sábado, 16 de enero de 2016

¿Obama en Cuba? Que venga la fiera pero que suelte al mono




En marzo Obama planea viajar a Cuba, Argentina, Colombia y Perú.

En las últimas semanas varias fuentes han estado anunciando una posible visita del Presidente estadounidense Barack Obama a Cuba que ya tendría fecha como parte de una gira latinoamericana que incluiría Argentina, Colombia, y también Perú, a fines de marzo.
Sin dudas, de producirse, tal hecho sería un impulso hacia la normalización de relaciones entre los dos países y un golpe a aquellos sectores que se oponen a tal proceso desatado públicamente el 17 de diciembre de 2014.
A juzgar por sus declaraciones a Yahoo News semanas atrás, la visita de Obama también es vista por este como un instrumento para forzar los cambios que históricamente EEUU ha estado buscando en Cuba y fortalecer su influencia en el hemisferio occidental, cosa que acaba de reiterar en su discurso sobre el estado de la Unión ante el Congreso.
“Si quieren consolidar nuestro liderazgo en el continente tienen que reconocer que la Guerra Fría se acabó, levanten el embargo”, dijo Obama ante el pleno de las dos cámaras legislativas este doce de enero, tras reconocer que más de cincuenta años de bloqueo económico no trajeron la democracia, como la entiende Washington, a la mayor de las Antillas.
Una vez más, el Presidente ha dejado en manos del Congreso una tarea a la que él puede contribuir mucho más de lo que ha hecho. No solo por la cantidad de modificaciones al alcance de la potestad presidencial que pueden debilitar el bloqueo sin necesidad de que el legislativo intervenga -la autorización del uso del dólar estadounidense en las transacciones internacionales de Cuba; revertir la política de persecución financiera contra la Isla; permitir las importaciones a EEUU de servicios o productos cubanos y autorizar las exportaciones directas a la Isla, están entre ellas- sino también por decisiones puntuales solicitadas por entidades de su país que esperan hace meses por la aprobación de su gobierno. Entre estas últimas están la autorización tramitada por la MLB para que beisbolistas cubanos puedan jugar en Estados Unidos sin romper con su país de origen, o la licencia a una empresa de produccción de tractores con destino a agricultores privados para establecerse en la Zona Económica Especial de Mariel, al Oeste de La Habana.
Otro instrumento de la estrategia de Guerra Fría hacia Cuba que el presidente puede modificar es la política de acogida automática, en carácter de refugiados políticos, a todo emigrante cubano que llegue a suelo estadounidense, lo que fomenta el tráfico de personas y la emigración ilegal, como herramienta de desestabilización contra la Isla junto a los más de cincuenta millones de dólares que EEUU distribuye entre personas que organiza y entrena para “programas de apoyo a la democracia” en territorio cubano.
El Presidente tampoco ha considerado el reclamo histórico del pueblo de Cuba sobre el territorio de Guantánamo que EEUU ocupa militarmente y ha convertido en un campo de torturas que Obama no ha podido cerrar. Una base militar que no es una reliquia de la Guerra Fría sino del oportunismo con que Washington intervino en la guerra de independencia que los cubanos libraron contra España, llegando como aliado de los libertadores pero actuando como ocupante, e imponiendo una enmienda constitucional que le daba derecho a instalar todas las bases militares que estimase necesarias, además de la prerrogativa para intervenir por la fuerza cada vez que lo desease.
En su último discurso sobre el estado de la Unión ante el Congreso el Presidente norteamericano dijo “los Estados Unidos de América es la nación más poderosa de la Tierra. Punto”. El “punto” nos recuerda que se dice algo que no tiene discusión: EEUU es el Rey de la selva en que sus mismas políticas han convertido el planeta.
Por la historia de las relaciones entre Cuba y EEUU, y también por las circunstancias en que se desarrollaría, una visita del Presidente de Estados Unidos a La Habana no dejaría de ser parte de una confrontación, pero una confrontación que como ha dicho el líder cubano, Raúl Castro, debe transcurrir de modo civilizado y entre iguales.
Así que como dice una canción bailable cubana, que venga la fiera que la estamos esperando. Pero si su país es tan poderoso, Obama no debería temer soltarnos un poco las amarras antes de hacer el honor de visitarnos, ¿o es que como dice otro dicho popular en la Isla, al guapo del barrio sólo le gustan las peleas de león a mono y con el mono amarrado?

Iroel Sánchez

viernes, 15 de enero de 2016

Enero en el recuerdo: Tina Modotti y Julio Antonio Mella




Para Celia Hart Santamaría con quien compartí la admiración por Tina Modotti y Julio Antonio Mella.

Dos apasionados que tenían en común el amor y la revolución. Soñaron con el comunismo y la solidaridad internacional. La italiana Tina Modotti y el cubano Julio Antonio Mella quedaron unidos para siempre en el recuerdo y en la memoria de los pueblos que luchan por su dignidad y el socialismo. Assunta Adelaide Luigia Modotti nació en Udine, Italia, el 17 de agosto de 1896. A los diecisiete años emigra a los Estados Unidos con su familia. Fue actriz en Hollywood, siendo protagonista de varias películas mudas. En 1921 conoció a Edward Weston, fotógrafo norteamericano que le enseñó a usar la cámara, convirtiéndose en una destacada fotógrafa. Para su época fue una adelantada, posando desnuda para otros fotógrafos o deslumbrando con su personalidad en los círculos, tanto intelectuales como políticos. Era bella. Su mirada era melancólica, de grandes ojos. Su forma de ser era impactante, a pesar de su sencillez y de su modestia. En 1922 llegó a México donde conoció a Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros. Fue íntima amiga de Frida Khalo, a quien retrato magistralmente. Su compromiso político la llevo a afiliarse al Partido Comunista Mexicano en 1927. Tina se convirtió en una activa militante revolucionaria. Tanto retrataba con su cámara, la vida cotidiana mexicana, como realizaba las más variadas actividades partidarias. Participó activamente en la campaña "Manos fuera de Nicaragua" en apoyo a la lucha de Augusto César Sandino y ayudó a fundar el primer comité antifascista italiano. En 1928 conoció a Julio Antonio Mella, dirigente estudiantil cubano, en una manifestación en protesta por la ejecución de Sacco y Vanzetti. Mella había sido presidente de la Federación de Estudiantes Universitarios. Fundó junto a Carlos Baliño en agosto de 1925 el Partido Comunista de Cuba. Fue fundador con otros revolucionarios de la Liga Antiimperialista de las Américas. En Cuba había protagonizado una huelga de hambre contra el gobierno de Gerardo Machado. Por aquellos años se había convertido en un intelectual brillante, seguía el camino de otros marxistas revolucionarios latinoamericanos como Emilio Ponce o José Carlos Mariátegui. Los cuales concebían un marxismo creativo, arraigado en la tierra americana. En México participo de la Tercera Internacional escribiendo en el periódico del Partido Comunista Mexicano “El Machete”. En su exilio mexicano en 1926 escribió: “Ya no hay patria. Solo hay clases enemigas. La guerra clasista ha estallado brutal, violenta, sanguinaria... ¡Silencio a las bocas que gritan asustadas! ¡Desprecio al cobarde que lloran! ¡Castigo a los miserables que no luchan! ¡Leer a los valientes que están en la vanguardia! ¡Que la discusión teórica y el bizantinismo estúpido cesen y la acción hable con su elocuencia definitiva!. El pasado heroico de nuestra clase nos guía y nos alienta. El grito de las victima inmoladas en los fosos de la Comuna del 71, los alaridos de los mártires del 1905 inmolados en las nieves de la Rusia zarista, el clamor mundial de rebelión de 1917, tal es la música triunfal de nuestra guerra...” En 1928 Julio Antonio y Tina comienzan un profundo romance, a los pocos meses terminara trágicamente con el asesinato de Mella, el 10 de enero de 1929, por las balas asesinas del machadísimo. Esa noche salían ambos de participar de una reunión del Socorro Rojo Internacional. Dirá el periodista e intelectual comunista cubano Pablo de la Torriente Brau, sobre Julio Antonio: “Mella es la síntesis perfecta de la audacia y la abnegación en la lucha por la justicia social...y el ejemplo formidable de lo que debe ser un joven revolucionario.” A principios de 1930, Tina fue expulsada de México, acusada injustamente de conspirar para asesinar al Presidente. Llegó a Alemania a mediados de 1930.Viajó a la Unión Soviética donde se reencontró con Vittorio Vidali, a quien había conocido en México. En aquel país se incorporo al Socorro Rojo Internacional. Partiendo para España en 1934 para participar e impulsar la solidaridad internacional con la segunda republica después, de la revolución de Asturias. Con el alzamiento fascista del 1936, se alistó al Quinto Regimiento y trabajó con las Brigadas Internacionales, con el nombre de María. Fue una de las dirigentes más importantes del Socorro Rojo Internacional. Durante la guerra conoció a Robert Capa, Gerda Taro, Ernest Hemingway, Malraux, Rafael Alberti y Antonio Machado, entre otros artistas. La histórica dirigente comunista Argentina Fanny Edelmán quien fuera compañera y amiga de Tina la recordara en su libro de memorias: “María era un ser excepcional. Fina, dulce, frágil, comprensiva, valiente, generosa, con un enorme poder de persuasión y una impresionante fuerza interior. Su temple de revolucionaria, si era necesario que se pusiera de manifiesto una vez más, estuvo presente en la trágica evacuación de Málaga, cuando esa marea humana constituida fundamentalmente por mujeres y niños, era ametrallada impiadosamente por los aviones italianos y los cañones alemanes.
Ella se preocupo por los heridos en los inolvidables días de Madrid en noviembre de 1936. A ella le cupo organizar la asistencia a los refugiados catalanes que bajaban a Barcelona en doloroso éxodo y no se detuvo hasta llegar a la frontera de Francia... María era nada menos que Tina Modotti, la excepcional fotógrafa...”. En el mes de julio de 1937 desempeñó el papel de organizadora en el II Congreso Internacional de los Intelectuales en la Defensa de la Cultura contra el fascismo que se desarrolló entre Valencia y Madrid. Allí entró en contacto con un mundo para ella familiar, entre ellos muchos corresponsales, intelectuales, fotógrafos extranjeros, cómo Robert Capa y Gerta Taro entre otros, los cuales, descubriendo su identidad profesional, la incitaron a volver a la fotografía, pero su respuesta fue seca y tajante: “no, no puedo hacer dos trabajos a la vez”. En 1939 regresó como asilada a México, donde continuó con su actividad política a través de la Alianza Antifascista Giuseppe Garibaldi. Murió, de un ataque cardiaco, el 5 de enero de 1942, tenía en ese momento 46 años. En su tumba, en el Distrito Federal de México, un poema de Pablo Neruda, la recuerda:"Tina Modotti, hermana, no duermes, no, no duermes; tal vez tu corazón oye crecer la rosa de ayer, la última rosa de ayer, la nueva rosa...". Tanto Tina como Julio Antonio, encontraron la muerte en enero. Ambos ya son leyenda y tienen su estrella y brillan por la noche como los personajes inolvidables de Jorge Amado.

Lois Pérez Leira

jueves, 14 de enero de 2016

Prólogo del libro "Hemingway, ese desconocido", de Enrique Cirules




Enrique Cirules es una figura conocida y admirada del paisaje intelectual cubano. Este prestigioso escritor y ensayista, miembro de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), es el autor de numerosos libros que tuvieron un gran éxito. Algunos títulos, como Conversación con el último norteamericano o El imperio de La Habana, tuvieron un merecido eco internacional y fueron traducidos a varios idiomas.
Este especialista de la cultura cubana tiene varios temas de predilección: el mar, la guerra y el amor. Primero el mar: en efecto, nada más natural para un insular que la fascinación por esta inmensidad azul, a la vez fuente de esperanzas y de angustias. Luego la guerra: Cuba, patria de José Martí y tierra de espíritus libres, estuvo marcada por la más larga y sangrienta guerra de independencia de la historia de América Latina y sufre un estado de sitio implacable impuesto por Estados Unidos desde 1959 por proclamar con fuerza su deseo de emancipación. Por fin el amor: Cirules recuerda sin duda que la Revolución Cubana es primero y ante todo una declaración de amor a los oprimidos, a los humillados y a los aplastados de este mundo, un grito de esperanza y de rebeldía a favor de la “cariátide” –para retomar el término que usaba Victor Hugo para designar a la plebe– el símbolo de la insumisión y de la irreverencia de los pordioseros, de los reprobados y de los desgraciados, decididos a tomar las riendas de su propio destino.
Pero Enrique Cirules es un apasionado de la figura de Ernest Hemingway (1899-1961), como lo ilustra esta obra cautivadora titulada Hemingway, ese desconocido. Este libro constituye una empresa de rescate del autor de El viejo y el mar y nos revela varias facetas poco conocidas del más universal de los escritores estadounidenses, particularmente su relación con Cuba. Este ensayo obtuvo una mención más que merecida en el Concurso 2013 del prestigioso Premio Literario Casa de las Américas, en el cual tuve el honor de participar como miembro del jurado.
Ernest Hemingway ocupa un lugar aparte entre los escritores del siglo XX y varias de sus obras se han convertido en clásicos de la literatura universal. Durante su vida publicó siete novelas, seis recopilaciones de cuentos y dos ensayos. Varios escritos más se publicarían a título póstumo.
Pero además de ser un hombre de ideas Hemingway fue sobre todo un hombre de acción. Procedente de una familia acomodada de Oak Park, cerca de Chicago, el joven Ernest, a pesar de sus innegables disposiciones intelectuales, renunció a una carrera universitaria para elegir la profesión de periodista en el Kansas City Star. En 1918, en plena Primera Guerra Mundial, trabajó en la Cruz Roja italiana como conductor de ambulancia y viajó para el frente. Resultó gravemente herido por un disparo de mortero. A pesar de sus heridas en las piernas, Hemingway no vaciló en auxiliar a un soldado italiano. Recibió la Medalla Italiana al Valor por este acto de valentía. Esta experiencia inspiraría su novela Adiós a las armas.
Hemingway siempre sintió una aversión profunda a todas las injusticias, sobre todo las que golpeaban despiadadamente a los más vulnerables. Antifascista convencido, corresponsal de guerra durante la el conflicto fratricida español entre 1936 y 1939, se dedicó en cuerpo y alma en el combate a favor de la República, asediada por las hordas franquistas y sus partidarios, a saber “la gente de bien” y la Iglesia Católica, quienes rechazaban visceralmente la abolición de los privilegios, la repartición de las riquezas y la justicia social. En 1938 estuvo hasta el final en la Batalla del Ebro, último bastión republicano. Su obra maestra Por quién doblan las campanas reconstruye la tragedia del pueblo español, abandonado a su suerte por una Europa temerosa de un conflicto mundial y unas elites espantadas por la idea de ver “el yugo de la disparidad de las fortunas” –para citar al inolvidable Henri Guillemin– finalmente sacudido y de asistir a la emergencia de una verdadera democracia popular y participativa. Para ellas el fascismo era un mal menor ya que permanecían intactas las estructuras sociales.
Frente a la barbarie nazi, Hemingway se involucró otra vez en la lucha contra el totalitarismo y fundó una agencia antifascista en Cuba, entonces dominada por Fulgencio Batista, fiel aliado de Washington, quien traicionó la Revolución de 1933. Hemingway incluso participó en la caza de los submarinos alemanes en alta mar, cerca de las costas cubanas con su yate Pilar. En 1947 recibiría la Medalla de Bronce al Valor por su compromiso contra el fascismo.
Una profunda historia de amor une a Hemingway a Cuba y Enrique Cirules se consagra con brío a recordar esos lazos inquebrantables. No es por casualidad que la historia de El Viejo y el mar, su obra más famosa que le valdría el Premio Pulitzer en 1953, se desarrolle en la isla del Caribe, donde el escritor estadounidense vivió muchos años entre el Hotel Ambos Mundos y su propiedad Finca Vigía. Una anécdota basta para ilustrar su apego al pueblo cubano. Tras su consagración literaria en 1954, año cuando recibió el Premio Nobel, Hemingway eligió a un periodista cubano para conceder su primera entrevista sobre el tema. Él, americano, declararía con mucho afecto: “Soy el primer cubano que consigue un Premio Nobel”. Hemingway, quien vio con preocupación el auge del fascismo en Cuba con el golpe de Estado de Fulgencio Batista en 1952 y el establecimiento de un Estado mafioso, acogió con entusiasmo el triunfo de la Revolución Cubana liderada por Fidel Castro, con el cual mantendría relaciones cordiales hasta su salida definitiva de Cuba en 1960.
Enrique Cirules, mediante su biografía apasionada y comprometida, nos recuerda sin duda la cosa más importante a propósito de Ernest Hemingway más allá de su extraordinario talento literario: supo cumplir su primer deber de ciudadano libre siendo un eterno indignado.
Este ensayo tuvo una “mención honorífica” del Premio Casa de las Américas 2013

Salim Lamrani
Doctor en Estudios Ibéricos y Latinoamericanos de la Universidad Paris Sorbonne-Paris IV, SalimLamrani es profesor titular de la Universidad de La Reunión y periodista, especialista de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos. Su último libro se titula Cuba, the Media, and the Challenge of Impartiality, New York, Monthly Review Press, 2014, con un prólogo de Eduardo Galeano. http://monthlyreview.org/books/pb4710/ Contacto: [email protected] ; [email protected] Página Facebook: https://www.facebook.com/SalimLamraniOfficiel

miércoles, 13 de enero de 2016

Sin echar el laurel en la olla




Revolución Cubana 1959-2016

Sin restar importancia a las dos guerras llamadas mundiales, ni a la liberación de naciones como China y Vietnam —esta, además, con la ejemplar victoria sobre la invasión estadounidense en su haber—, del siglo XX cabe destacar cuatro procesos revolucionarios diversos: en orden cronológico, la Revolución Mexicana, la Revolución de Octubre, la Segunda República Española y la Revolución Cubana. Tres de ellos se ubican en ámbitos de la lengua española, hecho contrastante con el escaso prestigio que suele concederse a las ciencias sociales expresadas en ese idioma.
Pero ese ángulo, de interés y merecedor de atención frente a expresiones de colonialismo fomentadas desde otras áreas culturales, requeriría un análisis particular. El presente artículo apenas bordea el significado de la Revolución Cubana desde su fragua y su llegada al poder, y en su existencia hasta hoy. Haberla ubicado en el conjunto de procesos aludidos mueve a rozar por lo menos algunos rasgos de los tres que la acompañan en el esbozo.
La Revolución Mexicana, cuyo carácter pionero en aquel siglo no parece tenerse tan en cuenta como sería justo, fue un paso de avance en la transformación de un país de nuestra América frente a la herencia feudal que le llegó de su formación como colonia. La importancia de esa Revolución no debe ocultarla ningún estancamiento sufrido con el tiempo y al influjo de los forcejeos clasistas y presiones externas, lo que se dice sin afán de agotar el tema.
La de Octubre no se limitó a “diez días que estremecieron el mundo”: sumó décadas de una siembra emancipadora que incluyó tanto liberar a Rusia y sus colonias del zarismo como propiciar el nacimiento de varias naciones marcadas por aspiraciones socialistas. Generó, en fin, valiosas transformaciones internas y un baluarte para la derrota del fascismo en la Segunda Guerra Mundial.
A pesar de grandezas tales, deficiencias y males internos contrarios al socialismo le impidieron llegar viva a los finales de la centuria en que tantos logros cosechó y nutrió tantas esperanzas, aunque haya interesados en negar unos y otras. Las causas del desmontaje antisocialista de los frutos de esa Revolución, incluida la propia Unión Soviética, deben seguir estudiándose. Ninguna precaución será ociosa para que errores y aberraciones como los allí entronizados no se reproduzcan y den al traste con otros proyectos justicieros.
Burocráticamente declarada irreversible por decretos que pretendían blindar el socialismo desde oficinas, la realidad que se logró construir en el camino abierto por aquel extraordinario Octubre fue demolida. Además de ser una tragedia en sí, ello ha dado asideros para negar legitimidad y valor a todo empeño revolucionario.
Esa tendencia dolosa se aprecia en análisis distorsionadores del pasado y el presente de la humanidad, aunque se trate de un afán democrático tradicional como la Segunda República Española, derrotada por una implacable alianza internacional de la reacción fascista, sin descontar los que puedan haber sido errores en su sostenimiento y su defensa.
Contra la dignidad de ese ensayo fundador —en cuyas filas se vertió sangre cubana— se lanzan hoy perros de la propaganda capitalista, en complicidad con la herencia del fascismo que nutrió en España el denominado Bando Nacional. Este, artífice del levantamiento anticonstitucional y terrorista contra la República, enlutó el país durante décadas y finalmente preparó la sucesión monárquica, sobre la cual se fabricó una transacción “democrática” enfilada a silenciar el pensamiento de izquierda y sepultar las aspiraciones republicanas. El sometimiento a la OTAN no es casual.

Secuelas de un desmontaje

Volviendo a los afanes socialistas, se debe recordar que alguien tan objetivo, de pensamiento científico y de honradez militante al servicio del socialismo como Vladimir Ilich Lenin, sostuvo la inviabilidad de la plena construcción de un proyecto de esa índole en un país aislado. Sobran razones para entender las vicisitudes con que ha tenido que vérselas el experimento cubano.
Pero ese experimento lo puso en práctica una Revolución que triunfó el 1 de enero de 1959 y viene, por largo camino, de sus propias raíces, desde antes de 1868, con su propio Octubre vivido en ese año. Eso le ha permitido relacionarse con el mundo sin dejar de ser ella, y no solo llegar viva al siglo XXI: continúa su marcha, su pujanza, con el deber de fortalecerse, y enfrentando desafíos colosales, ya abiertos o enmascarados.
Entre los obstáculos que la rodean está la propaganda lanzada mundialmente contra todo lo que huela a revolución. En el caso de Cuba, tal campaña tiene sus recursos predilectos. Uno es sostener que la etapa más próspera del país fueron los años durante los cuales se entronizó la tiranía encabezada, al servicio del imperialismo estadounidense, por Fulgencio Batista, exponente mayor de los crímenes y el latrocinio sufridos por la nación.
El triunfo de la Revolución Cubana, y el apoyo con que desde la lucha insurreccional la abrazó la mayoría del pueblo, se debieron a su carácter popular: esa mayoría vio y encontró el camino para lograr, junto con la justicia social, la soberanía que la intervención estadounidense le arrebató en 1898.
Esa realidad explica que en 1961, tercer año tras la toma del poder, cosechara dos victorias íntimamente vinculadas, e impensables sin el apoyo mayoritario y entusiasta del pueblo: el aplastamiento de la invasión mercenaria en Playa Girón y sus inmediaciones, y la declaración del país como territorio libre de analfabetismo, gracias a la masiva Campaña Nacional de Alfabetización que hoy sigue dando frutos dentro y fuera de Cuba.

Fundamento

Esos logros, y otros, se buscaron y se percibieron asociados a la herencia martiana. Presente en la nación desde el siglo XIX, devino —como expresó Fidel Castro, guía de la obra desatada con los hechos aurorales del 26 de julio de 1953— fundamento moral de la acción armada iniciada entonces y, en consecuencia, de los logros cosechados en ese camino. En él, 1961 aportó otro nutriente explícito, asumido en la médula nacional de la obra revolucionaria: en Girón se combatió también en defensa del socialismo.
El carácter socialista de la Revolución se proclamó precisamente en la despedida de duelo de los mártires del bombardeo que, como ablandamiento artillero, el imperialismo lanzó contra Cuba en vísperas de la invasión mercenaria. Esta, así y todo, fue derrotada en poco más de 60 horas. Fue una victoria de pueblos, porque a partir de entonces, como también dijo el guía histórico de la Revolución, todos los de nuestra América, no solo el cubano, “fueron un poco más libres”. Tal realidad abonó la simpatía que la Revolución cosechó en la región desde el mismo 1959.
El carácter popular que le permitió alcanzar el poder se consumó en logros masivos, como las leyes de Reforma Agraria y de Reforma Urbana, y la disminución de las grandes diferencias acumuladas entre el campo y la ciudad, sobre todo en lo tocante a la capital. En medio de las dificultades económicas de un país bloqueado, ese afán de equidad, sin el cual la Revolución habría estado sumamente incompleta, generó construcciones —carreteras, industrias, embalses de agua, edificios para diversos usos sociales: escuelas, centros de atención médica, viviendas— que transformaron hasta la imagen física del país.
Ello, asumido con sed de equidad para toda la nación, pudiera explicar el detenimiento constructivo y las dosis de pérdida de esplendor material padecido por la capital. Ese hecho, tendenciosamente desgajado del contexto, lo esgrimen los enemigos de la Revolución para denigrarla, y aunque no existieran contra ella tales campañas de descrédito, constituye uno de los frentes en que mayor esfuerzo por la recuperación necesita seguir acometiendo.
La búsqueda de equidad entre los territorios de la nación es también inseparable de logros que esta ha venido disfrutando desde 1959 en terrenos tan vitales como la educación y la salud, la ciencia y el deporte. En el quehacer literario —incluida la vertiente editorial— y en otras expresiones artísticas —cine, música, danza, plástica— se ha vivido, encaminado por instituciones que le han dado gloria al país, un apogeo sin precedentes.

Datos, esencia

El auge lo ha caracterizado la búsqueda de masividad, con un amplio movimiento de aficionados en los distintos sectores poblacionales, y favoreciendo el desarrollo de individualidades sobresalientes, que han merecido admiración y lauros en distintas partes del planeta. Espectáculos artísticos de alto nivel están al alcance de la población, con entrada a precios módicos, o libre, al igual que los deportivos. Mantener ese camino es una de las señales con que en medio de severas dificultades la Revolución ratifica su lealtad, también en esas esferas, al José Martí que entendió que “ser culto es el único modo de ser libre”.
Enumerar las conquistas alcanzadas en los diversos frentes antes mencionados pudiera ser necesario ante quienes opten por desconocerlas, pero en esos casos resultaría estéril. Las personas honradas pueden disponer de la información que emana de la propia realidad. Alúdase solo a los altos grados de instrucción generalizada y a los índices de mortalidad infantil y esperanza de vida que hacen de Cuba un país ejemplar en esas esferas, como reconocen instituciones y organismos internacionales de la mayor relevancia.
Los logros están presentes asimismo en la amplia colaboración de Cuba con numerosos pueblos, y se aprecian hasta en una emigración que, a diferencia de la de otros países —y no solo entre los que clasifican como no desarrollados—, sobresale por su preparación técnica y profesional. Quien conozca la realidad de los inmigrantes en otras naciones, podrá dar fe de esas diferencias.
Anécdotas y experiencias de tal realidad abundan. El autor de este artículo no pasará de recordar la gratitud con que el embajador de un pueblo hermano acogió la iniciativa de una universidad, europea, de ofrecer a emigrantes de su pueblo cursos para adiestrarlos en tareas concretas.
Eran las peor pagadas, y más despreciadas —por lo menos antes del reconocimiento de la etapa de crisis que allí se gestaba— entre los naturales de la nación a la que habían ido a parar: en ese caso, empalmar cables, vestir camas, limpiar ancianos…; en otros correspondería hablar de la agricultura y la construcción. Al final de la ceremonia en que su embajador había expresado gratitud a la universidad, un colega diplomático, amigo del articulista, le dijo a este: “Los emigrantes de tu país no necesitan esa ayuda”.
Pero Cuba ha tenido que desempeñarse en condiciones anormales, porque muy pronto contra la Revolución se lanzó la hostilidad de la mayor potencia mundial, los Estados Unidos. La poderosa nación imperialista, acostumbrada desde su gestación, y en su desarrollo —en él se ubica el robo de más de la mitad del territorio de México—, a dominar y saquear a otros países, no le perdonó a Cuba su dignidad nacional y su servicio al pueblo. Con esa orientación el gobierno cubano acometió nacionalizaciones indispensables, y en ello también tuvo un rotundo respaldo popular.

Patente imperial

Pronto la hostilidad del vecino del Norte se expresó en un bloqueo económico, financiero y comercial que aún perdura, y en agresiones armadas. En estas se inscriben la invasión mercenaria de 1961 y las bandas de alzados —también mercenarias— que fomentó en distintos sitios del país, y que en sus monstruosos actos terroristas cometieron asesinatos, entre otros, de alfabetizadores.
En aquellos actos figuran la explosión del vapor francés La Coubre en el puerto de La Habana, y la voladura de un avión cubano en pleno vuelo sobre Barbados. Esta última acción, así como otras, la orquestaron agentes del imperio que gozan de libertad en la nación que se autopromueve como el modelo de la democracia.
Cuando hoy, en su licencia imperial, el presidente estadounidense propone cambiar la política que su gobierno ha mantenido contra Cuba durante más de medio siglo, y dice que tal política no ha conseguido su propósito, solo queda una opción para interpretar sus palabras. Si a pesar del enorme daño económico, material y en vidas que esa política le ha causado a Cuba, el cabecilla del imperio la estima fallida, es porque ha sido planeada con un superobjetivo: destruir a la Revolución y restablecer en la mayor de las Antillas la dominación con que desde 1898 los Estados Unidos ensayaron aquí el neocolonialismo, “su sistema de colonización”, como lo denunció Martí pensando en los planes imperiales contra nuestra América en general.
Pese a todo, Cuba —y por eso ha obligado al imperio a buscar un cambio de imagen— perdura como ejemplo de resistencia. Ha dado apoyo ideológico y moral a otros pueblos, y protagonizado un aporte internacionalista que —aunque se propongan silenciarlo ingratos y enemigos— contribuyó a las mejores transformaciones emancipadoras en África. Lo han reconocido pueblos y guías políticos como Nelson Mandela en Sudáfrica, y varios en Venezuela, Bolivia, Ecuador, Argentina y otros de nuestra América.
Allí, plantando cara al vecino poderoso, se han desafiado las maquinaciones de la Organización de Estados Americanos y del Área de Libre Comercio para las Américas. De ese enfrentamiento han surgido alternativas de dignificación soberana como la Alianza Bolivariana de los Pueblos de Nuestra América y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños. Resurgen las banderas del socialismo, en busca de actualización creativa, aunque no sea más, ni menos, que por entre las estructuras del sistema capitalista.
Pero el imperio no cesa en sus planes, y dispone de enormes recursos. En general, con el individualismo y el pragmatismo consustanciales al sistema capitalista, propala el neoliberalismo. Estimula las llamadas desideologización y despolitización, máscaras del afán de erradicar el pensamiento revolucionario. Promueve y apoya cuanto pueda conducir a la reversión de planes nacionales molestos para su manía de dominarlo todo. Ahora, con respecto a Cuba en particular, intenta dar la imagen de un cambio de actitud, y propone otros métodos para lograr lo que la resistencia y la creatividad cubanas le han impedido conseguir.

Golpistas de etiqueta

Todo eso, de lo cual las campañas contra Cuba son inseparables, explica distintas formas de golpes de Estado que en Honduras y en Paraguay han venido a sustituir el gorilismo armado, que no debe considerarse definitivamente cancelado; los intentos golpistas en Venezuela, Bolivia y Ecuador; las campañas y amenazas contra la misma Venezuela bolivariana; la creación de nuevas bases militares en Colombia; la propaganda y las maniobras para alimentar la oposición contra los gobiernos de Brasil y Argentina.
En esta última la derecha consiguió electoralmente el éxito contra las fuerzas progresistas que habían sacado al país del hundimiento en que lo atascó el desafuero neoliberal. El saludable optimismo no basta para ignorar que, con la guerra mediática y económica, el imperio y sus cómplices intentan aplastar cuanto proyecto justiciero le salga al paso. Sería torpe considerar a Venezuela un caso aislado.
Los zarpazos de la derecha neoliberal —que va por más— se dan cuando en varios países las urnas han devenido camino de triunfo para proyectos emancipadores, y los medios imperiales de propaganda fabrican la imagen de que todo acto armado por parte de los pueblos es terrorismo repudiable. Los Estados Unidos y sus aliados de la OTAN, sin embargo, desencadenan guerras genocidas y consiguen edulcorarlas con falacias lingüísticas tan perversas como calificarlas de humanitarias: deformación de sentido que ha pasado incluso al periodismo revolucionario, o de izquierda al menos, para hablar de crímenes y desastres de lesa humanidad.
Es difícil —heroico, digamos sin rodeos— conseguir un triunfo revolucionario valiéndose de los mecanismos y procedimientos que el capitalismo ha perfeccionado para defender sus intereses. Pero la persistencia de la Revolución Cubana la explica su toma del poder por la lucha armada con decisiva participación popular. Y se ha mantenido gracias al decisivo apoyo de la mayoría del pueblo.
No es casual que todo lo relativo a Cuba sea tergiversado o satanizado, con saña, por la propaganda imperialista. Para actuar, el país debe guiarse únicamente por la norma de la justicia y lo correcto: ni hacer para complacer al enemigo, ni dejar de hacer por no parecer que presta atención a sus campañas.
Cuanto haga será sometido a lentes distorsionadores, para desconocer sus aciertos y atribuirle errores o magnificar los que cometa. El esperado afinamiento en su política migratoria, por ejemplo, deja sin argumentos a no pocos infundios lanzados contra ella, y en igual medida los mismos que los propalaban intentan revertir el efecto de sus aciertos.
El contexto internacional está signado por la preponderancia de las fuerzas del imperio, y las circunstancias nacionales de Cuba se ven severamente dañadas por el bloqueo que este le ha impuesto durante más de medio siglo. Contra semejante engendro se proyecta el clamor de pueblos, avalado en votaciones de la Asamblea General de la ONU, pero groseramente las burla el mismo gobierno que anuncia la voluntad de cambiar su política hacia Cuba.

Desplazamientos y persistencias

El mayor reto que se le presenta al país radica en mantener el afán de asegurar la justicia social en un contexto internacional con frecuencia sórdido. En él —ha escrito Fernando Martínez Heredia en su libro El corrimiento hacia el rojo, título alusivo a los ciclos de expansión y contracción material del universo— se aprecia “un mundo extraño, en el cual reinan el lucro y el hambre, y no parece haber futuro para la decencia”.
Ante ello lo pertinente y digno no será cruzarse de brazos y renunciar a construir un mundo mejor, que es posible, además de necesario para que la humanidad llegue a merecer en plenitud ese nombre. Como añade el mismo autor citado, “la indecencia carece totalmente de legitimidad”.
La búsqueda de la decencia en las relaciones humanas a todos los niveles define lo que un país como Cuba, que ha llegado hasta donde está gracias a la construcción revolucionaria, debe tener en la brújula de sus replanteamientos en pos de una eficiencia económica indispensable para mantener el proyecto justiciero que tanto esfuerzo y tanta sangre ha costado. La seducción economicista y pragmática no será garantía para ningún empeño revolucionario erigido sobre la convicción de que la historia lo avalará, aunque tampoco deba ignorar los requerimientos de la economía.
La Cuba que halló en Martí el fundamento moral para su transformación, debe recordar el reclamo del Maestro, quien en “Crece” (abril de 1894) se planteaba si la revolución que él fraguaba tendría posibilidad de triunfar. Ante la duda, razonable, sostuvo que el gran deber patrio y humano sería hacer posible la revolución, o, por lo menos, acometerla del modo más eficaz. Lo innoble sería traicionar la grandeza del sacrificio.
Se avanzaba hacia la guerra que estallaría el 24 de febrero de 1895, y afirmó: “Era ambiente la revolución, y hoy es plan. Era un sentimiento inútil y cómodo: como corona de adelfas era, y de laurel, que no hay derecho a arrancarse de la frente para sazonar, con sus hojas ensangrentadas, la olla de la comodidad”. Comprendía que, aunque imperfecto, lo hecho antes del 10 de octubre de 1868 —la “preparación gloriosa y cruenta” asumida en el Manifiesto de Montecristi (marzo de 1895), ya en pie la nueva guerra—, se inscribía en la gloria de la cual sería deshonroso huir: “¡infeliz, en la memoria de los hombres, quien eche el laurel en la olla!”. Ratificó así la base ética de su pensamiento y de su conducta.
Como otros suyos, aquel texto de Martí de 1894 sigue trazándole a Cuba el gran deber de hoy, cuando acomete una nueva etapa en una permanente sucesión de institucionalizaciones. Ese empeño, que empezó con el desmontaje, desde 1959, de las estructuras capitalistas, vivió un momento señero cuando en 1976 se aprobó, en proceso hondamente democrático, popular, la Constitución que ratificó a Cuba como república y como Estado socialista, llamado, por tanto, a tener la guía de trabajadores y trabajadoras, nada parecido al capitalismo de Estado.
Con esas luces entra la Revolución en su año 58, cuando se prepara el VII Congreso del Partido que tiene la misión de guiarla, y el cual en su anterior Congreso aprobó los Lineamientos para acometer lo que se ha denominado actualización del modelo económico cubano.

Utilidad y virtud

Se debe hacer lo necesario para que la Revolución mantenga ese espíritu productivo y —siempre Martí— orientado por la utilidad de la virtud, superior a la virtud de la utilidad, y para que dentro de muchas décadas se pueda seguir hablando de ella como de una realidad viva, no de un proceso estancado en resignaciones o sacado de rumbo por deformaciones que serían deplorables. Cuando se ha tenido como brújula echar la suerte con los pobres de la tierra, y se ha vivido más de un siglo de luchas revolucionarias, sería criminal abandonar el camino que esa brújula ha venido indicando.
Sabedor de que “ni hombres ni pueblos pueden rehuir la obra de desarrollarse por sí,—de costearse el paso por el mundo”—, Martí sostuvo: “No yerra quien intenta componer un pueblo en la hora en que aún se lo puede; sino el que no lo intenta. Si no se lograse la composición, se lograría al menos el conocimiento de las causas por que no podía lograrse; y eso limpiaría el camino para lograrla mañana”.
El error es humano, pero la rectificación, también humana, es además sabia, y lo que se haga debe regirse por la ética: “Si se intenta honradamente, y no se puede, bien está, aunque ruede por tierra el corazón desengañado: pero rodaría contento, porque así tendría esa raíz más la revolución inevitable de mañana”. Pero no valdrían autocomplacencias a estas alturas de un camino en que el “Patria y Libertad” de los mambises condujo al “Libertad o Muerte” del Ejército Rebelde, lema que el logro de la libertad convirtió en “Patria o Muerte” y frente a la saña enemiga fue coronado por un “Venceremos” que hoy resulta más fuente de responsabilidad y compromiso consciente que nunca antes.
La Revolución, que en las actuales circunstancias urge mantener, puede verse como la que en su tiempo —con el ejército español en Cuba y el estadounidense dispuesto a invadirla— Martí vaticinaba que podría ser inevitable luego. Más de un siglo después —con una Cuba que ha encarado y vencido desafíos tremendos—, la realidad es otra, y tampoco se debe olvidar un hecho: a lo largo del devenir humano, las revoluciones no han sido términos en la historia.
En sus mejores frutos —incluso a pesar de errores y hasta de traiciones— han representado actos de transición o fuentes de luz hacia logros de mayor alcance. Para Martí, como se lee en su texto de 1894 citado, la meta era la que puede seguir orientando a Cuba hoy y siempre: el “fin humano del bienestar en el decoro”. Nada menos.

Luis Toledo Sande
Bohemia

martes, 12 de enero de 2016

Silvio Rodríguez con los Cinco héroes cubanos




Imágenes del concierto de Silvio Rodríguez con los Cinco héroes cubanos y fragmentos de la Mesa Redonda con Antonio, Gerardo y Ramón.

¿Saben por qué Cuba ha erradicado la desnutrición infantil severa? “El Mundo” nos desvela el secreto




Extraña leer en uno de los diarios españoles de gran tirada, “El Mundo”, que en “Cuba se ha erradicado la desnutrición aguda grave” en niños y niñas. Esta frase, al final de un extenso reportaje titulado “Guerra abierta contra la desnutrición infantil” (en el mundo), bien parecería un elogio a las políticas cubanas de protección de la infancia. Pero no.
Edición: Esther Jávega.

¿Hacia una salida a la crisis migratoria cubana en Costa Rica?

A mediados de noviembre del 2015 el Gobierno de Nicaragua tomó la decisión de cerrar su frontera con Costa Rica a los ciudadanos cubanos que no tuviesen su correspondiente visa, que hasta entonces se les permitía el paso (ilegalmente) hacia la frontera de los EE.UU con México, donde se les concede asilo y residencia permanente de manera automática, en aplicación de la denominada Ley de Ajuste Cubano, vigente desde 1966. La medida nicaragüense dio lugar a que varios miles de cubanos, según diversas fuentes oficiales unos 8.000, se fuesen agolpando en la parte costarricense de la frontera que este país comparte con Nicaragua.
Ese fue aparentemente el inicio de una “crisis” migratoria (ver Emigración: la herida sangrante) que a su vez ha tenido diversas consecuencias a manera de fichas de dominó, la primera y más evidente ha sido sin duda la precaria situación humanitaria en que han quedado sumidos durante semanas este numeroso grupo de cubanas y cubanos, que en su búsqueda de alcanzar “la tierra prometida” norteamericana se han visto confinados en una especie de tierra de nadie y limbos legales.
Pero esta “crisis” también ha sido causa directa de tensiones regionales que han derivado en medidas individuales tomadas por cada uno de los Gobiernos involucrados, como pueden ser:
1) la exigencia de visado, desde mediados de diciembre del 2015, por parte de Ecuador a los cubanos potenciales sospechosos de emigrar por esta larga vía terrestre hacia los EE.UU;
2) el fin del derecho de “paso libre” del que hasta ahora gozaban, inexplicablemente, estas mismas personas para atravesar Colombia, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, El Salvador, Guatemala y México, con sus simples pasaportes en dirección a la deseada frontera del Río Grande (por lo cual se calcula que al día de hoy se encuentran varados en Panamá un millar largo de personas en la misma situación);
3) las negativas de los Gobiernos de Guatemala, Belice y El Salvador a ofrecer un paso “alternativo” a este numeroso grupo de emigrantes cubanos (imitando así la inicial decisión nicaragüense).
En definitiva, una cadena de hechos, decisiones y medidas que han derivado en una creciente tensión entre los diversos Gobiernos centroamericanos, incluyendo ásperas acusaciones mutuas.
El 28 de diciembre, en una reunión especial y urgente, los Gobiernos centroamericanos más México, celebrada en Guatemala, estos llegaron a un acuerdo provisional para solucionar esta situación que consiste, según lo anunciado, en el traslado vía aérea, y de manera progresiva, desde Costa Rica hasta El Salvador de grupos de estos cubanos (a manera de pilotaje para posteriormente ampliar los vuelos vía Honduras con el mismo esquema), para desde allí seguir camino, vía terrestre y custodiada, hacia territorio mexicano (atravesando Guatemala) para llegar hasta la frontera terrestre de los EE.UU, siempre por el mismo medio de transporte terrestre controlado.
Al mismo tiempo los que deseen podrán regresar a Cuba, tal y como expresó desde el comienzo de la crisis el Gobierno de La Habana, puesto que sus ciudadanos han salido legalmente y nada les impide regresar (hasta el momento diversos medios de prensa apuntan que la cifra de los dispuestos a regresar a su país sería de apenas unos 40).
Los Gobiernos involucrados han subrayado y enfatizado que esta “solución” es absolutamente excepcional, lo cual indica que el flujo migratorio de cubanos hacia los EE.UU, mediante esta larga y accidentada senda terrestre, sería clausurada en la práctica al negarles el “derecho de paso”, en tránsito sin las visas correspondientes, como sucedía hasta el inicio de esta crisis migratoria.
En cualquier caso el acuerdo alcanzado también afronta en su concreción práctica, hasta ahora, problemas de diverso tipo como, por ejemplo, la exigencia de las autoridades de Guatemala de que tanto México como los EE.UU asuman públicamente que permitirán el paso y la recepción final (respectivamente) de estas personas. Otros son de carácter logístico propios de una operación multinacional, sin por supuesto olvidar los costos financieros (pues a pesar de que se afirma que serán cubiertos, en parte, por los propios migrantes –lo cual hablaría por sí mismo de la capacidad económica de estos privilegiados emigrantes– subsiste un déficit que debe ser aparentemente cubierto por la Organización Internacional para las Migraciones), es decir que como es lógico ningún Estado está dispuesto a pagar por problemas que no son suyos.
De cualquier manera no cabe duda de que en un tiempo prudencial se encontrará una solución provisional a esta “crisis migratoria” de Costa Rica, al igual que sucedió con las de Camarioca a fines de los años 1960, la del Mariel en 1980, o la de los Balseros de 1994, solo que en esta ocasión hay que subrayar que las consecuencias directas de la Ley de Ajuste Cubano han sobrepasado con creces el ámbito de relaciones (o no relaciones) bilaterales EE.UU-Cuba para afectar e incomodar de lleno a toda la región centroamericana, más Ecuador, Colombia y México, y eso ha puesto sobre el tapete el sin-sentido político de la citada Ley en la actual coyuntura y el espíritu claramente discriminatorio por razones políticas que establece respecto a otras migraciones hacia los EE.UU, que se producen precisamente en gran medida desde estos mismo países afectados.
La pelota política y de responsabilidad está en estos momentos en el tejado del Gobierno norteamericano, aunque guarde un silencio culposo, por lo que la reclamación del Gobierno de La Habana de que la citada ley, y otras disposiciones similares, deben ser abolidas a favor de una emigración ordenada y legal cuenta ahora con un muy especial consenso regional.
Sin embargo, aun si la Ley de Ajuste fuese abolida, y los acuerdos migratorios bilaterales vigentes (que estipulan un mínimo de 20.000 visas anuales) fuesen actualizados, desde el lado de Cuba en su sentido más amplio (país, sociedad e instituciones políticas) se debe tener en cuenta que las corrientes migratorias no se frenan ni se minimizan por medio de acuerdos y controles (y los ejemplos mundiales a este respecto hoy abundan). Por lo tanto, mientras la situación socio-económica interna no cambie sustancialmente, también Cuba debe asumir que va a tener que convivir durante un tiempo mediano-largo con un nivel de emigración ilegal con sus consiguientes costos humanos y políticos, pues si bien es cierto que la norteamericana Ley de Ajuste cubano estimula situaciones como la “crisis” de Costa Rica, no es la causa principal de que miles de cubanos y cubanas decidan anualmente abandonar su país aprovechando cualquier vía.

José Miguel Arrugaeta y Orsola Casagrande
Rebelión/Global Rights