jueves, 30 de abril de 2026
El «viejo mundo» que muere: la metáfora del interregno
Desde los años 80, el capitalismo global consolidó un «bloque histórico» bajo hegemonía neoliberal: globalización de mercados, desregulación financiera, debilitamiento de los sindicatos...
A pesar de las promesas de desarrollo y aumento de la riqueza, el neoliberalismo produjo varias tendencias que llevaron a su propio agotamiento: crisis de representación de los partidos tradicionales, aumento de la desigualdad, y precarización de amplios sectores.
En ese orden de cosas, el sistema desplazó la ganancia de la producción a la especulación, esto generó crisis cada vez más violentas.
Así, el capitalismo neoliberal no solo no logró estabilizarse, sino que transfirió riqueza de los trabajadores a los rentistas, las reformas laborales flexibilizaron el despido, se debilitaron los sindicatos, y crearon una masa de trabajadores precarizada.
Las corporaciones transnacionales dividieron el mundo en zonas de explotación máxima. Pero esta fase entró en crisis cuando la sobreacumulación financiera ya no pudo sostenerse sin rescates estatales masivos (2008). Como Lenin diría: el capitalismo agotó su capacidad de expandirse geográficamente; ahora solo se devora a sí mismo.
La localización productiva hacia China, México o el Sudeste Asiático multiplicó la oferta mundial de fuerza de trabajo, pero el desempleo estructural se reafirmó como una característica funcional.
El neoliberalismo acentuó la explotación irracional de la naturaleza: la privatización del agua, el agronegocio transgénico, la extracción minera a cielo abierto, los acuerdos de «libre comercio» que anulan regulaciones ambientales.
Recortaron los servicios públicos, las guarderías, la atención a ancianos, la sanidad, mientras las privatizaciones del agua, la electricidad, los ferrocarriles y correos en los 80 y 90 provocaron aumentos de tarifas, mala calidad y corrupción.
Para rescatar al sistema financiero en 2008, los Estados endeudaron a las generaciones futuras, impusieron políticas de austeridad que no pagaron los bancos, sino los trabajadores; los países llamados «periféricos» quedaron sometidos al Fondo Monetario Internacional (FMI) y a los fondos buitres.
Estos elementos muestran que la crisis del neoliberalismo no es coyuntural, sino orgánica en el sentido gramsciano. El capital no puede ofrecer estabilidad, empleo digno, cuidados ni futuro ecológico.
De ese modo, la precarización alcanzó incluso a sectores antes privilegiados de técnicos e ingenieros y parte de la clase obrera golpeada por la situación tendió hacia posiciones de extrema derecha.
Como señaló Lenin, esta no es una «radicalización» genuina, sino un reflejo desesperado de capas que pierden sus privilegios relativos sin adquirir conciencia de clase internacionalista.
LAS SOMBRAS DEL INTERREGNO
El «viejo mundo» se muere en cada nueva crisis, pero el «nuevo» aún no nace y en ese claroscuro aparecen los monstruos que canalizan el miedo y la rabia hacia soluciones regresivas. Entender todos los componentes de la crisis es la precondición para construir una salida socialista, para comenzar a edificar el futuro comunista.
El neoliberalismo pos-Guerra Fría soñó con un capitalismo global bajo la hegemonía de EE. UU.; no previó el ascenso de China como potencia económico-militar, que desafía el dominio tecnológico y la dictadura del dólar.
La guerra comercial y tecnológica entre EE. UU. y China, la política de sanciones, el rearme europeo, la guerra de la OTAN y Ucrania contra Rusia, la agresión a Irán por parte de la entidad sionista de Israel y Estados Unidos, son reflejos de lo que Lenin enfatizó en reiteradas oportunidades, que el reparto desigual del mundo genera guerras imperialistas periódicas.
Para Lenin, estas contradicciones anuncian que el sistema ya no puede gestionarse mediante consenso: la guerra se convierte en un instrumento ordinario para reconfigurar la dominación.
De esta suerte, el preclaro líder de la Revolución Bolchevique analizó cómo la burguesía, cuando su dominación corre peligro por la lucha de clases, recurre a métodos abiertamente dictatoriales y demagógicos.
Las respuestas fueron, son y serán el bonapartismo y el fascismo, la disolución de los canales democrático-burgueses tradicionales, apelan a la pequeña burguesía y a sectores obreros desclasados con un discurso antiélite, mientras imponen ajustes antipopulares y preparan el terreno para una represión más abierta contra los movimientos populares.
Marx describió el bonapartismo como un poder ejecutivo que se sitúa por encima de las clases en lucha, equilibrando sus fuerzas al servicio del capital.
El «líder» se presenta como «el defensor del pueblo trabajador» contra las élites, pero gobierna para los más ricos, transforma la crisis orgánica en chivo expiatorio: los culpables no son el capital ni el sistema, sino los inmigrantes, chinos o los «globalistas».
De este modo, desplaza la lucha de clases hacia el terreno étnico-nacionalista. Es una forma de lo que Gramsci llamaría «revolución pasiva»: incorporan demandas, pero vaciándolas de contenido anticapitalista, reorientándolas hacia el odio al diferente.
Los nuevos guías antiélites se apoyan principalmente en los pequeños empresarios y propietarios rurales –que ven amenazada su posición por las grandes cadenas y la competencia global–, los trabajadores de industrias en declive –que han perdido su organización sindical y su conciencia de clase–, y las capas medias empobrecidas –que temen caer en el proletariado.
A todos ellos, les ofrecen un «capitalismo con rostro nacional», no cuestionar la propiedad privada ni la explotación, sino ponerla al servicio de «los nuestros».
A diferencia del keynesianismo o la socialdemocracia, el marxismo-leninismo sostiene que la crisis del neoliberalismo es terminal para el capitalismo en su conjunto, no solo para una variante de él.
Frente a los monstruos, la tentación reformista es pedir «volver a la normalidad», la tentación es fuerte. ¿Para qué fomentar el caos?, es mejor esperar que la crisis genere automáticamente conciencia revolucionaria.
Mientras tanto, la burguesía seguirá ofreciendo monstruos, guerras y barbarie. La tarea de los comunistas es transformar la tribulación de las grandes masas en conciencia revolucionaria, aprovechando cada grieta del sistema para avanzar hacia la única alternativa: el socialismo.
Raúl Antonio Capote | internacionales@granma.cu
30 de abril de 2026 07:04:54
World Liberty Financial: El cajero automático del comandante de la guerra
Los Trump son herederos de una acumulación basada en la explotación de obreros de la construcción y los servicios que ahora mutó en una existencia parasitaria. El esquema funciona de manera criminal mediante la emisión del token WLFI para recaudar 715 millones de dólares de pequeños inversores y pedir luego préstamos usando esos mismos activos, que carecen de sustento real, como garantía. Genera deuda contra la nada misma mientras el presidente declaró ingresos personales millonarios por este concepto (Financial Times, 18/04/2026). Los ricos son ricos porque explotan la fuerza de trabajo, y en el caso del clan Trump, esa riqueza se multiplica mediante la rapiña de la propia arquitectura financiera que ayudaron a desregular.
Este aprovechamiento oportunista no constituye un fenómeno aislado sino el método mismo de la política económica oficial a escala internacional, cuya expresión local es la causa $Libra. En Argentina, el clan Milei ha llevado la cotización moral del régimen por debajo del subsuelo al utilizar los mismos esquemas de estafa piramidal para pulverizar salarios y jubilaciones en favor del enriquecimiento ilícito. Lo que une a la camarilla gobernante con personajes como Novelli demuestra que el país ha sido encomendado a una banda de lúmpenes que se estafan mutuamente mediante delitos financieros.
El colapso de la empresa de los Trump está soldado a la política exterior de la Casa Blanca y a la movilización militar global. El informe revela que días antes de su inauguración, Trump vendió la mitad del capital de su firma a inversores de Abu Dhabi por 500 millones de dólares y poco después los Emiratos Árabes Unidos -país alineado al ataque a Irán y la exigencia de apertura del Estrecho de Ormuz (Infobae, 01/04/2026)- recibieron acceso privilegiado a tecnología estratégica de Estados Unidos (Financial Times, 18/04/2026). Este es el comandante de la guerra en acción que utiliza el poder militar para valorizar su patrimonio personal mientras prepara el terreno para nuevos choques. El destino de los jóvenes enviados como carne de cañón a los frentes internacionales se negocia en cenas pagadas por magnates del mundo cripto como Justin Sun. La guerra es la premisa necesaria para estas operaciones de legalización de capitales sucios y para el saqueo mundial.
La caída del precio del token y la rebelión de sus propios patrocinadores denuncian la completa descomposición del régimen en sus más altas esferas. Como dice el magnate Sun, el equipo del proyecto trata a la comunidad como “un cajero automático personal” (Financial Times, 18/04/2026). El capital ha abandonado la inversión fija para volcarse a estos instrumentos de rendimiento ficticio que funcionan como correas de transmisión de la plusvalía hacia las entidades privadas de la familia presidencial. El parasitismo financiero es la demostración definitiva de la debacle capitalista y el preludio de una catástrofe mayor. Esta es la vanguardia de la clase dominante que no es más que una lumpen burguesía, una banda de especuladores y genocidas con acceso a armas nucleares. Un sistema que solo sobrevive mediante el engaño piramidal y el exterminio bélico ha perdido todo derecho a existir. Solo la organización de la clase obrera podrá poner fin a este festín para planificar la economía en función de la humanidad y no del beneficio de los explotadores. Por el derrocamiento de los gobiernos de la guerra. Socialismo o barbarie.
Iara Bogado
28/04/2026
miércoles, 29 de abril de 2026
El Primero de Mayo vence el falso ‘cese del fuego’ de la guerra imperialista
En pocos días más -el próximo viernes más precisamente- expira el plazo de la falsa tregua, no acordada, entre Estados Unidos e Irán, establecida unilateralmente por Donald Trump. Luego de un comienzo, también falso, que duró 24 horas, las partes no han vuelto a reunirse. El Estado sionista nunca adhirió a este peculiar cese del fuego y siguió bombardeando Líbano en forma feroz, anexando ciudades y franjas de territorio en el país del cedro. Trump sacó de la manga una negociación entre el gobierno libanés -no Hizbollah- en Washington, que acordó una tregua más falsa que las anteriores.
El llamado ‘cese del fuego’ ha servido para que Estados Unidos bloqueara los puertos de Irán y, adicionalmente, todos los mares del planeta. La Marina de Guerra norteamericana ha secuestrado navíos iraníes en el Océano Índico y sancionado numerosas empresas navieras que cargaban petróleo y gas a refinerías de China, el principal mercado de exportación de Irán. Al mismo tiempo, el transportador George W. Bush, acompañado por varios destructores ha trasladado miles de tropas hacia el mar Arábigo, en lo que el Financial Times ha calificado como “el mayor agrupamiento militar de Estados Unidos desde 2004”. Dan Cane, el jefe del Estado Mayor de Estados Unidos, ha declarado que cualquier resistencia a cumplir con el bloqueo sería respondida por medio de las armas.
La guerra contra Irán, además de extender la dominación militar sionista en sus fronteras inmediatas, ha puesto de manifiesto el propósito fundamental del conflicto, que es asfixiar a China en cuanto a la energía fósil. La guerra no es local sino internacional. De acuerdo a la prensa china de Hong Kong, el punto decisivo de la agenda de Xi Jinping, en su prevista reunión con Trump, a mediados de mayo próximo, será la expulsión de las compañías chinas que administraban los puertos del canal de Panamá, en el entendimiento en que Trump podría convertirlo en un punto e bloqueo contra China. Estados Unidos, además del bloqueo militar contra Venezuela y Cuba, tiene a su Marina de Guerra desplegada por el mundo para ejercer las mismas funciones. Ningún Estado del planeta ha confrontado este bloqueo. Después del fracasado bloqueo continental de Napoleón, una suerte de guerra mundial a principios del siglo XIX, no se ha visto nada parecido. Estados Unidos, un antiguo importador masivo de petróleo, se ha convertido en el principal proveedor internacional junto al gas licuado. Los emiratos del Golfo y Arabia Saudita han sido relativamente excluidos de los mercados de exportación como consecuencia de los ataques sufridos por sus yacimientos y refinerías. Las autoridades de China han respondido con mayores inversiones en la producción local.
Los especialistas informados en asuntos militares aseguran que las pérdidas militares de Estados Unidos, en cuanto a misiles de intercepción, ha sido enorme en el tiempo transcurrido; los arsenales se han reducido peligrosamente. Este llamado ‘error de cálculo’ ha forzado al Pentágono a ordenar un acelerado reequipamiento que ha desatado una furiosa pelea en materia de contrataciones. El secretario de Guerra, Hegshet, ha desplazado al secretario del Ejército, Dan Driscoll, un amigo íntimo del vicepresidente JD Vance; lo mismo está por ocurrir con el secretario naval. Las purgas en el Pentágono han sido numerosas, en función de incrementar la guerra para plegar al gobierno de Irán a los objetivos internacionales de Trump, por medio de una centralización de las decisiones.
Trump ha sancionado también a los países de la OTAN que se han negado a colaborar con Estados Unidos en despejar el estrecho de Ormuz. Ha excluido a Francia de la colaboración en materia de Inteligencia y ha anulado los ejercicios militares previstos con Alemania; ha amenazado a Gran Bretaña con dejar de apoyarla en la cuestión de Malvinas. Friedrich Merz ha respondido con la denuncia de que la guerra contra Irán es perjudicial para la economía mundial, o sea, para Alemania, debido al aumento que ha provocado en los costos de producción en Europa. Es el mismo Merz que apoyó los bombardeos sionistas norteamericanos contra Irán hace dos meses. Merz le reprocha ahora a Trump que no tiene un plan de salida, cuando la Unión Europea lo tiene menos aún en Ucrania, contra Rusia, después de aprobar fondos de guerra por 90.000 millones de euros. La semana pasada, un ataque de Zelenski destruyó una refinería Rusia e incendió otra en el Mar Negro. Solamente una guerra de alcance mundial ha podido llevar la guerra a territorio ruso y ha podido quebrar a la OTAN a tal punto. Merz y toda la UE se han lanzado a un furioso rearme, con el propósito de anexar a Ucrania y disputar con los imperialismos rivales los ex estados soviéticos en Asia Central. La UE acaba de iniciar negociaciones oficiales para incorporar a Ucrania al bloque europeo, sin mandato popular, en calidad de semicolonia.
A horas de finalización de la falsa ‘tregua’, la camarilla de Trump parece retomar la línea de producir un “cambio de régimen”, alegando que el liderazgo iraní se encuentra dividido. Un sector reprocha haber admitido la discusión nuclear con Trump, y no haber limitado las negociaciones al tema del estrecho de Ormuz. La implicancia de la divergencia sería que un ala del gobierno podría aceptar el congelamiento por tiempo indefinido del enriquecimiento de uranio. Pero Trump reclama mucho más –la cesión del uranio enriquecido acumulado. El asunto ha sido muy probablemente discutido con Putin, en la reciente visita que el ministro Abbas Araqchi realizó a Moscú; en el pasado, Rusia se había ofrecido a resguardar ese stock. Junto con la terminación de la ‘tregua’, también se encuentra a punto de vencer la licencia constitucional que faculta al Ejecutivo norteamericano a entrar en una guerra. Sólo una guerra internacional o mundial podría haber desatado crisis políticas y sociales de semejante envergadura en las potencias imperialistas y en el sistema imperialista como un todo. El mismo Xi Jinping ha lanzado purgas militares de mayor alcance que las que tienen lugar en Estados Unidos y, hace dos años, en Rusia. El ministro de Defensa de Israel, Israel Katz, ya se ha adelantado en anunciar que el Estado sionista saludará el fin de la ‘tregua’ con un ataque apocalíptico contra Líbano e Irán.
Una frase muy remanida asegura que iniciar una guerra es muy fácil, lo difícil es terminarla. Esto significa que los protagonistas no controlan el estallido histórico de las contradicciones sociales que los ha llevado a ella. La guerra viene asociada con las crisis económicas, enormes sufrimientos sociales, masacres, y también con el fascismo o la revolución. Esta caracterización es de primer orden para quienes luchan contra la explotación y la miseria social, y lo hacen contra las guerras imperialistas. Quienes no lo hacen están condenados a la pasividad o el pacifismo.
Jorge Altamira
28/04/2026
martes, 28 de abril de 2026
Artemis II: las fotos que revelan el fin de los glaciares a pesar del “negacionismo” climático de Trump y Milei
Este negacionismo es la excusa necesaria para avanzar en negociados millonarios. Al decir que el cambio climático no existe, el gobierno de Milei justifica el desmantelamiento de la protección de nuestros recursos. El ejemplo más claro es la reforma de la Ley de Glaciares en Argentina: bajo la presión de la cámara de comercio norteamericana (AmCham) y las multinacionales, el Gobierno cambió las reglas para que las mineras puedan dinamitar las zonas donde nace el agua dulce (https://politicaobrera.com/15540-patagonia-en-llamas-la-trama-detras-del-incendio-forestal-en-chubut). Para lograr este remate del país, el oficialismo recurrió a una "coima minera", repartiendo 67.000 millones de pesos entre gobernadores radicales y peronistas para que sus diputados voten a favor de las multinacionales (https://politicaobrera.com/16040-el-gobierno-avanza-en-imponer-una-ley-de-destruccion-de-los-glaciares-al-servicio-de-las-multinacionales-mineras). Con este cambio, casi toda el agua del noroeste argentino (97 %) queda regalada a las empresas para que la usen en sus minas. El negacionismo es el "permiso legal" que se dan a sí mismos para convertir el agua de todos en la ganancia de unos pocos pulpos extranjeros, como el grupo Benetton o la empresa israelí Mekorot.
Como explicó la jefa del Comando Sur de EE. UU., Laura Richardson, ellos ven a nuestros glaciares y tierras no como naturaleza, sino como un botín de guerra (recursos estratégicos) para sus industrias y ejércitos. Para que este robo pase desapercibido, el Gobierno desfinancia a los científicos del CONICET y a los organismos que controlaban el impacto en el ambiente. El sistema capitalista prefiere destruir las condiciones de vida de la humanidad antes que frenar la acumulación de ganancias y la extensión del dominio planetario. Es imprescindible defender el agua de la humanidad contra los que rematan el país para financiar la guerra y sus propios bolsillos. Por el derrocamiento de los gobiernos de la guerra. Socialismo o barbarie.
Iara Bogado
27/04/2026
lunes, 27 de abril de 2026
Mark Zuckerberg: un tecnobro siniestro sentado a la diestra de Trump
Puede que, llegados a este punto, escribir sobre Mark Zuckerberg sea aburrido, pero hasta hace muy poco se decía lo mismo de la democracia y ya empezamos a echarla en falta. Vázquez Montalbán puso, irónicamente, en circulación aquello de “contra Franco vivíamos mejor”. Volaremos, entonces, cómo lo estamos pasando ahora, mientras España es uno de los contados países democráticos que se enfrentan a Trump. Con lo cual, no es un ejercicio monótono revisitar a Zuckerberg, el espabilado de Harvard.
El personaje que se dibuja en la película La red social de David Fincher que cuenta la historia de Facebook, está construido desde la ficción y no mucho de lo que se narra allí se puede tomar como apunte de la realidad, salvo los datos constatables. Un ejemplo es el timo a los gemelos Tyler y Cameron Winklevoss a los que Zuckerberg les arrebata en la universidad el germen de Facebook. Otro dato veraz es el temprano aporte financiero de Peter Thiel a Facebook. Hay más pero de todos modos, la matriz psicológica que construye el actor Jesse Eisenberg, si bien es totalmente subjetiva, responde a un modelo que la peripecia vital de Zuckerberg no desmiente: un sociópata centrado en unos fines sin freno alguno, ni moral ni emocional.
La semana pasada se conocieron dos sentencias adversas contra el imperio de Zuckerberg. En Los Ángeles, una niña que comenzó a utilizar YouTube, empresa de Google, a los seis años, e Instagram a los nueve, confesó, una década después, no poder superar la adicción generada por las redes. El jurado declaró culpables a las dos empresas. En otro tribunal de Nuevo México, Meta, propietaria de Instagram y Facebook, fue condenada a pagar 350 millones de euros por engañar a los usuarios con respecto a la seguridad de sus plataformas. Las redes, según el Departamento de Justicia, “permitían a pedófilos y depredadores llevar a cabo explotación sexual infantil y fueron diseñadas intencionadamente para generar adicción en los jóvenes”.
A partir de estos procesos, sobre todo el de Los Ángeles, se habla de un “momento tabaco”, el equivalente al juicio contra las tabacaleras de la industria tecnológica. Pero Zuckerberg no parece muy preocupado ni por las sentencias ni por los comentarios.
El periodista y escritor Séamas O’Reilly observa que, en el caso de la acusación de Nuevo México, se hizo hincapié en la insuficiente solidez de las medidas de protección contra la depredación infantil en las aplicaciones de mensajería de Meta. La pregunta que se hace O’Reilly es que si se va a limitar la edad de los menores para acceder a las redes, ¿cómo, exactamente, se supone que esa traba va a impedir que los adultos envíen fotos de niños, sin su consentimiento, a otros adultos?
Hay otra cuestión no menos llamativa. Todos los grupos que reciben apoyo de la administración Trump con la misión oficial de proteger a los niños de los movimientos trans apoyan el fallo contra Meta ya que la restricción de acceso a los menores forma parte de sus reclamos. El punto está en que si bien festejan la sentencia contra Meta, es precisamente esta empresa quien les financia a todos. ¿Hay contradicción? No la hay porque, como explica Taylor Lorenz, periodista especializada en tecnología, el negocio de Meta ya no está en la interacción sino en la recopilación de datos.
Hace un año, en abril de 2025, en la fase inicial del juicio antimonopolio de la Comisión Federal de Comercio (FTC, por sus siglas en inglés) contra Meta, Zuckerberg declaró que la empresa se había centrado en los últimos tiempos en «la idea general del entretenimiento, el aprendizaje sobre el mundo y el descubrimiento de lo que está sucediendo». Más claro: Meta se aleja de la comunicación interpersonal ya que la tendencia es que disminuye el interés por ver el contenido publicado por amigos y aumenta la curiosidad por el material audiovisual. En definitiva, las restricciones de menores no modifican el negocio. Con lo cual, a Mark Zuckerberg solo le falta decir al “movimiento tabaco”: fumando espero.
Elon Musk, Jeff Bezos, Sam Altman de OpenAI, e incluso Frank Sinatra hasta el día en el que sacó a bailar a Nancy Sinatra en el Ballroom de la Casa Blanca (el mismo que Trump tiene ahora en obras), alguna vez fueron progresistas. Zuckerberg también, hasta el punto de bloquear a Donald Trump en sus plataformas.
“Los impactantes acontecimientos de las últimas 24 horas demuestran claramente que el presidente Donald Trump pretende utilizar el tiempo que le queda en el cargo para socavar la transición pacífica y legal del poder a su sucesor electo, Joe Biden”, escribió en su cuenta de Facebook el 7 de enero de 2021. Cuatro años después lo borró. Se recuperó a tiempo del trance financiando la última campaña electoral y acompañando al resto de conversos del Silicon Valley en la ceremonia de toma de posesión de Trump en enero de 2025.
Desde entonces, Zuckerberg hace lo posible por ganarse el favor del mandatario. En ese sentido, el giro de Meta ha sido copernicano: hoy está en contra de la diversidad, la equidad, la inclusión y se ha suprimido la verificación de datos. Meta ha pasado de cancelar a Trump en 2021 a dar barra libre a cualquier publicación por falsa que sea. Gracias a esta buena predisposición, es usual verle sentado a la diestra del presidente en algunas de las cenas que ofrece en la Casa Blanca.
Una vez fuera del armario, tiró las camisetas espartanas y se puso otras con inscripciones en latín: Carthago delenda est (Cartago debe ser destruida) y Aut Zuck aut nihil (O Zuck o nada). No lo sugieren: son declaraciones de guerra de alguien que practica artes marciales mixtas (MMA por sus siglas en inglés), halterofilia y sigue las indicaciones de la IA de Meta para perfilar su look que, además del físico musculoso, incluye cadenas de oro y ropa de creadores. El historiador cultural Benjamin Wild lo entiende como “parte del cambio para rehabilitar su posición dentro de Meta y del contexto corporativo de Estados Unidos, mediante la alineación con las tendencias dominantes que priorizan el carisma sobre la contemplación y el machismo sobre la moderación”.
En este marco suceden hechos como el reto que le propuso Elon Musk para enfrentarse en una lucha pública de jiu-jitsu. Ambos estuvieron varios días cambiando mensajes públicos, como si se tratara de las pullas histriónicas de Muhammad Ali y George Foreman en su histórico combate de la República Democrática del Congo en 1974. Pero Musk y Zuckerberg no son púgiles; se les supone empresarios de élite, de la generación del Silicon Valley que colaboran con la Casa Blanca. Aunque más allá de revolcarse en el mismo lodo de Trump e insultarse públicamente como adolescentes, no se dejan solos el uno al otro en los momentos críticos. Cuando Musk pretendía desmontar el Estado y dormía por las noches al pie de su escritorio en las dependencias del Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE por sus siglas en inglés), contó con el apoyo de Zuckerberg. Como dos villanos inseparables del universo Marvel.
Como no podía ser de otro modo, por todos los atributos enumerados, Donald Trump ha elegido a Zuckerberg para que forme parte del nuevo Consejo Asesor en Ciencia y Tecnología del Presidente (PCAST por sus siglas en inglés). No está solo, muchos de sus tecno bros del Silicon Valley le acompañan. El que sí probablemente se sienta perdido en esta tribu es el único científico del grupo: John Martini, un experto en computación cuántica de la Universidad de California en Santa Cruz y premio Nobel de Física en 2025, según cuenta el científico y periodista Javier Sampedro.
Como ya ha sucedido con otros personajes, ha sido Southpark quien ha sabido dar un perfil exacto de Mark Zuckerberg. En un capítulo, los adolescentes de la serie se desmadran infectando las redes con insultos y falsedades extremas. Los padres deciden invitar al propietario de Meta para que les oriente. El resultado de la visita es que se tienen que enfrentar a dos problemas: la deriva de sus hijos y un enajenado que les amenaza con “bloquearlos” a golpes exhibiendo sus habilidades de luchador.
Dijo Brecht en su día: “Qué tiempos estos en los que hay que luchar por lo que es evidente”. Aquel mundo de ayer se parece al de hoy.
Miguel Roig | 07/04/2026
Miguel Roig. @miguelroig
domingo, 26 de abril de 2026
En el marco del Escudo de las Américas, el fascista Peter Thiel llega a la Argentina para fortalecer al estado policial
Thiel es un fascista liberticida. Palantir -codesarrollado por la CIA- elabora softwares que integran, ordenan y analizan enormes cantidades de datos para tomar decisiones y definir blancos. Produce información al servicio de las agencias de defensa e inteligencia de Estados Unidos e Israel, principalmente. También presta servicios a otros estados y a empresas privadas. Sus softwares han sido usados para asesinar personas en Gaza, el Líbano e Irán y para detener inmigrantes en Estados Unidos y activistas propalestinos en toda Europa.
La guerra en Gaza le ha servido como una gigantesca vidriera para vender sus productos y le ha permitido multiplicar sus contratos en todo el mundo.
Peter Thiel, nacido en Alemania y criado en la Sudáfrica del apartheid, es un supremacista blanco que ha declarado públicamente que no tiene problema con que sus productos sirvan para asesinar a población civil. Esta semana publicó el manifiesto de Palantir, que plasma sus ideas fascistas y militaristas.
Se supone que es un liberticida como Milei. Sin embargo, Thiel no aboga por la destrucción del Estado; sus planteos delinean un Estado totalitario tomado por las corporaciones. Más aún, por su penetración real en los comandos de Defensa de diferentes estados, se puede hablar de una pretensión de funcionar como un supraestado.
Palantir en el mundo
Ucrania firmó un acuerdo con Palantir para construir un sistema de defensa aérea autónomo llamado "Brave1 Dataroom". Esta plataforma utiliza millones de datos e imágenes reales de la guerra recopilados por militares ucranianos para entrenar modelos de Inteligencia Artificial. La manera en que los ejecutivos de Palantir supervisan en el terreno, implica que integran en los hechos el Ministerio de Defensa de Ucrania, supervisando todas las acciones. La pérdida de soberanía que implica entregarle a una empresa privada todos esos datos y permitirle ese grado de “supervisión” es algo que Ucrania, de todos modos, ya puso en juego hace mucho y con muchas otras empresas estadounidenses. Dos tercios de sus tierras fértiles le pertenecen a BlackRock, por ejemplo, la empresa para la que trabajaba –qué chico es el mundo– el marido de Peter Thiel.
En el ejército de los Estados Unidos también hay empleados de Palantir, que ocupan cargos de carrera, pero que han sido puestos a dedo. El caso más destacado es el de Shyam Sankar, director de Tecnología de Palantir, quien fue comisionado como teniente coronel en la Reserva del Ejército en junio de 2025, sin haber hecho ninguno de los 17 años de carrera que requiere el cargo.
También, con el cargo de teniente coronel, se nombró a otros tres ejecutivos de la empresa para que lo acompañen en las tareas. Todos a dedo. El mismo vicepresidente, J. D. Vance, ha sido financiado por Palantir.
Peter Thiel le dio a Vance uno de sus primeros trabajos y más tarde financió con 15 millones de dólares su exitosa candidatura al Senado, en Ohio, en 2022. Por eso resulta curioso que J. D. Vance –siendo Peter Thiel su mentor– sea vendido en la opinión pública como la facción del gobierno menos partidaria de la guerra.
Desde que Trump asumió su segundo mandato, la empresa ha sido contratada por el Departamento de Seguridad Nacional para investigar estafas relacionadas con bodas, por el Departamento de Asuntos de Veteranos, para recopilar estadísticas, por el Servicio de Impuestos Internos, y por el Departamento de Estado, para identificar amenazas contra ciudadanos estadounidenses y diplomáticos estadounidenses en el extranjero, según datos de contratación federal. Las decenas de contratos adjudicados a Palantir desde que Trump asumió la presidencia se cuentan por miles de millones de dólares, incluyendo un acuerdo de diez años con el Ejército de los Estados Unidos por un valor de hasta 10 mil millones de dólares. El precio de las acciones de Palantir casi se ha triplicado desde la elección de Trump.
En Reino Unido hay una puerta giratoria de funcionarios del Ministerio de Defensa que renuncian para ser contratados por Palantir. Inmediatamente le consiguen a la empresa contratos con el gobierno.
También se sabe que la exministra de Defensa alemana, Ursula von der Leyen (CDU), actual presidenta de la Comisión Europea, se reunió con el otro director ejecutivo de Palantir, Alex Karp, en la Conferencia de Seguridad de Múnich en 2018 y en el Foro Económico Mundial de Davos en 2020. Alemania tiene, tanto a nivel nacional como de los estados federados, varios contratos con la empresa, algunos de los cuales fueron declarados inconstitucionales por la alevosía de la injerencia.
Con el Mossad, Palantir tiene una relación desde hace más de 10 años y, desde el 7 de septiembre, forjó una alianza estratégica con todo el Ministerio de Defensa de Israel.
La empresa tiene a un ejecutivo global encargado de todas estas relaciones, Noam Perski. Su trabajo consiste específicamente en dirigir las relaciones con agencias gubernamentales de inteligencia, defensa y policía en todo el mundo, lo que demuestra que existe una estrategia corporativa centralizada para penetrar en diferentes gobiernos.
En Argentina
Peter Thiel no ha dado a conocer los objetivos de su estadía en Buenos Aires. Sin embargo, nos podemos dar una idea de sus pretensiones de lograr contratos, obtener paquetes de datos y penetrar en el gobierno.
En marzo pasado, Patricia Bullrich intentó un contrato con la empresa de Thiel vinculado con el propósito de poner en pie el ICE argentino. Como el proyecto de impulsar la Agencia de Seguridad Migratoria fue abortado por la oposición de Karina Milei, el contrato con Palantir no vio la luz, al menos públicamente.
Ahora Thiel se reunió directamente con Santiago Caputo –el enemigo interno de Karina y que tiene bajo su órbita a la SIDE– antes de ver a Javier Milei. En enero, Karina trasladó la subsecretaría de Ciberseguridad -que dependía de la SIDE- a la jefatura de gabinete para mantenerla bajo su control, pero dejando a un hombre de Caputo en el control técnico, Darío Genua, dando cuenta de una negociación. La visita de Thiel llega justo cuando la guerra de carpetazos está dejando gravemente lesionado a Adorni, peón de Karina.
El marco interno de estos posibles acuerdos sería el DNU 941/25, que dotó de facultades extraordinarias y represivas a la SIDE para llevar adelante una persecución contra los sectores en lucha contra el gobierno. Además, el decreto establece la concentración de todos los datos del Estado, el combustible con el que funcionan los softwares de Palantir.
El contexto externo de la llegada de Thiel a Buenos Aires es la adhesión de la Argentina al Escudo de las Américas promovido por Donald Trump. Este plan Cóndor 2.0 enmarca la iniciativa para habilitar, no sólo los contratos con Palantir y la entrega masiva de los datos del Estado, sino la intervención de la empresa en diferentes niveles de gobierno, como ya ha hecho en Estados Unidos y en Ucrania.
La penetración de Palantir actúa en dos aspectos. Por un lado, refuerza el estado policial que se propone Javier Milei para implementar un régimen de excepción. Por otro, aceita la vinculación de la Argentina con la guerra mundial.
La llegada de un embajador del fascismo y la guerra con pretensiones imperiales debe inspirar una gran agitación política para que se retire de inmediato de Argentina y para denunciar la infiltración en la SIDE de las agencias extranjeras que quieren alinear a al país con la guerra imperialista mundial.
Aldana González
25/04/2026
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