jueves, 18 de junio de 2026

El hombre más rico de la historia y una empresa que pierde millones: la paradoja de SpaceX


Apenas tres días después de su debut histórico en la bolsa de valores NASDAQ, SpaceX anunció este martes la adquisición de Anysphere, empresa matriz del asistente de programación Cursor, por 60.000 millones de dólares en un acuerdo enteramente en acciones (Financial Times, 16/06). La operación consolida el bloque monopólico que Elon Musk viene construyendo a ritmo acelerado: cohetes, inteligencia artificial, redes satelitales, semiconductores y ahora las herramientas de software más usadas por los programadores del mundo.
 Las acciones de SpaceX treparon más de un 10% en la apertura del martes, elevando su capitalización de mercado a 2,77 billones de dólares y superando a Amazon -valuada en 2,6 billones- para convertirse en la quinta empresa más grande del mundo (Forbes, 16/06). La fortuna personal de Musk superó los 1,4 billones de dólares, consolidándolo como el primer billonario ("trillonaire" en inglés) de la historia. Sin embargo, detrás del relato del éxito bursátil, los números reales de la compañía cuentan otra historia: SpaceX cerró 2025 con pérdidas netas de 4.900 millones de dólares y acumuló otros 4.280 millones en rojos durante el primer trimestre de 2026 (Forbes, 16/06). Como señaló el inversor Michael Burry -conocido por anticipar la crisis de 2008-, no hay nada en los documentos presentados ante la SEC que justifique una valuación de siquiera un billón de dólares (Forbes, 16/06).

 La lógica del monopolio integrado

 La adquisición de Cursor no es un movimiento comercial ordinario. Es la pieza que completa un rompecabezas estratégico. En febrero de 2026, Musk fusionó SpaceX con xAI -el laboratorio creador del chatbot Grok- absorbiendo también la red social X en una estructura valuada en más de un billón de dólares (New York Times, 16/06). En mayo anunció el proyecto Terafab, una planta de fabricación de chips avanzados en Texas con una inversión inicial de al menos 55.000 millones de dólares. Ahora, con Cursor, incorpora la herramienta de programación asistida por IA de mayor crecimiento en el mercado, fundada en 2022 y respaldada por fondos como Andreessen Horowitz y Thrive Capital. 
 El objetivo declarado es construir "los centros de datos espaciales más útiles del mundo" (New York Times, 16/06). El objetivo real, como señalamos en notas anteriores, es blindar la infraestructura informática del imperialismo norteamericano: trasladar el procesamiento de datos a la órbita terrestre para ponerlo fuera del alcance de sabotajes, ciberataques o apagones, garantizando la superioridad militar de los Estados Unidos en la guerra mundial imperialista en curso.

 Una burbuja sostenida por el Pentágono

 El mercado convalida pérdidas siderales porque sabe que detrás de SpaceX no hay un negocio civil rentable, sino contratos militares garantizados por el Estado imperialista. El 1° de mayo, el Pentágono cerró acuerdos con siete empresas tecnológicas -entre ellas SpaceX- para integrar inteligencia artificial en sus redes clasificadas. Los contratos vigentes de la compañía con el Departamento de Defensa y la comunidad de inteligencia ratifican que su rentabilidad no se mide en ganancias comerciales, sino en su valor estratégico para la guerra.
 La absorción de Cursor profundiza esta lógica. Cursor utilizó originalmente el modelo Claude de Anthropic para potenciar su agente de programación; luego de que Anthropic lanzará su propio producto competidor -Claude Code-, la startup desarrolló modelos propios (New York Times, 16/06). Ahora, bajo el paraguas de SpaceX y xAI, esa capacidad quedará integrada directamente en la cadena de producción de tecnología militar. Los mismos algoritmos que hoy escriben código para startups de Silicon Valley serán mañana optimizados para los sistemas autónomos de combate del Pentágono. 

 El billonario y la clase obrera 

Mientras Musk se convierte en el primer billonario de la historia, la IPO (oferta pública inicial) de SpaceX se presenta en los grandes medios como una victoria del "capitalismo popular": miles de empleados recibirán acciones millonarias, se nos dice. Lo que no se dice es que ese esquema de compensación en acciones funcionó durante años como mecanismo de disciplinamiento: los trabajadores de los complejos de Texas debieron someterse a jornadas extenuantes y contratos de permanencia obligatoria de cinco o más años para que sus acciones quedaran en firme. Quienes no resistieron el régimen o se fueron antes perdieron todo derecho al cobro. 
 La unificación de cohetes, IA, redes de información, robótica y semiconductores bajo un solo bloque monopólico -lo que Musk llama ProjectX- no es el triunfo de la innovación, que no ha dado resultados tangibles como tal, salvo en su aplicación para la guerra. Es la forma que adopta el capital, en un cuadro de anarquía de mercado: empresas deficitarias sostenidas por una especulación sin precedentes, que convierte a una minoría de capitalistas en una oligarquía con derecho a una descomunal apropiación de la riqueza social. Mientras los gobiernos capitalistas desfinancian la salud y la educación, el sistema financiero coordina tsunamis de liquidez para perfeccionar los instrumentos de destrucción material y social.

 Iara Bogado 
 17/06/2026

Taty Almeida (1930-2026)


Este domingo falleció Taty Almeida, presidenta de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora desde 2024, tras la muerte de Nora Cortiñas. Mucho antes se había convertido en vocera destacada de aquella organización. Era una activa militante kirchnerista. 
 Nació en el barrio porteño de Belgrano en 1930. Su padre era oficial de Caballería. Su hermano seguiría la vocación militar y alcanzaría el grado de coronel. Sus hermanas se casaron con oficiales de la Aeronáutica. Ella eligió el camino de la docencia. Allí, en el magisterio, conocería a Jorge Almeida, quien sería padre de sus tres hijos, Jorge, Alejandro y Fabiana.
 Alejandro, militante del ERP "22 de Agosto", desapareció el 17 de junio de 1975, a manos de la Triple A. Ese día comenzó la búsqueda infatigable de Taty Almeida para dar con su paradero. Ella siempre aseguró que desconocía la militancia de Alejandro y que se enteraría de ella tiempo después de su secuestro, mientras revisaba sus papeles personales. Cuando se produjo el golpe, apeló a los vinculos familiares con las fuerzas armadas para recorrer los despachos oficiales, sin obtener resultados. Recién en 1979 se incorporaría a Madres de Plaza de Mayo. Cuando se produjo la escisión, en 1986, continuó militando en Línea Fundadora. 
 El caso de Alejandro Almeida nunca fue llevado a juicio. Como la mayoría de los crímenes de las Tres A -al menos 2.000 secuestros y asesinatos documentados-, su desaparición permanece impune. 
 La Alianza Anticomunista Argentina fue creada por Juan Domingo Perón cuando asumió su tercera presidencia, tras el desplazamiento de Héctor Cámpora. La actividad de la Triple A se extendió a todo el país, mientras se sucedían los golpes de estado promovidos por la derecha peronista contra los gobernadores de su propio partido afines a Montoneros. La Triple A precedió a los grupos de tareas de Videla y Massera, que adoptaron su metodología y la ampliaron en escala. También anticiparon el Operativo Independencia, ordenado por Isabel Perón en 1975. Aquel fue el ´ensayo general´ del genocidio dictatorial, montado en la provincia de Tucumán. Allí el Ejército Argentino generalizó el secuestro, la tortura y la desaparición para suprimir al activismo obrero y estudiantil de la provincia. Las células de las Tres A se disolvieron en el nuevo esquema represivo dirigido por los militares. Tras la dictadura, varios de sus integrantes se reciclaron en el PJ. 
 En 2008, la Justicia argentina declaró imprescriptibles los crímenes de la Triple A, pero la mayoría de sus jerarcas ya habían perecido. Apenas un puñado de sus crímenes llegaron a juicio, con resultados dispares y arrojando penas menores. Isabel Perón, quien aún vive en Madrid, nunca rindió cuentas por la represión bajo su gobierno. El Estado argentino guarda celosamente los archivos y órdenes secretas de sus masacres. 
 Los restos de Alejandro Almeida no fueron recuperados hasta ahora. Era un anhelo de su mamá poder hallarlos. Esa cuenta pendiente queda ahora en manos de las nuevas generaciones.
 Todos los nombres de los desaparecidos y asesinados por el Estado argentino están inscriptos en la lucha de los trabajadores contra la opresión capitalista y sus guerras. 

 Jacyn
 15/06/2026

miércoles, 17 de junio de 2026

¿Todo está viejo en Cuba?


“Todo está viejo en Cuba”, repite la metralla colonial con su tableteo de reloj ideológico. No obstante, quizá el verdadero terror de los relojes ideológicos burgueses no provenga de la vejez que ellos han inventado contra Cuba, sino de otra posibilidad mucho más inquietante para el “orden” capitalista dominante: que millones de seres humanos descubran que el valor de una sociedad no puede medirse únicamente por la velocidad con que reemplaza mercancías. Porque cuando las clases trabajadoras descubren que la dignidad humana posee una temporalidad distinta a la del mercado, el cronómetro del capital pierde autoridad. Y en ese instante la historia vuelve a abrirse como territorio de combate consciente, no como escaparate administrado por comerciantes del tiempo. 
 Esa modalidad de guerra cognitiva burguesa ideada para fabricar enemigos “avejentados” aparece en titulares, sobremesas turísticas, informes empresariales, emisiones radiales fabricadas para exportación ideológica y laboratorios digitales dedicados a la manufactura industrial del desaliento. Se pronuncia con una mezcla de suficiencia antropológica y desprecio clasista, como quien diagnostica el deterioro de un objeto decorativo, olvidando deliberadamente que la historia humana no transcurre en vitrinas, transcurre en campos de batalla económicos, culturales y simbólicos. En tal sentencia opera una semántica del bloqueo sexagenario y criminal cuya astucia consiste en desplazar el análisis histórico hacia la superficie fetichizada de las mercancías. 
 “Viejo” ya no designa la temporalidad concreta de los objetos afectados por bloqueos, desabastecimientos, agresiones financieras y persecuciones comerciales. “Viejo” deviene categoría moral destinada a naturalizar el capitalismo como juventud perpetua de las cosas y a representar cualquier experiencia emancipadora como desgaste prematuro del tiempo. Convierten su metralla de obsolescencia en criterio ontológico de verdad. Y los incautos aprenden a contemplar un automóvil de 1957 como símbolo de atraso, aunque ignoren las décadas de asfixia económica impuestas para impedir su reemplazo. 
 Esta guerra cognitiva contemporánea ha refinado hasta extremos microscópicos el control de las percepciones temporales. Ya no basta bombardear territorios físicos; resulta imprescindible regimentar las experiencias del tiempo. El capitalismo tardío necesita imponer la sensación de aceleración infinita para legitimar el consumo permanente. En consecuencia, cualquier sociedad que no exhiba la velocidad neurótica del reemplazo mercantil queda etiquetada como fósil histórico. El problema radica en que la burguesía global no compara sistemas de vida; compara ritmos de circulación de mercancías. Allí reside una de las grandes mutilaciones epistemológicas de nuestro tiempo. 
 Cuba constituye un blanco privilegiado para esa emboscada cronológica debido a que representa, con todas sus contradicciones, una revolución histórica intolerable para el capitalismo. La persistencia de la revolución cubana no se ha subordinado a las lógicas agusanadas del capital financiero que se irritan histéricamente. Por ello, fabrican metrallas capaces de construir una equivalencia automática entre socialismo y ruina temporal. Las fachadas despintadas se transforman en argumentos filosóficos; las dificultades del transporte adquieren estatuto metafísico; la escasez material inducida se convierte en esencia antropológica del pueblo cubano. Ningún noticiero burgués explica con idéntico fervor la violencia estructural del bloqueo económico, las multas multimillonarias contra bancos que comercien con la isla, las persecuciones navieras, las prohibiciones tecnológicas o la sistemática obstaculización de combustibles, medicamentos y créditos. El deterioro se presenta como causa autónoma, jamás como consecuencia de una estrategia internacional de estrangulamiento económico diseñada durante más de seis décadas.
 Esa retórica de la vejez, como fase de la guerra cognitiva, cumple entonces una función política precisa: deshistorizar y disfrazar la agresión imperial y moralizar las consecuencias de la pobreza inducida. Se habla de edificios envejecidos con el mismo tono empleado para describir una fruta podrida, como si la materialidad urbana no resultase de agresiones geopolíticas criminales. El “espectador” contempla la ruina sin percibir la mano que administró cuidadosamente las condiciones de esa ruina. De ahí la extraordinaria eficacia ideológica de la frase “todo está viejo”. En apenas tres palabras se condensa una sofisticada y violenta operación de engaño histórico. 
 Bajo el capitalismo se rejuvenecen los más viejos aparatos de dominación para “envejecer” a poblaciones enteras. Cuba, en cambio, ha sostenido durante décadas indicadores sanitarios, educativos y científicos que desmienten brutalmente la caricatura colonial del atraso absoluto. La longevidad intelectual de su sistema educativo, la densidad cultural de sus debates, la expansión de capacidades médicas internacionalistas y la preservación de formas de solidaridad social imposibles de cuantificar mercantilmente revelan otra temporalidad histórica. 
 Una calle deteriorada, fotografiada estratégicamente, vale más para la propaganda que cien estudios sobre coerción financiera internacional. Su plan es inhibir el pensamiento histórico. Por eso proliferan videos donde turistas semicoloniales recorren barrios cubanos con voz compasiva y mirada zoológica, convirtiendo la vida cotidiana en espectáculo antropológico para consumidores digitales. La miseria exotizada se transforma en mercancía audiovisual altamente rentable. Cada plano pretende susurrar la misma moraleja: “He aquí el destino inevitable de quienes desafían el orden capitalista”. La operación alcanza niveles obscenos cuando no pocos “turistas” que habitan ciudades atravesadas por indigencia masiva, narcotráfico, privatización sanitaria y endeudamiento crónico se sienten autorizados para dictar lecciones civilizatorias a un pueblo sometido durante décadas al asedio económico más prolongado del continente. 
 Queda fuera lo verdaderamente nuevo para la especie humana que en Cuba florece generacionalmente; queda fuera de escena la alfabetización crítica, la organización comunitaria, la soberanía tecnológica, la salud pública, la memoria histórica y la democratización cultural. Resulta revelador que los mismos centros mediáticos obsesionados con la “vejez” cubana celebren monarquías hereditarias, aristocracias financieras y conglomerados corporativos cuya lógica de acumulación conserva mecanismos propios del saqueo colonial clásico. 
 Está claro que la batalla contemporánea por el sentido se libra también en torno a la experiencia del tiempo. El capitalismo pretende monopolizar el futuro presentándose como única forma posible de organización social. Toda alternativa debe aparecer envejecida antes incluso de desarrollarse plenamente. De ahí la insistencia enfermiza en representar a Cuba como museo detenido. Sin embargo, existe otra lectura posible: la revolución cubana constituye un escándalo histórico para un sistema acostumbrado a destruir rápidamente cualquier proyecto de soberanía popular en América Latina. La mera continuidad de una experiencia insumisa desafía el dogma neoliberal según el cual ningún pueblo puede resistir indefinidamente la presión combinada del capital financiero, el cerco mediático y las operaciones de desestabilización. El odio propagandístico agusanado contra Cuba nace también de esa resistencia simbólica. 
 Y la pregunta fundamental jamás debería ser si los automóviles son antiguos o modernos, ni si las fachadas lucen restauradas según estándares turísticos internacionales. La interrogación decisiva consiste en determinar qué relaciones opresivas e injustas soporta una sociedad durante décadas, qué distribución del conocimiento produce, qué dignidad garantiza a sus trabajadores, qué soberanía conserva frente a los poderes financieros genocidas y qué horizonte ético ofrece frente a la barbarie competitiva e ideológica del mercado mundial. Una sociedad puede exhibir rascacielos luminosos y al mismo tiempo condenar millones de seres humanos a la exclusión sanitaria, al racismo estructural y a la precarización absoluta. Otra puede sufrir limitaciones materiales severas mientras preserva núcleos de solidaridad revolucionaria que el capitalismo adjetiva de manera criminal. La noción burguesa de modernidad merece una crítica rigurosa. Y nadie mejor que Cuba para dirigir semejante disputa por el sentido. 

Fernando Buen Abad Domínguez | 30/05/2026

martes, 16 de junio de 2026

Memorando EEUU-Irán: la guerra no ha terminado


La política y la economía del fracaso de Trump. 

 Donald Trump se apresuró a anunciar el domingo reciente un Memorando de Acuerdo con Irán para poner fin a la guerra desatada por él mismo y Netanyahu hace cuatro meses, sin dar a conocer casi ninguno de sus términos. El acuerdo se firmaría en Ginebra, Suiza, el viernes próximo, con la presencia de JD Vance, el vicepresidente de Estados Unidos. En una entrevista brindada al New York Times, Trump se adjudicó concesiones que Irán no ha hecho o que serán parte de la agenda de negociaciones, en Europa, durante 60 días. Israel ha recibido el acuerdo con desagrado y no se ha comprometido a dejar de bombardear Líbano, algo que volvió a hacer el mismo domingo, mucho menos retirarse de las zonas que ha ocupado en el sur de ese país, decenas de kilómetros más allá del río Litani, al que asumió, al principio, como una nueva “frontera natural”. En la entrevista mencionada, Trump descarga la adopción de una tregua en el Líbano al completo cese de la resistencia militar de Hizbollah a la ocupación sionista de un territorio extranjero. Israel mantiene en Siria una tesitura similar. Tampoco han dado a conocer un apoyo al Memorando los países del Golfo. En la entrevista con el NYT, Trump amenazó con que, en caso de que fracase la firma de un tratado de paz al cabo de las negociaciones, tomaría por la fuerza el estrecho de Ormuz y cobraría un 20 % sobre el monto de las cargas de los navíos. El NYT escribió enseguida que una acción de ese tipo convertiría en “mercenarias” a las FF. AA. estadounidenses. Aunque el precio del petróleo bajó y la Bolsa subió con la noticia, el acuerdo que se habría alcanzado no ha terminado la guerra; las fuerzas en disputa preparan un reforzamiento de sus recursos y arsenales militares. 
 No importa cómo la presente Trump, el Memorando ignoto constituye un reconocimiento del fracaso abismal de la guerra emprendida por Estados Unidos e Israel. Ha servido para desatar una destrucción enorme de vidas e infraestructuras, pero no ha alcanzado sus objetivos políticos, como convertir a Irán en un protectorado, con o sin cambio de régimen político; ni liberar el estrecho de Ormuz, que antes de la guerra imperialista no se encontraba afectado por ninguna restricción; Irán lo puede volver a colocar bajo su tutela ante cualquier circunstancia adversa. Ha creado, sí, una crisis de régimen en Estados Unidos. El lobby “judeo-cristiano” y la derecha del Partido Republicano han rechazado el acuerdo ya antes del presente Memorando, en tanto que legisladores del Partido Demócrata han reclamado discutir sus términos en el Congreso. En opinión del NYT, el Memorando ha llegado tarde para impedir los daños económicos que la guerra ha causado a la economía de Estados Unidos o para evitar una derrota electoral de Trump en las elecciones de noviembre venidero. El imperialismo norteamericano, sin embargo, solamente puede recular para preparar en forma más adecuada el próximo asalto. Irán ha quedado conectada a la guerra mundial de diversas maneras, porque linda por el norte con toda la región comprometida en la guerra entre la OTAN y Rusia, más allá de que integra los corredores que unen a Asia entera. El Comando Central de Operaciones no retirará el despliegue militar en la zona. Estados Unidos ha rechazado devolver los cien mil millones de dólares retenidos a Irán o pagar resarcimientos de guerra. Hay una discusión sobre veinticinco mil millones de dólares que Trump devolvería en cuotas a medida que se cumplan sus exigencias. 
 Trump utilizó la entrevista con el NYT para agradecer a Rusia y a China por el meneado Memorando. Saludó que no buscaran desafiar el bloqueo a los puertos iraníes, por parte de Estados Unidos, por medio de escoltas a sus navíos comerciales. Ninguno ha desafiado los bloqueos de Trump a Cuba y a Venezuela. Pero es altamente probable que hayan inducido a Irán a ingresar en negociaciones con agenda definida, con el propósito de liberar el estrecho, por donde debe pasar el petróleo que importa China. 
 La colocación de acciones por más de cien mil millones de dólares, por parte de SpaceX, y de otros tantos centenares de miles en las próximas semanas, por parte de Alphabet, Meta, OpenAI en las próximas semanas, han incidido también en el recule de Trump. Estas tecnológicas han agotado sus fondos propios y los créditos privados para financiar costosos centros de datos y la producción de cohetería espacial para instalarlos en el espacio extrarrestre, sin reportar flujos de ingresos suficientes, menos aún ganancias liquidas o contables. La sobresuscripción de acciones ofrecidas ha succionado capital accionario de otras empresas y atraído capital, en especial de China, vía Hong Kong, incluso en negro, por más de doscientos cincuenta mil millones de dólares (SCMP 6.6). Ha abierto, de otro lado, toda clase de vías especulativas, como la compra de Indices que toman como referencia las cotizaciones bursátiles. La caída de este castillo histórico de naipes provocaría una catástrofe. En las semanas previas, se había producido una oleada de ventas de Broadcom, una empresa de chips e inteligencia artificial, que perdió 300.000 millones de dólares de valor de mercado en un solo día (el viernes 3 de junio). Estados Unidos necesita defender y desarrollar esta primacía tecnológica si pretende imponer su hegemonía mundial, que en este caso monopolizaría la industria mundial. Trump ha buscado evitar que el fracaso en Irán repercuta en la incierta posición financiera de las IA, las que, sin embargo, dependen de la guerra mundial como fuente principal de beneficios y como condición de monopolio indiscutido del mercado mundial. 

 Jorge Altamira
 15/06/2026

lunes, 15 de junio de 2026

CON FILO | No nos entendemos, Rubio


La salida de SpaceX a la Bolsa y la guerra planetaria de Estados Unidos


Elon Musk busca recaudar la cifra récord de US$ 75.000 millones en Wall Street. 

 Este viernes 12 de junio, Elon Musk habrá protagonizado en Wall Street el mayor debut de la historia bursátil global. La salida a la bolsa de SpaceX, la compañía aeroespacial busca recaudar la cifra récord de US$ 75.000 millones en el NASDAQ, una operación que triplica las mayores marcas históricas registradas hasta la fecha (Clarín, 9/06). Apenas unas horas antes de la colocación, el magnate buscó apuntalar las expectativas del mercado mostrándose públicamente junto al monopolio de semiconductores ASML, y anunciar el proyecto "Terafab" para fabricar chips propios avanzados en Texas (Urgente24, 11/06). Sin embargo, detrás del relato del éxito corporativo y la fiebre de la Inteligencia Artificial (IA), se esconde una realidad descarnada: SpaceX es una firma estructuralmente deficitaria que sale a la Bolsa para absorber liquidez y rescatar financieramente un entramado informático diseñado explícitamente para la guerra imperialista. 

 Los números rojos

 Los balances oficiales de SpaceX, filtrados recientemente ante la SEC, demuestran que la compañía es una colosal máquina de quemar capital. Aunque la red Starlink arrojó beneficios operativos, el balance consolidado de SpaceX en 2025 cerró con pérdidas catastróficas de US$ 4.937 millones. El agujero negro financiero se profundizó en el primer trimestre de 2026, registrando rojos por otros US$ 4.947 millones en tan solo tres meses. El hundimiento responde al costo de su filial xAI (desarrolladora del chatbot Grok), que perdió US$ 6.355 millones el año pasado en su ciega competencia contra OpenAI, obligando a Musk a destinar más de US$ 10.000 millones a inversiones tecnológicas de capital a principios de este año (El País, 4/06). 
 Para salvar el negocio, Musk pretende convalidar en la Bolsa un precio inflado de US$ 135 por acción, apuntando a una capitalización total de aproximadamente US$ 1,75 billones; apenas un 4% serán acciones comunes (Clarín, 9/06); las preferidas tienen un dividendo asegurado y prioridad de rescate La maniobra especulativa quedó expuesta por calificadoras independientes como Morningstar, que valoran a SpaceX en US$ 63 por acción (US$ 780.000 millones), es decir, menos de la mitad de lo que pretende capturar el magnate. Al obligar a los grandes fondos de inversión a rebalancear sus carteras para no quedar afuera del índice, SpaceX aspira a absorber la liquidez del mercado montándose sobre una brutal burbuja tecnológica global donde las corporaciones prevén quemar más de US$ 750.000 millones este año (El País, 4/06).

 La cooptación laboral y la ilusión del capitalismo popular

 Esta monumental inyección de dinero es utilizada por los grandes medios internacionales para agitar la ilusión del "sueño americano" y el "capitalismo popular". El debut bursátil convertirá teóricamente a más de 4.400 empleados y ex-empleados en millonarios a través de los paquetes de acciones otorgados como parte de sus salarios. Mientras Elon Musk se encamina a ser el primer billonario del planeta, unos 400 técnicos e ingenieros de la firma recibirán sumas superiores a los US$ 100 millones (The New York Times, 10/06).
 Sin embargo, el pago mediante acciones (stock-based compensation) funciona como una herramienta de sujeción y disciplinamiento de la fuerza de trabajo. Para poder materializar esa supuesta riqueza, los trabajadores -muchos de ellos operarios por hora (drawing) que cobran salarios comunes- debieron someterse durante años a ritmos de explotación extenuantes en complejos aislados como el de Texas, atados a contratos de permanencia obligatoria de cinco o más años para que sus acciones queden en firme (vested). Como detalla la investigación del NYT, aquellos trabajadores que no resistieron el régimen laboral o decidieron irse antes han perdido su derecho al cobro. Lejos de una democratización de la propiedad, este esquema de cooptación tecnológica busca alinear los intereses individuales de una capa de asalariados calificados con el rendimiento bursátil de la patronal y la suerte de sus contratos militarizados, ligando el destino de los trabajadores a la maquinaria de guerra del Pentágono.

 Centros de datos y autarquía militar 

¿Por qué el mercado convalida semejante nivel de pérdidas financieras? La respuesta no está en la rentabilidad civil, sino en la infraestructura estratégica para la guerra. El motor principal del entusiasmo de los inversores es un mercado que hoy no existe en la Tierra: los centros de datos espaciales. SpaceX inició trámites ante la FCC para desplegar una constelación de hasta un millón de satélites interconectados equipados con aceleradores gráficos (GPU). El objetivo es mudar el procesamiento de datos informáticos y la IA directamente a la órbita terrestre en menos de tres años (Ámbito, 12/02).
 Este plan de infraestructura adquiere todo su sentido geopolítico ante la guerra internacional de Estados Unidos. En un contexto de guerra abierta, las terminales de datos en la Tierra son blancos vulnerables a sabotajes, ciberataques o apagones energéticos. Al trasladar el procesamiento a la órbita exterior y buscar la autarquía en la provisión de chips avanzados mediante el acuerdo con ASML (Urgente24, 11/06), el imperialismo norteamericano busca blindar su superioridad informática. Por sobre todas cosas, el costo de la producción de electricidad en el espacio es un infinitésimo de la tierra.
Como ya demostró el antecedente de Starlink en Ucrania (Ámbito, 12/02), SpaceX opera como un brazo contratista directo del Pentágono. Los contratos vigentes de la compañía con el Departamento de Defensa de EE.UU. e inteligencia ratifican que la rentabilidad de SpaceX se mide en ganancias comerciales derivadas de su valor estratégico para asegurar la supremacía yanqui en el control de sistemas autónomos de combate y logística militar en los conflictos globales 

 Contra los monopolios de la guerra

 La unificación de todas las empresas de Musk bajo el bloque monopolístico del ProjectX -que busca fusionar cohetes, internet, redes de información, robótica y semiconductores en una sola firma (Clarín, 9/06)- demuestra la completa descomposición de la burguesía. Mientras los gobiernos capitalistas descargan planes de ajuste brutales, desfinanciando la salud y la educación de las mayorías trabajadoras a nivel global, el sistema financiero coordina tsunamis de liquidez para financiar empresas deficitarias cuyo único fin real es perfeccionar los instrumentos de destrucción y asegurar la tasa de ganancia de los señores de la guerra. 
 Bajo el dominio del capital, los saltos científicos de la inteligencia artificial y la tecnología aeroespacial no significan la liberación del trabajo humano, sino el aumento del desempleo, la precarización y la barbarie bélica. La lucha por desmilitarizar el espacio y poner los desarrollos informáticos al servicio de las necesidades sociales es indisociable de la lucha contra el Estado imperialista. Se vuelve urgente construir una dirección política independiente de la burguesía y organizar asambleas soberanas desde las bases para exigir la expropiación sin pago y bajo control de los trabajadores de monopolios tecnológicos como SpaceX. Solo una alternativa obrera y socialista internacional podrá planificar democráticamente la ciencia y los recursos del planeta para el bienestar de la humanidad y no para su destrucción. 

 Iara Bogado 
 12/06/2026

domingo, 14 de junio de 2026