miércoles, 15 de noviembre de 2017
Otro muro en las relaciones de Estados Unidos con Cuba
Con varios meses de atraso, el gobierno de Estados Unidos acaba de anunciar nuevas regulaciones encaminadas a “fortalecer la política hacia Cuba”, en cumplimiento del Memorando de Seguridad Nacional sobre el tema, emitido por el presidente Donald Trump el pasado 16 de junio en Miami.
Al margen de que su complejidad obligará a un detenido estudio para su implementación, sus efectos más evidentes serán reducir aún más el restringido comercio actualmente existente, afectar de manera notable el intercambio educacional, así como limitar los viajes de norteamericanos a Cuba. A ello se suman las afectaciones para el funcionamiento de los canales diplomáticos —con la excusa de los ataques sónicos— y el retorno a una retórica irrespetuosa y agresiva, que recuerda los peores momentos de la guerra fría.
El gobierno cubano ha calificado la situación como un serio retraso en los avances alcanzados en las relaciones entre los dos países y en verdad tal parece que no existen puntos de concertación posibles, aunque las relaciones diplomáticas se mantienen y no ha sido cancelado ninguno de los acuerdos sobre asuntos de mutuo interés alcanzados.
Incluso desde la retorcida visión política de Donald Trump, es difícil encontrar razones objetivas para explicar el destrozo que su gobierno ha causado en las relaciones entre los dos países. Si lo miramos desde la lógica del discurso que lo llevó a la presidencia, el mercado cubano estaba a la mano para beneficiar a la industria nacional norteamericana y proporcionar empleos precisamente en aquellos sectores que nutren la base política de su administración. Tal oportunidad debiera tenerla en cuenta un presidente con los niveles de aprobación más bajos de la historia reciente, pero la política de Trump no se basa en estos presupuestos.
Más allá de sus desplantes, su gobierno es uno de los más débiles que haya ocupado la Casa Blanca. Esto explica que haya tenido que vender la política hacia Cuba a cambio del apoyo de un grupo de congresistas de la extrema derecha cubanoamericana. No es una estrategia encaminada a captar el respaldo de este segmento del electorado, incluso tiende a perderlo, sino a fortalecer su precaria posición dentro de su propio partido y neutralizar las investigaciones que se realizan en su contra.
Lo que quizás todavía no comprende es que está haciendo un pacto con el diablo. Esta gente ha demostrado ser insaciable y ya han acusado a la “burocracia” gubernamental de suavizar las medidas y dejar brechas en su implementación, lo que augura más contradicciones hacia lo interno de la administración. Por otro lado, el senador Marco Rubio, después de haber demostrado su “influencia” sobre el presidente, desde temprano está haciendo campaña para consolidarse como la opción de los republicanos de cara al 2020. Estamos en presencia de un matrimonio por interés, que difícilmente pueda acomodarse en la cama.
Las afectaciones para Cuba de las nuevas regulaciones serán significativas. No solo porque en algunos casos elimina posibilidades que se abrieron durante la administración Obama, sino porque, incluso aquellas que se mantienen, se verán limitadas por el temor que emana de esta política. Esto funciona también con empresas, instituciones y personas de otros países que temen represalias de Estados Unidos.
La sostenibilidad de esta política dependerá fundamentalmente de la reacción que provoque en Estados Unidos. Frente a esto, las nuevas regulaciones han tenido el cuidado de respetar los negocios ya establecidos. Tampoco tocan el sensible tema de los viajes y el envío de remesas por parte de los cubanoamericanos, aunque estos se han visto afectados por otras medidas recientemente adoptadas.
Las masas norteamericanas no se movilizarán en contra de la política hacia Cuba, incluso algunos sectores que hasta ahora han empujado con fuerza, con seguridad disminuirán su actividad a la espera de mejores momentos. En definitiva el tema de Cuba no tiene suficiente peso como para obligar un curso determinado de la política norteamericana, máxime cuando las condiciones en América Latina, un factor que catalizó las decisiones de Obama, también han cambiado de manera desfavorable.
Sin embargo, esto no quiere decir que el tema de Cuba sea insignificante en el debate político norteamericano y, en el caso de la administración Trump, su política actúa en detrimento de la popularidad y credibilidad del presidente, un elemento más en la acumulación de sus contradicciones y desatinos. Aunque Cuba no puede hundirlo por sí misma, es una piedra en el saco que lo empuja hacia el fondo.
Se trata de una política “contranatura”, toda vez que no se han modificado las principales razones que condicionaron los cambios introducidos por Obama. No existe nadie en su sano juicio que piense que estas medidas determinarán el derrocamiento del gobierno cubano, ni siquiera la extrema derecha cubanoamericana se cree el cuento, lo que ocurre es que actúan como un grupito de alacranes dispuestos a suicidarse, con tal de ser consecuentes con su naturaleza.
Trump ha sido un lamentable accidente en la normalización entre Cuba y Estados, la cual beneficia a mucha gente, tiene el respaldo de todo el mundo y cuenta con la fuerza de la razón.
Jesús Arboleya
Progreso Semanal
Al margen de que su complejidad obligará a un detenido estudio para su implementación, sus efectos más evidentes serán reducir aún más el restringido comercio actualmente existente, afectar de manera notable el intercambio educacional, así como limitar los viajes de norteamericanos a Cuba. A ello se suman las afectaciones para el funcionamiento de los canales diplomáticos —con la excusa de los ataques sónicos— y el retorno a una retórica irrespetuosa y agresiva, que recuerda los peores momentos de la guerra fría.
El gobierno cubano ha calificado la situación como un serio retraso en los avances alcanzados en las relaciones entre los dos países y en verdad tal parece que no existen puntos de concertación posibles, aunque las relaciones diplomáticas se mantienen y no ha sido cancelado ninguno de los acuerdos sobre asuntos de mutuo interés alcanzados.
Incluso desde la retorcida visión política de Donald Trump, es difícil encontrar razones objetivas para explicar el destrozo que su gobierno ha causado en las relaciones entre los dos países. Si lo miramos desde la lógica del discurso que lo llevó a la presidencia, el mercado cubano estaba a la mano para beneficiar a la industria nacional norteamericana y proporcionar empleos precisamente en aquellos sectores que nutren la base política de su administración. Tal oportunidad debiera tenerla en cuenta un presidente con los niveles de aprobación más bajos de la historia reciente, pero la política de Trump no se basa en estos presupuestos.
Más allá de sus desplantes, su gobierno es uno de los más débiles que haya ocupado la Casa Blanca. Esto explica que haya tenido que vender la política hacia Cuba a cambio del apoyo de un grupo de congresistas de la extrema derecha cubanoamericana. No es una estrategia encaminada a captar el respaldo de este segmento del electorado, incluso tiende a perderlo, sino a fortalecer su precaria posición dentro de su propio partido y neutralizar las investigaciones que se realizan en su contra.
Lo que quizás todavía no comprende es que está haciendo un pacto con el diablo. Esta gente ha demostrado ser insaciable y ya han acusado a la “burocracia” gubernamental de suavizar las medidas y dejar brechas en su implementación, lo que augura más contradicciones hacia lo interno de la administración. Por otro lado, el senador Marco Rubio, después de haber demostrado su “influencia” sobre el presidente, desde temprano está haciendo campaña para consolidarse como la opción de los republicanos de cara al 2020. Estamos en presencia de un matrimonio por interés, que difícilmente pueda acomodarse en la cama.
Las afectaciones para Cuba de las nuevas regulaciones serán significativas. No solo porque en algunos casos elimina posibilidades que se abrieron durante la administración Obama, sino porque, incluso aquellas que se mantienen, se verán limitadas por el temor que emana de esta política. Esto funciona también con empresas, instituciones y personas de otros países que temen represalias de Estados Unidos.
La sostenibilidad de esta política dependerá fundamentalmente de la reacción que provoque en Estados Unidos. Frente a esto, las nuevas regulaciones han tenido el cuidado de respetar los negocios ya establecidos. Tampoco tocan el sensible tema de los viajes y el envío de remesas por parte de los cubanoamericanos, aunque estos se han visto afectados por otras medidas recientemente adoptadas.
Las masas norteamericanas no se movilizarán en contra de la política hacia Cuba, incluso algunos sectores que hasta ahora han empujado con fuerza, con seguridad disminuirán su actividad a la espera de mejores momentos. En definitiva el tema de Cuba no tiene suficiente peso como para obligar un curso determinado de la política norteamericana, máxime cuando las condiciones en América Latina, un factor que catalizó las decisiones de Obama, también han cambiado de manera desfavorable.
Sin embargo, esto no quiere decir que el tema de Cuba sea insignificante en el debate político norteamericano y, en el caso de la administración Trump, su política actúa en detrimento de la popularidad y credibilidad del presidente, un elemento más en la acumulación de sus contradicciones y desatinos. Aunque Cuba no puede hundirlo por sí misma, es una piedra en el saco que lo empuja hacia el fondo.
Se trata de una política “contranatura”, toda vez que no se han modificado las principales razones que condicionaron los cambios introducidos por Obama. No existe nadie en su sano juicio que piense que estas medidas determinarán el derrocamiento del gobierno cubano, ni siquiera la extrema derecha cubanoamericana se cree el cuento, lo que ocurre es que actúan como un grupito de alacranes dispuestos a suicidarse, con tal de ser consecuentes con su naturaleza.
Trump ha sido un lamentable accidente en la normalización entre Cuba y Estados, la cual beneficia a mucha gente, tiene el respaldo de todo el mundo y cuenta con la fuerza de la razón.
Jesús Arboleya
Progreso Semanal
martes, 14 de noviembre de 2017
Histórico: la `disidencia´ legitima la democracia cubana
La “disidencia” cubana había anunciado la presentación de 170 candidaturas en diferentes municipios, haciendo uso de lo que permite la Ley electoral. Pero olvidaron que en Cuba lobbies, campañas mediáticas y marketing no influyen en las candidaturas, que son propuestas por cada vecindario reunido, en asamblea, en los barrios. Y en esas asambleas no eligieron a uno solo de los supuestos 170 “opositores”. Un video de "Contratuit", espacio de Cubainformación TV.
"La lucha del pueblo mapuche puede constituir el sedimento para armar un nuevo modelo de humanidad"
Entrevista a Moira Millán, coordinadora del movimiento Marcha de la Mujeres Originarias por el Buen Vivir
“¡Despertemos¡ ¡Despertemos Humanidad¡ Ya no hay tiempo. Nuestras conciencias serán sacudidas por el hecho de solo estar contemplando la autodestrucción basada en la depredación capitalista, racista y patriarcal".
Berta Cáceres
He tenido en mi vida la suerte de conocer mujeres muy valientes, guerreras, comprometidas, luchadoras hasta los tuétanos: en Barcelona, hace poco, en el medio de las protestas independentistas, tuve el orgullo de compartir con la “weychafe” (que en mapuche significa guerrera) Moira Millán, coordinadora del movimiento Marcha de la Mujeres Originarias por el Buen Vivir.
Ella misma revela que “nací un día de agosto en un invierno nevado en un pueblito llamado El Maitén, en el Noroeste de la provincia de Chubut, el Lof Pillañ Mahuiza es mi comunidad mapuche”.
El pueblo Mapuche, desde la noche de los tiempos, pasando por todas las conquistas del lugar donde vive, intenta preservar su identidad, que comprende sus costumbres y su territorio, la tierra que les da no solo el sustento sino el ser. Esa es la forma que adquiere la dignidad para este pueblo. Mapuche significa literalmente “gente de la tierra”. Es decir, no tierra de los hombres y de las mujeres, sino su contrario: son los hombres y las mujeres los que le pertenecen a la tierra, una idea simple pero perturbadora en las mentes de casi todos los políticos de hoy en día.
Al final del siglo IX la nación mapuche fue víctima de genocidio y sus tierras ancestrales ocupadas de una invasión ilegítima de los “huincas” argentinos y chilenos. Huinca es un término proveniente del idioma “mapudungún” que significa "Nuevo Inca", en referencia a las personas de raza blanca, los nuevos conquistadores. Hay que aclarar que los mapuches no son ni chilenos ni argentinos, simplemente porque ambos Estados son construcciones históricas posteriores al “Wallj Mapu”, su territorio ancestral.
En los años 90, más o menos, Carlos Menen regala las tierras de donde provienen los ancestros de Moira a un muy conocido paisano mío, Luciano Benetton, que pagando con pocas “perlitas” ocupa ilegalmente casi dos millones de hectáreas de la Patagonia argentina.
Moira me dice que “Benetton creó un estado feudal dentro el estado argentino”. “Benetton financia esta situación belicista contra los mapuche para poder seguir robando los productos de la tierra”.
La entrega y el saqueo de las tierras patagónicas y de sus recursos nacionales por parte de empresas extranjeras vienen de larga data, al igual que los reclamos y la lucha del pueblo mapuche por recuperarlas.
Desde el 2015, varias familias de la provincia de Chubut realizaron recuperaciones de tierra ocupadas por Benetton y declararon, mediante un comunicado público firmado por los Pu Lof en Resistencia del Departamento Cushamen y el Movimiento Mapuche Autónomo del Puel Mapu (MAP): “Nosotros, los Mapuches, seguimos siendo una inmensa mayoría sin tierra, con la única alternativa de ser peones, empleadas domésticas y obreros, es decir, mano de obra barata y explotada por la oligarquía criolla y el empresariado transnacional”. Y sostenían que “la única manera de frenar el ‘asesinato planificado’ desde el poder económico y del estado (ecocidio y etnocidio), es mediante el control territorial efectivo de nuestras comunidades movilizadas”.
La respuesta de la Compañía de Tierras del Sur Argentino (compañía de Benetton) fue una denuncia penal por usurpación. Desde entonces la violencia, las amenazas y los intentos de desalojo han sido permanentes.
La actuación de la gendarmería, en las tierras que el italiano reivindica para sí, desde el inicio del año, fue de más represión todavía, contra la comunidad Pu Lof (entre ellos mujeres y niños), desaparecieron a Santiago Maldonado con la directa responsabilidad de la ministra de Seguridad Patricia Bullrich, su jefe de gabinete Pablo Noceti y del Estado. El gobernador de Chubut, Mario Dan Neves también fue cómplice del accionar represivo avalando el ingreso de la gendarmería al predio y demonizando a los mapuches a través de una campaña mediática que comenzó el año pasado, mientras apretaba al juez Otranto para que encarcele a los dirigentes considerados sin ninguna prueba como “terroristas”.
Sobre el tema Moira reafirma: “No hay ninguna duda, fue el gobierno que primero desapareció a Santiago Maldonado por mano de la gendarmería y después plantó el cuerpo en el rio de la comunidad mapuche Pu Lof Resistencia Cushamen. La táctica fue ‘liberarse’ de su crimen, porque la desaparición forzada no prescribe, es un delito de lesa humanidad y los funcionarios de turno tenían que blanquear el hecho que lo habían asesinado. Así crean toda una campaña mediática para señalar como responsables a los jóvenes weychafe de la comunidad mapuche. Pero a mí también me señalan como responsable, porque en entrevistas que me hicieron con antelación al descubrimiento del cuerpo de Santiago había pronosticado lo que pasó después en realidad. Espero que el pueblo argentino aproveche la oportunidad de no aceptar la manipulación de los pueblos y rebelarse. En el momento que el caso de Santiago hizo que el pueblo argentino mirara al sur de su país y al fin permitió que se enterara de la lucha del pueblo mapuche, espero que sea la razón porque esta pseudo-democracia dictatorial, artilugio de la partidocracia para poder mantener el modelo extractivista caiga por su propio peso, porque su política aberrante y asesina ya no cabe en la conciencia del pueblo argentino. Hay que seguir adelante con la luz de la verdad, contrastar el montón de mentiras, seguir con la lucha de los pueblos originarios, en manera articulada y con la sabiduría de los pueblos en unidad. Definitivamente hay que sacarse de encima este gobierno criminal”.
La lucha de Moira y de su pueblo ya ante del descubrimiento del cuerpo de Santiago había enfurecido el Estado argentino y ella fue amenazada de muerte.
“Los funcionarios del Estado saben que el problema no soy yo, es la lucha de mi pueblo que represento, un mundo completamente distinto que rechaza estructuralmente este sistema. Lo único que lograran demostrar, si consuman mi asesinato, es que la mística mapuche que afirma que por cada uno que cae diez más empezaran la lucha es verdad. Nuestra lucha no quiere llegar a poseer la tierra o a crear un nuevo Estado, nosotros queremos emplazar la relación armónica entre la tierra, la “mapu”, y los pueblos, la reciprocidad con la naturaleza. Nosotros rechazamos este sistema de muerte, esta progresiva destrucción y contaminación, somos el pueblo más pobre que vive en el territorio más rico de América del Sur y reclamamos el Buen Vivir entre los pueblos. Sabemos que es posible un nuevo futuro, un mañana distinto al presente y es nuestro derecho. El sistema nos está matando porque necesita abortar la esperanza, necesita que nos resignemos al sistema de muerte. Pero nosotros tenemos miles de años demostrando que sí, ¡otro mundo es posible! Además en los últimos tiempos logramos generar empatía para nuestro pueblo en Argentina, logramos que las feministas de ‘Ni una menos’ hagan su encuentro nacional a Chubut, va a ser un Puerto Madryn. La lucha de mi pueblo es el tema principal, me nombran como referente del movimiento y creo que eso asusta al estado”.
Otra denuncia que formula Moira es que Santiago Maldonado es el primer “blanco” desaparecidos, pero solo en la provincia de Chubut existen 145 mapuches desaparecidos, uno de ellos es Eduardo Cañulef, que era el peón de Benetton. Este trabajador rural reclamó mejor condiciones laborables y el multimillonario lo desapareció.
“Nunca vi a tu conterráneo en el banquillo de los acusados, esto ocurrió en el año 1996 y su madre murió reclamando el paradero de Eduardo. Tenía 28 años y nadie hizo una manifestación por él. En Argentina claramente la vida indígena no vale tanto como la vida del blanco. Esto no significa que no me solidarice con la familia Maldonado y reclamo con ella que se haga justicia. Pero también quiero justicia para mi pueblo, quiero que Benetton pague por las aberraciones que cometió contra el pueblo mapuche. También necesitamos que despierte el pueblo italiano y tenga conciencia de lo que hacen los multimillonarios de su país, que matan pueblos originarios y destruyen el ecosistema. Porque Benetton no produce solo ropa, es un extractivista y en el territorio que ocupa ilegalmente hay yacimientos auríferos”.
Yo, como hermana blanca, concluyo prometiendo apoyar la lucha de los pueblos indígenas, principalmente de la mujeres indígenas y, como escribió Moira, quiero escucharlas deseosa de conocer sus pensamiento, no quiero convertirlas, ni etiquetarlas, ni estudiarlas, ni extraer utilitariamente sus saberes, me uno a esta Revolución de pensamiento, y seré, tierra, semilla, viento, agua y fuego.
Ida Garberi, corresponsal en Cuba de Cubainformacion
“¡Despertemos¡ ¡Despertemos Humanidad¡ Ya no hay tiempo. Nuestras conciencias serán sacudidas por el hecho de solo estar contemplando la autodestrucción basada en la depredación capitalista, racista y patriarcal".
Berta Cáceres
He tenido en mi vida la suerte de conocer mujeres muy valientes, guerreras, comprometidas, luchadoras hasta los tuétanos: en Barcelona, hace poco, en el medio de las protestas independentistas, tuve el orgullo de compartir con la “weychafe” (que en mapuche significa guerrera) Moira Millán, coordinadora del movimiento Marcha de la Mujeres Originarias por el Buen Vivir.
Ella misma revela que “nací un día de agosto en un invierno nevado en un pueblito llamado El Maitén, en el Noroeste de la provincia de Chubut, el Lof Pillañ Mahuiza es mi comunidad mapuche”.
El pueblo Mapuche, desde la noche de los tiempos, pasando por todas las conquistas del lugar donde vive, intenta preservar su identidad, que comprende sus costumbres y su territorio, la tierra que les da no solo el sustento sino el ser. Esa es la forma que adquiere la dignidad para este pueblo. Mapuche significa literalmente “gente de la tierra”. Es decir, no tierra de los hombres y de las mujeres, sino su contrario: son los hombres y las mujeres los que le pertenecen a la tierra, una idea simple pero perturbadora en las mentes de casi todos los políticos de hoy en día.
Al final del siglo IX la nación mapuche fue víctima de genocidio y sus tierras ancestrales ocupadas de una invasión ilegítima de los “huincas” argentinos y chilenos. Huinca es un término proveniente del idioma “mapudungún” que significa "Nuevo Inca", en referencia a las personas de raza blanca, los nuevos conquistadores. Hay que aclarar que los mapuches no son ni chilenos ni argentinos, simplemente porque ambos Estados son construcciones históricas posteriores al “Wallj Mapu”, su territorio ancestral.
En los años 90, más o menos, Carlos Menen regala las tierras de donde provienen los ancestros de Moira a un muy conocido paisano mío, Luciano Benetton, que pagando con pocas “perlitas” ocupa ilegalmente casi dos millones de hectáreas de la Patagonia argentina.
Moira me dice que “Benetton creó un estado feudal dentro el estado argentino”. “Benetton financia esta situación belicista contra los mapuche para poder seguir robando los productos de la tierra”.
La entrega y el saqueo de las tierras patagónicas y de sus recursos nacionales por parte de empresas extranjeras vienen de larga data, al igual que los reclamos y la lucha del pueblo mapuche por recuperarlas.
Desde el 2015, varias familias de la provincia de Chubut realizaron recuperaciones de tierra ocupadas por Benetton y declararon, mediante un comunicado público firmado por los Pu Lof en Resistencia del Departamento Cushamen y el Movimiento Mapuche Autónomo del Puel Mapu (MAP): “Nosotros, los Mapuches, seguimos siendo una inmensa mayoría sin tierra, con la única alternativa de ser peones, empleadas domésticas y obreros, es decir, mano de obra barata y explotada por la oligarquía criolla y el empresariado transnacional”. Y sostenían que “la única manera de frenar el ‘asesinato planificado’ desde el poder económico y del estado (ecocidio y etnocidio), es mediante el control territorial efectivo de nuestras comunidades movilizadas”.
La respuesta de la Compañía de Tierras del Sur Argentino (compañía de Benetton) fue una denuncia penal por usurpación. Desde entonces la violencia, las amenazas y los intentos de desalojo han sido permanentes.
La actuación de la gendarmería, en las tierras que el italiano reivindica para sí, desde el inicio del año, fue de más represión todavía, contra la comunidad Pu Lof (entre ellos mujeres y niños), desaparecieron a Santiago Maldonado con la directa responsabilidad de la ministra de Seguridad Patricia Bullrich, su jefe de gabinete Pablo Noceti y del Estado. El gobernador de Chubut, Mario Dan Neves también fue cómplice del accionar represivo avalando el ingreso de la gendarmería al predio y demonizando a los mapuches a través de una campaña mediática que comenzó el año pasado, mientras apretaba al juez Otranto para que encarcele a los dirigentes considerados sin ninguna prueba como “terroristas”.
Sobre el tema Moira reafirma: “No hay ninguna duda, fue el gobierno que primero desapareció a Santiago Maldonado por mano de la gendarmería y después plantó el cuerpo en el rio de la comunidad mapuche Pu Lof Resistencia Cushamen. La táctica fue ‘liberarse’ de su crimen, porque la desaparición forzada no prescribe, es un delito de lesa humanidad y los funcionarios de turno tenían que blanquear el hecho que lo habían asesinado. Así crean toda una campaña mediática para señalar como responsables a los jóvenes weychafe de la comunidad mapuche. Pero a mí también me señalan como responsable, porque en entrevistas que me hicieron con antelación al descubrimiento del cuerpo de Santiago había pronosticado lo que pasó después en realidad. Espero que el pueblo argentino aproveche la oportunidad de no aceptar la manipulación de los pueblos y rebelarse. En el momento que el caso de Santiago hizo que el pueblo argentino mirara al sur de su país y al fin permitió que se enterara de la lucha del pueblo mapuche, espero que sea la razón porque esta pseudo-democracia dictatorial, artilugio de la partidocracia para poder mantener el modelo extractivista caiga por su propio peso, porque su política aberrante y asesina ya no cabe en la conciencia del pueblo argentino. Hay que seguir adelante con la luz de la verdad, contrastar el montón de mentiras, seguir con la lucha de los pueblos originarios, en manera articulada y con la sabiduría de los pueblos en unidad. Definitivamente hay que sacarse de encima este gobierno criminal”.
La lucha de Moira y de su pueblo ya ante del descubrimiento del cuerpo de Santiago había enfurecido el Estado argentino y ella fue amenazada de muerte.
“Los funcionarios del Estado saben que el problema no soy yo, es la lucha de mi pueblo que represento, un mundo completamente distinto que rechaza estructuralmente este sistema. Lo único que lograran demostrar, si consuman mi asesinato, es que la mística mapuche que afirma que por cada uno que cae diez más empezaran la lucha es verdad. Nuestra lucha no quiere llegar a poseer la tierra o a crear un nuevo Estado, nosotros queremos emplazar la relación armónica entre la tierra, la “mapu”, y los pueblos, la reciprocidad con la naturaleza. Nosotros rechazamos este sistema de muerte, esta progresiva destrucción y contaminación, somos el pueblo más pobre que vive en el territorio más rico de América del Sur y reclamamos el Buen Vivir entre los pueblos. Sabemos que es posible un nuevo futuro, un mañana distinto al presente y es nuestro derecho. El sistema nos está matando porque necesita abortar la esperanza, necesita que nos resignemos al sistema de muerte. Pero nosotros tenemos miles de años demostrando que sí, ¡otro mundo es posible! Además en los últimos tiempos logramos generar empatía para nuestro pueblo en Argentina, logramos que las feministas de ‘Ni una menos’ hagan su encuentro nacional a Chubut, va a ser un Puerto Madryn. La lucha de mi pueblo es el tema principal, me nombran como referente del movimiento y creo que eso asusta al estado”.
Otra denuncia que formula Moira es que Santiago Maldonado es el primer “blanco” desaparecidos, pero solo en la provincia de Chubut existen 145 mapuches desaparecidos, uno de ellos es Eduardo Cañulef, que era el peón de Benetton. Este trabajador rural reclamó mejor condiciones laborables y el multimillonario lo desapareció.
“Nunca vi a tu conterráneo en el banquillo de los acusados, esto ocurrió en el año 1996 y su madre murió reclamando el paradero de Eduardo. Tenía 28 años y nadie hizo una manifestación por él. En Argentina claramente la vida indígena no vale tanto como la vida del blanco. Esto no significa que no me solidarice con la familia Maldonado y reclamo con ella que se haga justicia. Pero también quiero justicia para mi pueblo, quiero que Benetton pague por las aberraciones que cometió contra el pueblo mapuche. También necesitamos que despierte el pueblo italiano y tenga conciencia de lo que hacen los multimillonarios de su país, que matan pueblos originarios y destruyen el ecosistema. Porque Benetton no produce solo ropa, es un extractivista y en el territorio que ocupa ilegalmente hay yacimientos auríferos”.
Yo, como hermana blanca, concluyo prometiendo apoyar la lucha de los pueblos indígenas, principalmente de la mujeres indígenas y, como escribió Moira, quiero escucharlas deseosa de conocer sus pensamiento, no quiero convertirlas, ni etiquetarlas, ni estudiarlas, ni extraer utilitariamente sus saberes, me uno a esta Revolución de pensamiento, y seré, tierra, semilla, viento, agua y fuego.
Ida Garberi, corresponsal en Cuba de Cubainformacion
domingo, 12 de noviembre de 2017
Canción de barrio (Documental)
“Canción de barrio” es un documental dirigido por Alejandro Ramírez Anderson que recoge, en 80 minutos, algunas experiencias de los dos primeros años de la “Gira interminable” que -desde 2010- realiza Silvio Rodríguez por los barrios de La Habana y de otras provincias del país.
Donald Trump, alumno desaventajado de Orson Welles
Basado en un texto de Rosa Miriam Elizalde – Blog Desbloqueando Cuba.- Los supuestos “ataques acústicos” contra diplomáticos de EEUU en La Habana han hecho visibles las disparatadas contradicciones entre la Casa Blanca y su Departamento de Estado.
Edición: Ana Gil
sábado, 11 de noviembre de 2017
¿Alguien esperaba de EEUU un cambio real y limpio de su política hacia Cuba?
Voy a comenzar esta nota con una reflexión de Fidel Castro que subraya lo siguiente: “Aún cuando un día mejoraran las relaciones entre Cuba Socialista y el imperio, no por ello cejaría ese imperio en aplastar a la Revolución Cubana…”
Pero, el líder histórico de la mayor de las Antillas dijo más en un discurso por el XXXII aniversario de las Fuerzas Armadas y del desembarco del Granma, celebrado en la habanera Plaza de la Revolución en 1988: el imperio no oculta destruir nuestro proceso revolucionario, lo explican los defensores de su filosofía, acotó.
Fidel, uno de los más grandes conocedores de Estados Unidos en la historia contemporánea, expresó entonces que hay algunos teóricos de la vecina potencia del Norte que han sido partidarios de que Washington realizara cambios en su política hacia Cuba para penetrarla, debilitarla y destruirla, si es posible, incluso, pacíficamente.
Agregó en aquella intervención que otros piensan que mientras más beligerancia se le dé al decano archipiélago caribeño, más activo y efectivo será en sus luchas en el escenario de Nuestra de América y del mundo.
El Comandante en Jefe, como le dirán siempre sus compatriotas y millones de agradecidos en la humanidad, auguró que mientras exista el imperio, el pueblo cubano nunca podrá bajar la guardia, ni descuidar su defensa.
Los hechos confirman lo asegurado por Fidel hace casi tres décadas. El demócrata expresidente norteamericano Barack Obama, y sus cercanos “tanques pensantes”, pretendían destronar a la Revolución Cubana de forma “pacifica”, con cantos de sirena, pero, claro, sin levantar definitivamente el criminal bloqueo que Estados Unidos le impone a la Isla en los últimos casi 60 años.
Ahora, el actual inquilino de la Casa Blanca, Donald Trump, torpe y agresivo como sus “asesores” anticubanos, escogió nuevamente el camino errado y frustrado de la confrontación, con tonos discordantes de los viejos tiempos de la llamada Guerra Fría, y acaba de poner en vigor nuevas medidas que arrecian la guerra económica, comercial y financiera contra la mayor de las Antillas.
El propósito ha sido y será siendo el mismo: ahogar a la Revolución Cubana porque desde su triunfo, el 1 de enero de 1959, representa un paradigma para los pueblos de la Patria Grande y del mundo, y uno de los mayores obstáculos para los intereses hegemónicos de Washington en este hemisferio.
Los sucesivos regímenes de turno de Estados Unidos han pretendido desaparecer de la faz de la tierra el ejemplo solidario, altruista, digno, pacífico, y de resistencia de Cuba, y por supuesto ninguno lo ha conseguido.
Tampoco Trump, y quienes vengan detrás, lo podrán hacer. Por el contrario, pueden estar seguros que el archipiélago caribeño continuará su prolongado batallar frente a las agresiones de Washington, al mismo tiempo de estar dispuesto a dialogar y convivir pacíficamente con su poderoso vecino del norte, siempre y cuando se respete su soberanía, independencia y principios.
De Cuba sí todos podemos esperar con seguridad que nunca claudicará, no así de un honesto y verdadero cambio de la política de Estados Unidos hacia la nación antillana.
Patricio Montesinos
Pero, el líder histórico de la mayor de las Antillas dijo más en un discurso por el XXXII aniversario de las Fuerzas Armadas y del desembarco del Granma, celebrado en la habanera Plaza de la Revolución en 1988: el imperio no oculta destruir nuestro proceso revolucionario, lo explican los defensores de su filosofía, acotó.
Fidel, uno de los más grandes conocedores de Estados Unidos en la historia contemporánea, expresó entonces que hay algunos teóricos de la vecina potencia del Norte que han sido partidarios de que Washington realizara cambios en su política hacia Cuba para penetrarla, debilitarla y destruirla, si es posible, incluso, pacíficamente.
Agregó en aquella intervención que otros piensan que mientras más beligerancia se le dé al decano archipiélago caribeño, más activo y efectivo será en sus luchas en el escenario de Nuestra de América y del mundo.
El Comandante en Jefe, como le dirán siempre sus compatriotas y millones de agradecidos en la humanidad, auguró que mientras exista el imperio, el pueblo cubano nunca podrá bajar la guardia, ni descuidar su defensa.
Los hechos confirman lo asegurado por Fidel hace casi tres décadas. El demócrata expresidente norteamericano Barack Obama, y sus cercanos “tanques pensantes”, pretendían destronar a la Revolución Cubana de forma “pacifica”, con cantos de sirena, pero, claro, sin levantar definitivamente el criminal bloqueo que Estados Unidos le impone a la Isla en los últimos casi 60 años.
Ahora, el actual inquilino de la Casa Blanca, Donald Trump, torpe y agresivo como sus “asesores” anticubanos, escogió nuevamente el camino errado y frustrado de la confrontación, con tonos discordantes de los viejos tiempos de la llamada Guerra Fría, y acaba de poner en vigor nuevas medidas que arrecian la guerra económica, comercial y financiera contra la mayor de las Antillas.
El propósito ha sido y será siendo el mismo: ahogar a la Revolución Cubana porque desde su triunfo, el 1 de enero de 1959, representa un paradigma para los pueblos de la Patria Grande y del mundo, y uno de los mayores obstáculos para los intereses hegemónicos de Washington en este hemisferio.
Los sucesivos regímenes de turno de Estados Unidos han pretendido desaparecer de la faz de la tierra el ejemplo solidario, altruista, digno, pacífico, y de resistencia de Cuba, y por supuesto ninguno lo ha conseguido.
Tampoco Trump, y quienes vengan detrás, lo podrán hacer. Por el contrario, pueden estar seguros que el archipiélago caribeño continuará su prolongado batallar frente a las agresiones de Washington, al mismo tiempo de estar dispuesto a dialogar y convivir pacíficamente con su poderoso vecino del norte, siempre y cuando se respete su soberanía, independencia y principios.
De Cuba sí todos podemos esperar con seguridad que nunca claudicará, no así de un honesto y verdadero cambio de la política de Estados Unidos hacia la nación antillana.
Patricio Montesinos
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