lunes, 4 de noviembre de 2024

Dos genocidas apoyan el bloqueo contra Cuba


La votación en la Asamblea de Naciones Unidas sobre la Resolución cubana, Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos contra Cuba, volvió a ser radical: 187 países lo hicieron a favor, 2 en contra y 1 abstención. 

 Solo las mismas dos naciones que durante los 32 años que se ha presentado la Resolución contra el bloqueo, lo hicieron en contra: Estados Unidos e Israel, catalogados por la comunidad internacional como los dos genocidas que están intentando arrasar con el pueblo palestino y el libanés. 
 Las cifras de las matanzas son espeluznantes. Desde el 7 de octubre de 2023 Israel ha masacrado a más de 43 000 palestinos, entre los que se cuentan 16 000 niños y una cifra similar de mujeres; bajo los escombros se estiman que hay alrededor de otros 15 000 cadáveres que no han podido ser recuperados, además de 100 000 heridos. 
 Todo eso lo han hecho los sionistas con el apoyo que le ha brindado Estados Unidos en la ONU para que no condenen a Tel Aviv, al que le ha entregado además, todo tipo de armas y enormes cantidades de dinero. Y el mundo se pregunta, cómo puede Estados Unidos poner en una espuria lista de patrocinador del terrorismo a Cuba cuando ese país lo que ha hecho es brindar ayuda médica y educacional a cientos de países del orbe que la han necesitado. 
 Nuevamente en la Asamblea General de ONU, y por 32 ocasiones, Estados Unidos volvió a quedar solo ante la aplastante votación de la comunidad internacional que apoyó a la pequeña pero heroica Isla del Caribe que ha enfrentado durante 62 años el más largo e inhumano bloqueo económico, comercial y financiero, catalogado por su intensidad y ensañamiento como de lesa humanidad.
 Como expresó el canciller cubano Bruno Rodríguez Parrilla al presentar la resolución, “la economía cubana ha experimentado en los últimos años dificultades sin precedentes con impacto crítico sobre el bienestar de la población…lo que es extraordinario respecto a Cuba, es el empeño deliberado de Estados Unidos en asfixiar la economía nacional, sabotear y poner obstáculos significativos para impedir nuestro crecimiento y desarrollo”.
 Y acotó: “ningún país, incluso aquellos con economías mucho más robustas que la cubana, podría encarar una agresión tan brutal, asimétrica y extendida en el tiempo, sin un costo considerable para el nivel de vida de su población”.
 Seguidamente el canciller preguntaba: ¿Cómo sería Cuba hoy de haber contado con los 164 000 millones de dólares de los que nos ha privado el bloqueo desde su imposición? Esos daños ascienden a 1 billón 499 mil 710 millones de dólares, si se toma en cuenta el comportamiento del dólar frente al valor del oro”. 
 En el informe presentado por la delegación cubana sobran los ejemplos de este ensañamiento de Washington contra la Isla por no haberle podido arrebatar su independencia y soberanía. 
 Por las largas tenazas del bloqueo, más del 80 % de la población cubana actual ha nacido bajo los efectos de esa política hostil, por lo cual no conocen una realidad distinta a la de un país bloqueado. 
 Claro que los números no evidencian el alto costo humano para todo un pueblo, que ha visto esos daños repartidos en diferentes sectores como la salud, la educación, el alimentario y el energético, entre otros, razón por la cual, hasta la fecha, el bloqueo es el principal elemento que define la política de Estados Unidos hacia Cuba y el mayor freno al desarrollo económico y social de la mayor de las Antillas. 
 Como expresa un viejo adagio, a Washington le salió el tiro por la culata pues lejos de dejar aislada a Cuba en la arena internacional, fue Cuba la que hizo que nuevamente Estados Unidos quedara aislado ante el mundo. 

 Hedelberto López Blanch, periodista, escritor e investigador cubano, especialista en política internacional.

Los satélites espías de Elon Musk


La empresa aeroespacial dirigida por Elon Musk, Space X, se encuentra desarrollando una red de satélites espías, destinados a ser utilizados, en principio, por la agencia de inteligencia de los Estados Unidos. Ya en marzo de este año, la agencia de noticias Reuters informó que Musk rubricó, en 2021, un contrato por 1.800 millones de dólares con la Oficina Nacional de Reconocimiento (NRO), organismo de defensa del gobierno de Estados Unidos que tiene bajo su tutela el lanzamiento y las gestiones de satélites de reconocimiento. En la actualidad, Space X es el mayor desarrollador de satélites del mundo a bajo precio y, en este sentido, desde el Pentágono se le encargó la puesta en pie de una red de satélites de baja órbita, Starshield, que podrán ser utilizados para llevar adelante tareas de espionaje, compartiendo imágenes directamente con los altos mandos militares. En marzo pasado, fuentes internas de la inteligencia norteamericana sentenciaron que este programa “mejoraría significativamente” el control llevado adelante por el gobierno yanqui y que “nadie podrá esconderse” del entramado de satélites espías. 
 El proyecto Starshield es la manifestación más acabada de la relación del trumpista Musk con el complejo militar–industrial yanqui, la cual no ha estado exenta de diferencias con la administración demócrata de Biden. En septiembre de 2023, Musk saboteó un ataque de Ucrania sobre la flota naval rusa apostada sobre Crimea. En esa oportunidad, los drones submarinos cargados de explosivos en poder de Ucrania perdieron conectividad de internet suministrada por Starlink, a partir de una orden dada por el propio Musk a los ingenieros, haciendo fracasar la operación. Evidentemente, el tecnócrata fascistoide juega su propia guerra. Musk, cual mariscal de campo, intervino porque consideró que Ucrania estaba “yendo demasiado lejos” y porque temía que Putin atacara con armas nucleares, desatando un “mini Pearl Harbor.” Ucrania, por medio de su viceministro, suplicó el restablecimiento de la conectividad, a lo que Musk hizo oídos sordos. Anterior a estos hechos, en 2022, Musk esgrimió una propuesta de paz cercana a las posiciones del Kremlin y en sintonía con los dichos de Trump de que negociaría la paz en 24 horas. Recientemente, The Wall Street Journal sacó a la luz que Musk y Putin mantuvieron conversaciones telefónicas a finales de 2022. Según el medio de comunicación, basándose en las fuentes de la inteligencia yanqui a la que accedió, Putin habría oficiado de intermediario de Xi Jinping para que Musk no pusiera en funcionamiento el servicio de Staklink en Taiwán, todo esto en momentos en que EE.UU reafirma su apoyo a la isla frente a las reivindicaciones territoriales esgrimidas por China. Esta sucesión de hechos ha despertado suspicacias en la Casa Blanca y el Pentágono. 
 En el último año, Space X ha avanzado a pasos agigantados sobre la construcción de satélites militares y en el sistema de defensa. En septiembre pasado, la Agencia de desarrollo Espacial del Pentágono “utilizó láseres para transmitir datos de forma más segura a la velocidad de la luz entre satélites militares, lo que facilita el seguimiento de misiles enemigos y, en caso necesario, su derribo” (Clarín 31/10/2024), desarrollado, en parte, por Space X. En un lapso corto de tiempo Musk ha dejado en el camino a otras grandes contratistas del complejo militar norteamericano, como Raytheon, Northrop Grumman y York Space Systems. 
 La semana pasada se ejecutó el lanzamiento desde la Base de la Fuerza Espacial Vanderberg, ubicada en el Estado de California, de un lote de satélites espías, bajo la misión denominada NROL-167. Según informó la NRO, la misión en conjunto con Space X, que fue de carácter clasificado, se trató de poner en órbita baja “numerosos satélites pequeños, diseñados para la resiliencia.” Según los especialistas en el tema, Estados Unidos quiere hacer frente al desarrollo chino en su propio sistema de defensa espacial, proyectando futuras confrontaciones con el país asiático y para intervenir en las guerras en curso. 
 Mientras se afianza la colaboración y los negocios entre Musk y el gobierno federal de los Estados Unidos, en este último crece la desconfianza sobre el magnate por el desarrollo comercial que mantiene en China y su acercamiento a lideres extranjeros, Putin en particular.
 En medio de una guerra imperialista, Musk ha pasado de la promoción de la conquista del espacio (que aún mantiene entre sus objetivos) a estar integrado a un campo más escabroso, como lo es el de la defensa y la inteligencia, es decir, concretamente la guerra. Por su parte, el gobierno de los Estados Unidos se encuentra en un dilema por la dependencia cada vez mayor de la tecnología desarrollada por Space X, pero en el marco de la guerra imperialista esta tendencia se refuerza. El libertario Musk exige al gobierno federal (al cual cataloga como un freno para el desarrollo) prebendas para llevar adelante sus propias decisiones, lo que le permitiría estar de los dos lados del mostrador. Adam Smith, miembro de mayor rango del Comité de Servicios Armados de la Cámara de representantes ha señalado: “Elon Musk parece tener muchos intereses personales y eso es algo a lo que realmente tenemos que prestar atención y preocuparnos.” Desde el Pentágono han manifestado reticencias al avance de Space X al estar subsidiando “la creación de un monopolio vertical (una empresa que controla toda la cadena de suministro de una industria), lo que dificulta cada vez más que otras empresas entren en este mercado de rápido crecimiento.” (Clarín 31/10/2024)

 Lucas Giannetti
 02/11/2024

La dimensión del bloqueo contra Cuba: La Base


domingo, 3 de noviembre de 2024

El lobby sionista en Estados Unidos


Israel es el primer destino de los 17.000 viajes al extranjero de funcionarios del Congreso y legisladores norteamericanos “patrocinados”. Eso supone más viajes al Estado sionista que a todo el hemisferio occidental y al continente africano juntos. Aproximadamente la mitad de los representantes actuales del Congreso de Estados Unidos han viajado a Israel desde 2012. Las invitaciones corren por cuenta del temible Comité de Asuntos Públicos Estados Unidos-Israel (AIPAC, por sus siglas en inglés), el grupo de presión más fuerte del lobby sionista en Estados Unidos. Su objetivo explicito es mantener el apoyo político, financiero y armamentístico de Estados Unidos a Israel. Aunque el AIPAC está próximo a los republicanos, financia sin distingos a demócratas y republicanos. 
 Por sus eventos desfilan anualmente los principales políticos de uno y otro partido, como Obama, Trump, Hillary Clinton o Ted Cruz. Distintas investigaciones afirman que la influencia política de AIPAC supera incluso la del lobby armamentístico o del rifle. 
 AIPAC recibe mensualmente unos 15 millones de dólares en donaciones de organizaciones “filantrópicas” de magnates y empresarios proisraelíes. Entre los donantes principales se encuentran la Koret Foundation, el Charles and Lynn Schusterman Family Foundation, y el Paul E. Singer Foundation, entre otras organizaciones ultradrechistas. El lobby no recauda fondos directamente. Lo hacen sus miembros, y la cantidad de dinero que canalizan hacia los candidatos políticos es difícil de rastrear. 
 El AIPAC cuenta con más de cien mil miembros, una red de diecisiete oficinas regionales y una vasta reserva de donantes. 
 Desde octubre de 2023, las “donaciones” se han incrementado sustancialmente. Los datos surgen de un estudio del Centro Howard para el Periodismo de Investigación de la Universidad de Maryland, que analizó miles de registros desde 2012.
 AIPAC lleva gastados más de 24 millones de dólares en “contribuciones” a políticos norteamericanos. Gran parte de esos recursos se destina a financiar las campañas de candidatos sionistas para bloquear en las primarias la reelección de legisladores críticos del apoyo norteamericano a Israel. 
 Varios de los representantes demócratas que criticaron la política israelí y el apoyo financiero y militar de Biden a la invasión a Gaza perdieron en las primarias contra rivales, generosamente financiados por el AIPAC. Es el caso de la enfermera afroamericana Cori Bush, que debía renovar su banca y fue derrotada por el proisraelí Wesley Bell en Missouri. Otro tanto le ocurrió al docente afroamericano Jamaal Bowman, derrotado por el prosionista George Latimer en Nueva York. Bell obtuvo más de ocho millones de dólares del AIPAC y otros grupos, mientras que derrotar a Bowman le costó al lobby hasta 14,5 millones de dólares. Otro caso es el del exrepresentante Andy Levin (Demócrata por Michigan), un progresista. El AIPAC logró su derrota en 2022. 
 Jaime Caro, historiador de la universidades Autónoma de Madrid y Columbia, asegura que el AIPAC "dirige la política internacional de Estados Unidos sobre Israel para todo lo que se refiere a apoyo internacional y apoyo armamentístico. En el caso de Bell y Bowman, lo que se hizo fue meterle una cantidad insana de dinero, unos 18 millones de dólares. Si eso lo puede hacer en una campaña menor, imagínate que en unas presidenciales. Se dice que está aportando en torno a los 100 millones de dólares a ambos partidos", afirma Caro. 
 En la última década, una de las herramientas fue financiar cientos de viajes a Israel. Después de la invasión a Gaza, entre marzo y setiembre de 2024, el tur se intensificó: 71 congresistas y funcionarios de la Cámara de Representantes fueron invitados a un viaje que incluye entrevistas con Netanyahu, su gabinete y autoridades militares.
 Por lo menos tres de cada cuatro viajes fueron realizados por funcionarios que tienen un papel importante en la formulación de políticas y la redacción de leyes. 
 El legislador Glenn Ivey (demócrata por Maryland) viajó dos veces desde setiembre de 2023 y “se benefició de 6 millones de dólares del AIPAC en su primera candidatura al Congreso en 2022”. El aporte le permitió derrotar en las primarias a la excongresista Donna Edwards.
 Los viajeros contraen un escandaloso compromiso de reserva. Cuando se le preguntó a Ivey si sus viajes en junio 2024 había contemplado la posibilidad de una solución de dos Estados dijo que se supone que no debe compartir los detalles de las reuniones.
 Para eludir una ley de 2007 que limita la participación directa de los lobbies en la mayoría de los viajes patrocinados de forma privada, AIPAC apela a una filial benéfica, la American Israel Education Foundation. 
 Los viajes a Israel son sólo una pieza de una estrategia múltiple para promover los intereses de Israel. El AIPAC organiza una conferencia anual para cargos electos en la zona de Washington D.C. El exdiputado Brian Baird (Demócrata por Washington), que pagó con su banca haber criticado la invasión sionista a Gaza en 2009, calificó la conferencia anual de AIPAC como “la mayor reunión de miembros del Congreso” aparte del Estado de la Unión, el discurso anual que el presidente dirige a una sesión conjunta de la Cámara de Representantes y el Senado.
 AIPAC gastó más de 3 millones de dólares en grupos de presión el año pasado, y su gasto en 2024 la sitúa actualmente entre el 3 por ciento más alto de todos los grupos de presión rastreados por OpenSecrets. En el ciclo electoral 2022 habían canalizado una suma combinada de 50,9 millones de dólares, según OpenSecrets. 
 El Howard Center se puso en contacto con más de 30 miembros actuales y anteriores de la Cámara y personal de la Cámara que viajaron a Israel entre 2012 y 2023, incluidos 23 miembros y personal que viajaron con AIPAC al menos una vez. Los únicos viajeros del AIPAC que accedieron a una entrevista fueron Ivey y Baird.
 Entre los logros promocionados en su sitio web, el AIPAC atribuye a sus esfuerzos de los últimos años la financiación continuada por el Congreso de miles de millones en ayuda militar y de seguridad incondicional a Israel y el aumento de las sanciones a Irán. El AIPAC también ha presionado al Congreso para limitar la capacidad de particulares y empresas de participar en la campaña de Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS) contra empresas israelíes, dirigida por palestinos, y apoya que Israel continúe la guerra en Gaza hasta que el ejército y el gobierno de Hamás sean desmantelados.
 Los “representantes del pueblo”, en Estados Unidos y donde se mire, no son más que paniaguados de los factores de poder. El régimen democrático es solo un disfraz para engañar a los trabajadores, una farsa.

 Olga Cristóbal
 03/11/2024

sábado, 2 de noviembre de 2024

Estados Unidos vota en el marco de una enorme crisis política y provocaciones golpistas


El escenario político norteamericano, a pocas horas de las elecciones del 5 de noviembre, ha crecido en términos de violencia política y polarización. Donald Trump, en uno de los actos de campaña más importantes, basureó a la población de Puerto Rico y se comprometió a deportar a once millones de inmigrantes. Uniendo la palabra a la acción, un grupo de ‘trumpistas’ prendieron fuego a tres urnas, en diferentes localidades, que recogen los votos que se emiten por adelantado. Kamala Harris, su contendiente, acabó pronunciando el vocablo fatal: “fascismo”. Para algunos comentaristas, la candidata habría cometido un error de campaña, como es meter miedo con el rival en lugar de infundir confianza en los planteos propios. Pero Harris no ha ofrecido, ni tardíamente, un programa de lucha contra el fascismo. Todo el mundo coincide en que habrá un final reñido, que reeditaría la violencia que rodeó a las elecciones Bush-Gore, en el 2000, y la tentativa de golpe de estado de Trump en enero de 2021, incluido el asesinato del vicepresidente Mike Pence (que no quiso plegarse al golpe) y de Nancy Pelosi, la entonces presidenta de la Cámara de Representantes. La violencia de la campaña de Trump es una preparación para esa circunstancia. 
 Así lo presentan, precisamente, destacados exponentes del capital financiero. “Si Trump”, escribe Martín Wolf, editorialista del Financial Times (30.7), “lograra designar a leales devotos para el departamento de Justicia, las agencias de Inteligencia y el Servicio Interno de Recaudación, podría proceder a perseguir enemigos sin restricciones….Con el control de las Fuerzas Armadas podría libremente declarar la ley marcial”. Es lo que ha estado haciendo exactamente, comentario aparte, Milei, que ya maneja el ministerio de Justicia con la Afi y la Afip. La Corte Suprema de EEUU, que ya tiene mayoría trumpista, ha establecido que un presidente en funciones no se encuentra alcanzado por la ley criminal. Para reforzar su planteo, Wolf añade que Trump ¨es por lo menos ´fascistizante´y puede ser llamado, creíblemente, un fascista¨. Cita al ex jefe del cuerpo de ´Marines´de la Armada norteamericana, John Kelly, para quien Trump ¨reúne la definición de un fascista¨. 
 Estas caracterizaciones ´extremas´ de personajes insospechables no explican el fenómeno que describen de un modo simplista. El régimen político norteamericano y el monopolio del sistema bipartidario capitalista se encuentran sacudidos por la declinación histórica de la primera potencia capitalista, o sea del capitalismo en su conjunto. Es lo que se manifiesta en el desarrollo de la presente guerra mundial, que es la expresión del estallido de las contradicciones del capitalismo, como un sistema históricamente determinado. El *impasse *catastrófico de la guerra en Ucrania y la guerra genocida en Palestina y Líbano, consentida y animada por todo el imperialismo mundial, han hecho saltar los tapones en los regímenes políticos de los principales países. La guerra, naturalmente, agrava las condiciones de vida de las masas. Mientras la Reserva Federal norteamericana reivindica el descenso de la inflación, el servicio de estadísticas esconde la consolidación de la carestía en la llamada postpandemia, y el ocultamiento del encarecimiento de la vivienda, el mayor rubro del gasto familiar, que no es recogido en el índice de precios. En cuanto a Europa, el hundimiento de la industria automotriz ha desatado una ola de cierres de fábricas y cortes de salarios. En otro aspecto, el crecimiento comercial de China asesta un duro golpe a sus rivales internacionales, mientras China misma es golpeada por una crisis financiera y una crisis de sobreproducción, que ha llevado al gobierno a subsidiar con decenas de miles de millones de dólares el ingreso de capitales a las Bolsas de Shanghai y Shenzen. La clase dominante de Estados Unidos da por descontado que el imperialismo norteamericano deberá ir a la guerra contra China.
 La lucha de clases en Estados Unidos se ha ido acentuando. Hay huelgas en todas las industrias, en forma sucesiva. La burocracia de los sindicatos, un pilar del imperialismo, ejerce más que nunca su función de carnera, pero con márgenes que se estrechan, porque crece la militancia obrera. El proteccionismo industrial que Trump promete llevar a niveles sin precedentes, en la guerra geopolítica con China, afectará el costo de vida y el costo de producción de Estados Unidos. La rebaja de impuestos a las corporaciones, otro compromiso, afectará a un deficit fiscal, que se acerca al 10 % del PBI y a tres billones de dólares, y a una deuda pública, de aproximadamente 35 billones de dólares, que representan el el 120 % del Producto Bruto Interno. El destino del dólar, como moneda internacional, está jugado, sin que otra divisa opere en su reemplazo. La transición será signada por una quiebra de las cadenas de valor y una fragmentación del comercio mundial. 
 La política contrarrevolucionaria que la clase dominante necesita imponer en Estados Unidos, se manifiesta en el apoyo de los capitales de tecnología a Trump. Personajes como Elon Musk, que apoya a Trump, ha sido asociado, por su papel en el sistema de redes satelitales, al sistema de espionaje norteamericano, por el gobierno actual. Estamos todavía, sin embargo, a nivel de la “carta de intenciones”; el gran capital tendrá que conquistar los recursos para su política por medio de una guerra contra la clase obrera, incluso a nivel internacional. El fracaso del primer gobierno de Trump ha demostrado lo que varias veces hemos señalado desde estas páginas -que el fascismo deberá encontrar la forma de su desarrollo a través de crisis inmensas y una aguda lucha de clases-. Trump representa a la lumpen burguesía dentro de la red del gran capital. 
 En las vísperas del comicio, es claro que las urnas no servirán para atenuar la crisis política ni para calmar las aguas; todo indica que podría ser un ‘remake’ multiplicado de la crisis de enero del 21, aunque esta vez Trump no tiene las riendas formales del Estado. Es necesario armar al proletariado norteamericano de un programa, pero también de consignas precisas en condiciones de virajes políticos abruptos. La clase obrera debe defender la democracia política y sus derechos con sus propios métodos: los piquetes antifascistas, las manifestaciones y las huelgas. Es, precisamente, lo que buscarán evitar los caciques del partido Demócrata, incluida, especialmente, su ‘izquierda’, y la burocracia de los sindicatos, algunas de cuyas fracciones apoyan a Trump. 

 Jorge Altamira 
 01/11/2024

viernes, 1 de noviembre de 2024

Cuba y Ecuador: la manipulación no se apaga


Por qué Diana Mondino acompañó el voto en la ONU contra el bloqueo a Cuba


A Diana Mondino no le alcanzó la autorización irrestricta de vuelos a Malvinas, el archipiélago de Argentina bajo control de Gran Bretaña, para sobrevivir a los entreveros libertarios. La excanciller de Milei pensaba que los intercambios comerciales con las Islas llevarían a un arreglo como el que alcanzó la Isla Mauricio con la isla de Chagos, también bajo ocupación británica, donde Estados Unidos tiene una importantísima base militar. El Reino Unido acabó cediendo soberanía a cambio de un acuerdo que autoriza la permanencia de esa base por 99 años. Mondino fue también instrumental en el logro de una tregua política con Lula, el presidente de Brasil, bajo el entendimiento de que no se podía andar con querellas con el principal socio comercial de Argentina. Brasil, por otro lado, se ha hecho cargo de la embajada de Argentina en Caracas, donde se encuentran refugiados opositores políticos a Maduro. La defenestrada ministra era demasiado liberal para el régimen liberticida. 
 En cuanto operación política, la destitución de Mondino está vinculada al progresivo copamiento de las instituciones del estado por parte de la camarilla conspirativa de Karina Milei y Santiago Caputo. Es lo que ha ocurrido con las ex AFI y AFIP, dos organismos de Inteligencia, uno político, el otro financiero. El reemplazante de la ex ministra, Gerardo Werthein, es un viejo fanático del kirchernismo, que está al servicio de Washington y Tel Aviv. El triunvirato ejecutivo, que controla desde el principio el ministerio de Economía y el Banco Central, se ha lanzado a un trabajo de infiltración en la oposición política, para reclutar punteros al servicio de su diseño electoral y a la instalación de un partido estatal. Es el objetivo que está por detrás de las bravuconadas de Milei contra adversarios y también adictos, que son saludadas con aplausos cerrados en los ámbitos patronales. En la misma onda, el aparato de LLA ha comenzado a atacar a Clarín y a varios periodistas de La Nación, sin importar lo serviciales que han sido estos diarios con los grandes intereses capitalistas. El propósito libertario es instalar un monopolio informativo propio o alquilado. 
 La cosa se presenta más complicada con el cuerpo diplomático, que tiene una suerte de fueros. En este caso se apela a la designación de personal político, que puede saltar la obligación de contar con el acuerdo constitucional del Senado. Mondino se había inclinado, ante las dificultades, a establecer algo parecido a una coexistencia pacífica con la planta de embajadores. La diplomacia argentina, en el marco de variados gobiernos, ha votado contra el bloqueo norteamericano a Cuba, en especial cuando Estados Unidos no apoya, como tampoco Israel, el reclamo de Argentina en la ONU para iniciar negociaciones con Gran Bretaña por la soberanía argentina sobre Malvinas. 
 Al justificar el voto del ahora exrepresentante de Argentina en la ONU contra el bloqueo a Cuba, Mondino esgrimió un argumento ingenuo, pero no tanto como parece; dijo que el bloqueo afectaba la libertad de comercio. El planteo es de actualidad, en el marco de una guerra comercial que tiende a acentuarse y que se ha convertido en geopolítica. Un ejemplo: el día de ayer China bloqueó, en represalia a las medidas de Estados Unidos, el envío de baterías a una empresa norteamericana que fabrica drones para Ucrania. Mondino no sólo gestionó la preservación del comercio con Brasil sino también con China, lo cual salvó la continuidad del financiamiento del Banco Central de Argentina por parte de Pekín. Los 186 países que votaron para poner fin al bloqueo contra Cuba reflejaron la preocupación, más allá de lo inocuo de una medida que se viene repitiendo desde hace sesenta años, por el perjuicio inmediato o potencial que los bloqueos y sanciones están causando a sus economías y a la economía mundial. Todo el mundo coincide en que un fin del bloqueo a Cuba daría un impulso importante al desarrollo de una economía abiertamente capitalista en la Isla; promocionaría la intervención del FMI para que Cuba salde su deuda externa; y sería un imán para los capitales internacionales. 
 La expulsión de Mondino, que será vista como un expediente administrativo en un gobierno de carreristas ávido en imponer un bonapartismo de mano dura, marca una quiebra importante, que se irá manifestando con el tiempo. El gobierno deberá elegir su campo en la guerra económica, cuando sus socios más importantes (Brasil, China) se encuentran entre los rivales, en diferente grado, de Estados Unidos y la OTAN. El ‘éxito’ de Vaca Muerta, por ejemplo, depende de China y los países de la Ruta de la Seda en Asia, en tanto que Estados Unidos es un competidor dispuesto a usar el petróleo de su propia Vaca Muerta como arma económica en la guerra geopolítica. Argentina tiene acceso distante a una vía comercial que se ha convertido en central, como lo es el océano Pacífico. Si Donald Trump gana las elecciones norteamericanas, el arma de la guerra económica se podría convertir en dominante, no necesariamente en beneficio del comercio de Argentina, aunque esa victoria dé, probablemente, un mayor impulso a la ultraderecha en los principales países. El fascismo libertario se encuentra enredado, en forma explosiva, en las contradicciones de la crisis capitalista mundial. 

 Jorge Altamira 
 31/10/2024