miércoles, 7 de julio de 2021

Canadá: continúa la quema de iglesias tras el hallazgo de restos de cientos de niños indígenas


También derribaron estatuas de las reinas Isabel y Victoria. 

 Miles de manifestantes en distintas ciudades de Canadá reaccionaron con quema de iglesias y derribo de estatuas ante los recientes hallazgos de fosas comunes con cientos de niños indígenas que vivieron en internados católicos en el siglo pasado. Entre mayo y junio de este año fueron encontrados más de 1.000 cadáveres de niños en emplazamientos pertenecientes a la Iglesia Católica y gestionados por el gobierno, y la respuesta popular no se hizo esperar. 
El derribo de las estatuas de las reinas Isabel y Victoria- símbolos de la opresión de los pueblos originarios- se produjo en la fecha de la conmemoración anual del «día de Canadá», el 1 de julio. En la ciudad de Winnipeg, miles de personas movilizaron para honrar a las víctimas de los internados y para mostrar su apoyo a las comunidades indígenas. Otro grupo de manifestantes acudió hasta la sede del Poder Legislativo de Manitoba como parte de su protesta por la muerte de los niños.
 Durante el último año, en movilizaciones en todo el mundo en contra de la discriminación y atropellos de tipo racial se han producido manifestaciones en contra de símbolos del imperialismo, del colonialismo y de la esclavitud. 

 Una política de exterminio 

El sistema de escuelas residenciales formó parte de una política orquestada desde el propio Estado canadiense y desde las entrañas de la clase dominante, cuyo objetivo fue consolidar las relaciones sociales capitalistas en la región sobre la base de la expulsión de los pueblos nativos (Prensa Obrera, 10/6). 
 Si bien aún se desconocen los detalles de las muertes, las especulaciones más fuertes giran en torno a una política de “exterminio” de las comunidades originarias de la zona que tenía como eje el “Sistema Escolar de residencias indígenas” y que se extendió desde 1860 hasta 1998 aproximadamente. Este sistema comprendía 139 internados- escuelas, que estaban administrados por el gobierno y por autoridades eclesiásticas (ídem). Se calcula que entre los años 1869 y 1998, más de 150.000 niños fueron arrancados de sus familias para ser enviados a estas escuelas donde no podían ni siquiera hablar su propia lengua. 
 Para Justin Trudeau, el primer ministro canadiense, estos hallazgos “reafirman una verdad que conocen desde hace mucho tiempo” y “pidió disculpas”. Los compromisos de investigación por parte del gobierno no han pasado de promesas. Cae sobre sus espaldas la responsabilidad de estos atropellos mancomunados junto a la Iglesia Católica. Por su parte, el Papa Francisco y el Vaticano no han emitido palabra. 
 Vamos por la real separación de las Iglesias y el Estado. 

 Camila Mic

El ocaso de la Operación Yotuel


martes, 6 de julio de 2021

Chile: una Constituyente soberana a partir de la lucha popular


Ante el comienzo de las sesiones de la convención.

 El domingo 4 de julio tuvo lugar la sesión de instalación de la convención constituyente. Asumieron lxs 155 convencionales electxs y fue elegida como presidenta Elisa Loncon, una dirigente mapuche y académica lingüista que llega a la convención por los escaños reservados para los pueblos originarios. Como vicepresidente fue nombrado Jaime Bassa, un abogado que fue candidato por Convergencia social, partido del Frente Amplio. 
 El inicio de las sesiones de la Convención estuvo marcado por las movilizaciones que tuvieron lugar en Santiago principalmente y congregaron a miles de personas. Las convocatorias eran múltiples y, por lo tanto, de distinto carácter pero en todas estuvo presente -y con una centralidad indiscutida- la consigna de “Libertad a lxs presxs políticxs”.
 Se desplegó un fuerte operativo represivo para evitar la llegada de las columnas al lugar donde se llevaba a cabo la sesión inaugural. La represión no tardó en desatarse y un grupo de convencionales solicitó la suspensión de la sesión y el retiro de las fuerzas especiales. Lo cierto es que la acción represiva duró horas y una vez dispersado el grueso de lxs manifestantes comenzó la cacería por las inmediaciones con el resultado de numerosos detenidos. Carros hidrantes, gases lacrimógenos y detenciones fue la respuesta del gobierno a quienes se movilizaron.
 El inicio formal de las sesiones estuvo precedido por un álgido debate sobre el carácter de la convención y, en virtud de ello, sus atribuciones. La conformación del espacio “la vocería de los pueblos”, que se declaró prescindente de los límites impuestos al proceso de reforma constitucional por el “acuerdo por la paz social y la nueva constitución” y llamó a hacer efectiva la soberanía popular de la constituyente, generó el rechazo entre los partidos del orden que lo diseñaron con el objetivo de salvar al régimen político que representan. 
 Así, el propio presidente Sebastián Piñera, en ocasión de firmar el decreto de convocatoria a la primera sesión de la convención, no se limitó a ello sino que introdujo en su articulado en forma expresa que la aceptación del cargo de constituyente implica un sometimiento a los límites impuestos por la cocina del gobierno y la oposición al proceso, declarando en esa oportunidad que “no podrá poner término anticipado al período de las autoridades elegidas por votación” y remarcó que “su misión no es gobernar ni legislar”. 

 La convención no puede sesionar con presxs políticxs

 Las movilizaciones que marcaron el inicio de las sesiones de la convención y la respuesta represiva que suscitaron dan cuenta del enorme problema político en que se ha convertido para los partidos patronales, sobre todo los de centroizquierda, la cuestión de la prisión política, que en Chile ha sido una herramienta utilizada por décadas para acallar y perseguir luchadorxs, pero que a partir del 18 de octubre del 2019 se usó de manera generalizada, como dan cuenta los cientos de presxs por salir a manifestarse contra el régimen político.
 Los términos y condiciones planteadas por los 34 convencionales que conformaron originalmente la “vocería de los pueblos”, en particular la exigencia de libertad a las y los presxs políticxs (que aparece como la primera de las 6 condiciones que “han de marcar un quiebre con la continuidad de las violencias de Estado que hemos enfrentado”, según expresa la primera declaración de este espacio) causaron el rechazo, con matices, de todo el arco político. 
 Sin embargo, la contundencia de la primera declaración de la “vocería de los pueblos” en esta dirección se fue diluyendo en las sucesivas reuniones ampliadas que tuvieron lugar por iniciativa de este bloque. En la última participaron 88 convencionales, provenientes de Apruebo Dignidad (PC-FA), PS, Independientes e Independientes No Neutrales.
 La suma de convencionales de los partidos de los 30 años se tradujo en un retroceso en los planteamientos políticos con que la “vocería de los pueblos” se plantara en la escena política semanas atrás. Concretamente, en relación a la libertad de las y los presos políticos, en la última reunión se acordó una “salida política” que consistiría en impulsar la aprobación de la ley de indulto general y que el gobierno retire las querellas por la Ley de Seguridad del Estado y la desmilitarización del territorio mapuche. 
 Es decir, en lugar de tomar en sus manos el tema delegan su resolución al Poder Ejecutivo y Legislativo que está compuesto mayoritariamente por las fuerzas políticas tradicionales, representativas del orden de estos 30 años que han sido responsables y cómplices de la criminalización de la protesta social y del encarcelamiento de los luchadores.
 Alrededor de la libertad de los presos políticos está en juego una pulseada fundamental: lo que está en discusión es cuáles son las atribuciones y el alcance de la constituyente: si va a defender tener un funcionamiento soberano o va a quedar subordinada al actual marco institucional y a los poderes políticos vigentes.
 Plantear que sean las instituciones de la Constitución pinochetista las que tiene que resolver el problema de la prisión política implica que la convención se declara incompetente para resolver esta demanda popular, lo que significa una adaptación al pacto del 15 de noviembre. 
 Por su parte, las y los constituyentes electos del PC, en una declaración pública emitida el 24/6, plantean que si las instituciones no reparan “la injusticia” de la prisión política “nos impondrá a las y los constituyentes, el deber ético de propiciar la libertad de todas las y los presos políticos mediante una disposición transitoria en la nueva constitución”. Otra vez, se insta a los poderes responsables de la violación sistemática de los derechos humanos a que resuelvan la libertad, para después plantear una salida que deberá superar los dos tercios de los votos para materializarse. Pero el nivel de demagogia se hace patente al considerar que legisladores del PC votaron, el mismo día de emitida la declaración de sus convencionales, a favor de la prórroga del estado de excepción solicitada por el gobierno, otorgándole la herramienta represiva por excelencia al criminal de Piñera. 
 La inmediata libertad de las y los presxs políticxs no va a venir de la mano de acuerdos y compromisos con los actuales poderes del Estado y sus representantes políticos. No se nos puede escapar que ese obstáculo está presente en la propia Constituyente. Si bien la derecha no reúne el tercio necesario para bloquear lo que se decida, es necesario tener presente la existencia de los convencionales de la vieja concertación, de modo tal que, sumados ambos bloques, pueden obstaculizar sus resoluciones. Está claro que la remoción de ese escollo es un requisito para imponer cualquier reclamo popular. Ni qué hablar si lo que está en juego es poner fin al actual orden social y político vigente y abrir paso a las transformaciones sociales que el pueblo anhela y necesita. Se trata de una batalla política que debe ser acompañada y sostenida por una irrupción popular. No se trata de una acción confinada al ámbito parlamentario sino que reclama la movilización popular y la iniciativa callejera, multitudinaria, capaz de desafiar y derrotar a los poderes del Estado y la clase capitalista. 
 Necesitamos romper con los límites impuestos por la cocina de los partidos del orden y que se abra paso una constituyente soberana, con poder para dar respuestas a las reivindicaciones urgentes del pueblo trabajador. 
 Fuera Piñera. Abajo el Estado represor. Por una verdadera Constituyente, soberana y con poder. 

 Olga Aguirre desde Chile

lunes, 5 de julio de 2021

Derriban estatua de Isabel II en Canadá tras hallazgo masivo de tumbas de niños indígenas

Canadá conmemoró este jueves el aniversario de su fundación sin nada para festejar. El reciente hallazgo de más de 1.000 tumbas de niños indígenas sin identificar en terrenos de antiguos internados gubernamentales desató la bronca. Manifestantes derribaron las estatuas de la reina Isabel II y la reina Victoria, símbolo de la colonización. 

 Canadá conmemoró este jueves su fiesta nacional, que marca la fecha oficial de fundación del país el 1 de julio de 1867. Sin embargo no había nada que festejar. El aniversario tiene lugar en medio del descubrimiento en las últimas semanas de más de 1.000 tumbas de niños indígenas sin identificar en terrenos de antiguos internados gubernamentales. 
 Durante la jornada de este jueves fueron derribadas las estatuas de la reina Isabel II y la reina Victoria en Winnipeg.
 Los manifestantes ataron cuerdas al cuello de las estatuas y las tiraron al suelo en medio de gritos y cantos de “no al genocidio”. La indignación ha ido creciendo en el país por el descubrimiento de cientos de tumbas clandestinas pertenecientes a habitantes de los pueblos originarios. Hace unos días esa bronca terminó en la quema de iglesias, las responsables de administrar esas escuelas de "reeducación" de niños indígenas en el pasado, en las que fueron asesinados de a cientos de esos niños y enterrados en tumbas sin identificar.
 Desde que a finales de mayo los tk’emlúps te secwépemc, un grupo indígena del oeste de Canadá, revelaron el hallazgo de los restos de al menos 215 niños indígenas enterrados en la antigua residencia escolar de Kamloops, un creciente número de voces había solicitado la cancelación de las celebraciones del Día de Canadá. 
 El anuncio de otros dos grupos indígenas del descubrimiento de más tumbas no identificadas en otras tantas residencias escolares, instituciones gubernamentales gestionados por órdenes religiosas en los que los niños aborígenes eran internados a la fuerza, ha hecho que muchos más se cuestionen la validez de conmemorar la fundación de Canadá. 
 Al menos 150.000 niños indígenas fueron separados de sus familias para asistir a las escuelas durante un siglo como parte de la campaña del gobierno canadiense de "reeducación", la forma más brutal de colonización. 
 A principios del siglo XX, la política de asimilación forzosa de niños indígenas se mantuvo vigente durante décadas, y la última escuela cerró en 1996. El sistema ha sido acusado de privar a los niños de sus lenguas ancestrales y exponer a muchos a abusos físicos y sexuales por parte de maestros y autoridades religiosas. 
 El hallazgo más importante de tumbas, 751 cuerpos sin identificar, se realizó en los terrenos de la antigua residencia escolar de Marievel, un internado situado a unos 2.500 kilómetros al noroeste de Toronto y que operó entre 1899 y 1996.
 A Marievel fueron enviados miles de niños indígenas. Allí sufrieron todo tipo de abusos físicos, emocionales y sexuales como parte del sistema de "reeducación" para eliminar la cultura indígena. Como el internado de Kamloops, Marievel estuvo gestionado por los Misioneros Oblatos de María Inmaculada, una orden católica.
 Este jueves el primer ministro canadiense Justin Trudeau señaló en un comunicado que "el horroroso descubrimiento de los restos de centenares de niños en antiguas residencias escolares de Columbia Británica y Saskatchewan nos ha obligado a reflexionar con toda justeza sobre los fallos históricos de nuestro país y las injusticias que todavía se cometen contra los indígenas y muchos otros en Canadá". 
 Sin embargo, esa sola reflexión no parece suficiente. El hecho de que esas escuelas hayan seguido existiendo hasta hace solo unas décadas tiene que ver con el brutal racismo contra los pueblo originarios que existe en Canadá. Sus propios testimonios señalan cómo la mayoría de los niños eran obligados a terminar en ese tipo de escuelas e internados al ser expulsados del sistema educativo regular por el brutal racismo y la discriminación que vivían diariamente. 

 La Izquierda Diario
 Viernes 2 de julio | 12:51

A 100 años. Los Arditi del Popolo: ¿quiénes fueron los primeros antifascistas?

Aunque fue una experiencia corta y limitada los Arditi del Popolo lograron frenar y derrotar en varias ciudades italianas los ataques fascistas, siendo el caso más importante la Batalla de Parma. Una historia borrada de la clase trabajadora que vale la pena conocer. 

 Los Arditi del Popolo suelen pasar desapercibidos en los estudios históricos, sin embargo, su historia es muy importante porque fueron los primeros antifascistas en la Italia de los años 20 y porque fueron una experiencia de defensa de la clase trabajadora.
 En agosto de 1922 se produjeron los hechos conocidos como la Batalla de Parma. Un enfrentamiento entre fascistas y antifascistas que involucró la participación de miles de personas en las calles de esta ciudad del norte de Italia y que terminó con la huida desordenada de los primeros. 
 Todo comenzó en la madrugada del 2 de agosto, cuando 15.000 fascistas o “camisas negras” de distintas partes del país llegaron en camiones a Parma para reventar una huelga general. Un día antes, la policía y los funcionarios habían abandonado comisarías y oficinas para dar vía libre al ataque. Las escuadras fascistas financiadas por industrialistas y terratenientes de la zona, estaban al mando de Ítalo Balbo, uno de los jefes principales del Partido Fascista. Pretendían dejar un mensaje aleccionador y no era la primera vez. Esos meses habían estado marcados por la violencia fascistas contra huelgas y movilizaciones, contra locales partidarios de izquierda y medios de prensa. Solían llamar a este tipo de acciones como “expediciones punitivas”, trasladándose de región en región en grandes grupos armados con enorme libertad de acción y particular saña contra los comunistas y “bolches”. 
 El plan era atacar y saquear Oltretorrente, el barrio obrero ubicado en la zona más alta y más pobre de la ciudad, epicentro de la huelga. Pero los fascistas no esperaban encontrarse con una resistencia organizada por miles de trabajadores y trabajadoras, niños, ancianos, vecinos y comerciantes bajo las órdenes del Comando regional de los Arditi del Popolo, una organización política/militar con fuerte protagonismo de la clase trabajadora que había cobrado fuerza en gran parte de Italia y que en Parma tenía como dirigente a Guido Picelli, diputado del Partido Socialista (y más tarde miembro del Partido Comunista). 
 Trabajadores bajo la dirección de los arditi cavaron trincheras, levantaron barricadas con vagones, autos, bancos y madera; y alambrados por doquier (1). Formaron treinta y dos cuadrillas armadas destinadas a enfrentamientos físicos, de entre 8 y 10 personas, distribuidas en las cuatro zonas en las que dividió la resistencia en la ciudad, todas comandadas por arditi. Los campanarios de las iglesias fueron usados como torres de vigilancia. Plazas y carreteras bloqueadas y se colocaron minas. Se dividieron las tareas de defensa y organización interna, suministros y salud. Todos y todas estaban bajo disciplina militar. Los comerciantes y sectores de clase media proporcionaron alimentos, apoyando la lucha antifascista. 
 El quinto día el Ejército ingresó y pidió a los trabajadores que abandonen las armas pero fue rechazado. Y el sexto día llegaron noticias en las primeras horas que los fascistas lanzarían un gran ataque. 
 Si los hombres de Ítalo Balbo lograban entrar a Oltretorrente, las órdenes eran combatir calle por calle, casa por casa; por eso las mujeres eran abastecidas con aceite y gasolina para hacer explosivos, fabricaron cuchillos y dagas. La disposición de los francotiradores trabajadores, apostados en los techos, impidió el avance fascista hasta que terminaron abortando la misión. Luego de seis días de enfrentamientos, locales partidarios y oficinas de partidos de izquierda incendiados y con la ciudad bloqueada, las escuadras fascistas salieron despavoridas y desorganizadas de la ciudad. También huyeron de sus casas los terratenientes locales por miedo a represalias dado que estaban entre los organizadores y financistas del ataque. Las bajas fascitas fueron 39 muertos y 150 heridos mientras que del lado antifascista fueron 5 muertos y varios heridos.
 Las masas de Parma festejaron en las calles el triunfo y las banderas rojas colgaban de los balcones en los barrios obreros. Años más tarde el dirigente arditi Guido Picelli dijo recordando los hechos que “Una de las reglas generales de la guerra, y por tanto de la lucha callejera, es nunca dejar la iniciativa a tu enemigo. Y en una situación en la que descubras sus intenciones y el plan de ataque debes frustrarlos, atacando antes, obligándolos a cambiar toda su estrategia mediante una acción determinada e inesperada”. 
 Con la huida de los grupos fachos, el Ejército ingresó y declaró el Estado de sitio. Los combatientes locales depusieron las armas porque, según Picelli, no estaban en condiciones materiales de enfrentarlo, porque se habrían quedado sin armas. Así finalizaba una de las experiencias de defensa, o mejor dicho de autodefensa obrera, más importantes del período para la clase trabajadora italiana; aunque no había sido la única, también hubo en Roma, Viterbo, Bari, Sarzana, entre otras ciudades.
 Sin duda la experiencia de los Arditi del Popolo es importante porque es parte de la historia de la clase trabajadora que ha permanecido oculta, o mejor dicho borrada, con fines claros: evitar mostrar la capacidad y enorme potencialidad que puede tener para enfrentar los peores elementos de la reacción capitalista y de la contrarrevolución. La organización, la disciplina se combinaron con el factor moral, es decir, la voluntad de las masas de no rehuir el combate sino por el contrario hacerle frente. 
 Más allá de su accionar y del golpe que fue para el fascismo, no pudo detener el ritmo de los acontecimientos y dos meses después de la Batalla de Parma, en octubre de 1922, el partido de Mussolini se apoderaba del poder político nacional, mientras que los arditi fueron perdiendo fuerza y miembros. 
 Lo que viene a continuación tiene el fin de reflexionar sobre el rol que jugaron los Arditi del Popolo en estos años, como destacamentos o milicias antifascistas con protagonismo obrero. ¿Qué perspectiva y límites tuvo? ¿Cómo surgió y qué rol jugó el Partido Comunista en sus filas? ¿por qué es importante rescatarlos del olvido? 
 Su aparición fue en Roma entre junio y julio del año 1921, un año antes de los hechos de Parma, de la mano del militante anarquista Argo Secondari. Su función sería la de enfrentar manu militari, es decir con la fuerza de las armas, a las escuadras fascistas. Sobre todo en sus inicios participaron en su formación y composición trabajadores -muchos ex combatientes- y militantes anarquistas, socialistas y comunistas; estos últimos dos por fuera de la orientación de sus partidos. 
 Su aparición pública fue en una marcha antifascista en Roma el 6 de julio que reunió a decenas de miles de personas y desfilaron alrededor de 2000 miembros de los “Arditi del Popolo”, una marcha que atrajo hasta la atención de Lenin que planteó que era uno de los hechos más importantes del momento. Rápidamente la organización fue extendiéndose por la mayoría de las ciudades de Italia, con presencia en el norte industrial pero también en el centro y sur agrícola. Para Secondari llegó a alcanzar los 20.000 miembros. Los arditi con conocimientos en el campo de batalla entrenaban a sus nuevos compañeros de armas. 
 Lo interesante fue su determinante composición obrera. En su mayoría eran trabajadores de sectores estratégicos de la economía italiana como la construcción, los telégrafos, metalúrgicos, del campo y sobre todo ferroviarios que a su vez organizaron a un importante sector juvenil. Incluso la expansión de los Arditi antifascistas se produce a lo largo de las líneas de los ferrocarriles y carreteras que salen de Roma hacia el norte y centro del país (2).

 ¿Cómo surgieron los Arditi del Popolo? 

Los antecedentes hay que buscarlos en la Primera Guerra Mundial, cuando en 1917 se crearon nuevas unidades especiales militares de asalto llamadas “arditi” o audaces. Eran rápidas, sorpresivas y estaban entrenadas para diferentes combates y atacar con rapidez y decisión los destacamentos enemigos en medio de la noche. Como grupo de élite tuvieron ciertos privilegios como ropa o raciones de comida con respecto al resto de las tropas. pero cuando finalizó la guerra formaron parte de los millones de ex combatientes que debieron reinsertarse en la vida civil con muchas dificultades y en medio de un importante índice de desocupación.
 En un sector muy importante de los arditi caló profundo las ideas de Mussolini como el voluntarismo, frustración y patriotismo, sentimientos de pertenencia a un grupo “especial” y anti neutralismo, es decir, opuestos a las posiciones que tuvieron el Partido Socialista y también un sector del anarquismo de rechazar y no intervenir en la guerra. Muchos de ellos formaron parte de los comandos o escuadras fascista. Sin embargo, un sector tomó conciencia de que estaban siendo utilizados como grupos de choque de los capitalistas y poderosos del campo y la ciudad, y marcaron un importante límite de clase.
 Esto se vio en 1919. Ese año comenzó el Bienio Rojo, una rebelión del movimiento obrero italiano que se inspiró en la Revolución rusa y que respondía a las pésimas condiciones económicas y sociales en las que había quedado el país luego de la guerra. Fueron huelgas largas y duras por aumentos salariales, se crearon comisiones internas y consejos de fábrica que eran organismos de base, anti burocráticos, con enorme capacidad de movilización y convocatoria. 
 En 1920 la conflictividad y la violencia aumentó. Se tomaron masivamente fábricas, minas y grandes propiedades agrarias y hasta se armaron las “Guardias rojas” destinadas a custodiar los establecimientos, pero la reacción del gobierno y la patronal involucrando a las fuerzas militares, y el rol conciliador que tomó el Partido Socialista en ese momento que concentró sus tareas en el Parlamento, hicieron que semejante fuerza pierda la oportunidad de luchar por el poder. 
 Fue en estos años de dura lucha de clases que la burguesía vio con buenos ojos la creación de las escuadras fascistas de Mussolini. Quién explica más sencillamente el avance de estas fuerzas fue León trotsky: 
 “Había 160 diputados socialistas en el Parlamento. Más de un tercio de los municipios estaban en sus manos; los sectores más importantes de Italia estaban en manos de los socialistas, hegemónicos entre los obreros [...] Sin embargo, la reacción de la pequeña burguesía y de los oficiales desmovilizados, ante esta situación, fue tremenda [...] En ciudades de diez mil habitantes bajo control socialista bastaron treinta hombres organizados para entrar en la ciudad; quemar el ayuntamiento, las casas; fusilar a los líderes e imponer las condiciones de trabajo de los capitalistas. De allí se iban a otro sitio, haciendo lo mismo, una tras otra, en cientos y cientos de ciudades. Sembraron el terror y, realizando estos actos sistemáticamente, destruyeron totalmente los sindicatos, haciéndose los amos de Italia, a pesar de ser una minoría insignificante” (3).
 La primera “expedición punitiva” a gran escala fue en abril de 1919 con el ataque a la redacción del periodico socialista “¡Avanti!” con complicidad civil y militar. El nivel de violencia y los hechos que se venían dando terminaron de decidir al grupo arditi que comenzó a acercarse hacia posiciones más de izquierda y radicales, vinculandose a las milicias y al movimiento del Bienio Rojo; hasta terminar en la conformación de los Arditi del Popolo como milicias antifascistas. 

 Los límites frente al fascismo 

Los “arditi del Popolo” fueron debilitándose en Italia a medida que el fascismo iba cobrando fuerza y poder. Esto se debió a varios factores que es necesario analizar con mayor detenimiento del que hacemos aquí pero sintéticamente el problema fue que no tuvieron ningún horizonte político, por el contrario, se limitaron a la defensa militar frente ataques puntuales del fascismo como ocurrió en la Batalla de Parma. La separación entre la lucha sindical y política y la ausencia de un verdadero partido revolucionario que dirija todo este proceso para darle otra perspectiva, llevó a que se pierda una importante oportunidad. Un ejemplo de esto fue el levantamiento de una huelga general a fines de julio de 1921 por parte de Argo Secondari que terminó en un gran fracaso justamente en un momento donde era clave organizarse y mostrar fuerzas ante el avance del fascismo.
 El Partido Comunista Italiano, que había sido creado en abril de 1921, mostró su sectarismo en un momento en el que la reacción burguesa se desplegaba con todas sus fuerzas a través del fascismo; y era necesario defenderse. Aunque algunos de sus militantes se sumaron a pelear con los “Arditi del Popolo”, no lo hicieron en forma orgánica porque el partido se negó a participar de estas organizaciones, apuntando a crear milicias propias.
 Si bien hicieron algunas acciones en común con los “arditi”, como fue la defensa de la ciudad de Bari, se opusieron a seguir la política de Frente Único impulsada por la Internacional Comunista en su III Congreso. Allí se planteaba hacer un llamado a las organizaciones y partidos obreros de masas para pelear en común frente a la ofensiva capitalista en el plano político, sindical -y también militar- lo que, a su vez, permitía a los trabajadores hacer una experiencia con sus direcciones conciliadoras. 
 Antonio Gramsci, que aún pertenecía a un ala minoritaria dentro del partido, vio con buenos ojos el desarrollo de estos arditi, aunque dejaba en claro su límite. Resaltaba la importancia de crear organizaciones específicas de combate en términos militares pero el problema era que le faltaba proyección política y apuntar sus cañones (o armas) a paralizar los principales engranajes que sostienen el aparato estatal. Es decir, faltaba pasar del plano defensivo al ofensivo.
 Como bien planteó Trotsky, el principal problema del Partido Comunista Italiano fue que “no se daba cuenta de las dimensiones del peligro fascista, se alimentaba de ilusiones revolucionarias, era irreductiblemente hostil a la política de frente único, sufría, en definitiva, todas las enfermedades infantiles. No hay nada de asombroso en ello: solamente tenía dos años. No veía en el fascismo más que la “reacción capitalista”. 
 El Partido Socialista pactó un supuesto “acuerdo de pacificación” con el gobierno y los fascistas que nunca se cumplieron y Mussolini y sus fuerzas marcharon sobre Roma en octubre de 1922 y se hicieron del poder político. 
 Con el triunfo del fascismo el resto de la historia es conocida. Se abrió un período reaccionario -pero también de revoluciones- que se extendió por Europa y terminó en la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, los Arditi del Popolo y la Batalla de Parma demostraron la enorme capacidad, fuerza y voluntad que pueden tener las masas de defender sus conquistas y luchas contra los peores elementos de la reacción. Incluso los fascistas no volvieron a atacar la ciudad nunca más. Trabajadores y trabajadoras de Parma vieron la necesidad de armarse y enfrentar al fascismo y no sólo eso; organizados y con disciplina lo derrotaron de una manera humillante. 

Claudia Ferri 
@clau.ferriok 
 Viernes 25 de junio | 20:59

 Notas 
 1. Pino Cacucci, Oltretorrente, Giangiacomo Feltrinelli Editore, Milano. 
2. Eros Francescángeli, Arditi del Popolo. Argo Secondari e la prima organizzazione antifascista (1917-1922). 
 3. León Trotsky en "Completar el programa y ponerlo en marcha" en Programa de Transición (pag 268/269), ediciones IPS.

domingo, 4 de julio de 2021

100 años del Partido Comunista chino: ¿Cuánto ha cambiado el gigante asiático bajo su liderazgo?


Movilizaciones masivas contra la Autoridad Palestina


Cada vez más desacreditada ante la población. 

 El asesinato de un dirigente opositor por parte de las fuerzas de seguridad ha desatado importantes movilizaciones en Cisjordania. Nizar Banat fue detenido el 24 de junio y golpeado en la cabeza y en el cuerpo con barras de hierro, lo que le provocó la muerte.
 Banat había roto con Fatah, el partido del líder de la Autoridad Palestina (AP), Mohammed Abbas, y presentado una candidatura propia para las elecciones legislativas convocadas para mayo pasado, que fueron finalmente aplazadas por el gobierno. Desde su cuenta de Facebook, con 100 mil seguidores, denunciaba la cooperación en seguridad de la AP con Israel y la corrupción oficial. 
 En las movilizaciones contra el crimen, en que resonaron los cantos de “Fuera Abbas” y “abajo el régimen”, hubo represión. Policías de civil y fuerzas de choque de Fatah cargaron contra manifestantes y periodistas. Peor aún, el gobierno habría presentado un pedido de compra de armamento a Israel para pertrechar sus fuerzas policiales y enfrentar las protestas (Middle East Eye, 30/6). Las fuerzas de seguridad de la AP están acusadas de maltrato sistemático a detenidos políticos, según el director de Human Rights Watch para Israel y Palestina (El País, 2/7). 
 El gobierno de Abbas es rechazado abrumadoramente por la población palestina. De acuerdo a una encuesta del Centro de Investigaciones Políticas y Sondeos, solo el 14% lo respalda. Las últimas movilizaciones ante los bombardeos contra Gaza y los desalojos de familias palestinas en Jerusalén Este mostraron una nueva generación que rechaza tanto la ocupación sionista como el liderazgo de Fatah. 
 El gobierno no ha realizado elecciones desde 2006. Las legislativas de mayo y presidenciales de julio fueron aplazadas con el argumento de que Israel prohibió su realización en Jerusalén Este, pero es indudable que en la decisión opera también la consideración de la propia debilidad oficial. 
 Fatah viene sufriendo desprendimientos que lo desafían. Marwan Barguti, uno de los referentes de la segunda intifada (2000), anudó un acuerdo con Naser al Kidwa, sobrino de Yasser Arafat (fundador de la OLP), quien fue expulsado de Fatah recientemente y promovía un armado electoral propio. Barguti, que goza de popularidad, fue condenado a cadena perpetua por Israel y en 2017 lideró una huelga de hambre de 1.500 presos. También presentó una lista propia Mohamed Dahlan, quien rompió con Fatah hace más de una década. Este cuenta con un prontuario: está acusado de cooperar con la CIA y los servicios secretos israelíes, además de la persecución contra militantes de Hamas. 
 El desprestigio de Abbas y las rupturas de Fatah favorecen a la organización islámica, que según los sondeos aludidos ganaría las elecciones en caso de que se realizaran hoy. Hay quienes señalan que el grupo que gobierna la Franja de Gaza desde 2007 se ha valorizado ante la población con la resistencia a los últimos bombardeos, pero también están los que afirman que no sale indemne del cuestionamiento de la nueva generación de luchadores.

 Aproximaciones

 Egipto está mediando actualmente entre las dos facciones palestinas. Los enviados de Abbas proponen la formación de un gobierno de unidad apañado por el llamado Cuarteto Internacional (Estados Unidos, Rusia, Unión Europea, ONU), que incluya el reconocimiento del Estado de Israel. La guinda para atraer a Hamas sería asociarlo a un plan de reconstrucción del enclave, diezmado por los bombardeos y el bloqueo económico sionista. La propuesta, hasta ahora, ha sido rechazada por la organización islámica (Arab Weekly, 19/6). 
 Joe Biden, el presidente norteamericano, fue uno de los que planteó esta reconstrucción de Gaza, luego de haber apañado los bombardeos sionistas, si bien dijo que Hamas debía ser excluida del plan. El líder estadounidense impulsa un restablecimiento de las negociaciones entre Israel y la AP, congeladas desde 2014. Según versiones periodísticas, la AP formó ya un equipo negociador, lo que fue criticado por el grupo islámico y otras formaciones políticas (Frente Democrático, Frente Popular). 
 Biden sale al rescate de la Autoridad Palestina, ante su desprestigio creciente, a la vez que busca recuperar la influencia perdida en la región. Pero se encuentra ante un campo minado, no solo por un pueblo que no acepta una repetición farsesca de los acuerdos de Oslo, sino por la propia dinámica colonizadora del sionismo. En estos días, el Ejército demolió una carnicería en Silwan, para allanar el camino a los colonos. En Eviatar, Cisjordania, la justicia instiga a las familias a tirar abajo sus propias viviendas, bajo amenaza de intervenir con la fuerza. En ambos casos, el pueblo resiste. Por último, el sionismo volvió a bombardear hoy por tercera vez la Franja de Gaza desde la tregua sellada en mayo. No hay salida para la región con el sionismo y el colaboracionismo de la AP. Es necesaria una Palestina única, laica y socialista, como parte de una federación socialista de pueblos de Medio Oriente. 

 Gustavo Montenegro