sábado, 14 de febrero de 2026

Bad Bunny en el Super Bowl: un potente espejo de la rebelión que cruza a los Estados Unidos


La reciente actuación del cantante de origen puertorriqueño Benito Martínez Ocasio, conocido popularmente como “Bad Bunny”, ha generado un revuelo internacional. De origen obrero, Martínez Ocasio trabajaba a tiempo completo empaquetando comida en un supermercado, hasta que logró su inserción al gran circuito musical. Los ambientes que transita el cantante durante los casi 14 minutos de espectáculo muestran las zonas de cultivo de azúcar en el norte de Puerto Rico; los comercios callejeros de las zonas urbanas de la isla y la ya famosa “Casita” que imita a un típico hogar de trabajadores. Es muy conocida por ser una parte esencial de las escenografías de sus conciertos. 
 Las canciones del autor fueron acompañadas por una amplia gama de otras estrellas destacadas en Estados Unidos y del mundo, de origen latino. Desde dos púgiles, Xander Zayas, puertorriqueño de 23 años, campeón unificado del peso superwelter y considerado la mayor figura actual del boxeo en la isla, y el pugilista mexicano estadounidense Emiliano Vargas, hasta destacados cantantes y estrellas de Hollywood como el actor chileno Pedro Pascal, la actriz Jessica Alba, la cantante colombiana Karol G, la rapera estadounidense Cardi B, la rapera puertorriqueña Young Miko y la personalidad televisiva estadounidense Alix Earle. 
 Otras apariciones de alto nivel incluyeron a Lady Gaga, de amistad muy reconocida con el cantante, que interpretó la canción “Die with a smile”, para luego compartir un baile sobre el escenario con Bad Bunny. Otro destacado cantante puertorriqueño, Ricky Martin, interpretó partes de la canción “Lo que le pasó a Hawái”, que denuncia el proceso de gentrificación de la isla, así como el desplazamiento del poder de la población nativa de origen polinesio hacia fines del siglo XIX, cuando fue anexada por los Estados Unidos. Hawái ocupa un lugar especial en la historia estadounidense puesto que en 1993 el Congreso norteamericano dictaminó a la anexión de la isla como ilegal y “reconoció que antes de ser incorporado a Estados Unidos, "el pueblo nativo hawaiano vivía en un sistema social altamente organizado y autosuficiente basado en la tenencia comunal de la tierra" (BBC, 15/03/2025). 
 En otros pasajes del show, Benito Martínez Ocasio repasó varios sitios típicos de la comunidad puertorriqueña en Nueva York a la cual ha dedicado la canción “Nuevayol”. Una de las escenas más vibrantes estuvo marcada por el gesto de Bunny de entregar su Grammy, ganado hace una semana, a un pequeño niño de cinco años, acompañado por sus padres migrantes. El público, que se deshizo en aplausos y ovaciones en el estadio, inicialmente creyó que sobre el escenario estaba el pequeño Liam Ramos, detenido por el ICE (agentes migratorios) en Minnesota junto a su familia. Más tarde, la prensa confirmó que se trataba de un pequeño actor con madre argentina-estadounidense y padre inmigrante egipcio. El gesto se ha interpretado como una continuidad del mensaje en la gala de premiación en los propios Grammy, cuando el cantante denunció el accionar del ICE y del presidente Donald Trump.
 Para el cierre del show incluyó una de las canciones de su último disco “Debí tirar más fotos” -que reivindica de principio a fin la independencia de Puerto Rico, así como sus raíces proletarias. “El apagón”, por ejemplo, denuncia el corte de suministro eléctrico que sufrió la isla tras el huracán María, golpeando fuertemente a la población trabajadora en 2017. Los bailarines escenificaron la situación bailando sobre postes chispeantes y Bunny levantando una bandera del movimiento independentista de Puerto Rico. El cierre culminante fue una manifestación de los artistas, bordeando el estadio, portando banderas de los diferentes países del continente, con Bad Bunny nombrando a todas las naciones sin excepción y un “touchdown” que reivindicaba la unidad continental. 

 Resonancia

 Mundialmente, pero con mayor fuerza aún en Estados Unidos, la actuación de Bunny ha sido considerada como una “bofetada” a Donald Trump y su política fascista contra los migrantes. El propio magnate reaccionó en vivo contra el espectáculo, señalando que era una ofensa a la cultura norteamericana. Señaló que el show en español era una ofensa al pueblo estadounidense “que no entiende ni una palabra”. Incluso, llegó a definir a los bailes sobre el escenario como una “acción indecente” para las familias y niños que miraban el show. En su ataque a Bunny, Trump no dejó de filtrar su defensa de la “pureza racial y cultural” yanqui, con la que alimenta su persecución a los trabajadores migrantes. 
 Antes de que tuviera lugar, el presidente ya se había manifestado en oposición rotunda al show de Bunny. Sus seguidores del “MAGA” organizaron un “contra medio tiempo” (All American Halftime Show) a miles de kilómetros de California. Allí se observaron bandas folk y seguidores del movimiento iniciado por el asesinado Charlie Kirk, Turning Point USA, que se transmitió de manera paralela al show oficial de la NFL (la organizadora del Super Bowl). El mismo no reunió la cantidad de espectadores presenciales que había prometido y sus visualizaciones fueron 100 veces inferiores al de Bad Bunny. 
 El arte y los artistas suelen ser un reflejo de los procesos políticos latentes en las masas o del desarrollo de los mismos. Sin decirlo, la presentación de Bad Bunny ha sido una celebración de las movilizaciones, huelgas y rebeliones que tienen lugar en Estados Unidos contra Trump y sus persecuciones fascistas. Bunny fue acompañado por un número elevado de cantantes y bailarines de origen latino, que se jugaron por esa misma perspectiva.

 Patio trasero 

El combativo show del latino Bunny contrasta con la genuflexión de los imperialistas o nacionales y populares que, a escala mundial, se acomodan a las exigencias de Trump. El show del superbowl trasmitió la temperatura política interior de los Estados Unidos. En el terreno electoral, el Partido Republicano ha mordido el polvo en más de 14 elecciones locales de vital importancia, incluida la aplastante victoria de Zohran Mamdani como alcalde de Nueva York. Trump se ha embarcado en el desarrollo de métodos de guerra civil contra su propia población. Estados Unidos es un epicentro de la crisis mundial en desarrollo. 

 Joaquín Antúnez 
 10/02/2026

miércoles, 11 de febrero de 2026

CON FILO | El cuartico está igualito



¿Como garantizar las Comunicaciones en tiempos de desafío energético?


Cuba amenazada de inanición y de invasión


El gusanaje de Miami en acción. 

 La prensa de Estados Unidos ha aportado cierta claridad acerca de las intenciones de la camarilla de Trump para Cuba. Mientras Trump reitera que su gobierno se encuentra en conversaciones con las autoridades políticas de la Isla con el propósito de imponer el remate del territorio al capital financiero norteamericano y en especial a sus grupos inmobiliarios, nada de esto está ocurriendo efectivamente. Díaz-Canel, el presidente de Cuba, ha manifestado en forma pública la disposición de su gobierno para atender a los planteos de Trump, aunque sin pre-condiciones ni violaciones de su soberanía. Todo este dimes y tirites es, sin embargo, insustancial, porque el gobierno norteamericano ha puesto en cuarentena a toda la Isla: el ‘resto del mundo’ ha aceptado integralmente interrumpir la provisión de petróleo a Cuba para evitar las sanciones económicas que Trump estableció mediante una orden ejecutiva. Cuba ha adoptado cortes de energía para evitar un colapso inminente o al menos dilatarlo. Cuba se encuentra sometida en la actualidad a un bloqueo económico mundial, respaldado la armada norteamericana en el Caribe que fuera desplegada contra Venezuela e indirectamente contra Colombia. 
 De acuerdo a algunos medios estadounidenses, Marco Rubio, descendiente de exiliados cubanos, habría bloqueado toda negociación con el gobierno de Cuba, operando incluso a espaldas de Trump. Este boicot sólo deja como alternativas la promoción de un golpe de estado desde el interior de Cuba o la invasión del territorio bajo la dirección del Pentágono. Para llevar la agresión a esos extremos, Rubio cuenta con el cese completo de la producción de energía, el colapso económico y la inanición. Cuba se ha visto obligada a interrumpir la vinculación aérea con el exterior debido a la carencia de fuel oil. Ha reducido, por los mismos motivos, los días laborables y el transporte de personas. El progreso que habría logrado en el desarrollo de energías renovables es cuestionado por algunas fuentes que aseguran que es inferior a Corea del Norte y hasta Haití y Afganistán. De cualquier modo, no podría lograr un autoabastecimiento por esas vías hasta dentro de cuatro años. 
 Rubio estaría repitiendo contra Cuba lo que logró en Venezuela, cuando el emisario de Trump (Richard Gillespie) logró de parte de Nicolás Maduro la aceptación de todas las condiciones exigidas de Trump, que Rubio objetó porque no incluían el apartamiento del gobierno y del país de Maduro mismo. En el caso de Cuba, sería algo similar: excluir, por caso a Díaz-Canel o a altos dirigentes de las empresas industriales y turismo, para diseñar un gobierno a dedo. No estaría en discusión la cesión del turismo y las actividades conexas (hoteles, playas, desarrollos inmobiliarios), sino la conversión de Cuba en un protectorado de facto o directamente en una colonia. Como una mayoría de observadores excluye la posibilidad de fragmentar al aparato castrista por medio de infiltraciones, lo que queda sería una invasión justificada en el estallido de una catástrofe humanitaria. Trump se autoconvence de su omnipotencia internacional al ver la facilidad con que México o Rusia han cedido a sus atropellos – en el caso de Rusia por el interés de mantener a Trump de su lado en el descuartizamiento de Ucrania. La guerra contra la OTAN en Ucrania ha desangrado políticamente a Rusia en el plano mundial. En el caso de China, que ha provisto a Cuba de activos de energía alternativa a la fósil, carece de la posibilidad de un despliegue militar a tanta distancia, cuando enfrenta, simultáneamente, una crisis severa en la cúpula de sus Fuerzas Armadas. 
 No se puede excluir en forma absoluta que Trump no se acomode esta vez a los propósitos de la gusanería de Miami, para evitar precisamente un envío de tropas al suelo cubano. Al final, un cántaro que es llevado numerosas veces a la fuente acaba por romperse. Pero sólo sería un acomodamiento temporal. 
 Es necesaria una movilización internacional de masas en defensa de Cuba y de la independencia política de Venezuela y de América Latina. En cierto estadio de su desarrollo, cuando la presente ofensiva imperialista enfrente una crisis sin salida, esta movilización habrá contribuido para liquidarla en forma revolucionaria. Ahora mismo, un escenario similar al cubano tiene lugar en Irán, donde Trump ha advertido de la inminencia de un ataque militar ante el impasse de las negociaciones para imponer un protectorado al régimen de los ayatollahs. El estado sionista, por su lado, ha exigido que se lo mantenga fuera de una represalia iraní, lo cual ha sido rechazado. No es claro aún si Trump quiere mantener separados los escenarios de Irán y Cuba o, si por el contrario, ha decidido activar el primero para que opere como una cortina de humo para el segundo. Trump se vale de esta política de guerra para proceder a una extorsión chovinista al electorado norteamericano y para desmantelar la resistencia hacia las redadas militares contra los inmigrantes y los trabajadores de Estados Unidos.

 Redacción Política obrera
 10/02/2026

lunes, 9 de febrero de 2026

Los archivos Epstein evidencian la podredumbre de los magnates capitalistas de todo el mundo


Trump involucrado en la red de trata del especulador financiero.

 Entretanto, la crisis política y social en Estados Unidos escala. En medio de la crisis política y social que transcurre actualmente en Estados Unidos por la guerra declarada del gobierno de Trump a los trabajadores migrantes del país, se culminó oficialmente el proceso de desarchivo del caso Epstein votado casi por unanimidad por las dos cámaras del Congreso yanqui. Más allá de que la ley sanciona la desclasificación total de la información contenida, unas 6 millones de páginas, solo han visto la luz poco más de la mitad. 
 A pesar de las las innumerables maniobras de Trump y sus esbirros, la jefa de fiscales Pam Bondi y su adjunto el exabogado del magnate ToddBlanche, el magnate no ha podido evitar quedar absolutamente implicado, no solo por testimonios de víctimas que lo acusan de ser “consumidor” de la red de trata del especulador financiero Epstein, sino por el hecho de que parte de la captación de las víctimas tenían como centro su principal residencia en Mar-a-Lago. Esto ha generado un auténtico terremoto en el rejunte de trogloditas llamado MAGA, que vendían a Trump como un mesías que venía a limpiar el “Estado profundo” y terminó siendo un fiel integrante del mismo, que puso el aparato de este Estado al servicio del encubrimiento y la impunidad. El último episodio de esta crisis fue la dura derrota de los republicanos en las elecciones locales en un bastión en Texas.
 Pero la crisis política no solo salpica a Trump. Parte de la crema y nata de la burguesía yanqui y sus personeros aparecen implicados en estos archivos, no solo por escándalos sexuales sino también por presuntas maniobras financieras, como Bill Gates o Jamie Dimon de la JP Morgan. También está el neo-nazi Elon Musk, que luego de su ruptura con Trump se rasgó las vestiduras con el caso Epstein y ahora aparecieron mails suyos rogando ser invitado a las nefastas fiestas en la isla privada. 
 Del otro lado del Atlántico no solo volvemos a encontrarnos con el “príncipe pirata” Andrés de Inglaterra, otra vez acusado de delincuente sexual, sino también con cables a capos de bancos suizos y alemanes (con especial centro en el Deutsche Bank) en los que se ve la sistemática desestimación de alertas financieras sobre lavado de dinero; lo que ha despertado una verdadera ola de auditorías en toda Europa. A todo esto se suma la fuerte pero nada sorprendente sospecha de que Epstein sería parte del financiamiento de movimientos fascistas en Europa como el de Marine Le Pen en Francia o de Matteo Salvini en Italia. 
Por otro lado, de las casi 2,4 millones de páginas que la jefa de fiscales Pam Bondi retiene a pesar del mandato del Congreso, se sospecha que existen los nombres de quienes han garantizado la impunidad no solo de Epstein, si no también de todas las relaciones beneficiarias de esta podredumbre. Además de las sospechas fundadas de donaciones de empresarios europeos a las campañas de políticos estadounidenses. 
 También apareció el debate sobre el rol del Mossad en todas las operaciones de Epstein, derivado de algunas investigaciones del propio FMI. El mismo Estado que bombardea niños palestinos podría ser el que utilizaba niñas de la clase trabajadora estadounidense para montar una infraestructura de “trampa y chantaje” contra empresarios y políticos. 
 Un párrafo aparte merece el nuevo acto de violencia que se ha cometido sobre muchas víctimas, con la publicación de fotos brutales de ellas, muchas veces sin censura y sin ningún tipo de autorización. A esto se suma el no acompañamiento por parte del mismo Estado que garantiza la impunidad de sus agresores. A pesar de que los documentos publicados están mezclados con denuncias de teorías conspirativas hechas por ciudadanos estadounidenses al FBI para confundir y generar ruido en la información valiosa y las pruebas, las ya de por sí super sesgadas revelaciones muestran la impunidad de la que gozan estos oligarcas al frente de los resortes de sus Estados, que mientras llevan a cabo vidas de perversión nos quieren convencer (de manera no menos perversa) de la necesidad de que nuestras vidas sean peores para que ellos puedan embolsarse ganancias y privilegios cada día más obscenos. 
 Todo esto golpea la línea de flotación de un gobierno que se ha destacado por divulgar teorías conspirativas, por ejemplo contra los demócratas (Qanon, Pizzagate), y que busca avanzar en una militarización del país para emprender sus planes de guerra imperialista por el mundo, tildando de criminales a vastos sectores de su población y a numerosos gobiernos extranjeros. Es es una necesidad cada día más evidente para los trabajadores del mundo terminar con la clase social a la que pertenecen los Epstein, los Trumps y todas estas lacras que no ven en los trabajadores, la abrumadora mayoría de la humanidad, no más que meros objetos de uso, sea para que los hagamos más ricos en trabajos en los que se nos va la vida, para que muramos en sus guerras con otros oligarcas, o como en este caso para satisfacer sus peores perversiones. 

 Santiago Werenkraut