miércoles, 17 de junio de 2026

¿Todo está viejo en Cuba?


“Todo está viejo en Cuba”, repite la metralla colonial con su tableteo de reloj ideológico. No obstante, quizá el verdadero terror de los relojes ideológicos burgueses no provenga de la vejez que ellos han inventado contra Cuba, sino de otra posibilidad mucho más inquietante para el “orden” capitalista dominante: que millones de seres humanos descubran que el valor de una sociedad no puede medirse únicamente por la velocidad con que reemplaza mercancías. Porque cuando las clases trabajadoras descubren que la dignidad humana posee una temporalidad distinta a la del mercado, el cronómetro del capital pierde autoridad. Y en ese instante la historia vuelve a abrirse como territorio de combate consciente, no como escaparate administrado por comerciantes del tiempo. 
 Esa modalidad de guerra cognitiva burguesa ideada para fabricar enemigos “avejentados” aparece en titulares, sobremesas turísticas, informes empresariales, emisiones radiales fabricadas para exportación ideológica y laboratorios digitales dedicados a la manufactura industrial del desaliento. Se pronuncia con una mezcla de suficiencia antropológica y desprecio clasista, como quien diagnostica el deterioro de un objeto decorativo, olvidando deliberadamente que la historia humana no transcurre en vitrinas, transcurre en campos de batalla económicos, culturales y simbólicos. En tal sentencia opera una semántica del bloqueo sexagenario y criminal cuya astucia consiste en desplazar el análisis histórico hacia la superficie fetichizada de las mercancías. 
 “Viejo” ya no designa la temporalidad concreta de los objetos afectados por bloqueos, desabastecimientos, agresiones financieras y persecuciones comerciales. “Viejo” deviene categoría moral destinada a naturalizar el capitalismo como juventud perpetua de las cosas y a representar cualquier experiencia emancipadora como desgaste prematuro del tiempo. Convierten su metralla de obsolescencia en criterio ontológico de verdad. Y los incautos aprenden a contemplar un automóvil de 1957 como símbolo de atraso, aunque ignoren las décadas de asfixia económica impuestas para impedir su reemplazo. 
 Esta guerra cognitiva contemporánea ha refinado hasta extremos microscópicos el control de las percepciones temporales. Ya no basta bombardear territorios físicos; resulta imprescindible regimentar las experiencias del tiempo. El capitalismo tardío necesita imponer la sensación de aceleración infinita para legitimar el consumo permanente. En consecuencia, cualquier sociedad que no exhiba la velocidad neurótica del reemplazo mercantil queda etiquetada como fósil histórico. El problema radica en que la burguesía global no compara sistemas de vida; compara ritmos de circulación de mercancías. Allí reside una de las grandes mutilaciones epistemológicas de nuestro tiempo. 
 Cuba constituye un blanco privilegiado para esa emboscada cronológica debido a que representa, con todas sus contradicciones, una revolución histórica intolerable para el capitalismo. La persistencia de la revolución cubana no se ha subordinado a las lógicas agusanadas del capital financiero que se irritan histéricamente. Por ello, fabrican metrallas capaces de construir una equivalencia automática entre socialismo y ruina temporal. Las fachadas despintadas se transforman en argumentos filosóficos; las dificultades del transporte adquieren estatuto metafísico; la escasez material inducida se convierte en esencia antropológica del pueblo cubano. Ningún noticiero burgués explica con idéntico fervor la violencia estructural del bloqueo económico, las multas multimillonarias contra bancos que comercien con la isla, las persecuciones navieras, las prohibiciones tecnológicas o la sistemática obstaculización de combustibles, medicamentos y créditos. El deterioro se presenta como causa autónoma, jamás como consecuencia de una estrategia internacional de estrangulamiento económico diseñada durante más de seis décadas.
 Esa retórica de la vejez, como fase de la guerra cognitiva, cumple entonces una función política precisa: deshistorizar y disfrazar la agresión imperial y moralizar las consecuencias de la pobreza inducida. Se habla de edificios envejecidos con el mismo tono empleado para describir una fruta podrida, como si la materialidad urbana no resultase de agresiones geopolíticas criminales. El “espectador” contempla la ruina sin percibir la mano que administró cuidadosamente las condiciones de esa ruina. De ahí la extraordinaria eficacia ideológica de la frase “todo está viejo”. En apenas tres palabras se condensa una sofisticada y violenta operación de engaño histórico. 
 Bajo el capitalismo se rejuvenecen los más viejos aparatos de dominación para “envejecer” a poblaciones enteras. Cuba, en cambio, ha sostenido durante décadas indicadores sanitarios, educativos y científicos que desmienten brutalmente la caricatura colonial del atraso absoluto. La longevidad intelectual de su sistema educativo, la densidad cultural de sus debates, la expansión de capacidades médicas internacionalistas y la preservación de formas de solidaridad social imposibles de cuantificar mercantilmente revelan otra temporalidad histórica. 
 Una calle deteriorada, fotografiada estratégicamente, vale más para la propaganda que cien estudios sobre coerción financiera internacional. Su plan es inhibir el pensamiento histórico. Por eso proliferan videos donde turistas semicoloniales recorren barrios cubanos con voz compasiva y mirada zoológica, convirtiendo la vida cotidiana en espectáculo antropológico para consumidores digitales. La miseria exotizada se transforma en mercancía audiovisual altamente rentable. Cada plano pretende susurrar la misma moraleja: “He aquí el destino inevitable de quienes desafían el orden capitalista”. La operación alcanza niveles obscenos cuando no pocos “turistas” que habitan ciudades atravesadas por indigencia masiva, narcotráfico, privatización sanitaria y endeudamiento crónico se sienten autorizados para dictar lecciones civilizatorias a un pueblo sometido durante décadas al asedio económico más prolongado del continente. 
 Queda fuera lo verdaderamente nuevo para la especie humana que en Cuba florece generacionalmente; queda fuera de escena la alfabetización crítica, la organización comunitaria, la soberanía tecnológica, la salud pública, la memoria histórica y la democratización cultural. Resulta revelador que los mismos centros mediáticos obsesionados con la “vejez” cubana celebren monarquías hereditarias, aristocracias financieras y conglomerados corporativos cuya lógica de acumulación conserva mecanismos propios del saqueo colonial clásico. 
 Está claro que la batalla contemporánea por el sentido se libra también en torno a la experiencia del tiempo. El capitalismo pretende monopolizar el futuro presentándose como única forma posible de organización social. Toda alternativa debe aparecer envejecida antes incluso de desarrollarse plenamente. De ahí la insistencia enfermiza en representar a Cuba como museo detenido. Sin embargo, existe otra lectura posible: la revolución cubana constituye un escándalo histórico para un sistema acostumbrado a destruir rápidamente cualquier proyecto de soberanía popular en América Latina. La mera continuidad de una experiencia insumisa desafía el dogma neoliberal según el cual ningún pueblo puede resistir indefinidamente la presión combinada del capital financiero, el cerco mediático y las operaciones de desestabilización. El odio propagandístico agusanado contra Cuba nace también de esa resistencia simbólica. 
 Y la pregunta fundamental jamás debería ser si los automóviles son antiguos o modernos, ni si las fachadas lucen restauradas según estándares turísticos internacionales. La interrogación decisiva consiste en determinar qué relaciones opresivas e injustas soporta una sociedad durante décadas, qué distribución del conocimiento produce, qué dignidad garantiza a sus trabajadores, qué soberanía conserva frente a los poderes financieros genocidas y qué horizonte ético ofrece frente a la barbarie competitiva e ideológica del mercado mundial. Una sociedad puede exhibir rascacielos luminosos y al mismo tiempo condenar millones de seres humanos a la exclusión sanitaria, al racismo estructural y a la precarización absoluta. Otra puede sufrir limitaciones materiales severas mientras preserva núcleos de solidaridad revolucionaria que el capitalismo adjetiva de manera criminal. La noción burguesa de modernidad merece una crítica rigurosa. Y nadie mejor que Cuba para dirigir semejante disputa por el sentido. 

Fernando Buen Abad Domínguez | 30/05/2026

martes, 16 de junio de 2026

Memorando EEUU-Irán: la guerra no ha terminado


La política y la economía del fracaso de Trump. 

 Donald Trump se apresuró a anunciar el domingo reciente un Memorando de Acuerdo con Irán para poner fin a la guerra desatada por él mismo y Netanyahu hace cuatro meses, sin dar a conocer casi ninguno de sus términos. El acuerdo se firmaría en Ginebra, Suiza, el viernes próximo, con la presencia de JD Vance, el vicepresidente de Estados Unidos. En una entrevista brindada al New York Times, Trump se adjudicó concesiones que Irán no ha hecho o que serán parte de la agenda de negociaciones, en Europa, durante 60 días. Israel ha recibido el acuerdo con desagrado y no se ha comprometido a dejar de bombardear Líbano, algo que volvió a hacer el mismo domingo, mucho menos retirarse de las zonas que ha ocupado en el sur de ese país, decenas de kilómetros más allá del río Litani, al que asumió, al principio, como una nueva “frontera natural”. En la entrevista mencionada, Trump descarga la adopción de una tregua en el Líbano al completo cese de la resistencia militar de Hizbollah a la ocupación sionista de un territorio extranjero. Israel mantiene en Siria una tesitura similar. Tampoco han dado a conocer un apoyo al Memorando los países del Golfo. En la entrevista con el NYT, Trump amenazó con que, en caso de que fracase la firma de un tratado de paz al cabo de las negociaciones, tomaría por la fuerza el estrecho de Ormuz y cobraría un 20 % sobre el monto de las cargas de los navíos. El NYT escribió enseguida que una acción de ese tipo convertiría en “mercenarias” a las FF. AA. estadounidenses. Aunque el precio del petróleo bajó y la Bolsa subió con la noticia, el acuerdo que se habría alcanzado no ha terminado la guerra; las fuerzas en disputa preparan un reforzamiento de sus recursos y arsenales militares. 
 No importa cómo la presente Trump, el Memorando ignoto constituye un reconocimiento del fracaso abismal de la guerra emprendida por Estados Unidos e Israel. Ha servido para desatar una destrucción enorme de vidas e infraestructuras, pero no ha alcanzado sus objetivos políticos, como convertir a Irán en un protectorado, con o sin cambio de régimen político; ni liberar el estrecho de Ormuz, que antes de la guerra imperialista no se encontraba afectado por ninguna restricción; Irán lo puede volver a colocar bajo su tutela ante cualquier circunstancia adversa. Ha creado, sí, una crisis de régimen en Estados Unidos. El lobby “judeo-cristiano” y la derecha del Partido Republicano han rechazado el acuerdo ya antes del presente Memorando, en tanto que legisladores del Partido Demócrata han reclamado discutir sus términos en el Congreso. En opinión del NYT, el Memorando ha llegado tarde para impedir los daños económicos que la guerra ha causado a la economía de Estados Unidos o para evitar una derrota electoral de Trump en las elecciones de noviembre venidero. El imperialismo norteamericano, sin embargo, solamente puede recular para preparar en forma más adecuada el próximo asalto. Irán ha quedado conectada a la guerra mundial de diversas maneras, porque linda por el norte con toda la región comprometida en la guerra entre la OTAN y Rusia, más allá de que integra los corredores que unen a Asia entera. El Comando Central de Operaciones no retirará el despliegue militar en la zona. Estados Unidos ha rechazado devolver los cien mil millones de dólares retenidos a Irán o pagar resarcimientos de guerra. Hay una discusión sobre veinticinco mil millones de dólares que Trump devolvería en cuotas a medida que se cumplan sus exigencias. 
 Trump utilizó la entrevista con el NYT para agradecer a Rusia y a China por el meneado Memorando. Saludó que no buscaran desafiar el bloqueo a los puertos iraníes, por parte de Estados Unidos, por medio de escoltas a sus navíos comerciales. Ninguno ha desafiado los bloqueos de Trump a Cuba y a Venezuela. Pero es altamente probable que hayan inducido a Irán a ingresar en negociaciones con agenda definida, con el propósito de liberar el estrecho, por donde debe pasar el petróleo que importa China. 
 La colocación de acciones por más de cien mil millones de dólares, por parte de SpaceX, y de otros tantos centenares de miles en las próximas semanas, por parte de Alphabet, Meta, OpenAI en las próximas semanas, han incidido también en el recule de Trump. Estas tecnológicas han agotado sus fondos propios y los créditos privados para financiar costosos centros de datos y la producción de cohetería espacial para instalarlos en el espacio extrarrestre, sin reportar flujos de ingresos suficientes, menos aún ganancias liquidas o contables. La sobresuscripción de acciones ofrecidas ha succionado capital accionario de otras empresas y atraído capital, en especial de China, vía Hong Kong, incluso en negro, por más de doscientos cincuenta mil millones de dólares (SCMP 6.6). Ha abierto, de otro lado, toda clase de vías especulativas, como la compra de Indices que toman como referencia las cotizaciones bursátiles. La caída de este castillo histórico de naipes provocaría una catástrofe. En las semanas previas, se había producido una oleada de ventas de Broadcom, una empresa de chips e inteligencia artificial, que perdió 300.000 millones de dólares de valor de mercado en un solo día (el viernes 3 de junio). Estados Unidos necesita defender y desarrollar esta primacía tecnológica si pretende imponer su hegemonía mundial, que en este caso monopolizaría la industria mundial. Trump ha buscado evitar que el fracaso en Irán repercuta en la incierta posición financiera de las IA, las que, sin embargo, dependen de la guerra mundial como fuente principal de beneficios y como condición de monopolio indiscutido del mercado mundial. 

 Jorge Altamira
 15/06/2026

lunes, 15 de junio de 2026

CON FILO | No nos entendemos, Rubio


La salida de SpaceX a la Bolsa y la guerra planetaria de Estados Unidos


Elon Musk busca recaudar la cifra récord de US$ 75.000 millones en Wall Street. 

 Este viernes 12 de junio, Elon Musk habrá protagonizado en Wall Street el mayor debut de la historia bursátil global. La salida a la bolsa de SpaceX, la compañía aeroespacial busca recaudar la cifra récord de US$ 75.000 millones en el NASDAQ, una operación que triplica las mayores marcas históricas registradas hasta la fecha (Clarín, 9/06). Apenas unas horas antes de la colocación, el magnate buscó apuntalar las expectativas del mercado mostrándose públicamente junto al monopolio de semiconductores ASML, y anunciar el proyecto "Terafab" para fabricar chips propios avanzados en Texas (Urgente24, 11/06). Sin embargo, detrás del relato del éxito corporativo y la fiebre de la Inteligencia Artificial (IA), se esconde una realidad descarnada: SpaceX es una firma estructuralmente deficitaria que sale a la Bolsa para absorber liquidez y rescatar financieramente un entramado informático diseñado explícitamente para la guerra imperialista. 

 Los números rojos

 Los balances oficiales de SpaceX, filtrados recientemente ante la SEC, demuestran que la compañía es una colosal máquina de quemar capital. Aunque la red Starlink arrojó beneficios operativos, el balance consolidado de SpaceX en 2025 cerró con pérdidas catastróficas de US$ 4.937 millones. El agujero negro financiero se profundizó en el primer trimestre de 2026, registrando rojos por otros US$ 4.947 millones en tan solo tres meses. El hundimiento responde al costo de su filial xAI (desarrolladora del chatbot Grok), que perdió US$ 6.355 millones el año pasado en su ciega competencia contra OpenAI, obligando a Musk a destinar más de US$ 10.000 millones a inversiones tecnológicas de capital a principios de este año (El País, 4/06). 
 Para salvar el negocio, Musk pretende convalidar en la Bolsa un precio inflado de US$ 135 por acción, apuntando a una capitalización total de aproximadamente US$ 1,75 billones; apenas un 4% serán acciones comunes (Clarín, 9/06); las preferidas tienen un dividendo asegurado y prioridad de rescate La maniobra especulativa quedó expuesta por calificadoras independientes como Morningstar, que valoran a SpaceX en US$ 63 por acción (US$ 780.000 millones), es decir, menos de la mitad de lo que pretende capturar el magnate. Al obligar a los grandes fondos de inversión a rebalancear sus carteras para no quedar afuera del índice, SpaceX aspira a absorber la liquidez del mercado montándose sobre una brutal burbuja tecnológica global donde las corporaciones prevén quemar más de US$ 750.000 millones este año (El País, 4/06).

 La cooptación laboral y la ilusión del capitalismo popular

 Esta monumental inyección de dinero es utilizada por los grandes medios internacionales para agitar la ilusión del "sueño americano" y el "capitalismo popular". El debut bursátil convertirá teóricamente a más de 4.400 empleados y ex-empleados en millonarios a través de los paquetes de acciones otorgados como parte de sus salarios. Mientras Elon Musk se encamina a ser el primer billonario del planeta, unos 400 técnicos e ingenieros de la firma recibirán sumas superiores a los US$ 100 millones (The New York Times, 10/06).
 Sin embargo, el pago mediante acciones (stock-based compensation) funciona como una herramienta de sujeción y disciplinamiento de la fuerza de trabajo. Para poder materializar esa supuesta riqueza, los trabajadores -muchos de ellos operarios por hora (drawing) que cobran salarios comunes- debieron someterse durante años a ritmos de explotación extenuantes en complejos aislados como el de Texas, atados a contratos de permanencia obligatoria de cinco o más años para que sus acciones queden en firme (vested). Como detalla la investigación del NYT, aquellos trabajadores que no resistieron el régimen laboral o decidieron irse antes han perdido su derecho al cobro. Lejos de una democratización de la propiedad, este esquema de cooptación tecnológica busca alinear los intereses individuales de una capa de asalariados calificados con el rendimiento bursátil de la patronal y la suerte de sus contratos militarizados, ligando el destino de los trabajadores a la maquinaria de guerra del Pentágono.

 Centros de datos y autarquía militar 

¿Por qué el mercado convalida semejante nivel de pérdidas financieras? La respuesta no está en la rentabilidad civil, sino en la infraestructura estratégica para la guerra. El motor principal del entusiasmo de los inversores es un mercado que hoy no existe en la Tierra: los centros de datos espaciales. SpaceX inició trámites ante la FCC para desplegar una constelación de hasta un millón de satélites interconectados equipados con aceleradores gráficos (GPU). El objetivo es mudar el procesamiento de datos informáticos y la IA directamente a la órbita terrestre en menos de tres años (Ámbito, 12/02).
 Este plan de infraestructura adquiere todo su sentido geopolítico ante la guerra internacional de Estados Unidos. En un contexto de guerra abierta, las terminales de datos en la Tierra son blancos vulnerables a sabotajes, ciberataques o apagones energéticos. Al trasladar el procesamiento a la órbita exterior y buscar la autarquía en la provisión de chips avanzados mediante el acuerdo con ASML (Urgente24, 11/06), el imperialismo norteamericano busca blindar su superioridad informática. Por sobre todas cosas, el costo de la producción de electricidad en el espacio es un infinitésimo de la tierra.
Como ya demostró el antecedente de Starlink en Ucrania (Ámbito, 12/02), SpaceX opera como un brazo contratista directo del Pentágono. Los contratos vigentes de la compañía con el Departamento de Defensa de EE.UU. e inteligencia ratifican que la rentabilidad de SpaceX se mide en ganancias comerciales derivadas de su valor estratégico para asegurar la supremacía yanqui en el control de sistemas autónomos de combate y logística militar en los conflictos globales 

 Contra los monopolios de la guerra

 La unificación de todas las empresas de Musk bajo el bloque monopolístico del ProjectX -que busca fusionar cohetes, internet, redes de información, robótica y semiconductores en una sola firma (Clarín, 9/06)- demuestra la completa descomposición de la burguesía. Mientras los gobiernos capitalistas descargan planes de ajuste brutales, desfinanciando la salud y la educación de las mayorías trabajadoras a nivel global, el sistema financiero coordina tsunamis de liquidez para financiar empresas deficitarias cuyo único fin real es perfeccionar los instrumentos de destrucción y asegurar la tasa de ganancia de los señores de la guerra. 
 Bajo el dominio del capital, los saltos científicos de la inteligencia artificial y la tecnología aeroespacial no significan la liberación del trabajo humano, sino el aumento del desempleo, la precarización y la barbarie bélica. La lucha por desmilitarizar el espacio y poner los desarrollos informáticos al servicio de las necesidades sociales es indisociable de la lucha contra el Estado imperialista. Se vuelve urgente construir una dirección política independiente de la burguesía y organizar asambleas soberanas desde las bases para exigir la expropiación sin pago y bajo control de los trabajadores de monopolios tecnológicos como SpaceX. Solo una alternativa obrera y socialista internacional podrá planificar democráticamente la ciencia y los recursos del planeta para el bienestar de la humanidad y no para su destrucción. 

 Iara Bogado 
 12/06/2026

domingo, 14 de junio de 2026

Che y Fidel


Albania: levantamiento contra la venta del país al capital trumpista


En las últimas semanas, Albania ha sido escenario de masivas protestas que han sacudido al gobierno de Edi Rama. Miles de trabajadores, jóvenes, campesinos y vecinos de las zonas costeras han tomado las calles de Tirana (la capital) y otras ciudades con la consigna “¡Albania no está en venta!”. Lo que comenzó como una protesta local para proteger un humedal de un megaproyecto turístico de lujo se ha convertido en un estallido de descontento popular contra la corrupción, la cesión de recursos nacionales a inversores extranjeros y quienes lo facilitan. El detonante han sido dos ambiciosos proyectos turísticos promovidos nada menos que por Ivanka Trump y Jared Kushner, hija y yerno del presidente de EEUU, en un enclave paradisíaco del mar Adriático. El plan, valorado en miles de millones de euros, pretende transformar un área de ecosistemas frágiles, en un complejo de hoteles de lujo y resorts exclusivos. Las máquinas ya han entrado en terrenos protegidos. Un video viral en el que guardias de seguridad privada golpean a un manifestante, mientras la policía observa sin intervenir, encendió aún más los ánimos.
 Cada tarde, miles de albaneses, en su mayoría jóvenes, se concentran en la plaza Skanderbeg, el gran espacio simbólico de Tirana de más de cuarenta mil metros cuadrados, para protestar contra el proyecto que busca convertir la isla de Sazan y la península adyacente en un destino de élite. Durante una entrevista reciente, Ivanka Trump se refirió a la zona, uno de los ecosistemas más ricos de Albania, como “una hermosa isla privada en medio del Mediterráneo” (El País de Madrid 12/6). Los proyectos amenazan a cerca de 250 especies de aves, incluidas importantes colonias de flamencos, que se han convertido en el emblema de las movilizaciones, conocidas ya como la “Revolución de los Flamencos”. Las protestas comenzaron a finales de mayo en el pueblo de Zvërnec y se extendieron rápidamente a la capital. No se trata solo de una defensa ambiental: es la expresión de un malestar más profundo ante la realidad semicolonial de Albania tras más de tres décadas de transición capitalista. 
 El Gobierno del Partido Socialista de Edi Rama, en el poder desde hace más de una década, ha impulsado con fuerza la atracción de inversión extranjera a cualquier precio. Leyes de “inversores estratégicos” aceleran trámites, saltándose estudios de impacto ambiental, derechos de propiedad y consultas a la población. Esta lógica ha convertido al país en un paraíso para oligarcas, capitales especulativos e intereses mafiosos, mientras la juventud emigra masivamente en busca de mejores condiciones de vida. Los trabajadores albaneses siguen siendo de los más precarios de Europa. 
 El descontento va más allá. Los manifestantes han incorporado demandas contra la corrupción sistémica del ejecutivo, incluyendo escándalos anteriores como el que involucra a la ex viceprimera ministra Belinda Balluku, acusada de amaños en licitaciones y desvío de fondos públicos. La oposición del Partido Democrático de Sali Berisha intenta capitalizar el enfado, pero tanto Rama como Berisha representan las dos caras de un mismo régimen que se alterna en el poder desde la caída de la República Popular en 1991. 
 De un régimen stalinista extremo, Albania pasó a las garras del FMI y la UE, y ahora también de capitales estadounidenses ligados al trumpismo. Mientras sus recursos naturales y costas se subastan, la mayoría de la población enfrenta pobreza, desempleo y migración forzada. Un país de menos de tres millones de habitantes cuenta con una diáspora que supera los 2,2 millones de personas, según datos oficiales. Albania es un Estado capturado por clanes, donde la “democracia” es apenas una máscara. 
 Los manifestantes exigen la cancelación inmediata de los proyectos, la revisión de las leyes de inversión, una protección real de las zonas naturales y, en muchos casos, la dimisión de Rama y su Gobierno. Un fiscal especial ha abierto una investigación sobre la venta de los terrenos. Es que el caso se ha convertido en un laberinto de disputas inmobiliarias, un problema común dado que el país nacionalizó propiedades durante la era de Enver Hoxha (un equivalente de los Kim norcoreanos) y luego llevó a cabo un proceso caótico para devolverlas a la propiedad privada. Los litigios han colapsado los tribunales durante años, con casos plagados de acusaciones de corrupción y falsificación de escrituras. Incluso el brazo ejecutivo de la Unión Europea ha expresado su preocupación, lo que genera dudas sobre el futuro de la candidatura albanesa para ingresar al bloque.
 Jared Kushner, que dirigía la empresa inmobiliaria de su familia antes de incorporarse a la primera administración Trump, opera el fondo Affinity Partners “recaudando inicialmente más de 3 mil millones de dólares, principalmente de fondos soberanos o familias reales de Arabia Saudita, Qatar y los Emiratos Árabes Unidos” (The Wall Street Journal 10/6). 
 El asunto guarda paralelismo con otra operación encabezada por Kushner a finales del año pasado en Serbia. Allí pretendía levantar un hotel de la marca Trump sobre un terreno en Belgrado que había sido bombardeado por la OTAN durante la guerra. Tras la apertura de una investigación por parte de un fiscal especial sobre la concesión acelerada de los permisos oficiales, las protestas se intensificaron y Kushner terminó retirándose del proyecto. Kushner actúa como arquitecto inmobiliario de Trump, y es una figura clave del magnate en su plan “New Gaza”, que busca reconstruir la franja como zona turística de lujo erigida sobre los cadáveres del pueblo palestino.
 La defensa del medio ambiente está ligada a la lucha contra la guerra y el sistema capitalista que lo destruye. El descontento contra la dominación imperialista crece en todas partes. 

 Camilo Márquez
 13/06/2026

viernes, 12 de junio de 2026

Elecciones en Armenia: la erosión de Rusia en el Cáucaso Sur


Turquía gana terreno.

 Erevan se encuentra en un momento definitorio tras las elecciones parlamentarias del 7-8 de junio, donde el partido Contrato Civil de Nikol Pashinyan, actual primer ministro, se impuso con alrededor del 50% de los votos. Este resultado, aunque menor al previsto, consolida la línea de “Armenia Real” (Real Armenia): un giro hacia Occidente, diversificación de alianzas y “normalización” con Azerbaiyán y Turquía, todo ello en medio de la decadencia acelerada de la influencia rusa en el Cáucaso Sur. “Esta votación fue la más importante de Armenia desde su independencia de la Unión Soviética en 1991. Se trató de un plebiscito sobre el proceso de paz con la vecina Azerbaiyán y sobre el impulso de Pashinyan para estrechar lazos con Europa y Estados Unidos sin romper por completo con Moscú” (Financial Times, 8/6). El resultado, con todo, no le otorga la mayoría constitucional necesaria para convocar a un referéndum sobre una nueva constitución, requisito que Azerbaiyán ha establecido como condición previa para la firma de un tratado de paz. Persiste el riesgo de que todo el proceso se estanque o incluso fracase por completo.

 De bastión ruso a “puente” euroasiático ambivalente 

Armenia es un país sin salida al mar, enclavado entre potencias rivales: Azerbaiyán y Turquía al oeste y este (ambos turco-parlantes y aliados), Georgia al norte e Irán al sur. El “paraguas de seguridad” ruso a través de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC) y bases militares le valieron como respaldo ante un vecindario hostil.
 La elección se celebró en medio de un intenso debate sobre la orientación internacional del país. Aunque Armenia y Rusia mantienen oficialmente su alianza y conservan profundos vínculos históricos forjados a lo largo de casi dos siglos -primero dentro del imperio ruso y luego en la Unión Soviética-, su relación atraviesa uno de los momentos más delicados de las últimas décadas.
 La derrota de Armenia en 2020 y la operación relámpago azerbaiyana de septiembre de 2023, que culminó en la disolución de Artsaj (Nagorno-Karabaj) y el éxodo de más de 100.000 armenios, expusieron la vacuidad de esa garantía. Moscú, absorbido en Ucrania, no intervino de forma decisiva. Armenia acusó a Rusia y a sus fuerzas de paz de no haber disuadido la ofensiva militar de Bakú. Pashinyan suspendió la participación en la OTSC, buscó armas en India (que se convirtió en su principal proveedor), profundizó lazos con la UE y EE.UU, y participó en el acuerdo de paz mediado por Washington en agosto de 2025. Ese pacto incluye la “Ruta Trump” (TRIPP por sus siglas en inglés), un corredor de tránsito a través del sur de Armenia que conectaría el enclave Najichevan con Azerbaiyán continental. Este corredor se estipula inicialmente en el acuerdo de alto el fuego negociado por Rusia que puso fin a los combates en 2020 e incluía una cláusula que determinaba que la ruta sería custodiada por tropas fronterizas rusas. Sin embargo, tras la invasión rusa de Ucrania en 2022, la influencia del Kremlin en la zona se desplomó. El TRIPP ampliará la influencia de la OTAN a lo largo de toda la periferia sur de Rusia en el Cáucaso Meridional, el mar Caspio y Asia Central. Irán también se opone porque disminuye la importancia del país como corredor de tránsito entre el Cáucaso y Oriente Medio. 
 El botín detrás de esta múltiple red de dependencias es el reparto de los recursos energéticos y el control de los corredores de transporte que conectan la región con los mercados circundantes, así como de la compleja red de gasoductos y oleoductos existentes y proyectados. 
 En este espacio volátil, los marcos legales sólo ofrecen una apariencia de estabilidad. Cuando las armas hablan, las leyes callan. 

 Turquía 

Turquía se ha convertido en uno de los actores más influyentes en la región. Bajo la presidencia de Erdoğan, ha impulsado una ambiciosa estrategia construyendo una esfera de influencia panturca. Sus intervenciones militares y políticas en Irak, Siria, Libia, Gaza, Somalia, el fortalecimiento de su alianza estratégica con Azerbaiyán, su creciente presencia en Armenia y los lazos cada vez más estrechos con las repúblicas túrquicas de Asia Central. El gas azerbaiyano llega a Europa por medio del gasoducto Transanatoliano, que atraviesa territorio turco antes de conectarse con el gasoducto Transadriático. Sus intereses son multidimensionales. 
 Turquía es miembro de la OTAN y posee la mayor fuerza militar del bloque después de Estados Unidos. Sin embargo, es el único país de la alianza que se ha negado a adherirse al régimen de sanciones contra Rusia. En términos de guerra híbrida y competencia de grandes potencias, Armenia se ha convertido en un teatro de primer orden. Rusia ve el giro como una amenaza existencial a su “extranjero cercano”; la OTAN (especialmente bajo influencia trumpiana) busca un corredor euroasiático alternativo que eluda tanto el control ruso como las rutas tradicionales: “Moscú observa atentamente los esfuerzos de Ankara por integrar a las diversas naciones túrquicas bajo el paraguas de una organización liderada por Turquía” advirtió Dmitriy Trenin uno de los funcionarios más cercanos a Putín al ser consultado (russiancouncil). 
 La economía armenia depende del comercio con Rusia y de los descuentos en el suministro energético que esta le ofrece. La UE difícilmente puede sustituir esos beneficios, y su integración al bloque podría llevar tiempo. Varios observadores coinciden en que lo más probable es que Armenia termine dependiendo de Turquía.
 Moscú ha amenazado con suspender el acuerdo de suministro de gas natural subvencionado si las autoridades continúan buscando estrechar lazos con la Unión Europea. “Si bien Armenia aún alberga una base militar rusa, Ereván ha impulsado su adhesión a la UE y ha expandido rápidamente su industria de defensa nacional, registrando pedidos militares por valor de 460 millones de dólares en los últimos tres años, según Pashinyan.” (The Moscow Time 27/5). Vladimir Putin amenazó con que una mayor integración europea conlleva los mismos riesgos que afronta Ucrania. 
 La ruta Trump expone a Rusia a un cerco occidental sin precedentes.

 Camilo Márquez - Partido de los Trabajadores (Uruguay)
 11/06/2026