martes, 15 de abril de 2025
lunes, 14 de abril de 2025
Elon Musk y los daños de la guerra comercial a los "ensambladores" norteamericanos
La ofensiva arancelaria del presidente norteamericano, Donald Trump, tiene paradójicamente entre sus damnificados a su funcionario y magnate Elon Musk. Es que la guerra comercial no es indolora para los capitalistas yanquis, cuyos negocios son fuertemente dependientes de las cadenas globales de suministros y de sus negocios fronteras afuera. Tesla, la empresa automotriz de Musk, recibió un nuevo sacudón tras la imposición de aranceles a las importaciones en Estados Unidos: sus acciones cotizan a la mitad de su máximo de 52 semanas atrás y sus ventas cayeron fuertemente. Además, la figura de Musk empieza a concentrar un extendido repudio, cuando empiezan a aflorar las movilizaciones contra el gobierno derechista.
Musk se peleó públicamente con Peter Navarro, hombre de confianza de Trump en materia comercial y enemigo declarado de China. El dueño de Tesla y X viene de pronunciarse a favor de un acuerdo de libre comercio entre Estados Unidos y Europa que incluya aranceles cero. Una orientación que se opone por el vértice a la que viene desarrollando Trump. Salió con los tapones de punta contra Navarro, tildándolo de inútil en la red social X. Este lunes, en diálogo con la CNBC, Navarro recogió el guante y señaló que “todos en la Casa Blanca y el pueblo estadounidense entendemos que Elon es un fabricante de automóviles. Pero no es un fabricante de automóviles, es un ensamblador. Nosotros queremos que los neumáticos se fabriquen aquí (en Estados Unidos)”. Los choques continuaron escalando con el correr de los días.
Según medios como Político y ABC, Trump habría tomado la decisión de apartar a Musk del gobierno manteniéndolo como un asesor secundario. El empresario sudafricano está al frente de Doge, organismo desde el cual ha impulsado despidos de empleados públicos y un ajuste sobre áreas como Seguridad Social y Educación. Estos encontronazos muestran las disensiones que atraviesan a la clase dominante estadounidense. Es que la política arancelaria de Trump ha perjudicado a muchas compañías norteamericanas que producen y tienen negocios fuera de Estados Unidos. Por ejemplo, Tesla posee su planta más importante en China –allí genera más del 20% de sus ingresos totales–, algunos de sus motores son japoneses o chinos, varios de los componentes electrónicos que utiliza se producen en Taiwán y también usa insumos de procedencia europea. Sus ventas en Europa, donde compite con coches chinos y europeos, se han desplomado en enero y febrero un 49% (El País, 25/3).
Las acciones de Tesla perdieron casi la mitad de su valor desde mediados de diciembre (la caída equivale a unos 750.000 millones de dólares) y sus ventas se derrumbaron un 13%. Algunos inversores han dicho que el precio al que cotiza Tesla es “excesivo, propio de una burbuja, e injustificable solo con las previsiones de ventas futuras y por comparación con el precio de cotización de sus competidores”. Space X y Starlink, las otras dos compañías que están en manos de Musk, también podrían verse perjudicadas por los cimbronazos arancelarios del presidente republicano. Además de Musk, otros magnates como Larry Fink (Black Rock) y James Demon (JP Morgan) salieron a cuestionar el rumbo trumpista.
Trump provocó un descalabro económico mundial con derrumbes bursátiles y pérdidas millonarias para muchísimas empresas capitalistas. El presidente sostiene que con los aranceles hará repuntar los negocios de la industria norteamericana al aumentar el coste de los bienes extranjeros. Pero lo más probable es que solo empeore el estancamiento en el que ha ingresado la economía de Estados Unidos, alimentando sus tendencias inflacionarias y recesivas –la industria yanqui, por ejemplo, pagará más caros los suministros que utiliza para producir.
En este contexto, el gobierno de Trump fue enfrentado por movilizaciones multitudinarias protagonizadas por sectores de trabajadores en varias ciudades de Estados Unidos, y Musk es un personaje que se está ganando el odio de sectores cada vez más amplios del pueblo, como lo demostraron las protestas que hubo frente a locales comerciales y sedes de Tesla. En Londres, la capital de Reino Unido, un grupo de activistas que promueven la campaña “Todos Odian a Elon” destruyó a garrotazos un auto de Tesla. En Alemania también ha habido ataques contra autos Tesla y también protestas masivas contra el auge de la ultraderecha filonazi que es respaldada por Musk. El repudio a Musk también se expresó en las calles de Francia y Países Bajos.
La movilización popular es el camino.
Nazareno Suozzi
domingo, 13 de abril de 2025
FMI y devaluación, un volantazo con pronóstico reservado en Argentina
No es de buen augurio para Caputo la decisión de devaluar el peso en una Semana Santa, aunque los feriados bancarios del jueves y viernes próximos le podrían servir para evitar una crucificación del Gobierno. A breve plazo quizás no pueda repetir el apotegma de Alfonsín: “La casa está en orden”, quien logró apagar el fuego pero dejando focos de llamas adentro.
La ‘autorización’ para que el Banco Central deje que el dólar llegue a los 1400 pesos tiene lugar cuando el índice de inflación de marzo llegó al 3.7 % y dejó una curva empinada para abril. Un traslado ‘liviano’ de la devaluación a los precios podría llevar la tasa al 5 % mensual para abril y para mayo, en especial porque la economía se encuentra indexada (alquileres, servicios, combustibles). El escenario de los precios volvería al de los últimos días de la gestión de Massa, cuando, según los liberticidas, Argentina habría estado al borde de la hiperinflación. La devaluación es precedida también por un elevado “riesgo-país” –alrededor de 900 puntos básicos sobre la tasa del Tesoro de Estados Unidos-. Esto señala una ola de ventas de títulos de la deuda de Argentina y una fuerte señal de fuga de capitales. En medio de un desplome del mercado de deuda pública de Estados Unidos y una guerra comercial sin precedentes, no se ven las razones que habría para que esta tendencia se dé vuelta. El 9 de julio próximo, nuestro “Día de la Liberación”, Caputo deberá pagar capital e intereses por 4500 millones de dólares por vencimiento de Bonares y bonos Globales, más allá de los vencimientos repetidos de la deuda doméstica que se ajusta por inflación o dólar. La devaluación significa algo importante, como es la pérdida de valor del llamado superávit fiscal en pesos. El gobierno se ha adelantado en asegurar que lo subirá del 1.1 % al 1.6 % del PBI, revelando al mismo tiempo que espera un impacto inflacionario del orden del 50 por ciento. Esta tasa devora las ventajas competitivas de la devaluación en un tiempo muy rápido.
Más allá de los enormes negociados que han hecho quienes estaban informados de la devaluación, el acuerdo con el FMI comporta una transferencia de ingresos extraordinaria de los contribuyentes al capital financiero. Los 15 o 20 mil millones de dólares que el préstamo pone en cabeza del Tesoro y por lo tanto de los contribuyentes, irán a las arcas del Banco Central. No financiarán el gasto público, aunque su devolución recaiga en ese público, sino que financiará las operaciones en el mercado de cambios y la salida de capitales. Se trata de un ajuste adicional del 5 % del PBI sobre el 15 % que presume haber realizado el mismo Milei –o sea unos 700 mil millones de dólares-. Esta confiscación brutal, lo es todavía más con los préstamos que anuncian el Banco Mundial y el Banco de Desarrollo, o el que otorgaría el Tesoro de Estados Unidos. Los pone también a cargo del Tesoro, pero irán al Central en calidad de fondos de “libre disponibilidad”. Suponiendo que representan una suma similar a la del FMI, la carga fiscal sobre los contribuyentes alcanzaría otro 5 % del PBI, y superaría los 100 mil millones de dólares largamente. Entre el impuesto inflacionario –que el 3.7 % marzo lleva al 100 % anual– y los 30 mil millones de dólares que entrega el Tesoro al Banco Central, los liberticidas expropian a los trabajadores casi el 40 % del PBI, lo cual explica su odio al socialismo y el comunismo.
La repetida afirmación de que la estabilidad cambiaria se encuentra asegurada cuando las reservas disponibles emparejan la base monetaria amplia, es un falacia que delata la mediocridad de quienes la sostienen. Simplemente, si la base cancelara por completo las reservas, se tendría una economía dolarizada, en el marco de una fuga monetaria. Para que esa reserva de valor se convierta de nuevo en medio de circulación es necesario superar la causa subyacente de esa fuga, que es el default interno y la ruptura de contratos. Siempre hay salida a una crisis, lo que no se puede de ningún modo es evitarla. Los liberticidas no aprendieron nada un cuarto de siglo después del derrumbe de la convertibilidad.
La extensión, por otro año, del canje de monedas, 5 mil millones de disponibilidad inmediata, concedido por el Banco Central de China al Banco Central de Argentina, es una muestra definitiva de que la economía de Milei y Caputo se encuentra en llamas. Lo mismo ocurre con la decisión de Estados Unidos de abrir un crédito directo al BCRA por otros 5 mil millones de dólares. En este caso, Trump recula de la exigencia a Milei de que no renueve el canje con China, y que inicie, en cambio, una ofensiva contra las inversiones de China en el país. Mauricio Claver-Carone, enviado de Trump a América Latina, lo reclamó en forma explícita, al igual que el secretario del Tesoro, Scott Bessent, cuya presencia en Argentina está prevista para los próximos días. Este giro político de parte de la Administración estadounidense ocurre cuando la guerra comercial lanzada contra China alcanza proporciones superlativas.
Significativamente, la devaluación viene acompañada con el mantenimiento del ‘cepo’, incluso su profundización. Los importadores no recibirán dólares sino otra tanda de bonos. La única ‘liberación’ es para personas humanas, con cuentas bancarias, algo que los bancos han advertido que no ocurrirá de inmediato, porque necesitan ‘resetear’ sus operaciones. Un índice del estado de la crisis lo mostrará el grado de adhesión que tengan las licitaciones de renovación de deudas y los plazos que se suscriban. El tope de 1400 pesos el dólar podría ser superado a corto plazo. El dueño de Puente advierte de un “overshooting”, o sea disparada, mientras el kirchnerista Vanoli, ex presidente del Banco Central, pone al dólar de ‘equilibrio’ en 1557 pesos. Martín Redrado, quien busca empleo en la institución, ha llamado a ilusionarse “con fórmulas mágicas”.
El sismo financiero ha repercutido en el Congreso, donde la oposición ‘dialoguista’ busca cambiar de campo; un cambio de gabinete, no inmediato, ya se encuentra planteado. Los gobernadores de Córdoba y Catamarca, Llaryora y Jalil, han impulsado la investigación del $Libragate, desbaratando el bloqueo oficial. Caputo reconoce el desastre sin disimulo, cuando lo adjudica al intento de que el acuerdo con el FMI fuera discutido antes por el Congreso. Esto no ocurrió tampoco en 2018, sin por ello evitar el derrumbe.
El oficialismo liberticida se defiende, por último, definiendo a la devaluación como un puente hasta la llegada de los dólares de la soja, el aceite y la energía. Los dueños de estos rubros esperan, a su vez, que se levante el ‘cepo’ para traer las divisas del exterior o acelerar importaciones. Todos “esperan a Godot”, mientras la economía mundial se disloca todos los días más y obliga al charlatán de los charlatanes a recular a los tropezones.
El gobierno de Milei ha llegado al estadio recorrido por muchos otros antes, como la dictadura en 1981; Alfonsín en noviembre-febrero de 1988/9; Menem en 1994 y de la Rua en el 2000; el kirchnerismo en 2007 y a partir de 2011; Macri desde abril de 2018; y los Fernández a la salida de la pandemia. Es el estadio del inmovilismo político, cuando las iniciativas son reemplazadas por los golpes de mano y los volantazos.
Es sobre la base de esta caracterización que estamos discutiendo y seguiremos discutiendo la política de la clase obrera, incluido el escenario electoral.
Jorge Altamira
12/04/2025
sábado, 12 de abril de 2025
Francia: la condena a Le Pen es parte del cordón sanitario erigido por la Unión Europea
Le Pen fue declarada culpable de malversación de fondos públicos del Parlamento Europeo. Esto la deja inhabilitada y fuera de la pelea electoral presidencial en 2027. La líder de la extrema derecha francesa fue sentenciada por el Tribunal Penal de París a cuatro años de prisión -dos de prisión efectiva qué será domiciliaria con brazalete electrónico- y cinco de inhabilitación. La extrema derecha se movilizó en París contra la sentencia y contra los jueces a quienes acusa de llevar a cabo una sentencia política solo para proscribirla, pero la convocatoria fue un fiasco, superado ampliamente por las movilizaciones llamadas por el gobierno y la izquierda en defensa de los jueces y el “estado de derecho”. Le Pen -que tiene al racismo como una de sus directrices principales- tuvo el descaro de compararse con Martin Luther King, en su lucha “pacífica” y “democrática” por los “derechos civiles de los franceses”.
La sentencia es un golpe para la extrema derecha. Le Pen usó fondos públicos de la UE, destinados a financiar el trabajo en el parlamento europeo, para un uso partidario. RN (Agrupación Nacional), primera en las encuestas, tiene un plan B, y es presentar a Jordan Bardella como candidato, que es el protegido de Le Pen, con solo 29 años.
La sentencia inaugura una nueva estrategia que el establishment de la Unión Europea tiene planeada para establecer el cordón sanitario, no tanto contra la extrema derecha como tal, sino contra los que define como agentes de Putin - la proscripción a través de las causas judiciales. En Rumania procedió directamente a desconocer las elecciones para no consagrar a un outsider derechista, pro ruso. El ‘lawfare', en este caso, es una expresión de la guerra interimperialista. La izquierda francesa se ha unido a Macron ‘contra el fascismo’, mientras la inglesa (SWP) se embandera en la defensa de los derechos democráticos
Pero el cordón sanitario lo levantan los mismos gobiernos que sentaron todas las condiciones para el fortalecimiento de la extrema derecha y que legitimaron la xenofobia metiendo a los migrantes asiáticos en seudos campos de concentración, permitieron que miles de africanos mueran ahogados en el Mediterráneo y acompañaron las invasiones bélicas de Estados Unidos en Medio Oriente, África, Ucrania y Haití que obligan a esas mismas poblaciones al éxodo. Son los responsables de crisis humanitarias en todo el mundo y del empobrecimiento del proletariado europeo.
El establishment de la UE reacciona desesperado ante el accionar disolvente de Trump, quien, siendo la cabeza del sistema capitalista, está poniendo en cuestión a toda la superestructura que sostenía hasta ahora a ese mismo sistema capitalista: la Organización Mundial de Comercio, las Naciones Unidas, el Tribunal de la Haya, la misma OTAN. Acuciado por la deuda externa más grande del mundo, acorralado por el déficit comercial, Trump avanza, como dicen algunos medios, como un elefante en un bazar, rompiendo al mundo tal como lo conocíamos hasta ahora, y prometiendo desastres humanitarios aún mayores.
La acción desesperada de la UE pasa por tratar de abortar cualquier surgimiento de vestigios trumpistas en el continente en pos de mantener en su sitio algo del mundo conocido. Pero este mundo es el de la desigualdad que no para de crecer, el que tiene a un 50% de la población en la pobreza. Es un mundo en donde hay guerras y genocidios.
El surgimiento de la ultraderecha es una de las consecuencias del fracaso y del ocaso del sistema que la UE se empeña en mantener con pulmotor. Por lo tanto, cada paso de la UE en este sentido le da mayor entidad a Le Pen y compañía.
Para acabar con la ultraderecha, los trabajadores tienen que organizarse en forma independiente contra la guerra y sus gobiernos, falsamente ‘democráticos’. El Poder Judicial no es un medio para derrotar al fascismo, en especial cuando ni siquiera condena a ese fascismo.
Aldana González
10/04/2025
viernes, 11 de abril de 2025
La crisis financiera fuerza el recule de Trump
La “guerra relámpago” desatada por Donald Trump hace un par de semanas contra el ‘resto del mundo’ ha tenido un resultado catastrófico. En la mañana del miércoles, Trump se vio forzado a “pausar” por noventa días la aplicación de los abusivos impuestos arancelarios a las importaciones de otros países, decretado poco tiempo antes. Exceptuó de la tregua a China, a la cual se los subió a un 125%, equivalente a un cierre completo del comercio recíproco. Trump convirtió a la ‘blitzkrieg’ que le atribuyeron en sus primeros días de gobierno los habituales a la frase impresionista, en un estruendoso recule. Lo que motivó esta retirada en chancletas fue el estallido de una crisis de la deuda del Tesoro que amenazaba paralizar el sistema financiero de Estados Unidos e internacional. El día anterior habíamos escrito en estas páginas, con motivo del derrumbe de la Bolsa de Nueva York, que esa perspectiva estaba fuertemente colocada sobre el tablero, pero que no era inminente. Fue inminente. De la corrida contra las compañías y bancos se pasó, al cabo de menos de una semana, a una corrida contra los títulos de la deuda pública norteamericana, que es el centro de las finanzas internacionales. Cuando todos los especialistas esperaban lo contrario, o sea que los bonos del Tesoro estadounidense se convirtieran en un refugio para quienes liquidaban activos financieros a diestra y siniestra, el derrumbe se extendió al sector público e incluso al oro (otro refugio de capital para los días sombríos). Lo único que valía era el dinero contante y sonante, para hacer frente a la emergencia, al precio incluso de incurrir en otro desengaño – la devaluación del dólar. La Casa Blanca se convirtió en un escenario tormentoso: mientras el asesor de Trump, Peter Navarro, se declaraba en contra de pestañear, Elon Musk y el ministro de Economía, Scott Bessent, urgieron a levantar las velas. El capital financiero acababa de dar “un golpe de mercado” al recién nato segundo período de Trump. Con dos años de diferencia, el mandamás de la primera potencia imperialista del mundo corría el riesgo de terminar como la ex primera ministra de Gran Bretaña, Liz Truss, que fue volteada por la Bolsa de Londres cuando su gestión amenazó con un derrumbe inminente de la deuda pública (los llamados “gilts”). Truss cayó a los 45 días de asumir – Trump estaba probando suerte a los tres meses.
El detonante de la crisis, aunque no su causa, ha sido la guerra arancelaria desatada por Trump, que apunta en apariencia re-equilibrar el balance comercial de Estados Unidos, que alcanza al billón de dólares al año. Esta política le ha valido a Trump la acusación de “proteccionista” o, peor, de “mercantilista” – algo así como una injuria en el lenguaje cifrado de los economistas del sistema. El propósito de la guerra en cuestión, sin embargo, que no es solamente arancelaria: es la promoción de un cambio de régimen económico y, eventualmente, político, en los actores principales del escenario mundial. Este es el sentido de la demanda, a los demás países, de poner fin a las trabas paraarancelarias y cambiar la legislación comercial interna, en cuanto a subsidios y participación libre en las licitaciones públicas e incluso el gasto en la asistencia social o, como en Sudáfrica, la promoción de la propiedad de la burguesía negra. Hemos señalado, desde estas páginas, que el atropello multidireccional de Trump provocó las protestas de AmCham, la cámara de las grandes firmas norteamericanas, en Vietnam y, eventualmente, la sede central en Washington. La urgencia de revertir la declinación del imperialismo norteamericano no permite largas tratativas comerciales, ni éstas, por su alcance, pueden ser impuestas por medio de la diplomacia económica. Aplicada a China, la intención de imponer un cambio de régimen lleva a una extensión final de la guerra mundial en desarrollo. El mundo asiste al despliegue, cada vez más explosivo, de todas las contradicciones irreconciliables del capitalismo.
Es claro para cualquiera, y más que nadie para la reacción política que encarna el trumpismo, que al cabo de la ‘pausa’ de 90 días, las cosas no volverán al punto de partida. El imperialismo está forzado a producir, en el entretiempo, un cambio del escenario. El más importante tiene que ver con los propios Estados Unidos. La deuda pública norteamericana crece a partir de los 34 billones de dólares, que representa un 120% del PBI, pero involucra a otros centenares de billones de dólares, como consecuencia de los apalancamientos financieros que se hacen con los bonos, en especial los derivados, que forman una cadena de capitales ficticios encima de un activo real que representa una milésima parte del montaje financiero final. Es este sistema el que llevó a la pirámide de la deuda pública a la posibilidad del colapso en los días que corren y a dejar de ser un refugio para convertirse en descampado. En torno al mercado de futuros de la deuda del Tesoro, se ha desarrollado un “rulo” que haría la envidia de un especulador porteño. El contrato de un futuro de títulos, financiado en un 90%, es vendido para comprar bonos al contado, muy poco más baratos, que son usados como colateral o garantía de nuevas operaciones de futuro, en una operación que, según los especialistas, se repite de 50 a 100 veces y permite ganancias fabulosas, a pesar de los márgenes estrechos de cada operación. En una cuenta de balance que diversifica inversiones, digamos entre 50 en Bolsa y 50 en obligaciones públicas, el hundimiento del valor de la primera ha obligado a la venta masiva de la segunda, para pagar deudas. El mercado público se derrumbó enseguida después del privado. La tormenta perfecta. Por aquello de que “quien avisa no traiciona”, en las semanas previas al derrumbe, la licitación de títulos públicos no tuvo compradores – algo que los Caputo, Massa, Guzmán e ‘tutti altri’ conocen de memoria. El crédito, una variable fundamental para la acumulación del capital, alcanza en el curso de un ciclo niveles catastróficos que desatan los desplomes y derrumbes. La perspectiva de inflaciones y recesiones, desatadas por una guerra comercial llevada al extremo, fue el marco perfecto para la tormenta del mismo nombre.
Para reanudar la guerra político-comercial internacional, la burguesía norteamericana necesita cerrar el grifo de un mercado financiero fuera de control. Es así que Trump haya hablado de declarar la perpetuidad de la deuda pública, de modo de pagar solamente los intereses. Pero el 30% de los acreedores de esta deuda son actores internacionales: bancos centrales extranjeros y fondos de cobertura o inversión, e incluso los fondos de fondos (que llevan la sigla ETF y que invierten en índices de una multitud de negocios fuera del radar de este fondo de fondos). La separación entre la crisis financiera nacional y la internacional es ella misma un causal de más crisis y guerras. De la deuda perpetua se ha pasado, en apariencia, a una propuesta de “swaps (canje) de deuda”, es decir a una reestructuración, que implica fuertes quitas. La crisis mundial convierte a EEUU, en este caso, en un clásico país emergente que pide el salvataje del FMI. Para uno de los observadores más importantes del Financial Times, ese “swap” ya está descontado (“price in), en los mercados internacionales.
Trump no ha incluido en la ‘pausa’ a China; la guerra abierta deberá continuar contra el principal rival internacional. Trump propone abandonar por tiempo breve el campo de juego para cagarse a piñas con China en el vestuario. Todo sigue en la cuerda floja. China ha cerrado por completo las exportaciones de tierras raras a EEU, e incluso estaría retirando capital de la deuda del Tesoro norteamericana. China enfrenta la alternativa de crear su propia zona comercial, más allá del Sudeste de Asia a Japón y Corea del Sur, una región que ha sufrido el peor derrumbe financiero desde la crisis de los años 90, para lo cual deberá defender el valor de su moneda. Las contradicciones, probablemente insalvables, de este objetivo, la forzarían, por el contrario, a devaluar, en medio de una crisis inmobiliaria no resuelta y una manifiesta caída de su tasa de crecimiento. Cruje todo el sistema de relaciones internacionales creado luego de la restauración capitalista en China y Rusia.
El cambio de escenario necesario para reanudar la guerra multidireccional pasa por sobre todo por un cambio de régimen político en Estados Unidos. Ese cambio exige un ajuste violentísimo contra las masas. Es lo que están haciendo Trump y Musk, con la colaboración del Congreso y de la Corte Suprema. Es necesario una abolición, en la práctica al menos, del llamado “estado de derecho”; en este marco debe entenderse la lucha contra la población migrante, porque ha dado paso al secuestro de personas por parte de la policía, incluso si son residentes o cuentan con permisos de trabajo. Esto mismo ocurre en la Academia, donde la persecución y la deportación contra quienes protestan contra el estado sionista y la limpeza étnica en Palestina se ha convertido en una cruzada fascista sin fronteras. De ahí la importancia de las manifestaciones masivas contra Trump y Musk, que han tenido lugar en miles de ciudades de Estados Unidos.
El ‘alivio’ con que los medios de comunicación han recibido a la “pausa” es una engaña pichanga. Se ingresa a 90 días convulsivos, en especial porque no hay un día 91 ‘pacífico’. La cuestión del internacionalismo proletario se ha convertido en apremiante. Aunque los revolucionarios no superen en número, en la actualidad, a poco más de los que “entran en un sillón”, según el famoso aforismo de Rosa Luxemburgo, ese internacionalismo se construye, en primer lugar, por medio de un programa y enseguida por medio del impulso y el apoyo a todas las acciones colectivas contra las guerras imperialistas y el imperialismo. La superación de la crisis histórica de la humanidad pasa por el desarrollo de una dirección revolucionaria en un período de catástrofes.
Jorge Altamira
10/04/2025
jueves, 10 de abril de 2025
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