jueves, 17 de octubre de 2024

Murió Antonio Skármeta, el escritor que le puso poesía a la narrativa


El autor de "El cartero de Neruda" tenía 83 años Fue una de las figuras más destacadas de la literatura latinoamericana de las últimas décadas. A lo largo de su trayectoria cultivó diversos géneros: cuentos, novelas, obras de teatro, libros infantiles y hasta óperas.

 Este martes la Universidad de Chile anunció la muerte del escritor Antonio Skármeta a los 83 años, que más tarde fue confirmada por el presidente Gabriel Boric. "Gracias maestro por la vida vivida. Por los cuentos, las novelas y el teatro. Por el compromiso político. Por el show de los libros que amplió las fronteras de la literatura. Por soñar que la nieve ardía en el Chile que te dolió tanto", expresó el primer mandatario en X, y retuiteó el comunicado de la institución: "Nuestra comunidad universitaria despide con pesar a Antonio Skármeta Vraničić, escritor, Premio Nacional de Literatura 2014, egresado de Filosofía y académico de la Universidad de Chile en múltiples etapas de su inspiradora carrera que impulsó la lectura y el amor por los libros". 
 Autor de novelas como El cartero de Neruda, Soñé que la nieve ardía, El baile de la Victoria o Un padre de película, Skármeta fue una de las figuras más destacadas de las letras latinoamericanas. Su novela más famosa (publicada originalmente como Ardiente paciencia) lleva en el título el nombre del poeta chileno más ilustre y, aunque Skármeta nunca se desenvolvió en ese género, tuvo un lugar importante en su narrativa. En una clase literaria que dio en 2014 junto al brasileño Eric Nepomuceno, se explayó sobre el vínculo con la poesía, un elemento que suele aparecer como motor de sus tramas y personajes: "Como un escritor que no escribió poesía, soy tan gran admirador de los poetas que si ustedes revisan mis obras van a ver que en el corazón de estos relatos hay un poema o alguna situación vinculada con la poesía que desencadena el drama o fortalece alguna relación". 
 El protagonista de esa novela es un joven cartero que visita al poeta de Isla Negra y plagia sus poemas para seducir a una chica. Según el autor, estas criaturas demuestran que "imbricar vida y poesía es posible". Aquella charla de 2014 había tenido lugar en Tecnópolis y, en ese contexto, también habló sobre la inclusión como un eje que atraviesa su obra: "He notado que uno de los lemas de este encuentro es 'la palabra incluye'. Interesante; no sólo porque la inclusión es el gran tema de las políticas latinoamericanas actuales sino porque es casi el leitmotiv de mi literatura. Siempre he intentado hacer una narrativa de roce, de fricción, en que personajes de distintas esferas se compenetran, se rozan; y de allí, de las chispas de ese roce, surge una energía que yo llamaría inclusiva". 
 Skármeta nació en Antofagasta (1940) y pertenece a la generación de escritores de los 60. Estudió Filosofía en la Universidad de Chile, pero su vocación lo condujo a la literatura y se convirtió en un autor prolífico. A lo largo de su trayectoria cultivó diversos géneros: cuentos, novelas, obras de teatro, libros infantiles y hasta óperas. En 2014 fue galardonado con el Premio Nacional de Literatura de Chile y, sobre ese reconocimiento, declaró: "Es una gratitud muy grande. Este premio confirma la relación tan grande y tan íntima que tengo con Chile, su historia, las alternativas históricas, los personajes, la gente más vulnerable, a la cual me he dedicado en mi obra y a sus artistas, poetas". 
 El autor adquirió reconocimiento internacional con varios galardones y gran resonancia en el campo cinematográfico. Tres de sus libros llegaron a la pantalla grande: El cartero de Neruda (Michael Radfor, 1994), El baile de la Victoria (Fernando Trueba, 2009) y la obra de teatro El plebiscito, que inspiró el film No (Pablo Larraín, 2012). Cuando la dictadura de Pinochet terminó con el gobierno democrático de Salvador Allende, Skármeta tenía 33 años, militaba en la izquierda y estaba vinculado al Movimiento de Acción Popular y Unitaria (MAPU). Por esa razón decidió exiliarse: primero viajó a la Argentina y luego partió hacia Alemania, donde finalmente se radicó. En Berlín cultivó su interés por el séptimo arte: ejerció como docente en la Academia Alemana de Cine y Televisión, dirigió dos películas, actuó en cinco y escribió varios guiones que fueron dirigidos por el alemán Peter Lilienthal. 
 El compromiso político y social fue algo que siempre estuvo en primer plano. Skármeta se desempeñó como embajador en Alemania durante el gobierno del socialista Ricardo Lagos (2000-2006) y a lo largo de su carrera expuso sus ideas con convicción: en Soñé que la nieve ardía (1975) elogiaba el socialismo de Allende y en Insurrección (1982) narraba la revolución sandinista en Nicaragua. En una entrevista con este diario en 2011, el autor se refirió al plebiscito de 1988 y dijo: "La derecha siempre ha tenido una fuerte presencia, pero ese poema que fue la campaña del 'No' tuvo el mérito de mostrarle a los indecisos que la alternativa era entre la dictadura y la libertad".

 Laura Gomez 
15 de octubre de 2024 - 18:02

miércoles, 16 de octubre de 2024

Una comisión investigadora de la ONU acusa al ejército israelí de cometer “crímenes de guerra y exterminio”


Investigadores de las Naciones Unidas acusaron el jueves a Israel de llevar a cabo “ataques implacables y deliberados” contra instalaciones sanitarias, médicos y trabajadores de la salud y civiles heridos en la Franja de Gaza. Calificaron esas acciones de “crímenes de guerra y exterminio, un crimen contra la humanidad”.
 El informe, presentado el 10 de octubre, investigó violaciones del derecho internacional y crímenes “cometidos por todas las partes entre el 7 de octubre y el 31 de diciembre de 2023” en los territorios ocupados (Gaza y Cisjordania) y Jerusalén Oriental. En las conclusiones se sostiene que los israelíes “han impuesto un castigo colectivo a los palestinos en represalia por los ataques del 7 de octubre que militantes de Hamás dirigieron contra Israel hace un año desde Gaza”. 
 Según el informe, “el asedio israelí posterior ha impedido que los hospitales reciban alimentos, combustible, agua y suministros médicos, y también ha limitado el número de pacientes que pueden salir de Gaza para recibir tratamiento”. “Israel debe poner fin de inmediato a su destrucción gratuita sin precedentes de las instalaciones sanitarias de Gaza”, declaró en un comunicado Navi Pillay, directora de la comisión que realizó la investigación. 
 Pillay, ex alta comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, afirmó: “Israel ha perpetrado una política concertada para destruir el sistema de atención sanitaria de Gaza como parte de un asalto más amplio contra Gaza, cometiendo crímenes de guerra y el crimen contra la humanidad de exterminio con ataques implacables y deliberados contra el personal y las instalaciones médicas.”
 En su informe de 24 páginas, la comisión afirma que “las fuerzas de seguridad israelíes han matado, herido, arrestado, detenido, maltratado y torturado deliberadamente a personal médico y han atacado vehículos médicos, lo que constituye los crímenes de guerra de asesinato y maltrato deliberados y el crimen de lesa humanidad de exterminio”. 
 El informe continúa: “el trato dado por Israel a los detenidos palestinos recluidos en campos militares y centros de detención, entre ellos miles de niños, constituye crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad”. Cita acusaciones de violación y violencia sexual, y afirma que “los palestinos detenidos arbitrariamente son objeto de abusos generalizados”.
 Israel “no cooperó con la comisión para la elaboración del informe”, y “obstruyó su investigación” negándole a la comisión investigadora el acceso a Israel y a los territorios palestinos. Los sionistas no solo no contestaron la solicitud de información y acceso a los territorios sino que, además: “Al parecer, funcionarios israelíes prohibieron a profesionales de la medicina y otras personas entrar en contacto con la Comisión”. Algunos médicos israelíes han denunciado que se les prohibió curar a los presos y que dejaron avanzar las infecciones causadas por precintos y esposas hasta que la única alternativa fue la amputación. 
 No es la primera vez que Israel acusa a la comisión de parcialidad en su contra, pero las relaciones con Naciones Unidas se han deteriorado aún más en el último año de guerra después de que funcionarios de la ONU denunciaron al asalto militar a Gaza como un genocidio.
 La semana pasada, cuando Israel conmemoró el aniversario del 7 de octubre en la sede de la ONU en Nueva York, no invitó al secretario general António Guterres ni a ningún otro funcionario.
 En junio pasado, la misma comisión publicó un informe donde acusaba tanto a Hamás como a Israel de haber cometido crímenes de guerra. Este informe reitera algunas de esas conclusiones. 
 Por ejemplo, que los militantes palestinos habían cometido crímenes de guerra al tomar y maltratar a rehenes, tanto civiles como soldados y que “los rehenes fueron objeto de abusos físicos y psicológicos, violencia sexual, aislamiento forzoso y acceso limitado a instalaciones higiénicas, agua y alimentos”. 
 El Informe reproduce las cifras de Netanhayu de muertos israelíes a manos de las milicias el 7 de octubre y dice que “halló pruebas de malos tratos a civiles y a miembros de las fuerzas de seguridad israelíes en varios lugares, así como evidencias elocuentes de profanación de cadáveres, a saber, profanaciones sexualizadas, decapitaciones, magulladuras, quemaduras, cercenamiento de miembros y desnudamiento de cadáveres”.
 La Comisión “documentó la profanación de cadáveres de hombres y mujeres, incluyendo actos sexuales, como el desnudado de sus cuerpos y/o la exhibición pública de esos cuerpos medio desnudos”. 
 También describe que las milicias avanzaron “incendiando viviendas, disparando contra refugios privados y públicos, sacando a la gente de sus escondites y matando, hiriendo y secuestrando a civiles”. En el punto 16 dice que “de los aproximadamente 3.000 jóvenes que asistían al festival de música Nova en Re’im15, 364 personas murieron a manos de miembros del ala militar de Hamás y otros grupos armados palestinos, y otras 40 fueron secuestradas y trasladadas a Gaza”. 
 Mucho más adelante, sin embargo, la Comisión vuelve sobre sus pasos y admite que “tiene conocimiento de las denuncias de que las fuerzas de seguridad israelíes utilizaron la Directiva Aníbal para impedir la captura de civiles israelíes y su traslado a Gaza, incluso a costa de matarlos”. Y menciona testimonios, incluso de jefes militares respecto de que hubo “helicópteros de ataque de las fuerzas de seguridad israelíes que dispararon contra automóviles civiles israelíes, lo que provocó la muerte de israelíes”. La Comisión confirmó la presencia de al menos ocho helicópteros de ataque (Apache) en diversos lugares el 7 de octubre, pero no pudo confirmar que dispararan contra civiles o automóviles civiles, ni siquiera en la zona del festival. 
La Comisión también documentó una declaración de un miembro de la dotación de un tanque de las fuerzas de seguridad israelíes, que confirmó haber aplicado la Directiva Aníbal al disparar contra un vehículo sospechoso de transportar a miembros de las fuerzas de seguridad israelíes secuestrados. La Comisión verificó información que indicaba que, en al menos otros dos casos, las fuerzas de seguridad israelíes habían aplicado probablemente la Directiva Aníbal, con el resultado de la muerte de hasta 14 civiles israelíes. Una mujer murió por disparos de helicóptero de las fuerzas de seguridad israelíes mientras era secuestrada por militantes en Nir Oz con destino a Gaza. En otro caso, la Comisión descubrió que algunos o todos los 13 rehenes civiles retenidos en una casa del kibutz Be’eri habían muerto por disparos de tanques israelíes. 
 El embajador de Israel ante Naciones Unidas, Danny Danon, rechazó las acusaciones y catalogó al informe como “alejado de la realidad e incluye afirmaciones infundadas sobre Israel”. Por otra parte, les recomendó “centrar su investigación en los crímenes cometidos por Hamás el 7 de octubre y en los rehenes tomados ese día que siguen retenidos en Gaza”. 
 Sin embargo, la masacre sigue a la vista de todo el mundo. Unas 300 personas murieron en el campo de refugiados de Jabalya en el norte de Gaza desde el inicio de la última operación terrestre israelí en el área hace nueve días, dijo este domingo la Oficina de Medios del Gobierno de Gaza.
 Hussam Abu Safiya, director del Hospital Kamal Adwan, la instalación médica más cercana a Jabalya, dijo que los equipos médicos en el hospital estaban abrumados por el alto número de víctimas que siguen llegando en medio de los intensos combates. Y agregó que el campo de Jabalya estaba ahora "completamente sitiado", lo que hacía imposible llevar suministros de salud, alimentos y los equipos médicos especializados que se necesitan desesperadamente allí. 

 Olga Cristóbal 
 15/10/2024

lunes, 14 de octubre de 2024

El sionismo continúa la masacre en Gaza y El Líbano y bombardea hasta a los Cascos Azules


A los siete países enemigos que Benjamin Netanhayu nombró como el ´eje del mal´ y calificó de objetivos militares del sionismo antes de que su ejército ingresara a El Líbano, hay que agregar las Naciones Unidas. Israel este viernes atacó por tercer día consecutivo a los cascos azules de Naciones Unidas (Unifil) en el sur del Líbano. 
 La ONU dijo que tanques israelíes irrumpieron en su base el domingo, las últimas acusaciones de violaciones israelíes contra las fuerzas de mantenimiento de la paz, que han sido condenadas por Hezbollah y por los aliados de Israel. 
 El ataque fue al comando de la fuerza internacional, que se halla en la zona ocupada por 4 divisiones del ejército sionista (unos 60.000 soldados). Israel ha ampliado las órdenes de evacuación a aproximadamente una cuarta parte del territorio libanés y hay unos 1.200 muertos y más de un millón de desplazados. Los sionistas han arrasado aldeas y convertido las carreteras en polvo. Este lunes ordenó a los residentes de 25 aldeas que evacuen a zonas al norte del río Awali, mientras intensifica sus ataques en la región. 
 Netanhayu pretende que la fuerza de paz de la ONU se retire hacia el norte, dejándoles un tercio del territorio libre para arrasarlo todo estilo Gaza. Los responsables de Unifil no aceptaron el apriete y la respuesta fueron los bombardeos. Los portavoces militares israelíes dijeron que ellos antes les habían ordenado replegarse y que los atacaron de forma involuntaria. Una “involuntariedad” que se repite. 
 También el miércoles y el jueves pasados, las tropas israelíes atacaron al contingente de la ONU, que está formado por más de 10.000 efectivos de medio centenar de países y abrieron fuego “deliberadamente” contra la sede y las cámaras de vigilancia del perímetro de la posición hasta inutilizarlas 
 Mientras, el ejército israelí ha seguido bombardeando de manera intensa zonas densamente pobladas por civiles en la capital libanesa, Beirut. 
 No parece suficiente. “Los encarnizados combates fronterizos, cuerpo a cuerpo, sugieren que no será fácil ganar”, advierte la CNN. Cuando lsrael lanzó la invasión dijo que cualquier acción sería «limitada» tanto en su alcance geográfico como en su duración. “Pero la realidad sobre el terreno indica que podría estar preparándose para la posibilidad de una guerra mucho mayor”, dice CNN. 
Aunque Israel ha asesinado a la plana mayor de Hezbollah e infligió un grave daño a la organización y a la población en general con la masiva explosión de los beepers y walkie-talkies, y los implacables bombardeos, sigue enfrentándose a una feroz resistencia en el sur del Líbano. 
 El nivel de resistencia de Hezbollah “ha sorprendido a muchos”. “Sobre el papel, el ejército israelí es muy superior a las milicias”. Dispone de armas más sofisticadas, un número significativamente mayor de tropas, mejor inteligencia y aliados más fuertes. Pero fuentes militares sionistas admiten que “estas ventajas no cuentan mucho en el tipo de combate que se libra en las colinas del sur del Líbano, en un terreno abierto y montañoso”.
 La organización chiita sigue lanzando cohetes contra Israel con regularidad y algunos proyectiles atravesaron limpiamente los sistemas de defensa antiaérea. El miércoles, dos israelíes murieron por el impacto de un cohete en Kiryat Shmona, a pocos kilómetros de la frontera. 
 El domingo, un avión no tripulado lanzado desde el sur del Libano, fue capaz de penetrar las defensas aéreas israelíes sin ser detectado y alcanzó la base de la Brigada Golani, una unidad de infantería de elite, a unos 65 kilómetros de la frontera. Golpeó el domingo poco después de las 19 horas, a la hora de la cena, y aunque el ejército no ha revelado ningún detalle, las fotos del lugar dejan claro que el dron alcanzó el comedor de la base. Habría causado por lo menos 4 muertos y 60 heridos, alguno de gravedad. El dron consiguió colarse sin activar los sistemas de alerta. Y no era la primera vez que ocurría.
 La represalia israelí el lunes, con bombardeos que llegaron hasta el Norte de El Líbano, causaron una treintena de muertos. Gallant habló con Austin de madrugada y “destacó la seriedad del ataque y la fuerte respuesta que se le dará a Hezbollah” (LN 14/10).
 En tanto, el Pentágono dijo el domingo que enviaría tropas estadounidenses a Israel junto con un avanzado sistema antimisiles denominado Defensa Terminal de Área a Gran Altitud. 
 Daniel Sobelman, experto en seguridad internacional de la Universidad Hebrea de Jerusalén, opina que Hezbollah sigue siendo capaz de atacar: “Es un claro indicio de que está recuperando su equilibrio estratégico y su capacidad operativa. 
 Si bien el aval a Netanhayu de los israelíes creció con el atentado terrorista con beepers y el asesinato de Nasrallah, un sector importante “no están tan seguros de que entrar en Líbano sea una buena idea”, sobre todo entre los que vivían en el norte de Israel y hace un año están desplazados. Temen que la guerra terrestre dilate el regreso y sea muy mortífera. 
 Un puñado de jóvenes, como Itamar Greenberg, están dispuestos a ir a la cárcel en protesta contra la guerra. El joven de 18 años es objetor de conciencia, o «refusenik». Greenberg declaró a CNN que se niega a incorporarse al ejército en protesta por la ocupación israelí de Cisjordania, su guerra en Gaza y, más recientemente, su operación en el Líbano.

 Gaza

 Desde hace dos semanas, mientras mantiene los bombardeos en el sur de Gaza, Israel lleva a cabo una ofensiva implacable en el norte, donde una decena de personas han muerto en las últimas horas en el ataque a un centro de distribución de comida, en una escuela de la ONU en Nuseirat. Y otros tantos en un centro de desplazados en Deir el Balah. Beit Hanun y Jabalia también fueron bombardeados. 
 “No queda nada de dos hileras de tiendas de Deir el Balah”, describe la reportera gazatí Ghada Oudah. Las llamas, calcula, tardaron alrededor de dos horas en ser extinguidas: “Ha sido horrible: se han quemado vivos sin que pudieran hacer nada por ellos”.
 La ofensiva de este octubre es la tercera tentativa de las tropas israelíes por hacerse con el control del norte de Gaza, donde la resistencia armada encabezada por Hamás no ha logrado ser descabezada.
 Las tropas de ocupación sionistas tratan nuevamente de acabar con la indomable resistencia armada palestina mediante una incursión terrestre y aérea en la que, según la ONU, se han producido ya “cientos de muertos”. La zona sigue vedada para la prensa internacional y solo hay “un puñado de reporteros locales que, según aseguran, se han convertido en objetivos para los sionistas también”. 
 “Parte de la estrategia para someter a los cerca de 400.000 gazatíes que quedan en el norte de la Franja es impedir la llegada de alimentos y otros suministros básicos, por ejemplo, para los hospitales, lo que obliga así a la población a desplazarse hacia el sur. El secretario general de la ONU, António Guterres, ha condenado el “gran número de víctimas civiles en la intensificación de la campaña israelí en el norte de Gaza”. 
 “Desde el 30 de septiembre, no se ha permitido a Naciones Unidas proporcionar ningún tipo de asistencia, ni siquiera alimentos”, denuncia Lazzarini. 
 En otro bombardeo este lunes, al menos 18 personas han muerto en una escuela que gestiona la UNRWA en Nuseirat, en el centro de la Franja. “Gaza es un infierno sin fin”, describe Lazzarini en un mensaje en la red social X en el que informa de que la campaña de vacunación de la polio, que iba a llevarse a cabo en las instalaciones desde este lunes, ha tenido que ser suspendida por los daños. 

 Olga Cristóbal
 14/10/2024