Ruqayya lloraba en el hospital nada más ver a otras mujeres con sus bebés. Era un sentimiento imposible de explicar, aquel que se le atoraba detrás de los ojos.
Recién había salido de una operación que le salvó la vida, luego de un dolor insoportable en el abdomen. Había sufrido un aborto espontáneo a los tres meses de gestación, como consecuencia de un ataque de colonos israelíes a su casa, en Cisjordania.
«La operación de Ruqayya Rabe'i fue larga y sicológicamente, dice, no se ha recuperado (…) “¿Cómo puede ser que me operaran y que acabara sin bebé?”».
Así lo narra un reportaje de France 24, en el cual la periodista cuenta, además, la historia de otra joven palestina que, con un embarazo de seis meses y una grave hemorragia, perdió a su hijo a pesar de los esfuerzos del personal médico que la trasladaba al hospital, debido a las demoras en los checkpoint cerrados en el trayecto.
«La joven empeoró y tuvo que dar a luz en la ambulancia», denunció el paramédico palestino que la transportaba, Bashar Qaryouti. «Tomaron nuestras identificaciones, revisaron la ambulancia, estuvimos parados media hora. Por la hemorragia, el bebé nació muerto. Fue trágico», narró.
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La guerra no es solo bombas, drones, misiles… edificios cayendo, personas que corren despavoridas tratando de encontrar refugio o pedazos de extremidades volando por los aires.
La guerra tiene otra realidad que, muchas veces, no aparece reflejada en películas, documentales o reportes de prensa.
En las zonas de conflictos hay niños, jóvenes, adultos y ancianos. Y también mujeres embarazadas que, por su estado, se enfrentan a peligros adicionales.
En medio del irrespetado alto al fuego en las hostilidades entre Israel y Palestina, en octubre de 2025, la mayor parte de la población de Gaza continúa desplazada en sitios temporales superpoblados. A los continuos ataques se suma el hecho de que las autoridades sionistas han restringido ilegalmente la ayuda humanitaria y los suministros médicos al enclave costero.
De acuerdo con el Fondo de Población de las Naciones Unidas, en los primeros seis meses de 2026, se reportaron casi 4 000 pérdidas de embarazos, tres veces más que en los seis meses anteriores. «Casi todos los hospitales de Gaza han sufrido daños y menos de la mitad de los centros de salud están funcionando. La escasez crónica de medicamentos, combustible, equipo de diagnóstico, incubadoras y personal sanitario está retrasando la atención vital».
Actualmente existen unas 50 000 mujeres embarazadas en Gaza y se cuantifican hasta 180 nacimientos diarios. Sin embargo, según datos de la agencia de noticias TRT, Gaza ha registrado una caída sin precedentes en el número de nacimientos.
«Los nacimientos mensuales registrados pasaron de 6 076 en noviembre de 2025 a apenas 2004 en abril de 2026, lo que representa una disminución del 67 % en tan solo unos meses».
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Lo que ocurre con las gestantes palestinas se debe a la violencia permanente, los desplazamientos masivos y el colapso de la infraestructura médica y, por consecuencia, de los servicios de atención materna. A ello se suman las precarias condiciones sanitarias, la malnutrición, el acceso limitado a agua potable, y el estrés sicológico.
Hoy la salud sexual y reproductiva, así como el futuro de los palestinos, se ve en peligro a causa de la beligerancia permanente en la zona. Eso es también un crimen de guerra, aunque muchas personas volteen la mirada hacia otras secuelas del conflicto.
Las estadísticas aumentan, en el caso de la violencia, las muertes y los alumbramientos; mientras caen las cifras de nacimientos. Se está haciendo una limpieza étnica de raíz, dolorosa, terrible, en la que las mujeres vuelven a ser carne de cañón. Me pregunto si acaso los asesinos no tienen madres, hermanas, esposa, hijas…
Laura Mercedes Giráldez | internet@granma.cu
30 de octubre de 2026 17:10:53





