miércoles, 8 de abril de 2026

Alto al fuego en la guerra contra irán: derrota de Trump


Es necesario redoblar la lucha por la derrota del imperialismo y del sionismo. 

Cualquiera sea la forma en que Estados Unidos intente disimular el acuerdo de alto al fuego, lo cierto es que estamos frente a un gran recule del magnate republicano. 
 Luego de sus diatribas y amenazas de un ataque devastador que implicaría la “muerte de una civilización”, Estados Unidos se avino a un alto al fuego de dos semanas, menos de dos horas antes de que venciera el ultimátum que había lanzado Trump para que Teherán reabriera el estrecho de Ormuz. 
 Además de anunciar el fin de las hostilidades de forma “bilateral”, Trump también afirmó haber recibido una propuesta de 10 puntos de Irán para la paz que describió como “una base viable para la negociación”. 
 Muchos de los aspectos del acuerdo de alto el fuego son todavía controvertidos y las versiones que se van difundiendo no son siempre coincidentes. Pero, aún con estas prevenciones, el acuerdo constituye una victoria incontrovertible de Irán al admitir Trump que las condiciones planteadas por Teherán, que la Casa Blanca venía rechazando y consideraba inaceptables, son “viables” para empezar a negociar. 

 ¿Qué exige el plan de 10 puntos de Irán? 

Las condiciones difundidas por el Consejo Supremo de Seguridad Nacional iraní incluyen garantizar la no agresión contra Irán, el levantamiento de todas las sanciones primarias y secundarias, el control iraní sobre el estrecho de Ormuz, la retirada militar estadounidense de Oriente Medio, el fin de los ataques contra Irán y sus aliados, la liberación de los activos iraníes congelados, detener la guerra en todos los frentes de resistencia (incluido el Líbano), pagar las reparaciones de guerra a Irán y una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que haga vinculante cualquier acuerdo” (The Guardian, 8/4). 
 En la versión publicada en persa y difundida por los medios iraníes, Irán también incluye como condición la “aceptación del enriquecimiento” de uranio para su programa nuclear. Sin embargo, esta frase no figuraba en las versiones en inglés que la diplomacia iraní ha compartido con la ONU. 
 Teherán ha dicho que solo aceptará el fin de la guerra si se aceptan las 10 exigencias que ha hecho llegar a la Casa Blanca a través de los mediadores pakistaníes (ídem). 
 Era de esperar que, luego de este desenlace, franjas importantes de la población iraní hayan salido a celebrar el acuerdo en las calles. No se nos puede escapar, de todos modos, que esto no clausura el conflicto. Estamos frente a una tregua precaria que no asegura el fin de la guerra. Varias de las condiciones han sido rechazadas en el pasado de modo tal que pueden terminar empantanando las negociaciones que van a realizarse -a la espera de la confirmación de las partes- el próximo viernes en Islamabad, capital de Pakistán. 

 ¿Qué implica el alto el fuego para Ormuz? 

Irán mantiene el control militar sobre el estrecho de Ormuz. Esta era la condición que ponía sobre la mesa Teherán para aceptar el alto el fuego y Washington ha aceptado según Irán. De acuerdo a algunas informaciones, el plan permite a Irán y Omán cobrar una tasa de hasta 2 millones de dólares (unos 1.710.000 euros) por buque a las embarcaciones que transiten por el estrecho. Estados Unidos también tendrá su papel en el estrecho y “ayudará a mejorar el tráfico” de embarcaciones, según anunció Trump, sin dar más detalles. Trump augura que ganará mucho dinero en la región, pero es Irán el que cobrará el peaje de Ormuz (Infobae, 8/4). 
 Las incógnitas son muchas. Desde Washington, distintas fuentes han salido a desmentir el alcance y el contenido de lo acordado y a plantear que se trata de “fake news” que está propagando el régimen iraní. 
 No olvidemos que hay condiciones en la propuesta de Irán que se han considerado líneas rojas en anteriores negociaciones. Una de ellas es el levantamiento de todas las sanciones impuestas a Irán desde la administración de George W. Bush; es poco probable que el presidente acepte pues ya abandonó el acuerdo nuclear promovido por Obama, en el que Irán renunciaba a su programa nuclear a cambio del levantamiento de sanciones. El plan que ha recibido Trump incluye la condición de que Teherán continúe enriqueciendo uranio -en caso de que se confirme que la propuesta forma parte del plan de 10 puntos de Irán. Sin embargo, parece evidente que la Casa Blanca también rechazará este punto, pues el principal argumento que ha dado para la guerra es eliminar la ambición nuclear iraní. El estrecho de Ormuz es un punto estratégico, de manera tal que es poco probable que admita el control total de ese enclave. 
 Por otra parte, Pakistán asegura que Líbano está incluido, pero Israel lo niega y sigue bombardeando su país vecino. Aun admitiendo el cese del fuego en el Líbano, es muy improbable que el régimen sionista se retire del territorio ocupado al sur del río Litani. De un modo general, los ataques por parte de Estados Unidos e Israel, aún después de anunciado el alto el fuego, han continuado, lo cual ya han hecho en otras oportunidades en el pasado. La violación de los acuerdos es una constante en la política yanqui, sin ir más lejos en el marco del llamado “plan de paz” en Gaza. Habrá que seguir con atención los próximos pasos de Estados Unidos e Israel pero no hay que descartar que las tensiones entre ambos -que se han evidenciado a lo largo del conflicto- se acentúen. Netanyahu sería partidario de prolongar la guerra, lo cual no se compadece con los planes de Washington, al menos en lo inmediato.

 ¿Cómo se ha consumado el pacto?

 Hay diversos factores que hay que tener en cuenta en este alto al fuego. Uno ellos es que Estados Unidos e Israel han tropezado con una resistencia que ha sorprendido a los observadores. 
 Trump ha afirmado que la capacidad militar iraní estaba destruida. Pero Irán ha respondido con misiles y drones que alcanzan a Tel Aviv y objetivos israelíes en todo el territorio ocupado y a 8 países de la región, infligiendo golpes a infraestructura militar yanqui y de los países árabes y poniendo en jaque sus economías. Ha derribado aviones y helicópteros, demostrando que sus defensas antiaéreas funcionan. En Líbano chocó contra las milicias de Hezbollah que siguen lanzando misiles y golpeando al ejercito israelí, aunque Netanyahu había sostenido que estaban destruidas. Los hutíes en Yemen volvieron a retomar sus represalias en el Mar Rojo. 
 Mientras tanto, el cierre del Estrecho de Ormuz disparó el precio del crudo y se ha convertido en una bomba de tiempo. La disparada del petróleo acelera las tendencias inflacionarias y un incremento de las tasas de interés y amenaza con convertir el actual impasse económico capitalista en una recesión mundial. 
 Trump se metió en un laberinto del cual se le ha vuelto cada vez más difícil salir. Necesita terminar la guerra pronto, pero de una forma que no sea humillante. Su esfuerzo por tratar de mostrar una victoria ha resultado infructuoso. La alternativa frente a esta situación sería apelar a una invasión terrestre. Pero una aventura militar de este calibre tiene un desenlace incierto y grandes chances de terminar en un fracaso como ya ocurrió con las ocupaciones de Irak y Afganistán y, antes de ello, en la guerra de Vietnam. 
 Este atolladero es expresión de la decadencia de Estados Unidos como potencia imperialista hegemónica. La escalada militar en la que está embarcado Trump apunta a revertir ese declive pero tropieza con obstáculos que se multiplican y se interponen en su camino. 
 Es necesario no perder de vista que las presiones vienen también desde dentro. La mayoría de los estadounidenses se opone a la guerra y están disconformes por el aumento del precio de la gasolina. Los índices de popularidad de Trump están cayendo, y todo esto podría costarle una derrota en las elecciones de medio término. El descontento ha ido acompañado de movilizaciones multitudinarias, que se vienen replicando en los últimos meses: ocho millones de estadounidenses vienen de ganar las calles con la consigna “No Kings”. 
 En la mediación a contrarreloj de Pakistán, que culminó con el acuerdo, han jugado también actores internacionales. En la retaguardia, China movió los hilos para alentar a Pakistán, socio comercial privilegiado de Pekín, a que encontrara una vía para el alto el fuego. Esto coincide con declaraciones de Trump, quien comentó que creía que Pekín había contribuido a que Teherán se aviniera a negociar buscando salir fortalecida en esta coyuntura. Moscú, a su vez, habría jugado un rol para arribar a un arreglo. Putin pretende utilizar sus buenos oficios en el conflicto de Medio Oriente como prenda de negociación con Washington en torno a la guerra de Ucrania. Por lo pronto, Washington tuvo que recurrir al petróleo y gas rusos, para intentar contrarrestar la sideral disparada de ambos como consecuencia de la guerra. 
 En paralelo, la guerra precipitó una división mayor que la que ya existe en la Otan. Que varios de sus socios (Francia, España, Gran Bretaña) le hayan denegado el uso de sus bases o de su espacio aéreo a Estados Unidos revela hasta qué punto están llegando las tensiones.
 Del panorama aquí expuesto está claro que estamos ante un acuerdo endeble. Las tendencias bélicas responden a una crisis profunda y vertebral del capitalismo, que está alimentando las tendencias a una guerra mundial. La putrefacción capitalista que enfrentamos es un caldo de cultivo de grandes crisis nacionales e internacionales, y, en paralelo, de convulsiones sociales y rebeliones populares. 
 Más que nunca, es necesario redoblar la movilización internacional por la derrota del imperialismo yanqui y del sionismo en la guerra imperialista. 

 Pablo Heller

Ho Chi Minh sobre Cuba


Granma comparte la entrevista realizada a Ho Chi Minh, por nuestra periodista Marta Rojas, el 12 de julio de 1969 

 «Me preguntas en qué reside la fuerza del pueblo vietnamita, según mi opinión, pues te diré: la fuerza del pueblo vietnamita, su resistencia, residen en la unidad, fundamentalmente, y en que goza del apoyo de los pueblos del mundo y, como ejemplo, está el hermano pueblo de Cuba».
 «La solidaridad tiene un gran precio para nosotros. Desde luego nos apoyamos primero en nuestras propias fuerzas, pero tenemos el apoyo material y moral de los demás pueblos y, por ejemplo, con esa suma de nuestras propias fuerzas y del valor de la solidaridad decimos: si los hermanos cubanos que están frente a las narices mismas de los imperialistas norteamericanos pueden enfrentarse a ellos, ¿cómo nosotros, a miles de millas, no vamos a poder luchar contra ellos y vencerlos?». 
 «Cuando los cubanos, en la otra parte del globo terráqueo, organizan actos y manifestaciones en solidaridad con nuestra lucha, eso nos estimula mucho, pero sobre todo los discursos de Fidel nos gustan mucho». 
 «Quiero que lleves este mensaje a Cuba: Yo quiero muchísimo a los cubanos, desde los dirigentes hasta los niños, les envío saludos y deseo buena salud a los dirigentes, y les deseamos éxito y logros cada día mejores (…) En cuanto a los pueblos latinoamericanos, como cada país tiene una situación propia, lo que deseo es que se libren del yugo del imperialismo». 

 Fuente: Entrevista realizada a Ho Chi Minh, por Marta Rojas, el 12 de julio de 1969

martes, 7 de abril de 2026

Trump amenaza con el aniquilamiento de Irán, secundado por Netanyahu


Llama a poner la guerra mundial imperialista “en perspectiva”. La amenaza de Donald Trump con una ‘destrucción masiva’ de Irán, si no acepta sin condiciones los términos de un “cese del fuego” dictado por el gobierno norteamericano, ha puesto de manifiesto algo que ninguno de los abundantes analistas de esta guerra ha registrado, a saber, que el criminal de guerra con asiento en la Casa Blanca tiene el propósito de proseguirla hasta la obtención de objetivos indefinidos o, incluso, que la guerra tiende a expandirse sin límites, con independencia, hasta cierto punto, de los propósitos criminales de Washington. Las autoridades de Irán han replicado a la extorsión fascista de ese “cese del fuego” de Trump y reclaman un “acuerdo de paz” definitivo, aun sabiendo que este objetivo ha quedado fuera de alcance. El planteo de Irán, presentado por escrito a los mediadores internacionales, reclama garantías para un cese del fuego permanente, el levantamiento de las sanciones, compensaciones por los daños infligidos en la guerra, un nuevo acuerdo acerca del estrecho de Ormuz, el cese de todos los conflictos en la región, seguridades de que Hizbollah no seguirá siendo atacada por Israel. Este programa no solamente revela una comprensión estratégica de esta guerra mayor que la de sus enemigos, sino que al mismo tiempo interpela a las otras grandes y medianas potencias capitalistas acerca de su responsabilidad de una continuidad sin tiempo de esta guerra, en la cual ya se encuentran de algún modo involucradas. 
 El discurso de Trump en cadena nacional, el miércoles pasado, es tremendamente ilustrativo. Un artículo del Financial Times lo resume de esta manera: “Trump frustró las esperanzas de un rápido final de los combates (…); indujo a los vOTANtes (norteamericanos) a poner este conflicto en perspectiva, diciendo que ha sido más corto que las pasadas guerras de Estados Unidos. Y dijo que ‘el golpe de corto plazo’ a la economía fue ‘un pequeño precio’ a pagar para alcanzar los objetivos de la guerra”.
 Consciente o no, la ceguera de este planteo tiene algunos, pero pocos precedentes. La guerra en el Medio Oriente, con la intervención indisimulada del imperialismo norteamericano, comenzó a principios de octubre de 2023, o sea, hace dos años y medio, cuando el Estado sionista lanzó la largamente preparada solución final a la cuestión palestina. Transformó un asalto de Hamas, cuyo propósito era secuestrar rehenes para canjearlos por detenidos palestinos en las cárceles sionistas, en una larga guerra de masacre, en la cual involucró a Hizbollah y a Irán, con una serie de atentados contra sus dirigentes y, luego, con una guerra abierta de una semana. No es casual que Netanyahu haya resistido (con éxito) toda investigación acerca del 7 de octubre, y rodeara al asalto palestino de un ataque indiscriminado a los derechos humanos (violaciones y asesinatos) que no han sido probados o incluso fueron impugnados. Los dos años y medio de guerra en el Cercano Oriente forman parte de otra guerra, la de la OTAN y Rusia en Ucrania (y en el este de Europa y en el interior de Rusia, que lleva ya cuatro años, sin, tampoco, perspectiva de finalizar). La guerra contra Venezuela (centenares de aviones) tampoco ha finalizado, porque siguen los ataques a lanchas pesqueras acusadas de narcotraficantes e incursiones militares contra jefes del narcotráfico. La guerra contra Cuba ni siquiera ha comenzado. El llamado de Trump al electorado de Estados Unidos, “a mantener la guerra en perspectiva” es parte de una operación política de guerra, para ‘contener’ o hacer frente a las movilizaciones en Estados Unidos contra la guerra. La guerra ha abierto una escisión fatal nada menos que en la OTAN: los gobiernos imperialistas de la UE y Gran Bretaña han prohibido el uso de las bases norteamericanas en su territorio como plataforma contra Irán. El partido alemán neonazi, AfD, apoyado por JD Vance, el vice de Trump, y Marco Rubio, acaba de denunciar la guerra contra Irán, que al principio había apoyado, alegando el rechazo a la guerra de parte del electorado de ultraderecha de Alemania. Esta quiebra no admite suturas. Los Estados imperialistas inflan en forma extraordinaria sus presupuestos para el rearme, no precisamente para hacer frente a una guerra ‘corta’. El “cese del fuego” que ‘propone’ Trump a Irán no contempla la ofensiva de ocupación de partes de Líbano y Siria por el Estado sionista, con todo el potencial de guerra que conlleva frente a Turquía. Cualquiera sea el curso militar de la guerra, el estrecho de Ormuz, así como también Bab al Mandeb, en la boca del mar Rojo, o el canal de Panamá y los pasajes del mar Negro, dejarán de ser de tránsito libre, para convertirse en presas del control de las potencias enfrentadas. La Primera Guerra Mundial se inició bajo la fatídica expectativa de que duraría semanas, para prolongarse cuatro años, derribar cuatro imperios (Zarista, Austrohúngaro, Otomano y Alemán), desatar grandes revoluciones y abrir el camino al nazismo. En cierto modo, la Gran Guerra duró de 1914 a 1945. 
 Ningún observador ha admitido que Irán se encuentre derrotado; quienes enterraron a Hizbollah a destiempo, no tuvieron en cuenta su arraigo histórico en la población chiíta. Quienes sí han reconocido problemas son los Jefes de los ejércitos de Israel y Estados Unidos; lo prueba la onda de expulsiones de militares de cuatro y cinco estrellas en Washington; las divergencias en aumento entre Pete Hegseth, el secretario de Guerra, y Dan Cane, el jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas norteamericanas. Los altos mandos de EE. UU. y Tel Aviv enfrentan el agotamiento del stock de misiles de intercepción y el bajo nivel de producción de todas las clases de misiles; las “cúpulas” protectoras ya no protegen como antaño (en el caso de Israel ha descendido del 95 al 74 por ciento). La moral de la población israelí se encuentra en franca caída, por el tiempo que tiene que pasar en refugios. En cuanto a las tropas, el jefe de la oposición de centroizquierda a Netanyahu, Yair Lapid, un enemigo rabioso del pueblo palestino, el especialista hebreo Amos Harel, del diario Haaretz, así como varios otros, ha descripto un estado calamitoso de la reserva del ejército sionista, luego, precisamente, de casi tres años de guerra. La ocupación de Líbano deberá poner en mayor tensión a toda esta tropa e incluso a la elite profesional. El desarrollo histórico de una colectividad nacional, bajo la garantía de plataformas antiaéreas, es una invitación a un impasse humanitario. 
 En cuanto a las tropas norteamericanas, la propuesta de que salgan a ocupar territorios extranjeros hostiles, que en el caso de Irán comprometería a centenares de miles de efectivos, es una convocatoria a la derrota histórica. Precisamente por esta razón Trump se acaba de comprometer a una guerra “corta”, como ya hemos señalado. Pero Trump mismo acaba de trasladar efectivos militares del sudeste asiático y China hacia el Medio Oriente, desvirtuando la Declaración Nacional de Seguridad, del mismo Trump, que pone a China como el enemigo estratégico de Estados Unidos. Esta operación es uno de los contenciosos más importantes entre los jefes militares norteamericanos, por un lado, y Trump y Hegseth, por el otro. El despliegue no podría ser tampoco sustentado económicamente, ni por la economía mundial, salvo mediante la instalación de un régimen de racionamiento de guerra. Un precio elevado de los combustibles por un período indefinido haría estallar la deuda pública de todos los países, sea que estén directamente comprometidos o no; a la deuda en su conjunto y al sistema financiero. Este impasse histórico ocupará el lugar central en la reunión postergada para mayo entre Trump y Xi Jinping, si es que no se posterga nuevamente. 
 La guerra no ha sido corta ni lo será de aquí en más. A ella se añadirá otra guerra: la de los trabajadores en cada uno de los países, en especial en Estados Unidos, pero seguramente en todos, porque la crisis social es mundial. La ICE norteamericana, una aparente institución de aduanas, se ha convertido en una SS de Trump, que invade lugares de trabajo, estudio y salud, bajo la cobertura de la caza de inmigrantes indocumentados. Es el ángulo de abordaje fascista para asegurar el control político interno e incluso alterar el régimen constitucional que este año celebra el 250.º aniversario. Estados Unidos se va aproximando a su segunda guerra civil. 
 La campaña contra la guerra imperialista debe convertir cada perjuicio contra las masas en una demanda política. Es una confrontación entre la contrarrevolución imperialista y la revolución mundial. Entre la barbarie y el socialismo. 

 Jorge Altamira 
 06/04/2026

lunes, 6 de abril de 2026

Otro fusil en las manos de Silvio


Como quizás les ocurra a miles de cubanos, nunca lo imaginé así, hasta el día en que me sorprendió y lo sorprendí apuntando, listo, con el dedo en el disparador No cabe la menor duda. Uno de los sucesos del ámbito nacional (y «un tin» más allá) que mayor interés despertó recientemente fue la solicitud que, con pleno derecho, hizo el cantautor Silvio Rodríguez para que se le entregara un fusil, en caso de que se lancen (los enemigos externos de Cuba), acotación incluida de que lo decía muy en serio. 
 No menos impacto tendría, consiguientemente, la concesión a él de un AKM, por parte del General de Cuerpo de Ejército Álvaro López Miera, Ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, en presencia del Presidente de la República Miguel Díaz-Canel Bermúdez. 
 «Es el segundo fusil en sus manos» –pensé en aquel momento. ¿Acaso su guitarra no ha sido ese fusil contra fusil empuñado desde su juventud, para defender las cosas sagradas en que jamás ha dejado de creer? 
 Lo que tal vez muchos no saben es que Silvio tiene un tercer fusil, de telescópica mira, altamente efectivo también contra quienes agreden o asesinan la verdad. 
 Hablo de esa cámara fotográfica, con la cual me sorprendió hace varios años (sin sospecharlo él), mientras, en silente «desquite», lo sorprendí también yo (ni lo imagina), durante la gira más inusual y sensible que quizás haya realizado un cantante cubano: por centros de reeducación de todo el país
 No fue el afán de palo periodístico o de exclusividad gráfica lo que llevó mi dedo índice a accionar rápidamente el obturador de la pequeña cámara con que también yo estaba armado en aquel instante. 
 Suyas, había cantado o tarareado yo melodías cientos, miles de veces, desde que la Era empezó a parir el corazón de una música nueva, de una trova renovadora, capaz de levantar –cual rabo de nube- todo lo feo y de precipitar la esperanza en aguacero. 
 Pero nunca lo imaginé con nariz pegada a un «hierro» como aquel, con el ojo atento y el dedo listo para disparar. Ojalá tuviera aquí la mejor Nikon del mundo para rogarle hasta al mismísimo Dios que –sin haberla pedido- él me la aceptara, tanto por los paracaídas que puedan lanzarse desde arriba, como por los antifaces que puedan ocultar rostros, abajo; tanto para develar verdades, como para congelar mentiras.
 Por ello dejo aquí esta «necia», supongo que poco común, imagen (no para quienes vengan a convidarlo a arrepentirse, sino para quienes saben que morirá como ha vivido), en nombre de todos los fotógrafos y corresponsales de guerra cubanos porque, ¿acaso no ha sido Silvio un corresponsal permanente de combate en el teatro de operaciones de la música y de la verdad, armado desde las cuerdas vocales hasta las de su inseparable guitarra, a través de sus más auténticos acordes, letras y melodías?

 Pastor Batista Valdés | pastor@granma.cu 
 6 de abril de 2026 08:04:55

La crisis de la IA da sus primeros síntomas


Sam Altman (CEO de OpenAI).

 Las expectativas en que la emergente industria de la IA podría empujar al capitalismo hacia adelante ya están oficialmente enterradas. 

 La última semana de marzo fue desastrosa para las empresas de servicios de inteligencia artificial. OpenAI (la compañía detrás de ChatGPT) anunció el cierre definitivo de Sora, su herramienta de generación de videos; al mismo tiempo, xAI (sección del imperio de Elon Musk) restringió una función similar de su asistente IA Grok, llamada “Grok Imagine”. 
 De fondo, Meta (de Mark Zuckeberg) cerró su “Metaverso”, proyecto que, si bien no giraba en torno a la IA, había intentado (fallidamente) hibridarse con la producción de gafas equipadas con inteligencia artificial. También, Apple comenzó a tomar medidas para proteger al iPhone contra las aplicaciones programadas con IA.
 Después de meses de debate y especulación al respecto de si el sector estaba generando una burbuja, los capitalistas buscan cómo salvar la ropa seca frente a la tormenta. 

 Hacia la catástrofe 

Veamos el problema estructural detrás de los problemas de Sora y Grok Imagine. Se ha discutido mucho al respecto de si los chats de IA como ChatGPT (Large Language Models – LLM) son nocivos para el medio ambiente o no. Pero lo que es claro es que su consumo de energía genera contradicciones económicas que impactan en los propios capitalistas.
 Los modelos de IA que dominan actualmente el mercado necesitan energía en dos fases distintas: la de entrenamiento y la de uso por parte de los usuarios (llamada “réplica” o “inferencia”). Según Adam Zewe, del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), el entrenamiento de GPT-3 costó más de 1,2 millones de kilovatios por hora; Zewe informa que ese consumo por hora equivale al gasto energético de 120 hogares estadounidenses promedio… en todo un año. Como agravante, el entrenamiento de GPT-4 costó 48 veces el consumo de su antecesor y el de GPT-5 lo multiplicó por 192. 
 El uso cotidiano tal como lo conocemos (“inferencia”) tiene necesidades energéticas aún mayores: los 10 millones de usuarios semanales que alcanzó OpenAI con su GPT-3 gastaba la misma energía que se había usado para entrenarlo solo en dos días y medio. Hoy ChatGPT tiene 800 millones de usuarios activos por semana.
 Hacerle frente a estos gastos para que los servicios de IA sean rentables es un desafío que no encuentra solución. Los LLM más conocidos (ChatGPT de OpenAI, Claude de Anthropic, Gemini de Google, Grok de X/xAI) permiten usar las funciones más sencillas gratis. Así, los planes de pago deberían generar ganancias capaces de subsidiar el peso muerto de la mayoría de los usuarios (gratuitos). No obstante, por el momento no pueden siquiera cubrir sus propios gastos.
 Según los documentos filtrados por el crítico tecnológico Ed Zitron, OpenAI gastó 3.800 millones de dólares en “inferencia” en 2024; para los primeros nueve meses de 2025 ya había superado esa cifra, con 8.650 millones de dólares quemados. Sin embargo, los usuarios de pago de ChatGPT apenas llegan a los 50 millones, menos del 1%. Peor: la mayoría tiene una cuota de solo veinte dólares por mes (Plan “Plus”).
 El caso más brutal parecería ser el de la empresa Anthropic, cuyo LLM Claude se ha hecho popular entre programadores. Según cálculos no oficiales, el plan “Pro”, que cuesta 20 dólares por usuario, permitiría un gasto de servidores equivalente a 163 dólares; el plan “Max 5x”, de 100 dólares, habilitaría más de 1.300 dólares de gasto computacional; el plan “Max 20x”, de 200 dólares, concedería un gasto computacional de más de 2.700 dólares. Ni siquiera un arancelamiento total salvaría a la compañía. 
 Las funciones de video son las primeras en desconectarse (Sora) o restringirse a usuarios pagos (Grok Imagine) porque su costo computacional es marcadamente mayor al de generación de texto. Un “prompt” que slo pida texto puede emplear el equivalente energético a usar ocho segundos un microondas; generar un video equivale a usarlo una hora entera. Elon Musk pospone Marte para seguir viviendo de los negocios del Estado El magnate capitalista teme ser desplazado de los negocios con la Nasa por la competencia de Jeff Bezos. - prensaobrera.com 

En espiral 

Es conocido el dato de que las proyecciones de las “startups” de IA solo avizoraban pérdidas; pero la coyuntura de los números en rojo ya llegó. Según el periódico especializado The Information, los balances internos de OpenAI estiman que en este año tendrán una pérdida de 14 mil millones de dólares. La compañía prevé que generarán ganancia recién en 2029.
 Según Forbes, la valoración financiera de la empresa de Sam Altman acaba de crecer a 852 mil millones de dólares, gracias a que sigue recibiendo inversiones de Amazon, Microsoft, SoftBank y la ahora polémica Nvidia. Éste es el corazón de la sospecha de que todo se trata de una gran burbuja: otros capitales colocan cifras siderales en infraestructura (chips, data centers, energía), pero es poco claro que esa inversión pueda generar ganancias. El financiamiento recibido solo apalanca un colapso mayor si estas compañías no logran despegar. 
 Para empeorar el cuadro, la promesa de una fase ascendente en los balances de OpenAI se basa en números dibujados. El más fraudulento es la proyección de que los nuevos modelos de lenguaje serán más baratos de entrenar, cuando lo que está sucediendo es lo contrario. En tenor similar, ha salido a la luz que Nvidia “presta” montos a OpenAI solo para que ella le compre sus productos de hardware, en un movimiento especulativo circular. La operación condujo a un aumento de precios en cualquier dispositivo que necesite memorias RAM. 

 Barbarie 

La otra gran fuente de ingresos para el circuito, por ahora, han sido los negociados a partir de la guerra imperialista. El Estado de Israel ha sido la punta de lanza de esta barbarie civilizada; emplea IA tanto para la infraestructura administrativa del apartheid como para guiar sus ataques contra civiles y miembros de la resistencia palestina (Lavander, Where’s Daddy, etc.). Se ha acusado a Microsoft y a OpenAI de prestar sus servicios en avanzadas contra los pueblos de Gaza y del Líbano.
 Anthropic obtuvo la atención internacional cuando rechazó que Donald Trump utilice sus servidores para mejorar los drones de guerra y los sistemas de vigilancia contra las masas dentro de las fronteras (dos puntos íntimamente relacionados, en la medida en que el trumpismo necesita regimentar el frente interno primero si quiere ir a un choque bélico total por el dominio del mercado internacional). 
OpenAI avanzó como su reemplazo. 
 Distintos comentaristas señalan que la negativa de Antrhopic solo es una campaña de (falso) “marketing ético” para atraer inversores: la empresa ya había hecho contratos previos con la administración Trump. Claude se utiliza para guiar misiles contra Irán, y ha trascendido que podría haber sido usada en el secuestro de Nicolás Maduro. La crisis en OpenAI y la monetarización de la Inteligencia Artificial Microsoft, Google, Amazon y otros grandes capitalistas compiten por dominar el sector. - prensaobrera.com 

Perspectivas

El enorme progreso técnico que representan los LLM no ha acrecentado la riqueza material de las masas. Por el contrario, sus privaciones y sufrimientos no hacen sino aumentar. Esto es evidente en el uso de estas nuevas tecnologías en la vigilancia y el exterminio, pero también adopta formas más sutiles. La instalación de los faraónicos centros de datos requiere actualizar los circuitos de infraestructura eléctrica, que no dan abasto; el gasto por las renovaciones es trasladado a los vecinos mediante tarifazos. En Estados Unidos, las movilizaciones contra dichos tarifazos, o que nacen de preocupaciones por posibles daños ambientales, ya han comenzado. 
 OpenAI firmó una “carta de intención” con una empresa argentina (Sur Energy), en la cual se contempla la posibilidad, aunque solo sea una posibilidad, de instalar uno de estos centros en territorio nacional. De avanzar el proyecto, estarán dadas las condiciones para que las masas de nuestro país se sumen a un debate que es internacional.
 La lógica de mercado, en su etapa histórica de decadencia, ha llevado a una joven promesa a fase de extremaunción en tiempo récord. Para que sean beneficiosas para la humanidad, las nuevas tecnologías necesitan ser reorganizadas racionalmente: deben ser controladas y colocadas conscientemente al servicio de los intereses de la clase trabajadora.

 Iván Tsarévich

domingo, 5 de abril de 2026

Artemis II: El imperialismo busca en la Luna el oxígeno que pierde en la Tierra


Este 1 de abril, 53 años después de que la misión Apolo 17 pisara la Luna, Estados Unidos lanzó la misión Artemis II. Con un presupuesto de 93.000 millones de dólares, la cápsula Orion despegó de Cabo Cañaveral para orbitar la cara oculta del satélite natural (La Nación, 01/04/2026). Sin embargo, detrás del despliegue tecnológico, lo que asoma es la crisis terminal de un sistema agotado. El espacio es el escenario donde el último imperialismo intenta reafirmar una hegemonía que ya solo puede sostenerse por la fuerza. 
 A diferencia de las guerras mundiales del siglo XX, que fueron carnicerías por un nuevo reparto del mundo entre potencias en ascenso, la guerra actual tiene un carácter distinto. Hoy nadie puede disputarle a Estados Unidos el dominio del mundo. China, a pesar de sus avances con las sondas Chang'e y su sistema de navegación Beidou que busca competir con el GPS yanqui (MDZ, 01/04/2026), no tiene la iniciativa de la guerra ni la capacidad de suplantar al gigante del Norte. 
 La iniciativa bélica es patrimonio exclusivo de Washington. Lo vimos en Ucrania, donde la Unión Europea solo se animó a la anexión bajo el ala de la OTAN, y lo vemos hoy con la masacre militar contra Irán. El lanzamiento del Artemis II es la cara espacial de esa misma iniciativa. El imperialismo yanqui está intentando anexar cada recurso, cada órbita y cada mercado estratégico para evitar su propio desmoronamiento. El cohete SLS es, en última instancia, un recurso desesperado para demostrar que el dueño del mundo sigue siendo el mismo. 
 Donald Trump fue explícito en su red Truth Social: vinculó el éxito de Artemis II con la "dominación militar" y la guerra en curso contra el régimen iraní. Para el imperialismo, el espacio es una extensión del campo de batalla terrestre. Si China proyecta una base lunar para 2030, Estados Unidos responde acelerando el Artemis para dejar claro que no tolerará ninguna isla de independencia tecnológica que escape a su control. “Estamos ganando: en el espacio, en la Tierra y en todas partes, económica, militarmente y ahora, ¡más allá de las estrellas [...] Nadie puede competir! Estados Unidos no solo compite, domina, y el mundo entero nos observa”, dijo Trump. 
 La contradicción es absoluta: las fuerzas productivas ya son mundiales y exigen una organización humana superior, pero el carácter nacionalista del Estado norteamericano —el último imperialismo— necesita militarizar hasta los asteroides para asegurar la acumulación de capital. En este esquema, los países del “sur global”, como Argentina con su satélite Atenea, solo participan como furgón de cola de un plan de dominio que no les pertenece. 
 Este despliegue de fuerza no solo es un crimen social, sino también ambiental. Mientras la propaganda oficial nos vende el "progreso" de la humanidad, los lanzamientos de cohetes como el Artemis II o el Starship de SpaceX liberan toneladas de gases de efecto invernadero y partículas de aluminio que degradan la capa de ozono y contaminan ecosistemas críticos (Infobae, 01/07/2024). La explosión del cohete de Elon Musk en Texas, que sembró escombros y metales pesados en reservas naturales, es el ejemplo perfecto de una ciencia que no sirve a la vida, sino a la acumulación. En el último imperialismo, la tecnología espacial es una fuerza destructiva: se contamina el aire y el agua de las comunidades para poner en órbita una capacidad militar de vigilancia y ataque. Mientras la burguesía busca salidas fuera de la atmósfera, deja tras de sí suelos envenenados con combustible cancerígeno y plataformas de lanzamiento que son, en realidad, monumentos a la barbarie ambiental. No hay equilibrio posible entre la conservación del planeta y una industria espacial diseñada para la guerra que busca impedir que cualquier otro respire para poder mantener el dominio planetario.
 El "lado oscuro" que la misión Artemis II pretende indagar no está en la Luna, sino en el corazón de un sistema que prefiere llevar la guerra a las estrellas antes que permitir que la tecnología sirva para las necesidades de la humanidad. La única conquista real será la derrota del imperialismo mundial, para que la ciencia deje de ser un arma de guerra y se convierta en una herramienta de liberación. Por el derrocamiento de los gobiernos de la guerra y el poder en manos de la clase obrera.

 Iara Bogado 
 02/04/2026

miércoles, 1 de abril de 2026

¿Para qué viniste?


Crónica desde la resaca de una marcha por la memoria en Buenos Aires 

 Estábamos más lejos de lo que habíamos pensado y Érika me pregunta para qué vine. Para verte, boluda, le respondo tratando de imitar el acento argentino. Para qué viniste, para qué. 
 No tengo idea, pero aquí estamos. Hace casi tres años no veo a Érika, ni a Agus ni a Belu. Y quería verlos y que me vieran, sentir el abrazo, aunque costara 50 minutos en taxi, a través de una ciudad paralizada por una marcha; aunque luego nos quedáramos sin saber de qué hablar, solo sentados sobre la hierba medio fría de la Plaza de Mayo. 
 Mi hijo tiene un año y ahora Érika lo sostiene aupa y me dice algo sobre mojarle los pies en la fuente, una tradición de «boludos y boludas con bronca», que vienen a gritar cosas duras y hermosas a este parque desde hace décadas. 
 Mojarse los pies… para refrescar, para sentir, para heredar, para bautizarse de alguna forma. Y si Érika lo pide hay que hacerlo, porque sabe lo que dice, y me quiere a mí, ya quiere a mi hijo y yo la quiero. Y porque a uno le gusta imaginarse unos años mayor, contándole a su hijo que cierta vez, cuando apenas lograba sostenerse en sus piernas, tres argentinos buenos le pusieron sus piececitos donde mismo metieron «las patas» los obreros y obreras que, en 1945, despertaron con eso de salvar a Perón. 
 Después camina con él encima por el centro de la Plaza. Hay fotografías, carteles alusivos a hijos, a nietos, a madres, a abuelas. Érika no dice nada, solo mira estas cosas con mi hijo encima, en medio de la resaca de una marcha inmensa. 
 Corren las primeras horas de la noche del 24 de marzo de 2026. Hace 50 años, Jorge Rafael Videla dio un golpe de Estado. En el pañuelo que Érika, Agus y Belu le regalan y colocan al niño, un niño, mi niño, se ve el rostro doloroso de señoras mayores y se lee la cifra de 30 000. No estamos tristes, solo callados. 
 Un rato atrás, estábamos en la Esquina América. Belu no había llegado y nosotros aún no encontrábamos a Érika y Agus. Una mujer de poco más de 60 años se detuvo a preguntar una dirección. Pusimos cara de extranjeros y respondimos que apenas llevábamos unos días en la ciudad.
 ¿De dónde son? De Cuba. ¿Cuándo parten? La próxima semana. ¿Y cómo está Cuba? Es un momento muy difícil. ¿Pero qué va a pasar? No sabemos. ¿Si los atacan… se van a defender o no? Bueno, eso es lo único de lo que estamos seguros, de que nos vamos a defender.
 La mujer comenzó a quebrarse. Nos dijo entre sollozos que a ellos –ella y mucha gente de su tierra– les afectaba mucho todo lo que le hacen a Cuba. Y se encogió a llorar más. Y la abrazamos. Después cerró el puño y lo levantó, mientras gritaba: ¡viva Fidel, viva el Che, viva Camilo! Uno no es de piedra y la patria está a unos cuantos miles de kilómetros. 
 Y ahora vamos saliendo de la Plaza de Mayo. Érika no ha querido soltar al niño. Caminamos por una calle llena del humo de los asados populares y «sucia» de símbolos que son más o menos de uno. 
 ¿Para qué viniste si estaban tan lejos? Había preguntado ella. No sé, boluda, digo a mis adentros con seudoacento bonaerense, para que bautizaras a mi hijo, para que una vieja desconocida me partiera en dos… 

 Mario Ernesto Almeida Bacallao | internet@granma.cu 
 30 de marzo de 2026 19:03:42