lunes, 15 de junio de 2026

CON FILO | No nos entendemos, Rubio


La salida de SpaceX a la Bolsa y la guerra planetaria de Estados Unidos


Elon Musk busca recaudar la cifra récord de US$ 75.000 millones en Wall Street. 

 Este viernes 12 de junio, Elon Musk habrá protagonizado en Wall Street el mayor debut de la historia bursátil global. La salida a la bolsa de SpaceX, la compañía aeroespacial busca recaudar la cifra récord de US$ 75.000 millones en el NASDAQ, una operación que triplica las mayores marcas históricas registradas hasta la fecha (Clarín, 9/06). Apenas unas horas antes de la colocación, el magnate buscó apuntalar las expectativas del mercado mostrándose públicamente junto al monopolio de semiconductores ASML, y anunciar el proyecto "Terafab" para fabricar chips propios avanzados en Texas (Urgente24, 11/06). Sin embargo, detrás del relato del éxito corporativo y la fiebre de la Inteligencia Artificial (IA), se esconde una realidad descarnada: SpaceX es una firma estructuralmente deficitaria que sale a la Bolsa para absorber liquidez y rescatar financieramente un entramado informático diseñado explícitamente para la guerra imperialista. 

 Los números rojos

 Los balances oficiales de SpaceX, filtrados recientemente ante la SEC, demuestran que la compañía es una colosal máquina de quemar capital. Aunque la red Starlink arrojó beneficios operativos, el balance consolidado de SpaceX en 2025 cerró con pérdidas catastróficas de US$ 4.937 millones. El agujero negro financiero se profundizó en el primer trimestre de 2026, registrando rojos por otros US$ 4.947 millones en tan solo tres meses. El hundimiento responde al costo de su filial xAI (desarrolladora del chatbot Grok), que perdió US$ 6.355 millones el año pasado en su ciega competencia contra OpenAI, obligando a Musk a destinar más de US$ 10.000 millones a inversiones tecnológicas de capital a principios de este año (El País, 4/06). 
 Para salvar el negocio, Musk pretende convalidar en la Bolsa un precio inflado de US$ 135 por acción, apuntando a una capitalización total de aproximadamente US$ 1,75 billones; apenas un 4% serán acciones comunes (Clarín, 9/06); las preferidas tienen un dividendo asegurado y prioridad de rescate La maniobra especulativa quedó expuesta por calificadoras independientes como Morningstar, que valoran a SpaceX en US$ 63 por acción (US$ 780.000 millones), es decir, menos de la mitad de lo que pretende capturar el magnate. Al obligar a los grandes fondos de inversión a rebalancear sus carteras para no quedar afuera del índice, SpaceX aspira a absorber la liquidez del mercado montándose sobre una brutal burbuja tecnológica global donde las corporaciones prevén quemar más de US$ 750.000 millones este año (El País, 4/06).

 La cooptación laboral y la ilusión del capitalismo popular

 Esta monumental inyección de dinero es utilizada por los grandes medios internacionales para agitar la ilusión del "sueño americano" y el "capitalismo popular". El debut bursátil convertirá teóricamente a más de 4.400 empleados y ex-empleados en millonarios a través de los paquetes de acciones otorgados como parte de sus salarios. Mientras Elon Musk se encamina a ser el primer billonario del planeta, unos 400 técnicos e ingenieros de la firma recibirán sumas superiores a los US$ 100 millones (The New York Times, 10/06).
 Sin embargo, el pago mediante acciones (stock-based compensation) funciona como una herramienta de sujeción y disciplinamiento de la fuerza de trabajo. Para poder materializar esa supuesta riqueza, los trabajadores -muchos de ellos operarios por hora (drawing) que cobran salarios comunes- debieron someterse durante años a ritmos de explotación extenuantes en complejos aislados como el de Texas, atados a contratos de permanencia obligatoria de cinco o más años para que sus acciones queden en firme (vested). Como detalla la investigación del NYT, aquellos trabajadores que no resistieron el régimen laboral o decidieron irse antes han perdido su derecho al cobro. Lejos de una democratización de la propiedad, este esquema de cooptación tecnológica busca alinear los intereses individuales de una capa de asalariados calificados con el rendimiento bursátil de la patronal y la suerte de sus contratos militarizados, ligando el destino de los trabajadores a la maquinaria de guerra del Pentágono.

 Centros de datos y autarquía militar 

¿Por qué el mercado convalida semejante nivel de pérdidas financieras? La respuesta no está en la rentabilidad civil, sino en la infraestructura estratégica para la guerra. El motor principal del entusiasmo de los inversores es un mercado que hoy no existe en la Tierra: los centros de datos espaciales. SpaceX inició trámites ante la FCC para desplegar una constelación de hasta un millón de satélites interconectados equipados con aceleradores gráficos (GPU). El objetivo es mudar el procesamiento de datos informáticos y la IA directamente a la órbita terrestre en menos de tres años (Ámbito, 12/02).
 Este plan de infraestructura adquiere todo su sentido geopolítico ante la guerra internacional de Estados Unidos. En un contexto de guerra abierta, las terminales de datos en la Tierra son blancos vulnerables a sabotajes, ciberataques o apagones energéticos. Al trasladar el procesamiento a la órbita exterior y buscar la autarquía en la provisión de chips avanzados mediante el acuerdo con ASML (Urgente24, 11/06), el imperialismo norteamericano busca blindar su superioridad informática. Por sobre todas cosas, el costo de la producción de electricidad en el espacio es un infinitésimo de la tierra.
Como ya demostró el antecedente de Starlink en Ucrania (Ámbito, 12/02), SpaceX opera como un brazo contratista directo del Pentágono. Los contratos vigentes de la compañía con el Departamento de Defensa de EE.UU. e inteligencia ratifican que la rentabilidad de SpaceX se mide en ganancias comerciales derivadas de su valor estratégico para asegurar la supremacía yanqui en el control de sistemas autónomos de combate y logística militar en los conflictos globales 

 Contra los monopolios de la guerra

 La unificación de todas las empresas de Musk bajo el bloque monopolístico del ProjectX -que busca fusionar cohetes, internet, redes de información, robótica y semiconductores en una sola firma (Clarín, 9/06)- demuestra la completa descomposición de la burguesía. Mientras los gobiernos capitalistas descargan planes de ajuste brutales, desfinanciando la salud y la educación de las mayorías trabajadoras a nivel global, el sistema financiero coordina tsunamis de liquidez para financiar empresas deficitarias cuyo único fin real es perfeccionar los instrumentos de destrucción y asegurar la tasa de ganancia de los señores de la guerra. 
 Bajo el dominio del capital, los saltos científicos de la inteligencia artificial y la tecnología aeroespacial no significan la liberación del trabajo humano, sino el aumento del desempleo, la precarización y la barbarie bélica. La lucha por desmilitarizar el espacio y poner los desarrollos informáticos al servicio de las necesidades sociales es indisociable de la lucha contra el Estado imperialista. Se vuelve urgente construir una dirección política independiente de la burguesía y organizar asambleas soberanas desde las bases para exigir la expropiación sin pago y bajo control de los trabajadores de monopolios tecnológicos como SpaceX. Solo una alternativa obrera y socialista internacional podrá planificar democráticamente la ciencia y los recursos del planeta para el bienestar de la humanidad y no para su destrucción. 

 Iara Bogado 
 12/06/2026

domingo, 14 de junio de 2026

Che y Fidel


Albania: levantamiento contra la venta del país al capital trumpista


En las últimas semanas, Albania ha sido escenario de masivas protestas que han sacudido al gobierno de Edi Rama. Miles de trabajadores, jóvenes, campesinos y vecinos de las zonas costeras han tomado las calles de Tirana (la capital) y otras ciudades con la consigna “¡Albania no está en venta!”. Lo que comenzó como una protesta local para proteger un humedal de un megaproyecto turístico de lujo se ha convertido en un estallido de descontento popular contra la corrupción, la cesión de recursos nacionales a inversores extranjeros y quienes lo facilitan. El detonante han sido dos ambiciosos proyectos turísticos promovidos nada menos que por Ivanka Trump y Jared Kushner, hija y yerno del presidente de EEUU, en un enclave paradisíaco del mar Adriático. El plan, valorado en miles de millones de euros, pretende transformar un área de ecosistemas frágiles, en un complejo de hoteles de lujo y resorts exclusivos. Las máquinas ya han entrado en terrenos protegidos. Un video viral en el que guardias de seguridad privada golpean a un manifestante, mientras la policía observa sin intervenir, encendió aún más los ánimos.
 Cada tarde, miles de albaneses, en su mayoría jóvenes, se concentran en la plaza Skanderbeg, el gran espacio simbólico de Tirana de más de cuarenta mil metros cuadrados, para protestar contra el proyecto que busca convertir la isla de Sazan y la península adyacente en un destino de élite. Durante una entrevista reciente, Ivanka Trump se refirió a la zona, uno de los ecosistemas más ricos de Albania, como “una hermosa isla privada en medio del Mediterráneo” (El País de Madrid 12/6). Los proyectos amenazan a cerca de 250 especies de aves, incluidas importantes colonias de flamencos, que se han convertido en el emblema de las movilizaciones, conocidas ya como la “Revolución de los Flamencos”. Las protestas comenzaron a finales de mayo en el pueblo de Zvërnec y se extendieron rápidamente a la capital. No se trata solo de una defensa ambiental: es la expresión de un malestar más profundo ante la realidad semicolonial de Albania tras más de tres décadas de transición capitalista. 
 El Gobierno del Partido Socialista de Edi Rama, en el poder desde hace más de una década, ha impulsado con fuerza la atracción de inversión extranjera a cualquier precio. Leyes de “inversores estratégicos” aceleran trámites, saltándose estudios de impacto ambiental, derechos de propiedad y consultas a la población. Esta lógica ha convertido al país en un paraíso para oligarcas, capitales especulativos e intereses mafiosos, mientras la juventud emigra masivamente en busca de mejores condiciones de vida. Los trabajadores albaneses siguen siendo de los más precarios de Europa. 
 El descontento va más allá. Los manifestantes han incorporado demandas contra la corrupción sistémica del ejecutivo, incluyendo escándalos anteriores como el que involucra a la ex viceprimera ministra Belinda Balluku, acusada de amaños en licitaciones y desvío de fondos públicos. La oposición del Partido Democrático de Sali Berisha intenta capitalizar el enfado, pero tanto Rama como Berisha representan las dos caras de un mismo régimen que se alterna en el poder desde la caída de la República Popular en 1991. 
 De un régimen stalinista extremo, Albania pasó a las garras del FMI y la UE, y ahora también de capitales estadounidenses ligados al trumpismo. Mientras sus recursos naturales y costas se subastan, la mayoría de la población enfrenta pobreza, desempleo y migración forzada. Un país de menos de tres millones de habitantes cuenta con una diáspora que supera los 2,2 millones de personas, según datos oficiales. Albania es un Estado capturado por clanes, donde la “democracia” es apenas una máscara. 
 Los manifestantes exigen la cancelación inmediata de los proyectos, la revisión de las leyes de inversión, una protección real de las zonas naturales y, en muchos casos, la dimisión de Rama y su Gobierno. Un fiscal especial ha abierto una investigación sobre la venta de los terrenos. Es que el caso se ha convertido en un laberinto de disputas inmobiliarias, un problema común dado que el país nacionalizó propiedades durante la era de Enver Hoxha (un equivalente de los Kim norcoreanos) y luego llevó a cabo un proceso caótico para devolverlas a la propiedad privada. Los litigios han colapsado los tribunales durante años, con casos plagados de acusaciones de corrupción y falsificación de escrituras. Incluso el brazo ejecutivo de la Unión Europea ha expresado su preocupación, lo que genera dudas sobre el futuro de la candidatura albanesa para ingresar al bloque.
 Jared Kushner, que dirigía la empresa inmobiliaria de su familia antes de incorporarse a la primera administración Trump, opera el fondo Affinity Partners “recaudando inicialmente más de 3 mil millones de dólares, principalmente de fondos soberanos o familias reales de Arabia Saudita, Qatar y los Emiratos Árabes Unidos” (The Wall Street Journal 10/6). 
 El asunto guarda paralelismo con otra operación encabezada por Kushner a finales del año pasado en Serbia. Allí pretendía levantar un hotel de la marca Trump sobre un terreno en Belgrado que había sido bombardeado por la OTAN durante la guerra. Tras la apertura de una investigación por parte de un fiscal especial sobre la concesión acelerada de los permisos oficiales, las protestas se intensificaron y Kushner terminó retirándose del proyecto. Kushner actúa como arquitecto inmobiliario de Trump, y es una figura clave del magnate en su plan “New Gaza”, que busca reconstruir la franja como zona turística de lujo erigida sobre los cadáveres del pueblo palestino.
 La defensa del medio ambiente está ligada a la lucha contra la guerra y el sistema capitalista que lo destruye. El descontento contra la dominación imperialista crece en todas partes. 

 Camilo Márquez
 13/06/2026

viernes, 12 de junio de 2026

Elecciones en Armenia: la erosión de Rusia en el Cáucaso Sur


Turquía gana terreno.

 Erevan se encuentra en un momento definitorio tras las elecciones parlamentarias del 7-8 de junio, donde el partido Contrato Civil de Nikol Pashinyan, actual primer ministro, se impuso con alrededor del 50% de los votos. Este resultado, aunque menor al previsto, consolida la línea de “Armenia Real” (Real Armenia): un giro hacia Occidente, diversificación de alianzas y “normalización” con Azerbaiyán y Turquía, todo ello en medio de la decadencia acelerada de la influencia rusa en el Cáucaso Sur. “Esta votación fue la más importante de Armenia desde su independencia de la Unión Soviética en 1991. Se trató de un plebiscito sobre el proceso de paz con la vecina Azerbaiyán y sobre el impulso de Pashinyan para estrechar lazos con Europa y Estados Unidos sin romper por completo con Moscú” (Financial Times, 8/6). El resultado, con todo, no le otorga la mayoría constitucional necesaria para convocar a un referéndum sobre una nueva constitución, requisito que Azerbaiyán ha establecido como condición previa para la firma de un tratado de paz. Persiste el riesgo de que todo el proceso se estanque o incluso fracase por completo.

 De bastión ruso a “puente” euroasiático ambivalente 

Armenia es un país sin salida al mar, enclavado entre potencias rivales: Azerbaiyán y Turquía al oeste y este (ambos turco-parlantes y aliados), Georgia al norte e Irán al sur. El “paraguas de seguridad” ruso a través de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC) y bases militares le valieron como respaldo ante un vecindario hostil.
 La elección se celebró en medio de un intenso debate sobre la orientación internacional del país. Aunque Armenia y Rusia mantienen oficialmente su alianza y conservan profundos vínculos históricos forjados a lo largo de casi dos siglos -primero dentro del imperio ruso y luego en la Unión Soviética-, su relación atraviesa uno de los momentos más delicados de las últimas décadas.
 La derrota de Armenia en 2020 y la operación relámpago azerbaiyana de septiembre de 2023, que culminó en la disolución de Artsaj (Nagorno-Karabaj) y el éxodo de más de 100.000 armenios, expusieron la vacuidad de esa garantía. Moscú, absorbido en Ucrania, no intervino de forma decisiva. Armenia acusó a Rusia y a sus fuerzas de paz de no haber disuadido la ofensiva militar de Bakú. Pashinyan suspendió la participación en la OTSC, buscó armas en India (que se convirtió en su principal proveedor), profundizó lazos con la UE y EE.UU, y participó en el acuerdo de paz mediado por Washington en agosto de 2025. Ese pacto incluye la “Ruta Trump” (TRIPP por sus siglas en inglés), un corredor de tránsito a través del sur de Armenia que conectaría el enclave Najichevan con Azerbaiyán continental. Este corredor se estipula inicialmente en el acuerdo de alto el fuego negociado por Rusia que puso fin a los combates en 2020 e incluía una cláusula que determinaba que la ruta sería custodiada por tropas fronterizas rusas. Sin embargo, tras la invasión rusa de Ucrania en 2022, la influencia del Kremlin en la zona se desplomó. El TRIPP ampliará la influencia de la OTAN a lo largo de toda la periferia sur de Rusia en el Cáucaso Meridional, el mar Caspio y Asia Central. Irán también se opone porque disminuye la importancia del país como corredor de tránsito entre el Cáucaso y Oriente Medio. 
 El botín detrás de esta múltiple red de dependencias es el reparto de los recursos energéticos y el control de los corredores de transporte que conectan la región con los mercados circundantes, así como de la compleja red de gasoductos y oleoductos existentes y proyectados. 
 En este espacio volátil, los marcos legales sólo ofrecen una apariencia de estabilidad. Cuando las armas hablan, las leyes callan. 

 Turquía 

Turquía se ha convertido en uno de los actores más influyentes en la región. Bajo la presidencia de Erdoğan, ha impulsado una ambiciosa estrategia construyendo una esfera de influencia panturca. Sus intervenciones militares y políticas en Irak, Siria, Libia, Gaza, Somalia, el fortalecimiento de su alianza estratégica con Azerbaiyán, su creciente presencia en Armenia y los lazos cada vez más estrechos con las repúblicas túrquicas de Asia Central. El gas azerbaiyano llega a Europa por medio del gasoducto Transanatoliano, que atraviesa territorio turco antes de conectarse con el gasoducto Transadriático. Sus intereses son multidimensionales. 
 Turquía es miembro de la OTAN y posee la mayor fuerza militar del bloque después de Estados Unidos. Sin embargo, es el único país de la alianza que se ha negado a adherirse al régimen de sanciones contra Rusia. En términos de guerra híbrida y competencia de grandes potencias, Armenia se ha convertido en un teatro de primer orden. Rusia ve el giro como una amenaza existencial a su “extranjero cercano”; la OTAN (especialmente bajo influencia trumpiana) busca un corredor euroasiático alternativo que eluda tanto el control ruso como las rutas tradicionales: “Moscú observa atentamente los esfuerzos de Ankara por integrar a las diversas naciones túrquicas bajo el paraguas de una organización liderada por Turquía” advirtió Dmitriy Trenin uno de los funcionarios más cercanos a Putín al ser consultado (russiancouncil). 
 La economía armenia depende del comercio con Rusia y de los descuentos en el suministro energético que esta le ofrece. La UE difícilmente puede sustituir esos beneficios, y su integración al bloque podría llevar tiempo. Varios observadores coinciden en que lo más probable es que Armenia termine dependiendo de Turquía.
 Moscú ha amenazado con suspender el acuerdo de suministro de gas natural subvencionado si las autoridades continúan buscando estrechar lazos con la Unión Europea. “Si bien Armenia aún alberga una base militar rusa, Ereván ha impulsado su adhesión a la UE y ha expandido rápidamente su industria de defensa nacional, registrando pedidos militares por valor de 460 millones de dólares en los últimos tres años, según Pashinyan.” (The Moscow Time 27/5). Vladimir Putin amenazó con que una mayor integración europea conlleva los mismos riesgos que afronta Ucrania. 
 La ruta Trump expone a Rusia a un cerco occidental sin precedentes.

 Camilo Márquez - Partido de los Trabajadores (Uruguay)
 11/06/2026

miércoles, 10 de junio de 2026

Venezuela: fisuras en el protectorado


En un cerco de censura y persecución política empezaron a salir a la luz críticas de chavistas históricos hacia el gobierno actual y recomenzaron las protestas de la oposición reclamando elecciones. 
 Para la base chavista son varias las cosas para digerir. A la confiscación de los hidrocarburos -las divisas entran directamente a Washington y de ahí “algo” retorna a Venezuela- se le suman las maniobras militares estadounidenses que Delcy “autorizó” en Caracas. Los aviones norteamericanos sobrevolaron durante cuatro horas sobrevolaron la ciudad. Hace una semana el gobierno deportó a Alex Saab, el exministro y testaferro de Nicolás Maduro, a Washington. Mientras aumentan las sospechas acerca del apoyo interno con que contó el secuestro de Maduro, Trump ha ordenado a la CIA archivar el prontuario contra Delcy Rodríguez. 
 Desde Mario Silva -gran propagandista del gobierno de Maduro- hasta el exvicepresidente de Chávez, Elías Jaua, criticaron todas las agachadas de la “comendadora” Delcy Rodríguez. El 23 de mayo hubo movilizaciones, aunque poco concurridas, contra las maniobras militares comandadas por el jefe del Comando Sur, Francis Donovan. Durante estas maniobras, dos aeronaves Osprey del Cuerpo de Marines aterrizaron en la embajada de Estados Unidos. El supuesto objetivo de los ejercicios era realizar un simulacro de evacuación de la embajada. Una de las protestas, convocada por el partido de centroizquierda Comunes, contó con la participación de chavistas de base. En el programa televisivo que dirige Diosdado Cabello, ministro del Interior, no pudieron bloquear la intervención de un dirigente, en el público, que cuestionó los escasos esfuerzos del gobierno por liberar a Nicolás Maduro y a Cilia Flores. 
 Andrés Izarra, ministro de Comunicación con Chávez y ministro de Turismo con Maduro, fue más allá y dijo que el chavismo terminó cuando su fundador murió en 2013. La periodista y exfuncionaria chavista Mary Pili Hernández le exigió al Parlamento que aclarara por qué la autorización de la maniobra militar no había pasado por la Asamblea, tal como establece la Constitución.
  Otro punto de roce es la extradición de Alex Saab. Este agente financiero de Maduro ya había estado preso y fue liberado por el gobierno de Joe Biden en un intercambio de prisioneros. Una vez libre, fuera recibido con honores y designado ministro de Industria. Delcy Rodríguez se limitó a responder que Saab es “es un ciudadano de origen colombiano, cumplió funciones en Venezuela y son asuntos entre Estados Unidos y Alex Saab”. El presidente del Parlamento, Jorge Rodríguez, y el ministro del Interior y jefe del partido, Diosdado Cabello, fueron más allá - dijeron que Alex Saab usaba un documento venezolano falso y que cultivaba vínculos con “agencias” de Estados Unidos. 
 El testimonio de Saab -empresario, testaferro y ministro de Maduro- es crucial para las causas que le están armando en Estados Unidos al presidente secuestrado. 
 En el otro extremo, la oposición derechista tampoco está conforme. En Maracaibo, más de mil personas se movilizaron el 30 de mayo en reclamo de la realización de votaciones libres. 
 Dos días antes, la oposición liderada por María Corina Machado se había reunido en el exilio para firmar el Manifiesto de Panamá, que reclama elecciones libres apadrinadas por Estados Unidos.
 Sin embargo, parece que los planes de Trump son otros. Urgido de aumentar el flujo mundial de crudo para subsanar las pérdidas por la guerra y el cierre del estrecho de Ormuz, a Trump poco le importa incomodar a sus amigos derechistas venezolanos. En los últimos meses, Estados Unidos levantó las sanciones contra Rodríguez y la reconoció como la única jefa de Estado de Venezuela. Esto le permitió a Venezuela a restablecer vínculos con bancos occidentales y colaborar con inversores estadounidenses interesados en explotar las reservas de petróleo. Delcy ha recibido un flujo constante de empresarios petroleros estadounidenses, acompañados por el secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, y el secretario del Interior, Doug Burgum. En medio de tanto franeleo, no se habla de elecciones, a pesar de que Rodríguez superó el mes pasado el límite de 90 días establecido por el Tribunal Supremo de Venezuela para cubrir el puesto de Maduro de forma interina.
 El aumento de las exportaciones de petróleo -que ya superan 1.200.000 barriles diarios- está disparando el crecimiento del PBI. No puede ser de otra manera mientras los ingresos se siguen centralizando y distribuyendo desde Washington. Reuters calcula que la inflación anual para 2026 va a superar el 600 %, mientras los salarios y las jubilaciones siguen rezagados y la economía permanece dolarizada. 
 El secuestro de Maduro y la instauración del protectorado en nada han mermado la crisis humanitaria. Los balseros venezolanos fueron noticia este fin de semana cuando 16 fueron declarados muertos y 65 continúan desaparecidos después de naufragar mientras intentaban llegar a Aruba y Curazao. La mayoría tiene entre 18 y 25 años. Entre los desaparecidos hay siete niños. 
 En la zona operan bandas que se dedican al tráfico de personas y cobran entre 400 y 2.000 dólares por cabeza y las islas ahora exigen visa a los venezolanos. Aruba aún mantiene la prohibición de los vuelos directos con Venezuela. Naciones Unidas señala que, hasta febrero de 2026, solo en América Latina y el Caribe se contabilizaban casi 7 millones de venezolanos en condición de refugiados y migrantes. 
 Tampoco la situación de los presos políticos ha mejorado. Los organismos internacionales denuncian que más de 400 continúan recluidos -algunos incluso incomunicados- y que las cifras de liberaciones dadas por el gobierno están harto infladas. 
 A la crisis económica, humanitaria y política de Venezuela, el protectorado solo le ha sumado una obscena sumisión al imperialismo que ni siquiera intenta embellecer con algunos modos democráticos.

 Aldana González 
 08/06/2026