viernes, 13 de diciembre de 2024
El peligro nuclear reverdece
Concluida la II Guerra Mundial, con la nefasta realidad de que más de 55 millones de personas murieron en ella, y que sirvió de escenario para que Estados Unidos lanzara las primeras bombas nucleares contra las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, se pensó en que había llegado la hora de construir un mundo de paz y desarrollo.
Sin embargo, los mismos halcones que utilizaron esos artefactos de destrucción masiva, vieron abierto el camino para el enriquecimiento y el negocio, a partir del chantaje nuclear y el desarrollo de una industria armamentista que pudiera dominar no solo al planeta Tierra, sino también al espacio ultraterrestre.
Fue entonces que en una época llamada de «Guerra Fría», el pensamiento anti guerra fue pasando a ser una utopía, y las grandes potencias emprendieron un desenfrenado desarrollo de las armas nucleares, encabezado por la industria militar estadounidense.
Hoy, la tenencia de armas nucleares se ha extendido a algunos países del llamado Tercer Mundo, que las han visto como la única fórmula de disuasión contra el enemigo mayor que amenaza su existencia.
Según refleja el medio cnn, Rusia tiene 1 822 ojivas desplegadas, Estados Unidos 1 679, China 500, Francia 290, Reino Unido 225, la India 160, Pakistán 170, Israel 90, y Corea del Norte entre 35 y 65 ojivas nucleares.
Es importante recordar que, con la sola explosión de uno o varios de estos artefactos, el mundo llegaría a una etapa de apocalipsis. Quizá, solo por este aterrador motivo, valdría la pena –si es que hay tiempo todavía– detener la locura nuclear y frenar las ansias bélicas de quienes se empeñan en el negocio de la guerra.
Ahora solo se usa como recuerdo aquel primer Tratado sobre Misiles Antibalísticos, más conocido como Tratado abm que, fue el primer acuerdo firmado entre la Casa Blanca y el Kremlin para poner límites a la fabricación, ubicación y alcance de los misiles con capacidad nuclear.
Se le consideró como un acuerdo que mantuvo un frágil equilibrio durante la llamada Guerra Fría. Luego se añadió, en 1974, un protocolo anexo que reducía las zonas de despliegue de armas nucleares.
Sin embargo, en diciembre de 2001, el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, retiró a Estados Unidos de forma unilateral del acuerdo, y el 13 de junio de 2002 se dio por terminado, y la primera potencia mundial inició el desarrollo de nuevos misiles de mayor alcance que le prohibía el tratado abm.
Luego, ambos países concibieron un Tratado sobre fuerzas nucleares de rango intermedio, conocido como inf.
Este Tratado proponía que ambas potencias nucleares renunciaran a todos sus misiles balísticos y de crucero nucleares y convencionales, lanzados desde tierra con alcance de 500 a 5 500 kilómetros.
Por tal motivo, ambos países iniciaron la destrucción de unos 2 692 misiles de corto y mediano alcance.
Otra vez Estados Unidos, en octubre de 2018 y con Donald Trump como presidente, anunció que se retiraría de ese acuerdo.
En este laberinto letal han transcurrido décadas, y la situación, en vez de mejorar, se complica.
Un estudio de la revista Nature Food alerta que una guerra nuclear dejaría un escenario desolador para la humanidad. Provocaría, no solo destrucción masiva y millones de muertos donde se den los impactos, pues las consecuencias llegarían a todo el mundo, además de la radiación y la destrucción, que en mediano y largo plazos provocaría una hambruna letal en el mundo.
Válidas sobremanera son las más recientes afirmaciones del presidente ruso, Vladímir Putin, quien aseguró que «No es Rusia, sino Estados Unidos, quien ha destruido el sistema de seguridad internacional».
Estados Unidos «cometió un error al violar el compromiso sobre la liquidación de los misiles de alcance medio», afirmó Putin, quien recordó que «ese país distribuyó sus sistemas de misiles entre distintas regiones del mundo».
Elson Concepción Pérez | internet@granma.cu
22 de noviembre de 2024 23:11:45
jueves, 12 de diciembre de 2024
Siria, una reflexión ante el colapso
He leído en medios de prensa, y en alguno que otro blog de las llamadas redes sociales, todo tipo de análisis sobre el colapso sirio. En algunos casos me parecen marcadamente descalificados por sus juicios superficiales y absolutos sobre el gobierno de Bashar al Assad, y también sobre el enfrentamiento o no a los grupos armados que en 13 días ocuparon el poder en el país árabe, sin demasiada resistencia.
Pudo haber apatía o cansancio a última hora –la de la verdad– como para organizar las fuerzas militares y sociales y enfrentar a los grupos armados, pero, en mi opinión, cualquier análisis al respecto tiene que partir de los componentes sociales, étnicos, religiosos y otros que conforman la sociedad siria.
Recordar, vale la pena, Siria lleva 13 años de guerra, de ocupación ilegal de una parte de su territorio por fuerzas militares estadounidenses, que no solo actúan contra el Ejército y el Gobierno de esa nación, sino que roban sus recursos.
No es solo una coalición de fuerzas para actuar contra el llamado grupo terrorista Estado Islámico (isis) –la que encabeza EE. UU.–, como se ha justificado desde Washington durante más de una década; sino que ha sido sostén económico y militar del grupo Al Nusra, uno de los que desarrollaron la embestida en la toma de Damasco.
Este lunes, el canal de televisión Al Jazeera informó que la oposición armada siria autorizará a Mohammed Bashir a formar un Gobierno de transición, quien desde enero de 2024 conduce el grupo Hayat Tahrir al Sham (hts, anteriormente Frente Al Nusra) o autodenominado «Gobierno de Salvación», el que proclamó la caída del presidente Bashar al Assad.
Algunos de los análisis al respecto refieren que también en Siria hay medios militares de Rusia y asesores de Irán.
Y es verdad, pero, en ambos casos, han viajado hasta allí a solicitud del Gobierno sirio. Por ejemplo, refiere Sputnik, Rusia apoyó al gobierno de Assad en la lucha contra los insurgentes desde 2015, y actualmente cuenta con una base naval cerca de Tartus y la base aérea de Hmeimim, cerca de Latakia, en la costa mediterránea.
Geopolíticamente hablando, Siria está ubicada en el centro de un conflicto mayor, que trasciende sus límites. Israel comparte fronteras y tiene una porción del territorio sirio ocupado militarmente. La guerra de genocidio sionista contra la población palestina tiene en Damasco no solo a un pueblo solidario con los palestinos, sino de apoyo directo a grupos de la resistencia que actúan en la región.
Un ejemplo elocuente de la participación israelí en todo lo que ocurre en la región del Medio Oriente es lo asegurado por el primer ministro, Benjamín Netanyahu: «Los Altos del Golán serán para siempre una parte inseparable de Israel», refiriéndose a la captura y posterior anexión de ese territorio por parte de su país en 1967.
Ahora bien, en cuanto al desarrollo de los últimos acontecimientos en Siria, podríamos preguntarnos: ¿será que fallaron las estructuras de gobierno y de las organizaciones sociales afines, o que no hubo una preparación adecuada de los componentes militares, en la estrategia prevista para tiempos de guerra, que se consideraban bastión de la defensa de la soberanía e integridad territorial de la nación árabe?
Calificar una u otra acción podría llevarnos a conclusiones superficiales, porque siempre habrá que tener en cuenta la situación interna, la diversificación del poder entre componentes étnicos religiosos no afines y la consolidación de una estrategia propia que pudiera enfrentar, desde el primer día, a quienes agredían militarmente al país.
Otra pregunta cuya respuesta aclararía muchas interrogantes es la de cómo ha sido posible que durante años –los grupos opositores de plena guerra y los de menos confrontación– se armaran con medios modernos y se organizaran de tal manera que su irrupción final fuera una especie de paseo con solo algunas escaramuzas en su contra.
La lógica me indica que el momento ahora es el de solidaridad para con el pueblo sirio, que se respete la soberanía del país, que prevalezca el diálogo pacífico entre todos los componentes involucrados en este conflicto, y que las acciones militares desaparezcan del panorama nacional, para que puedan emprender su desarrollo y proyecto de vida, y todos sus ciudadanos tengan participación.
En este contexto, los gobiernos de Cuba, Venezuela, Brasil y Nicaragua han llamado a preservar la soberanía del país árabe y su integridad territorial. Mientras, en la otra cara de la moneda, el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, informó que «fuerzas estadounidenses llevaron a cabo el domingo una decena de ataques aéreos en el centro de Siria, alcanzando 75 objetivos vinculados al grupo terrorista Estado Islámico», según el Pentágono.
Estados Unidos tiene a 900 soldados desplegados en la nación árabe.
Es de imaginar que el tema sirio no ha concluido, que la situación puede agravarse, según la manera en que se conforme el nuevo Gobierno y la intromisión de factores externos; pues no se pueden dejar de observar las circunstancias actuales del panorama internacional y los componentes involucrados en el conflicto sirio y su desarrollo.
Elson Concepción Pérez | internet@granma.cu
9 de diciembre de 2024
23:12:38
El descuartizamiento de Siria
Mientras HDS, la milicia islámica que tomó el poder en Damasco, procura formar un gobierno de coalición en el marco de las instituciones vigentes en Siria, Israel ha bombardeado y destruido la totalidad de los arsenales de armas, bases militares, emplazamientos antiaéreos, tanques, misiles y drones de las fuerzas armadas sirias, así como centros de investigación tecnológica y laboratorios. La posibilidad de que la milicia HDS se convirtiera en una fuerza militar independiente, mediante la apropiación de esos activos, ha quedado diezmada en solo horas; Siria ha perdido toda su capacidad de defensa. El Estado sionista llevó a cabo 400 incursiones aéreas, que alcanzaron a las ciudades de Homs, Latakia, Palmira e incluso Damasco, la capital. Estados Unidos, por su lado, realizó casi un centenar de bombardeos, en especial en el norte y este del país contra destacamentos armados organizados por Turquía. Los bombardeos de la fuerza aérea del sionismo alcanzaron la cercanía de la base naval de Rusia en Tartus, sobre el Mediterráneo. Israel avanzó, asimismo, en la frontera sur de Siria, ocupando la zona desmilitarizada contigua a los Altos del Golán y el monte Hermón, hasta alcanzar una distancia de 25 kilómetros de Damasco. Las dos potencias militares que habían actuado durante décadas por medio de fuerzas subrogantes, lo hacen ahora de un modo abierto. Joe Biden, el presidente saliente de EE. UU., saludó “el giro en el balance de poder” en el Oriente cercano.
El descuartizamiento de Siria se ha puesto a la orden del día. El diario del sionismo liberal, Haaretz, lo describió en estos términos: “Entre los escombros dejados por la huida de Assad, cualquiera con armas puede decidir el futuro de Siria”, o sea, Estados Unidos e Israel. La ocupación territorial de Siria, por parte de Netanyahu, ha recibido la condena de Egipto, que recela de ver a Israel como el gendarme de Estados Unidos, desde el Nilo al Éufrates. Turquía ha sido menos severa, en tanto su aspiración es ampliar su radio de acción militar en el norte de Siria, contener y destruir a las milicias turcas y extender su influencia o dominación al Cáucaso sur y más allá, hacia el norte de Irak y las repúblicas turcomanas de la ex Unión Soviética. Si el consenso a favor de este reparto territorial de Siria y de amplios territorios nacionales aledaños no prospera, la alianza que precipitó la caída de Assad quedará disuelta por una nueva guerra. No es seguro que las clases dominantes de Israel prefieran que el Estado sionista se convierta en un gendarme en guerra permanente, en reemplazo de un sistema de alianzas regionales que le asegure una preponderancia por otros medios.
Estos acontecimientos han minado, objetivamente, la ascendencia política de la milicia HDS. De acuerdo a algunos observadores, esta milicia no podría ser derrotada en el terreno, pero sí mediante ataques aéreos a su centro de comando y control.
El desarrollo de los acontecimientos en Siria ha desatado una crisis política mayúscula en Rusia. El 6 de diciembre pasado, en una larga entrevista a un reconocido periodista norteamericano ligado a Trump, Sergei Lavrov, el ministro de RREE de Putin, expresó sin disimulo la confianza de que la insurgencia islámica en Siria podía ser contenida con el concurso de Turquía e Irán, que habían firmado el acuerdo de Astana en 2018, para poner fin, supuestamente, a la guerra civil e internacional que transcurría desde 2011. El establishment ruso no la vio venir. Ahora se ve obligado a retirar barcos de la base de Tartus, para protegerlos de varios ataques en acecho; lo mismo ocurre con la base aérea de Khmeimin. La crisis política es debatida abiertamente en la televisión moscovita. De ella se desprende que Putin está considerando acelerar la ofensiva rusa en el oriente sur de Ucrania y enviar tropas para controlar las rutas norte-sur en Siria, que se encuentran próximas a su base mediterránea.
El curso de la guerra mundial ha tomado una derivación impresionante. El régimen sionista la aprovecha para completar la limpieza étnica en Gaza y anexar el territorio, primero en el norte de la Franja, y en Cisjordania: del río (Jordán) al mar (Mediterráneo). La posición de China no ha quedado mejor, porque el desmembramiento de Siria, en tanto unidad política, afecta el acercamiento entre Arabia Saudita e Irán que promovió con éxito hace dos años. Queda un punto que no por ser escasamente mencionado es menor: que los reveses militares y en la política exterior precipiten una crisis revolucionaria en Irán y una guerra civil. El régimen de los Ayatollahs se encuentra en un impasse mortal, cuando las masas sufren una miseria desesperante.
Jorge Altamira
11/12/2024
miércoles, 11 de diciembre de 2024
Un año de confiscación social excepcional en Argentina
Un grupo privado de agentes bursátiles (“Invertir en Bolsa”, IEB) acaba de calcular cómo crecieron, contabilizados en dólares, los activos de las corporaciones capitalistas y los acreedores de deuda bajo el gobierno de Milei.
Según IEB, la valorización de las acciones y los títulos públicos en 2024 sumó a sus tenedores la friolera de 236.000 millones de dólares, una cifra equivalente al 43% del producto bruto interno de la Argentina. La “capitalización bursátil de las compañías argentinas” se acrecentó en unos 82.000 millones, unas 2,7 veces en ese período. El informe destaca entre los ganadores a los bancos, petroleras y empresas de servicios, éstas últimas beneficiadas por los tarifazos. En el caso de las compañías industriales, el panel bursátil registra la suba de sus beneficios en dólares luego de la liberación de los precios al consumidor. Luego, asigna a los acreedores de bonos soberanos en dólares una riqueza adicional de 44.000 millones de dólares, un aumento del 200%, como resultado de un aumento en su cotización de 25 a 75 centavos el dólar. En el caso de la deuda en pesos, el informe estima que su valor creció en casi 100.000 millones de dólares. En este caso, el grupo IEB hace referencia al “traspaso de pasivos remunerados (del BCRA) a títulos emitidos por el Tesoro”. Las LECAPs rinden intereses superiores a los plazos fijos y a los de las “viejas” Letras de Liquidez, o Leliq. Los contribuyentes pasaron, al correr de una pluma, a la condición de deudores de los bancos. La garantía de esta hipoteca es, aunque solo en parte, el superávit fiscal, como lo prueba el hecho de que se renueva a un promedio de cuatro meses. El otro guardián de esta deuda es el ‘cepo’, a través del cual el Estado antiestatista aplica las clavijas para que no se derrumbe con una corrida al dólar.
En un año de ‘gestión’, el gobierno de la ‘anticasta’ se convirtió en el mayor elenco de delincuentes de guante blanco de la historia. El capital financiero lo ovaciona, mientras tiene las valijas preparadas para una fuga apenas advierta el colapso de esta billetera digital. En inversiones nadie puso todavía un dólar: las grandes empresas se endeudan para pagar o refinanciar las deudas vigentes. A este otro fraude financiero, los Caputos lo llaman “desinflación”. Puesto de otra manera, una economía que cae en picada se ha revalorizado de 420 mil a 630 mil millones de dólares –el PBI Milei. Pero la participación de los ingresos del trabajo se han deteriorado, relativa y absolutamente.
“Efecto riqueza” vs. pobreza masiva.
El informe de IEB atribuye a la ‘gestión’ de Milei la “creación de riqueza”, como si el capital pudiera valorizarse a sí mismo sin necesidad de la explotación del trabajo social. No hay en esto ninguna ‘creación’ sino, en primer lugar, una destrucción del valor de la fuerza de trabajo, o sea su poder adquisitivo y su vigor físico e intelectual. En este mismo período, la caída de los salarios reales le restó al mundo del trabajo unos 70.000 millones de dólares, y otros 10.000 millones le fueron despojados a las jubilaciones. Los apologistas del gobierno afirman que la revalorización cambiaria alcanzó también a los salarios formales, pero lo obreros no pueden usar sus ingresos para valorizarlos mediante la compra de títulos del Tesoro, porque ni siquiera les alcanza para el consumo familiar; sí ha hecho esto una fracción de la pequeña burguesía (y los propietarios de viviendas para alquiler), que luego votan por la “imagen” de Milei en los sondeos de opinión. La propaganda oficial intenta calar en la clase media acomodada y los trabajadores de mayor salario o alguna capacidad de ahorro, como lo había hecho Menem. Pero la crisis argentina de 2001 y la crisis mundial de 2008 despojaron a esta pequeña burguesía de esos precarios privilegios.
Otra parte de la ‘revalorización’ es ficticia. La acaparan los tenedores de activos financieros –acciones y títulos de deuda, pública y privada. Este sector se apropia de una tajada mayor de la tasa de la plusvalia o mayor valor que crea el trabajo productivo. Es así como Mercado Libre o los fondos financieros desplazan del ranking capitalista a los dueños de Tenaris o de General Motors. Por eso se queja la Unión Industrial, a la que Milei califica de “banda de delincuentes”. El languidecimiento de la industria y el florecimiento de la acumulación financiera es el preámbulo de las grandes crisis. El desarrollo del capital ficticio es considerado responsable del crecimiento voraz de la desigualdad social, incubadora de crisis revolucionarias. La “creación de riqueza” (ficticia) que se celebra es solamente una promesa incierta -nos referimos a la expectativa de resarcimiento en tiempo de la deuda pública en dólares y en pesos. El capital ficticio se sustenta en un dividendo a cobrar sobre la base de ajustes cada vez más agudos contra los salarios, el régimen previsional, el sistema público de salud o la educación estatal.
En cuanto a la “solidez” presente de esta “creación de riqueza”, el “mercado” festeja la valorización de la deuda en dólares de un país con reservas internacionales negativas, y un “superávit fiscal” mentiroso, porque los gastos del Estado se pagan con deuda.
La “cuenta” de los especuladores bursátiles nos deja una conclusión irrefutable: allí donde se nos dice que “no hay plata”, ocurre precisamente lo contrario: la plata es creada todos los días, todo el tiempo, por medio del endeudamiento del Estado y de empresas y bancos, que se trafica en los mercados financieros. Ahora mismo, el Banco Central está reduciendo la tasa de interés para dar salida, mediante deuda privada o deuda pública, a los depósitos acumulados en los bancos como consecuencia del blanqueo, que se revierten de dólares a pesos, y de la emisión monetaria con la que se compran los dólares del saldo comercial exterior. Incluso se favorece el turismo al exterior para darle salida a los pesos que cobran un interés, acumulados en los bancos.
Para cambiar la dirección de este movimiento capitalista, y para poner fin a la destrucción del valor de la fuerza de trabajo por parte del capital, es necesaria una acción independiente de las masas trabajadoras. No hay una lógica natural en la acción capitalista –hay un interés de parte de una clase que monopoliza los medios de producción y de cambio. Pero lo último que desea la burocracia sindical es torcer o quebrar esa falsa lógica. La burocracia se sienta a la mesa del régimen patronal para recoger jugosas migajas, que reinvierte enseguida con ese mismo capital, con el propósito de acrecentarlas. El capital se aviene a este canje, en pago a la función histórica de la burocracia, que es la de desnaturalizar los sindicatos, expropiándolos a los trabajadores. Un congreso de delegados de trabajadores organizados y desorganizados servirá para que las masas explotadas desencadenen una acción histórica contra la miseria que les inflige el capital.
Marcelo Ramal
10/12/2024
martes, 10 de diciembre de 2024
Un año de luchas contra Milei
Se cumple un año de gobierno de Javier Milei, quien planteó una fuerte ofensiva contra los trabajadores y los explotados, y que encontró rápidamente una respuesta contra el ajuste y los planes de destruir conquistas obreras, democráticas y populares arrancadas por la lucha obrera, de la juventud estudiantil, mujeres y jubilados.
El mandato del actual presidente comenzó con una provocación y ataque contra las libertades democráticas, con la implementación del Protocolo Antipiquetes ilegal de Patricia Bullrich, con la intención de liberar las calles y allanar el camino para hacer pasar de una un paquete de medidas antiobreras contra la población.
Los primeros en desafiar esta medida antiobrera y represiva fueron los trabajadores desocupados y precarizados del movimiento piquetero, convocando un Plenario Piquetero en Parque Lezama para poner en pie una fuerte movilización contra el ajuste el 20 de diciembre, en un nuevo aniversario del Argentinazo. Algo que se concretó y puso en cuestión los alcances de la ofensiva oficial, sorteando la represión policial y llegando a Plaza de Mayo, contra todo pronóstico y un operativo intimidatorio nacional contra los trabajadores.
Esta movilización abrió el juego a la intervención popular con los cacerolazos, que se expresaron en repudio al protocolo represivo de Bullrich y al mega DNU que sintetizaba la hoja de ruta privatizadora, ajustadora y liquidacionista del gobierno.
Esa acción decidida del movimiento piquetero y los sectores combativos le costaría al Polo Obrero –uno de sus principales impulsores- colocarse en el lugar de “enemigo n°1” del gobierno, comenzando una campaña de persecución política, espionaje, mentiras y criminalización de la protesta social que aún persiste.
No obstante esto, el Polo Obrero y el movimiento piquetero lucharon durante todo el año contra el desabastecimiento de los comedores populares y la política criminal de la ministra Sandra Pettovello, contra el ajuste y congelamiento de los montos de los programas sociales y las bajas oficiales y contra el crecimiento de la pobreza, el hambre y la desocupación. Lejos de terminarse los cortes, como señala falsamente el gobierno, venimos de una fuerte movilización en CABA en noviembre y de un gran acampe piquetero en La Matanza.
Estas luchas también reforzaron la defensa de las libertades democráticas, cuestionadas por la represión oficial y la detención recurrente de manifestantes. Esto cobró relevancia en la movilización contra la Ley Bases, con decenas de detenidos y una fuerte coordinación para obtener la liberación de todos los manifestantes.
El gobierno nacional se ensañó en particular contra la cultura y sus trabajadores, con la amenaza de cierre del Incaa y el vaciamiento presupuestario, lo que despertó un movimiento de lucha de artistas y de la cultura, para frenar esta ofensiva, con movilizaciones, campañas y expresiones de diversos sectores de la cultura.
En los primeros meses del año, el ajuste en el presupuesto educativo, particularmente el correspondiente a las universidades nacionales, sacudió las casas de estudios de todo el país, dando lugar a una masiva movilización educativa que el 23 de abril le infringió un duro golpe al gobierno nacional, con alrededor de un millón de personas movilizadas en CABA y manifestaciones multitudinarias en las provincias en defensa de la educación pública.
La AGD-UBA y la Conadu Histórica, gremios docentes universitarios, alimentaron este proceso, junto con la juventud estudiantil y los trabajadores no docentes, siguiendo la pelea por el presupuesto y las condiciones laborales y salariales, dando lugar a nuevas acciones, clases públicas, ocupaciones de facultades y una nueva movilización masiva. Incluso contra la orientación de la burocracia sindical y las autoridades universitarias.
La clase obrera comenzaba a intervenir decididamente contra la política del gobierno nacional, esto a pesar de la complicidad de la burocracia sindical que, tras unas primeras acciones dispersas (movilización a Tribunales en diciembre, paro del 24 de enero, paro del 29 de mayo y marcha de 1° de mayo) se plegó, con su complicidad, al ajuste en marcha, abandonando toda medida contra la reforma laboral, la Ley Bases antiobrera, los despidos y ataques contra los trabajadores, etc.
La lucha de las mujeres también tuvo sus episodios y movilizaciones, ante un gobierno enemigo declarado de las reivindicaciones de las mujeres, negacionista de la violencia de género y oscurantista, con una fuerte movilización el 8 de Marzo, en el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Algo que también se reflejó en la lucha de las diversidades contra un gobierno que intenta suprimir el concepto de crímenes de odio y que aborrece a las diversidades.
El 24 de marzo, con el antecedente inmediato de la lucha por la defensa de las libertades democráticas, se convirtió en otra gran jornada de movilización ante un gobierno amigo de los genocidas, con la vicepresidenta Victoria Villarruel organizando visitas de apoyo a los criminales de Estado.
Este gobierno siquiera le dio descanso a las y los jubilados, vapuleados por cada una de las gestiones ajustadoras y vaciadoras de la Anses. Los jubilados salieron a movilizarse contra los haberes de hambre y una nueva reforma de la fórmula de actualización de haberes que los condena a la miseria eterna. Con rondas semanales en Congreso y movilizaciones se enfrentaron a la represión en más de una ocasión, con un punto fuerte ante el veto presidencial a la ley que recomponía parcialmente los haberes.
En el movimiento obrero la lucha se extendió en diversos conflictos contra los despidos, facilitados por las reformas antiobreras del gobierno (eliminación de indemnizaciones por trabajo no registrado, reforma laboral, represión, etc.).
El Sutna (sindicato del neumático) lideró varias peleas contra esta política en las plantas del neumático, con despidos patronales y ataques contra los trabajadores. Además de convocar al conjunto de los trabajadores, direcciones gremiales y sectores combativos a unificarse y levantarse en la lucha contra el gobierno nacional.
Otro punto fuerte fue el de las y los trabajadores de la salud, quienes protagonizaron diversos conflictos contra el vaciamiento oficial y el deterioro de la salud pública. Allí se inscribe la lucha contra el cierre del Hospital Bonaparte, contra los despidos y cierre de sectores y especialidades en el Hospital Posadas y la pelea de los trabajadores del Garrahan por salario y condiciones laborales, entre otras.
En el sector público también tenemos la lucha de docentes y estatales, con huelgas importantes como la de los docentes de Neuquén y en Misiones, que expresan la resistencia de los trabajadores al ajuste replicado por los gobernadores en las provincias, quienes pactaron con el gobierno el ajuste fiscal y/o son cómplices y colaboradores de la ofensiva nacional.
El primer año de gestión de Javier Milei estuvo surcado por la lucha de clases, mostrando que la clase trabajadora y los explotados no se resignan al ajuste en marcha, a pesar de los esfuerzos de la burocracia sindical y la oposición política patronal por facilitar el trabajo sucio del gobierno.
Gran parte de los procesos mencionados aún se encuentran abiertos y otros serán los que se sumen para aunar fuerzas y derrotar definitivamente a este gobierno hambreador, antiobrero y antipopular. Este 20 de diciembre volvemos a salir a las calles a redoblar la movilización contra el gobierno y por el Fuera Milei.
Marcelo Mache
Derrocamiento de Bashar al Assad: “No la vieron venir”
La República Siria no era un estado unificado al momento en que la milicia islámica Hayat Tahrir al Sham (HTS) y el “Ejército nacional sirio” (ENS) sostenido por Turquía lanzaron la guerra relámpago que acabó con el régimen de Bashar al Assad en sólo diez días. HTS ejercía un control en Idlib, en el noroeste del país, donde tenía sus propias fábricas de armamentos. El ENS había asumido el control de una franja de 15 a 20 kilómetros de la frontera con Turquía, a expensas de las milicias kurdas, el YPG, en territorio sirio del irredento Kurdistán, que ha construido una suerte de estado en esa región. Al sur de Siria, en Deraa, operaban otras milicias, mientras una zona desmilitarizada separaba a Israel, en posesión de los altos del Golán, de Siria. El derrocamiento de al Assad deja expuesta esta división territorial y la intervención extranjera que la sustenta, desde Turquía e Irán, hasta Estados Unidos y Rusia. EEUU tiene un cuerpo militar junto a las milicias del YPG y Rusia una base naval en Tartus y una base aérea.
El ejército del estado sirio sucumbió en masa ante el avance de las milicias opositoras –sin pelea-. Ahora los medios informan del estado de decrepitud en que se encontraban las fuerzas armadas de Siria y de los reproches que le dirigían Rusia e Irán a al Assad por la tolerancia con semejante debacle. Desde mucho antes del asalto del ejército sionista contra Gaza, y más tarde contra Líbano, el régimen sirio y su soporte ruso habían contraído un acuerdo, al menos de facto, con Israel, que vedaba cualquier ataque de las fuerzas de la Guardia Revolucionaria de Irán y de Hizbollah, desde Siria, contra el estado sionista y, de otro lado, permitía los ataques de la aviación israelí contra las bases de una y otra. En reconocimiento por esta complicidad de hecho de Rusia y del régimen sirio con el régimen sionista, el gobierno de Netanyahu se negó a condenar la invasión de Ucrania y el gobierno de Bashar al Assad fue reincorporado a la Liga Árabe, a instancias de los emiratos del Golfo. El nexo político-territorial se encontraba destruido antes de la caída de al Assad y lo mismo puede decirse de la proyección naval que pretendía Putin en el Mediterráneo oriental.
El derrocamiento del gobierno de Bashar al Assad ha acentuado la disgregación política de Siria. En el sur, las milicias tomaron la provincia de Daraa; las milicias kurdas ocuparon las ciudades de Deir el Zou y Bukamal, sobre la principal ruta que conduce a Bagdad, un contratiempo para el régimen de Erdogan, que sin embargo ha impulsado el avance arrollador de HTS y el ENS hacia Damasco, la capital de Siria. De acuerdo a los principales diarios internacionales, Erdogan había intentado conseguir una renuncia pacífica de al Assad, para bloquear este desenlace, sin el menor resultado. La ocupación, por parte de cuatro a cinco milicias diversas, del terreno dejado por las fuerzas armadas oficiales, se ha mostrado como un obstáculo para formar un nuevo gobierno nacional. Al Jolani, el jefe HTS, la mayor y más pujante milicia, ha convocado a la “unidad de Siria”, y tomado la inusitada decisión de reclamar la continuidad del primer ministro del gobierno derrocado, para defender “las instituciones”. En medio de una conmoción política que ha sacudido a gran parte del mundo, el planteo suena a una mascarada de Macrón ante la TV de Francia. Es el mismo que la prensa atribuye a las conclusiones de una reunión entre los ministros de exteriores de Rusia, Irán y Turquía, para evitar un incendio de toda la pradera. Netanyahu, por su lado, ha tomado el control militar de la tierra de nadie entre Siria y Turquía, sin importarle otra violación más de los acuerdos internacionales. Donald Trump y su vice, JD Vance, se apresuraron en tuitear mensajes de apaciguamiento: el primero llama a que el gobierno de Estados Unidos no intervenga; el segundo, alertando contra una reaparición del Estado Islámico.
Aunque la alianza de Erdogan con HTS y el ENS le otorgan las cartas más fuertes en una negociación de poder, el desenlace de la guerra ha reforzado considerablemente la autonomía de esas milicias, que han tomado el control del arsenal militar de al Assad con la deserción masiva del ejército de Siria. Por otro lado, el YPG, la milicia kurda, ha tomado la importante ciudad de Majlib, sobre el río Éufrates. Putin, Khameini y Erdogan ya no contarían con actores subordinados en el territorio sirio; el mismo Netanyahu habría expresado reservas o temores por esta situación. Se ha desatado una crisis de poder en Siria. Ninguna de las fuerzas autóctonas en presencia se han pronunciado ante la anexión de Gaza y eventualmente Cisjordania por parte del estado y los colonos sionistas. Pero no se puede gobernar Siria sin esta clarificación, mientras que lo contrario –definir una política– desataría tempranamente una guerra civil e internacional.
Cuando todavía no se ha reunido la mesa de negociaciones sobre Ucrania que propondría Donald Trump, y el sionismo violenta el cese el fuego en Líbano y prosigue con la masacre en Gaza (recibiendo una condena más de genocidio, por parte de Amnistía Internacional), la cuestión siria se ha convertido en incandescente. En el Medio Oriente y en el mundo musulmán, el nacionalismo laico ha desaparecido por completo como consecuencia de su propia impotencia e incapacidad. La dirección política ha pasado a las diversas corrientes del integrismo islámico, que la mayor parte de las veces se convierten en tributarias de los diversos poderes imperialistas. Después del derrumbe gigantesco de los partidos comunistas de masas de la región, la cuestión de la dirección de la clase obrera de la lucha antiimperialista no ha sido resuelta.
La mayor parte de los medios atribuye el abandono del régimen sirio, por parte de Putin, a una ‘distracción de fuerzas’ debida a la guerra de Ucrania. Es como decir que la decisión de invadir Ucrania con el propósito de someterla nacionalmente ha fracasado. Pero este revés estratégico repercutirá, a su vez, en las condiciones de esa guerra. Una entrevista muy oportuna del argentino La Nación (7/12) a quien fuera embajador de Israel en Rusia y en Azerbaiyán, no podía ser más esclarecedora, pues este hombre del aparato del sionismo declara abiertamente: “No hay que darle a Putin una victoria sobre Ucrania”, para oponerse a las intenciones que se le adjudican a Trump. Arkadi Mil-Man, el entrevistado, expone la estrategia que informa toda la operación genocida contra el pueblo palestino, que es asumir la guerra imperialista de carácter mundial que ha emprendido la OTAN. Con todas sus acentuadísimas peculiaridades, el derrocamiento militar de una dinastía de medio siglo, que ha recorrido todas las variantes del nacionalismo árabe, desde el reformismo nacional hasta la contrarrevolución, forma parte de una guerra imperialista, cuyo objetivo es, de nuevo, un nuevo reparto del mundo.
Jorge Altamira
08/12/2024
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