miércoles, 1 de abril de 2026

¿Para qué viniste?


Crónica desde la resaca de una marcha por la memoria en Buenos Aires 

 Estábamos más lejos de lo que habíamos pensado y Érika me pregunta para qué vine. Para verte, boluda, le respondo tratando de imitar el acento argentino. Para qué viniste, para qué. 
 No tengo idea, pero aquí estamos. Hace casi tres años no veo a Érika, ni a Agus ni a Belu. Y quería verlos y que me vieran, sentir el abrazo, aunque costara 50 minutos en taxi, a través de una ciudad paralizada por una marcha; aunque luego nos quedáramos sin saber de qué hablar, solo sentados sobre la hierba medio fría de la Plaza de Mayo. 
 Mi hijo tiene un año y ahora Érika lo sostiene aupa y me dice algo sobre mojarle los pies en la fuente, una tradición de «boludos y boludas con bronca», que vienen a gritar cosas duras y hermosas a este parque desde hace décadas. 
 Mojarse los pies… para refrescar, para sentir, para heredar, para bautizarse de alguna forma. Y si Érika lo pide hay que hacerlo, porque sabe lo que dice, y me quiere a mí, ya quiere a mi hijo y yo la quiero. Y porque a uno le gusta imaginarse unos años mayor, contándole a su hijo que cierta vez, cuando apenas lograba sostenerse en sus piernas, tres argentinos buenos le pusieron sus piececitos donde mismo metieron «las patas» los obreros y obreras que, en 1945, despertaron con eso de salvar a Perón. 
 Después camina con él encima por el centro de la Plaza. Hay fotografías, carteles alusivos a hijos, a nietos, a madres, a abuelas. Érika no dice nada, solo mira estas cosas con mi hijo encima, en medio de la resaca de una marcha inmensa. 
 Corren las primeras horas de la noche del 24 de marzo de 2026. Hace 50 años, Jorge Rafael Videla dio un golpe de Estado. En el pañuelo que Érika, Agus y Belu le regalan y colocan al niño, un niño, mi niño, se ve el rostro doloroso de señoras mayores y se lee la cifra de 30 000. No estamos tristes, solo callados. 
 Un rato atrás, estábamos en la Esquina América. Belu no había llegado y nosotros aún no encontrábamos a Érika y Agus. Una mujer de poco más de 60 años se detuvo a preguntar una dirección. Pusimos cara de extranjeros y respondimos que apenas llevábamos unos días en la ciudad.
 ¿De dónde son? De Cuba. ¿Cuándo parten? La próxima semana. ¿Y cómo está Cuba? Es un momento muy difícil. ¿Pero qué va a pasar? No sabemos. ¿Si los atacan… se van a defender o no? Bueno, eso es lo único de lo que estamos seguros, de que nos vamos a defender.
 La mujer comenzó a quebrarse. Nos dijo entre sollozos que a ellos –ella y mucha gente de su tierra– les afectaba mucho todo lo que le hacen a Cuba. Y se encogió a llorar más. Y la abrazamos. Después cerró el puño y lo levantó, mientras gritaba: ¡viva Fidel, viva el Che, viva Camilo! Uno no es de piedra y la patria está a unos cuantos miles de kilómetros. 
 Y ahora vamos saliendo de la Plaza de Mayo. Érika no ha querido soltar al niño. Caminamos por una calle llena del humo de los asados populares y «sucia» de símbolos que son más o menos de uno. 
 ¿Para qué viniste si estaban tan lejos? Había preguntado ella. No sé, boluda, digo a mis adentros con seudoacento bonaerense, para que bautizaras a mi hijo, para que una vieja desconocida me partiera en dos… 

 Mario Ernesto Almeida Bacallao | internet@granma.cu 
 30 de marzo de 2026 19:03:42

martes, 31 de marzo de 2026

Buque ruso rompe cerco del bloqueo estadounidense y atraca en Matanzas con cargamento de petróleo


La naciente Revolución fue también hacer libros


El 31 de marzo de 1959 quedaría fundada en la Isla, a solo tres meses del triunfo revolucionario, la Imprenta Nacional Poner el libro al alcance de todos sigue siendo en Cuba un propósito de alta prioridad.

¡Cómo no iba a ser el 31 de marzo el Día del Libro Cubano! ¿Cuál otro podría ser, sino aquel que marca la fecha en que quedaría fundada, a solo tres meses del triunfo revolucionario, la Imprenta Nacional? Junto a un librero grande, poblado en su mayoría de libros cubanos, nacen estas líneas, que una vez más recuerdan el acontecimiento, un hecho que habría de forjarse en una escena de desolaciones, en la que el primer paso para transformarla sería alfabetizar a un pueblo noble, sufrido e iletrado, para poner después en sus manos nuevos saberes, de la mano de los libros. 
 Los míos escuchan ahora el sonido de las teclas. Mientras escribo, pienso en aquellos primeros libros que llegaron a mis manos, muchos a modo de premio, por ganar una carrera de saco en un plan de la calle, organizado por los CDR; o como regalo de cumpleaños con bellas dedicatorias, como aquellas que me hacía mi abuelo; o como esa respuesta a la pregunta de la niña que le decía al padre: –¿Qué me trajiste? Y del portafolio le sacaba un libro. De esos, algunos están aquí, como el de Fábulas, con primera edición en 1973 y con sello de Gente Nueva; o el de Oros Viejos, de 1974, por solo citar algunos. 
 También de esa época –y heredados después como las joyas que son– están aquí los que tantas veces leyó mi padre, entonces un jovencito devorador de lecturas de todo tipo.
 Nombrarlos haría una lista interminable, no solo la de los libros preservados de aquellos años, sino los que después fueron llegando. Hay muchas vidas que podrían contarse por las lecturas que se fueron haciendo, según salían de la imprenta los libros.
 No fue obra de hechos milagrosos, o mejor sí, de un milagro llamado Revolución, que costó mucho sacrificio y la hicieron sencillos y grandes seres, convencidos de que era imprescindible cambiar el entorno, también en la escena cultural.

 LA REVOLUCIÓN FUE TAMBIÉN PONER EN LAS MANOS DEL PUEBLO LOS LIBROS

 Hablando de libros, ninguno como Fidel y la industria editorial cubana: una Revolución desde las letras –que con idea original de Juan Rodríguez. 
 Cabrera, presidente del Instituto Cubano del Libro, y que firman Francisca López Civeira y Fabio Enrique Fernández Batista– recoge el proceso de transformación que entrañó ese sueño. 
 «En enero de 1959, la triunfante Revolución se encontró, entre otros horrores, un país marcado por su endeble universo editorial (…). El país que algunos pretenden presentar como representación absoluta del progreso manifestaba aquí otra de sus falacias estructurales. Tuvo que llegar el torbellino del cambio revolucionario para que la compleja realidad existente se modificara». 
 Para transformar la espiritualidad del pueblo, había que saber leer, y había que hacer libros. Conocido es lo que significó la gloriosa Campaña de Alfabetización, que logró borrar de la faz de la Isla la ignominia de no saber leer y escribir.
 Amparada por la ley 187, y adscrita al Ministerio de Educación, el 31 de marzo se creó la Imprenta Nacional de Cuba. Para administrar la Editorial de Libros Populares en Cuba, se nombró al insigne novelista Alejo Carpentier, quien estimuló la creación de los festivales del libro cubano. Se vivió una efervescencia que así describen los diversos intelectuales que atestiguaron esa trascendental empresa.
 En 1960, desafiando entuertos y molinos, como el protagonista de la obra, recorrió la Isla El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, de Cervantes, con una tirada de 100 000 ejemplares, a un precio de 25 centavos, y con el que se inauguraba la Biblioteca del Pueblo. 
 La historia del libro cubano es cautivadora. Lo hasta aquí descrito son apenas sus albores. El título citado muy bien la cuenta y su lectura es, en nuestro criterio, de altísima recomendación. 
 Bien sabía Fidel lo que significaba que el pueblo leyera libros. Aquella colosal idea, compartida en abril del año 1961, al concluir un evento académico, desmantelaba para los incrédulos, toda duda. «Nosotros no le decimos al pueblo: ¡Cree! Le decimos: ¡Lee!», y con ello exhortaba a los cubanos a encontrar la verdad en los libros. La génesis de ese propósito nació, para bien de una increíble isla, un día como hoy, 31 de marzo, fecha en que con toda justicia se celebra el Día del Libro Cubano. 

 Madeleine Sautié | madeleine@granma.cu 
 30 de marzo de 2026 19:03:11

¿Qué es, si no punitivo, el bloqueo contra Cuba?


Así cuestionó en x el miembro del Buró Político y ministro de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez Parrilla, a propósito de las recientes declaraciones de instancias del gobierno de la nación norteña, donde niegan cambios formales en la política de sanciones hacia la Isla «Ahora dice el Gobierno de ee. uu. que no ha tomado acción "punitiva" alguna contra Cuba. ¿Qué es, si no punitivo, el bloqueo económico? ¿Qué es, si no punitiva, la amenaza a cualquier país que exporte combustibles a Cuba? ¿Qué son la persecución financiera de transacciones cubanas en cualquier país, la restricción a buques mercantes que toquen puertos cubanos y la prohibición de visitas de estadounidenses a Cuba?». 
 Así cuestionó en X el miembro del Buró Político y ministro de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez Parrilla, a propósito de las recientes declaraciones de instancias del Gobierno de la nación norteña, donde niegan cambios formales en la política de sanciones hacia la Isla. 
 En ese sentido, el Jefe de la Diplomacia cubana enfatizó: «¿Qué objetivo cumplen las listas selectivas y arbitraria como la de Estados patrocinadores de terrorismo, la de entidades restringidas y la de alojamientos restringidos?».
 Al respecto, se refirió a «las presiones abusivas contra gobiernos caribeños y latinoamericanos para que renuncien a programas de cooperación médica con Cuba, en aras de privar al país de ingresos legítimos», lo cual ha sido palpable en las últimas semanas, y daña, también, a los pueblos a los que se priva de la atención de los especialistas de la Mayor de las Antillas. «Una acción netamente punitiva», aseveró.

 Redacción Internacional | internacionales@granma.cu
 30 de marzo de 2026 22:03:44

El "ICE" de la Unión Europea


La aprobación del Reglamento de Retornos por parte de la Eurocámara representa un salto histórico en la criminalización de la clase obrera migrante. Con una mayoría de 389 votos, el bloque conservador (PPE) y la extrema derecha han sellado un pacto para crear centros de detención en terceros países y agilizar expulsiones masivas, incluyendo a familias con menores (Urgente24, 27/03/2026). Lo que antes era demagogia de los sectores "soberanistas", hoy es la ley oficial del imperialismo europeo.
 La Unión Europea descarga su crisis de rentabilidad sobre el proletariado. Para sostener el rearme militar de 1.000 billones de euros y frenar la decadencia frente a la guerra con China y EE. UU., la burguesía necesita disciplinar a la fuerza de trabajo. Los centros de retorno en países fuera de la UE —que organizaciones civiles ya denuncian como una réplica del ICE estadounidense— no buscan "ordenar" fronteras, sino producir una masa de trabajadores "ilegales" y aterrorizados. Es la infraestructura necesaria para un modelo de explotación semiesclava que compense la caída industrial en Alemania y Francia. 
 La política migratoria de la UE no es más humana que la del ICE: la única diferencia es que aquí la violencia se traslada al Mediterráneo y al norte de África para hacerla invisible, donde se financian fosas comunes y mercados de esclavos en Libia para mantener la pulcritud de las instituciones de Bruselas (Jacobin / Swissinfo.ch, 27/02/2026). Esto explica el voto de abstención -de los países colonialistas europeos -como España, Francia y Alemania- en la ONU sobre una moción de Ghana que pretendía condenar la esclavitud y el despojo colonial (El País, 25/03/2026). El temor de las burguesías imperiales es que el reconocimiento de sus crímenes históricos desate una ola de reclamos de restitución del oro y el arte que hoy adorna sus museos y tiene una explicación simple: el que hoy comete crímenes no puede permitir que se castiguen los de ayer.
 La votación del jueves demostró que el "centrismo" europeo ha capitulado totalmente ante la agenda de la extrema derecha. El PPE (Partido Popular Europeo) rompió el tradicional 'cordón sanitario' para unirse a la extrema derecha de Vox (Buxadé) y ECR (Weimers) y aprobar este sistema de detención. Buxadé, celebró el acuerdo como un paso hacia la "reemigración" (Urgente24, 27/03/2026). Esta convergencia política confirma que figuras como Meloni o Weidel son los imitadores de Milei en Europa: los verdugos que la gran burguesía utiliza para quebrar la resistencia obrera mediante la xenofobia y el miedo. 
 En Estados Unidos, la respuesta a este mismo modelo de terror ha sido la movilización de millones bajo la consigna "No Kings, No ICE, No War". La lucha de los trabajadores en Minnesota contra el asesinato de activistas por parte del ICE es la misma lucha que debe librar el proletariado europeo contra el Reglamento de Retornos. Frente a una burguesía que está dispuesta a todo para salvar sus balances comerciales, la única alternativa a la "Fortaleza Europa" de los banqueros y los centros de detención es la lucha por el derrocamiento de los gobiernos de la guerra.
 Abajo el Reglamento de Retornos y los centros de deportación. 
 Basta de criminalizar a las familias trabajadoras. 
 Unidad internacional de clase contra el ajuste, la represión y la guerra imperialista. 

 Iara Bogado 
 28/03/2026

lunes, 30 de marzo de 2026

Adam Smith y la centralidad del trabajo humano para crear valor


A 250 años del libro La riqueza de las naciones de Adam Smith 
Publicado en Clarín, 29 de marzo de 2026.

 ¿Cómo apreciaría el filósofo y economista escocés al mundo capitalista dos siglos y medio después de la publicación de La riqueza de las naciones? Para contestar esta pregunta, hay que referirse a su legado. Smith caracterizó a la economía mercantil como la consagración de la libertad humana. El hombre económico, despojado de los lazos de sujeción personal, establecía con sus semejantes un vínculo sólo mediado por el intercambio de los productos de su trabajo. A esta extensión del mercado, Smith la relacionó con la división del trabajo, y el salto fantástico en la productividad representado por la manufactura.  Smith elaborará entonces el gran aporte de la economía política clásica: la centralidad del trabajo humano en la creación de valor. Llegará muy lejos al presentar al beneficio como “una deducción del trabajo”, pero luego retrocederá de esa conclusión crucial. Nos dirá, entonces, que el “valor trabajo” sólo rige plenamente en una economía de productores independientes. Pero cuando existe acumulación de capital, el beneficio es la recompensa de quien supo ser “frugal” para reunir un acervo -o sea, el capitalista. A diferencia de lo que dicen algunos exégetas tardíos de Smith -hoy devenidos en “nacionales y populares”-, el economista escocés no corrió el telón del “mayor valor” o plusvalor. Ello sólo ocurrió un siglo después con la Crítica de la Economía Política de Karl Marx. 
 Smith exaltó, en cambio, al orden social capitalista como la consumación de la naturaleza humana. La riqueza de las naciones constituía el último movimiento en la larga Sinfonía de la historia. La humanidad productora había llegado a una cima de la que jamás descendería. 
 Pero si pudiéramos parar a Smith ante el mundo actual, desde esa “cima” sólo avizoraría vértigo e incertidumbre. La “libertad” del mercado ha parido una nueva sujeción, entre los compradores y vendedores de la fuerza de trabajo, el único bien que el trabajador despojado puede ofrecer en el mercado. El salto extraordinario en la productividad podría, potencialmente, liberar a la humanidad del yugo del tiempo de trabajo. Pero bajo las relaciones sociales fundadas en el beneficio y la competencia, esa revolución de las fuerzas productivas engendra sobreproducción, por un lado, y desempleo masivo, del otro. 
 La “libre” venta de la fuerza de trabajo se ha trastocado en la sórdida incertidumbre del desempleo crónico. Una conquista fantástica, como la IA, amenaza con liquidar millones de empleos y la bancarrota de los capitales aplicados a ella, que no han encontrado la rentabilidad esperada. Las relaciones sociales capitalistas son una envoltura demasiado estrecha para la riqueza social que ellas mismas han engendrado.
 La competencia -el “afán en el empeño propio” que Smith caracterizó como la fuerza motriz de la sociedad- ha devenido en su propia negación, es decir, en las corporaciones monopolistas. Pero lejos de haber cesado, la competencia se ha replanteado en un plano superior y encarnizado. Con corporaciones aliadas a sus respectivos estados nacionales, la disputa por los mercados se traslada al campo de la política y de la guerra. Dos guerras mundiales en el siglo XX marcan a fuego la decadencia de un orden social. Una nueva guerra internacional inaugura al segundo cuarto del siglo XXI. 
 Imaginariamente colocado ante este escenario, Smith debería revisar su premisa histórica fundamental: la perpetuidad del orden social capitalista. Smith se toparía también con las versiones degradadas de sus propias ideas: su teoría del valor basada en un principio objetivo y de carácter social-el trabajo humano ha sido trastocada por el valor subjetivo, fundado en el individuo aislado y en sus insondables “grados de satisfacción”. Del progreso fundado en la manufactura y el desarrollo del comercio mundial pasamos a la especulación con criptomonedas. La “libertad” que exaltan Javier Milei y sus referentes teóricos es el derecho del capital para liquidar a la clase obrera como sujeto colectivo. El espectro de Smith, invocado por ellos, es una impostura.
 Las crisis capitalistas, las guerras, las revoluciones sociales y su marcha contradictoria, son los dolores de parto de una transición histórica que reclama un orden social superior. La “mano invisible” del mercado completó su cometido, dejando un patrimonio material e intelectual edificado, no por la “abstinencia” del empresario, sino por la clase trabajadora que aportó el sudor y el sacrificio de innumerables generaciones. La historia le exige paso a la “mano visible” de esa humanidad trabajadora: el socialismo, el control consciente de la producción social para terminar con la anarquía, el despilfarro y la opresión del hombre por el hombre. 

 Marcelo Ramal 
 29/03/2026

viernes, 27 de marzo de 2026

Los criminales de guerra preparan una invasión terrestre de Irán y del Medio Oriente


Convirtamos este propósito en la tumba del imperialismo. 

 Cuando en la noche del domingo pasado, Donald Trump anunció una suspensión de los bombardeos a las estructuras eléctricas de Irán, se entendió que la ‘tregua’ obedeció a la advertencia de que la apertura de los mercados del lunes siguiente sería catastrófica. Una característica relevante de la guerra imperialista en desarrollo es el peso que tiene el temor a que desencadene “la madre de todas las crisis financiera” y, por extensión, un golpe político poderoso contra los estados imperialistas comprometidos en esta y otras guerras – Irán, Ucrania, el Caribe. Es un hecho consumado, por lo pronto, que la deuda pública norteamericana ha dejado de ser un "refugio de capitales insoslayable", como lo muestra la caída de sus cotizaciones y el veloz aumento de la tasa de interés. El FMI ya estima que la inflación estadounidense podría aproximarse a una tasa del 5% anual, el doble de la corriente. La agencia Bloomberg advierte que Estados Unidos se encamina, sin desvíos, a un ‘estanflación’. La ‘tregua’ hipócrita calmó por algunas horas los mercados, el financiero y el de combustibles: el primero siguió en su racha negativa y el segundo retomó el sendero de precios en alza. Por algunas horas, sin embargo, la familia Trump embolsó algunas decenas de millones de dólares, porque aprovechó premeditadamente estos giros para comprar títulos baratos antes del lunes y venderlos más caros enseguida después. Un negociado de la lumpen burguesía.
 El propósito más importante de la mentada ‘tregua’ ha sido ganar tiempo para trasladar tropas desde California y Japón hacia el terreno de la guerra – en el Golfo Pérsico. Trump no pretende ‘desescalar’ la guerra sino escalarla; más precisamente, lanzar una invasión anfibia o aerotransportada. Nunca dio un centavo por la aceptación de su ‘oferta’ de un cese del fuego condicionado a que Irán entregara su stock de uranio, la prohibición de enriquecerlo para uso pacífico; la destrucción de su arsenal de misiles: la transferencia del control del estrecho de Ormuz al Pentágono estadounidense; y la ruptura de relaciones con el “frente de la resistencia” – Hizbollah y Hamas. Una vía navegable internacional, que Irán pasó a supervisar por razones de defensa contra una guerra no provocada, Trump ofertaba convertirla en un patio trasero del imperialismo norteamericano. Lejos de un proyecto bizarro, el imperialismo trumpista pretende imponer lo mismo con otras vías navegables, como lo anticipa el desalojo del conglomerado chino Hutchinson del canal de Panamá, por una decisión impuesta a la Corte Suprema de ese país. Dicho todo esto, la infraestructura de Irán continuó siendo destruida durante la “tregua” por la aviación israelí, con el soporte de los aviones de reabastecimiento de Estados Unidos. Trump presentó un plan inaceptable con el propósito, precisamente, que no fuera aceptado. 
 La prensa internacional ha dado a conocer las principales características de las operaciones anfibias y aéreas que ha puesto en movimiento el Pentágono. Constituyen una escalada monumental de la guerra por parte de Estados Unidos e Israel, y una amenaza descomunal para la supervivencia de las fuerzas invasoras. Si se depositaran comandos aerotransportados en la isla de Kharg, a algunos centenares de kilómetros de Ormuz, con el objetivo de destruir la terminal petrolera de Irán, no solamente el precio del petróleo podría llegar a doscientos dólares, como pronostican los especialistas, sino que los invasores podrían ser ‘neutralizados’ por el fuego enemigo desde la costa continental. La alternativa sería ubicar puntos de desembarco en las costas del Golfo Pérsico o del Mar Caspio, apoyadas por una acción destructiva desde el aire. En este caso, Irán y los hutíes de Yemen podrían cerrar el estrecho Bab al-Mandeb, en el noreste de Africa, y cerrar los pasosa los mares Rojo y Aden, y finalmente al canal de Suez. El despliegue de una fuerza invasora terrestre no sería el fin de la guerra sino el inicio de una guerra, probablemente, sin fin. La gran derrota de Trump, presentada como “un error de cálculo”, no es que el imperialismo norteamericano y su lacayo sionista estén perdiendo militarmente una guerra, sino que se han metido en una guerra de enorme alcance que podrían perder políticamente como consecuencia de las crisis sociales y económicas que desate; la oposición abierta o larvada de sus rivales económicos o geopolíticas; una explosión financiera y social en Estados Unidos. Los bloques imperialistas que entrevén esta catástrofe están buscando una rampa de salida. Incluso el vicepresidente J.D. Vance se estaría inclinando por esta variante, según como lo describe The Wall Street Journal. El sábado próximo se anuncian marchas de oposición a la guerra en todo Estados Unidos, con centro en Minneapolis. Las huelgas obreras han crecido en una línea que puede convertirse en exponencial.
 La rampa de salida no se encuentra a la vista, porque la guerra desatada contra Irán forma parte de una guerra imperialista mundial. El estado sionista, por lo pronto, continuará la guerra criminal contra Líbano hasta asegurar la anexión del país al sur del río Litani y del sur de Siria y de Cisjordania. No es más una guerra para “hacer grande a Israel” (el gran Israel) sino para desarrollar una red de asociaciones económicas y políticas que se extiende al Mediterráneo oriental y al norte de África. En cuanto a la Unión Europea, no puede gastar su presupuesto en Irán cuando lo necesita para ocupar su ‘espacio vital’, como Hitler denominó a Ucrania y, finalmente, a Rusia. Trump, por su parte, quiere hacer de todo el Caribe un protectorado, al que involucraría a México. Los hilos que aún mantienen viva, en carpa de oxígeno, a la diplomacia y a ciertos acuerdos comerciales se encuentra en un punto de ruptura. La guerra, como la revolución, es, antes que nada y por, sobre todo, el estallido de todas las contradicciones sociales. La geopolítica sólo describe los intereses particulares de los estados capitales en la disputa desatada por ese estallido. 
La guerra, para el capital, tiene el propósito de reorganizar, mediante la violencia, la sujeción de la fuerza de trabajo, o sea el proletariado internacional. Por eso mismo, es una partera de revoluciones. El camino para derrotar y aplastar a la guerra imperialista, que es un crimen contra la humanidad, depende enteramente de la unidad internacional de los trabajadores.

 Jorge Altamira 
 26/03/2026