miércoles, 22 de enero de 2025

Trump: un programa de guerra interno e internacional


Inaugura mandato con doscientos decretos ejecutivos. 

 El día de ayer, Donald Trump inauguró su mandato presidencial con un discurso perfectamente fascista, pero no ante un palco de masas desesperadas o desclasadas, sino ante la plana mayor de la oligarquía capitalista internacional –los líderes de las compañías de Silicon Valley, Meta, Starlink, Apple, Amazon, que acompañaron la diatriba con aplausos estruendosos. Trump mismo es un desclasado, porque ha sido condenado por la Justicia sin aplicación de pena, en consideración a su investidura presidencial. La Corte Suprema de Estados Unidos ha acordado que los delincuentes comunes vean suspendidos sus procesos judiciales durante el ejercicio de la jefatura de Gobierno. El gobierno de los mejores, meritocracia, como defiende el anarcocapitalismo, ha dado lugar al gobierno de los bajos fondos. 
 En lugar de un cambio de gobierno, ayer tuvo lugar un principio de cambio de régimen político, pues la ceremonia fue proseguida por la emisión de más de un centenar de decretos ejecutivos. En consecuencia, fue militarizada la represión a la llamada inmigración ilegal, sin considerar si el afectado ha cometido algún hecho punible. El ejército ha sido movilizado a la frontera sur del país. El derecho de asilo ha sido abolido, porque el trámite correspondiente debe hacerse fronteras afuera de EE.UU. e incluso ha dejado de funcionar la aplicación para su solicitud digital. El decreto que declara terroristas a los carteles de la droga, es un paso hacia la guerra contra países extranjeros, por ejemplo, México, que alberga a los más importantes. Cualquier pasante de droga podría ser tipificado como terrorista, con las consecuencias correspondientes. Como ha ocurrido en la historia con todas las medidas de discriminación masivas, constituyen el peldaño hacia la militarización de la represión de las luchas sociales y políticas. En un acto de características inconstitucionales, que el Poder Judicial podría avalar a partir de su copamiento por la derecha, Trump ha abolido, en su primer día de mandato, el derecho de ciudadanía por lugar de nacimiento. En una legislación ulterior, seguramente establecerá su validez a partir de una patria potestad de varias generaciones precedentes. Tropezará, en el intento, con varias piedras como las que tuvo que enfrentar Hitler para determinar cómo los matrimonios mixtos afectaban la determinación de judeidad de una persona. Ha abolido también el derecho a la libertad de género, en una ‘guerra cultural’ que invoca ‘la libertad’; ha dado el primer paso hacia la ilegalización de las relaciones homosexuales y la prohibición de que los matrimonios del mismo sexo tengan derecho a la paternidad. Trump, por de pronto, ha derogado, según revistas cubanas, el decreto ejecutivo de Biden, de pocos días antes, que sacaba a Cuba de la lista de “patrocinadores” del terrorismo. El libelo que pronunció Trump es, en definitiva, una convocatoria a la guerra civil contra la democracia y el movimiento obrero. 
 En un contexto en el que reivindicó al presidente William McKinley, cuando Estados Unidos ocupó Cuba, Puerto Rico, Filipinas y las islas de Guam, Trump reiteró el propósito de arrebatar el canal de Panamá, anexar a Canadá y a Groenlandia, y rebautizar el Golfo de México a Golfo de América. Javier y Karina Milei aplaudían a rabiar: su pasión fascista los ha llevado a descalificar a la generación que reivindican, la del 80 del siglo XIX, que desplegó una diplomacia enérgica contra esas anexiones, en defensa de la alianza de la oligarquía agraria de Argentina con Inglaterra. El pretexto esgrimido para justificar estos nuevos atropellos, que el canal de Panamá habría pasado al control de China, ha puesto en la agenda la preparación de la guerra contra el llamado gigante asiático. Trump juró su compromiso presidencial ante una Biblia de Abraham Lincoln, quien antes de dirigir la guerra civil contra el Sur esclavista y probritánico, se opuso con vigor a la guerra de anexión contra México, en 1848, a la que no vio como parte de un ascenso del capitalismo industrial sino como una extensión de las plantaciones de esclavos. A sabiendas de esto, el convicto llevó a la ceremonia otra biblia, que le habría regalado su madre. 
 Trump no perdió el tiempo en sacar un decreto que retira el acuerdo firmado con la OCDE, hace un año, que pone un piso del 15% a la tasa que grava a las multinacionales, en especial de aquellas sentadas ayer en la Casa Blanca, más allá de lo que pagan en su sede de residencia. Para la prensa europea, esta “guerra fiscal” tendría consecuencias más graves que la guerra arancelaria que Trump prometió en su campaña. Para un editorialista del Financial Times, Trump estaría convirtiendo a Estados Unidos en “un estado canalla”, que actúa al margen de la ley internacional. 
 Trump tampoco perdió el tiempo en quitar subsidios a la industria de automóviles eléctricos, e incluso prohibir la importación, para proteger a Tesla y a las automotrices norteamericanas de la competencia de China. Además de proceder a un cambio de régimen político y montar un Estado canalla, Trump quiere imponer una reestructuración de la economía política mundial, para poner fin a lo que él mismo llama “el declive americano”. Es una clara diferencia de época con el ascenso que cimentó la hegemonía del imperialismo norteamericano, desde finales de la primera guerra mundial (1918/20) hasta la declaración de la inconvertibilidad del dólar (1968/71).
 Trump prometió poner fin a la inflación y al déficit fiscal que dice haber heredado del gobierno de Biden, olvidando los billones de gastos y de deuda pública que él impulsó en su mandato previo, especialmente cuando se derrumbó la Bolsa en marzo de 2020. Como no tiene la menor intención de tocar los gastos discrecionales (defensa e intereses de deuda), y como ha anunciado una poda de diez puntos en el impuesto a las ganancias (25 a 15%), es claro que apunta a una enorme cirugía en la asistencia de salud. Tampoco esto bajaría la inflación si sigue a la letra el programa de imponer aranceles altos a las importaciones –naturalmente inflacionarios. Para la prensa financiera internacional, la Bolsa norteamericana se encuentra en zona de “alta burbuja”, porque sus cotizaciones se encuentran muy alejadas del valor real de las compañías, o sea al borde de un derrumbe. Es lo que podría volver a provocar el alza de la tasa de interés de Japón, cuya baratura financia a la bolsa neoyorquina. La salida a las contradicciones insuperables del programa antiobrero de Trump conducen a una agudización de los conflictos de clase al interior del país y a choques y guerras internacionales.
 El régimen económico y político mundial al que apunta Trump, significa, antes que nada, una reestructuración de conjunto de las relaciones con China. En términos monetarios consistiría en un régimen de dólar devaluado y renminbi revalorizado, y un concierto en las tasas de interés. Pero el fondo de ese acuerdo -el rebalanceo del consumo y la inversión en ambos países- está más allá de las posibilidades de un acuerdo, porque afecta en forma decisiva el equilibrio interno de uno y otro, y las relaciones con las terceras partes de la economía internacional. Las tendencias a un nuevo reparto de la economía internacional entre ambos países no excluyen la guerra, sino que la presuponen. Trump levanta un programa de guerra, que él y la prensa disfrazan como “transaccional” porque su propósito final sería la consumación de nuevos acuerdos pseudo estratégicos, con el fondo de la guerra. 

 Jorge Altamira
 21/01/2025

martes, 21 de enero de 2025

Frente a la arremetida imperialista, Cuba vencerá


Cese al fuego en Gaza: se concretó el primer intercambio de rehenes por prisioneros políticos palestinos


Con la entrada en vigor del cese al fuego, este fin de semana se produjo la primera fase del intercambio de rehenes, en manos de las organizaciones armadas palestinas, por presos políticos encerrados en cárceles de Israel. Puntualmente, en Gaza fueron liberadas tres mujeres civiles israelíes que habían sido capturadas el 7 de octubre de 2023, mientras que pudieron salir de prisión 90 prisioneros palestinos (69 mujeres y 21 adolescentes). Casi la totalidad de estos liberados habían sido arrestados con posterioridad al 7/10/23. 
 En esta primera etapa del acuerdo, que dura poco más de un mes, debería haber un lanzamiento de otros 30 rehenes (sobre 98 totales), a cambio de varios centenares de presos palestinos (1.900, según la cadena Al Jazeera). El próximo sábado se concretaría un nuevo intercambio.
 En las cárceles israelíes hay más de 10 mil presos políticos palestinos, la mayor parte de ellos bajo el régimen de detención administrativa, que permite a las autoridades sionistas mantener a las personas cautivas de manera indefinida y sin cargos. Las condiciones de detención son brutales, habiendo denuncias recurrentes de maltratos, tortura y privación de recursos básicos de vida. 
 Precisamente, una de las liberadas en esta primera tanda es una militante por los derechos de los detenidos. Se trata de Khalida Jarrar, quien también es dirigente del Frente Popular de Liberación de Palestina (FPLP), grupo considerado “terrorista” por Israel. Jarrar fue arrestada por primera vez en 1989, durante una movilización en Cisjordania por el día internacional de la mujer. Su última detención se produjo a fines de diciembre de 2023. También resultó liberada Rula Hassanein, editora de Wattan Media Network, un medio cisjordano, quien había sido detenida en marzo de este año. En paralelo con el intercambio, se reabrió el cruce de Rafah, en la frontera con Egipto, por donde reingresaron camiones de ayuda humanitaria. 
 Israel continuó realizando bombardeos y ataques hasta el último minuto de inicio del cese al fuego, con más de 80 asesinatos. El lunes mismo, pese a la vigencia del acuerdo, un joven fue asesinado por un francotirador israelí en la zona de Rafah. 
 El gabinete de seguridad israelí aprobó finalmente el acuerdo de cese al fuego, pero la organización Poder Judío, del ministro Itamar Ben-Gvir, que contaba con tres ministros y tiene seis legisladores, se retiró del gobierno en señal de disconformidad. En tanto, el Partido Sionista Religioso de Benjamin Smotrich, el ministro de Finanzas, que cuenta con siete diputados, se mantuvo en la coalición gubernamental, pero exige a Netanyahu que reocupe Gaza y proceda a instaurar un “gobierno militar temporal”. 
 En la primera etapa del acuerdo de cese al fuego, que está en curso, las tropas israelíes deben retirarse de las zonas pobladas de Gaza hacia un área ubicada unos 700 metros dentro de la frontera, y deben iniciar su salida del corredor de Filadelfia, en la frontera con Egipto. Recién en la segunda etapa de las negociaciones, que está condicionada al éxito de la primera, habría tratativas para una retirada efectiva de las tropas sionistas de todo el enclave costero, que era el planteo inicial que había formulado Hamas. 
 Para el gobierno israelí, el acuerdo supone un golpe a su objetivo declarado de aniquilar a la resistencia palestina. Esto explica la crisis interna y la demora de varios días de Netanyahu en aceptarlo. 
 Viva la lucha del pueblo palestino. Por la retirada total de las tropas israelíes de Gaza. Fuera Israel del Líbano y Siria. Por una Palestina única, laica y socialista, como parte de una federación socialista de pueblos de Medio Oriente. 

 Gustavo Montenegro

lunes, 20 de enero de 2025

Imperialismo recargado: Trump insiste en quedarse con Groenlandia


El hijo de Donald Trump visitó la isla este mes 

La fría isla de Groenlandia quedó en el centro de la atención internacional en las últimas semanas, luego de que el presidente electo norteamericano, Donald Trump, renovara su propuesta de compra del enorme territorio insular de más de 2 millones de km2, próximo al Polo Norte, que está bajo control de Dinamarca. El magnate amenazó, simultáneamente, con reocupar el Canal de Panamá si no hay una renegociación favorable a los intereses norteamericanos, y buscó persuadir a Canadá de que se transforme en parte de los Estados Unidos. Imperialismo recargado. 
 De acuerdo a cronistas que visitaron Groenlandia por estos días, la calma de la isla de apenas 60 mil habitantes, que en un 80% está cubierta de hielo, se ha visto sobresaltada. Es que el magnate, ante la requisitoria de la prensa, no descartó presiones económicas y militares para lograr su objetivo. 
 En este codiciado territorio, rico en recursos minerales e hidrocarburíferos sin explorar, la actividad preponderante, casi exclusiva, es la pesca, con Estados Unidos y China como principales clientes, y las distancias entre pueblos deben recorrerse en avión o barcos, debido a la ausencia de caminos. La otra fuente de recursos son los 600 millones de euros anuales que gira Dinamarca. 
 La isla, vieja colonia danesa, se convirtió en un territorio autónomo en 1979, después de un referéndum, y amplió sus prerrogativas en 2009, tras otra votación popular. Actualmente, la defensa y la política exterior son las principales herramientas que quedan en manos de Copenhague. 
 En 2019, cuando Trump blanqueó por primera vez su interés por Groenlandia, el gobierno danés dijo que era una propuesta descabellada y que la isla no se encontraba en venta. Ahora, respondió con una inversión de 1.300 millones de euros para la compra de material militar y de defensa para el territorio polar. 
 La propuesta de Trump es bastante insidiosa, porque coincide con un desarrollo de los sentimientos independentistas en Groenlandia, cuyos habitantes se sienten discriminados por Copenhague. Por lo pronto, el primer ministro groenlandés Mute Bourup Egede se ha mostrado cauto ante las presiones, asegurando esta semana en una conferencia de prensa realizada en Nuuk, la capital, que “tenemos que negociar con Estados Unidos. Hemos iniciado un diálogo y empezado a explorar las posibilidades para cooperar con Trump”.
 La isla se encuentra gobernada por una coalición de los partidos centroizquierdistas Inuit Ataqatigiit –que ganó las elecciones de 2021 y al que pertenece el primer ministro- y Siumut. Según el diario madrileño El País, mientras que los primeros sostienen una postura de acercamiento gradual a la independencia, los segundos quieren acelerar el proceso y alcanzarla en un plazo de diez años. 
 La victoria de Inuit Ataqatigiit en los comicios de 2021 se cimentó en sus promesas de suspender las exploraciones de uranio e hidrocarburos, atento a los problemas ambientales. En la isla se han desarrollado importantes movimientos populares contra proyectos mineros y existe también un temor de que la actividad pesquera pueda verse afectada por ese potencial giro económico. 
 Mientras el pueblo de Groenlandia teme por la sustentabilidad de la isla, a las grandes compañías multinacionales y potencias capitalistas se les hace agua la boca por los ingentes recursos de la zona, entre ellos las tierras raras, que sirven para la fabricación de baterías de autos eléctricos, y cuyas principales reservas están en China. 
 A la cuestión de la posesión de los recursos naturales, para Washington se suma el interés por las rutas árticas. El calentamiento global ha abierto rutas comerciales alternativas de gran valor durante buena parte del verano, y se estima que para 2050 el Ártico podría quedar, durante toda esa estación, libre de hielo. 
 Para los que creen que la propuesta de Trump es solo una más de sus ideas estrambóticas, conviene tener presente que el mandatario Harry Truman ofreció por ella 100 millones de dólares en oro, en 1946. Y, antes aún, un documento de 1867 del Departamento de Estado señalaba que “deberíamos comprar Islandia y Groenlandia, especialmente la segunda. Las razones son políticas, militares y comerciales” (El País, 31/12/24). La Casa Blanca, además, cuenta ya con una importante base militar en la isla (Pituffik), es decir que el área forma parte del radio de interés del imperialismo norteamericano. En la puja con China y Rusia, Groenlandia resultaría una pieza de gran importancia.

 Gustavo Montenegro

domingo, 19 de enero de 2025

Los dueños del cañón queman todas sus naves


Detrás de las amenazas de Trump 

 A pocos kilómetros de donde pierdo mi vida tratando de entender el absurdo de nuestra especie humana, Donald Trump ha vuelto a acusar a México de abusar de “la bondad de Estados Unidos” y a China de “abusar del canal de Panamá”. Como en el siglo XIX, el electo presidente también quiere Canadá como un estado. Al fin y al cabo, sus habitantes pertenecen a una raza superior.
 El abuso de China sobre el Canal de Panamá se refiere a que está haciendo demasiados negocios con Occidente y, peor, con América Latina, nuestro Patio trasero, nuestras repúblicas bananeras. Como dijo el presidente Ulysses Grant en 1873 y lo practicaron siempre los británicos, “cuando hayamos obtenido todo lo que puede ofrecer del proteccionismo, también adoptaremos el libre comercio”―solo que ahora es a la inversa. Las amenazas de Trump por apoderarse de Canadá, Groenlandia y Panamá responden al “deshielo del Ártico” que le daría más independencia a China y Rusia. 
 Claro que más importante que la flexibilidad ideológica del capitalismo es su flexibilidad moral. Los imperios siempre se presentaron como víctimas o con algún derecho divino. Cuando en 1832 Andrew Jackson, en su discurso en el Congreso, justificó la remoción de los pueblos nativos de sus propias tierras, proclamó: “nos agredieron sin que nosotros los provocásemos”. Tuvimos que defendernos. Desde 1763 hasta hoy, la tradición ha sido forzar a los nativos a firmar tratados que luego serían violados por los dueños del cañón cada vez que los tratados limitaban las oportunidades de hacer buenos negocios despojando a “las razas inferiores”. Lo mismo ocurrió con el tratado de 1848 que obligó a ceder la mitad de México a Estados Unidos por una limosna y nunca se cumplió en los acuerdos que protegían los derechos de los mexicanos que quedaron de este lado de la nueva frontera. El mismo lamento de “La pesada carga del hombre blanco” acuñado por el poeta británico Rudyard Kipling y difundido por Teo Roosevelt sobre la humanidad de los invasores a tierras de “negros pacíficos” -esa “perfecta raza estúpida”, según Roosevelt-. 
 Si salteamos tres mil intervenciones de Washington en los siguientes cincuenta años, podemos recordar que, según la lógica capitalista, el Canal de Panamá nunca fue de Estados Unidos como el Hudson Yards de Manhattan no le pertenece a Qatar, ni el One World Trade Center ni el nuevo Waldorf Astoria en Nueva York o las mega urbanizaciones de Chicago y Los Angeles les pertenecen a China, por nombrar solo ejemplos recientes. 
 Desde la moral y desde la ley Internacional, podríamos recordar que Teo Roosevelt le robó Panamá a Colombia con una revolución financiada por Washington. El canal, comenzado por los franceses y terminado por Washington fue, de hecho, construido con la sangre de cientos de panameños que el histórico racismo olvidó, como olvidó la construcción de las vías de ferrocarriles por parte de inmigrantes chinos en la costa Oeste o de irlandeses en la costa Este, grupos que sufrieron la persecución y la muerte por pertenecer a “razas inferiores”.
 Si Washington pagase a los países latinoamericanos una mínima compensación por todas sus invasiones y democracias destruidas, por todas las sangrientas dictaduras impuestas a fuerza de cañón, por la “política del dólar” o por los sabotajes de la CIA durante la Guerra Fría y más acá, no nos darían las reservas de oro del Tesoro para cubrir un porcentaje mínimo. Por no hablar de los crímenes imperiales, muchas veces en colaboración con los imperios europeos (los supuestos enemigos de la Doctrina Monroe) en Asia y África que no solo asesinaron a sus lideres independentistas como Patrice Lumumba sino que dejaron mares de muerte y destrucción, todo en nombre de una democracia y una libertad que nunca llegaron y que nunca les importó. 
 El sistema esclavista que le arrebató Texas, New Mexico, Colorado, Arizona, Nevada y California a México no desapareció con la Guerra Civil. Simplemente cambió de nombre (a veces, ni siquiera eso) para continuar haciendo lo mismo, como los bancos y las corporaciones esclavistas JP Morgan, Wells Fargo, Bank of America, Aetna, CSX Corporation, entre otros. En 1865 los esclavos de grilletes se convirtieron en esclavos asalariados (en muchos casos ni eso, ya que trabajaban por propinas, como lo siguen haciendo hoy las meseras). De la misma forma que durante la esclavitud, al sistema se lo siguió llamando democracia, mientras que sus constituciones (la de 1789 y la confederada de 1861) protegían la “libertad de expresión”. 
 Señores amos y cipayos, ¿piensan que este país necesita más adulones, o más críticos? Claro, todos responderán en favor de los críticos, pero en los hechos mudos la mayoría apoya lo contrario, sobre todo a través del descredito y de la demonización de los verdaderos críticos del poder―aquellos que hasta en la Biblia se apreciaba como profetas, no por anunciar el futuro sino por tener el coraje de decir lo que el pueblo no quería escuchar. Todos saben que si alguien quiere progresar en la escalera del éxito y del poder, por lejos paga mucho más la adulonería, por barata que sea, como es el caso del rabioso patriotismo de algunos inmigrantes al imperio. No son solo inmigrantes pobres, sino también orgullosos académicos serviles que acusan a los críticos de estar politizados o de victimizar a las víctimas del imperialismo. 
 Estamos en la misma situación del siglo XIX: expansión geopolítica y arrogancia racial. La diferencia es que, por entonces, Estados Unidos era un imperio en acenso y hoy está en descenso. Como lo demuestran los ejemplos europeos desde el español, el británico o el francés, a la larga, y pese a toda la muerte y el despojo ajeno, los imperios siempre han sido muy caros para sus ciudadanos, ya que no existen sin guerras permanentes. En sus apogeos siempre dejaron ganancias económicas, sobre todo para los de arriba. El problema es cuando se trata de un imperio en decadencia. Entonces, la arrogancia es una reacción natural, pero resulta carísima y solo puede acelerar su decadencia, miseria y conflictos, tanto dentro como fuera de sus fronteras.
 Saber negociar en un mundo que no nos pertenece, hacer amigos en lugar de enemigos, es la estrategia más económica, más efectiva, más justa y más razonable. El problema es que liderar en la paz siempre ha sido más difícil que liderar en la guerra. 
 Cada año que pasa vamos confirmando la historia hacia el fascismo de los imperios decadentes de hace un siglo. Los primeros en caer (por la censura, el silencio, la prisión o la muerte) seremos los críticos. Cuando las cenizas no sean cosas de algún pobre e indefenso país en el otro lado del mundo, sino del corazón mismo del imperio, los sobrevivientes colaboracionistas se negarán tres veces. Como siempre, será demasiado tarde, porque si la Humanidad ha tenido la verdad y la justicia como valores supremos, rara vez los ha practicado como un compromiso inquebrantable. Lo normal ha sido lo contrario. 

 Jorge Majfud 
15 de enero de 2025 - 00:01

Canadá, la asunción de Trump y el riesgo de una nueva guerra comercial


La asunción de Donald Trump como presidente de Estados Unidos, el próximo 20 de enero, será seguida con especial atención en la vecina Canadá, ya que el magnate amenazó a fines de noviembre con imponer un arancel generalizado del 25% a sus importaciones y las de México, en caso de que estos países no detengan lo que el nuevo titular de la Casa Blanca califica como una “invasión” migratoria y de drogas a gran escala desde las respectivas fronteras norte y sur. 
 En una cena posterior con el primer ministro canadiense Justin Trudeau, Trump, quien viene también de expresar sus intenciones de reocupar el canal de Panamá y comprar Groenlandia, no solo ratificó su postura arancelaria sino que se permitió, medio en broma y medio en serio, sugerirle a su par que, si no puede enfrentar esos gravámenes, integre su país a los Estados Unidos como el estado número 51. 
 En Canadá, las amenazas de Trump abrieron un clima de deliberación. A mediados de diciembre, la ministra de Finanzas, Chrystia Freeland, renunció a su cargo. Entre otros motivos, dijo que mantenía diferencias con Trudeau acerca de cómo enfrentar el desafío estadounidense. Pocas semanas después, el propio Trudeau, cuya imagen venía cayendo fuertemente en las encuestas, anunció su salida del poder en cuanto el Partido Liberal encuentre un nuevo jefe político, en un proceso que seguramente culmine en elecciones adelantadas este 2025. Varios diputados liberales le reclamaban ese paso al costado, mientras que el Nuevo Partido Democrático (NPD), una fuerza centroizquierdista que lo venía sosteniendo, empezó a amenazar en estos últimos meses con una moción de censura, igual que el opositor Partido Conservador y el Bloque Quebequés. 
 Dentro del empresariado canadiense, la duda es si Trump está realmente decidido a imponer una medida tan severa como la anunciada, o si, por el contrario, solo busca crear un clima que le permita llegar en mejores condiciones a la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), que debería llevarse a cabo entre sus tres socios en 2026.
 Los empresarios canadienses, cualquiera sea su pronóstico al respecto, están muy preocupados, ya que Estados Unidos es el destino de más del 70% de las exportaciones y la fuente de la mitad de las importaciones nacionales. Se trata de economías fuertemente relacionadas, en especial en la industria automotriz. 
 Hasta ahora, Canadá ha asumido una actitud ambivalente. Por un lado, como concesión a Trump, instrumentó un paquete de 1.300 millones de dólares para reforzar la vigilancia y la represión en la frontera, incluyendo la compra de nuevos drones y helicópteros. A su vez, se comprometió a alcanzar la meta de 2% del presupuesto dedicado al área de Defensa, que es una medida que el magnate reclama a todos los socios de la Otan. En estas decisiones, vemos que la burguesía canadiense no tiene problemas en acentuar el militarismo y el ataque a los sectores más oprimidos.
 Pero al mismo tiempo, Ottawa da señales de que podría dar batalla a una imposición arancelaria de Trump, sea por medio de aranceles de represalia o, llegado el caso, el corte del suministro de petróleo y gas, una medida que tendría un impacto extraordinario, ya que el 60% de las importaciones de crudo estadounidenses provenían de Canadá en 2022. La posibilidad de una interrupción del suministro es una baraja que se discutió en un reciente cónclave de gobernadores, y mereció el rechazo en solitario de la primera ministra de Alberta, Danielle Smith -según parece, por tratarse de un Estado productor (RCI, 16/1). “No buscamos una pelea, pero estaremos ahí para pelear si es necesario”, acaba de decir Trudeau. Los funcionarios canadienses advierten también a Trump que los aranceles impulsarían la inflación en Estados Unidos, ya que los importadores trasladarían ese recargo a los precios.
 Durante su primer mandato, en 2018, Trump aplicó aranceles del 25% al acero y del 10% al aluminio canadiense, respondidos por Ottawa con aranceles de represalia, abriéndose, entonces, un conflicto que demoró la ratificación del TLCAN. Ante el acercamiento de la fecha de renegociación de dicho tratado, pautada para 2026, el primer ministro de Ontario, Doug Ford, quien preside el consejo de gobernadores canadienses, por así llamarlo, hizo en noviembre pasado un planteo a tener en cuenta. Propuso reemplazar el pacto en cuestión por un acuerdo bilateral Canadá-Estados Unidos, excluyendo a México, aduciendo que la economía azteca es una plataforma para el ingreso de productos chinos en América del Norte (ídem, 22/11/24). 
 Todas estas cuestiones indican que la llegada de Trump al poder abrirá una etapa muy agitada en América del Norte, que inevitablemente sacudirá, por sus consecuencias, a la clase trabajadora de estos países. Es imperioso preparar una intervención independiente y unitaria. 

 Gustavo Montenegro

sábado, 18 de enero de 2025

Gaza: las masacres sionistas en vísperas del cese de fuego


El gabinete de seguridad de Israel aprobó este viernes el acuerdo de alto al fuego y la liberación de rehenes alcanzado con mediación de Qatar, Egipto y los Estados Unidos. 
 Votaron en contra los ministros de la ultraderecha religiosa, el de Seguridad Nacional, Itamar Ben-Gvir, y el de Finanzas, Bezalel Smotrich. El ministro David Amsalem no tiene derecho a voto en el gabinete de seguridad pero expresó su oposición. 
 Netanyahu habría asegurado al gabinete de seguridad que contaba con garantías de Estados Unidos para reanudar los bombardeos si las negociaciones sobre una segunda fase fracasan. 
 Más elocuente es el asesinato diario de un centenar de palestinos en cada día que siguió al anuncio del acuerdo. “Solo en Ciudad de Gaza hay 82 mártires”, detalla en un comunicado el portavoz de los equipos de rescate de la Defensa Civil, que cifra el número total de heridos en 264. Jan Yunis, en el sur, es la segunda localidad más castigada con 14 muertos, seguida de 5 en ataques contra el centro del enclave. Las masacres causaron la muerte de familias enteras, bombardeando hogares, tiendas de campaña y reuniones de ciudadanos. 
 Las maniobras dilatorias del gabinete sionista fueron frenadas por los familiares: "No hay justificación para esperar hasta después del Shabat; vidas están en juego", dijeron. 
 Netanyahu ha publicado los nombres de los 95 prisioneros palestinos que van a ser liberados en la primera fase de canje, este domingo. Se trata de una lista parcial, el registro completo se publicará una vez que el Gobierno haya aprobado el acuerdo, esta misma tarde. 
 La prensa israelí ha publicado la lista de los nombres de los primeros 33 rehenes que se prevé que sean entregados en la primera fase del acuerdo. Entre ellos, hay dos niños de 2 y 5 años y sus padres, así como tres mayores de 80 años. Después de la aprobación del gabinete, aun restarán 24 horas para que cualquiera apele ante el Tribunal Superior de Justicia contra la liberación de palestinos. Estos días, familias de soldados muertos en Gaza se manifestaron con carteles que desconocían el derecho del gobierno a liberar prisioneros.
 Hamás publicará el sábado por la tarde los nombres de las mujeres rehenes que serían liberadas el domingo. En la primera fase, el ejército suspenderá el tráfico aéreo sobre Gaza durante 12 horas en los días en que se liberen rehenes y durante 10 horas en los demás días, similar al acuerdo de noviembre de 2023. 
 Un alto funcionario israelí confirmó el jueves que el acuerdo entre Israel y Hamás incluye la retirada de las fuerzas israelíes de la ruta Filadelfia, a lo largo de la frontera Egipto-Gaza, tras la finalización de la primera etapa del acuerdo. Sin embargo, las tropas permanecerán desplegadas en la zona durante la primera fase de 42 días del acuerdo. A medida que avance el alto el fuego, se espera que el ejército se retire a una "franja de seguridad", creando un área de separación entre Gaza y las comunidades israelíes vecinas.
 Según el acuerdo, no se espera que las fuerzas militares israelíes se retiren de Gaza hasta que todos los rehenes hayan sido liberados, pero permitirán el movimiento de los habitantes de Gaza desde el sur hacia el norte. 
 Unos 12.000 pacientes, un tercio de ellos niños, requieren de atención médica especial y deben ser evacuados de Gaza, según ha dicho el representante de la Organización Mundial de la Salud (OMS). 
 Dieciséis días después de la firma del acuerdo, comenzarán las discusiones sobre la segunda fase, con el objetivo de que conduzcan a la liberación de los rehenes restantes y el retiro del ejército israelí. 
 No parece que el gobierno de Netanyahu ni gran parte de los habitantes de Israel estén dispuestos a aceptar semejante derrota. 

 Olga Cristóbal 
 17/01/2025