martes, 8 de septiembre de 2020
Prensa Latina cumple 61 Años y regala a sus seguidores una selección de fotos de Ricardo Masetti
Prensa Latina cumple 61 Años y le regala a sus seguidores una selección de fotos de Jorge Ricardo Masetti, uno de sus fundadores junto a Fidel Castro y a Ernesto Che Guevara
16 jun. 2020
domingo, 6 de septiembre de 2020
El contingente médico Henry Reeve: vocación, capacidad y valor
Hace 15 años, al día siguiente del paso devastador del huracán Katrina sobre Luisiana, el gobierno de Cuba ofreció al de Estados Unidos el envío inmediato de una brigada médica con mil 586 especialistas y 36 toneladas de medicamentos.
El desinteresado y humanista ofrecimiento fue rechazado por Bush con altanería y burla, a pesar del desesperado llamado de ayuda de la gobernadora del estado. Bush se había referido anteriormente al terrorismo que anidaba en los más oscuros rincones del planeta señalando a Cuba, Irak, Irán y otras naciones. Fidel Castro le respondió el 3 de mayo de 2003: nosotros nunca seremos capaces de enviar ningún ataque preventivo, ni sorpresivo, contra ningún oscuro rincón del mundo. Pero nuestro país si es capaz de enviar los médicos que se necesiten a los más oscuros rincones del mundo:
Con este espíritu que ha impregnado al pueblo cubano en su ardua ruta revolucionaria, con una vocación humanista, una capacitación especializada y un valor admirable, nació a la luz pública el 19 de septiembre de 2005 el Contingente Internacional de Médicos Especializados en Situaciones de Desastre y Graves Epidemias Henry Reeve. La base humana y material de éste ya estaba lista desde el primero de septiembre, esperando para partir a Nueva Orleans, epicentro del desastre. El nombre lo tenía ya también, el de un aguerrido joven neoyorquino que, con 19 años, se enroló en una expedición para la guerra de independencia cubana, el desembarco fue descubierto por los españoles, que los apresaron y fusilaron a todos; Reeve con cuatro balazos logró escabullirse y fue rescatado por los mambises, siete largos años combatió el inglesito junto a Agramonte y Máximo Gómez hasta caer en combate con el grado de brigadier.
Ese 19 de septiembre Cuba también anunció al mundo la graduación de los primeros mil 650 estudiantes de la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM), creada especialmente a raíz del Mitch, otro huracán implacable, que cayó sobre Centroamérica en 1998, llevándose miles de vidas. A pesar de estar en pleno periodo especial y las brutales carencias que le impuso el doble bloqueo, se enviaron médicos y toda clase de apoyos. Ahí nació esa otra idea de formar en Cuba a los médicos necesarios para salvar tantas vidas como se pudiera. En 2005 la ELAM ya contaba con 12 mil estudiantes. También se echó a andar el proyecto Misión Milagro con el compromiso de devolver la vista a millones de latinoamericanos. Compromisos inéditos en nuestra América, donde naciones con mucho más recursos y posibilidades no lo hacen.
Esta vocación internacionalista nació muy tempranamente, en 1961 llegó a Argelia, en lucha frontal por su liberación, una brigada médica de apoyo al FLNA, cualquiera que haya visto la película La Batalla de Argel puede imaginarse las condiciones y el valor de esta acción. En 1966 Amilcar Cabral, el gran líder de Guinea-Bissau, escribió: “no había médicos en el país (…) los primeros que llegaron fueron los cubanos y la importancia para nuestra lucha de liberación no fue sólo la de las vidas que salvaron, sino el ánimo y el valor que nos daban”. A finales de 1975 arribaron los primeros de muchos médicos a Angola, un testimonio popular decía: aquí sólo teníamos 14 galenos y llegaron 200 de Cuba, no queremos que se vayan, la lucha por la soberanía apenas comenzaba. (Gleijesses 2007).
En 1959, al triunfo de la revolución sólo existía en Cuba una escuela de medicina y una de odontología, el Instituto Finlay, y dos hospitales docentes. Había 6 mil médicos, pero la mitad voló a Miami enseguida. En estas condiciones se implementó inmediatamente un plan emergente para constituir el sistema de salud pública, que hoy arroja cifras impactantes: hay 95 mil médicos y 85 mil enfermeras; es decir, 9.5 médicos por cada mil habitantes, para entender esta dimensión buscamos la cifra actual de médicos en México, la Secretaría de Salud consigna 277 mil 287, es decir, 2.7 por cada mil habitantes. Menos de la tercera parte. Hay ahora facultades de medicina en cada provincia con una matrícula de 25 mil estudiantes y se han formado 50 mil extranjeros, significativamente miles de vietnamitas.
Ese día que nació el Contingente Henry Reeve, Fidel señaló que su objetivo no sería sólo apoyar a una nación, sino prestar cooperación inmediata a cualquier país, con personal entrenado y especializado, que sufriera una catástrofe natural o cualquier fenómeno de gravedad, independientemente de su posición política. Analizó en detalle la pandemia que en aquellos momentos el mundo enfrentaba: el VIH/sida, aunque en Cuba la prevalencia era de 0.07 por ciento, asumió el compromiso de concentrar todos los esfuerzos médicos y científicos para combatirla. Cerró diciendo: nosotros ofrecemos formar profesionales dispuestos a luchar contra la muerte. Demostraremos que hay respuesta a muchas de las tragedias del planeta y que el ser humano puede y debe ser mejor. Nosotros demostramos el valor de conciencia y la ética. ¡Nosotros ofrecemos vidas!
Hay una importante iniciativa para otorgar el premio Nobel de la Paz al Contingente Médico Cubano; las firmas de apoyo se recolectan en www.cubanobel.org El Contingente ha estado en 22 naciones con 28 brigadas integradas por 8 mil profesionales desafiando graves condiciones como las del ébola.
Tatiana Coll, investigadora de la UPN. Autora de El Inee.
El desinteresado y humanista ofrecimiento fue rechazado por Bush con altanería y burla, a pesar del desesperado llamado de ayuda de la gobernadora del estado. Bush se había referido anteriormente al terrorismo que anidaba en los más oscuros rincones del planeta señalando a Cuba, Irak, Irán y otras naciones. Fidel Castro le respondió el 3 de mayo de 2003: nosotros nunca seremos capaces de enviar ningún ataque preventivo, ni sorpresivo, contra ningún oscuro rincón del mundo. Pero nuestro país si es capaz de enviar los médicos que se necesiten a los más oscuros rincones del mundo:
Con este espíritu que ha impregnado al pueblo cubano en su ardua ruta revolucionaria, con una vocación humanista, una capacitación especializada y un valor admirable, nació a la luz pública el 19 de septiembre de 2005 el Contingente Internacional de Médicos Especializados en Situaciones de Desastre y Graves Epidemias Henry Reeve. La base humana y material de éste ya estaba lista desde el primero de septiembre, esperando para partir a Nueva Orleans, epicentro del desastre. El nombre lo tenía ya también, el de un aguerrido joven neoyorquino que, con 19 años, se enroló en una expedición para la guerra de independencia cubana, el desembarco fue descubierto por los españoles, que los apresaron y fusilaron a todos; Reeve con cuatro balazos logró escabullirse y fue rescatado por los mambises, siete largos años combatió el inglesito junto a Agramonte y Máximo Gómez hasta caer en combate con el grado de brigadier.
Ese 19 de septiembre Cuba también anunció al mundo la graduación de los primeros mil 650 estudiantes de la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM), creada especialmente a raíz del Mitch, otro huracán implacable, que cayó sobre Centroamérica en 1998, llevándose miles de vidas. A pesar de estar en pleno periodo especial y las brutales carencias que le impuso el doble bloqueo, se enviaron médicos y toda clase de apoyos. Ahí nació esa otra idea de formar en Cuba a los médicos necesarios para salvar tantas vidas como se pudiera. En 2005 la ELAM ya contaba con 12 mil estudiantes. También se echó a andar el proyecto Misión Milagro con el compromiso de devolver la vista a millones de latinoamericanos. Compromisos inéditos en nuestra América, donde naciones con mucho más recursos y posibilidades no lo hacen.
Esta vocación internacionalista nació muy tempranamente, en 1961 llegó a Argelia, en lucha frontal por su liberación, una brigada médica de apoyo al FLNA, cualquiera que haya visto la película La Batalla de Argel puede imaginarse las condiciones y el valor de esta acción. En 1966 Amilcar Cabral, el gran líder de Guinea-Bissau, escribió: “no había médicos en el país (…) los primeros que llegaron fueron los cubanos y la importancia para nuestra lucha de liberación no fue sólo la de las vidas que salvaron, sino el ánimo y el valor que nos daban”. A finales de 1975 arribaron los primeros de muchos médicos a Angola, un testimonio popular decía: aquí sólo teníamos 14 galenos y llegaron 200 de Cuba, no queremos que se vayan, la lucha por la soberanía apenas comenzaba. (Gleijesses 2007).
En 1959, al triunfo de la revolución sólo existía en Cuba una escuela de medicina y una de odontología, el Instituto Finlay, y dos hospitales docentes. Había 6 mil médicos, pero la mitad voló a Miami enseguida. En estas condiciones se implementó inmediatamente un plan emergente para constituir el sistema de salud pública, que hoy arroja cifras impactantes: hay 95 mil médicos y 85 mil enfermeras; es decir, 9.5 médicos por cada mil habitantes, para entender esta dimensión buscamos la cifra actual de médicos en México, la Secretaría de Salud consigna 277 mil 287, es decir, 2.7 por cada mil habitantes. Menos de la tercera parte. Hay ahora facultades de medicina en cada provincia con una matrícula de 25 mil estudiantes y se han formado 50 mil extranjeros, significativamente miles de vietnamitas.
Ese día que nació el Contingente Henry Reeve, Fidel señaló que su objetivo no sería sólo apoyar a una nación, sino prestar cooperación inmediata a cualquier país, con personal entrenado y especializado, que sufriera una catástrofe natural o cualquier fenómeno de gravedad, independientemente de su posición política. Analizó en detalle la pandemia que en aquellos momentos el mundo enfrentaba: el VIH/sida, aunque en Cuba la prevalencia era de 0.07 por ciento, asumió el compromiso de concentrar todos los esfuerzos médicos y científicos para combatirla. Cerró diciendo: nosotros ofrecemos formar profesionales dispuestos a luchar contra la muerte. Demostraremos que hay respuesta a muchas de las tragedias del planeta y que el ser humano puede y debe ser mejor. Nosotros demostramos el valor de conciencia y la ética. ¡Nosotros ofrecemos vidas!
Hay una importante iniciativa para otorgar el premio Nobel de la Paz al Contingente Médico Cubano; las firmas de apoyo se recolectan en www.cubanobel.org El Contingente ha estado en 22 naciones con 28 brigadas integradas por 8 mil profesionales desafiando graves condiciones como las del ébola.
Tatiana Coll, investigadora de la UPN. Autora de El Inee.
La veleta

Cuando era niño –11 o 12 años—vi esa veleta en una tienda de la calle San José (que en realidad se llama San Martín), cerca de mi casa. Yo siempre había visto las veletas donde iban: encima de los molinos de viento, halando agua, nunca así de cerca, mucho menos en la vitrina de una tienda, así que me llamó mucho la atención.
Como era el camino que seguía para ir a la biblioteca del Capitolio, veía a menudo la veleta. Un día me animé y pregunté al dependiente su precio. No recuerdo bien lo que costaba –era de aluminio—, creo que 15 o 20 pesos, por lo que estuve algún tiempo reuniendo monedas. Me privé, eso sí lo recuerdo, de unos cuantos cines y algún que otro helado. El día que reuní la cantidad fui a la tienda saltando y la compré. No es que estuviera pensando en cavar un pozo; sencillamente me gustaba la veleta, un curioso artefacto que los vientos movían allá arriba, y me dio por tenerla.
Por entonces vivía en la calle Gervasio, entre Zanja y San José. Allí transcurrió mi adolescencia. Eran los primeros años de la Revolución. Entré al bachillerato, me hice miliciano, me fui a alfabetizar, hice de dependiente en un bar, fui aprendiz de dibujante en el semanario Mella, y después pasé mi servicio militar obligatorio, donde empecé a tocar la guitarra. Viviendo todavía allí, en la frontera de tres barrios habaneros –San Leopoldo, Cayo Hueso y Dragones—, llegó 1967 y me tocó desmovilizarme. Como es sabido, al día siguiente empecé en la televisión.
Un año más tarde me fui a vivir para 23 y 24, en El Vedado, y en mi brevísimo equipaje iba la veleta. La puse en un rincón, como había estado siempre. La verdad es que nunca le hice mucho caso, pero fue una presencia que se me hizo familiar, que me gustaba ver aunque fuera fugazmente, cuando de pronto aparecía.
Viviendo en aquel apartamento compuse muchas canciones, me fui a pescar a África, fui y volví 2 veces a la guerra de Angola, y visité unos cuantos países, todo gracias a mi oficio. Dieciocho años después me mudé más oeste, buscando los árboles y los pájaros que me faltaban desde niño (por no mentar al río). Entre mis libros y cintas estaba mi vieja veleta, siempre con su vaquita, sin destacarse mucho, en el fondo de una caja en la que iban más libros y más cintas.
Los tres lustros que pasé en la Asamblea Nacional, estuvo conmigo la veleta. Empecé el proyecto de los estudios de grabación –y los terminé— con la casi imperceptible pero incesante compañía de la veleta; hice las giras por prisiones con su presencia ocasional; viajé medio mundo y en el año 2000 volví a mudarme. Un día Carmen Cantillo me preguntó para qué quería aquel tareco y me encogí de hombros.
En su discreto rincón esa veleta me acompañó cuando nació cada uno de mis hijos, cuando compuse todas mis canciones, cuando me enamoré, cuando soñaba, cuando venían amigos o se iban. Todos mis perros nacieron y murieron estando ella conmigo. El proyecto Ojalá, mis compañeros de trabajo, la gira por los barrios, el día que Fidel nos hizo la visita.
Hace unos días, por descuido, fue echada a la basura. La mañana siguiente, cuando nos dimos cuenta, corrimos a abrir todos los latones de la calle, pero el camión pasó temprano.
Ojalá alguien la encuentre y la guarde.
Silvio Rodríguez
Segunda Cita (Blog)
Cuba quiere producir más alimentos para reforzar su soberanía
El nuevo Plan de Soberanía Alimentaria y Educación Nutricional en Cuba busca alcanzar la autosuficiencia en un país importador del 80 por ciento de sus alimentos, y donde los elevados precios, escasa oferta y hábitos de consumo dificultan dietas más saludables.
La iniciativa fue aprobada el 22 de julio en el Consejo de Ministros, junto con el Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social hasta 2030, y la Política para Impulsar el Desarrollo Territorial, intervinculadas y estratégicas para este país insular caribeño que gasta unos 2000 millones de dólares anuales en la compra de víveres.
Las autoridades definen el Plan como una plataforma nacional para producir alimentos de forma segura y sostenible, a fin de que la ciudadanía acceda a una alimentación balanceada, nutritiva e inocua, reduciendo la dependencia de medios e insumos externos, y con respeto a la diversidad cultural y responsabilidad ambiental.
“Darle un soporte institucional a la independencia alimentaria resulta esencial para la economía”, explicó a IPS el economista Armando Nova.
La importación de alimentos supone para Cuba elevadas erogaciones teniendo en cuenta sus pocas fuentes de ingresos, concentradas en la prestación de servicios profesionales, el turismo, productos biotecnológicos, azúcar, ron, tabaco y níquel, entre los más significativos.
Todos esos renglones exportables han sufrido afectaciones por la pandemia de covid-19, y aun sin cifras oficiales, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) pronostica una contracción de al menos ocho por ciento del producto interno bruto de la isla en 2020.
La dependencia a las compras externas es considerada por las autoridades como un asunto de seguridad nacional y han llamado a sustituir importaciones.
Sin embargo, producir en el país la mayor parte de la comida de sus 11,2 millones de habitantes resulta harto complejo con una agroindustria descapitalizada, bajos rendimientos agrícolas, una casi inexistente flota pesquera y modelos de gestión poco eficientes en su industria alimentaria, entre otros factores.
Las cosechas en la isla se resienten por la salinización o mal manejo de los suelos, dificultades en el suministro de fertilizantes y plaguicidas, o la vulnerabilidad ante el alargamiento de las sequías o intensos huracanes relacionados con el cambio climático.
A ello se suman los efectos del embargo del gobierno de Estados Unidos, vigente desde 1962, intensificado con nuevas restricciones durante la administración del presidente Donald Trump, lo cual, además, obstaculiza el acceso a créditos en los principales organismos internacionales.
Pese a estos problemas, Nova consideró que “es necesario priorizar la producción agropecuaria primaria, la industria procesadora de alimentos y la agroindustria de la caña de azúcar”.
Para algunos de los responsables del Plan de Soberanía Alimentaria y Educación Nutricional resulta un reto impulsar sistemas agroalimentarios locales que garanticen el autoabastecimiento en los 168 municipios y 15 provincias cubanas.
En ello, aseguran, tendrá un papel significativo la cooperación internacional, en coordinación con los gobiernos territoriales y el aporte científico de universidades y programas de desarrollo local.
Durante la pandemia, Cuba ha recibido el apoyo de entidades como el Programa Mundial de Alimentos (PMA), la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), y la Unión Europea, mediante iniciativas para la entrega de alimentos a comunidades y grupos vulnerables, así como respaldar la producción local.
En junio, un informe de la Cepal y la FAO advirtió que debido a la pandemia los sistemas y cadenas de producción de alimentos globales se encuentran amenazados y se elevaron los precios.
Solo en América Latina y el Caribe 83,4 millones de personas están en riesgo de caer en condiciones de pobreza extrema y hambre este año, indicó el informe.
El artículo 77 de la Constitución cubana, vigente desde abril de 2019, reafirma el derecho de todas las personas a una alimentación sana y adecuada y encarga al estado crear condiciones para fortalecer la seguridad alimentaria de toda la población.
Desde 1962, mediante una cartilla de racionamiento, el estado cubano garantiza a cada ciudadano una cuota mensual de arroz, azúcar, granos, café, aceite y proteína animal, a precios subsidiados.
Aunque la llamada canasta básica no cubre todas las necesidades alimentarias, constituye un alivio para los hogares de bajos ingresos y grupos vulnerables.
“Quisiera consumir más viandas (tubérculos), vegetales y frutas, pero sus precios son muy elevados en los puestos de venta privados. En los mercados estatales casi nunca aparecen”, comentó a IPS vía telefónica Clotilde Carmona, una jubilada de 73 años residente en la ciudad de Holguín, a unos 678 kilómetros al este de La Habana.
Entre varias estrategias, el Programa de Autoabastecimiento Municipal iniciado en 2016 proyecta que cada cubano acceda mensualmente a 13,6 kilogramos por persona de productos agrícolas como algunos tipos de tubérculos, hortalizas, granos y frutas.
Sin embargo, en 2019 el indicador se ubicó en alrededor de nueve kilogramos de dichos alimentos, de acuerdo con cifras del Ministerio de la Agricultura.
El año pasado en la isla se invirtieron 486,7 millones de dólares en actividades como agricultura, ganadería, caza y silvicultura, inferior a los 490 millones de dólares de 2018, según el Anuario Estadístico de Cuba 2019 publicado a fines de agosto por la Oficina Nacional de Estadísticas e Información.
“Un país con un importante déficit de alimentos no puede permitirse dedicarle (solo) cinco por ciento de la inversión total a la agricultura, la ganadería y la pesca”, reflexionó en su cuenta de Twitter el economista cubano Pedro Monreal, un experto en el tema.
Profesionales del sector sanitario han alertado sobre un aumento en la ingestión excesiva de productos hipercalóricos o la llamada comida chatarra.
Aunque se trata de un fenómeno mundial, en el caso cubano también está condicionado por factores como malos hábitos alimenticios y dificultades en el acceso a alimentos, pues muchas veces las personas deben optar por los más baratos y de menor calidad nutricional, comentaron especialistas consultados por IPS.
Datos del Ministerio de Salud Pública muestran que el 42 por ciento de la población cubana, entre ellos el 13 por ciento de niñas y niños, presentan sobrepeso u obesidad, catalogado como un problema de salud.
En los últimos años también se visibilizan personas, proyectos comunitarios y emprendimientos que estimulan el consumo de alimentos orgánicos y hasta el veganismo, junto con mensajes de bien público y campañas sobre cultura nutricional promovidas por instituciones estatales.
“Cambiar los hábitos alimentarios requiere años, es un proceso que comienza con la infancia. Sería interesante explicitar sobre el Plan qué se entiende por nutrición y buena alimentación”, dijo a IPS Sabino Halim, un ingeniero mecánico jubilado practicante de la macrobiótica.
“Producir decenas de toneladas por hectárea conlleva una gran inversión en preparación de tierras, equipamientos e insumos”, subrayó el también especialista en emprendimientos agrícolas del proyecto de capacitación y formación de emprendedores Incuba Empresas, adscrito al habanero Centro Loyola Reina, que regenta la orden católica Compañía de Jesús.
De acuerdo con Halim, el éxito del Plan conllevará, entre otros factores, “una real y efectiva liberación de las fuerzas productivas, incluida la empresa estatal”, además de “utilizar recursos al alcance del país como las remesas familiares, los microcréditos, las minindustrias, sin desconocer la posibilidad de la inversión extranjera”.
Por Luis Brizuela
Fuentes: IPS
La iniciativa fue aprobada el 22 de julio en el Consejo de Ministros, junto con el Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social hasta 2030, y la Política para Impulsar el Desarrollo Territorial, intervinculadas y estratégicas para este país insular caribeño que gasta unos 2000 millones de dólares anuales en la compra de víveres.
Las autoridades definen el Plan como una plataforma nacional para producir alimentos de forma segura y sostenible, a fin de que la ciudadanía acceda a una alimentación balanceada, nutritiva e inocua, reduciendo la dependencia de medios e insumos externos, y con respeto a la diversidad cultural y responsabilidad ambiental.
“Darle un soporte institucional a la independencia alimentaria resulta esencial para la economía”, explicó a IPS el economista Armando Nova.
La importación de alimentos supone para Cuba elevadas erogaciones teniendo en cuenta sus pocas fuentes de ingresos, concentradas en la prestación de servicios profesionales, el turismo, productos biotecnológicos, azúcar, ron, tabaco y níquel, entre los más significativos.
Todos esos renglones exportables han sufrido afectaciones por la pandemia de covid-19, y aun sin cifras oficiales, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) pronostica una contracción de al menos ocho por ciento del producto interno bruto de la isla en 2020.
La dependencia a las compras externas es considerada por las autoridades como un asunto de seguridad nacional y han llamado a sustituir importaciones.
Sin embargo, producir en el país la mayor parte de la comida de sus 11,2 millones de habitantes resulta harto complejo con una agroindustria descapitalizada, bajos rendimientos agrícolas, una casi inexistente flota pesquera y modelos de gestión poco eficientes en su industria alimentaria, entre otros factores.
Las cosechas en la isla se resienten por la salinización o mal manejo de los suelos, dificultades en el suministro de fertilizantes y plaguicidas, o la vulnerabilidad ante el alargamiento de las sequías o intensos huracanes relacionados con el cambio climático.
A ello se suman los efectos del embargo del gobierno de Estados Unidos, vigente desde 1962, intensificado con nuevas restricciones durante la administración del presidente Donald Trump, lo cual, además, obstaculiza el acceso a créditos en los principales organismos internacionales.
Pese a estos problemas, Nova consideró que “es necesario priorizar la producción agropecuaria primaria, la industria procesadora de alimentos y la agroindustria de la caña de azúcar”.
Para algunos de los responsables del Plan de Soberanía Alimentaria y Educación Nutricional resulta un reto impulsar sistemas agroalimentarios locales que garanticen el autoabastecimiento en los 168 municipios y 15 provincias cubanas.
En ello, aseguran, tendrá un papel significativo la cooperación internacional, en coordinación con los gobiernos territoriales y el aporte científico de universidades y programas de desarrollo local.
Durante la pandemia, Cuba ha recibido el apoyo de entidades como el Programa Mundial de Alimentos (PMA), la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), y la Unión Europea, mediante iniciativas para la entrega de alimentos a comunidades y grupos vulnerables, así como respaldar la producción local.
En junio, un informe de la Cepal y la FAO advirtió que debido a la pandemia los sistemas y cadenas de producción de alimentos globales se encuentran amenazados y se elevaron los precios.
Solo en América Latina y el Caribe 83,4 millones de personas están en riesgo de caer en condiciones de pobreza extrema y hambre este año, indicó el informe.
El artículo 77 de la Constitución cubana, vigente desde abril de 2019, reafirma el derecho de todas las personas a una alimentación sana y adecuada y encarga al estado crear condiciones para fortalecer la seguridad alimentaria de toda la población.
Desde 1962, mediante una cartilla de racionamiento, el estado cubano garantiza a cada ciudadano una cuota mensual de arroz, azúcar, granos, café, aceite y proteína animal, a precios subsidiados.
Aunque la llamada canasta básica no cubre todas las necesidades alimentarias, constituye un alivio para los hogares de bajos ingresos y grupos vulnerables.
“Quisiera consumir más viandas (tubérculos), vegetales y frutas, pero sus precios son muy elevados en los puestos de venta privados. En los mercados estatales casi nunca aparecen”, comentó a IPS vía telefónica Clotilde Carmona, una jubilada de 73 años residente en la ciudad de Holguín, a unos 678 kilómetros al este de La Habana.
Entre varias estrategias, el Programa de Autoabastecimiento Municipal iniciado en 2016 proyecta que cada cubano acceda mensualmente a 13,6 kilogramos por persona de productos agrícolas como algunos tipos de tubérculos, hortalizas, granos y frutas.
Sin embargo, en 2019 el indicador se ubicó en alrededor de nueve kilogramos de dichos alimentos, de acuerdo con cifras del Ministerio de la Agricultura.
El año pasado en la isla se invirtieron 486,7 millones de dólares en actividades como agricultura, ganadería, caza y silvicultura, inferior a los 490 millones de dólares de 2018, según el Anuario Estadístico de Cuba 2019 publicado a fines de agosto por la Oficina Nacional de Estadísticas e Información.
“Un país con un importante déficit de alimentos no puede permitirse dedicarle (solo) cinco por ciento de la inversión total a la agricultura, la ganadería y la pesca”, reflexionó en su cuenta de Twitter el economista cubano Pedro Monreal, un experto en el tema.
Profesionales del sector sanitario han alertado sobre un aumento en la ingestión excesiva de productos hipercalóricos o la llamada comida chatarra.
Aunque se trata de un fenómeno mundial, en el caso cubano también está condicionado por factores como malos hábitos alimenticios y dificultades en el acceso a alimentos, pues muchas veces las personas deben optar por los más baratos y de menor calidad nutricional, comentaron especialistas consultados por IPS.
Datos del Ministerio de Salud Pública muestran que el 42 por ciento de la población cubana, entre ellos el 13 por ciento de niñas y niños, presentan sobrepeso u obesidad, catalogado como un problema de salud.
En los últimos años también se visibilizan personas, proyectos comunitarios y emprendimientos que estimulan el consumo de alimentos orgánicos y hasta el veganismo, junto con mensajes de bien público y campañas sobre cultura nutricional promovidas por instituciones estatales.
“Cambiar los hábitos alimentarios requiere años, es un proceso que comienza con la infancia. Sería interesante explicitar sobre el Plan qué se entiende por nutrición y buena alimentación”, dijo a IPS Sabino Halim, un ingeniero mecánico jubilado practicante de la macrobiótica.
“Producir decenas de toneladas por hectárea conlleva una gran inversión en preparación de tierras, equipamientos e insumos”, subrayó el también especialista en emprendimientos agrícolas del proyecto de capacitación y formación de emprendedores Incuba Empresas, adscrito al habanero Centro Loyola Reina, que regenta la orden católica Compañía de Jesús.
De acuerdo con Halim, el éxito del Plan conllevará, entre otros factores, “una real y efectiva liberación de las fuerzas productivas, incluida la empresa estatal”, además de “utilizar recursos al alcance del país como las remesas familiares, los microcréditos, las minindustrias, sin desconocer la posibilidad de la inversión extranjera”.
Por Luis Brizuela
Fuentes: IPS
viernes, 4 de septiembre de 2020
Historias de la pandemia
Los rostros e historias de los médicos que atendieron los primeros casos de COVID -19 en Cuba, de la primera comunidad que vivió en cuarentena al inicio de la pandemia, de intensivistas en la zona roja y voluntarios en centros de aislamientos, y otros momentos y lugares de la tenaz batalla que se ha librado en el país, están recogidos en diversos audiovisuales de la productora Mundo Latino, que presentará este vienes la Mesa Redonda. #Cuba
jueves, 3 de septiembre de 2020
Los 80 de Galeano

La vigencia de un escritor comprometido
Eduardo –Gius, Edu, Dudi, Abu- es hoy un legado de millones de palabras, escritas en numerosos libros, dichas en múltiples discursos, convertidas en texto, sonido e imagen, retomadas por miles y miles de jóvenes y adultos, hombres y mujeres inconformes a lo largo y ancho de este planeta, en las entrevistas concedidas, en todas esas frases que rondan Internet…
El 3 de septiembre de 1940 nacía en Montevideo el escritor y periodista uruguayo, Eduardo Galeano. El autor de Las venas abiertas de América latina, fallecido el 13 de abril de 2015, hubiera cumplido 80 años. Considerado como uno de los más destacados artistas de la literatura latinoamericana, sus trabajos trascienden géneros ortodoxos y combinan documental, ficción, periodismo, análisis político e historia.
Galeano, un seductor en y con su prosa, es considerado el maestro de los relatos cortos. Fundador de la revista Crisis, autor de libros como Memoria del fuego, Galeano fue encarcelado y obligado a abandonar Uruguay en 1973. Luego viajó a Argentina y debió exiliarse en 1976, tras el comienzo de la dictadura. Consecuentemente con ese contexto, Las venas abiertas de América latina fue prohibido en una buena parte de la región.
La editorial Siglo XXI, que ha publicado todos sus libros, anunció que lanzará en redes sociales el hashtag #Galeano, para invitar a compartir sus textos y lecturas. Así estarán disponibles Bocas del tiempo, El fútbol a sol y sombra, El libro de los abrazos, Espejos, los tres tomos de Memoria del fuego, Días y noches de amor y guerra, El cazador de historias y Los hijos de los días, entre otros.
Eduardo de América (Lapobre)
A Eduardo Germán María se le dio por firmar con el apellido materno, Galeano, para no usar el paterno anglosajón, Hughes, aun cuando utilizó el Gius para firmar sus caricaturas. Eduardo fue frustrado futbolista (por patadura), obrero, mensajero, caricaturista, periodista y finalmente escritor, para “ayudar a recuperar los colores y la luz del arco iris humano, algo mutilado por años, siglos, milenios de racismo, machismo, guerras y más. Sí, hermano, somos mucho más de lo que se nos dice”.
Si hacia la veintena de años ya había pasado por la edición del semanario Marcha y la dirección del diario Época, al alcanzar los 30 ya había escrito Las venas abiertas de América Latina; la presentó al premio Casa de las Américas… y no ganó. Casi 40 años después el presidente venezolano Hugo Chávez le obsequió una copia (en la Cumbre de las Américas de 2009) a Barack Obama, con sus análisis socioeconómicos que por momentos tenían sabor de manifiesto e ímpetu de proclama. Pero a éste no le gusta la historia, y mucho menos la de la injerencia y los genocidios perpetrados por sus antecesores y, obviamente, no la leyó.
Incansable caminador errante de América Lapobre, fue corresponsal de Prensa Latina en Venezuela, y para no extrañar las costas montevideanas, se alojó en el desvencijado Hotel La Alemania de Macuto, a unos 40 kilómetros de Caracas. Mucho años después, para olvidar que casi muere de malaria en el trópico (escribió un relato sobre su delirio), logró bañarse nuevamente en el Caribe, frente al mismo hotel, que había resistido la vaguada de 1999.
Su amigo Luis Britto García cuenta que cada vez que las policías o los virus o los infartos se ensañaban contra Eduardo, éste salía repotenciado. Consecutivos exilios lo separan de la edición de Marcha y de Época (en Montevideo) y de Crisis, una de las revistas de repercusión continental que en 1973 cierra la dictadura argentina. En su exilio en Barcelona, las autoridades le exigían que tuviera trabajo para renovarle la visa, pero no le permitían trabajar si no tenía renovada la visa.
Rico en exilios, Eduardo se gambeteó varios géneros literarios para lograr que la plenitud de sus mensajes le llegara a todos. Conoció y vivió con guerrilleros mayas, mineros bolivianos, garimperios venezolanos, consciente de que de esa fragmentación iba a nacer la totalidad en su Memorias del Fuego, mural en el cual las partes se miran con el todo, hecho de detalles que resultan leyes generales y de análisis ágiles como aforismos.
Eduardo comenzó a apuntar las ideas en servilletas y manteles de papel y luego en minúsculas libretitas, que se convertían en cuentos, novelas, tratados sociopolíticos, entrevistas y reportajes, con frases demoledoras.
Britto se anima a decir que al tratar la historia como folletín apasionante y la mitología indígena como noticia y la denuncia como poesía, Galeano se va haciendo cada vez más propenso a la antología, porque todo lo suyo es antologizable.
“Me parece admirable la capacidad que han tenido los indígenas de las Américas en perpetuar una memoria que fue quemada, castigada, ahorcada, despreciada durante cinco siglos. Y la humanidad entera tiene que estarle muy agradecida, porque gracias a esa porfiada memoria sabemos que la tierra puede ser sagrada, que somos parte de la naturaleza, que la naturaleza no termina en nosotros. Que hay posibilidades de organizar la vida colectiva, formas comunitarias que no están basadas en el dinero. Que la competencia contra el prójimo no es inevitable y que el prójimo puede ser algo mucho más que un competidor”, escribió en Memoria del fuego.
Las venas abiertas, el libro que Hugo Chávez le regaló a Barack Obama para que entendiera Latinoamérica, desmenuzaba la barbarie estadounidense en el continente, el fervor gringo por apoyar dictaduras y genocidios para hacer sus negocios. “Intentaba ser un libro de economía política, pero yo no contaba con suficiente entrenamiento o preparación”, dijo. Incluso, y con humor, reconoció que no sería capaz de leerlo de nuevo porque se desmayaría: “Para mí esa prosa de la izquierda tradicional es extremadamente pesada y mi mente no la tolera”. Obviamente, la derecha lo intentó utilizar en su contra, pero logró que muchos que no lo habían leído, accedieran al texto.
Ahora Mujeres nos envenena de belleza y feminismo, con la ayuda de Helena Villagra, la soñadora, su esposa por cuatro décadas.
Eduardo era un gran escuchador, el cacique Oreja Abierta, como él se definía. Siempre habló de y para los jóvenes, de y para los indígenas, en contra de los narcoestados y el neoliberalismo, en favor de la ecología y la legalización de las drogas. Habló contra el olvido y del rescate de la memoria para encontrar los caminos del futuro común.
Pero también fue un exiliado político, de lo que se abstuvo de hacer una profesión. Salió de Uruguay después de haber sido encarcelado por la dictadura, cruzó el Río de la Plata para vivir en Argentina, pero –amenazado de muerte- de nuevo tuvo que abandonar ese país con destino a España. Bah, a Cataluña.
En 1985 regresó a su país, donde cofundó el semanario Brecha. Ese mismo año obtuvo el premio Stig Dagerman, y a lo largo de su vida recibió varios doctorados Honoris Causa por parte de universidades en Cuba, El Salvador, México y Argentina, en 2010 el Premio Manuel Vázquez Montalbán en la categoría de Periodismo Deportivo y en 2013 la Orden Simón Rodríguez de manos de Nicolás Maduro: Chávez no sobrevivió para entregársela, tras rechazar una condecoración con el nombre de Francisco de Miranda, “agente inglés”.
Solidario por antonomasia, con los pueblos y las ideas. De sus últimos textos publicados recatamos: “Los huérfanos de la tragedia de Ayotzinapa no están solos en la porfiada búsqueda de sus queridos perdidos en el caos de los basurales incendiados y las fosas cargadas de restos humanos. Los acompañan las voces solidarias y su cálida presencia en todo el mapa de México y más allá, incluyendo las canchas fútbol, donde hay jugadores que festejan sus goles dibujando con los dedos, en el aire, la cidra 43, que rinde homenaje a los desaparecidos”.
Siempre del lado de los pobres, de los indignados, su activismo social y compromiso con los desprotegidos lo llevó a Chiapas a conocer de cerca al Ejército Zapatista de Liberación Nacional, experiencia que vertió durante varios años en diversos artículos, por ejemplo, en Una marcha universal (2001). “Los que hablan del problema indígena tendrán que empezar a reconocer la solución indígena. Al fin y al cabo, la respuesta zapatista a cinco siglos de enmascaramiento, el desafío de estas máscaras que desenmascaran, está despegando el espléndido arcoiris que México contiene y está devolviendo la esperanza a los condenados a espera perpetua”.
“Los indígenas, está visto, sólo son un problema para quienes les niegan el derecho de ser lo que son, y así niegan la pluralidad nacional y niegan el derecho de los mexicanos a ser plenamente mexicanos sin las mutilaciones impuestas por la tradición racista, que enaniza el alma y corta las piernas”.
En 2008, Galeano recibió la distinción del Mercosur –el primer ciudadano ilustre de la subregión- y brindó un inolvidable discurso, en el que dijo ser «patriota de varias patrias». «Sólo siendo juntos seremos capaces de descubrir lo que podemos ser, contra una tradición que nos ha amaestrado para el miedo y la resignación y la soledad y que cada día nos enseña a desquerernos», expresó.
A Eduardo lo conocí cuando yo comenzaba como redactor deportivo en Época y nuestra amistad se prolongó en cafés, almuerzos y largas cenas en distintas ciudades (las últimas en Montevideo, con Ze Fernando y Angelito Ruocco como cocineros, con vino Tannat para nosotros, cerveza para él), donde los cuentos sobre y de sus nietos iban ganando espacio. Pero este 3 de septiembre no podremos compartir comida armenia.
Fue el referente y promotor de varios emprendimientos, entre ellos Telesur, cuando nos enseñó a vernos con nuestros propios ojos y reconocernos en nuestro propio espejo.
Solidario con los palestinos (“Desde 1948 viven condenados a humillación perpetua. No pueden ni respirar sin permiso. Han perdido su patria, sus tierras, su agua, su libertad, su todo. Ni siquiera tienen derecho a elegir a sus gobernantes”), los pueblos indígenas, los haitianos, los pueblos sojuzgados y que luchan por su futuro.
Pero también con sus amigos, que supo desparramar por toda América y el mundo. Los indignados, los luchadores de América Lapobre y el mundo perdieron a uno de sus guías, a uno de sus escasos referentes intelectuales y políticos de las últimas cinco décadas. Y a un amigo.
“La identidad no es una pieza de museo, quietecita en la vitrina, sino la siempre asombrosa síntesis de las contradicciones nuestras de cada día. En esa fe, fugitiva, creo. Me resulta la única fe digna de confianza, por lo mucho que se parece al bicho humano, jodido pero sagrado, y a la loca aventura de vivir en el mundo (…) Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos: de los miedos nacen los corajes; y de las dudas, las certezas. Los sueños anuncian otra realidad posible y los delirios, otra razón” , decía.
Eduardo –Gius, Edu, Dudi, Abu- es hoy un legado de millones de palabras, escritas en numerosos libros, dichas en múltiples discursos, convertidas en texto, sonido e imagen, retomadas por miles y miles de jóvenes y adultos, hombres y mujeres inconformes a lo largo y ancho de este planeta, en las entrevistas concedidas, en todas esas frases que rondan Internet… y que hoy, por suerte, buscan las nuevas generaciones.
“Este es un mundo violento y mentiroso pero no podemos perder la esperanza y el entusiasmo por cambiarlo… la grandeza humana está en las cosas chiquitas, que se hacen cotidianamente, en el día a día que hacen los anónimos sin saber que la hacen”, en eso seguimos.
Aram Aharonian | 03/09/2020
CLAE - Rebelión
Periodista y comunicólogo uruguayo. Magíster en Integración. Fundador de Telesur. Preside la Fundación para la Integración Latinoamericana (FILA) y dirige el Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la) y susrysurtv.
martes, 1 de septiembre de 2020
Charla Inaugural del Seminario Marxismo en Colombia: Historia y Problemas
Clase Inaugural del día viernes 28 de agosto de 2020 a cargo del profesor e investigador el Dr. Néstor Kohan del seminario virtual Marxismo en Colombia: Historia y Problemas organizado por el Grupo de Pensamiento Crítico Colombiano del IEALC-UBA en convenio con la Universidad Pedagógica Nacional de Colombia.
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