mecanismo del holocausto africano
El conflicto en el oriente de la RDC pone de manifiesto la barbarie del imperialismo que está cobrando el mayor número de vidas desde la Segunda Guerra Mundial, acercándose al número de asesinatos hitlerianos. Una de las regiones más ricas en recursos estratégicos del planeta con poblaciones que viven un infierno de exterminio y sufrimientos.
Esta guerra no impide la circulación de las riquezas; al contrario, funciona como el mecanismo violento que permite extraer y comerciar materias primas de bajo costo, desreguladas y sin controles ambientales o laborales. Mientras los países imperialistas y organismos emiten declaraciones pidiendo la paz, sus compañías de armamento, tecnología y electromovilidad continúan absorbiendo el mineral que surge de los pozos de Kivu.
Silvia Jayo
15/09/2026
jueves, 17 de septiembre de 2026
Oliver Stone: pensar y filmar a contramano del dictado hegemónico
Nadar a contracorriente en un sistema político tan hostil a la diferencia, como el de Estados Unidos, requiere brazadas de persistencia, consecuencia, valor y resistencia, como las sostenidas, a pecho limpio, por el realizador Oliver Stone.
El cineasta admirador de Fidel Castro e impugnador de la guerra imperialista de Vietnam, quien recorriese la historia de su país mediante imágenes aniquilantes de mitos y falacias, denunciase los crímenes de sus administraciones y se solidarizase con justas causas alrededor del mundo, cumple 80 años este 15 de septiembre. Y es menester ponderar tanto su obra como su postura.
Este realizador y guionista estadounidense comienza a delinear su impronta temprano, en la década de los 70 del pasado siglo, cuando obtuvo el Oscar al Mejor Guion Adaptado por El expreso de medianoche (1978); un brutal, incómodo y polémico drama carcelario dirigido por el británico Alan Parker.
Otras estatuillas doradas se agregarían más tarde a su palmarés particular, todas por obras de consideración dentro del cine estadounidense. Pelotón (1986), primer peldaño de su Trilogía de Vietnam y merecedora de cuatro Oscar (incluidos Mejor Película y Mejor Dirección), abjura de la barbarie imperial en Indochina.
Nacido el 4 de julio (1989), Oscar a la Mejor Dirección, porta algunas de las imágenes más demoledoras de la pantalla de ficción local. Cuando, en dicho filme, el personaje central, defendido por Tom Cruise, retorna de la carnicería vietnamita en silla de ruedas, embargado de dudas, frustración, pesar, y mal atendido en un sucio hospital para veteranos de guerra, Stone habla del sinsentido de aquella conflagración bélica, causante de millones de muertos y de tantos proyectos de vida truncados.
Es un tema que le obsede. Muy joven, aún estudiante, para 1971, había filmado el cortometraje Último año en Vietnam, semibiográfica obra de siete minutos alrededor de un veterano (compuesto por el mismo Stone, participante en esa guerra), quien intenta sortear las evocaciones de la contienda bélica, al retornar al Nueva York natal de Oliver.
Del apoyo de Washington a las juntas militares genocidas del continente puede conocerse, entre otros temas, en Salvador (1986). Mientras que en J.F.K. (1991) –película antológica por su maestría en el montaje– Stone pone en tela de juicio la versión oficial sobre el magnicidio de Kennedy, en 1963.
La serie televisiva La historia no contada de los Estados Unidos (2012), dirigida, producida, narrada y coescrita por Oliver Stone, constituye una ofrenda a la verdad, regalada por un director con garantías a la hora de establecer aproximaciones realistas de episodios claves del pasado y la naturaleza de su país.
Prolijo en su recurrencia al archivo, auspicioso en su caudal de imágenes, realzado por la música del afamado compositor español Alberto Iglesias, el documental Comandante (2003) es menos una biopic testimonial que un gran fresco histórico compuesto de mosaicos, de paisajes ineludibles de una centuria en la cual trazos principales fueron estampados por la inmarcesible huella de Fidel.
Aunque esencialmente política, la pantalla de Stone también explora otros temas o géneros. No obstante, no deja de ser hasta cierto punto sorprendente que un film–noir como Giro al infierno (1997) haya sido dirigido por un cineasta mucho más conocido por cintas de signo diferentes, enfocadas a lo político o biográfico (Nixon, W, Alexander).
Sin embargo, tampoco resulta del todo insólito, si oteamos en sus horizontes como guionista, e incluso en ese paréntesis de su filmografía llamado Asesinos natos, Gran Premio Especial del Jurado en Venecia 1994. Es un estudio sobre la violencia (vapuleado e incomprendido), de suma vigencia en la actualidad de su país.
Julio Martínez Molina | internet@granma.cu
14 de septiembre de 2026 12:09:52
miércoles, 16 de septiembre de 2026
Los hutíes se hacen del control de las costas del Mar Rojo
Esta semana, los hutíes se hicieron del control de toda la costa norte del estrecho de Bab el-Mandeb y de las islas ubicadas en medio del paso. Es su mayor victoria militar en más de una década de guerra civil. La guerra se centra en el control de los pasos marítimos.
Los hutíes se hicieron de 130 kilómetros que estaban bajo control del gobierno yemení reconocido internacionalmente y sostenido por Arabia Saudita y otros países.
Los hutíes tomaron la costa de Tihama, el puerto de Moca y la isla de Perim. Esto les otorga capacidad real para estrangular o bloquear el tráfico marítimo que constituye el 10 % a nivel del comercio mundial. Esta ruta marítima es clave, además, porque se había convertido en un paso alternativo para los hidrocarburos de Arabia Saudita, debido al bloqueo iraní en el estrecho de Ormuz. La avanzada militar de los hutíes significa una derrota para la estrategia bélica de Trump. El fascista ahora se ve acorralado por una crisis energética global que aumenta la inflación a menos de dos meses de las elecciones de medio término. El barril escaló a los 108 dólares tras el avance de las milicias hutíes.
El príncipe saudí Bin Salman llamó dos veces a Trump para reclamar apoyo, sin obtener respuesta; esto da muestra del impasse de la guerra del imperialismo norteamericano .
Según una fuente de CNN, las listas de los batallones yemeníes estaban llenas de “nombres ficticios” que recibían sueldos, y la fuerza real de los militares era solo alrededor del 20 % de lo que figuraba en los papeles. Tareq Saleh llamó a replegarse a la capital provisional, Adén, pero, según varios reportes de prensa, él mismo huyó a Eritrea, en la costa africana. Por eso, se espera que los hutíes avancen sobre la capital. Adén está colapsada, debido a que la mayoría de los 85.000 refugiados que provocó la escalada se encuentran allí.
Para aprovechar el colapso, los hutíes ofrecieron un indulto a las fuerzas oficialistas de Yemen que depusieran las armas. Algunos batallones se rindieron. Sin embargo, este sábado los aviones saudíes bombardearon Moca y continúan los combates. Los hutíes respondieron atacando nuevamente instalaciones petroleras saudíes.
El acuerdo de la Meca -el pacto de seguridad entre Turquía, Pakistán y Arabia- se ha mostrado impotente ante el ataque hutí. Lo mismo pasó con los acuerdos que Arabia Saudita hizo firmar a diversos países para defender el libre paso por el mar Rojo. Las bases militares estadounidenses mostraron la misma inutilidad.
Aldana González
14/09/2026
lunes, 14 de septiembre de 2026
Paralelismos y divergencias en la estrategia de EE. UU. contra la URSS y Cuba
La estrategia de Estados Unidos contra la Unión Soviética y Cuba comparte una lógica subyacente, típica de la Guerra Fría, basada en la contención y la subversión.
En los tres pilares fundamentales, la guerra económica, la subversión política y la guerra sicológica y propagandística, se observa una marcada similitud en el enfoque.
Sin embargo, debido a la enorme diferencia en la magnitud, el poderío militar y la ubicación geográfica de ambos adversarios, las tácticas concretas y los objetivos finales presentan matices cruciales. Mientras que contra la URSS la meta era el desgaste y la contención, contra Cuba se ha tendido más hacia el asedio y la asfixia.
Sin dudas, la guerra económica es el instrumento central en ambos casos, concebida para estrangular los recursos vitales del adversario. Contra la URSS, la estrategia se centró en coordinar con los aliados occidentales un bloqueo tecnológico y comercial estricto, limitando la exportación de tecnología avanzada y bienes estratégicos. El objetivo era frenar el desarrollo industrial y militar soviético.
Contra Cuba se implementó el bloqueo económico, comercial y financiero más prolongado y exhaustivo de la historia moderna. Un cerco total que no se limita a cortar el comercio bilateral, sino que se ha convertido en una guerra económica de alcance extraterritorial.
En ambos casos, la economía se utiliza como un ariete para generar privaciones materiales y dificultades internas. La diferencia clave radica en la intensidad y la duración. Contra Cuba, el cerco es absoluto e ininterrumpido.
En el plano político y militar, ambos escenarios muestran una evolución desde planes de guerra a gran escala hacia operaciones más encubiertas y de baja intensidad.
Contra la URSS se concibieron planes como la Operación Dropshot (1949), que contemplaba un ataque nuclear masivo para destruir el 85 % de la capacidad industrial soviética. No obstante, el desarrollo del arsenal nuclear de la nación euroasiática hizo inviable cualquier intento de invasión directa.
Dada la proximidad geográfica de Cuba y la asimetría de fuerzas, EE. UU. recurrió a una intervención más directa y agresiva: la fallida invasión por Playa Girón, en 1961; los sabotajes y asesinatos sistemáticos; y operaciones de gran calado como Mangosta (1962), o de falsa bandera como Northwoods (1962).
También, la propaganda y la guerra sicológica son armas ideológicas permanentes en ambos frentes. Contra la URSS, para la penetración externa y confrontación ideológica se utilizaron emisoras como Radio Free Europe y Radio Liberty, con contenidos en lenguas vernáculas, a fin de erosionar la legitimidad del sistema desde afuera.
En el caso de Cuba, la propaganda se elevó a un nivel estratégico, aprovechando la cercanía geográfica. Se crearon Radio Martí y TV Martí, plataformas financiadas por el Gobierno estadounidense, para emitir una programación de alta intensidad y contenido político explícito, con el objetivo de «promover el cambio» en la Isla.
La esencia: ambas son formas de diplomacia pública agresiva, que buscan demonizar al adversario y socavar su credibilidad. La diferencia es que, contra Cuba, este aparato propagandístico es más invasivo, cercano, y constituye un componente integral y continuo de su estrategia de «cambio de régimen», alentando la disidencia interna y la fuga de talentos.
Sintetizando, la estrategia de Estados Unidos contra la Unión Soviética y contra Cuba sigue el mismo libreto de la Guerra Fría: la economía como un torniquete para asfixiar el sustento material del pueblo, la subversión para fracturar la cohesión interna desde la sombra, y la propaganda para corroer las bases ideológicas de su legitimidad.
No obstante, los medios y la intensidad se bifurcan según el objetivo. Contra la URSS, EE. UU. aplicó una estrategia de «contención y desgaste», viéndola como un adversario global a quien debía superar en una costosa carrera armamentística y en guerras periféricas.
Hacia Cuba, en cambio, EE. UU. ha aplicado una estrategia de «asfixia y aniquilación», viéndola como un enclave hostil a solo 90 millas de sus costas.
Por ello, sus herramientas han sido más directas, implacables y duraderas. Buscan no solo contener, sino colapsar económica y políticamente al país mediante un cerco total y una guerra sicológica incesante, y que lleva más de seis décadas sin tregua.
Raúl Antonio Capote | internacionales@granma.cu
14 de septiembre de 2026 12:09:56
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