jueves, 8 de octubre de 2020

Giro trumpista de Alberto Fernández


Qué se propone el informe Bachelet sobre violación de derechos humanos en Venezuela 

 El 15 de julio de este año la ONU, a través de la Alta Comisionada para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, instó al gobierno de Maduro a seguir sus recomendaciones sobre derechos humanos. El 25 de septiembre se publicó un frondoso informe (también firmado por Bachelet) que contiene denuncias sobre centenares de asesinatos, torturas y prisiones en Venezuela. Sobre la certeza de gran parte de dichas denuncias no caben dudas. 
 Pero no se nos puede escapar que la función de este informe está lejos de estar inspirado en la defensa de los derechos humanos. 
 Como si respondieran a una orquesta que lee al unísono la misma partitura Iván Duque, presidente de Colombia y Jair Bolsonaro el fascista brasileño, notorios violadores de derechos humanos, que recurren a bandas parapoliciales y paramilitares, además de la represión legal, para desaparecer, encarcelar y torturar opositores, perseguir a movimientos de mujeres, ambientales, LGBTI y al movimiento obrero, han apoyado resueltamente la denuncia de la violación de derechos humanos realizada por la ONU, en momentos en que el imperialismo norteamericano actúa con la mayor virulencia, no solo verbal, contra Venezuela, circunstancia que se constata con la presencia de la flota yanki merodeando las costas venezolanas y de tropas imperialistas en la frontera colombiana con Venezuela, en una clara amenaza de invasión. Esto no es más que un ingrediente de esa ofensiva, unida al bloqueo yanki de los activos venezolanos en su territorio y al bloqueo comercial que pronuncia el ahogo comercial y financiero venezolano. Sobre todo lo mencionado nada han dicho la ONU ni Bachelet. Pero, el mayor crimen contra los derechos humanos proviene del boicot económico y las agresiones de todo tipo que sufre directamente el pueblo pobre de Venezuela, llevado adelante, sin ningún tipo de escrúpulos, por el mayor violador de los derechos humanos: el presidente yanqui, Donald Trump. 
 Bachelet (y la ONU) forman parte de la campaña de agitación imperialista para justificar una intervención armada que defina en América Latina y el Caribe a favor del imperialismo norteamericano que terminaría apropiándose directamente de las riquezas gasíferas, petroleras y minerales, desplazando a la burguesía bolivariana y a la competencia ruso-china. La intervención armada directa del imperialismo, lejos de abrir paso a la conquista de libertades democráticas, pasaría a agravar el cuadro represivo bajo la bota yanki para imponer la privatización bajo su égida de esas riquezas y la profundización de los ataques a la clase obrera y el pueblo venezolanos. En este cuadro Cuba también está amenazada. 

 El gobierno venezolano 

 Dicho esto, no se puede pasar por alto que el gobierno presidido por Maduro ha desplegado un sistema de espionaje y persecución contra la clase obrera, en especial contra los activistas combativos. Ha recurrido para ello a la Contrainteligencia Militar. Sus integrantes se han dedicado a la cacería de trabajadores y sindicalistas ingresando a grandes empresas como Sidor por la fuerza o procedido a la detención de dirigentes sindicales combativos como Dolores Herrera y Gustavo Yañez del gremio petrolero. La Guardia Nacional también ha actuado con suma violencia contra los luchadores gremiales ingresando por la fuerza en los sindicatos, por ejemplo en el de los trabajadores siderúrgicos. Esto, en el marco de un salario miserable que hunde a los trabajadores en la miseria más extrema y cuyo salario constituye un 4,7% de la canasta de alimentos, y de una ofensiva contra las conquistas obreras.
 Los ataques del régimen presidido por Maduro contra las libertades democráticas (derecho de huelga, de sindicalización, detenciones, asesinatos, etc.) ha encontrado respuestas por parte de la clase obrera venezolana, que se ha expresado en movilizaciones obreras por el salario por parte de los trabajadores de Sidor Ferrominera, docentes universitarios y PDV Marina, y movilizaciones obreras e indígenas, estudiantiles y de izquierda a favor de la libertad de los presos políticos. El gobierno de Maduro, cada vez más se ha ido colocando como un enemigo de la clase obrera en forma abierta. No solo socialmente, sino también contra todo intento de ejercer sus derechos y su soberanía independiente. Para Maduro –como en general para todos los regímenes nacionalistas burgueses- es estratégico bloquear todo intento de independencia obrera, tiene necesidad de una total regimentación de las organizaciones de masas. La reciente Conferencia Latinoamericana, protagonizada por 50 organizaciones de izquierda del continente se ha pronunciado claramente por la “libertad a los centenares de presos políticos; abajo la persecución a los luchadores y dirigentes sindicales en Venezuela, por la libertad inmediata de los luchadores obreros encarcelados”. 

 Giro capitulador del gobierno argentino

 El embajador argentino en la OEA, Carlos Raimundi, se opuso al informe Bachelet y a la condena en contra de Venezuela basada en el mismo. Justamente, denunciando que “Venezuela ha sufrido un fuerte asedio de intervencionismo” por lo que “hay una apreciación sesgada de lo que son las violaciones a los derechos humanos en determinados países”. Pero esto fue ‘enmendado’ en forma drástica por el canciller Felipe Solá y el presidente Alberto Fernández quienes desautorizaron a Raimundi y terminaron aprobando la condena a Venezuela. 
 El presidente y su canciller respondieron así a la presión directa que realizó el subsecretario Adjunto de Asuntos del Hemisferio Occidental del Departamento de Estado de los Estados Unidos, Kevin O´Reilly, quien calificó de “tristes” los comentarios de Raimundi.
 La Cancillería “nacional y popular” se pliega a la presión imperialista contra Venezuela. No olvidemos el prontuario de Solá, quien, cuando fue gobernador bonaerense bajo el gobierno de Eduardo Duhalde, tuvo responsabilidad directa en la masacre de Puente Pueyrredón que costó la vida de Maximiliano Kosteki y Darío Santillán, entre otros ataques a los derechos humanos.
 La reciente Conferencia Latinoamericana convocada por el FIT-U expresó con claridad su oposición a la ofensiva imperialista contra Venezuela. El rol que nos cabe es actuar por la construcción de una dirección socialista y revolucionaria para las masas latinoamericanas. Esa es la salida para los trabajadores venezolanos. 

 Roberto Gellert

lunes, 5 de octubre de 2020

China prepara una acción “antimonopolio” contra Google


La agudización de la guerra comercial y la disputa tecnológica Según un informe reciente de la agencia de noticias Reuters, China estaría preparando una investigación y acciones “antimonopólicas” contra Alphabet Inc, multinacional estadounidense propietaria de Google. El Comité Antimonopolio del Consejo de Estado de China arrojaría una investigación en el presente mes, que tendría como objetivo analizar el dominio de Google en el mercado gracias a su sistema operativo Android. El trasfondo es la acentuación de la guerra comercial en medio de la depresión económica mundial y la puja por el control del creciente mercado de la tecnología y las telecomunicaciones.

 De un lado y del otro, la guerra comercial

 Desde el domingo 27, las apps chinas Tik Tok y WeChat quedaron parcialmente prohibidas en Estados Unidos. Los usuarios actuales podrán seguir utilizando las plataformas, sin gozar de actualizaciones ni nuevas descargas. El gobierno de Trump -que ahora se envalentona contra los videojuegos Fornite y League of Legends- intentará prohibirlas por completo a partir de noviembre. Los argumentos para la cruzada estriban en el robo de información personal recopilado por estas empresas ligadas al Estado chino y que, según Trump, serían utilizados en contra de los intereses nacionales y económicos del país. Indiscutiblemente, la denuncia es una hipocresía total: las mismas objeciones le caben a Mark Zuckerberg con Facebook, y Trump acude al silencio absoluto. Cabe destacar también que el propósito inicial del gobierno yanqui fue intimar a China a vender la red social a un capital de su propio país, dando lugar incluso a una oferta realizada por Microsoft que luego fue rechazada. Huawei se encuentra a su vez actualmente en una “lista negra” comercial, lo que desbarata por completo el argumento de Trump. A su vez, inclusive, el capital chino prometió anteriormente crear su propio cifrado ante el desarrollo de la conectividad 5G, avance tecnológico que casi no tiene precedentes y en el cual es pionero. Este cifrado, denominado “criptografía cuántica” dificulta enormemente el espionaje sobre sus comunicaciones, cuando Huawei desplazó el pasado año a Apple del podio de ventas de smartphones. Lo que en realidad se disputa no es la protección de la intimidad y el control de datos, sino su monopolio a nivel mundial, que China busca contrarrestar y Estados Unidos mantener. 
 Como respuesta a la cruzada del Estado norteamericano, el gobierno chino exige continuar las investigaciones sobre el dominio de Google a nivel global y su posición favorable en el mercado, con una sanción económica y la prohibición en el país (actualmente está restringido el acceso a Gmail y a sus motores de búsqueda). Esta guerra entre ambos bandos tiene una doble motorización. Si por un lado la crisis mundial azuza las disputas comerciales entre monopolios, y con ellos, los Estados de sus países originarios, el boom de las telecomunicaciones tras el establecimiento de cuarentenas por la pandemia del Covid-19 no hace más que echar leña al fuego.

 Desarrollo tecnológico, ¿al servicio de quién? 

 Estos sucesos no hacen más que confirmar lo que ya veníamos señalando en Prensa Obrera. La guerra de rapiña montada por la disputa de la conectividad 5G ha evidenciado que el mundo digital es una pieza clave de la guerra comercial, y detrás de las banderías en pugna se alinean distintos países; lo que podría conducir a una fractura del mismo en dos bloques bien marcados. La respuesta por parte de China a las acciones emprendidas por Trump suma entonces un nuevo capítulo a una contienda que se viene acrecentando y que el Foro de Davos bautizó a principios de año como una “guerra fría tecnológica”, en tono de advertencia. El desarrollo tecnológico y su libre utilización para el bienestar de la población mundial entran en contradicción con el régimen social vigente. Los choques interimperialistas por copar un mercado creciente, que se manifiestan en los bloqueos, las acusaciones cruzadas de espionaje (y el espionaje efectivo), la monopolización de las herramientas digitales y la inaccesibilidad para miles de millones de personas plantean a la clase trabajadora la tarea histórica de barrer para siempre el yugo del capital, y hacer de los avances tecnológicos de nuestros tiempos un patrimonio común de toda la humanidad. 

Manuel Taba, Álvaro Chust

domingo, 4 de octubre de 2020

Google lanza News Showcase: un escaparate monopólico


El dilema de la industria periodística no encuentra salida en sus propios términos. 

 Sundar Pichai, el CEO de Google, acaba de anunciar en su blog el lanzamiento de News Showcase, un escaparate que ofrecerá “un nuevo tipo de experiencia noticiosa”. El producto, que circulará primero en dos países (Brasil y Alemania), resulta de la asociación entre el gigante digital y empresas periodísticas que proveerán noticias “de alta calidad”, “sobre las historias que importan”, para “desarrollar relaciones más profundas con sus audiencias”. 
 El negocio involucra a 200 publicaciones, como Der Spiegel, Stern, Die Zeit, Folha de S.Paulo, Band e Infobae. El CEO declara una inversión inicial de mil millones de dólares para costear esas noticias y contribuir al financiamiento de la industria de noticias. 

 Si no puedes contra Google…

 Antes que a una pacífica convergencia, asistimos a una forzada capitulación de la industria periodística que viene denunciando a Google, desde hace por lo menos un lustro, por prácticas monopólicas y por hacer dinero con los contenidos ajenos.
 En marzo de 2019, el Parlamento Europeo aprobó una reforma de los derechos de autor para habilitar a los editores a cobrar a las plataformas en línea que presentan más que breves extractos de sus artículos. El resultado concreto de la iniciativa es bastante limitado. Por el momento, solo en Francia se implementaron algunas regulaciones.
 Desde hace un año, los lectores franceses solo pueden ver los titulares y no las primeras líneas ni la imagen en miniatura de las noticias, a las que solo pueden acceder con autorización expresa de los editores. Por otra parte, en junio la Autoridad de la Competencia dictaminó que Google tendrá que iniciar conversaciones con las empresas periodísticas para acordar los términos de pago a las agencias noticias y empresas francesas por la reutilización de las noticias (DW, 9/04). 
 El caso alemán, por su parte, provee la historia más ilustrativa: Google accedió a presentar solo los contenidos autorizados por los editores, pero eso llevó que, ante una caída espectacular en el tráfico, el grupo Axel Springer SE, uno de los más grandes de Europa, “finalmente tuvo que ceder y entregar sus contenidos de forma gratuita” (El Ciudadano, 13/4). Es decir, con Google pierden su negocio; sin el tráfico del gigante, desaparecen. 

 Ecosistema 

El dilema de la industria periodística no encuentra salida en sus propios términos. El último reporte de Reuters (Digital News Report 2020, publicado el 16/06) ratifica las principales tendencias de consumos de noticias que se profundizaron en tiempo de pandemia: el 84% de los encuestados no paga por acceder a noticias on line, la cuarta parte elige comenzar su jornada informativa a través de un sitio web o aplicación, el uso de Instagram como fuente de noticias se ha duplicado en los últimos años entre los jóvenes, más de la mitad de las personas declara haber utilizado un grupo online abierto o cerrado para compartir información. 
 En los más recientes estudios de comunicación se ha puesto de moda el concepto de “ecosistema” informativo o comunicacional. Una analogía que puede servir para aplicar aquel refrán del pez grande que se come al más chico. De hecho, las grandes industrias periodísticas que hoy se enfrentan a Google son ellas mismas empresas monopólicas que desplazaron a otros tantos medios locales (y de otros países) y que han consolidado desde hace veinte años grandes grupos multimedia. Todo ese proceso estuvo –lo sigue estando- marcado por los cierres de medios de prensa, despidos, mayor precarización laboral y creciente desaparición de eso que hacen culto las democracias de Occidente: la diversidad informativa. 
 Con todo, lo que aquí se termina imponiendo no es la lógica natural de la supervivencia del más apto sino la lógica histórica de la maximización del beneficio. En ese sentido, no parece difícil predecir que la vidriera que acaba de instalar Google para promover sus productos controlará no solo la circulación y el consumo sino también la producción de las noticias. Se pasará de guglear noticias a leer noticias gugleadas, modeladas no para informarse –ese bien no está en juego en la disputa- sino para vivir una “nueva experiencia” como las que ofrecen otras tantas plataformas de otras tantas mercancías en los escaparates del mundo.

 Santiago Gándara

sábado, 3 de octubre de 2020

“Lo que importa es la idea”: una vida con Quino


A la muerte del artista, una semblanza de sus palabras y su obra, refugio frente a la hipocresía del mundo.

 Este 2020 es una montaña rusa de emociones. Un capitalismo pandémico que golpea las condiciones de vida de las masas día a día, las estadísticas de contagios y muertes nos llevan al colapso de un sistema sanitario destruido y en medio de un hambre creciente devalúan los salarios y las jubilaciones, la salud y la educación. Devalúan la vida. No teníamos suficientes problemas y encima nos despertamos en la mañana de este miércoles con la noticia del fallecimiento de Quino. 
 Joaquín Lavado nació en Mendoza hijo de padres andaluces, fue apodado «Quino» por su propia familia. A los 4 años descubrió su pasión por el dibujo, en esas noches en que él y sus hermanos quedaban a cargo de su tío Joaquín, un dibujante de publicidad que les dibujaba a los tres niños mientras los padres iban al cine. Su padre y su madre fallecieron durante la adolescencia, a los 15 años quedó a cargo de sus hermanos. Un par de años después viajó a Buenos Aires con su carpeta de dibujos bajo el brazo a buscar trabajo. Fue rechazado en todas las editoriales en las que presentó y volvió frustrado a su tierra natal a hacer la colimba, donde pudo conocer la violencia y el autoritarismo del ejército desde adentro, algo que lo alejaría de los lápices durante la experiencia. 
 Apoyado por sus dos hermanos Quino retomó el dibujo y volvió a Buenos Aires. Dice que dibujaba muy mal pero insistía porque «lo importa es la idea (…) No dibujo como quiero sino como puedo». Perseveró golpeando puertas hasta que consiguió publicar su primera página de humor gráfico en el semanario Esto Es, luego en TV Guía, Leoplan y Panorama. Después pasó a publicar en la revista de humor gráfico Rico Tipo junto a sus admirados dibujantes Oski y Divito que dirigía el semanario.
 La creación de Mafalda surgió producto del esfuerzo de Quino por conseguir trabajo dibujando viñetas publicitarias para una empresa de electrodomésticos. Ese trabajo no se concretó y terminó creando tiras sobre la familia de Mafalda que logró publicar «en otra editorial que también se fundió», dice Quino entre risas, contando que atravesó «un cementerio de editoriales» (dixit). Cuando le preguntan por qué no dibuja humor sobre las noticias, él responde «yo prefiero que mis cosas sean temas permanentes» y aclara que le atrae abordar «esa relación entre poderosos y débiles». 
 Mi experiencia personal con su obra me marcó de por vida. Recuerdo que al comenzar la primaria aprendí a leer y Mafalda fue la primera historieta que me apasionó. Durante la escuela primaria abrió en mí puertas a nuevas inquietudes: desde el rock y los Beatles al hambre en el mundo, la represión, las dictaduras militares y todas las masacres sociales organizadas por el imperialismo como la bomba atómica y la guerra de Vietnam. Mafalda desafiaba en sus tiras la cultura dominante capitalista, oscurantista y machista, las viñetas de Quino cuestionaban este régimen de explotación desde una perspectiva humanista. 
 La obra de Quino me hizo replantear incluso mi respeto por la propiedad privada. Jamás había robado nada a nadie, ni siquiera el vuelto de los mandados. Pero la hiperinflación de Alfonsín hacía inaccesible la colección de libritos de Mafalda y tuve que robar alguno para poder alimentarme con el capital simbólico que Joaquín Lavado nos entregaba con tanta magia en cada página. Esas viñetas eran mi refugio frente a la hipocresía del mundo, así transité la primaria y los acuartelamientos de los militares carapintadas, como en los que participaba Sergio Berni, que pedían la impunidad para los genocidas. También fue mi refugio durante el menemismo. Como con Mafalda ya no me bastaba, fui por los libros de Quino como Quinoterapia, Potentes, prepotentes e impotentes ó Yo no fui. Durante el menemato la situación económica también era jodida, para poder comprarlos les cambiaba los precios a sus libros en una cadena multinacional famosa por las «aduanas paralelas: yo les ponía los stickers con precios muy por debajo de la mitad que les sacaba con mucho cuidado a los libros infantiles y se los pegaba con discreción, robarle al gran ladrón. Fue lo más excitante de mi infancia, por el arte conmovedor de Quino era capaz de eso y mucho más. Jamás deberían privar a la infancia de historietas, y mucho menos de las de Quino. 
 «A mí la realidad me angustia mucho y veo en el humor una manera de sobrellevar la vida» afirma el autor. Cuando le preguntan a qué hora termina la jornada laboral, dice: «a la cama también me llevo un block porque a mí me cuesta mucho dormirme y me quedo trabajando hasta las 2 ó 3 de la mañana». Nunca quiso tener hijos -«pienso que es traer más locos al manicomio»- pero fue el padre de varias generaciones, su huella de tinta, su humor y su pensamiento crítico son cada día más vigentes frente a este sistema opresor y deshumanizante. «Nadie amasa fortuna sin hacer harina a los demás», dice Manolito en una viñeta. 
 Mafalda estaría apoyando la lucha por el derecho a la tierra y a la vivienda en Guernica, Libertad estaría luchando contra el FMI, Felipe por la reducción de la jornada laboral. Los hijos de Susanita estarían exigiendo la aprobación inmediata del aborto legal, llevando los pañuelos verdes a las escuelas católicas donde los anotó su madre.
 Le preguntan cuál fue sus mayor frustración: «ser yo mujer, para quererme yo mismo, porque yo así mucho no me quiero», confiesa Quino al periodista Joaquín Soler Serrano en TV en 1977, dos años después de terminada la dictadura franquista que había censurado y demorado la llegada de Mafalda a España. Y pienso en su creación artística más emblemática que desarrollaba la mirada aguda de una pequeña gran mujer, como si Joaquín conociera aquella frase de Trotsky de que «si en realidad queremos transformar la vida, tenemos que aprender a mirarla a través de los ojos de las mujeres». El dibujante termina la entrevista afirmando: «sufro mucho porque no encuentro un sistema que me parezca justo, en el que a mí me gustase vivir». Joaquín Lavado se fue a los 88 años dejando a una Mafalda de 56 años y una obra maravillosa que recorrió el mundo. 
 Quino no tuvo hijos pero, paradójicamente, fue el padre de varias generaciones. Nosotres, sus descendientes, tenemos por delante la tarea de luchar por construir nuevas bases sociales de un sistema más justo, el cual anhelamos desde la infancia. 

 Nicolás Bartolucci
 Dibujante

jueves, 1 de octubre de 2020

La economía de Estados Unidos, a un mes de las elecciones


Las ilusiones de Trump y la realidad norteamericana. 

 La desocupación bajó 8,4% en agosto en Estados Unidos. Recordemos que la tasa de desempleo trepó hasta el 14,7% en abril, en el cual el PBI registró una histórica contracción de 31,7% sobre igual mes de 2019.
 Trump se apresuró a celebrar la baja del desempleo y augurar una pronta recuperación de la economía norteamericana. Pero esto es más una expresión deseos que una realidad. La tasa de desempleo comenzó a caer, pero todavía está lejos de los niveles prepandemia, cuando el desempleo tocó un 3,5% en febrero. En la actualidad está más que el doble de seis meses atrás. 
 Pero, además, la estadística es engañosa porque no contempla los indocumentados y el trabajo informal, y parte del personal que está suspendido no figura en los registros, cuando es sabido que en muchos casos es la antesala de despidos. Pero lo más importante es que este envión empieza a detenerse. Ya estamos asistiendo a una pronunciada desaceleración de la creación de empleo. El efecto rebote duró muy poco y esto da cuenta de la envergadura del colapso.
 Estamos lejos de asistir a una crisis pasajera. Estados Unidos es el epicentro de una depresión severa, sólo comparable con la crisis del ’29. La gigantesca ayuda de la FED (Reserva Federal) no ha evitado un escenario de quiebras en las más variadas esferas de actividad. Quienes se han amparado en el llamado capítulo 11 de la legislación norteamericana declarando la bancarrota, han cerrado sus puertas o reducido su actividad o procedido a recortes, provocando decenas de miles de despidos.

 La sangría no se detiene 

El número de trabajadores que se inscriben por primera vez al subsidio por desempleo se estabilizó en 884.000 y mostró que seis meses después del inicio de la pandemia siguen los despidos en Estados Unidos. 
 «Los datos de las solicitudes son decepcionantes. Los niveles siguen en un nivel extraordinariamente alto», indicó Rubeola Marroquí, economista jefa de Higa Frequency Economics. «Es especialmente preocupante que el ritmo de los despidos no se haya desacelerado más pese a que la economía ha abierto y más empresas han retornado a los negocios de forma online» (Swiss on line, 10/9). Tenemos casi 30 semanas consecutivas en las que más trabajadores han solicitado beneficios de desempleo en cada semana individual que en cualquier punto de la crisis de 2008. 
 Por eso, la FED se ha visto obligada a anunciar que va seguir manteniendo la ayuda en el próximo período, saliendo al cruce de la amenaza de un derrumbe mayor. Importa señalar que la Reserva Federal no sólo va a seguir conservando una tasa de interés cercana a cero sino que continúa con su programa de expansión cuantitativa, comprando títulos y activos mensualmente a razón de 120.000 millones de dólares mensuales. Esto pone de relieve el tembladeral en que se encuentra la economía norteamericana, que cada vez es más dependiente del rescate estatal. Cualquier amague de que se pueda discontinuar con el auxilio de la FED ha sido suficiente para que se produjera un desplome de la Bolsa. Las corporaciones norteamericanas están altamente endeudadas y su continuidad y sobrevivencia se encuentra prendida con alfileres: un aumento de la tasa de interés podría provocar un daño irreversible y acelerar su quiebra. 
 Una señal inequívoca del rumbo de la economía norteamericana es que la mayoría de los créditos no va a parar al circuito productivo sino que es destinado a refinanciar deudas en el caso de las más afectadas económicamente y, en el caso de las más florecientes, a la recompra de sus acciones, a distribución de dividendos o a la especulación financiera. Eso mantiene una valorización accionaria ficticia de las empresas que no se compadece con el magro desempeño en la economía real. La huelga de inversiones productivas que ya venía desarrollándose con fuerza con anterioridad a la pandemia tiene que ver con una declinación pronunciada de la tasa de beneficio que ha ido de la mano con una deflación de los precios y tendencias recesivas. Los balances de las empresas tienen una rentabilidad en caída o pérdidas que en muchos casos son disimuladas con rentas obtenidas en transacciones financieras. Lo cierto es que Wall Street está plagada de empresas zombis. 

 Trabajo precario

 En resumen, a seis meses del comienzo de la pandemia, en agosto, el país tiene 11,5 millones de empleos menos que en febrero y una crisis sanitaria que ha provocado más fallecidos que ningún otro país del mundo -sigue sin controlarse. La reapertura parcial de la actividad económica en muchos estados ayudó a esa recuperación del empleo, pero la pandemia sigue sin controlarse en varias zonas del país y el daño provocado por esta crisis también va a provocar secuelas permanentes con empresas que se fueron a la quiebra o que necesitan reestructurarse y planean miles de despidos.
 Hay coincidencia entre los analistas que parte del empleo es de baja calidad, ya que muchos puestos son precarios y si bien la cantidad de personas que trabajan a tiempo parcial es menor a la de julio, igualmente son 3,3 millones más que en febrero. 
 Esto de cuenta de la precariedad de la recuperación, pues lo que impera son jornadas reducidas de trabajo. A lo que hay que agregar que los sectores que vuelven a trabajar, lo tienen que hacer con sueldos más bajos y bajo condiciones de trabajo más desventajosas. Esto panorama alimenta un clima de tensión social que crece. Con más razón cuando cesó a fines de julio el complemento para cubrir 600 dólares semanales que venían cobrando aquellos que estaban parados, y el Congreso sigue sin ponerse de acuerdo en una extensión de la asistencia. Es necesario no perder de vista las dimensiones de la crisis ya que, luego de la recuperación del empleo mencionada, sigue habiendo 29,6 millones de personas que reciben una ayuda por desempleo o algún tipo de subvención relacionada a la falta de trabajo.
 A un mes de unas elecciones presidenciales muy reñidas, las relaciones entre los republicanos que controlan el Senado y los demócratas que lideran la Cámara de Representantes están en un punto muerto, lo que deja en el suspenso a los desempleados. El proyecto republicano de crear un plan por cerca de 500.000 millones de dólares estaba destinado al fracaso, ya que los demócratas piden un programa de 3 billones más de estímulo. Pero agreguemos que, en ambos casos, la tajada del león de estos paquetes van dirigidos al rescate del capital y no a los trabajadores.
 Las cifras sobre desempleo son miradas con lupa cuando faltan dos meses para las elecciones presidenciales en las que Donald Trump busca la reelección y está rezagado en las encuestas frente a su rival demócrata, Joe Biden. La evolución de este indicador marca la pauta política y le quita a Trump uno de sus estandartes mayores de campaña, que consistía en haber reducido los niveles de desempleo a su tasa más baja en medio siglo. La ironía es que su mandato culmina con uno de los índices más elevados de la historia. 

 Crisis política 

Esto actúa de fermento de la rebelión popular, que es inseparable de este gigantesco colapso económico y social que viene haciendo estragos en los hogares de trabajadores y que pega más fuerte en la población negra y en otras minorías. Una crisis de esta magnitud ha estremecido los cimientos de la vida política norteamericana y condiciona a ambos candidatos. En ese marco, las elecciones, lejos de ser un factor de encauzamiento de la crisis, son un capítulo de la misma, con más razón si los comicios terminan con un resultado incierto y controvertido y atravesado por denuncias de fraude y manipulaciones de los guarismos (Trump ha denunciado la preparación de un golpe, dejando abiertas las puertas a un desconocimiento del resultado electoral). En caso de incertidumbre, deberá arbitrar la Corte y eso explica el apuro de Trump por colocar a un miembro afín de su palo, de filiación conservadora en reemplazo de la fallecida jueza, de corte más liberal. Pero cualquiera sea el ganador, va a estar condicionado por este escenario y el próximo mandato va a tener que transitar por aguas turbulentas y va a ser puesto a prueba prácticamente de entrada en una crisis que deja poco espacio para que haya una luna de miel. 

 Pablo Heller

Trump-Biden, la descomposición de la democracia norteamericana

El debate de ayer entre Trump y Biden fue una escenificación de la descomposición de la democracia norteamericana y de la agonía de su sistema político. Fue una riña entre provocadores sin la menor oferta de un programa de gobierno, como acostumbraban a jactarse los candidatos presidenciales en el pasado. No fue en absoluto, sin embargo, una improvisación ni un ´descarrilamiento´ a medida que se desarrollaba la confrontación. Trump se comportó como un provocador de características fascistas y pregonó sin miramientos una política de violencia. 
 Nada que no se sepa, Trump exhortó a combatir la rebelión popular que atraviesa Estados Unidos. Llamó a los ´Proud Boys´ (Muchachos Orgullosos), una organización fascista, racista y antisemita, a dar pelea por todos los medios a los manifestantes que protestan y luchan contra la brutalidad policial. La tribuna del debate presidencial fue usada para una calculada agitación política fascista, sin que fuera denunciada por el moderador de la Fox News ni por el propio Biden. 
 El “desorden” que los comentaristas adjudicaron al debate fue promovido por Trump en consonancia con un guión largamente madurado y repetidamente anticipado en sus intervenciones públicas. Fue al corazón de la cuestión, que es rechazar el ´diálogo´ como método de gobierno y la discusión como método de clarificación de posiciones enfrentadas. Insistió en que no reconocería los resultados electorales adversos si entendiera que la votación fue un fraude, cuando las encuestas lo dan diez puntos atrás de su desafiante, incluso alrededor de cinco puntos atrás en los estados que podrían decidir el resultado en el Colegio Electoral. Por de pronto, ya descalificó los votos que se vienen emitiendo por correo con anticipación. No se ha privado, en el pasado reciente, de llamar a sus partidarios a votar dos veces – primero por correo y luego en el local de votación, con el pretexto de controlar si el voto postal se encuentra registrado. Es una forma de promover choques el día de la votación. Cualquier incidente en esa ocasión, y se podrían promover numerosos de ellos, sería un pretexto para la acción de bandas y la descalificación de la jornada. 
 Trump insistió, ahora en el marco formal de un debate presidencial, en que la Corte Suprema debe encargarse del recuento de los votos, y que piensa llevar a esa sede las controversias en los comicios. Tiene una mayoría de 5 a 3, que puede convertirse en 6 a 3 si el Senado da su aprobación a una candidata de ultraderecha postulada por Trump. Trump se comportó como alguien que sabe que lo espera una derrota electoral, algo que no puede torcer en una polémica sobre programas de gobierno en la televisión. Apunta, con total convicción, a la provocación de una crisis electoral e institucional.
 Biden también siguió un guión – poner en evidencia que con una concurrencia masiva a las urnas Trump ya está derrotado. Atribuyó las bravuconadas fascistas de Trump a un recurso desesperado de una presidencia agotada. Biden y su grupo de asesores políticos y financieros fingen que Trump no es más que un accidente de ruta o una pesadilla circunstancial en la historia de Estados Unidos y mundial. Otras riñas como las de anoche (hay tres debates) y el evasor de impuestos queda fuera de combate. No tardó, sin embargo, en revelar que se mueve en un mundo ficticio cuando a la pregunta del moderador acerca de si trataría de bloquear la designación de la candidata trumpista a la Corte respondió con un llamado a la ciudadanía a votar. Con esto bloqueó o boicoteó las acciones del partido demócrata para conseguir votos de republicanos disidentes (se necesita la defección de sólo dos) para impedir el ascenso de la candidata de Trump y tratar la vacancia en la Corte después de las elecciones. Dejó en claro, de este modo, que está dispuesto a gobernar con la derecha en su versión más recalcitrante, mientras repite ante las cámaras que Trump es un mentiroso, el peor presidente de la historia y un evasor. 
 Al finalizar el debate, trascendió una declaración de Trump, en la que asegura que “esto va a terminar mal”. La polarización crece en Estados Unidos, pero aún se encuentra en pañales. Aunque las condiciones para una ofensiva fascista victoriosa no están de ningún modo reunidas, ellas no demoran en formarse en el marco de una crisis de organización del capital, como plantea la pandemia, y en medio del tifón financiero que ha crecido desde su irrupción. 
 El Financial Times lo resumió con cruel elegancia: “La tormenta nos afecta a todos, pero no estamos todos en el mismo bote”. 

 Jorge Altamira
 30/09/2020