domingo, 10 de mayo de 2026

Flotilla Global Sumud: Torturas del Shin Bet y la complicidad de los gobiernos de la guerra


El secuestro de 175 activistas de la flotilla Global Sumud el pasado 30 de abril ha escalado hacia una crisis humanitaria y política de dimensiones internacionales. 
 Mientras la mayoría de los tripulantes fueron deportados tras sufrir violencia y torturas, el hispanopalestino Saif Abukeshek y el brasileño Thiago Ávila permanecen secuestrados en la cárcel de Shikma (Ashkelon), un centro denunciado históricamente por la tortura de presos palestinos. Los informes que emergen de las visitas consulares y de los abogados del Centro Adalah confirman una "escalada dramática": interrogatorios de los servicios secretos (Shin Bet y Mossad), huelgas de hambre y marcas visibles de una brutalidad extrema (Diario Red, 03/05).

 Testimonios de violencia y amenazas de muerte 

El asalto de la Armada israelí en aguas internacionales fue una emboscada militar que no distinguió nacionalidades ni fueros. La periodista chilena Macarena Chahuán, recientemente liberada, relató que fueron apuntados con fusiles en la sien: “Nos amenazaron de muerte si no deteníamos el motor”, afirmó (El Periodista, 05/05). Otro de los que fueron detenidos, Pablo Giachello, del PO, denunció que mientras estuvieron detenidos, los activistas fueron “atados, cegados e inmovilizados”, sufriendo golpes y vejaciones durante el traslado forzoso (Canal Abierto, 05/05). La brutalidad contra los activistas propalestinos es sistemática. La exalcaldesa Ada Colau, quien integró la flotilla en 2025, denunció haber sido encerrada en Ashdod frente a fotos de Gaza devastada con la leyenda “Bienvenidos a la nueva Gaza”. El trato contra los dos compañeros detenidos fue particularmente salvaje. Thiago Ávila fue arrastrado boca abajo por la cubierta y golpeado hasta desmayarse dos veces, presentando hematomas visibles en el rostro (Diario Red, 03/05). Saif Abukeshek fue mantenido maniatado y con los ojos vendados durante días, obligado a permanecer boca abajo en el suelo. Ambos mantienen una huelga de hambre como medida de lucha contra la fabricación de cargos por parte del Shin Bet. 

 Milei y los "Acuerdos de Isaac": cómplices del genocidio.

 Este escenario de horror ocurre con el aval total de la Casa Rosada. Mientras ciudadanos y legisladores argentinos eran vejados en alta mar, Javier Milei se encontraba en Israel firmando los "Acuerdos de Isaac", integrando a la Argentina al andamiaje de inteligencia y defensa del sionismo. Para Milei, el secuestro de activistas es "aritmética elemental de poder" en su alineamiento con el imperialismo. Su silencio ante el cautiverio de los tripulantes es la firma de su complicidad con este "fascismo del siglo XXI".

 A la huelga 

Frente a la complicidad de los estados europeos, la resistencia se organiza desde la clase obrera. Los sindicatos italianos han unido esta lucha a la denuncia contra la militarización de la economía, señalando que los mismos recursos que faltan en salarios financian la guerra imperialista. Esta indignación ha desbordado hacia las calles. En Zaragoza, este 7 de mayo, una multitudinaria manifestación convocada por la Coordinadora "No a la guerra" recorrió el centro de la ciudad para denunciar la agresión imperialista contra Irán, Líbano y el genocidio en Palestina. La movilización, que reunió a más de una treintena de colectivos sociales, sindicales y políticos (como CCOO, CUT y diversas asambleas populares), incorporó una denuncia explícita contra el ataque a la Global Sumud Flotilla y reclamó la liberación inmediata de Saif Abu Keshek y Thiago Ávila. La Plataforma “OTAN No” también estuvo presente, exigiendo el fin del gasto militar y el desmantelamiento de las bases que sostienen la impunidad de criminales de guerra como Netanyahu y Trump (Ara Info, 07/05). 
 Hay que seguir estos ejemplos, por una huelga general internacional de los trabajadores para detener la maquinaria de guerra imperialista. 
 Libertad inmediata de Saif Abukeshek, Thiago Ávila. 
 Ruptura de los "Acuerdos de Isaac" y de toda relación diplomática, militar y comercial con el Estado genocida de Israel. 
Por el derrocamiento de los gobiernos de la guerra. Socialismo o barbarie

.Iara Bogado 
08/05/2026 

jueves, 7 de mayo de 2026

El “efecto mariposa” del swap entre el Tesoro norteamericano y los Emiratos Árabes Unidos


La crisis de ‘liquidez’, carburante de la guerra. Scott Bessent ha confirmado que las monarquías del Golfo han pedido ayuda financiera a Estados Unidos. Los emiratos, que se caracterizan por su abundante liquidez, se han declarado ilíquidos a raíz de la guerra contra Irán. La producción de petróleo y gas licuado ha caído en forma severa como consecuencia de un doble bloqueo: el de Irán en el estrecho de Ormuz y el norteamericano en la salida del Golfo y los puertos iraníes. 
 Emiratos Árabes es el más avanzado en las negociaciones, para afrontar gastos a corto plazo. Sin embargo, las monarquías del Golfo, tarde o temprano, van a tener que afrontar la destrucción de infraestructura por los bombardeos. Según sus autoridades, la UAE ha sido atacada por más de 2.800 misiles y drones de Irán desde que comenzó la guerra. Irán ha elegido como su blanco a las monarquías sunitas y a las bases militares norteamericanas en su territorio, en represalia por la agresión no provocada de parte de Estados Unidos e Israel. 
 El gobierno de Trump se encuentra obligado a conceder el swap para evitar que Emiratos ponga en venta sus tenencias de bonos del Tesoro norteamericano. Según trascendió en algunos portales, la UAE habría amenazado a Donald Trump con derrumbar el sistema de petrodólares, que consiste en colocar los excedentes de liquidez de la exportación en el mercado de títulos públicos en Nueva York. 
 Desde la década del 70, las monarquías del Golfo tienen pactado con Estados Unidos el compromiso de vender el petróleo en dólares y al excedente de ganancias invertirlo en bonos del Tesoro. Una venta desordenada y masiva de esos activos por parte de cualquiera de esos países dejaría expuesta la descomunal crisis de deuda de Washington, de cerca de 40 billones de dólares, un 120 % del PBI norteamericano.
 Emiratos Árabes Unidos, Omán, Bahrein, Qatar, Irak, Kuwait y Arabia Saudita atraviesan un verdadero colapso económico como consecuencia del doble bloqueo. Han paralizado la producción debido al abarrotamiento de sus almacenes, ocasionado por falta de ventas. Los oleoductos permiten redirigir una pequeña fracción de las exportaciones saudíes, emiratíes e iraquíes. A esto hay que sumarle el derrumbe del turismo. 
 Desde el inicio de la guerra, Pimco, el mayor fondo de renta fija del planeta, ha adelantado más de 10.000 millones de dólares a los países de la región, según los datos recopilados por Bloomberg. Es una crisis comparable solo con la de la pandemia de 2020. Las cinco monarquías verán evaporados entre 103.000 y 168.000 millones de dólares de sus economías, según el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo. 
 Hay otras cuestiones que han movido el tablero del Golfo más allá de los bloqueos. Estados Unidos se ha convertido en una nación exportadora, de modo que su balanza petrolera ha pasado de negativa a positiva. China, por su lado, ha pasado a ser uno de los principales -si no el primero- socios comerciales de los países de la región, en especial en cuanto a la importación de combustibles, que paga con exportaciones industriales. Se ha creado, en consecuencia, un balance en yuanes. Irán, por este motivo, no tiene inconveniente en admitir que el pago del peaje por el estrecho de Ormuz se haga en yuanes, cuando, por el otro lado, tiene bloqueado el uso de dólares debido a las sanciones impuestas por Estados Unidos. Estas cuestiones han movido el mapa de alineamientos; la guerra desatada por Trump y Netanyahu ha provocado un realineamiento comercial a favor de China, con las consecuencias geopolíticas consiguientes. Esto desafía al imperialismo norteamericano a encarar una guerra contra China misma, no sin antes presionar a Pekín para que abandone el gallinero norteamericano.

 La salida de la OPEP 

Emiratos tiene desde hace rato razones para irse de la OPEP y abandonar las cuotas de mercado y de producción que asigna a cada uno de sus miembros. Que lo haya hecho la misma semana obedece claramente a la necesidad de aumentar su participación de mercado a expensas de sus exsocios. El swap es un incentivo para esta operación, que haría bajar los precios de los combustibles y permitir que la guerra imperialista alcance sus objetivos geopolíticos sin provocar, como ocurre, un estallido de los mercados de materias primas. 
 Estados Unidos ha buscado siempre destruir a la organización de los productores. Así logró que países como Indonesia, Qatar y Angola se retirasen de la OPEP en los últimos años. Emiratos es una prenda mayor, como también lo es Venezuela, ahora convertida en un protectorado de Washington. 

 Acusaciones en el Senado

 Los senadores demócratas se han opuesto al swap, alegando que representa el congelamiento de miles de millones de dólares a tasas de interés reducidas. Denuncian también los múltiples negocios que Donald Trump tiene con la monarquía emiratí. Citaron la inversión de 500 millones de dólares de un alto funcionario del gobierno de los Emiratos en la empresa de criptomonedas de la familia Trump y el uso de 2.000 millones de dólares de su criptomoneda estable para invertir en Binance, cuyo fundador, Changpeng Zhao, fue indultado por Trump en octubre. 
 Para responder a estas acusaciones, Bessent alegó en el Senado que “las líneas de intercambio de divisas, ya sean de la Reserva Federal o del Tesoro, sirven para mantener el orden en los mercados de financiación en dólares y evitar la venta desordenada de activos estadounidenses”. Desnudó, de este modo, que la guerra ha puesto al rojo vivo la crisis de deuda pública, lo cual explica, precisamente, las vacilaciones políticas de Trump con la guerra, o sea, el derrumbe del mercado de deuda pública y de acciones. 
 Las líneas de intercambio de divisas (swaps) son operaciones propias de la Reserva Federal, que tiene la facultad de emitir dólares. El Tesoro, en cambio, tiene una caja fija de 250.000 millones de dólares, que no es de disponibilidad inmediata, y una caja chica que no supera los 30.000 millones de dólares. La intervención del Tesoro subraya la oposición de la Reserva Federal. 
 Por su parte, el presidente del parlamento iraní, Mohammad Ghalibaf, llamó a los países del Golfo a deshacerse de los bonos del Tesoro de Estados Unidos, para evitar las pérdidas enormes que causaría el desplome de su cotización. Aludió a que “la curva de rendimientos” de esa deuda está subiendo peligrosamente, lo que es una señal de que los inversores están saliendo de ella. Lo que no dijo Ghalibaf es que un abandono masivo por parte de bancos centrales y entidades públicas extranjeras serían consideradas ´declaraciones de guerra´ en Washington.
 Para Rusia, que financia su presupuesto con la venta de petróleo y gas licuado, la crisis de liquidez del sistema del petrodólar (al que se suma Venezuela, que se encuentra fuera de la OPEP sin haberse ido de ella) puede significar una crisis final del régimen putiniano y una derrota militar frente a la OTAN y la Unión Europea. El entrelazamiento de la guerra con la crisis financiera, o sea, con el sustento de los Estados en guerra, plantea una crisis política en los principales países, que no podría ser sino revolucionaria. 

 Aldana González 
06/05/2026

miércoles, 6 de mayo de 2026

Guerra imperialista: entre el fracaso y la escalada


El fracaso de Trump y Netanyahu para someter a Irán a una rendición política los ha colocado en un impasse estratégico. A este escenario se han sumado otros acontecimientos: el vencimiento del plazo constitucional para que Trump prosiga la guerra sin autorización del Congreso, un crecimiento de la disidencia de los principales Estados europeos, como consecuencia del impacto económico de una guerra que no ofrece visos de salida, y la impopularidad en aumento de Trump y el partido Republicano para las elecciones del próximo noviembre, Un elemento adicional, de no poca importancia, es el desarrollo del Mundial de Fútbol, que tendrá lugar durante junio-julio en el norte de América. A mediados de mes, Trump tiene marcado un encuentro con Xi Jinping, que había sido demorado con la intención de que se celebre con una victoria militar en la mano de parte de la diplomacia norteamericana. 
 El bloqueo de los puertos iraníes por parte de la Armada norteamericana ha agravado las consecuencias del control del estrecho de Ormuz por parte de Irán. Se trata de un bloqueo internacional, porque prevé sanciones contra cualquier país que haga negocios con Irán. Los ceses del fuego ‘de facto’, o sea no suscriptos, de EE.UU. con Irán y de Israel en Líbano, tampoco han sido acatados; Pete Heghset, el secretario de Guerra de Trump, ha calificado como “menores” los ataques contra tres naves norteamericanas o contra barcazas iraníes Pero la situación ha dado un giro con el anuncio de Trump de que escoltaría a las naves que navegan en el Golfo Pérsico con destructores, 15.000 hombres y una centena de aviones. La medida es sorprendente, porque desde que se planteó la ocupación militar de la Isla de Kharg, en las aguas del Golfo, había quedado claro que habrían quedado a merced de las baterías costeras y los drones de Irán; cuánto más si se intenta la travesía de una flota. En este escenario de provocaciones, Irán atacó instalaciones petroleras de los vecinos del Golfo, en represalia por acciones militares contra barcazas suyas. El despliegue militar norteamericano hacia el estrecho de Ormuz implicaría una intención de escalar la guerra en Medio Oriente. En cuanto al vencimiento del plazo de la guerra sin intervención del Congreso, Trump se ha sacado el tema de encima, con el pretexto de que los ceses de fuego ‘de facto’ han interrumpido el reloj constitucional, como ocurre en las partidas de ajedrez.
 En este marco, el choque entre Trump y el primer ministro alemán, Fredrich Merz, acerca de la guerra en Irán, que fue seguida con un retiro de tropas norteamericanas de Alemania, es significativa. Merz ha puesto el acento en el elevado costo que la guerra representa para Alemania, al mismo tiempo que financia, a un costo similar o mayor, la guerra contra Rusia en el este de Europa. Los imperialistas europeos proponen suspender la escalada militar por una presión conjunta de todos los bloques imperialistas sobre Teherán para obtener los objetivos comunes, en un cuadro hiperinflacionario y de escasez en Irán. En ese caso, sin embargo, el gobierno iraní seguirá respondiendo a las sanciones económicas contra su país, mediante el control del pasaje por el Estrecho. El impasse es generalizado. China misma reclama el libre tránsito por Ormuz, aunque en función de otros intereses y perspectivas. Trump ha dispuesto, de acuerdo a la prensa de la derecha alternativa de Estados Unidos, el traslado de misiles hipersónicos al escenario de combate del Medio Oriente. Un retiro en chancletas de parte de Trump no haría bajar el precio de la energía, pero sí provocaría un estallido bursátil, que en medio de la guerra ha alcanzado nuevos récords.
 La escalada de la guerra no transcurre solamente en el Oriente. Un reciente ejercicio militar en el Caribe -Flex 2026- ha venido a respaldar la renovada amenaza de tomar por asalto a Cuba, que Trump ha fijado para cuando obtenga la rendición de Irán o alguna salida que pueda calificar como tal. Cuba se encuentra totalmente bloqueada en materia de energía, a lo largo del mundo entero, pues cualquier país que lo desafíe sería sancionado con otros tantos bloqueos. Trump ha amenazado con instalar frente a las costas de Cuba al portaviones Abraham Lincoln, en su regreso del Medio Oriente, o sea durante el Mundial o antes. La disputa por la Copa debe ser aprovechada para intensificar la agitación contra la guerra imperialista, en la misma metrópoli del imperialismo. 
 Mientras el imperialismo mundial se debate en el laberinto iraní, a costa de miles de vidas y de enormes sufrimientos, la guerra en aparente sordina del imperialismo norteamericano contra China marcha a todo vapor. Trump y cuatro de los dieciséis países latinoamericanos que han suscripto el Escudo de las Américas, han denunciado presiones de China contra el gobierno de Panamá, relacionadas con la derogación de los contratos con un conglomerado de Hong Kong que manejaba los puertos del Canal, que fueron entregados fondos y navieras norteamericanas, por presión de Trump. China ha diseñado una gama de sanciones contra los países involucrados en lo que califica como una expropiación. Sería el primer punto del temario que Xi plantearía a Trump en caso de que la reunión entre ellos tenga lugar. El agravamiento de este desacuerdo podría desatar una nueva guerra arancelaria y trasladarse a todas las otras confrontaciones geopolíticas, incluida la guerra. 
La guerra contra Irán es, en realidad, una guerra contra China, porque una victoria del imperialismo norteamericano y el Estado sionista en el Medio Oriente, convertiría a la región en un súper estrecho contra el comercio internacional de Pekín. La guerra mundial es el nudo de todas las crisis nacionales y sus peculiaridades. El aumento del costo de vida tiene lugar en un período de ajustes y de rearmes militares, o sea en un escenario de ampliación de la guerra entre las principales potencias. Los gobiernos (entre ellos el de Milei) ha reducido los impuestos a los combustibles para que el alto precio del petróleo y el gas licuado, o incluso la urea, no afecten las ganancias extraordinarias de los pulpos de la energía –a costa de la recaudación fiscal, que sería compensada con mayores ajustes sociales.
 El cese incondicional la guerra imperialista internacional exige una movilización masiva de los trabajadores de todos los países, con la conciencia de que sólo será barrida de la historia por una revolución socialista mundial. 

 Jorge Altamira
 05/05/2026

martes, 5 de mayo de 2026

Crece el reclamo internacional por la liberación de Thiago Ávila y Saif Abukeshek


Los dos mayores coordinadores de la flotilla Sumud fueron secuestrados en alta mar y permanecen detenidos en Israel. 
 Ávila y Abukeshek fueron secuestrados en aguas internacionales 

Tras el asalto de la flotilla global Sumud en aguas internacionales, el Estado de Israel mantiene detenidos a sus dos máximos coordinadores, Thiago Ávila y Saif Abukeshek, en un penal de máxima seguridad ubicado en la ciudad costera de Ascalón, al norte de la Franja de Gaza, en la Palestina ocupada. 
 Los informes de los abogados de la organización Adalah señalan que Ávila y Abukeshek fueron sometidos a larguísimos interrogatorios, amenazas, y un régimen de aislamiento total en la prisión de Shikma. Además, fueron agredidos durante su secuestro en alta mar. El 3 de mayo, un tribunal de Ascalón extendió por 48 horas más (hasta el martes 5) la detención de ambos. 
 Días antes, el 30 de abril, fuerzas israelíes habían interceptado violentamente en el Mar Mediterráneo a más de veinte naves de la flotilla Sumud -que llevaban ayuda humanitaria a Gaza- y secuestrado alrededor de 175 tripulantes, incluyendo algunos miembros de la delegación argentina, como Pablo Giachello, Celeste Fierro, Mónica Schlotthauer y Ezequiel Peressini, en un operativo que contó con la complicidad del gobierno y las fuerzas de seguridad griegas. A lo largo de casi cuarenta horas, los tripulantes fueron víctimas de toda clase de vejaciones y maltratos (confiscación de sus abrigos, privación de agua, comida y medicinas), hasta que fueron liberados –con excepción de Ávila y Abukeshek, que fueron trasladados por la fuerza a Ascalón- en un puerto de la isla de Creta. 
 El tratamiento de los tripulantes y referentes de la flotilla por parte de las fuerzas israelíes es apenas un botón de muestra del comportamiento habitual del régimen sionista con los miles de prisioneros palestinos, en su mayoría detenidos bajo el mecanismo de detención administrativa, por el que permanecen largos períodos encarcelados sin juicio ni cargos. Este mismo régimen acaba de aprobar, en el parlamento, un proyecto de pena de muerte dirigido específicamente contra los palestinos. Su promotor, Itamar Ben-Gvir, intentó celebrar dicha votación abriendo una botella de champagne en pleno recinto. 
 Ávila es un activista brasileño, comprometido con la causa del pueblo palestino. Este año, el gobierno de Javier Milei, uno de los mayores aliados del sionismo y de la Casa Blanca, impidió su ingreso a la Argentina cuando viajó para presentar la coordinación local de la edición 2026 de la flotilla. Otro gobierno de la región, el de Panamá, también le denegó el acceso. Abukeshek, de nacionalidad sueca y española, pero de raíces palestinas, es uno de los referentes del movimiento de lucha por Palestina en el Estado Español. 
 Reclamamos la libertad de Ávila y Abukeshek. Viva la lucha del pueblo palestino. No al genocidio y el bloqueo imperialista-sionista a la Franja de Gaza. 

 Prensa Obrera

lunes, 4 de mayo de 2026

Filosofía de la tregua, no se suspende la guerra cognitiva


Eso que denominaron “tregua”, promovida por Donald Trump —independientemente de su alcance táctico o su densidad diplomática— no impide, ni tiene la capacidad de impedir, la dinámica profunda de la guerra cognitiva. Porque esta no depende de ceses al fuego territoriales ni de acuerdos militares convencionales, su campo de batalla es la subjetividad social, su munición son los signos, y su objetivo estratégico es la colonización del sentido.
 Entendemos que la guerra cognitiva no tiene límites debido a que no se guía por los ritmos perceptibles del conflicto bélico, sino por la persistencia estructural de la contienda ideología. Aunque una tregua militar podría conllevar la suspensión temporal de bombardeos o incursiones, la ofensiva mediática —que comprende operaciones de desinformación, manipulación semántica, saturación simbólica y fabricación de consensos— se intensifica precisamente en esos intervalos, donde la apariencia de “paz” abre las condiciones idóneas para la reconfiguración del relato predominante. 
 En ese sentido, la tregua no es un paréntesis, sino un dispositivo. Funciona como signo político que reorganiza percepciones, reordena jerarquías de credibilidad y legitima actores. Bajo la lógica de la guerra cognitiva, todo anuncio de distensión puede convertirse en una operación de reposicionamiento discursivo: quién aparece como pacificador, quién como obstáculo, quién como amenaza latente. No se trata de hechos aislados, sino de una arquitectura semiótica donde cada gesto diplomático es simultáneamente un mensaje dirigido a audiencias múltiples. 
 En este punto se encuentra una contradicción esencial: mientras se declara la suspensión de hostilidades materiales, se intensifica la generación de narrativas beligerantes. La tregua, lejos de neutralizar la confrontación, la desplaza al terreno simbólico, donde los costos son menos visibles pero no menos decisivos. La guerra cognitiva no destruye infraestructuras físicas, pero desarticula tejidos sociales, erosiona la capacidad crítica y naturaliza relaciones de dominación. 
 Esta continuidad ofensiva se sostiene en aparatos mediáticos transnacionales que operan como verdaderas fábricas de sentido. No se limitan a informar, construyen realidades. Seleccionan qué acontecimientos existen públicamente, cómo deben interpretarse y qué emociones deben suscitar. En ese marco, la tregua puede ser narrada como victoria, como concesión o como engaño, dependiendo del posicionamiento ideológico de quien controla los dispositivos de emisión.
 Desde el punto de vista materialista de la semiosis, la guerra cognitiva no se considera un fenómeno secundario, sino que es un elemento constitutivo del modo de producción actual. La acumulación capitalista no sólo requiere plusvalor económico, sino también plusvalorsimbólico, adhesión, consentimiento, obediencia internalizada. La tregua, entonces, puede ser funcional a la reproducción de ese orden, al ofrecer una ilusión de racionalidad y control en medio de una estructura que sigue generando violencia sistémica. 
 No debe subestimarse el carácter disciplinador de estas operaciones. La tregua, presentada como gesto magnánimo, puede actuar como mecanismo de neutralización de la crítica. Quien cuestiona su autenticidad corre el riesgo de ser etiquetado como extremista o desestabilizador. Así, la guerra cognitiva no sólo produce relatos, sino que delimita los márgenes de lo decible. 
 Afirmar que la tregua no incluye la guerra cognitiva no es una denuncia coyuntural, sino una constatación estructural. Mientras exista una lucha por la hegemonía del sentido, mientras la producción simbólica esté concentrada en manos de poderes que responden a intereses de clase, la ofensiva mediática no sólo no se detendrá, se sofisticará.
 Porque la verdadera interrupción de la guerra cognitiva no puede decretarse desde arriba, ni firmarse en acuerdos bilaterales. Exige una transformación radical de las condiciones de producción del sentido, una democratización real de los medios y una praxis crítica capaz de disputar la semiosis dominante. Sin ello, toda tregua será apenas una pausa en el ruido de las armas, pero no en el murmullo persistente de la dominación. Una “tregua” no tiene precio fijo porque no es una mercancía homogénea, sino una relación de fuerzas en movimiento. Aun así, se puede construir una aproximación hipotética multidimensional que permita dimensionar órdenes de magnitud. Un gasto militar directo (lo que se deja de gastar o se redistribuye) puede fluctuar entre 100 y 500 millones de dólares diarios, en términos de combustible, logística, municiones, despliegues, inteligencia. 
Una tregua de 30 días implicaría, en apariencia, una “pausa” de entre 3.000 y 15.000 millones USD. Sin embargo, esto es engañoso: gran parte de ese gasto no desaparece, se reprograma (mantenimiento, rearme, reposicionamiento). También hay un costo de reposicionamiento estratégico (lo que se invierte durante la tregua). Las treguas suelen representar periodos de reestructuración intensiva. Entrenamiento, reabastecimiento, guerra electrónica, ciberoperaciones. Ese costo puede representar entre un 30 % y un 70 % del gasto bélico activo, es decir, miles de millones adicionales. La tregua no abarata necesariamente la guerra: la optimiza. Eso tiene impacto en mercados globales (energía, finanzas, seguros). Una tregua impulsada o capitalizada políticamente —como las asociadas a figuras como Donald Trump— puede mover mercados en cuestión de horas. Variaciones en petróleo y gas: 1 %–5 % diario, lo que implica decenas de miles de millones en capitalización; reducción temporal de primas de riesgo: beneficios financieros concentrados en grandes fondos.
 Y la tregua puede incluso incrementar la inversión. Campañas mediáticas, operaciones psicológicas, manipulación de redes, producción narrativa. Grandes potencias destinan a este frente cifras que, indirectamente, pueden estimarse en cientos de millones o miles de millones USD anuales. Durante una tregua, ese gasto no se detiene: se intensifica, porque es el momento de disputar el relato de la “paz”. Si se forzara una cifra agregada —con todas las reservas del caso—, una tregua de corto plazo en un conflicto de alta intensidad podría implicar: Entre 5.000 y 20.000 millones USD en dinámicas económicas directas e indirectas (no ahorro real, sino redistribución). Impactos financieros globales que pueden superar decenas de miles de millones en valorización o pérdida de activos. Un costo humano y simbólico incalculable, que es donde realmente se juega su sentido histórico. La conclusión es incómoda pero necesaria: la tregua no tiene un “precio” en el sentido clásico; tiene una función dentro del metabolismo del conflicto. Más que cuánto cuesta, la pregunta decisiva es quién paga, quién cobra y quién redefine el sentido de lo ocurrido. Porque ahí, en esa contabilidad no declarada, es donde la tregua revela su verdadera economía. Hay que transparentar el financiamiento de las guerras. 

 Fernando Buen Abad Domínguez | 14/04/2026

Trump alinea a toda América Latina en el asalto sobre Cuba


Sobre la llegada a la Argentina del jefe del Comando de Operaciones Especiales Sur de los Estados Unidos. 

 En el marco de los ejercicios militares conjuntos Daga Atlántica y Passex, que se realizaron en aguas de la zona Económica Exclusiva Argentina en el Atlántico Sur, Milei recibió al jefe del Comando de Operaciones Especiales Sur de los Estados Unidos, contraalmirante Mark A. Schafer. Schafer se encuentra al frente de dos buques militares y de los movimientos de adiestramiento, que son parte de una campaña más grande denominada Southern Seas 2026, la cual comenzó en el hemisferio Norte y ya tuvo paradas en México, Ecuador, Chile y la Argentina; posteriormente lo harán con Brasil. 
 El Daga Atlántica y Passex son ejercicios conjuntos intensivos, en los que participan unidades navales y aeronavales que realizan operaciones de comunicación, evoluciones tácticas, instrucciones en navegación y defensa aérea, que tienen como objetivo últim aceitar la operatividad conjunta para posibles escenarios de conflicto. Esto último se ve amplificado en el escenario de guerra imperialista, en la que Argentina se encuentra como país beligerante por el alineamiento de Milei con Trump y Netanyahu en la conflagración que se desarrolla en Medio Oriente.
 En ese intercambio, las unidades navales y aeronavales desarrollaron un programa intensivo conjunto. En los ejercicios recientemente realizados se incorporaron por parte de Argentina los 24 aviones F-16 comprados a Dinamarca a través de la intermediación de los Estados Unidos. 
 El gobierno liberticida, por medio del DNU 264/26, autorizó la entrada de tropas estadounidenses. En el DNU en cuestión se puede leer que estos ejercicios servirán para “mejorar la interoperabilidad y la integración doctrinal, fortaleciendo nuestra capacidad de operar en escenarios combinados, defendiendo espacios de jurisdicción nacional y áreas de interés estratégico, y además ayuda a estandarizar los procedimientos operativos, facilitando la participación de las Fuerzas Armadas argentinas en futuras operaciones multinacionales” y a su vez “fortalecen la imagen internacional de la Argentina como un socio confiable en materia de estabilidad regional y seguridad global”.
 Si bien el proyecto de ley fue enviado al Congreso para su tratamiento, la cámara baja no le dió tratamiento, convirtiendo a la oposición parlamentaria en cómplice necesaria de la entrada de tropas estadounidenses, lo que fue utilizado por el gobierno para recurrir al mecanismo excepcional del decreto de necesidad y urgencia. 
 En la mañana del jueves 30, Milei partió desde Aeroparque para luego arribar al portaaviones nuclear USS Nimitz, que se encontraba navegando en las proximidades de Mar del Plata, a fin de participar de una actividad conjunta organizada por el Comando de Operaciones Especiales Sur, como parte de los ejercicios navales de la operación conjunta Passex. Milei estuvo flanqueado por Karina Milei y el ministro de Defensa, teniente general Carlos Presti, y el canciller Pablo Quirno. También fueron parte de la comitiva el jefe del Estado Mayor Conjunto de las FFAA, almirante Marcelo Alejandro Dalle Nogare, y el jefe de la Armada, almirante Juan Carlos Romay. 
 Al frente del Comando de Operaciones Especiales del Sur se encuentra el contraalmirante Schafer, una extensión del Comando Sur de los Estados Unidos, que tiene bajo su égida la planificación y ejecución de los despliegues militares en la región, con operatividad en 31 países.
 En el buque de guerra, Milei se encontró con Schafer, el capitán Joseph J. Furco y el embajador estadounidense en la Argentina, Peter Lamelas. El liberticida recorrió la cubierta del portaaviones y participó de una operación aérea de aeronaves F-18 y helicópteros MH-60 Seahawk, que son parte del ejercicio Passex. Carlos Presti señaló en sus redes sociales que los ejercicios conjuntos "fortalecen la cooperación, la interoperabilidad y el trabajo conjunto entre la Argentina y Estados Unidos”. La “visita” de la delegación argentina funcionó como una ratificación del rabioso alineamiento de los liberticidas con los Estados Unidos y, en consecuencia, con Israel. 
 Los ejercicios se desarrollaron aprovechando “el tránsito de los buques de guerra por aguas jurisdiccionales” (La Nación, 30/4) y se extendieron desde el lunes hasta el jueves 30. El ejercicio Passex, del que participaron marines miembros de “grupos de batalla”, posibilitó que el portaaviones USS Nimitz y el destructor Gridley, ingresaran a aguas argentinas el lunes desde el Océano Pacífico y navegaran a través del Estrecho de Magallanes. 
 Desde el Ministerio de Defensa señalaron que “a medida que el grupo de combate aeronaval estadounidense avanzó hacia el Atlántico Sur y se aproximó al litoral marítimo argentino, comenzó el trabajo conjunto en aguas jurisdiccionales nacionales, mediante la ejecución del ejercicio Passex 2026”. 
 Al entrar en aguas argentinas se incorporaron al ejercicio dos helicópteros Sea Kimg, de la II Escuadrilla Aeronaval de Helicópteros y luego zarparon de Puerto Belgrano el destructor ARA La Argentina y la corbeta ARA Rosales, que a la altura de Trelew participaron de ejercicios con mayor grado de dificultad. Por su parte el avión P3Orion hizo un vuelo de exploración y se montó un escenario de defensa antiaérea. Luego, las unidades se acercaron a Necochea, donde los esperaban el destructor ARA Sarandí, la corbeta ARA Robinson y los patrulleros oceánicos ARA Cordero y ARA Storni, que se desplazaron a las cercanías de Mar del Plata (Ídem). 
 En paralelo se realizó la operación Daga Atlántica, que contó con la presencia de Fuerzas Especiales de EE. UU. y se llevaron a cabo en la Base Naval Puerto Belgrano, la Guarnición Militar Córdoba y la VII Brigada de la Fuerza Aérea, en la localidad bonaerense de Moreno, donde se hizo presente el contraalmirante Schafer, en una clara señal de la subordinación en la que el gobierno liberticida ha sumido a las FF.AA.. Reafirmando esta condición Peter Lamelas expresó en sus redes sociales que “Nuestros países son más fuertes cuando trabajamos juntos. La visita del contraalmirante Shafer reafirma el valor de la relación entre nuestras fuerzas de operaciones especiales y continúa fortaleciendo la cooperación en defensa entre Estados Unidos y la Argentina. Una Argentina más fuerte hace a toda la región más segura”. 
 Los movimientos militares de EEUU en el país y en la región tienen como estación final el control en regla del Atlántico Sur, que ha tenido como iniciativa la puesta en pie de una Base Naval Integrada en Ushuaia, fundamental para tender un puente a la Antártida y presentarse como el gendarme del Estrecho de Magallanes, en medio de la guerra comercial con China, para asegurar la vigilancia del corredor bioceánico. Pero en el corto plazo, los movimientos militares en toda América Latina apuntan a reforzar el asedio sobre Cuba y sumir a la isla en una crisis terminal, con el propósito de instaurar un protectorado de facto. Como alternativa a esta imposición, Trump ha amenazado con convertir el bloqueo en una invasión militar. Milei y todo el régimen político, que no ha denunciado los ejercicios militares ni lo harán, son responsables de asfaltar la política trumpista sobre Cuba, Venezuela y América Latina en su conjunto. 

 Lucas Giannetti 
 02/05/2026

domingo, 3 de mayo de 2026

El atentado fallido en Estados Unidos y la “retórica de odio”


Artera campaña de la Casa Blanca y de Milei. 

 La Casa Blanca se lanzó a una campaña de victimización y descrédito contra la oposición y “la izquierda” –que en Argentina secundó el presidente Javier Milei- tras la irrupción de un hombre armado en la cena anual de corresponsales de prensa, en Washington, el sábado último, donde, según funcionarios estadounidenses, habría intentado agredir al presidente Donald Trump y otros funcionarios del gobierno presentes. 
 El atacante, un profesor de 31 años, llamado Cole Tomas Allen, oriundo de Los Angeles, traspasó un cordón de seguridad en el hotel donde se desarrollaba el evento y se tiroteó con agentes del Servicio Secreto. Todd Blanche, el fiscal general adjunto de Estados Unidos, asegura que Allen fue reducido antes de ingresar al salón de actividades. Tras la activación de un protocolo de emergencia, Trump y otros funcionarios fueron retirados del lugar. 
 El gobierno estadounidense sostiene que el agresor –al que Trump calificó como un “loco” y un “lobo solitario”- tenía un plan para atacar a miembros del gobierno y que habría enviado, inclusive, un documento previo a su familia explicando los motivos. Dicho documento, difundido por el diario New York Post, señala entre sus objetivos a “funcionarios de la administración priorizados desde el rango más alto hasta el más bajo”. Contiene algunas críticas, aparentemente dirigidas contra Trump (“no estoy dispuesto a permitir que un pedófilo, violador y traidor manche mis manos con sus crímenes”), y detalla parte de la logística de su plan, como el alquiler previo de una habitación en el Hotel Hilton. 
 Este lunes 27, la vocera de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, responsabilizó al “culto de odio de la izquierda” y la oposición por el fallido atentado. “Esta violencia política surge de una demonización sistémica por parte de comentaristas, y eso incluye a parte de los demócratas y ciertos medios. Esta retórica de odio, constante y violenta, dirigida contra el presidente Trump día tras día, durante 11 años, ha contribuido a legitimar esta violencia y nos ha conducido a este momento sombrío”. También dijo que “aquellos que, de manera constante y falsa, tildan al presidente —y lo calumnian— de fascista o de amenaza para la democracia, comparándolo con Hitler con el único fin de obtener réditos políticos, están alimentando este tipo de violencia" (citas de El País, 27/4). El comunicado de la Oficina del Presidente del gobierno argentino y los tuits de Milei van en el mismo sentido: aluden a “la retórica violenta de la izquierda en todas partes del mundo que promueven este tipo de ataques”, o a que “la izquierda nunca podrá debatir (…) son violentos y prefieren atentar contra las personas que piensan distinto”, etc.
 La homologación que hace este discurso entre el autor del fallido atentado y la oposición estadounidense y la izquierda es completamente arbitraria y está en contradicción con las propias afirmaciones iniciales del magnate, quien habló de un “individuo perturbado”, de un “lobo solitario” y de “un creyente cristiano (que luego) se volvió anticristiano y experimentó un gran cambio”. No se conoce filiación política ni militancia alguna de Allen, más allá de un aporte de 25 dólares a la campaña de la demócrata Kamala Harris, en 2024. 
 ¿Cuál es, entonces, el propósito de los ataques contra “la izquierda”? Como ya ocurrió tras el atentado de otro “lobo solitario” contra el referente de derecha, Charlie Kirk, se busca pavimentar el camino desde el Estado para un silenciamiento y represión de la oposición. 
 Por lo demás, la vocera de Trump presenta las cosas exactamente al revés, porque el responsable de la creciente violencia política y social en Estados Unidos es el Estado, y en particular el gobierno actual, empezando por el discurso deshumanizante del magnate, las redadas brutales del ICE (que dejaron dos muertos en Minneapolis), el abuso policial y la guerra imperialista. 
 El fallido atentado despertó muchas suspicacias. Pero, más allá de la naturaleza del hecho, está claro el uso que pretende darle la Casa Blanca, en momentos en que cae la imagen de Trump, enfrenta serios obstáculos en Irán, sube el precio de los combustibles y se acercan las elecciones de medio término. 
 Por todo esto, es necesario repudiar las acusaciones del gobierno estadounidense y su ataque a las libertades democráticas, que son parte de una ofensiva imperialista global. Y lo mismo cabe decir de la réplica de ese peligroso discurso por parte del gobierno de Milei. 

 Gustavo Montenegro