martes, 31 de marzo de 2026

El "ICE" de la Unión Europea


La aprobación del Reglamento de Retornos por parte de la Eurocámara representa un salto histórico en la criminalización de la clase obrera migrante. Con una mayoría de 389 votos, el bloque conservador (PPE) y la extrema derecha han sellado un pacto para crear centros de detención en terceros países y agilizar expulsiones masivas, incluyendo a familias con menores (Urgente24, 27/03/2026). Lo que antes era demagogia de los sectores "soberanistas", hoy es la ley oficial del imperialismo europeo.
 La Unión Europea descarga su crisis de rentabilidad sobre el proletariado. Para sostener el rearme militar de 1.000 billones de euros y frenar la decadencia frente a la guerra con China y EE. UU., la burguesía necesita disciplinar a la fuerza de trabajo. Los centros de retorno en países fuera de la UE —que organizaciones civiles ya denuncian como una réplica del ICE estadounidense— no buscan "ordenar" fronteras, sino producir una masa de trabajadores "ilegales" y aterrorizados. Es la infraestructura necesaria para un modelo de explotación semiesclava que compense la caída industrial en Alemania y Francia. 
 La política migratoria de la UE no es más humana que la del ICE: la única diferencia es que aquí la violencia se traslada al Mediterráneo y al norte de África para hacerla invisible, donde se financian fosas comunes y mercados de esclavos en Libia para mantener la pulcritud de las instituciones de Bruselas (Jacobin / Swissinfo.ch, 27/02/2026). Esto explica el voto de abstención -de los países colonialistas europeos -como España, Francia y Alemania- en la ONU sobre una moción de Ghana que pretendía condenar la esclavitud y el despojo colonial (El País, 25/03/2026). El temor de las burguesías imperiales es que el reconocimiento de sus crímenes históricos desate una ola de reclamos de restitución del oro y el arte que hoy adorna sus museos y tiene una explicación simple: el que hoy comete crímenes no puede permitir que se castiguen los de ayer.
 La votación del jueves demostró que el "centrismo" europeo ha capitulado totalmente ante la agenda de la extrema derecha. El PPE (Partido Popular Europeo) rompió el tradicional 'cordón sanitario' para unirse a la extrema derecha de Vox (Buxadé) y ECR (Weimers) y aprobar este sistema de detención. Buxadé, celebró el acuerdo como un paso hacia la "reemigración" (Urgente24, 27/03/2026). Esta convergencia política confirma que figuras como Meloni o Weidel son los imitadores de Milei en Europa: los verdugos que la gran burguesía utiliza para quebrar la resistencia obrera mediante la xenofobia y el miedo. 
 En Estados Unidos, la respuesta a este mismo modelo de terror ha sido la movilización de millones bajo la consigna "No Kings, No ICE, No War". La lucha de los trabajadores en Minnesota contra el asesinato de activistas por parte del ICE es la misma lucha que debe librar el proletariado europeo contra el Reglamento de Retornos. Frente a una burguesía que está dispuesta a todo para salvar sus balances comerciales, la única alternativa a la "Fortaleza Europa" de los banqueros y los centros de detención es la lucha por el derrocamiento de los gobiernos de la guerra.
 Abajo el Reglamento de Retornos y los centros de deportación. 
 Basta de criminalizar a las familias trabajadoras. 
 Unidad internacional de clase contra el ajuste, la represión y la guerra imperialista. 

 Iara Bogado 
 28/03/2026

lunes, 30 de marzo de 2026

Adam Smith y la centralidad del trabajo humano para crear valor


A 250 años del libro La riqueza de las naciones de Adam Smith 
Publicado en Clarín, 29 de marzo de 2026.

 ¿Cómo apreciaría el filósofo y economista escocés al mundo capitalista dos siglos y medio después de la publicación de La riqueza de las naciones? Para contestar esta pregunta, hay que referirse a su legado. Smith caracterizó a la economía mercantil como la consagración de la libertad humana. El hombre económico, despojado de los lazos de sujeción personal, establecía con sus semejantes un vínculo sólo mediado por el intercambio de los productos de su trabajo. A esta extensión del mercado, Smith la relacionó con la división del trabajo, y el salto fantástico en la productividad representado por la manufactura.  Smith elaborará entonces el gran aporte de la economía política clásica: la centralidad del trabajo humano en la creación de valor. Llegará muy lejos al presentar al beneficio como “una deducción del trabajo”, pero luego retrocederá de esa conclusión crucial. Nos dirá, entonces, que el “valor trabajo” sólo rige plenamente en una economía de productores independientes. Pero cuando existe acumulación de capital, el beneficio es la recompensa de quien supo ser “frugal” para reunir un acervo -o sea, el capitalista. A diferencia de lo que dicen algunos exégetas tardíos de Smith -hoy devenidos en “nacionales y populares”-, el economista escocés no corrió el telón del “mayor valor” o plusvalor. Ello sólo ocurrió un siglo después con la Crítica de la Economía Política de Karl Marx. 
 Smith exaltó, en cambio, al orden social capitalista como la consumación de la naturaleza humana. La riqueza de las naciones constituía el último movimiento en la larga Sinfonía de la historia. La humanidad productora había llegado a una cima de la que jamás descendería. 
 Pero si pudiéramos parar a Smith ante el mundo actual, desde esa “cima” sólo avizoraría vértigo e incertidumbre. La “libertad” del mercado ha parido una nueva sujeción, entre los compradores y vendedores de la fuerza de trabajo, el único bien que el trabajador despojado puede ofrecer en el mercado. El salto extraordinario en la productividad podría, potencialmente, liberar a la humanidad del yugo del tiempo de trabajo. Pero bajo las relaciones sociales fundadas en el beneficio y la competencia, esa revolución de las fuerzas productivas engendra sobreproducción, por un lado, y desempleo masivo, del otro. 
 La “libre” venta de la fuerza de trabajo se ha trastocado en la sórdida incertidumbre del desempleo crónico. Una conquista fantástica, como la IA, amenaza con liquidar millones de empleos y la bancarrota de los capitales aplicados a ella, que no han encontrado la rentabilidad esperada. Las relaciones sociales capitalistas son una envoltura demasiado estrecha para la riqueza social que ellas mismas han engendrado.
 La competencia -el “afán en el empeño propio” que Smith caracterizó como la fuerza motriz de la sociedad- ha devenido en su propia negación, es decir, en las corporaciones monopolistas. Pero lejos de haber cesado, la competencia se ha replanteado en un plano superior y encarnizado. Con corporaciones aliadas a sus respectivos estados nacionales, la disputa por los mercados se traslada al campo de la política y de la guerra. Dos guerras mundiales en el siglo XX marcan a fuego la decadencia de un orden social. Una nueva guerra internacional inaugura al segundo cuarto del siglo XXI. 
 Imaginariamente colocado ante este escenario, Smith debería revisar su premisa histórica fundamental: la perpetuidad del orden social capitalista. Smith se toparía también con las versiones degradadas de sus propias ideas: su teoría del valor basada en un principio objetivo y de carácter social-el trabajo humano ha sido trastocada por el valor subjetivo, fundado en el individuo aislado y en sus insondables “grados de satisfacción”. Del progreso fundado en la manufactura y el desarrollo del comercio mundial pasamos a la especulación con criptomonedas. La “libertad” que exaltan Javier Milei y sus referentes teóricos es el derecho del capital para liquidar a la clase obrera como sujeto colectivo. El espectro de Smith, invocado por ellos, es una impostura.
 Las crisis capitalistas, las guerras, las revoluciones sociales y su marcha contradictoria, son los dolores de parto de una transición histórica que reclama un orden social superior. La “mano invisible” del mercado completó su cometido, dejando un patrimonio material e intelectual edificado, no por la “abstinencia” del empresario, sino por la clase trabajadora que aportó el sudor y el sacrificio de innumerables generaciones. La historia le exige paso a la “mano visible” de esa humanidad trabajadora: el socialismo, el control consciente de la producción social para terminar con la anarquía, el despilfarro y la opresión del hombre por el hombre. 

 Marcelo Ramal 
 29/03/2026

viernes, 27 de marzo de 2026

Los criminales de guerra preparan una invasión terrestre de Irán y del Medio Oriente


Convirtamos este propósito en la tumba del imperialismo. 

 Cuando en la noche del domingo pasado, Donald Trump anunció una suspensión de los bombardeos a las estructuras eléctricas de Irán, se entendió que la ‘tregua’ obedeció a la advertencia de que la apertura de los mercados del lunes siguiente sería catastrófica. Una característica relevante de la guerra imperialista en desarrollo es el peso que tiene el temor a que desencadene “la madre de todas las crisis financiera” y, por extensión, un golpe político poderoso contra los estados imperialistas comprometidos en esta y otras guerras – Irán, Ucrania, el Caribe. Es un hecho consumado, por lo pronto, que la deuda pública norteamericana ha dejado de ser un "refugio de capitales insoslayable", como lo muestra la caída de sus cotizaciones y el veloz aumento de la tasa de interés. El FMI ya estima que la inflación estadounidense podría aproximarse a una tasa del 5% anual, el doble de la corriente. La agencia Bloomberg advierte que Estados Unidos se encamina, sin desvíos, a un ‘estanflación’. La ‘tregua’ hipócrita calmó por algunas horas los mercados, el financiero y el de combustibles: el primero siguió en su racha negativa y el segundo retomó el sendero de precios en alza. Por algunas horas, sin embargo, la familia Trump embolsó algunas decenas de millones de dólares, porque aprovechó premeditadamente estos giros para comprar títulos baratos antes del lunes y venderlos más caros enseguida después. Un negociado de la lumpen burguesía.
 El propósito más importante de la mentada ‘tregua’ ha sido ganar tiempo para trasladar tropas desde California y Japón hacia el terreno de la guerra – en el Golfo Pérsico. Trump no pretende ‘desescalar’ la guerra sino escalarla; más precisamente, lanzar una invasión anfibia o aerotransportada. Nunca dio un centavo por la aceptación de su ‘oferta’ de un cese del fuego condicionado a que Irán entregara su stock de uranio, la prohibición de enriquecerlo para uso pacífico; la destrucción de su arsenal de misiles: la transferencia del control del estrecho de Ormuz al Pentágono estadounidense; y la ruptura de relaciones con el “frente de la resistencia” – Hizbollah y Hamas. Una vía navegable internacional, que Irán pasó a supervisar por razones de defensa contra una guerra no provocada, Trump ofertaba convertirla en un patio trasero del imperialismo norteamericano. Lejos de un proyecto bizarro, el imperialismo trumpista pretende imponer lo mismo con otras vías navegables, como lo anticipa el desalojo del conglomerado chino Hutchinson del canal de Panamá, por una decisión impuesta a la Corte Suprema de ese país. Dicho todo esto, la infraestructura de Irán continuó siendo destruida durante la “tregua” por la aviación israelí, con el soporte de los aviones de reabastecimiento de Estados Unidos. Trump presentó un plan inaceptable con el propósito, precisamente, que no fuera aceptado. 
 La prensa internacional ha dado a conocer las principales características de las operaciones anfibias y aéreas que ha puesto en movimiento el Pentágono. Constituyen una escalada monumental de la guerra por parte de Estados Unidos e Israel, y una amenaza descomunal para la supervivencia de las fuerzas invasoras. Si se depositaran comandos aerotransportados en la isla de Kharg, a algunos centenares de kilómetros de Ormuz, con el objetivo de destruir la terminal petrolera de Irán, no solamente el precio del petróleo podría llegar a doscientos dólares, como pronostican los especialistas, sino que los invasores podrían ser ‘neutralizados’ por el fuego enemigo desde la costa continental. La alternativa sería ubicar puntos de desembarco en las costas del Golfo Pérsico o del Mar Caspio, apoyadas por una acción destructiva desde el aire. En este caso, Irán y los hutíes de Yemen podrían cerrar el estrecho Bab al-Mandeb, en el noreste de Africa, y cerrar los pasosa los mares Rojo y Aden, y finalmente al canal de Suez. El despliegue de una fuerza invasora terrestre no sería el fin de la guerra sino el inicio de una guerra, probablemente, sin fin. La gran derrota de Trump, presentada como “un error de cálculo”, no es que el imperialismo norteamericano y su lacayo sionista estén perdiendo militarmente una guerra, sino que se han metido en una guerra de enorme alcance que podrían perder políticamente como consecuencia de las crisis sociales y económicas que desate; la oposición abierta o larvada de sus rivales económicos o geopolíticas; una explosión financiera y social en Estados Unidos. Los bloques imperialistas que entrevén esta catástrofe están buscando una rampa de salida. Incluso el vicepresidente J.D. Vance se estaría inclinando por esta variante, según como lo describe The Wall Street Journal. El sábado próximo se anuncian marchas de oposición a la guerra en todo Estados Unidos, con centro en Minneapolis. Las huelgas obreras han crecido en una línea que puede convertirse en exponencial.
 La rampa de salida no se encuentra a la vista, porque la guerra desatada contra Irán forma parte de una guerra imperialista mundial. El estado sionista, por lo pronto, continuará la guerra criminal contra Líbano hasta asegurar la anexión del país al sur del río Litani y del sur de Siria y de Cisjordania. No es más una guerra para “hacer grande a Israel” (el gran Israel) sino para desarrollar una red de asociaciones económicas y políticas que se extiende al Mediterráneo oriental y al norte de África. En cuanto a la Unión Europea, no puede gastar su presupuesto en Irán cuando lo necesita para ocupar su ‘espacio vital’, como Hitler denominó a Ucrania y, finalmente, a Rusia. Trump, por su parte, quiere hacer de todo el Caribe un protectorado, al que involucraría a México. Los hilos que aún mantienen viva, en carpa de oxígeno, a la diplomacia y a ciertos acuerdos comerciales se encuentra en un punto de ruptura. La guerra, como la revolución, es, antes que nada y por, sobre todo, el estallido de todas las contradicciones sociales. La geopolítica sólo describe los intereses particulares de los estados capitales en la disputa desatada por ese estallido. 
La guerra, para el capital, tiene el propósito de reorganizar, mediante la violencia, la sujeción de la fuerza de trabajo, o sea el proletariado internacional. Por eso mismo, es una partera de revoluciones. El camino para derrotar y aplastar a la guerra imperialista, que es un crimen contra la humanidad, depende enteramente de la unidad internacional de los trabajadores.

 Jorge Altamira 
 26/03/2026

jueves, 26 de marzo de 2026

Una crisis en el trumpismo frente a la guerra


La renuncia del jefe de contraterrorismo de los Estados Unidos. 

 La renuncia del Director del Centro Nacional de Contraterrorismo, Joe Kent, ha expuesto una crisis en el aparato de inteligencia y el ejército de los Estados Unidos respecto a la guerra lanzada contra Irán hace cuatro semanas por Trump y Netanyahu. Kent dimitió declarando su oposición a esta guerra y echando por tierra la mentirosa justificación de Trump para los bombardeos y asesinatos contra los gobernantes y la población civil iraní -incluidas más de 160 niñas de una escuela en la primera jornada de la guerra. “Irán no representaba ninguna amenaza inminente para nuestra nación, y está claro que iniciamos esta guerra debido a la presión de Israel y su poderoso lobby estadounidense”, declaró el que era un firme trumpista.
 El ex jefe de contraterrorismo afirmó que ya en junio del año pasado se había opuesto al bombardeo de las instalaciones del programa nuclear iraní, pero que al menos había podido defender su posición. En esta ocasión, “No hubo oportunidad para que se presentaran voces disidentes” con el ataque a Teherán (La Nación, 20/3). “Kent sostuvo que Irán no estaba cerca de desarrollar un arma nuclear y que, incluso, el fallecido líder supremo Ali Khamenei había actuado como un factor de moderación dentro del régimen. Según su análisis, una eliminación violenta de ese liderazgo podría haber generado el efecto contrario al buscado, reforzando la cohesión interna del sistema político iraní”. Frente a las declaraciones del Secretario de Estado Marco Rubio, que pretendió justificar un “ataque preventivo” en función de una respuesta iraní a un inminente ataque de Israel, Kent afirmó que la amenaza “no provenía directamente de Irán, sino del riesgo de una escalada impulsada por Israel. ‘Esto remite a una cuestión más amplia: quién está al mando de nuestra política en Medio Oriente’”. 
 La reacción de Trump fue en apariencia conciliadora con el renunciante, aunque lo llamó “débil en materia de seguridad” (pese a que hace pocos meses lo había candidateado al cargo frente al Congreso asegurando que era un experto). Paralelamente, el FBI está investigando a Kent para acusarlo de “filtrar información clasificada” (Washington Post, 18/3), una represalia por su ruptura pública del frente guerrerista. 
 La dimisión de Kent hizo pública una fractura en los mandos militares y de Inteligencia, que hasta ahora se conocía por filtraciones de prensa. Un ejemplo habían sido las filtraciones a la prensa de las advertencias realizadas por el Jefe del Estado Mayor Conjunto, General Dan Caine, sobre los riesgos de emprender esta guerra, antes incluso del inicio de los ataques de Trump y Netanyahu. 
Tras la renuncia del Director de Contraterrorismo, Tulsi Gabard (Directora de Inteligencia Nacional), quien fuera su jefa directa, debió comparecer ante el Congreso a dar un informe de “Evaluación Anual de Amenazas 2026”. El informe aseguraba que el programa nuclear iraní había sido “aniquilado” en los bombardeos de junio 2025 y que el gobierno islámico hasta ahora no había intentado reconstruirlo. La afirmación contradecía las afirmaciones del propio Trump en el sentido de que Irán podría bombardear los propios Estados Unidos en dos semanas, pero Gabard se negó a contradecir abiertamente al presidente, afirmando que “solamente Trump” debía decidir si una amenaza era “inminente”. Kent se había reunido antes de la renuncia con Gabard y el vicepresidente JD Vance, que intentó que desistiera de su dimisión. Según distintas versiones, Vance era más escéptico respecto a lanzar la guerra, y en todo caso tanto él como Gabard y Kent habían realizado muchas veces declaraciones en ese sentido antes de asumir el gobierno. 
 Tras su salida del gobierno, Kent ha realizado un tour por diversos podcasts de periodistas -tanto de derecha como progresistas- que toman distancia con Israel y que acusan a Netanyahu de haber arrastrado a Estados Unidos a la guerra. Entre los encuestadores uno de los más célebres es el ex presentador de la cadena derechista Fox News, Tucker Carlson, quien ha sugerido que la Inteligencia de Israel dio las coordenadas al ejército yanqui para bombardear la escuela donde fueron masacradas más de 160 niñas al inicio de los ataques. Carlson es un cristiano de ultraderecha de gran influencia en el movimiento M.A.G.A. (“Make America Great Again”) que evita acusar directamente a Trump, pero acusa a su entorno de traicionar el eslogan “América Primero” para sustituirlo por “Primero Israel”. El periodista preguntó a Joe Kent por el asesinato de Larijaní (dirigente iraní que se afirmaba era más proclive a un acuerdo con EE.UU.) y el bombardeo a los campos de gas de Irán y Catar, lo cual según Carlson busca “confinar a Estados Unidos en la guerra sin dejar una salida, al matar a los negociadores”. El ex cabecilla de Contraterrorismo asintió a esta visión, pero aclaró: “los israelíes no podrían haber hecho nada de esto sin nosotros”, “si tienen diferentes objetivos que nosotros, ¿por qué deberíamos dejarlos dirigir la guerra?”. 
 La narrativa de que nace de la presión israelí presenta a la guerra bajo la forma de una conspiración en función de objetivos geopolíticos del Estado sionista y de la pura influencia del lobby AIPAC (pro-Israel), no de la decadencia capitalista y la declinación del imperialismo. Por otra parte, se presenta a las guerras en Medio Oriente como consecuencia de las creencias de los “neoconservadores” o de los sionistas (judíos o cristianos), cuando en realidad estos planteamientos reaccionarios (seculares o religiosos) son apenas la justificación interesada para emprender una guerra que nace de las contradicciones del régimen social y su encerrona histórica.
 La derecha M.A.G.A. está atravesando una guerra civil sobre las relaciones entre Estados Unidos e Israel. El ala sionista (mayoritariamente cristiana) habla incluso de una “guerra religiosa”: “¿Quién la gana al final del día? ¿Los terroristas islamistas radicales que quieren matar a todos los judíos porque Dios se los dijo?” planteó el senador Lindsey Graham. Otro sector M.A.G.A. viene combatiendo al “sionismo cristiano”, como se pudo comprobar en la entrevista-debate entre Tucker Carlson y el embajador de EE.UU. en Israel, Mike Huckabee, quien defendió no solamente “el derecho a la existencia de Israel” sino además el derecho del sionismo a extender su dominio territorial hasta Cisjordania, Jordania, Líbano, Siria, para recuperar el territorio que la biblia asignaba a Israel. Huckabee es un ministro de la iglesia bautista, y justifica en nombre de la biblia el genocidio y la creación del Gran Israel. La crisis de la derecha se manifiesta bajo la forma de una discusión teológica totalmente mediocre y oscurantista, con anatemas y acusaciones de herejía cruzados. 
 Según el portal Military.com, un suboficial presentó una queja ante la Fundación para la Libertad Religiosa Militar (MRFF), afirmando que sus mandos le ordenaron decir a las tropas que la “guerra con Irán formaba parte del plan de Dios” y que el presidente Donald Trump había sido “ungido por Jesús para encender la hoguera en Irán, provocar el Armagedón y marcar su regreso a la Tierra”: “la MRFF registró más de 200 denuncias similares en 50 instalaciones que abarcan todas las ramas de las fuerzas armadas”. El Pentágono está llevando adelante una campaña entre la tropa e incluso los contratistas de defensa, realizando ceremonias religiosas mensuales, y “promoviendo el nacionalismo cristiano en las filas militares”. Una treintena de legisladores demócratas dirigió una solicitud al Inspector General del Departamento de Defensa para que abra una investigación sobre estos informes y afirmaciones que “invocan profecías religiosas y teología apocalíptica para justificar las acciones militares de los Estados Unidos en Irán”.
 Sin embargo, el establishment demócrata está alineado en la guerra contra Irán, a la que ha cuestionado por cuestiones de forma y legalidad, pero no por razones de fondo. El secretario de Defensa (o “Guerra”, como él se ha bautizado) Peter Hegseth elevó un pedido de fondos para la guerra de 200.000 millones de dólares, que Trump está evaluando cuándo enviar al Congreso. El 4/3, el portal Politico.com informaba que “Algunos demócratas no descartan votar a favor de una inyección de fondos militares multimillonaria, lo que podría provocar un choque interno en las próximas semanas para un partido cuya base política está horrorizada por la agresión del presidente Donald Trump contra Irán”. “Varios demócratas del Comité de Servicios Armados del Senado no descartan apoyar un mayor financiamiento para el Pentágono. Entre ellos se encuentran el principal demócrata del comité, el senador Jack Reed de Rhode Island, así como los senadores Gary Peters de Michigan, Tim Kaine de Virginia y Elissa Slotkin de Michigan.” Entre estos cuatro legisladores han recibido más de 2 millones de dólares de financiamiento de campaña de AIPAC y otros lobbies pro-Israel, aunque están lejos de ser los únicos demócratas que son financiados.
 Trump se ha lanzado a la guerra en función de un interés de conjunto del imperialismo, no exclusiva ni principalmente a partir de los planes de Netanyahu. De hecho, fue avalada por el Consejo de Seguridad de la ONU. La tendencia guerrerista no surge con Trump, por otra parte. La guerra de la OTAN en Ucrania y el genocidio en Gaza son anteriores al gobierno de Trump 2.0 e incluso de Trump 1.0, con Obama y Biden impulsando el armamentismo y la guerra. El reordenamiento político y militar del Medio Oriente es un objetivo del imperialismo en función del control de recursos energéticos vitales sobre todo para sus competidores y del establecimiento de regímenes políticos que sean un punto de apoyo en la guerra mundial en desarrollo. Las disputas en los partidos imperialistas o en los aparatos de inteligencia no desmienten este objetivo común, sino que giran en torno a los métodos políticos y diplomáticos para llevar adelante este proceso guerrerista. En lo interno, el presidente Republicano impulsa un régimen de poder unipersonal y anticonstitucional como complemento indispensable de la orientación guerrerista, buscando liberarse de las restricciones legales y de las negociaciones en el Congreso o en la ONU, y provoca quiebres con la OTAN. Su “salida” para la guerra en Irán no contempla un recule, que podría terminar con su régimen: conduce a más masacres y genocidios. 
 La derrota de los Trump y Netanyahu sólo será el resultado de la acción de la clase obrera internacional, en un contexto en que el imperialismo lleva adelante una guerra extremadamente impopular que plantea crisis y fracturas en el propio aparato de inteligencia y del ejército. Mientras la guerra dispara los precios del petróleo y el gas, y acelera la inflación, la población estadounidense sufre los recortes en los derechos de salud que ya son anteriores a esta nueva masacre en Medio Oriente. Las privaciones de las masas como consecuencia del militarismo y la guerra empujan a una agudización de la lucha de clases y a grandes crisis políticas.

 Rafael Fernández - Partido de los Trabajadores (Uruguay) 
24 /03/2026

miércoles, 25 de marzo de 2026

Trump finge recular ante el abismo, pero sigue escalando la guerra contra Irán y enviando tropas de ocupación


La guerra de Trump y Netanyahu contra Irán pegó un giro, incuestionablemente fugaz, el domingo 22 por la noche, cuando el tercer protagonista de la guerra, los mercados internacionales, anunciaban para la apertura del lunes un desplome completo de las bolsas y de los mercados de la deuda pública, y un alza fenomenal del precio del barril del crudo, reanudando lo ocurrido el viernes precedente. El presidente de Estados Unidos, un mitómano sin retorno, se vio entonces forzado a publicar en su red social lo siguiente: “Conversaciones muy buenas y productivas (con Irán) relacionadas con una completa y total resolución de nuestras hostilidades”. Con anterioridad a este mentiroso recule había amenazado, junto al criminal de guerra que lo secunda (aunque a veces lo primerea), con destruir toda la infraestructura eléctrica de Irán si no abría el estrecho de Hormuz y no cesaba con los ataques de misiles contra las bases militares norteamericanas en los países del Golfo, sus infraestructuras y el territorio de Israel.
 El mismo viernes, una andanada de misiles iraníes había perforado la infame Cúpula de Hierro del Estado sionista, alcanzando a Dimona, la sede de los arsenales atómicos ‘secretos’ de Israel. ¨El ataque sobre las localidades de Arad y Dimona fue uno de los más potentes contra civiles israelíes en lo que va de guerra, y afectaron a por lo menos 10 edificios, y dejaron 250 personas heridas, algunas de gravedad¨, se limita a informar La Nación. Lejos de una hipotética provocación, este ataque por parte de Irán fue una respuesta al bombardeo del ejército sionista a las instalaciones nucleares de Irán, en Natanz, que habría podido generar un escape radioactivo. Esta sí fue una clara provocación para extender la guerra y llevarla a la frontera de Irán con el Mar Caspio, un puente hacia el Asia Central, como ocurrió asimismo con el bombardeo de la refinería de South Pars, en el norte de Irán. Irán respondió con un ataque al mayor yacimiento de gas del mundo, Ras Laffani, en Qatar, donde Exxon y Shell tienen inversiones de miles de millones de dólares, lo que elevó el precio del fluido en más del ciento por ciento. 
 Detrás del bombardeo a Natanz se encuentra la tentativa de Israel y Estados Unidos de ´abrir una ventana de oportunidad´ para llevar la guerra al campo nuclear. Por otro lado, Irán lanzó dos misiles contra la isla Diego García, una antigua posesión inglesa que cuenta con una poderosa base militar norteamericana situada en el Océano Índico, a cuatro mil kilómetros del escenario de la guerra. La intención no fue dar en el blanco, sino demostrar, con un armamento de este alcance, que las principales ciudades de Europa se encuentran en el radio de una acción potencial de la Guardia Revolucionaria de Irán.
 Las Fuerzas Armadas de Irán han logrado esta elevada performance militar, frente a estados infinitamente más poderos, merced al uso de su arsenal resguardado de misiles y al masivo uso de drones, que han neutralizado los radares de sus enemigos. Es un dato político relevante, porque señala la vulnerabilidad de las grandes proezas tecnológicas de guerra de las potencias mayores. Lo mismo ha ocurrido con la capacidad de intercepción de Estados Unidos e Israel, que han agotado sus reservas en el empeño de neutralizar los drones iraníes. El costo económico de la guerra, para los agresores, es fabuloso: 11.300.000 millones de dólares por semana; Trump ha pedido una ampliación del presupuesto por 200.000 millones de dólares, que podría llegar a los 500.000 millones, un aumento del 50 % de todo el presupuesto 2026. 
 Por sus implicancias financieras y económicas extraordinarias y por su nuevo desarrollo territorial, la guerra no provocada del imperialismo norteamericano y el Estado sionista contra Irán tiene un incuestionable carácter mundial, que se suma a los asaltos militares de Estados Unidos contra Estados caribeños. 
 La ¨tregua¨ insinuada por Trump, por cinco días, no debe entenderse como un TACO, la sigla en inglés con la que sus adversarios políticos han resumido su cobardía: ¨Trump siempre recula como una gallina¨, sino, como está dicho antes, por el temor a un derrumbe financiero. Mientras apretaba la tecla ´send´ de su mensaje, las Fuerzas Armadas sionistas destruían el puente que une el sur y el norte del Líbano, con la intención de anexar y repoblar todo este espacio fronterizo, del cual ha expulsado por completo a sus habitantes históricos. Lo mismo está haciendo con el sur de Siria. Este asalto militar anuncia una extensión de la guerra, la cual involucra a Turquía, que es el patrón del nuevo régimen sirio. Más de un millón de personas se encuentra desalojada en las calles de Beirut, que Israel bombardea como lo hiciera en Gaza. Esta expansión ha sido acordada con Trump, mientras el Pentágono ha estrechado sus lazos militares con la llamada Fuerza de Defensa de Israel. El imperialismo norteamericano ha ido muy lejos en esta guerra como para echarse atrás; se considera forzado a ir hasta el final. Con una reserva: está igualmente forzado a reorganizar la economía y la política de Estados Unidos, para adaptarla y someterla a las condiciones de la guerra. Esto implica una crisis mundial con todos sus rivales geopolíticos. La alternativa es un golpe de Estado contra Trump, pero que no tiene todavía a quien la conduzca. 
 Trump ha publicado su ´tweet', pero no ha interrumpido el envío de tropas para una operación terrestre en Irán: 7500 marines, traslado del destructor USS Tripoli desde el Pacífico y el USS Boxer Amphibiuos Ready Grounp desde California. Tampoco han cesado los asesinatos de los lideres iraníes. El Pentágono está considerando la ocupación de Khrarg Island, la terminal petrolera de Irán. Esta operación de ´asfixia ‘económica de Irán podría llevar el barril a los doscientos o trescientos y más dólares. Los ocupantes podrían ser blanco fácil desde las costas continentales. El Mossad, sin embargo, quiere empalmar esta ocupación con una movilización antigubernamental promovida por sus agentes en el terreno. El aparato de Seguridad de Estados Unidos no ve la situación de la misma manera. Joe Kent, un golpista trumpiano de primera hora, jefe de la sección de contraterrorismo, acaba de renunciar, asegurando que Irán no es un ´peligro inmediato ‘para Estados Unidos, y que Trump está siendo manipulado por Netanyahu y el lobby sionista norteamericano, incluso desde la familia de Trump. El planteo significa que el aparato de Seguridad considera que es la situación interna de EE. UU. la que se encontraría en ´peligro inminente´; es lo que opina también una parte del ´establishment ‘y los imperialismos de la Unión Europea. La superior de Kent, Tulsi Gabbard, secretaria de Seguridad, opinó algo similar a este en una audiencia en el Senado: por ejemplo, que Irán no continuó enriqueciendo uranio desde los bombardeos a sus plantas en junio del año pasado. La iniciativa de enviar tropas al terreno sólo cuenta con una adhesión del 7 % de la población. Netanyahu, sin embargo, ha repetido que ¨una guerra no se gana desde el aire¨. Pero un despliegue de tropas en el terreno señalaría una ocupación por largo tiempo y una repetición de la derrota en Vietnam y de los desastres militares y geopolíticos en Irak y Afganistán. El formato de un acuerdo es desconocido. Trump, de acuerdo a los medios, reclamaría la apertura incondicional del estrecho de Hormuz, el control del armamento iraní y la entrega del uranio enriquecido acumulado por Irán. La Guardia Revolucionaria sostiene, con razón, que el control del estrecho se ha convertido en un derecho adquirido y en una garantía para su seguridad, lo mismo que la reposición de todo el material destruido por la guerra. En el formato eventual no figura el cese del asalto militar a Gaza y al Líbano, ni el fin de la ocupación sionista de Cisjordania, ni el retiro sionista de Siria. Pero estos son asuntos elementales para la vigencia de un cese del fuego en Irán. Lo que está en juego es la crisis interior de Estados Unidos –económica, social y política-, el destino del imperialismo norteamericano. La guerra (como, por otra parte, la revolución) constituye el estallido del conjunto de las contradicciones sociales e históricas del capitalismo. El desarrollo de la guerra expresa las variables de esta ecuación. Por eso solamente puede resolverla la movilización de las masas; fundamentalmente, de la clase obrera. La lucha contra los ajustes y las miserias que provoca la guerra; la lucha contra los gobiernos de la guerra imperialista y sus tentativas de someter a los pueblos a un régimen político de excepción; la lucha contra la entrega de la soberanía nacional de las naciones periféricas (como ocurre en Venezuela, Cuba y toda América Latina); toda esta lucha, con sus reivindicaciones y demandas, debe servir a los fines de forjar una unidad política creciente para derrotar a la guerra imperialista y poner fin al imperialismo y a su base histórica, que es la organización capitalista de la sociedad y el Estado. 

 Jorge Altamira 
 23/03/2026