domingo, 27 de marzo de 2016

Centrismo, nacionalismo de derecha y anexionismo simbólico

Respuesta del intelectual cubano Fernando Martínez Heredia a una pregunta de la periodista Rosa Miriam Elizalde durante la conversación que sostuvieron en Cubadebate junto a Jesús Arboleya ante la llegada a Cuba del Presidente de EEUU Barack Obama.

Rosa Miriam Elizalde: Fernando, usted mismo ha alertado de la existencia en Cuba de un nacionalismo de derecha, que está en contra del bloqueo pero también implícita o explícitamente en contra de la Revolución, invocando posturas centristas.
Fernando Martínez Heredia: Y un nacionalismo de derecha incluso que tiene una acumulación cultural a la cual referirse. Si el día de mañana tuviéramos problemas graves entre nosotros, algunos de los que se sienten nacionalistas de esta manera probablemente terminarán frustrados y dirán: “Y yo que quería que Cuba tuviera una buena democracia, que con el pluripartidismo salieran los mejores siempre y la administración fuera una maravilla y miren las desgracias que nos han caído por lo que yo me creí.”
¿Qué tienen que hacer los pueblos cuando tienen experiencia histórica?: No volverse a equivocar. Cuando yo era niño la democracia burguesa en Cuba regía muy bien y mejor que en muchísimos países, y además se trataba de que el presupuesto nacional fuera aprobado por el Congreso. El Presidente de la República tenía un Primer Ministro, se transmitían por radio los debates, la televisión nueva también se metió en la política, la libertad de expresión cubana en la República burguesa neocolonial -no es una pseudorepública.
Allí la libertad de expresión era bastante alta y ¿por qué?, porque era funcional a la dominación capitalista en Cuba. Que todo el mundo pudiera opinar lo que quisiera, pero que las cosas continuaran en lo esencial sin cambios; por eso todos los partidos políticos cubanos en un momento dado estuvieron a favor de la Reforma Agraria, pero solo el triunfo militar-político de los revolucionarios pudo hacer la Reforma Agraria. Esa es una experiencia histórica.
Recuerdo a Frei Betto, que es tan sagaz y hace un par de meses dijo en Cuba: lo americanos saben que no pueden anexionarse a Cuba, ellos lo saben muy bien, pero pueden tener la aspiración de una anexión simbólica de Cuba. Es decir, pueden tener la aspiración de que por la guerra de los símbolos los cubanos se confundan suficientemente o se dividan suficientemente, para que se equivoquen con sus propios símbolos. Por ejemplo, que uno tenga la bandera norteamericana en la ropa, en un automóvil, y diga: “No, si eso no tiene importancia, pero si es de lo más bonita, no pero si venden muchísimas”. También podrían poner la bandera irlandesa o austriaca, y no es así. De modo que no es casualidad, sino un proceso. Cito a Betto porque en estas cosas a veces de las frases felices son importantes.
La anexión simbólica no significa que a uno le vaya a parecer mejor la bandera, sino que uno pueda pensar que, porque Obama viene a Cuba, la situación material de una parte grande de los cubanos va a mejorar. Esa es una creencia que pudiera existir. Supone una tremendísima confusión, pero pudiera existir. Cuando hablamos de anexión simbólica estamos pensando de la creencia de que son los grandes poderes que existen en el mundo los que le pueden resolver los problemas a Cuba. Por eso hablé no solo del dominio neocolonial norteamericano, sino del dominio de la burguesía de Cuba, que mantuvo a casi la mitad de los cubanos sin saber leer y escribir -100 mil cubanos en La Habana no sabían ni leer ni escribir cuando triunfó la Revolución-, 100 mil que mantuvo a la gente sin atención médica, donde morirse de diarrea de niño era lo más normal y tener tuberculosis de adulto era de lo más normal. Entonces, pensar que hoy en el siglo XXI uno puede resolver todo si los Estados Unidos nos ayudan a resolverlo es anexionarse simbólicamente, y es peligrosísimo porque es volverse ciego, es perder la visión del presente y del futuro.

Fernando Martínez Heredia
La pupila insomne

Rolling Stones en Cuba: la diplomacia del rock




En un recital gratuito ante más de 400 mil personas en La Habana, la legendaria banda de Jagger y Richards aportó no sólo rock & roll, en el marco del descongelamiento de las relaciones entre Cuba y EE.UU.

Y finalmente llegó el día esperado por el público cubano amante de la música: los Rolling Stones tocaron gratis en la Ciudad Deportiva de La Habana, con la asistencia de una verdadera multitud de casi medio millón de personas. Quienes no pudieron acercarse al escenario lo siguieron en vivo desde pantallas gigantes colocadas en las inmediaciones. Según algunos cálculos, por otros medios más remotos el show fue seguido por un total de casi dos millones de personas, aunque no hubo televisación oficial. Un auténtico fenómeno.
El repertorio de los Stones y la puesta en escena (luces, sonido y escenario), al nivel de cualquier show internacional de una banda como los Rolling -espectáculo no muy habitual en La Habana-, no variaron demasiado de lo que mostraron en el resto de Latinoamérica en el marco de su gira “Olé tour 2016”. Abrieron con el clásico “Jumpin´ Jack Flash” y la catarata de hits no se detuvo durante todo el concierto.

La diplomacia del Rock

Como plantea el enviado especial del diario Clarín, Gustavo Sierra, si la cumbre Raúl Castro-Obama abrió una especie de “diplomacia del béisbol” (en referencia a uno de los deportes más populares de ambos países), el show de los Rolling Stones fue en algún sentido la continuidad, algo así como una “diplomacia del Rock”. Los propios músicos británicos se encargaron de manifestarlo apenas pisaron el Aeropuerto Internacional José Martí: “Creo que él [por Barack Obama, NdeR] ha causado una gran impresión, dijo algunas cosas muy interesantes. Fue muy encantador y estamos muy contentos de estar aquí después de él”, declaró Mick Jagger, a lo que Keith Richards acotó “Es un gran hombre”.
La mayoría de los medios obvió –por desconocimiento o adrede- que el de los Stones no era el primer recital importante de una banda anglosajona. En el año 2001, fueron los galeses Manic Street Preachers quienes obtuvieron permiso para tocar en Cuba, claro que en un contexto muy distinto. En aquel momento habían pasado pocos años de la crisis que desembocó en la huida de centenares de cubanos en balsas (“crisis de los balseros”) intentando zafar las consecuencias del brutal bloqueo aplicado por el imperialismo; además estaba en auge el fenómeno “No global” de jóvenes que en los propios países imperialistas denunciaban las políticas de sus gobiernos bajo la idea de la “globalización”. En ese contexto, el recital de los Manic Street Preachers significaba un gesto de respaldo (de manera acrítica por parte de los músicos hacia el régimen castrista) hacia uno de los pueblos que resistía el ingreso a las reglas de la “economía de mercado”. El recital del viernes de los Stones puede entenderse en sentido contrario.
En el marco del descongelamiento de relaciones entre Cuba y Estados Unidos, la aceptación de parte del régimen de Raúl Castro de algunas medidas de apertura al capital extranjero y el interés de empresas norteamericanas de no quedar afuera de ese proceso, el show de los Rolling Stones puede leerse como una muestra de las “ventajas de la apertura”. Aunque las visitas de Obama y los Stones no estuvieron directamente relacionadas, no podemos dejar de observar que ni el imperialismo yanqui, ni Raúl Castro y el PC Cubano, ni los propios Stones dan “puntada sin hilo”.
En notas anteriores de La Izquierda Diario se describe la prohibición por parte del gobierno de Cuba de la música de los Beatles o los Stones, considerada una especie de “desviación ideológica” entre fines de los ´60 y principios de los ´70 (justamente la época más prolífica de la banda de Jagger-Richards). En imágenes de los noticieros de todo el mundo que cubrieron el show Stone de ayer en Cuba se destacan testimonios de personas que promedian los 50 años (adolescentes en aquel tiempo) que resaltan esa situación y se alegran de la posibilidad de poder verlos ahora. Este recital era una cuenta pendiente para varias generaciones.
Pese a las posturas políticas de los Stones y las maniobras del gobierno cubano, la concreción de esa “cuenta pendiente” puede ser para la juventud cubana una oportunidad para luchar por el derecho inalienable a la libertad cultural, artística, de pensamiento y orientación sexual, y reforzar la perspectiva de conquistar libertades políticas en el marco de la defensa de las conquistas de la Revolución del ´59 y el proceso de nacionalizaciones y no en el sentido contrario que le quiere imprimir el imperialismo.

Augusto Dorado
@AugustoDorado

sábado, 26 de marzo de 2016

Cuito Cuanavale y la eterna amistad




A 28 años de la batalla de Cuito Cuanavale se rindió en la mañana de ayer en la propia localidad un sentido homenaje a aquellos que fueron parte de este acontecimiento cuya trascendencia histórica se reconoce y recuerda, no solo en An­gola y en todo el continente africano, sino también a nivel internacional.

En el acto central por el XXVIII aniversario de la batalla de Cuito Cuanavale estuvieron presentes el ministro de defensa, General João Manuel Gonçalves Lourenço, en representación del Presidente de la República; el gobernador de la provincia de Kuando Kubango, Pe­dro Mutindi; el Ministro de la Cons­trucción Valdemar Pires Ale­xan­dre; el jefe de Estado Mayor de las Fuerzas Armadas Ango­leñas (FAA), General Geraldo Sa­chi­pen­­do Nun­da, diputados de la Asam­blea Na­cio­nal, altos oficiales de las FAA y el pueblo de la provincia.
Invitados por el Ministerio de De­fensa angolano asistieron a esta conmemoración además la em­ba­jadora de Cuba en Angola, compañera Gi­sela García y el agregado militar de la embajada cubana co­ro­nel Julio Abreu.
En su discurso, el ministro de De­fensa de Angola General João Lou­renço subrayó que aprovechaba también la ocasión “para rendir un homenaje de agradecimiento de todo el pueblo angolano al hermano pueblo de Cuba, que en los momentos más difíciles estuvo siempre hombro con hombro con nosotros en las principales batallas libradas en el país, desde N’to, Kifangondo, Ebo, Can­gamba, Cahama y obviamente Cuito Cua­navale, en la defensa de nuestra independencia y soberanía nacional”.
“La sangre derramada por los combatientes cubanos en Angola, continúa regando el árbol que queremos cada vez más frondoso, de la eterna amistad entre nuestros pueblos, nuestras Fuerzas Armadas, nuestros países”, agregó.
Previamente, el ministro angolano y sus acompañantes, inauguraron un nuevo puente sobre el río Cui­to, que sustituye al histórico en­lace cuyos intentos de destrucción por parte de las tropas sudafricanas provocaron en­carnizados combates 28 años a­trás.

Em­ba­jada de Cu­ba en An­go­la | internet@granma.cu

¿Obama “el bueno”?




Como muchos, he estado siguiendo la visita de Barack Obama a nuestro país, experimentando sentimientos encontrados: de un lado el sano orgullo patriótico y revolucionario de ver un presidente norteamericano rectificando la política hacia Cuba y repitiendo en nuestro propio suelo que hay que terminar con el bloqueo, lo que ratifica el respeto a nuestra soberanía e independencia, esas que nos hemos ganado los cubanos con nuestro sacrificio, nuestro sudor, nuestra sangre, nuestra historia y, de otro, el peligro que significa que haya quienes piensen que con estos, por ahora tibios cambios, ha desaparecido la contradicción entre los intereses del imperialismo norteamericano y los de la nación cubana. Pe­ro solo luego de escuchar su discurso de la mañana del martes, me he decidido a escribir estas líneas, porque —como alertó hace más de medio siglo Fidel—, en lo adelante todo se­rá más difícil.
¿Quién podría poner en duda la enorme complejidad de la sociedad norteamericana, en la que poco valen análisis en blanco y ne­gro?
Una historia turbulenta en la que se entremezclan las batallas contra el colonialismo inglés por la independencia y arremetidas ge­nocidas contra la población autóctona, un im­petuoso desarrollo industrial y una cruel guerra intestina que costó la vida a más de 600 000 seres humanos, una creatividad e inventiva paradigmáticas en la ciencia y la tecnología y un belicismo expansionista del cual México y Cuba —por poner solo dos ejemplos de nuestra región— han sido víctimas cercanas, una sociedad con extraordinarias manifestaciones culturales en la música, la literatura y el cine junto con un mesianismo que no honra esos valores, una ciudadanía laboriosa y em­prendedora sobre la cual, sin embargo, descansa pesadamente una ma­quinaria estatal imperialista, el país más rico y el más en­deudado del mundo, el que más reclama a los demás los derechos humanos y quien menos los respeta como demuestra más de medio siglo de bloqueo económico contra Cuba, una sociedad en la que la violencia sirve de hilo conductor para seguir su historia.
En resumen, un país lleno de contradicciones en el que, no obstante, sería ingenuo pensar que los acercamientos actuales hacia Cu­ba son simplemente el resultado de los criterios, la voluntad y la habilidad de Obama y no parte integrada a los intereses del poder real de los EE.UU.: el del gran capital.
Si Barack Hussein Obama resultara infuncional a los poderes fácticos que rigen el Es­tado norteamericano difícilmente habría sido elegido presidente en el 2008, ni reelegido en el 2011, ni habría iniciado el cambio de política hacia Cuba.
Es el mismo Obama que solo dos meses después de haber recibido el regalo del premio Nobel de la Paz envió decenas de miles de soldados a Afganistán, el que ha autorizado cientos de ataques con drones que han costado la vida de cientos de civiles en varios países del mundo, el que participó en el complot que destruyó a Libia, el que ha armado a la llamada oposición siria fortaleciendo al autotitulado Estado islámico, el que aprobó el suministro de armas a Kiev luego del golpe de Estado, el presidente que ha estado detrás de la “primavera árabe” de fatales consecuencias en esa zona del mundo. Es el mismo Obama; como diría el poeta: “No os asombréis de nada”.
En efecto, no hay dos Obama, uno “bue­no” y “otro malo”. No estamos frente a una per­sonalidad bipolar, sino uno único, el político de carrera, quien más allá de sus características e historia personal, de sus modos do­més­ticos de hacer política, y hasta de sus in­clinaciones como individuo y de su probable objetivo de dejar como legado el de ser el presidente norteamericano que cambió la política hacia Cuba, ha sido siempre y es funcional a los intereses estratégicos de los poderes fácticos que regulan el Estado norteamericano.
Es, eso sí, un político a quien hay que re­conocerle carisma, dominio escénico, sentido de la oportunidad mediática, habilidad co­mu­nica­tiva; probablemente el mejor y más ca­paz a mano para enmascarar hoy los objetivos estratégicos del imperialismo norteamericano hacia Cuba y hacia América Latina y el Caribe.
En esta visita a nuestro país, el presidente Obama no ha perdido oportunidad para re­clamar el fin del bloqueo, lo que de últimas son palabras de alguien pronto a desaparecer de la escena gubernamental norteamericana, frases que puede ahora pronunciar, de las cuales puede ahora hacerse responsable porque no aspira, ni podría aspirar a un nuevo periodo presidencial y porque las formalidades del sistema político del país norteño le permiten presentarse olímpicamente como alguien no responsable del bloqueo, opuesto al bloqueo, sostenedor de una nueva política, cuando durante casi toda su actuación presidencial lo avaló con su inercia.
Pero volviendo al discurso de marras, no puede ser objeto de un breve artículo un análisis exhaustivo de esa intervención[1], de modo que solamente voy a recalcar algunos aspectos que resaltan a primera vista donde como han expresado varios analistas mucho hay de lo que no se dijo y es poco lo que concede, aunque lo adorna bien. Es el mismo Obama que podría hacer mucho más desde sus atribuciones presidenciales y aún no lo ha hecho.
Y de eso se trata, de leer la letra chica de sus declaraciones, algo importante especialmente para los jóvenes cuyas experiencias de vida con el vecino del norte no cuentan con los sabotajes criminales, los episodios de Girón, la crisis de octubre, las bandas contrarrevolucionarias, los atentados contra nuestros líderes, las agresiones biológicas, y un largo etcétera, y a quienes los efectos del bloqueo les han llegado amortiguados por la protección de la sociedad y de las familias.
No hay dudas: Obama es la cara gentil y seductora del mismo peligro. No se disculpó por los crímenes contra Cuba, no mencionó la base naval de Guantánamo, no habló de la Ley de Ajuste Cubano, no dijo por qué no ha­ce más contra el bloqueo pudiendo hacerlo, y mu­chas otras increíbles omisiones.
Mientras, fue evidente que él no quiere colaborar con Cuba, sino con aquella parte de nuestra sociedad a la que supone mejores condiciones para los intereses estratégicos que representa, él quiso seducir a la juventud, estimular en ella el egoísmo y el afán de mejoramiento puramente individual presentando el crecimiento capitalista como la panacea universal y no la causa de las crisis y del peligro del agotamiento de la naturaleza y la desa­parición de la especie humana; él quiso contribuir a fragmentar la sociedad cubana para el propósito de recuperar la hegemonía norteamericana aquí y en nuestra región, en su discurso asomó el tono sobrador de alguien que “nos concede el derecho —que nadie tiene que otorgarnos— de resolver nuestros propios problemas”. Nos toca ahora explicar y evidenciar eso.
La visita de Obama es una victoria del pueblo cubano y de todos los pueblos de América Latina y del Caribe por lo que entraña el que los Estados Unidos de Norteamérica se hayan visto obligados a reconocer que se estrellaron contra nuestra dignidad y ahora optan por hacer un rodeo amañado. Por eso hay que recordar aquellas palabras de Julius Fucik al final de su histórico Reportaje al pie de la horca y “estar alertas”.
Obama terminó su visita a Cuba, fue —jun­to con su bella familia hacia la que los cubanos hemos sentido natural simpatía— recibido, tratado y despedido cortésmente por un pueblo y unas autoridades que hacen gala de su hospitalidad, respeto y disposición al diálogo sin imposiciones, pero cuyas mayorías saben bien el terreno que pisan y en las que bulle el espíritu soberano, martiano y fidelista, ese que coreó en el estadio latinoamericano: “Raúl, Raúl, Raúl…”.

Darío Machado Rodríguez | internet@granma.cu

[1] En un libro en proceso editorial en la Editorial de La Mujer de La Habana dedico un capítulo completo al análisis del discurso que ofreció el 17 de diciembre del 2014 en la Casa Blanca y del cual retomo partes en este.

viernes, 25 de marzo de 2016

Carta de un joven cubano al presidente de los Estados Unidos Barack Obama




Estados Unidos, no nos da miedo, a fin de cuentas éste sigue siendo un pueblo de Patria o Muerte.

La Habana, Cuba

Sr. Presidente:

Hace apenas unas horas, tuve la oportunidad de escuchar su discurso de manera íntegra por nuestros canales de televisión nacional, y debo reconocer, que son precisamente sus palabras las que motivaron esta carta que ahora, luego de reflexionar sobre lo que ha dicho, me dispongo a escribirle.
Le hablo desde el respeto que siente un joven cubano, por un hombre que ha sido capaz de cambiar la historia de su país, en cuanto a política exterior hacia Cuba se trata, ese será un mérito indeleble durante toda su vida, y lo mejor, es que será un mérito alcanzado multilateralmente.
Me complace mucho que esta nueva etapa, se esté abriendo en nuestros países cuando en Cuba, aún contamos con la Dirección Histórica de la Revolución, pues debería saber, que de no ser así, este proceso sería mucho más complicado para Estados Unidos, pues los cubanos seríamos aún más recelosos.
Quisiera referirme a algunos aspectos del discurso que usted pronunciara hace pocos momentos en el Gran Teatro de la Habana “Alicia Alonso”:
El pueblo de Cuba, ha marcado siempre una diferencia con el resto del mundo en el tratamiento de sus enemigos, el fragmento del poema Martiano que usted mencionaba es prueba de ello, pero también lo es la conducta del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, de nuestro General de Ejército Raúl Castro Ruz, del Guerrillero Heroico Ernesto Che Guevara y del inmortal Señor de la Vanguardia Camilo Cienfuegos Gorriarán, quienes brindaron atención médica, respetaron moral y físicamente a los oficiales y soldados del ejército del dictador Fulgencio Batista, durante la guerra que condujo al triunfo Revolucionario, por lo tanto, no es una conducta nueva en Cuba el respeto a sus contrarios, sino que es una característica natural de nuestro pueblo.
Veo con beneplácito que usted, luego de más de medio siglo de férreas contradicciones, exprese hoy en mi país, que la gobernabilidad de Cuba, es un asunto de Cuba y que Estados Unidos nada tiene que hacer al respecto, y espero que no sean solo palabras y que los fondos de su Congreso, destinado a la subversión interna en la Isla, dejen de ser aprobados, que la NED y la USAID, dejen de promover programas contra la independencia y autodeterminación de Cuba y permitan realmente, que la voluntad del pueblo cubano imponga los cambios que necesitamos y en los que – por demás – ya estamos inmersos.
Su historia personal, su padre emigrante, su madre de pocos recursos y su posición actual, es indiscutiblemente una muestra de su sacrificio personal, de su voluntad de salir adelante, pero tristemente, no es la historia de la mayoría de los hombres que como usted han crecido en Estados Unidos. Yo, en lo personal, conozco muchos más hombres negros asesinados en Estados Unidos, que inmersos – de forma triunfante – en la política de su país.
Cuba es una nación de oportunidades iguales, sin exclusiones sociales, y que como bien usted ha señalado, permite y fomenta una educación igual para niños y niñas, no importa el color de su piel, o la religión e ideología de sus padres, por lo tanto, nuestros niños pueden construir un futuro con las mismas posibilidades y también el esfuerzo individual será determinante en la consecución de sus objetivos, la diferencia está en que la colectividad, la sociedad, fomenta de igual forma estas conductas y respaldas las políticas estatales al respecto.
Usted mencionaba el fin de la Guerra Fría, pero me preocupa que la existencia de naciones socialistas o progresistas en América Latina, se conviertan en el nuevo “bloque” de contradicciones, el caso de Venezuela es uno de los asuntos que ejemplifican esto que menciono y siento que Estados Unidos podría cometer el error de enterrar esa macabra etapa histórica y hacer nacer una nueva, con las mismas intenciones, pero con diferentes o mutados métodos, lo que sería nefasto para nuestros pueblos.
Quiero expresarle desde mi juventud, que considero a mi tierra como un país de Democracia, un país dónde los obreros no solo tienen voz y voto, sino que representan la mayoría y hacia ellos van dirigida las políticas de la Revolución, porque son los obreros, los campesinos, y nosotros los jóvenes el objetivo principal de la política cubana, del desarrollo social, económico y cultural, y vivo además de seguro, plenamente orgulloso de esto.
Usted mencionó que nuestras potencialidades están en nuestra capacidad de creación y estoy de acuerdo, y también mencionó nuestra capacidad de conmover al mundo, y ahí quería hacer un breve alto. Cuba no solo conmueve al mundo, sino que ha sido capaz de movilizarlo desde 1959, y es esa movilización, precisamente la que ha hecho que usted esté cambiando su política exterior hacia nuestro país, porque los pueblos se han aliado a Cuba, los gobernantes de América Latina han cambiado y Estados Unidos fue quedándose solo poco a poco.
Sabemos que nuestra sociedad es imperfecta, que debemos trabajar en aspectos que usted ha señalado y en otros muchos que usted ni imagina, precisamente porque somos una sociedad perfectible, pero tenemos cosas Sr. Presidente, que brillan por encima de nuestros defectos, y como también dijo José Martí: “El sol quema con la misma luz con que calienta. El sol tiene manchas. Los desagradecidos no hablan más que de las manchas. Los agradecidos hablan de la luz.”
Usted hace continua referencia a la necesidad de dejar el pasado. Cuba no puede olvidar el pasado, porque el pasado no es un lastre, es un recuerdo, es un impulso y es nuestra esencia. Cuba puede en virtud del futuro, sentarse en cualquier mesa a hablar de cualquier tema, pero los interlocutores deben ser hombres buenos, aún cuando sean de ideologías distintas, no pueden ser hombres sin decoro, sin honor y sin orgullo patrio, los cubanos, precisamente por la historia, no hablamos con mercenarios o apátridas que dan la espalda a su pueblo en virtud de un interés personal. La individualidad es respetada en mi patria, pero como aprendí desde niño: Los intereses colectivos, están por encima de los intereses personales.
Quiero concluir, agradeciendo una vez más su visita, su honestidad y la simpatía mostrada a nuestro pueblo, pero sería deshonesto conmigo si dejo de incluir en estas letras, mi valoración sobre una frase suya dirigida al General de Ejército cuando dijo: “No necesita tener miedo a una amenaza de Estados Unidos”. Sr. Presidente Barack Obama, Cuba no ha tenido ni tiene ningún miedo, la Revolución ha enfrentado las agresiones de su país durante siglos sin cobardía, hoy encaramos la convivencia pacífica con respeto y diplomacia, pero el futuro no nos asusta, Estados Unidos, no nos da miedo, a fin de cuentas éste sigue siendo un pueblo de Patria o Muerte.
Reciba un cordial saludo de éste joven cubano.

Julio Alejandro Gómez Pereda.

Y en eso llegó Obama




Desde Cuba hasta Argentina, pasando por Venezuela, Brasil, Ecuador, Uruguay, se desarrolla en América Latina una crisis económica y política, que en muchos casos no tiene precedentes. Este es el marco en que se debe discutir el destino social y político de la Revolución Cubana.

Pocas cosas clarifican mejor la llegada de Obama a Cuba que el apoyo que recibió ayer nada menos que de parte de Donald Trump en una entrevista de la CNN. Casi a la defensiva, el magnate de verbo fascistoide protestó contra el reclamo por parte de Cuba de un resarcimiento de centenares de miles de millones de dólares debido los perjuicios ocasionados por seis décadas de bloqueo económico y militar. Trump ya ha puesto el ojo, como es obvio, en los desarrollos hoteleros e inmobiliarios que ofrece el turismo en Cuba y el levantamiento de las restricciones al uso del dólar por parte del gobierno norteamericano. Pero la adhesión va más allá de los negocios propios de este hombre, porque, como lo destaca ayer The Wall Street Journal, la preocupación del capital estadounidense es la penetración económica de China, cuyo comercio con la Isla ha crecido alrededor del 60% en los últimos nueve meses.

Carácter estratégico

El ritmo que ha impreso a los acontecimientos esta rivalidad, no debe oscurecer el carácter de conjunto del acercamiento EE.UU-Cuba. Es un proceso que tiene más de dos décadas, incluso antes. Ha habido varios acuerdos para regular los problemas inmigratorios y la cuestión del terrorismo – incluso cuando Cuba figuraba en una lista de naciones terroristas de Estados Unidos. La colaboración entre ambos estados adquirió un carácter estratégico con la negociación entre el gobierno de Colombia y las Farc, que tienen lugar precisamente en La Habana. Una de las primeras definiciones del gobierno ‘uribista’ de Argentina, por medio de la canciller Malcorra, fue apoyar esas negociaciones, como antes lo había hecho el Papa – un mediador de la normalización diplomática entre ambos estados. A esa misma mesa negociadora fue llevada Venezuela, que enseguida ‘normalizó las relaciones con el gobierno colombiano de Santos. La cuarentena contra Cuba se había convertido en el último obstáculo para el desarrollo de un nuevo tipo de intervención política del imperialismo yanqui en América Latina. La ‘pax cubana’ ha permitido a la administración Obama explotar a su favor los golpes ‘parlamentarios’ en Honduras y Paraguay, y, ahora, el derrumbe de los gobiernos bolivarianos. La ‘distensión’ política-diplomática sirvió a la mayor eficacia de la intervención norteamericana en América Latina. Después del conocimiento de la ‘pinchadura’ de telefónica e informática de Petrobras, revelada por Wikileaks, es claro que la operación Lava Jato que se va a llevar puesta a Dilma Rousseff fue instrumentada desde Estados Unidos – uno de cuyos objetivos es el desmantelamiento relativo de Petrobras, como lo viene haciendo el gobierno en funciones, y la privatización integral del negocio petrolero en Brasil, como ya lo está discutiendo el Senado de ese país.
La tendencia a la reintegración de Cuba al sistema político latinoamericano es de larga data y bien anterior a la disolución de la Unión Soviética. La movida que comenzó con el apoyo al gobierno chileno de Allende y al de Perón, fue interrumpida por el ciclo de golpes militares. En lugar del frente guerrillero internacional, que fue la OLAS, en 1989 surgió el Foro de San Pablo, que en 1993 adoptó el programa de la “economía de mercado”. En el seno del Foro comenzaron las primeras “negociaciones de paz” en Colombia. En 1994 se debatió incluso una política de acuerdos con el gobierno de Clinton. Esta estrategia integracionista se manifestó, por sobre todo, en ocasión de la Revolución Sandinista, cuya dirección fue presionada a no seguir el rumbo de la Revolución Cubana. Luego se expresó en los diversos “acuerdos de paz” que pusieron fin a las guerras civiles en El Salvador y Guatemala. Las fechas de estos acontecimientos coinciden con el llamado “periodo especial”, cuando Cuba quedó asfixiada económicamente con la ruptura comercial de parte de la Rusia restauracionista. A mediados de los años 90, el ejército de Cuba habría tenido reuniones mensuales con sus contrapartes estadounidenses en la base naval de Estados Unidos en Guantánamo.
En todo este período, la economía cubana pasó a depender del turismo y del capital extranjero -europeo– vinculado al turismo. Fue la expresión de un gran retroceso de las fuerzas productivas. El intento de convertir a Cuba en una plaza fuerte del capital europeo, adelantándose al norteamericano, no prosperó por el veto impuesto por Estados Unidos, por un lado, y por las restricciones que imponía la estatización económica en Cuba. De la mano de Lula, Brasil hizo una fuerte incursión económica, en especial a favor de su pupila Odebrecht. En algún momento se pretendió, como Brasil, que Cuba fuera exportadora de etanol a partir de la explotación azucarera.

Clases en presencia

La política de desarrollar un mercado capitalista en un marco dominado por empresas estatales y un monopolio del comercio exterior, cobró un fuerte impulso a partir de tres medidas: la cesantía de centenares de miles de trabajadores, que han quedado como fuerza de trabajo disponible para emprendimientos capitalistas; la privatización del pequeño comercio, que pasa a absorber una parte del excedente económico estatal; y el establecimiento de una “zona económica especial” en el puerto de Mariel – que funciona como un experimento de probeta del capitalismo. Es casi un ‘replay’ de la ‘vía China’, a la cual le falta aún el ingreso masivo de capital extranjero. No es la primera vez que la autarquía económica lleva a un impasse fenomenal de las fuerzas productivas, ni se limita a los casos de China, Vietnam y la ex URSS, donde esa misma autarquía y las acciones planificadoras habían impulsado antes un ascenso de las fuerzas de producción. La cuestión es, además de la oportunidad y de las condiciones concretas en que tiene lugar, cuál es la dirección política que busca un reintegro en la economía mundial y cuáles son los intereses de clase de esta dirección.
La dirección política de esta reintegración es, obviamente, la burocracia de Cuba –no los obreros o los campesinos. Pero la burocracia es, casi por definición, un complejo contradictorio, sometida a la presión de las clases en conflicto, incluso cuando da la impresión de gozar una elevada autonomía de acción. La presión del imperialismo tiene un objetivo bien claro: el desmantelamiento de la economía estatal y la liberación de su fuerza de trabajo para el capital. Dentro de este campo actúa la burguesía que tiene vínculos sociales y familiares que reside en Estados Unidos. Una parte de esta burguesía opera a la sombra del gran capital, pero otra parte pretende usufructuar una asociación especial con la burocracia del estado en las principales empresas. Los dirigentes de estas empresas han sido enviados a las escuelas de negocios internacionales por parte del gobierno y en especial por Raúl Castro. Las fuerzas armadas tienen el control principal de la economía estatal. El proletariado, finalmente, carece de una posición independiente pero aspira a mantener sus derechos sociales, aunque una parte de los trabajadores procura emigrar al cuentapropismo. "La isla ha pasado de tener un modelo totalmente estatal a tener hasta 40% de sus 11 millones de habitantes ganando dinero a través del sector privado”, según la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos, un centro de estudios.
Como acaba de observar un ex canciller de México, la fuerza de trabajo de Cuba tiene un alto nivel de educación, lo que no quiere decir que sea “calificada”, o sea que reúna las condiciones de disciplina y flexibilidad que exige una explotación capitalista. El desenlace de este antagonismo de clase se encuentra abierto. Lo mismo que el choque comercial con China o incluso Europa – donde el Club de Paris ha propuesto un Programa de Conversón de Deuda, que permitiría al capital europeo canjear u$s14 mil millones de deuda externa de Cuba por inversiones en la Isla, o sea sin poner efectivo o créditos nuevos, o incluso adquirir activos en empresas estatales. Lo que es claro, de cualquier modo, es que una restauración completa, digamos, del gran capital, pondría fin a la independencia política de Cuba. Obama puso este punto en la agenda cuando repitió, durante su estancia en la Isla, que “respetaba” la independencia cubana. Así como América Latina ha fracasado en desarrollar una burguesía nacional independiente del capital financiero internacional, tampoco un bloque entre la burguesía ‘nacional’ de Miami y la burocracia pro-capitalista de Cuba serán capaces de mantener la independencia nacional. Después de todo, esa burguesía pro alianza con la burocracia, no solamente cultiva amigos en el seno de ésta – ella misma existe solamente por sus vínculos con el capital norteamericano. El conflicto que ha marcado 150 años de historia cubana vuelve a la superficie.

El bloqueo sigue

EEUU, hay que advertirlo, no ha levantado el bloqueo económico; se vale de él, al contrario, para forzar a Cuba a una fuerte apertura al capital extranjero y a terminar con el monopolio del comercio exterior. También hay que advertir que el contexto internacional actual no es el que prevalecía cuando se disolvió la URSS y cuando el gobierno de Clinton-Rubin-Summers convirtió a Rusia en un protectorado financiero de EEUU. En Rusia, el derrumbe económico y social, y en China, el ascenso, han derivado en contradicciones y confrontaciones intensas con EEUU y Japón, y secundariamente con Europa; incluso militares –en el mar de China y en Ucrania. La crisis mundial ha atizado estas contradicciones. No menos importante, se desarrollan movilizaciones obreras y huelgas masivas, en especial en China, nada menos que por el derrumbe de una parte del proceso de industrialización habilitado por la restauración capitalista. Los círculos dirigentes de Cuba están atentos a estos desarrollos potencialmente revolucionarios– como los mismos norteamericanos. Después de todo, en el mismo momento en que se menta un peligro para la independencia de Cuba, el derrumbe de Puerto Rico, la hermana del Caribe, ha provocado la irrupción de la consigna de la independencia nacional portorriqueña. La cesación de pagos de Puerto Rico ha dejado al desnudo que el capital continental monopoliza todos los ingresos principales de esta Isla.
Desde Cuba hasta Argentina, pasando por Venezuela, Brasil, Ecuador, Uruguay, se desarrolla en América Latina una crisis económica y política, que en muchos casos no tiene precedentes. Este es el marco en que se debe discutir el destino social y político de la Revolución Cubana.

Jorge Altamira

jueves, 24 de marzo de 2016

Las lecciones hipócritas de Estados Unidos a Cuba




Los días previos a la histórica visita del presidente Barack Obama a Cuba se especulaba en Estados Unidos sobre si este podría presionar a aquel país para que mejorara la situación de los derechos humanos. Pero si comparamos el historial de derechos humanos de ambos países veremos que es Estados Unidos el que debería aprender de Cuba.
La Declaración Universal de Derechos Humanos está formada por dos categorías diferentes: por un lado los derechos civiles y políticos y por el otro los derechos económicos, sociales y culturales. Entre los primeros están el derecho a la vida, a la libre expresión, a la libertad de religión, el derecho a un juicio justo, a la autodeterminación, así como a no recibir torturas, tratamiento cruel o detención arbitraria.
Los derechos económicos, sociales y culturales comprenden el derecho a la educación, a los cuidados sanitarios, a la seguridad social, al seguro de desempleo, a la baja remunerada por maternidad, a un salario equitativo por un mismo trabajo, la reducción de la mortalidad infantil, así como la prevención, tratamiento y control de enfermedades y el derecho a la sindicación y a la huelga.
Este conjunto de derechos humanos está consagrado en dos tratados: el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (ICCPR, por sus siglas en inglés) y el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (ICESCR, ídem). Estados Unidos ha ratificado el primero de ellos, pero se ha negado a firmar el segundo. Desde los tiempos de la Administración Reagan, EE. UU. solo ha considerado derechos humanos a los derechos civiles y políticos. Los derechos económicos, sociales y culturales se descartan por considerarlos cercanos a la asistencia social o al socialismo.
El gobierno estadounidense critica los derechos civiles y políticos en Cuba a la vez que ignora su acceso universal a la vivienda, a la sanidad y a la educación, así como la baja maternal remunerada y la igualdad de salarios garantizadas.
Al mismo tiempo, el gobierno estadounidense ha perpetrado graves violaciones de los derechos humano en suelo cubano, entre ellas la tortura, el trato cruel y las detenciones arbitrarias en Guantánamo. Y, desde 1960, ha interferido claramente en los derechos económicos de Cuba y en su derecho a la autodeterminación mediante el embargo económico.
El embargo económico a Cuba, convertido en bloqueo en la actualidad, fue iniciado por el presidente Dwight D. Eisenhower durante la Guerra Fría en respuesta a una circular de 1960 escrita por un funcionario de alto nivel del Departamento de Estado. Dicha nota proponía “una línea de actuación que haga todo lo posible por impedir la llegada de dinero y de suministros a Cuba, con el fin de reducir los salarios reales y provocar el hambre, la desesperación y la caída del gobierno [de Castro]”.
Dicho objetivo ha fracasado rotundamente, pero el bloqueo de castigo ha dificultado la vida en Cuba. No obstante, a pesar de ese esfuerzo inhumano, Cuba garantiza a su población una notable gama de derechos humanos.

Sanidad

A diferencia de los Estados Unidos, en Cuba la atención sanitaria es considerada un derecho. La sanidad es universal y gratuita. Cuba posee la mayor ratio médicos/pacientes del mundo: 6,7 médicos por cada 1.000 habitantes. La tasa de mortalidad infantil en 2014 era de 4,2 por cada mil nacidos vivos, una de las más reducidas del planeta.
En aquel país, la sanidad hace hincapié en la prevención en vez de en el tratamiento, en parte debido al acceso limitado a los medicamentos provocado por el bloqueo estadounidense. En 2014, la revista médica Lancet afirmaba que “si los logros de Cuba se hicieran extensivos a un amplio espectro de países de renta baja y media, la salud de la población mundial se transformaría”. Cuba ha desarrollado tratamientos pioneros en la prevención y cura del cáncer de pulmón y en la prevención de amputaciones diabéticas. Sin embargo, a causa del bloqueo, en Estados Unidos no podemos beneficiarnos de ellos.

Educación

La educación gratuita, incluida la superior, es un derecho universal. Cuba dedica a ella mayor proporción de su PIB que cualquier otro país del mundo. Si los niños no pueden asistir a la escuela, son atendidos en casa por “profesores móviles”. Muchas escuelas ofrecen a los padres que trabajan y no cuentan con apoyos familiares hacerse cargo de sus hijos después de las clases y antes de que empiecen por la mañana. Los estudios para licenciarse en medicina son gratuitos. Existen allí 22 facultades médicas, frente a las 3 que existían en 1959, antes de la Revolución cubana.

Elecciones

Las elecciones para el parlamento cubano (la Asamblea Nacional) tienen lugar cada cinco años y las elecciones para las asambleas municipales cada dos años y medio. Los delegados de la Asamblea Nacional eligen posteriormente el Consejo de Estado, el cual nombra a su vez al Consejo de Ministros del que sale elegido el presidente.
A partir de 2018 (fecha de las próximas elecciones generales en Cuba), todos los puestos de máxima responsabilidad tendrán un tope de dos mandatos de cinco años, incluido el presidente. Cualquiera puede ser candidato, sin necesidad de pertenecer al Partido Comunista. No está permitido destinar dinero alguno a la promoción de los candidatos y los partidos políticos (incluido el comunista) no pueden hacer campaña durante las elecciones. Ningún personal militar presta servicio en los colegios electorales: los escolares son responsables de vigilar las urnas.

Derechos laborales

La legislación cubana garantiza el derecho a crear o afiliarse de forma voluntaria a los sindicatos, que son independientes legalmente y autónomos en su financiación. Independientes del Partido Comunista y del Estado y financiados por las cuotas de sus miembros. Los derechos laborales protegidos por los sindicatos incluyen un contrato escrito, una semana laboral de 40-44 horas y 30 días de vacaciones anuales remuneradas en el sector público.
Los sindicatos tienen derecho a interrumpir cualquier trabajo que consideren peligroso. Tienen derecho a participar en la gestión de la empresa, a recibir información sobre dicha gestión, a espacio y materiales para sus oficinas y a facilitar tiempo para sus representantes. Se requiere el acuerdo sindical para los despidos, los cambios en el horario laboral, las horas extras y el informe anual sobre seguridad en el trabajo. En Cuba, los sindicatos cumplen también un papel político y tienen el derecho constitucional de ser consultados sobre legislación laboral, así como de proponer nuevas leyes a la Asamblea Nacional.

Mujeres

En Cuba, las mujeres son mayoría dentro de los jueces, abogados, científicos, trabajadores técnicos y de salud pública y profesionales en general. Cuba se encuentra en el primer lugar de la clasificación del Índice Mundial de Madres de los “países menos desarrollados” elaborado por la ONG Save the Children. Cuenta con un 48% de parlamentarias, el tercer país con más representación femenina en la cámara legislativa del mundo. Las mujeres tienen derecho a 9 meses de baja por maternidad con salario completo, seguidos de otros 3 meses con un 75%. El gobierno financia la planificación familiar y el aborto, da gran importancia al cuidado prenatal y ofrece “viviendas maternales” a las mujeres antes del parto.

Esperanza de vida

Según la Organización Mundial de la Salud, en 2013 la esperanza de vida de las mujeres en Cuba era de 80 años y 77 para los hombres. La probabilidad de morir entre los 15 y los 60 años era de 115 entre mil para los hombres y de 76 para las mujeres.
En ese mismo periodo, la esperanza de vida femenina en EE. UU. era de 81 años y la masculina 76. En cuanto a la probabilidad de morir en esa franja etaria de 128 y 76 respectivamente.

Pena de muerte

Según un estudio realizado por la Cornell Law School, en octubre de 2015 no había en Cuba ninguna persona sentenciada a muerte ni esperando la ejecución. El 28 de diciembre de 2010, el Tribunal Supremo cubano conmutó la pena capital del último preso sentenciado a muerte, un cubano-americano hallado culpable de asesinato durante una invasión terrorista a la isla realizada en 1994. Desde entonces no se conoce ninguna otra sentencia a la pena capital.
Por el contrario, a 1 de enero de 2016 había 2.949 personas esperando en el corredor de la muerte en centros estatales de EE. UU y otras 62 esperando ejecución en prisiones federales, según Death Penalty Information.

Desarrollo Sostenible

En 2006, según el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), una ONG ecologista global, Cuba era el único país del mundo que había logrado un desarrollo sostenible. Jonathan Loh, uno de los autores del informe de WWF, afirmó que “Cuba ha alcanzado un buen nivel de desarrollo según los criterios de la ONU, gracias a su elevado nivel de alfabetización y una gran esperanza de vida, mientras que su huella ecológica no es importante por tratarse de un país con un bajo consumo de energía”.

Ya basta de dar lecciones a Cuba: Levantad el bloqueo

Cuando Cuba y Estados Unidos entablaron negociaciones sobre derechos humanos hace un año, el presidente de la delegación cubana, Pedro Luis Pedroso declaró: “Hemos expresado nuestra preocupación por las pautas de discriminación y racismo presentes en la sociedad estadounidense, el empeoramiento de la violencia policial, los actos de tortura y las ejecuciones extrajudiciales en el marco de la lucha contra el terrorismo así como por el limbo legal en el que se encuentran los detenidos en la prisión de Guantánamo”.
La hipocresía del gobierno estadounidense cuando intenta dar lecciones a Cuba sobre derechos humanos a la vez que niega muchos derechos humanos básicos a sus propios ciudadanos es flagrante. Estados Unidos debería levantar el bloqueo. Obama debería cerrar Guantánamo y devolvérselo a Cuba.

Marjorie Cole
Information Clearing House

Traducido para Rebelión por Paco Muñoz de Bustillo
Marjorie Cole es profesora de la Thomas Jefferson Shool of Law desde 1991. En el verano de 2016 será nombrada profesora emérita y continuará con sus clases, sus escritos y sus análisis para los medios de comunicación. http://marjoriecohn.com.

Fuente: http://www.informationclearinghouse.info/article44480.htm