martes, 14 de julio de 2026

La guerra de la OTAN y Rusia en un punto de inflexión


La guerra entre la OTAN y Rusia ha ingresado, definitivamente, en una nueva etapa internacional. Las operaciones militares no se limitan ya a las regiones prorrusas del Donbas o a bombardeos complementarios de Rusia a Kiev o Kherkov; el centro lo ocupan ahora los ataques aéreos de Ucrania a la infraestructura civil y militar al interior de Rusia, y a operaciones de enorme porte contra Crimea, una península ucraniana que Rusia ha ocupado históricamente como puerta de salida comercial y militar al Mediterráneo y a las “aguas calientes” – alternativo a los puertos de aguas congeladas en el invierno del Báltico. El asalto a Crimea mediante miles de drones de todo tipo y misiles balísticos ha determinado un movimiento de emigración masiva en la península organizado por el Estado. La flota rusa se ha retirado hacia los puertos continentales del país, mientras el puente de Kherk, que conecta a Rusia con Crimea, construido por Putin se encuentra a la espera de un bombardeo que lo inhabilite como conexión terrestre y ferroviaria. En el Mar Negro opera una flota ‘en la sombra’ de Ucrania con capacidad para lanzar misiles contra territorio ruso. Rusia se encuentra, definitivamente, a la defensiva. 
 La respuesta de Putin a este giro de la guerra han sido los bombardeos devastadores sobre Kiev – en especial las estructuras de energía (gas y electricidad). El jefe de estado ruso ha advertido, no obstante, que, como consecuencia de estos desarrollos, la totalidad de los países de la OTAN, que financian la totalidad de los gastos de Ucrania, pasaban a ser considerados blancos legítimos de las fuerzas armadas de Rusia. El Financial Times ha dado a conocer una investigación acerca del mapeo de la estructura militar y civil de los países europeos, que habría sido llevada adelante durante una década. La OTAN ha atribuido a Rusia los drones detectados sobre Rumania y Polonia y, hasta en un caso, Francia. El país más mencionado como blanco de una ocupación de parte de Rusia es Estonia, que cuenta con una población rusa muy numerosa. En algunas oportunidades, el mismo Putin o sus voceros han amenazado con represalias a Alemania, que cuenta con bases militares en el Báltico y es un protagonista exclusivo en cuanto a ensayos militares en el Báltico con los países ribereños.
 La reciente ‘cumbre’ de la OTAN en Ankara, Turquía, le ha sumado varias castañas al fuego. La Comisión Europea anunció el aumento de la ayuda militar y la financiación del Presupuesto de Ucrania, al mismo tiempo que el aumento de los propios Presupuestos de guerra de los principales estados europeos para comprar armamento a Estados Unidos (como lo exigía Trump). Trump se avino a licenciar la producción de misiles Patriot a Ucrania, para dotarla de defensa anti-aérea, aunque el tiempo y el costo que lleva su producción echa sombras sobre la ‘promesa’. Erdoğan, el presidente del país huésped, aprovechó la ocasión para legitimar su pliegue a Trump, lo cual convierte a Turquía, junto con Armenia y Azerbaiyán, en el gendarme del Mar Negro y del Cáucaso -fronteras de Rusia. El cerco contra Rusia se encuentra relativamente montado. Un escenario ideal para que los servicios ‘occidentales’ difundan la inminencia de una acción preventiva de Putin, o sea mediante el ataque o la invasión parcial de algún estado miembro de la OTAN. Desde el Wall Street Journal ya han advertido que una falta de respuesta por parte de la OTAN, o sea de Trump, sería el final de la OTAN. 
 No todos, sin embargo, lo ven de esa manera. El involucramiento militar de Putin en el ataque a otro país, opinan otros, sería funcional al debilitamiento de Rusia o serviría para justificar ataques más amplios al territorio ruso de parte de Ucrania. Una ruptura de Trump con la OTAN serviría al propósito de éste de alcanzar un acuerdo por separado con Putin para repartirse Ucrania (y sus cereales y tierras raras), y para poder, de este modo, saldar cuentas con la Unión Europea en cuanto a quedarse con Groenlandia o para declarar la inmunidad impositiva de las tecnológicas norteamericanas en el continente europeo – dos puntos que no se saldaron en la reunión de Ankara. Sea como fuere, un gobierno francés de la condenada Marie Le Pen, del Frente Nacional, que va primera en las encuestas para las presidenciales de 2027, cambiaría el escenario diplomático en beneficio de Putin – lo mismo en el caso la neo-nazi Alternativa para Alemania, que también va primera. 
 El ataque preventivo de Putin a un país de la OTAN guarda una analogía con el caso de Galtieri y Malvinas – dos aventuras “preventivas”. Galtieri creía contar con la venia de Reagan, como Putin con la de Trump. Thatcher estaba desmantelando la flota británica, como Trump está levantando bases militares en Europa. Galtieri presidía una dictadura en ruinas que pretendía rescatar con una quijotada nacionalista, y a Putin le ocurre algo parecido, de la que buscaría salir con una declaración de estado de guerra nacional. Galtieri pagó el fracaso con un cambio de régimen; es lo que también podría ocurrir con Putin. Ambos casos podrían emparentarse con la creación de situaciones semi-revolucionarias que, por carencia de un proletariado revolucionario, desembocarían en salidas imperialistas. Pero también podría ocurrir lo contrario si trabajadores con un pasado combativo reciente, como el francés y el italiano, irrumpieran en escena para arrastrar a las masas de la mayoría de otros países europeos. La revolución, como ocurre con la guerra, representa la explosión de todas las formas sociales atrapadas por el fetichismo de la organización social capitalista. 
 Se explica, entonces, que The Economist, haya dado relevancia a un artículo escrito para la revista por el oligarca ruso, Andrei Melnichenko, un putinismo de cuño propio, que se encuentra sancionado por la OTAN. El titular es atractivo: “Porqué una Rusia quebrada sería malo para el mundo”. “Quebrada”, en su original en inglés, significa simultáneamente “bancarrota” y “despedazada”. El descuartizamiento de Rusia, en hipótesis, podría provocar un descuartizamiento mundial o un hundimiento de la civilización humana (una “guerra” como la de “los treinta años”, que devastó a Europa en el siglo XVI/XVII y retrasó a la civilización europea por un siglo). Enseguida de publicado el artículo, The Economist organizó una mesa debate entre sus periodistas. Caracteriza al planteo del oligarca como un pedido para que Occidente rescate a Rusia, aunque en los términos que viene planteando Putin: Una defensa de derechos nacionales dentro de una integración total al sistema imperialista. Como se ve, una contradicción sin salida. 
 “Muy poco, demasiado tarde”, respondió The Wall Street Journal – vamos con la guerra, como los cowboys en la conquista del Oeste. El artículo del ruso era sencillo, copiado de Putin: ‘organicemos una arquitectura de seguridad internacional que le permita al estado ruso mantener su unidad’; muerto Putin, o desplazado antes del gobierno, la dirección del estado pasará a manos de la oligarquía. Del mismo modo que una burocracia colectiva asumió el poder muerto Stalin, un colectivo de oligarcas haría lo propio oportunamente con Putin. Se ha abierto una transición, promete el oligarca, bajo el régimen actual. Este tipo de polémicas y de argumentos ha tenido lugar en todas las transiciones revolucionarias – antes de Stalin había ocurrido eso con el Zar. En definitiva, la guerra introduce la revolución por medio de los eslabones más débiles que deja la guerra. La respuesta del WSJ advierte, en primer lugar, que no hay espacio para retornar al pseudo equilibrio internacional previo a la guerra, y en segundo lugar, que Rusia es uno de los principales, si no el principal, botines de guerra del imperialismo. El WSJ no pone siquiera a consideración la principal oferta del oligarca: el rechazo a convertir a Rusia en un eslabón de las cadenas de producción de China, algo que Putin jamás haría público. 
 Este es el estado de la guerra al momento, en el terreno europeo. La continuación de la guerra contra Irán, Líbano, y la hostilidad en ascenso contra Cuba e incluso Brasil, ha ampliado la geografía y la política de la guerra. Se ha formado, de alguna manera, un “frente de la resistencia” entre China-Rusia-Irán-Cuba con varias colectoras añadidas. Los ajustes contra los trabajadores llevan la guerra al plano de la lucha de clases en cada país y en los protagonistas principales. Hay un claro punto de inflexión hacia una transición con contornos en parte indefinidos. La inminencia de un giro ha llevado a Zelensky a un mayor entrelazamiento con el nazismo ucraniano para obtener una reelección presidencial que le otorgue autoridad para extender la guerra; Putin tiene un desafío similar, porque quiere integrar a las regiones ocupadas de Ucrania y oficializadas como rusas, a las elecciones presidenciales del año corriente. Envalentonado por haber conseguido llevar la guerra a territorio ruso, reclama una reunión directa con Putin para convertir el rechazo en una muestra de una salida pacífica de su parte. De una u otra manera habrá elecciones en todos lados en Europa continental. La cuestión de la guerra será el eje de la agenda de los partidos frente al electorado.
 El derrotismo revolucionario, o sea la promoción de la derrota de todos los estados imperialistas envueltos en la guerra, por medio de acciones de oposición, debe ser adaptado a la comprensión de las masas y a las modalidades políticas de cada país. ¿Estamos por la paz? Sí, por una paz sin anexiones ni exacciones económicas, con vigencia plena de la autodeterminación nacional (para separarse o para unirse). La resistencia del imperialismo a una paz sin anexiones, servirá como comprensión de la necesidad de terminar con el imperialismo. Que la guerra de la oligarquía financiera la pague ella misma; nacionalización de las industrias de guerra y de Inteligencia Artificial, la más importante de ellas: no a los ajustes sociales o impuestos directos o indirectos a los trabajadores; por un salario y jubilación mínimos igual al costo de la canasta familiar.

 Jorge Altamira 
 13/07/2026

viernes, 10 de julio de 2026

Bolivia: el "diálogo" del "estado de excepción"


Libertad a Salazar y todos los presos por luchar. Basta de represión 

 El sábado ha sido detenido Vicente Salazar, dirigente de la federación campesina Tupac Katari, la principal organización sobre la que se apoyó el bloqueo de carreteras durante 52 días y que fue la columna vertebral de la ola de paros y masivas manifestaciones especialmente en La Paz y El Alto, que puso en jaque al gobierno de Rodrigo Paz. 
 El viernes 19 de junio, Mario Argollo, en nombre de la Central Obrera Boliviana (COB) firmó un acuerdo de “diálogo” y “pacificación” con el presidente Paz. Lo hizo en forma unilateral, traicionando el “Pacto de no Traición” que había establecido con las confederaciones campesinas y otras organizaciones populares en la rebelión que reclamaba la renuncia del mentiroso presidente Rodrigo Paz, que apenas asumió su cargo, inició un creciente ajuste contra el pueblo. 
 Solo unas horas más tarde, cuando el presidente logró la firma de la dirección de la COB levantando la huelga general e iniciando un “diálogo”, se decretó el “Estado de Excepción”. 
 El acta firmada entre la COB y el gabinete gubernamental planteaba generalidades. Argollo había “condicionado” que el requisito sine que non para levantar las movilizaciones, era la libertad de todos los compañeros detenidos. Pero Rodrigo Paz impuso que se resolvería caso por caso en un operativo “express”.
 Pero en lugar de terminar de liberar a todos los detenidos se ha comenzado un operativo para encarcelar a quienes el gobierno y la derecha burguesa consideran que son los responsables del levantamiento popular. El gobierno afirma que no ha sido él, sino el Poder Judicial el que está interviniendo. A Vicente Salazar se lo acusa de “instigación pública a delinquir, asociación delictuosa, terrorismo, atentados contra la seguridad de los medios de transporte y atentados contra la seguridad de los servicios públicos”. Una generalidad que da lugar a cualquier tipo de manipulación. Y la detención se debe a una denuncia presentada por el derechista “Comité Cívico de Santa Cruz” por los “daños que dejaron las protestas”, reconoce la fiscalía boliviana. La cuestión es que Salazar ha sido detenido “preventivamente” por 6 meses y enviado a la cárcel de “máxima seguridad” de Chonchocoro. Según las versiones, el mismo “Comité Cívico envió otras 44 denuncias más contra distintos dirigentes campesinos, obreros y vecinales que habrían estado al frente de las 52 jornadas de rebelión popular.
 Esta semana se ha hecho público un informe que constata numerosos actos represivos.
 El “Acta” firmada por Argollo y Rodrigo Paz también se comprometía a no privatizar las empresas estatales. Pero el ministro de Economía, Gabriel Espinoza, acaba de hacer públicas declaraciones anunciando que “varias empresas estatales serán cerradas ya que no son rentables, ni viables”. Algunas de las que “cerrarían”, dijo, aun estaban en proceso de creación, contando incluso con bienes de capital en su haber. Piensa en “transformarlas” en “empresas público-privadas”. 
 Avanza a toda velocidad un acuerdo con el FMI por el cual estaría otorgaría un prestamos de 5.000 millones de dólares. Lógicamente viene de la mano de una serie de medidas de “reordenamiento” y “ajuste” que pagará el pueblo. Ya se unificaron los mercados de cambio de la moneda, iniciando un proceso de devaluación monetaria. Se autorizan nuevos aumentos de los precios de la gasolina, igualándolos con el mercado internacional, si esta es importada por “particulares” y no por YPFB. No hay que ser muy perspicaz para darse cuenta que en poco tiempo, las únicas naftas que se van a poder comprar son las importadas por “particulares”, al precio internacional, sin ningún tipo de subsidio social. 
 Apenas se firmó el Acta de “conciliación” entre la COB y el gabinete de Rodrigo Paz, dijimos en forma taxativa: “El “acuerdo” que firmó la COB con Rodrigo Paz es “papel mojado””. 
 Esta semana se reunieron los presidentes del Mercosur en Paraguay: todos felicitaron a Rodrigo Paz por haber dominado la rebelión popular que hizo temblar toda la configuración política trumpista/derechista de Latinoamérica, porque proyectó el potencial de una irrupción de los trabajadores y campesinos de todo el continente contra los planes de ajustes fondomonetaristas. Lula se destacó porque anunció que se postula para intervenir en los “negocios” con los hidrocarburos. 
 Lo URGENTE es detener la represión, impedir que se transforme en una ola fascistoide como pretende la derecha, cosa que hasta ahora no ha logrado. Libertad a TODOS los compañeros detenidos por luchar. Derogación del “Estado de Excepción”. Realizar asambleas, plenarios, pronunciamientos y organizar la movilización por estas dos banderas democráticas elementales. Los estudiantes, vecinos, mineros, campesinos y fabriles. 
 En torno a esta bandera general, se irá organizando la lucha por los reclamos obreros y populares pendientes para enfrentar el ajuste que se pretende imponer. 

 Rafael Santos 
6 de julio

jueves, 9 de julio de 2026

El significado de la presencia de las tropas israelíes y yanquis en Venezuela


Delcy Rodríguez junto a miembros de la delegación israelí 

A raíz de una petición del gobierno de Delcy Rodríguez, efectivos de las Fuerzas de Defensa Israelíes (FDI) se encuentran en Venezuela desde fines de junio para colaborar en las tareas de reconstrucción tras el terremoto que dejó más de 3 mil muertos en la nación caribeña. 
 El hecho no es políticamente inocente. Desde 2009, las relaciones entre Venezuela e Israel están rotas, debido a la ofensiva de aquel año contra la Franja de Gaza. El arribo de la delegación de las FDI (con una treintena de integrantes, según algunos medios) sienta las bases para avanzar en un restablecimiento de los vínculos entre Caracas y el Estado sionista.
 La invasión norteamericana del mes de enero (que derrocó a Nicolás Maduro) dio paso a un control casi directo del país por parte de la Casa Blanca. El gobierno de Rodríguez reformó las leyes de hidrocarburos y minería para facilitar la entrega de estos recursos al capital extranjero. El dinero del petróleo que Estados Unidos compró a Venezuela en enero fue a parar a una cuenta bancaria supervisada por Washington. Venezuela alberga las mayores reservas de crudo del mundo y Trump las quiere bajo su órbita. 
 El terremoto se transformó en una oportunidad adicional de los Estados Unidos para ampliar su dominio en la zona. Se estima que son casi mil los militares yanquis presentes en Venezuela. Y, en este contexto, no es extraño que uno de los principales socios del imperialismo, como es Israel, pise también el terreno. 
 En estas horas críticas para el pueblo venezolano, rechazamos las manipulaciones políticas del imperialismo y el sionismo. 

 Prensa Obrera

martes, 7 de julio de 2026

lunes, 6 de julio de 2026

Las negociaciones entre la Casa Blanca e Irán, tras la derrota del imperialismo


El vicepresidente yanqui J.D. Vance junto al primer ministro de Pakistán, país mediador 

Desde el comienzo de la guerra contra Irán, los medios de comunicación occidentales, siguiendo con su larga historia de desinformación con respecto a Medio Oriente, intentaron justificar esta nueva arremetida imperialista. Esto se suma a las decenas de declaraciones de victoria de Trump en estos últimos meses. Esta aceitada maquinaria comunicativa demuestra una vez más su subordinación al capital. 
Sin embargo, las imágenes que hemos visto del campo de batalla, junto a la firma de un memorándum de entendimiento que favorece a Irán, nos revelan una dura derrota del imperialismo. Un análisis de este momento debe tener en cuenta, sin embargo, la fragilidad de este documento y su carácter provisorio.

Memorándum de entendimiento 

 Este documento presenta 14 puntos de los cuales la gran mayoría favorecen al régimen de los ayatollah. Los más claros son el levantamiento de sanciones, un plan de reconstrucción por 300 mil millones de dólares, la liberación de todos los activos congelados, el retiro de las tropas estadounidenses en los diferentes frentes y la reapertura del estrecho de Ormuz bajo protección de Irán y Omán. Considerando que Trump apostaba, en vísperas de la guerra, a derrocar al régimen iraní, el desenlace no podría estar más alejado de las expectativas.
 El punto que ha sido de vital importancia para esta derrota es la capacidad iraní de bloquear el estrecho de Ormuz para imponer presión sobre los mercados internacionales, lo que condujo a una abrupta escalada de los precios del petróleo. Estados Unidos, utilizando toda su capacidad bélica, ha sido incapaz de reabrir este estrecho, del cual depende la economía de algunos países aliados como Japón. El aumento del petróleo tuvo repercusiones económicas que llegaron a todos los países del mundo, incluso llevando a una escalada inflacionaria en Estados Unidos. 
 El cierre de esta vía navegable forzó a los países del golfo a presionar a Trump para que termine con la guerra. El presidente estadounidense prometió la rápida reapertura del estrecho con la creación de una coalición de la Otan dedicada a este objetivo. Lo que no tuvo en cuenta Trump fue que sus principales aliados le denegaron la ayuda militar, ante una sorprendente capacidad iraní sobre sus aguas territoriales. En este hecho se demostró no sólo la incapacidad estadounidense de arrastrar a sus aliados de la Otan sino también la falta de capacidades propias para mantener la seguridad de los buques en esa área. 
 Los países del golfo, que se vieron claramente afectados por esta disrupción del comercio internacional, también sufrieron las consecuencias directas de albergar tropas estadounidenses en su territorio y permitir utilizar sus espacios aéreos para facilitar los ataques a Irán. Por primera vez en su historia, Irán llevó a cabo una campaña de bombardeos a sus países vecinos apuntando a destruir las capacidades militares occidentales en la región y el proceso de producción de combustibles fósiles del cual estos países son tan dependientes. 
 Estos estados del golfo se vieron envueltos, entonces, en una doble crisis, tanto por el impacto económico de la guerra como por el rechazo entre los pueblos de Medio Oriente a la agresión imperialista y sionista contra Irán. Así, le recordaron a Trump que no sólo son ellos los dependientes del petróleo, sino que también lo es el dólar. El concepto de petrodólar, que en un inicio condicionaba a los países de la Opep a aceptar solamente dólares a cambio de su petróleo, y que hoy mantiene al dólar como la principal moneda en la cual se hacen estas transacciones, se vio claramente en peligro. En esta nueva guerra, la continuidad del petrodólar se puso en duda con acciones tan claras como la temprana libertad de paso que obtuvo China por el estrecho y la intención de pagos en yuanes por parte de los buques que quisieran pasar por allí con seguridad. Esta fue una de las razones por las cuales Estados Unidos impuso su propio bloqueo imposibilitando una mayor influencia china en esta área. 
 El bloqueo del estrecho de Ormuz demostró la fragilidad del sistema capitalista. Ante esto, no solo Estados Unidos tuvo que firmar el memorándum para poder reabrir el estrecho sino que además, la Casa Blanca tuvo que reconocer la autoridad de Irán y Omán sobre el mismo. Luego de la firma de este acuerdo del día 17 de junio se abrió un período de 60 días en los cuales estos dos países deben dejar paso libre a los buques de manera gratuita y acordando un diálogo para definir su futura administración. Las bases están sentadas para el cobro de tasas millonarias por parte de Omán e Irán. 
 El segundo punto más importante con relación a este acuerdo son las capacidades nucleares iraníes. Ya Obama había arribado en 2015 a un acuerdo por el cual Irán se comprometía a no construir una bomba nuclear y permitía la supervisión del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), a cambio del levantamiento de sanciones económicas. Fue Trump, durante su primera presidencia, el que rompió ese tratado con Irán. Ahora, en el mejor de los casos, se volvería, respecto a este punto, a la situación previa. 
 De la misma manera, Irán es firmante del tratado de no proliferación nuclear. Por lo tanto, el argumento de la Casa Blanca de evitar que Teherán desarrolle un arma nuclear se nos presenta desde un inicio como una mentira, semejante a la que habían utilizado en 2003 para invadir Irak. 
 Irán ratifica su postura contraria a la creación de una bomba nuclear teniendo la confianza de que, incluso sin ella, se puede vencer a Estados Unidos y sus aliados, utilizando tácticas de guerra asimétrica. Cabe recalcar que Israel posee bombas nucleares. 

 Líbano 

 El Líbano es una pieza clave para el proceso de paz en Medio Oriente ya que Irán ha dejado claro que este no puede llevarse a cabo sin la retirada israelí de este país. La determinación de cumplir con sus amenazas le dio a Irán una gran credibilidad que fortaleció su posición negociadora. Esto se vio claro cuando la delegación iraní canceló las rondas de negociaciones en Suiza el 19 de junio debido a los ataques perpetrados por Israel. Una posición muy distinta a las amenazas vacías de Trump de eliminar a la civilización iraní por completo.
 La situación en el Líbano y el memorándum de entendimiento desató tensiones entre Israel y Estados Unidos. Israel utiliza su ofensiva sobre Líbano para tratar de tirar abajo el memorándum y reavivar una guerra de la cual, supuestamente, depende su propia existencia. Este sionismo mesiánico que es la base constitutiva del Estado de Israel y presupone la limpieza étnica de casi todo Medio Oriente para avanzar en sus planes de anexión, es un proyecto que no puede ser abandonado por los políticos israelíes. Esto ha llevado a que los principales ministros de Israel critiquen públicamente a la administración Trump por el acuerdo con Irán. Tanto Trump como su vicepresidente Vance rápidamente se pronunciaron, recordándoles a esos funcionarios que Estados Unidos es el aliado más importante con el que cuentan. 
 La situación en el Líbano es frágil debido a la negativa de Israel de acatar cualquier pacto. Desde el primer acuerdo de paz conseguido hace meses, Israel ha demostrado, tanto con acciones como con declaraciones, que no tiene intenciones de dejar de atacar ni de retirarse de ese territorio. 
 El proceso de negociaciones en curso es endeble. Estados Unidos no descarta la posibilidad de reemprender los ataques. Por su lado, diferentes medios apuntan a que Irán ya reconstruyó gran parte de sus capacidades militares destruidas y demostró tener gran capacidad de producción de drones y minas. Sólo queda ver si el imperialismo digiere los términos de un documento que fortalece claramente al régimen iraní, o inicia una nueva ofensiva aún más mortífera. 

 Camilo Mancuello

Trump sufre un revés judicial, pero la guerra contra los migrantes continúa


Un fallo de la Corte Suprema ratificó el derecho de ciudadanía por lugar de nacimiento. 

 El gobierno de Donald Trump sufrió un revés esta semana en su política migratoria a raíz de un fallo de la Corte Suprema que ratificó el derecho a la ciudadanía por lugar de nacimiento, en contra de una norma del magnate que la negaba a aquellos bebés nacidos en suelo estadounidense que no contaran al menos con un padre o madre que sean ciudadanos norteamericanos, o residentes permanentes. 
 La medida de Trump, dictada al comienzo de su segundo gobierno, encontró trabas en la justicia, debido a presentaciones de organismos defensores de los derechos humanos y las libertades civiles, y el asunto terminó, finalmente, en la Corte Suprema. Una mayoría de este tribunal convalidó el criterio que figura en la 14° Enmienda de la Constitución, que reza: "todas las personas nacidas o naturalizadas en Estados Unidos, y sujetas a su jurisdicción, son ciudadanas de Estados Unidos y del Estado en que residen". 
 Más allá de este importante revés, que fue celebrado por los defensores de los derechos humanos, conviene tener presente que la ofensiva trumpista contra los migrantes sigue su curso, incluso con la colaboración de esa misma Corte, que hace solo una semana convalidó el fin de un estatuto de protección temporal para haitianos y sirios, que coloca bajo riesgo de deportación a más de 350 mil personas. Asimismo, la Corte, que cuenta con una mayoría conservadora, convalidó límites en el derecho de asilo y mayores atribuciones a los agentes de migraciones en el trato con los residentes permanentes. 
 Hasta aquí, se estima que el gobierno de Trump, que usa a los migrantes como chivo expiatorio de la crisis estadounidense, deportó a casi un millón de personas en lo que va de su segundo mandato. Y, si bien las cifras de deportación, comparadas anualmente, no son mayores que las de la época del demócrata Joe Biden, la gran diferencia se produce en la brutal caída de los arribos a través de la frontera, que disminuyeron hasta un 90 por ciento. El éxito de Trump en este punto radica en la militarización, los acuerdos de repatriación con otros Estados y el terror. Para disuadir a migrantes, el gobierno montó centros de detención masivos e impulsó las redadas fascistas del ICE. Es una política que encuentra, sin embargo, una fuerte resistencia, como lo mostró el levantamiento en Minneapolis, que logró expulsar a esos agentes. 
 Cuesta encontrar un patrón común en los fallos de la Corte estadounidense, que propinó un severo golpe a Trump con el fallo que reserva la imposición de aranceles al Congreso y ahora le dió un nuevo cachetazo al magnate, pero que en otros fallos muy importantes, como el rediseño de los circuitos electorales, le dió la razón al gobierno. 
 Indudablemente, las masas en lucha no pueden depositar ninguna expectativa en los tribunales, más allá de éxitos parciales. La derrota de la agenda fascistizante del magnate dependerá de la lucha en las calles, como lo mostraron el levantamiento de Minneapolis que expulsó al ICE y las movilizaciones de millones de personas del mes de marzo.

 Gustavo Montenegro