lunes, 8 de noviembre de 2021
Estados Unidos, entre el paquete de rescate y las luchas obreras
Biden ha exhortado a su partido a apurar la agenda legislativa del Ejecutivo, cuyo estancamiento considera una de las razones del revés electoral de esta semana. Los demócratas perdieron la gobernación de Virginia y retuvieron por escaso margen la de Nueva Yersey -donde el presidente le había sacado diez puntos de ventaja a Trump en 2020- frente a los republicanos. En el primero de estos estados, el propio presidente, la vice Kamala Harris y el exmandatario Barack Obama se habían metido en la campaña para apuntalar al candidato Terry McAuliffe, un histórico del partido (ya había sido gobernador y recaudador de fondos de los Clinton). Es una mala noticia para el gobierno, sobre todo pensando en las legislativas del año próximo. La derrota confirma el rápido desgaste del jefe de la Casa Blanca. En los dos distritos, los opositores se despegaron de Trump, pero no hubiesen alcanzado su gran elección sin los votos del núcleo duro del magnate, lo que aún mantiene a este en la palestra. A su vez, levantaron algunos planteos derechistas semejantes a los del expresidente (hostilidad al movimiento LGTBI, rechazo a que se enseñe una teoría crítica de la raza).
Para destrabar la aprobación del plan de obras en el Senado, Biden aceptó reducir a la mitad su monto original. De ese modo, logró el apoyo de los republicanos. Ahora, el gasto social sufrió una enorme poda en la mesa de negociaciones. Así, se establece la educación preescolar gratuita por dos años, un refuerzo por un año de una asignación por hijo, y una mayor cobertura en los planes de salud de jubilados y de los sectores más pobres. Pero quedaron fuera la licencia por maternidad y los dos años de educación universitaria gratuita para sectores de bajos ingresos. En el terreno de la reconversión energética, también hubo fuertes recortes. Se suponía que el paquete iba a financiarse con mayores impuestos a grandes empresarios, pero el rechazo de los republicanos y de sectores del Partido Demócrata lo ponen en duda. Fue descartado un impuesto a las ganancias de capital, e incluso tal vez ni siquiera se eleve el impuesto a las sociedades, como se había evaluado en un principio. Así las cosas, la clase capitalista establece su poder de veto al intervencionismo oficial.
Como la mayoría de los demócratas en el Congreso es estrecha (e incluso en el Senado hay virtualmente una paridad), y además hay fuertes pujas en su seno, habrá que esperar a las sesiones para ver si los proyectos finalmente se abren paso. Por lo pronto, la llamada ala izquierda del partido, que condicionaba su aval al plan de infraestructura al apoyo del establishment demócrata al proyecto social, ya vio reducirse a la mitad la iniciativa que patrocinaba, y ni siquiera parece que vaya a prosperar la módica alza de impuestos que propiciaba. La tónica dominante de la administración la imponen los sectores conservadores del partido.
Más sobre las elecciones
Las elecciones de gobernadores y alcaldes de esta semana han dejado otros datos relevantes. En Minneapolis, la ciudad donde fue asesinado George Floyd, cuyo crimen detonó la rebelión popular de 2020, fue reelecto el demócrata Jacob Frey, defensor de la podrida institución policial. Al mismo tiempo, fue derrotada (55 a 45%, aproximadamente) la consulta para reemplazar la policía por un Departamento de Seguridad Pública, un planteo que no significaba el desmantelamiento del aparato represivo, pero era crítico de las fuerzas de seguridad. Es un revés para el movimiento de lucha; probablemente, uno de los efectos de las políticas combinadas de desmovilización, cooptación y represión por parte del gobierno.
Los medios han destacado lo que sería un triunfo de las candidaturas más conservadoras del partido demócrata por sobre las que estaban más a la izquierda. En Búfalo, por ejemplo, Byron Brown le ganó la alcaldía a India Walton, una enfermera que se proclama socialista. Walton había derrotado en las primarias a Brown, pero el partido montó una maniobra: se negó a apoyarla y le dio su aval al segundo, quien compitió en una lista aparte en las generales, con ataques derechistas a su contrincante. En Seattle, donde en el punto más álgido de la rebelión de 2020 se formó una zona autónoma contra la represión policial, prevaleció la variante más conservadora de los demócratas. En Nueva York, ganó Eric Adams, un expolicía crítico del ala izquierda del partido.
Las luchas
Si estos son nuevos indicios de que el partido demócrata es irreformable, sería prematuro, en cambio, hablar de una derechización del escenario político. No solo por algunos datos de la elección (en Austin, Texas, se votó en contra de una iniciativa para reforzar las fuerzas policiales; y en Tucson, Arizona, triunfó la aprobación de un salario mínimo de 15 dólares la hora, por un margen de 2 a 1 –Democracy Now, 4/11) sino sobre todo por las grandes luchas que atraviesan al movimiento obrero.
Contradictoriamente, el rebote económico ha favorecido estos procesos. Según el Departamento de Trabajo, la Población Económicamente Activa aún está tres millones de personas por debajo de antes de la pandemia, y en parte esto tiene que ver con un temor al Covid y con el rechazo a la precarización de los nuevos empleos. La falta de mano de obra está empujando a un alza de los salarios. Es un buen momento para luchar por las reivindicaciones planteadas. Más de 10 mil obreros de John Deere (fabricante de maquinaria agrícola) están peleando por aumento. También hay luchas en el sector salud, alimentación, mineros y McDonald’s. Octubre fue un mes de grandes conflictos (“striketober”). Esto muestra también los límites de la política de contención del gobierno y de la burocracia sindical.
La política de subordinación al gobierno de Biden de la izquierda demócrata está mostrando todos sus límites. Lo que está planteado es el desarrollo de una alternativa política de los trabajadores y el apoyo a las luchas en curso.
Gustavo Montenegro
sábado, 6 de noviembre de 2021
Cuarta ola en Europa
Una cuarta ola de contagios y de muertes está acechando a Europa. Durante seis semanas el número de casos y fallecimientos viene en constante aumento. Las temperaturas ya alcanzan los niveles de invierno; los gobiernos, por otro lado, han flexibilizado las restricciones.
Europa es de nuevo "el epicentro" de la pandemia de covid-19, asevera el director de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para Europa, Hans Kluge. Afirma que "El ritmo actual de transmisión en los 53 países que forman la región europea es muy preocupante” y que la región “podría registrar medio millón de muertes más en los próximos tres meses”. La semana pasada, Europa, registró casi 1,8 millones de nuevos casos y 24.000 muertes, un 6% y un 12 % respectivamente más que la anterior. En las últimas cuatro semanas, el incremento de transmisiones alcanza el 55%.
Las causas del repunte de los contagios son, según la OMS la relajación de las medidas de salud pública por parte de los gobiernos en todo el mundo. Kluge destacó que solo con el uso masivo de tapabocas, en Europa, se hubieran podido salvar hasta 188.000 vidas. Por otro lado, hay una ralentización de la vacunación. Mientras en España, por ejemplo, el 80% de las personas están completamente vacunadas -con dos dosis-, en Francia y Alemania, la inoculación alcanza un 68% y 66% de la población, respectivamente. La situación se agrava en algunos países de Europa central y oriental; en el caso de Rusia sólo el 32% de las personas estaba vacunada al cierre del mes pasado.
Los números
Alemania es uno de los países más afectados; en las últimas 24 horas se registró una cifra récord de casi 34.000 contagios. Lothar Wieler, del Instituto Robert Koch, pronosticó un resultado "aterrador" si no se toman las medidas necesarias. Parte de ello ya está ocurriendo: "las camas en los servicios de cuidados intensivos vuelven a escasear", advirtió el ministro alemán de Sanidad, Jens Spahn.
El Reino Unido lleva semanas con cifras diarias de entre 37.000 a 45.000 contagios. El subdirector médico, Jonathan Van-Tam, manifestó que los niveles de contagios están aumentando "tan pronto en la temporada de otoño", lo que hace prever tasas "muy altas" en el invierno boreal. También alertó que las muertes a causa de la enfermedad están aumentando y apuntó a que los contagios están "penetrando" de nuevo en grupos sociales de edades avanzadas.
En la carrera por frenar las hospitalizaciones, el Reino Unido aprobó el molnupiravir, un medicamento en comprimidos contra el Covid-19, que puede reducir las internaciones en un 50 %. El primero en emprender una política para reducir internaciones fue Bolsonaro, por lo que hoy enfrenta una acusación de “genocidio”. La revista The Economist acaba de reportar que los cinco millones de muertes oficialmente reconocidas se encuentran muy lejos de la realidad – serían 19 millones. La mayor parte de los institutos de epidemiología avalan este número.
Los aumentos más dramáticos de víctimas mortales se han producido en Rusia: un promedio de más de 1.050 fallecidos, en los últimos siete; los contagios promediar los 40.000, en la misma cantidad de días. Putin se ha visto forzado a disponer una no laborable, con pago incluido. Rusia comparte con Ucrania los mayores registros de decesos. Esta última, en la última semana, alcanzó los 600 fallecimientos diarios y un promedio semanal de más de 23.000 nuevos casos.
El alza de infecciones también es exponencial en los Países Bajos. En la última semana de octubre, se registró un promedio de 7.711 nuevos casos por día, un 39% más que la semana anterior, según los funcionarios responsables de salud. El número de contaminaciones e ingresos hospitalarios está aumentando rápidamente”, dijo hace días el primer ministro Mark Rutte, al anunciar el restablecimiento de las restricciones sanitarias (Infobae, 5/11).
Por otra parte, Grecia batió este viernes, por quinta vez esta semana, su récord de contagios, con 6.909, el peor dato desde que comenzó la pandemia. Durante esta semana, en la que prácticamente cada día superó el récord de contagios, tan solo 2.588 de los casos reportados pudieron ser rastreados y relacionados con un contagio conocido, mientras que 150 provienen de desplazamientos desde el extranjero. Continuó además al alza el número de pacientes intubados, 450, mientras que esta semana los ingresos en las UCI griegas aumentaron 15 %; las del norte del país especialmente cerca del colapso (El Periodico, 6/11).
En Rumanía se registró esta semana el mayor número de muertes en 24 horas, con 591, además, de una media de 14.000 nuevos casos por día. Rumania atraviesa esta cuarta ola, con el sistema sanitario saturado, las ambulancias deben esperar en la puerta de muchos hospitales a que se liberen camas para poder dejar a sus pacientes. Las autoridades incluso plantean trasladar 200 o 300 enfermos al extranjero.
Con toda certeza estos números muestran que la pandemia aún no terminó. Los gobiernos del mundo hablan de la post pandemia para recortar gastos sociales y empujar a los trabajadores a producir ganancias para el capital; impulsando con ello, nuevos brotes y cepas mortales.
“Es mejor ponerse a resguardo que lamentar”, sintetizó ayer, en un editorial, el South China Morning Post, un diario de Hong Kong, de propiedad de Jack Ma, el patrón de las Fintech, en lo que se entiende como un apoyo a las rigurosas cuarentenas que aplica China. En efecto, por medio del aislamiento, el testeo y el seguimiento de contactos estrechos, China ha reducido a un mínimo de mínimos los contagios y las muertes.
En Argentina, por el contrario, Todes, Juntes, Libertaries e Izquierdistes, celebran la apertura. Los testeos han caído en forma abrupta y los seguimientos de casos sospechosos, reducidos a la nada.
Mauri Colón
06/11/2021
viernes, 5 de noviembre de 2021
Las contradicciones de los preparativos de guerra del imperialismo norteamericano
La cuestión taiwanesa está pendiente desde la Revolución de 1949, cuando el régimen nacionalista del partido Kuomintang huyó a la isla de Taiwán (llevándose consigo cuantiosa parte del Tesoro Nacional), desde donde siguió presentándose como legítimo gobierno de China, incluida la representación en la ONU. Esa situación cambió con el pacto Nixon-Mao, en 1974: la República Popular China fue reconocida globalmente como el legítimo gobierno de toda China, sin admisión de una incorporación de Taiwán. Es lo que sí ocurrió, sin embargo, con Hong Kong (bajo tutela británica) y Macao (territorio de Portugal). En Taiwán se consolidó una “grieta” entre el Kuomintang, de un lado, partidario de negociar una integración a la República Popular, el partido independentista, el PDP del otro. La fuerza integracionista tiene una base económica manifiesta – Foxcom, de la cadena Apple, ha invertido pesado en China, y cuenta con más de cien mil obreros directos.
Como consecuencia de los antagonismos comerciales, diplomáticos y políticos crecientes con China, Washington ha ido cambiando de línea. Sirviéndose de gobiernos aliados en la llamada Primera Cadena de Islas (compuesta por Japón, Taiwán, Filipinas e Indonesia), Washington ha acentuado su injerencia y patrullaje en el mar de China y un derecho de vigilancia en cuanto al acceso a los mares Pacífico e Índico. Como parte de esta política, EEUU alienta al gobierno taiwanés, de tendencia independentista. Ese gobierno no ha declarado la independencia, con el argumento de que ya es independiente, pero es claro que no lo hace porque sería una causa de guerra.
China no tendría dificultades militares para tomar la isla por la fuerza (Breaking Defense 7/3/19), pero el asunto no se restringe a esto. Taiwán tiene 35 millones de habitantes; una acción semejante movilizaría militarmente al mundo entero. Taiwán sigue siendo un punto de negociación de alcance estratégico, que envuelve al conjunto de relaciones EEUU-China, a la Unión Europea y a Rusia.
Esta confrontación estratégica explica la política del gobierno de Biden. Primero, desarrollar una carrera armamentística contra China y Rusia, que incluye el desarrollo de armas hipersónicas y la inteligencia artificial. En el primer campo, China y Rusia llevan una ventaja significativa (Financial Times 16/10). En cuanto al segundo, el último responsable para el desarrollo de IA militar del Pentágono ha declarado que China ya ha ganado esta carrera (Reuters 11/10). Para atender a esta competencia político-militar, la cancillería norteamericana se ha concentrado en acelerar una salida a otros numerosos conflictos internacionales, aunque con fortuna relativa, como lo muestra, por caso, la belicosidad creciente de Turquía. Tercero, arrastrar a los aliados de EEUU a una suerte de frente unificado anti-chino, aunque con un inaudito nivel de improvisación y aventurerismo, a cada paso dado.
Los enemigos
En abril pasado, con el “apoyo inquebrantable” (Reuters 2/4) de Biden, el gobierno de Kiev comenzó preparativos para tomar por la fuerza las regiones separatistas orientales apoyadas por Rusia. EEUU apuntaba a neutralizar la alianza de facto de Putin con los chinos (The National Interest 16/4). EEUU venía de fracasar en el intento de utilizar el levantamiento popular en Bielorrusia en su favor; esto llevó al gobierno de Lukashenko a posicionarse firmemente junto a Putin (Tass 1/7). Por otro lado, Ucrania no es miembro de la OTAN, de modo que llevarla a una guerra contra Rusia, habría puesto en cuestión la consistencia de la Alianza (principalmente Francia y Alemania).
Biden hizo lo único que podía hacer: ofrecer a Putin una postergación indefinida de la integración de Ucrania a la OTAN. Con este enfoque levantó las sanciones que aún pesaban para las empresas rusas abocadas a terminar el gasoducto Nord Stream 2, para beneplácito de los alemanes disgusto de Kiev y Varsovia. No obstante, la relación bilateral no deja de deteriorarse y al momento de escribir estas líneas Rusia ha cortado los canales de comunicación diplomáticos con la OTAN (Reuters 18/10) y hay indicios de una nueva concentración de tropas en la frontera con Ucrania (The Washington Post 30/10).
En el Medio Oriente, la negociación con Irán acerca del desarrollo de sus capacidades nucleares sigue en un impasse. Como hemos escrito hace unos meses, Arabia Saudita rápidamente entendió el cambio de dirección del viento la coalición que ha reemplazado a Netanyahu está atada con alambres. Por otro lado, la rápida huida de Afganistán ha socavado aún más la posición norteamericana de cara a las negociaciones con los iraníes (CNBC, 3/8), Pero, por sobre todas las cosas, ha abierto las puertas de Asia Central a China, que ha establecido con rapidez relaciones diplomáticas con el gobierno talibán (Global Times, 9/7).
Los amigos
El segundo eje de la política de Biden contra China consiste en “poner a los patitos en fila”: alinear a los aliados a la política de confrontación con el gigante asiático. Mientras que Trump declaraba agotado el sistema de alianzas que EEUU, Biden pretende encolumnarlo. Ocurre que la totalidad de ellos, de una u otra manera tienen intereses en China. Con total descaro, EEUU exige que miren más allá de ellos (War on the Rocks, 21/5). Este fue el eje de las respectivas reuniones de la OTAN y el G7 de hace poco más de un mes (DW News 14/6). El nuevo documento estratégico de la OTAN, por primera vez identifica a China como un ´desafío sistémico al orden global´ (DW News 15/6).
La utilidad militar de la OTAN, tal y como está integrada, para una guerra a librar en el ´patio trasero de China´, es bastante cuestionable. La mayoría de los estados miembros de Europa tiene capacidades militares muy disminuidas luego de décadas de ajuste a los presupuestos militares, y de acompañar los costosos fiascos estadounidenses en Afganistán o Iraq. Muy pocos países tienen una flota capaz de operar en el Pacífico, y son insignificantes frente a las que posee China. Tampoco les causa que la belicosidad norteamericana en Asia acabe destruyendo lo poco que queda de la unidad europea. La OTAN ha declarado a la totalidad del planeta como campo de intervención (Defence News, 22/10). Dentro de la OTAN opera una facción militarista europea, que sostiene que la salida al impasse del viejo continente es una guerra contra Rusia.
En la reunión del G7, pegada a la de la OTAN, fue presentada una iniciativa conocida como la B3W (“Build Back a Better World”) cuyo propósito es contrarrestar la Ruta de la Seda impulsada por China. Ofrece para ello financiamientos para infraestructura a los países cortejados o en la lista de Pekín. Sin embargo, prevalecen las dudas sobre la B3W: su método de financiamiento, los obstáculos políticos que enfrenta (Reuters, 13/6).
La falta de apoyo en Europa para enfrentar a China se replica entre los países del Pacífico. El primer paso dado por los norteamericanos fue sacar al Quad, la alianza cuadrilateral del Indo-Pacífico (EEUU, Japón, India, Australia) del sarcófago. Al igual que lo que sucede con las potencias europeas, los intereses de estos países tampoco están alineados. EEUU fué abordando a otros países de la región. Tanto Indonesia como Singapur no tienen interés alguno en cerrar el estratégico Estrecho de Malaca a China. Vietnam se ha ido acercando a China. Corea del Sur reafirmó una posición equidistante entre EEUU y China (Global Times 27/5). En vista de esto, queda claro que la conformación del AUKUS (la alianza militar entre Gran Bretaña, Estados Unidos, Australia). Por medio del AUJUS, EEUU ha birlado a los franceses un negocio por venta de submarinos a Australia por cincuenta mil millones de dólares. La promesa de armar a los australianos con submarinos de propulsión nuclear llevará no menos de una década en materializarse y ha despertado protestas en Nueva Zelanda (The Diplomat, 19/9), que ya advirtió que no dejaría entrar a sus aguas los submarinos de sus vecinos. El verdadero propósito de los estadounidenses es convertir a Australia en una nueva base de operaciones militares.
Intríngulis estratégico
EEUU se enfrenta, en resumen, a una crisis estratégica sin paralelo. A menos que decida abrir la caja de Pandora de la guerra nuclear, los bastiones políticos o militares que ha esparcido por el mundo, carece de solidez político-militar. Es posible, por otra parte, que China y Rusia actúen de manera coordinada: en caso de que se vean obligadas a enfrentar crisis terminales en Ucrania o Taiwán (Responsible Statecraft, 27/10). La debacle militar que enfrentarían los norteamericanos en este tipo de escenarios, marcaría un fin de época. El imperialismo norteamericano, sin embargo, no puede ‘des-escalar’ el despliegue militar en el planeta.
De este sucinto repaso, queda claro que cada paso que EEUU ha tenido que dar en su enfrentamiento con China, no le ha creado otra cosa que nuevos problemas y dilemas, y una marcha al abismo, que compromete a la humanidad entera. Nada más lejano de la caricatura que pintan los mentores de la solidez del imperialismo.
Leib Erlej
03/11/2021
jueves, 4 de noviembre de 2021
Rostros del fascismo
El historiador francés Christian Ingrao se propuso desmentir la leyenda de que los ejecutores del Holocausto fueron gente primitiva, fanática, sin estudios, muy limitada intelectualmente. Investigó 80 casos de oficiales nazis que intervinieron de manera directa en la matanza e hizo el libro Creer y destruir. Los intelectuales en la máquina de guerra de las SS. Demostró así que numerosos niños alemanes que sufrieron como víctimas la Primera Guerra Mundial estudiaron luego, en los años 20, carreras universitarias, Leyes, Historia, Economía, Geografía, Sociología, y fueron reclutados masivamente para integrar las fuerzas más crueles del III Reich. Entre ellos hubo quienes se graduaron con honores en dos carreras; pero, eso sí, ninguno dudó a la hora de asesinar inocentes con sus propias manos.
Aunque cultos y dotados de una gran preparación intelectual, habían sido convencidos de que debían exterminar a los judíos porque significaban un peligro potencial para el pueblo alemán –de este modo se justificó ante sus jueces, en 1947, el coronel Walter Blume, doctor en Leyes, que había estudiado en Jena, Bonn y Münster.
Ingrao nos muestra un rostro peculiar del fascismo y prueba que la inteligencia y la cultura pueden acompañar a la barbarie si carecen de una base ética. No olvidemos que un poeta excepcional como el estadounidense Ezra Pound, antisemita feroz, se convirtió en vocero de Mussolini.
Un rostro digno de estudio muestra hoy el neofascismo europeo. Muchos analistas consideran que la estructura ideológica de estas corrientes radicales de ultraderecha resulta muy similar a aquella que sostuvieron sus antecesores en Italia, Alemania y la España franquista. Los imprescindibles chivos expiatorios ya no son judíos, sino inmigrantes de «razas inferiores», en particular los musulmanes. Al igual que Hitler, Mussolini y Franco, siguen siendo rabiosos anticomunistas. Detestan visceralmente todo mestizaje étnico y cultural, y sueñan con una Europa «pura», blanca y cristiana. También odian (odian mucho, con intensidad, con rabia) a feministas, homosexuales y activistas por los derechos de las llamadas minorías, emplean un lenguaje agresivo, enfático, bravucón, y acuden con facilidad a los peores insultos.
Según una escritora española, el neofascismo tiende a arrastrarnos de igual forma hacia «el territorio donde es más fuerte: la mentira»:
«La mentira es creada, alimentada con mimo, cultivada como se cultiva un virus letal en un laboratorio. Hay think tanks de expertos creadores generando noticias falsas a nivel industrial. Así ocurrió en las campañas de Bolsonaro y de Trump, con Steve Bannon actuando como maestro de ceremonias, el mismo que asesoró a Salvini y a Orbán, el mismo que en nuestro país aleccionó a Vox».
El rostro de los neonazis de EE. UU. está también marcado por el rencor y el torrente de falsedades que ruedan a través de las redes sociales. Además, por la utilización sistemática del miedo. Son, lógicamente, «tipos duros», musculosos, racistas, homófobos, misóginos, amantes de las armas y de la violencia, que desprecian el arte auténtico y la inteligencia, consumen ávidamente la cultura chatarra yanqui y rinden culto a Trump y a todo lo que representa. Enloquecen ante la sola mención de la palabra «socialismo», aunque no entiendan su significado.
A Umberto Eco, por cierto, le preocupaba el ascenso del neofascismo y nos advirtió que debíamos estar atentos a su lenguaje terrible, «incluso cuando adopte la forma inocente de un popular reality-show».
El fascismo miamense muestra un rostro curioso. Es capaz de aliarse con políticos de la más rancia estirpe franquista para participar, por ejemplo, en una manifestación contra Cuba. Busca publicidad a toda costa para ser legitimado. Odia como el que más, emplea instrumentos como la mentira, el insulto y la intimidación, y añade la clásica «chusmería» como ingrediente populista.
El rapero y youtuber argentino Daniel Devita ilustró con videos impactantes su análisis de la fórmula usada por esa grotesca maquinaria fascista para chantajear a varios músicos cubanos y sumarlos vergonzosamente a la campaña contra la Revolución. Se trata de una fábula muy didáctica, triste, repulsiva, en la que se combinan provocaciones, insultos, groserías y verdaderos linchamientos a través de medios y redes sociales y amenazas públicas, que van desde el cierre inmediato de contratos comerciales hasta la posible revocación de tarjetas de residencia permanente en EE. UU.
¿Cómo hablar de libertad de expresión, de pensamiento, de creación, después de ver algo así? ¿O de dignidad?
¿O de arte? ¿Cómo hablar realmente de «patria» o de «vida»?
Abel Prieto | internet@granma.cu
3 de agosto de 2021 20:08:50
Suscribirse a:
Entradas (Atom)




