viernes, 21 de agosto de 2026

Cerimedo, el operador político que terminó destapando la "podredumbre" de Milei y la ultraderecha latinoamericana


Perfil del empresario acusado por intento de femicidio en Bolivia

 Cerimedo mantuvo lazos con varios referentes de la ultraderecha Fernando Cerimedo, asesor de varios gobiernos y referentes de la ultraderecha latinoamericana, fue arrestado este martes 18 en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, acusado de tentativa de femicidio contra su pareja, Nadia Beller, quien fue baleada por dos sicarios en esa misma ciudad, el lunes 17, y permanece internada en un hospital.
 Cerimedo, fundador de La Derecha Diario y dueño de Numen Publicidad, fue uno de los responsables de la campaña electoral que llevó a Javier Milei a la presidencia, en 2023. Dirigió, entonces, a miles de trolls de La Libertad Avanza. No le faltaba experiencia para la tarea: había participado ya de la campaña presidencial de Jair Bolsonaro, en 2018, y está acusado de colaborar (en materia comunicacional) en el intento de autogolpe del exmandatario brasileño, tras los comicios que perdió con Lula da Silva, en 2022. También intervino en la campaña por la reelección del expresidente argentino Mauricio Macri, en 2019. En la actualidad, asesoraba al presidente boliviano, Rodrigo Paz. 
 Lo que elevó las repercusiones del atentado contra Beller, sobre todo, son las explosivas declaraciones posteriores de la víctima, abogada de 33 años, también vinculada a la derecha boliviana. No sólo acusó a Cerimedo de organizar el ataque en su contra, y de violencia de género previa, sino que denunció que su pareja lavaba dinero en Argentina proveniente de la corrupción del actual gobierno boliviano, a través de distintas empresas. 
 Además, Beller sostuvo que Cerimedo fue el responsable de la filtración de los audios del entonces titular de la Agencia Nacional de Discapacidad (Andis), Diego Spagnuolo, que destaparon el escándalo de sobornos en ese organismo. Más aún, la abogada explicó que su pareja le dijo que ése habría sido el motivo de su alejamiento del gobierno argentino (“un entorno demasiado podrido”) y que Karina Milei estaba involucrada en el caso. 
 Cerimedo declaró en la causa Andis en septiembre de 2025. En esa ocasión, sostuvo que Spagnuolo había informado sobre la existencia de sobornos a la ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello, y al mismísimo presidente Javier Milei. Solía ubicarse en los medios, entonces, al publicista ahora caído en desgracia como próximo al poderoso asesor Santiago Caputo, quien domina los servicios de inteligencia y está enfrentado a la hermana del presidente en la interna oficialista. 
 Ante las novedades que llegan desde Bolivia, el gobierno argentino intenta desmarcarse de Cerimedo, señalando que la relación con el asesor se encuentra rota hace tiempo. Sin embargo, a pesar de esta ruptura, se mantendría un canal de comunicación entre las partes, vía un socio de Cerimedo, Vicente Quintales, según Beller contó a La Nación (19/8). Al mismo tiempo, siempre según las declaraciones de la abogada, Cerimedo gozaba de una buena relación con Patricia Bullrich, y habría trabajado para el gobierno argentino en una campaña de desprestigio contra la vicepresidenta Victoria Villarruel (ídem). Es sabido que las peleas de camarillas dentro del oficialismo son encarnizadas. 
 Por sus vínculos y métodos de trabajo (campañas sucias, fake news, etc.), Cerimedo es un genuino representante de la ultraderecha continental. La tentativa de femicidio contra Beller y las declaraciones posteriores de la víctima son –tras los escándalos de Libra, Andis y del exjefe de gabinete Manuel Adorni- un nuevo golpe para el gobierno argentino, que coincide con la agudización de la crisis económica y el recule en varios capítulos de la ley de inviolabilidad privada. 
 A los gobiernos represores y ajustadores que contribuyó a encumbrar Cerimedo, tenemos que derrotarlos con la movilización popular y la huelga general.

 Gustavo Montenegro

El USS Abraham Lincoln y el colapso imperialista en el mar Arábigo


El USS Abraham Lincoln -el emblemático portaviones estadounidense que fue protagonista de la invasión a Irak en 2003- navega hoy por el mar Arábigo convertido en la imagen perfecta del declive y la descomposición del imperialismo estadounidense. 
 Tras acumular más de 260 días desplegado en la agresión militar contra el pueblo de Irán, el gigante de propulsión nuclear expone en su propio interior las grietas materiales de una potencia en decadencia que pretende sostener su hegemonía mundial mediante la guerra, mientras su infraestructura interna y la salud de su tropa colapsan. 
 Las denuncias de familiares sobre intentos de suicidio, falta de alimentos, problemas sanitarios y angustia de la tripulación por la extensión indefinida del despliegue se multiplican. Donald Trump respondió con el cinismo propio de la oligarquía dominante al afirmar que el tiempo en altamar "no es ni de cerca lo suficientemente largo". Esta declaración es la expresión abierta de la clase burguesa norteamericana, que trata la vida de los marineros exactamente como la de los trabajadores de los depósitos y las fábricas de donde provienen: como un costo que se debe minimizar y un insumo descartable en el tablero de la conflagración internacional. 
 La realidad cotidiana de los 5.000 marineros a bordo del Lincoln desnuda la contradicción intrínseca de la maquinaria bélica capitalista. Mientras el grupo de ataque transporta cazas F-35C valuados en más de 100 millones de dólares cada uno y se jacta de haber empleado más de 680 toneladas de municiones en bombardeos criminales, las condiciones de vida bajo la cubierta de vuelo son inhumanas. El agua potable se ha vuelto insalubre hasta el punto de clausurar bebederos, las duchas acumulan moho, las instalaciones sanitarias se encuentran averiadas y la tripulación padece la escasez de alimentos frescos y artículos básicos de higiene personal.
 A esta degradación material se suma un cuadro de agotamiento extremo. Con jornadas de trabajo de 12 a 16 horas diarias bajo un ruido ensordecedor y altas temperaturas, la contención en salud mental es una burla: la Armada dispone de un único psiquiatra para 5.000 personas, provocando demoras de hasta cinco semanas para una atención básica. La desesperación ha llevado a que múltiples marineros intenten tirarse por la borda o ingieran sobredosis de medicamentos al cabo de ocho meses sin tocar puerto. Además perciben salarios miserables por arriesgar la vida en una zona de combate, que apenas superan los USD 2.000 por mes. 
 El empantanamiento operativo del bloqueo y los ataques contra Irán -10.000 operaciones desde el comienzo de la agresión- desgastan a los marineros y ponen al descubierto los límites de la propia industria militar norteamericana. Para intentar paliar el cuello de botella en los astilleros y acelerar entregas, la Casa Blanca autorizó la construcción de buques en astilleros extranjeros y ordenó retroceder en la tecnología de las catapultas electromagnéticas para volver a los sistemas de vapor tradicional. Incapaz de ofrecer una salida estratégica al conflicto iniciado junto a Israel, Trump apela al chauvinismo proponiendo "declarar al estrecho de Ormuz como territorio de EE. UU.", una frase que solo demuestra la impotencia de un bloqueo que no logra doblegar la resistencia en la región y que consume aceleradamente los recursos navales estadounidenses. 
 El papel del Partido Demócrata en esta crisis completa el cuadro sin salida de la política burguesa, cuando se limita a advertir que el escándalo a bordo del Lincoln perjudicará las campañas de reclutamiento futuro. Su inquietud no radica en preservar la vida de la tripulación -de origen obrero, mayoritariamente-, sino en evitar que la exposición de la barbarie impida completar los contingentes para los choques militares que Washington proyecta contra Rusia y China. 
 El USS Abraham Lincoln refleja un régimen social en el que los recursos concentrados por los grandes monopolios se dilapidan en operaciones de destrucción masiva, mientras el proletariado es utilizado como carne de cañón para la guerra imperialista. Con tripulantes hacinados, enfermos, desnutridos y empujados al desesperado recurso de saltar al mar, la conducción militar norteamericana juega con fuego sobre un polvorín. La sombra de un motín masivo está latente en el mar Arábigo, amenazando con convertir la gesta del Acorazado Potemkin en un pálido antecedente frente a la rebelión que incuba el propio imperialismo en las entrañas de su flota. La lucha contra la masacre en Medio Oriente y contra el militarismo depende de la movilización independiente y la unidad internacionalista del proletariado mundial, para terminar de raíz con el sistema capitalista y sus conflagraciones armadas. 

 Iara Bogado 
 19/08/2026

miércoles, 19 de agosto de 2026

martes, 18 de agosto de 2026

Trump, empantanado en Irán


Los marineros de los portaviones Lincoln y Gerald Ford, insubordinados. 

 A casi seis meses de haber lanzado una agresión militar no provocada junto al Estado sionista contra Irán, el gobierno de Trump no ha alcanzado ninguno de sus objetivos políticos, mientras sufre una erosión política y una crisis inflacionaria sin final a la vista. El estrecho de Ormuz sigue firme bajo el control de la Guardia Revolucionaria de Irán, mientras que Estados Unidos tiene bloqueados los puertos de ese país, a costa de un desgaste sin precedentes de los marineros apilados desde hace meses en los portaviones instalados en los mares Arábigo y Mediterráneo. El imperialismo norteamericano se enfrenta a la necesidad de un replanteo del conjunto de la guerra, lo que no podrá ocurrir sin pasar por crisis políticas severas. Trump ha ordenado la aceleración de la producción de misiles Tomahawk, pero la salida del impasse no pasa por este tipo de decisiones. Toda la agenda de Trump se encuentra en ruinas: el desmantelamiento del uranio enriquecido y del arsenal misilístico iraní no ha avanzado para nada. Irán ha ofrecido liberar el paso por Ormuz, incluso con un acuerdo con Omán, en la otra orilla del Golfo Pérsico, a cambio del levantamiento del bloqueo norteamericano, la devolución de sus activos secuestrados y la derogación total de las sanciones económicas, que Trump ha rechazado. La guerra no ha cesado y se reanudará a gran escala cuando su replanteo haya sido completado. Israel, por su lado, multiplica los ataques a Líbano y la limpieza étnica en Cisjordania y Gaza. La precisión de los ataques de la Guardia Revolucionaria a las bases norteamericanas en la región ha puesto al Pentágono a la defensiva y propiciado acuerdos regionales (Pakistán, Turquía, Arabia) que modifican, a término, la situación política que había prevalecido en Medio Oriente. 
 El daño a las instalaciones hidrocarburíferas de los aliados árabes de Estados Unidos, sumado al cierre del estrecho de Ormuz, ha desatado una suba del precio del barril que disparó la inflación en el mundo y generó una crisis energética, especialmente en Oriente.
 La prolongación de la campaña militar ha provocado una escasez de misiles y el agotamiento de las tropas. El USS Abraham Lincoln debía regresar en mayo, pero continuó hasta ahora en el mar Arábigo por las necesidades de la guerra. Esto puso en crisis la salud mental de su tripulación y su abastecimiento. Para reemplazarlo, el Pentágono tuvo que ordenar el traslado del USS George Washington desde el Pacífico. El USS Gerald Ford, sin embargo, había estado once meses continuos en operaciones, el tiempo más largo desde la guerra de Vietnam. Tuvo que ir a reparaciones por un incendio que dejó sin habitaciones para dormir a gran parte de la tripulación y antes había tenido un problema con las cloacas. Toda esta infraestructura bélica, con costos diarios altísimos, se ha mostrado incompetente frente a los drones baratos iraníes. 
 Desde un principio, Trump intentó comprometer a más países en la contienda, sin resultados. No solo los europeos se negaron a enviar una flota para “liberar” el estrecho de Ormuz, tal como exigía Trump. Los países árabes, varias veces bombardeados por Irán por contener las bases militares estadounidenses, tampoco participaron activamente. Solo Emiratos Árabes Unidos y Bahréin -ambos pro-sionistas- respondieron a algunos ataques. 
 Es que las bases militares estadounidenses se mostraron impotentes como garantía de defensa y las monarquías de la región evitan provocar más ataques de Irán. El anuncio del gobierno emiratí para habilitar a Irán a recuperar parte de sus activos retenidos en Dubái parece un intento de evitar nuevos ataques contra su territorio. 
 Desde fines de julio, Estados Unidos no ataca a Irán con munición. Se ha centrado en la guerra económica y en el aumento de las sanciones. Scott Bessent declaró que ahora sí estaban a punto de imponer sanciones financieras sin precedentes. Pero el petróleo iraní ya está vetado en todo el mundo y sus activos ya han sido confiscados, desde antes de la guerra. 
 Mientras, Israel sigue con su política de exterminio en Gaza, Cisjordania y el Líbano. El ensañamiento alevoso contra la población civil le ha generado a Israel cierta crisis con Estados Unidos. El embajador estadounidense Mike Huckabee, un ultraderechista, calificó de “terroristas” a los colonos que asediaron a una familia palestina en Cisjordania, donde se encontraba un residente en Estados Unidos. Por primera vez, las encuestas reflejan que los norteamericanos sienten más simpatía por los palestinos que por los israelitas. En Nueva York, Nueva Jersey y Michigan ganan las primarias los candidatos demócratas que se pronuncian en contra del sionismo. En Israel, donde también hay elecciones, culpan a Netanyahu por la ruptura del ‘consenso’ proisraelí en Estados Unidos. El principal problema del carnicero de Tel Aviv es que, a pesar de tener ocupado el 70 % del territorio gazatí y haber desatado un genocidio, no ha logrado derrotar a Hamas; lo mismo le pasa en el Líbano con Hezbollah. 
 Trump no puede retirarse de la guerra, ni puede escalarla de momento, y eso perpetúa la crisis por el abastecimiento de combustible y, por ende, la crisis económica. Para buscar salir, va a buscar ampliar las confrontaciones, aumentando los activos bélicos y buscando comprometer a más actores. Esto solo va a aumentar la dimensión y los efectos de la crisis. Es una amenaza para la humanidad de conjunto que solo puede ser derrotada con la movilización contra la guerra, planes de rearme y la guerra imperialista. 

 Aldana González 
 18/08/2026

lunes, 17 de agosto de 2026

Israel arrasa el sur del Líbano


Las negociaciones entre Israel y el gobierno oficial del Líbano, mediadas por Estados Unidos en Roma, están estancadas. Israel ocupa el sur del país y exige el desarme de Hezbollah y de Hamas. Ha destruido pueblos enteros, incluida la infraestructura. 
 En junio se había firmado un acuerdo marco, que preveía una retirada gradual de las tropas israelíes de algunas zonas del sur libanés, seguida por el despliegue del ejército del Líbano. Hezbollah rechazó el acuerdo marco y denunció que no había ninguna garantía del retiro de las tropas israelíes ni del fin de las agresiones. Una abundante documentación periodística, imágenes satelitales e informes de organizaciones internacionales muestran que, después del alto el fuego, las fuerzas israelíes continuaron demoliendo viviendas, infraestructura y pueblos enteros en las zonas bajo ocupación. La mayor parte de la infraestructura fue demolida por medio de explosiones controladas. El ejército israelí sigue asolando la región con ataques aéreos, fuego de artillería y el uso de bombas de fósforo. El fósforo blanco es un arma prohibida por el derecho internacional que Israel utiliza cotidianamente contra la población civil.
 Se ha filtrado información acerca del uso combinado de robots de reconocimiento y gas tóxico inyectado en túneles excavados bajo las colinas. 
 La excusa remanida del sionismo es que su objetivo es destruir la infraestructura de Hezbollah. Sin embargo, meticulosamente, ha destruido sistemas esenciales para la vida civil, desde infraestructuras de agua y energía hasta la atención médica. El propósito obvio de estos desmanes es convertir al sur de Líbano en una tierra de nadie bajo el control militar del sionismo, o sea, crear una base militar terreste. 
 Mientras tanto, bomberos y residentes del sur del Líbano acusan nuevamente al ejército israelí de provocar incendios en la región. Según The Guardian, desde el último alto del fuego, a mediados de junio, aproximadamente entre el 30 % y el 40 % del territorio cercano al frente ha sido incendiado deliberadamente. La intervención de los bomberos en un incendio en un bosque en las afueras de Khiam fueron atacados por un dron que los obligó a retirarse, según la Defensa Civil libanesa. El ataque a los socorristas es un modus operandi del sionismo. 
 Las tropas israelíes ocupan una denominada “zona de seguridad”, que se extiende aproximadamente diez kilómetros dentro del territorio libanés, y otras zonas del sur del país. 
 Incluso la capital, Beirut, es sobrevolada por drones a modo de amenaza. 
 Desde el 2 de marzo, la ofensiva israelí contra el Líbano ha dejado más de 4.330 muertos y más de 12.230 heridos, y desplazado a más de 1,6 millones de personas. 
 Aunque Hezbollah ha perdido dirigentes, infraestructura y capacidad militar durante los enfrentamientos de 2024 y 2026, ha logrado propiciar 30 bajas al ejército de ocupación y ha destruido decenas de tanques. 
 El gobierno libanés se propone como lugarteniente para el desarme de Hezbollah, pero una parte del ejército apoya a Hezbollah. El presidente de Líbano, Joseph Aoun, y el primer ministro, Nawaf Salam, han amenazado con abandonar la mesa de negociaciones.
 La condición impuesta por Israel para “retirarse” de los territorios es un engaño. La tierra arrasada y la limpieza étnica es un método de ocupación indefinida. Los colonos sionistas insisten en ocupar esas tierras. En Cisjordania, donde no hay milicias antisionistas y “gobierna” la Autoridad Palestina, la política israelí no difiere. 
 Israel avanza en el Líbano, como lo hace en Gaza y en partes de Siria, para quedarse con sus recursos gasíferos e hídricos y anexar los territorios. Es una política de genocidio con la plena complicidad del “concierto de naciones”. 

 Aldana González 
 15/08/2026

La fuga clandestina de Trump en Ankara expone el pantano de la guerra


The Washington Post reveló que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, abandonó en secreto la cumbre de la OTAN celebrada el mes pasado en Ankara, Turquía, a bordo de un avión militar alternativo, luego de una maniobra de simulacro, y de abandonar subrepticiamente el Air Force One que oficialmente iba a trasladarlo. 
 La operación, motivada por una supuesta amenaza iraní contra Trump, se ejecutó el 8 de julio de 2026. Periodistas y algunos miembros del personal de la Casa Blanca creyeron viajar en el mismo avión que el presidente en su regreso a Washington tras la reunión anual de líderes de la OTAN. Pero tras abordar públicamente el Air Force One ante las cámaras, Trump fue trasladado minutos después, de forma clandestina, a un avión más pequeño de la Fuerza Aérea mediante un camión de catering del aeropuerto. El avión presidencial se convirtió así en un señuelo para la prensa y parte del personal a bordo. 
 Desde la Casa Blanca respondieron: “Como ha dicho recientemente el Presidente, hay muchos enemigos de Estados Unidos que lo tienen en la mira, y utilizamos todas las herramientas a nuestro alcance para hacer frente a esas amenazas”. 
 Mientras Trump se encontraba en Turquía, el ejército estadounidense había llevado a cabo una serie de ataques a gran escala en Irán en represalia por los golpes contra buques mercantes en la región. El informe del Washington Post sobre cómo subieron clandestinamente a Trump a un tercer avión y lo sacaron discretamente del país añade un nuevo matiz a la seria preocupación que tenían los funcionarios de seguridad estadounidenses por la amenaza contra Trump. No existen antecedentes de que se usara un avión presidencial cargado de funcionarios y periodistas como señuelo durante una amenaza inminente. “Parece que la idea era reducir el peligro para el presidente Trump ofreciendo a unas 100 personas para que los iraníes las mataran en su lugar”, dijo Steven Cash, exoficial de inteligencia de la CIA y asesor principal de la rama de inteligencia del Departamento de Seguridad Nacional, cita el The Guardian (11/8). 
 Informes posteriores de Bloomberg y el Wall Street Journal publicados el 11 de agosto aportaron más detalles. Según un funcionario estadounidense, Israel informó a la administración Trump sobre inteligencia que incluía una amenaza de usar misiles antiaéreos portátiles (MANPADS) contra el Air Force One. 
 Teherán lleva años prometiendo represalias contra Trump por el asesinato de Qassem Soleimani, el alto general de la Guardia Revolucionaria Islámica considerado la mano derecha de Alí Jamenei y para muchos la segunda persona mas poderosa de Irán en ese entonces. Fue asesinado en Irak durante un ataque con drones estadounidenses ordenado por Trump en 2020. 
 Esta operación extrema de evasión -calificada por algunos críticos como un “secuestro” de facto por parte de la Fuerza Aérea, tras confirmarse que Irán buscaba derribar el Air Force One- asesta un duro revés a la narrativa según la cual Estados Unidos había aniquilado por completo las capacidades ofensivas de Irán. El magnate asegura estar venciendo en el conflicto, pero el impasse de las negociaciones con Irán lo ubican en una clara situación de desventaja, a pesar de los ataques sistemáticos de Estados Unidos. El ejército más poderoso del mundo se ha visto incapaz dominar el estrecho de Ormuz, proteger las bases militares que mantiene en los países del Golfo Pérsico y de sostener la moral de las tropas estacionadas en el portaviones Lincoln desde hace más de 200 días. La guerra contra Irán es rechazada por la mayoría de los estadounidenses, incluida buena parte de la base conservadora identificada con el movimiento MAGA. 
 Todo el cuadro de guerra se encuentra en un pantano. Las potencias imperialistas evitan movilizar a sus poblaciones para una guerra total, limitándose a emitir leyes de conscripción obligatoria y aumentos del presupuesto armamentista, sin resolver el fondo de las necesidades de la guerra mundial.
 La revelación, más de un mes después de los hechos, genera interrogantes sobre la credibilidad de la Inteligencia (algunas agencias estadounidenses habrían tenido “baja confianza” en la amenaza transmitida por Israel), los riesgos asumidos por la prensa y el personal que volaron en el avión señuelo, y la capacidad real de Estados Unidos para proteger a su presidente en un escenario de guerra prolongada. 
 Lo sucedido en Ankara pone de relieve las vulnerabilidades políticas del imperialismo estadounidense, que, en medio de un conflicto que no controla, debe recurrir a estratagemas para sacar a su líder del territorio de un aliado de la OTAN. 

 Camilo Márquez 
 15/08/2026

El terremoto en Colombia, mucho más que un desastre natural


El terremoto de 7.4 grados en la escala Richter que sacudió a Colombia este lunes 10, dejó más de 180 muertos y 1.600 edificios dañados, según cifras provisorias del gobierno. Su epicentro tuvo lugar en el departamento del Chocó, a veinte kilómetros de la localidad de San José del Palmar, y afectó también, severamente, a Pereira y Manizales (ciudades del eje cafetero) y a Cali, capital del Valle del Cauca.
 Colombia registra una intensa actividad sísmica porque se encuentra ubicada en una zona en la que confluyen e interactúan tres placas tectónicas diferentes. Según el Servicio Geológico Colombiano, se desarrollan alrededor de 2.500 sismos al mes, aunque la mayoría de ellos resultan imperceptibles para la población.
 A poco más de un mes del brutal terremoto que dejó más de 6 mil muertos en Venezuela, se repite en la región un escenario dantesco de edificios en ruinas, cuerpos atrapados entre los escombros y familias que pierden todo en un instante. ¿Esto es inevitable? 

 Más que un terremoto

Un terremoto es, en gran medida, impredecible e inevitable, según los geólogos, pero de su magnitud, de los planes de construcción y del nivel de preparación de los países y de la población depende el alcance del daño causado.
 El del 10 de agosto, con sus decenas de réplicas, es uno de los más poderosos que golpeó a Colombia en los últimos veinte años. Y su impacto se agiganta por una deficiente preparación. 
 Tras un violento sismo que arrasó a Popayán en 1983, se elaboró y puso en marcha en Colombia una normativa de construcción antisísmica. En 1997-1998 y en 2010 se aprobaron otras normativas semejantes. Los especialistas consideran que, en líneas generales, son normas adecuadas, pero el problema es que no se llevan a la práctica y tampoco contemplan a las edificaciones construidas con anterioridad. 
 En primer lugar, los sectores populares son mucho más vulnerables a los terremotos. “Muchísimas viviendas de interés social y popular no cumplen con estas normas”, según John Makario Londoño, director técnico de Geoamenazas del Servicio Geológico Colombiano (El País, 10/8). 
 También juega su papel el afán de lucro de los capitalistas y la corrupción en la obra pública. “Muchas veces las obras no siguen los diseños para ahorrar tiempo o dinero y se saltan las normas sísmicas vigentes”, según Gina Villalobos, ingeniera civil y doctora en sismología (ídem). 
 “Colombia tiene millones de edificaciones construidas antes de la entrada en vigencia de la normativa sismorresistente [de 1997-1998]. Algunas tienen varias décadas de antigüedad y fueron levantadas bajo estándares técnicos muy diferentes a los actuales. A esto se suma una realidad mucho más compleja: el crecimiento informal de nuestras ciudades", subrayó en una columna periodística el arquitecto Mauricio Facio Line (El Mundo, 11/8). 

Planificación vs gobiernos capitalistas

La preparación frente a los terremotos exige, según la opinión de expertos consultados por El País, en el artículo ya citado, políticas a largo plazo, kits de emergencia para aminorar daños (con agua potable, comida no perecedera, linterna y silbato), planes de emergencia por barrio y localidad, debidamente conocidos por los vecinos, rutas de evacuación en casas y lugares de trabajo, educación en las escuelas, etc. Esta planificación es todo lo contrario a la improvisación y el cortoplacismo que caracteriza a los gobiernos capitalistas, apenas preocupados por asegurar los negocios empresarios y que cierren las cuentas públicas para cumplir los planes de pago con los organismos financieros internacionales. 
 El gobierno de Abelardo de la Espriella, que asumió el viernes 7, es un ejemplo de esa clase de gobiernos. Durante la campaña electoral, propuso un plan de ajuste que incluye el despido de 700 mil trabajadores del sector público, además de un alineamiento completo con Estados Unidos e Israel.
 Tras el terremoto, De la Espriella dictó un estado de emergencia nacional que le permitirá concentrar mayores poderes en los próximos 30 días. Prometió que el Estado se hará cargo del pago de servicios de los afectados en los próximos tres meses, pero no dijo qué pasará con aquellos que perdieron sus viviendas y necesitan volver a ponerlas en pie. Se plantea la necesidad de comités de los afectados para exigir al Estado las respuestas.
 En estas horas terribles, enviamos nuestro saludo al pueblo colombiano. 

 Gustavo Montenegro