sábado, 5 de septiembre de 2026
viernes, 4 de septiembre de 2026
Milei reivindica a Pinochet y traza la ruta de “su” régimen político
Cuarenta y cinco años después, Milei pisó Santiago para reivindicar la gestión económica y política del pinochetismo, es decir, la liquidación de las conquistas obreras y democráticas de la clase obrera chilena a costa de sangre y de fuego. Pero no lo hizo por interés histórico, sino para marcar la hoja de ruta del régimen político que él encabeza en la Argentina. Milei agregó, en su discurso, la alusión infaltable a los “zurdos mugrosos”, y se pavoneó de un dato escalofriante y desconocido: la deportación de 14.000 extranjeros en el último año. El liberticida repitió su libreto acerca de la “conspiración” que en el Congreso llevó a la aprobación de “un conjunto de leyes sin presupuesto”, lo que equivale a decir que todas las normas parlamentarias que no provengan de la iniciativa oficialista serán vetadas o simplemente desconocidas, como ocurre hoy con la Ley de Financiamiento Universitario. Pero, además, extendió la conspiración a las “reiteradas marchas”, abriendo la puerta a una ilegalización de las demostraciones callejeras que supere al actual “protocolo” represivo, varias veces desbordado por las acciones masivas.
En las últimas semanas, Milei ha digitado el nombramiento de casi 200 jueces y fiscales, con la colaboración del pejotakirchnerismo en el Senado. Un poder fundamental del Estado ha quedado blindado para, a su vez, blindar al régimen político y sus tropelías -los aventureros de $Libra, el desfalco de los recursos de discapacidad, los coletazos del caso Cerimedo. El kirchnerismo tramita, a cambio de ese respaldo, un indulto a favor de Cristina Kirchner. El Banco Central, también con voto “consensuado”, ha consagrado a un directorio virtualmente vitalicio -el que coloque la moneda y el conjunto del régimen financiero al servicio del pago de la deuda pública. Finalmente, el gobierno se dispone a tratar en el Senado una reforma política que podría dejar en pie a un puñado de partidos que se cuenten con los dedos de una sola mano.
El camino del régimen de excepción contra la clase obrera está trazado, y el círculo rojo lo sabe muy bien. En la Unión Industrial algunos imaginaban un desplante de la gran burguesía argentina al gobierno, después de que éste vaciara de funcionarios la celebración del Día de la Industria. Pero no: la cúpula de la UIA reivindicó al “modelo” liberticida y se limitó a pedir un “puente”, es decir, un rescate de sus intereses. Para ello, la formula que planteo Rapallini fue clara: “RIGI para todos y todas”, es decir, extender el régimen de libertad de remisión de utilidades y exención de impuestos al conjunto de los capitalistas, y no solamente a la minería, el petróleo o el agro. Rapallini le pidió a Milei convertir a la Argentina en una gigantesca zona franca, algo que sólo podría tener lugar llevando a menos de cero el sostenimiento estatal a la educación, la salud o las jubilaciones. Es el régimen pinochetista que Milei reivindicó en Santiago de Chile.
Milei culminó su alocución trasandina con una reivindicación “trumpista” del nacionalismo: “Hacer grande a la Argentina” como Protectorado del imperialismo norteamericano, y como peón de sus intereses estratégicos en el subcontinente y, particularmente, en el Atlántico Sur. Es posible que esa alusión “nacional” prepare la cadena nacional de esta noche. Una vez más en la historia argentina, el patrioterismo podría ser usado de gancho para “alardear” contra Inglaterra, y suplicarle a Trump la cogestión militar y política de la plataforma continental.
El fascismo de Milei, peón de un Trump jaqueado por el impasse de la guerra y de un tembladeral financiero internacional, sólo será abatido por una acción histórica de los trabajadores.
Marcelo Ramal
03/09/2026
jueves, 3 de septiembre de 2026
Islandia: el No a la Unión Europea en el escenario ártico de la guerra imperialista
La consulta del 29 de agosto fue presentada por el gobierno de Islandia como una cuestión económica y de soberanía, pero estuvo atravesada por la guerra, la política de Donald Trump sobre Groenlandia, el fortalecimiento militar de la OTAN y la disputa por los recursos estratégicos del norte. La participación, del 82,5 %, y lo estrecho del resultado muestran el interés político que despertó en la población.
La primera ministra Kristian Frost Dottir había impulsado la reanudación de las negociaciones con Bruselas, sede de las instituciones de la Unión Europea (UE).
Este referéndum islandés guarda una estricta relación de época con el Brexit británico de 2016, reflejando la tendencia general a la disgregación de los bloques económicos mundiales. El Brexit supuso la salida traumática de una potencia imperialista integrada al bloque. Lo de Islandia es un portazo ‘preventivo’, porque continuará dentro del Espacio Económico Europeo (EEE) y de Schengen.
Esta continuidad permite comprender el alcance limitado del plebiscito: Islandia permanece profundamente integrada al mercado europeo sin convertirse en miembro de la UE.
Dos sectores de la burguesía
El campo del Sí estuvo encabezado por la socialdemocracia gobernante, la coalición Alianza Socialdemócrata, ligada al capital financiero de Reikiavik, a los sectores importadores y a sectores liberales favorables a una mayor integración con Europa. Su argumento fue que, en un mundo atravesado por guerras, inflación, tensiones comerciales y la ofensiva estadounidense en el Ártico, Islandia necesitaba estrechar su relación con la UE.
Utilizaron el chantaje de la inestabilidad económica global y el aumento del costo de vida para vender la ilusión de que el euro y el paraguas de Bruselas salvarían el poder adquisitivo, aportarían estabilidad monetaria y terminarían con las elevadas tasas de interés (8 %) que pesan sobre familias y empresas. La inflación alcanzó el 5,3 % anual en julio.
Pero el euro no resuelve la especulación inmobiliaria, el endeudamiento familiar hipotecario, la concentración bancaria ni la transferencia de los costos de la crisis hacia los trabajadores. En cambio, ata su economía al ajuste fiscal que dicta Bruselas. El ejemplo histórico de Grecia, España o Portugal demuestra que la moneda única europea se utiliza para rescatar a los grandes bancos y aplicar planes de austeridad brutales contra los trabajadores, congelando salarios y recortando el gasto público. El problema de fondo no es la corona o el euro, sino la especulación inmobiliaria y el control capitalista de la banca.
El No estuvo fuertemente sostenido por el sector pesquero y por los sectores conservadores tradicionales, representados por el Partido de la Independencia, el populismo de derecha del Partido del Pueblo y el campesinado rural.
La pesca fue decisiva: representa aproximadamente el 15 % del PIB y el 40 % de los ingresos por exportaciones, mientras cerca del 90 % de las empresas pesqueras se oponían a la adhesión.
La burguesía pesquera quiere conservar el control de las cuotas y los recursos marítimos. La defensa de la soberanía fue el principal argumento contra la UE. El rechazo a Bruselas puede conservar las ganancias de los armadores islandeses, del mismo modo que la adhesión a la UE puede servir al capital financiero europeo.
Groenlandia coloca a Islandia en el centro del tablero
La cuestión que atraviesa el plebiscito es: ¿qué lugar ocupa Islandia en la reorganización militar del Atlántico Norte?
La política de Donald Trump respecto de Groenlandia convirtió al Ártico en una cuestión inmediata para los países de la región. Groenlandia, territorio autónomo dentro del Reino de Dinamarca, posee una posición estratégica por sus recursos, rutas marítimas y ubicación frente a América del Norte y Europa.
Islandia, a 290 km de Groenlandia, ocupa una posición igualmente estratégica. Es miembro de la OTAN, aunque no posee ejército permanente propio, y su territorio forma parte del dispositivo militar de vigilancia del Atlántico Norte. Está situada entre América del Norte y Europa y próxima a las rutas que conectan el Atlántico con el Ártico.
La cuestión de Groenlandia no es, por tanto, un episodio aislado de la política exterior norteamericana que implica la subordinación de Europa. Expresa una tendencia más profunda: las grandes potencias convierten nuevamente al Ártico en un espacio de competencia militar, comercial y energética.
El gobierno de Reikiavik presentó la integración europea como una forma de fortalecer la posición de Islandia frente a Washington, pero el país ya está incorporado militarmente al bloque occidental mediante la OTAN.
Islandia carece de fuerzas armadas propias. Históricamente, su territorio ha sido entregado como una gigantesca base de operaciones y vigilancia para el imperialismo occidental, a través del acuerdo de defensa bilateral con los EE. UU. en la base de Keflavík.
A pesar de la derrota en las urnas del ala pro UE, la ministra de Relaciones Exteriores del actual gobierno, Katrín Gunnarsdóttir, ya adelantó que la línea del Estado tras el plebiscito será “profundizar la cooperación atlántica y fortalecer la defensa nacional”. Esto significa que el Gobierno, bloqueado en su intento de integración europea, se recostará aún más en los dictados militares de la OTAN y en las exigencias operativas de los Estados Unidos. El régimen de Reikiavik capitula frente al militarismo y queda atado de pies y manos al aparato militar de la OTAN.
El EEE y Schengen: ¿a quién benefician?
Islandia ya posee una profunda integración económica con Europa a través del Espacio Económico Europeo.
El EEE establece el libre comercio de bienes y capitales y permite la libre circulación de mercancías, servicios y trabajadores. Las empresas islandesas pueden vender sus productos en Europa sin pagar aranceles, es decir, impuestos de aduana. Al mismo tiempo, el EEE excluye la pesca y la agricultura.
La Zona Schengen, por su parte, establece la libertad de tránsito y elimina las fronteras interiores entre los países firmantes.
La pertenencia de Islandia a la Zona Schengen y al EEE funciona como una aceitada maquinaria de precarización laboral. Al permitir el libre tránsito de personas y trabajadores, las cámaras patronales de la construcción en Reikiavik han encontrado una mina de oro: la importación de fuerza de trabajo barata proveniente de los países de Europa del Este, principalmente de Polonia, Rumania y Lituania.
El discurso del bloque que defendía el SÍ a la Unión Europea presentaba al derecho europeo como un faro de progreso social. Sin embargo, la realidad de la jurisprudencia del EEE demuestra que las directivas de Bruselas están diseñadas para proteger la libertad de empresa por encima de los derechos conquistados por la clase obrera.
Además, rige la Supremacía del Mercado Único: el Tribunal del EEE aplica la doctrina de que las leyes nacionales o los convenios sindicales no pueden “obstaculizar el libre comercio ni la libre prestación de servicios”. Si un sindicato islandés exige a una empresa extranjera radicada en la isla que se adapte estrictamente al convenio local, la empresa puede demandar al Estado argumentando que se viola su libertad de mercado.
Bajo las directivas europeas de adaptabilidad, se han metido cláusulas que permiten legalizar el banco de horas, las jornadas laborales fraccionadas y la extensión de horas extras sin el pago de recargos históricos. Esto golpea de lleno a las plantas de aluminio y a la industria del pescado procesado, donde las patronales exigen disponibilidad absoluta según los flujos de producción del mercado global.
Para los trabajadores, ninguno de los dos campos ofrece una salida, porque la clase obrera queda fuera de la decisión sobre los recursos y la economía.
El No no modifica esta subordinación
La vulnerabilidad económica de Islandia constituye una carga estructural. La deuda externa total representa aproximadamente el 75 % del PBI.
La economía actual está fuertemente indexada al turismo global y a la inversión extranjera en energía. Cualquier recesión mundial o recrudecimiento de la guerra comercial de Trump golpeará los ingresos de divisas, reabriendo el escenario de quiebra financiera y ataques a las condiciones de vida de la población trabajadora.
Las tensiones industriales en el sector pesquero son constantes: los marineros y procesadores de pescado enfrentan jornadas extenuantes y salarios atados al valor volátil de las capturas, mientras las patronales pesqueras embolsan ganancias extraordinarias libres de las regulaciones ambientales y obreras que rigen en el continente europeo.
Por otro lado, aprovechando la abundancia de energía geotérmica e hidroeléctrica barata, multinacionales extranjeras, como Alcoa o Rio Tinto, han instalado fundiciones de aluminio masivas. Islandia importa el mineral en bruto y exporta el aluminio procesado. Esto convierte al país en un enclave donde los recursos naturales son saqueados por monopolios transnacionales a cambio de empleo precarizado y un alto impacto ambiental en las regiones naturales.
Tras la crisis bancaria de 2008, la burguesía reconvirtió al país en un parque de diversiones natural. El turismo genera puestos de trabajo estacionales, flexibilizados y de baja calificación, mientras profundiza una feroz crisis de vivienda en Reikiavik, impulsada por la especulación inmobiliaria.
El interés de la clase obrera: contra la guerra imperialista y el capital
La situación de Islandia concentra problemas centrales de la etapa: una pequeña nación en una posición estratégica; una economía dependiente del mercado mundial; una enorme riqueza energética; una industria pesquera decisiva; multinacionales que utilizan sus recursos naturales; una población sometida a inflación y tasas de interés elevadas; y un territorio incorporado al dispositivo militar de la OTAN cuando el Ártico vuelve a convertirse en zona de disputa entre grandes potencias.
La respuesta no puede ser una mayor militarización de Islandia ni su subordinación a la OTAN bajo el argumento de defenderse de Rusia o China. Tampoco puede ser la ilusión de que Bruselas constituye un escudo frente a Washington.
La clase trabajadora debe rechazar la utilización de Islandia como plataforma militar del imperialismo.
Fuera las bases y dispositivos militares del Atlántico Norte. No a la militarización de Islandia y del Ártico.
Por la nacionalización de la banca y del sistema financiero bajo control de los trabajadores, de los recursos energéticos y de las grandes empresas de pesca y aluminio. Control obrero de las cuotas pesqueras y de la explotación de los recursos naturales. Ruptura con toda forma de subordinación económica y militar a los bloques imperialistas. Coordinación de las luchas de los trabajadores islandeses con los trabajadores de Europa, América y los pueblos del Ártico.
El No del 29 de agosto expresa una fractura del régimen en medio de los choques dentro de la UE -Ceuta-, pero no una solución para la población trabajadora.
La burguesía islandesa deberá seguir navegando entre Bruselas y Washington, entre la dependencia del mercado mundial y la defensa de sus propios monopolios.
La clase obrera, en cambio, tiene otra perspectiva.
Ni Bruselas ni Washington: por la unidad internacional socialista de los trabajadores contra la guerra imperialista y contra el capital.
Silvia Jayo
02/09/2026
miércoles, 2 de septiembre de 2026
martes, 1 de septiembre de 2026
"Capitalismo dopamínico": el juicio a Meta y las plataformas digitales diseñadas para generar adicción
Por primera vez, uno de los gigantes tecnológicos se ve obligado -bajo presión judicial y numerosas y fuertes denuncias- a reconocer en los hechos, aunque no en las palabras, que sus plataformas fueron construidas para atrapar la atención de los más jóvenes.
Dopamina, adicción y pérdida de concentración
Diversos estudios muestran que el formato de videos cortos, combinado con la lógica del scrolling infinito y el algoritmo de las redes sociales, favorece picos constantes de dopamina debido a la sucesión ininterrumpida de estímulos. Este mecanismo puede generar adicción: cada vez se necesitan más videos para alcanzar el mismo nivel de satisfacción. Esto explica por qué, una vez que entramos en ese circuito, podemos pasar horas "enchufados" casi sin advertirlo. "Entre los efectos adversos encontramos: incapacidad de concentración y una dificultad para actividades que requieran de un esfuerzo cognitivo mayor como la lectura, el cine, el estudio o incluso el trabajo. Si esto se prolonga en el tiempo, puede ser muy perjudicial para la salud humana, disminuyendo considerablemente las capacidades cognitivas" (Infobae, 21/08/25). Los contenidos efímeros y fácilmente digeribles, junto con el bombardeo informativo constante, acostumbran al cerebro a rechazar aquello que requiere profundidad o reflexión. Se consolida así una dependencia inconsciente a la dopamina inmediata.
A esto se suma la posibilidad -ofrecida por las propias plataformas- de aumentar la velocidad de reproducción. "Una encuesta realizada a estudiantes de California reveló que el 89 % cambiaba la velocidad de reproducción de las clases online" (BBC, 11/07/25). La idea de "optimizar el tiempo" y hacer múltiples tareas simultáneamente (ver una serie mientras se revisa el celular, escuchar clases aceleradas, consumir contenido en paralelo) termina afectando la memoria y la comprensión. "Nuestra memoria de trabajo tiene una capacidad limitada; si llega demasiada información demasiado rápido, esta puede desbordarse. Esto provoca una sobrecarga cognitiva y la pérdida de información" (ídem). El cerebro no alcanza a procesar lo que recibe. Se consume más, pero se comprende menos.
El algoritmo busca retenerte para venderte
Los algoritmos de las redes sociales se han perfeccionado en función del mercado. Hoy persiguen un objetivo central: la retención del usuario. Cuanto más tiempo se permanece en la plataforma, más publicidad se consume y más se enriquecen las empresas (TikTok, Meta, Google). Por eso se premia el contenido adictivo, polémico o emocionalmente extremo, independientemente de su veracidad o calidad. "Ya no basta con alcanzar a muchas personas: lo que importa es mantenerlas enganchadas, generar interacción constante y construir relaciones estables con la marca. [...] las plataformas compiten por captar segundos de atención, la retención de la audiencia" (ID Digital School, 17/11/2025). El scrolling infinito refuerza este circuito: si un video aburre, se salta; si atrapa, se mira completo y se consume otro más. La expectativa permanente de un nuevo estímulo mantiene activo el sistema de recompensa. En palabras de los propios magnates de Silicon Valley, "el modelo de negocio es otro: el producto es gratis, pero se recogen datos y se ponen anuncios. Por eso, el objetivo hoy es que el usuario pase más tiempo en la aplicación, para poder recoger más datos o poner más anuncios. Es decir, la razón de ser de la aplicación es que el usuario pase el mayor tiempo posible ante la pantalla. Están diseñadas para eso" (El País, 24/03/19). Es el diseño central de estas plataformas.
Precisamente eso fue lo que los fiscales generales de California, Colorado, Kentucky y Nueva Jersey lograron poner por escrito en un tribunal: que Meta recopiló datos de menores sin consentimiento parental y utilizó esa información para entrenar sus propios modelos de inteligencia artificial (El Nacional.cat, 26/08). El "diseño central" que describían los propios magnates en 2019 dejó de ser una hipótesis periodística para convertirse en el objeto de una demanda judicial de cientos de miles de millones de dólares.
Los hijos de Silicon Valley no usan pantallas
La burguesía tecnológica conoce perfectamente los efectos de las herramientas que produce. Y, por eso mismo, mantiene a sus propios hijos alejados de ellas. "En el Waldorf of Peninsula, colegio privado donde se educan los hijos de directivos de Apple, Google y otros gigantes tecnológicos que rodean a esta antigua granja en la bahía de San Francisco, no entra una pantalla hasta que llegan a la secundaria". El propio Steve Jobs declaró que su creación, el iPad, estaba "en la escala entre los caramelos y el crack, más cerca del crack" (El País, 24/03/19).
Mientras tanto, la industria cultural se adapta a esta lógica. Matt Damon declaró que Netflix exige reiterar la trama en los guiones porque sabe que los usuarios miran películas mientras usan el celular. En TikTok se popularizaron series verticales de un minuto por capítulo. Disney+ anunció que incorporará un feed personalizado de videos verticales: "Al igual que ocurre en redes sociales como TikTok, el nuevo formato de vídeos verticales de Disney+ funcionará como un feed personalizado, adaptado a los intereses y preferencias de cada usuario" (Infobae, 8/01). La fragmentación y estupidización se vuelven norma.
Deepfakes, desinformación y la disolución de la realidad
Mark Zuckerberg anunció que Meta profundizará la integración de inteligencia artificial para producir y remezclar contenido masivamente. "La primera fue cuando todo el contenido provenía de amigos, familiares y cuentas que seguías directamente. La segunda fue cuando añadimos todo el contenido de los creadores. Ahora que la IA facilita la creación y remezcla de contenido, vamos a añadir otro enorme corpus de contenido" (BBC, 25/02).
El problema ya no son los videos humorísticos falsos. La desinformación política se potencia exponencialmente. "En 2025, la tecnología se empleó estratégicamente como arma política: casi el 45 % del contenido generado por IA tenía un sesgo ideológico, en comparación con el 33 % del año anterior" (Agencia Brasil, 6/02). Un estudio en India señala que "incluso cuando los usuarios saben que se trata de un video falso, prefieren no realizar ninguna acción y, a veces, comparten voluntariamente vídeos no veraces pero que favorecen su visión del mundo" (Revista de Ciencias de la Comunicación e Información. 2024. Vol. 29, 1-14). Si todo puede ser falso y todo puede ser verdadero, la verdad pierde peso. La realidad se diluye en la posverdad.
Una investigación de The Guardian reveló que un supuesto centro de estudios estadounidense, el Hanover Institute for Public Policy, publicó 124 informes y más de 560.000 palabras en apenas nueve días, presentados como investigación académica neutral sobre el genocidio en Gaza, los crímenes de guerra israelíes y el hambre en Gaza (The Guardian, 26/08). El "instituto" no existe como entidad legal en ninguna jurisdicción, no tiene sede física ni personal identificable: es la fachada de una campaña financiada con decenas de millones de dólares por el gobierno israelí y canalizada a través de la agencia Havas Media hacia contratistas estadounidenses como Piro Inc. y Clock Tower X, la firma del exjefe de campaña digital de Trump, Brad Parscale.
Lo decisivo es el destinatario del operativo: casi todos los títulos estaban formateados como preguntas -al estilo de lo que un usuario tipearía en un chatbot- y el sitio llegó a incluir un archivo técnico pensado específicamente para que sistemas como ChatGPT, Perplexity, Claude y Gemini citaran ese contenido como fuente. El objetivo de fondo, según explicó a The Guardian el investigador Nick Cleveland-Stout, no era tanto el lector ocasional sino los datos de entrenamiento: los sitios de la misma red ya habían sido rastreados centenas de veces por Common Crawl, el repositorio que alimenta a buena parte de los modelos comerciales de IA. No se trata ya de manipular a un lector humano, sino de contaminar la fuente misma de la que beben las máquinas que cada vez más personas usan para informarse. Y lo más revelador es que, según trascendió, funcionarios israelíes admitieron que la campaña fracasó en su objetivo declarado de mejorar la imagen del país: "Hasbara siempre es el refugio de todos los fracasos" (The Guardian, 26/08), ironizó ya en 2015 el político israelí Yossi Sarid, citado en la nota. La propaganda puede ganar la carrera técnica de colonizar a las máquinas y perder, al mismo tiempo, la batalla por la opinión pública: dos derrotas que conviven porque responden a lógicas distintas, la del control informacional y la de la legitimidad política. Cuando la frontera entre realidad y ficción desaparece, la manipulación política se vuelve estructural.
Capitalismo digital: control, lucro y degradación cognitiva
Nada de esto es accidental. El deterioro de la atención, la fragmentación del pensamiento y la saturación informativa son consecuencias lógicas de un modelo de negocios basado en la monetización del tiempo y los datos. Meta sigue negando haber actuado mal, mientras separa apenas una fracción de sus ingresos anuales -201.000 millones de dólares en 2025- para pagar una multa que le permite seguir operando exactamente el mismo modelo de negocio (Infobae, 26/08). La economía digital transforma la atención humana en mercancía. Cada segundo retenido es dinero. Cada reacción emocional es un dato explotable. La lógica del capital busca maximizar la permanencia frente a la pantalla y la manipulación de las masas. Mientras la burguesía tecnológica protege a sus propios hijos de los efectos de estas herramientas, la clase obrera es empujada a un consumo masivo que deteriora concentración, memoria y capacidad crítica. Es una veta más del control social en una etapa de crisis histórica del capitalismo.
En un mundo atravesado por la tercera guerra mundial, ajustes y reformas regresivas, la degradación cognitiva facilita la manipulación y dificulta la organización consciente. Un cerebro saturado y fragmentado es más dócil que uno reflexivo y concentrado. La disputa por el tiempo, la atención y la capacidad de pensar se convierte así en parte de la lucha de clases contemporánea. La tecnología, bajo el dominio del capital, se orienta a la rentabilidad y al disciplinamiento social. Liberada de esa lógica, podría servir al desarrollo integral de la humanidad. Pero eso exige cuestionar el poder de quienes hoy diseñan las pantallas que nos diseñan a nosotros — y que ahora, además, entrenan a las máquinas que nos dicen qué es verdad.
Iara Bogado
29/08/2026
El chavismo residual entrega el petróleo venezolano a Trump
El acuerdo cambia potencialmente el tablero energético global, ya que la empresa binacional pasaría a ser la segunda más grande del mundo, antecedida solo por la saudí Aramco, en virtud de la magnitud de las reservas en juego. Trump declaró en sus redes que “esta transacción histórica duplica con creces las reservas de petróleo estadounidenses, aumenta enormemente nuestro suministro de petróleo y reducirá sustancialmente los precios de la gasolina para todos los estadounidenses durante mucho tiempo”. Con independencia de esto, la existencia de nuevas reservas no aumentará el suministro ni hará bajar el precio del combustible automáticamente, que es lo que el fascista necesita cuando faltan menos de tres meses para las elecciones de medio término. Pero se ha apropiado de un activo estratégico en el escenario de una guerra mundial, porque Estados Unidos pasa a ser copropietario de una petrolera. A pesar de que Trump se refiere al proyecto como una iniciativa privada, el Wall Street Journal reveló que el Pentágono, a través de su Oficina de Capital Estratégico, tomó una participación del 35 % de la empresa. Sumando derechos de adquisición sobre la producción de crudo a precio de costo, según funcionarios de la Casa Blanca, Estados Unidos retendrá el control del 55 % de la empresa. El segundo gran operador es NABEP, una empresa controlada por un magnate venezolano que vive en Reino Unido. NABEP ya explota 200.000 barriles diarios en Lago de Maracaibo, pero no es un operador convencional, sino un consorcio financiero que necesita convocar a inversores. El tercer dueño de la empresa, en una porción minoritaria, es el Estado venezolano.
Con este convenio, Estados Unidos se asegura el control mayoritario de más de 65.000 millones de barriles de crudo en reservas probadas de la Faja Petrolífera del Orinoco, cuando sus reservas estratégicas han caído a mínimos históricos. El plan de la flamante compañía ´binacional´ es elevar la producción a más de 1,5 millones de barriles diarios. El esquema fiscal fija regalías mínimas del 16 % y un impuesto sobre la renta del 34 % para el Estado venezolano. En el anuncio del sábado, Delcy ponderó el 16 % de las regalías al compararlo con el 1 % que Venezuela recibía en los años 90. Pero la Ley Orgánica de Hidrocarburos de Chávez -que su gestión del protectorado modificó este año según los deseos de Trump- establecía que Venezuela debía recibir 30 % en concepto de regalías como base. Delcy Rodríguez aduce que el petróleo sigue siendo de Venezuela. Sin embargo, el control operativo de la empresa queda en manos de Estados Unidos, así como el grueso de las ganancias por la explotación y el crudo mismo. El chavismo residual ha ido preparando el terreno para esta entrega, destruyendo toda la estructura legal heredada del chavismo, a instancias de Trump. La modificación de la Ley Orgánica de Hidrocarburos les permitió este año a las empresas operar directamente, sin intermediación de PDVSA.
Trump está urgido por asegurar el petróleo venezolano para Estados Unidos tras su empantanamiento en Ormuz. La crisis energética global que generó con el ataque a Irán ha acelerado la carestía y el desplome de los republicanos en las encuestas. Pero más allá de esto, para el imperialismo, Venezuela -como Irán- es una ficha en la guerra contra China. Las negociaciones fueron coordinadas por el secretario de Energía, Chris Wright, pero también intervinieron directamente el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, junto al secretario de Defensa, Pete Hegseth. El acuerdo llega pocos meses después de la intervención militar estadounidense que secuestró al presidente Nicolás Maduro en enero. Venezuela fue una de las fichas que se movió entre la guerra de los 12 días contra Irán en 2025 y el ataque que comenzó ocho meses después y se prolonga hasta hoy. Estados Unidos intenta cortarle las rutas comerciales y el suministro de energía fósil a China. Una evidencia del apremio de Trump es que decidieron no esperar a que se cumplan las formalidades del caso y el acuerdo fuese tratado en la Asamblea Nacional de Venezuela, un órgano que Delcy controla a través de su hermano, Jorge Rodríguez, y donde tenía aprobación asegurada, lo cual viola la Constitución venezolana.
Sin embargo, no queda claro de dónde provendrían las nuevas inversiones que serían canalizadas a través de NABEP. Una posibilidad es la venta de bonos de deuda y paquetes accionarios para atraer fondos de inversión institucionales. Tampoco se sabe dónde queda PDVSA en todo esto. Hay empresas como Exxon Mobil y ConocoPhillips que hasta ahora se han negado a volver a operar en Venezuela, a pesar de las condiciones favorablemente leoninas que les ofrece el chavismo residual. Estas empresas todavía reclaman indemnizaciones por las nacionalizaciones llevadas adelante por Chávez en 2007, a pesar de que Venezuela pagó cientos de millones de dólares por la nacionalización de los activos de Exxon en su territorio. Conoco sigue yendo por todo, a pesar de que también cobró 745 millones de dólares como compensación.
Sin embargo, además de las empresas que continuaron operando durante el gobierno de Maduro, como Chevron o la italiana ENI, este año se sumaron otras, como Shell, a partir de la modificación de la ley de hidrocarburos.
La cuestión de fondo para las empresas es la legalidad jurídica de este acuerdo. Delcy Rodríguez es la presidenta interina de un gobierno cuestionado por las denuncias de fraude. Para traer ´tranquilidad´ a los operadores, la oposición venezolana representada por María Corina Machado -desechada como alternativa por Trump hasta ahora- ha manifestado su acuerdo con el convenio. Lo mismo ha dicho la oposición cortesana, que varias veces ha pactado con Maduro.
Fractura en el chavismo
Las movilizaciones en rechazo al acuerdo ocurrieron principalmente el sábado y fueron nutridas por la base del chavismo. Incluso voceros comunales y figuras mediáticas afines al Gobierno criticaron la medida. Por eso Delcy Rodríguez tuvo que defender en televisión el acuerdo el sábado a la tarde, confirmando el despojo como una línea de fondo. Ella misma dijo que el acuerdo iba por más, con más empresas, y sumó la explotación de gas y de la industria petroquímica, lo que fue entendido como una mayor entrega. En respuesta, la Coalición Nacional Sindical anunció una agenda de huelgas y movilizaciones masivas durante septiembre y octubre.
Un apagón masivo en cinco estados ocurrió el sábado a la noche y duró hasta la madrugada del domingo. Maracaibo, capital petrolera de Venezuela, estuvo completamente a oscuras. Hubo cacerolazos y protestas durante la noche contra un gobierno que no puede garantizar ni siquiera el suministro eléctrico.
La camarilla gobernante del chavismo residual recorre un camino que no comenzó con el ascenso político de Trump, ni solo ocurre en Venezuela. El nacionalismo militar del siglo XXI, devenido en camarilla chavista, nunca rompió con el imperialismo, como lo demostraron las jugosas indemnizaciones que se han pagado por nacionalizaciones que tampoco eran tales, sino una piñata para la boliburguesía. La experiencia iniciada en febrero de 1992, con el levantamiento de Chávez, seguido de una movilización popular, y que se manifestó de nuevo en la acción de masas contra el golpe gorila de abril de 2002 y en el lock out patronal de ese mismo año, revela simplemente que la victoria contra el imperialismo no puede ser conseguida por direcciones ajenas a la clase obrera y a la lucha de clases que desarrolla.
Aldana González
31/08/2026
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