Con la presencia de familiares de los luchadores antiterroristas cubanos, el presidente del Parlamento cubano presentó Unidos vs Cinco Héroes, del Doctor Rodolfo Dávalos, y Les debo verlos libres, de Celia María Hart Santamaría
El presidente del Parlamento cubano, Ricardo Alarcón de Quesada, presentó este domingo en la Feria Internacional del Libro dos nuevos textos sobre los cinco antiterroristas cubanos encarcelados en Estados Unidos desde 1998.
Ante una numerosa concurrencia, entre los que se encontraban familiares de los Cinco, la sala Nicolás Guillén fue escenario de la presentación de una nueva edición de Estados Unidos vs Cinco Héroes, del Doctor Rodolfo Dávalos, y Les debo verlos libres, de Celia María Hart Santamaría.
El libro de Dávalos recopila una serie de 80 artículos publicados en el diario Juventud Rebelde, recogidos en una edición anterior y que ahora se presenta ampliada por la editorial Capitán San Luis.
Les debo verlos libres, de Celia María Hart, recientemente fallecida, contiene cartas cruzadas y artículos relacionados con Los Cinco, y pertenece a Ediciones Especiales de la Sociedad Cultural José Martí.
Alarcón calificó el trabajo de Dávalos como instrumento de combate y sobre el de Celia María, aseguró que libros como ese se pueden hacer miles, porque son miles las personas que en todo el planeta mantienen correspondencia con los cinco compañeros.
El también miembro del Buró Político del Partido Comunista de Cuba explicó que este es un año decisivo en el propósito de alcanzar la libertad de Gerardo Hernández, René González, Ramón Labañino, Antonio Guerrero y Fernando González. «La única forma de conseguir que se ponga fin a esta infame injusticia contra Los Cinco es mediante la lucha política, la denuncia y la movilización», explicó.
Agregó que en esta batalla por la liberación de los antiterroristas cubanos, se requiere de gente capaces de esclarecer, explicar y convencer sobre sus actividades de monitoreo contra el terrorismo engendrado por grupos de extrema derecha de origen cubano en Miami, pero sobre todo, con mucho amor y pasión.
No nos olvidemos —puntualizó Alarcón— que si ellos están presos es por nosotros, que si perdieron su libertad fue por su lucha abnegada contra el terrorismo, y lo menos que este pueblo puede hacer es devolverles un poco de ese amor.
AIN
digital@juventudrebelde.cu
lunes, 15 de febrero de 2010
Testimonios por la verdad y la justicia
Títulos sobre Los Cinco en la Feria del Libro
Como testimonios a favor de la justicia y la verdad deben considerarse los títulos Les debo verlos libres y Estados Unidos vs Cinco Héroes, de Celia Hart Santamaría y Rodolfo Dávalos Fernández, respectivamente, presentados ayer en la XIX Feria Internacional del Libro Cuba 2010.
Ambos volúmenes fueron comentados por el presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular, Ricardo Alarcón de Quesada, ante una concurrencia que colmó la sala Nicolás Guillén, de La Cabaña, en la cual se hallaban el ministro de Cultura Abel Prieto y familiares de los Cinco luchadores antiterroristas que sufren injusta prisión en EE.UU.
Artículos y cartas cruzadas entre los Cinco y Celia Hart conforman el primer libro, cuyo prólogo está a cargo de Mirta Rodríguez, madre de Antonio Guerrero. La compilación, editada por el Centro de Estudios Martianos, presupone, desde su título, una deuda con los compatriotas cubanos cruelmente confinados.
Estados Unidos vs Cinco Héroes, de la editorial Capitán San Luis, parte de una serie de artículos publicados en el diario Juventud Rebelde. Ahora el autor actualizó su contenido. Al decir de Alarcón, el volumen constituye un instrumento de combate.
"Algún día habrá millones de libros que denuncien este caso. Si hoy estos hombres no están junto a sus amores es por amor a este pueblo", señaló.
Madeleine Sautié Rodríguez
Como testimonios a favor de la justicia y la verdad deben considerarse los títulos Les debo verlos libres y Estados Unidos vs Cinco Héroes, de Celia Hart Santamaría y Rodolfo Dávalos Fernández, respectivamente, presentados ayer en la XIX Feria Internacional del Libro Cuba 2010.
Ambos volúmenes fueron comentados por el presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular, Ricardo Alarcón de Quesada, ante una concurrencia que colmó la sala Nicolás Guillén, de La Cabaña, en la cual se hallaban el ministro de Cultura Abel Prieto y familiares de los Cinco luchadores antiterroristas que sufren injusta prisión en EE.UU.
Artículos y cartas cruzadas entre los Cinco y Celia Hart conforman el primer libro, cuyo prólogo está a cargo de Mirta Rodríguez, madre de Antonio Guerrero. La compilación, editada por el Centro de Estudios Martianos, presupone, desde su título, una deuda con los compatriotas cubanos cruelmente confinados.
Estados Unidos vs Cinco Héroes, de la editorial Capitán San Luis, parte de una serie de artículos publicados en el diario Juventud Rebelde. Ahora el autor actualizó su contenido. Al decir de Alarcón, el volumen constituye un instrumento de combate.
"Algún día habrá millones de libros que denuncien este caso. Si hoy estos hombres no están junto a sus amores es por amor a este pueblo", señaló.
Madeleine Sautié Rodríguez
domingo, 14 de febrero de 2010
Presentan en Cuba correspondencia de Celia Hart con los Cinco

La Habana, (PL) El volumen Les debo verlos libres, que recoge la correspondencia de la fallecida intelectual cubana Celia Hart Santamaría con sus cinco compatriotas antiterroristas encarcelados en Estados Unidos, fue puesto en circulación hoy aquí.
Presentado en la feria editorial cubana por Ricardo Alarcón, presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular, incluye cartas cruzadas de la autora con René González, Antonio Guerrero, Fernando González, Gerardo Hernández y Ramón Labañino y artículos sobre ellos.
Se trata de un texto hermoso, expresó Alarcón. "Libros como este se pueden hacer miles porque son miles las personas de todo el planeta que han mantenido y mantienen correspondencia con nuestros cinco compañeros", dijo.
El epistolario, de 206 páginas, cuenta con prólogo de Mirtha Rodríguez, madre de Antonio Guerrero, quien recuerda la amistad entre su hijo y Celia, que se sumó desde un inicio a la lucha por su excarcelación.
Según explicó Alarcón, hoy se vive una fase definitoria del proceso de los Cinco, en prisión desde 1998, y este año será decisivo para que alcancen su libertad o mejore su situación.
"La única forma de conseguir que se ponga fin a esa infame injusticia es mediante la lucha política, la denuncia, la movilización", subrayó.
Se requiere, precisó, "gente que sean capaces de esclarecer, de explicar, de convencer, pero sobre todo mucho amor y pasión, como lo hizo Celia María".
En la jornada también se presentó una reedición de Estados Unidos vs Cinco Héroes, un juicio silenciado, del jurista Rodolfo Dávalos, con más de 80 artículos sobre el caso, considerado el más plagado de irregularidades y violaciones en la historia penal estadounidense.
Maylín Vidal
lunes, 15 de febrero de 2010
domingo, 7 de febrero de 2010
Celia María Hart Santamaría: un sueño hecho realidad

"Seamos realistas y hagamos lo imposible”.
Ernesto Che Guevara
Ya pasó un año de la última Feria del Libro de La Habana del 2009, la que se dedicó a Chile, la primera sin la Mariposa de la Cultura cubana: su ausencia inmensa me hizo escribir: “Para mí, este año, caminar por las calles de la Fortaleza de la Cabaña y trabajar voluntariamente en el Comité Internacional por la libertad de los Cinco cubanos es algo triste; se abre otra vez la herida que no podrá cerrarse nunca: Celia Hart no está a mi lado para exigir la libertad de Ramón, Antonio, Gerardo, René y Fernando”.
Y al revés este año mi felicidad es grande pensando que Celia volverá más decidida que nunca a exigir justicia al monstruoso imperio por nuestros Cinco hermanos prisioneros, y será una forma dulce, decidida e íntima.
Efectivamente, el Centro de Estudios Martianos y la Sociedad Cultural José Martí presentarán el 14 de febrero de 2010, en la sala Nicolás Guillén, de la Fortaleza de la Cabaña , en el marco de la Feria del Libro, el manuscrito póstumo “Les debo verlos libres”, que custodia la correspondencia de Celia con los Cinco antiterroristas y algunos artículos suyos que reclaman la libertad de Ramón, Antonio, Gerardo, René y Fernando.
Y yo estoy feliz no solo porque una vez más podremos sentirla a nuestro lado, como muchos 1° de mayo, cuando gritaba excitándose “basta ya de injusticia cotra los Cinco cubanos”, sino porque será un momento para recordar a esta gran revolucionaria que nos ha dejado demasiado pronto, justo cuando su obra se empezó a conocer también en Cuba y ésta es más que necesaria para seguir luchando al lado de nuestro Presidente de la República cubana y nuestro Comandante en Jefe.
Sabemos que son momentos difíciles, quizás los más difíciles para América Latina después de los años 70 y el golpe de Pinochet, mientras en el corazón más profundo de Nuestra América, otro golpe de estado sanguinario está matando y privando de la libertad al glorioso y bravo pueblo de Francisco Morazán.
Honduras reclama el apoyo de todos los hombres de buena voluntad para continuar resistiendo y caminando; también este pueblo fue privado de los análisis tan exactos que habría podido hacer Celia sobre la enésima mala jugada de los yanquis.
El imperio quiere dividir y destruir, intentar construir muros de violencia entre pueblos hermanos, mientras que estoy segura de que Celia habría recurrido a la unión y a la construcción de puentes de amor, aquel amor tan necesario para un revolucionario que quiera llamarse así, como Ernesto Che Guevara nos recuerda.
Entonces tenemos que construir puentes, como sólo hacen los verdaderos hombres, como nos sugiere Celia, en su artículo “Puentes contra muros”:“Puente es el vínculo ideal entre los que somos diferentes por circunstancias externas. En lugar de fronteras discriminatorias, deberíamos tejer la Tierra con puentes largos y pequeños. Todavía no sé por qué somos “diferentes” si tenemos la comunión en el polvo de estrellas que nos colocó tan juntos. Y en verdad todos vivimos con los mismos litros de sangre, con el mismo espectro visual, con la misma vocación por la bondad. Y también porque son iguales nuestros sueños, porque en casi todos los idiomas la palabra amor no tiene sinónimos, porque en todos los lugares del planeta el Sol regala su calor y la primavera empuja las flores al viento.”
Y ahora invito, a todos los que puedan, a la presentación del libro, provocando vuestro corazón con las bonitas palabras del prólogo escritas por Mirta Rodríguez, la madre de Antonio Guerrero, uno de los Cinco luchadores cubanos:
PRÓLOGO
Agradezco a quienes me pidieron escribir unas notas para este libro dedicado a la memoria de Celia Hart Santamaría, es un honor y un privilegio para mí.
Entre Celia, mi hijo Tony, y yo existió una linda relación de amistad que poco a poco nos fue uniendo más, producto de la lucha por la justicia y la liberación de Tony, Ramón, Gerardo, René y Fernando, nuestros cinco hijos encarcelados injustamente en Estados Unidos desde septiembre de 1998.
Inmediatamente que comenzó la batalla y denuncia contra esta injusticia, Cella se sumó a la lucha mostrando sus cualidades humanas, su amor ala Patria y a la Revolución , escribió importantes artículos de denuncia sobre el caso de los Cinco, pronunció discursos en diversas tribunas internacionales convocando a la solidaridad
mundial. Su casa en La Habana fue escenario para reuniones del Comité de Solidaridad «Justicia y Libertad» dirigido por la amiga Graciela Ramírez.
Ella comenzó a escribirle a Tony con un seudónimo: «Ofelia». No quería ser identificada en un inicio, pero pronto Tony descubrió quién era la verdadera Ofelia, y se abrió la amistad con un hondo sentimiento de afecto revolucionario y de admiración mutua, y de ahí surgió el que ella lo llamara «Tony del alma» y él la llamara “Celia del alma”.
Algunas de esas cartas se publican en este libro.
Esa amistad y ese intercambio de correspondencia entre mi hijo y Celia -en el que yo soy partícipe—, me llenó de curiosidad por conocerla personalmente.
Me gustaba mucho la forma en que se comunicaban, brindándose consejos, regaños, críticas y autocríticas, halagos y cariño con total franqueza y desinterés, unidos quizás por un mismo amor: “la defensa de la Patria ».
Y así un día se me dio esa oportunidad cuando Celia me anunció su visita a mi casa.
Aquí nos encontramos y comprendí entonces la sensibilidad de aquella joven revolucionaria, de carácter jovial, temperamento fuerte y nervioso, que lo que más quería era brindamos su amor y su solidaridad por esta causa justa.
Cuando Celia se demoraba en escribirle a Tony yo la llamaba por teléfono y, entre disculpas y risas, sosteníamos una conversación siempre agradable y alentadora para mí. Cuando nos encontrábamos en las actividades se emocionaba y sonrojaba al vernos. Ella era así de sensible. Sus cartas se convirtieron en algo necesario para Tony y para mí también. Por todo eso llegué a tenerle un profundo cariño.
El día fatal de su desaparición física no tuve fuerzas para acompañarla a ella y a su familia en ese último adiós.
Se me hacía difícil creer esa dura verdad. Pensaba: ¿cómo darle la noticia a Tony?
Fue tan inesperado y brutal, yo no podía comprender.
Tony supo la noticia por la radio y la prensa.
En esos días la prisión estaba en lock dowrn (encierro), por lo que no teníamos comunicación directa.
Cuando logramos hablar con él unos días después, me explicó que le pidió al compañero de celda le leyera la noticia.
Le fue difícil creer lo que informaba la prensa. Los dos sabíamos que habíamos perdido una gran amiga, a nuestra «Celia del alma».
Mirta Rodríguez.
Ida Garberi,responsable de la pagina web en italiano del sito de Prensa Latina
Comprensión de Celia Hart
Su muerte llamó tanto la atención como sus escritos y su actitud política dentro y fuera de Cuba. Solía definirse como un "souvenir de la Revolución Cubana", por ser la hija de dos héroes, Haydée Santamaría y Armando Hart.
Su realidad se parecía a esa frase, con la envoltura de sus virtudes y desafíos.
Aunque su tiempo de aprendizaje la encontró fuera del acontecimiento creador de los primeros años -nació en 1962-, tuvo el mérito intelectual de encontrar derroteros distintos, contradictorios con su medio. Se había formado como la mayoría de su generación en lo mejor de su cultura universitaria y en sus valores políticos, dentro de las condiciones culturales de la Cuba de comienzos de los años setenta. Para entonces, el gobierno había abandonado su estrategia de revolución continental permanente a través de la OLAS (Organización Latinoamericana de Solidaridad) y había cometido el definitivo error de apoyar la ocupación soviética de Checoslovaquia, incluso comenzaba a congraciarse con los PC que años antes había denostado por "oportunistas y traidores". En ese clima se hizo militante en la Juventud del PCC, pero su gusto por la lectura y el conocimiento científico la llevaron a Alemania del Este, a completar sus estudios de Física. De Berlín volvió convertida en teórica Física y en algo más extraño que los secretos del Universo: trotskista. La impactó la presencia policial de Honnecker en cada centímetro cuadrado de aquella Alemania. Su contingencia generacional explica la devota admiración por el jefe más destacado de la hazaña revolucionaria de 1959: Fidel Castro. Y por Martí, la fuente invocatoria. Era especialista en la vida del segundo y creo que no alcanzó a dilucidar el rol contradictorio del primero.
Celia fue una expresión particular de la revolución cubana y al mismo tiempo una disrupción ideológica con ella. No estaba de acuerdo consigo misma. Entendía que sus conquistas sólo se salvarían en los derroteros de la revolución bolivariana, boliviana, ecuatoriana, y de América Latina. Y viceversa: que sin Cuba no era posible entender nada en nuestro tiempo latinoamericano.
Uno podía saludar o rechazar todos o algunos de sus argumentos. Pero no era posible ser indiferente ante ella. Brilló con luz propia y la reflejó en sus ojos siempre móviles y en sus ideas, no siempre acertadas, pero siempre escritas con honestidad y amor por el conocimiento.
Desde que descubrió la revolución social la amó como se ama el amor sexual. Sus escritos suelen tener incrustaciones eróticas de buen humor, porque, entre otras cosas, entendía la revolución con estética y pasión humanas. Disfrutaba de una pluma periodística fina. Podía explicar un hecho político actual desde el cuento que le había contado una vecina esa tarde, pasando por los cielos de la física cuántica, hasta recalar en ideas de Marx, Gramsci, Trotsky, Rosa Luxemburgo, Lenin, Fidel o Martí. Su límite era el conocimiento y la revolución permanente. Su compromiso con la "revolución bolivariana" y su fanático aprecio por Chávez como líder popular la convencieron de que era más útil ser corresponsal gratuita de la agencia bolivariana Aporrea, el emblema periodístico del proceso venezolano, que opinadora bien pagada de Le Monde Diplomatique. Cuando la presenté a los muchachos de Aporrea no se sorprendió de que le dijeran: "Pero nosotros no tenemos recursos para una corresponsalía". Tampoco fue sorpresa para nadie que haya desechado los mil dólares de honorarios mensuales que le ofreció Le Monde a comienzos de 2007. Murió sin poder ser de Aporrea con carnet oficial por decisión del Estado cubano, lo que no le impidió escribir con frecuencia para ese y otros medios que esperaban sus vivaces escritos. Celia había sido expulsada del PCC en 2006.
Así fue que conocimos su batalla contra el general Isaías Baduel, un chavista originario que se convirtió en anti chavista por temor al "socialismo del siglo xxi", y con su escriba oficioso, Hanz Dietrich, el intelectual germano-mexicano que sostuvo a Baduel en 2007. Habíamos acordado en una larga conversación que la polémica con Dietrich debía mantener el respeto moral y la altura de una sana polémica. Todos los errores juntos del ideólogo de Baduel no lo convertían en "agente" de ningún "gobierno enemigo", como señalaron algunos en Venezuela y fuera de ella. Supo alejarse del método policial que el estalinismo enseñó a tres generaciones de militantes del mundo desde los años treinta.
Un escrito que causó polémicas y molestias en algunos medios excesivamente oficiales fue el que hizo para criticar a Chávez por su brulote contra el rol armado de las FARC, un punto en el que coincidió con su admirado Fidel, sin que los mares se desbordaran por esa diferencia con Chávez. Mientras el presidente venezolano sólo lamentó que no hubieran coincidido con él, los cortesanos comenzaron a señalarla como "peligrosa" o "sospechosa" por pensar diferente y atreverse a decirlo sin saltar del tren de la revolución.
Se hizo trotskista por sus vivencias en la pavorosa Alemania estalinista de Honnecker, un choque de apariencia paradojal que he conocido en muchos otros amigos que fueron a esos países a estudiar. No había contradicción en el paso de su cultura estalinista a la trotskista. En realidad fue el resultado de un cruce más complejo de circunstancias personales, intelectuales y políticas. Sus convicciones sobre la Revolución Permanente y la degeneración del experimento comunista del siglo xx fueron una adquisición traumática para ella, sobre todo cuando había que extenderlo a su propio país. Así se desprendió de su relato personal en Caracas.
Por la misma razón que aborrecía el socialismo policial de Honnecker, sentía un poderoso entusiasmo por la idea de Chávez de buscar un "socialismo del siglo xxi" que supere las experiencias derrotadas del siglo anterior. Sobre esos temas escribió centenares de páginas; una parte fue editada como libro con el título Apuntes Revolucionarios, por la Fundación Federico Engels en 2006 y en el sitio web Militant.
Ella contaba con gusto, sin escapar a la exageración, que la salvó "un libro". Ocurrió en un momento de angustia personal e ideológica, cuando había decidido encerrarse en su vida privada y mandar al carajo el socialismo y todo lo demás. "El libro que me salvó de irme al carajo", como recordaba, se lo recomendó su padre con estas palabras de tono bíblico: "Allí encontrarás las respuestas que andas buscando". Los rescató del polvo de la vieja biblioteca de Armando Hart en La Habana, dirigente cultivado en buenos libros y que, como su ex mujer, se había opuesto al "modelo soviético", aunque luego se adaptó. Era la trilogía escrita por Isaac Deutscher: Trotsky. El profeta armado, El profeta desarmado y El profeta desterrado, que relata en casi dos mil páginas el origen, ascenso, clímax y derrota del hombre que concibió la revolución socialista como un proceso internacional, permanente y anti-burocrática, y fue por ello asesinado en México. A Celia le atraía la parábola que hace Deutscher, acudiendo al Savonarola de Maquiavelo, sobre las derrotas y los héroes en la historia. "Para mi fue como encontrar la biblia en medio del desierto", señaló, con esa cuota de exaltación que tenían sus conversaciones. Su cuento sobre el libro salvador refleja dos fenómenos humanos al mismo tiempo. El fuego de su urgencia existencial en el momento tardío en que lo encontró, con algunas respuestas intelectuales a sus tribulaciones. "Me lo devoré en pocos días", me contó, como si se tratara de un helado de fresa en medio del Caribe. Al mismo tiempo, su relato parecía extraído de las novelas 1984 de Orwell o La Broma de Kundera. Una pequeña historia que devela la secreta fuerza moral de las ideas de Trotsky como respuesta a las revoluciones de nuestro tiempo. Creo que el de Celia Hart es uno de esos casos humanos en que se llega tarde al lugar y al objeto de la búsqueda. Ese desencuentro vital quizá explique su desesperación iluminada por alcanzar de una sola vez lo que se había perdido. De allí su dificultad para encontrar una correcta ubicación en la militancia política de América Latina hoy. Lamenté, por ejemplo, escuchar de sus labios en Buenos Aires a finales de agosto de este año, que apoyar la huelga del campo dirigida por la Sociedad Rural fue acertado. Llegar tarde al programa marxista tiene costos. Aunque esa no fue su culpa.
Celia era libre para equivocarse y libre para corregir. Tenía el pundonor del revolucionario honesto que no le teme al error y ama el conocimiento por la verdad que contenga y no por la sonrisa que le arranque al jefe.
Sabía dudar, lo que según Marx es el prerrequisito para poder investigar. El 28 de agosto me envió una nota en la que me pedía que la ayudara a interpretar el subcapítulo "Viraje brusco: el plan quinquenal en 4 años y la colectivización completa", del libro La Revolución Traicionada. Allí Trotsky analiza la confrontación campo-ciudad en la URSS y los errores del PCUS en aquel entonces. Celia quería conocer. Y huía del prestigismo ramplón y la rutina burocrática que aconseja no reconocer errores en público (y raramente en privado). De todas maneras, no le gustó esta ocurrencia que le envié de colofón: "si Trotsky reviviera, y siguiera siendo Trotsky, no habría apoyado una huelga dirigida por la Sociedad Rural". La conocí en agosto de 2007 en el hotel El Conde, en la atribulada Caracas de la "revolución bolivariana", donde todo puede ocurrir, hasta lo imprevisible: como aquel primer homenaje con auspicio estatal a León Trotsky, el 20 de agosto de 2007. Ningún gobierno hasta entonces se había atrevido a tan ponderado respeto por el jefe revolucionario más denostado o invisibilizado del siglo xx (algo así como lo que ocurriera con Robespiérre, que hubo de esperar 123 años para merecer su primer reconocimiento oficial en Francia). Celia y yo coincidimos en Caracas con Ricardo Napurí, líder popular peruano que colaboró con el Che en las guerrillas latinoamericanas; con Esteban Volkov, nieto y único sobreviviente de la depredación de la familia Trotsky; y con el cubano Ydalberto Ferrera, un anciano de 96 años que luchó contra Machado en 1935, contra Batista en 1959, y por el socialismo hasta 1965, año en que los rusos lo hicieron meter preso en La Habana por ser trotskista. A esa edad compartía con Celia reuniones a las que llamaban con cierta nostalgia "nuestra reunión de célula", que eran ella, él y algún asomao de vez en cuando. Es posible que Ydalberto sea, junto con el argentino Liborio Justo, los dos primeros trotskistas del continente.
En el "Aló Presidente" realizado en el Teatro Teresa Carreño dos días después del homenaje, el mismísimo Hugo Chávez rescató el ejemplo de Trotsky, "aquel revolucionario ruso que nos enseña que las revoluciones deben ser continuas para no frenarse, y que deben ser internacionales, como hizo Bolívar en su época". E invitó a Celia, a Napurí y al nieto de Trotsky a tomar el micrófono para decir en pocos minutos lo que nadie, durante medio siglo, se había atrevido nunca a mencionar en un escenario similar. Y con la misma libertad política explicamos en programas de radio y televisión lo que queda de actual en la obra de León Trotsky. Es posible que aquella ofrenda en Caracas haya sido el único acierto político del entonces ministro de Trabajo, un obrero trotskista convertido en ministro en enero de 2007. Meses después fue derrotado por una huelga obrera (impulsada por otros trotskistas) en Sidor y echado del Gabinete por favorecer a Techint. Pero esa es otra historia, y Celia Hart no tiene por qué ocuparse de ella.
No desde ayer, desde que un huracán se la llevó para siempre en La Habana, según dicen.
Guerrero, Modesto Emilio
Guerrero, Modesto Emilio. Ligado orgánicamente al proceso venezolano por su militancia sindical y política desde 1973 hasta 1993, cuando se instaló en la Argentina. En 1982 fue electo diputado. Fue representante de la Unión Nacional de Trabajadores (UNT) hasta 2006. En julio de 2007 fundó el PSUV en Buenos Aires, la primera expresión de ese partido fuera de Venezuela. Su labor difusora de la revolución bolivariana en la Argentina lo ha convertido en una fuente obligada de informaciones para la prensa y de análisis para movimientos políticos y sociales. Ha pronunciado conferencias en Noruega, Chile, Uruguay, Brasil y Argentina. Es autor de Cuentos, Relatos y Poemas (1985), Haití: El Último Duvalier (1986), Panamá, Soberanía y Revolución (1990), Mercosur: Origen, Evolución, Perspectivas (2005), El Mercosur y la Revolución Bolivariana (2006), Reportajes sobre América latina (2007), la biografía analítica ¿Quién inventó a Chávez? (2007,1ª ed. 6000 ejemplares agotados y en preparación en portugués y alemán). Su otro libro biográfico, Reportaje con la Muerte (2002), sobre el periodista argentino Leonardo Henrichsen asesinado en Chile en 1973, fue llevado al cine en 2008 bajo el título “Aunque me cueste la vida”. Especializado en análisis internacional; fue director del semanario socialista La Chispa (Venezuela), redactor de Revista de América (Colombia); en Argentina, editor-jefe del diario Mercosur.Com y de la revista bilingüe Comersur especializada en integración. Es corresponsal del diario bolivariano Aporrea, y de El Independiente (El Salvador); escribe columnas de opinión en el diario Página 12 y las revistas ContraEditorial y Buenos Aires Económico. Es colaborador de la revista Herramienta.
Su realidad se parecía a esa frase, con la envoltura de sus virtudes y desafíos.
Aunque su tiempo de aprendizaje la encontró fuera del acontecimiento creador de los primeros años -nació en 1962-, tuvo el mérito intelectual de encontrar derroteros distintos, contradictorios con su medio. Se había formado como la mayoría de su generación en lo mejor de su cultura universitaria y en sus valores políticos, dentro de las condiciones culturales de la Cuba de comienzos de los años setenta. Para entonces, el gobierno había abandonado su estrategia de revolución continental permanente a través de la OLAS (Organización Latinoamericana de Solidaridad) y había cometido el definitivo error de apoyar la ocupación soviética de Checoslovaquia, incluso comenzaba a congraciarse con los PC que años antes había denostado por "oportunistas y traidores". En ese clima se hizo militante en la Juventud del PCC, pero su gusto por la lectura y el conocimiento científico la llevaron a Alemania del Este, a completar sus estudios de Física. De Berlín volvió convertida en teórica Física y en algo más extraño que los secretos del Universo: trotskista. La impactó la presencia policial de Honnecker en cada centímetro cuadrado de aquella Alemania. Su contingencia generacional explica la devota admiración por el jefe más destacado de la hazaña revolucionaria de 1959: Fidel Castro. Y por Martí, la fuente invocatoria. Era especialista en la vida del segundo y creo que no alcanzó a dilucidar el rol contradictorio del primero.
Celia fue una expresión particular de la revolución cubana y al mismo tiempo una disrupción ideológica con ella. No estaba de acuerdo consigo misma. Entendía que sus conquistas sólo se salvarían en los derroteros de la revolución bolivariana, boliviana, ecuatoriana, y de América Latina. Y viceversa: que sin Cuba no era posible entender nada en nuestro tiempo latinoamericano.
Uno podía saludar o rechazar todos o algunos de sus argumentos. Pero no era posible ser indiferente ante ella. Brilló con luz propia y la reflejó en sus ojos siempre móviles y en sus ideas, no siempre acertadas, pero siempre escritas con honestidad y amor por el conocimiento.
Desde que descubrió la revolución social la amó como se ama el amor sexual. Sus escritos suelen tener incrustaciones eróticas de buen humor, porque, entre otras cosas, entendía la revolución con estética y pasión humanas. Disfrutaba de una pluma periodística fina. Podía explicar un hecho político actual desde el cuento que le había contado una vecina esa tarde, pasando por los cielos de la física cuántica, hasta recalar en ideas de Marx, Gramsci, Trotsky, Rosa Luxemburgo, Lenin, Fidel o Martí. Su límite era el conocimiento y la revolución permanente. Su compromiso con la "revolución bolivariana" y su fanático aprecio por Chávez como líder popular la convencieron de que era más útil ser corresponsal gratuita de la agencia bolivariana Aporrea, el emblema periodístico del proceso venezolano, que opinadora bien pagada de Le Monde Diplomatique. Cuando la presenté a los muchachos de Aporrea no se sorprendió de que le dijeran: "Pero nosotros no tenemos recursos para una corresponsalía". Tampoco fue sorpresa para nadie que haya desechado los mil dólares de honorarios mensuales que le ofreció Le Monde a comienzos de 2007. Murió sin poder ser de Aporrea con carnet oficial por decisión del Estado cubano, lo que no le impidió escribir con frecuencia para ese y otros medios que esperaban sus vivaces escritos. Celia había sido expulsada del PCC en 2006.
Así fue que conocimos su batalla contra el general Isaías Baduel, un chavista originario que se convirtió en anti chavista por temor al "socialismo del siglo xxi", y con su escriba oficioso, Hanz Dietrich, el intelectual germano-mexicano que sostuvo a Baduel en 2007. Habíamos acordado en una larga conversación que la polémica con Dietrich debía mantener el respeto moral y la altura de una sana polémica. Todos los errores juntos del ideólogo de Baduel no lo convertían en "agente" de ningún "gobierno enemigo", como señalaron algunos en Venezuela y fuera de ella. Supo alejarse del método policial que el estalinismo enseñó a tres generaciones de militantes del mundo desde los años treinta.
Un escrito que causó polémicas y molestias en algunos medios excesivamente oficiales fue el que hizo para criticar a Chávez por su brulote contra el rol armado de las FARC, un punto en el que coincidió con su admirado Fidel, sin que los mares se desbordaran por esa diferencia con Chávez. Mientras el presidente venezolano sólo lamentó que no hubieran coincidido con él, los cortesanos comenzaron a señalarla como "peligrosa" o "sospechosa" por pensar diferente y atreverse a decirlo sin saltar del tren de la revolución.
Se hizo trotskista por sus vivencias en la pavorosa Alemania estalinista de Honnecker, un choque de apariencia paradojal que he conocido en muchos otros amigos que fueron a esos países a estudiar. No había contradicción en el paso de su cultura estalinista a la trotskista. En realidad fue el resultado de un cruce más complejo de circunstancias personales, intelectuales y políticas. Sus convicciones sobre la Revolución Permanente y la degeneración del experimento comunista del siglo xx fueron una adquisición traumática para ella, sobre todo cuando había que extenderlo a su propio país. Así se desprendió de su relato personal en Caracas.
Por la misma razón que aborrecía el socialismo policial de Honnecker, sentía un poderoso entusiasmo por la idea de Chávez de buscar un "socialismo del siglo xxi" que supere las experiencias derrotadas del siglo anterior. Sobre esos temas escribió centenares de páginas; una parte fue editada como libro con el título Apuntes Revolucionarios, por la Fundación Federico Engels en 2006 y en el sitio web Militant.
Ella contaba con gusto, sin escapar a la exageración, que la salvó "un libro". Ocurrió en un momento de angustia personal e ideológica, cuando había decidido encerrarse en su vida privada y mandar al carajo el socialismo y todo lo demás. "El libro que me salvó de irme al carajo", como recordaba, se lo recomendó su padre con estas palabras de tono bíblico: "Allí encontrarás las respuestas que andas buscando". Los rescató del polvo de la vieja biblioteca de Armando Hart en La Habana, dirigente cultivado en buenos libros y que, como su ex mujer, se había opuesto al "modelo soviético", aunque luego se adaptó. Era la trilogía escrita por Isaac Deutscher: Trotsky. El profeta armado, El profeta desarmado y El profeta desterrado, que relata en casi dos mil páginas el origen, ascenso, clímax y derrota del hombre que concibió la revolución socialista como un proceso internacional, permanente y anti-burocrática, y fue por ello asesinado en México. A Celia le atraía la parábola que hace Deutscher, acudiendo al Savonarola de Maquiavelo, sobre las derrotas y los héroes en la historia. "Para mi fue como encontrar la biblia en medio del desierto", señaló, con esa cuota de exaltación que tenían sus conversaciones. Su cuento sobre el libro salvador refleja dos fenómenos humanos al mismo tiempo. El fuego de su urgencia existencial en el momento tardío en que lo encontró, con algunas respuestas intelectuales a sus tribulaciones. "Me lo devoré en pocos días", me contó, como si se tratara de un helado de fresa en medio del Caribe. Al mismo tiempo, su relato parecía extraído de las novelas 1984 de Orwell o La Broma de Kundera. Una pequeña historia que devela la secreta fuerza moral de las ideas de Trotsky como respuesta a las revoluciones de nuestro tiempo. Creo que el de Celia Hart es uno de esos casos humanos en que se llega tarde al lugar y al objeto de la búsqueda. Ese desencuentro vital quizá explique su desesperación iluminada por alcanzar de una sola vez lo que se había perdido. De allí su dificultad para encontrar una correcta ubicación en la militancia política de América Latina hoy. Lamenté, por ejemplo, escuchar de sus labios en Buenos Aires a finales de agosto de este año, que apoyar la huelga del campo dirigida por la Sociedad Rural fue acertado. Llegar tarde al programa marxista tiene costos. Aunque esa no fue su culpa.
Celia era libre para equivocarse y libre para corregir. Tenía el pundonor del revolucionario honesto que no le teme al error y ama el conocimiento por la verdad que contenga y no por la sonrisa que le arranque al jefe.
Sabía dudar, lo que según Marx es el prerrequisito para poder investigar. El 28 de agosto me envió una nota en la que me pedía que la ayudara a interpretar el subcapítulo "Viraje brusco: el plan quinquenal en 4 años y la colectivización completa", del libro La Revolución Traicionada. Allí Trotsky analiza la confrontación campo-ciudad en la URSS y los errores del PCUS en aquel entonces. Celia quería conocer. Y huía del prestigismo ramplón y la rutina burocrática que aconseja no reconocer errores en público (y raramente en privado). De todas maneras, no le gustó esta ocurrencia que le envié de colofón: "si Trotsky reviviera, y siguiera siendo Trotsky, no habría apoyado una huelga dirigida por la Sociedad Rural". La conocí en agosto de 2007 en el hotel El Conde, en la atribulada Caracas de la "revolución bolivariana", donde todo puede ocurrir, hasta lo imprevisible: como aquel primer homenaje con auspicio estatal a León Trotsky, el 20 de agosto de 2007. Ningún gobierno hasta entonces se había atrevido a tan ponderado respeto por el jefe revolucionario más denostado o invisibilizado del siglo xx (algo así como lo que ocurriera con Robespiérre, que hubo de esperar 123 años para merecer su primer reconocimiento oficial en Francia). Celia y yo coincidimos en Caracas con Ricardo Napurí, líder popular peruano que colaboró con el Che en las guerrillas latinoamericanas; con Esteban Volkov, nieto y único sobreviviente de la depredación de la familia Trotsky; y con el cubano Ydalberto Ferrera, un anciano de 96 años que luchó contra Machado en 1935, contra Batista en 1959, y por el socialismo hasta 1965, año en que los rusos lo hicieron meter preso en La Habana por ser trotskista. A esa edad compartía con Celia reuniones a las que llamaban con cierta nostalgia "nuestra reunión de célula", que eran ella, él y algún asomao de vez en cuando. Es posible que Ydalberto sea, junto con el argentino Liborio Justo, los dos primeros trotskistas del continente.
En el "Aló Presidente" realizado en el Teatro Teresa Carreño dos días después del homenaje, el mismísimo Hugo Chávez rescató el ejemplo de Trotsky, "aquel revolucionario ruso que nos enseña que las revoluciones deben ser continuas para no frenarse, y que deben ser internacionales, como hizo Bolívar en su época". E invitó a Celia, a Napurí y al nieto de Trotsky a tomar el micrófono para decir en pocos minutos lo que nadie, durante medio siglo, se había atrevido nunca a mencionar en un escenario similar. Y con la misma libertad política explicamos en programas de radio y televisión lo que queda de actual en la obra de León Trotsky. Es posible que aquella ofrenda en Caracas haya sido el único acierto político del entonces ministro de Trabajo, un obrero trotskista convertido en ministro en enero de 2007. Meses después fue derrotado por una huelga obrera (impulsada por otros trotskistas) en Sidor y echado del Gabinete por favorecer a Techint. Pero esa es otra historia, y Celia Hart no tiene por qué ocuparse de ella.
No desde ayer, desde que un huracán se la llevó para siempre en La Habana, según dicen.
Guerrero, Modesto Emilio
Guerrero, Modesto Emilio. Ligado orgánicamente al proceso venezolano por su militancia sindical y política desde 1973 hasta 1993, cuando se instaló en la Argentina. En 1982 fue electo diputado. Fue representante de la Unión Nacional de Trabajadores (UNT) hasta 2006. En julio de 2007 fundó el PSUV en Buenos Aires, la primera expresión de ese partido fuera de Venezuela. Su labor difusora de la revolución bolivariana en la Argentina lo ha convertido en una fuente obligada de informaciones para la prensa y de análisis para movimientos políticos y sociales. Ha pronunciado conferencias en Noruega, Chile, Uruguay, Brasil y Argentina. Es autor de Cuentos, Relatos y Poemas (1985), Haití: El Último Duvalier (1986), Panamá, Soberanía y Revolución (1990), Mercosur: Origen, Evolución, Perspectivas (2005), El Mercosur y la Revolución Bolivariana (2006), Reportajes sobre América latina (2007), la biografía analítica ¿Quién inventó a Chávez? (2007,1ª ed. 6000 ejemplares agotados y en preparación en portugués y alemán). Su otro libro biográfico, Reportaje con la Muerte (2002), sobre el periodista argentino Leonardo Henrichsen asesinado en Chile en 1973, fue llevado al cine en 2008 bajo el título “Aunque me cueste la vida”. Especializado en análisis internacional; fue director del semanario socialista La Chispa (Venezuela), redactor de Revista de América (Colombia); en Argentina, editor-jefe del diario Mercosur.Com y de la revista bilingüe Comersur especializada en integración. Es corresponsal del diario bolivariano Aporrea, y de El Independiente (El Salvador); escribe columnas de opinión en el diario Página 12 y las revistas ContraEditorial y Buenos Aires Económico. Es colaborador de la revista Herramienta.
miércoles, 3 de febrero de 2010
INVITACIÓN A PRESENTACIÓN DE LIBRO DE CELIA HART "LES DEBO VERLOS LIBRES"

Feria Internacional del Libro de La Habana
El Centro de Estudios Martianos y la Sociedad Cultural José Martí lo invitan el 14 de febrero de 2010 a las 2:30 p.m., en la Sala Nicolás Guillén de La Cabaña, a la presentación del libro
Les debo verlos libres
(Cartas cruzadas y artículos con los
Cinco Héroes)
Celia María Hart Santamaría
PRÓLOGO
Mirta Rodríguez
Madre de Antonio Guerrero Rodríguez
domingo, 31 de enero de 2010
Un recuerdo sobre el Che.

Ante cada nuevo e importante acontecimiento llega a mi espíritu la nostalgia de no poder escuchar los comentarios del Che ni conocer las iniciativas que tendría sobre lo sucedido. Por eso hoy, con motivo del 8 de octubre, al evocar el treinta y tres aniversario de su ascenso definitivo a la inmortalidad, deseo compartir las siguientes reflexiones:
En la primera tesis sobre Feuerbach, Marx y Engels afirman:
"El defecto fundamental de todo el materialismo anterior —incluido el de Feuerbach— es que solo concibe las cosas, la realidad, la sensoriedad, bajo la forma de objeto o de contemplación, pero no como actividad sensorial humana, no como práctica, no de un modo subjetivo". (el subrayado es nuestro).
En El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, Engels señaló que (...) "la civilización ha realizado cosas de las que distaba muchísimo de ser capaz la antigua sociedad gentilicia. Pero las ha llevado a cabo poniendo en movimiento los impulsos y pasiones más viles de los hombres y a costa de sus mejores disposiciones". (el subrayado es nuestro).
Resulta imprescindible tomar estas ideas como punto de partida para cualquier análisis científico y filosófico acerca del papel de lo subjetivo y por tanto de la formación del hombre nuevo que postuló el Che. Fue precisamente a esas "mejores disposiciones" a las que se refería el Che cuando insistió en los estímulos morales.
Lo que no tuvieron en cuenta quienes convirtieron en materialismo vulgar las ideas socialistas es que el hombre forma parte también de la naturaleza o, si se prefiere decir así, de la materia.
Fueron los que rechazaron los planteamientos del Che por subjetivos y acabaron desencadenando un proceso que destruyó dramáticamente al "socialismo" llamado paradójicamente "real". También fueron incapaces de comprender que el llamado "sistema bipolar" estaba condenado a muerte porque el desarrollo económico, científico y técnico de la humanidad conducía a superarlo bien desde la derecha o desde la izquierda.
El Che y la Revolución cubana trabajaban por superar la bipolaridad desde la izquierda, y como no se hizo desde ella, ocurrió de forma que sirvió a la reacción y nos ha conducido al hegemonismo unipolar caotizante. ¿Qué pensaría el Che de las nuevas situaciones creadas en el mundo de hoy? Siendo consecuente con su pensamiento es necesario situar la subjetividad en el más amplio plano de la cultura como lo está planteando el compañero Fidel.
Los problemas que el Che abordó en la década del 60, en relación con los aspectos subjetivos y morales, tienen que ver con lo que le faltaba al llamado socialismo real. No se trata aquí de hacer el análisis detallado, pero sí de subrayar, con la lectura de El socialismo y el hombre en Cuba y el conocimiento de las ideas esenciales de Guevara acerca de los factores subjetivos, confirmados por la experiencia histórica, que no es posible hacer una revolución socialista verdadera sin tener en cuenta los factores de la superestructura. La complejidad de este tema solo puede abordarse a partir de estudiar la cultura de cada pueblo y las ideas, de valer universal, de Carlos Marx.
Alguien me dijo una vez críticamente que yo consideraba que todo era cultura. Le respondí: ella está en todo y donde no se halla se encuentra la ignorancia, el camino de la barbarie y también, recordando a Luz y Caballero, la mediocridad carente de entusiasmo creativo.
Desde la perestroika se dijo, con intención de restarle importancia a la cultura, que en lo adelante Marx quedaría como una cuestión cultural. Yo pensé ¿y les parece poco? Por ahí precisamente empezó Marx. Para enfrentar concretamente el análisis de su importancia práctica es preciso estudiar los componentes más universales del hecho cultural en sí. Se refieren, entre otros, a los siguientes:
—al lenguaje, incluida desde luego la escritura;
—los sistemas éticos;
—los sistemas de derecho.
Ahí está el núcleo esencial inicial de la cultura. Las leyes descubiertas por Marx y Engels existen y se desarrollan a partir de estos tres factores, fuera de ellos tienen existencia real. Es metafísica hablar de leyes económicas sin tener en cuenta el lenguaje que se emplea, la ética que aspiramos aplicar y el sistema de derecho que pongamos en práctica. Las luchas ideológicas sin el estudio de estas tres formas esenciales de la conciencia social sería incompleta o inexistente. Desde luego, ellas actúan a partir del desarrollo de las fuerzas productivas alcanzado en una sociedad dada y con el apoyo de las formas de hacer política y la práctica de la educación entendida esta última en su acepción más amplia.
No se entendió bien en la práctica socialista predominante en el siglo XX que las concepciones del Che concebían una relación dialéctica entre lo ético como sistema de normas de conducta social de un lado, y el análisis riguroso y científico de la realidad del otro.
La sustancia ética del Che y de lo mejor del pensamiento político latinoamericano equivale a luchar por un perfeccionamiento de la conducta humana y, a la vez, empeñarse por la liberación social. La síntesis de estos dos planos está en el trasfondo de lo más elaborado de nuestra cultura. De otra forma, llegaríamos al inmovilismo y a la negación de toda voluntad de transformación. Lo original del Che se halla en forjar un carácter capaz de combatir por un ideal de redención y de morir, si fuera necesario, en defensa de ese objetivo.
Si no podemos en nuestras vidas alcanzar esta aspiración, habrá otros que continúen con la antorcha encendida. Este es el sentido más trascendente de su expresión, cuando dijo: "En cualquier lugar que nos sorprenda la muerte, bienvenida sea, siempre que ese, nuestro grito de guerra, haya llegado hasta un oído receptivo, y otra mano se tienda para empuñar nuestras armas, (...)".
De eso se trata, marchar por la vida contribuyendo, en la medida de nuestras fuerzas, a la redención universal del hombre. El Che fue de los que recorrió la vida brindando un ejemplo que ilumina el siglo XXI.
ARMANDO HART DAVALOS
7/10/2000
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